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Modulo 2

Bauman describe la modernidad líquida como una era de inestabilidad y cambio constante, donde las formas sociales son efímeras y el individuo debe adaptarse continuamente a la incertidumbre. Ulrich Beck complementa esta visión al señalar que la sociedad ha pasado de una lógica de reparto de riqueza a una de reparto de riesgos, donde los conflictos emergen de amenazas globales e invisibles generadas por el progreso. Ambos autores abogan por una reflexión profunda sobre las implicaciones de esta nueva realidad en la política, la ciencia y la vida cotidiana.

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Modulo 2

Bauman describe la modernidad líquida como una era de inestabilidad y cambio constante, donde las formas sociales son efímeras y el individuo debe adaptarse continuamente a la incertidumbre. Ulrich Beck complementa esta visión al señalar que la sociedad ha pasado de una lógica de reparto de riqueza a una de reparto de riesgos, donde los conflictos emergen de amenazas globales e invisibles generadas por el progreso. Ambos autores abogan por una reflexión profunda sobre las implicaciones de esta nueva realidad en la política, la ciencia y la vida cotidiana.

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En el prólogo, Bauman expone la tesis central de su obra: que vivimos en una era de

modernidad líquida, donde nada parece durar, donde las formas sociales ya no mantienen su
forma por mucho tiempo y se deshacen con facilidad. En contraste con la modernidad sólida
—caracterizada por estructuras firmes y duraderas—, en la modernidad líquida las condiciones
de acción cambian antes de que las formas de actuar puedan consolidarse como hábitos o
normas.

El autor señala que esta fluidez afecta todos los aspectos de la vida: el empleo, las relaciones
humanas, los compromisos políticos, y hasta la identidad personal. Todo se ha vuelto más
inestable. El individuo moderno líquido debe estar siempre listo para cambiar, adaptarse,
abandonar, reinventarse, pues lo único constante es la incertidumbre.

Bauman también introduce la figura del “nómada” moderno, alguien que no se asienta, que se
desplaza de un lugar a otro, física o simbólicamente, sin echar raíces. Esta figura sustituye al
“peregrino” de la modernidad sólida, quien emprendía un camino con una meta clara. Ahora,
las metas son difusas o se esfuman antes de alcanzarlas.

El prólogo cierra planteando que este nuevo escenario no se construyó desde una intención
deliberada, sino como resultado de dinámicas económicas, políticas y tecnológicas que
promovieron la flexibilidad, la desregulación y el individualismo. Bauman se propone, en el
resto del libro, explorar cómo esta liquidez afecta las relaciones humanas, el sentido de
comunidad, y las posibilidades de una vida significativa.

Capítulo 1 – La lógica del reparto de la riqueza y del reparto de los riesgos

Ulrich Beck plantea que la sociedad moderna ha pasado de una lógica centrada en el reparto
de la riqueza (propia de la sociedad industrial) a una centrada en el reparto de los riesgos
(propia de la modernidad avanzada). Mientras que en el pasado los conflictos sociales giraban
en torno a quién accedía a los bienes materiales, hoy los principales conflictos emergen
alrededor de los riesgos producidos por el desarrollo técnico-científico, como la contaminación,
la energía nuclear o el cambio climático.

Modernización reflexiva

Beck introduce la idea de modernización reflexiva: el desarrollo moderno ya no solo transforma


el mundo, sino que genera efectos secundarios —riesgos— que lo ponen en peligro. La
sociedad comienza a volverse contra sus propios logros, cuestionando sus bases.

El progreso ya no solo promete bienestar; ahora produce amenazas sistemáticas, a menudo


invisibles, globales y de largo plazo. Por eso, la modernidad se ve obligada a reflexionar sobre
sí misma y sobre las consecuencias de sus decisiones.
Características del riesgo moderno (según Beck):
​ 1.​ Invisible y dependiente del saber experto: Muchos riesgos actuales (como la
radioactividad o contaminantes en los alimentos) no son perceptibles por los sentidos. Solo la
ciencia puede detectarlos, aunque incluso ella está envuelta en controversias.
​ 2.​ Globalidad: Los riesgos no se quedan en su lugar de origen. Afectan a países y
personas que no los generaron. Ejemplo: la lluvia ácida en Escandinavia causada por industrias
alemanas.
​ 3.​ Efecto bumerán: A diferencia de la pobreza, que afectaba más a los pobres, los
riesgos de la modernización (como un accidente nuclear o la contaminación del aire) pueden
alcanzar también a los ricos y poderosos, creando una nueva forma de desigualdad más difusa.
​ 4.​ Futuro anticipado: Los riesgos se definen por lo que podría pasar. Son
proyecciones, posibilidades de daño. Esto genera miedo, decisiones preventivas y discusiones
ético-políticas.
​ 5.​ Definición social: Los riesgos no son solo físicos, sino también construcciones
sociales. Lo que una sociedad considera “riesgoso” depende de su percepción, sus valores y
sus intereses. Por eso, hay luchas por quién define y controla el discurso sobre el riesgo.
​ 6.​ Crisis de legitimación: Como los riesgos afectan incluso a quienes se benefician
del sistema industrial, y sus consecuencias son difíciles de prever o contener, se erosiona la
legitimidad del progreso, y se politiza la gestión técnica y científica.

Conclusión del autor en este capítulo:

Beck afirma que la sociedad del riesgo no elimina la desigualdad, pero la transforma: ahora las
amenazas son más difusas, globales e interdependientes. Además, cuestiona profundamente
las bases del desarrollo moderno, ya que las catástrofes posibles se convierten en el nuevo
horizonte de lo político y lo social.

Este cambio exige repensar la política, la ciencia, la economía y hasta nuestra forma de vivir,
pues los riesgos ya no son accidentes, sino consecuencias sistemáticas del mismo progreso.

Prólogo – La transformación de la modernidad

Ulrich Beck parte de una tesis provocadora: la modernidad está entrando en una nueva fase,
radicalmente distinta de la anterior. La sociedad industrial clásica, basada en el crecimiento
económico, la expansión del bienestar y la lucha por la distribución de la riqueza, está siendo
desplazada por la sociedad del riesgo, donde los problemas centrales ya no son la escasez y la
pobreza, sino los peligros globales producidos por el propio desarrollo moderno.

Modernidad reflexiva

Beck introduce el concepto de modernización reflexiva. Esto implica que la modernidad se


vuelve contra sí misma: sus logros —como la tecnología, la industria, la ciencia— ya no solo
traen progreso, sino también riesgos no intencionados y muchas veces irreversibles (por
ejemplo, la contaminación, la crisis climática, la energía nuclear).
Lo nuevo no es que haya riesgos, sino su escala, su invisibilidad, su globalidad y su
imprevisibilidad. Estos riesgos no se pueden limitar ni a un lugar ni a una clase social; afectan a
toda la humanidad.

Cambio de paradigma social

Beck señala que antes, el conflicto principal era la lucha entre clases por la distribución de la
riqueza. Hoy, los conflictos surgen por la distribución de los riesgos: ¿quién asume los daños de
un derrame químico?, ¿quién sufre más la catástrofe ecológica?, ¿quién puede protegerse y
quién no?

Este cambio tiene profundas implicaciones:


​ •​ Los peligros ya no son percibidos como “accidentes”, sino como efectos
estructurales del sistema industrial.
​ •​ El conocimiento científico ya no tiene autoridad incuestionable: hay controversias
entre expertos, desconfianza pública, y una creciente politización del saber.
​ •​ Se produce una erosión de la confianza en las instituciones modernas, incluidas
la ciencia, el Estado y la industria.

Política del riesgo

La sociedad del riesgo exige nuevas formas de pensar y de actuar políticamente. Beck plantea
que las decisiones técnicas (por ejemplo, instalar una central nuclear) son profundamente
políticas, aunque muchas veces se disfracen de neutrales. Y como los riesgos cruzan fronteras
y afectan a generaciones futuras, se plantea la necesidad de una política transnacional,
ecológica y preventiva.

Conclusión del autor

El prólogo es una declaración de intención: Beck quiere abrir un nuevo marco teórico para
comprender la transformación radical que vivimos. La sociedad del riesgo no es un accidente
en el camino del progreso, sino su resultado lógico. Ya no basta con gestionar los efectos; hay
que repensar las bases mismas de la modernidad, sus instituciones, sus prioridades, su
relación con la naturaleza y con el futuro.

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