RESEÑA HISTÓRICA DEL COMERCIO Y EL DERECHO MERCANTIL
El derecho mercantil surge de la Edad Media, frente a la rigidez y formalismo del
Derecho civil, pues los comerciantes sienten la necesidad de unas normas que se
adapten mejor a los requisitos del comercio. Dejan de aplicar entre sí la normativa
rígida del derecho civil, y crean un derecho autónomo, que no surge por imposición
del Estado, sino por su aceptación social y que se plasma en costumbres recogidas
por recopilaciones hechas por asociaciones de comerciantes.
¿Cómo se impone este derecho, si no tenía respaldo público? A través de tribunales
arbitrales de las propias corporaciones de comerciantes (conocidos como
“Consulados”), cuyas sentencias no eran ejecutivas por imposición pública sino por
presión social.
Aunque este derecho de los comerciantes es personal (sólo se aplica a los
comerciantes - que cada grupo social tenga un ordenamiento propio es un
fenómeno típicamente medieval) y extraterritorial (se aplica al comerciante en
cualquier plaza), las costumbres son muy parecidas en todos los puertos (el “Llibre”
p.e. es adoptado por la mayoría de los puertos mediterráneos); de esta forma
parece que se llega a crear una “lex mercatoria” que cubría los principales negocios
del comercio (compraventa, comisión, navegación, letra de cambio) internacional
con carácter: consuetudinario; sin respaldo estatal; administrada por tribunales
arbitrales; y, además, impuesta por coerción social.
Este sistema de Derecho mercantil de clase cubre desde la baja Edad Media hasta
la Revolución francesa, y en España hasta las reformas de Fernando VII, ya en el
siglo XIX. Las únicas imposiciones estatales fueron las leyes de quiebra (como p.e.
la Ley de Cortes de 1300 de Jaime I de Aragón) y los requisitos para la creación de
sociedades, para lo que se exigía autorización real (fue típico el privilegio concedido
a la Compañía de las Indias). Fuera de esto, la intervención del poder estatal se
limitaba a la promulgación de Ordenanzas, recopilaciones de normas
consuetudinarias con aprobación real, como la de Bilbao de 1737. Estas
Ordenanzas de Bilbao, inspiradas en las Ordenanzas francesas de Luis XIV, llegan
a aplicarse en un ámbito nacional vía consuetudinaria, y más tarde en 1792 Carlos
IV termina por imponer su vigencia al declararlas “universalmente recibidas en sus
Reinos para los asuntos mercantiles”.
En su esencia, el Derecho mercantil medieval pervive -aunque parezca increíble-
hasta la transformación radical de finales del XVIII, cuya expresión más violenta es
la Revolución Francesa, y cuyas bases ideológicas son los principios de igualdad y
libertad - libre iniciativa y libre competencia en lo económico. La Revolución
francesa proclamó de inmediato la libertad de ejercicio del comercio y terminó con el
monopolio de los gremios de comerciantes y corporaciones. No es de extrañar por
tanto que el Derecho mercantil, concebido hasta entonces como un derecho de
clase, repugnaba a la Revolución Francesa y al racionalismo.
DERECHO MERCANTIL
La concepción hoy dominante es la que entiende que el Derecho mercantil es el
derecho que regula la actividad habitual de las empresas. El concepto de Derecho
mercantil gira por lo tanto en torno a lo que es una empresa y cuál es su actividad
típica. De hecho, en la propuesta de Código Mercantil (Vid., la Exposición de
Motivos, párrafos 1-9 y ss.), se delimita la materia mercantil sobre un concepto
básico: el del mercado.
Y lo hace a partir del mercado como ámbito en el que actúan los protagonistas del
tráfico, cruzan ofertas y demandas de bienes y servicios, y entablan relaciones
jurídico-privadas objeto de regulación especial.
De esta manera, el Derecho mercantil vuelve a ser el Derecho de una clase de
personas y de una clase de actividades, como lo fue en su origen, al que retornan
las más modernas formulaciones positivas. Para calificar a esos ámbitos, subjetivo y
objetivo, el concepto de referencia es la empresa como organización económica de
producción de bienes o prestación de servicios, a partir de la cual se identifica a su
titular (el empresario) y a la actividad que desarrolla en el mercado. Mas la
titularidad de una empresa, criterio unitario para la calificación del empresario
persona natural, no lo es para el empresario persona juridica, en el que, junto al
criterio de la naturaleza del objeto social se recoge el formal de la adopción de algún
tipo de sociedad mercantil.
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