Estado de Poder 2024
Energía, poder y transición
Estado de poder 2024 : energía, poder y transiciónGrupo de
investigación Decarbonising Electricity ... [et al.]. - 1a ed. - Ciudad
Autónoma de Buenos Aires : CLACSO ; Amsterdam : TNI Transna-
tional Institute, 2025.
Libro digital, PDF
Archivo Digital: descarga y online
Traducción de: Mercedes Camps ; Nuria del Viso ; Álvaro Queiruga.
ISBN 978-987-813-982-1
1. Energía. 2. Crisis de Energía. 3. Petróleo. I. Grupo de investigación
Decarbonising Electricity II. Camps, Mercedes, trad. III. Viso, Nuria
del, trad. IV. Queiruga, Álvaro, trad.
CDD 531.62
Arte de tapa: Dominique Cortondo Arias
Diseño de interiores: Eleonora Silva
Corrección de estilo: Leonardo Berneri
Estado de PoderEstado
2024 de Poder 2023
Energía,Poder
poderdigital
y transición
CLACSO Secretaría Ejecutiva Santiago Álvarez Cantalapiedra -
Karina Batthyány - Directora Ejecutiva Director del Área Ecosocial de FUHEM
María Fernanda Pampín - Directora de Publicaciones Nuria del Viso - Responsable de la
edición del Estado del Poder
Equipo Editorial
Lucas Sablich - Coordinador Editorial
Solange Victory y Marcela Alemandi - Producción Editorial
Los libros de CLACSO pueden descargarse libremente en formato digital
desde cualquier lugar del mundo ingresando a libreria.clacso.org
Estado de Poder 2024. Energía, poder y transición (Buenos Aires: CLACSO, febrero de 2025).
ISBN 978-987-813-982-1
CC BY-NC-ND 4.0
La responsabilidad por las opiniones expresadas en los TNI
libros, artículos, estudios y otras colaboraciones incumbe Editor: Nick Buxton
exclusivamente a los autores firmantes, y su publicación Traducciones: Mercedes Camps, Nuria del Viso,
no necesariamente refleja los puntos de vista de la Álvaro Queiruga
Secretaría Ejecutiva de CLACSO. Revisión: Mercedes Camps
Equipo asesor editorial: Daniel Chávez, Deborah
CLACSO. Consejo Latinoamericano de Ciencias Eade, Lavinia Steinfort, Nuria del Viso
Sociales Ilustrador: Matt Rota
Investigación para infografías: Elaine Forde
Conselho Latino-americano de Ciências Sociais Diseño de infografías: Evan Clayburg
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Índice
9 Cambio de paradigma
Forjar una transición energética justa en la era de poder
corporativo e imperial
Charla entre Timothy Mitchell, Thea Riofrancos, Ozzi Warwick
y Nick Buxton
29 ¿Quién lucra con la fiebre de la energía verde?
La reducción del riesgo y las relaciones de poder en la
financiación de la energía renovable de África
Steffen Haag, Johanna Tunn, Tobias Kalt, Franziska Müller
y Jenny Simon
57 Cómo negociar la crisis energética mundial desde
la escalera
Lecciones del Líbano
Ebla Research Collective
83 Encuentros titánicos
La geopolítica en el centro de las transiciones
energéticas en Sri Lanka
Gz. MeeNilankco Theiventhran y Kristian Stokke
107 Un futuro sin combustibles fósiles
Lecciones de la lucha contra las grandes empresas
petroleras
Entrevista a Olivier Petitjean y Clémence Dubois
125 Descarbonizar la electricidad
Los costos de las energías renovables impulsadas por el
sector privado y las oportunidades de alternativas en
Australia, Alemania y la India
James Goodman y el grupo de investigación Decarbonising Electricity
151 Empresas petroleras administradas por el Estado
y la transición energética
El caso de Ecopetrol en Colombia
Daniel Chávez y Lala Peñaranda
179 Revolucionando un mundo en crisis
Transformaciones socioecológicas y energías
comunitarias
Tatiana Roa Avendaño y Eliana Carolina Carrillo Rodríguez
201 Socializar la energía
Lecciones de las campañas radicales de vivienda en
Alemania
Colectivo communia
223 Doble poder
Forjar un movimiento para abolir el capital fósil
y construir energías renovables públicas
Ashley Dawson
249 Sobre los autores y autoras
Cambio de paradigma
Forjar una transición energética justa
en la era de poder corporativo
e imperial
Charla entre Timothy Mitchell, Thea Riofrancos,
Ozzi Warwick y Nick Buxton
Traducción al español: Mercedes Camps
La energía basada en los combustibles fósiles es un pilar del sistema
capitalista que ha concentrado poder y riqueza y amenaza la vida
en la Tierra. Para el ensayo introductorio de esta edición de Estado
del Poder, el Transnational Institute (TNI) reunió a un especialista
en grandes empresas petroleras de Oriente Medio, una académica
y activista que trabaja para lograr una transición energética justa y
un destacado organizador sindical del sector petrolero de Trinidad y
Tobago, para que conversaran sobre la dinámica del poder en nues-
tro sistema energético actual y cómo realizar la transición hacia un
futuro energético democrático, justo y sostenible.
Timothy Mitchell es un teórico político, historiador y catedrá-
tico de estudios sobre Oriente Medio, Asia Meridional y África en
la Universidad de Columbia. En 2012, su libro Carbon Democracy:
Political Power in the Age of Oil redefinió la historia de la energía en
Oriente Medio, demostrando el modo en que el petróleo debilitó la
democracia, contribuyó al militarismo y al imperio, y creó un mito
peligroso de crecimiento infinito.
Thea Riofrancos es profesora adjunta de ciencias políticas de
Providence College y miembro del Climate and Community Pro-
ject, un grupo de estudios de izquierda. Se dedica principalmente a
investigar la política de extracción, en particular en América Latina
y Estados Unidos. Su próxima publicación es Extraction: The Frontiers
of Green Capitalism.
Ozzi Warwick es director de educación e investigación del Sin-
dicato de Trabajadores Petroleros de Trinidad y Tobago y secretario
general del Movimiento Sindical Conjunto. Es miembro fundador
de Trade Unions for Energy Democracy South (TUED South), una
nueva plataforma sindical liderada desde el sur, que ha adoptado un
enfoque público a una transición energética justa.
Cambio de paradigma / 11
Nick Buxton es coordinador del centro de conocimientos del
TNI y editor fundador del informe Estado del Poder.1
Nick: En el TNI hemos analizando las relaciones de poder en la eco-
nomía mundial desde hace doce años a través de nuestro informe, el
Estado del Poder. Me resultó interesante en esta edición sobre energía
que la palabra “poder” tiene un doble significado: quién tiene po-
der sobre nuestros sistemas, pero también el poder que la energía
nos da a nosotros y a la economía mundial. Para comenzar, quisiera
preguntarte, Tim, cómo consideras que el sistema energético basado
en los combustibles fósiles desde el siglo xix ha configurado la distri-
bución de poder en la actualidad. Y, a la vez, ¿de qué modo el poder
ha configurado nuestro sistema energético?
Tim: En mi libro, Carbon Democracy, planteo el argumento, que pue-
do resumir en una oración, de que el carbón posibilitó la demo-
cracia masiva y que el petróleo le impuso límites. El argumento es
que en el siglo xix, cuando los Estados industrializados se volvie-
ron extremadamente dependientes del carbón como única fuente
de energía, los trabajadores lograron tener un poder político sin
precedentes porque por primera vez podían desconectar el sistema
energético de un país, en lo que pasó a conocerse como la huelga
general, en que los trabajadores del carbón, los trabajadores ferro-
viarios y los trabajadores portuarios podían interrumpir ese sumi-
nistro de energía. Ese poder fue fundamental para el surgimiento de
la democracia de masas a finales del siglo xix y comienzos del siglo
xx. El petróleo revirtió esta situación, en parte debido a que brin-
daba una alternativa, por lo que era más fácil debilitar a esa fuerza
de trabajadores organizados, pero también porque el petróleo era
diferente, al ser líquido que salía del suelo bajo su propia presión.
1
Este es un fragmento editado de una entrevista realizada en enero de 2024 por Nick
Buxton, cofundador y editor de Estado del Poder, también disponible en formato de
podcast.
12 / Charla entre Timothy Mitchell, Thea Riofrancos,Ozzi Warwick y Nick Buxton
De modo que no hacía falta enviar a trabajadores bajo tierra, se po-
día extraer fácilmente con oleoductos y buques o camiones cisterna
de manera más flexible y era más difícil interrumpir su suministro.
Aun así, los trabajadores petroleros de Oriente Medio estaban
tan decididos como los trabajadores del carbón en Europa a ganarse
sus derechos políticos y económicos. En Irán, Irak y Arabia Saudita,
los tres principales países petroleros de Oriente Medio, los traba-
jadores organizaron huelgas, como la huelga general en Irán, que
dio inicio a la nacionalización del petróleo en 1951. Pero los tra-
bajadores perdieron el poder que habían conquistado respecto del
sistema energético y político en decenios anteriores, especialmente
porque el petróleo se producía en partes del mundo diferentes de
los centros de la vida industrial capitalista. Ello abrió una brecha
entre quienes participaban en el consumo y quienes participaban
en la producción de energía, lo que dificultó que los trabajadores
petroleros en un lugar como Irán entablaran vínculos con luchas
políticas en Occidente. Es así que el petróleo tuvo un efecto profun-
do en el surgimiento de formas políticas en el siglo xx a través de su
capacidad para socavar la política democrática en todas partes.
Nick: Gracias, Tim. Quizá Ozzi quisieras comentar algo al respecto,
ya que has sido trabajador y sindicalista en el sector del petróleo y
el gas. ¿Cómo ves esta interacción de energía en la distribución de
poder según tu propia experiencia?
Ozzi: En el caso de Trinidad y Tobago, fue un poco diferente que, por
ejemplo, en el Reino Unido. Trinidad y Tobago no tenía una indus-
tria del carbón y era principalmente un país agrícola hasta que se
descubrió petróleo y ello comenzó a impulsar el sistema energético.
Al surgimiento de una industria de combustibles fósiles basada en
el petróleo se sumó el surgimiento de uno de los sindicatos más po-
derosos de nuestro país, el Sindicato de Trabajadores del Petróleo.
De modo que creó poder para los trabajadores. El sindicato fue fun-
damental para lograr el sufragio universal y la independencia. Los
Cambio de paradigma / 13
trabajadores petroleros que participaron en los disturbios laborales
de los años treinta dieron lugar a un sentimiento de nacionalismo y
sentaron las bases de lo que sería la independencia de nuestro país,
que se declaró en 1962. Ello demostró que el sistema energético en
general puede dar lugar a la democracia de masas.
Al reflexionar sobre los sistemas energéticos, pienso inmedia-
tamente en el imperialismo y el hecho de que la arquitectura del
sistema energético es muy similar al colonialismo o el imperio, don-
de existe una pequeña concentración de personas u organizaciones
que lo controlan. Una de las primeras empresas multinacionales
modernas fue la empresa petrolera Standard Oil, fundada a finales
del siglo xix. Tras la Primera Guerra Mundial, los consorcios petro-
leros realizaron acuerdos con los imperios británico y francés mien-
tras se repartían el Imperio otomano. E incluso en la actualidad,
siete de las diez gigantes petroleras son estadounidenses o angloeu-
ropeas. De las otras tres, dos son chinas y una es saudí. De modo que
no se puede hablar del sistema energético sin hablar de poder. Y eso
se relaciona con el capitalismo mundial, que es impulsado por la
producción de mercancías, la producción y el consumo de energía.
Thea: Es evidente que la estructura del capitalismo de combustibles
fósiles está estrechamente vinculada con la estructura del poder
mundial, económica y geopolíticamente. También es cierto que
los sistemas de poder mundial y el capitalismo de combustibles
fósiles, que están estrechamente ligados, han planteado grandes
desafíos a ese sistema que ha demostrado sus déficits o vulnerabili-
dades. Podemos ver que a finales de los años sesenta y a comienzos
de los setenta, el entonces denominado “tercer mundo” comenzó a
organizarse. Por ejemplo, la Organización de Países Exportadores
de Petróleo (OPEP) surgió en un momento en que los producto-
res de recursos del tercer mundo intentaban asumir el control de
esos recursos, por los cuales no estaban recibiendo beneficios. La
OPEP fue una inspiración e incluso un modelo para una propues-
ta más amplia de un nuevo orden económico internacional, que
14 / Charla entre Timothy Mitchell, Thea Riofrancos,Ozzi Warwick y Nick Buxton
nunca se concretó, pero que sigue siendo un idea que cuenta con
apoyo hoy en día. Entonces, la energía no es solo un lugar de hege-
monía, sino también un lugar de lucha. He investigado el tema en
Ecuador, Chile y otros países de América Latina, y en la región per-
siste una idea poderosa de nacionalismo de los recursos, que surge
de los sindicatos y los movimientos sociales y coaliciones populares.
La idea es que “nosotros, el pueblo” deberíamos ser propietarios de
los recursos y el norte global no debería seguir extrayendo nuestros
recursos. Es una forma de protesta que también está presente en
nuestro movimiento de transición energética.
Nick: El auge de las grandes empresas petroleras en los últimos de-
cenios ha estado acompañado por una gran financiarización de la
economía. ¿Cómo se interrelacionan? ¿Y cuál es la situación actual
en cuanto al poder de las grandes empresas petroleras, tanto estata-
les como privadas?
Tim: En cuanto al petróleo y las finanzas, los dos crecieron juntos.
Las grandes multinacionales petroleras también fueron las mayores
empresas en cotizar en la bolsa y se asociaron con algunos de los
bancos más grandes. Un motivo de esta intersección es, en primer
lugar, que la producción de energía es muy cara y requiere una gran
cantidad de capital. Un segundo motivo es su capacidad para gene-
rar ganancias extraordinarias que atraen finanzas. Ello no se debe
únicamente a la dependencia de la energía en el mundo entero, sino
también a que las estructuras de producción de energía son relativa-
mente duraderas, por lo que una vez que se construyen, producirán
ganancias durante decenios, lo cual suele suceder en otros procesos
industriales. Y, por último, la capacidad de capitalizar esas ganancias
futuras explica el enorme valor capitalizado de las grandes empresas
petroleras. Al garantizar el flujo de dinero se aseguran de contar con
una política de seguridad energética.
Cambio de paradigma / 15
Ozzi: Con respecto a la interacción entre energía y finanzas, si nos
remontamos a la crisis energética de los años setenta, en realidad se
trató de una crisis financiera. De hecho, esa crisis desempeñó un pa-
pel fundamental en la renovación del poder de los Estados Unidos
en las finanzas mundiales, debido a que tuvo como consecuencia la
convertibilidad del dólar de los Estados Unidos en oro y dio lugar a
la reproducción del petrodólar, lo cual permitió el flujo de dinero
de bancos multinacionales estadounidenses a países no productores
de petróleo menos desarrollados. Ello provocó un cambio de los
préstamos institucionales a los préstamos comerciales, que reposi-
cionó a los bancos privados estadounidenses, los cuales pasaron a
dominar el sector de las finanzas a nivel mundial, del mismo modo
en que las empresas petroleras de los Estados Unidos dominan el
sector energético mundial. Esto provocó la grave crisis de la deuda
en muchos países del sur global y permitió que los partidarios del
poder neoliberal e imperial impusieran programas de ajuste estruc-
tural que consolidaron las relaciones de poder imperial y neocolo-
nial, y arraigó estas relaciones de poder desiguales.
Thea: Es un momento muy contradictorio para formular esta pre-
gunta, debido a que estamos ante una incipiente transición ener-
gética, que aún es muy incierta y desigual. Por un lado, la Agencia
Internacional de la Energía prevé que la demanda −no la oferta−
de combustibles fósiles alcanzará su nivel máximo en unos años.
También hay quienes pronostican que si se lleva a cabo la transición
energética, habrá más de un billón de dólares en activos varados,
lo cual afectaría gravemente a las empresas energéticas y el sistema
financiero. Ello podría sugerir que la industria de combustibles fó-
siles tiene los días contados. Sin embargo, claramente no es así de-
bido a que también ha registrado ganancias sin precedentes debido
a la inestabilidad geopolítica y al continuo aumento de la deman-
da energética, que en gran medida sigue estando satisfecha por los
combustibles fósiles.
16 / Charla entre Timothy Mitchell, Thea Riofrancos,Ozzi Warwick y Nick Buxton
También estamos ante nuevas dinámicas, como el auge de em-
presas de capital de riesgo que invierten en combustibles fósiles, en-
tidades menos transparentes, más difíciles de gobernar incluso que
una empresa multinacional de accionistas. Como Brett Christopher
ha demostrado, estas empresas de capital de riesgo están incursio-
nando en la energía y la infraestructura, lo que significa que cada
vez son propietarias de más infraestructura social fundamental. A
menudo convierten estos activos de un modo similar a los fondos
buitre, intentando extraer valor para luego venderlo. Lo que resulta
irónico es que han comenzado a adquirir más infraestructura de
energía sucia, en parte, debido a que algunos fondos de jubilación
y otros inversores institucionales retiraron sus inversiones de los
combustibles fósiles, lo cual puede dificultar la eliminación progre-
siva del sector. Es un resultado perverso de una medida que, por lo
demás, es admirable por parte de algunas instituciones e inversores.
Nick: ¿Y de qué modo los cambios en los sistemas energéticos se
interconectan con los cambios geopolíticos tras el surgimiento de
potencias económicas como China y la India?
Tim: Uno de los elementos de cambio sin duda es el surgimiento de
China y la India como consumidores de energía y, especialmente en
el caso de China, como grandes productores de energía. Por su par-
te, Estados Unidos, que había sido el mayor productor del mundo
durante varios decenios, pero después de los años setenta había dis-
minuido su producción, tuvo un segundo impulso como productor
de energía con el aumento del denominado petróleo de esquisto,
o el petróleo producido mediante la fracturación hidráulica. Esto
ha sido desestabilizador debido a que no está bajo el control de las
grandes empresas multinacionales del petróleo que controlan el
precio, sino que, con más frecuencia, está en manos de empresas
petroleras nuevas o más pequeñas, por lo que nadie controla el pre-
cio. La consecuencia de ello ha sido la extraordinaria volatilidad de
los precios del petróleo y el surgimiento de empresas de capital de
Cambio de paradigma / 17
riesgo se debe en parte a que lograron aprovechar esa volatilidad
para su beneficio económico.
Nick: Y, Ozzi, ¿qué ocurre con los actores no estadounidenses, como
Venezuela o China? ¿Puedes explicar el conflicto entre Venezuela y
Guyana? ¿Qué revela sobre el sistema energético y la lucha geopo-
lítica actual?
Ozzi: En primer lugar, cabe señalar que las grandes empresas petro-
leras de Estados Unidos, ExxonMobil en este caso, siguen ocupando
un lugar central. Pero antes quisiera explicar la disputa sobre tierras,
que se remonta más de cien años a la era colonial, cuando Guyana
era una colonia británica, Gran Bretaña estaba intentando ampliar
su influencia imperialista y Venezuela era una nación independien-
te. Esta disputa prácticamente se abandonó cuando Chávez visitó
Guyana en 2004 y anunció que daba la cuestión por terminada. La si-
tuación comenzó a cambiar en 2006, cuando el Gobierno de Chávez
realizó una serie de nacionalizaciones y reguló el sector petrolero.
La mayoría de las empresas petroleras multinacionales habían acep-
tado las nuevas condiciones, salvo dos, ConocoPhillips y, por su-
puesto, ExxonMobil. Habían exigido una indemnización de decenas
de miles de millones de dólares a través del Centro Internacional
de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI). Sin em-
bargo, en 2014, el CIADI falló que Venezuela debía pagar tan solo
1600 millones de dólares a ExxonMobil, lo cual enfureció al enton-
ces presidente y director ejecutivo de la empresa, Rex Tillerson. Un
año más tarde, Exxon anunció que, súbitamente, había encontrado
noventa metros de petróleo de buena calidad y cuando se observa
el acuerdo de reparto de producción entre Guyana y ExxonMobil,
la empresa se quedó con el 75 % de las ganancias del petróleo para
recuperar costos y el resto lo repartió en partes iguales con Guyana.
Además, el artículo 32 del Acuerdo de Estabilidad establece que el
Gobierno no podrá “enmendar, modificar, rescindir, declarar nulo
18 / Charla entre Timothy Mitchell, Thea Riofrancos,Ozzi Warwick y Nick Buxton
o inaplicable, exigir la renegociación, obligar a sustituir o de otro
modo evitar, alterar o limitar” el acuerdo.
Es decir que ni la población de Venezuela ni la de Guyana se be-
neficiarán de la intervención política de ExxonMobil en la región.
Por lo que no se trata de un conflicto entre las dos poblaciones, sino
de un conflicto entre ExxonMobil y la población de estos dos países
sudamericanos. De hecho, justo después de que Guyana firmara la
Declaración de Argyle por el diálogo y la paz con Venezuela el 14 de
diciembre de 2023, mediante la cual se declara que ninguna parte
recurrirá al uso de la fuerza, un buque de guerra británico visitó
Guyana el 29 de diciembre de 2023.
También cabe señalar que en julio de 2023, el presidente de Chi-
na Xi Jinping se reunió con su homólogo guyanés, Mohammed Ir-
fan Ali. En la reunión, Xi Jinping destacó la relación entre China y
Guyana y el papel importante desempeñado por China en Guyana.
Por su parte, Ali reafirmó ese punto y manifestó su admiración por
el liderazgo y la influencia mundial de China. Es evidente que Gu-
yana se está convirtiendo rápidamente un campo de batalla para
el posicionamiento geopolítico mundial. Este es otro ejemplo cla-
ro del vínculo inseparable entre el sistema energético mundial y la
competencia imperial.
Nick: Tim, en tu libro, Carbon Democracy, también examinas el modo
en que la política del petróleo ha configurado el militarismo, espe-
cialmente en Oriente Medio, y en relación con Israel y la guerra de
1967. ¿Tiene la guerra sus orígenes, directos o indirectos, en el au-
toritarismo o el militarismo del carbono del que hablas en el libro?
Tim: Sí y no. Indirecta, más que directamente. La guerra en Gaza es
causada por el Estado de Israel, que quiere dominar por completo
la zona de Palestina histórica y no tolera ningún tipo de reclamo de
derechos nacionales para los palestinos. Los vínculos más amplios
con la geopolítica del petróleo radican en que Israel no podría ha-
ber hecho esto sin el apoyo financiero, militar y político de Estados
Cambio de paradigma / 19
Unidos. La influencia y el sistema de propaganda que Israel pue-
de organizar para mantener el apoyo del Gobierno estadouniden-
se están relacionados con el militarismo de Estados Unidos, que se
vincula estrechamente con la historia del petróleo. Estados Unidos
gasta más dinero en sus fuerzas armadas que las siguientes diez po-
tencias militares del mundo.
Ello a veces se atribuye, en términos muy simplistas, a que Esta-
dos Unidos necesita defender sus recursos vitales, como el petróleo.
Un mejor análisis es que la idea engañosa de que los suministros de
petróleo son de algún modo vulnerables, en lugar de ser una causa
de nuestra vulnerabilidad a una catástrofe climática, se utiliza para
generar la sensación de que la seguridad estadounidense está en pe-
ligro. Este lenguaje de vulnerabilidad es fundamental para desviar
una gran cantidad de recursos públicos a la industria armamentista
y de seguridad. De modo que, Estados Unidos no está del lado de
Israel para defender el petróleo, sino, al igual que Israel y con su
ayuda, para defender los mitos de inseguridad de los cuales depende
su propio militarismo.
Nick: Quisiera dejar de lado el aspecto militar, para centrarme en los
aspectos ecológicos de esta cuestión. Nuestro sistema energético es
claramente destructivo para el planeta, tiene impactos en el clima,
el medio ambiente y la salud. Entonces, ¿por qué ha resultado tan
difícil cambiar de rumbo?
Thea: Ello implica cuestiones de política y poder más profundas y
también los mecanismos del sistema capitalista. Mencioné el fenó-
meno de los activos varados. Este es un problema, ya que los com-
bustibles fósiles, al igual que todo sector extractivista, tienen costos
iniciales, fijos y hundidos muy elevados. De modo que apuestan
a que, con el transcurso del tiempo, en unos decenios, obtendrán
una ganancia de esa inversión y antes de eso es simplemente un
costo. No es difícil imaginar por qué los propietarios de activos de
combustibles fósiles son extremadamente reticentes a cambiar de
20 / Charla entre Timothy Mitchell, Thea Riofrancos,Ozzi Warwick y Nick Buxton
sistema energético, incluso si tienen oportunidades para lucrar con
el nuevo sistema energético. Y habida cuenta de su enorme influen-
cia y conexiones políticas, el sector está muy bien posicionado para
coordinar, postergar, negar y hacer todas las cosas que sabemos que
ha hecho. El otro problema es que la industria está profundamente
vinculada en la materialidad de la vida capitalista, si consideramos
a la industria de petroquímicos o del plástico. Es por ello que hay
quienes dicen que les cuesta imaginar el fin del petróleo sin imagi-
nar el fin del capitalismo.
Pero hay otros motivos por los cuales resulta difícil cambiar
nuestro sistema energético más allá de los intereses de los más po-
derosos; por ejemplo, los países exportadores de petróleo de bajos y
medianos ingresos, como Ecuador. Me sigue sorprendiendo que no
haya absolutamente ningún plan o discusión en centros de poder
institucional sobre lo que ocurrirá con países cuya base fiscal está
completamente vinculada a los ingresos del petróleo y que no pue-
den proporcionar servicios sociales, infraestructura pública o cues-
tiones básicas de gobernanza sin esos ingresos. No se puede evitar la
difícil realidad de que la transición del petróleo negará una fuente
de ingresos fundamental a una serie de Estados pobres y de bajos o
medianos ingresos.
Nick: Y eso, por supuesto, también está muy relacionado con
Trinidad y Tobago. Entonces, me pregunto, Ozzi, ¿qué piensas sobre
los impactos ecológicos y por qué ha sido tan difícil realizar la tran-
sición de esta forma de energía?
Ozzi: Thea ha planteado una preocupación fundamental respecto de
los pequeños países exportadores de gas y petróleo, como el nuestro.
Toda nuestra economía se ha basado en el petróleo y el gas durante
decenios y aún representa casi el 40 % de nuestro PIB y el 80 % de
nuestras exportaciones. De hecho, el sector de la energía represen-
tó un 58,2 % de los ingresos gubernamentales. Sin esos ingresos,
afrontamos el riesgo de que colapse el seguro social, es decir, toda
Cambio de paradigma / 21
la red de seguridad social nacional. De modo que se vuelve un ver-
dadero desafío a la transición. Ahora mismo estamos luchando por
una transición justa progresiva en Trinidad y Tobago, movilizando
a nuestras bases para que eviten que el Gobierno realice una tran-
sición neoliberal. La llaman transición justa, pero no lo es. Es sim-
plemente un manto para ocultar una nueva ola de programas de
ajuste estructural. Hemos sufrido la pérdida de miles de empleos y
aún no nos han dado los nuevos empleos prometidos. Lo que están
haciendo es mercantilizar y privatizar aún más los servicios públi-
cos, como el agua y la electricidad. Y ni siquiera están cambiando las
fuentes de energía, dado que están firmando nuevos acuerdos de ex-
plotación de gas. También están firmando acuerdos con las mismas
empresas multinacionales para proyectos de energía renovable, por
ejemplo, Trinidad y Tobago está trabajando con BP en proyectos de
energía solar. De modo que, debemos protegernos del imperialismo
y del capitalismo verdes.
Tim: El petróleo ha determinado en gran medida nuestros modos
de pensamiento económico que, a su vez, determinan la energía y la
transición. Hay una relación entre la historia del petróleo, en parti-
cular, y las concepciones de crecimiento, en las que se consideraba
que la aparente disponibilidad ilimitada de yacimientos petrolífe-
ros justificaba una economía basada en el crecimiento. Podemos
verlo hoy en día con la continua expansión del uso de combustibles
fósiles, que se prevé que continuará al menos hasta 2030. Y la natu-
raleza del imperialismo verde significa que la transición también
es desigual. En la mayoría de los países industrializados europeos,
posiblemente incluso en Estados Unidos, el consumo de combusti-
bles fósiles es menor en la actualidad de lo que era en los años no-
venta. La expansión constante sucede fundamentalmente en otras
partes, lo que refleja el hecho de que a determinados países les re-
sulta caro invertir en parques eólicos marinos y energía solar con
fines comerciales. Hay puntos de inflexión, como el hecho de que el
costo relativo de la energía renovable sea más barato que las fuentes
22 / Charla entre Timothy Mitchell, Thea Riofrancos,Ozzi Warwick y Nick Buxton
de energía basadas en los combustibles fósiles, pero lleva tiempo
que estos puntos de inflexión afecten a todo el sistema y ello no está
ocurriendo con suficiente rapidez.
Thea: Quisiera añadir a las reflexiones de Tim que, además de los ele-
vados costos de capital de las energías renovables, la ganancia real
de estos sectores es baja y aún incierta en comparación con los com-
bustibles fósiles. Ello significa concretamente que el subsidio del
Gobierno es muy importante, lo cual se manifiesta como la elimi-
nación del riesgo (asumir el riesgo), descuentos impositivos activos,
rebaja de impuestos, compensación de costos de capital, préstamos
asequibles, etcétera. La mayoría de los países del sur global no pue-
den hacer eso y están limitados para realizar inversiones públicas
por el Fondo Monetario Internacional (FMI), sus préstamos y sus
acreedores. Y los países como Estados Unidos, que tienen los me-
dios, no hacen lo suficiente para llevar a cabo una transición energé-
tica. Más allá de si consideramos que los Estados deberían asegurar
las ganancias privadas, es una cuestión importante en términos de
por qué la transición se ha desacelerado y por qué China y Estados
Unidos, por motivos diferentes, se destacan por su capacidad de ase-
gurar todo tipo de transición.
Nick: Además de abordar la exclusión de muchos países de esta tran-
sición, ¿cómo podemos abordar también las formas en que la tran-
sición puede excluir a los trabajadores o tener impactos negativos
en las comunidades, por ejemplo, con la extracción de minerales de
transición en el sur global?
Thea: Cuando pensamos en el abastecimiento de insumos minerales
para las tecnologías de energía renovable, existen muchos elemen-
tos de la tabla periódica que se consideran fundamentales o esencia-
les, como el cobalto, el litio, las tierras raras, el grafito, entre otros.
Y plantean muchas preocupaciones y dilemas para los productores
del sur global. En primer lugar, debido a que, en comparación con
Cambio de paradigma / 23
el petróleo, es difícil imaginar mantener a un país sobre la base de
las ganancias del litio, porque el tamaño del mercado no se compara
y los yacimientos están mucho más dispersos. Entonces, la cuestión
de la ventaja de los productores, como hemos visto con la OPEP, se
vuelve más difícil. También conllevan muchos impactos ecológicos
y sociales y explotación laboral. De modo que, si bien no tiene la
misma huella de carbono que la industria de combustibles fósiles, la
minería conlleva un daño ambiental y social enorme a nivel local y
está asociada con una de las peores trayectorias de violaciones de los
derechos humanos. El agronegocio y el sector minero se disputan
el primer puesto del sector donde mueren más personas o donde se
reprime a más trabajadores. Entonces, ampliar las tecnologías para
generar energía renovable, dado que son necesarias para paneles so-
lares, baterías de litio, etc., es preocupante desde el punto de vista
ecosocial de derechos humanos y gobernanza. Se observa la repro-
ducción de relaciones neocoloniales en cuanto a sus impactos.
De modo que esta es una historia conocida, pero al mismo tiem-
po es un proceso de relocalización interna, es decir que el Gobierno
estadounidense, por ejemplo, está diciendo que no quiere depen-
der de estas cadenas de suministro volátiles y quiere que el litio y
el cobalto se extraigan en Estados Unidos. Por un lado, podemos
decir que eso es justo para el resto del mundo debido a que Esta-
dos Unidos debería pagar el precio social y ecológico de todas sus
necesidades extractivas, pero en realidad no está sustituyendo el
extractivismo en el sur global, dado que la demanda está crecien-
do. Además, las minas de Estados Unidos están afectando principal-
mente a los pueblos indígenas y a las comunidades rurales latinas,
es decir, a las mismas poblaciones vulnerables que son las más afec-
tadas en países de ingresos bajos y medios.
La producción de materias primas para energías renovables tam-
bién provocó una competencia a la baja, dado que los producto-
res de minerales del sur global intentan competir por inversiones
con Estados Unidos, a pesar de que el Gobierno estadounidense
24 / Charla entre Timothy Mitchell, Thea Riofrancos,Ozzi Warwick y Nick Buxton
compensa los costos de capital y brinda exenciones impositivas a las
empresas mineras.
Nick: Ozzi, formas parte de movimientos de trabajadores que están
atravesando la transición e intentan construir una transición justa.
¿Cuál es tu experiencia al respecto?
Ozzi: Como mencioné, en Trinidad y Tobago estamos experimentan-
do una transición injusta. Aún estamos firmando nuevos contratos
de producción de petróleo con BHP Billiton, Shell y BP, mientras
que los empleos que quedan ya no son decentes. Es como haber re-
trocedido a los años treinta y cuarenta, cuando los trabajadores no
tenían ningún derecho en el sector de la energía.
Nuestro sindicato está trabajando con los Sindicatos por la
Democracia Energética para presentar una alternativa que se en-
marque en lo que se denomina el “enfoque de la vía pública”. Este
enfoque intenta marcar el camino que ampliaría la propiedad pú-
blica de la energía y construiría una nueva economía política cohe-
rente con las expectativas y aspiraciones de muchas de las personas
que trabajamos en sindicatos y movimientos sociales. Ello implica-
ría la nacionalización absoluta del sector de energía.
La historia ha demostrado que la actual expansión energética es
inseparable de la expansión capitalista. Esto es lo que está provocan-
do la crisis climática y el colapso del ecosistema mundial. De modo
que todo medio viable y eficaz de limitar la expansión energética
y mitigar el impacto climático debe implicar asumir el control de
cómo se genera y utiliza la energía. El control de la energía es fun-
damental, habida cuenta de las realidades técnicas y también desde
el punto de vista de la estrategia política. Es así que la lucha por
la energía puede brindar un enfoque claro para quienes formamos
parte de movimientos para luchar por un cambio sistémico radical.
Cambio de paradigma / 25
Nick: Tim y Thea, ¿qué retos debemos enfrentar para lograr un sis-
tema energético más democrático, encabezado por los ciudadanos
y los trabajadores? ¿Qué debemos cambiar del sistema energético?
Tim: No tengo nada que añadir a lo que dice Ozzi. Nos ha demos-
trado muy bien que la energía no solo es una cuestión técnica de
brindar una cierta cantidad de gigavatios, sino que es donde se or-
ganiza nuestra política y donde se ponen a prueba las cuestiones
de justicia y justicia social. Y esa conciencia política no ha estado
allí en varias instancias en el pasado y, por ello, su resurgimiento
es muy prometedor, habida cuenta de la escala de la transición que
debemos atravesar.
Thea: Quisiera volver a algo que mencioné antes, que es la renuencia
de los inversores capitalistas a invertir en energía renovable, lo que
da lugar a subsidios públicos de infraestructuras privadas. Esto plan-
tea la cuestión de por qué no eliminar al intermediario. Si el bolsi-
llo público ya está subsidiando y aprobando legislación importante
como la Ley de Reducción de la Inflación en Estados Unidos, para
llevar a cabo esta transición, ¿por qué no contemplar la propiedad
pública directa de la capacidad de generación eléctrica, la propiedad
del tendido y los cables de distribución? En el estado de Nueva York,
por ejemplo, he trabajado en una investigación que apoyaba la cam-
paña de la organización Democratic Socialists of America (DSA),
que logró que se aprobara legislación mediante la cual se empode-
ró a una entidad estatal propietaria de la capacidad de generación
eléctrica para que comprara más capacidad de energía renovable y
ayudara a descarbonizar los edificios públicos. La cuestión de la pro-
piedad es fundamental ahora debido a que es evidente que no pode-
mos depender de la motivación del lucro para descarbonizar lo más
rápido posible, como lo exige la ciencia climática.
Una segunda respuesta radica en los sindicatos y la militancia sin-
dical. En Estados Unidos, hace unos años ocurrió algo importante:
el sindicato United Mine Workers, que representa a los trabajadores
26 / Charla entre Timothy Mitchell, Thea Riofrancos,Ozzi Warwick y Nick Buxton
mineros del carbón, aprobó oficialmente una transición justa. Esto
es fundamental debido a que una transición justa requiere organi-
zar a los trabajadores que quieren una transición y organizarse en
torno a ella para su beneficio, en lugar de postergar una transición
por temor y, en cambio, aliarse con sus jefes. Recientemente, tam-
bién hubo una huelga importante muy militante y creativa del sin-
dicato de trabajadores del sector automotriz, United Auto Wokers,
que intentó asegurar que los trabajadores del sector lideraran la
transición hacia los vehículos eléctricos, debido a que esa transición
puede tener todo tipo de repercusiones para los trabajadores. Hay
temores de despidos, de automatización, precarización laboral, et-
cétera. Pero el sindicato decidió ser protagonista y obtuvo muchí-
simos contratos que aseguran que las normas que se apliquen a los
trabajadores que construyen las baterías y los automóviles eléctricos
sean las mismas que se han aplicado al trabajo automotriz tradi-
cional. Este es un ejemplo de lo que puede suceder cuando los sin-
dicatos se organizan no en defensa de empleos e industrias sucias,
sino que adoptan una postura de ataque para configurar el tipo de
transición a energías renovables que desean. Ello no significa que no
siga siendo una lucha asimétrica con las empresas y los jefes, pero
creo que finalmente redunda en más poder para los trabajadores.
Nick: Ozzi, para culminar, muchos de los lectores de esta publicación
participan en luchas por la energía, en las que se enfrentan a los sis-
temas de poder arraigados. ¿Qué mensaje quisieras transmitirles?
Ozzi: Recientemente, el Sindicato de Trabajadores de Yacimientos
Petrolíferos (OWTU), junto con otros sindicatos del sur global, lan-
zó TUED South para demostrar que existe una alternativa legítima
de una vía pública al enfoque existente y defectuoso de descarbo-
nización privatizado. Mi mensaje es que jamás debemos dejar de
exigir un cambio de sistema. Los reclamos de un cambio de siste-
ma son las únicas respuestas justas para combatir la crisis climática.
La transición hacia el capitalismo tuvo un impacto negativo en el
Cambio de paradigma / 27
medio ambiente. Por lo tanto, lo que la mayoría de los países nece-
sitan, especialmente en el sur global, es abandonar el capitalismo.
Muchas de las intervenciones para reducir emisiones no serán posi-
bles sin medidas firmes y progresivas del sector público. Para lograr
una transición justa progresiva se necesitará un sector de servicios
públicos que posea los recursos adecuados. De las luchas de todo el
mundo hemos aprendido que aún es posible hacer una diferencia,
que la sociedad humana puede realizar una transición y reorgani-
zarse para proteger el planeta y al mismo tiempo proteger los me-
dios de subsistencia de quienes lo habitan. Ese es mi mensaje.
28 / Charla entre Timothy Mitchell, Thea Riofrancos,Ozzi Warwick y Nick Buxton
¿Quién lucra con la fiebre
de la energía verde?
La reducción del riesgo y las
relaciones de poder en la financiación
de la energía renovable en África
Steffen Haag, Johanna Tunn, Tobias Kalt,
Franziska Müller y Jenny Simon*
Traducción al español: Mercedes Camps
* Somos un equipo de investigación de la Universidad de Hamburgo que estudia la eco-
nomía política mundial de las transiciones energéticas en África. Nuestra labor se cen-
tra en las relaciones de poder poscoloniales. El proyecto de investigación H2POLITICS
examina los impactos socioecológicos y en el desarrollo de producir hidrógeno verde
en el sur global para exportarlo a Alemania a fin de apoyar su transición energética.
La reducción del riesgo es considerada la panacea para obtener fi-
nanciación con el fin de expandir la energía renovable en el sur
global, pero la experiencia de las asociaciones para una transición
energética justa en Senegal y Namibia demuestra que los inversores
extranjeros están recibiendo protecciones excesivas contra el ries-
go, mientras que los Estados y las comunidades marginadas deben
soportar todos los costos financieros, sociales, normativos y a largo
plazo.
Namibia sueña con la solución económica “mágica” del hidróge-
no verde. Oculta en “Sperrgebiet” −una mina de diamantes durante
el régimen colonial alemán y ahora el parque nacional Tsau Khaeb−
se encuentra un área designada para el megaproyecto de hidróge-
no verde Hyphen. Se trata de una empresa conjunta alemana, que
tiene planificado producir hidrógeno verde en una zona tres veces
el tamaño de la ciudad de Nueva York (Gabor y Sylla, 2023; Haag y
Müller, 2019; Kalt y Tunn, 2022), promovida como una asociación
entre dos países (Mottley y Hoyer, 21 de julio de 2023; Eberhardt,
2023). En realidad, Hyphen es un proyecto basado en la deuda que
podría aumentar el endeudamiento público e ignorar por completo
las preocupaciones sociales y ambientales.
El éxito previsto para el proyecto ha echado por tierra todos los
riesgos y cargas financieras que surgen de los acuerdos de financia-
ción público-privados que caracterizan el dominio de las finanzas
privadas. Debido a sus capacidades fiscales limitadas, los países de
bajos ingresos dependen de financiación extranjera pública y priva-
da, lo cual genera una mayor carga de deuda (UN Trade and Deve-
lopment [UNCTAD], 2023). Habida cuenta de la necesidad urgente
de financiación para mitigar el clima, a menudo se propone reducir
el riesgo como una forma de llevar mercados verdes al sur global.
La reducción del riesgo surgió en la financiación de la energía
renovable como la panacea para movilizar los recursos financieros
¿Quién lucra con la fiebre de la energía verde? / 31
necesarios para la transformación ecológica, especialmente en el
sur global. La reducción del riesgo tiene el objetivo de atraer la in-
versión privada en infraestructura verde al ofrecer garantías de ries-
go públicas, con el fin último de detener el cambio climático en
asociación con el capital internacional. Sin embargo, los peligros
económicos a los que se exponen los países al aplicar medidas de re-
ducción del riesgo pueden observarse en las asociaciones para una
transición energética justa firmadas, por ejemplo, con Indonesia, Se-
negal, Sudáfrica y Vietnam.
Surgen algunas preguntas fundamentales: ¿la financiación in-
ternacional tiene en cuenta las realidades diarias de las personas
que viven cerca de centrales de energía renovable?, y ¿qué riesgos se
priorizan en estos proyectos de energía renovable: los de las comu-
nidades, el clima o los de la empresa y los inversores financieros?
Proyectos como el de hidrógeno Hyphen en Namibia revelan el
modo en que el servicio público de la producción de energía es con-
siderado un activo en el que se puede invertir. Generan ganancias
para inversores extranjeros a expensas de crear entornos explotado-
res y perjudiciales para las comunidades afectadas.
Los mercados financieros mundiales y el poder estructural de la
energía renovable en el continente africano
El volumen de capital que busca inversiones rentables en los mer-
cados financieros ha aumentado considerablemente desde los años
ochenta (Huffschmid, 2022). La presión de la rentabilidad en el
sector productivo en los países industrializados, la redistribución
a favor de grupos sociales que poseen riqueza y el uso de sistemas
jubilatorios basados en mercados de capital han contribuido a que
ello ocurriera. La creciente amplitud para los actores financieros y
la creación de nuevas prácticas financieras provocaron un mayor
crecimiento del capital financiero.
32 / Steffen Haag, Johanna Tunn, Tobias Kalt, Franziska Müller y Jenny Simon
Recuadro 1. El poder en las finanzas mundiales
Las finanzas mundiales están estructuradas en función de las relaciones de
poder. Afectan, por ejemplo, las estructuras y la regulación de los mercados
financieros y la distribución desigual de los beneficios y perjuicios financieros.
Esto queda de manifiesto en relación con el acceso a fuentes de financiación, la
distribución de ganancias y la vulnerabilidad a las crisis.
Dado que la globalización financiera surgió como resultado del colonialismo
y el capitalismo estructurado por la era (pos)colonial, las economías africanas
siguen ocupando una posición subordinada en las relaciones financieras
mundiales. Entre otras cosas, esto afecta la devaluación de los tipos de cambio
y el modo en que la inestabilidad financiera obliga a los países a reaccionar a
la dinámica de los mercados financieros internacionales. Las crisis de la deuda
de los años ochenta obligaron a muchos países a aceptar préstamos del Fondo
Monetario Internacional (FMI) y los programas de ajuste estructural conexos.
Estos no solo priorizaban el pago de los préstamos del sector privado, sino que
además imponían condiciones a los países para que promovieran medidas de
liberalización económica y abrieran sus mercados financieros al capital mundial.
Como consecuencia de ello, los países están expuestos a relaciones financieras
volátiles, en ocasiones denominadas “tsunami de liquidez”.
Véase el artículo del TNI sobre financiarización (Dutta y Thomson, 2018).
Desde los años noventa, se han abierto oportunidades de inversión
en nuevos ámbitos como la vivienda o las tecnologías de la informa-
ción, así como en nuevas partes del mundo. Por consiguiente, mu-
chos países han experimentado tsunamis de liquidez en reiteradas
ocasiones,1 es decir, un flujo temporal de inversión, un cambio en
las expectativas de rentabilidad de los accionistas y un retiro más o
menos repentino del capital (Alami, 2019). Al entrar y salir cuando
cambian las expectativas, la financiación de corto plazo en particu-
lar aumenta el riesgo de crisis financieras recurrentes. Esta dinámica
es ilustrada por la denominada crisis asiática de finales de los años
noventa (Bello, 16 de octubre de 2017) o la burbuja “puntocom” a
comienzos de los años dos mil. Tras la crisis financiera mundial de
1
La expresidenta del Brasil, Dilma Rousseff, utilizó el término “tsunami de liquidez”
por primera vez en 2012 cuando criticó los efectos de la política monetaria expansio-
nista del norte global en el sistema financiero brasileño.
¿Quién lucra con la fiebre de la energía verde? / 33
2008, el volumen de liquidez excesiva en busca de ganancias ha au-
mentado, dado que las tasas de interés fortalecieron al tsunami de
liquidez.
En la actualidad, la denominada economía verde, sobre todo
el sector de la energía renovable en las economías del sur global,
es un destino prometedor para la inversión del capital financiero
mundial. A pesar de que es necesario realizar una gran inversión
en infraestructura, las vías tecnológicas y las ganancias económicas
siguen siendo inciertas y las finanzas privadas perciben riesgos de
inversión graves. Como era de esperar, las finanzas privadas inten-
tan trasladar estos riesgos posibles a los gobiernos anfitriones en
la forma de apoyo financiero. Aunque la infraestructura pública
siempre ha implicado una combinación de financiación pública y
privada, la reducción del riesgo intenta reorganizar las economías
energéticas, lo que engloba un conjunto específico de instrumentos
además de la narrativa que los acompaña. Hasta comienzos de los
años dos mil, “la reducción del riesgo de las finanzas” se utilizaba
en forma ecléctica para referirse a la externalización de empresas,
la microfinanciación o las carteras de fondos de jubilación. Tras la
crisis financiera, la reducción del riesgo se volvió un concepto más
matizado, centrado en la reestructuración macroeconómica, los
riesgos de liquidez y la estabilidad financiera. Cuando el discurso
macroeconómico comenzó a incorporar la idea de una “recupera-
ción verde”, ello dio lugar a un debate más específico, centrado en
las finanzas verdes y los prometedores aunque riesgosos mercados
del sur global. A la propuesta del grupo de estudios E3G durante
la cumbre del G20 celebrada en Londres (Mabey, 2009) pronto le
siguió una profunda investigación conceptual del Deutsche Bank y
del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). El
estudio sugería una metodología detallada de reducción del riesgo
para políticas de creación de mercados a fin de generar un entorno
propicio para las inversiones verdes.
Básicamente, la justificación de la reducción del riesgo es la si-
guiente: aunque los costos de la energía renovable han disminuido
34 / Steffen Haag, Johanna Tunn, Tobias Kalt, Franziska Müller y Jenny Simon
drásticamente, los riesgos percibidos impiden a inversores en países
del sur global financiar infraestructura para la energía renovable. A
fin de movilizar los fondos adecuados, se necesitan instrumentos de
mitigación de los riesgos para que la economía resulte atractiva para
la inversión, por ejemplo, al garantizar un flujo de ganancias esta-
ble. Estos instrumentos brindan una red de protección para inverso-
res privados basada en un conjunto de medidas, como la evaluación
de los riesgos, el seguro de crédito a la exportación, las garantías de
inversión, los pagos de primas, los bancos multilaterales de desa-
rrollo como prestamistas de último recurso, la asistencia técnica y
la consultoría política, así como iniciativas de regulación nacional
para brindar un contexto de políticas seguro y predecible. La reduc-
ción del riesgo fue adoptada rápidamente como una estrategia clave
para abordar el desafío de financiar infraestructura sostenible. Unos
años después de la primera iniciativa política del PNUD, estas ideas
pasaron a formar parte del Programa GET-FiT (Elsner et al., 2021),
que financia proyectos de energía renovable en Uganda2 y Zambia,3
y en los que se basa el programa de múltiples países Scaling Solar4
del Banco Mundial y el programa RES4Africa5 de Italia, por nom-
brar algunos.
La reducción del riesgo ahora es omnipresente en la financiación
para el clima, ya que figura en numerosas recomendaciones de polí-
ticas del Banco Mundial, el FMI o las Naciones Unidas, a saber: “De
miles de millones a billones”, “Reconstruir mejor” y “Maximizar el
financiamiento para potenciar el desarrollo”, respectivamente. Los
proyectos de infraestructura y de energía renovable de gran escala
de conformidad con los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) y
la Agenda 2030 se han vuelto activos invertibles para atraer capi-
tal internacional con fines de lucro. La macroeconomista Daniela
2
getfit-uganda.org
3
getfit-zambia.org
4
scalingsolar.org
5
res4africa.org
¿Quién lucra con la fiebre de la energía verde? / 35
Gabor se refirió a este fenómeno como el “Consenso de Wall Street”,
lo que significa que, a diferencia del anterior Consenso de Washing-
ton, la movilización de capital financiero privado ahora se ha vuelto
una prioridad política y de desarrollo. En última instancia, este es
un enfoque a la financiación para el desarrollo enfáticamente ba-
sado en el mercado, centrado en los intereses del capital financiero.
Como sugiere Gabor, ello culmina en un “Estado de reducción del
riesgo” (Gabor, 2021), cuyas funciones más destacadas ya no son el
bienestar y la seguridad humana o territorial, sino la generación de
oportunidades de inversión atractivas, moderadas por instituciones
favorables a los inversores, cuya estructura se asemeja a quimeras
gubernamentales o transnacionales. En el sector de la energía, ello
puede incluir subastas de energía facilitadas por consultorías pri-
vadas y bufetes de abogados destinadas a inversores de Occidente,
como demuestra claramente el caso de Zambia (Elsner et al., 2021).
A continuación, nos centramos en proyectos que demuestran
diversos niveles de reducción del riesgo: el caso de las asociaciones
para una transición energética justa destaca la reducción del riesgo
a un nivel abstracto interestatal, mientras que el caso de Senegal
subraya las realidades diarias y el de Namibia ilustra el modo en que
podemos transformar toda una economía.
La estrategia de reducción del riesgo de las asociaciones para una
transición energética justa
En el contexto de las energías renovables en países africanos, las
asociaciones para una transición energética justa (ATEJ) han sido
elogiadas como mecanismos innovadores de financiación para el
clima. Sin embargo, también ilustran el modo en que se reproducen
las relaciones de poder y las desigualdades estructurales mediante la
financiación de la energía renovable. Estas asociaciones, que fueron
negociadas entre países del G7 y del sur global, intentan catalizar
una transición de los combustibles fósiles a la energía renovable.
36 / Steffen Haag, Johanna Tunn, Tobias Kalt, Franziska Müller y Jenny Simon
La primera ATEJ, anunciada en la COP26 de cambio climático en
2021 entre el G7 y Sudáfrica, implica una inversión inicial de 8500
millones de dólares para realizar la transición del carbón a la ener-
gía renovable. Financia proyectos para mejorar la red eléctrica, la
generación de energía, vehículos eléctricos e hidrógeno verde y pro-
pone una transición justa centrada en la creación de empleos y la
formación en competencias. Una ATEJ con Senegal, país que aspira
a producir gas, firmada en junio de 2023, asigna 2700 millones de
dólares para generar un 40 % de energía renovable de aquí a 2030.
A pesar del hecho de que los gobiernos en países ricos ahora estén
comenzando a reconocer sus responsabilidades climáticas y estén
mejorando sus esfuerzos para brindar financiación para el clima, el
modelo de financiación de las ATEJ plantea varias inquietudes. En
primer lugar, aunque muchos países del sur global han solicitado
financiación para el clima, las ATEJ fueron creadas para servir los
intereses geopolíticos de los Estados del G7, que intentan fortalecer
su influencia política y económica a nivel mundial, entre otras cosas
para responder a la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China. Más
concretamente, tan solo una pequeña fracción de financiación llega
en la forma de donaciones (3,4 % en Sudáfrica y 6 % en Senegal); el
resto adquiere la forma de préstamo en divisa fuerte −que debe pa-
garse, a pesar de tener tasas de interés por debajo del mercado. Ello
expone a los países beneficiarios a riesgos de deuda cuando la divisa
local se debilita y los pagos de deuda se vuelven más costosos, como
es el caso de Sudáfrica, donde desde 2000 el rand ha perdido 200 %
su valor frente al dólar de los Estados Unidos.
Además, el modelo de financiación de las asociaciones se basa
en una estrategia de reducción del riesgo. Se utilizan fondos públi-
cos para financiar empresas privadas mediante asociaciones públi-
co-privadas. En el sector de la electricidad, que representa la mayor
parte de la financiación de las ATEJ en Sudáfrica y Senegal, ello sig-
nifica invertir en infraestructura para la red eléctrica a fin de crear
las condiciones para que empresas de energía privadas, denomi-
nadas productoras de energía independientes, establezcan nuevos
¿Quién lucra con la fiebre de la energía verde? / 37
proyectos. Específicamente, la reducción del riesgo de productoras
de energía independientes implica subsidios y garantías guberna-
mentales para la venta de la energía producida mediante acuerdos
para la compra de energía a esas productoras por un precio fijo y
durante un tiempo determinado. Ello garantiza un ingreso a largo
plazo para el sector privado, mientras que expone a los países anfi-
triones, como Sudáfrica y Senegal, a riesgos comerciales y exacerba
su deuda externa, dado que brindan garantías soberanas para la fi-
nanciación privada.
Centrarse en atraer financiación privada también implica que
se asignen fondos insuficientes para medidas de transición justa
que no se consideran “financiables”, dado que no generan ganan-
cias directas sobre la inversión −por ejemplo, un sistema de arance-
les socialmente sensible, formación en competencias y programas
de empleo sensibles al género o la transferencia de tecnología. Las
ATEJ no apoyan la fabricación de energía renovable local, que es
donde se encuentran la mayoría de los empleos de alta calidad y la
creación de valor económico y, por lo tanto, no contribuyen al desa-
rrollo industrial verde soberano, al empleo de largo plazo y a los be-
neficios para la comunidad −tan solo el 0,6 % de las contribuciones
comprometidas a la ATEJ firmada por Sudáfrica se destinan al desa-
rrollo de competencias, la diversificación económica y la inclusión
social. Además, debido a que los productores de energía privados
no solo necesitan recuperar sus costos operativos, sino que además
intentan obtener ganancias, ello podría dar lugar a tarifas de ener-
gía más elevadas que incorporen márgenes de ganancia y pagos de
intereses, lo cual exacerba la pobreza energética. Por último, en las
negociaciones de las ATEJ no se han incluido a la sociedad civil ni
a las comunidades. Los acuerdos se negocian a puertas cerradas en-
tre el G7, que negocia como bloque, y países individuales, que con
frecuencia han expresado preocupación respecto de las condiciones
de estos acuerdos, que a menudo permanecen ocultos al público.
Los movimientos sociales y los sindicatos han realizado propues-
tas alternativas de financiación justa para el clima (Global Energy
38 / Steffen Haag, Johanna Tunn, Tobias Kalt, Franziska Müller y Jenny Simon
Justice Workshop Collective, 2023), que se centran en la cancelación
de la deuda (Baloyi y Krinsky, 2022), las reparaciones climáticas y las
inversiones públicas, en lugar de reducir el riesgo de las inversiones
privadas.
Este panorama de financiación parece estar muy alejado de la
vida diaria de las personas. Pero la financiación mundial en la for-
ma de préstamos, acciones o cualquier otro instrumento se las in-
genian para figurar en proyectos concretos de energía renovable,
como Hyphen o el parque eólico Taiba N’Diaye en Senegal, que tie-
nen efectos considerables en la vida de las personas.
Aventuras de inversión en Senegal: el parque eólico Taiba
N’Diaye
Chris Antonopoulos, el director ejecutivo de Lekela, hace alarde de
que hace falta tener “espíritu aventurero” para construir parques eó-
licos en África (Lekela Power, 2021). Lekela es una empresa de energía
renovable con sede en Londres, que construyó el parque eólico Taiba
N’Diaye, de 160 MW, en Senegal. Lo que para algunos es una aven-
tura de inversión, para otros implica la destrucción de sus medios
de subsistencia.
Este parque eólico es un caso ejemplar de cómo la producción
de energía renovable se convierte en un activo y da oportunidades a
inversores con fines de lucro que suelen estar radicados en el norte
global. Ello es posible mediante un entorno institucional de reduc-
ción del riesgo tanto del Gobierno de Senegal, como de las institu-
ciones internacionales de financiación del desarrollo, que crean el
entorno seguro y estable para los inversores europeos. El parque
eólico es considerado un activo invertible, del cual inversores dis-
tantes esperan una ganancia considerable, pero al mismo tiempo es
el hogar y lugar de protesta de las comunidades afectadas.
La política energética de Senegal ha estado orientada a la
creación de un “entorno de reducción del riesgo”, que permite la
¿Quién lucra con la fiebre de la energía verde? / 39
producción de energía privada. En una reciente reforma del sector
de la energía, el Gobierno pasó a apoyar la financiación privada al
eliminar barreras regulatorias y crear un entorno propicio para los
inversores internacionales. La característica principal de la reforma
es la desagregación de Senelec, la empresa de electricidad nacional
y la compradora de electricidad en proyectos de energía renovable,
y el fortalecimiento de actores privados en la producción de energía
(Ward, 3 de mayo de 2021). Las productoras de energía indepen-
dientes realizan ofertas para obtener los derechos de producción,
mientras que la planificación energética de largo plazo de los regu-
ladores ofrece a los inversores una base estable para adoptar deci-
siones de inversión de largo plazo. La liberalización del mercado de
electricidad lo abre a la producción de energía privada y la planifi-
cación nacional procura volverla atractiva para el capital extranjero.
De acuerdo con esta orientación de las políticas, desde comien-
zos de los años 2010, el porcentaje de producción de las productoras
de energía independientes ha aumentado a la mitad de la capacidad
total instalada de Senegal, fundamentalmente mediante la inver-
sión extranjera directa. Alrededor de la mitad de la capacidad de
producción de energía solar del país es propiedad de empresas fran-
cesas (Meridiam, 31 de mayo de 2021). El poder colonial ha vuelto o
quizá nunca se retiró.
El parque eólico Taïba N’Diaye se adapta bien a la agenda de po-
líticas energéticas de Senegal. La empresa francesa Sarreol desarro-
lló el proyecto y más tarde lo vendió a Lekela, que posteriormente
lo desarrolló para obtener rentabilidad financiera con un préstamo
de la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional, la insti-
tución del Gobierno de Estados Unidos que se dedica a la financia-
ción para el desarrollo, y una garantía de inversión del Organismo
Multilateral de Garantía de Inversiones del Banco Mundial. Lekela
era propiedad de dos fondos de capital de infraestructura europeos
con estructuras de propiedad poco transparentes cuando comenzó
la construcción del proyecto y desde entonces fue vendida a otros
inversores. En la actualidad, el parque eólico consiste de cuarenta y
40 / Steffen Haag, Johanna Tunn, Tobias Kalt, Franziska Müller y Jenny Simon
seis turbinas eólicas, un número que se espera que pronto se dupli-
que, y afecta a más de diez localidades con una población de alrede-
dor de veinticinco mil habitantes.
La necesidad de los inversores privados de un mayor grado de
seguridad genera una constelación de financiación y modelos de
negocios que ameritan un examen más detenido. Lekela vende la
electricidad producida a la empresa nacional de energía Senelec
y utiliza las ganancias para pagar los préstamos a los acreedores y
otorgar las ganancias anticipadas a sus accionistas. Por lo tanto, Le-
kela está obligada a funcionar con fines de lucro.
Para no arriesgar este flujo de efectivo, el modelo de negocios
está garantizado mediante una reducción del riesgo fiscal. El Go-
bierno de Senegal brinda un conjunto de garantías para la compra
de electricidad y el Banco Mundial hace lo mismo con los riesgos
políticos, de modo de proteger a los inversores contra casi todos los
peligros.
En virtud de un denominado Acuerdo de Compra de Electrici-
dad, Senelec está contractualmente obligado a pagar toda la energía
producida, incluso si no hubiera demanda o si la red está sobrecar-
gada. Ello garantiza las ganancias de Lekela. Además, Senegal brin-
da una garantía soberana para cubrir la posibilidad de que Senelec
incumpla sus pagos.
Los inversores también pueden recurrir a las garantías de ries-
go político que brinda el Banco Mundial, como el seguro contra
riesgos políticos o la garantía parcial contra riesgos. Estas garantías
pueden utilizarse en casos de impago por Senelec y el Estado, ex-
propiación o guerra y disturbios. Por consiguiente, además de los
riesgos del proyecto o tecnológicos, los inversores están cubiertos
contra prácticamente toda forma de inseguridad.
La lógica del lucro detrás de la financiación del proyecto y la ne-
cesidad de obtener ganancias constantes para servir a los acreedores
da lugar a desigualdades al final de la cadena en el parque eólico, es
decir, que afecta a las comunidades locales. Estas desigualdades son
¿Quién lucra con la fiebre de la energía verde? / 41
incluso más pronunciadas si se compara la narrativa de inversión de
Lekela y la disidencia comunitaria.
Los inversores cuentan la historia de los beneficios para el de-
sarrollo de los proyectos de infraestructura a gran escala, como la
creación de empleo. Según Lekela, en total 380 personas han sido
empleadas durante la construcción, todas de localidades aledañas.
Sin embargo, los habitantes locales expresan su clara frustración
con respecto a la contratación, dado que los puestos de trabajo son
temporales y en su mayoría poco cualificados.
Esto es incluso más problemático debido a que se ha expropiado
la tierra comunitaria para construir el parque eólico y se ha privado
así a la población de sus medios de subsistencia. Alrededor de 420
productores agrícolas afectados por el parque eólico han recibido
indemnización. Es cierto que la indemnización ha sido superior al
monto nacional habitual. Si bien esto puede considerarse un gesto
noble por parte de Lekela, la cuestión de la tierra representa la di-
visión fundamental entre los inversores y la comunidad afectada.
La historia de inversión de Lekela proclama una modernización −
aunque imaginaria− de tierra agrícola a parque eólico y presupone
progreso y desarrollo, pero las conversaciones con los agricultores
dan una sensación muy diferente de lo que significa la tierra agrí-
cola, que es sinónimo de vida y es la base de la alimentación y los
ingresos. La indemnización puede ayudarlos a sobrellevar sus vidas
en el corto plazo, pero no puede compensar la pérdida de su tierra.
La cuestión de la tierra trae el colonialismo del pasado al presente.
La idea dominante de terra nullius justificó el reparto de África du-
rante el colonialismo, en el que se organizó el acaparamiento de tie-
rra para la economía colonial de las plantaciones de forma tal que
aún hoy vemos los patrones del extractivismo (Dieng, 29 de abril de
2021).
Desde el punto de vista de los inversores, el parque eólico es un
caso exitoso de la modernidad y el desarrollo. Supuestamente ha
mejorado las vidas de los habitantes locales, por ejemplo, mediante
la construcción de un mercado, un centro informático en la escuela
42 / Steffen Haag, Johanna Tunn, Tobias Kalt, Franziska Müller y Jenny Simon
y paneles solares para los agricultores locales. La historia de inver-
sión oficial es ilustrada con mujeres que bailan para expresar su ale-
gría por las inversiones. Se basa en casi todos los clichés conocidos
−exactamente el modo en que Binyavanga Wainaina nos enseñó
que no se debe escribir sobre África (Malik, 7 de octubre de 2022;
Wainaina, 2 de mayo de 2019).
La historia parece ser una filantropía pura que da lugar al pro-
greso en las localidades aledañas, mientras que los inversores tie-
nen la autoridad moral. Según ellos mismos afirman, el proyecto
es “más que un parque eólico”. Lo que la historia de Lekela oculta
es que el parque eólico generará ganancias estables a largo plazo al
desarrollador europeo, gracias a los instrumentos de reducción de
riesgo mencionados anteriormente. Sin embargo, esto hace que el
riesgo se transfiera a las comunidades afectadas y a las cuentas del
Estado, por lo que añade una carga para el presupuesto estatal y pro-
porciona ganancias de corto plazo a la empresa privada.
Si se considera el parque eólico desde una perspectiva macro, se
observa que las inversiones en energías renovables, incluso en un
solo parque eólico en Senegal, están cada vez más interconectadas
en los circuitos de las finanzas internacionales. Lekela fue vendida
recientemente a la empresa operadora Infinity, que es propietaria
de muchas productoras de energía independientes en África. Resul-
ta difícil de creer que los propietarios anteriores no obtuvieron mu-
chas ganancias a partir de esta venta, que implica una desconexión
entre los propietarios del proyecto y la comunidad. Como mínimo,
Lekela ha estado trabajando con las comunidades locales durante
varios años. El nuevo propietario no tiene esta relación, lo cual po-
dría socavar toda responsabilidad y rendición de cuentas por los im-
pactos del parque eólico en las comunidades locales (Baker, 2022).
Por último, la posible influencia que los instrumentos de reducción
de riesgo otorgan a las organizaciones multilaterales resulta proble-
mática a nivel macropolítico. La amenaza de activar una garantía
de riesgo es una medida disciplinaria, en el sentido de que si el Go-
bierno no paga debe cubrir la suma garantizada, ya que el Banco
¿Quién lucra con la fiebre de la energía verde? / 43
Mundial posee la facultad de imponer reformas estructurales en el
sector de la energía y socavar de ese modo la soberanía del Estado.
La historia de Lekela oculta estas jerarquías estructurales y les
resta importancia. Su narrativa incluye tan solo dos funciones: el
inversor benevolente europeo y los beneficiarios agradecidos. A pe-
sar de esta narrativa −o precisamente debido a ella−, es importante
recordar que el parque eólico Taïba N’Diaye es una inversión que
aporta ganancias a inversores ricos y poderosos por la venta de elec-
tricidad que la población senegalesa paga con las tarifas eléctricas.
Por lo tanto, es importante destacar que las personas afectadas
por el parque eólico formaron un colectivo para defender los de-
rechos de la comuna de Taïba N’Diaye (Taxawu Askan Wi), a fin
de hacer frente al desarrollador de proyecto, exigir su participación
equitativa de los ingresos y el derecho de que se tenga en cuenta
su opinión en las decisiones que las afectan. Debido a la superio-
ridad financiera de Lekela y a su poder para definir la narrativa de
inversión, es fundamental ver qué ocurre en los márgenes, de qué
modo las personas afrontan dificultades día a día para contrarrestar
las desigualdades de poder financiero y lo que esas luchas reflejan
sobre la estructura financiera mundial.
Sueños de hidrógeno verde en Namibia
Del noroeste al sur de África, la fiebre de las energías renovables
adopta otra forma. Mientras que el parque eólico Taïba N’Diaye se
construyó para abastecer a la red eléctrica nacional, la economía
emergente del hidrógeno en Namibia está orientada a servir a las
economías europeas. Desde 2021, Namibia ha abierto sus puertas a
un sinnúmero de inversores, empresas y asistencia técnica, y ha in-
corporado instituciones de reducción del riesgo para que se ajusten
a su meta de convertirse en una “superpotencia de hidrógeno verde”
(Green Hydrogen Organisation, 2023).
44 / Steffen Haag, Johanna Tunn, Tobias Kalt, Franziska Müller y Jenny Simon
Reducción del riesgo fiscal
Para lograrlo, el Estado namibio ha construido una arquitectura de
financiación combinada que se basa en gran medida en un ecosis-
tema internacional público-privado de reducción del riesgo para
poner en marcha la incipiente economía del hidrógeno (Gabor y
Sylla, 2023). Ello incluye una plataforma de financiación combina-
da denominada SDG Namibia ONE para ampliar la escala de reduc-
ción del riesgo de la estrategia de hidrógeno verde y las iniciativas
del sector privado correspondientes. El capital concesional de SDG
Namibia ONE está destinado a disminuir el costo total de capital y,
por consiguiente, brindar protección fiscal a lo que el país espera
que será un flujo de inversores privados, listos para desembolsar su
capital y satisfacer las necesidades de inversión. La plataforma, que
fue lanzada en la COP27 celebrada en Egipto, ahora es gestionada
en el Fondo de Inversión Ambiental de Namibia por dos organiza-
ciones neerlandesas: Climate Fund Managers e Invest International
Dutch.
La Plataforma ha recibido fondos para asistencia técnica de In-
vestment International (cuarenta millones de euros) y del Banco
Europeo de Inversiones (cinco millones de euros) para adaptar la
plataforma a las necesidades de los inversores, y un préstamo adi-
cional en condiciones favorables de quinientos millones de euros
del Banco Europeo de Inversiones. El Gobierno está utilizando este
dinero para financiar sus participaciones de capital en el prestigio-
so proyecto de hidrógeno de gran escala administrado por Hyphen
Hydrogen Energy.
Si bien esos enfoques aún son muy recomendados por el Grupo
del Banco Mundial (World Bank Group, 2023) y la OCDE (Orga-
nization for Economic Co-operation and Development [OECD],
2021), se corre el riesgo de que los países se vuelvan más vulnerables
a crisis de la deuda y, en definitiva, amplíen el poder y la influencia
de los prestamistas financieros. Namibia ya tiene una deuda sobera-
na del 60 %, por lo que estos préstamos se suman a la deuda externa
¿Quién lucra con la fiebre de la energía verde? / 45
total del país y ejercen más presión sobre el presupuesto nacional,
ya que si uno de los proyectos fracasa, el Estado y los ciudadanos
namibios serán quienes tengan la carga de pagar la deuda. Además,
tanto los acreedores como los desarrolladores del proyecto son par-
te de una red europea que intenta capitalizar y utilizar el hidrógeno
verde y sus derivados para sus propios fines. Un representante de
un banco local que estaba encargado de elaborar las regulaciones
de la inversión de Hyphen, lo resumió como sigue: “En realidad, se
trata de dinero destinado a pagar los salarios europeos. Existen estos
grandes contratos de compraventa de múltiples años, pero entre ins-
tituciones europeas”.
Ecosistema de reducción del riesgo
La fiebre del nuevo “petróleo verde” y la creación de un entorno pro-
picio ha puesto en alerta a muchos Gobiernos e inversores. Namibia
ha firmado un memorando de entendimiento con Alemania, los
Países Bajos y la Unión Europea para la exportación de hidróge-
no verde. Otros inversores, como Anglo American, el Puerto de
Róterdam, Bélgica y varias empresas japonesas están ejecutando sus
propios proyectos relacionados con el hidrógeno.
El proyecto más importante se encuentra en el parque nacional
Tsau Khaeb de la Iniciativa de Desarrollo del Corredor Meridional
y es administrado por Hyphen −un consorcio entre la empresa de
energía alemana ENERTRAG y la empresa de inversiones Nicho-
las Holding. La empresa de inversión secreta está registrada en las
Islas Vírgenes Británicas, un conocido paraíso fiscal, aunque el bra-
zo operativo es administrado por su empresa subsidiaria Principle
Capital, que ha estado involucrada en un controvertido proyecto
de biocombustibles en Mozambique (Grobler, Lo y Civillini, 15 de
noviembre de 2023). La inversión prevista abarca 9400 millones de
dólares, el equivalente al producto interno bruto (PIB) de Nami-
bia en 2020. El plan es construir paneles solares y electrolizadores
para producir hidrógeno verde en una zona protegida de 4000 km2,
46 / Steffen Haag, Johanna Tunn, Tobias Kalt, Franziska Müller y Jenny Simon
casi exclusivamente para exportarlo a Europa. El Gobierno namibio
prevé la construcción de diez a quince proyectos adicionales de ca-
rácter similar en el parque nacional.
Para abordar los riesgos políticos y regulatorios que pueden im-
pedir la inversión de capital extranjero en su industria incipiente,
como el acceso “complicado” de empresas extranjeras a la tierra, las
fuertes protecciones ambientales o los requisitos de visado, el Go-
bierno alemán, entre otros, han otorgado un programa de asistencia
técnica a Namibia. La asistencia es brindada por las empresas jurí-
dicas multinacionales que elaborarán las políticas y normativas. El
fin último es crear un “entorno propicio” que sirva a los intereses de
los inversores alemanes y europeos. Por ejemplo, las empresas selec-
cionadas para los proyectos Hyphen son principalmente de origen
alemán o europeo.
Reducción del riesgo normativo
Se están realizando otros ajustes normativos propuestos para adap-
tarse a la economía del hidrógeno. En la actualidad no existe legis-
lación específica para la producción del hidrógeno verde con fines
de exportación, ni un sistema de seguridad adecuado para regular la
producción, el almacenamiento, transporte y la utilización del hi-
drógeno y sus derivados (como el amonio). A fin de elaborar dichas
normativas, Namibia está utilizando la costosa asistencia técnica
extranjera de estudios jurídicos y consultorías, y las recomendacio-
nes de organizaciones como el Banco Mundial y McKinsey. El di-
rigente del movimiento social Reposicionamiento Afirmativo Job
Amapunda sostiene que Hyphen está trabajando estrechamente
con el Gobierno namibio para crear un marco jurídico para su eco-
nomía de hidrógeno (Beukes, 8 de mayo de 2023) y señaló que un
coordinador de proyectos del sector privado está elaborando el futu-
ro marco regulatorio para toda la industria emergente en Namibia,
adaptado a sus preferencias, requisitos y necesidades.
¿Quién lucra con la fiebre de la energía verde? / 47
Aunque el Gobierno namibio y las partes interesadas europeas
celebran los múltiples acuerdos, estrategias y asociaciones que se
han establecido en tan solo unos meses, la sociedad civil de Namibia
ha señalado el peligro de la dependencia financiera, la degradación
ecológica y la exclusión social recurrentes en medio del entusiasmo
con el hidrógeno verde.
En cuanto a las reglamentaciones, las enmiendas legislativas para
favorecer a los desarrolladores del proyecto y su afán por garantizar
un amplio espacio de producción para el hidrógeno verde pueden
facilitar el acaparamiento de tierra y agua. En el caso de Hyphen y
su trayectoria actual, el proyecto llevará una economía de enclave a
la localidad de Lüderitz, que no está para nada preparada. Es decir,
una economía orientada a la exportación dominada por capital no
local. Mientras que Hyphen anunció la creación de quince mil em-
pleos y tres mil adicionales durante la fase de construcción, similar
al caso de Senegal, la mayoría de estos empleos serán temporales y
estarán destinados a trabajadores no cualificados.
Aparte del trabajo precario y las condiciones de vida en el lugar,
también existen riesgos socioecológicos de que surjan conflictos res-
pecto del agua y la destrucción ecológica. Ellos incluyen el vertido
de salmuera de plantas desalinizadoras en el mar o en aguas subte-
rráneas, el uso de reservas limitadas de agua dulce −según ha plani-
ficado el proyecto Daures, financiado por el Gobierno alemán−, el
uso de parques nacionales para el proyecto Hyphen y el gran impac-
to de la infraestructura planificada, como puertos y plantas en los
ecosistemas terrestres y marinos. Los mercados financieros hacen
la vista gorda a estos riesgos socioecológicos, siempre y cuando no
pongan en peligro sus inversiones. El resultado es la socialización
de los riesgos y la privatización de las ganancias, especialmente para
las élites y los inversores internacionales, que perpetúan el endeu-
damiento del Estado con bancos internacionales y limitan el espa-
cio para la intervención de la sociedad civil.
La sociedad civil ha expresado preocupación sobre la falta de
transparencia y rendición de cuentas con respecto a los procesos
48 / Steffen Haag, Johanna Tunn, Tobias Kalt, Franziska Müller y Jenny Simon
de adquisiciones, acuerdos financieros y opciones normativas. Sin
embargo, en lugar de reunirse con la sociedad civil y abordar sus
preocupaciones legítimas de forma democrática y transparente, el
Gobierno namibio “advirtió a la población local que no interfie-
ra con el proyecto de hidrógeno verde Hyphen Hydrogen Energy”
(Matthys, 1 de junio de 2023). Los inversores y políticos alemanes
y europeos siguen pintando las asociaciones de hidrógeno verde
como acuerdos entre partes iguales. La historia de la participación
alemana en el pasado y presente extractivo de Namibia, incluida
la ocupación colonial y el genocidio de los hereros y nama no for-
man parte de estas discusiones. Resulta sorprendente ver con qué
rapidez se puede movilizar capital para el beneficio de los países
ricos, mientras que aún no se han otorgado reparaciones ni se han
pedido disculpas formales por las atrocidades coloniales cometidas
por Alemania. Un activista describió la fiebre del hidrógeno verde
en Namibia de la siguiente manera: “Queremos que se lo llame por
lo que realmente es. Eso es importante. Aunque sigan demoliendo
y saliéndose con la suya, se lo debe llamar por su nombre. Esto es
imperialismo. Esto es colonialismo”.
La necesidad de modelos de financiación democráticos
y socialmente justos
El panorama presentado por estos casos de energía verde es ambi-
valente. Hay una necesidad urgente de financiación para proyectos
de energía renovable. La crisis climática afecta en forma despro-
porcionada a algunos de los países y las comunidades más vulne-
rables del mundo. Sin embargo, la forma de financiación actual de
la energía renovable puede aumentar esa presión, en lugar de ali-
viarla. Amenaza los esfuerzos para lograr justicia climática a nivel
mundial. Las asociaciones de financiación, como las asociaciones
para una transición energética justa, así como proyectos específi-
cos de energía renovable, suelen ser una puerta de entrada para los
¿Quién lucra con la fiebre de la energía verde? / 49
intereses del norte global y pueden perpetuar el colonialismo verde.
Las naciones ricas, las élites nacionales y las empresas multinaciona-
les se benefician, y los países anfitriones y sus ciudadanos asumen
los riesgos financieros y ambientales, mientras que se privatizan las
ganancias y el Estado y los usuarios deben soportar los costos de la
transición.
Siguiendo los pasos del llamamiento de los años setenta a un
“nuevo orden económico internacional”, las iniciativas basadas en
una perspectiva del sur global cuestionan cada vez más la arqui-
tectura mundial de la financiación para el clima. La Iniciativa de
Bridgetown (Mottley y Hoyer, 21 de julio de 2023), una propuesta
de reforma financiera mundial impulsada por la primera ministra
de Barbados, Mia Mottley, ha generado una mayor conciencia so-
bre la deuda climática y de la crisis de la deuda que se avecina. Hay
cincuenta y dos países que ya están sobreendeudados o, en el caso
de Namibia, que ya afrontan la quiebra. El reclamo de Mottley de
derechos especiales de giro para el FMI generó entusiasmo. En la
Cumbre para un Nuevo Pacto Financiero Mundial, celebrada en Pa-
rís en 2023, los dirigentes allí reunidos acordaron reestructurar la
arquitectura de la financiación para el desarrollo de modo de que
se reorienten los flujos de financiación y se garantice una partici-
pación equitativa del capital. Sin embargo, el ímpetu radical de la
Iniciativa de Bridgetown fue efectivamente una causa perdida, dado
que en la cumbre no se aprobó un programa de alivio de la deuda,
sino tan solo un enfoque fragmentado. Se dejó de lado el verdadero
impacto de la Iniciativa Bridgetown, que representa una importan-
te oposición a la dinámica neocolonial en la financiación para el
clima y un llamamiento para exigir flujos financieros justos.
Para lograr justicia en la financiación para el clima se necesita un
debate y práctica constantes entre los movimientos sociales, la so-
ciedad civil, el sector político y el sector privado. Pero a menos que
este debate se base firmemente en cuestiones de contenido y aborde
las desigualdades de poder, al instar a la justicia se corre el riesgo de
caer en el denominado postureo ético. Ello quedó de manifiesto en
50 / Steffen Haag, Johanna Tunn, Tobias Kalt, Franziska Müller y Jenny Simon
las discusiones sobre las asociaciones para una transición energética
justa. Como han exigido los sindicatos y la sociedad civil, las nego-
ciaciones sobre proyectos de inversión deben ser inclusivas y trans-
parentes, no basadas en acuerdos secretos a puertas cerradas entre
países donantes y países beneficiarios. Únicamente si se garantiza
esto los actores de la sociedad civil podrán solicitar más financia-
ción basada en donaciones, en lugar de préstamos condicionales.
Los reclamos de justicia en proyectos de energía renovable, como
las productoras de energía independientes, plantean preocupacio-
nes adicionales. Se necesita establecer modelos de financiación que
transfieran a las comunidades afectadas una suma justa y fija de
las ganancias obtenidas por los desarrolladores privados. Las per-
sonas cuya tierra es expropiada deberían ser indemnizadas porque
a menudo eso es lo único que poseen. A nivel gubernamental, las
normas de contenido local deberían exigir a los desarrolladores in-
ternacionales que creen valor económico nacional. Estos reclamos
no son abstractos o utópicos. Pueden adoptarse fácilmente si hay
voluntad política y espacio para hacerlo. Sin embargo, el hecho de
que tales demandas estén tan alejadas de la realidad sobre el terreno
demuestra que queda mucho por hacer. Es preciso que la sociedad
civil y los movimientos en solidaridad con las comunidades direc-
tamente afectadas por la energía renovable ejerzan presión sobre la
financiación internacional que invierte en esos proyectos.
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¿Quién lucra con la fiebre de la energía verde? / 55
Cómo negociar la crisis
energética mundial desde
la escalera
Lecciones del Líbano
Ebla Research Collective*
Traducción al español: Álvaro Queiruga
* Este ensayo fue redactado por Dana Abi Ghanem, Zeina Abla y Muzna
Al-Masri, y es producto de la investigación realizada por ellas y los in-
vestigadores de campo Amr Dukmak, Fatima Fouad el-Saman, Firas
Dabbagh, Karim Khansa, Mostafa Soueid, Mounia Chmailtilli, Rand
Berjawi y Watfa Najdi.
Es posible que la crisis económica y energética sin precedentes del
Líbano haya provocado la proliferación de sistemas de energía so-
lar a pequeña escala y se haya proclamado como un ejemplo de re-
volución energética descentralizada. Sin embargo, una mirada más
atenta revela que también agravó la desigualdad y dividió a las co-
munidades. En última instancia, la mejor solución a las crisis ener-
géticas radica en movilizar a las comunidades para que se organicen
colectivamente contra las políticas que las provocan.
“¿Estado o generador?”. Una pregunta que me acompaña desde hace
treinta y un años como ciudadano libanés con (cero) derechos y (mu-
chas) obligaciones. Espero con impaciencia la luz de la calle, porque es
la señal más segura de que la energía de la empresa pública de electri-
cidad ha vuelto. Ahora una lamparita le ha arrebatado la gloria, señal
de que la electricidad del generador está encendida. Estoy tan apegado
a esa lamparita como a la pequeña esperanza de que mañana habrá
más electricidad pública que el día anterior.
Las reflexiones de Sami1 acerca de su lucha silenciosa con las fuentes
híbridas de electricidad que afligen su vida cotidiana expresan las di-
ficultades que experimentan a diario muchas personas en el Líbano.
Desde los años de la guerra civil (1975-1991), los habitantes del
país han tenido que cogestionar el suministro de electricidad en
sus hogares y empresas debido a los cortes de energía diarios y al
suministro poco fiable de la empresa estatal Électricité du Liban
(EDL). Dado que casi el 90 % de la población libanesa reside en
zonas urbanas y a falta de un sistema público eficaz, la gente se las
arregla como puede (individual y colectivamente) y, en sus edificios
o bloques de apartamentos, procura lidiar con los cortes de energía.
1
Para proteger su confidencialidad, hemos utilizado seudónimos para los investigado-
res y participantes.
Cómo negociar la crisis energética mundial desde la escalera / 59
Esta cogestión de los servicios públicos básicos pesa mucho sobre la
mayoría de la población y está en gran medida individualizada. Ha
llevado a más personas a depender de las redes informales.
Mientras que algunos edificios tienen un generador en copro-
piedad gestionado por sus residentes, muchos hogares contratan a
empresas privadas que operan grandes generadores diésel en los ve-
cindarios. Estos servicios, de los que dependen Sami y la mayoría
de los habitantes del país también están estrechamente vinculados
a redes políticas en una intrincada red de clientelismo: el resultado
es una sociedad abastecida por una energía cara, contaminante y
poco fiable.
El Líbano sufre una crisis financiera sin precedentes desde 2019
y, junto con la erosión casi total de los servicios básicos, incluida la
electricidad (Human Rights Watch, 12 de diciembre de 2022), la vida
cotidiana se parece a una carrera de obstáculos: una lucha constante
para adaptarse a los desafíos cambiantes y cada vez más arduos. En
2021, el país se sumió en la oscuridad cuando el Gobierno no pudo
financiar las importaciones de combustible necesarias para mante-
ner las luces encendidas.
La crisis energética se agravó hasta el punto en que los hogares
solo recibían una hora −si acaso− de electricidad suministrada por
EDL. La dependencia de los generadores se agudizó, lo que aumen-
tó la dependencia de los combustibles e incrementó los costos para
los hogares. Pero la reciente crisis de electricidad no es un aconte-
cimiento aislado: el país siempre ha experimentado lo que podría
denominarse una crisis prolongada de dotación de infraestructuras,
que afecta principalmente al suministro eléctrico (Abi Ghanem,
2018).
La experiencia de Sami y muchos más se convirtió en un aspecto
normal de la vida en el país, donde una infraestructura heterogénea
de electricidad procedente de EDL, generadores privados y una gran
cantidad de tecnologías eléctricas alimentan los hogares y facilitan
la vida cotidiana.
60 / Ebla Research Collective
Esta situación es producto de la corrupción estatal. Desde los
años noventa, el país ha estado dirigido por un régimen político-fi-
nanciero que fomenta la búsqueda de rentas (Al-Masri, Abla y Has-
san, 2020) y sigue apropiándose de las instituciones estatales para
conseguir beneficios financieros y políticos (Leenders, 2012).
El sector eléctrico, en particular, además de ser disfuncional e
ineficaz, ha alimentado durante décadas las redes clientelistas (Lau-
ghlin, Wood y Ray, 2022) y es un lastre para el presupuesto estatal, lo
que contribuye considerablemente a la creciente deuda nacional y
al consiguiente colapso financiero (Ahmad et al., 2022). En las altas
esferas del poder, la falta de una respuesta adecuada para planificar
la recuperación de la crisis más reciente y la ausencia de cambios en
el sistema político o en el reparto del poder −que desde el final de la
guerra civil se ha fijado según criterios sectarios− han erosionado el
sentimiento de unidad y pertenencia de la ciudadanía.
Sin embargo, la situación crítica de muchos hogares nos obli-
ga a profundizar en la compleja red de servicios básicos formales
e informales de los que depende la ciudadanía y estudiar cómo se
organizan colectivamente a nivel de los edificios. Sabemos que los
edificios o bloques de apartamentos son gestionados principalmen-
te por comités encargados del mantenimiento de las zonas comunes
y los servicios compartidos.
En el Líbano, debido a la prolongada escasez de energía, estos
comités también gestionan la prestación de servicios, como es el
caso de los generadores diésel compartidos. ¿Pueden estos comités,
locales y presumiblemente representativos, sostener una transición
energética que sea justa y sostenible? A la luz de todo esto, nuestra
investigación procuró analizar estos micromecanismos a nivel co-
munitario y consideró los edificios como unidad de análisis y sus
comités como una forma de organismo colectivo comunitario que
podría aportar alternativas al fallido modelo de gobernanza energé-
tica dirigido por el Estado.
Entre mayo y septiembre de 2023 realizamos una investigación
etnográfica colaborativa en Beirut y los barrios periféricos. Once
Cómo negociar la crisis energética mundial desde la escalera / 61
investigadores aportaron perspectivas y puntos de vista de la vida
cotidiana de los edificios en los que viven.
Estos edificios estaban situados en distintas partes de la ciudad
y abarcaban una diversidad de grupos de ingresos. Nos reunimos
periódicamente, leímos las notas de campo de los demás y comen-
tamos los resultados. Sobre todo, intercambiamos las muchas for-
mas en que la lucha constante contra los cortes de electricidad y
la búsqueda de soluciones energéticas determinaron nuestras vidas.
Desde la perspectiva de la “justicia energética transformadora” (So-
vacool et al., 2023), que hace hincapié en la interseccionalidad y
las continuidades que existen entre la injusticia energética y otras
formas de injusticia, exploramos hasta qué punto la organización
colectiva en los edificios puede apoyar la democratización del ac-
ceso a la energía y el empoderamiento de las comunidades como
participantes, y no como consumidores, en los sistemas energéticos
esenciales para la vida cotidiana.
Visto así, estos esfuerzos no se consideran formas románticas de
organizaciones económicas solidarias, sino modelos políticamente
realistas que revelan cómo la gente intenta que los servicios sean
más accesibles, inclusivos y democráticos, a través de comités de edi-
ficios o colectivos de residentes.
Concluimos que, a pesar de sus mejores intenciones y de los
enormes esfuerzos realizados por estos comités, la gestión de los ser-
vicios de electricidad en los edificios distaba mucho de ser un pro-
ceso de democratización. La preocupación de los comités en cuanto
a la cogestión de la energía resultaba onerosa y compleja, lo que
provocaba la falta de empoderamiento y la aparición de prácticas
excluyentes que repercutían negativamente en el bienestar de los
residentes.
Concentrarse en el nivel de los edificios era clave, ya que se cal-
cula que Beirut cuenta con unas dieciocho mil estructuras residen-
ciales de gran altura, la mayoría con más de seis plantas (Krayem et
al., 2021).
62 / Ebla Research Collective
Por ley, los comités gestionan edificios residenciales que suelen
constar de apartamentos de propiedad privada y zonas comunes
(entrada, azotea, escaleras y otros espacios). Como tal, el comité
representa los intereses de los propietarios de los apartamentos y
tiene el mandato de gestionar todo lo relacionado con el cuidado
y el mantenimiento de las zonas comunes y el funcionamiento del
edificio, así como de resolver los conflictos ocasionales entre los
residentes.
Aunque no todos los edificios tienen comités registrados legal-
mente, en el caso del suministro de electricidad los residentes recu-
rrían a los comités para buscar soluciones colectivas adecuadas.
Abrirse paso en la oscuridad
La crisis financiera provocó un colapso económico en el Líbano,
donde la inflación trepó al 145 % y el aumento del costo de los com-
bustibles fósiles importados hizo que el precio de la electricidad, el
gas y el diésel subiera casi un 600 %. Esto provocó la crisis eléctrica
con una reducción aun mayor del suministro estatal, así como la
sextuplicación del costo de los generadores diésel.
La respuesta a la intensa escasez de electricidad tuvo elevados
costos sociales, económicos y ambientales, lo que exacerbó la des-
igualdad de ingresos y la pobreza energética. Un 90 % de los hogares
acordaron pagar por servicios básicos.
Entre los más pobres, el 20 % carecía de acceso a un generador
y los hogares de bajos ingresos pagaban un porcentaje sustancial-
mente mayor de sus ingresos por el suministro privado de electri-
cidad (Human Rights Watch, 9 de marzo de 2023). A la vez, expertos
ambientales estimaron que se registró un aumento considerable de
las emisiones, lo que magnificó los riesgos para la salud (Karam, 12
de septiembre de 2022). Además, como sucede en otras partes del
mundo, estos impactos están condicionados por el género, ya que
Cómo negociar la crisis energética mundial desde la escalera / 63
las penurias por la escasez del suministro recaen en mayor grado
sobre las mujeres (Ahmad, 3 de marzo de 2021).
El costo macroeconómico implicó la profundización de la de-
pendencia del Líbano de las importaciones de diésel, que benefician
principalmente a un cártel de importadores de petróleo para ali-
mentar a los generadores privados (Szakola, 14 de enero de 2022), lo
que afianza aún más las redes de poder e influencia de los políticos.
En el otro extremo de la crisis se encuentran las estrategias que
aplican las personas para satisfacer sus necesidades energéticas dia-
rias. Las soluciones individuales o colectivas ya son habituales en edi-
ficios y hogares. Las denominamos microarreglos, de iniciativa privada
y pequeña escala, constituyen una combinación de fuentes de ener-
gía (generadores de edificios, generadores de vecindarios que venden
electricidad, paneles solares, inversores con baterías de litio o ácido).
Estos también constituyen también constituye la mayor parte de la
electricidad generada y, de hecho, la estrategia nacional extraoficial
para el suministro de energía en este país asolado por la crisis.
Como cada vez más gente recurre a los microarreglos, el país ex-
perimentó una proliferación de sistemas de energía solar a pequeña
escala, que algunos celebraron como la “revolución de la energía
solar” (Raydan, 30 de septiembre de 2022). Según ellos, esta “revolu-
ción” incluso permitiría que el Líbano cumpla con el compromiso
asumido en 2018 de alcanzar una combinación de 30 % de energías
renovables para 2030 (Rasmi, 2 de marzo de 2023). Sin embargo, la
fiebre solar del país ha sido principalmente individual y privada,
lo que resalta las diferencias de clase en el acceso a la energía solar
de calidad, ante los altos costos de los paneles, baterías y equipos
inversores necesarios. Además, hay una “crisis de residuos tóxicos en
ciernes” (Choucair-Vizoso y El Murr, 11 de octubre de 2022) deriva-
da de las baterías y paneles gastados, sin que existan planes para su
gestión.
La falta de un programa eficaz de préstamos subvencionados
impulsó un modelo con fines de lucro del mercado de la energía
solar, un aspecto negativo de la transición energética que ya se
64 / Ebla Research Collective
señaló (Steinfort y Angel, 2023). Esto, junto con la complejidad del
suministro energético en el Líbano, plantea la cuestión de la justicia
energética. Sin “acceso universal a servicios energéticos asequibles,
fiables y modernos” (United Nations Environment Programme [UNEP],
2017), con repercusiones ambientales e intergeneracionales graves
para el bienestar de los residentes (Majzoub, Root y Simet, 9 de mar-
zo de 2023), resulta evidente que el suministro energético en el Lí-
bano y la posible transición a las energías renovables no son justos.
Analistas de la justicia energética lo definen como un “sistema
energético mundial que distribuye equitativamente tanto los be-
neficios como los costos de los servicios energéticos, y que cuenta
con un proceso de toma de decisiones representativo e imparcial
en materia de energía” (Sovacool et al., 2017). Principalmente, su
visión afirma el derecho a una energía asequible y sostenible, cuyo
suministro sea transparente y esté sujeto a rendición de cuentas.
Un año antes del peor momento de la crisis, una asamblea de
ciudadanos libaneses celebrada en 2020 produjo un “imaginario
de interdependencia que busca crear redes integradas comunales
como solución colectiva a pequeña escala en un momento en que
las soluciones a escala nacional no se perciben como posibles” (She-
habi y Al-Masri, 2022).
Este deseo de una solución liderada localmente e independiente
del Estado central se deriva de la desconfianza en la capacidad de
este o de sus socios privados para resolver el problema energético
que ya lleva decenios, así como de la desconfianza en las opciones
renovables y de una perspectiva distópica que preveía, con razón,
un mayor deterioro del suministro energético. Destacamos la des-
confianza popular en el Estado y sus instituciones como prueba no
solo de lo arraigados e históricos que son los problemas de la elec-
tricidad en el Líbano, sino también de cómo la población es capaz
de reconocer la corrupción en el sector, pero se siente impotente
frente a ella.
Cómo negociar la crisis energética mundial desde la escalera / 65
Vivir en la crisis de electricidad
La crisis eléctrica hizo que los hogares dependieran casi exclusiva-
mente de la electricidad que suministran los generadores diésel. Los
generadores son propiedad del edificio y dan servicio a los residen-
tes que pagan por su funcionamiento y mantenimiento, mientras
que un servicio privado de generador diésel vecinal es otra opción
que pueden contratar los apartamentos individualmente (a cambio
de una cuota mensual) por una baja cantidad de amperios.
Sami escribe cómo su “sueño siempre ha sido la electricidad de
EDL”, ya que solo con ella puede consumir más del volumen racio-
nado de apenas cinco o diez amperios que le permite el generador.
La crisis destruyó ese sueño y generó una afinidad por el generador
diésel al que Sami está abonado, cuyo propietario “está con nosotros, y
nada está en contra de nosotros excepto nuestro Estado y su luminosa
compañía eléctrica EDL”, según Sami. El sentir de Sami refleja una
relación ambivalente con el Estado y sus instituciones, cuyos fracasos
conforman notablemente el imaginario político del país. Esa ambiva-
lencia se extiende también a los propietarios de los generadores diésel,
que se destacan por su codicia y su falta de rendición de cuentas.
La crisis eléctrica se afianzó como una realidad duradera, que
dicta los ritmos diarios de la vida doméstica. “Empezamos a plani-
ficar nuestras vidas en torno a estos cortes: a qué hora nos levan-
tamos, a qué hora volvemos a casa, el horario de las duchas y las
comidas”, escribió Yasmin.
Las tareas cotidianas se organizan en torno al horario del genera-
dor y la vida se convirtió en una lucha constante, como “un remoli-
no infinito”, según Sami: las pilas de ropa sucia, las noches de verano
en vela sin aire acondicionado, los amperios insuficientes para los
aparatos de alto voltaje como los calentadores de agua. Ahora su
vida cotidiana también está racionada: “Las luces se apagan a las
once de la noche, a la medianoche o incluso a la una de la madru-
gada... Es hora de irse a la cama, y todo el mundo se va a dormir a
la misma hora”.
66 / Ebla Research Collective
Los mecanismos para lidiar con la situación y adaptarse a ella
alternaron entre las soluciones individuales y la exploración de po-
sibilidades colectivas, que a menudo implican experimentar con
nuevas tecnologías. Como el sistema libanés está orientado al mer-
cado, las soluciones nuevas −los microarreglos− están al alcance de
quienes disponen de los medios económicos.
En cambio, los residentes que dependen únicamente del genera-
dor privado vecinal muchas veces se sentían atrapados en una rela-
ción de dependencia, ya que cambiar de un proveedor a otro es caro,
en caso de ser posible.
Algunos se mostraban hostiles hacia estos proveedores, pues se
quejaban del creciente costo de vida que provocó la crisis financie-
ra, pero a la vez necesitaban la energía debido a los cortes de luz.
Como escribió Sami, los proveedores privados manipulan la vida de
la gente sin freno ni supervisión. Así, adquirieron aún más poder,
ya que para muchos el costo de las demás opciones los convertía en
la única opción.
Imagen 1. Paneles solares en balcones de Beirut
Fuente: Ebla Research Collective
La crisis la sufren más quienes tienen necesidades sanitarias o asis-
tenciales, como las personas de edad avanzada o con discapacidad
Cómo negociar la crisis energética mundial desde la escalera / 67
que dependen de un ascensor para llegar a su vivienda, pero que
ahora tienen que programar sus salidas según el horario del gene-
rador. La opción de subir por las escaleras también es difícil para
personas de todas las edades, como señala Yasmin:
Nunca me había percatado de lo que eran doce tramos de escaleras
hasta que tuve que subirlos casi todas las noches... Al subir las escale-
ras, una y otra vez, empecé a sentir como si estuviera fuera del tiempo,
como si la escalera se extendiera infinitamente y me retuviera en un
bucle sin fin.
Esa sensación de lo interminable −el remolino, el bucle infinito− re-
fleja la exacerbación. El cansancio lo invade todo y pone en el cen-
tro los cuerpos de quienes experimentan la crisis. Resaltamos estas
sensaciones para apuntar las consecuencias intangibles que tiene la
crisis en las personas, dado lo liada que está la vida cotidiana con la
electricidad. Las experiencias corporales, la ambivalencia respecto
a los actores estatales y no estatales, y la existencia rutinaria apa-
rentemente opresiva pueden tener repercusiones sociales y políticas
importantes.
La respuesta ante la crisis no solo agravó las desigualdades so-
cioeconómicas existentes, sino que −debido a cómo fue concebida−
reforzó estos desequilibrios de poder. Por ejemplo, el proceso de
racionamiento de la energía de los generadores diésel propiedad de
los edificios (para gestionar los costos y el desgaste mecánico) reveló
necesidades y prioridades contrapuestas, y experiencias diferencia-
das por género, tamaño y composición de la familia, así como por
posición económica y social.
Mientras que las personas encargadas del hogar preferían el su-
ministro durante el día, quienes trabajaban fuera de casa querían
seguir su horario laboral, y los hogares acomodados querían tener
más suministro sin importar el costo. Fue preciso llevar a cabo ne-
gociaciones y adaptaciones, que a menudo les restaban prioridad
a las necesidades de los más débiles o incluso las ignoraban. En la
toma de decisiones estuvieron ausentes las voces de las mujeres, a
68 / Ebla Research Collective
veces de forma deliberada, debido a cuestiones como el cuidado de
los hijos y otras demandas de su tiempo.
Esta dinámica demuestra que, incluso cuando las decisiones son
locales, se explotan las diferencias de poder. La intersección de la
desigualdad con los enfoques comunitarios o colectivos para la reso-
lución de problemas perjudicó en este caso a los grupos más débiles,
lo que pone de relieve cómo la justicia sigue siendo una inquietud,
incluso en las respuestas locales.
En cambio, los edificios con medios económicos y residentes
bien vinculados pudieron asegurarse el diésel con más facilidad y
protegerse de lo peor de las crisis. El edificio de altos ingresos descri-
to por Yasmin se convirtió en “una fortaleza que a la vez protege y
distingue a sus residentes de lo que hay fuera”.
Sin embargo, las ventajas que disfrutan los hogares con mayores
ingresos incluyen costos que recaen sobre los menos afortunados.
En este ejemplo, el ruido del generador que funcionaba las vein-
ticuatro horas del día resultó perjudicial para la salud mental y el
bienestar de los habitantes más pobres de los edificios cercanos.
Los vínculos personales con partidos políticos y élites influyentes
se aprovecharon para conseguir diésel más barato, mientras que en
otro edificio, los contactos del líder del comité con un partido polí-
tico afianzaron su predominio sobre los vecinos.
Vemos claramente cómo las consecuencias de la crisis recaen con
mayor dureza en los edificios de ingresos más bajos. Los edificios
con ingresos más altos, a pesar de la crisis, siguieron invirtiendo en
el mantenimiento del edificio y en la conservación general de las
zonas comunes, mientras que los de hogares de ingresos medios o
bajos empezaron a padecer el deterioro de forma visible. El privi-
legio y el prestigio en los edificios de Beirut ya no son la entrada
vistosa, el portón eléctrico o la fachada reluciente, sino el zumbido
casi constante de un generador diésel que brinda extensas horas de
comodidad y ambientes frescos a sus residentes.
Cómo negociar la crisis energética mundial desde la escalera / 69
Los edificios en plena crisis de electricidad
En un edificio, tres de las zonas comunes que requieren colabora-
ción para aplicar soluciones energéticas son: 1) los servicios com-
partidos del edificio que necesitan electricidad (ascensor, bomba de
agua, luces de la escalera, etc.; 2) el generador diésel propiedad del
edificio, y 3) el uso de zonas comunes para instalar las soluciones
energéticas, como designar un espacio para el generador o utilizar
la azotea para instalar paneles solares.
Había un elemento temporal en esta crisis, señaló Fadia, que ob-
servó cómo al principio los vecinos estaban dispuestos a soportar
horarios reducidos y sacrificar la comodidad y el confort para que
las facturas compartidas fueran asequibles para todos, y cómo, sin
embargo, a medida que la crisis avanzaba y los meses se convertían
en años, esa solidaridad dio paso a una convivencia impaciente.
Los sentimientos cambiaron y aparecieron comentarios, del es-
tilo de “quienes no hayan pagado su parte de la factura del genera-
dor este mes no deberían protestar”. Se celebraron largas asambleas
y discusiones, a menudo antagónicas, que empujaron a la gente a
adoptar soluciones individuales, como los sistemas de baterías de
litio para sus hogares. Esto mitigó los problemas de quienes podían
permitirse esas soluciones, pero redujo el interés por encontrar so-
luciones consensuadas. Las soluciones individuales se convirtieron
en una panacea para que la gente se ocupara de sus propias necesi-
dades y mitigara “el dolor de cabeza”.
La gestión de los servicios compartidos también plantea proble-
mas. El ascensor requiere algún tipo de cooperación para garantizar
su mantenimiento periódico y el pago de la factura de electricidad,
ya sea cubierta por el generador del edificio o correspondiente a
una suscripción aparte de un servicio de generadores vecinal. Cuan-
do los residentes no podían pagar o invertir en baterías de litio para
hacerlo funcionar las veiticuatro horas, algunos comités optaron
por limitar su uso solo a quienes podían permitírselo.
70 / Ebla Research Collective
Mediante un sistema a control remoto, solo podían llamar al
ascensor quienes habían pagado. Como la electricidad de la red pú-
blica solo está disponible unas horas al día, el ascensor pasó a ser
para el uso privado de los residentes más pudientes y dejó de ser un
servicio básico. En ese sentido, este servicio cotidiano del edificio se
convirtió en una expresión de la evolución de la crisis, al generar
prácticas excluyentes y distanciamiento entre los vecinos.
Imágenes 2 y 3. Llaveros con control remoto de los ascensores
para uso exclusivo de los residentes que hayan pagado por el
servicio
Fuente: Ebla Research Collective
El uso de las zonas comunes, como la azotea del edificio, demostró
que, en definitiva, no eran tan comunes. Como sucede con los bie-
nes comunes de la ciudad en general, estos espacios de los edificios
suelen verse invadidos, ya sea por la aparición de necesidades de
instalaciones y servicios nuevos (por ejemplo, tanques de agua en
la azotea o zonas ajardinadas compartidas) o por un vecino que se
las arregla para apoderarse de ellos y limitar el acceso de los demás,
como cuando las azoteas se convierten en terrazas ampliadas para
un residente del último piso.
Ante esta situación y el auge de la energía solar en Beirut y sus
barrios periféricos, se plantea la cuestión de si los hogares tienen en
Cómo negociar la crisis energética mundial desde la escalera / 71
verdad acceso a la azotea del edificio. En los edificios que investiga-
mos, solo tres tenían paneles solares instalados, pero estos pertene-
cían a los pocos apartamentos que instalaron paneles sin consultar
ni acordarlo con sus vecinos, como hecho consumado. Aunque en
algunos suburbios de la ciudad han empezado a surgir servicios de
electricidad alimentados por energía solar (Abdel-Riad, 2022), en
nuestra muestra no observamos ningún esfuerzo colectivo por in-
vertir en ella. En un edificio se discutió el tema y el comité supuso
que era ilegal, mientras que otros decidieron que el espacio de la
azotea no alcanzaba para alojar los paneles necesarios.
Estos ejemplos revelan que, aunque en algunos edificios hubo
comités que se reunían, acordaban, planificaban e invertían en so-
luciones para paliar los efectos de la crisis de forma justa y accesible,
estas opciones no siempre eran estratégicas, eficaces ni inclusivas.
Aunque los edificios con mayores ingresos podían resolver proble-
mas al adquirir colectivamente generadores más grandes, eso no sig-
nifica que el aspecto económico fuera el único factor en juego.
La intensidad de la crisis eléctrica, sumada a las crecientes car-
gas financieras de las familias, hace que la cooperación sea mucho
más difícil, ya que menos personas pueden dedicar el tiempo y los
recursos financieros que exigen estas iniciativas. Otra causa del fra-
caso es la duración de la crisis (ya en su cuarto año), que hizo que
la gente perdiera la paciencia y optara por soluciones individuales.
Así, la cooperación ha sufrido altibajos: a veces ha surgido en espa-
cios compartidos y otras ha desaparecido por el estrés y la tensión
de vivir en una crisis.
No obstante, los comités de edificio siguen siendo importantes
para las ciudades del país. La investigación demuestra que son fun-
damentales para proteger de la decadencia el entorno construido,
ya que los edificios descuidados a veces son los “escombros inten-
cionales” que impulsan las políticas neoliberales que fomentan la
demolición, la reconstrucción y la especulación en los mercados in-
mobiliarios (Kanafani, 2017).
72 / Ebla Research Collective
Habida cuenta de que antes de la crisis los comités de edificios
eran eficaces (en su mayoría) en el mantenimiento y la gestión de
los servicios de los generadores o en la búsqueda de soluciones para
problemas relativamente menores, como el suministro irregular del
agua, cabe preguntarse si esta crisis −por su complejidad y sus nu-
merosas repercusiones− es demasiado para que un comité pueda
gestionarla por su cuenta.
Esto subraya nuestro llamamiento a una visión crítica de los es-
fuerzos dedicados a soluciones localizadas, especialmente los que
no tienen suficientemente en cuenta las fuerzas estructurales que
pueden delimitar severamente las respuestas de la población. Nos
preocupa hasta qué punto pueden ser eficaces las soluciones locali-
zadas cuando el fracaso del Estado es tan patente y hasta qué punto
es probable que tengan éxito a largo plazo.
Una crisis en curso
La dinámica de los comités de edificio puede captar la forma en que
las personas adaptan sus rutinas cotidianas a las restricciones del su-
ministro eléctrico, que negocian con sus vecinos para asegurarse de
que el suministro se ajuste a sus necesidades. Los comités pueden ser
espacios de búsqueda de microsoluciones colectivas. También en-
contramos estrategias de resistencia y de mejora vital que desafían
la injusticia de la realidad energética, ya que los residentes intentan
lograr la solidaridad, la colaboración y la acción colectiva, aunque
solo sea temporalmente.
Relatamos experiencias sobre el terreno de cómo la crisis energé-
tica llega a las puertas de la gente exigiéndoles encontrar soluciones
técnicas colectivas con los aspectos distributivos y procedimenta-
les de la justicia implícitos en su toma de decisiones, pero también
mientras sucumben a las injusticias energéticas globales, estatales y
sistémicas.
Cómo negociar la crisis energética mundial desde la escalera / 73
Demostramos que, incluso con buenas intenciones, las respon-
sabilidades añadidas en relación con el suministro de electricidad
resultaron demasiado complejas para los comités de edificio indivi-
duales y aumentaron la carga que les imponía el Estado fallido. Des-
de la perspectiva de la justicia energética, esta situación dista mucho
de las expectativas de democratización del acceso a la energía y de
empoderamiento de las comunidades que podríamos imaginar a
partir del discurso político y activista.
Veamos el ejemplo de Um-Rami, una abuela de setenta y ocho
años que lleva dos décadas encargándose del comité y la contabi-
lidad de su edificio. Lo anota todo en dos cuadernitos en los que
se registran cronológicamente los gastos del edificio y los ingresos
procedentes de las contribuciones de los residentes durante los úl-
timos diez años. También tiene una cajita metálica con el dinero en
efectivo, las facturas y los recibos restantes.
Al final de cada año, calcula los totales y los pasa a la página si-
guiente. Um-Rami se queja de seguir siendo la responsable de esta
tarea, de lo cansada que está y de que comete errores en los cálculos.
Maya recuerda que, a lo largo de los años, ha intentado ayudarla
manteniendo un archivo Excel que tiene dos hojas por año, una
para los gastos y otra para los ingresos, con el fin de elaborar un
informe anual para las y los residentes. Ella también está cansada, le
cuesta hallar el tiempo disponible entre su trabajo, las tareas domés-
ticas y la crianza de sus hijos.
Descargar el peso de la solución a la escasez de energía −un pro-
blema nacional que ya lleva décadas, además de una crisis climática
mundial− sobre los hombros de residentes urbanos como Um-Rami
no es un proceso de democratización ni de empoderamiento. De
hecho, incluso entre los miembros más jóvenes o más capacitados
técnicamente de los comités, la gestión de un sistema de este tipo es
agotadora. Estos comités luchan por mantener los servicios que son
necesarios para la vida cotidiana de sus residentes, mientras que se
enfrentan a una crisis política dinámica, la devaluación de la mone-
da y la escasez de combustible.
74 / Ebla Research Collective
Ante la magnitud de la crisis energética y la corrupción en el Lí-
bano, la reacción empoderante no son las medidas provisorias que
los habitantes de Beirut se vieron obligados a adoptar, ni el desplie-
gue de soluciones técnicas a pequeña escala, caras y cuestionables
desde el punto de vista ambiental, ni pensar que la respuesta radica
en la energía comunitaria. La crisis energética es política y exige una
respuesta política.
Para aclarar, académicos y activistas de la justicia energética re-
claman sistemas energéticos descentralizados y dirigidos por las
comunidades (Bell, Daggett y Labuski, 2020) y la devolución del
“micrófono a las comunidades marginadas cuyas voces fueron si-
lenciadas sistemáticamente durante demasiado tiempo” (Sovacool,
2023). Pero sin una acción política paralela que desmantele los sis-
temas políticos de búsqueda de rentas del sur global y los regíme-
nes neocoloniales que los sostienen y que se benefician de sistemas
energéticos injustos y extractivistas, los reclamos de descentraliza-
ción y energía comunitaria corren el riesgo de reforzar la injusticia.
Se espera que las comunidades, como hemos visto en el Líbano
y otros lugares del sur global (Seif Eddin, 24 de noviembre de 2023),
soporten la carga de satisfacer sus necesidades energéticas con los
escombros de unos sistemas energéticos fallidos, pero sin el poder
ni los recursos para hacerlo (Hamouchene y Sandwell, 2023).
Así, podría decirse que es mejor dedicar los esfuerzos comuni-
tarios no a desplegar soluciones tecnológicas para la crisis energé-
tica, sino a ayudar a organizarse colectivamente contra las políticas
que la provocaron. Aunque las élites corruptas del Estado lograron
sofocar la oposición mediante una política populista, clientelista y
sectaria, la movilización contribuyó a impulsar el debate sobre los
servicios y las infraestructuras.
Por ejemplo, movilizaciones pasadas, como la campaña #YouS-
tink (Ekdawi, 23 de febrero de 2021), a pesar de su éxito limitado,
apuntaban con acierto a la corrupción política que provocó la crisis
de los residuos, en lugar de concentrarse en soluciones técnicas para
la gestión de residuos sólidos.
Cómo negociar la crisis energética mundial desde la escalera / 75
Además, para los hogares individuales, el comité de edificios
como unidad sigue siendo de gran relevancia, sin duda como punto
de partida para definir y expresar las necesidades y prioridades a
nivel comunitario. Estos comités operan dentro de un ecosistema
urbano que engloba edificios vecinos en circunstancias similares
proveedores de servicios informales, como propietarios de genera-
dores y electricistas de la zona, y, allí donde están activas, las autori-
dades municipales locales.
Vimos algunos ejemplos de esta cooperación, como el de un co-
mité de edificios que intentó adquirir un generador junto con otro
vecino o que a veces negoció en conjunto tarifas de abono con los
proveedores privados del vecindario, mientras que otro comité ana-
lizó el incendio de un generador cercano para mejorar las medidas
de seguridad en su propio edificio.
La función de las empresas de generadores, que suelen ser demo-
nizadas como si fueran mafias porque tienen el monopolio de los
servicios del vecindario y fijan los precios, podría gestionarse de otra
manera (Abi Ghanem, 2021). Ponemos en cuestión esta denomina-
ción banal, dados los sentimientos encontrados de las personas que
se desprenden de nuestro estudio. Creemos que hay margen para su
participación más allá de la prestación de servicios transaccionales.
Las empresas prestan servicios a una escala relativamente grande
que el Estado no está proporcionando y que las personas se esfuer-
zan por gestionar a nivel de cada edificio. Lo ideal no es, ni mucho
menos, seguir dependiendo de los servicios de los generadores en
cada vecindario, ante la falta de rendición de cuentas y las conse-
cuencias para la salud ambiental. A pesar de ser entidades privadas,
también −al igual que la tienda de comestibles del barrio− integran
sus comunidades y están inmersas en su red de relaciones y sistemas
de clientelismo.
Se debería brindar apoyo para que los colectivos de residentes
puedan presionar para que mejoren las condiciones del servicio,
sin olvidar la reducción del ruido y las emisiones. Un tercer socio
necesario que podría apoyar a los residentes son las autoridades
76 / Ebla Research Collective
municipales de la zona. En el edificio en el que el municipio asu-
mió un papel activo en la regulación de las empresas privadas de
generadores, los residentes se beneficiaron de una gestión menos
estresante de sus necesidades energéticas cotidianas.
Los comités de edificios siguen siendo espacios cruciales para la
organización colectiva en el complicado contexto urbano de Beirut.
Sin embargo, a fin de lograr la justicia energética, el capital social y
las habilidades de organizadores en cada edificio, como lo es Um-Ra-
mi, se invertirían mejor en fortalecer los puentes entre los residen-
tes vecinos, movilizarse por un cambio político efectivo y presionar
a los proveedores de servicios y a las autoridades locales para que
ofrezcan soluciones energéticas más justas.
Años de corrupción y poder incontrolado de la élite gobernante
del país hacen que cualquier esfuerzo de apoyo a la transición a una
energía más ecológica o para abordar la pobreza energética resulte
especialmente difícil. La crisis energética del Líbano no es un pro-
blema técnico que se pueda paliar simplemente mediante proyectos
energéticos locales dirigidos por la comunidad.
Estas ideas nos convencen cada vez más de que se trata de una crisis
política −provocada por años de descarado aprovechamiento del po-
der por parte de políticos corruptos con capacidad de influir en la in-
fraestructura energética− y de que una solución política es imperiosa.
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Cómo negociar la crisis energética mundial desde la escalera / 81
Encuentros titánicos
La geopolítica en el centro de las
transiciones energéticas en Sri Lanka
Gz. MeeNilankco Theiventhran y Kristian Stokke
Traducción al español: Nuria del Viso
Los intentos de Sri Lanka de llevar a cabo una transición en su sis-
tema energético se han visto socavados por la competencia geopolí-
tica, especialmente entre China e India, que han explotado el débil
Estado neoliberal del país del sur de Asia y han aumentado el con-
trol de su infraestructura energética y su economía.
En 2022, Sri Lanka se enfrentó a una crisis económica sin pre-
cedentes, con falta de reservas de divisas y protestas en todo el país
agravadas por la falta de electricidad, petróleo y gas. Las personas
que hacían cola durante días para llenar sus garrafas de gas licua-
do de petróleo (GLP) para cocinar se convirtieron en la imagen de
la crisis energética, que también provocó cortes de electricidad fre-
cuentes que devastaron el sector de los servicios, que representa el
60 % de la economía. El Gobierno de Sri Lanka estaba desesperado
por hacer frente a la crisis energética y buscó ayuda exterior, lo que
le enredó en las trayectorias emergentes de la geopolítica energética
en el sur global, principalmente en relación con China e India.
Cuando Sri Lanka aún se tambaleaba por la crisis, India accedió a
apoyar al sector energético mediante préstamos para petróleo y gas,
lo que ayudó a resolver el problema inmediato y dio un respiro al
Gobierno. A cambio, el conglomerado indio Adani Group se asegu-
ró un contrato no solicitado para proyectos de energía eólica y solar
en Mannar y Pooneryn, con inversiones estimadas de quinientos
millones de dólares. En junio de 2022, al declarar ante la Comisión
Parlamentaria de Empresas Públicas, el presidente de la Junta de
Electricidad de Ceilán (CEB) afirmó que el presidente de Sri Lanka
le había dicho que el primer ministro indio, Narendra Modi, ha-
bía insistido en que se adjudicara al Grupo Adani un proyecto de
energía eólica en Mannar sin pasar por ningún procedimiento de
licitación (Farzan, 11 de junio de 2022).
Además, se concedió a la Indian Oil Corporation (IOC) una par-
ticipación del 49 % en el desarrollo conjunto del parque de tanques
Encuentros titánicos / 85
petrolíferos de Trincomalee, que India persigue desde los años seten-
ta. Gracias a la crisis económica, India consiguió lo que había aspirado
a obtener durante más de medio siglo. India también quería construir
líneas de transmisión eléctrica transfronterizas para exportar electri-
cidad a Sri Lanka. Este proyecto se inició en los años noventa, pero Sri
Lanka lo había retrasado, debido a que era consciente de que compro-
metería su seguridad energética. La crisis, sin embargo, dio un nuevo
impulso a los planes. Asimismo, China aprovechó la crisis para perse-
guir sus intereses en el sector energético de Sri Lanka, especialmente
adquiriendo una refinería de petróleo de 4500 millones de dólares en
Port Hambantota, que se está desarrollando como centro energético
junto con una instalación de gas natural licuado (GNL).
La crisis económica de Sri Lanka demuestra el papel fundamen-
tal que desempeña la energía en cualquier economía y por qué la
soberanía y la sostenibilidad energéticas son esenciales para la re-
siliencia. También muestra cómo las economías neoliberales débi-
les son vulnerables al papel de los actores externos, principalmente
cuando dependen de la ayuda exterior para la financiación, la tec-
nología y el desarrollo de políticas.
Sri Lanka está abocada y debe someterse a una transición hacia
fuentes de energía más respetuosas del medio ambiente. Lamen-
tablemente, como demuestran los ejemplos anteriores, la transi-
ción de Sri Lanka se está produciendo en medio de la competencia
geopolítica −principalmente China, India, Japón y Estados Unidos−,
que intenta poner en marcha diversos proyectos energéticos y de
infraestructuras para hacerse con el control territorial del país, de
gran importancia estratégica. Los propios intereses nacionales de
estas potencias geopolíticas regionales pueden obstaculizar los es-
fuerzos de Sri Lanka por pasarse a las energías renovables.
86 / Gz. MeeNilankco Theiventhran y Kristian Stokke
La historia de la implicación de China e India en el sistema
energético de Sri Lanka
Durante dos décadas, la política energética de Sri Lanka ha estado
fuertemente marcada por China e India, que ahora son líderes re-
gionales en infraestructuras, tecnologías y financiación energéticas.
La estratégica situación geográfica de Sri Lanka la ha hecho espe-
cialmente vulnerable a los intereses geopolíticos y a la competencia.
Como país de renta media-baja del Asia meridional, Sri Lanka
ha intentado aumentar su suministro energético para hacer frente
a la creciente demanda de energía, la inestabilidad de la producción
hidroeléctrica provocada por el cambio climático y la falta de finan-
ciación pública, y las reticencias del sector privado que dificultan la
puesta en marcha de nuevos proyectos. La combinación energética
del país ha cambiado a lo largo de los años y los combustibles fósi-
les han ido desplazando gradualmente a la hidroelectricidad como
principal fuente de energía (véase el gráfico 1).
Gráfico 1. Combinación de generación eléctrica de Sri Lanka 1969-2022
Energía hidroeléctrica Petróleo Carbón Energía eólica NCRE
Compilado por los autores a partir de múltiples informes. Tomado principalmente de
los informes anuales del Banco Central de Sri Lanka y los informes anuales del Banco
Central Europeo.
Encuentros titánicos / 87
Esta situación obligó al país a buscar la participación exterior en
el sector energético desde finales de los años noventa. Como ya se
ha dicho, tres potencias regionales han llegado a ser especialmente
influyentes en la política energética de Sri Lanka: la vecina India,
la potencia emergente de China y su antiguo socio en el desarrollo,
Japón, cada una de las cuales entró en el sistema energético del país
con intereses y competencias específicos.
India es actualmente el segundo importador mundial y el tercer
refinador de petróleo crudo, el segundo productor de carbón y el
cuarto de energía eólica y solar (Ministry of New and Renewable
Energy, 9 de septiembre de 2022; Gateway House Indian Council on
Global Relations, 3 de agosto de 2023). China es el mayor productor
mundial de carbón y el mayor consumidor e importador de ener-
gía (China Power, 9 de noviembre de 2023; International Energy
Agency, 2000). También es un importante productor de tecnología
energética y otras materias primas asociadas, por lo que tiene un
impacto mundial en los mercados y el comercio energéticos (Cos-
sins-Smith, 7 de septiembre de 2023; Reuters, 28 de noviembre de
2023). La industria china de tecnologías verdes reconoce cada vez
más el potencial de crecimiento de Asia meridional y se ha conver-
tido en un actor energético de primer orden en la región a través de
inversiones en proyectos y como exportador de energía.
Japón ha apoyado al sector energético de Sri Lanka desde prin-
cipios de la década de 1970 a través de su cooperación con el desa-
rrollo y de la asistencia técnica para mejorar el sistema energético
modernizando las redes. En 1995 ofreció construir una central eléc-
trica de carbón, pero no llegó a materializarse. En 2006, China
también ofreció construir una central de carbón, que entró en fun-
cionamiento en 2011. Ese mismo año, se ofreció a India un proyecto
de central eléctrica de carbón a través de un acuerdo entre Sri Lanka
y la India. El proyecto se enfrentó a la oposición de grupos ecolo-
gistas y, finalmente, el movimiento social “Trincomalee Verde” con-
siguió detener la central de carbón mediante un fallo del Tribunal
Supremo en 2016 (véase el recuadro 1).
88 / Gz. MeeNilankco Theiventhran y Kristian Stokke
Recuadro 1. Oposición a las centrales térmicas de carbón
En diciembre de 2006, el Gobierno de Sri Lanka y la empresa india National
Thermal Power Corporation (NTPC) firmaron un memorando de entendimiento
para construir una central eléctrica de carbón de quinientos megavatios (MW)
en Sampoor, en la provincia Oriental. En aquel momento, la zona estaba
controlada por los Tigres de Liberación de Eelam Tamil (LTTE). En 2008, tras
el resurgimiento de la guerra civil, los LTTE fueron eliminados de la zona, que
posteriormente fue demarcada como zona de alta seguridad. No se permitió
regresar a las personas desalojadas de sus tierras, que se sintieron aún más
angustiadas por el anuncio de que se iba a construir allí una central eléctrica de
carbón. Un movimiento social local, “Green Trincomalee”, movilizó apoyo en todo
el país, alegando preocupaciones medioambientales y sociales. A pesar de las
protestas, India siguió construyendo la central hasta que, finalmente, un fallo del
Tribunal Supremo paralizó las obras.
Estos compromisos externos en el sector energético de Sri Lanka, que promueven
fuentes de energía no renovables, han contribuido a crear un entorno nacional
favorable al bloqueo del carbón, incluida la corrupción. La planta de carbón
financiada por China es un ejemplo paradigmático, donde las licitaciones de
carbón se han visto continuamente envueltas en acusaciones de corrupción.
Múltiples informes han descubierto que se han malversado ingentes cantidades
de dinero (Sunday Times, 17 de enero de 2016, 24 de julio de 2016, 18 de
septiembre de 2022; Daily Mirror, 24 de agosto de 2016; Wijedasa, 3 de junio de
2018). Las inversiones en infraestructuras fósiles facilitan el programa de la Junta
de Electricidad de Ceilán para seguir dependiendo de los combustibles fósiles, lo
que puede retrasar la adopción de tecnologías con bajas emisiones de carbono
y el despliegue de energías renovables económicamente viables (Theiventhran,
2024). Otro ejemplo reciente de inversiones que refuerzan la dependencia del
carbono es la adquisición por parte de China de los derechos para construir
una refinería de petróleo en el puerto internacional de Hambantota. Aunque
se afirma que está orientada a la exportación, se prevé que se utilizará para
importaciones que profundizarán la dependencia energética de Sri Lanka del
petróleo.
El camino de Sri Lanka hacia las energías renovables y sus retos
geopolíticos
Sri Lanka se comprometió a reducir las emisiones de carbono en el
marco del Acuerdo de París, lo que significa que se enfrenta al reto de
Encuentros titánicos / 89
realizar la transición hacia las energías renovables. Esta transición ha-
cia un sistema energético más limpio conllevará cambios fundamen-
tales y sistémicos que afectarán la gobernanza, la política, el comercio
y la innovación. Sin embargo, Sri Lanka sigue dependiendo, y cada
vez más, de formas de energía no renovables basadas en el carbono y
tanto la dinámica de poder nacional como la geopolítica energética
de India, China y Japón plantean el riesgo de un aumento de la de-
pendencia del carbono y de la vulnerabilidad energética.
Los planes de Sri Lanka para pasar a la energía limpia son polí-
tica y socialmente complejos. Desde mediados de los años noventa,
la demanda energética del país ha ido en aumento. Al maximizar
sus fuentes hidroeléctricas, se ha creado una demanda de nuevas
fuentes de energía y el Gobierno ha solicitado ayuda externa para
desarrollar nuevas fuentes de energía mediante tecnología, recursos
y financiación, lo que ha convertido a las energías renovables en un
nuevo campo de batalla para las potencias regionales.
En 2021, por ejemplo, una empresa china ganó la licitación para
construir una instalación híbrida de energías renovables en las dos
islas del norte de Sri Lanka, muy próximas a India. A India no le
gustó que una empresa china ganara la licitación, ya que considera-
ba que permitir que una empresa china construyera una instalación
renovable cerca de su territorio suponía una amenaza para la segu-
ridad nacional. Tras un año de batalla, India consiguió que se anu-
lara la licitación y, finalmente, ofreció un préstamo para construir
las instalaciones de energías renovables. Este resultado ilustra que el
poder de decisión de Sri Lanka en el sector energético, incluida la
necesaria transición a las energías renovables, está profundamente
enredado en la geopolítica.
Un responsable de la elaboración de políticas que participó en el
proceso lo describió de la siguiente manera:
En los últimos diez años hemos perdido la independencia energética
y ahora no tenemos soberanía energética. El liderazgo político inde-
ciso y la fluidez de la formulación de políticas basadas en intereses
90 / Gz. MeeNilankco Theiventhran y Kristian Stokke
han puesto nuestro futuro energético en manos de actores externos.
Aunque, como nación, queremos pasar a las energías renovables, no
podemos elegir quién las impulsa. La geopolítica desplegada en torno
a los proyectos renovables en las islas del norte indica el poder de la
geopolítica, los peligros que presenta y el precedente que sienta para
el futuro.1
Si el Estado de Sri Lanka queda al margen, esto es aún más cierto
en el caso de las comunidades más afectadas por los proyectos ener-
géticos. En 2022, la empresa india NTPC, en una empresa conjunta
con la CEB, acordó construir una central solar de 1300 MW en una
zona anteriormente destinada a la central de carbón. Para la pobla-
ción local, desplazada por la guerra, esto significaba que un agente
externo les arrebataría sus tierras para impulsar la transición hacia
la energía verde, pero sin consultarle ni indemnizarla.
Un activista local dijo:
Las personas desalojadas de sus tierras siguen refugiadas. Siguen su-
friendo. Hay que permitirles regresar a su pueblo y a sus tierras. Des-
pués de tantas protestas, los gobiernos de India y Sri Lanka siguen
sin entender los problemas socioeconómicos y medioambientales. La
gente siempre está al final de la protesta en la toma de decisiones y
nuestras voces siempre son desoídas.2
Lo que indican estos y otros ejemplos es que la transición a la ener-
gía verde se está convirtiendo en un nuevo escenario para la geopo-
lítica, junto a la competencia entre las distintas potencias regionales
por las formas tradicionales de energía basadas en el carbono.
1
Entrevista realizada por Theiventhran en octubre de 2023.
2
Entrevistas realizadas por Theiventhran en enero de 2020.
Encuentros titánicos / 91
La crisis económica de 2022 aumenta la dependencia exterior
La crisis económica de 2022 ha agravado esta competición geopo-
lítica y ha abierto nuevas vías y oportunidades de participación en
el sector energético de Sri Lanka. Un responsable político resumió
la dificultad de Sri Lanka afirmando simplemente que “cuando hay
hambre no hay pan duro”.
En agosto de 2023 se firmaron seis acuerdos energéticos bilatera-
les durante la visita presidencial de Sri Lanka a India. Los acuerdos
abarcaban una serie de iniciativas, como la propuesta de establecer
un oleoducto que conectara ambos países, esfuerzos para mejorar
la conectividad bilateral de la red eléctrica, incluido un cable sub-
marino, y esfuerzos de colaboración en el campo de las energías
renovables.
Se afirmó que Sri Lanka obtendría ventajas de los eficientes mé-
todos de abastecimiento y procesamiento de petróleo de India, que
pueden pagarse en rupias, y mitigaría así la crisis de su balanza de
pagos. Al mismo tiempo, el acuerdo aumenta la dependencia de Sri
Lanka de India, ya que ahora el país compra productos petrolíferos
acabados en lugar de crudo. Hasta la fecha, Sri Lanka compraba cru-
do y lo refinaba localmente, lo que le reportaba enormes beneficios
económicos. El nuevo acuerdo significa que Sri Lanka tendrá que
cerrar su refinería, comprar subproductos como el queroseno y ad-
quirir diésel y petróleo refinados a un costo mucho mayor. El acuer-
do para conectar las redes eléctricas de ambos países mediante un
cable submarino también aumenta potencialmente la dependencia,
ya que permite a India vender electricidad a Sri Lanka y exportar la
energía producida por los proyectos indios de energías renovables
en Sri Lanka.
En mayo de 2023, Sri Lanka se vio obligada a abrir su mercado
minorista de combustible, hasta entonces dominado por la empresa
estatal Ceylon Petroleum Cooperation (CPC) y la Indian Oil Coo-
peration (IOC), también estatal. Esto abrió la puerta a China, ya que
Sri Lanka aprobó un contrato con la empresa china Sinopec para
92 / Gz. MeeNilankco Theiventhran y Kristian Stokke
obtener una licencia de veinte años para explotar ciento cincuenta
estaciones de servicio e invertir en cincuenta nuevas. La licencia le
permite importar combustible sin depender de los bancos nacio-
nales de Sri Lanka ni de India. En colaboración con Shell, la aus-
traliana United Petroleum y la estadounidense R.M. Parks también
han recibido la aprobación del Gobierno para instalar estaciones de
servicio en Sri Lanka. Estos acuerdos, realizados en el contexto de la
crisis económica, aumentan la dependencia exterior de Sri Lanka y,
en general, prolongan su bloqueo de carbono.
Estados Unidos y otros países entran en la lucha
Aunque Estados Unidos es un país relativamente ajeno al sector
energético de Sri Lanka en comparación con India, China y Japón, en
2021 la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional
(USAID) presentó un programa energético para Sri Lanka, que es
a la vez una estrategia y un mecanismo de financiación. Pretende
“transformar su sector energético en un sistema basado en el mer-
cado, seguro, fiable y sostenible, movilizando inversiones para des-
plegar tecnologías avanzadas, aumentar la flexibilidad y mejorar la
competitividad” (United States Agency for International Development
[USAID], 2021). Se trata, pues, de hacer de la energía un bien de
mercado.
Ese mismo año, la empresa energética estadounidense New For-
tress Energy (NFE) firmó un acuerdo con el Gobierno de Sri Lanka
para construir una terminal de gas natural licuado frente a las costas
de Colombo. También permitió a NFE comprar la participación del
40 % del tesoro de Sri Lanka en una central eléctrica de 310 MW,
que contribuye de forma significativa a la red eléctrica nacional.
Este acuerdo se firmó sin el conocimiento de los principales actores
políticos, incluido el Parlamento. Hubo una protesta local masiva
por el acuerdo, pero fue en vano.
Encuentros titánicos / 93
En palabras de un activista sindical que se unió a la protesta con-
tra los acuerdos:
La audacia de firmar un acuerdo sobre un asunto de importancia na-
cional a medianoche sin siquiera informar al parlamento pone de
relieve la naturaleza de la geopolítica y el poder de los actores geopolí-
ticos en los asuntos locales. El Gobierno cedió a la petición de Estados
Unidos mientras hablaba de patriotismo a nivel local. El sector ener-
gético de Sri Lanka está siendo diseccionado por influyentes actores
externos, donde se ha convertido en agua turbia.
Tras la crisis económica, Sri Lanka también ha explorado la energía
nuclear. A principios de 2023, India, Estados Unidos y algunos paí-
ses europeos habían ofrecido construir centrales nucleares en Sri
Lanka. En junio de 2023, el país llegó a un acuerdo con la gigante
nuclear rusa Rosatom para construir una planta nuclear que podría
funcionar con dos reactores y generar 300 MW. Aunque Rusia es
un recién llegado al panorama energético de Sri Lanka, actualmen-
te está construyendo la primera central nuclear de Bangladesh: la
central nuclear de Rooppur, en la que India también participa, es el
primer proyecto nuclear indo-ruso fuera de la India. Se desconoce
el papel de India en la central nuclear propuesta para Sri Lanka.
En medio de la lucha geopolítica, Japón −un socio de larga data
en el sector energético de Sri Lanka a través de proyectos desarro-
llados con asistencia financiera y técnica bilateral, como la Agencia
de Cooperación Internacional de Japón (JICA)− ha sido dejado de
lado. No obstante, el país mantiene su asociación de veinte años con
Sri Lanka en materia de política energética, pero se ha unido cada
vez más a India en la cooperación trilateral en este ámbito.
Aunque se ha producido una expansión de las energías renova-
bles, no ha sido a expensas del continuo desarrollo de los combusti-
bles fósiles y de la inversión en ellos. En enero de 2021, el Gobierno
de Sri Lanka aprobó dos centrales eléctricas de carbón y dos plantas
de gas natural licuado, cada una con una capacidad de 300 MW, para
un total de 1200 MW. En septiembre de 2021, el presidente de Sri
94 / Gz. MeeNilankco Theiventhran y Kristian Stokke
Lanka declaró que el país daría prioridad a la obtención del 70 % de
su electricidad a partir de fuentes renovables para 2030, aunque la
versión actual del Plan de Expansión de la Generación a Largo Pla-
zo de Sri Lanka (LTGEP), que abarca el periodo 2020-2039, prevé la
adición de un 55 % más de capacidad de carbón y petróleo.
La crisis energética de Sri Lanka, desencadenada por la crisis eco-
nómica, ha renovado las ambiciones del lobby del carbón, que lo ha
promocionado como una opción barata y ha fomentado su impor-
tación. Los agentes externos siguen interesados en nuevas centra-
les de carbón, a las que presentan como “ecológicas” y de “carbón
limpio”.
Sri Lanka también ha explorado proyectos de gas natural licua-
do (GNL). En 2017, Sri Lanka e India firmaron un memorando de
entendimiento en el que una empresa india debía construir una
planta de GNL de 500 MW. El memorando se refería a una empresa
conjunta en la que participarían entidades de Sri Lanka, India y Ja-
pón −pero el proyecto nunca despegó y Sri Lanka lo aplazó a pesar
de la presión india. En agosto de 2022, el Gobierno adjudicó un
contrato de GNL al consorcio chino-pakistaní Engro tras un compe-
titivo proceso de licitación internacional. En agosto de 2023, el Sri
Lankan Sunday Times informó (Reuters, 18 de mayo de 2016; Colombo
Telegraph, 13 de septiembre de 2016) que el Gobierno había revoca-
do el proyecto Engro y tenía previsto ofrecérselo a una empresa in-
dia, Petronet LNG Ltd. El GNL es un espacio geopolítico altamente
competitivo con muchos actores implicados, conscientes del poten-
cial gasístico sin explotar de la cuenca de Mannar, en la costa occi-
dental de Sri Lanka. En enero de 2023, el ministro de Electricidad y
Energía solicitó a empresas de Japón, India y NFE que elaboraran
una propuesta conjunta para suministrar, construir y explotar una
terminal de GNL.
El cuadro 1 ofrece una visión general de los enredos geopolíti-
cos en el sector energético de Sri Lanka, especialmente en la última
década.
Encuentros titánicos / 95
Cuadro 1. Cronología de la participación externa
en el sector energético de Sri Lanka
Cantidad
Año País Proyecto (en mill. de Estado
US$)
2000 Japón Sojitz Power $104 Planta de diésel de 172 MW, de propiedad
Station privada.
2006 China Central de carbón $1350 La planta, de 900 MW, se construyó gracias
de Norocholai a un préstamo del Banco de Exportación e
Importación de China.
2006 India Central eléctrica de $500 La central, de 500 MW, iba a ser construida
carbón de Sampoor y explotada por la National Thermal Power
Corporation (India). La sentencia judicial
paralizó la construcción por motivos
medioambientales tras las protestas (véase
el recuadro 1) (Ariyawansha, 6 de agosto de
2023).
2007 EE. UU., Central eléctrica $300 La planta de 300 MW recibió el apoyo de
Alemania de petróleo de agencias de crédito a la exportación de
y otros Yugadanavi Estados Unidos, Alemania, Países Bajos,
Polonia, Francia y Austria.
2010 EE. UU. Conexión N/D USAID financió el estudio de
transfronteriza prefactibilidad.
India-Sri Lanka
2016 India Grupo de trabajo India puso en marcha un grupo de trabajo
conjunto sobre conjunto para trabajar en la cooperación
“Cooperación en el energética India-Sri Lanka.
sector energético
entre India y Sri
Lanka”
2017 India y Construcción de India, Japón y Sri Lanka firmaron un
Japón una planta de GNL acuerdo tripartito para incorporar el GNL al
mix energético.
2018 China Planta de GNL en el $500 China se adjudicó la construcción de la
interior del puerto primera planta de GNL dentro del puerto
de Hambantota controlado por China (South China Morning
Post, 5 de mayo de 2018).
2021 EE. UU. Planta de GNL de N/D El Gobierno y la empresa estadounidense
Yugadanavi New Fortress Energy, que adquiere el 40 %
de la central petrolífera de Yugadanavi,
firman un acuerdo sobre 300 MW de GNL.
Tras fuertes protestas públicas, aún no se
ha puesto en marcha (EconomyNext, 23 de
septiembre de 2021).
2021 China Parque híbrido $12 El Gobierno de Sri Lanka anuló la licitación
renovable en las concedida a empresas chinas debido a las
islas de la provincia protestas de India (Chaudhury, 6 de agosto
septentrional de 2023) .
96 / Gz. MeeNilankco Theiventhran y Kristian Stokke
Cantidad
Año País Proyecto (en mill. de Estado
US$)
2022 India Parque híbrido $11 Subvención de la India a condición de que
renovable en las la licitación se adjudique a la empresa
islas de la provincia india (Chaudhury, 6 de agosto de 2023).
septentrional
2022 India Planta solar $115 Indian National Thermal Power
Sampoor Corporation fue autorizada a construir un
parque solar de 135 MW en los terrenos
anteriormente asignados a la central de
carbón (Srinivasan, 12 de marzo de 2022).
2022 India Desarrollo de N/D India desarrollará conjuntamente las
los depósitos instalaciones de almacenamiento de
de petróleo de tanques de petróleo y tendrá acceso
Trincomalee al puerto estratégico de Trincomalee
(Wijedasa, 19 de junio de 2022).
2022 India Proyecto de energía $750 La empresa india Adani Group se adjudicó
eólica en Mannar y la licitación a petición del Gobierno indio
Pooneryn (Ariyawansha, 6 de agosto de 2023).
2022 China y Suministro de GNL N/D El consorcio chino-pakistaní Engro ganó la
Pakistán y red de gasoductos licitación para suministrar GNL a Sri Lanka.
India protestó enérgicamente y en agosto
de 2023 se canceló (Ariyawansha, 6 de
agosto de 2023).
2023 India Suministro de GNL La licitación se adjudicó a Petronet LNG Ltd
y red de gasoductos of India (Farzan, 15 de agosto de 2023).
2023 India y Refinería $3850 India y Omán se adjudicaron la licitación
Omán de petróleo en 2019, pero el proyecto se estancó. El
en el puerto Gobierno canceló el proyecto en 2023
internacional de (Reuters, 27 de noviembre de 2023).
Hambantota
2023 China Refinería $4500 La empresa china Sinopac se adjudica la
de petróleo construcción de una refinería de petróleo en
en el puerto el puerto internacional de Hambantota en
internacional de régimen de arrendamiento de noventa y nueve
Hambantota años (EconomyNext, 27 de marzo de 2023).
2023 China, Arrendamiento Se ha autorizado a tres petroleras de China,
EE. UU. y de estaciones de Estados Unidos y Australia a arrendar
Australia servicio 150 estaciones de servicio para que cada
una de ellas opere en el mercado local.
Indian Oil Corporation ya posee y explota
211 estaciones de servicio en Sri Lanka
(EconomyNext, 27 de marzo de 2023).
2023 India Conexión Sri Lanka e India acuerdan construir una
transfronteriza interconexión eléctrica transfronteriza
India-Sri Lanka (Samant, 9 de agosto de 2023).
Encuentros titánicos / 97
En este contexto, es esencial evaluar el impacto de la participación
y la financiación externas en las ambiciones de transición energé-
tica de Sri Lanka, que se ha fijado como objetivo alcanzar el 70 %
de energías renovables en la generación de electricidad de aquí a
2030. Sin embargo, dadas las condiciones económicas imperantes,
Sri Lanka no podrá cumplir sus compromisos climáticos. Cuatro
razones han frenado especialmente la transición a las energías re-
novables. En primer lugar, debido a la crisis, los proyectos locales
de energías renovables no han despegado. Segundo, la crisis ha
acentuado la dependencia de los combustibles fósiles y las nuevas
infraestructuras energéticas también se inclinan en esa dirección.
Tercero, los proyectos indios de energías renovables van acompaña-
dos de transmisión transfronteriza, lo que significa que la energía
renovable generada por empresas indias en Sri Lanka puede desti-
narse principalmente al consumo indio. En cuarto lugar, Sri Lanka
ha perdido gradualmente su soberanía energética al privatizar y
permitir que las fuerzas del mercado decidan los precios de la ener-
gía. Todo ello ha socavado el principio básico de “energía asequible
para todos”.
Conclusiones de la experiencia de Sri Lanka
El proceso de transición energética en Sri Lanka se ha caracterizado
por un enfoque relativamente moderado e ineficaz que exige accio-
nes más decisivas. Su transición hacia las energías renovables se ha
visto empantanada por la pandemia y la crisis económica, cuando
la atención volvió a centrarse en garantizar la suficiencia energética
en lugar de la transición energética. Las desfavorables condiciones
económicas minaron la posibilidad de adopción de energías renova-
bles y facilitaron la continuación de los bloqueos de carbono.
Como muestra el gráfico 1, la transición de Sri Lanka a las ener-
gías renovables ha sido lenta, lo que también puede atribuirse a
la debilidad de las instituciones y a la incapacidad de integrar las
98 / Gz. MeeNilankco Theiventhran y Kristian Stokke
políticas y los marcos en una política nacional más global, lo que ha
permitido depender en exceso de actores externos y del juego de po-
der geopolítico. La crisis económica ha acentuado el poder de estos
intereses geoestratégicos y ha permitido a los actores geopolíticos
dictar el futuro energético del país.
La transformación de la economía política de Sri Lanka tras la
liberalización ha hecho que el Estado deje de controlar el capital
privado, lo que ha debilitado las instituciones estatales y ha limitado
las finanzas públicas. Como consecuencia, la dinámica de la relación
entre el Estado y el sector privado en Sri Lanka se ha reconfigura-
do y, de esta manera, ha facilitado el resurgimiento de la influencia
geopolítica en el sector energético del país.
Estos factores han dado lugar a un Estado caracterizado por una
transición energética fallida, en la que el proceso de descarboniza-
ción se disocia cada vez más de las consideraciones de seguridad
energética y obstaculiza, así, el avance hacia la justicia social y limita
su alcance. El carbón, por ejemplo, sigue recibiendo apoyo a pesar
de ser el combustible más contaminante. A pesar de la urgente ne-
cesidad de avanzar hacia un mundo poscarbono ante la crisis cli-
mática, en Sri Lanka predominan los intereses geopolíticos sobre el
clima y el medio ambiente.
La feroz competencia por los proyectos de infraestructuras ener-
géticas en Sri Lanka demuestra que la geopolítica de la energía des-
empeña un papel cada vez más importante en la configuración de
la política energética, las disposiciones y las transiciones en países
similares. La influencia de las potencias tradicionales (antiguos do-
nantes, es decir, los países de la OCDE) está disminuyendo y están
surgiendo nuevas potencias para ocupar su lugar. Se había previs-
to que el desarrollo de fuentes de energía renovables redujera la
geopolítica de la energía, creara energía renovable asequible y dis-
ponible para los países del sur global y, en última instancia, ayudara
a estas naciones a cumplir sus objetivos climáticos. Sin embargo, en
Sri Lanka no ha sido así.
Encuentros titánicos / 99
Una crítica frecuente a la cooperación norte-sur es que conduce
al neocolonialismo porque no se basa en asociaciones equitativas.
Esto se debe principalmente a que los países del norte global dan
prioridad a la extracción de recursos del sur global, en lugar de cen-
trarse en añadir valor socioeconómico a estos países ricos en recur-
sos. La situación de Sri Lanka demuestra que esta dinámica también
se aplica a la cooperación sur-sur. La situación actual se caracteriza
por el auge de una forma de neocolonialismo chino, así como por
un neocolonialismo impulsado por las aspiraciones indias de hege-
monía regional. El enfoque inversor chino, basado en la política de
“no injerencia en los asuntos locales”, se ha vuelto atractivo para
muchos países del sur global, mientras que el enfoque inversor esta-
dounidense siempre se ha conocido como “con condiciones”.
China e India se están posicionando como líderes del sur global
capaces de proporcionar conocimientos, financiación y tecnología
para ayudar a otros países en sus transiciones energéticas. Esto tie-
ne su base en un trasfondo histórico de intercambio cultural y en
los conceptos de unidad sur-sur y poscolonial, así como en los ar-
gumentos de que China e India están subsanando las deficiencias
infraestructurales de países como Sri Lanka. Sin embargo, a medida
que estos dos países asiáticos amplían su influencia económica y po-
lítica, es importante señalar que también buscan materias primas,
mercados y ventajas geopolíticas fuera de sus propios territorios.
El caso de Sri Lanka ilustra también que actores externos han
construido allí sus propias infraestructuras energéticas. India y Chi-
na han obtenido licencias para construir refinerías de petróleo y
varios actores externos poseen y explotan ahora estaciones de ser-
vicio. India ha ganado licitaciones para construir y explotar plantas
de energías renovables, incluidos planes para exportar electricidad
a India. Se trata de una nueva forma de hegemonía. No se trata solo
de comerciar con materias primas, poseer industrias o controlar
mercados, sino también de infraestructuras físicas mucho más per-
manentes y consecuentes en términos de soberanía nacional.
100 / Gz. MeeNilankco Theiventhran y Kristian Stokke
Una última conclusión es que las infraestructuras energéticas
tienen un poder y una influencia considerables en la economía
política y nacional, y proporcionan el espacio tanto para facilitar
las ambiciones hegemónicas de los actores geopolíticos como para
ejercer un control considerable y actúan así de contrapeso a los ac-
tores competidores. La reactivación económica de Sri Lanka se ve
socavada aún más por las acciones de los actores externos a corto
y largo plazo. Cuando las infraestructuras energéticas son de pro-
piedad local tienen una enorme ventaja financiera a largo plazo,
como demuestran las centrales hidroeléctricas de Sri Lanka. Las in-
fraestructuras energéticas emergentes, controladas desde el exterior,
erosionarán gradualmente la independencia energética y tomarán
el control de la arquitectura energética local. La crisis económica
ha puesto en peligro los deseos de los ciudadanos y no ha habido
consultas públicas sobre las próximas infraestructuras y políticas
energéticas. Es una cuestión de justicia y equidad.
Reflexiones finales
El caso de Sri Lanka va más allá de la concepción convencional de
la geopolítica energética, en la que la energía se considera una he-
rramienta para el compromiso y el comercio, ya que ha permitido
a los actores geopolíticos hacerse con el control territorial geoestra-
tégico y la influencia sobre toda la isla. Sri Lanka está comprome-
tida y necesita hacer la transición hacia una energía más ecológica,
pero el país también es un campo competitivo para las potencias
geopolíticas que presionan para conseguir distintos tipos de proyec-
tos energéticos y/o infraestructuras, y para hacerse con el control
territorial en la Sri Lanka geoestratégica. Estos actores geopolíti-
cos no solo presionan a favor de las energías no renovables, sino
que los enfrentamientos entre titanes regionales también obstacu-
lizan la transición energética de Sri Lanka. La crisis económica es
una coyuntura crítica en la (geo)política energética que pone de
Encuentros titánicos / 101
manifiesto la vulnerabilidad de Sri Lanka y su limitada influencia
frente a las grandes potencias, como demuestran claramente las in-
cursiones de India desde la crisis económica.
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Encuentros titánicos / 105
Un futuro sin
combustibles fósiles
Lecciones de la lucha contra las
grandes empresas petroleras
Entrevista a Olivier Petitjean y Clémence Dubois
Traducción al español: Mercedes Camps
Las grandes empresas petroleras han estado en la mira de activistas
durante más de veinte años como el principal obstáculo para adop-
tar medidas eficaces para combatir el cambio climático. El TNI en-
trevistó a dos importantes activistas e investigadores del clima que
participan en la campaña contra la empresa multinacional francesa
Total, para que evaluaran las campañas y los planes para el futuro.
Olivier Petitjean es periodista y cofundador del Observatorio
de Multinacionales,1 creado en Francia en 2013. Se especializa en
empresas y lobby. Clémence Dubois es subdirectora de campañas
mundiales de 350.org, una red de activismo por el clima. Ambos for-
man parte de la campaña francesa Stop Total.2 El Observatorio de
Multinacionales y 350.org copublicaron un informe en diciembre
de 2023, TotalEnergies: This is what a total phaseout looks like, en el que
analizan las opciones para recuperar el control que está en manos
de las grandes petroleras y cómo los Estados podrían eliminar pro-
gresiva y rápidamente los combustibles fósiles en el marco de una
“transición justa”, democrática, transparente e inclusiva.
¿Cuánto poder tienen las grandes empresas petroleras hoy en día? ¿Son
tan poderosas como hace diez años?
Olivier Petitjean: Sería difícil argumentar que las grandes empresas
petroleras han perdido poder en los últimos diez años. Por supues-
to que las grandes empresas de gas y petróleo como TotalEnergies
son cada vez más cuestionadas (Deneault, 2020), entre otros, por
partes del sector financiero, y sufren creciente presión de activis-
tas por el clima. Su “licencia social para operar” se ha erosionado
1
multinationales.org
2
stoptotal.fr
Un futuro sin combustibles fósiles / 109
considerablemente. Al menos en algunas partes del mundo es muy
probable que sus nuevos proyectos de petróleo y gas afronten fuerte
resistencia.
Por otro lado, han seguido creciendo, enriqueciéndose y abrien-
do nuevas fronteras de gas y petróleo en todo el mundo. En los
últimos años, todas las grandes empresas de petróleo y gas han ob-
tenido más ganancias que nunca antes: Exxon, Chevron, Shell, BP y
TotalEnergies obtuvieron casi 200.000 millones de dólares en 2022.
Ese año, TotalEnergies inició nada menos que veinte nuevos proyec-
tos de combustibles fósiles, en algunos casos en sitios como Uganda,
donde nunca antes se habían extraído esos combustibles. Además,
fue clasificada la tercera empresa de gas y petróleo del mundo y la
primera en África, y está procurando explotar nuevos yacimientos
de petróleo y gas. Sus documentos oficiales afirman que planifican
aumentar la producción de combustibles fósiles en un 20 % de aquí
a 2030. De modo que la extracción continúa.
Han compensado con creces la aparente pérdida de apoyo de la
opinión pública en países de Occidente mediante la construcción
de vínculos aún más estrechos con otros gobiernos, especialmente
en países productores de petróleo. Lo que es más aterrador es que,
además de ello, han logrado ganar más influencia de la que jamás
habían tenido en políticas sobre clima a nivel nacional e internacio-
nal, como queda de manifiesto en el hecho de que los presidentes
de la COP28 [Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio
Climático] celebrada en Dubái en 2023 y la COP29, que se celebrará
este año 2024 en Azerbaiyán, son en ambos casos presidentes de
empresas petroleras.
Clémence Dubois: El hecho de que las grandes empresas de petróleo
y gas aún estén explorando nuevos proyectos habla por sí solo: aún
tienen demasiado poder y la búsqueda de enormes inversiones para
el desarrollo de nuevos yacimientos de petróleo y gas en los próxi-
mos años se cobrará miles de millones de vidas.
110 / Entrevista a Olivier Petitjean y Clémence Dubois
No obstante, solemos ser muy autocríticos y a veces nos cuesta
ver nuestros logros como movimiento. La dinámica ha evoluciona-
do considerablemente en los últimos diez años. En una época, las
grandes empresas petroleras tenían una autoridad indudable, do-
minaban sin afrontar ningún cuestionamiento. Ahora, las grandes
empresas petroleras están siendo objeto de creciente presión donde
sea que vayan y la resistencia internacional de la ciudadanía plantea
grandes desafíos a sus bastiones tradicionales. Si se toma el ejemplo
del proyecto de crudo de Total en África oriental, la financiación del
proyecto está demorando años debido a que las instituciones finan-
cieras están retirando su apoyo una tras otra como consecuencia de
la presión que afrontan, en Kampala, París o Tokio. No es exagerado
decir que todas las personas que han participado en este tipo de
campañas han contribuido a retrasar a la industria y sabemos que
cada granito de arena en el cambio climático hace la diferencia.
¿Cuáles son las principales fuentes de poder de las grandes empresas pe-
troleras y cómo procuran mantenerlas?
Olivier: La fuente de su poder es en parte la misma que la de otras
empresas mundiales: dinero, recursos, conexiones estrechas con go-
biernos y una gran capacidad para unir fuerzas con el fin de defen-
der sus intereses comunes. Pero tienen mucho más de todo eso que
otras empresas.
Su poder también es el resultado de decenios de privatización, li-
beralización y políticas favorables a las empresas que han privado a
los gobiernos de todo control que pudieran tener en el pasado sobre
la energía nacional, los mercados y los precios, y de toda capacidad
que pudieran haber tenido para llevar a cabo una transición energé-
tica directamente, sin depender de grandes empresas. Como conse-
cuencia de ello, muchos gobiernos se han quedado aparentemente
sin más alternativa que aceptar el eslogan de las grandes empresas
petroleras de que no solo son el problema, sino también la solución,
la única solución.
Un futuro sin combustibles fósiles / 111
Por último, otra fuente importante de poder es el modo en que
los combustibles fósiles están integrados en nuestras economías in-
dustriales en su conjunto y en los mercados financieros. Ello signifi-
ca que otros grupos muy ricos e influyentes están extremadamente
dedicados a su prosperidad, o al menos a no abandonar la explota-
ción de gas y petróleo demasiado rápido. Las empresas de petróleo
y gas, por ejemplo, representan una porción considerable del valor
de mercado de la mayoría de las principales bolsas de valores. Es
impensable que los grandes actores financieros, como BlackRock,
dejen de invertir en combustibles fósiles, dado que destruiría su
propio modelo de negocios.
¿Afectan las políticas predominantes sobre clima a las grandes empresas
petroleras? ¿Cómo están respondiendo?
Olivier: En los últimos diez años, las principales empresas petroleras
de Occidente −especialmente las europeas, como Total− han dismi-
nuido sus críticas a la acción por el clima y han intentado adoptar
una actitud en apariencia más progresista. Reconocen públicamen-
te que el cambio climático es un asunto importante y que debería-
mos hacer algo al respecto. Pero la cuestión fundamental es qué
deberíamos hacer exactamente y quién debería pagar.
Es decir que lo que llamamos “transición energética” debe te-
ner tres elementos: el desarrollo de energía limpia y renovable, la
eliminación de los combustibles fósiles y, por último, la reducción
de nuestro consumo total de energía y materiales en general. Bási-
camente las grandes empresas petroleras como TotalEnergies quie-
ren que hablemos únicamente del primer elemento, mientras que
añaden en esa canasta “verde” muchas tecnologías que poco tienen
que ver con la energía renovable, como la captura y el almacena-
miento de carbono o los agrocombustibles o el hidrógeno. Y quie-
ren que los gobiernos inviertan mucho dinero para pagar por todo
esto y desean controlar el sector de energías renovables. Además,
quieren hablar lo menos posible sobre la eliminación progresiva
112 / Entrevista a Olivier Petitjean y Clémence Dubois
de los combustibles fósiles, como hemos observado recientemente
cuando se introdujo lenguaje muy débil al respecto en el texto del
acuerdo de la COP celebrada en Dubái. Los directores ejecutivos
de TotalEnergies, por ejemplo, admiten públicamente que en algún
momento se dejarán de utilizar los combustibles fósiles, pero en un
futuro lejano. Y el tercer elemento, la reducción del consumo gene-
ral, apenas se menciona.
Lo que hemos visto en la práctica en los últimos años es pre-
cisamente la aplicación de este programa. No se ha avanzado en
la eliminación de los combustibles fósiles y apenas hubo algunos
avances con respecto al desarrollo de energías renovables, pero ello
se está añadiendo a la combinación energética actual, en lugar de
sustituir a los combustibles fósiles. Lamentablemente, muchos go-
biernos de Occidente han aceptado básicamente la versión de “ac-
ción por el clima” promovida por las grandes empresas petroleras
y están confiando en que esas empresas se encargarán de llevar a
cabo la transición energética −cuyo esfuerzo inevitablemente segui-
rá siendo insuficiente y tardío, y tendrá un costo enorme para los
gobiernos, las comunidades y los consumidores, mientras que las
empresas y sus accionistas se quedarán con las ganancias y el mérito.
¿Las grandes empresas petroleras están intentando impedir una tran-
sición energética o configurarla para su propio beneficio?
Clémence: Durante cincuenta años, Total y sus pares ocultaron la cri-
sis climática, al distraer la atención de los combustibles fósiles como
principal causante del calentamiento global. Se ha documentado
exhaustivamente que Total, Exxon y otras empresas mintieron de-
liberadamente acerca de la crisis climática, su conocimiento de las
causas y su responsabilidad en esta. Y ahora son las comunidades las
que sufren las consecuencias: quienes hoy sufren los impactos cli-
máticos fueron condenados en una junta directiva hace cincuenta
años.
A medida que las temperaturas han aumentado en los últimos
años, resulta inútil negar la realidad. En respuesta a ello, Total está
Un futuro sin combustibles fósiles / 113
haciendo mayores esfuerzos de comunicación, cambiando su ima-
gen como una “empresa energética responsable”, dando a entender
que ha cambiado significativamente de estrategia. Sin embargo, su
supuesta participación en la transición energética, al igual que de
otras empresas de petróleo y gas, le sirve como cortina de humo
para lucrar con la continua explotación de combustibles fósiles. Y
quieren que sigamos creyendo sus engaños.
A pesar de su cambio de discurso, Total asigna casi todas sus in-
versiones a la extracción de más carbono del suelo, en lugar de adop-
tar energía renovable. La empresa invirtió un sorprendente 75 % de
sus inversiones en 2022 en petróleo y gas. En 2030, dos tercios de
las inversiones empresariales se destinarán a combustibles fósiles, lo
cual impedirá lograr un avance real.
¿Su excusa? Culpar a los consumidores: pasar la responsabilidad
a las personas, en lugar de adoptar medidas significativas. Pero no
son los únicos, además de sus accionistas, que se benefician de esta
inacción. Es por ello que, habida cuenta del aumento de los impac-
tos climáticos, el eslogan #makethempay (que ellas paguen) ha reci-
bido tanto apoyo.
¿Qué lecciones ha aprendido −o debería haber aprendido− el movimiento
por la justicia climática de enfrentar a las grandes empresas petroleras
durante decenios?
Olivier: Básicamente, que no se puede pretender afrontar la crisis
climática sin enfrentar al poder de las empresas. Parte del movi-
miento por el clima creía que podía cambiar a las grandes empresas
petroleras desde adentro, ya sea mediante la participación, la reali-
zación de campañas, la denuncia, etcétera. Sin embargo, las grandes
empresas petroleras no quieren cambiar y tienen suficiente poder
e influencia para evitar o retrasar el cambio o desviar la mayoría de
sus efectos a otros. Ellas no iniciarán un “cambio de sistema”, dado
que ellas son el sistema.
114 / Entrevista a Olivier Petitjean y Clémence Dubois
Se han realizado campañas y acciones muy valiosas y eficaces,
que siguen siendo muy necesarias y pertinentes, y en muchas oca-
siones han logrado victorias para el movimiento por el clima. Per-
suadir a los inversores a que desinviertan en los combustibles fósiles
o a instituciones culturales a que dejen de estar patrocinadas por
grandes petroleras es muy importante, al igual que los juicios sobre
el clima entablados contra empresas como Shell, TotalEnergies o
ExxonMobil. Ello ha sido fundamental para revocar la “licencia so-
cial para funcionar” de estas empresas. Si tomamos el caso de Tota-
lEnergies, la empresa fue obligada a comunicar casi exclusivamente
sus inversiones en energía verde y sus compromisos con el clima.
Pero, por otro lado, aún existen y siguen siendo poderosas y siguen
librando cada batalla legal o de comunicaciones con todos sus recur-
sos. De modo que siempre existe el riesgo de que nuestras victorias
sean demasiado pequeñas, demasiado parciales y que puedan rever-
tirse. De hecho, actualmente estamos sufriendo algunas reacciones
adversas con respecto a algunas de nuestras victorias anteriores. Es
así que diría que lo que faltó fue un intento de combatir el poder de
las grandes empresas petroleras desde dentro.
Clémence: El movimiento de desinversión es un buen ejemplo de un
enfoque de cambio de sistema y ha sido muy exitoso en los últimos
diez años. En lugar de instar a las grandes empresas petroleras a que
cambiaran, se centró estratégicamente en erosionar sus pilares de
apoyo: su licencia social, el acceso a financiación y la influencia en
los gobiernos y las instituciones al pedirles que rompieran vínculos
con la industria.
La movilización de base fue la columna vertebral del movimien-
to, y siempre debemos intentar organizar a grupos diversos y crear
nuevas iniciativas locales, que vinculen la justicia social con la jus-
ticia climática.
A medida que nuestro movimiento creció, la intensificación de
los cuestionamientos provocó que las instituciones desinvirtieran
para evitar riesgos a su reputación vinculados con el apoyo a estas
Un futuro sin combustibles fósiles / 115
industrias irresponsables. Posteriormente, los objetivos se volvieron
cada vez más amplios, lo cual provocó un efecto dominó, como con-
secuencia del cual grandes entidades financieras, como el Banco Eu-
ropeo de Inversiones, o instituciones culturales de renombre, como
los museos Tate o Louvre, reconsideraron su apoyo tradicional. La
campaña de desinversión, a escala mundial, generó un frente unido
contra las inversiones en combustibles fósiles.
La labor de incidencia jurídica y política para responsabilizar a
las grandes empresas petroleras y la colaboración con otros movi-
mientos de justicia social también han reforzado nuestros esfuerzos
estratégicos y, ante todo, han logrado apoyo a las comunidades que
luchan contra proyectos sobre el terreno. Nuestra interconexión
exige la acción y la solidaridad.
De cara al futuro, deberíamos centrarnos en una visión de largo
plazo, reconociendo que para lograr un cambio sistémico se requie-
re perseverancia, adaptabilidad y solidaridad. Nuestro movimiento
debe seguir aprendiendo de los retrocesos y luchar por mantener el
ímpetu. En resumen, esta lucha contra las grandes empresas petro-
leras nos ha enseñado que la mejor forma de resistirlas es organi-
zarse colectivamente mediante una diversidad de tácticas, pero con
una visión y entendimiento comunes de cómo logramos el cambio.
¿Y cómo han evolucionado nuestros movimientos para enfrentar a las
grandes empresas petroleras? ¿Cuáles son los grandes retos de cara al
futuro?
Clémence: Hemos pasado de hacer hincapié únicamente en la res-
ponsabilidad de los consumidores a adoptar un enfoque más holís-
tico que tenga en cuenta la dinámica de la oferta y la demanda.
A nivel mundial, hemos alcanzado logros importantes. Se han
desinvertido miles de millones de dólares de los combustibles fó-
siles, se han detenido grandes proyectos de infraestructura y se ha
asegurado el compromiso de autoridades locales y naciones ente-
ras para dejar de explotar y utilizar combustibles fósiles. Nuestra
116 / Entrevista a Olivier Petitjean y Clémence Dubois
influencia también queda de manifiesto en las discusiones sobre la
eliminación progresiva de los combustibles fósiles durante las ne-
gociaciones de las Naciones Unidas sobre cambio climático, para lo
cual obtuvimos el apoyo de más de 130 Estados.
Pero hay tendencias políticas mundiales que amenazan el pro-
greso. Muchos activistas sufren agotamiento, desesperanza y el
desafío de recuperar el impulso de las movilizaciones de 2019. En-
tre 2020 y 2023 se atravesó un periodo de conmoción, que estuvo
marcado por el impacto de la COVID-19, los confinamientos y una
sensación predominante de impotencia. El auge de la extrema de-
recha hace peligrar los pocos logros progresistas. Cada año en que
no adoptamos las medidas necesarias, se podrían perder millones
de vidas. En ese sentido, disminuir la actividad de la industria es un
logro impresionante, pero no es suficiente.
Las diferencias de opinión a nivel interno son otro obstáculo.
Hay quienes apoyan un enfoque inmediato más agresivo, mientras
que otros destacan la necesidad de ampliar y consolidar nuestra
base. Mientras que la diversidad en nuestras filas es una fortaleza,
también plantea desafíos de colaboración y coordinación. No obs-
tante, crear unidad es fundamental para preparar el terreno a fin de
alcanzar puntos de inflexión fundamentales. Debemos reconocer el
carácter gradual de nuestros esfuerzos de organización y entender
su importancia en allanar el camino para momentos transformado-
res más amplios.
¿Cuáles son las principales vías para socavar o revocar el poder de las
grandes empresas petroleras?
Olivier: Sería bueno pensar que podemos simplemente ignorar a las
grandes empresas petroleras y construir un sistema energético dife-
rente desde cero, basado en las energías renovables, independiente-
mente de esas corporaciones, y dejar que lentamente se pudran y
desaparezcan. El problema es que siguen invirtiendo en nueva pro-
ducción de petróleo y gas, están socavando activamente la acción
Un futuro sin combustibles fósiles / 117
política que reduciría el consumo de combustibles fósiles y, hoy en
día, incluso logran cooptar una gran parte del apoyo político de
los gobiernos y financiación para energía “limpia”. Debemos des-
armarlas, amordazarlas e impedirles que hagan daño. Por lo que
sí, es necesario comenzar a construir un sistema diferente, pero no
podemos evitar algún tipo de enfrentamiento directo con el poder
y la influencia de las grandes empresas petroleras.
Tradicionalmente, muchas personas en el movimiento por el
clima y en la izquierda suponen que la mejor forma de hacerlo es
mediante reglamentaciones, es decir, que los gobiernos deberían
adoptar medidas y obligarlas a que cambien, a que dejen de pro-
ducir combustibles fósiles sin elevar los precios ni despedir a sus
trabajadores. Podría funcionar en teoría, pero en la práctica esto no
sucederá porque los gobiernos no pueden, y a menudo no quieren,
introducir reglamentaciones eficaces a empresas tan grandes y ha-
cerlas cumplir. Las grandes empresas petroleras ya son demasiado
grandes para eso. Ello no significa que no necesitan ser reguladas,
sino que debemos además disminuir su poder y controlarlo. Y el
modo tradicional de hacerlo es la nacionalización.
Algo más sobre la regulación: cuando se trata de enfrentar a
las grandes empresas tecnológicas no necesitamos solo un nivel de
regulación, por ejemplo regular sus emisiones de gases de efecto
invernadero. Necesitamos una gran variedad de regulaciones so-
bre diferentes piezas y turbinas de la máquina −que detallamos
en nuestro informe TotalEnergies - This is what a phaseout looks like
(Observatoire des multinationales y 350.org, 2023). Un aspecto muy
importante es la regulación del lobby en el sentido más amplio, que
incluye las puertas giratorias y toda forma de contacto entre fun-
cionarios y representantes de la industria. Si no se regula el lobby
de manera eficaz, nunca se podrá regular nada en absoluto, debi-
do a que se corre el riesgo de que las empresas se apropien de los
procesos de decisión. Si se imponen normas firmes sobre el lobby y
los conflictos de interés −como las instauradas por la Organización
Mundial de la Salud para el tabaco−, hay mayores probabilidades de
118 / Entrevista a Olivier Petitjean y Clémence Dubois
lograr que se aplique la regulación de manera eficaz. Es por ello que
propuestas, como las de la coalición Fossil Free Politics en Europa,
para introducir el mismo tipo de reglas para los combustibles fósiles
que las que se aplicaron al tabaco pueden ser una parte clave de la
solución, pero deben aplicarse en todos los niveles de influencia, no
solamente en las Naciones Unidas y las cumbres sobre clima (COP).
¿Cómo puede llevarse a cabo la nacionalización, habida cuenta de los obs-
táculos económicos y jurídicos?
Olivier: La nacionalización como acto no es un problema desde el
punto de vista jurídico. Puede hacerse a través de un simple acto
legislativo. Se ha hecho en el pasado (incluso por gobiernos de dere-
cha favorables al mercado) para rescatar a los bancos, por ejemplo.
La cuestión es cuánto costaría y si es éticamente aceptable permitir
que los accionistas de las grandes empresas petroleras −que son en
su mayoría inversores institucionales, como BlackRock, Vanguard y
otros− se queden con miles de millones de euros y dólares que bási-
camente ganaron por invertir en la destrucción del clima.
Si Francia, por ejemplo, aprobara una ley para nacionalizar To-
talEnergies, tendría que desembolsar en teoría alrededor de 150.000
millones de euros para adquirir todas las acciones de la empresa,
además de que podría afrontar juicios de indemnización por parte
de algunos accionistas o socios que podrían argumentar que fueron
privados indebidamente de un posible lucro. Y ello incluso sin te-
ner en cuenta todos los costos de dejar de invertir en combustibles
fósiles, el desmantelamiento de instalaciones y el establecimiento
de una empresa pos combustibles fósiles que esté al servicio del
público.
El valor oficial de mercado de TotalEnergies es 150.000 millo-
nes de euros, pero hay muchos motivos para argumentar que ese
valor es exagerado, debido a que se basa en el supuesto de explo-
tar todos los valores actuales de combustibles fósiles de la empresa.
Ello se debe a que son denominados “activos varados”. Entonces, en
Un futuro sin combustibles fósiles / 119
nuestro informe proponemos crear una comisión para evaluar el
valor justo de TotalEnergies −que se suele hacer en caso de una na-
cionalización− pero teniendo en cuenta la naturaleza específica y
problemática de esos activos. También exploramos otra opción más
radical: una expropiación, en lugar de una nacionalización. Nueva-
mente, ello se ha hecho en el pasado, pero solamente en circunstan-
cias muy específicas, a menudo vinculadas con un estado de guerra.
El argumento sería que debido a sus violaciones anteriores y su ac-
tual sabotaje a la acción por el clima que se necesita urgentemen-
te, una empresa como TotalEnergies puede ser expropiada por el
Gobierno. Ello no significa que no habrá una indemnización, sino
que ya no existiría el pretexto de que se trata de una transacción de
mercado “normal”.
En todo caso, incluso 150.000 millones de euros no es un precio
demasiado elevado. Los gobiernos de Occidente han demostrado
con frecuencia −después de la crisis financiera de 2008 y más recien-
temente durante la pandemia de COVID-19− que son capaces de
hallar decenas de miles de millones de dólares para rescatar al sector
empresarial y a los mercados financieros.
¿Cómo sería una nacionalización eficaz y justa de las grandes empresas
petroleras? ¿Cómo podríamos asegurar que logre una transición energéti-
ca justa habida cuenta de la mala gestión de las actuales empresas ener-
géticas estatales?
Olivier: Huelga decir que la propiedad estatal no es una solución
en sí misma. Hay numerosas empresas estatales en todo el mundo
que son tan peligrosas como las empresas privadas. Una empresa
estatal puede ser más influyente en las políticas y prioridades del
Gobierno, como quedó demostrado en Francia en el caso de EDF,
nuestra empresa de electricidad estatal que está a favor de la energía
nuclear. Por este motivo, muchas personas del movimiento climáti-
co y ambiental temen a la nacionalización de TotalEnergies.
120 / Entrevista a Olivier Petitjean y Clémence Dubois
Diría que algún tipo de reapropiación pública es necesario e in-
evitable para que una empresa como Total deje de estar controlada
por los mercados financieros. Únicamente los Estados cuentan con
los recursos y la capacidad suficientes para llevar a cabo una ope-
ración política, financiera e industrial de esa magnitud. Pero debe
hacerse como parte de un proceso democrático más amplio desde
el comienzo, que incluya la participación ciudadana, de partes inte-
resadas y, por supuesto, de los trabajadores. Proponemos comenzar
con una convención de ciudadanos y presentar el tipo de gobernan-
za inclusiva, transparente y participativa del que muchas empresas
estatales carecen hoy en día.
Se puede tomar inspiración de los ejemplos del movimiento de
remunicipalización (Transnational Institute, s/f), aunque sea un nivel
de gobernanza más bajo. La nacionalización debe ser en primer lu-
gar y ante todo una democratización de la empresa, tanto a nivel in-
terno como en su relación con el resto de la sociedad. Para nosotros,
al final de cuentas, después de que TotalEnergies esté bajo control
público y haya desinvertido los proyectos de combustibles fósiles,
debe formar parte de un servicio de energía público más amplio o
convertirse en una empresa de propiedad ciudadana o una combi-
nación de ambas cosas.
Consideramos que también podría haber una dimensión inter-
nacional en este proceso, donde diferentes países lleven a cabo el
mismo proceso con sus empresas nacionales de petróleo y gas al
mismo tiempo −Shell en los Países Bajos y el Reino Unido, ENI en
Italia, etcétera. Ello daría mayor impulso a todo el proceso, además
de permitir alguna forma de mutualización de los costos. Las re-
flexiones que hemos desarrollado acerca del caso específico de To-
talEnergies en Francia no son aisladas. Hay otras organizaciones y
grupos de estudios que están analizando este proceso en diversos
países.
¿Cómo aseguramos que las grandes empresas de energía renovable no si-
gan el mismo camino que las grandes empresas petroleras?
Un futuro sin combustibles fósiles / 121
Olivier: Se podría argumentar que, actualmente, las grandes empre-
sas de energía renovable no solo son como las grandes empresas pe-
troleras, sino que son los mismos actores corporativos. Participamos
en un reciente informe coordinado por el Transnational Institute,
“‘Green’ Multinationals Exposed” (14 de noviembre de 2023), en el
que se plantea precisamente este argumento.
A medida que las gigantes energéticas consolidadas invierten
cada vez más en energía renovable, su negocio se sigue basando en
el mismo modelo: orientado al lucro, extractivista (en términos de
minerales y tierra), perjudicial para las comunidades y los trabaja-
dores, y neocolonialista, al igual que muchos de los proyectos de
energía solar y eólica de gran escala en el sur global o en regiones
remotas para beneficiar los intereses del norte.
Hay otra vertiente potente que necesitamos para la transición
energética: una que se centre en reducir el consumo, en lugar de
simplemente añadir capacidad, en satisfacer las necesidades de las
personas, en lugar de las industrias y en construir sistemas de ener-
gía democráticos, parcialmente descentralizados. Esa versión de una
transición es la única realmente viable. La anterior es un callejón
sin salida desde una perspectiva social y climática.
¿Creen que finalmente podremos vencer a las gigantes de petróleo y gas
como Total? Como activistas por el clima, ¿en qué deberíamos centrar
nuestros esfuerzos?
Clémence: Vencer a las gigantes como Total no es fácil, pero para rea-
vivar la llama del cambio de sistema, el movimiento debe enfrentar
directamente este sentimiento de impotencia.
El reciente auge del activismo por el clima, observado por
ejemplo en la campaña Just Stop Oil,3 destaca el deseo de adoptar
medidas de inmediato. Y con la aterradora multiplicación de la cri-
sis, es hora de centrarse en cambios que realmente importan a las
3
juststopoil.org
122 / Entrevista a Olivier Petitjean y Clémence Dubois
personas. Cambiar de estrategia significa apoyar soluciones y contar
historias que destaquen que es posible emprender un camino posi-
tivo, lo cual es aún más importante si queremos impedir el avance
de los movimientos de extrema derecha en el mundo. Debemos en-
focarnos en hacer bien las cosas, ayudar a las comunidades sin per-
judicarlas, mientras responsabilizamos a quienes están en el poder.
Cuando casi promediamos esta década crucial para combatir
el calentamiento global, las decisiones que adoptemos de aquí a
2025 son fundamentales. Un plan claro para 2025, con una meta de
1,5 °C, debe apuntar a un futuro de energías renovables. Aumentar
la producción de energías renovables significa que debemos seguir
abordando las cuestiones financieras. Necesitamos invertir alrede-
dor de 1,5 billones de dólares al año de aquí a 2030.
En 350.org estamos haciendo un esfuerzo conjunto con nuestros
seguidores, les ofrecemos apoyo y orientación. Juntos, estamos cons-
truyendo los cimientos de la democracia energética y una revolu-
ción de energías renovables justa y equitativa. Nuestra comunidad,
creada mediante campañas eficaces y contribuciones constantes, es
una fuerza poderosa para un futuro sin combustibles fósiles.
Bibliografía
Deneault, Alain (2020). Corporations as Private Sovereign
Powers: The case of Total. TNI Longreads. https://longreads.tni.org/
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This is what a total phaseout looks like. Francia.
Un futuro sin combustibles fósiles / 123
Transnational Institute (s/f). Remunicipalisation. https://www.tni.
org/en/topic/remunicipalisation
Transnational Institute (14 de noviembre de 2023). “Green” Mul-
tinationals Exposed: How the energy transition is being hijac-
ked by corporate interests. https://www.tni.org/en/publication/
green-multinationals-exposed
124 / Entrevista a Olivier Petitjean y Clémence Dubois
Descarbonizar la electricidad
Los costos de las energías renovables
impulsadas por el sector privado y
las oportunidades de alternativas en
Australia, Alemania y la India
James Goodman y el grupo de investigación Decarbonising Electricity*
Gareth Bryant, Linda Connor, Devleena Ghosh, Jon Marshall,
Tom Morton, Katja Mueller, Stuart Rosewarne, Riikka
Heikkinen, Lisa Lumsden, Mareike Pampus y Priya Pillai
Traducción al español: Nuria del Viso
* El primer proyecto del grupo se centró en la oposición a las minas de carbón nuevas
y ampliadas en Lusatia (Alemania), el estado indio de Chhattisgarh y Nueva Gales del
Sur (NSW) (Australia), y dio lugar a la publicación de Beyond the Coal Rush (Cambridge
University Press, 2020). El segundo proyecto se centra en la transición regional a las
energías renovables en Lusacia, el estado indio de Karnataka y Australia Meridional,
y se publicó con el título Decarbonising Electricity. El sitio web del proyecto es: www.
decarbenergy.net
Las empresas privadas de energías renovables se anuncian como sal-
vadoras del planeta, pero tanto en el norte como en el sur el modelo
del sector privado está concentrando el poder empresarial, socavan-
do la descarbonización y despojando a los pueblos de sus tierras y
su poder. Sin embargo, la transición energética también abre nuevas
posibilidades, con resistencias y movilizaciones que apuntan hacia
una vía de control social de las energías renovables. Las regiones
subnacionales ofrecen grandes promesas y muchas lecciones para la
descarbonización de la electricidad, pero hasta ahora han dependi-
do −y se prevé que sigan dependiendo− en gran medida del desplie-
gue de energías renovables de propiedad privada a gran escala. En
nuestro examen de las repercusiones sobre el terreno de este mode-
lo privado en Alemania, la India y Australia las pruebas son claras:
la dependencia de las energías renovables privadas agrava las des-
igualdades y amenaza la legitimidad democrática de la descarboni-
zación. Sin embargo, también puede abrir oportunidades a medida
que la transición impone nuevas agendas e impulsa demandas de
beneficios locales, propiedad social y energía distribuida. Al igual
que ocurrió con las transiciones energéticas en el pasado, la llega-
da de las energías renovables plantea cuestiones críticas en relación
con la responsabilidad, la agencia y la capacidad, y cómo podríamos
desarrollar un sistema que combine la justicia social con la acción
por el clima.
Aunque el contexto del desarrollo de las energías renovables en
Alemania, la India y Australia es distinto, existen sorprendentes pa-
ralelismos. Hay factores comunes en cuanto al entusiasmo, la opo-
sición, el diálogo y la regulación. También hay tecnologías comunes
que permiten la construcción de aerogeneradores más grandes y
parques solares más extensos, junto con el almacenamiento de ener-
gía para superar la intermitencia. Hay nuevas opciones para la ener-
gía agrosolar y nuevas formas de energía renovable “distribuida”,
Descarbonizar la electricidad / 127
que permiten la agregación de energía solar en los tejados. Existe
incluso un sector de exportación de energías renovables, con electri-
cidad transportable en forma de hidrógeno o amoníaco.
El aspecto más destacado de la emergente cadena mundial de
suministro de energías renovables es la lógica del poder empresarial
y el extractivismo. En los tres casos encontramos un neoliberalismo
“verde” en ascenso. La energía renovable a gran escala de propiedad
privada se ha convertido en la norma. La estructura jerárquica de la
producción de energía, en la que los grandes generadores envían la
energía a la red y luego al consumidor, se mantiene en gran medida.
Los operadores energéticos privados minimizan sus propios costos
mediante instalaciones a gran escala y tratan de captar el excedente
de energía renovable barata. Con parques eólicos y solares cada vez
más grandes, la cuestión crítica es la de la propiedad de la tierra y su
impacto en los medios de subsistencia.
La tierra es fundamental para la subsistencia en la India. En el es-
tado de Karnataka, en el sur del país, en un pueblo rodeado por uno
de los parques solares más grandes del mundo, un aldeano resume
el impacto: “Para las personas sin tierra no hay ningún beneficio.
Más bien han perdido su medio de vida, ya que nadie les llama para
trabajar”. La planta solar paga un alquiler a los terratenientes, pero
desplaza al resto de la población:
Un pueblo no es solo para los grandes terratenientes. Hay todo tipo
de gente, propietarios de ganado, los jornaleros, los pequeños agri-
cultores, etcétera. El Gobierno debería apoyar a los aldeanos. Pero la
situación es terrible: los sin tierra se ven obligados a emigrar y trabajar
fuera.
Del mismo modo, en el estado de Brandeburgo, al este de Alemania,
los propietarios de tierras obtienen algunos ingresos, pero la ma-
yoría no ve ningún beneficio en los parques eólicos locales. Como
comentó un alcalde local: “Hay algunos habitantes que se oponen
activamente, otros que simplemente se resignan a lo que está ocu-
rriendo. Hay unos pocos que están a favor, normalmente los que se
128 / James Goodman y el grupo de investigación Decarbonising Electricity
benefician de alguna manera”. Los parques eólicos también aumen-
tan la desigualdad: “Si alquilan sus tierras para un parque eólico,
obtienen recompensas económicas muy sustanciales, pero la comu-
nidad en su conjunto no saca mucho provecho de ello”.
La dimisión es habitual. En Port Augusta (Australia Meridional),
un defensor de las energías renovables que trabajaba en la central
térmica de carbón local afirma que “la gente es muy escéptica y rea-
cia a hablar a favor de nuevos proyectos, y mucho menos a hacer
algo para que se lleven a cabo”. Esto es un problema para avanzar
en la transición energética: “Es difícil conseguir un apoyo público
abierto”.
En los tres emplazamientos de grandes proyectos privados de
energías renovables encontramos quejas comunes sobre los medios
de subsistencia, la propiedad y la desigualdad frente a los proyectos
energéticos empresariales a gran escala. La oposición obliga a plan-
tear nuevos modelos, inicialmente a través de la demanda de más
beneficios regionales, pero que rápidamente se extienden a la pro-
piedad social y a la necesidad de formas más distribuidas de ener-
gía renovable. Las nuevas fuentes de poder social se vinculan con el
cambio tecnológico, por ejemplo, en relación con la energía agroso-
lar y las formas de almacenamiento de energía doméstica y comuni-
taria, liberando un nuevo potencial para la descarbonización.
Las energías renovables neoliberales refuerzan los monopolios
privados
La lucha por detener la quema de combustibles fósiles para produ-
cir electricidad es fundamental para la política climática mundial.
En todo el mundo, la mayoría de los países están planeando pasar a
las energías renovables, como una “victoria” tanto para la economía
como para el clima. Las energías renovables baratas, el último “re-
galo” de la naturaleza a la sociedad industrial, sientan las bases de
una nueva ola de crecimiento “verde”. La Agencia Internacional de
Descarbonizar la electricidad / 129
Energías Renovables (IRENA) prevé que en 2050 el 75 % de la elec-
tricidad mundial procederá de fuentes renovables, frente al 16 % ac-
tual, y calcula que el 95 % será de propiedad privada.
El nuevo modelo de desarrollo está dominado por empresas
energéticas mundiales y fondos de inversión que construyen plantas
eólicas y solares a gran escala, y captan así el flujo de ingresos de las
energías renovables. A pesar de los cuellos de botella en la cadena
de suministro, los inversores están eufóricos con las energías reno-
vables, tanto para los minerales “críticos”, aguas arriba, como para el
hidrógeno y el amoníaco “verdes”, aguas abajo. Los gobiernos nacio-
nales y regionales compiten por atraer la financiación “verde”, que
busca una participación en las nuevas industrias emergentes.
Cortejar al gran capital conlleva grandes anuncios, pero oculta
el alcance total del apoyo público y el desembolso financiero. Las
empresas de energías renovables dependen de la regulación guber-
namental para facilitar nuevas conexiones a la red, imponer la com-
pra de electricidad de fuentes renovables y garantizar los flujos de
ingresos que sustentan los beneficios. Los inversores privados cons-
truyen y explotan los parques eólicos y solares a gran escala, y gene-
ran electricidad a un precio acordado. Los acuerdos de suministro,
denominados “Contratos de Compra de Energía” (CCE), pueden du-
rar décadas, y constituyen un puerto seguro para los inversores que
buscan rentas. A menudo, las autoridades públicas invitan al sector
privado a suministrar bloques de energía renovable y adjudican los
CCE al proveedor más barato. Así, fuerzan los precios a la baja. Estas
“subastas inversas” requieren enormes economías de escala y em-
presas de servicios públicos más grandes que nunca, expulsan a los
operadores más pequeños, incluidos los generadores comunitarios
y sin ánimo de lucro, y desincentivan el reparto de beneficios.
Todo esto tiene un costo. Las energías renovables a gran escala
provocan nuevos desplazamientos y la concentración empresarial
genera nuevas desigualdades. Los terratenientes situados en luga-
res favorables son los que más se benefician y afianzan su poder,
los medios de vida agrícolas se ven desplazados, las ecologías se
130 / James Goodman y el grupo de investigación Decarbonising Electricity
transforman. Confiar en la inversión privada en energías renovables
alimenta la concentración empresarial y la masificación energética.
En Alemania se ha pasado rápidamente de la energía eólica coope-
rativa y municipal a la energía eólica empresarial a gran escala. En
la India se ha producido un cambio similar, de pequeñas empre-
sas de energía eólica a entidades corporativas cada vez mayores, de
modo que en 2022 muy pocas empresas indias presentaban ofertas
de licitación por los CCE nacionales. En Australia Meridional en-
contramos una marcada bifurcación entre la energía solar de los
hogares y el creciente apalancamiento de los grandes proyectos lide-
rados por empresas.
Con estas limitaciones, las energías renovables neoliberales ocul-
tan el verdadero potencial de las energías renovables. A menudo
se ha señalado que la energía renovable es ampliable, desde un dis-
positivo portátil hasta la instalación a escala de servicios públicos.
Las infraestructuras y la financiación públicas podrían destinarse
a un beneficio más amplio. Hay capacidad y agencia para las ener-
gías renovables distribuidas, para las transformaciones energéticas y
para nuevas formas de participación y democratización de la ener-
gía. Sin embargo, la opinión generalizada, de IRENA hacia abajo, es
que solo las energías renovables privadas a gran escala pueden hacer
frente a la crisis climática. Que garanticen la “legitimidad social” es
otra cuestión y un componente crucial para alcanzar los objetivos
de las energías renovables.
Las energías renovables neoliberales socavan la descarbonización
La transición energética neoliberal −basada en la búsqueda de ren-
tas y la monopolización de los rendimientos del capital− puede soca-
var la descarbonización. La financiación de las energías renovables
es una clase de activo intercambiable con otros activos no renova-
bles. No se caracteriza por la necesidad de reducir las emisiones. Al
contrario, los intereses de esta inversión privada a menudo pueden
Descarbonizar la electricidad / 131
entrar en conflicto directo con la abundancia de energía renovable
necesaria para la estabilidad climática. Las empresas confían en la
escasez, pero con el descenso a largo plazo de los costos de las ener-
gías renovables y la electricidad diurna prácticamente ilimitada, se
enfrentan a un problema para mantener los flujos de beneficios.
La energía eólica y solar intermitente produce energía exceden-
taria. En épocas de exceso, los precios caen a cero (y por debajo).
Para proteger a los inversores y mantener los precios, a menudo se
desconectan las energías renovables. Este “recorte” o “derrame” es
habitual: algunos días en Australia se derrama hasta el 20 % de la
energía renovable. La contradicción es desconcertante: la abundan-
cia de energía renovable se convierte en un problema que hay que
limitar, no en una virtud que hay que potenciar.
Con ello, las formas más distribuidas de energía renovable se
convierten en una amenaza para la cuota de mercado de las empre-
sas. La creciente prevalencia de las energías renovables domésticas
en Australia −proporcionalmente la mayor del mundo−, por ejem-
plo, socava los beneficios de los generadores a escala de servicios
públicos. En lugar de apoyar la energía distribuida, la política se
orienta hacia las grandes empresas de servicios públicos. En 2023
Australia anunció un precio mínimo subvencionado para los gene-
radores, explícitamente para reducir aún más el riesgo de inversión.
Por último, está el reto de que más industria, alimentada con
electricidad renovable barata, acelera el crecimiento económico. A
mayor producción, mayores emisiones. Para IRENA, las energías
renovables garantizarán las reducciones de emisiones necesarias,
pero solo si también disminuye la demanda energética. El aumento
anual del 1,1 % en el consumo de energía, paralelo al crecimiento
económico, tiene que convertirse en un descenso anual del 0,2 %.
Para IRENA, el crecimiento debe desvincularse del consumo de
energía: una tarea difícil cuando la energía es tan barata. La expe-
riencia sugiere la trayectoria contraria: que la energía barata ali-
menta la demanda energética.
132 / James Goodman y el grupo de investigación Decarbonising Electricity
Tres casos
Nuestra investigación se ha centrado en los estados de Karnataka
(India), Brandemburgo (Alemania) y Australia Meridional: todos
ellos son regiones pioneras en energías renovables, aunque muy
diferentes en cuanto a su historia y su ubicación en la economía
mundial.
En los tres contextos, las promesas iniciales han dado paso a un
compromiso activo con el modelo empresarial imperante de desa-
rrollo de energías renovables a gran escala. Los activistas, las orga-
nizaciones comunitarias y los grupos de interés han desarrollado
una serie de tácticas, estrategias y objetivos políticos para rebatir el
modelo privado y las políticas estatales de reducción de riesgos que
lo sustentan. En respuesta, gobiernos y empresas han ajustado la
normativa y ofrecido concesiones en un panorama dinámico, con-
testado y en constante evolución.
Karnataka
Karnataka es ahora uno de los estados líderes en energías renovables
de la India, a tal punto que, en mayo de 2023 el 54 % de la capacidad
instalada procedía de la energía eólica y solar; frente al 31 %, de
carbón; el 12 %, de energía hidroeléctrica, y el 3 %, de energía nu-
clear. La energía eólica a pequeña escala predominó hasta mediados
de los años 2000, cuando Karnataka se convirtió en un estado líder
en energía solar a escala comercial. Prácticamente toda su energía
renovable es de propiedad privada, lo que contrasta con el carbón
y la energía hidroeléctrica “heredados”, que son principalmente de
propiedad estatal. Predominan las grandes empresas: diez de ellas
poseen el 58 % de la capacidad solar y el 30 % de la eólica.
Karnataka ha aplicado una política proactiva en materia de ener-
gías renovables desde finales de los años noventa. El Estado preten-
día atraer la inversión privada y reducir los costos energéticos de las
deficitarias empresas estatales de distribución de electricidad (que
Descarbonizar la electricidad / 133
subvencionan los precios, sobre todo en las zonas rurales). El Esta-
do tiene condiciones favorables para la energía solar y eólica, y era
importador neto de energía de carbón, que ahora ha cambiado por
energías renovables. Los promotores de energías renovables licitan
contratos de suministro a largo plazo con las empresas distribuido-
ras mediante subastas inversas supervisadas por la agencia estatal de
energías renovables, la Karnataka Renewable Energy Development
Limited (KREDL).
La KREDL desempeña un papel clave de mediación entre pro-
motores privados, propietarios de tierras, empresas de distribución
y redes de transmisión. Sus ingresos proceden de una tasa a los pro-
motores de proyectos y promete conseguir todas las autorizaciones
en un plazo de sesenta días. También ha creado agencias conjuntas
de “fines especiales” con el Gobierno federal, como la Karnataka So-
lar Power Development Corporation Limited (KSPDCL), que esta-
bleció el proyecto solar Pavagada, de 2 GW, el mayor del mundo
cuando fue terminado en 2019. KREDL planea ahora duplicar con
creces el tamaño de la planta de Pavagada, hasta 5 GW, y está cons-
truyendo otra central híbrida eólica-solar-batería de 5 GW en Shi-
moga, al norte de Karnataka.
El ejemplo de Pavagada resume las tensiones y posibilidades del
desarrollo de las energías renovables en la India. El parque se extien-
de a lo largo de 4856 hectáreas y abarca cinco localidades con una
población de diez mil habitantes. La zona es árida y propensa a la se-
quía, con niveles elevados de pobreza, sobre todo entre las mujeres
y las comunidades tribales y de castas desfavorecidas, y ha sido esce-
nario de luchas por los derechos sobre la tierra y su redistribución.
La tenencia de la tierra sigue estando muy estratificada, con algunos
grandes terratenientes y muchos minifundios, mientras que aproxi-
madamente la mitad de la población carece de tierras.
El KSPDCL reunió tierras de 1422 propietarios diferentes me-
diante la firma de contratos de arrendamiento de veintiocho años a
un precio fijo con incrementos establecidos para todo ese período.
Las autoridades estatales subastaron varios PPA de veinticinco años
134 / James Goodman y el grupo de investigación Decarbonising Electricity
para los promotores y el precio disminuyó constantemente hasta
menos de la mitad del precio medio de la electricidad generada a
partir del carbón. Hubo cierto apoyo del Banco Mundial y el Ban-
co Asiático de Desarrollo, y el parque atrajo grandes empresas pri-
vadas de energías renovables como Tata, Fortum, Adani, ReNew y
Softbank.
El modelo de arrendamiento de tierras de Pavagada contrasta
con otros enfoques de adquisición de tierras que esencialmente ex-
pulsan a la gente de la tierra y crean un espacio aparentemente vacío
para las energías renovables. La coexistencia con los terratenientes
ofrece un mejor enfoque, pero plantea nuevas cuestiones. El arren-
damiento beneficia a los terratenientes pero agudiza la desigualdad.
Como nos dijo un sin tierra: “La gente que tiene más tierras se hace
más rica. Nosotros estamos donde estamos, sin tierra”.
Los arrendamientos se negociaron durante una sequía y los te-
rratenientes se sintieron presionados a aceptar: “Vinieron, nos lo
pidieron, teníamos hambre, se lo dimos”. Los ingresos por arrenda-
miento de los pequeños agricultores no son suficientes para vivir y
la seguridad alimentaria se ha resentido. Como dijo un agricultor:
“Si cultiváramos lentejas durante un año, las utilizaríamos para el
consumo familiar durante dos años… Ahora, para cualquier peque-
ña cosa, dependemos del mercado”.
Pero los sin tierra son los principales perdedores. Históricamen-
te han dependido del trabajo agrícola estacional y de la cría de ani-
males a pequeña escala, que se han visto desplazados por el parque
solar. Uno de los sin tierra entrevistados dijo: “Antes de la energía
solar, nuestras ovejas vivían muy bien. Después de la energía solar
hay dificultades... No hay espacio para pastar”.
La pérdida de medios de subsistencia no se compensa con el em-
pleo en la planta. Hay algunos empleos locales en seguridad, lim-
pieza y corte de césped, pero no son suficientes. Esto ha afectado
especialmente a las mujeres de las comunidades tribales y de cas-
ta baja, que han perdido fuentes de autonomía financiera. Como
dijo una mujer: “Tenemos que depender de los ingresos de nuestros
Descarbonizar la electricidad / 135
esposos y ellos nos controlan aún más”. Se les prometió mejor edu-
cación, formación y empleo: “No queremos que nuestros hijos
lleven una vida como la nuestra. Queremos darles una educación
mejor para que puedan salir adelante”.
Las autoridades afirman que han aprendido la lección y que la
ampliación de Pavagada y la propuesta de una central híbrida de
5 GW suponen una nueva fase en la planificación de las energías
renovables. En Pavagada se observa un mayor compromiso con la
financiación de las escuelas locales y las infraestructuras sociales
(Subramanian, 26 de abril de 2023). Sin embargo, los programas de
formación y los puestos de trabajo prometidos aún no se han mate-
rializado, aunque existen propuestas de uso mixto y de energía agro-
solar para permitir la coexistencia de la agricultura con las plantas
solares. La colaboración prevista con la población local sigue sin
desarrollarse.
La central híbrida propuesta tendrá que coexistir con la agricul-
tura local, ya que el norte de Karnataka es más fértil y la tierra está
más repartida: el movimiento de reforma agraria tuvo éxito en esta
parte del Estado y hay menos gente sin tierra. La propuesta de un
modelo “híbrido” más variado, que combine energía eólica, agro-
solar y capacidad de baterías, en lugar de una extensión uniforme
de paneles solares, ofrece potencialmente más espacio para la agri-
cultura. También existen posibilidades de cogestión, que podrían
basarse en los consejos de los pueblos (panchayats), que tienen una
gran capacidad de gobernanza local.
Brandenburgo
Al igual que Karnataka, Brandeburgo apuesta decididamente por
las energías renovables. En 2023 obtendrá el 70 % de su electrici-
dad a partir de estas energías, principalmente energía eólica. Su
Estrategia Energética 2022 preveía un 100 % de energías renovables
para 2030. Para ello ha propuesto un cambio hacia la energía solar:
136 / James Goodman y el grupo de investigación Decarbonising Electricity
la generación de energía eólica se duplicará, de 8 GW a 15 GW,
mientras que la energía solar se cuadruplicará, de 4 GW a 18 GW.
La fiebre por la energía solar ya está en marcha. A principios de
2023, un estudio del Gobierno descubrió un gran potencial para la
energía solar en tejados (29 GW), en terrenos degradados o de escaso
valor (33 GW) y también para estacionamientos, energía hidráulica
y agrosolar (hasta 270 GW). En agosto de 2023, el Estado anunció
una “ofensiva de expansión de la energía solar” (Bhambhani, 15 de
septiembre de 2023) centrada en iniciativas locales de planificación
del uso del suelo y en la energía solar distribuida dirigida por mu-
nicipios, incluido un impuesto local a la energía solar destinado a
las comunidades afectadas, así como subvenciones y formación para
ampliar la mano de obra local.
La ofensiva solar marca la última fase de la trayectoria de las
energías renovables en Brandeburgo. A partir de los años noventa,
las energías renovables en Alemania se centraron sobre todo en ini-
ciativas cooperativas y municipales de energía eólica, especialmente
en el oeste del país. En Brandeburgo, sin embargo, los parques eóli-
cos privados a mayor escala eran más comunes y esto se convirtió en
la norma en todo el país después de que la Ley Federal de Energías
Renovables de 2017 exigiera licitaciones competitivas para todos los
contratos de suministro de energía y favoreciera, de esta manera, a
los operadores privados más grandes.
A esto le siguió una caída en las aprobaciones de proyectos de
energía eólica, ya que las instalaciones propuestas enfrentaron cada
vez más oposición local. Como constató el grupo federal Energía
del futuro en 2021, los problemas en las zonas rurales eran “consi-
derables”. La movilización de la población local contra los grandes
parques eólicos de propiedad corporativa retrasó y anuló proyectos.
Hay escasez de emplazamientos disponibles, ya que la normativa
sobre el uso del suelo define la proximidad permitida a las zonas
residenciales, y la disponibilidad de terrenos forestales, por ejemplo,
es limitada.
Descarbonizar la electricidad / 137
La energía eólica puede coexistir con otras formas de uso del sue-
lo rural, pero el desencanto es cada vez mayor, sobre todo a medida
que las turbinas son más grandes. Si nos centramos en la región me-
ridional de Teltow-Fläming, comprobamos que la aceptación local
estaba disminuyendo, ya que “poco a poco, uno empieza a sentirse
rodeado”. La población era poco consciente de lo que se avecinaba.
En palabras de un residente: “Nos dimos cuenta de que estaba ocu-
rriendo cuando las torres aparecieron de repente”.
En 1997 el Estado dio prioridad a la energía eólica en la ordena-
ción del territorio y, en 2003, la legislación federal exigió la desig-
nación de “zonas de aptitud eólica”. Con ello, los cinco organismos
regionales de planificación de Brandeburgo elaboraron mapas de
uso del suelo para la energía eólica. Los críticos locales de la ener-
gía eólica habían sido elegidos para los consejos locales y con una
serie de partes interesadas de sindicatos, grupos ambientalistas y la
comunidad habían vuelto a regular efectivamente las asignaciones
de energía eólica. Como resultado, la energía eólica se limita ahora a
un 2 % de la superficie, concentrándose en zonas concretas.
El proceso de planificación dio lugar a un compromiso local más
activo y a una mayor oposición de la planificación regional. Esto
puede interpretarse como un proceso democratizador, en el que la
toma de decisiones a nivel regional y estatal sobre la energía y la in-
dustrialización “verde” se politizó y sometió a un mayor escrutinio.
Irónicamente, la llegada de la energía eólica corporativa a gran esca-
la instigaba la participación local, articulada a través de estructuras
de gobernanza local. Es importante destacar que el proceso se basó
en el diálogo y no en la oposición frontal: el grupo Country Life,
por ejemplo, favoreció la “armonía” con la energía eólica, buscando
obtener beneficios de esta.
La distribución de los beneficios es una cuestión clave. Práctica-
mente los 350 parques eólicos que funcionan en el Estado son de
propiedad privada; solo diez son de propiedad local. La desigualdad
en la propiedad genera desigualdad financiera. Los terratenientes se
benefician. Como declaró un residente: “Puedo obtener treinta mil
138 / James Goodman y el grupo de investigación Decarbonising Electricity
euros al año por arrendar una hectárea de tierra, para algunas per-
sonas eso significa que ya no tendrían que trabajar”. Los municipios
asumen el costo. Para compensarlo, a partir de 2019 el Gobierno
estatal exigió a las empresas eólicas el pago de una tasa de diez mil
euros anuales a los ayuntamientos; esta medida se reforzó en 2021
con una subvención federal comunitaria de 0,2 euros por kWh.
Nuestra investigación concluyó que las empresas también esta-
ban respondiendo a las presiones, con esfuerzos más sofisticados
para anticipar y prevenir la oposición. Las empresas iniciaban las
consultas en la fase de concepción, en lugar de esperar hasta el final
del proceso de planificación, como permite la legislación urbanís-
tica, y ofrecían mayores beneficios a la comunidad. Una empresa
había estado consultando sobre el uso de terrenos forestales para
un parque eólico, ofreciendo un modelo de “20:80”, con una finan-
ciación comunitaria fijada en cuatro veces el costo de alquiler del
terreno.
La energía eólica ha precipitado nuevas formas de gobernanza
energética y en estas se basa la actual introducción de la energía
solar. Los paneles solares suponen una amenaza para el uso preexis-
tente del suelo, lo que explica que el Estado se centre actualmente
en los tejados, los estacionamientos y las superficies de agua sin uti-
lizar, así como en los terrenos infrautilizados. El Gobierno estatal se
esfuerza por paliar las repercusiones en la agricultura mediante la
ordenación del territorio y cada vez hay más interés por la energía
agrosolar, que puede coexistir con la agricultura. Es probable que
haya alguna pérdida de tierras agrícolas, aunque se calcula que al-
rededor del 15 % de la agricultura se destina a biocombustibles y la
sustitución por energía solar sería más eficiente.
Los ingresos de la energía solar son hasta diez veces superiores a
los de los cultivos: encontramos arrendadores a los que se les ofre-
cen contratos de treinta años a 2500 euros por hectárea, frente a
cuatrocientos euros por hectárea de la agricultura. Los peligros son
evidentes para los agricultores arrendatarios, que pueden ser des-
alojados cuando sus arrendadores opten por la energía solar. Esto
Descarbonizar la electricidad / 139
supone una gran amenaza, ya que el 73 % de las tierras agrícolas del
estado son arrendadas.
La energía solar, al igual que la eólica, presenta economías de
escala: se calcula que el tamaño mínimo viable de un parque solar
es de cincuenta hectáreas. Ya se está produciendo una ampliación.
En 2021, el mayor parque solar del estado y de Alemania era de
164 hectáreas en Werneuchen, cerca de Berlín. Un año más tarde se
aprobaron cincuenta y cinco proyectos solares en el estado federado,
con una superficie de 2800 hectáreas. Las autoridades de Teltow-Flä-
ming habían recibido la propuesta de un promotor de un parque
solar de mil hectáreas. En palabras de un promotor: “No hay límites
de tamaño, al menos legales”. Esta salvedad es importante, ya que las
respuestas normativas serán decisivas para determinar el resultado.
Sin duda, los recientes compromisos del Gobierno estatal en ma-
teria de energía solar sugieren que las posibilidades de reparto de
beneficios están ganando terreno. Se está pasando de considerar que
la “aceptación social” de las energías renovables impone una limi-
tación a su instalación, a verla como un medio para permitir una
mayor aceptación. Las propuestas estatales de energía solar hacen
hincapié en las iniciativas distribuidas y municipales para el espacio
no utilizado destinado a paneles solares. También hay una mayor
aceptación de la ejecución y planificación a nivel local, incluidos los
ingresos locales y la recualificación.
La energía solar entraña nuevos peligros, pero podría decirse
que ofrece un nuevo potencial de suministro distribuido y de pro-
piedad social. La actual respuesta estatal refleja las varias décadas de
movilización, compromiso e innovación institucional en torno a la
energía eólica. La oposición ha permitido una mayor participación
en la gobernanza energética: el proceso de “guerra estratégica” en
torno a las energías renovables, como lo describió un residente, va a
continuar en un nuevo terreno.
140 / James Goodman y el grupo de investigación Decarbonising Electricity
Australia Meridional
Al igual que Brandeburgo, Australia Meridional también aspira a
alcanzar el 100 % de electricidad renovable en 2033. En 2023, las
energías renovables no hidráulicas suministrarán cerca del 66 % de
la electricidad del estado, el 24 % procedente de la energía solar y el
44 % de la eólica (Energy & Mining, 2022). El crecimiento ha sido
rápido: en 2000 las energías renovables solo cubrían el 1 % de las
necesidades eléctricas del estado.
En 2002 el Gobierno estatal había previsto un 26 % de energía
eólica y solar combinadas (McGreevy y Baum, 12 de marzo de 2021),
para lo cual puso en marcha un esfuerzo coordinado de inversores,
emplazamientos y contratos de suministro. Desde el principio la
atención se centró en el golfo de Spencer y en el llamado “Triángulo
de Hierro”, formado por Port Pirie (con una fundición de plomo),
Whyalla (con una planta siderúrgica) y Port Augusta (con una cen-
tral eléctrica de carbón, cerrada en 2016). El golfo tiene un gran
potencial para la energía eólica y solar y está bien conectado a las
líneas de transmisión. También cuenta con una mano de obra in-
dustrial (aunque con marcadas desventajas socioeconómicas), facto-
res todos ellos que lo hacen atractivo para los inversores en energías
renovables.
Como en Karnataka y Brandeburgo, las energías renovables en
Australia Meridional han pasado por varias etapas. Hubo entusias-
mo inicial, sobre todo en Port Augusta, donde se consideraba que
ofrecía una “transición justa” para dejar de depender del carbón. La
central eléctrica local había sido un importante empleador y, cuan-
do su propietario privado, Alinta, anunció el cierre en 2015 (ABC
News, 10 de junio de 2015), una campaña local exigió una nueva
central termosolar a gran escala para sustituirla.
Alinta cerró la central antes de tiempo, en 2016, sin transición di-
recta a las energías renovables. Sin embargo, la campaña tuvo efectos
más amplios, ya que la región se convirtió en foco de atención para
los inversores en energías renovables. Esto llevó a la construcción
Descarbonizar la electricidad / 141
de varios grandes parques eólicos privados, como el de Lincoln Gap,
con 101 turbinas en veinte mil hectáreas, y el Parque Renovable de
Port Augusta, con cincuenta turbinas en cinco mil hectáreas. La
energía solar de gran tamaño es menos común, aunque hay un par-
que solar de ochocientas hectáreas cerca de Port Augusta, propiedad
de la Bungala Aboriginal Corporation, y una planta termosolar de
veinte hectáreas, Sundrop, dedicada a la desalinización y calefac-
ción para tomates de invernadero.
Tras una oleada inicial de inversiones, la normativa estatal se vol-
vió más estricta en 2019, con reglas sobre impactos acumulativos,
proximidad a municipios y sobre el acceso a “zonas de alto valor
medioambiental, paisajístico o cultural” (State Planning Commis-
sion, 2019). También hubo medidas sobre notificación pública, des-
mantelamiento, estabilidad de la red, niveles de ruido y corredores
de fauna y, con ello, un aumento de la altura permitida para las
turbinas de 150 a 240 metros. Estas medidas coincidieron con un
descenso de las solicitudes, en parte por el anuncio de un interco-
nector de 900 km con Nueva Gales del Sur, cuya finalización está
prevista para 2025, lo que pareció atraer las propuestas hacia el oes-
te del estado.
Una tercera fase del desarrollo de las energías renovables ha lle-
gado a la región, cada vez más centrada en los usos “derivados”, so-
bre todo del hidrógeno “verde” procedente de energías renovables,
tanto para la exportación como para su uso “en tierra”, como en la
planta siderúrgica de Whyalla. El Plan de Empleos del Hidrógeno
del Gobierno estatal, anunciado en 2023, se considera ahora gene-
rador de una nueva ola de interés por las energías renovables en la
región.
La planificación de las energías renovables en Australia Meridio-
nal se ha centralizado en el Panel de Evaluación de la Comisión
Estatal, que organiza consultas y audiencias públicas. Las empresas
intentan definir sus proyectos como “proyectos de la Corona” de im-
portancia estatal (PlanSA, 2024), lo que impide apelar toda decisión
final del ministro; de ese modo, tienen acceso a un “servicio previo a
142 / James Goodman y el grupo de investigación Decarbonising Electricity
la autorización” acelerado con un departamento patrocinador, que
identifica las “infraestructuras estatales esenciales”.
El proceso de planificación estatal soslaya a las autoridades loca-
les, aunque estas podrían permitir una mayor participación e impli-
cación de la comunidad. Los ayuntamientos colaboran en el grupo
Spencer Gulf Cities, que recientemente ha promocionado la zona
como “centro neurálgico” de las energías renovables (Spencer Gulf
Cities, 13 de septiembre de 2022). Su papel formal es limitado y ni
siquiera reciben ingresos fiscales de las energías renovables, ya que
la electricidad está exenta de las tasas locales. Los ayuntamientos
elaboraron un informe en 2018 para cuestionar esta exención (AEC,
2018), pero el Gobierno estatal se ha negado a abordarlo.
La cuestión fiscal, que hace que los contribuyentes locales sub-
vencionen a las grandes empresas mundiales de energías renova-
bles, ha suscitado el descontento. La preocupación se centra en la
falta de beneficios locales, sobre todo en términos de empleo. Los
contratistas traen su propia mano de obra y solo recurren al mer-
cado laboral local para trabajadores poco cualificados, contratados
de forma eventual. No existe un plan local de mano de obra y el
trabajo es intermitente, aunque algunas agencias de empleo locales
establecen contratos recurrentes.
Como reflejo de décadas de desventaja regional, la región cuenta
con muy pocas empresas capaces de aceptar trabajo en la industria.
La política estatal hace poco por colmar las lagunas de cualificación.
Los planificadores se basan en la afirmación de que las industrias
consumidoras de materias primas generarán puestos de trabajo, en
lugar del sector de las energías renovables. Mientras tanto, la ma-
yoría de los nuevos puestos de trabajo llegan de forma indirecta,
en los sectores de la salud, el transporte, el comercio minorista y la
hostelería.
Como en Karnataka y Brandeburgo, los principales beneficiarios
son los terratenientes anfitriones. Las tierras son áridas y la energía
eólica tiene un impacto mínimo en los ingresos de las explotacio-
nes. Cada turbina puede reportar unos ingresos anuales de alquiler
Descarbonizar la electricidad / 143
de hasta veinticinco mil dólares australianos durante unos treinta
años; el 40% del estado pertenece a arrendamientos de pastoreo, tie-
rras apropiadas a los pueblos indígenas locales y concedidas a los co-
lonos por las autoridades coloniales. Estos terratenientes son ahora
los que más se benefician de las energías renovables, lo que reafirma
la desposesión colonial y agrava la desigualdad.
Sin embargo, la situación está cambiando, dado que se han reco-
nocido los derechos sobre la tierra. El Gobierno federal se vio obli-
gado a reconocer el título de propiedad aborigen con el caso Mabo
de 1992 y la legislación federal de 1994 permitió a los pueblos abo-
rígenes reclamar la titularidad de las tierras. Tras veintiocho años de
lucha, los pueblos nukunu y barngarla obtuvieron el Título Nativo
en la región a partir de 2016. Se han devuelto algunas “tierras de la
Corona” de propiedad estatal y los propietarios tradicionales han
obtenido algunos derechos de negociación sobre las tierras estatales
arrendadas cada vez que se produce algún cambio en los acuerdos
de tenencia, como en el caso de las energías renovables.
Hasta la fecha, las empresas de energías renovables han sido res-
ponsables de una serie de acuerdos de “consentimiento” ad hoc y
muy divisivos. Como afirmó un titular de un título aborigen: “Toda-
vía no he tenido ninguna buena experiencia con las energías reno-
vables, solo mucha indignidad y dolor”. Una excepción es el parque
solar de Bungala, que obtuvo un contrato de arrendamiento para
emplear a trabajadores y contratistas aborígenes.
Con el resultado del Título Nativo, los Propietarios Tradicionales
de Barngarla (BDAC, por sus siglas en inglés) firmaron en 2022 un
acuerdo pionero sobre el uso de la tierra, y se aseguraron de este
modo la copropiedad y los ingresos por arrendamiento de un gran
parque solar en tierras de la Corona. Las empresas mineras suelen
pagar cánones a los propietarios tradicionales, pero la copropiedad
es prácticamente desconocida, salvo en una gama cada vez mayor de
proyectos de energías renovables.
El resultado de Barngarla se considera un gran avance. La partici-
pación en el capital significa que
144 / James Goodman y el grupo de investigación Decarbonising Electricity
el BDAC no solo es el terrateniente y propietario de la totalidad del
proyecto, sino que también tendrá una participación en el mismo, lo
que nos convierte −a los pueblos de las Primeras Naciones de la zona−
en copropietarios de una de las mayores centrales de energía renova-
ble del Estado .
Con ello, podría decirse que se abre una nueva fase de copropiedad
en el desarrollo de las energías renovables.
Dado que el 40 % de la energía renovable a nivel nacional se
ubicará en tierras indígenas, la copropiedad ha crecido. En 2023 ha-
bía una docena de proyectos de energías renovables de propiedad
conjunta con grupos indígenas locales (Baker, 3 de noviembre de
2023); el National Native Title Council (21 de abril de 2023) declaró
que esto requería una “reconceptualización del papel de las Prime-
ras Naciones en el desarrollo”. No hay razón para que este modelo
de propiedad social no se extienda a otras poblaciones u organiza-
ciones locales y se redefina la energía renovable para el desarrollo
regional.
Posibilidades
La propiedad de la tierra es la cuestión clave para el desarrollo de las
energías renovables a gran escala. Los inversores en energías renova-
bles buscan un espacio vacío para acumular, ejemplificado en el mar
de paneles solares, de horizonte a horizonte, en el parque solar de
Pavagada. El comisario australiano de Infraestructuras Energéticas
nos dijo que los inversores en energías renovables prefieren “gran-
des extensiones de terreno y un número reducido de propietarios,
sin vecinos, sin ciudades ni otros asentamientos”. De este modo,
hacen operativas las desigualdades existentes en materia de tierras,
desde el mito australiano de la terra nullius hasta los fracasos de la
reforma agraria en la India.
Descarbonizar la electricidad / 145
Frente a la creación de una nueva élite terrateniente basada en
las energías renovables, y la desigualdad que esto conlleva, hemos
encontrado a la población local que presiona para lograr una aso-
ciación más democrática. Las narrativas de las energías renovables
regionales revelan un claro imperativo de democratizar el proceso
de transición para aprovechar todo su potencial de transformación
social. Los componentes clave serían el reparto de los ingresos, la co-
propiedad de las instalaciones energéticas y la cogestión de la tierra,
la mejora del empleo y un diseño de la energía solar que coexista
con la agricultura. En palabras de un agricultor indio: “La produc-
ción de energía continuará; las estructuras no pueden desmantelar-
se. Por lo tanto, deberían darnos una asociación”.
La población local sostiene que la energía renovable debe tratar-
se como un proyecto de desarrollo regional, no simplemente como
un proyecto energético. No debe desplazar los medios de subsis-
tencia existentes y debe ofrecer beneficios locales considerables. El
enorme superávit financiero obtenido de las energías renovables be-
neficia principalmente a las empresas de electricidad: la población
local reconoce que esto es una gran injusticia y exige un cambio de
modelo. Cuando visitamos parques eólicos y solares, a menudo nos
dijeron que se trataba de un trabajo en curso. El director de Pava-
gada dijo que la planta era una “universidad” en la que se ponían a
prueba nuevas ideas.
Este “trabajo en curso” está siendo forzado en nuevas direccio-
nes. La oposición ha creado nuevas demandas de regulación, un ma-
yor compromiso con el desarrollo regional y nuevas iniciativas de
descarbonización. Al mismo tiempo, la energía distribuida persiste.
Las energías renovables ya han establecido un nuevo sector energé-
tico doméstico y comunitario, un “procomún” energético basado en
la autonomía energética.
Siempre existe la posibilidad de que haya retrasos. La transición
energética es inevitable, pero su calendario es controvertido. La de-
pendencia de los combustibles fósiles sigue siendo considerable, so-
bre todo en el caso de la electricidad. Se necesita un fuerte respaldo
146 / James Goodman y el grupo de investigación Decarbonising Electricity
público para superar estas presiones: el desplazamiento, la priva-
ción de derechos y el desencanto solo pueden ralentizar la transi-
ción. La propiedad social y la regulación participativa siguen siendo
débiles, pero pueden ser la base del apoyo público.
La llegada de las energías renovables “socializa” el cambio climá-
tico y climatiza la energía. Desempeña un papel clave en el avance
de los imaginarios sociales emergentes en la búsqueda de la agencia
climática y la ética necesaria de la vida afectada por el clima. Al
igual que ocurrió con las transiciones energéticas en el pasado, la co-
yuntura actual ofrece múltiples posibilidades (aún inimaginables).
La oposición obliga a una participación democrática más fuer-
te y apunta a una transición basada en la propiedad común, más
allá del poder empresarial. El imperativo es claro: el control social
de las energías renovables es ahora una base para la estabilidad cli-
mática, al mismo nivel que cualquier “patrimonio común” de la
humanidad.
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Descarbonizar la electricidad / 149
Empresas petroleras
administradas por el Estado
y la transición energética
El caso de Ecopetrol en Colombia
Daniel Chávez y Lala Peñaranda
Traducción al español: Mercedes Camps
En la reunión del Foro Económico Mundial (FEM) de 2024, en
Davos, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, reiteró el com-
promiso de no aprobar nuevos contratos de exploración de com-
bustibles fósiles. “Colombia […] ha decidido no contratar más
exploraciones de petróleo y de gas y de carbón como un efecto
de demostración sobre la necesidad que tenemos en nuestra eco-
nomía mundial de descarbonizarla”, dijo el presidente a una élite
empresarial y política (Monsalve, 19 de enero de 2024). Un año an-
tes, su mensaje durante su primera reunión del FEM fue aún más
contundente:
Nos acercamos al punto de no retorno, y el punto de no retorno sig-
nifica la extinción de la vida. O la humanidad se extingue con el capi-
talismo o la humanidad supera el capitalismo para poder vivir en el
planeta. ¿Por qué no cambiar la deuda que tienen los países y los pro-
cesos productivos por acción por el clima de modo de liberar los re-
cursos presupuestarios para llevar a cabo la adaptación y mitigación?
¿Por qué no devaluar la deuda mundial, lo cual también significa un
cambio en el sistema de poder? (Torrado, 18 de enero de 2023).
“Estos temas que abordaría un capitalismo descarbonizado hoy
no están en la discusión”, declaró Petro, resumiendo los retos que
afrontan los países del sur global endeudados y dependientes de las
exportaciones, en el contexto de una crisis climática que tendrá un
impacto desproporcionado en los Estados productores de petróleo.
La transformación de la industria de combustibles fósiles de Co-
lombia es uno de los principales aspectos de los planes ambiciosos
de transición energética del Gobierno liderado por un exguerrille-
ro y una feminista, antirracista y activista ambiental −el presidente
Gustavo Petro y la vicepresidenta Francia Márquez, respectivamen-
te−, pero los obstáculos que deben superar son muchos, diversos y
complejos.
Empresas petroleras administradas por el Estado y la transición energética / 153
El ritmo y la magnitud de la transición energética han sido ob-
jeto de acalorados debates en el nuevo Gobierno colombiano y
en el discurso público. Poco después de la asunción del Gobierno
en agosto de 2022, otros funcionarios anunciaron la intención de
transformar drástica y rápidamente el sector de los hidrocarburos.
La entonces ministra de Minas y Energía, Irene Vélez Torres, una
académica con trayectoria en el movimiento ambiental, afirmó en
el Foro Económico Mundial que Colombia se alejaría rápidamente
de los combustibles fósiles:
Decidimos que no vamos a conceder nuevos contratos de exploración
de gas y de petróleo. Eso ha sido, por supuesto, muy polémico a nivel
nacional, pero para nosotros esa es una señal clara de nuestro com-
promiso en la lucha contra el cambio climático (Taylor, 20 de enero
de 2023).
En marzo de 2023, el entonces director ejecutivo de Ecopetrol, la
empresa petrolera estatal, advirtió que los cambios para lograr una
transición energética debían ser medidos y graduales. Felipe Bayón
dijo al Financial Times: “No hay ninguna sustitución que se pueda
lograr simplemente al apretar un interruptor para apagar una cosa
y encender otra” (Daniels, 21 de marzo de 2023). Añadió que “lleva-
rá mucho tiempo, esfuerzo y dinero asegurar que otras industrias
ocupen su lugar”. En el mismo sentido, también había dicho en
Davos que Ecopetrol tenía una estrategia gradual de veinte años: “El
país necesitará la explotación de hidrocarburos que realiza la com-
pañía. Ecopetrol puede ser el 10 % del presupuesto de Colombia. El
país sigue necesitando los fondos a través de dividendos, regalías e
impuestos” (Reynoso, 27 de enero de 2023).
El compromiso de detener los proyectos de petróleo y gas había
sido parte de la campaña electoral de Petro y Márquez, pero no to-
dos los miembros de su gabinete estaban de acuerdo. José Antonio
Ocampo −el primer ministro de Hacienda del Gobierno progresis-
ta y reconocido economista y ex secretario ejecutivo de la Comi-
sión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)− había
154 / Daniel Chávez y Lala Peñaranda
advertido que el Gobierno de Petro analizaría los 180 contratos exis-
tentes antes de decidir qué hacer a continuación. “Toda transición
energética que reduzca las exportaciones tendría que ser gradual y
priorizar la autosuficiencia del gas” (Daniels, 20 de noviembre de
2022), declaró Ocampo al Financial Times.
El presente capítulo se centra en Colombia como un caso de estu-
dio pertinente para una agenda de investigación más amplia. Abor-
da el papel del Estado en la transición energética en relación con el
sistema económico y financiero mundial, así como la importancia
de las empresas nacionales de petróleo y gas en los debates actuales
sobre soberanía energética en el contexto del cambio climático. La
primera sección analiza la importancia actual de la producción de
hidrocarburos y las perspectivas de las empresas de gestión estatal
en América Latina y el mundo. El capítulo luego pasa a analizar los
problemas y las tensiones en torno a las discusiones sobre la trans-
formación de Ecopetrol y culmina en una síntesis de las discusiones
de política y en materia de políticas que se están dando en Colom-
bia y que podrían ser importantes para la investigación y las campa-
ñas futuras en otros países de América Latina y el mundo.
La pertinencia y la transformación de las empresas petroleras
administradas por el Estado
En los meses anteriores a la COP sobre cambio climático de 2022,
el semanario político y empresarial The Economist (25 de julio de
2022) publicó un artículo titulado: “State-run oil giants will make
or break the energy transition”. Las empresas nacionales de petróleo
y gas poseen en conjunto el 66 % del petróleo y el 58 % del gas del
mundo (International Energy Agency [IEA], 2020) y proporcionan
alrededor del 40 % del capital invertido en estos sectores (Manley
y Heller, 2021). El título aludía al historial deficiente de descarbo-
nización de las empresas estatales. No obstante, The Economist reco-
noció que Ecopetrol contrarrestó esta tendencia y que la empresa
Empresas petroleras administradas por el Estado y la transición energética / 155
colombiana “participa en proyectos de energía eólica y solar, y re-
cientemente adquirió una empresa de transmisión de electricidad”.
La resiliencia y el enorme poder económico y político de la in-
dustria de petróleo y gas han sido el foco de muchas publicaciones
periodísticas y académicas recientes. Un artículo de la revista Nature
demuestra cómo el gasto en clima sigue siendo insuficiente, mien-
tras que nueve de las mayores empresas petroleras obtuvieron ga-
nancias por 457.000 millones de dólares en 2022 (Sanderson, 15 de
mayo de 2023), el equivalente a una sexta parte de la inversión anual
necesaria para cumplir los compromisos climáticos de los gobier-
nos. Tres de estas nueve empresas son de propiedad o control estatal
(Aramco, de Arabia Saudita; Equinor, de Noruega, y PetroChina, de
China) y seis son principalmente propiedad de accionistas privados
(ExxonMobil, Shell, BP, Chevron, TotalEnergies y ConocoPhillips).
Ecopetrol y otras empresas públicas operan en un contexto re-
gional en el cual la producción de hidrocarburos atraviesa trans-
formaciones rápidas y profundas. Según evaluaciones recientes, la
extracción de petróleo y gas en América Latina y el Caribe ha ex-
perimentado cambios “tectónicos” y “probablemente irreversibles”
en los últimos diez años (Cárdenas y Rivera Rivota, 21 de febrero
de 2023). La producción cayó de 10,4 millones de barriles de petró-
leo al día (mb/d) en 2010 a 7,8 millones en 2022; el porcentaje de
la región en el mercado mundial cayó de 12 % a 9 % en el mismo
período, y los dos países tradicionalmente exportadores de hidro-
carburos, México y Venezuela, muestran señales de declive en sus
industrias petroleras (bp, 2022). Brasil se ha reposicionado como el
octavo mayor productor de petróleo del mundo. Guyana, un país
pequeño y poco poblado, actualmente desafía la supremacía de los
productores tradicionales de la región y se ha convertido en una de
las economías de crecimiento más rápido del mundo. Argentina,
Colombia y Ecuador afrontan un estancamiento o disminución de
su producción petrolera.
Como se mencionará en más detalle a continuación, la propie-
dad mayoritaria del Estado de las acciones de Ecopetrol es un factor
156 / Daniel Chávez y Lala Peñaranda
determinante en las perspectivas de transformación de la empresa
colombiana. En la región resurgió el fantasma de la privatización de
la industria del petróleo y la energía cuando el presidente reciente-
mente electo de Argentina, Javier Milei, un libertario de ultradere-
cha, propuso la privatización de cuarenta y un empresas públicas,
incluidas centrales de energía nuclear, la agencia de infraestructura
energética e YPF, la empresa nacional de petróleo. En enero de 2024,
ante una fuerte oposición social y política, Milei se vio obligado a
dar marcha atrás en sus planes de privatización del petróleo y el gas
(Kennedy, 22 de enero de 2024).
Independientemente de su estructura de propiedad, las empre-
sas de petróleo y gas determinan en gran medida las emisiones mun-
diales y el acceso a la energía. Por su parte, las empresas privadas son
menos responsables que las empresas nacionales de petróleo y gas,
y resultan mucho más difíciles de transformar. Las empresas trans-
nacionales privadas que están activas en el sector del petróleo y el
gas han sido propulsadas por un sistema complejo de subsidios gu-
bernamentales nacionales e internacionales que asegura la privati-
zación de los beneficios de la producción de gas y petróleo, mientras
socializa sus costos económicos, ambientales y sociales. Como han
sostenido dos activistas y académicos:
La propiedad pública en sí misma no garantiza que reemplazaremos
por completo el gas y el petróleo con energía renovable a tiempo para
impedir los peores impactos de la crisis climática […], pero no promo-
vemos la propiedad pública porque se trate de una solución mágica,
sino que la promovemos porque es nuestra única oportunidad. Las
matemáticas de las ganancias son tan claras como las del clima: las
empresas existen para generar lucro y enriquecer a sus accionistas, y
para ello deben crear su producto. El activismo de los accionistas solo
puede enlentecer o atenuar el ritmo en el cual las empresas persiguen
este mandato básico. “Las soluciones basadas en el mercado” en este
caso son una contradicción: el mercado es el problema (Bozuwa y Tái-
wò, 7 de junio de 2021).
Empresas petroleras administradas por el Estado y la transición energética / 157
Los mismos analistas afirman que la propiedad pública posi-
bilitaría “desmantelar una industria recalcitrante a tiempo para
impedir el desastre climático” y ofrecería “una oportunidad para
construir algo mejor en su lugar”. Desde un punto de vista simi-
lar y en oposición a la afirmación de que las empresas nacionales
de gas y petróleo naturalmente impiden la transición energética
justa, un creciente número de sindicatos, organizaciones ambien-
talistas y centros de investigación señalan que la causa profunda de
la tendencia mundial de expansión energética es la consecución de
crecimiento infinito y acumulación capitalista, y no la transición
(Sweeney, Chavez y Treat, 2022). En cambio, el enfoque público al-
ternativo identifica a empresas estatales o controladas por el Esta-
do como actores estratégicos en limitar el cambio climático y evitar
sus peores impactos (Trade Unions for Energy Democracy [TUED],
2023).
La reinvención de Ecopetrol como empresa de energía
En los años veinte, la empresa estadounidense Tropical Oil
Company (Troco) obtuvo el derecho de explotar petróleo en
Colombia tras asumir el control de la mal reputada Concesión de
Mares. La empresa privada dominaba la exploración, producción,
refinación, transporte, distribución nacional y exportación de pe-
tróleo en el país durante la primera mitad del siglo xx. Tras decenios
de debates políticos y luchas sindicalistas para exigir la nacionaliza-
ción del sector de los hidrocarburos, la reversión de la Concesión de
Mares al Estado colombiano dio lugar a la fundación de la Empresa
Colombiana de Petróleos, Ecopetrol (Ecopetrol, 30 de abril de 2020).
En 1961, Ecopetrol adquirió la refinería de Barrancabermeja y,
trece años más tarde, compró la refinería Cartagena (actualmente
la primera y segunda refinerías del país, respectivamente). En 1970,
Ecopetrol adoptó su primer estatuto orgánico, que ratificó su carác-
ter de empresa completamente estatal vinculada al Ministerio de
158 / Daniel Chávez y Lala Peñaranda
Minas y Energía. A partir de septiembre de 1983 Ecopetrol aumentó
la escala de su producción de petróleo tras el descubrimiento de
Caño Limón, un yacimiento con reservas estimadas en 1100 millo-
nes de barriles.
En 1986, Colombia se convirtió nuevamente en exportadora de
petróleo y amplió su autosuficiencia en los años noventa, tras el
descubrimiento de los yacimientos Cusiana y Cupiagua.
La producción de petróleo en Colombia alcanzó su punto máxi-
mo en 2014, con 1040 kb/d1 y durante los últimos diez años ha des-
cendido a pesar de nuevos y prometedores descubrimientos cerca
de la costa (Cárdenas y Rivera Rivota, 21 de febrero de 2023), que
llevará mucho tiempo desarrollar. A pesar de la disminución de la
producción, el petróleo, el gas y la minería representan más de la
mitad de las exportaciones del país. Ecopetrol es la cuarta empresa
petrolera más grande de América Latina y la principal exportadora
de Colombia. Representa alrededor del 30 % de las exportaciones
del país y brinda una fuente vital de ganancias de divisas extranjeras
a una economía afectada por constantes déficits fiscales y por cuenta
corriente. Los planes de inversión de la empresa en 2024 oscilan en-
tre los 5700 millones y los 6700 millones de dólares, aumentando la
producción a 730 kb/d y operando 360 pozos de desarrollo y quince
pozos exploratorios.
La importancia de Ecopetrol en la economía colombiana
La verdadera importancia de Ecopetrol y el perfil general de
Colombia como país dependiente del extractivismo queda en evi-
dencia a partir de sus datos de exportación. Más de la mitad de las
ventas extranjeras del país están en manos de dieciséis empresas, la
mayoría de las cuales operan en los sectores de hidrocarburos y mi-
nería (Sánchez, 24 de junio de 2023). Las diez principales empresas
están encabezadas por Ecopetrol, seguidas de las empresas mineras
1
kb/d se utiliza como abreviatura de miles de barriles por día.
Empresas petroleras administradas por el Estado y la transición energética / 159
Drummond y Carbones del Cerrejón (ambas productoras de car-
bón). Seis de las siete restantes operan en las industrias extractivas:
Cerrejón Zona Norte (carbón), Trafigura Petroleum (petróleo),
Frontera Energy (petróleo), Reficar (petroquímicos), Cerro Matoso
(níquel) y Terpel (petroquímicos). A pesar de la reputación de
Colombia como un país productor de café, la Federación Nacional
de Cafeteros ocupa el octavo lugar.
Ecopetrol representa alrededor del 65 % del petróleo del país y
el 80 % de su producción de gas; el 60 % de los barriles de petróleo
extraídos son producidos por la empresa estatal, y las refinerías de
Reficar y Barrancabermeja son abastecidas por la empresa nacional
de gas y petróleo. Habida cuenta de su importancia en la economía
nacional −alrededor de cien mil puestos de trabajo dependen de
Ecopetrol− y de que la empresa representa más del 6 % del PIB, el
principal sindicato de trabajadores petroleros ha expresado preocu-
pación sobre las perspectivas a largo plazo de la industria si se regis-
tra una disminución de la producción de gas y petróleo:
Resulta imperativo mantener la producción de petróleo y gas para ga-
rantizar el suministro a refinerías para producir diésel y gasolina para
el mercado nacional. Reducir considerablemente las inversiones en la
producción y exploración pondría en peligro la continuidad de Eco-
petrol, aumentaría el riesgo de escasez y socavaría la seguridad ener-
gética nacional. El país cuenta actualmente con reservas de petróleo
por 7,1 años y reservas de gas por 7,5 años. Por lo tanto, cualquier
disminución de las inversiones para sostener la producción acortaría
este lapso de tiempo (Unión Sindical Obrera [USO], 23 de octubre de
2023).
¿Una transición fuera del petróleo?
Las aparentes contradicciones en el discurso de los funciona-
rios gubernamentales de Colombia, los directivos de Ecopetrol
y los sindicalistas con respecto a la velocidad y la ambición de la
160 / Daniel Chávez y Lala Peñaranda
descarbonización reflejan la complejidad de la transición propues-
ta. Los sindicatos colombianos tienen una larga tradición de debate
interno y la coalición actual del Gobierno abarca diversos partidos
políticos, por lo que necesitan tiempo para llegar a una posición
relativamente coherente. No obstante, las fuerzas progresistas co-
lombianas parecen estar de acuerdo en el modo de alejarse de los
combustibles fósiles, que puede resumirse con los siguientes puntos.
1) se mantendrán los contratos de exploración vigentes; 2) conti-
nuará la explotación de los yacimientos comprobados; 3) no se otor-
garán nuevos contratos de exploración; 4) Ecopetrol diversificará
su cartera para incluir tecnologías de bajas emisiones y fuentes de
energía renovable. Y más recientemente, 5) Colombia podría necesi-
tar importar de Venezuela, un país vecino, para asegurar su suficien-
cia energética durante la transición.
Los planes del Gobierno de transformar Ecopetrol en una em-
presa que abandone la extracción de hidrocarburos han suscitado
la preocupación de los trabajadores petroleros. La Unión Sindical
Obrera (USO) tiene una cultura interna rica y dinámica de debate
político en sus diversas corrientes ideológicas y varía de posiciones y
enfoques con respecto a la transición energética justa. Los afiliados a
la USO votaron abrumadoramente a Petro y Francia, y se organiza-
ron para garantizar su victoria. A pesar de ello, los sindicalistas han
expresado preocupación sobre el ritmo de la transición propuesta
y la cancelación de nuevos contratos de exploración, al afirmar que
Ecopetrol podría correr el riesgo de desinversión y el país podría
quedar expuesto a la dependencia energética. En una declaración de
octubre de 2023, el sindicato comentó sobre los recortes propuestos
por Ecopetrol:
Las recientes decisiones de las Vicepresidencias Ejecutivas […] de Eco-
petrol, de recortar el presupuesto de inversión […] ponen en riesgo
la continuidad del negocio principal. […] Esta decisión además tie-
ne una fuerte incidencia en las finanzas públicas porque Ecopetrol
aporta en promedio $20 billones anuales para el financiamiento del
Empresas petroleras administradas por el Estado y la transición energética / 161
Estado entre dividendos, impuestos y regalías que paga a la nación.
[…] Así las cosas, en el año 2026 estaremos produciendo 472 mil ba-
rriles diarios que solamente permitirá mantener las cargas de las dos
refinerías y no tendremos ingresos por exportaciones. La reducción de
las inversiones de Ecopetrol traerá como consecuencia la contracción
del sector petrolero en general dado que otras compañías del sector
tienen como insumo principal para sus presupuestos el valor de las
inversiones que ejecuta Ecopetrol. Si esta declina, cae la inversión en
el sector causando un efecto dominó (USO, 23 de octubre de 2023).
En respuesta a las preocupaciones del sindicato y las críticas de los
círculos políticos y empresariales, el actual presidente de Ecopetrol,
Ricardo Roa, ha reiterado que el futuro de la empresa no se verá
afectado por los planes de transición energética anunciados por el
Gobierno. “Nunca hemos dicho que vamos a terminar el negocio
tradicional” (Griffin, 24 de octubre de 2023), afirmó Roa en un re-
ciente foro de negocios. “La industria del petróleo y gas en Colombia
no desaparecerá”, añadió, y explicó que invertir fondos derivados
de la extracción de combustibles fósiles sería clave para financiar la
transición hacia la energía renovable. El actual ministro de Minas y
Energía, Andrés Camacho, dio una respuesta similar en una entre-
vista a un periódico español, en la que se le preguntó si el ministerio
aprobaría más contratos para la exploración de petróleo y carbón:
Tenemos una política de desarrollar la exploración energética en clave
de transición energética. No es que no vayamos a hacer más, sino que
estamos dando pasos a nuevos contratos de explotación de geotermia,
hidrógeno blanco y otro tipo de energéticos. Vamos a ir desarrollando
nuevos contratos en clave de transición. Desde el primer día que lle-
gué lo mencioné: la transición es con los hidrocarburos. […] Vamos
a tener un tiempo en el que vamos a necesitarlos, incluso en los hori-
zontes 2040, 2050. Si no hay sustitutos para la industria petroquímica
vamos a seguir requiriendo hidrocarburos. La idea es que la depen-
dencia vaya disminuyendo (Quesada, 26 de septiembre de 2023).
162 / Daniel Chávez y Lala Peñaranda
El reto de diversificar Ecopetrol
Dos años antes de que Petro y Francia asumieran el gobierno,
Ecopetrol ya había publicitado un plan de descarbonización para
alcanzar emisiones de gases de efecto invernadero cero neto para
2050, que incluía medidas concretas para abandonar el uso de pe-
tróleo y gas. El tiempo se acaba: Colombia solo tiene suministros
de hidrocarburos por 7,5 años más. Si Ecopetrol u otras empresas
que operan en el país no desarrollan un nuevo yacimiento antes de
ese periodo, el país tendrá que importar petróleo para satisfacer sus
necesidades. Según las proyecciones de oferta y demanda de energía
para 2050, Colombia seguirá necesitando gas, gasolina y diésel, por
lo que si Ecopetrol no puede satisfacer las demandas del mercado
interno, deberá importar de los países del golfo Pérsico o de otras
partes del mundo donde se sigan extrayendo combustibles fósiles.
Más del 40 % de los gastos que Ecopetrol tiene planificados para
2024 están relacionados con la transición energética (Reuters, 1 de
diciembre de 2023). Los planes de negocios de la empresa destacan
el objetivo de diversificar las actividades para ampliar el sector de la
energía (Ecopetrol, 2022), al expandirse a ámbitos diferentes de los
hidrocarburos. Los gastos de capital previstos (CAPEX), que son un
buen indicador del verdadero compromiso con la diversificación,
incluyen inversiones concretas en ISA, una empresa colombiana ac-
tiva en la transmisión de electricidad, carreteras y telecomunicacio-
nes en América Latina, que Ecopetrol adquirió en agosto de 2021,
y por la cual pagó 3580 millones de dólares por el 51,4 % de las
acciones (Reuters, 11 de agosto de 2021). Según analistas financieros:
La decisión de comprar acciones de ISA se dio en un momento en que
los planes estratégicos oficiales de Ecopetrol no incluían los CAPEX
de diversificar la producción energética, más allá de la producción de
petróleo y el gas. La compra fue una respuesta a las oportunidades de
mercado específicas fuera del petróleo y del gas, donde se evalúan las
nuevas oportunidades de negocios caso a caso. Al adoptar esta medi-
da, Ecopetrol demostró su fuerte liderazgo como empresa nacional
Empresas petroleras administradas por el Estado y la transición energética / 163
de petróleo y gas de América Latina en cuanto a las estrategias para
diversificar sus actividades principales (Strambo y Arond, 23 de no-
viembre de 2023).
El papel más amplio de Ecopetrol en el sector de la energía sería
crucial, dado que aunque se lleven a cabo planes más ambiciosos
para la descarbonización de la generación de energía, el país proba-
blemente seguirá dependiendo de los combustibles fósiles durante
decenios para satisfacer la demanda de electricidad. Un académico
de la Universidad Javeriana sostiene que:
Para que Colombia logre electrificar, cumpliendo las metas de una
transición energética justa, debe llevar una capacidad instalada de 120
gigavatios. El país está llegando en este momento a 20 gigavatios de ca-
pacidad instalada. Por eso la estrategia de reducir de manera relevante
la participación de los fósiles en la matriz no se puede hacer de un
momento a otro. Los fósiles deben apalancar esa transición (Sánchez,
3 de diciembre de 2023).
Un estudio reciente sobre los retos de la transición en Colombia
concluye que la demanda total de electricidad en 2021 fue de
67 TWh (teravatios hora) (Thema y Roa García, 2023). Si todos los
combustibles fósiles fueran reemplazados por electricidad de aquí
a 2036, el consumo de electricidad aumentaría otros 160 TWh. En
un escenario en el que el sector del transporte se abastece exclu-
sivamente de biocombustibles, la demanda de electricidad sería
73 TWh inferior, pero la producción de biocombustible a esa escala
no es para nada realista y puede tener costos sociales y ambientales
negativos.
El Gobierno colombiano ha publicitado la “Hoja de Ruta de la
Transición Energética Justa” (Ministerio de Minas y Energía, 2023). Este
documento sistematiza un proceso nacional de consulta ciudadana
en el cual se acordó que la transformación del sistema energético
de Colombia debería basarse en cuatro principios: equidad; gradua-
lidad, soberanía y confiabilidad; participación social vinculante,
164 / Daniel Chávez y Lala Peñaranda
y una transición intensiva en conocimientos. En febrero de 2022,
Ecopetrol presentó su visión estratégica para 2040 y sus objetivos
operativos y financieros para 2022-2024. El plan de largo plazo, “Es-
trategia 2040: Energía que transforma”, está destinado a responder
de manera amplia a los retos actuales ambientales, sociales y de go-
bernanza (Ecopetrol, 2022). Un año y medio más tarde, la empresa
actualizó ese plan y proclamó su objetivo de convertirse en “líder
en América de la diversificación de energía”, invirtiendo en “hidro-
carburos, soluciones de bajas emisiones y transmisión, carreteras y
telecomunicaciones”. Además, reiteró su voluntad de contribuir a
una transición energética justa y su “compromiso con la seguridad
energética, el medio ambiente y la contribución a la sociedad”.
En noviembre de 2022, Ecopetrol confirmó la suspensión de sus
proyectos de fracturación hidráulica y la cancelación de los acuer-
dos con Exxon Mobil. Tras años de intensos debates internos, los
miembros de la USO llegaron a un acuerdo en una votación de la
Asamblea Nacional de Delegados celebrada en 2019 (con setenta y
siete votos a favor, cinco en contra y veintidós abstenciones) para re-
chazar el uso de la fracturación hidráulica y exigir que el Gobierno
acelerara la transición de Ecopetrol para convertirse en una empre-
sa de energía centrada en las energías renovables. La suspensión de
la fracturación hidráulica ha sido una promesa de campaña de la
coalición de izquierda Pacto Histórico y una demanda principal de
los activistas sociales y ambientales durante el paro nacional: una
serie de protestas que sacudieron a Colombia en la primera mitad
de 2021 y que incluyeron manifestaciones callejeras multitudina-
rias contra la violencia policial, la corrupción y los recortes a los ser-
vicios de salud y otros servicios públicos propuestos por el entonces
presidente de derecha Iván Duque.
En el contexto de su Estrategia 2040, la empresa tiene un plan
ambicioso de producir hidrógeno “verde”, amoníaco “verde” y me-
tanol, que se prevé generará ganancias de entre 20.000 millones y
25.000 millones de dólares de aquí a 2040. En septiembre de 2023, el
presidente de Ecopetrol anunció que de aquí a 2030 incorporarían
Empresas petroleras administradas por el Estado y la transición energética / 165
alrededor de 1900 megavatios de fuentes de energía renovable no
convencional y para 2050 de 3 a 5 nuevos gigavatios de energía re-
novable. Esa es la meta y aspiración de Ecopetrol en la transición
energética (Campos y Acosta, 12 de septiembre de 2023).
No obstante, para que Ecopetrol pueda ampliarse al sector de la
electricidad, deberá cambiar de marco jurídico. El Plan Nacional de
Desarrollo 2022-2025 aprobado a comienzos del actual Gobierno
establece las bases para que Ecopetrol se convierta en una empresa
de energía integral, mediante la derogación de artículos clave de
legislación anterior a través de los cuales se obligaba a la desagrega-
ción de la empresa y se evitaba el funcionamiento de empresas de
energía de integración vertical.
Los retos de la democratización
La referencia a Ecopetrol como empresa administrada por el Estado,
pero que no es propiedad del Estado, en el título del presente capítu-
lo, no es fortuita. Durante cuarenta años, diversos Gobiernos han
intentado privatizar y debilitar a Ecopetrol y a otras empresas pú-
blicas, en detrimento del desarrollo económico y social y la sobera-
nía nacional. Las políticas de saqueo se volvieron más intensas en
los años noventa, con varias olas de liberalización económica que
agravaron las desigualdades sociales y la continuación del conflicto
armado, pero las luchas de los trabajadores impidieron la privatiza-
ción de Ecopetrol (Escobar, 3 de agosto de 2020).
Desde mediados de los años sesenta, Colombia ha atravesado
una denominada “guerra asimétrica de baja intensidad”, en la cual
las fuerzas armadas del país, las guerrillas de izquierda, los grupos
paramilitares de extrema derecha y el crimen organizado estuvie-
ron directamente involucrados, y el Gobierno de Estados Unidos
y grandes empresas colombianas y transnacionales participaron en
forma más o menos encubierta. En ese contexto, el distanciamiento
de las políticas de Ecopetrol de las necesidades sociales de las clases
trabajadoras provocó la militarización de la empresa y su control se
166 / Daniel Chávez y Lala Peñaranda
disputó entre diferentes sectores de la clase dominante colombiana.
Los vínculos entre la empresa y las actividades paramilitares de ex-
trema derecha, incluido el asesinato de sindicalistas y activistas loca-
les, han sido denunciados en diversas partes de Colombia (Becerra
Ostos, 2009), en particular en la municipalidad de Barrancaberme-
ja, en el departamento de Santander, donde se encuentra el mayor
centro de refino y producción de petroquímicos del país (Bonilla
Mora, 24 de noviembre de 2023).
Los conflictos internos por el control de Ecopetrol provocaron
una serie de cambios en la propiedad y gestión de la empresa en
los últimos treinta años. Antes de 2000, Ecopetrol era una empresa
industrial y comercial del Estado. En junio de 2003, el Gobierno de-
rechista de Álvaro Uribe decidió convertirla en una empresa que co-
tiza en la bolsa: hasta 2007, cuando se convirtió en una empresa de
economía mixta y pasó a llamarse Grupo Empresarial Ecopetrol. La
modificación de la estructura de propiedad y gestión de la empresa
también significó un cambio regulatorio: Ecopetrol dejó de ejercer
sus funciones como organismo del Estado que administraba el sec-
tor petrolero, una función que fue transferida a la nueva Agencia
Nacional de Hidrocarburos. Además, estos cambios implicaron que
Ecopetrol pasó de ser una empresa pública de propiedad y adminis-
tración exclusivamente estatales a ser una empresa privada contro-
lada por el Estado. En enero de 2023, un economista colombiano
caracterizó la privatización de Ecopetrol de la siguiente manera:
Ecopetrol y las entidades de Bogotá están privatizadas en los hechos,
sin que se hayan vendido las acciones que allí poseen el Gobierno na-
cional y el distrito capital. Es la mejor forma de privatizar; […] como
presidentes de las juntas directivas se nombran a privados. […] los pri-
vados manejan empresas estatales sin aportar un solo peso, y las admi-
nistran según sus criterios personales y los intereses que representan
[…] siguiendo las normas de OCDE, […] lo que llaman la gobernanza
corporativa significa para esta institución superneoliberal que el Esta-
do no la maneje sino privados (Otero, 31 de enero de 2023).
Empresas petroleras administradas por el Estado y la transición energética / 167
Durante algunos años se ha suscitado una discusión recurrente so-
bre la reforma de los estatutos de la empresa. El Estado colombiano
controla el 88 % de las acciones y, por lo tanto, tiene la facultad de
presentar una lista de candidatos para los nueve miembros de su
junta directiva a través del Ministerio de Hacienda. Habida cuenta
de que Ecopetrol está registrada en la bolsa de valores de Nueva
York, tales nombramientos deben cumplir los criterios estrictos
establecidos por la Comisión del Mercado de Valores de Estados
Unidos. Poco después de haber asumido, el Gobierno de Petro con-
templó una opción, criticada en círculos empresariales y políticos,
que consistía en añadir un puesto para un representante sindical
en la junta directiva de Ecopetrol. Contar con un representante del
sindicato en la junta directiva de Ecopetrol ha sido una demanda de
la USO durante mucho tiempo. El presidente del sindicato, César
Loza, dijo al periódico El País de Madrid a finales de 2023:
Ya hay una asamblea extraordinaria convocada por el accionista ma-
yoritario para hacer unas modificaciones a la junta para que haya una
mayor participación de mujeres y, probablemente, para que se dé la
llegada del compañero Edwin Palma, viceministro de Trabajo [y sindi-
calista y ex presidente de la USO] (Sánchez, 3 de diciembre de 2023).
Si bien la inclusión de Palma sería bienvenida, los afiliados de la
USO que entrevistamos subrayaron que Palma es un funcionario
del Gobierno actual, por lo que esta medida no cumpliría su recla-
mo de incluir a un miembro activo del sindicato en la junta directi-
va de Ecopetrol.
Conclusión
La transición energética de Colombia tiene varias características sin-
gulares. El presidente del país es un exguerrillero y ambientalista
que fundamenta sus posiciones en la ciencia del cambio climáti-
co y señala las limitaciones del capitalismo para cumplir las metas
168 / Daniel Chávez y Lala Peñaranda
climáticas. La empresa nacional de petróleo ha comenzado a llevar
a cabo una transformación drástica de sus operaciones y misión,
con un pie en la bolsa de valores de Nueva York y otro firmemente
anclado en el camino hacia una transición justa. Los sindicatos y
las organizaciones ambientalistas están deseando tener un mayor
poder de decisión en la transición. Sus propuestas y reclamos coinci-
den en algunos aspectos y divergen en otros.
Al igual que la mayoría de las empresas nacionales de petróleo y
gas, Ecopetrol afronta enormes desafíos, habida cuenta de su papel
central en brindar recursos vitales que el Gobierno necesita para
financiar los servicios públicos y una transición justa, lograr seguri-
dad energética y mantener o generar cientos de miles de empleos.
El compromiso para transformar y diversificar operaciones para
que Ecopetrol pueda convertirse en una empresa de energía inte-
grada no tiene precedentes en el mundo. No obstante, el adjetivo
“justa” que antecede a la caracterización de la transición anunciada
en la Estrategia 2024 de la empresa no refleja de manera cabal su
alcance y contenido. El compromiso se refleja principalmente en
los planes anunciados de ampliar el acceso a servicios de energía
como prioridad de la empresa subsidiaria ISA. Los documentos ofi-
ciales no especifican exactamente cómo se integrará la transforma-
ción de Ecopetrol en el marco de la “Hoja de Ruta de la Transición
Energética Justa” del Ministerio de Minas y Energía, especialmente
en cuanto a la distribución de los costos y beneficios de la transi-
ción energética y los efectos en los trabajadores y las comunidades
locales.
Fuera de Colombia, el camino que Ecopetrol debería emprender
parece evidente y fácil de seguir: acelerar su transición para aban-
donar los combustibles fósiles, diversificar las fuentes de energía y
beneficiarse “de mayor resiliencia y menor vulnerabilidad a las pre-
siones externas e internas, como la volatilidad del precio del petróleo
y el gas, las interrupciones en el suministro, los desastres ambienta-
les y la presión de los inversores” (Strambo y Arond, 23 de noviem-
bre de 2023). No obstante, nuestras entrevistas con representantes
Empresas petroleras administradas por el Estado y la transición energética / 169
de órganos gubernamentales, sindicatos, organizaciones ambien-
talistas y centros de investigación en Colombia demuestran que el
camino es mucho más pedregoso, estrecho y empinado de lo que
parece, por varios motivos.
Las empresas nacionales de gas y petróleo son fundamentales
en la transición energética debido a que son algunas de las mayores
productoras de petróleo del mundo y en ocasiones las empresas más
grandes a nivel nacional. Investigadores, sindicalistas y organizacio-
nes ambientalistas deben profundizar y ampliar sus intercambios
sobre el papel del Estado y el significado y las perspectivas futuras
de la vía pública en el sector energético.
A Colombia le quedan muy pocos años de suficiencia energé-
tica y depende de los combustibles fósiles para sus exportaciones
y presupuesto público. Este es uno de los principales retos a las
ambiciones de descarbonización del país. La capacidad actual de
electrificación dista mucho de satisfacer las necesidades futuras. La
transición energética requiere voluntad política además de recursos
financieros. Colombia ha demostrado tener la capacidad de generar
energía solar, eólica, marina y geotérmica (Vega Araújo y Muñoz
Cabré, 2023), pero sin recursos la transición energética no es viable.
Los aproximadamente 8000 millones de dólares que Ecopetrol con-
tribuye cada año a las arcas del Estado no pueden pasarse por alto
(Corficolombiana, 2023).
A pesar de las tensiones y el discurso oficial contradictorio sobre
la dirección actual de la transición energética, se han logrado avan-
ces importantes, como el compromiso de detener nuevos contratos
de exploración de petróleo y gas, el comienzo de la diversificación
de la cartera de Ecopetrol, la decisión de poner fin a la fracturación
hidráulica y los crecientes debates sobre la democratización de la
junta directiva de Ecopetrol.
Una mayor democratización implicará lidiar con el legado del
conflicto armado de Colombia y los antiguos vínculos entre la extre-
ma derecha y Ecopetrol y la represión autoritaria, dirigida en forma
desproporcionada contra trabajadores petroleros.
170 / Daniel Chávez y Lala Peñaranda
La experiencia colombiana demuestra de qué modo puede lle-
varse a cabo una transición energética justa a nivel nacional si existe
articulación entre los planes nacionales y las estrategias mundiales.
Para los países del sur global, la descarbonización del sistema ener-
gético es un desafío enorme. En América Latina es posible trans-
formar la matriz energética si existe voluntad política fundada en
empresas de energía de propiedad estatal que impulsen la transi-
ción, como es el caso de Uruguay, que ha emprendido una rápida y
considerable transición hacia la generación de energía renovable en
los últimos diez años (Meadows, 27 de diciembre de 2023). También
sería posible concebir planes para exportar otro tipo de combusti-
bles −por ejemplo, hidrógeno verde, como propone Ecopetrol (Roa
Barragán, 16 de enero de 2024)−, pero solamente si las potenciales
fuentes de energía renovable y su demanda son de magnitud consi-
derable. En todo caso, la reestructuración de la industria petrolera
es muy compleja y depende de que se lleve a cabo una transforma-
ción considerable de las estructuras y relaciones financieras y del
comercio internacional. El presidente de Colombia propuso en Da-
vos canjear deuda externa por el compromiso de dejar el petróleo
en el suelo. En ese sentido, cabe recordar que una propuesta similar
realizada por el país vecino, Ecuador, durante el Gobierno de Rafael
Correa no suscitó la reacción esperada de la “comunidad internacio-
nal” y se utilizó para justificar una expansión polémica de la explo-
ración petrolera (Laastad, 2023).
Los hidrocarburos han determinado durante mucho tiempo las
estructuras económica, política y social de Colombia y han gene-
rado crecimiento económico en el último decenio, representando
alrededor de la mitad de sus ganancias de exportación. En este con-
texto, Gustavo Petro ha reposicionado la justicia climática en el cen-
tro de su agenda política, junto con la lucha contra la pobreza y la
desigualdad. Más allá del resultado del debate actual sobre el futuro
de los combustibles fósiles en Colombia, este tendrá un efecto pro-
fundo en la razón de ser de Ecopetrol y en la identidad del país.
Empresas petroleras administradas por el Estado y la transición energética / 171
Es imposible concebir una transformación de la extracción de
petróleo o la diversificación de Ecopetrol y de otras empresas nacio-
nales de petróleo y gas del mundo sin que los trabajadores asuman
un papel importante en la transición, basado en las experiencias y
los conocimientos desarrollados durante más de un siglo. En este
contexto, los trabajadores de la USO han declarado explícitamente
su aspiración de que Ecopetrol lidere la transición para abandonar
los combustibles fósiles (Semana, 29 de mayo de 2023). Han reafir-
mado su interés en recapacitarse y utilizar las competencias que
han adquirido en las plataformas petroleras para construir y operar
centrales de energía renovable. Pero también advierten que los pla-
nes del Gobierno deben evitar una crisis de suministro y asegurar
el flujo de ingresos que el país no puede rechazar de la noche a la
mañana, especialmente cuando ya está claro que las reservas de gas
y petróleo se agotarán en menos de diez años.
El Gobierno de Gustavo Petro y Francia Márquez está intenta-
do demostrar al mundo que es posible gestionar el declive y la re-
estructuración de las empresas petroleras para el beneficio social.
Colombia ha propuesto un “Plan Marshall” mundial para combatir
el cambio climático (Reuters, 22 de junio de 2023) y ha señalado que
gravar las transacciones financieras podría ser una forma de obtener
algunos de los recursos que se necesitan urgentemente. Los canjes
de deuda por la acción climática, como propuso Petro en Davos −y
como había sugerido anteriormente el Pacto Social Del Sur (Pacto
Ecosocial del Sur, 16 de junio de 2020) y se había discutido en las
dos últimas COP sobre cambio climático después de que la primera
ministra de Barbados presentara la Iniciativa Bridgetown para rees-
tructurar la arquitectura financiera mundial (Feminist Action Ne-
xus, 2023)− podrían ayudar a los países dependientes del petróleo
a desarrollar fuentes de energía menos destructivas y seguir finan-
ciando políticas y programas sociales. En este contexto, hay una ne-
cesidad urgente de ampliar y profundizar la discusión sobre cómo
reivindicar y transformar a Ecopetrol y a otras empresas nacionales
de petróleo y gas en diferentes regiones del mundo.
172 / Daniel Chávez y Lala Peñaranda
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Empresas petroleras administradas por el Estado y la transición energética / 177
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178 / Daniel Chávez y Lala Peñaranda
Revolucionando
un mundo en crisis
Transformaciones socioecológicas
y energías comunitarias
Tatiana Roa Avendaño
y Eliana Carolina Carrillo Rodríguez
Las transformaciones de la energía deben ir más allá del cambio
tecnológico para repensar nuestro modelo energético a fin de que
este refuerce el control comunitario, minimice el gasto, aumente
el acceso a alimentos sanos y agua limpia, y regenere nuestro me-
dio ambiente. En toda América Latina, muchas comunidades están
construyendo alternativas energéticas que allanan el camino para
una verdadera transformación.
Así como cambia el mundo,
Cosechar agua y energía…
Será lo más importante.
Pa’ mantener la autonomía (Salazar, 2023)
La energía suele analizarse en términos de sistemas o tecnología:
monopolios de energía privados, redes estatales, el uso de energías
renovables en lugar de combustibles fósiles. Sin embargo, se suele
pasar por alto la fuente de energía más importante: la que brinda
energía a las comunidades para visualizar y llevar a cabo nuevos
sistemas que no solo proporcionan energía a los hogares, sino que
además construyen comunidades saludables. Esta energía comuni-
taria ya está siendo desarrollada por numerosas comunidades cam-
pesinas, indígenas, afrodescendientes y urbanas en América Latina
y el Caribe. Estas iniciativas comunitarias, que suelen combinar co-
nocimientos y tecnologías ancestrales y modernos, han colocado
una vez más al sol, el viento y el agua al servicio de las personas.
Al hacerlo, cuestionan el discurso dominante sobre la transición
energética.
En nuestra labor como activistas e investigadoras, hemos co-
menzado a documentar estas experiencias en una Exhibición Vir-
tual de Experiencias Comunitarias de Transición Energética Justa.1
1
transicionenergeticajusta.org
Revolucionando un mundo en crisis / 181
Estos ejemplos no solo abarcan la producción de energía eléctrica,
sino que también intentan construir o consolidar la producción ali-
mentaria o la gestión del agua controladas por las comunidades,
sobre la base de relaciones recíprocas con la naturaleza y las perso-
nas, en lugar de relaciones extractivistas. Estas son esencialmente
propuestas para una transición energética justa. La exhibición, que
comenzó en 2020, ha logrado reunir más de cien experiencias comu-
nitarias que ilustran los esfuerzos de varios pueblos y comunidades
para enfrentar el modelo energético que ha privatizado la energía,
la ha concentrado en manos de unas pocas empresas trasnacionales
y ha distanciado a la población de la toma de decisiones en asuntos
fundamentales sobre la misma.
En el contexto actual, el debate sobre la transición energética ha
cobrado relevancia debido a las crisis climática, alimentaria, econó-
mica, de biodiversidad, de democracia y de agua, consideradas por
algunas personas como crisis civilizatoria. Estas crisis son en gran
medida resultado de un sistema económico que ha maximizado sus
ganancias y su crecimiento dependiendo de la quema de combusti-
bles fósiles. Los resultados de este enfoque han dejado en claro sus
devastadoras consecuencias sobre los territorios. Sin embargo, las
propuestas de transición energética a menudo se centran en enfo-
ques corporativos, que profundizan las desigualdades y dinámicas
coloniales entre el norte y el sur global, donde este último provee de
materias primas al primero, a expensas de devastar sus territorios y
vulnerar los derechos de los pueblos y comunidades. La promoción
de energías renovables a través de grandes megaproyectos y la explo-
tación de minerales requeridos para la transición y la producción de
hidrógeno se encuentran en el epicentro de los debates actuales y
mantienen la división internacional del trabajo.
Ante este escenario, surge la necesidad de explorar alternativas
dentro de las transiciones socioecológicas, que van más allá del
ámbito energético y buscan replantear nuestras relaciones con la
naturaleza. Aquí es donde entran en juego las experiencias men-
cionadas, que han acuñado el término de “energías comunitarias”.
182 / Tatiana Roa Avendaño y Eliana Carolina Carrillo Rodríguez
Estas emergen como propuestas esenciales y radicales, y desafían el
modelo extractivista al proponer una perspectiva más inclusiva, jus-
ta y sustentable. Estas iniciativas representan un replanteamiento
fundamental de nuestra relación con la energía, y abordan no solo
la electricidad, sino también aspectos cotidianos: la energía de nues-
tro cuerpo y músculos, el sol, el viento y el agua. Ampliar el espectro
de cómo entendemos la energía nos lleva a considerarla de manera
integral, como un derecho y un bien común.
A lo largo de este ensayo, exploramos algunos aspectos en torno
a las energías comunitarias en América Latina y el Caribe, centrán-
donos especialmente en Colombia, con el propósito de analizar su
potencial para enfrentar los desafíos contemporáneos y proponer
soluciones efectivas. De esta forma, durante el texto examinamos
ejemplos concretos de algunas de estas iniciativas y destacamos su
capacidad para integrar diversas fuentes de energía, promover la so-
beranía alimentaria y fortalecer a las comunidades locales. También
reflexionamos sobre el papel crucial de las mujeres en la construc-
ción y el mantenimiento de estas propuestas, así como los obstácu-
los y retos que enfrentan en su camino hacia un mundo más justo
y sostenible.
Energías comunitarias: ¿en dónde surge el concepto y en qué
consisten?
La gestación de alternativas energéticas desde una perspectiva co-
munitaria se inscribe en una historia que abarca varias décadas.
Desde finales del siglo xx, diversas comunidades se han visto con-
frontadas por proyectos extractivos y de infraestructura, como las
megarrepresas, que continuamente amenazan con destruir sus for-
mas de vida y territorios. Por ejemplo, en Santander, la construc-
ción del proyecto hidroeléctrico Sogamoso, de la canadiense Isagen,
erigido sobre el río del mismo nombre, resultó en la destrucción de
formas de vida ribereña. El muro impidió la migración de los peces
Revolucionando un mundo en crisis / 183
reofílicos, como el bocachico, que constituían la base de la econo-
mía local. Además, los caudales del río ahora dependen del pulso
energético, y las comunidades sufren con frecuencia inundaciones
que destruyen sus cultivos y ponen en riesgo su vida. Las mujeres
fueron unas de las más perjudicadas, al perder las actividades de
venta del pescado y las actividades de turismo local, mientras que
las jóvenes experimentaron el abuso y la violencia, incluyendo la
violencia sexual, durante la fase de construcción del proyecto.
Lo que sucedió en el Sogamoso no es un caso aislado, en otros
ríos también se vieron afectadas comunidades y territorios que si-
guen sin ser reconocidas como desplazadas del desarrollo y, en mu-
chos casos, no han recibido ninguna reparación. La crítica al modelo
energético, especialmente en lo referente a las megahidroeléctricas,
impulsó a Censat Agua Viva y a varios procesos de resistencia a las
represas en Colombia no solo a enfrentar el poder de las grandes
empresas energéticas, sino también a reflexionar sobre la relación
con la energía y a crear soluciones para alcanzar la autosuficiencia
y autonomía energética. De esta manera, gradualmente, un grupo
de organizaciones se unió para impulsar un proceso organizati-
vo2 y formativo que fortaleciera las capacidades en torno a temas
energéticos.
El propósito era abordar el debate energético, construir alterna-
tivas y enfrentar la crisis climática y socioambiental. Las propues-
tas que emergieron buscaban establecer nuevas relaciones con la
naturaleza, la energía y las tecnologías asociadas a esta. Las ideas
generadas en este proceso tienen raíces que se extienden más allá
del actual modelo capitalista y están conectadas con prácticas an-
cestrales y saberes tradicionales presentes en diversos territorios.
Este proceso se consolidó con la creación de la Escuela de Técnicas y
2
Organizativamente, este proceso dio lugar inicialmente a la red nacional de pueblos
afectados por hidroeléctricas, que posteriormente se transformó en el Movimiento
Nacional de Afectados por Represas, Ríos Vivos.
184 / Tatiana Roa Avendaño y Eliana Carolina Carrillo Rodríguez
Técnicos en Energías Comunitarias, los debates allí planteados fue-
ron dando forma al concepto de “energías comunitarias”.
Este concepto abarca un conjunto de saberes, prácticas y procesos
de cambio relacionados con la producción y el consumo de energía
y alimentos. Las energías comunitarias promueven una transfor-
mación en las relaciones de poder inherente al sistema energético,
replanteando las relaciones con la naturaleza y todas las formas de
vida, centrándose en el autoabastecimiento y la autonomía local y
generando nuevas prácticas y usos de la energía que evitan el de-
rroche y el despilfarro. Además, promueven la descentralización de
la generación de energía, abordan problemas como la escasez y la
contaminación del agua, la deforestación y la pérdida de biodiver-
sidad y fertilidad del suelo. También contribuyen a la reducción de
emisiones de gases de efecto invernadero y son esenciales para ga-
rantizar el acceso universal a la energía.
Cada una de estas propuestas surge de una realidad local, respon-
de a necesidades específicas y enfatiza que las transiciones socioe-
cológicas son factibles y ya están en marcha. Estas transiciones se
construyen a través de diversos procesos sociales que promueven la
autonomía y una vida digna, al tiempo que defienden los cuerpos y
territorios.3
La Exhibición Virtual de Experiencias Comunitarias
de Transición Energética Justa
Algunas de las propuestas que conceptualizamos como energías
comunitarias pueden ser consultadas en la Exhibición Virtual de
Experiencias Comunitarias de Transición Energética Justa. Esta ini-
ciativa ha sido coorganizada con varias organizaciones año tras año
desde el 2020. La finalidad de esta exhibición es destacar y visibilizar
3
Para obtener una caracterización más detallada, recomendamos consultar Censat
Agua Viva et al. (2023).
Revolucionando un mundo en crisis / 185
las iniciativas y prácticas relacionadas con energías alternativas de-
sarrolladas por organizaciones sociales, tanto rurales como urbanas,
en América Latina y el Caribe. Los ejemplos que presentamos en el
texto hacen parte de dicha exhibición virtual.
Recuadro 1
Objetivos de la exhibición
1. Visibilizar experiencias que han logrado resistir y enfrentar desafíos
energéticos a nivel local, y alentar la autonomía en materia energética.
2. Fomentar la colaboración y la articulación social entre comunidades
de distintas regiones mediante el intercambio de conocimientos y
experiencias.
3. Contribuir con soluciones prácticas, concretas y reales para la creación de
opciones justas de transición energética a nivel local, e incentivar así a las
comunidades a adoptar alternativas en sus respectivos territorios.
4. Enriquecer el debate sobre la transición energética desde la perspectiva de
la justicia ambiental.
5. Proporcionar contenido que pueda ser utilizado por individuos que
trabajan en diversos ámbitos, como investigadores, tomadores de
decisiones y miembros de la comunidad, para sus esfuerzos de promoción,
formación o comunicación.
Recuadro 2
A corte de finales de 2023 la exhibición cuenta con:
−119 experiencias reconocidas como alternativas de autonomía energética
−21.083 familias involucradas
−122.226 personas beneficiadas
A finales de 2023, la exhibición había reconocido 119 experiencias
alternativas a la autonomía energética, de las que se beneficiaban
21.083 familias y 122.226 personas. La exhibición reconoce una
amplia diversidad de experiencias. Por un lado, se incluyen ini-
ciativas que trabajan en torno a la autogestión energética comu-
nitaria empleando tecnologías como biodigestores, bicimáquinas,
ruedas Pelton, paneles solares, entre otras. Asimismo, se destacan
186 / Tatiana Roa Avendaño y Eliana Carolina Carrillo Rodríguez
experiencias que relacionan la energía, la justicia hídrica y la sobera-
nía alimentaria (que incluyen asuntos como los mercados campesi-
nos, la agroecología, los viveros y huertas familiares y comunitarias,
entre otras manifestaciones). Además, la exhibición abarca expe-
riencias relacionadas con la reutilización de residuos orgánicos e in-
orgánicos, para la producción de energía y alimento, pero también
otros usos, como la elaboración de artesanías. De igual forma, algu-
nas propuestas incluyen los ecobarrios, la autogestión de la salud
a través de la transformación de plantas medicinales en productos
para el cuidado, la recuperación y preservación de semillas y platos
tradicionales, así como la recolección de aguas lluvia, entre otras
prácticas.
Retos y desafíos de las energías comunitarias
En el trabajo conjunto con las experiencias de energías comunita-
rias, tanto en la Escuela de Técnicas y Técnicos como en la Exhibición
Virtual, hemos identificado ciertos desafíos compartidos. Uno de
los principales retos que enfrentan estas experiencias radica en la
minimización de su potencial. Con frecuencia, se argumenta que no
es posible sustentar toda la matriz energética de un país con ener-
gías comunitarias, lo que nos lleva a considerar varios problemas en
este contexto.
En primer lugar, la transición energética no puede limitarse a un
debate sobre el cambio de la matriz energética basado en diferentes
tecnologías. Como mencionamos anteriormente, existe una discu-
sión prioritaria que debe abordarse, relacionada con preguntas que
consideramos fundamentales: ¿cómo concebimos la energía?, ¿para
qué propósitos?, ¿para quiénes se produce energía? Si cambiamos
el enfoque de esta discusión, tal vez podremos comprender otros as-
pectos cruciales, como la necesidad de una transformación cultural
en la cual la energía deje de ser considerada como una mercancía
y pase a ser vista como derecho y un bien común, que sostiene los
Revolucionando un mundo en crisis / 187
entramados de la vida, sus cuidados y lo que varios pueblos y comu-
nidades plantean como el “buen vivir”, el “Sumak Kawsay” o el “vivir
sabroso”. Esto debe ser abordado de manera contextual en cada uno
de los territorios y comunidades.
Por ejemplo, en el departamento de Quiché, en Guatemala, la
experiencia “Luz comunitaria de la zona reina en defensa del terri-
torio” es una propuesta de turbinas comunitarias mediante las cua-
les varias comunidades mayas promueven la autonomía energética.
Estas turbinas comunitarias surgieron en comunidades desplazadas
durante el conflicto armado en los años 1980. La primera iniciativa
enfrentó numerosas dificultades, ya que iba en contra del modelo
hidroeléctrico empresarial que despoja a las comunidades de sus te-
rritorios y bienes naturales. Sin embargo, la idea de luz comunitaria
se propagó a otras comunidades y logró articular a más de sesenta
de ellas, que adoptaron esta iniciativa con el apoyo del Colectivo
Ecologista Madreselva. Las turbinas generan beneficios significati-
vos para la comunidad, con cuotas accesibles gestionadas por auto-
ridades locales. Además de esto, se implementaron programas de
protección de bosques comunitarios y prácticas agroecológicas para
la siembra. Jóvenes capacitados se encargan del mantenimiento de
la infraestructura, mientras que el colectivo continúa asesorando
proyectos, promoviendo la autonomía y la vida digna frente a mo-
delos extractivos.
Esto nos conduce a un tema central, que es la cuestión de la esca-
la. Este modelo extractivista y la misma geopolítica nos han llevado
a la necesidad de creer que si algo no abarca la totalidad, carece de
utilidad, y aquí yace una gran trampa significativa que obstaculiza
la capacidad de abordar problemas de manera contextual, teniendo
en cuenta las particularidades de cada territorio y sus necesidades.
Sin embargo, las energías comunitarias desafían esta perspectiva, ya
que surgen desde lo local sin necesariamente confinarse o aislarse
en un solo lugar, sino que se expresan de diversas formas en dife-
rentes territorios, articulando sus esfuerzos y capacidades con otras
188 / Tatiana Roa Avendaño y Eliana Carolina Carrillo Rodríguez
experiencias. En tal sentido, es importante destacar que lo comuni-
tario no implica necesariamente aislamiento.
Otro ejemplo concreto ha sido el aprovechamiento de la biomasa
para la generación de energía. Gran parte de los conflictos en áreas
rurales y urbanas están relacionados con la gestión de residuos or-
gánicos. En muchas ciudades, los vertederos o botaderos están satu-
rados y algunos incluso han colapsado y causado graves afectaciones
a las poblaciones circundantes. La propuesta de utilizar los residuos
para la producción de energía y fertilizantes es, sin duda, una res-
puesta no solo a este problema, sino también a la deforestación, que
es la principal causa de emisión de gases de efecto invernadero en la
mayoría de los países latinoamericanos, incluyendo a Colombia. La
iniciativa de la Red Colombiana de Energía de la Biomasa (Redbio-
col), que también forma parte de la Red Biolac, consiste en emplear
estos residuos mediante biodigestores, reducir así la presión sobre
los bosques y las selvas, generar su propia energía, disminuir los cos-
tos asociados al suministro de energía y a los fertilizantes, y desafiar
el sistema energético y agroalimentario que condena a las familias
a una gran dependencia de insumos y costos energéticos elevados.
La generación de gas a través de los residuos ha permitido potenciar
las economías locales, añadiendo mayor valor a sus productos y fo-
mentando la autonomía energética. Esta, que suele ser considerada
una tecnología exclusiva para espacios rurales, ha sido también im-
plementada en ámbitos urbanos como universidades, instituciones
públicas e incluso conjuntos residenciales.
En este contexto, enfatizar en la construcción de autonomías
comunitarias no implica concebirlas como entidades cerradas que
excluyen cualquier diálogo con otras experiencias o incluso con lo
público y el Estado, siempre y cuando este sea receptivo a las deman-
das y necesidades de las energías comunitarias y respete sus autono-
mías y estructuras organizativas propias. En este punto, es crucial
que la institucionalidad reconozca la naturaleza de las energías co-
munitarias y las integre en la construcción de las políticas públicas
relacionadas con el sistema alimentario, energético e hídrico. En
Revolucionando un mundo en crisis / 189
última instancia, esto debería ocurrir en un marco de ordenamien-
to territorial participativo donde se reconozcan y se incorporen las
propuestas que ya vienen trabajando en los territorios en este sen-
tido. Esto implica garantizar verdaderamente el derecho a la parti-
cipación según las necesidades y características de cada una de las
realidades locales.
Asimismo, en esta relación con lo público, es necesario que el
Estado fomente investigaciones sobre las energías comunitarias y
demuestre una voluntad de destinar incentivos, financiamiento y
acompañamiento a este tipo de propuestas. También es crucial res-
paldar los ejercicios pedagógicos que muchas experiencias vienen
desarrollando en los territorios, así como promover una discusión
más amplia en la sociedad sobre el tema. Estos esfuerzos pedagó-
gicos deben incluir el fortalecimiento de las experiencias y de los
técnicos y técnicas locales para consolidar la autonomía comuni-
taria en la implementación y mantenimiento de las tecnologías.
Además, es fundamental que la integración de estas experiencias
comunitarias a la red eléctrica principal ofrezca beneficios, como la
posibilidad de comercializar el excedente de energía generado por
la comunidad, tanto a la red misma como a sus vecinos, sin que ello
implique tener que registrarse como empresa de servicios públicos.
También es importante promover y respaldar el desarrollo de mi-
crorredes comunitarias que puede ampliar la escala de alcance de
estas propuestas y su distribución.
En relación con la cuestión de la escala, también es importan-
te destacar la experiencia de Adjuntas Pueblo Solar, dirigida por la
organización Casa Pueblo, quienes ante la devastación provocada
por el huracán María en Puerto Rico, que dejó a la población sin
energía eléctrica durante varios meses, optaron por lo que llamaron
la “insurrección energética” al implementar un proceso de solariza-
ción del municipio de Adjuntas, un poblado de dieciocho mil habi-
tantes en una región montañosa de Puerto Rico. Esta experiencia,
que inició resistiendo a un proyecto minero, fue derivando en un
proceso que incorporó el debate energético como un asunto central
190 / Tatiana Roa Avendaño y Eliana Carolina Carrillo Rodríguez
para lograr la autonomía y democracia energética. Adjuntas Pueblo
Solar ha logrado la instalación de cientos de módulos fotovoltai-
cos y ha empezado a construir sus propias microrredes para generar
su propia energía de manera autónoma, local y descentralizada. En
su enfoque, han priorizado la prestación de servicios básicos y han
atendido a los hogares más vulnerables, incluyendo aquellos con
necesidades médicas que requieren asistencia de tecnologías de ma-
nera constante. A través de esta iniciativa, han logrado establecer
condiciones para independizarse de la red eléctrica, que en Puer-
to Rico está bajo el control de un monopolio corporativo que, en
momentos de adversidad, no responde y, en cambio, profundiza las
desigualdades. Esta experiencia ejemplifica las posibilidades de las
energías comunitarias en escalas amplias y coloca en el centro la
autonomía y la solidaridad.
Otro desafío común que enfrentan las energías comunitarias se
relaciona con la instalación y el mantenimiento de tecnologías y
equipos, lo cual responde a las barreras que impone la tecnociencia
y el limitado acceso a estos conocimientos. La tecnología desempe-
ña un papel fundamental en la industria energética y los grandes
poderes energéticos han sabido aprovecharla estratégicamente para
consolidar su posición dominante y generar dependencia. A través
de inversiones masivas en infraestructura y desarrollo tecnológico,
estas corporaciones han logrado controlar la generación, distribu-
ción y acceso a la energía en gran parte del mundo. Su enfoque se ha
centrado en tecnologías convencionales, como centrales eléctricas
de combustibles fósiles y redes de distribución centralizadas, que
requieren una inversión considerable y que, una vez establecidas,
crean una barrera significativa para la entrada de competidores
más pequeños, comunitarios y sostenibles. Además, han promovido
sistemas de medición y gestión de datos que se promueven con el
discurso de mejorar la eficiencia energética, pero también han sido
utilizados para mantener el control y limitar la elección de fuentes
de energía más limpias y descentralizadas por parte de los (pro)con-
sumidores. Esta estrategia ha llevado a una dependencia continua
Revolucionando un mundo en crisis / 191
de fuentes de energía altamente contaminantes y costosas, lo que
perpetúa la influencia de estos grandes poderes energéticos en detri-
mento de alternativas más sostenibles y descentralizadas.
Los pueblos y las comunidades siempre han tenido a la tecno-
logía como una barrera para llevar a cabo sus propuestas. Ante esta
problemática, surge la Escuela de Técnicas y Técnicos en Energías
Comunitarias como un espacio donde diversas organizaciones co-
munitarias de base pueden intercambiar experiencias y llevar a
cabo procesos de formación destinados a mejorar la promoción y
la sostenibilidad de tecnologías en comunidades que defienden sus
territorios y contribuyen a mejorar los procesos productivos y la
calidad de vida. En este entorno, se han desarrollado conocimientos
e intercambios en torno a procesos como la deshidratación solar,
las estufas eficientes, la energía fotovoltaica y los biodigestores, así
como otras formas de relacionarse con la energía, las tecnologías y
lo comunitario. Así recuerda Juan Pablo Soler la construcción de la
escuela:
Desde 2013 hacia adelante, empezamos a generar un proceso meto-
dológico de formación, que hemos ido replanteando con el tiempo
de acuerdo a cómo el aprender haciendo nos va diciendo que hay que
cambiar las cosas, es decir una metodología que está en constante re-
novación, que inició como un intercambio de experiencias y que hoy
ya está perfilada como un espacio, escuela de formación [...] Hacer
escuela a partir de la práctica, y empezamos a incorporar unos prin-
cipios, unos principios que partían por ejemplo del “Aprender Ha-
ciendo”, no esperamos que alguien de afuera venga y nos instale la
tecnología en el territorio porque vamos a generar una dependencia,
entonces empezamos a plantear sistemas educativos de transferencia
de conocimientos donde rompemos la dependencia y quien monta
o quien opera los sistemas son los mismos pobladores locales (Soler,
2023).4
4
Ver Censat Agua Viva - Amigos de la Tierra Colombia [@censataguaviva-amigosde-
lat2863] (14 de noviembre de 2023).
192 / Tatiana Roa Avendaño y Eliana Carolina Carrillo Rodríguez
Otros desafíos que enfrentan las energías comunitarias incluyen el
acceso y costo de algunos materiales, la centralización de la genera-
ción energética, la falta de difusión de conocimientos, la ausencia
de voluntad política y apoyo gubernamental, la carencia de políti-
cas que fomenten y fortalezcan la autonomía y la descentralización
energética, la privatización de servicios y bienes comunes como el
agua o la energía, los impactos de la crisis climática, la violencia
política y criminalización del trabajo de las organizaciones socia-
les, la falta de un enfoque de transformación radical en algunas
perspectivas sobre la transición energética y los debates en torno al
poscrecimiento.
Como podemos ver, varios de los desafíos que enfrentan las
energías comunitarias tienen su raíz en las diversas concepciones
sobre la energía: para quién, de qué maneras se produce y con qué
propósito. No obstante, las energías comunitarias han logrado su-
perar algunos de estos retos y desafíos. En la mayoría de los casos,
los obstáculos se superan mediante el trabajo colectivo, las mingas,
la “mano compartida”, el convite y otras prácticas comunitarias que
suelen existir en estas comunidades y que ayudan a superar los obs-
táculos económicos. También se han utilizado fondos rotatorios co-
munitarios para el préstamo de recursos destinados al desarrollo de
proyectos individuales, como ocurre con las comunidades indígenas
del Tolima apoyadas por el Grupo Semillas. De igual forma, en al-
gunas ocasiones, también han contado con recursos económicos de
la cooperación internacional, los cuales suelen ser limitados pero
contribuyen a la implementación de experiencias. Finalmente, ha
habido apoyo a proyectos comunitarios por parte de administracio-
nes locales, como en el caso de Lebrija, en Santander, donde el alcal-
de, motivado por la experiencia de la Escuela de Técnicos y Técnicas,
decidió financiar la construcción de cientos de estufas. Los técnicos
y técnicas comunitarias participaron en la construcción de algunas
de estas estufas.
Estas experiencias demuestran la viabilidad de la autogestión
y la autonomía energética para las comunidades, la creación de
Revolucionando un mundo en crisis / 193
propuestas concretas para alejarse de las energías basadas en com-
bustibles fósiles, innovaciones tecnológicas y metodológicas en
medio de sus procesos, la diversificación de las fuentes de energía,
la participación activa de las mujeres en la construcción y sosteni-
miento de este tipo de experiencias, la creación y transmisión in-
tergeneracional de conocimientos, la mejora de la calidad de vida
y la reivindicación de sus formas propias de concebir y vivir en el
mundo. En resumen, estas propuestas acumulan conocimientos y
prácticas que crean y proyectan otros mundos posibles, más justos
y sustentables desde la autonomía y la dignidad. Esto implica una
comprensión amplia de la energía y la relación con ella, y el promo-
ver cambios culturales que conllevan a hacer un uso más consciente
de la energía y de nuestros bienes comunes, lo que conduce a una
comprensión integral y una experiencia vivida de las transiciones
socioecológicas.
En cuanto a la integralidad, varias propuestas relacionadas con
las energías comunitarias adoptan enfoques multidimensionales al
combinar diversas fuentes de energía, procesos organizativos/comu-
nitarios y saberes propios y contextuales. En este caso, nos gustaría
resaltar la experiencia de “Las canastas de tecnologías y prácticas:
una propuesta para la soberanía energética y alimentaria de Lo Bue-
no del Monte”, liderada por la Fundación UTA y la Finca Tosoly
“Lo bueno del Monte”, la cual se ha desarrollado en Santander, Co-
lombia. Esta iniciativa trabaja en la revitalización de las prácticas
tradicionales del cultivo de arroz y trigo, para fortalecer la sobera-
nía alimentaria desde una perspectiva agroecológica. Para lograr-
lo, desarrollaron las Escuelas de Estilos de Vida Sostenibles, donde
exploraron y propusieron el concepto de “canastas comunitarias de
tecnologías y prácticas”. Estas canastas implican la creación de pro-
puestas integrales adaptadas a la realidad y proyectos de vida de cada
comunidad, que incluyen equipos y conocimientos relevantes para
la producción agrícola (por ejemplo, producción de biofertilizan-
tes, recolección de aguas lluvias, huertas familiares, entre otras) y la
autogestión energética (por ejemplo, biodigestores, deshidratadores
194 / Tatiana Roa Avendaño y Eliana Carolina Carrillo Rodríguez
solares, bicimáquinas, entre otras), el intercambio de saberes y el
trabajo colectivo en comunidades rurales.
La integralidad de las propuestas de las energías comunitarias re-
conoce y abarca diversos flujos energéticos, desde el sol, los alimen-
tos, la energía humana hasta los distintos procesos de producción.
Estas propuestas están diseñadas para responder a las necesidades de
las comunidades en varias dimensiones. Además de conceptualizar
las relaciones como un intercambio constante y mutuo entre los di-
ferentes elementos de la naturaleza, en contraposición a reducirlas
a simples transacciones en el mercado. En el caso de la propuesta de
UTA y la Finca Tosoly “Lo bueno del Monte”, han logrado articular
la diversidad de procesos en la construcción de la soberanía ener-
gética y alimentaria de varias familias rurales, lo cual ha permitido
fortalecer sus propuestas productivas. En esta misma vía, existen nu-
merosas experiencias que integran una variedad de conocimientos,
prácticas y herramientas tecnológicas diseñadas para abordar las ne-
cesidades y prioridades de los contextos en los que surgen.
Las mujeres desafían el modelo energético centralizado
y patriarcal
Por otro lado, en lo que respecta al papel de las mujeres en la cons-
trucción y sostenimiento de estas iniciativas, es crucial su contribu-
ción a proyectos que tienen como objetivo central la construcción
de una vida digna, la permanencia en los territorios y la promo-
ción del buen vivir para sus familias y comunidades. A menudo,
sin autonombrarse como feministas, las mujeres trabajan en favor
de prácticas antipatriarcales, anticapitalistas y antiextractivistas, y
promueven una visión alternativa del mundo. Esto implica enfo-
carse en la ecodependencia y la interdependencia, así como en la
lucha contra la mercantilización del agua, la tierra y la energía, y
la defensa de la autonomía territorial. A su vez, es importante des-
tacar que el discurso en torno a la energía y la transición suele ser
Revolucionando un mundo en crisis / 195
masculinizado y vinculado a intereses corporativos, lo que excluye
otras voces y perspectivas sobre el tema. Sin embargo, consideramos
que al centrarse en propuestas que exploran otras formas de relacio-
narse con la energía, se abre el espacio para voces diversas, que van
desde lo comunitario, lo territorial, las mujeres, las y los jóvenes,
niñas y niños, entre otros.
Algunas de estas propuestas han contribuido a facilitar las tareas
diarias de las mujeres relacionadas con las labores del cuidado y la
reproducción de la vida.5 Por ejemplo, la experiencia del “Vivero
de las Mujeres de Roble, energía solar para sembrar plantas medi-
cinales y transiciones justas” en el Valle del Cauca, liderada por un
grupo de mujeres afrodescendientes, es un ejemplo notable. Estas
mujeres instalaron unos aljibes y un sistema de recolección pluvial,
lo que les ha evitado realizar largos desplazamientos para obtener
agua, como hacían anteriormente. Además, el vivero ahora cuenta
con paneles solares que les permiten aprovechar la energía solar
para diversas actividades dentro del mismo. Esto les ha brindado la
posibilidad de escuchar radio mientras trabajan y de prolongar su
jornada en el vivero después de la caída del sol, lo que les permite
compartir más tiempo con sus compañeras. Además, el vivero se
ha convertido en una fuente de ingresos al transformar las plantas
medicinales en productos para la autogestión de la salud, lo que no
solo contribuye a su autonomía económica, sino que también for-
talece su papel en la comunidad y recupera sus saberes ancestrales.
Otro ejemplo en esta línea son las estufas eficientes, que no re-
quieren el mismo consumo de leña y contribuyen así a la reducción
de la deforestación. Además, promueven los huertos leñeros para
producir la madera necesaria para su funcionamiento. Esta práctica
evita que las mujeres, niñas y niños tengan que ir a buscar grandes
cantidades de leña, al tiempo que mejora la salud de las mujeres y
reduce los problemas respiratorios causados por las estufas de leña
5
Labores en las cuales han sido históricamente socializadas en el marco de la división
sexual del trabajo.
196 / Tatiana Roa Avendaño y Eliana Carolina Carrillo Rodríguez
tradicionales. La experiencia “Estufas eficientes de leña y huertos
leñeros para la conservación comunitaria de los bosques y el buen
vivir” es ejemplo de ello.
Reflexiones finales
La urgencia de transformar el sistema energético en el contexto de
las transiciones socioecológicas supone una transformación socio-
cultural profunda del modelo de producción, gestión, propiedad y
de consumo. A su vez implica la reconfiguración del modelo ener-
gético hegemónico, que está caracterizado por la alta concentración
de grandes empresas privadas que controlan la generación y la dis-
tribución eléctrica (Grupo de Acción por la Energía Ciudadana,
2023). En cambio, debemos avanzar hacia un modelo que otorgue
un papel central a las iniciativas locales, democratice la producción
y generación de energía, y promueva estas propuestas desde un en-
foque intersectorial, impulsado por organizaciones, comunidades,
cooperativas y otras formas organizativas comunitarias.
En concreto, es necesario que la institucionalidad brinde incen-
tivos fiscales y financiamiento para el fortalecimiento, desarrollo y
la implementación de este tipo de experiencias. Ello debe estar co-
nectado con un marco regulatorio claro y favorable que reconozca y
promueva este tipo de iniciativas. De igual forma, es necesario que
el acceso a la red eléctrica pública facilite la integración de la ener-
gía generada a nivel comunitario y se establezcan mecanismos equi-
tativos para la retribución por el excedente de energía inyectado a la
red, así como la posibilidad de una comercialización entre vecinas
y vecinos. También, es necesaria la participación y la vinculación
de estas experiencias en la toma de decisiones alrededor del siste-
ma energético es central, así como la defensa del territorio y una
visión integral del mismo en donde no necesariamente se fraccione
lo alimentario, lo energético y lo hídrico, sino que se establezcan mi-
radas, rutas y políticas más integrales. Hay otros aspectos en los que
Revolucionando un mundo en crisis / 197
es necesario profundizar, como el fomento y desarrollo nacional de
ciertas tecnologías y materiales que mantienen la dependencia y
encarecen los insumos.
Estos cuestionamientos nos conducen a la necesidad de visibi-
lizar y fortalecer las energías comunitarias, para que puedan esta-
blecerse cada vez más como una red y un sistema alternativo que
promueva el cuidado y la reproducción de la vida a través de la so-
beranía energética, alimentaria e hídrica de los territorios. Las ener-
gías comunitarias requieren garantías para sus propuestas. También
necesitan ser visibilizadas, reconocidas y respetadas, resaltando su
carácter comunitario y autónomo como aspecto central. Además,
exigen un relacionamiento equitativo con el sistema energético na-
cional e internacional, que transforme las relaciones de poder que
han impuesto las grandes empresas energéticas. Esto implica que
se las reconozca como actores fundamentales en lugar de tratar de
cooptarlas y obligarlas a adoptar estructuras formales como empre-
sas y otras figuras. También son necesarios incentivos financieros,
programas de formación y fortalecimiento para las y los promoto-
res locales, el fomento de la industria nacional para reducir la de-
pendencia tecnológica externa y la implementación de programas
locales de asistencia técnica, entre otras medidas.
La transición energética justa avanzará a medida que asumamos
el control de la energía, las maneras de producirla y en qué se decide
utilizarla.
¡Fortalecer las energías comunitarias es poner la reproducción de la
vida en el centro!
198 / Tatiana Roa Avendaño y Eliana Carolina Carrillo Rodríguez
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Revolucionando un mundo en crisis / 199
Socializar la energía
Lecciones de las campañas radicales
de vivienda en Alemania
Colectivo communia*
Traducción al español: Nuria del Viso
* Colectivo communia es un grupo de estudios de reciente creación comprometido
con el desarrollo y la aplicación de estrategias para una economía democrática. Su
trabajo se centra en apoyar a los movimientos sociales que abogan por la socialización
y en explorar modelos alternativos de propiedad pública y democrática. Se esfuerzan
por promover el pensamiento y la acción económicos progresistas mediante la formu-
lación de políticas, la investigación rigurosa y el desarrollo de narrativas convincentes
que aboguen por una economía al servicio de la mayoría. Este ensayo ha sido escrito
por Lemon Banhierl, Justus Henze y Max Wilken, el equipo de communia que trabaja
en la socialización de la energía.
Para recuperar el impulso perdido para una transición energética,
los defensores de la justicia climática y energética pueden aprender
del victorioso referéndum de los berlineses en apoyo de la expro-
piación radical de la propiedad de empresas inmobiliarias en 2021.
Este no solo obedeció a una estrategia que hacía recaer los costos
sobre las empresas y no sobre las personas, sino que también va más
allá de la propiedad pública tradicional para explorar modelos de
participación popular.
En septiembre de 2021, el 59,1 % de los berlineses votaron a favor
de expropiar y socializar las grandes empresas de vivienda dentro de
la ciudad-estado de Berlín. Era la primera vez en cuarenta años que
un movimiento social alemán se manifestaba a favor de la propie-
dad pública y democrática a tan gran escala. Pero el movimiento
consiguió algo más que una victoria en el referéndum. Expropiar
Deutsche Wohnen & Co. reintrodujo el tema de la propiedad en la
política general y atrajo la atención internacional.
Y lo que es aún más importante, la campaña resucitó el concep-
to de socialización −un grito de guerra del movimiento obrero ol-
vidado hace tiempo− como una reivindicación política factible en
Alemania. Ello tiene repercusiones que van más allá de la lucha por
una vivienda asequible en Berlín. La socialización, como reivindi-
cación y como práctica tangible del movimiento, podría aplicarse
a otros ámbitos de la economía, en particular al sector energético.
Debido a la creciente la crisis climática, las campañas de socializa-
ción no solo son desesperadamente necesarias, sino también cada
vez más realistas.
La idea de la socialización para una transición energética jus-
ta y rápida se encuentra con un sector energético que está experi-
mentando actualmente una intensa transformación. El camino de
esta transformación está muy disputado. A un nivel simplificado,
el bloque dirigente puede verse como un campo de batalla entre
Socializar la energía / 203
un proyecto fósil-capitalista históricamente atrincherado y conser-
vador y la emergente hegemonía verde-capitalista. Mientras ciertos
elementos de la antigua hegemonía fósil-neoliberal, como las fac-
ciones del capital individual en la industria energética, junto con los
partidos conservadores y reaccionarios, se esfuerzan por mantener
sus modelos empresariales frente a las actuales políticas climáticas,
un grupo diverso de actores políticos se está alineando dentro de un
proyecto hegemónico verde-capitalista.
Esto incluye algunas asociaciones ecologistas y grupos de estu-
dios, así como partidos verdes y, hasta cierto punto, socialdemócra-
tas, pero también asociaciones empresariales y segmentos de la clase
capitalista como la industria automovilística alemana o la econo-
mía del hidrógeno.1 El proyecto se centra en movilizar el capital
privado mediante una mezcla de incentivos, subvenciones y polí-
ticas industriales. Sin embargo, tanto la amplitud como los objeti-
vos divergentes entre los actores de la sociedad civil y las facciones
del capital, así como la participación vacilante e incompleta de los
sindicatos conllevan un cúmulo de contradicciones internas y debi-
lidades potenciales. El Gobierno federal alemán, que incluye a los
verdes, los socialdemócratas y los liberales, encapsula estas contra-
dicciones internas en una coalición de gobierno inestable.
Aunque la hegemonía verde-capitalista aún no está firmemen-
te establecida, es muy probable que consolide su posición en los
próximos años. Sin embargo, esto no es motivo de celebración: el
proyecto verde-capitalista es totalmente insuficiente para abordar la
magnitud de la crisis climática y es disfuncional debido a su depen-
dencia de transferir los costos de la transformación a la mayoría de
la población a través del mercado. Como consecuencia de ello, se-
guirá siendo políticamente inviable y prolongará innecesariamente
la transición verde más allá de lo que podemos permitirnos.
Estas discrepancias se pusieron especialmente de manifiesto en
los recientes acontecimientos políticos en Alemania. Un intenso
1
Para un análisis más detallado de la hegemonía (en alemán), véase Sander (2022).
204 / Colectivo communia
debate suscitado por una nueva ley, que obliga a que, a partir de
2025, el 65 % de la energía de calefacción de los nuevos sistemas
instalados proceda de fuentes renovables, puso al descubierto las
limitaciones de las políticas basadas únicamente en cambios nor-
mativos, diseño del mercado y estructuras de incentivos (Amelang y
Wehrmann, 27 de septiembre de 2023).
La respuesta a la iniciativa del Ministerio de Economía, dirigi-
do por el Partido Verde, de modernizar el parque de viviendas fue
reveladora. Por un lado, la dura reacción de los medios de comuni-
cación contra los planes legislativos de los verdes puede atribuirse
a las facciones del capital de los combustibles fósiles, que aún sub-
sisten. Ejercen su influencia para frustrar los planes que podrían
repercutir negativamente en sus beneficios en el sector del gas, que
aún hoy domina la tecnología de calefacción en Alemania, y des-
viar la atención presentando el hidrógeno como la solución. Por
otro lado, la opinión pública tiene una preocupación válida por las
políticas basadas en medidas reguladoras que dejan indemnes la
propiedad privada y los beneficios. Los inquilinos, que ya se enfren-
tan a un mercado de la vivienda financiarizado, entienden que so-
portarán la mayor parte de los costos de modernización del parque
inmobiliario.
Los debates sobre la propuesta de abandonar la minería del lig-
nito en Alemania son otro ejemplo de la incapacidad de la política
verde-capitalista dominante para actuar en un sistema energético
que depende principalmente del capital privado. En lugar de simple-
mente ordenar a una empresa energética controlada públicamente
que adelantara la eliminación del lignito, el Gobierno local de Re-
nania del Norte-Westfalia, de minoría verde, tuvo que negociar tra-
tos sucios con la industria fósil para obtener concesiones menores.
Es probable que el lignito, el combustible fósil más contaminante,
deje de ser rentable en los próximos cinco a diez años. A pesar de
ello, el acuerdo negociado solo adelantaba la eliminación de 2038
a 2030, ofrecía generosas compensaciones a las empresas energéti-
cas y permitía seguir explotando las reservas de lignito hasta 2030
Socializar la energía / 205
(Environmental Justice Foundation, 20 de enero de 2023). Esto dio lu-
gar a una acalorada batalla en torno al pueblo de Lützerath, amena-
zado de destrucción por los planes de la gigante empresa de energía
RWE de ampliar una mina de lignito de 66 km². Los activistas por
el clima argumentaron que quemar el lignito restante y defender
así los derechos de propiedad de RWE entraba en conflicto con la
justicia climática y el objetivo de 1,5 °C. El pueblo se convirtió en
un campo de batalla simbólico debido a la brutal violencia policial
contra los activistas que lo ocupaban y personificó el conflicto entre
los intereses corporativos privados y la urgente necesidad de una
rápida transformación energética.
La crisis energética de 2022, desencadenada por la guerra de agre-
sión rusa contra Ucrania, ha vuelto a poner de manifiesto las limita-
ciones de un sistema energético basado en la propiedad privada. Ha
dejado al descubierto los problemas que conlleva la mercantiliza-
ción. El diseño del mercado energético europeo, que hace de la ener-
gía una mercancía comercializable, provocó un enorme aumento
de los precios al consumo, al tiempo que permitió a las grandes cor-
poraciones energéticas amasar miles de millones en beneficios. Las
contramedidas del Gobierno alemán −paquetes de ayuda y tibias
subvenciones a los precios de la energía para los consumidores− mi-
tigaron los trastornos sociales más graves, pero dejaron indemnes
los beneficios empresariales. Si el sector energético hubiera sido
público, los precios podrían haberse regulado fácilmente hasta un
umbral aceptable. Una vez más, la reacción a la crisis demostró que
la propiedad privada y la apropiación de los beneficios de los servi-
cios básicos siguen siendo sacrosantas, incluso para los políticos del
Partido Verde.
Estos acontecimientos recientes demuestran por sí solos que las
actuales estrategias de transformación no solo son injustas y excesi-
vamente lentas, sino también disfuncionales y poco adecuadas a la
magnitud de la crisis. La necesaria transformación rápida y social-
mente justa está reñida con la propiedad privada y el sistema ener-
gético mercantilizado. El enfoque predominante de la transición
206 / Colectivo communia
energética da prioridad a un modelo político que incentiva, subven-
ciona y regula a los participantes en el mercado, en lugar de canali-
zar la inversión pública hacia el establecimiento de una producción
y suministro de energía de propiedad pública y gestión democráti-
ca. De este modo, se estabilizan las relaciones de propiedad y poder
existentes y se transfieren a un nuevo marco verde-capitalista. Sin
embargo, si el diseño del mercado y las estructuras de propiedad
impiden una solución a la crisis climática, estas deben convertirse
en el principal escenario de las luchas políticas.
Socialización, remunicipalización y el movimiento
de expropiación de Berlín
La resistencia a la privatización es tan antigua como el propio neo-
liberalismo. Aunque numerosas remunicipalizaciones exitosas y ba-
tallas defensivas han logrado frenar la embestida neoliberal contra
la propiedad pública en Alemania, la izquierda sigue encontrándose
a la zaga (Cumbers y Paul, 2022). Sin embargo, el 26 de septiembre
de 2021 marcó un punto de inflexión significativo cuando la tra-
yectoria de las batallas contra los efectos perjudiciales de la propie-
dad privada comenzó a cambiar. La campaña “Expropiar Deutsche
Wohnen & Co.” triunfó en un referéndum en la ciudad-estado de
Berlín que abogaba por la expropiación de todas las empresas pri-
vadas de vivienda que poseyeran más de tres mil viviendas en la
ciudad. Para sorpresa de muchos observadores y participantes, una
mayoría decisiva del 59,1 % de los votantes apoyó la resolución pro-
puesta por la iniciativa, que había encabezado una impresionante
campaña durante tres años. Esta campaña galvanizó a varios miles
de berlineses y los transformó en activistas comprometidos con el
desmantelamiento del dominio de las colosales corporaciones fi-
nanciarizadas sobre el mercado inmobiliario de Berlín.
Los activistas lograron un éxito rotundo y desde entonces no han
cejado en su empeño de garantizar que se respete la voluntad de los
Socializar la energía / 207
berlineses y se lleve a cabo el referéndum. Su lucha persiste, ya que
los representantes de los sectores inmobiliario y de la construcción
están bien coordinados. A pesar de la mala reputación del sector in-
mobiliario privado entre los inquilinos berlineses, el Partido Social-
demócrata (PSD), en el Gobierno de Berlín, lo considera un socio
aceptable. La aversión del PSD a la expropiación es tan fuerte que,
tras su reelección en 2023, optó por formar una coalición con los
conservadores en lugar de continuar la alianza progresista con los
verdes y, sobre todo, la izquierda (partidarios de la socialización).
El movimiento se mantiene firme en su lucha por la aplicación del
resultado del referéndum, a través de organizaciones de inquilinos,
manifestaciones y otros medios.
La iniciativa de Berlín tiene su base jurídica en un artículo de la
Constitución alemana que no se ha utilizado en los setenta años de
historia del Estado alemán (occidental). El artículo 15 de la Ley Fun-
damental alemana ofrece la posibilidad de socializar la tierra, los
medios de producción o los recursos naturales independientemente
de la voluntad de los propietarios privados. Aunque deja claro que
los actuales propietarios deben ser indemnizados, la opinión de los
expertos es prácticamente unánime en cuanto a que la indemniza-
ción puede ser inferior al valor de mercado. Curiosamente, especi-
fica que la socialización significa no solo la expropiación de activos,
sino también su transferencia a la economía común (Gemeinwirts-
chaft). Por lo general, se entiende que esto implica la democrati-
zación de la toma de decisiones y la orientación hacia el bienestar
público en lugar del beneficio privado.
La campaña se basó en el creciente consenso de la sociedad ale-
mana de que las políticas neoliberales iban demasiado lejos. Tras las
campañas de privatización en Alemania desde la época del canciller
Helmut Kohl en las décadas de 1980 y 1990, que se prolongaron
hasta bien entrada la década de 2000, en los últimos veinte años
se ha estado gestando en Alemania un potente contramovimien-
to a favor de la remunicipalización. Entre 2005 y 2017, tan solo en
el sector energético se produjeron 284 remunicipalizaciones de
208 / Colectivo communia
infraestructuras públicas previamente privatizadas (Becker, 2017).
Esta oleada fue impulsada por movimientos ciudadanos locales. En
2013, un referéndum ciudadano obligó a la ciudad de Hamburgo
a readquirir toda la infraestructura de red municipal (incluida el
agua, la energía y la calefacción). Los municipios rurales volvieron
a adquirir redes privatizadas y formaron asociaciones municipales
suprarregionales, y en Berlín y otros lugares se readquirieron algu-
nas viviendas que antes eran propiedad del Estado. La tendencia a la
remunicipalización es una señal prometedora para la reactivación
de la propiedad pública de los servicios públicos y para la transfor-
mación socioecológica. Sin embargo, el impulso ha decaído en los
últimos años, lo que sugiere que el punto álgido de la ola de remu-
nicipalización puede haber pasado ya (Cumbers et al., 2022).
La lucha por la expropiación en Berlín se basa en un punto de
partida político muy similar, pero va mucho más allá de los proyec-
tos de remunicipalización. Berlín sufrió una ola masiva de privati-
zaciones en la década de 2000. Tras un escándalo bancario en el que
estaba implicado un banco estatal, Berlín se encontró al borde de
la quiebra, lo que llevó al Gobierno local a aplicar un estricto pro-
grama de austeridad. Cientos de miles de apartamentos y terrenos,
antes municipales se vendieron a precios vergonzosamente bajos a
fondos de alto riesgo, empresas privadas o fondos de pensiones. Tras
numerosas fusiones, adquisiciones y la consolidación general del
mercado, estas viviendas pertenecen ahora a un puñado de grandes
grupos europeos como Vonovia, Heimstaden o Adler. A principios
de la década de 1990, más de quinientos mil apartamentos en Berlín
eran de propiedad estatal; a finales de la década de 2000, solo queda-
ban 250.000 (Holm, 2022).
Los berlineses son muy conscientes de que estas corporaciones
hacen poco con estos edificios, aparte de explotarlos para obtener
beneficios mediante la escalada de los alquileres y las valoraciones
especulativas. En consecuencia, Berlín se encuentra ahora en plena
crisis de la vivienda. La ciudad tiene una gran afluencia de personas
y una fuerte demanda de vivienda, una situación que las empresas
Socializar la energía / 209
privadas explotan subiendo los alquileres desorbitadamente y cons-
truyendo nuevos edificios de apartamentos caros en lugar de vivien-
das sociales asequibles. Como declaró la activista de la campaña
Isabella Rogner en una audiencia en el Parlamento de Berlín en
2023:
Cuando evalúo los dos últimos años, mi principal observación es que
la situación del mercado inmobiliario berlinés es peor que nunca para
nosotros, los inquilinos. Si esta tendencia continúa, en pocos años ha-
bremos perdido la ciudad que todos ustedes, el Gobierno de Berlín,
dicen defender. Tienen la oportunidad de salvar este Berlín, de preser-
var los hogares de millones de personas y de protegerlas del desplaza-
miento. El instrumento para ello, la socialización, está frente a ustedes
(Abgeordnetenhaus von Berlin [@agh_berlin], 29 de agosto de 2023).
La campaña de expropiación se centra precisamente en el eviden-
te fracaso de la privatización de la vivienda. En lugar de intentar
remunicipalizar estos apartamentos comprándolos a precios de
mercado sobrevalorados y esperando que los propietarios priva-
dos estén dispuestos a venderlos, la campaña ha dado un gran paso
más. Propone expropiar las grandes empresas inmobiliarias a un
precio muy inferior al del mercado y, curiosamente, no devolver-
las al Estado. La campaña ha presentado un concepto para la admi-
nistración de los edificios que van a ser expropiados, en el que los
inquilinos, así como representantes de la sociedad civil, toman las
decisiones en las estructuras del consejo y el Estado solo desempeña
un papel menor. Reflejando críticamente las experiencias de propie-
dad estatal del siglo xx, la iniciativa presenta un modelo imaginati-
vo centrado en la democratización radical de la toma de decisiones
(Deutsche Wohnen & Co Enteignen, 2023).
La socialización que proponía la campaña iba mucho más allá
de los modelos clásicos de propiedad: expropiación de las grandes
empresas, indemnización por debajo del valor de mercado y demo-
cratización y desmercantilización radicales. Estas ambiciosas reivin-
dicaciones fueron el punto de partida de la campaña y triunfaron.
210 / Colectivo communia
La iniciativa presentó un concepto que resultó convincente: desde
hace mucho tiempo los berlineses han tenido buenas experiencias
con las viviendas comunales o el suministro municipal de agua.
Aunque distaban mucho de ser perfectas, existían experiencias po-
líticas y organizativas con la propiedad pública de estos sectores de
servicios públicos. Junto con un programa político que abordaba
adecuadamente la magnitud de la crisis de vivienda de Berlín, había
amplias mayorías a favor de la expropiación. En fechas tan recien-
tes como 2018, cuando se lanzó la campaña, tal resultado parecía
impensable.
En Alemania, hay conciencia de diversas formas de propiedad
estatal en los servicios básicos, incluso bajo el capitalismo: las em-
presas municipales de agua, las escuelas estatales y las viviendas
municipales forman parte de la experiencia vivida de la gente. Sin
embargo, la propiedad pública rara vez es plenamente democrática
y pocas veces rechaza por completo el afán de lucro para centrarse
en objetivos públicos. Los Estados o los municipios son tan capaces
como los propietarios privados de presionar para que se extraigan
beneficios y no se invierta lo suficiente en infraestructuras críticas.
Esto es especialmente cierto si los activos deben recomprarse a pre-
cios de mercado, lo que limita las posibilidades de los agentes pú-
blicos. Además, la propiedad estatal siempre corre el riesgo de ser
privatizada de nuevo cuando los presupuestos son ajustados. A pe-
sar de algunas buenas experiencias de remunicipalización, que han
permitido mejorar la calidad del suministro y abaratar los precios,
no se aprecia ninguna tendencia hacia una oleada de propiedad pú-
blica adecuada a los problemas del siglo xxi, sobre todo en el sector
energético.
Socializar la energía / 211
El sector energético alemán y el papel de la propiedad local
a pequeña escala
La remunicipalización o la creación de nuevas empresas municipa-
les o cooperativas no bastarán por sí solas para gestionar la transi-
ción energética de forma rápida y socialmente justa. Es necesario
socializar las grandes empresas para romper su poder de mercado,
dirigir inversiones masivas a la generación de energías renovables
a escala y transformar el sector en su conjunto, junto con los tra-
bajadores, que tienen tanto el poder de organización como los co-
nocimientos necesarios para la transición. Mucho depende de no
tener que recomprar activos a valor de mercado y de democratizar
adecuadamente las empresas energéticas. Y esto solo será posible en
el marco de la socialización.
Las actuales estructuras de propiedad y la mercantilización del
sistema energético alemán son producto de la liberalización de los
sistemas energéticos a escala europea que se viene impulsando des-
de los años noventa en el contexto de la creación de un mercado
interior único de la energía en la UE. En esencia, los paquetes de
medidas de desregulación energética de la UE desde 1996 han fo-
mentado un sistema en el que las empresas privadas han podido ha-
cerse con importantes segmentos del sector energético, y la energía,
antes considerada un “monopolio natural”, se ha transformado en
un bien comercializable.
Las actuales estructuras de propiedad del sistema energético ale-
mán también han sido moldeadas por leyes negociadas por la mino-
ría verde en el Gobierno a principios de los años 2000. El fomento
de las energías renovables está regulado desde 2000 por la Ley de
Energías Renovables, que es básicamente un mecanismo para incen-
tivar la construcción de energías renovables mediante una tarifa de
alimentación pagada por el consumidor (Haas y Sander, 2016). Este
mecanismo de subvención con una compra garantizada de electrici-
dad verde creó un entorno de mercado seguro para las inversiones
privadas a pequeña escala y tuvo un gran éxito como modelo para
212 / Colectivo communia
este periodo. En retrospectiva, sin embargo, este mecanismo de sub-
vención ayudó a iniciar un modelo de reducción de riesgo de la
transformación verde, que está en expansión y que se ha observado
cada vez más intensamente en los últimos años (Gabor, 2023).
La transición energética alemana fue impulsada en gran medida
por pequeños actores privados: cooperativas energéticas, particula-
res con paneles solares en su tejado, servicios públicos municipales
o empresas energéticas medianas que invierten exclusivamente en
renovables. La tarifa regulada proporcionó a los pequeños agentes
del mercado un marco normativo y una seguridad económica que
han garantizado durante mucho tiempo las inversiones en energías
renovables e incluso llevaron a la industria solar alemana a ser líder
del mercado mundial durante un breve periodo de tiempo.
A partir de los años 2000, la “Energiewende” (transición energé-
tica) alemana fue un proyecto descentralizado de transformación
energética en el que participaron diversos agentes y que, en conse-
cuencia, fue elogiado y reproducido a escala internacional. Aunque
la propiedad privada a pequeña escala suele beneficiar a los consu-
midores de clase media y no necesariamente a los trabajadores y a
las poblaciones urbanas más pobres, al menos se invirtió en ener-
gías renovables. Hasta 2019, las cooperativas, los particulares y los
agricultores poseían una cuota del 40,4 % de la energía renovable
en Alemania (Agentur für erneuerbare Energien, 15 de enero de 2021).
Sin embargo, esto está cambiando actualmente: la proporción de
energía ciudadana a pequeña escala (Bürgerenergie) está disminu-
yendo lenta pero inexorablemente. Los promotores de proyectos,
los bancos, las empresas de inversión y las cuatro grandes corpora-
ciones energéticas que dominaban el mercado de los fósiles se están
pasando rápidamente a las energías renovables. Se espera que su
cuota siga aumentando en los próximos años, mientras que los pro-
ductores de energía locales, cooperativos y a pequeña escala segui-
rán perdiendo cuota (Solarserver, 21 de diciembre de 2020).
Socializar la energía / 213
Socialización para la propiedad pública democrática a gran escala
La propiedad local a pequeña escala y la remunicipalización deben
desempeñar un papel en la transición energética. Sin embargo, es
evidente que una transición energética social y ecológicamente jus-
ta debe centrarse además en la construcción de modelos públicos y
democráticos a gran escala con el objetivo a largo plazo de una com-
pleta desmercantilización del sector y la prestación como servicio
público universal.
La socialización propuesta por la iniciativa de Berlín significa
la expropiación a gran escala de los activos de propiedad privada y
su transferencia a instituciones gobernadas democráticamente y de
propiedad pública centradas en objetivos públicos. La socialización
ha demostrado su viabilidad como estrategia de movimiento, sobre
todo porque politiza el antagonismo entre las grandes corporacio-
nes de propiedad privada y el público. En el sector energético esto es
relevante y necesario especialmente en lo que respecta a las grandes
corporaciones de producción de energía y a los operadores de las
redes de transmisión.
La producción de energía en Alemania solía estar dominada por
cuatro grandes empresas de combustibles fósiles (Haas, Herberg y
Löw-Beer, 2022). Aunque estas empresas llevan mucho tiempo in-
virtiendo poco en energías renovables, ahora están entrando en el
sector y amenazan con privatizar el futuro del sistema energético.
Al mismo tiempo, estas corporaciones aún conservan y están am-
pliando en parte sus activos de combustibles fósiles, por lo que tie-
nen un enorme interés en mantener su producción. Su inversión
en energías renovables es cada vez mayor, pero está supeditada a los
beneficios futuros. Una transición energética rápida y socialmente
justa no será posible sin los activos, así como sin los conocimien-
tos, las capacidades y la mano de obra de los trabajadores del actual
sector de los combustibles fósiles. En lugar de incentivar a los agen-
tes privados y subvencionar de hecho los beneficios privados con
dinero público, sería más eficiente que las empresas pasaran a ser
214 / Colectivo communia
de propiedad pública y financiar directamente la transición, sobre
todo si se tienen en cuenta los costos sociales de la misma (Lawren-
ce, 26 de septiembre de 2022). La socialización y la financiación esta-
tal de inversiones considerables en capacidades renovables a través
de instituciones energéticas gobernadas democráticamente y de ti-
tularidad pública podrían crear puestos de trabajo sindicalizados
y de calidad en el sector de las energías renovables y gestionar la
pérdida de empleos en industrias que deben reducirse o eliminarse
progresivamente, como la minería del lignito o la industria auto-
movilística. Por el contrario, una transición basada en la propiedad
privada nunca podrá ofrecer a los trabajadores vías seguras hacia
sectores futuros. Las empresas socializadas también podrían reali-
zar eficazmente las inversiones necesarias, ya que no están obligadas
a proporcionar un rendimiento de mercado a los accionistas, y redu-
cir así los costos de capital para la transición.
La socialización no solo implica la transferencia de la propiedad,
sino que también incluye la gobernanza democrática y la atención
al bienestar público. Las empresas de energía socializadas tendrían
que estar gobernadas por representantes de los consumidores, aso-
ciaciones ecologistas y trabajadores, y el Estado tendría un papel
secundario. Al mismo tiempo, tendrían que estar ancladas en obje-
tivos claros de política pública, como el suministro de energía ase-
quible, los objetivos de inversión en renovables y la transferencia de
conocimientos al sur global.
La socialización presenta una solución a problemas similares en
relación con las redes de transmisión. La red alemana de transmi-
sión a larga distancia está actualmente dividida entre cuatro em-
presas privadas, financiadas a través de las tarifas de red que pagan
los consumidores. Estas tarifas las determina una agencia estatal e
incluyen un importante rendimiento del capital. Por consiguiente,
los accionistas de estas empresas reciben un beneficio garantizado,
suscrito por los consumidores. Al mismo tiempo, hay una falta de
inversión que crea desequilibrios regionales y obstaculiza la expan-
sión de las energías renovables. En lugar de esto, la red de transporte
Socializar la energía / 215
a larga distancia debería gobernarse democráticamente a nivel na-
cional. La gobernanza de las redes de transporte debería seguir unos
objetivos públicos claros y fijados democráticamente, como una ex-
pansión de las energías renovables basada en las necesidades y estar
dirigida por los trabajadores y los representantes electos.
La socialización de las grandes empresas energéticas y de los
operadores de redes debe complementarse con la propiedad demo-
crática pública a nivel local. La producción local y descentralizada
de energías renovables podría ser impulsada en parte por coopera-
tivas energéticas. En las ciudades, los consejos de energía elegidos
podrían desarrollar planes de descarbonización y reducción de la
energía que serían aplicados por proveedores de servicios públicos
municipales democratizados. Los servicios públicos regionales po-
drían vincular los planes locales de descarbonización con la expan-
sión coordinada a nivel suprarregional de las energías renovables y
las capacidades de almacenamiento.
Así pues, una transición energética democrática en un sector
energético socializado se sustenta en diversos modelos de propie-
dad pública democrática. La complejidad del sistema energético,
con diversas funciones, como la transmisión, la distribución y la
producción que operan a diferentes escalas, exige una multitud de
mecanismos e instituciones de gobernanza democrática.
Por lo tanto, un sector energético socializado debe entenderse
como un sistema integrado de varios niveles que presenta una am-
plia variedad de modelos de propiedad pública y democrática que
se refuerzan y potencian mutuamente (Cumbers, 2012). No se tra-
ta solo de propiedad, sino también de gobernanza, participación y
responsabilidad. También se trata de crear estructuras en las que la
toma de decisiones sea compartida y los beneficios se distribuyan
de forma más equitativa. Esto incluye la socialización de las gran-
des empresas energéticas y los operadores de transmisión, la remu-
nicipalización de las redes locales y la producción de energía, así
como el apoyo y la promoción de la propiedad local y cooperativa
a pequeña escala. Se trata de garantizar que las personas afectadas
216 / Colectivo communia
por las políticas energéticas tengan voz y voto en la elaboración de
dichas políticas. Un sistema energético de este tipo tiene el poten-
cial de llevar a cabo la transformación energética necesaria de una
manera no solo más rápida y eficiente, sino también más equitativa.
Se trata de diseñar un futuro energético que dé prioridad al bien-
estar de los ciudadanos y del planeta, y garantice que la energía sea
accesible, asequible y sostenible para todos.
La socialización como núcleo de una alternativa emancipadora
al capitalismo verde
Obviamente, este breve esbozo de transformación energética demo-
crática basada en la socialización contrastaría enormemente con los
planteamientos políticos dominantes en la actualidad. Proponemos
que la socialización puede ser el núcleo de un proyecto emanci-
pador que contrarreste la actual captura capitalista de la transfor-
mación energética. La transformación hacia un capitalismo verde
dirigido por el Estado no es en absoluto un proyecto hegemónico
firmemente establecido y sigue habiendo contradicciones significa-
tivas que ofrecen oportunidades para una nueva oleada de luchas
en torno a la propiedad pública.
Un contraproyecto emancipador al capitalismo verde aún no
está suficientemente definido ni organizado y mucho menos sufi-
cientemente preparado para generar estratégicamente un poder de
contrapeso a largo plazo. El reto de establecer un proyecto hegemó-
nico de este tipo es doble. Por un lado, existe una necesidad per-
manente de resistirse a los retrasos en la transición energética que
propugna la facción reaccionaria-fosilista (y, en parte, de formar las
alianzas necesarias con los actores del proyecto verde-capitalista).
Por otro lado, es necesario articular una crítica inspiradora, que ins-
te a la acción, del proyecto verde-capitalista emergente.
Aunque este proyecto alternativo emancipador aún no esté
plenamente establecido, actualmente existe un terreno fértil para
Socializar la energía / 217
nuevas alianzas. Proyectos pioneros como la cooperación entre el
movimiento juvenil Fridays for Future y el sindicato del sector de
servicios Ver.di para una acción industrial conjunta en el sector del
transporte público dan esperanzas para una nueva fase de luchas
en el sector de la movilidad. En 2024, los activistas del clima y los
sindicalistas volverán a unirse para reclamar mejoras salariales y
mayores inversiones en el transporte público. El giro de parte del
movimiento climático hacia los sindicatos, así como el correspon-
diente giro climático en parte de los sindicatos, podría sentar las
bases para nuevas alianzas. Las fracturas y contradicciones internas
del capitalismo verde ya ofrecen puntos de entrada para separar del
proyecto verde-capitalista a actores individuales como los sindica-
tos y, en cierta medida, las asociaciones ecologistas, y ganarlos para
alianzas entre la izquierda y los verdes.
Todo proyecto político exitoso requiere un núcleo popular que
pueda servir de anclaje para las alianzas. Estamos convencidos de
que un programa radical de propiedad pública basado en la socia-
lización de la transformación energética puede formar este núcleo
popular. Aunque un proyecto político emancipador no logrará la
hegemonía a corto plazo, cada vez se hace más hincapié en cons-
truir poder en torno a la propiedad pública y la socialización. En
Renania, parte del movimiento climático alemán se inspira en la
exitosa iniciativa de expropiación de Berlín. La campaña “Expropiar
RWE & Co.” pretende socializar la infraestructura energética priva-
da en el estado federal de Renania del Norte-Westfalia; desafía, de
este modo, a las dos grandes empresas energéticas, RWE y E.ON,
y se propone transferirlas a una estructura pública y democrática
para impulsar la transición energética local. La iniciativa está con-
templando las posibilidades legales de expropiación, así como en
conceptos para un sistema energético democratizado; realiza así un
trabajo pionero para un sector energético socializado. Otras partes
del movimiento por el clima también están empezando a desa-
rrollar estrategias sobre la socialización en el contexto de la crisis
climática (en el sector energético y más allá) y pretenden exponer
218 / Colectivo communia
ideas de campaña concretas en una conferencia estratégica a princi-
pios de 2024.
La socialización de la transformación energética podría presen-
tar un núcleo unificador para la política emancipadora, ya que ofre-
ce mejoras concretas en los medios de vida de las personas al reducir
y trasladar los costos de la transición, al tiempo que proporciona
un curso de acción acorde con la magnitud de la crisis climática. La
socialización puede ser −y ha sido− un objetivo de campaña exitoso
y convincente, ya que permite que la mayoría de la población parti-
cipe en los beneficios de la transformación, por ejemplo, a través del
abaratamiento de los precios de la electricidad y la energía (y en la
prestación a largo plazo como servicio básico universal). Ofrece así
una perspectiva optimista a quienes sufren actualmente bajo el ca-
pitalismo neoliberal, y demuestra que, incluso en medio de la crisis
climática, pueden lograrse mejoras sustanciales en las condiciones
materiales de vida individuales a través de soluciones colectivas y no
individuales basadas en el mercado.
Socializar las corporaciones energéticas y transformarlas junto
con los trabajadores del sector, que aportan tanto los conocimientos
como los recursos de poder para hacerlo, es necesario y posible. Si
bien ha habido luchas locales y regionales en torno a la remunicipa-
lización, hay una falta de experiencia del movimiento en la lucha y
la configuración de la propiedad pública a un nivel que responda a
la crisis climática. Con una agenda de socialización podemos mol-
dear conceptos de propiedad pública amplia en objetivos de movi-
miento concretos y alcanzables.
La socialización, potencialmente a través de referendos, permi-
te la entrada estratégica en el terreno y el poder a nivel estatal sin
asumir necesariamente la forma de partido político, y sienta así las
bases para alianzas de diversos actores. Dados los fundamentos ju-
rídicos de la socialización en el artículo 15 de la Ley Fundamen-
tal alemana y las experiencias prácticas iniciales obtenidas a través
del movimiento de expropiación de Berlín, existe una oportunidad
única para desarrollar la práctica de los movimientos en torno al
Socializar la energía / 219
establecimiento de formas de propiedad pública democrática. Esto
es crucial para los movimientos sociales, que no solo requieren de-
mandas bien articuladas, sino también espacios experienciales y for-
mas prácticas.
En 2018 nadie en Berlín pensaba que la expropiación de las
corporaciones de vivienda tendría la más mínima posibilidad de
generar una mayoría pública, pero hoy la socialización es una posi-
bilidad muy real y una propuesta ineludible en los debates políticos
en torno a la crisis de la vivienda. El cambio social puede avanzar a
veces más rápido de lo previsto. Si se puede generar una dinámica
similar en el sector energético, aún puede haber esperanza.
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222 / Colectivo communia
Doble poder
Forjar un movimiento para abolir
el capital fósil y construir energías
renovables públicas
Ashley Dawson
Traducción al español: Nuria del Viso
El fracaso de la revolución de las energías limpias impulsada por el
mercado para acabar con el uso de los combustibles fósiles o pro-
porcionar un acceso equitativo a la energía requiere una doble es-
trategia: confrontar el capital de los combustibles fósiles y ampliar
rápidamente las energías renovables públicas. La experiencia de los
torneros de válvulas de Minnesota, la campaña de huelga Strike
MoMA y el notable éxito de la campaña por las energías renovables
públicas en Nueva York sirven de inspiración.
Los miembros de la campaña Public Power recibieron la noticia
el día después del Primero de Mayo: la legislatura del estado de Nue-
va York había aprobado la Ley de Construcción de Energías Reno-
vables Públicas (BPRA). En todo el extenso estado de Nueva York,
los miembros del movimiento nos reunimos para celebrar nuestra
reñida victoria. Sabíamos que esta victoria tenía repercusiones que
iban mucho más allá de Nueva York. Tras cuatro años de lucha, en
mayo de 2023 la campaña Public Power NY consiguió la aprobación
de una importante política del nuevo pacto verde. La BPRA faculta
y dirige al proveedor público de energía del estado −la Autoridad de
Energía de Nueva York (NYPA)− para planificar, construir y operar
proyectos de energía renovable en todo su territorio. A diferencia de
lo que ocurre en otros estados, la BPRA rompe con decenios de or-
todoxia neoliberal al poner a una autoridad pública al frente de la
transición energética. En otras palabras, nuestra campaña consiguió
aprovechar el poder del estado para luchar contra el capital fósil.
La campaña Public Power NY (PPNY) ofrece algunas lecciones
útiles para los movimientos por la democracia energética en otras
partes de Estados Unidos y más allá. Al organizarse en torno a un
establecimiento rápido, democráticamente controlado y justo de
energía limpia, nuestra campaña evita algunos de los escollos de la
actual “transición” a las energías renovables. Como muestra el in-
forme Los mitos de la transición energética del Transnational Institute
Doble poder / 225
(Steinfort y Angel, 2024), el comentario habitual en los principa-
les medios de comunicación de que los inversores privados y los
mercados liberalizados han catalizado una revolución de la energía
limpia es sencillamente incorrecto: los combustibles fósiles siguen
representando el 82 % del consumo total de energía primaria en
todo el mundo (Malm, 2020). Peor aún, el consumo mundial de
carbón, gas y petróleo sigue aumentando. Lo que estamos viendo,
en otras palabras, es una expansión energética en lugar de una tran-
sición energética (York y Shannon, 2019). De hecho, a pesar de la
Ley de Reducción de la Inflación del Gobierno de Biden, que brinda
400.000 millones de dólares de financiación para las energías reno-
vables, la producción nacional de petróleo en Estados Unidos al-
canzará un máximo histórico en 2023 (Kelly y Khan, 8 de agosto
de 2023). Las exportaciones de crudo han aumentado casi un 850 %
desde que se levantó la prohibición de exportar en 2015 (U. S. Energy
Information Administration, 29 de noviembre de 2024).
Esta situación implica que el movimiento para abolir el capital
fósil debe tener dos dimensiones complementarias y conectadas.
Una se centra cada vez más en el cierre de las infraestructuras fó-
siles. La otra debe dedicarse a la rápida implantación de las ener-
gías renovables. A medida que el movimiento climático lucha por
acabar con la dependencia de los combustibles fósiles y se orienta
hacia diversas tácticas para lograr este objetivo, es imperativo que
el movimiento comprenda que estas dimensiones son interdepen-
dientes y no pueden lograrse de forma aislada. Construir energías
renovables sin abandonar los combustibles fósiles es un suicidio
planetario, pero los líderes electos se negarán a acabar con la depen-
dencia de los combustibles fósiles hasta que −y a menos que− haya
fuentes de energía significativas con bajas emisiones de carbono.
En consecuencia, el movimiento para abolir el uso de combustibles
fósiles debe considerarse como una campaña a favor de lo que yo
denomino poder dual. Utilizo este término de manera algo diferente
a su connotación tradicional en los círculos radicales, donde tiende
a referirse a la formación de una serie de contrainstituciones, como
226 / Ashley Dawson
los consejos de trabajadores que, una vez consolidados, desafían y en
última instancia derrocan el Estado burgués. Como explico en deta-
lle más adelante, el poder dual se refiere aquí a una estrategia que
vincula los esfuerzos por construir energías renovables controladas
públicamente con una lucha por abolir el capital fósil.
Hacia la abolición del capital fósil
Se ha producido un cambio pronunciado en el movimiento climá-
tico desde el ocaso de la pandemia de COVID-19. El movimiento se
centra cada vez más en la abolición del capital fósil. Cuando 75.000
personas se manifestaron en Nueva York antes de la Cumbre de las
Naciones Unidas sobre la Ambición Climática en septiembre de
2023, una pancarta en la que se leía “Biden: acabemos con los com-
bustibles fósiles” colgaba del podio de los oradores al final de la mar-
cha. El éxito arrollador del libro de Andreas Malm Cómo dinamitar
un oleoducto (2020) −que fue adaptado al cine en 2022− ejemplifica
y ha contribuido a intensificar este giro del movimiento climático
hacia una confrontación más radical e incluso insurreccional con el
capital fósil.
Con este cambio estratégico ha llegado un creciente escrutinio
crítico de las protestas masivas no violentas como las orquestadas
por Extinction Rebellion (XR). La convicción principal de XR de
que el movimiento solo necesita sacar a la calle el 3,5 % de la socie-
dad para producir un cambio político serio no ha reducido el poder
político del capital fósil y la abundante capacidad de las sociedades
capitalistas democráticas liberales para desactivar y resistir la pro-
testa popular. En lugar de estos esfuerzos por intervenir en la socie-
dad llamando la atención de los medios de comunicación mediante
manifestaciones masivas y detenciones frente a los grandes bancos,
las sedes de las compañías petroleras y las oficinas de los periódi-
cos, se ha producido un mayor interés por las estrategias militantes
Doble poder / 227
para cerrar oleoductos, refinerías y otras formas de infraestructura
de combustibles fósiles.
Pero la estrategia de sabotaje fósil enfrenta enormes obstáculos.
En primer lugar, está el problema de la represión. La protesta se ha
vuelto muy difícil en los principales petro Estados del mundo. Por
ejemplo, en Estados Unidos, el Estado ha perseguido duramente a
los movimientos ecologistas orientados a la acción (así como a otros
movimientos como Black Lives Matter (BLM)) durante los últimos
treinta años. La categorización del Frente de Liberación de la Tie-
rra como grupo ecoterrorista y su persecución por parte del FBI
en la década de 1990 y principios de la del 2000 ejemplifican una
historia de criminalización que supone un serio freno a los actos
de sabotaje fósil. El enorme desequilibrio de poder resultante entre
las pequeñas bandas de saboteadores de los combustibles fósiles y el
vasto aparato coercitivo estadounidense hizo prácticamente impo-
sible una acción eficaz. Y no es solo esta historia de represión la que
puede disuadir los actos de sabotaje en la actualidad. Más de una
docena de estados han aprobado leyes que criminalizan las protes-
tas (Herr, 10 de febrero de 2022) contra los combustibles fósiles, y el
Gobierno federal ha intensificado sus propias tácticas de vigilancia
y penalización de los manifestantes. Los cargos por asociación ilícita
presentados por el estado de Georgia contra los manifestantes del
movimiento Defend the Atlanta Forest son un indicio de las medi-
das extremas que las autoridades están dispuestas a adoptar contra
cualquiera que cuestione o interrumpa el capital fósil en Estados
Unidos (Bruce y Shamsi, 21 de septiembre de 2023).
Además, aunque explote un oleoducto, las petroleras siempre
pueden construir otro o simplemente poner el petróleo en trenes.
Al fin y al cabo, una de las principales características del petróleo
es su fluidez, que facilita su desplazamiento para evitar los esfuer-
zos por establecer puntos de estrangulamiento en los suministros
y golpear al capital fósil (Mitchell, 2011). La oleosidad del petróleo
fue, de hecho, una razón importante de su histórico ascenso a la
preeminencia energética. Los saboteadores fósiles tendrían que ser
228 / Ashley Dawson
numerosos y estar geográficamente dispersos para poder cerrar las
muchas rutas diferentes por las que el petróleo puede fluir hasta el
mercado en un país como Estados Unidos. Ciertamente ha habido
algunos actos heroicos por parte de los llamados torneros de válvu-
las, como los Four Necessity Valve Turners, que fueron arrestados
en 2019 mientras intentaban cerrar el oleoducto Enbridge Line 4
en Minnesota. Pero las filas de los torneros de válvulas no están ni
cerca de ser suficientes para disminuir seriamente el flujo de com-
bustibles fósiles. Sin duda, el miedo a las largas penas de prisión
tiene mucho que ver con esto.
La defensa de la “necesidad” movilizada por los torneros de vál-
vulas de Minnesota sugiere una posible estrategia a desarrollar y,
lo que es igualmente importante, también popularizó el sabotaje
fósil. En su juicio, el grupo argumentó que sus acciones eran nece-
sarias y estaban legalmente justificadas en respuesta a la amenaza
de un cambio climático catastrófico. Esto dependía de convencer al
presidente del tribunal de que “permitiera al jurado considerar la
defensa de ‘necesidad’”. Puede que no lo hiciera. De hecho, dado
el abrumador número de jueces conservadores nombrados en los
últimos años por la derecha alineada con los combustibles fósiles,
parece temerario contar con una aceptación judicial generalizada
de esta defensa.
Al igual que el movimiento de desinversión y otros esfuerzos
por movilizar un número cada vez mayor de personas contra el ca-
pital fósil, esta estrategia enfrenta un problema básico: los combus-
tibles fósiles siguen siendo bastante populares. No me refiero solo a
los conductores de Harley Davidson, los entusiastas de las carreras
de NASCAR y los trabajadores de los oleoductos. Los combustibles
fósiles son fundamentales para el bienestar económico de muchos
−incluso de la mayoría− de los habitantes de las principales nacio-
nes capitalistas. Como ha argumentado Andreas Malm, el capital
fósil reorganizó la vida de la clase trabajadora: concentró la energía
y el trabajo en las ciudades y maximizó así su control sobre ellas
(Malm, 2016). La “compulsión muda” que el capital ejerce sobre los
Doble poder / 229
trabajadores se pone especialmente de manifiesto en la dependen-
cia casi universal de los combustibles fósiles, que actualmente son la
fuente no solo de puestos de trabajo, sino también de la mayor parte
de la luz, la calefacción, los alimentos y la ropa.1
El estancamiento político resultante se manifiesta en la corre-
lación directa entre el costo de los combustibles fósiles y el precio
de otras mercancías. En el reciente brote inflacionario de Estados
Unidos, por ejemplo, el 40 % del aumento de los precios en toda
la economía se debió a la subida de los precios del petróleo y el gas
(Leber, 12 de agosto de 2022). No se trata de una aberración: según
el economista Mark Zandi, todas las recesiones desde la Segunda
Guerra Mundial han estado precedidas de una subida de los pre-
cios del petróleo. Esto, por supuesto, sugiere que sería una gran idea
abandonar el capitalismo fósil, no solo por el daño que los combus-
tibles fósiles causan a las comunidades de primera línea en lugares
como el “Callejón del Cáncer” de Luisiana, la franja de 135 km a lo
largo del río Misisipi que alberga más de doscientas plantas petro-
químicas y refinerías. La abolición de los combustibles fósiles aca-
bará también con la lacra de la “fosilflación”. Pero eso es a largo
plazo. A corto plazo, si disminuye el suministro de combustibles fó-
siles, aumenta la inflación y se encarecen la gasolina y los alimentos.
Cuando esto ocurre, la gente sufre y a menudo echa a los políticos
que considera responsables de su sufrimiento.
En otras palabras, la negativa de las élites políticas a enfrentarse
al capital fósil no se debe simplemente a la corrupción política, aun-
que sin duda es un factor importante. La mayoría de los políticos
no están dispuestos a correr el riesgo de provocar la inflación y las
reacciones adversas de la población al frenar el suministro de com-
bustibles fósiles. Las protestas de los chalecos amarillos en Francia
son un ejemplo de esta dinámica. Y, al menos en Estados Unidos,
la idea de aplicar impuestos más elevados a las empresas petrole-
ras y a los ricos para subvencionar a todos los demás es un fracaso
1
Acerca del poder del capital sobre el proletariado, ver Mau (2023).
230 / Ashley Dawson
político. Esto explica las desesperadas exhortaciones de Biden a las
refinerías de petróleo para que aumentaran la oferta cuando la
inflación se disparó en 2022 (Saenz y Betsy, 15 de junio de 2022).
También ayuda a explicar por qué tanto él como el expresidente
Obama persiguieron una estrategia energética de “todo lo anterior”.
La Ley de Recuperación de 2009 de Obama, que adjudicaba 90.000
millones de dólares en créditos fiscales federales, pretendía ayudar
a impulsar los proyectos de energías renovables (Osaka, 1 de junio
de 2020). Este acuerdo, conocido como “equidad fiscal”, ha sido cri-
ticado con razón, ya que permite a un puñado de grandes bancos
que proporcionan dinero en efectivo a los promotores privados de
energías renovables a cambio de créditos fiscales decidir qué pro-
yectos se construyen y, en muchos casos, paralizar por completo el
desarrollo de las energías renovables (Knuth, 2021). La Ley de Re-
ducción de la Inflación de Biden mantiene este acuerdo corrupto,
aunque también permite que la financiación fluya hacia autorida-
des públicas como la NYPA, un hecho que fue clave en la campaña
para aprobar la BPRA en Nueva York. Sin embargo, junto con estas
políticas de apoyo a las energías renovables, el gobierno de Obama
casi duplicó las subvenciones a la exploración de petróleo y gas, a
pesar de la promesa de 2009 de eliminarlas gradualmente (Leber,
11 de noviembre de 2014). El apoyo de Biden a la expansión tanto
de las energías renovables como de los combustibles fósiles coincide
con estas políticas anteriores aparentemente contradictorias. Como
resultado, Estados Unidos va camino de convertirse en el país que
más ampliará la extracción de petróleo y gas de aquí a 2050, lo que
representa más de un tercio de la expansión mundial prevista (Oil
Change International, 2023).
La única forma de salir de este atolladero político, que está su-
miendo al planeta en un caos climático cada vez más profundo, es
intensificar y diversificar los esfuerzos para desmantelar la infraes-
tructura fósil, junto con una expansión masivamente acelerada de
las energías renovables. En cuanto a lo primero, necesitamos que
prolifere no solo el movimiento de desinversión, sino también actos
Doble poder / 231
de disidencia creativa dirigidos contra la clase de los megadonantes
y sus esfuerzos por utilizar las instituciones culturales para maqui-
llar de verde su reputación. Un ejemplo de estas tácticas es la cam-
paña Strike MoMA, dirigida contra las élites petroleras del consejo
de administración del Museo de Arte Moderno (MoMA) median-
te una serie de protestas semanales y actos educativos.2 Además de
criticar −y finalmente desmantelar− a la oligarquía petrolera y su
hegemonía cultural, tenemos que ampliar el movimiento por el po-
der público. Contrariamente a los mitos sobre la rápida transición
energética a través del sector privado, el libre mercado y el inexo-
rable abaratamiento de las energías renovables, la única forma de
conseguir una energía rápida y justa es a través del poder público.
En consecuencia, el control democrático del sistema energético es
esencial para la liquidación del capital fósil.
Cómo ganamos el poder público en Nueva York
Hace unos años se hablaba mucho de que las empresas de combusti-
bles fósiles invertirían a lo grande en energías renovables. El nuevo
director ejecutivo de BP anunció, por ejemplo, que en 2020 la em-
presa reduciría la producción futura de combustibles fósiles en un
40 % y aumentaría su capacidad de generar electricidad a partir de
fuentes renovables hasta cincuenta gigavatios (GW), es decir, veinte
veces más (Bousso, 20 de septiembre de 2021). Hay motivos para ser
escépticos sobre la durabilidad de estas inversiones, sobre todo des-
de que BP se rebautizó como Beyond Petroleum (Más allá del petró-
leo) en 2001, pero después eliminó sus programas de investigación
sobre energía verde y los guardó en un archivo privado de la em-
presa (Macalister, 16 de abril de 2015). Su conversión a las energías
renovables en 2020 no iba a durar: cuando BP abandonó sus planes
2
Para una discusión sobre las tácticas de la campaña Strike MoMA, véase Dawson
(2021).
232 / Ashley Dawson
de reducir la producción de petróleo y gas a principios de 2023, el
precio de sus acciones se disparó. No es la única. Según la Agencia
Internacional de la Energía, en los últimos años las empresas de
petróleo y gas han destinado menos del 5 % de sus inversiones a la
producción y exploración de fuentes de energía de bajas emisiones
(Bordoff, 7 de agosto de 2023).
Pero la inconstancia no es la única razón por la que la transición
energética no debe dejarse en manos del capital fósil. Como ha de-
mostrado Andreas Malm, gracias a la quema de combustibles fósiles
el capital fósil pudo desvincular la producción de energía de fuentes
naturales como el sol y el viento y, en consecuencia, concentrar a la
clase trabajadora en fábricas urbanas, donde podía ser exprimida
para obtener el máximo beneficio (Malm, 2016). Esta estrategia y la
enorme energía generada por los combustibles fósiles produjeron
una acumulación de capital sin parangón, pero también crearon
una destrucción medioambiental catastrófica sin precedentes, in-
cluidas las emisiones de carbono. Estas características opresivas no
se disiparán simplemente si el capital fósil desplaza sus inversiones
hacia las energías renovables. Como argumenta Tatjana Söding, el
capital fósil está intrínsecamente comprometido con la explotación
y la destrucción medioambiental:
Dado que el capital fósil, en la dinámica de su acumulación original,
en primer lugar creó un espacio y un tiempo abstractos, en segundo
lugar maximizó su control sobre la fuerza de trabajo global para per-
mitir un grado de acumulación de capital (más) elevado y en tercer
lugar creó la destrucción natural como un subproducto necesario, su
transición a las energías renovables no debe entenderse como un ali-
vio de estos subproductos intencionados (Söding, 20 de abril de 2023).
Söding sugiere que no debemos dejar la transición energética en
manos de empresas de combustibles fósiles como BP, dado que se
basan en una explotación profundamente destructiva de los trabaja-
dores y el medio ambiente, así como en su orientación megalómana
Doble poder / 233
creada por el acceso a reservas prácticamente ilimitadas de energía
fósil.
En los primeros meses de nuestra organización, la campaña Po-
der Público descubrió que las dinámicas destructivas que caracte-
rizan a las grandes petroleras también son fundamentales para las
empresas eléctricas con fines de lucro. PPNY comenzó a finales de
2019 con una campaña organizada por la filial de la agrupación De-
mocratic Socialists of America (DSA) de la ciudad de Nueva York
contra un aumento de las tarifas eléctricas propuesto por la em-
presa de servicios públicos con fines de lucro ConEd. Al igual que
en otros estados de Estados Unidos, las tarifas que los consumido-
res pagan a las empresas de servicios públicos por la electricidad en
Nueva York están reguladas por los organismos designados políti-
camente en la llamada Comisión de Servicios Públicos (PSC). Pero
aunque se supone que la PSC debe mantener tarifas asequibles, los
investigadores de la campaña descubrieron que ConEd ya cobraba
las segundas tarifas residenciales más altas del país. Además, a pesar
de obtener enormes ganancias, ConEd y las empresas de gas como
National Grid amenazaban sistemáticamente con cortar el suminis-
tro a los clientes con bajos ingresos.
Y no se trataba solo de que la empresa se comportara de forma
manifiestamente injusta. Los investigadores de Public Power des-
cubrieron que National Grid y otras empresas con ánimo de lucro
tienen un incentivo estructural para construir tanta infraestructura
como sea posible para justificar el aumento de sus tarifas. Esto se
debe a que las empresas de gas reciben las llamadas “subvenciones
a la ampliación de líneas”, dinero recaudado de los consumidores
de energía para pagar gasoductos adicionales. Este acuerdo significa
esencialmente que las empresas con ánimo de lucro obligan a los
ciudadanos comunes y corrientes a pagarles para asegurar las in-
fraestructuras fósiles.
El carácter explotador y destructivo para el medio ambiente de
este aspecto del capital fósil quedó aún más claro cuando nuestra
campaña descubrió que ConEd paga 1,4 millones de dólares en
234 / Ashley Dawson
cuotas anuales a asociaciones comerciales como el Edison Electric
Institute y la American Gas Association, que ejercen presión para
socavar las energías renovables, desregular el mercado energético y
consolidar el poder de las empresas privadas de servicios públicos.
Esta información y nuestro análisis de los incentivos estructurales
que llevan a las empresas de servicios públicos con ánimo de lucro a
construir infraestructuras fósiles dejaron claro a la campaña Public
Power que solo una autoridad pública controlada democráticamen-
te podría conseguir una transición energética rápida y justa.
El carácter racista del capital fósil quedó patente cuando la ciu-
dad de Nueva York sufrió una ola de calor durante el verano pos-
terior al inicio de la campaña contra la subida de tarifas. En medio
de esta ola de calor, ConEd cortó el suministro eléctrico a las comu-
nidades obreras de color de los barrios periféricos de la ciudad para
proteger el suministro de las comunidades más ricas de la ciudad
(Raskin, 23 de julio de 2019). Las comunidades de lugares como el
este de Nueva York no solo suelen ser más pobres, sino que también
tienen menos acceso a espacios verdes frescos y aire acondicionado,
lo que contribuye a elevar las tasas de mortalidad relacionadas con
el calor. Cortarles la luz fue un escalofriante ejemplo de la creación
de “zonas de sacrificio” en comunidades racializadas. Tras estos inci-
dentes, la campaña Public Power recorrió las zonas afectadas por los
cortes de electricidad y celebró asambleas municipales por toda la
ciudad, explicando que la lucha por un poder controlado democrá-
ticamente era la solución a las inasequibles tarifas eléctricas y a la
injusticia de los cortes de electricidad.
Una de las grandes cuestiones a las que se enfrentaba la campa-
ña Public Power era cómo crear una alternativa a las empresas con
ánimo de lucro. Después de todo, empresas como ConEd, que han
existido de una forma u otra desde la construcción de la red mo-
derna, ejercen un inmenso poder económico y político. Afortuna-
damente, en el estado de Nueva York existe una fuente alternativa
de energía: la Autoridad de Energía de Nueva York (NYPA). Creada
durante la Gran Depresión, la NYPA fue concebida por el entonces
Doble poder / 235
gobernador Franklin Delano Roosevelt como una alternativa públi-
ca a los precios abusivos de las empresas privadas de la época. Aun-
que la NYPA genera aproximadamente el 20 % de la energía limpia
del estado a través de sus centrales hidroeléctricas en los Grandes
Lagos, su capacidad para construir nuevas energías renovables esta-
ba limitada por ley antes de la aprobación de la BPRA. Nuestra in-
vestigación sobre la NYPA nos convenció de que la autoridad podía
construir proyectos de energía renovable más baratos, más rápidos y
más eficientes que el sector con ánimo de lucro. A diferencia de las
empresas energéticas con ánimo de lucro, por ejemplo, la NYPA no
está obligada a generar ganancias astronómicas para los inversores.
Además, gracias a su elevada calificación crediticia, la NYPA puede
pedir préstamos para financiar proyectos a tasas de interés muy ba-
jas. Esto significa que no tiene que subir las tarifas de los servicios
públicos para construir infraestructuras, como hacen las empresas
de servicios públicos propiedad de inversores. El desarrollo de ener-
gías renovables dirigido por la NYPA podría evitar que se intensifi-
que la pobreza energética para cuya solución se lanzó inicialmente
nuestra campaña.
Los organizadores, con experiencia en la lucha por la democra-
cia energética en Nueva York, se dieron cuenta de que la campaña
Public Power tenía que trabajar a escala estatal para conseguir la
legislación necesaria a fin de otorgar a la NYPA el mandato de cons-
truir nuevas energías renovables. La campaña decidió organizar un
amplio movimiento popular a favor del poder público y trabajar
con socialistas y otros aliados dentro de la legislatura estatal para im-
pulsar la BPRA. Formamos la coalición estatal por el poder público
a finales de 2019, reuniendo a activistas de la democracia energé-
tica, grupos de justicia medioambiental y organizaciones climáti-
cas como Sunrise Movement. A principios de 2020, comenzamos el
proceso de colaboración para investigar de qué modo la legislación
de energía pública podía satisfacer diversas necesidades en todo el
estado y también comenzamos una serie estatal de eventos públi-
cos de Energía 101 para educar a las personas sobre la injusticia y
236 / Ashley Dawson
el pésimo rendimiento del sistema de servicios públicos con fines
de lucro. Durante la pandemia, nuestras victorias demostraron que
Public Power era una fuerza a tener en cuenta: organizamos con
éxito una moratoria del corte de electricidad y la condonación de
la deuda de las empresas de servicios públicos para las comunidades
duramente afectadas por la COVID-19.
Luchamos mucho por la BPRA, pero vimos cómo languidecía
en los comités legislativos durante dos años consecutivos. Esto nos
demostró que teníamos que seguir ejerciendo presión pública. Or-
ganizamos manifestaciones, incluida una concentración en la que
denunciamos a los legisladores que recibían dinero de las empresas
de servicios públicos y −no por casualidad− se oponían a la BPRA.
Nuestra campaña electoral organizó a legisladores clave, que luego
ayudaron a organizar a personas menos progresistas políticamente
en la legislatura para que respaldaran la BPRA. También empren-
dimos una acción directa, en la que personas que exigían energía
pública se encerraron en una cadena humana a través de Broadway,
en el centro de Manhattan, cerca de las oficinas de legisladores esta-
tales clave.
Un aspecto fundamental para conseguir el poder político nece-
sario para aprobar la BPRA fue ganarse a los trabajadores organiza-
dos. Aunque la clase trabajadora en general se beneficia del control
democrático de los medios de producción de energía, los trabajado-
res no son un grupo homogéneo en torno a la transición energética.
De hecho, contrariamente a los argumentos de Matt Huber sobre la
lucha de clases unificada contra los motores capitalistas de la crisis
climática, nos encontramos con que algunos sindicatos rechazaron
inicialmente nuestros llamamientos a unirse a la campaña por la
energía pública, mientras que otros se sumaron con entusiasmo
(Huber, 2022). El apoyo inicial de mi propio sindicato, el Congre-
so de Funcionarios Profesionales de la Universidad de la Ciudad
de Nueva York, redundó en el respaldo del Sindicato de Profesores
del Estado de Nueva York (NYSUT) y de otros sindicatos del sector
servicios, como el 1199SEIU. Ganarse a los sindicatos requirió un
Doble poder / 237
trabajo adicional, dado el escepticismo de los trabajadores de estos
sectores con respecto a la industria (en gran parte privada) de las
energías renovables en Estados Unidos, que es notoriamente anti-
sindical. Para dar respuesta a estas preocupaciones, trabajamos con
la AFL-CIO para incorporar a la BPRA un lenguaje laboral de refe-
rencia que incluyera disposiciones sobre el salario predominante
y los acuerdos laborales de proyecto, un memorando de entendi-
miento sobre la transición laboral y veinticinco millones de dólares
anuales para financiar una Oficina de Transición Justa que supervi-
sara la reconversión profesional de los trabajadores del sector de las
energías renovables.
La versión final de la BPRA que se aprobó en mayo de 2023 in-
cluía la mayoría de las disposiciones clave por las que habíamos lu-
chado durante tanto tiempo. La NYPA recibió, por fin, el mandato
de construir, poseer y explotar proyectos de energías renovables.
Cada año, la NYPA debe llevar a cabo una revisión para determinar
si el estado está en camino de alcanzar el 70 % de energía renovable
para 2030 y el 100 % para 2040, de acuerdo con los mandatos esta-
tales. Si no es así, la NYPA debe intervenir para construir energía
suficiente para compensar la diferencia. La BPRA también exige a
la NYPA que elimine gradualmente sus centrales eléctricas de com-
bustibles fósiles −incluidas las centrales sucias de respaldo (centrales
eléctricas de reserva que se encienden cuando hay picos de electrici-
dad) situadas predominantemente en comunidades de color− para
2030, y que suministre y entregue únicamente energía renovable
a los clientes. Estas centrales están inoperativas la mayor parte del
tiempo y solo funcionan en momentos de máxima demanda, por
lo que están exentas de la mayoría de las normativas medioambien-
tales. El cierre de estas centrales contaminantes es una de las prin-
cipales victorias de nuestra campaña. La ley BPRA también exige a
la NYPA que establezca un programa que permita a los consumido-
res de electricidad con ingresos bajos y moderados recibir créditos
en sus facturas mensuales por cualquier energía renovable produ-
cida por la NYPA. Por último, la BPRA incluye todo el lenguaje
238 / Ashley Dawson
favorable a los trabajadores que la campaña Public Power elaboró
en colaboración con aliados sindicales.
Ahora que hemos conseguido este mandato, debemos seguir lu-
chando por una aplicación adecuada de la BPRA. La situación es
difícil. Como legado de la larga historia de lucha del capital fósil
contra la transición energética, el estado de Nueva York tendrá que
añadir 2,5 GW al año durante los próximos ocho años para cumplir
los objetivos climáticos del 70 % de energía renovable para 2030
(DiNapoli, 2023). Para ponerlo en perspectiva, el estado solo ha
añadido 12,9 GW de energía en general (tanto fósil como renova-
ble) en los últimos veinte años, o aproximadamente 0,645 GW al
año. Este fuerte aumento es solo para descarbonizar la red ener-
gética. Para generar energía suficiente para alimentar una flota de
vehículos eléctricos y descarbonizar la calefacción y refrigeración de
los edificios y la industria, debemos triplicar aproximadamente la
cantidad actual de generación de energía.
Los activistas de Public Power NY eran muy conscientes de la
necesidad de promover la eficiencia energética. La expansión de la
producción de energía −incluso si es renovable− ya está teniendo
muchos efectos perjudiciales para el medio ambiente, como, por
ejemplo, la minería en países de renta baja como Bolivia. Aunque
la campaña era consciente de la necesidad de promover la eficiencia
energética, no incluimos medidas de este tipo en la BPRA debido a
la necesidad de centrar la legislación en un tema y a que el estado ya
contaba con una legislación sobre eficiencia energética que marcaba
tendencia. La Ley Local 97 de la ciudad de Nueva York, aprobada en
2019, obliga a reducir las emisiones en un 40 % en los edificios más
grandes de la ciudad para 2030 y hasta en un 80 % para 2040 (Maldo-
nado, 7 de octubre de 2022).
Llevar a cabo el desarrollo rápido y a gran escala de energía reno-
vable ordenado por la Ley del Clima de 2019 de una manera demo-
crática y justa será un desafío enorme. Afortunadamente, la BPRA
estableció un proceso de planificación estratégica a través del cual
se dirige a NYPA para determinar dónde, cuándo y cómo construye
Doble poder / 239
energía renovable. Aunque no logramos todas nuestras demandas
de democratización de la NYPA, este proceso de planificación estra-
tégica es un lugar para la aportación sustancial de la comunidad, ya
que la autoridad está obligada a consultar con expertos en clima y
resiliencia, organizaciones laborales, defensores de los contribuyen-
tes residenciales y de pequeñas empresas, y comunidades de justicia
ambiental, entre otros, a medida que elabora sus planes estratégi-
cos. Para garantizar que la NYPA cumpla fielmente este mandato
de compromiso con la comunidad, actualmente estoy organizando
un Observatorio de la Energía Pública que supervisará el trabajo
de la autoridad, documentará su historia y participará en diversas
formas de divulgación pública creativa en relación con la transición
energética.
Construir un movimiento mundial por el poder público
La victoria de nuestra campaña Public Power no será muy signi-
ficativa, en última instancia, si no contribuye a inspirar campañas
exitosas por la democracia energética más allá de Nueva York. Solo
una de cada diez personas en EE. UU. obtiene su energía de una
autoridad pública y muchas de estas empresas, vestigios del impulso
de la era del New Deal para la electrificación universal, son rehenes
de las fuerzas conservadoras con grandes inversiones en combusti-
bles fósiles (Bruggers, 28 de febrero de 2021). En 2022, las energías
renovables solo representaban alrededor del 13 % del consumo total
de energía primaria y el 21,5 % de la generación total de electrici-
dad a escala comercial en Estados Unidos (U. S. Energy Information
Administration, 2023). Los esfuerzos de un estado por abandonar los
combustibles fósiles, por heroicos que sean, no modificarán signi-
ficativamente estos promedios globales. Dicho de otro modo, no
se puede construir el ecosocialismo en un solo estado. La red eléc-
trica está repartida por todo el país en tres grandes segmentos y
los requisitos técnicos de las energías renovables dictan una mayor
240 / Ashley Dawson
integración en la red en lugar de una mayor autonomía local. Y, por
supuesto, los desastres climáticos provocados por los combustibles
fósiles no se detienen en las fronteras estatales o nacionales. Solo
extendiendo el poder público más allá del estado de Nueva York
conseguiremos la rápida transición energética necesaria para evitar
la catástrofe climática.
Afortunadamente, la victoria de Public Power NY está inspiran-
do a otros movimientos en todo el país. Aunque la campaña Natio-
nalize Grid en Rhode Island, que ayudó a inspirar nuestro trabajo
en Nueva York, ha perdido fuerza, la idea del poder público se está
extendiendo a otros estados. En noviembre de 2023, Maine celebró
un referéndum público sobre la creación de una empresa pública,
Pine Tree Power. Actualmente, los residentes de Maine obtienen
su electricidad de Central Maine Power, una empresa con ánimo
de lucro de la gigante energética española Iberdrola, entre cuyos
principales accionistas se encuentran potencias capitalistas fósiles
como Qatar y Noruega, así como Blackrock, la enorme empresa de
inversiones que se ha negado a desinvertir las dotaciones y fondos
de pensiones que controla de los combustibles fósiles (Kerber, 17 de
febrero de 2022).
La lucha por la energía pública en Maine no se limita a su con-
trol local, sino que también gira en torno a la lucha contra la po-
breza energética, la reparación de la maltrecha red en un estado
con el mayor número de apagones del país y la consolidación de los
derechos, salarios y prestaciones de los trabajadores. La batalla en
torno al referéndum de Pine Tree Power se convirtió en un plebisci-
to popular sobre el sistema de las empresas de servicios públicos con
ánimo de lucro que está fracasando, un modelo tan antiguo como la
red eléctrica moderna. Los grupos fachada de Central Maine Power,
como Maine Affordable Energy, invirtieron cuarenta millones de
dólares en las elecciones para engañar a los contribuyentes de Mai-
ne y hacerles creer que el control corporativo de la red es benefi-
cioso para ellos, a pesar de que las empresas de servicios públicos
propiedad de los consumidores que existen en el estado ya tienen
Doble poder / 241
tarifas un 50 % más bajas que las de las empresas con ánimo de
lucro (Pine Tree Power, 14 de septiembre de 2023). Al final, ganó el
dinero de las empresas y el referéndum para crear Pine Tree Power
fue rechazado.
¿Cuál es el futuro de las campañas por el poder público en Mai-
ne y en otras partes de Estados Unidos? Los defensores del poder pú-
blico no podemos permitir que la derrota del referéndum paralice
nuestro trabajo. La campaña reunió a defensores de Public Power
de todo el país para fomentar la solidaridad y aprender del trabajo
de los demás. Esta campaña consiguió una importante victoria con
la aprobación de otro punto del referéndum que prohíbe a las or-
ganizaciones extranjeras propiedad de gobiernos (como Iberdrola y
Versant) gastar dinero en futuras elecciones para referéndums esta-
tales (Budion, 8 de noviembre de 2023). Esto significa que cuando se
celebre otro referéndum en Maine, las probabilidades ya no estarán
tan en contra del poder público.
Otras derrotas aparentes también han favorecido la lucha por
la energía pública. En 2011, por ejemplo, la ciudad de Boulder, en
Colorado, inició una adquisición pública de su empresa eléctrica
con ánimo de lucro, Xcel Energy. Tras una década de feroz oposición
por parte de Xcel, los votantes de la ciudad decidieron poner fin al
proceso (Sakas, 20 de noviembre de 2020). Sin embargo, a pesar de
esta derrota, la campaña ayudó a la ciudad a obtener importantes
concesiones de Xcel, incluido el compromiso de reducir sustancial-
mente las emisiones de gases de efecto invernadero.
También conviene recordar que la Autoridad de Energía de Nue-
va York se creó tras decenios de lucha por el poder público en Es-
tados Unidos y en todo el mundo. Su creación coincidió con otras
victorias, como la creación de la Tennessee Valley Authority (TVA)
en 1933. Las campañas actuales pueden inspirarse en los poderosos
movimientos de masas que ayudaron a conseguir el apoyo de los
legisladores para la creación de autoridades como la NYPA y la TVA.
Mientras luchamos por el poder público en todo Estados Uni-
dos, debemos recordar que esta campaña no puede detenerse en las
242 / Ashley Dawson
fronteras nacionales. Necesitamos construir un movimiento mun-
dial por el poder público. Esto significa que nuestro trabajo para
transformar la NYPA no debe limitarse a garantizar que la auto-
ridad genere cantidades adecuadas de energía renovable. También
tenemos que trabajar para establecer asociaciones público-públicas
(APP), en las que una empresa pública como la NYPA pueda apo-
yar campañas y autoridades de energía pública en otros países. El
desarrollo de estas APP debe ser una de las prioridades futuras de
nuestra campaña.
El capital fósil crea desigualdades a nivel mundial al extraer re-
cursos de zonas de sacrificio para beneficiar a élites situadas lejos de
la carnicería. Ganar el control obrero de la transición a la energía
renovable en las naciones capitalistas centrales por sí solo dejaría in-
tacto un sistema mundial de imperialismo energético. Por ejemplo,
como establece el reciente documento de posición Reclaim and Res-
tore de Trade Unions for Energy Democracy, el modelo de privatización
de los servicios públicos impuesto por organizaciones dominadas
por Estados Unidos y la UE, como el Banco Mundial, en las regiones
menos desarrolladas del mundo, como los países del África subsa-
hariana, es un fracaso absoluto: después de treinta años de reformas
a favor del mercado, un número creciente de personas carecen de
acceso a la electricidad en muchos países africanos (Sweeney, 2023).
En lugar del modelo fracasado de dar dinero público a empresas
energéticas con ánimo de lucro, los países de África y del resto del
mundo necesitan aquello por lo que hemos luchado en Nueva York:
servicios públicos de electricidad verdaderamente democráticos,
financiación pública y plena propiedad pública de la energía con
bajas emisiones de carbono.
Doble poder / 243
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248 / Ashley Dawson
Sobre los autores y las autoras
Nick Buxton es coordinador del centro de conocimientos del TNI y
editor fundador del informe Estado del Poder.
Eliana Carolina Carrillo Rodríguez es una antropóloga e in-
vestigadora feminista sobre ecología feminista, justicia ambiental
y feminismos en América Latina. Es investigadora y docente en
Censat Agua Viva y coordinó la Exhibición Virtual de Experiencias
Comunitarias de Transición Energética Justa. Forma parte de un
grupo de investigación feminista de la Universidad de los Andes
y del Grupo Cultura y Ambiente de la Universidad Nacional de
Colombia.
Daniel Chávez es investigador del Centro de Intercambio de
Conocimientos del Transnational Institute. Dio sus primeros pasos
en el activismo en la Federación Uruguaya de Vivienda por Ayuda
Mutua (FUCVAM) en Uruguay, donde trabajó durante casi 10 años
antes de mudarse a los Países Bajos para obtener una maestría y
un doctorado. Es un activista-académico con un fuerte compromiso
con el progresismo en América Latina y tiene un gran interés por
la democracia participativa. Se sumó al TNI como cocoordinador
del Proyecto de Energía en 2001, donde estudió las alternativas de-
mocráticas y participativas a la privatización de la electricidad en el
Sur global. Además, contribuyó a crear el proyecto New Politics en
el TNI en 2002 y ha seguido trabajando en temas relacionados con
la energía, las empresas públicas y los movimientos políticos. En
Sobre los autores y las autoras / 249
2018, copublicó su más reciente libro: Repensar lo público: Estado,
sociedad y servicios básicos en América Latina.
Ashley Dawson es profesor de inglés del Centro de Posgrados
de la Universidad de la Ciudad de Nueva York y del College of
Staten Island. Sus últimos libros se centran en temas clave de las
Humanidades Ambientales e incluyen People’s Power: Reclaiming
the Energy Commons (O/R, 2020), Extreme Cities: The Peril and
Promise of Urban Life in the Age of Climate Change (Verso, 2017),
y Extinction: A Radical History (O/R, 2016). Dawson es autor del
libro Environmentalism from Below (Haymarket), de próxima
publicación, y coeditor de la colección Decolonize Conservation!
(Common Notions). Es miembro de la campaña Public Power NY y
fundador del Public Power Observatory.
Ebla Research Collective es un colectivo integrado por investiga-
doras con un entendimiento sólido del contexto político, socioeco-
nómico, ambiental y de seguridad en el Líbano y la región árabe. El
grupo procura crear un espacio para explorar posibilidades e ima-
ginarios colectivos en un momento de transformación. Está com-
puesto por Dana Abi Ghanem, Zeina Abla y Muzna Al-Masri, autoras
del ensayo “Cómo negociar la crisis energética mundial desde la escalera”,
basado en la investigación realizada por ellas, junto con las investigado-
ras de campo Amr Dukmak, Fatima Fouad el-Saman, Firas Dabbagh,
Karim Khansa, Mostafa Soueid, Mounia Chmailtilli, Rand Berjawi
y Watfa Najdi
Clémence Dubois es directora adjunta de campañas internaciona-
les de la red de activismo por el clima, 350.org. Ha participado en la
campaña StopTotal en Francia.
Communia Collective is a young think tank committed to deve-
loping and implementing strategies for a democratic economy.
Their work centres on supporting social movements that advocate
250 / Sobre los autores y las autoras
for socialisation and exploring alternative models of public and de-
mocratic ownership. They strive to advance progressive economic
thinking and action through policy shaping, rigorous research, and
the development of compelling narratives that call for an economy
that serves the many. Their essay was written by Lemon Banhierl,
Justus Henze and Max Wilken, communia’s team working on ener-
gy socialisation.
James Goodman y el grupo de investigación Decarbonising
Electricity: Gareth Bryant, Linda Connor, Devleena Ghosh, Jon
Marshall, Tom Morton, Katja Mueller, Stuart Rosewarne, Riikka
Heikkinen, Lisa Lumsden, Mareike Pampus y Priya Pillai. El pri-
mer Proyecto del grupo se centró en la oposición a la explotación
de nuevas minas de carbón y la ampliación de minas existentes en
Lusacia, Alemania, el estado indio de Chhattisgarh y Nueva Gales
del Sur en Australia, que dio lugar a la publicación de Beyond the
Coal Rush (Cambridge University Press, 2020). El segundo proyecto
se centra en la transición a energías renovables a nivel regional en
Lusacia, el estado indio de Karnataka y Australia Meridional, publi-
cado en 2024 con el título Decarbonising Electricity. Puede visitar el
sitio web del proyecto en: www.decarbenergy.net
Steffen Haag, Johanna Tunn, Tobias Kalt, Franziska Müller y
Jenny Simon son un equipo de investigación en la Universidad de
Hamburgo, que estudia la economía política mundial de las tran-
siciones energéticas en África. Su labor se centra en las relaciones
de poder poscoloniales. El proyecto de investigación H2POLITICS
examina los impactos socioecológicos y en el desarrollo de producir
hidrógeno verde en el sur global para su exportación a Alemania
con el fin de apoyar su transición energética.
Timothy Mitchell es un teórico político, historiador y catedráti-
co de estudios sobre Oriente Medio, Asia Meridional y África en
la Universidad de Columbia. En 2012, su libro Carbon Democracy:
Sobre los autores y las autoras / 251
Political Power in the Age of Oil redefinió la historia de la energía
en Oriente Medio, demostrando el modo en que el petróleo debili-
tó la democracia, contribuyó al militarismo y al imperio, y creó un
mito peligroso de crecimiento infinito.
Lala Peñaranda es una ecosocialista feminista de Colombia, radica-
da en Bogotá. Es coordinadora en América Latina de Trade Unions
for Energy Democracy (TUED), una red mundial con sede en la
Facultad del Trabajo y Estudios Urbanos del Centro de Posgrados
de la Universidad de Nueva York (CUNY). También forma parte de
Democratic Socialists of America (DSA) y Science for the People
(SftP).
Olivier Petitjean es periodista y cofundador del Observatorio de
las Multinacionales (Multinationales.org), creado en Francia en
2013. Se especializa en empresas y lobby.
Thea Riofrancos es profesora adjunta de ciencias políticas de
Providence College y miembro del Climate and Community
Project, un grupo de estudios de izquierda. Se dedica principalmen-
te a investigar la política de extracción, en particular en América
Latina y Estados Unidos. Su próxima publicación es Extraction: The
Frontiers of Green Capitalism.
Tatiana Roa Avendaño es una ambientalista colombiana. En enero
de 2024 fue nombrada viceministra de Ordenamiento Ambiental
del Territorio por el Gobierno de Gustavo Petro. Anteriormente
fue cofundadora y coordinadora de Energía y Justicia Climática en
Censat Agua Viva. Ha sido parte de diversas redes nacionales e inter-
nacionales como Oilwatch, la Alianza Colombia Libre de Fracking y
el Pacto Ecosocial e Intercultural del Sur. Es ingeniera de petróleos,
tiene una maestría en Estudios Latinoamericanos y es candidata a
doctorado en la Universidad de Ámsterdam.
252 / Sobre los autores y las autoras
Kristian Stokke es catedrática del Departamento de Sociología
y Geografía Humana de la Universidad de Oslo. También es pre-
sidenta del directorio del Comité Noruego de Birmania. Investiga
el papel de los movimientos sociales en la democratización y la
resolución de conflictos, específicamente en Birmania/Myanmar,
Indonesia, Sri Lanka, Nepal y Sudáfrica.
Gz. MeeNilankco Theiventhran es estudiante de doctorado del
Departamento de Sociología y Geografía Humana y director de la
cátedra del programa de Estudios de Desarrollo Internacional en la
Universidad de Oslo. Su investigación se centra en las transiciones
energéticas en el sur global. Además es geógrafo político, especiali-
zado en geopolítica, la sociedades de posguerra y la democratiza-
ción en Asia Meridional.
Ozzi Warwick es director de educación e investigación del Sindicato
de Trabajadores Petroleros de Trinidad y Tobago y secretario gene-
ral del Movimiento Sindical Conjunto. Es miembro fundador de
Trade Unions for Energy Democracy South (TUED South), una
nueva plataforma sindical liderada desde el sur, que ha adoptado un
enfoque público a una transición energética justa.
Sobre los autores y las autoras / 253