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Cuentos Cortos Del Caribe

"Cuentos cortos del Caribe" es una colección de relatos de José Antonio Britto Peña que explora la rica cultura y tradiciones del Caribe colombiano a través de historias de misterio y lo sobrenatural. Cada cuento presenta experiencias únicas que desafían la lógica y sumergen al lector en un mundo lleno de fantasmas, leyendas y encuentros con lo inexplicable. La obra invita a los lectores a reflexionar sobre lo desconocido y a disfrutar de la magia que rodea a esta vibrante región.

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Cuentos Cortos Del Caribe

"Cuentos cortos del Caribe" es una colección de relatos de José Antonio Britto Peña que explora la rica cultura y tradiciones del Caribe colombiano a través de historias de misterio y lo sobrenatural. Cada cuento presenta experiencias únicas que desafían la lógica y sumergen al lector en un mundo lleno de fantasmas, leyendas y encuentros con lo inexplicable. La obra invita a los lectores a reflexionar sobre lo desconocido y a disfrutar de la magia que rodea a esta vibrante región.

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“Cuentos cortos del caribe”

“Cuentos cortos del


caribe.”

José Antonio Britto Peña

-1-
CONTENIDO

Prólogo………………………………………………………………………………. 3

El Secreto de la Mujer del Río……………………………………………………. 4

El Desdoblamiento………………………………………………………………….5

El Jinete Fantasma…………………………………………………………………...6

La Sombra de Ojos Azules…………………………………………………………7

La Bruja del Techo de Zinc…………………………………………………………8

El Pavo del Bosque………………………………………………………………….9

El Perro Negro del Molino…………………………………………………………10

El tesoro de la abuela……………………………………………………………….11

La fiesta en la playa………………………………………………………………....12

El fantasma del carnaval…………………………………………………………...13

El robo del sombrero vueltiao…………………………………………………….14

La leyenda del caimán………………………………………………………….…..15

El misterio del acordeón perdido…………………………………………………16

El pescado de Bazurto………………………………………………………………17

La leyenda del yotojoro sagrado………………………………………………….18

-2-
Prólogo

El caribe colombiano es una región rica en historia, cultura y tradiciones. Sus paisajes
vibrantes, desde las playas doradas hasta los manglares misteriosos, son el escenario
perfecto para historias llenas de vida y color. En “Cuentos cortos del Caribe”, te
invitamos a sumergirte en un mundo donde la mágia y el misterio se entrelazan,
creando relatos que te harán reír y reflexionar.

Sabemos que desde tiempos inmemoriales, la humanidad ha sentido una fascinación


innata por lo desconocido, por aquello que se oculta más allá del velo de la realidad
cotidiana. En cada rincón del mundo, en cada cultura, existen relatos de encuentros con
lo sobrenatural, historias que nos recuerdan que no estamos solos, que hay algo más allá
de lo que nuestros ojos pueden ver.

“Cuentos Cortos del Caribe” es una colección de cuentos que explora estas experiencias,
basados en vivencias reales y personales. Cada relato nos sumerge en un mundo donde
lo inexplicable se convierte en protagonista, donde los fantasmas, las sombras y las
entidades de otros planos se manifiestan para recordarnos su presencia.

Cada cuento en esta colección es una ventana a lo oculto, una invitación a explorar los
límites de nuestra percepción y a cuestionar lo que creemos saber sobre el mundo que
nos rodea. Prepárate para adentrarte en un viaje lleno de misterio y suspenso, donde los
susurros del más allá nos guiarán a través de historias que desafían la lógica y
despiertan nuestra imaginación.

Esperamos que disfrutes de estos cuentos tanto como yo los disfruté creándolos. Que
cada historia te transporte a los rincones más encantadores del Caribe colombiano y te
haga sentir parte de sus tradiciones y su espíritu festivo.

Bienvenido a un viaje literario lleno de risas, enigmas y la calidez del Caribe.

-3-
El Secreto de la Mujer del Río
Tomás tenía solo seis años cuando vivió una experiencia que nunca olvidaría. Vivía con
su madre y su hermano menor en una pequeña casa de dos habitaciones en Villanueva,
La Guajira, al norte de Colombia. Las puertas de la casa se cerraban con una tranca por
dentro, una medida de seguridad común en los pueblos.

Una noche, alrededor de las tres de la mañana, Tomás dormía plácidamente en una
hamaca en su habitación. De repente, la tranca de la puerta cayó al suelo con un
estruendo y la puerta se abrió de golpe. Un aire frío invadió la habitación, despertando a
Tomás. Parpadeó, tratando de entender lo que estaba pasando, y entonces la vio.

Una figura femenina, de un azul blanquecino, estaba de pie en el umbral de la puerta.


Parecía haber salido del agua, con su cabello largo y mojado goteando sobre su vestido
antiguo. Sus ojos, tristes y vacíos, miraban directamente a Tomás. El corazón de Tomás
latía con fuerza, pero no podía apartar la mirada. La mujer fantasma avanzó lentamente
hacia él, dejando un rastro de gotas de agua en el suelo.

Tomás, asustado, entrecerró los ojos, fingiendo que seguía dormido. La hamaca se movía
suavemente con cada paso de la mujer. Ella sonrió y se acercó, tocando suavemente el
rostro de Tomás con su mano húmeda. El frío de su toque hizo que Tomás se
estremeciera.

La mujer fantasma se dirigió entonces a la otra habitación, donde dormían la madre y el


hermano menor de Tomás. Se quedó observándolos por un momento antes de regresar a
la habitación de Tomás. Él, aún estupefacto, la observaba con el rabillo del ojo. Cuando
se incorporó ligeramente en la hamaca, esta se movió de nuevo, y la mujer sonrió antes
de desaparecer en la oscuridad del patio.

A la mañana siguiente, Tomás, aún impactado por lo sucedido, decidió contarle a su


madre. Sin embargo, para evitar que pensara que estaba loco, le preguntó con
vergüenza: “Mamá, ¿qué hacía mi madrina en la casa anoche?”

Su madre, asustada, le respondió: “Pensé que habías abierto la puerta a esa hora.” Dos
días después, la familia se mudó de esa casa, dejando atrás el misterio de la mujer del
río.

-4-
El Desdoblamiento
Tomás tenía catorce años cuando vivió una experiencia que marcaría su vida para
siempre. Había dejado atrás Villanueva y ahora vivía en la casa de su abuela en
Valledupar, una casa de tres habitaciones. Tomás dormía en la habitación del medio y
solía acostarse tarde, disfrutando de la tranquilidad de la noche.

Una noche, mientras dormía profundamente, Tomás despertó de repente. Al abrir los
ojos, se vio a sí mismo acostado en la cama. Era como si se hubiera desdoblado, su
cuerpo astral flotando sobre su cuerpo físico. Confundido y asustado, trató de entender
lo que estaba pasando.

De repente, en la pared del fondo de la habitación, comenzaron a aparecer figuras


flotantes. Eran personas con ropas sucias y dañadas, sus cuerpos envejecidos y
maltrechos, como si fueran fantasmas. Pasaban a través de la pared, una tras otra, sin
notar la presencia de Tomás.

Pero entonces, uno de ellos se detuvo y volteó a mirarlo. Era un hombre alto, de cabello
largo y tez blanca, con ojeras profundas y cabello casi cayéndose. Su ropa estaba
harapienta y su expresión era de ira. “No tienes por qué estar viendo esto”, dijo con voz
grave y amenazante.

El hombre se acercó rápidamente a Tomás y puso su mano enorme sobre su cara,


hundiéndolo en el colchón y cortando su respiración. Tomás intentó gritar, pero su
cuerpo estaba paralizado, incluso su lengua. La desesperación lo invadió mientras
luchaba por respirar.

En medio de su agonía, Tomás solo podía pensar en pedir ayuda a Dios. Con todas sus
fuerzas, logró mover la boca y gritó llamando a su tía, que dormía en la habitación de al
lado. En ese momento, vio una luz proveniente de la habitación de su tía.

Con un último esfuerzo, Tomás se liberó del agarre del fantasma y se arrastró hasta la
habitación de su tía. Al llegar, se sintió liberado del terror que lo había paralizado. Se
acurrucó a los pies de su tía y, llorando, finalmente se quedó dormido.

-5-
El Jinete Fantasma
Tomás siempre disfrutaba quedarse hasta tarde viendo televisión, a pesar de las
advertencias de sus tías y su abuela de que debía acostarse temprano. Una noche,
mientras veía la televisión en la sala con las luces apagadas, escuchó el sonido de un
caballo galopando en la calle frente a la casa. Intrigado, se asomó por la ventana,
escondido entre las cortinas, para ver quién podía estar cabalgando a esa hora. Sin
embargo, no pudo ver nada ni a nadie.

Volvió a sentarse, pero esta vez el sonido del caballo se detuvo justo enfrente de la
ventana. Tomás sintió una presencia, como si el caballo estuviera siendo llevado por un
jinete invisible. Lo extraño era que no podía verlo, pero sí sentirlo. Decidió asomarse
nuevamente por la ventana, pero en ese momento sintió unas uñas largas rasgando la
puerta metálica de la casa.

El miedo lo invadió. Apagó el televisor y corrió asustado a su habitación, donde se


acurrucó bajo las sábanas, temblando. Al día siguiente, decidió indagar con sus amigos
del barrio sobre lo que había sucedido. Para su sorpresa, descubrió que no era el único
que había tenido esa experiencia. Muchas personas habían visto o escuchado al mismo
caballo fantasma, que se aparecía a aquellos que se acostaban tarde y a los borrachos.

La leyenda del jinete fantasma se convirtió en un tema recurrente entre los vecinos.
Algunos decían que era el espíritu de un antiguo caballero que había muerto
trágicamente en la zona, mientras que otros creían que era una advertencia para aquellos
que no seguían las reglas. Sea cual fuera la verdad, Tomás nunca volvió a quedarse hasta
tarde viendo televisión, temeroso de volver a encontrarse con el jinete fantasma.

-6-
La Sombra de Ojos Azules
Tomás, ya adulto, frecuentaba un bar propiedad de unos amigos donde trabajaba su
novia. Iba todas las noches, pero a pesar de haber recorrido el mundo, se sentía
descontento con su situación actual. Su mente se oscurecía con pensamientos negativos
que lo atormentaban, y sus facultades psíquicas estaban al tope, permitiéndole ver
fantasmas, demonios y huestes celestiales con facilidad.

Una madrugada, mientras regresaba a casa caminando, Tomás estaba sumido en sus
pensamientos cuando de repente sintió que algo lo venía persiguiendo. No era humano;
era una presencia muy fuerte con un olor particular, nauseabundo y penetrante.
Cansado de ser seguido, Tomás se detuvo y, con valentía, gritó: “¡Sea lo que seas,
preséntate delante de mí y haz lo que tengas que hacer!”

De pronto, una sombra comenzó a materializarse frente a él. Tenía ojos azules brillantes
y una presencia aterradora. Tomás se dio cuenta, con horror, de que estaba invocando a
la misma muerte, y que venía por él. Aterrorizado, le dijo: “Me arrepiento de lo que he
dicho. Perdóname, lamento haber dicho esas cosas.”

Cerró los ojos, sintiendo cómo la entidad se disolvía poco a poco. La sensación de miedo
lo invadió por completo, y corrió hasta su casa, asustado como nunca antes. Desde ese
día, Tomás cuidó mucho lo que decía a este tipo de criaturas, consciente del poder de sus
palabras y de las consecuencias que podían traer.

-7-
La Bruja del Techo de Zinc
En el pequeño y caluroso pueblo de San Juan del Cesar, en La Guajira, vivía un niño de
ocho años junto a su padre en la casa materna de este. La casa, construida de barro y
rodeada de exuberantes plantas, era típica de los pueblos guajiros. En el patio, había una
habitación anexa hecha de paneles de zinc, que antes había sido una bodega y ahora
servía como dormitorio para su padre.

Una noche, el silencio fue roto abruptamente por un grito desgarrador. El niño y su
familia se despertaron sobresaltados y corrieron hacia la habitación de zinc. Al llegar,
escucharon un ruido inquietante en el techo, como si alguien estuviera caminando sobre
las láminas de metal. Miraron hacia arriba y, con asombro, vieron una sombra que
parecía tener la forma de un pájaro y una mujer. La abuela del niño, con sabiduría
ancestral, la identificó de inmediato: “Es una bruja”, dijo con voz firme.

El tío del niño abrió la puerta de la habitación y lo que vieron los dejó sin aliento. El
padre del niño estaba levitando sobre la cama, boca arriba, gritando de terror. Algo en el
techo parecía estar intentando arrancarle el alma del pecho. La abuela, sin perder
tiempo, les ordenó a todos que gritaran palabras soeces a la bruja para espantarla. La
familia obedeció, y los gritos resonaron en la noche.

La bruja, al verse acorralada, saltó del techo y corrió hacia el fondo del patio, donde
había una fosa séptica cubierta por una tapa de cemento. En su huida, la bruja pisó la
tapa, quebrándola, y desapareció en la oscuridad de los patios vecinos, lanzando un
último grito espeluznante. La abuela, con voz desafiante, le gritó que volviera al día
siguiente por sal, una antigua táctica para descubrir a las brujas, ya que se decía que no
podían resistirse a pedir sal.

A la mañana siguiente, los niños de la casa, aún asombrados por lo sucedido,


comentaban entre ellos sobre la bruja que había intentado llevarse el alma de su padre y
había tumbado la fosa séptica. La historia se convirtió en una leyenda local, y desde
entonces, en San Juan del Cesar, nadie se atrevía a pedir sal a los vecinos, y en cada
hogar, la sal nunca debía faltar.

-8-
El Pavo del Bosque
En el tranquilo pueblo de San Pedro, en La Guajira, vivía una familia que administraba
una finca en la zona rural. Los niños, como era costumbre, jugaban hasta tarde,
disfrutando de la libertad que les ofrecía el campo. Una tarde, cuando el sol comenzaba a
ocultarse, la madre llamó a sus hijos para que entraran a la casa. Sin embargo,Bernardo,
un niño travieso y curioso, decidió seguir jugando con sus canicas, ignorando la
llamada.

A su lado, un pavo grande y majestuoso no se apartaba de él. Todos en la familia habían


visto al animal, una presencia común en la finca. Pero esa tarde, algo era diferente. Cada
vez que miraban hacia Bernardo, él y el pavo parecían estar más lejos, como si una
fuerza invisible los empujara hacia el bosque.

Las horas pasaron y, sin darse cuenta, Bernardo se encontró lejos de casa, con la noche
cayendo rápidamente. Al darse cuenta de su situación, el miedo lo invadió. El pavo, que
hasta entonces había sido una compañía silenciosa, comenzó a seguirlo de cerca, sus ojos
brillando con una luz extraña en la penumbra.

Bernardo, helado de miedo, corrió hacia la casa, pero el pavo lo perseguía


incansablemente. Para su fortuna, su familia había notado su ausencia y había
comenzado a buscarlo. Lo encontraron rápidamente, justo a tiempo para salvarlo de lo
que parecía ser una bruja disfrazada de pavo, una criatura que acechaba en la oscuridad
del bosque.

En los pueblos de La Guajira, se decía que las brujas y los brujos se transformaban en
animales de gran tamaño para poder acechar por las noches y llevarse a los niños
desobedientes o a los borrachos y mujeriegos. Esa noche, la familia se reunió alrededor
de Bernardo, agradecidos de haberlo encontrado a salvo. La historia del pavo del bosque
se convirtió en una advertencia para todos los niños del pueblo: nunca desobedecer y
siempre regresar a casa antes de que caiga la noche.

-9-
El Perro Negro del Molino
En el pequeño y caluroso pueblo de El Molino, en La Guajira, vivía Jesualdo, un
jornalero conocido por su amor al ron y su habilidad para el dominó. Cada noche de
Semana Santa, después de un largo día de trabajo, Jesualdo se reunía con sus compadres
Evelio y Jaime Luis en la cantina del pueblo. Allí, entre risas y tragos, pasaban las horas
jugando dominó hasta bien entrada la noche.

Una noche, mientras las campanas de la iglesia marcaban la medianoche, Evelio


mencionó una vieja leyenda del pueblo. “Dicen que cerca del cementerio, durante la
Semana Santa, aparece un perro negro de ojos brillantes. Nadie sabe de dónde viene,
pero todos los que lo han visto aseguran que es un mal presagio.”

Jesualdo, con el valor que solo el ron puede dar, se rió y dijo: “¡Bah! No le tengo miedo a
ningún perro. Mañana por la noche, iré al cementerio y veré si esa leyenda es cierta.”

La noche siguiente, después de otra sesión de dominó y ron, Jesualdo se dirigió al


cementerio. El aire estaba cargado de una extraña quietud, y la luna llena iluminaba las
tumbas con una luz fantasmal. Mientras caminaba entre las lápidas, escuchó un gruñido
bajo y amenazante. Al voltear, vio al perro negro, sus ojos brillando como brasas en la
oscuridad, rodeado de llamas que parecían salir del mismo infierno.

El perro avanzó lentamente hacia Jesualdo, sus ojos fijos en él. Jesualdo, sintiendo el
miedo apoderarse de él, intentó retroceder, pero sus piernas no respondían. El perro se
detuvo a unos metros de él y comenzó a ladrar ferozmente. En ese momento, Jesualdo
recordó las palabras de su abuela: “Cuando te enfrentes a un espíritu maligno, debes
mostrarle que no tienes miedo.”

Reuniendo todo su coraje, Jesualdo gritó: “¡Vete de aquí, perro del demonio! No te tengo
miedo.” El perro, sorprendido por la valentía de Jesualdo, retrocedió unos pasos.
Aprovechando la oportunidad, Jesualdo recogió una piedra y la lanzó hacia el perro. La
piedra pasó a través del animal, como si fuera una sombra, y el perro desapareció en la
oscuridad, pero no sin antes decir con una voz gutural: “Volveré por ti, Jesualdo. Nos
volveremos a encontrar.”

Jesualdo, temblando pero victorioso, regresó a la cantina donde Evelio y Jaime Luis lo
esperaban. “¿Lo viste?” preguntó Evelio. Jesualdo asintió, aún recuperándose de la
experiencia. “Sí, lo vi. Y no volverá a molestarme.”

Desde esa noche, la leyenda del perro negro del Molino se convirtió en una historia de
valentía y coraje. Jesualdo, Evelio y Jaime Luis siguieron jugando dominó y bebiendo
ron, pero siempre recordaban la noche en que Jesualdo enfrentó al perro negro y salió
victorioso, aunque con la inquietante promesa de un futuro encuentro.

- 10 -
El tesoro de la abuela
En el pequeño pueblo costero de Taganga, la vida de los pescadores había cambiado
drásticamente. Los peces, que solían abundar en las aguas cristalinas, habían comenzado
a desaparecer misteriosamente. Juan y sus amigos, todos pescadores de la zona, estaban
preocupados por su sustento y el futuro de sus familias.

Un día, mientras exploraban el cuarto de San Alejo en la casa de la abuela de Juan,


encontraron un viejo baúl cubierto de polvo. Decidieron abrirlo con la esperanza de
encontrar algo que pudiera ayudar a su comunidad. Dentro del baúl, hallaron un mapa
antiguo y una colección de cartas y recuerdos de la juventud de la abuela. Entre las
cartas, encontraron una leyenda sobre una criatura que, hace muchos años, había
atacado el pueblo pesquero y causado la desaparición de los peces.

Decididos a seguir las pistas del mapa, los amigos se embarcaron en una aventura que
los llevó a través de playas, manglares y cuevas. Mientras caminaban por la playa,
encontraron un letrero con la advertencia de “Cuidado con las medusas”. Como el
letrero estaba tirado en las rocas, creyeron que la marea lo había dejado allí y
continuaron su búsqueda.

Aunque su objetivo principal era descubrir por qué los peces habían desaparecido,
Higidio, uno de los amigos de Juan, sugirió que tal vez había un tesoro escondido. Los
demás se rieron de él, diciendo que creía demasiado en historias de piratas. Sin embargo,
la idea de un tesoro añadió un toque de emoción a su búsqueda.

Finalmente, las pistas los llevaron a una cueva oculta detrás de una cascada. Dentro de la
cueva, encontraron una barcaza vieja. Sin pensarlo dos veces, se subieron a la barcaza y
comenzaron a navegar. Después de un tiempo, llegaron a una playa diferente, un lugar
que ninguno de ellos había visto antes. De repente, una criatura extraña emergió del
agua y los atacó.

Los amigos intentaron defenderse con las redes que tenían en la barcaza, pero la criatura
se enfureció. El cielo se oscureció y, en un ataque de furia, la criatura destruyó la
barcaza, dejándolos naufragados. Desesperados, nadaron rápidamente hacia la orilla y
encontraron una cueva oscura. Sin otra opción, cruzaron la cueva, que los llevó de
regreso a las playas de Taganga.

Al salir, se dieron cuenta de que habían estado desaparecidos durante una semana. Sus
familias y amigos los habían estado buscando sin descanso. Al contar la historia, muchos
no les creyeron, pensando que era una invención producto del miedo y la desesperación.
Sin embargo, algo extraño sucedió: los peces regresaron a las aguas de Taganga. La

- 11 -
comunidad pudo seguir con sus vidas, pero Juan y sus amigos nunca olvidaron lo que
había pasado en aquella cueva extraña y la criatura que habían enfrentado.

La fiesta en la playa
Durante una animada fiesta en la playa de Santa Marta, dos amigos, Carlos y Miguel, se
quedaron bebiendo hasta tarde. La música y las risas llenaban el aire, pero cuando la
fiesta comenzó a apagarse, decidieron explorar un poco más. En su estado de
embriaguez, se adentraron en una cueva que nunca antes habían visto.

Dentro de la cueva, encontraron una laguna de agua salada y una balsa de troncos. Lo
más sorprendente fue el esqueleto abrazando un cofre en el centro de la laguna. La vista
les hizo pasar la borrachera de inmediato. Decidieron acercarse al esqueleto para quitarle
el cofre, pero pronto se dieron cuenta de que el cofre estaba rodeado de trampas.

Carlos, con un poco más de lucidez, sugirió que debían desactivar las trampas antes de
intentar llevarse el cofre. Después de varios intentos y mucha cautela, lograron burlar las
trampas y agarrar el cofre. Sin embargo, en ese momento, la balsa comenzó a hundirse
por un hueco que se abrió en el fondo de la laguna. Fueron absorbidos junto con el cofre
y, tras una caída vertiginosa, se encontraron en una playa desconocida.

Aún aferrados al cofre y casi ahogándose, lograron reponerse y comenzaron a reír a


carcajadas por haber logrado su cometido. Sin embargo, la alegría duró poco. Miguel,
lleno de codicia, comenzó a discutir con Carlos sobre cómo repartir el tesoro. Sin siquiera
abrir el cofre, la codicia de Miguel lo llevó a empujar a Carlos contra las rocas, dejándolo
inconsciente.

Miguel, creyendo que había eliminado a su compañero, llevó el cofre a un lugar


apartado de la playa donde pensaba que nadie lo encontraría. Con una piedra, abrió el
cofre solo para descubrir que estaba lleno de una baba negra que lo tragó de inmediato y
se hundió en la tierra.

Carlos despertó con la cabeza rota y aturdido. Al darse cuenta de lo que había sucedido,
vio que de su compañero solo quedaban un zapato y una mano. Aterrorizado, se levantó
y huyó del lugar. Nadie volvió a saber de los dos borrachos, y la historia de la cueva del
pirata se convirtió en una leyenda más del Caribe.

- 12 -
El fantasma del carnaval
En pleno carnaval de Barranquilla, un fantasma comenzó a aparecer en las comparsas,
asustando a los participantes y espectadores. Carlos Muegues, conocido por ser un
mamador de gallo y streamer, decidió descubrir la verdad detrás del fantasma. Carlos
tenía la costumbre de asustar a adolescentes por la noche y transmitirlo en vivo por
redes sociales, ganando así una gran cantidad de seguidores.

La gente del barrio estaba aterrorizada y los rumores sobre el fantasma se esparcían
rápidamente. Decían que la historia era cierta y hablaban de personas que habían
muerto muchos años atrás en circunstancias misteriosas. Para disipar esos rumores,
Carlos decidió investigar más a fondo.

Una noche, armado con una lámpara y su cámara activa, Carlos se dirigió a una casa
abandonada a la cual la gente no se acercaba por miedo. Con una mezcla de valentía,
miedo y estupidez, se adentró en la casa. Mientras exploraba, vio al supuesto fantasma
y, sin pensarlo dos veces, lo persiguió y se le tiró encima. Ambos cayeron sobre un
montón de escombros y la transmisión de Carlos se interrumpió en ese momento.

Al levantarse, Carlos se dio cuenta de que el “fantasma” no era más que un amigo suyo,
conocido por hacer bromas pesadas. Cuando se reconocieron, se rieron a carcajadas.
Carlos decidió guardar el secreto y aprovechar la situación para ganar más seguidores,
manteniendo la historia del fantasma viva en sus transmisiones.

La gente del barrio continuó hablando del fantasma, pero Carlos y su amigo sabían la
verdad. Mientras tanto, Carlos siguió creciendo en popularidad, utilizando su ingenio y
sentido del humor para mantener a su audiencia entretenida

- 13 -
El robo del sombrero vueltiao
Durante el festival de Sincelejo, un famoso sombrero vueltiao desapareció
misteriosamente. Este no era un sombrero cualquiera; había sido fabricado por un
artesano zenú de 100 años, utilizando caña flecha dorada y roja. Era un sombrero muy
costoso y su dueño, Ramón Orsini, estaba desesperado por recuperarlo.

La directora del festival, María Varilla, estaba convencida de que el sombrero había sido
llevado por el mismísimo diablo. Esta creencia causó un gran revuelo entre las señoras
resanderas del pueblo, quienes sacaron sus rosarios y comenzaron a rezar
fervientemente para espantar a los malos espíritus.

El jefe de seguridad, Avilio Padilla, tenía otra teoría. Estaba convencido de que el
sombrero había sido robado por los monitos, unas traviesas criaturas que, según las
leyendas locales, se aparecían en la costa para hacer travesuras. Organizó una búsqueda
nocturna con linternas y trampas para duendes, pero solo encontró latas vacías y zapatos
perdidos. Mientras tanto, María Varilla seguía insistiendo en su teoría del diablo, lo que
llevó a más rezos y ceremonias de purificación.

Finalmente, el joven ayudante, Luis, decidió seguir una pista más lógica. Recordó haber
visto a un niño pequeño admirando el sombrero durante el desfile. Luis buscó al niño y
descubrió que lo había tomado prestado para impresionar a sus amigos. El sombrero fue
devuelto y el festival continuó con normalidad.

Sin embargo, el rumor se esparció rápidamente por la región. La historia del sombrero
de Ramón Orsini y el diablo que se lo llevó para enfrentar a Francisco el Hombre en
Machobayo, en La Guajira, se convirtió en una leyenda. Aunque el misterio fue resuelto,
las hilarantes teorías y métodos de los organizadores se convirtieron en una anécdota
popular del festival, recordando a todos que a veces la solución más simple es la correcta

- 14 -
La leyenda del caimán
En el pequeño pueblo ribereño de Ciénaga, vivía un hombre llamado Alberto, conocido
por todos como Beto Padilla. Beto era famoso por su habilidad en el billar y su afición
por enamorar a las mujeres del pueblo. En la costa, existía una creencia muy arraigada:
durante la Semana Santa, uno no debía meterse en el agua ni comer carne roja. Beto
siempre había escuchado estas advertencias de los ancianos, pero las consideraba
simples cuentos.

Las viejitas del pueblo le advirtieron que tuviera cuidado de meterse en el río, pues
podría volverse pescado o algo peor. Beto, burlándose de los cuentos de las viejas,
decidió ignorar las advertencias. Ese Viernes Santo, la tarde era sofocante, así que Beto se
dirigió a la tienda del Cachaco, compró una cerveza y se fue en su burro al río.

Mientras se bañaba en el agua fresca, vio al otro lado del río a unas muchachas que
buscaban leña. Como siempre, intentó acercarse a ellas para enamorarlas. Sin embargo,
poco a poco, Beto se dio cuenta de que su piel comenzaba a volverse escamosa y que
estaba transformándose en un caimán gigante. Aterrorizado, se sumergió en el río y, en
su nueva forma, se acercó a una de las muchachas que recogía leña en la orilla y la
arrastró al agua.

Desde entonces, no se supo más de Beto Padilla. La historia se esparció rápidamente por
el pueblo y la región, convirtiéndose en una leyenda. Se decía que cada Viernes Santo
aparecía un hombre que se transformaba en caimán y se llevaba al fondo del río a las
muchachas. La advertencia de los ancianos y las viejitas del pueblo se convirtió en una
advertencia aún más temida, recordando a todos que algunas tradiciones no deben
tomarse a la ligera.

- 15 -
El misterio del acordeón perdido
En el pueblo de Villanueva, La Guajira, conocido por su festival Cuna de Acordeones,
vivía un famoso acordeonero y parrandero llamado Manuel del Carmen Zabaleta. La
historia se desarrolla en el barrio El Cafetal, un día antes del festival donde Manuel iba a
tocar.

La noche anterior, Manuel del Carmen se encontraba jugando dominó con su compadre
Máximo Gil, Eduardo Martínez y Miguel Díaz. Entre parrandas, dominó y ron, Manuel
dejó su acordeón al lado de un taburete. Cerca de él, había un perro flaco que nadie
conocía. Manuel se extrañó con la presencia del perro, pero lo ignoró y siguió
disfrutando del jolgorio.

Al día siguiente, trasnochado y con resaca, Manuel tenía que asistir a la competencia
clasificatoria para pasar a la final del festival. Sin embargo, el acordeón no aparecía por
ningún lado. Todo el mundo en El Cafetal se unió a la búsqueda del acordeón, pero las
esperanzas se desvanecían rápidamente.

Justo cuando estaban a punto de rendirse, Jorgito, el sobrino de Manuel, recordó haber
visto al perro flaco arrastrando algo hacia la represa del río que quedaba cerca. Todos
corrieron al lugar y, para su sorpresa, encontraron el acordeón colgado de un árbol, al
lado de unas flores de calaguala.

Manuel tomó su acordeón y, con renovada energía, participó en la competencia


clasificatoria, pasando a la final y ganando el concurso. Desde entonces, se comenzó a
creer que el acordeón de Manuel del Carmen estaba embrujado o que había sido tocado
por el diablo. Esta creencia le otorgó una fama aún mayor y atrajo a muchos
acordeoneros de la región que viajaban a Villanueva para retarlo.

La historia del acordeón perdido se convirtió en una leyenda, y Manuel del Carmen
Zabaleta siguió siendo una figura icónica en el mundo del vallenato, conocido no solo
por su talento, sino también por la misteriosa historia de su acordeón.

- 16 -
El pescado de Bazurto

En el bullicioso mercado de Bazurto, en Cartagena, Simón era conocido por vender los
mejores pescados frescos. Cada día, el mercado se llenaba de colores, aromas y sonidos,
y Simón siempre estaba en su puesto, ofreciendo su mercancía con una sonrisa.

Uno de sus clientes más fieles era Ibrahim, un turco que todos los días iba al mercado a
comprar y a comer. Ibrahim tenía una tienda en el centro de la ciudad y siempre
abastecía su negocio con productos frescos de Bazurto. Además, no podía resistirse a los
deliciosos platos de Miguelina, la cocinera dueña de un famoso puesto de comida en el
mercado, especialmente su pescado frito.

Un día, mientras Ibrahim hacía sus compras habituales, se llevó por error un pescado en
una bolsa con las cosas que había comprado para su tienda. Simón, al darse cuenta de la
desaparición del pescado, se preocupó, ya que era uno de los mejores ejemplares que
tenía ese día.

La noticia del pescado desaparecido se esparció rápidamente por el mercado. Simón,


muy molesto, comenzó a perseguir a los gatos y perros del mercado, culpando
especialmente a Capitán, un perro viejo que era propiedad de todos en el mercado de
Bazurto. Capitán era una especie de jefe de los perros y muy querido por todos. El
alboroto que se armó fue considerable, con Simón acusando a Capitán mientras la gente
defendía al perro, asegurando que jamás haría algo así.

En medio de la confusión, Miguelina intervino y le dijo a Simón que le parecía que el


pescado se había ido en las cosas de Ibrahim. Decidieron esperar a que Ibrahim llegara a
su puesto habitual para comer.

Cuando Ibrahim apareció, Miguelina le preguntó si había visto el pescado. Ibrahim,


sorprendido, revisó sus bolsas y encontró el pescado entre sus compras. Se disculpó con
Simón y le explicó que había sido un error. Todos rieron al darse cuenta de la confusión.

Simón recuperó su pescado y, agradecido, decidió regalarle a Ibrahim un plato de


pescado frito preparado por Miguelina. Desde entonces, la historia del pescado
desaparecido se convirtió en una lección para todos en el mercado de Bazurto sobre la
importancia de la comunicación y la confianza en la comunidad. Capitán, por su parte,
siguió siendo el querido guardián del mercado, y Simón aprendió a no apresurarse a
culpar a sus amigos de cuatro patas.

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La leyenda del yotojoro sagrado
En el corazón de la Serranía de la Macuira, en La Guajira, vivía una joven indígena
wayúu llamada Indira. Su madre había sido envenenada y la única esperanza de salvarla
era encontrar la flor del yotojoro sagrado, un cactus que crecía en lo alto de la serranía.
La leyenda decía que esta flor tenía poderes curativos extraordinarios.

Indira, decidida a salvar a su madre, se adentró en la serranía. Mientras caminaba por


los senderos, fue perseguida por los monitos, unas criaturas traviesas que habitaban la
región. Los monitos intentaban distraerla y hacerla perder el camino, pero Indira, con su
determinación, logró seguir adelante.

En su camino, se encontró con un viejo con una sola pierna, conocido por aparecerse a
los caminantes de los senderos. El viejo le pidió ayuda para pelar unas iguarayas, el
fruto del yotojoro común, que estaba cubierto de espinas. Indira, con paciencia y
cuidado, ayudó al viejo a pelar las iguarayas. En agradecimiento, el viejo le mostró el
camino hacia el yotojoro sagrado.

Antes de partir, el viejo le advirtió sobre un jagüei, un cuerpo de agua que debía cruzar
para llegar al yotojoro sagrado. Le dijo que debía cuidarse de las babillas que habitaban
el jagüei y le entregó una pluma de cardenal, un ave de color rojo insignia de La Guajira.
Con esta pluma, Indira podría atravesar el jagüei sin ser atacada.

Finalmente, Indira llegó al jagüei y, con la pluma de cardenal en mano, cruzó el cuerpo
de agua sin problemas. Al otro lado, continuó su ascenso hasta encontrar el yotojoro
sagrado. Sin embargo, al llegar, se dio cuenta de que no podía subir hasta la flor. Usando
su ingenio y la habilidad que tienen las mujeres wayúu para tejer mochilas, Indira
improvisó una herramienta con un palo y unos hilos, logrando bajar la flor sin dañarla.

Al regresar, el viejo la ayudó a salir de la serranía, protegiéndola de los monitos y otros


peligros del camino. Indira regresó a su pueblo con la flor del yotojoro sagrado y, con la
ayuda de los ancianos, preparó un remedio para su madre. La flor curativa funcionó y su
madre se recuperó por completo. La historia de Indira y su valentía se convirtió en una
leyenda en La Guajira, recordando a todos que la verdadera fuerza reside en el amor y la
determinación.

Desde entonces, la leyenda del yotojoro sagrado y la joven Indira se transmitió de


generación en generación, inspirando a muchos a creer en la magia y el poder de la
naturaleza.

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