ORACIÓN CUARESMAL
EN MONASTERIOS Y CONVENTOS
¡Reza con nosotros!
JUEVES 27 DE MARZO
19:30
VÍSPERAS
III JUEVES DE CUARESMA
Hablar con Dios es el oficio de la fe. Si algo estamos
perdiendo a paso gigante es esto, la oración, el espacio
destinado al encuentro existencial, al diálogo con Aquel
que da sentido a la vida y consistencia y luz y fuerza. En
el horario de cada día busquemos salvaguardar un rato,
un tiempo, para hablar con Dios como un amigo con su
amigo, para darle gracias, para alabarle, para pedirle,
para presentarle una queja y un gemido a los que nadie
puede responder.
Hablar con Dios para recordar sus maravillas con
los hombres, las grandes proezas que ha llevado a
cabo en nuestra vida, su amable compañía, su
presencia.
Y hablar con Él porque a veces se hace duro el
vivir y sin sentido, porque hay muchas preguntas
que queman en los labios y en el corazón, porque
hay muchas cosas que no se entienden ni
comprenden, porque nos abruma el mal, y el
propio pecado, y andamos desorientados y solos y
tristes. Y queremos saber porqué y queremos saber
qué hacer y cómo vivir en medio de un mundo
hostil o complejo. Hablar con Dios porque no
tenemos todas las preguntas y esta ignorancia nos
hace errar muchas veces. Orar para escucharle
a Él.
VÍSPERAS
III JUEVES DE CUARESMA
V. Dios mío, ven en mi auxilio. R.
Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo. Como era en el
principio, ahora y siempre, por los
siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
HIMNO
Te damos gracias, Señor, Entonces proclamaremos:
porque has depuesto la ira "¡Cantadle con alegría! ¡El
y has detenido ante el nombre de Dios es grande; su
pueblo la mano que lo caridad, infinita!
castiga.
¡Que alabe al Señor la tierra
Tú eres el Dios que nos salva, la ! Contadle sus maravillas. ¡Qué
luz que nos ilumina, la mano que grande, en medio del pueblo,
nos sostiene y el techo que nos el Dios que nos justifica!". Amén.
cobija.
Y sacaremos con gozo del
manantial de la Vida las aguas
que dan al hombre la fuerza que
resucita.
.
Ant. 1. Que tus fieles, Señor, vitoreen al entrar en tu
morada
Salmo 131. PROMESAS A LA CASA DE DAVID
Señor, tenle en cuenta a David todos sus
afanes: cómo juró al Señor e hizo voto al
Fuerte de Jacob:
«No entraré bajo el techo de mi casa, no
subiré al lecho de mi descanso, no daré
sueño a mis ojos, ni reposo a mis
párpados, hasta que encuentre un lugar
para el Señor, una morada para el Fuerte
de Jacob.»
Oímos que estaba en Efrata, la
encontramos en el Soto de
Jaar: entremos en su morada,
postrémonos ante el estrado
de sus pies.
Levántate, Señor, ven a tu
mansión, ven con el arca de
tu poder: que tus
sacerdotes se vistan de
gala, que tus fieles vitoreen.
Por amor a tu siervo David,
no niegues audiencia a tu
Ungido.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. 2.
El Señor ha elegido a Sión, ha deseado vivir en ella.
II
El Señor ha jurado a David
una promesa que no retractará:
«A uno de tu linaje
pondré sobre tu trono.
Si tus hijos guardan mi alianza
y los mandatos que les enseño,
también sus hijos, por siempre,
se sentarán sobre tu trono.»
Porque el Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en ella:
«Ésta es mi mansión por siempre,
aquí viviré, porque la deseo.
Bendeciré sus provisiones,
a sus pobres los saciaré de pan;
vestiré a sus sacerdotes de gala,
y sus fieles aclamarán con vítores.
Haré germinar el vigor de David,
enciendo una lámpara para mi Ungido.
A sus enemigos los vestiré de ignominia,
sobre él brillará mi diadema.»
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. 3 . El Señor le dio el poder, el honor y el reino,
y todos los pueblos le servirán.
Cántico x Ap. 11, 17-18; 12, 10b-12a
EL JUICIO DE DIOS
Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.
Se encolerizaron las gentes, llegó tu cólera, y
el tiempo de que sean juzgados los muertos, y
de dar el galardón a tus siervos los profetas, y
a los santos y a los que temen tu nombre, y a
los pequeños y a los grandes, y de arruinar a
los que arruinaron la tierra.
Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.
Ellos le vencieron en virtud de la sangre del
Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
LECTURA BREVE Sant 4, 7-8. 10 Someteos a Dios y
enfrentaos con el diablo, que huirá de vosotros.
Acercaos a Dios, y Dios se acercará a vosotros.
Pecadores, lavaos las manos; hombres indecisos,
purificaos el corazón. Humillaos ante el Señor, que él
os levantará.
RESPONSORIO BREVE V. Yo dije: Señor, ten
misericordia. R. Yo dije: Señor, ten
misericordia. V . Sáname, porque he pecado
contra ti. R . Señor, ten misericordia. V . Gloria al
Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. R . Yo dije:
Señor, ten misericordia.
CÁNTICO EVANGÉLICO Ant. Una mujer de entre el
gentío levantó la voz, diciendo: «Dichoso el vientre
que te llevó y los pechos que te criaron». Pero Jesús
repuso: «Mejor, dichosos los que escuchan la Palabra
de Dios y la cumplen»
MAGNÍFICAT Lc 1, 46-55
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas
las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí
su nombre es santo
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
—como lo había prometido a nuestros padres—
en favor de Abraham y su descendencia por
siempre.
Ant. Una mujer de entre el gentío levantó la voz,
diciendo: «Dichoso el vientre que te llevó y los
pechos que te criaron». Pero Jesús repuso: «Mejor,
dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la
cumplen».
PRECES
Oremos a Cristo, el Señor, que nos dio
el mandamiento nuevo de amarnos los unos a los
otros, y digámosle: Acrecienta, Señor, la caridad de
tu Iglesia.
Maestro bueno, enséñanos a amarte en nuestros
hermanos
— y a servirte en cada uno de ellos.
Tú que en la cruz pediste al Padre el perdón para
tus verdugos,
— concédenos amar a nuestros enemigos y orar por
los que nos persiguen.
Señor, que con la participación en el misterio de tu
cuerpo y de tu sangre acreciente en nosotros el
amor, la fortaleza y la confianza, — y dé vigor a los
débiles, consuelo a los tristes, esperanza a los
agonizantes.
Señor, luz del mundo, que, por el agua, concediste
al ciego de nacimiento que pudiera ver la luz,
— ilumina a nuestros catecúmenos por el
sacramento del agua y de la palabra.
Concede la plenitud de tu amor a los difuntos
— y haz que un día nos contemos entre tus elegidos.
.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea
tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu
voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy
nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos
ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y
líbranos del mal.
ORACIÓN
Te pedimos humildemente, Señor, que, a medida que
se acerca la fiesta de nuestra salvación, vaya
creciendo en intensidad nuestra entrega para
celebrar dignamente el misterio pascual. Por nuestro
Señor Jesucristo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y
nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.