5 de mayo
de 1862
Batalla de
Puebla
Mtro. Enrique Moreno Kegel
México era una nación convulsionada a mediados del siglo XIX, las constantes
luchas de poder entre conservadores y liberales habían tenido su punto más álgido con
la promulgación de la Constitución de 1857 lo cual desato la guerra de reforma o guerra
de los tres anos, al finalizar esta y triunfar el bando liberal comandado por el Lic. Benito
Juárez elegido para el periodo 1861-1865, como Presidente de la Republica, encontró
el gobierno sin recursos con que atender los gastos más urgentes de la administración
pública, ya que de los ingresos que se percibían, la mayoría se destinaba al pago de la
deuda externa y al sostenimiento del ejercito.
Dadas esas circunstancias, el 17 de junio de 1861, el gobierno se vio obligado a
suspender por dos años el pago de todas las deudas públicas, a fin de nivelar su
presupuesto y atender las necesidades básicas de la población y del país.
La suspensión de pagos a las naciones extranjeras, fue sólo el pretexto que
cristalizó la idea de intervenir nuestro país; pues los conservadores mexicanos que,
habiendo perdido la esperanza de recuperar el poder por sí mismos, habían recurrido a
las cortes europeas en demanda de apoyo, con el fin de traer a un príncipe extranjero a
gobernarnos.
Con la firma del Convenio de Londres, España, Inglaterra y Francia se unieron y
acordaron invadir nuestro país para asegurar el pago de sus créditos. Para llevar a
cabo sus propósitos formaron una Alianza Militar Tripartita que dominaría las aduanas
mexicanas, aunque se hablaba de respetar la integridad nacional y el gobierno
legalmente constituido.
Los representantes de las tres potencias enviaron un ultimátum al gobierno de
Juárez, en el que pedían el pago de sus deudas y la satisfacción de los “daños” hechos
a sus representantes diplomáticos. Juárez contestó a éste manifestando sus deseos de
llegar a un arreglo amistoso, e invitando a los representantes de las mismas a tener
una conferencia con el Ministros de Relaciones Exteriores de México, Manuel Doblado,
para determinar el monto de las deudas. También derogó la ley por la cual se había
declarado suspendido el pago de la deuda exterior, y declaró “traidores a la patria” a
los mexicanos que apoyaban la intervención.
Las naciones aliadas aceptaron la propuesta de Juárez y en febrero de 1862 en el
pueblo de La Soledad, Veracruz, se reunieron el General Primm, representante de los
aliados y Manuel Doblado representante de México, y se aprobaron los siguientes
puntos:
a) El reconocimiento del gobierno de Juárez.
b) La declaración de que las potencias respetarían la integridad y la
independencia nacional
c) Las negociaciones se llevarían a cabo en Orizaba, y las fuerzas aliadas
establecerían sus cuarteles en las ciudades de Córdoba, Orizaba y Tehuacán.
d) En caso de declararse rotas las relaciones, las tropas aliadas volverían a los
puntos que inicialmente ocupaban en la costa de Veracruz.
Sin embargo y a pesar de las distintas conferencias y documentos, a principios
de marzo de 1862 llegó a Veracruz el conde Laurentes con refuerzos para los
franceses.
Cuando los representantes de Inglaterra y España se dieron cuenta de que el
propósito de los franceses era derrocar al gobierno de Juárez para traer después a
gobernar a un representante suyo, declararon rota la alianza y después de arreglar
satisfactoriamente sus respectivas reclamaciones con el gobierno de Juárez, decidieron
reembarcarse con sus tropas.
El ejército francés en cambio, se negó a retroceder a sus posiciones iniciales
como se había convenido, y el conde Laurentes ordenó el avance de su ejército hacia
el interior del país.
El ejército invasor estaba compuesto de 6 mil hombres, armados y disciplinados,
con abundantes víveres y municiones, y eran considerados excelentes soldados a
causa de sus brillantes victorias en Europa.
Laurentes creía fácil vencer al ejército mexicano, por lo que, sin previa
declaración de guerra y sin tomar las precauciones necesarias, ordenó el asalto a los
fuertes de Loreto y Guadalupe, que defendían la ciudad de Puebla.
El general Ignacio Zaragoza, al mando del ejército mexicano compuesto de
4,800 hombres, se fortificó en la ciudad de puebla para detener el avance del ejército
invasor que fue rechazado con grandes pérdidas al intentar repetidas veces tomar las
fortificaciones, teniendo al fin que abandonar el campo y retirarse vencidos y
perseguidos por la caballería mexicana.
La noticia del triunfo de las armas republicanas en Puebla llenó de entusiasmo a
todo el país; sin embargo, si militarmente la batalla del 5 de mayo no detuvo el avance
del ejército francés; moralmente levantó a la República del concepto de desánimo y
cobardía en que sus enemigos la suponían hundida por los recientes acontecimientos.
He aquí algunos fragmentos del parte de Guerra enviado por el General Ignacio
Zaragoza:
“A las once y tres cuartos emprendió su ataque sobre el cerro de Guadalupe,
comenzando por tiradores y continuos disparos de cañón que mucho ofendieron á las
poblaciones de la plaza; luego continuó con brío sobre dicha posición por una, dos y
tres veces, siendo rechazado otras tantas, á la vez que desalojado de los puntos que
ocupaban más acá de la garita de Amozoc."
"Después de tres horas de un reñido combate, quedó bien puesto el honor de
nuestras armas con algunas pérdidas y escarmentado el enemigo por la multitud de
muertos, heridos y prisioneros que se le hicieron: brilló el valor por ambas partes; pero
la victoria favoreció á la justicia de nuestra causa: reorganizado el enemigo hasta fuera
del alcance de mi Artillería, no me fue posible tomar sobre él la iniciativa, y puesto el sol
desfilaron sus cuerpos para su campo, volviendo los míos á sus posiciones de la
mañana; si como lo espero, se me incorporan mañana las Brigadas de los CC. General
O'Horan y Antillon, será completo nuestro triunfo, ora ataque nuevamente el enemigo,
ora se retire del lugar que ocupa."
Bien describió la proeza el Periódico Siglo Diez y Nueve en su edición del 13 de
Mayo de 1862, cuando la titulo su editorial: “El cinco de mayo, primera página de la
nombradía de México” y en sus interiores aclara “Hijos de la Revolución Juárez,
Doblado y Zaragoza, los primeros dos en el gabinete y el segundo en el campo de
batalla, han probado al mundo cuanto es el poder de un pueblo que defiende la justicia
y los mas preciosos derechos de una nación”.
Los héroes de la batalla del 5 de mayo deben de ser ejemplo para nosotros, las
páginas de la historia los han juzgado ya y solo nos queda el recuerdo de sus acciones,
seamos pues portadores de legado y elevemos el nombre de aquellos que nos dieron
patria y libertad.