UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE ZACATECAS
“Francisco García Salinas”
UNIDAD ACADÉMICA DE HISTORIA
Programa de licenciatura en Historia modalidad a Distancia
Historia de la Edad Media
Edad Media y el Imperio Carolingio
Docente Mtra. Susana de la Torre Troncoso
Alumna: Cynthia María del Pilar Romero Rodríguez,
Aguascalientes, Ags., 8 de marzo, 2025.
El Imperio Carolingio, encabezado por Carlomagno, no solo representó un esfuerzo por restaurar
la unidad política y cultural en Europa occidental tras la caída del Imperio Romano, sino que
realmente lo logró. Su expansión territorial, impulsada por una combinación de conquistas
militares, alianzas estratégicas y una firme alianza con la Iglesia, permitió la creación de un vasto
imperio que abarcó gran parte de lo que hoy es Francia, Alemania, Italia y otros territorios
próximos. Sin embargo, esta expansión no estuvo exenta de desafíos, y su consolidación
dependió tanto de la fuerza militar como de una hábil administración y una visión cultural
renovadora.
La expansión del Imperio Carolingio comenzó con los esfuerzos de Pipino el Breve, quien
consolidó el poder franco y estableció una alianza crucial con el Papado. Esta alianza se fortaleció
cuando Pipino intervino en Italia para proteger al Papa de la amenaza lombarda, donando los
territorios conquistados a la Santa Sede y sentando las bases para el futuro Estado Pontificio. Sin
embargo, fue bajo el reinado de Carlomagno, hijo de Pipino, cuando el Imperio alcanzó su máxima
extensión y esplendor.
Carlomagno emprendió una serie de campañas militares que expandieron las fronteras del reino
franco en todas direcciones. En el este, enfrentó a los sajones, un pueblo pagano que habitaba
entre el Rin y el Elba. Esta guerra, que se extendió por más de treinta años (772-804), fue
particularmente brutal. Carlomagno no solo buscaba someter a los sajones, sino también
imponerles el cristianismo, lo que llevó a masacres como la de Verden (782), donde ordenó la
ejecución de miles de prisioneros. Finalmente, tras la conversión de su líder, Widukind, y la
deportación de miles de sajones, el territorio fue incorporado al Imperio, estableciéndose marcas
fortificadas para proteger las nuevas fronteras.
En el sur, Carlomagno dirigió su atención hacia Italia, donde los lombardos representaban una
amenaza para el Papado. En 774, tras sitiar Pavía, derrotó al rey lombardo Desiderio y se coronó
rey de Lombardía. Esta victoria no solo consolidó su control sobre el norte de Italia, sino que
también reforzó su alianza con el Papado, que se materializó en la donación de territorios que
dieron origen al Patrimonio de San Pedro. Además, Carlomagno extendió su influencia hacia el
sur de Italia, aunque el ducado de Benevento mantuvo cierta autonomía.
En la península ibérica, las campañas de Carlomagno tuvieron resultados mixtos. En 778,
respondiendo a una solicitud de ayuda del emir de Zaragoza, cruzó los Pirineos y tomó ciudades
como Pamplona y Barcelona. Sin embargo, su retirada se vio empañada por la derrota de su
retaguardia en Roncesvalles, un evento que más tarde se convertiría en leyenda gracias al Cantar
de Roldán. A pesar de este revés, Carlomagno logró establecer la Marca Hispánica, una región
fronteriza que serviría como barrera contra los musulmanes y que sentaría las bases para el
futuro condado de Cataluña.
En el sureste, Carlomagno enfrentó a los ávaros, un pueblo nómada que había establecido un
fuerte reino en Panonia. Tras una serie de campañas, las fuerzas francas lograron saquear la
fortaleza central de los ávaros, y capturar un inmenso botín. Esta victoria no solo eliminó la
amenaza ávara, sino que también permitió la creación de la Marca del Este, precursora del futuro
reino de Austria.
La expansión territorial de Carlomagno culminó con su coronación como emperador en el año
800. Durante una visita a Roma, el Papa León III lo coronó en la basílica de San Pedro, reviviendo
así el título de emperador en Occidente después de más de tres siglos. Este acto no solo
simbolizó la unión entre el poder temporal y el espiritual, sino que también consolidó a
Carlomagno como el líder indiscutible de la cristiandad occidental. Sin embargo, la coronación
también generó tensiones con el Imperio Bizantino, que se consideraba el legítimo heredero de
Roma. Tras años de negociaciones, el emperador bizantino Miguel I reconoció finalmente el título
de Carlomagno en 812.
Esta coronación por parte del Papa no sería un asunto menor para Carlomagno, ya que lo
colocaba por debajo del pontífice y lo sujetaba a su legitimidad. Es decir, si el Papa -representante
de dios en la tierra- lo coronaba, lo legitimaba como emperador, también podía deponerlo. Esta
posibilidad -abstracta, pero existente- no gustó a Carlomagno.
Ahora bien, la administración del Imperio Carolingio se complicó debido a su expansión.
Carlomagno dividió el territorio en condados, gobernados por condes que actuaban como sus
representantes locales. Para supervisar su labor, estableció los missi dominici, inspectores que
recorrían el imperio para asegurar el cumplimiento de las leyes y la justicia. Las capitulares,
edictos reales que regulaban desde la administración hasta la vida religiosa, fueron la base legal
del imperio. Sin embargo, la falta de una burocracia centralizada y la dependencia de la lealtad
de los condes y nobles fueron debilidades estructurales.
Así, la grandeza del Imperio Carolingio fue efímera. Tras la muerte de Carlomagno en 814, su
sucesor, Luis el Piadoso, intentó mantener la unidad, pero las disputas entre sus herederos y la
creciente autonomía de los nobles debilitaron el poder central. El Tratado de Verdún (843) dividió
el imperio en tres reinos: Francia Occidental, Francia Oriental y Lotaringia, marcando el fin de la
unidad carolingia y sentando las bases para la formación de las naciones modernas de Francia y
Alemania. Las invasiones vikingas, magiares y sarracenas agravaron la crisis, y los nobles, ante
la incapacidad del poder central para defenderlos, fortalecieron su autonomía, dando origen al
feudalismo.
El legado cultural carolingio: un renacimiento en la Edad Media
El legado cultural del Imperio Carolingio, conocido como el Renacimiento Carolingio, fue otro
aspecto fundamental de su expansión. Carlomagno, consciente de la importancia del
conocimiento para la consolidación de su imperio, promovió la creación de escuelas en
monasterios y catedrales; y con la ayuda de intelectuales, impulsó el estudio de las siete artes
liberales preservando numerosos textos clásicos y religiosos.
El Imperio Carolingio incluyó un movimiento artístico que sentó las bases para el desarrollo de
Europa en los siglos posteriores. Este periodo, conocido como el Renacimiento Carolingio, fue
un intento consciente de revivir el esplendor de la Antigüedad Clásica, fusionándolo con los
valores cristianos. A través de la arquitectura, la educación, la literatura, la música y la ciencia, el
legado carolingio dejó una huella profunda en la historia europea.
Uno de los monumentos más emblemáticos de este periodo es la Capilla Palatina, construida en
Aquisgrán. Esta iglesia, que formaba parte del palacio de invierno de Carlomagno, es considerada
la catedral más antigua del norte de Europa y un ejemplo destacado del arte carolingio. Su diseño,
inspirado en la arquitectura bizantina y romana, refleja el deseo de Carlomagno de emular la
grandeza del Imperio Romano. Así, la Capilla Palatina fue un símbolo del poder y la unidad del
Imperio Carolingio.
Carlomagno comprendió que la consolidación de su imperio requería un fuerte basamento
cultural. Para lograrlo, impulsó un renacimiento intelectual que buscaba restaurar el conocimiento
clásico y promover la educación. La Escuela Palatina de Aquisgrán fue el centro neurálgico de
este renacimiento. Allí se reunieron algunos de los pensadores más destacados de la época que
trabajaron en la preservación y difusión de textos clásicos, la reforma de la educación y la
promoción de las artes.
También se creó la minúscula carolingia, un tipo de escritura clara y uniforme que facilitó la copia
y difusión de textos. Esta escritura, que se convirtió en el estándar en el Imperio Carolingio,
permitió la preservación de numerosas obras clásicas y religiosas. Gracias a los copistas, muchos
textos antiguos que habían caído en el olvido fueron rescatados y transmitidos a las generaciones
futuras. Así, la minúscula carolingia no solo fue una herramienta práctica, sino un símbolo de la
unidad cultural que Carlomagno promovió.
El Renacimiento Carolingio también tuvo un impacto profundo en la música y la liturgia cristiana
ya que se desarrolló la himnodia latina, que enriqueció la música religiosa con nuevos estilos y
temas. Además, se promovió la armonización del canto gregoriano, sentando las bases para la
música polifónica que surgiría en los siglos posteriores. La música no solo era un elemento central
del culto religioso, sino también una expresión de la identidad cultural del Imperio.
Pero el interés por el conocimiento no se limitó a las humanidades: se promovió el estudio de la
ciencia y la técnica. A través de la traducción de textos griegos y árabes, se reintrodujeron en
Europa conocimientos sobre medicina, astronomía y agricultura. Este esfuerzo por recuperar y
difundir el saber científico sentó las bases para el desarrollo intelectual de la Europa medieval.
Carlomagno y el reino asturiano: relaciones históricas y mitos fundacionales
A principios del siglo IX, el biógrafo Eginardo registró la muerte de Carlomagno el 28 de enero del
año 814, marcando el fin de un reinado que había transformado Europa occidental. Y, mientras el
Imperio Carolingio alcanzaba su apogeo, en el noroeste de la Península Ibérica, el reino de los
astures, bajo el mandato de Alfonso II, comenzaba a consolidarse.
Ambos territorios -el reino asturiano y el Imperio Carolingio- mantuvieron contactos significativos
durante este periodo.
La expansión carolingia hacia la Península Ibérica enfrentó fracasos, como la derrota en
Roncesvalles en 778, ya citada, donde las tropas de Carlo Magno fueron emboscadas por fuerzas
locales, posiblemente tanto cristianas como musulmanas.
En este contexto, el reino de los astures comenzó a emerger como un poder regional cuando
Alfonso II logró establecer una corte en Oviedo, donde fundó la iglesia de San Salvador,
precursora de la futura catedral. Las crónicas asturianas posteriores recordarían este periodo
como una reconstrucción del orden visigodo, tanto en lo eclesiástico como en lo político.
Alfonso II envió varias embajadas a la corte carolingia, buscando apoyo frente a las incursiones
musulmanas. La primera de estas embajadas data del año 795, cuando Alfonso, en una situación
crítica tras el ataque musulmán a Oviedo, envió legados a Toulouse, donde se encontraba Luis,
hijo de Carlomagno. Estas embajadas no solo tenían un carácter político, sino también religioso,
ya que el reino asturiano buscaba el respaldo de la Iglesia carolingia en su lucha contra la herejía
adopcionista, promovida por Elipando de Toledo.
La correspondencia entre Alcuino de York, uno de los intelectuales más influyentes de la corte
carolingia, y Beato de Liébana, un destacado teólogo asturiano, refleja la profundidad de estas
relaciones. En una carta, Alcuino elogia la religiosidad de Beato y le solicita mantener la ortodoxia
frente a las desviaciones doctrinales. Este intercambio epistolar demuestra que las conexiones
entre ambos reinos trascendían lo político, abarcando también lo cultural y lo religioso.
Aunque las relaciones históricas entre el reino asturiano y el Imperio Carolingio son bien
documentadas, la leyenda que vincula a Carlomagno con el descubrimiento del sepulcro del
apóstol Santiago en Compostela es una construcción posterior. Esta narrativa, que alcanzó su
máxima expresión en el Códice Calixtino del siglo XII, atribuye a Carlomagno la liberación de la
Península Ibérica del dominio musulmán y la invención del sepulcro de Santiago.
Según la Historia de Turpín, incluida en dicho Códice, Santiago se apareció en sueños a
Carlomagno, instándole a liberar Hispania y a descubrir su sepulcro. Esta leyenda, aunque carece
de base histórica, tuvo un profundo impacto en la cultura medieval. La imagen de Carlomagno
como peregrino y defensor de la cristiandad se fusionó con el culto jacobeo, reforzando la
importancia de Compostela como centro religioso y político.
La creación de este mito en el siglo XII respondió a las necesidades de legitimación de la diócesis
compostelana. En un contexto de competencia con otras sedes episcopales y de búsqueda de
reconocimiento por parte de Roma, la vinculación de Compostela con Carlomagno resultó
estratégica. Además, esta narrativa permitió desvincular los orígenes del culto jacobeo de la
monarquía asturiana, relegando a Oviedo a un papel secundario en la historia de Santiago.
Carlomagno y el europeísmo comunitario
El mito de Carlomagno ha sido reinterpretado. En el siglo XX, en el contexto de la formación de
la Comunidad Económica Europea (CEE), hoy Unión Europea, Carlomagno resurgió como
símbolo de unidad europea. Su figura, asociada a la idea de un imperio que unió a pueblos
diversos bajo un mismo proyecto político y cultural, resultó útil para promover la integración
europea.
Sin embargo, esta reinterpretación no está exenta de contradicciones. Carlomagno, aunque es
recordado como un gobernante culto y piadoso, también fue un conquistador cuyas campañas
estuvieron marcadas por la violencia y la imposición del cristianismo. La leyenda que lo vincula
con Compostela, aunque poética, oculta las complejidades y tensiones de su reinado.
En la actualidad, la memoria de Carlomagno y Santiago de Compostela sigue siendo relevante
en la construcción de una identidad europea. Sin embargo, es importante abordar esta historia
desde una perspectiva crítica, reconociendo tanto sus logros como sus contradicciones. La
Europa medieval no fue idílica, sino compleja y llena de tensiones, cuyas lecciones siguen siendo
relevantes para entender el presente.
Conclusiones
La expansión del Imperio Carolingio bajo Carlomagno representó un esfuerzo colosal por
restaurar la unidad política y cultural de Europa occidental. A través de conquistas militares,
alianzas estratégicas y un firme compromiso con la Iglesia, Carlomagno logró crear un vasto
imperio que abarcó gran parte de Europa. Sin embargo, la dependencia hacia su figura, la falta
de una burocracia eficiente y las presiones externas e internas llevaron a su fragmentación y
declive. Aunque efímero, entonces, el Imperio Carolingio dejó un legado duradero, simbolizando
el ideal de una cristiandad unida bajo un mismo poder temporal y espiritual.
Este legado también abarcó el llamado Renacimiento Carolingio; movimiento cultural de gran
envergadura que sentó las bases para el desarrollo de la civilización europea que, aunque no
alcanzó el esplendor artístico del Renacimiento italiano, preservó y transmitió el legado clásico
en un periodo de fragmentación y oscuridad. La creación de la minúscula carolingia, la promoción
de la educación, la reforma de la liturgia y el rescate de textos antiguos son solo algunos de los
logros que definieron este periodo.
En definitiva, el legado cultural carolingio fue un proyecto visionario que buscaba construir un
futuro basado en el conocimiento, la unidad y la fe. A través de su impulso cultural, Carlomagno
no solo consolidó su imperio, sino que también dejó una herencia que influyó en el curso de la
historia europea.
Importante fue, por otro lado, las relaciones entre el reino asturiano y el Imperio Carolingio en los
siglos VIII y IX y la construcción mítica del descubrimiento del sepulcro de Santiago tiene, hasta
ahora, un profundo impacto en la cultura europea, contribuyendo a la formación de mitos
fundacionales que siguen siendo relevantes. Por lo tanto, en un mundo donde la construcción de
la memoria histórica es un tema central, es esencial abordar estas narrativas desde una
perspectiva crítica y multifacética. La historia de Carlomagno y el reino asturiano no solo habla
del pasado, sino también de cómo las sociedades construyen su identidad y proyectan sus
aspiraciones hacia el futuro.
Referencias
Calleja Puerta, M. (2017). El reino de los austres y el Imperio Carolingio: historia y reencarnación
histórica. Oviedo: Real Instituto de Estudios Asturianos.
Espinar Moreno, M. (2020). El Imperio Carolingio. Nacimiento, expansión y decadencia. Granada: Libros
EPCCM.
Grandes Civilizaciones de la Historia. (2008). Barcelona: Editorial Sol 90.
Moschén, J. (1 de enero de 2017). Youtube Carlomagno y el Imperio Carolingio. Obtenido de
https://www.youtube.com/watch?v=ZSC7uonAxQE