Oszlak, Oscar, “La Formación del Estado Argentino” 1
OSCAR OSZLAK
LA FORMACIÓN DEL ESTADO ARGENTINO
Origen, Progreso y Desarrollo Nacional
EDITORIAL PLANETA, 1997
CAPÍTULO 1: ELEMENTOS CONCEPTUALES E HISTÓRICOS
ÍNDICE
Prólogo ……7
1. Lineamientos conceptuales e históricos ……15
2. La organización nacional y la construcción del Estado ……44
3. La conquista del orden y la institucionalización del Estado ……95
4. El costo del progreso y la reproducción del Estado ……191
5. ¿Azar, lógica o voluntad? ……260
Apéndice ……277
Selección de textos para uso exclusivo en la formación docente.
Se recomienda la consulta del original y la totalidad del mismo,
para respetar la producción de los autores.
Capítulo 1: Elementos conceptuales e históricos
Oszlak, Oscar, “La Formación del Estado Argentino” 2
OSZLAK, OSCAR
“LA FORMACIÓN DEL ESTADO ARGENTINO”
EDITORIAL PLANETA, BUENOS AIRES, 1997
CAPÍTULO 1: LINEAMIENTOS CONCEPTUALES E HISTÓRICOS
1. LINEAMIENTOS CONCEPTUALES E HISTÓRICOS
El propósito de este capítulo introductorio es desarrollar brevemente algunos conceptos y
referencias empíricas sobre la formación del Estado. El análisis trata de ubicar las
coordenadas teóricas e históricas del tema, que luego servirán para enmarcar la experiencia
argentina. Como marco conceptual, no tiene en consecuencia un propósito interpretativo
sino meramente heurístico. En la primera parte se tratarán algunos aspectos conceptuales,
para luego introducir ciertos parámetros históricos comunes a la experiencia argentina y
latinoamericana.
Estado, Nación, Estado nacional:
Algunas apreciaciones
La formación del Estado es un aspecto constitutivo del proceso de construcción
social. De un proceso en el cual se van definiendo los diferentes planos y componentes que
estructuran la vida social organizada. En conjunto, estos planos conforman un cierto orden
cuya especificidad depende de circunstancias históricas complejas. Elementos tan variados
como el desarrollo relativo de las fuerzas productivas, los recursos naturales disponibles, el
tipo de relaciones de producción establecidas, la estructura de clases resultante o la
inserción de la sociedad en la trama de relaciones económicas internacionales, contribuyen
en diverso grado a su conformación.
Sin embargo, este orden social no es simplemente el reflejo o resultado de la
yuxtaposición de elementos que confluyen históricamente y se engarzan de manera
unívoca. Por el contrario, el patrón resultante depende también de los problemas y desafíos
que el propio proceso de construcción social encuentra en su desarrollo histórico, así como
de las posiciones adoptadas y recursos movilizados por los diferentes actores -incluido el
Estado- para resolverlos.1 Si el determinismo y el voluntarismo han dominado las
interpretaciones sobre estos procesos, se ha debido en alguna medida a la dificultad de
captar este simultáneo y dialéctico juego de fuerzas entre factores estructurales y
superestructurales.
En parte, la dificultad deriva del hecho de que las categorías analíticas que
habitualmente empleamos para designar diferentes componentes o dimensiones de una
sociedad compleja (v.g. nación, Estado, mercado, relaciones de producción, clases)
suponen que éstos se hallan plenamente desarrollados. ¿Cómo proceder entonces cuando
nuestro tema de estudio es el proceso a través del cual alguno de estos componentes fue
adquiriendo los atributos con que lo definimos ex post? No se trata de preguntarse tan sólo
cuándo una nación (o un mercado, o un Estado) se convierte en tal, sino además qué otra
cosa va siendo a lo largo de su proceso constitutivo. Tampoco se trata únicamente de un
problema semántico o categorial; por sobre todo, se trata de un problema analítico.
Dentro de este proceso de construcción social, la conformación del Estado nacional
supone a la vez la conformación de la instancia política que articula la dominación en la
sociedad, y la materialización de esa instancia en un conjunto interdependiente de
instituciones que permiten su ejercicio. La existencia del Estado se verificaría entonces a
partir del desarrollo de un conjunto de atributos que definen la "estatidad" -la condición de
"ser Estado"-, es decir, el surgimiento de una instancia de organización del poder y de
ejercicio de la dominación política. El Estado es, de este modo, relación social y aparato
institucional.
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Analíticamente, la estatidad supone la adquisición por parte de esta entidad en
formación, de una serie de propiedades: 1) capacidad de externalizar su poder, obteniendo
reconocimiento como unidad soberana dentro de un sistema de relaciones interestatales; 2)
capacidad de institucionalizar su autoridad, imponiendo una estructura de relaciones de
poder que garantice su monopolio sobre los medios organizados de coerción; 3) capacidad
de diferenciar su control, a través de la creación de un conjunto funcionalmente diferenciado
de instituciones públicas con reconocida legitimidad para extraer establemente recursos de
la sociedad civil, con cierto grado de profesionalización de sus funcionarios y cierta medida
de control centralizado sobre sus variadas actividades; y 4) capacidad de internalizar una
identidad colectiva, mediante la emisión de símbolos que refuerzan sentimientos de
pertenencia y solidaridad social y permiten, en consecuencia, el control ideológico como
mecanismo de dominación.2
Conviene aclarar que estos atributos no definen a cualquier tipo de Estado sino a un
Estado nacional. La dominación colonial o el control político de las situaciones provinciales
dentro del propio ámbito local, son formas alternativas de articular la vida de una comunidad,
pero no representan formas de transición hacia una dominación nacional. En este sentido, el
surgimiento del Estado nacional es el resultado de un proceso de lucha por la redefinición
del marco institucional considerado apropiado para el desenvolvimiento de la vida social
organizada. Esto implica que el Estado nacional surge en relación con una sociedad civil
que tampoco ha adquirido el carácter de sociedad nacional. Este carácter es el resultado de
un proceso de mutuas determinaciones entre ambas esferas.
El tema de la estatidad no puede entonces desvincularse del tema del surgimiento de
la nación, como otro de los aspectos del proceso de construcción social. En este sentido, el
doble carácter del Estado -abstracto y material a la vez- encuentra un cierto paralelismo en
el concepto de nación. En efecto, en la idea de nación también se conjugan elementos
materiales e ideales. Los primeros se vinculan con el desarrollo de intereses resultantes de
la diferenciación e integración de la actividad económica dentro de un espacio
territorialmente delimitado. En las experiencias europeas "clásicas" esto supuso la formación
de un mercado y una clase burguesa nacionales. Los segundos implican la difusión de
símbolos, valores y sentimientos de pertenencia a una comunidad diferenciada por
tradiciones, etnias, lenguaje y otros factores de integración, que configuran una identidad
colectiva, una personalidad común que encuentra expresión en el desarrollo histórico.3
Una opinión generalizada sostiene que la construcción de las naciones europeas se
produjo después de la formación de estados fuertes.4 Sin duda, esta afirmación alude más al
componente ideal de la nacionalidad que a su sustrato material. Definido el Estado como
instancia de articulación de relaciones sociales, es difícil pensar en relaciones más
necesitadas de articulación y garantía de reproducción que las implicadas en una economía
de mercado plenamente desarrollada, es decir, en un sistema de producción capitalista. La
existencia del Estado presupone entonces la presencia de condiciones materiales que
posibiliten la expansión e integración del espacio económico (mercado) y la movilización de
agentes sociales en el sentido de instituir relaciones de producción e intercambio
crecientemente complejas mediante el control y empleo de recursos de dominación. Esto
significa que la formación de una economía capitalista y de un Estado nacional son aspectos
de un proceso único, aunque cronológica y espacialmente desigual. Pero además implica
que esa economía en formación va definiendo un ámbito territorial, diferenciando estructuras
productivas y homogeneizando intereses de clase que, en tanto fundamento material de la
nación, contribuyen a otorgar al Estado un carácter nacional.
En este punto la experiencia latinoamericana no se aparta del "clásico" patrón
europeo. Es decir, el surgimiento de condiciones materiales que hacen posible la
conformación de un mercado nacional es condición necesaria para la constitución de un
Estado nacional. Pero más allá de esta semejanza, la historia de América Latina plantea
diversos interrogantes cuya respuesta contribuiría a explicar la especificidad de sus estados.
¿Cuál es el carácter de los estados surgidos del proceso de emancipación nacional? ¿Qué
significación diferencial tuvieron los aparatos burocráticos heredados de la colonia y en qué
sentido podrían considerarse objetivación institucional del Estado? ¿Qué clase de orden
económico o modalidades productivas debieron superarse para instituir otras, congruentes
Capítulo 1: Elementos conceptuales e históricos