H60 REINO DE DIOS 1
EL PODER DE LA PALABRA DE DIOS
Hechos 19:8-20
8
Y entrando Pablo en la sinagoga, habló con denuedo por espacio de tres meses,
discutiendo y persuadiendo acerca del reino de Dios. 9 Pero endureciéndose algunos
y no creyendo, maldiciendo el Camino delante de la multitud, se apartó Pablo de ellos
y separó a los discípulos, discutiendo cada día en la escuela de uno llamado
Tiranno. 10 Así continuó por espacio de dos años, de manera que todos los que
habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús.
11
Y hacía Dios milagros extraordinarios por mano de Pablo, 12 de tal manera que aún
se llevaban a los enfermos los paños o delantales de su cuerpo, y las enfermedades
se iban de ellos, y los espíritus malos salían. 13 Pero algunos de los judíos, exorcistas
ambulantes, intentaron invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían
espíritus malos, diciendo: Os conjuro por Jesús, el que predica Pablo. 14 Había siete
hijos de un tal Esceva, judío, jefe de los sacerdotes, que hacían esto. 15 Pero
respondiendo el espíritu malo, dijo: A Jesús conozco, y sé quién es Pablo; pero
vosotros, ¿quiénes sois? 16 Y el hombre en quien estaba el espíritu malo, saltando
sobre ellos y dominándolos, pudo más que ellos, de tal manera que huyeron de
aquella casa desnudos y heridos. 17 Y esto fue notorio a todos los que habitaban en
Éfeso, así judíos como griegos; y tuvieron temor todos ellos, y era magnificado el
nombre del Señor Jesús. 18 Y muchos de los que habían creído venían, confesando y
dando cuenta de sus hechos. 19 Asimismo muchos de los que habían practicado la
magia trajeron los libros y los quemaron delante de todos; y hecha la cuenta de su
precio, hallaron que era cincuenta mil piezas de plata. 20 Así crecía y prevalecía
poderosamente la palabra del Señor.
Desde la caída, en Génesis 3, las personas han estado en rebelión contra Dios. Después
de haber roto (así lo creyeron) “sus ligaduras”, y echado de ellos mismos las “cuerdas”
de Dios, dice el Salmo 2:3, imaginaron ser libres. En realidad se volvieron “esclavos del
pecado” como dice Romanos 6:17 y de Satanás en 1 Juan 5:19 “el mundo entero está
bajo el maligno”. El apóstol Pablo les recordó a los efesios:
“Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados,
en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo,
conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos
de desobediencia” (Efesios 2:1-2).
La palabra “opera” significa “energeo”, que los activa y los utiliza. El príncipe de la potestad
del aire es Satanás. Se le llama el espíritu que opera en los hijos de desobediencia. Desde
el momento de la caída, todos los hombres se han convertido en herramientas de Satanás.
Nacen en el mundo operando, funcionando en respuesta al impulso satánico.
El hombre es esclavo de Satanás y de sus demonios. Así como el barco es llevado por un
piloto, que lo hace girar y dirigir según su voluntad, así también la vida del hombre está
dirigida por la voluntad de Satanás que lo gobierna.
Satanás gobierna a los seres humanos caídos por dos medios. Primero, domina las
mentes: Pablo escribió a los corintios: “El hombre natural no percibe las cosas que son
del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se
han de discernir espiritualmente” (1 Corintios 2:14). Están privados de la iluminación del
Espíritu Santo, hombres y mujeres en el mundo regenerar viven engañados por Satanás,
quien ciega “el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz
del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Corintios 4:4).
H60 REINO DE DIOS 2
Esto se confirma por la estrategia espiritual dada por Pablo en 2 Corintios 10:3-5, donde
escribe: “Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las
armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la
destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta
contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia
a Cristo”.
Estamos librando una guerra contra ideas, filosofías y pensamientos de rebelión
encubiertos bajo ideologías humanas, como el humanismo, el liberalismo, el anarquismo,
ateísmo, “para llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”. Eso
únicamente se puede lograr por el poder de la palabra de Dios.
La segunda cosa que Satanás domina en el hombre natural, es la voluntad. Él gobierna el
entendimiento y la voluntad. Ejerce una influencia maligna sobre la voluntad humana caída,
aunque no puede obligarlo a actuar. Pero lo hace por medio de la tentación, tanto externa a
través del perverso sistema mundial, como interna a través de los malos deseos de la
naturaleza humana pecaminosa. Jesús expresó a los fariseos el terrible efecto de esa
influencia cuando les dijo: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de
vuestro padre queréis hacer” (Juan 8:44).
Sin embargo, Satanás no tiene el dominio completo de este mundo caído, y rebelde.
Eso dice 1 Juan. 3:8 “para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del
diablo” Su muerte en la cruz y su triunfo en la resurrección son la sentencias definitivas de
la derrota de Satanás: “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él
también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el
imperio de la muerte, esto es, al diablo” eso dice Hebreos 2:14.
Satanás será derrotado definitivamente, cuando sea lanzado al lago de fuego para siempre
junto con todos los demonios y todos los que hayan rechazado a Cristo (Apoc. 20:10-15).
Durante su ministerio terrenal, Jesús ejerció absoluto poder y autoridad sobre el diablo y
sus demonios. Tentado tres veces por el mismo Satanás, salió victorioso del desierto, por el
poder de la Palabra. Ante cada tentación, la respuesta fue la misma “Escrito esta”.
Los registros de los evangelios dan testimonio del poder de Cristo sobre los demonios.
En Marcos 1:32-34 dice “Cuando llegó la noche, luego que el sol se puso, le trajeron
todos los que tenían enfermedades, y a los endemoniados; y toda la ciudad se
agolpó a la puerta. Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas
enfermedades, y echó fuera muchos demonios; y no dejaba hablar a los demonios,
porque le conocían”. ¡Los demonios conocían a Jesús!
Lucas 4:33-35 dice: “Estaba en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu de
demonio inmundo, el cual exclamó a gran voz, diciendo: Déjanos; ¿qué tienes con
nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Yo te conozco quién eres,
el Santo de Dios. Y Jesús le reprendió, diciendo: Cállate, y sal de él. Entonces el
demonio, derribándole en medio de ellos, salió de él, y no le hizo daño alguno”.
Los demonios conocen varias cosas, conocen al Dios Hijo y saben a dónde irán, pero
ignoran el tiempo. Siendo consciente de su condenación eterna, el demonio preguntó con
miedo si ya había venido para juzgarlos. Es asombroso ver que los demonios mismos
testifican quien es Jesús, “Yo te conozco quién eres, el Santo de Dios” mientras muchas
personas todavía siguen dudando.
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Jesús no solo tuvo autoridad sobre los demonios, sino que la delego a sus discípulos.
Envió a setenta de sus discípulos a anunciar el evangelio del reino y cuando volvieron,
dijeron: “Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre” Lucas 10:17.
En Marcos 16:17, dice: “En mi nombre echarán fuera demonios”. Y cuando dice en mi
nombre, no se refiere a usar el nombre de Jesús como una fórmula mágica. Significa que
los demonios deben ser expulsados sobre la base de su poder y su persona.
En el libro de los Hechos, después de que el Espíritu Santo había venido, los apóstoles
tenían este poder para expulsar demonios. Dice en Hechos 5:16, “La multitud acudió,
enfermos, atormentados por espíritus inmundos; y todos eran sanados”.
Y el versículo 12 dice: “Por las manos de los apóstoles se hacían señales y prodigios”.
Capítulo 8:7, “De muchos que tenían espíritus inmundos salían espíritus inmundos
que clamaban a gran voz”. Y este fue el caso de Felipe que no era un apóstol sino un
seguidor de Cristo, un evangelista. Y Dios lo usa también para echar fuera demonios.
En Hechos, capítulo 16:18, “Pablo se dio vuelta y dijo al espíritu: Te ordeno en el
nombre de Jesucristo que salgas de ella, y salió en el mismo momento”.
¿Por qué Dios les dio a ellos esa autoridad y no a nosotros? Para confirmación de la
Palabra que predicaban. Dios todavía hace milagros hoy, pero no milagros para
confirmación, porque ya tenemos la Palabra en nuestras manos. Y podemos probar la
fidelidad del mensaje por medio de las Escrituras. En aquellos días, sólo se podía juzgar
si el mensaje era de Dios, por las señales y los milagros.
Entonces, la fascinación por la guerra espiritual y la liberación de demonios, que hoy existe
en muchos ámbitos cristianos, no tiene fundamento bíblico y es peligrosa. Satanás es por
naturaleza, “mentiroso y padre de la mentira” (Juan 8:44). El engaño de que un creyente
tiene autoridad para dar órdenes a Satanás y a los demonios, o para atarlos, es falso.
Hacer de la vida cristiana una cacería de demonios, es un juego peligroso que confunde y
desvía a muchos cristianos de la verdad.
En este pasaje Pablo llega a Éfeso, que un lugar donde existía brujería, hechicería y había
magos y exorcistas por todas partes. No es de extrañar que Pablo escribiera esto a los
efesios: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados y
potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes
espirituales de maldad en las regiones celestes o en las regiones celestes. Fue en
Éfeso donde Pablo se enfrentó realmente al poder de Satanás y los demonios.
Pero también, es en este pasaje donde vemos como la Palabra de Dios dominó la ciudad
de Éfeso. En el versículo 20 termina diciendo: “Así crecía y prevalecía poderosamente la
palabra del Señor”. Eso significa que el poder está en la Palabra, y se manifestó en Éfeso,
de cinco maneras: por la predicación, la confirmación, la autoridad, la convicción y el
dominio.
1. Primero, el poder de la Palabra se manifestó por la Predicación “Y entrando Pablo en la
sinagoga, habló con denuedo por espacio de tres meses, discutiendo y persuadiendo
acerca del reino de Dios. Pero endureciéndose algunos y no creyendo, maldiciendo
el Camino delante de la multitud, se apartó Pablo de ellos y separó a los discípulos,
discutiendo cada día en la escuela de uno llamado Tiranno. Así continuó por espacio
de dos años, de manera que todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos,
oyeron la palabra del Señor Jesús”. (19:8-10)
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El primer paso para desatar el poder de la Palabra es proclamarla, y eso fue lo que Pablo
hizo. Al regresar a Éfeso “entrando en la sinagoga, habló con denuedo por espacio de
tres meses, discutiendo y persuadiendo acerca del reino de Dios. El tiempo imperfecto
de parrēsiazomai (habló con denuedo) resalta la naturaleza continua de la predicación de
Pablo. “Denuedo” era una característica de la predicación apostólica (Hechos 4:29) y del
deseo del apóstol por ministrar (Efesios 6:19). Su predicación era valiente, sin concesiones,
él no ocultaba nada por temor al rechazo o la hostilidad. Pablo pasó “tres meses”
anunciando valientemente el evangelio en la sinagoga. Durante ese tiempo estuvo
“discutiendo” con los judíos “y persuadiendo acerca del reino de Dios”.
Discutiendo es de dialegomai de donde viene la palabra diálogo. Persuadiendo es el
participio presente de peithō, y significa “convencer por medio de argumento”. Llamándolos
a arrepentirse y a creer en Jesús como su Mesías y Dios.
Predicó “acerca del reino de Dios”, es enseñar cómo recibir la salvación y vivir en
comunión con Dios. Aunque Pablo estuvo tres meses predicando, dice el versículo 2
“Endureciéndose algunos de los judíos y no creyendo, maldijeron el Camino delante de
la multitud”. Endureciéndose viene de sklērunō, palabra usada en el Nuevo Testamento
para hablar de un corazón duro hacia Dios. El tiempo imperfecto del verbo muestra que el
endurecimiento fue un proceso. A lo largo del ministerio de tres meses de Pablo en la
sinagoga de Éfeso, algunos corazones se endurecieron poco a poco contra el evangelio.
Dándose cuenta de que ya no se ganaba nada estando en la sinagoga, “se apartó Pablo
de allí y separó a los discípulos” (los que se habían arrepentido y confesado a Jesús
como Señor), “discutiendo cada día en la escuela de uno llamado Tiranno”. Tiranno
pudo haber sido el propietario del salón o un maestro que enseñaba ahí.
Pablo predicó “por espacio de dos años, de manera que todos los que habitaban en
Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús”. Éfeso fue la iglesia principal
de Asia, de donde salieron las siete iglesias de Apocalipsis 2 y 3. La estrategia de Pablo
para evangelizar era enseñar la Palabra, hacer discípulos, y permitirles extender el
evangelio a otros lugares. Formar discípulos y enviarlos a predicar es el corazón de todo
método eficaz de evangelización. El reino de las tinieblas fue invadido por la predicación del
evangelio.
2. El poder de la Palabra se manifestó en la Confirmación “Y hacía Dios milagros
extraordinarios por mano de Pablo, de tal manera que aún se llevaban a los enfermos
los paños o delantales de su cuerpo, y las enfermedades se iban de ellos, y los
espíritus malos salían” 19:11-12. Para dar pruebas de que el mensaje era verdadero,
“hacía Dios milagros extraordinarios por mano de Pablo”. Por la falta de un Nuevo
Testamento escrito por el cual medir la enseñanza de alguien, Dios usó señales y prodigios
para autenticar su mensaje (2 Corintios 12:12).
Acostumbrados a la superstición y sin entender que Pablo era simplemente un instrumento
del poder de Dios, los efesios se llevaban los paños, y los delantales que Pablo usaba
durante su trabajo en la fabricación de tiendas y “se las llevaban a los enfermos”.
“y las enfermedades se iban de ellos, y los espíritus malos salían” Esto debe
entenderse no como un método para seguir haciendolo, sino como la adaptación de Dios a
la mentalidad de estas personas para que creyeran el mensaje.
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Los milagros que Dios realizó por medio de Pablo fueron fundamentales para convencer a
los efesios de que él venía de parte de Dios y preparar sus corazones para oír el evangelio
de salvación. Recuerde que la salvación no viene por ver milagros sino por el “oír la
palabra de Dios” Romanos 10:17.
3. El poder de la Palabra se manifestó con Autoridad. “Pero algunos de los judíos,
exorcistas ambulantes, intentaron invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que
tenían espíritus malos, diciendo: Os conjuro por Jesús, el que predica Pablo. Había
siete hijos de un tal Esceva, judío, jefe de los sacerdotes, que hacían esto. Pero
respondiendo el espíritu malo, dijo: A Jesús conozco, y sé quién es Pablo; pero
vosotros, ¿quiénes sois? Y el hombre en quien estaba el espíritu malo, saltando
sobre ellos y dominándolos, pudo más que ellos, de tal manera que huyeron de
aquella casa desnudos y heridos”. (19:13-16)
Al ver el poder del nombre de Jesús, “algunos de los judíos, exorcistas ambulantes”
decidieron añadir esto a su repertorio de conjuros mágicos. Esos judíos exorcistas de Éfeso
solo estaban ejerciendo su oficio. El “hechizo” de Pablo en el nombre de Jesús parecía
eficaz en él, así que lo intentaron. Igual que ocurrió con Simón el mago de Hechos 8, los
exorcistas creyeron que el poder del Espíritu que actuaba en los apóstoles era un engaño
o una actividad demoníaca, que se podía manipular para sus propios fines.
En consecuencia, “intentaron invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían
espíritus malos, diciendo: Os conjuro por Jesús, el que predica Pablo”. Exorkistōn
(exorcistas) aparece solo aquí en el Nuevo Testamento. Se deriva de una raíz que
significa “atar con un juramento”; los exorcistas antiguos intentaban expulsar demonios
invocando el nombre de un ser espiritual más poderoso. Pensaron que “El nombre de
Jesús” era un conjuro mágico para ser usado por cualquiera.
El verdadero exorcismo no tiene que ver con reprender los distintos tipos de demonios y
hacer una larga lista de confesión de todos los pecados que practicó. Nadie puede liberar a
otra persona. Puede guiarlo y enseñarle a ser libre en Cristo. Pero si no se arrepiente de su
pecado, nadie lo puede liberar. La verdadera liberación es la confesión y el arrepentimiento.
Solo así tendrá completa victoria sobre satanás.
El demonio habló a través de la voz de su víctima humana, “el espíritu malo les dijo:
A Jesús conozco, y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes son? El demonio
sabía muy bien quién era Jesús, y sabía que Pablo había recibido, de parte de Dios, poder
sobrenatural sobre el reino demoníaco. Al preguntar a los exorcistas: ¿quiénes son?,
el demonio les cuestionó la autoridad que tenían sobre él.
“el hombre en quien estaba el espíritu malo, saltando sobre los siete de ellos y
dominándolos, pudo más que ellos, de tal manera que huyeron de aquella casa
desnudos y heridos”. Esto ilustra claramente el peligro para cualquier persona que
presuma tener o fingir una autoridad que no recibió de parte de Dios. Será avergonzado por
causa de su pecado.
Huyeron avergonzados y derrotados. Como sucedió con los magos de Faraón que
quisieron imitar las señales de Moisés en Éxodo 7:22. La autoridad que viene de Dios está
sobre todo poder de las tinieblas, dice 1 Juan 4:4 “Hijitos, vosotros sois de Dios, y los
habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el
mundo”. En “el nombre de Jesús” no es una fórmula para hacer milagros, significa que la
autoridad espiritual viene de ese Nombre.
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4. Cuarto, el poder de la palabra trajo Convicción “Y esto fue notorio a todos los que
habitaban en Éfeso, así judíos como griegos; y tuvieron temor todos ellos, y era
magnificado el nombre del Señor Jesús. Y muchos de los que habían creído venían,
confesando y dando cuenta de sus hechos. Asimismo muchos de los que habían
practicado la magia trajeron los libros y los quemaron delante de todos; y hecha la
cuenta de su precio, hallaron que era cincuenta mil piezas de plata”. (19:17-19)
El engaño y las mentiras de los falsos exorcistas “fue notorio a todos los que habitaban
en Éfeso, así judíos como griegos”. Como resultado, “tuvieron temor todos ellos, y era
magnificado el nombre del Señor Jesús”.
Fueron conmovidos, y puestos bajo convicción de la verdad que Pablo predicaba. Como
escribió en la epístola a los Romanos 1:16 “Porque no me avergüenzo del evangelio,
porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente,
y también al griego”. Conmocionados por lo que había ocurrido y reconociendo la
inutilidad de la magia pagana, “muchos de los que habían creído venían, confesando y
dando cuenta de sus hechos”. Solo el poder de la Palabra predicada puede dar
convicción de pecado y llevar a alguien a un verdadero arrepentimiento.
Versículo 19, “Asimismo muchos de los que habían practicado la magia trajeron los
libros y los quemaron delante de todos” “habían practicado la magia” Praxeis
(hechos) se refiere aquí a los hechizos mágicos secretos de estas personas, que por lo
general se creía que eran inútiles si se revelaban los secretos. Estos efesios se volvieron
de su magia como los tesalonicenses se volvieron de sus ídolos (1 Tes.1:9).
“trajeron los libros y los quemaron delante de todos” Destruyeron e hicieron una
confesión pública de su pecado y arrepentimiento delante de todos. “y hecha la cuenta de
su precio, hallaron que era cincuenta mil piezas de plata”. El valor era de “cincuenta
mil piezas de plata (equivalente al salario de cincuenta mil días de trabajo para un
trabajador promedio). El detalle del valor fue registrado por Lucas para señalar la oscuridad
en la que vivían los efesios.
5. La palabra se manifestó por el Dominio. “Así crecía y prevalecía poderosamente la
palabra del Señor”. (19:20) El breve resumen de la declaración de Lucas une el pasaje y
resalta la posición dominante que la Palabra de Dios logró en Éfeso. Todas las fuerzas
satánicas del ocultismo y la magia que se levantaron contra la Palabra no la pudieron
vencer.
Donde la Palabra de Dios domina habrá victoria. En su vida, mientras la Palabra de Dios lo
domina, tendrá victoria. En la iglesia, mientras la Palabra de Dios domine, habrá victoria.
Ese es el modelo. La valiente predicación del evangelio, los milagros que confirmaron la
veracidad del mensaje, la autoridad de Dios que trajo convicción y el testimonio público de
arrepentimiento, son una demostración del poder invencible de la Palabra de Dios.