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Pensando Como Un Cristiano Acerca de La Ropa Modesta FINAL

El documento aborda la importancia de la ropa modesta desde una perspectiva cristiana, argumentando que la forma de vestir refleja nuestras creencias y valores. Se critica la tendencia a considerar el tema trivial y se enfatiza que tanto hombres como mujeres tienen la responsabilidad de vestirse de manera que honre a Dios y no incite a la lujuria. Además, se subraya que las instrucciones bíblicas sobre la vestimenta son relevantes y deben ser seguidas para mantener la reputación de Dios en la sociedad.
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Pensando Como Un Cristiano Acerca de La Ropa Modesta FINAL

El documento aborda la importancia de la ropa modesta desde una perspectiva cristiana, argumentando que la forma de vestir refleja nuestras creencias y valores. Se critica la tendencia a considerar el tema trivial y se enfatiza que tanto hombres como mujeres tienen la responsabilidad de vestirse de manera que honre a Dios y no incite a la lujuria. Además, se subraya que las instrucciones bíblicas sobre la vestimenta son relevantes y deben ser seguidas para mantener la reputación de Dios en la sociedad.
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EBOOK

ROBERTH G.
SPINNEY

PENSANDO COMO
CRISTIANO ACERCA DE LA
ROPA MODESTA

2024
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Pensando como un cristiano acerca de la ropa modesta
Robert G. Spinney

Un tema significante
La manera de vestir del cristiano no es un tema insignificante. Las declaraciones cotidia-
nas que hacemos con nuestra ropa —deliberadamente o no, interpretadas correcta o inco-
rrectamente— se cuentan entre nuestras declaraciones más fuertes. Nuestros hijos, herma-
nos, compañeros de trabajo y de estudios, y los hermanos de la iglesia no pueden dejar de
ver lo que vestimos. Todos notan si somos descuidados o prolijos, sencillos o glamorosos,
provocativos o modestos. El vestir puede afectar la imagen que tenemos de nosotros mismos
y dar forma a lo que los demás perciben de nosotros. Por eso es que gastamos tanto dinero
para comprar ropa buena. Pensar cristianamente acerca de lo que vestimos involucra muchos
aspectos…
Inherentemente legalista
Primero, tenemos que quitar dos obstáculos que, a veces impiden que los cristianos to-
quen este tema: La creencia de que cualquier discusión sobre la manera de vestir es inheren-
temente legalista y de que tales discusiones son simplemente innecesarias. En la actualidad,
en muchos lugares, el simple hecho de mencionar el tema del vestir indecoroso es hacer sonar
todas las alarmas del legalismo. Esto es lamentable.
No comprendemos correctamente lo que es santidad si pensamos que aplicar Colosenses
3:17 (“Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor
Jesús”) al tema de la manera de vestir es de algún modo equivocado. El que dice: “Jesús no
será Señor de mi ropa”, poco se diferencia del que dice: “Jesús no será el Señor de mi dinero”.
Tampoco es legalismo que el pueblo de Dios se empeñe por obedecer las instrucciones de
Dios. David Martyn Lloyd Jones1 lo expresó muy bien cuando dijo que si la “gracia” que he-
mos recibido no nos ayuda a guardar las leyes de Dios es que, en realidad, no hemos recibido
gracia alguna. Sin duda, los cristianos pueden abordar el tema del vestir indecoroso de una
forma torpe y no bíblica que niega la gracia. Ese es el problema. Pero ignorar el tema no es la
solución: Hacerlo es dar a entender que no existe ropa inapropiada.
El pueblo de Dios no puede darse el lujo de ignorar este tema. ¿Por qué no? Porque el
cristiano que piensa de una manera no basada en la Biblia sobre esto, no se preocupa por
vestirse con decoro. Al igual que en otros aspectos de la vida cristiana, nunca “avanzamos por
casualidad”. La santidad y la madurez espiritual hay que procurarlas (He. 12:14). Procurar la
piedad tiene que caracterizarse por su diligencia (2 P. 1:10; 3:14). Nuestra mente no es auto-
máticamente piadosa: Renovar nuestra mente produce transformación espiritual (Ro. 12:2).
Trivial
A veces, los cristianos no le dan importancia al tema de vestir modestamente, conside-
rándolo trivial. No lo es. Al final de cuentas, Dios fue quien notó la primera ropa inventada,
la juzgó inadecuada e intervino para remplazarla por una que él mismo hizo (Gn. 3:7, 21). Y
nadie puede negar que hoy mucha de la ropa en las tiendas es escandalosamente inmodesta.
“Si es usted ciego o de otro planeta”, escribe Barbara Hughes, “pudiera ser que no se ha per-

1
David Martyn Lloyd-Jones (1899-1981) – Predicador expositivo galés y pastor de Westminster Chapel,
Londres, Inglaterra, 1938-68; nacido en Cardiff, Gales.
catado de que la modestia ha desaparecido. ¡Está muerta y enterrada! Si no lo cree, vaya de
compras con una adolescente”2.
La moda del mundo
Hay una tercera cuestión que merece nuestra atención al iniciar esta discusión. Algunos
cristianos fieles se visten de manera indecorosa, aun si no pretenden ofender a nadie, hacen
gala de su sexualidad o atraen las miradas con la escasa ropa que usan. A menudo, estos cre-
yentes creen sinceramente que están modestamente vestidos. ¿El problema? Se rigen por la
moda del mundo. Permiten que la industria de la ropa y los artistas definan lo que es hermoso y
lo que es una ropa apropiada. ¿El resultado? La proliferación de atuendos de última moda que
contradicen los principios bíblicos. La ropa que refleja los valores del mundo suele ser indeco-
rosa, a pesar de las buenas intenciones del que la usa. Las intenciones inocentes no cambian nada.
La inmodestia sin intenciones y la “inmodestia por ignorancia” siguen siendo no bíblicas. El
cristiano puede decir sinceramente: “Mi intención no es vestir sensual o seductoramente” y,
aún así, vestirse de una manera inapropiada. Lo seguro es que son los principios bíblicos —no
los diseñadores de ropa mundanos, ni los artistas de cine ni las celebridades— los que debie-
ran establecer las normas de una forma de vestir correcta.

Los esposos y pastores


¿A quién va dirigido este folleto? Supongo que a cada lector que usa ropa. No obstante,
parece que tendemos a dirigir nuestros mensajes a las mujeres jóvenes. Esto me parece inco-
rrecto. El mensaje en este folleto es principalmente para esposos y pastores, quienes son los
líderes de las familias. Cuando veo a una adolescente vestida sin modestia, lo primero que
pienso es: “¿A dónde está su padre? ¿No se da cuenta cómo está vestida su hija?” Cuando una
mujer cristiana casada no se viste con modestia, lo primero que pienso es: “¿Por qué es su
esposo tan indiferente a la enseñanza bíblica con respecto a la ropa modesta?”. El varón tiene
la responsabilidad dada por Dios de proteger a su esposa y a sus hijos. El vestir inmodesto
incita que personas lascivas malinterpreten la manera de vestir de los miembros de la familia.
Además, vestir indecorosamente es a veces una manera de expresar (en público) una sensua-
lidad impropia. Señores, no podemos ignorar estos asuntos.
De manera similar, el varón tiene la responsabilidad de proteger a otros de las piedras de
tropiezo que su esposa e hijas pueden generar con su manera de vestir indecorosa. Esto se
aplica a todas partes y a todos los tiempos, pero de manera especial a las reuniones de la iglesia.
Más de un creyente me ha preguntado: “¿Por qué no podemos contar con por lo menos
un refugio seguro contra el uso de ropa apretada, escotes, hombros descubiertos y shorts?
¿Por qué no se asegura la gente de vestirse con modestia cuando asisten a las reuniones de
la iglesia? No es extraño que el vestir escandaloso me tiente cuando voy a algún plantel uni-
versitario, pero el pueblo de Dios no debería tener que enfrentar esa clase de tentación en
los cultos de adoración. ¿No pueden los cristianos ser más considerados con los demás?”. Es
este un pedido legítimo. Los varones tienen una responsabilidad extra: Debieran explicar a
sus esposas e hijos mayores qué fácil es que los hombres se sientan tentados a la lujuria al ver
personas vestidas indecorosamente. Nuestras familias pueden pensar que nunca batallamos
con tentaciones sexuales. ¡Dígales la verdad! He hablado con mujeres que sencillamente no
sabían que los hombres cristianos se sienten tentados a pecar por lo que provoca su manera
de vestir. En cuanto lo entendieron, con gusto empezaron a vestirse más modestamente.

2
Barbara Hughes, Disciplines of a Godly Woman (Disciplinas de una mujer piadosa) (Wheaton, Illinois,
Estados Unidos: Crossway Books, 2001), 92.
Instrucciones de Dios
¿Nos ha dado Dios instrucciones relacionadas con el vestir? La respuesta a esta pregunta es
sí… El inspirado Apóstol escribe en 1 Timoteo 2:9,
Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no
con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos.
Quizá la verdad más evidente en este versículo es una que, a menudo, se niega en la actua-
lidad: A Dios sí le importa cómo nos vestimos… En 1 Timoteo 2:9, la modestia está ligada
específicamente a cómo nos adornamos con la ropa.
En toda discusión sobre vestir modesta o inmodestamente, en algún momento surge la
pregunta que podríamos llamar “La pregunta que marca la línea divisoria”. ¿Dónde está, exac-
tamente, la línea divisoria entre ropa aceptable y no aceptable? ¿Cómo puedo saber dónde está?
No la cruzaré, pero, ¿puede por favor decirme precisamente dónde está? La palabra [pudor]
responde a “La pregunta que marca la línea divisoria” porque el cristiano modesto dice: “¡No
quiero acercarme a esa línea! Quizá no sepa dónde está la línea divisoria entre la ropa aceptable
y la no aceptable, pero sé más o menos dónde está… y me mantendré lejos de ella”.

La palabra modestia
La palabra modestia [en 1 Timoteo 2:9]… se refiere a mantener control sobre nuestros pen-
samientos, preferencias y deseos. El cristiano discreto no da rienda suelta a sus pasiones; sabe
cómo controlar sus deseos. La Biblia está exponiendo aquí algo que muchos sencillamente no
quieren reconocer: Algunos usan su estilo de ropa como expresión de su propia sensualidad.
Se convierten intencionalmente en objeto de lujuria: entran a una sala con la intención de lla-
mar la atención. En lugar de practicar dominio propio, exhiben sin tapujos su sensualidad en su
ropa. Vestir [con sobriedad] significa que no expresamos nuestros deseos sexuales privados
con lo que vestimos en público.
¿Por qué deben los creyentes practicar dominio propio cuando de estilo de ropa se trata?
No cabe duda de que el vestir provocativo afecta a otros (tentándolos a pecar). Pero tanto
cristianos como no cristianos también han notado cómo la ropa etiqueta de alguna manera
al que la viste. “La manera de vestir cambia los modales”, escribió el filósofo francés Voltai-
re3, que no era precisamente amigo del cristianismo, pero sí un observador perspicaz de la
condición humana. La escritora inglesa Virginia Woolf4 coincide: “Hay mucho que apoya la
noción de que es la ropa lo que nos usa a nosotros y no nosotros a ella; podemos hacer que
se amolde al brazo o al pecho, pero moldea nuestros corazones, nuestros cerebros y nuestra
boca, según su parecer”.
Este es unos de los aspectos intangibles de la manera de vestir que todos hemos experimenta-
do. Lucir un conjunto nuevo o vestirse con elegancia da un sentido de seguridad y de
autoestima positiva. De igual modo, vestir ropa provocativa o reveladora nos estimula a hacer
gala de nuestra sexualidad. El discípulo de Cristo debe controlar sus pasiones sexuales y, del
mismo modo, esco- ger controladamente lo que viste que pudiera “moldear su corazón,
cerebro y boca” en formas inapropiadas. A este mandato en 1 Timoteo 2:9 le acompaña una
aplicación imbuida en la cul- tura. Notemos las palabras finales del versículo: “No con peinado
ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos”. Esto instruía a las mujeres cristianas a no
imitar el estilo de vestir y los peinados escandalosos que eran comunes entre la nobleza
romana. En la época de Pablo, algunas mujeres
3
Voltaire (1694-1778) – Escritor y poeta francés, figura destacada de la Era de la Razón.
4
Virginia Woolf (1882-1941) – Autora inglesa, asociada con el Grupo Bloomsbury que influyó sobre el
crecimiento del modernismo.
se entretejían gemas preciosas en el cabello para crear peinados costosos, cuyo equivalente actual
sería cientos y aun miles de dólares. También vestían ropa deslumbrante que fácilmente costaría
unos 10 mil dólares en moneda actual. Este era el uniforme no oficial de las cortesanas romanas,
un uniforme que era característico para llamar la atención. Es de observar que era notoria la
inmoralidad sexual de estas cortesanas romanas. Era notorio que estas mujeres no se vestían ni
correcta, ni modesta ni discretamente, y todos sabían que sus vidas se caracterizaban por su impu-
reza sexual. De hecho, la Palabra de Dios le está diciendo a los cristianos: “No imiten la apariencia
de esta gente famosa e inmoral. Nada de ostentación, vulgaridad, extravagancia ni alardes de
riquezas. Ninguna asociación con estas cortesanas de mala reputación. No tomen a esas ‘mujeres
de la corte’ como modelos de la moda”.
Consideremos las palabras agudas de Stephen M. Baugh, profesor de Griego y Nuevo Tes-
tamento del Seminario Teológico de Westminster West. Baugh aplica estas palabras finales
de 1 Timoteo 2:9 a lectores modernos: “Hoy equivale a advertir a los cristianos a no imitar
los estilos de los cantantes pop o actrices promiscuas”. Esto significa que si queremos aplicar
este versículo en la práctica, la mujer cristiana no debe imitar el aspecto de las libidinosas “cor-
tesanas de Hollywood”. El próximo versículo —1 Timoteo 2:10 — amplía la instrucción del
Apóstol. La mujer cristiana no se adorne con ropa indebida, “sino con buenas obras, como co-
rresponde a mujeres que profesan piedad”. La [palabra profesan] se deriva de un vocablo griego
que significa hacer un anuncio público o transmitir un mensaje a viva voz. Nuestras vidas son
anuncios públicos. El anuncio público de la mujer piadosa consiste de buenas obras, no de ropa
cuestionable. ¿Cuál es la función de las buenas obras del cristiano? Mateo 5:16 dice que los cre-
yentes hemos de vivir de tal manera que los hombres vean nuestras buenas obras y glorifiquen
a nuestro Padre que está en los cielos. Numerosos versículos afirman que las buenas obras del
cristiano son valiosas, no sólo por el beneficio a los objetos de ellas, sino también por lo que de-
muestran acerca de la gloria de Dios (1 P. 2:12; 3:1-6; Mt. 9:6-8). Lo que implica esto es que tanto
las buenas obras como la manera indebida de vestir contienen un elemento que influye sobre lo
que otros piensan de Dios: Uno provoca que los hombres alaben a Dios, mientras el otro incita
a los hombres a denigrarlo. La conclusión de 1 Timoteo 2:10 es que la reputación de Dios está
en juego, según lo que profesamos en público. La gloria de Dios se ve con más claridad cuando
abundamos en buenas obras, pero se entenebrece y mal entiende cuando hacemos anuncios
públicos al vestir incorrectamente… No se trata de que solo esté en juego nuestra reputación
cuando usamos ropa indebida; también está en juego la reputación de Dios.

Tomado de Dressed to Kill (Vestido para matar), publicado por Tulip Books, [Link].
_____________________________________________

Robert G. Spinney: Pastor bautista y profesor asociado de Historia en Patrick Henry College,
Purcellville, Virginia, Estados Unidos.

Lo que más demuestra la inclinación del hombre o la mujer hacia la lascivia e


inmundicia es adornase con ropa liviana y lasciva. En nuestros días vemos con
demasiada frecuencia que la ropa de los que profesan ser creyentes es igual a la de la
prostituta, cosa vil que manifiesta afectos muy lascivos y malos. — John Bunyan
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