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La Gama Ciega

La historia narra las aventuras de una gamita que, tras ser picada por abejas y quedar ciega, es ayudada por su madre y un cazador para recuperarse. Al mismo tiempo, se cuenta la vida de un coatí que, tras desobedecer a su madre, es capturado por unos niños, quienes lo cuidan y le dan cariño. Ambas historias reflejan la importancia de la familia, la amistad y las lecciones aprendidas sobre la obediencia y el cuidado.
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La Gama Ciega

La historia narra las aventuras de una gamita que, tras ser picada por abejas y quedar ciega, es ayudada por su madre y un cazador para recuperarse. Al mismo tiempo, se cuenta la vida de un coatí que, tras desobedecer a su madre, es capturado por unos niños, quienes lo cuidan y le dan cariño. Ambas historias reflejan la importancia de la familia, la amistad y las lecciones aprendidas sobre la obediencia y el cuidado.
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LA GAMA CIEGA

Había una vez una gama que tuvo dos hijos mellizos pero un gato montés se comió a uno
de ellos, y quedó solo la hembra. Todas las gamas la querían mucho.
La madre de la gamita todas las mañanas le hacía repetir la oración de los venados que era
como reglas que debía cumplir para que estuviera a salvo. Un día cuando la gamita comía
hojitas por el monte encontró con una colmena de abejitas que no picaban y se comió la
miel que le gusto mucho y corrió a contarle a su madre. Ella le reto y le dijo que esta vez
tuvo suerte pero que había abejas y avispas muy malas que tuviera cuidado. Sin embargo,
la gamita era traviesa y creía que su madre exageraba como todas las madres, al día
siguiente fue en busca de miel y vio otra colmena, pero era diferente y aun así ella fue por
la miel y esta vez las abejas y avispas le picaron por todos lados en la cabeza, en la cola, en
su pancita, hasta en los ojos, corrió llorando en busca de su mamá, pero en eso por las
picaduras se le hincho los ojos y no podía ver por lo que se quedo ciega.
Con miedo lloraba llamando a su mamá, que por suerte estaba cerca porque había salido en
su búsqueda por no llegaba a casa, al encontrarla se preocupo mucho porque su hija estaba
ciega y ella no sabia como curarla. De repente se acordó de un hombre que tenía remedios,
pero vivía en el pueblo al otro lado del monte, era cazador de venados por eso la mamá
tenia miedo de llevar a su hija, pero también sabía que era un hombre bueno y desesperada
decidió llevarla, pero antes fue a ver a su amigo el oso hormiguero para pedirle una carta
de recomendación para que el hombre no les hiciera daño ya que el oso era muy amigo del
él.
El oso le dio una cabeza de víbora para que le mostrara al cazador y así fue que ella con su
hija fueron al pueblo en busca de un remedio y al tocar a la puerta del cazador dijo rápido
que ella tenia una cabeza de víbora para que así se diera cuenta el hombre que era también
amiga del oso hormiguero.
El cazador reviso a la gamita y le dio el remedio, pero le dijo que debía estar por veinte
días en la oscuridad, fue difícil para la mamá de la gamita traviesa tenerla por tanto tiempo
escondida en un hueco tapado por ramas.
Cuando se curo la gamita quiso agradecer al cazador por la ayuda que le dio por lo que
junto plumas de garza para llevársela como regalo por lo que hizo, de esa manera el
hombre y la gamita se volvieron muy amigos y todas las tardes de lluvia se juntaban en su
casa, el esperaba a la gamita con un tarro de miel mientras él tomaba café.
HISTORIA DE DOS CACHORROS DE COATÍ Y DE DOS CACHORROS DE
HOMBRE
Había una vez un coatí que tenía tres hijos. Vivían en el monte comiendo frutas, raíces y
huevos de pajaritos. Cuando los coaticitos fueron un poco grandes, su madre los junto
arriba de un naranjo y les dijo que ya eran bastantes grandes que deben buscar sus comidas
ellos solos porque cuando sean viejitos andarán siempre solos. Al mayor de los tres de
gusta cazar cascarudos que puede encontrar entre los palos podridos porque allí había
muchos. Al segundo le gusta comer frutas y puede encontrarlas en el naranjal que habrá
naranjas hasta diciembre. Al tercero le gustan los huevos de pájaros por lo que su madre le
dijo que podía encontrarlos en todas partes del monte y que nunca vaya al buscar nidos al
campo, porque era muy peligroso.
También les dijo que a lo único que deben tener miedo es a los perros porque ella había
peleado una vez con ellos por lo que tenía un diente roto. A parte detrás de los perros
vienen los cazadores con armas que matan. Por eso les advirtió que cuando escuchen cerca
un gran ruido se tirasen de cabeza al suelo sin importar lo alto que estuvieran.
Entonces todo se bajaron y se separaron cada uno de los coaticitos tomo un camino
diferente, el mayor que quería comer cascarudos, buscó entre los palos podridos y comió
hasta quedarse dormido. El segundo comió cuantas naranjas quiso. El tercero, que era loco
por los huevos de pájaros, no encontró más que cinco huevos por lo que llegada la tarde
seguía con hambre por lo que desobedeció a su madre y fue al campo donde los hombres
tenían gallinas, quiso comerse los huevos que estaban en el gallinero, pero cayó en una
trampa, y grito llamando a su mamá, pero esto despertó a al perro que ladro muy fuerte.
En ese campo vivía un hombre con sus hijos, un nene y una niña pequeños, escucharon al
perro ladrar y pidieron acompañar a su papá porque pensaron que habían atrapado a una
comadreja que había estado robando los huevos anteriormente, pero al ver al coatí dijeron
a su papá que no lo mate porque era muy chiquito, que ellos querían quedarse con él. Su
papá les dijo que bueno pero que los coatís también toman agua ya que una vez se
quedaron con un gatito montes al que le llevaban carne, pero nunca le llevaron agua por lo
que se murió.
Lo pusieron en una jaula y se fueron a dormir. Ya era de noche y la madre y hermanos del
coatí fueron a buscarlo, al verlo en la jaula trataron de sacarlo, pero no lo lograron. La
madre sabia que los hombres tenían herramientas por lo que fueron a buscar una lima para
romper la jaula, al hacer ruido con la lima se despertó el perro por lo que tuvieron que salir
escapando sin poder sacar al coaticito.
Al día siguiente los niños fueron temprano ver a su nuevo amigo, lo llamaron Diecisiete y
le dieron pan, frutas y huevos al coatí por lo que Diecisiete se dejó acariciar la cabeza y ya
se había resignado a quedarse con los niños porque estos eran muy cariñosos.
Por la forma en la que los niños trataron al coaticito decidió quedarse en la casa y este le
dijo a su madre que ahí lo trataban bien que se había encariñado con los cachorros de
hombre que se iba a quedar. Entonces la madre y sus hermanos prometieron visitarlo todas
las noches.
Los coatís salvajes todas las noches se sentaban al frente de la jaula a comer lo que
Diecisiete les invitaba. Al cabo de un tiempo el coaticito andaba suelto y él mismo se iba
de noche a su jaula. Él y los niños se querían mucho, y los mismos coatís salvajes, al ver lo
buenos que eran aquellos cachorritos de hombre, habían tomado cariño a los pequeños.
Pero una noche muy oscura cuando fueros los coatís salvajes como siempre a visitar a
Diecisiete se dieron cuenta que le había mordido una víbora y que estaba muerto, trataron
de curarlo lamiéndolo, pero fue en balde ya estaba muerto, triste por lo sucedido pensaron
en los niños porque se habían encariñado mucho con el coaticito.
Entonces a la madre se le ocurrió que el segundo hermano tomara el lugar de Diecisiete y
fue así que se quedo en la jaula. Al otro día a los niños le pareció diferente el cuatí, pero
como este también era cariñoso no sospecharon el cambio y volvieron a formar la misma
familia de antes, todas las noches los coatís salvajes venían a verlo, comían y charlaban de
como los niños lo querían mucho al igual que ellos.

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