0% encontró este documento útil (0 votos)
24 vistas1 página

4 de Mayo

El narrador expresa su felicidad por haberse marchado, reflexionando sobre sus relaciones pasadas y la culpa que siente por la angustia de otros. Asegura que se ocupará de resolver un asunto familiar relacionado con la herencia y destaca la importancia de vivir en el presente en lugar de lamentarse por el pasado. Además, describe su disfrute de la naturaleza y el jardín que ha comenzado a apreciar, sintiendo una conexión emocional con el lugar.

Cargado por

deidamiamoller7
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
24 vistas1 página

4 de Mayo

El narrador expresa su felicidad por haberse marchado, reflexionando sobre sus relaciones pasadas y la culpa que siente por la angustia de otros. Asegura que se ocupará de resolver un asunto familiar relacionado con la herencia y destaca la importancia de vivir en el presente en lugar de lamentarse por el pasado. Además, describe su disfrute de la naturaleza y el jardín que ha comenzado a apreciar, sintiendo una conexión emocional con el lugar.

Cargado por

deidamiamoller7
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

4 de mayo

¡Qué feliz me siento por haberme marchado! ¡Ah!, mi querido amigo,


¡cómo es el corazón del hombre! Haberte dejado a ti, a quien tanto quiero,
de quien yo era inseparable, y sentirme dichoso! Sé que me perdonas. ¿Pero
no fueron mis otras relaciones instrumentos del Destino para angustiar un
corazón como el mío? ¡Pobre Leonora! Y sin embargo, no tuve yo la culpa.
¿Hubiese podido evitar acaso que, mientras los irresistibles encantos de su
hermana me proporcionaban ameno pasatiempo, se gestara la pasión en un
corazón desdichado? Pero… ¿soy completamente inocente? ¿No he alentado
esos sentimientos? ¿No me he divertido con la naturalidad de sus
expresiones que tan a menudo nos hacían reír aunque nada tenían de
ridículo? ¿No he…? ¡Oh! ¡Cómo es el hombre que se permite quejarse de sí
mismo! Quiero corregirme, mi querido amigo, y te prometo que lo haré. No
volveré a rumiar las pequeñas adversidades que el Destino nos depara,
como ha sido siempre mi costumbre. Gozaré del presente, y que lo pasado,
pasado sea. Por cierto, querido, tienes razón al decir que los hombres (¡sabe
Dios por qué están hechos así!) serían menos desgraciados si en lugar de
revivir con tanto ahínco e imaginación los males pasados, se ocupasen en
sobrellevar el presente.
Ten la bondad de decir a mi madre me ocuparé seriamente de su
asunto y que le enviaré noticias al respecto lo antes posible. He hablado con
mi tía y no he encontrado en ella, ni por asomo, a la mujer perversa que nos
habían pintado. Es una persona alegre y enérgica, y del mejor corazón.
Cuando le hice conocer las quejas de mi madre a propósito de la parte de la
herencia que ella retiene, expuso las causas que motivaron su actitud y
también las condiciones en que estaría dispuesta a devolver todo lo que
reclamamos, y aún más. En fin no quiero extenderme sobre el asunto, pero
dile a mi madre que todo se arreglará. Y yo, querido Guillermo, he
comprobado una vez más, gracias a este pequeño negocio, que los
equívocos y la negligencia tal vez causen más daño en el mundo que la
astucia y la maldad. Al menos estas últimas son sin duda menos frecuentes.
Por lo demás, me encuentro aquí a mis anchas. En este lugar
paradisíaco, la soledad es un delicioso bálsamo para mi corazón que tantas
veces se estremece de dolor y que ahora siento que se inflama con todos
los encantos de la estación primaveral. Cada árbol, cada arbusto, se ha
convertido en un ramillete de flores, y uno quisiera transformarse en
abejorro para flotar por doquier en este mar de fragancias y poder hallar en
él su sustento.
La ciudad misma es desagradable, pero sus alrededores la Naturaleza
despliega toda su inefable belleza. Por eso, el difunto conde de M… hizo
plantar un jardín sobre una de esas colinas que se entrecruzan con bellísima
variedad, formando los valles más amenos. El jardín es sencillo, y ya en la
entrada se aprecia que no ha sido ideado por un jardinero experto, sino por
un alma sensible que buscaba aquí gozarse sí misma. He derramado más de
una lágrima por el difunto conde en el pequeño pabellón derruido, que era
su lugar predilecto y que también lo es mío. Pronto seré como el dueño del
jardín, porque me he granjeado el afecto del jardinero tan solo en un par de
días. Por cierto, él no se arrepentirá de ello.
Las cuitas del joven Werther. Goethe

También podría gustarte