I.
Nuevos aspectos del problema y competencia del magisterio
El texto que has proporcionado es un fragmento de la encíclica "Humanae Vitae", escrita por el
Papa Pablo VI y publicada en 1968. En esta encíclica, el Papa aborda temas relacionados con la
regulación de la natalidad y la moralidad del control de natalidad en la Iglesia Católica. El
documento se emitió en respuesta a los cambios sociales y demográficos que se estaban
produciendo en el mundo en ese momento.
El Papa Pablo VI aborda los desafíos y cuestiones éticas relacionadas con la regulación de la
natalidad, discutiendo temas como el rápido crecimiento de la población, las condiciones de vida y
trabajo, el papel de la mujer en la sociedad y la moralidad de los métodos anticonceptivos. La
encíclica reafirma la posición de la Iglesia Católica sobre la prohibición de la anticoncepción
artificial y enfatiza la importancia de la doctrina moral tradicional del matrimonio y la procreación.
El Papa argumenta que la regulación de la natalidad debe basarse en la autoridad divina y la ley
natural, y no en métodos artificiales que eviten la concepción. La encíclica generó un amplio
debate y controversia en su momento y continúa siendo un documento importante en la
enseñanza moral de la Iglesia Católica en relación con la sexualidad y la procreación.
Destaca la responsabilidad de los esposos como colaboradores de Dios Creador en la transmisión
de la vida, reconociendo que esta responsabilidad a menudo conlleva alegrías y dificultades.
Se menciona que los cambios en la sociedad, incluido el rápido crecimiento demográfico, han dado
lugar a nuevas cuestiones relacionadas con la regulación de la natalidad.
Se señala que las condiciones de trabajo, vivienda y educación, así como el papel de la mujer en la
sociedad, están evolucionando y plantean desafíos adicionales para mantener familias numerosas.
El texto también resalta los avances tecnológicos que permiten al ser humano tener un mayor
control sobre su propia vida y la regulación de la procreación.
Se plantea la pregunta de si las normas éticas existentes, que prohíben la anticoncepción artificial,
deberían revisarse en vista de las circunstancias cambiantes.
Se menciona el "principio de totalidad" y si podría aplicarse para justificar un control más racional
y menos exuberante de la fertilidad.
Se destaca la importancia del papel del Magisterio de la Iglesia en la interpretación y enseñanza de
la ley moral natural, incluida la doctrina moral sobre el matrimonio y la procreación.
La Comisión de Estudio, compuesta por expertos y parejas de esposos, se menciona como parte
del proceso de reflexión sobre estos temas.
Se indica que, a pesar de las opiniones divergentes dentro de la comisión, el Papa Pablo VI se
siente obligado a dar una respuesta a estas cuestiones importantes en virtud de su deber como
líder de la Iglesia.
En resumen, este capitulo de "Humanae Vitae" destaca los desafíos éticos y morales que enfrenta
la Iglesia Católica en relación con la regulación de la natalidad y la transmisión de la vida en un
mundo en constante cambio. La encíclica aborda estas cuestiones desde una perspectiva de fe y
moralidad católica, reafirmando la posición de la Iglesia sobre la anticoncepción artificial.
II. Principios doctrinales:
En este capitulo de la encíclica "Humanae Vitae," el Papa Pablo VI presenta principios doctrinales
fundamentales relacionados con la transmisión de la vida y la moralidad del control de natalidad
en el contexto de la fe católica. Los principales puntos incluyen:
Una visión global del hombre: Se enfatiza que la cuestión de la natalidad no debe considerarse
solo desde perspectivas biológicas, psicológicas, demográficas o sociológicas, sino desde una visión
integral del ser humano que abarca tanto su dimensión natural y terrena como la sobrenatural y
eterna.
El amor conyugal: Se subraya que el amor conyugal tiene su fuente en Dios, quien es amor, y que
el matrimonio es una institución divina que busca la comunión y el perfeccionamiento mutuo de
los esposos. Además, se menciona que el matrimonio también tiene un significado sacramental
que representa la unión de Cristo y la Iglesia.
Características del amor conyugal: Se describen las características esenciales del amor conyugal,
que incluyen ser tanto sensible como espiritual, ser total en el sentido de compartir todo sin
reservas egoístas, ser fiel y exclusivo hasta la muerte, y ser fecundo, orientado hacia la procreación
y la educación de los hijos.
La paternidad responsable: Se introduce el concepto de "paternidad responsable" y se explora
desde varias perspectivas, como el respeto por las leyes biológicas, el dominio de las tendencias
instintivas y pasionales, y la consideración de las condiciones físicas, económicas, psicológicas y
sociales. La paternidad responsable también se relaciona con el orden moral objetivo y la recta
conciencia.
Respeto por la naturaleza y finalidad del acto matrimonial: Se enfatiza que los actos conyugales,
mediante los cuales los esposos se unen íntimamente y transmiten la vida humana, son legítimos
incluso cuando se prevé su infecundidad debido a causas ajenas a la voluntad de los cónyuges. La
Iglesia sostiene que cualquier acto conyugal debe permanecer abierto a la transmisión de la vida.
Inseparabilidad de los aspectos unitivo y procreador: Se destaca la conexión intrínseca entre los
dos significados del acto conyugal: el significado unitivo (unión de los esposos) y el significado
procreador (transmisión de la vida). La Iglesia afirma que, al salvaguardar ambos aspectos, el acto
conyugal mantiene su sentido de amor mutuo y se mantiene en línea con la vocación de los
esposos a la paternidad.
Fidelidad al plan de Dios: Se subraya que imponer un acto conyugal sin tener en cuenta la
disposición de los cónyuges o prejuzgar la disponibilidad a transmitir la vida va en contra de la
ética y del orden moral. El uso de los dones divinos, en este caso, se hace de manera destructiva y
es contrario a la voluntad del Creador.
Vías ilícitas para la regulación de la natalidad: Se declaran inequívocamente ilícitas ciertas
prácticas, como la interrupción directa del proceso generador, el aborto, la esterilización directa, y
cualquier acción que busque hacer imposible la procreación, ya sea antes, durante o después del
acto conyugal. Estas prácticas son inmorales desde la perspectiva de la Iglesia.
Licitud de los medios terapéuticos: Se destaca que la Iglesia permite el uso de medios
terapéuticos necesarios para tratar enfermedades, incluso si estos medios afectan la procreación,
siempre y cuando el impedimento para la procreación no sea directamente deseado.
Licitud del recurso a los periodos infecundos: La Iglesia reconoce que los cónyuges pueden
recurrir a los ritmos naturales infecundos para regular la natalidad en situaciones específicas. Se
resalta que esta práctica es coherente con los principios morales y no implica hacer el mal para
lograr un bien, como sería el caso de la contracepción artificial.
Además, se discuten las graves consecuencias que podrían derivarse del uso generalizado de
métodos artificiales de control de natalidad, incluida la infidelidad conyugal y la degradación de la
moralidad. También se advierte sobre el riesgo de poner el control de la natalidad en manos de
autoridades públicas, lo que podría socavar la libertad y la intimidad conyugal.
el Papa Pablo VI aborda las graves consecuencias que podrían derivarse del uso generalizado de
métodos de regulación artificial de la natalidad. Destaca los siguientes puntos clave:
Infidelidad conyugal y degradación moral: Se advierte que el fácil acceso a los métodos
anticonceptivos podría llevar a un aumento en la infidelidad conyugal y a una degradación general
de la moralidad. La tentación de usar estos métodos como una solución rápida para evitar
responsabilidades podría ser perjudicial para la fidelidad conyugal y la estabilidad familiar.
Pérdida de respeto hacia la mujer: Se plantea la preocupación de que el uso habitual de
anticonceptivos podría llevar a una falta de respeto hacia la mujer, tratándola como un mero
objeto de gratificación sexual, en lugar de una compañera respetada y amada.
Intervención de autoridades públicas: Se señala el riesgo de que las autoridades públicas puedan
utilizar métodos anticonceptivos a gran escala para resolver problemas de la colectividad, lo que
pondría en manos de estas autoridades el control sobre la vida conyugal y familiar de las personas.
Límites necesarios: Se sostiene que, para evitar que la capacidad del hombre para engendrar vida
quede a merced del arbitrio humano, es necesario reconocer límites infranqueables. La Iglesia
defiende la integridad del cuerpo humano y sus funciones como principios inmutables.
Papel de la Iglesia: La Iglesia afirma que no es la autora de las leyes morales, sino su depositaria e
intérprete. La Iglesia se compromete a defender la moral conyugal en su integridad y proclamar la
ley moral, natural y evangélica. Esto lo hace en servicio al verdadero bien del hombre y en defensa
de la dignidad de los cónyuges.
La Iglesia Católica reconoce que estas enseñanzas pueden no ser fáciles de aceptar por todos, pero
insiste en su deber de defender la moral conyugal y contribuir a la construcción de una civilización
verdaderamente humana. La Iglesia considera que estas enseñanzas son un medio para ayudar a
los hombres a participar en la vida del Dios vivo y ser fieles al plan divino para la humanidad.
Directivas pastorales:
En el tercer capítulo se habla de la posición de la Iglesia Católica sobre la regulación de la natalidad
y la castidad en la vida conyugal. La Iglesia afirma que es su deber enseñar la ley divina en relación
con el matrimonio y la vida familiar, incluso en medio de desafíos difíciles. Se destaca la
importancia de la castidad y el autocontrol en la vida conyugal y se hace un llamado a las
autoridades públicas para promover políticas familiares y educación moral.
El texto está dirigido a diferentes grupos de personas, incluyendo científicos, esposos cristianos,
médicos, sacerdotes y obispos. En general, insta a la observancia de la ley divina en asuntos
relacionados con el matrimonio y la vida conyugal. Se enfatiza la importancia de vivir de acuerdo
con los principios morales de la Iglesia, promoviendo el respeto a la vida y la castidad. Se insta a
los sacerdotes a enseñar la doctrina de la Iglesia con claridad y paciencia, y a los obispos a liderar
esfuerzos para proteger y santificar el matrimonio y la familia.
Explicación:
La Iglesia como Madre y Maestra: la Iglesia se ve a sí misma como la madre y maestra de todas las
personas y que tiene la responsabilidad de enseñar la ley divina en asuntos relacionados con el
matrimonio y la familia.
Regulación de la natalidad: La Iglesia sostiene que es importante alentar a las personas a observar
la ley divina en lo que respecta a la regulación de la natalidad, incluso en condiciones difíciles que
afectan a las familias y las sociedades. La Iglesia reconoce que esto puede parecer difícil, pero
subraya que es ennoblecimiento de las personas y beneficioso para la sociedad.
Dominio de sí mismo: Se destaca la importancia del autocontrol y la castidad en la vida conyugal.
Se afirma que el dominio de los instintos a través de la razón y la voluntad libre es esencial, y que
esto implica la observancia de la continencia periódica. La Iglesia argumenta que esto fortalece el
amor conyugal y enriquece la personalidad de los cónyuges.
Crear un ambiente favorable a la castidad: Se hace un llamado a educadores y a quienes tienen
responsabilidades en la sociedad para crear un entorno que promueva la castidad y respete el
orden moral. Se critica la pornografía y los espectáculos licenciosos como perjudiciales para la
moralidad.
Llamamiento a las autoridades públicas: La Iglesia insta a los gobernantes a proteger la moralidad
de sus pueblos y a no permitir prácticas contrarias a la ley natural y divina en la familia. Se
menciona que los poderes públicos pueden contribuir a la solución del problema demográfico a
través de políticas familiares y educación moral.
En resumen, en la lectura se expresa la posición de la Iglesia Católica en relación con la regulación
de la natalidad, la importancia de la castidad en la vida conyugal y hace un llamado a las
autoridades públicas a promover políticas familiares y la moralidad en la sociedad.
A los hombres de ciencia: El texto alienta a los científicos, en particular a los católicos, a investigar
y encontrar formas seguras de regular la procreación basada en ritmos naturales. Se sostiene que
la ciencia y la moral no están en conflicto y pueden contribuir al bienestar del matrimonio y la
familia.
A los esposos cristianos: Se dirige a las parejas casadas, recordándoles que su vocación cristiana se
fortalece a través del sacramento del matrimonio. Se les exhorta a vivir de acuerdo con los
principios cristianos, confiar en la gracia de Dios y buscar ayuda en los sacramentos, como la
Eucaristía y la Penitencia.
Apostolado entre los hogares: Se reconoce que las parejas casadas que viven de acuerdo con la ley
divina pueden inspirar a otros. Esto se considera una forma de apostolado, en la que las parejas
casadas pueden servir como guías y modelos para otras parejas.
A los médicos y al personal sanitario: Se llama a los profesionales de la salud a promover
soluciones basadas en la fe y la razón en lugar de intereses humanos. Se les insta a adquirir el
conocimiento necesario para aconsejar a las parejas sobre cuestiones relacionadas con la
regulación de la natalidad y la vida conyugal.
A los sacerdotes: Los sacerdotes, especialmente aquellos que enseñan teología moral, son
instados a enseñar claramente la doctrina de la Iglesia sobre el matrimonio. Se les recuerda la
importancia de ser fieles al Magisterio de la Iglesia y de ser pacientes y compasivos en su
ministerio.
A los obispos: Los obispos son llamados a liderar esfuerzos para salvaguardar y santificar el
matrimonio. Se les anima a coordinar acciones pastorales en todos los aspectos de la vida social y
cultural para mejorar la vida de las familias y la sociedad en general.
Llamamiento final: El texto concluye haciendo un llamado a todos, independientemente de su
vocación, a trabajar juntos en la educación, el progreso y el amor basados en la doctrina de la
Iglesia. Se enfatiza que la verdadera felicidad solo se encuentra en el respeto de las leyes divinas y
se otorga una bendición apostólica.