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SL814-2018 - Sentencia abuso del derecho, cambio de
contrato laboral
Derecho Laboral y Seguridad Social (Universidad Libre de Colombia)
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RIGOBERTO ECHEVERRI BUENO
Magistrado ponente
SL814-2018
Radicación n.° 30846
Acta 10
Bogotá, D. C., veintiuno (21) de marzo de dos mil
dieciocho (2018).
Decide la Sala el recurso de casación interpuesto por
el apoderado del señor ÓSCAR RODRIGO LONDOÑO
AGUDELO, contra la sentencia proferida por la Sala
Laboral del Tribunal Superior del Distrito Judicial de
Medellín el 24 de agosto de 2006, dentro del proceso
ordinario laboral que promovió contra la sociedad
SERVICIOS DE INGENIERÍA DE CONSULTA – SEDIC
S.A. -.
I. ANTECEDENTES
El señor Óscar Rodrigo Londoño Agudelo presentó
demanda ordinaria laboral en contra de la sociedad SEDIC
S.A., con el fin de obtener el pago de la indemnización por
despido sin justa causa, la indemnización por la no
consignación oportuna de la cesantía y la indemnización
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moratoria, además del reajuste de su cesantía, intereses
de la misma, primas de servicio y vacaciones.
Para tales efectos, señaló que le había prestado sus
servicios a la empresa demandada de manera continua,
en desarrollo de un contrato de trabajo, entre el 4 de
septiembre de 1978 y el 3 de septiembre de 2001; que en
el mes de septiembre de 1988, justo cuando estaba a
punto de cumplir 10 años de servicio, con el ánimo de
eludir sus obligaciones laborales, la demandada le hizo
firmar un contrato de trabajo a término fijo, so pena de
ser despedido; que después de haber completado 23 años
de servicio le fue terminada la vinculación, con el
argumento del vencimiento del plazo fijo pactado, «…en
una clara muestra de abuso del derecho…»; que durante
todo el lapso de vigencia del contrato de trabajo cumplió
con las mismas labores y tuvo las mismas obligaciones,
de manera que nunca se produjo la finalización del
contrato inicial, tanto así que nunca le pagaron la
respectiva indemnización; que, incluso asumiendo que el
vínculo inicial fue extinguido, el contrato a término fijo
comenzó realmente el 2 de septiembre de 1988, de
manera que, cuando fue finiquitado el 3 de septiembre de
2001, ya se encontraba renovado y debían pagarse los
salarios causados hasta el 2 de septiembre de 2002; y
que, en ejercicio de la relación laboral, le pagaban una
bonificación mensual que la demandada no tuvo en
cuenta para liquidar las prestaciones sociales.
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La sociedad convocada al proceso se opuso a la
prosperidad de las súplicas de la demanda. Admitió que el
demandante le había prestado sus servicios pero aclaró
que inicialmente lo había hecho por medio de contrato de
trabajo a término indefinido, hasta el 4 de septiembre de
1988, cuando fue suscrito un contrato de trabajo a
término fijo, terminado de manera legal, por el
vencimiento del plazo fijo pactado. En torno a los demás
hechos, expresó que no eran ciertos. Propuso las
excepciones de ineptitud de la demanda, prescripción,
buena fe, caducidad, pago, compensación, inexistencia de
la obligación y carencia de acción.
II. SENTENCIA DE PRIMERA INSTANCIA
Tramitada la primera instancia, el Juzgado Trece
Laboral del Circuito de Medellín profirió fallo el 7 de marzo
de 2006, por medio del cual condenó a la sociedad
demandada a pagarle al actor la suma de
$[Link], por concepto de indemnización por
despido sin justa causa.
III. SENTENCIA DE SEGUNDA INSTANCIA
Al resolver el recurso de apelación interpuesto por el
apoderado de la sociedad demandada, la Sala Laboral del
Tribunal Superior del Distrito Judicial de Medellín, a través
de la sentencia del 24 de agosto de 2006, revocó la
decisión emitida por el juzgador de primer grado y, en su
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lugar, absolvió a la sociedad demandada de las
pretensiones de la demanda.
Para fundamentar su decisión, el Tribunal aleccionó
que por contrato de trabajo debía entenderse aquel
acuerdo de voluntades en virtud del cual una persona se
obligaba a prestar sus servicios a favor de otra, bajo su
dependencia y a cambio de una remuneración.
Igualmente, destacó que ese negocio jurídico tenía como
características generales las de ser consensual, bilateral,
oneroso, conmutativo y de tracto sucesivo, además de
presumirse su existencia en toda relación de trabajo
personal.
A lo anterior agregó que, en cuanto a la forma, el
contrato de trabajo podía ser verbal o escrito y que, en los
términos del artículo 1602 del Código Civil, una vez
celebrado, constituía ley para las partes, sin que eso
quisiera decir que:
[…] el contrato laboral es intocable, ya que, por ejemplo, si
contiene cláusulas ineficaces, estas no producen ningún
efecto, o si durante la ejecución del contrato se dictan
cláusulas de carácter obligatorio, ellas deben aplicarse
inmediatamente, como sería, por ejemplo, las que modifiquen
el salario mínimo legal, o si en virtud de acuerdo expreso o
tácito de las partes estas deciden modificar sus cláusulas.
Indicó también que los contratos de trabajo tenían
cláusulas normativas, relativas a la forma, duración,
terminación, revisión, salarios, etc.; cláusulas de
naturaleza obligatoria, encaminadas a lograr el
cumplimiento recíproco de las obligaciones de las partes;
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y otras cláusulas eventuales, ocasionales o accesorias.
Asimismo, que las cláusulas normativas podían ser
materia de modificación, por la voluntad de las partes o
por imposición de la ley, de manera tal que,
[…] el convenio al que llegaron las partes respecto a variar la
modalidad del contrato de trabajo cambiando de uno
indefinido por otro regido por un término, es válido y nadie
puede oponerse a ello, mientras, obviamente, los
contratantes hubieran obrado con plena libertad y conciencia.
Dicho ello, en torno a la fecha a partir de la cual
regía el contrato de trabajo a término fijo y su
terminación, subrayó que:
[…] el contrato de trabajo se comenzó a ejecutar el 4 de
septiembre de 1978, como lo dice el demandante, lo acepta
el demandado y lo comprueban los diferentes documentos
que se aportaron al proceso.
En el contrato que se suscribió el 2 de septiembre de 1988 las
partes en la cláusula tercera dijeron: “El término de duración
de este contrato es de un año, contado a partir del 4 de
septiembre de 1988 y su vencimiento o prórroga se
determina según lo estipulado en el numeral 3º del artículo 4º
del decreto 2351 de 1965”.
Entonces, la realidad de los hechos es que las partes no
cambiaron la fecha inicial del contrato, es decir la fecha
histórica, pues mantuvieron el 4 de septiembre como fecha
desde la cual se contabilizaría la duración del contrato,
haciendo claridad las partes de que el contrato se había
iniciado el 4 de septiembre de 1978. Aunque se hubiera
celebrado el contrato el 2 de septiembre su eficacia jurídica
se trasladó al 4 de septiembre, lo cual es válido
jurídicamente. Por ello, cuando el empleador le envió al actor
la comunicación que obra a fls. 83 haciéndole saber que el
“día 3 de septiembre de 2001 vence o termina el plazo fijo
pactado para la duración de su contrato de trabajo” y en
consecuencia no sería renovado, actuó la empresa
demandada dentro de los términos legales y no incurrió en la
extemporaneidad que se le endilga.
Estas consideraciones llevarán a la Sala a revocar la
providencia de primera instancia, pues se encuentra que el
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proceder de la demandada se ajustó a lo indicado por el
artículo 46 del CST, modificado por el artículo 3º de la Ley 50
de 1990, al haber notificado por escrito al señor Londoño su
determinación de no prorrogar el contrato, con una antelación
superior a treinta días, pues el actor recibió la comunicación
el 25 de julio de 2001 y el contrato terminó el 4 de
septiembre de ese mismo año.
IV. RECURSO DE CASACIÓN
Fue interpuesto por el apoderado de la parte
demandante, concedido por el Tribunal y admitido por la
Corte, que procede a resolverlo.
V. ALCANCE DE LA IMPUGNACIÓN
Pretende el recurrente que la Corte case totalmente
la sentencia recurrida y que, en sede de instancia,
condene a la demandada a pagar la indemnización por
despido sin justa causa, tal y como lo determinó el
juzgador de primer grado.
Con tal propósito formula un cargo, por la causal
primera de casación laboral, que fue oportunamente
replicado y que pasa a ser analizado por la Corte.
VI. CARGO ÚNICO
Se formula de la siguiente manera:
Acuso la sentencia recurrida de ser violatoria de la Ley
sustancial en forma indirecta por error de hecho constituido
por la apreciación errónea y por falta de apreciación de las
pruebas que enunciaré y que como lo demostraré aparece
manifiesto en autos.
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…
Las disposiciones legales violadas son los arts. 23, 24, 43, 45,
46 (subrogados primeramente por el numeral 2º del artículo
4º, del decreto 2351 de 1965 y luego por el artículo 3º de la
ley 50 de 1990), 47, 61, 64 del código sustantivo del Trabajo
y arts. Arts (sic) 60, 61 y 145 del C.P.L.
Precisa que el Tribunal incurrió en los siguientes
errores de hecho:
1. No dar por demostrado, estándolo, que el contrato de
trabajo que unió a las partes de este proceso fue a término
indefinido y no a término fijo.
2. Dar por demostrado no estándolo, que al actor se le
terminó el contrato de trabajo por expiración del término
pactado y no en forma unilateral.
Señala también que los referidos yerros fueron el
producto de la apreciación errónea del contrato de trabajo
de folio 70 a 72; el contrato de trabajo de folio 26; la carta
de terminación del mismo (fol. 25); la liquidación de
prestaciones sociales (fol. 9); y la certificación emanada
de la empresa del 27 de septiembre de 1999 (fol. 22).
En desarrollo de la acusación, el censor sostiene que
el Tribunal erró gravemente al concebir que el actor había
estado vinculado con la sociedad demandada por medio
de dos contratos de trabajo, sin percatarse de que la
vinculación laboral fue una sola indefinida.
Aduce, en tal sentido, que en el proceso nunca medió
discusión en torno al hecho de que el actor mantuvo una
sola relación laboral con la demandada, en ejercicio de la
cual desempeñó el mismo cargo y tuvo las mismas
condiciones laborales, así como que el salario fue el
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determinado por el juzgador de primer grado. Arguye, en
esa medida, que lo que se debate es,
[…] si el contrato inicial que lo fue a término indefinido, fue o
no modificado en su duración por el contrato que la empresa
puso a la firma del accionante, el primero (sic) 2 de
septiembre de 1988, el cual en su forma era a término fijo de
un año, y obviamente se debate entonces si la terminación
del contrato de trabajo fue una simple expiración del plazo o
una terminación unilateral del mismo.
En concordancia con lo anterior, afirma que, en su
concepto, el contrato de trabajo suscrito en septiembre de
1998, «…no tiene ni tenía la categoría de nuevo contrato,
pues ni se refería a diversas relaciones de trabajo, ni su
causa fue diferente a la del primigenio y hay un
contundente hecho que la tozuda realidad refleja: solo se
desarrolló una sola relación laboral.»
Insiste, por ello, en que el Tribunal incurrió en un
error de hecho manifiesto al considerar que el contrato de
trabajo a término fijo modificó las condiciones iniciales de
duración indefinida del vínculo, de manera que finalizó
válidamente, por la expiración del plazo fijo pactado.
Agrega que, al obrar de esa manera, el Tribunal
desconoció el principio en virtud del cual deben preferirse
los datos de la realidad sobre los que se derivan de la
mera formalidad de los documentos, además de que pasó
por alto que la demandada acudió a prácticas
empresariales típicas, como la de alterar los términos de
los contratos, para evitar la protección a la estabilidad o la
retroactividad de la cesantía, que la jurisprudencia
ordinaria ha enfrentado a través de reglas encaminadas a
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«…infirmar estas actuaciones de suyo perversas y
atentatorias contra la armonía social…»
Subraya, en ese sentido, que no resulta lógico que el
trabajador admita una variación del contrato indefinido,
por uno de plazo fijo, por lo que en tales casos siempre
actúa la sola voluntad del empleador, de manera que el
Tribunal debió concluir que «…si existen dos contratos
uno a término indefinido, la novación o cambio del mismo,
es valida (sic) si hay un motivo verdadero para ello.» En
apoyo de sus reflexiones, reproduce apartes de una
sentencia del 2 de septiembre de 1977, que no identifica
con número de radicación.
Reitera que los juzgadores de instancia deben
realizar análisis fundamentados en el principio de
primacía de la realidad y no creer ingenuamente que un
contrato indefinido puede volverse fijo, por la gracia del
empleador, o que tal ejercicio resulta benéfico para el
trabajador, de manera que no pueden limitarse a efectuar
una lectura simple de los documentos, como si fueran
reflejo fiel de la realidad, sin analizar las circunstancias
particulares del caso, con arreglo a las cuales no hubo
terminación real de un vínculo para iniciar otro.
Añade que no resulta entendible por qué el Tribunal
admitió que el cambio de contrato de trabajo tuvo una
causa válida, cuando, con arreglo a la prueba testimonial,
la empresa tenía como política efectuar esas variaciones
en la modalidad de los contratos. Dice también el Tribunal
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pasó por alto la certificación suscrita por la jefe de
personal, de conformidad con la cual el contrato de
trabajo del actor era de carácter indefinido.
Por último, afirma que las anteriores falencias
probatorias dieron pie a la violación de las normas
incluidas en la proposición jurídica, que consagran el
principio de primacía de la realidad y los términos de
duración de los contratos, pues, expone, no se tuvo en
cuenta la desmejora de las condiciones del actor en la
variación de su contrato de trabajo, además del despido
injusto después de 23 años de trabajo, pese a que
siempre mantuvo las condiciones y circunstancias
contractuales iniciales.
VII. RÉPLICA
Le endilga falencias técnicas a la acusación, como
que formula el alcance de la impugnación de manera
inadecuada, al pedir directamente que la Corte condene a
la demandada, como si se tratara de un proceso de única
instancia; no señala la modalidad de violación de las
normas incluidas en la proposición jurídica; y reclama, a
un mismo tiempo, que las pruebas fueron dejadas de
valorar y apreciadas con error.
Añade que, en todo caso, el Tribunal estableció
válidamente que las partes habían acordado la
modificación del contrato de trabajo, por uno de término
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fijo, que había finalizado legalmente, por el vencimiento
de dicho plazo.
VIII. CONSIDERACIONES
Los reparos técnicos de la oposición no impiden el
estudio de fondo del cargo, en la medida en que, en
primer lugar, del alcance de la impugnación del recurso es
viable entender que el querer del recurrente está dado en
lograr la casación de la sentencia del Tribunal para que,
en sede de instancia, se confirme la decisión emitida por
el juzgador de primer grado, que impuso el pago de la
indemnización por despido injusto.
Asimismo, si bien el censor no aclara bajo qué
modalidad fueron vulneradas las normas incluidas en la
proposición jurídica, dada la vía por la cual se dirige la
acusación, puede entenderse que es la de aplicación
indebida. Finalmente, la alusión de la censura a que las
pruebas fueron, a un mismo tiempo, erróneamente
apreciadas o dejadas de valorar, no pasa de ser un simple
lapsus, ya que en el marco del recurso denunció
consistentemente que las pruebas calificadas que
menciona fueron deficientemente apreciadas por el
fallador de segundo grado.
Dicho lo anterior, en torno al fondo del asunto
planteado, en lo fundamental, lo que le reprocha la
censura al Tribunal es que hubiera analizado las pruebas
del proceso de manera maquinal y desprevenida, para
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concluir que las partes habían convenido la
transformación del contrato de trabajo inicialmente
suscrito, de manera que, en últimas, se habían regido por
dos vínculos diferentes, sin detenerse a analizar las
particularidades de la relación de trabajo, a la luz de las
cuales resultaba evidente que, en su verdadero entorno,
la relación laboral siempre fue una sola, unívoca, con las
mismas funciones y condiciones de trabajo.
De las pruebas calificadas que menciona la censura,
se puede evidenciar lo siguiente:
El documento obrante a folios 70 a 72 muestra que
el 4 de septiembre de 1978 las partes suscribieron un
contrato de trabajo a término indefinido, para que el actor
desarrollara las labores de ingeniero civil. Esta
información no fue desconocida por el juzgador de
segundo grado, que partió de la base de que las partes
habían estado vinculadas, inicialmente, bajo esa
modalidad contractual.
Por otra parte, a partir del documento obrante a
folios 26 y 73, puede verse que las partes, el 2 de
septiembre de 1988, suscribieron un nuevo contrato de
trabajo, pero, esta vez, definieron que «…el término de
duración… es el de un (1) año, contado a partir del 4 de
Septiembre de 1988 y su vencimiento o prórroga se
determina según lo estipulado en el numeral 3º del
Artículo 4º del Decreto 2351 de 1965.» El referido
documento, objetiva y fielmente analizado, evidencia
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efectivamente que las propias partes variaron la
modalidad contractual, como lo tuvo presente el Tribunal.
Lo anterior daría pie a concluir sin mayores
discusiones que el Tribunal no incurrió en los errores de
hecho que le achaca la censura, pues, formalmente, las
partes sí suscribieron dos contratos de trabajo de
modalidades diferentes.
Sin embargo, para la Corte, a la censura le asiste
razón al poner de presente que el Tribunal pasó por alto
ciertas particularidades relevantes de la vinculación, que
se derivaban del análisis completo de las anteriores
pruebas, tales como que el nuevo contrato de trabajo a
término fijo no tuvo alguna causa o justificación
determinada y que, además, nunca hubo solución de
continuidad en la prestación de los servicios, al punto que
en el texto mismo del documento se dejó sentado que «…
EL TRABAJADOR inició sus servicios en la Empresa el día
Cuatro (4) de Septiembre de Mil Novecientos Setenta y
Ocho (1978)…», de manera tal que, ni en términos
formales ni reales, se produjo una terminación del
contrato de trabajo inicialmente pactado. En ese sentido,
en el expediente no obra alguna comunicación de alguna
de las partes que contuviera esa intención de dar por
finalizado el vínculo primigenio o alguna otra fórmula que
lo diera por terminado, ni la liquidación de las acreencias
laborales pendientes para esa fecha.
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Tampoco advirtió el Tribunal que en este nuevo
contrato las labores concertadas fueron las mismas, las de
ingeniero civil, en las mismas condiciones laborales
subordinadas, de manera que, como lo aduce la censura,
en el plano de la realidad, resultaba diáfano que el
trabajador le prestó sus servicios a la demandada de
manera continua e ininterrumpida, con las mismas
condiciones laborales, pues no se verificó alguna variación
real del objeto del contrato de trabajo inicialmente
pactado.
En correspondencia con lo anterior, en documentos
como la liquidación de prestaciones sociales (fol. 9), la
misma empresa reconoce que, en realidad, el actor le
venía prestando sus servicios de manera ininterrumpida,
desde el 4 de septiembre de 1978 hasta el 3 de
septiembre de 2001, y había completado más de 23 años
de servicio, lo que permite deducir que tenía plena
conciencia de que la relación laboral siempre fue una sola,
en la esencia de sus elementos, por lo que la liquidó como
una sola entidad contractual.
Ahora bien, es cierto que el análisis desprevenido del
contrato de trabajo obrante a folios 26 y 73 permitía
inferir que las partes adoptaron libremente una modalidad
de vinculación regida por un plazo, pero también lo es que
el Tribunal no fue muy prolijo a la hora de determinar si
esas convenciones formales se correspondían con las
condiciones reales de la vinculación del trabajador. La
Corte llama la atención en lo anterior, porque, a lo largo
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de su jurisprudencia, ha sido especialmente insistente en
advertir que, ante supuestos de suscripción de varios
contratos de trabajo, como aquí acontece, los jueces
deben ser muy cautelosos en el examen de las pruebas y
especialmente esmerados a la hora de verificar una
posible unidad contractual, real y material, «…ya que es
bien conocido que, algunos empleadores han adoptado
estas prácticas con el ánimo de restar antigüedad en el
servicio del trabajador, bien para favorecerse en la
liquidación de la cesantía o bien para beneficiarse al
momento de ejercer la potestad de dar por terminado
unilateralmente el contrato de trabajo. (CSJ SL15986-
2014, CSJ SL806-2013, CSJ SL, 15 mar. 2011, rad. 37435 y
CSJ SL, 1 dic. 2009, rad. 35902, entre otras).
En ese sentido, es verdad que el Tribunal no valoró
en forma adecuada los contratos de trabajo suscritos
entre las partes, ni la liquidación de prestaciones sociales,
pues de allí se evidenciaba que, en la materialidad, el
actor siempre estuvo vinculado con la demandada de
manera continua e ininterrumpida, sin solución de
continuidad, además de que siempre desarrolló las
mismas labores y tuvo las mismas condiciones laborales,
de manera que estuvo regido por una sola relación y
nunca medió alguna causa válida para que se detuviera
esa forma contractual, para dar inicio a otra.
Los anteriores yerros facultan a la Corte para
examinar otras pruebas, como las certificaciones de folios
18 a 24 y los certificados de ingresos y retenciones de
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folios 27 a 42, en los que la propia demandada da cuenta
de que el actor siempre estuvo vinculado a la empresa de
manera continua, desde el 4 de septiembre de 1978,
desarrollando labores propias de su título de ingeniero
civil, en las mismas condiciones laborales subordinadas y
sin que mediara alguna circunstancia real y válida que
constituyera parámetro para negar la unicidad de la
relación laboral o justificar su redireccionamiento.
Antes bien, de acuerdo con las declaraciones de los
señores Alberto Gutiérrez Posada (fol. 132), Jesús Mario
Osorio Gómez (fol. 134) y Guillermo Henao Pulgarín (fol.
139), cuyo examen está justificado en casación, lo que
sucedió en realidad fue que la empresa demandada había
estructurado una política tendiente a impedir que los
trabajadores «…no pasaran de los 10 años de trabajo
continuo a la empresa…», de manera que se les ofrecía
una renuncia consensuada o la modificación de sus
condiciones contractuales, de manera puramente formal.
Así también lo admitió el representante legal de la
demandada al rendir interrogatorio de parte (fol. 129), en
donde sostuvo que «…la empresa había tomado la
decisión de que todos los contratos se haría (sic) a
término fijo y se habló con todo el personal que tenía
contrato a término indefinido para que se cambiaran a
contrato a término fijo…»
Y aunque el representante legal de la demandada y
algunos testigos hicieron hincapié en que el trabajador
admitió voluntariamente las nuevas condiciones, no se
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puede pasar por alto que el ánimo de la empresa era
claramente el de eludir la protección especial a la
estabilidad que consagraba el artículo 8 del Decreto 2351
de 1965, para trabajadores que, como el actor, estaban
muy próximos a completar 10 años de servicio. En este
punto, el Tribunal debió haberle dado una mayor
relevancia al hecho de que para el 2 de septiembre de
1988, cuando se suscribió ese nuevo contrato de trabajo,
al demandante le faltaban dos días para completar 10
años de servicio y quedar protegido por la referida
garantía laboral.
A partir de todo lo anterior, para la Corte el Tribunal
incurrió en los errores de hecho denunciados por la
censura, pues no tuvo en cuenta que la relación laboral
que unió a las partes en la realidad fue una sola, tuvo el
mismo objeto y fue continua e ininterrumpida. Tampoco
advirtió que el nuevo contrato de trabajo a término fijo fue
simplemente formal y espurio, ya que en la materialidad
no fue nuevo ni estuvo justificado en causas reales,
efectivas y válidas, de manera que simplemente estuvo
encaminado a eludir garantías laborales a la estabilidad
del trabajador.
El cargo es fundado y, como consecuencia, se casará
totalmente la sentencia recurrida.
IX. SENTENCIA DE INSTANCIA
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En sede de instancia, resulta preciso advertir que
esta sala, a lo largo de su jurisprudencia, ha enseñado
que los empleadores gozan de libertad a la hora de «…
escoger la modalidad contractual que más convenga a
sus necesidades comerciales, de producción o de
prestación de servicios, dentro de las variadas
posibilidades que le otorga el legislador.» además de que,
en ese orden,
[…] la vinculación de trabajadores y trabajadoras a través de
contratos de trabajo a término fijo goza de plena legitimidad
dentro de nuestro ordenamiento jurídico, a la vez que las
formas a través de las cuales se estructura, se desarrolla y se
termina dicho acuerdo, en los términos prescritos en los
artículos 46, 55 y 61 del Código Sustantivo del Trabajo, entre
otros, gozan de plena validez y vigencia. La razón es sencilla
y es que debe entenderse que, a pesar de que el contrato de
trabajo a término indefinido es la regla general de la
vinculación – artículo 47 del Código Sustantivo del Trabajo -,
el legislador dota al empleador de otras modalidades
contractuales, para que pueda adecuar sus nóminas y
personal a las necesidades cambiantes de la producción o de
prestación de servicios.
Por lo mismo, la jurisprudencia de esta Sala de la Corte
siempre se ha orientado a determinar que el contrato de
trabajo a término fijo es una de esas modalidades
contractuales autorizadas por el legislador, que no ha perdido
legitimidad y que puede ser utilizada libremente por el
empleador de acuerdo a sus necesidades, dentro de los
precisos límites establecidos legalmente. (CSJ SL3535-2015).
Por ello, en principio resulta plenamente legítimo que
el empleador ofrezca a un trabajador la modalidad de
vinculación que más convenga a sus necesidades, como
el contrato determinado por un plazo fijo, o que los dos en
cierto punto de su relación laboral decidan, libre y
voluntariamente, terminarla para empezar otra diferente
o modificar algunos de sus puntos trascendentales, en
ejercicio pleno de la autonomía de la voluntad.
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En tales términos, la Sala ha adoctrinado que:
[…] si hay diferencias de objeto entre el contrato que
termina y el nuevo, como aquí sucede al tratarse de cargos
distintos, es válido que se finiquite debidamente uno y se
firme e inicie otro, sin que necesariamente el segundo deba
acordarse en las mismas condiciones de duración o de
remuneración en que se firmó el anterior, ya que
precisamente en este campo prima la voluntad de las partes,
salvo que se alegue y demuestra que esta fue afectada por
vicios del consentimiento […] (CSJ SL, 30 oct. 2012, rad.
39432). Resalta la Sala.
Sin embargo, como ya se anotó en sede de casación,
la Sala también ha sido cuidadosa en advertir que las
formas jurídicas previstas por el legislador no pueden ser
indebidamente utilizadas por el empleador para
propósitos, como el de eludir las garantías mínimas
legales establecidas a favor de los trabajadores. En ese
sentido, ha precisado que a pesar de las convenciones
expresamente suscritas por las partes, es deber del juez
examinar si, en la materialidad, existió unicidad en el
contrato de trabajo, para de allí extraer todas sus
consecuencias. En la sentencia CSJ SL806-2013 se dijo al
respecto:
La jurisprudencia de esta Sala tiene enseñado que, en casos
de la firma de varios contratos de trabajo sucesivos entre las
mismas partes, los jueces deben ser muy cautelosos en el
examen de las pruebas para establecer la unidad de la
relación laboral, ya que es bien conocido que, no pocas veces,
las empresas han adoptado estas prácticas llevadas por el
ánimo de restar antigüedad en el servicio del trabajador, bien
para favorecerse en la liquidación de las cesantías o para
beneficiarse al momento de ejercer la potestad de dar por
terminado unilateralmente el contrato de trabajo. Ilustra
rememorar lo dicho por esta Sala al respecto en la sentencia
37435 del 15 de marzo de 2011.
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“No desconoce la Corte que ciertamente la terminación
de un contrato de trabajo, sin causa aparente, y la
suscripción de otro a los pocos días, en las mismas
condiciones del anterior, debe ser analizada con cautela
y detenimiento por los jueces, pues las reglas de la
experiencia enseñan que ese tipo de situaciones, por lo
general, tienen un oculto ánimo defraudatorio de los
derechos del trabajador.
Si el ad quem hubiese seguido el derrotero ya trazado de
tiempo atrás por la jurisprudencia de cara al tema, una
lectura juiciosa de las mencionadas pruebas le habría bastado
para darse cuenta que la relación laboral que existió entre las
partes no tuvo ni un día de interrupción; que la renuncia y su
aceptación, en agosto de 1994, fueron aparentes, pues dada
la evidente continuidad de la prestación del servicio por el
trabajador en el mismo cargo, y al haberse firmado, en la
segunda oportunidad, contrato a término indefinido al igual
que al inicio, se descarta, sin duda, un ánimo real de las
partes, en ese entonces, de ponerle fin a la relación laboral a
finales de agosto de 1994. Apreciación que se corrobora con
las constancias de trabajo expedidas por la propia fundación,
obrantes a folios 37 a 39, que si bien fueron mencionadas por
el ad quem, este ignoró abiertamente las manifestaciones del
exempleador, siempre uniformes, de que el actor se
desempeñó en dicha institución, en el cargo de contador y
asistente administrativo, desde el 1º de julio de 1985 hasta la
fecha de su expedición. Tales certificaciones fueron
expedidas el 22 de junio de 1995, 1º de octubre de 1996, 26
de febrero de 1998, es decir, después de la firma del segundo
contrato.
Así las cosas, salta a la vista que el ad quem cometió un
desacierto mayúsculo al decir que entre las partes existieron
“dos contratos laborales distintos”, en el sentido de que hubo
dos relaciones laborales, pues las pruebas señaladas por el
recurrente indican, por el contrario, la unicidad de la relación
laboral entre las partes.
Ha sostenido también la Sala, en esa dirección, que:
La libertad de elección de entre las modalidades de duración
del contrato, de cambiar la que venía rigiendo el vínculo
laboral, la inicial o las subsiguientes, no puede servir de
mecanismo para vulnerar derechos de los trabajadores…
como cuando las contrataciones sucesivas sin interrupción
tienen por finalidad no conceder el tiempo de descaso
efectivo por vacaciones, o se procura cambiar drásticamente
las condiciones de liquidación de la indemnización por
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despido. CSJ SL, 1 dic. 2009, rad. 35902.
Por ello, en conclusión, si bien las partes gozan de
autonomía para suscribir contratos de trabajo a término
fijo, así como para variar las condiciones de su vínculo
laboral, en desarrollo del principio de la primacía de la
realidad sobre las formas y de irrenunciabilidad de
derechos laborales, esa novación de las condiciones del
contrato de trabajo solo resulta válida si se corresponde
con la realidad, es decir, si se identifica con un cambio
real en el objeto del contrato o en sus condiciones y no se
queda en el plano meramente formal, de manera que
sirve como mera estratagema para eliminar garantías
especiales para el trabajador.
En este caso, como quedó decantado en sede de
casación, las partes estuvieron vinculadas por contrato de
trabajo desde el 4 de septiembre de 1978, con vocación
de permanencia y sin solución de continuidad, hasta el 3
de septiembre de 2001; nunca expresaron su intención de
terminar el vínculo inicial o liquidarlo legalmente;
tampoco medió alguna situación real y válida, que
permitiera entender que estaba justificada una
transformación de las condiciones laborales, como un
cambio en el objeto, las labores, el salario, etc.; en ese
sentido, el contrato de trabajo a término fijo fue una mera
forma, sin un correlato en la realidad, pues las partes
mismas fueron conscientes de que su vinculación era una
sola; y, así las cosas, lo que pretendió en realidad la
demandada fue eludir las garantías especiales a la
estabilidad estatuidas a favor del trabajador.
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Por lo visto, el juzgador de primer grado no erró al
concluir que «…debe notarse la existencia de un motivo
suficiente para desconocer un contrato celebrado entre
las partes y celebrar otro que de acuerdo con la
normatividad aplicable al caso no es más benéfico al
trabajador…» y que, en este asunto, no existió ese motivo
válido para la variación del contrato, ni se demostró su
terminación y liquidación efectiva, de manera que, «…la
relación del demandante con la entidad demandada
SEDIC S.A. estuvo regida por un contrato a término
indefinido vigente entre el 4 de septiembre de 1978 y el 3
de septiembre de 2001.», terminado de manera unilateral
e injusta, ya que no existía plazo fijo que lo gobernara.
En los referidos términos, en sede de instancia, se
confirmará la decisión emitida por el juzgador de primer
grado, que condenó al pago de indemnización por despido
sin justa causa, en los términos pedidos en el alcance de
la impugnación.
Sin costas en el recurso de casación. En las
instancias estarán a cargo de la parte demandada.
X. DECISIÓN
En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de
Justicia, Sala de Casación Laboral, administrando justicia
en nombre de la República y por autoridad de la ley,
CASA la sentencia dictada el 24 de agosto de 2006, por la
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Sala Laboral del Tribunal Superior del Distrito Judicial de
Medellín, dentro del proceso ordinario laboral seguido por
el señor ÓSCAR RODRIGO LONDOÑO AGUDELO contra
la sociedad SERVICIOS DE INGENIERÍA DE CONSULTA
– SEDIC S.A. –
En sede de instancia, confirma la decisión emitida el
7 de marzo de 2006, por el Juzgado Trece Laboral del
Circuito de Medellín.
Sin costas en el recurso de casación. En las
instancias estarán a cargo de la parte demandada.
Cópiese, notifíquese, publíquese, cúmplase y
devuélvase el expediente al tribunal de origen.
FERNANDO CASTILLO CADENA
Presidente de la Sala
JORGE MAURICIO BURGOS RUIZ
GERARDO BOTERO ZULUAGA
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CLARA CECILIA DUEÑAS QUEVEDO
RIGOBERTO ECHEVERRI BUENO
LUIS GABRIEL MIRANDA BUELVAS
JORGE LUIS QUIROZ ALEMÁN
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