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Los Tratados y El Derecho Interno

El documento analiza las relaciones entre el Derecho Internacional y el Derecho Interno, destacando su importancia en la eficacia de las normas internacionales y su recepción en los ordenamientos jurídicos nacionales. Se presentan las teorías dualista y monista sobre la interacción entre ambos sistemas, así como ejemplos de cómo diferentes constituciones abordan la jerarquía y la aplicación de tratados internacionales. Además, se discute la evolución de la jurisprudencia en relación con la primacía del Derecho Internacional en el contexto de la Constitución Nacional Argentina.
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Los Tratados y El Derecho Interno

El documento analiza las relaciones entre el Derecho Internacional y el Derecho Interno, destacando su importancia en la eficacia de las normas internacionales y su recepción en los ordenamientos jurídicos nacionales. Se presentan las teorías dualista y monista sobre la interacción entre ambos sistemas, así como ejemplos de cómo diferentes constituciones abordan la jerarquía y la aplicación de tratados internacionales. Además, se discute la evolución de la jurisprudencia en relación con la primacía del Derecho Internacional en el contexto de la Constitución Nacional Argentina.
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LAS RELACIONES ENTRE EL DERECHO

INTERNO Y EL DERECHO INTERNACIONAL


PUBLICO

Dr. Alejandro Hillar (2008)

1. Introducción

Por un lado tenemos el Derecho Internacional, que regula las relaciones entre los
distintos sujetos de la comunidad internacional.

Y de otro lado tenemos al Derecho Interno, que regula las relaciones entre las
personas físicas y jurídicas dentro de cada uno de los sujetos particulares o Estados.

En la presente monografía, se tratará el tema de las relaciones entre el Derecho


Internacional y el Derecho Interno, a través del desarrollo de los siguientes ítems:

1. La importancia del tema.


2. Un resumen general de las Teorías esbozadas por los doctrinarios
acerca de la cuestión.
3. Cómo la cuestión ha sido receptada en el Derecho Comparado.
4. Cómo el tema ha sido receptado en nuestra Constitución Nacional, y
como la Corte Suprema de Justicia fue tomando posición, y variando su
jurisprudencia antes y después de la Reforma Constitucional de 1994.

2
LA IMPORTANCIA DE LA CUESTIÓN

La importancia de las relaciones entre el Derecho Internacional y los Derechos


Internos de los Estados radica en el hecho de que la eficacia real del primero depende en
muy amplia medida de la fidelidad con que los Derechos Nacionales se conformen a las
normas internacionales y les den efecto. Y ello en virtud de dos consideraciones
principales:

1) En el actual modelo de sociedad internacional los Estados son los


destinatarios “por excelencia” de la Normas Internacionales. Tales normas van
dirigidas a ellos y son primordialmente los Estados los que deben acatarlas y
cumplirlas. Pero los Estados son personas jurídicas y morales que actúan por medio
de sus órganos, y estos, sean legislativos, ejecutivos o judiciales, están sujetos
también al Derecho Interno del Estado. Es esencial que el Derecho Nacional facilite
el cumplimiento del Derecho Internacional y que en caso de conflicto, el Derecho
del Estado no sea obstáculo para la observancia de las normas internacionales.
Porque hay que tener en cuenta que el Derecho Internacional no se aplica solamente
en el ámbito externo, en el plano de las relaciones interestatales, sino también en el
interior de los Estados-una vez receptadas sus normas por las vías apropiadas-, o sea
en las relaciones entre los Estados y los particulares sometidos a su jurisdicción;
particulares que pueden incluso exigir judicialmente el respeto del Derecho
Internacional en ciertas materias como los derechos humanos, en este último plano
cobra especial importancia el problema de las relaciones entre el Derecho
Internacional y los Derechos Internos.
2) Hay que tener en cuenta la debilidad institucional de la presente
sociedad internacional, en el sentido explicado por SCELLE, cuando formula la ley
de desdoblamiento funcional. Según dicha ley, el Derecho Internacional carece de
órganos propios para el cumplimiento adecuado de sus funciones. Y ésta
insuficiencia se remedia por un desdoblamiento de las funciones de los órganos del
Estado, que no solo cumplen normas internas, sino también internacionales. Ello
explica el papel relevante del Estado en la formación de las reglas internacionales; y
así mismo la importancia de los órganos del Estado y su Derecho en el proceso de
cumplimiento de las normas internacionales. En este contexto se sitúa el reenvío de
normas internacionales a normas internas, o viceversa y el supuesto de normas

3
internacionales no ejecutables por sí mismas, que requieren para su cumplimiento el
desarrollo de normas internas.

La importancia de las relaciones entre el Derecho internacional y los Derechos


Internos se ha acrecentado en nuestros días, como consecuencia de las funciones del
primero. El Derecho Internacional Contemporáneo ya no tiene únicamente la función
clásica de regular las relaciones entre Estados y distribuir las competencias entre ellos, sino
que, tiende además al desarrollo de los pueblos e individuos regulando muchas materias que
antaño sólo eran de competencia del derecho interno, lo cual exige cooperación en muchas
materias que antes asumían exclusivamente los Estados y se regulaban por los Derechos
Internos.

La interdependencia inherente a la civilización actual, comporta un aumento


progresivo del contenido sustantivo del Derecho Internacional, a costa de los Derechos
Internos.

Es cierto que la cooperación internacional se ha institucionalizado, en algunos


campos, por lo que el reforzamiento institucional ha hecho cobrar nuevas dimensiones a la
cuestión de las relaciones entre el Derecho Internacional y los Derechos Internos. El
reforzamiento institucional supone que estas relaciones se contemplan bajo una óptica
nueva, y algunas organizaciones internacionales pueden adoptar decisiones que surten
efectos en los Derechos Internos por vía del derecho consuetudinario (que se refleja en la
práctica constante de los estados y su convicción de obrar conforme a derecho),
estableciendo además en ciertas materias vgr derechos humanos, órganos jurisdiccionales
que admiten el acceso de los particulares. Pero el reforzamiento institucional no ha tenido
lugar en todos los casos, y al versar progresivamente el Derecho Internacional sobre
materias reguladas tradicionalmente en los Derechos Internos de los Estados, las
posibilidades de conflicto son cada vez mayores, y el Derecho Internacional necesita más
que nunca apoyarse en los Derechos Nacionales para lograr la ejecución de sus normas.

4
LA RECEPCIÓN DEL DERECHO INTERNACIONAL POR LOS
ORDENAMIENTOS INTERNOS

En el planteamiento doctrinal de las relaciones entre el ordenamiento jurídico


internacional y el interno, hay dos grandes teorías, la dualista y la monista, a las que con
algunas variantes adhieren las Constituciones Estatales.

Para la doctrina dualista, cuyos autores históricos más representativos son el alemán
Trieppel y el italiano Anzilotti, el Derecho Internacional y el Derecho Interno son dos
órdenes jurídicos radicalmente diferentes y separados en cuanto al proceso de formación, al
contenido material y a la fuente de creación.

Las consecuencias prácticas de ésta posición dualista son, básicamente, dos:

1) Una norma internacional no puede ser directamente obligatoria en el


orden jurídico interno; el destinatario son los Estados que han prestado su
consentimiento. Y como los órganos internos solo aplican las normas internas,
para que un tratado internacional sea aplicable en el orden interno deberá ser
transformado en una norma interna mediante un acto del legislador.
2) Como el tratado se transforma en norma interna, la norma posterior
puede derogar o modificar la norma anterior.

Por el contrario, para la doctrina monista, cuyas escuelas más representativas son la
Escuela Normativista (Kelsen) y la Escuela Sociológica (Scelle), el Derecho Internacional y
el Derecho Interno son un solo sistema, hay una unidad en el ordenamiento jurídico. Para
Kelsen, las normas jurídicas encuentran su fundamento en una Norma Superior. Las normas
se escalonan y la validez de cada norma depende de su conformidad con la norma de rango
superior. En la cúspide de la pirámide Kelseniana se encuentra la “Norma Fundamental”
que asegura la unidad y coherencia del ordenamiento jurídico.

El problema reside en saber si la norma fundamental es la norma internacional o la


norma interna. En los primeros estudios, Kelsen la situaba en el orden interno, pero a partir
de 1934 defendió que la norma fundamental reside en el Derecho Internacional. Sostiene

5
que el Derecho Interno es un orden derivado respecto del Derecho Internacional; es el orden
internacional el que reconoce poder a los sujetos estatales para crear normas jurídicas, por
lo que la juridicidad y obligatoriedad del Derecho Interno depende de su conformidad a la
norma fundamental. La competencia domestica o interna esta formada por los asuntos que
el Derecho Internacional deje a la competencia exclusiva del Estado.(Art.15.8 del Pacto de
la Sociedad de las Naciones).

El monismo es una posición coherente y tiene mejor técnica jurídica: el Estado no


puede desconocer internamente las normas que ha generado externamente o que ha
reconocido en el ámbito internacional, esto es claro por ejemplo en materia de derechos
humanos, pero distinta puede ser la cuestión en acuerdos comerciales.

Dentro del monismo tenemos el monismo moderado, cuyos representantes son entre
otros Verdross, Kunz y Miaja de la Muela.

Esta teoría afirma la unidad del Derecho Internacional y del Interno, admite que
ambos ordenamientos tienen una individualidad propia. Y que el Derecho Internacional no
tiene por si mismo virtualidad para derogar las normas del Derecho Interno que fueran
contrarias al mismo.

Para ésta teoría las normas contrarias al Derecho Internacional no serían contrarias o
nulas, pero podrían engendrar la responsabilidad internacional del Estado.

Otra teoría, parte de una posición ius-naturalista y es la “Doctrina de la


Coordinación del Derecho Internacional y de los Derechos Internos bajo un orden jurídico
común”. Entre sus representantes tenemos a De Luna quien afirma que la comunidad
internacional existe para bien de los Estados, su razón de ser es el bien común, en el que
todos los Estados participan.

Este bien común internacional es subsidiario del bien común de las restantes, ya que
hay otras comunidades sociales. El principio político que postula ésta posición orgánica del
bien común es la máxima libertad, compatible con el mínimo de autoridad que exija en cada
coyuntura histórica el bien común de la Comunidad internacional.

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Los Estados crean, mediante usos repetidos con convicción jurídica o por acuerdos
de voluntad común en los Tratados, el Derecho Internacional Positivo sin otros límites que
los que exijan el bien común internacional y los principios generalmente aceptados por las
naciones civilizadas.

Hay subordinación del Derecho Internacional y del Derecho Interno, al bien común
internacional.

7
LA RECEPCIÓN Y LA JERARQUÍA DEL DERECHO INTERNACIONAL
EN EL DERECHO CONSTITUCIONAL COMPARADO

Todos los legisladores constitucionales muestran su preocupación por regular las


relaciones entre el Derecho Internacional y el Derecho Interno precisando como se integran
las normas internacionales (recepción o inserción) y que eficacia tienen (jerarquía).

A) Posición de los ordenamientos internos respecto al Derecho Internacional


General.

En la actual Constitución de Alemania:

Art. 25: ”Las reglas generales del Derecho Internacional Público son
parte del Derecho Federal. Ellas prevalecen sobre las leyes y producen de
forma inmediata derechos y deberes para los habitantes del Territorio
Federal”.

Y en la Constitución Italiana:

Art. 10: “El ordenamiento jurídico italiano se ajustará a las normas del
Derecho internacional generalmente reconocidas”.

Por último, el Preámbulo de la Constitución Francesa dice así:

“La República, fiel a sus tradiciones, se conforma a las reglas del


Derecho Público Internacional”.

El valor jurídico de estos preceptos es declarativo al reconocer una adaptación


automática de los ordenamientos jurídicos internos al Derecho Internacional General. Son
normas declarativas de reconocimiento expreso de las conductas a las que habrán que
ajustarse los Estados, pero dicha conducta lo mismo deberán observarla, aunque no lo

8
hayan recogido dentro de su Constitución, dadas las obligaciones que el Derecho
Internacional General impone en la materia a todos los Estados en su calidad de sujetos de
Derecho Internacional.

B) La posición de los ordenamientos internos respecto al Derecho Internacional


Convencional.

En la Constitución Francesa de 1958 (Art. 55), salvo la referencia final a la


reciprocidad, el precepto supone que el tratado tiene una autoridad superior a la ley interna
y que pueden ser aplicados dentro del ámbito interno una vez que hayan sido ratificados o
aprobados y también publicados. La posición del ordenamiento jurídico francés es monista,
aunque moderado al exigir la publicación para la recepción en el Derecho Interno y se
proclama la primacía del tratado sobre la ley francesa, anterior o posterior al tratado. En
caso de conflicto con un Tratado en vigor, las autoridades administrativas y judiciales están
obligadas a dejar inaplicables las leyes anteriores o posteriores que contradigan un tratado.

Un sistema singular contiene la Constitución Holandesa de 1983, que recepta un


sistema dualista moderado, porque la recepción del Derecho Internacional Convencional en
el Derecho Neerlandés se hace mediante su transformación en ley interna, si bien el tratado
tiene una fuerza superior a la ley (Art. 94).

Muy distinta es la posición de la Constitución italiana de 1977, se trata de un


sistema dualista llevado hasta sus últimas consecuencias. La recepción de los tratados en el
orden jurídico italiano exige el procedimiento de orden de ejecución del tratado, que opere
el aditamento o transformación del tratado en una norma jurídica interna.

El tratado internacional en el Derecho Italiano tendrá el rango de una ley (si la


materia objeto del tratado es competencia del Parlamento Italiano) o de un decreto (si la
materia es competencia del ejecutivo). Dicha ley o decreto produce la transformación del
tratado en una norma de Derecho Interno de idéntico contenido y que tendrá la misma
jerarquía que la norma interna que operó su transformación, pudiendo derogar normas
internas de igual rango que le sean incompatibles; pero también el tratado, en cuanto ley o
decreto interno, puede sufrir derogaciones por normas internas posteriores de igual rango.

9
Por otra parte, la jurisprudencia internacional, a lo largo de todo el siglo, ha
sostenido el postulado de la primacía del Derecho Internacional. La primacía del Derecho
Internacional no se sustenta en la Constitución de los Estados miembros sino en la
naturaleza y caracteres específicos del propio Derecho Internacional y de la comunidad
internacional. Todo Estado, independientemente de los preceptos constitucionales, como
miembro de la Comunidad Internacional, esta obligado a respetar sus compromisos
internacionales. El Tribunal Permanente de Justicia Internacional, en la época de la
Sociedad de las Naciones, y el actual Tribunal Internacional de Justicia de las Naciones
Unidas han mantenido de forma constante que “el Derecho Interno no puede prevalecer ni
sobre las obligaciones de un Estado según el Derecho Internacional Consuetudinario, ni
sobre las obligaciones, según el Derecho Internacional Convencional”. Y, en
consecuencia, “un Estado no puede invocar frente a otro Estado su propia Constitución
para sustraerse a las obligaciones que le impone el Derecho Internacional o los Tratados
en vigor” queda claro que cuando hablamos de derecho interno, incluimos obviamente al
derecho constitucional pero no precisamos cual tiene mayor jerarquía, esto lo veremos ut
retro.

La primacía de los Tratados Internacionales, ha sido justificada por las


Constituciones Estatales. Los propios Estados han corroborado este principio general del
Derecho relativo a la no invocabilidad del Derecho Interno frente al Tratado Internacional a
los fines de su violación, principio ligado íntimamente al pacta sunt servanda, norma
receptada en los Arts. 26 y 27 del Convenio de Viena sobre el Derecho de los Tratados de
1969.

LOS TRATADOS INTERNACIONALES EN LA CONSTITUCIÓN


NACIONAL 1853/1860

Se pueden distinguir varias etapas:

1° ETAPA: Período que se extiende desde la sanción de la Constitución hasta el


año 1963.
La Corte Suprema no planteó la cuestión de rango constitucional de los tratados
stricto sensu. Solo tardíamente se debatió en el campo doctrinario en los Arts. 31, 27 y 100

10
de la Constitución Nacional, tipo de normativa sobre el que se centro la discusión sobre el
status de tratados internacionales.

El art. 27 que no ha experimentado modificaciones prescribe:

Art.27: “El Gobierno Federal está obligado a afianzar sus relaciones de


paz y comercio con las potencias extranjeras por medio de tratados que estén
en conformidad con los principios de Derecho Público establecidos en esta
Constitución.”

Establece un límite a las facultades de conducción de las relaciones exteriores


conferidas a los poderes públicos y obliga a que las normas y otros actos estatales y
privados se acomoden a la ley fundamental. Pone de manifiesto que la verdadera voluntad
de los constituyentes de 1853 fue que los tratados se cumplieran escrupulosamente, siempre
que se ajustaran a las limitaciones constitucionales.

El Art. 27, desde otro punto de vista, coloca a los tratados dentro del control
jurisdiccional al que están sometidos los demás actos estatales, pudiendo llegarse a la
declaración de inconstitucionalidad del tratado cuyo contenido violara principios que la
constitución garantiza. Este cuestionamiento no afectaría la vigencia del tratado en el orden
internacional si la responsabilidad del estado por la inobservancia del tratado.

Ha existido una coincidencia generalizada de que el Art. 27 permite sostener la


preeminencia de la Constitución sobre los tratados. Entonces si estos violaran cláusulas de
la Carta Magna, aunque hayan sido aprobadas por el Congreso y ratificados por el Poder
Ejecutivo, podrían no aplicarse en el ámbito interno, ya que admitir lo contrario implicaría
introducir un procedimiento de modificación de la Constitución no previsto, opuesto al
carácter rígido característico de nuestra constitución.

En su momento la Corte Suprema limitó la vigencia del principio general de la


supremacía de la Constitución sobre los tratados a las épocas de paz, pudiendo éstos
últimos cobrar un rango superior en caso de guerra. Así lo hizo en el caso “Merck Química
Argentina contra Gobierno de la Nación “donde decía:

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“... En cuanto a la República Argentina el orden internacional se regula
normalmente por las disposiciones constitucionales que ha adoptado... y
manteniéndose en estado de paz, ningún tratado puede serle opuesto si no
estuviese en conformidad con los principios de derecho público
establecidos en la Constitución (Art. 27). Es decir, que en tanto se trate de
mantener la paz o afianzar el comercio con las potencias extranjeras, la
República se conduce dentro de la teoría dualista. Pero cuanto se penetra en el
Derecho de la guerra en causa propia la cuestión se aparta de aquellos
principios generales y coloca
A la República y a su gobierno político en trance de cumplir los
tratados internacionales con todo el rigorismo.

Este fallo no fue impermeable a las críticas, entre ellas la de Linares Quintana, ya
que consagra el inaceptable principio de que la supremacía de la Constitución solamente
rige en tiempos de paz, el cual trae como consecuencia de que la primacía del sistema
constitucional argentino, solo está destinado a regir durante la paz, dejando de funcionar
cuando el país está en guerra en causa propia.

También hubo quienes cuestionaron la interpretación rígida del Art. 27 C. N. entre


ellos Puig, quien sostenía que no toda la Constitución era jerárquicamente superior y que
cabía la posibilidad de su reforma por la vía convencional siempre que no se vulneraran las
declaraciones, derechos y garantías de su parte dogmática.

Durante este primer período, la Corte Suprema tuvo oportunidad de pronunciarse


sobre la cuestión del cumplimiento de los tratados cuando todavía no habían entrado en
vigor en el orden internacional.

El Leading case fue la causa “Pedro N. Ferreyra c/ Nación Argentina” en la que la


Corte sostendría que la vigencia interna de un tratado debe coincidir con su entrada en vigor
en el orden internacional, desechando la tesis de que bastaba la aprobación legislativa y
posterior ratificación de un acuerdo para que pudiera ser aplicado por los jueces nacionales.
La razón del funcionamiento fue:

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“...los tratados con las naciones extranjeras requieren aprobación
legislativa para tener en el país valor de leyes (Art. 67 inc. 19 C.N.) y esta
aprobación se expresa mediante una ley, no debe confundirse a ésta última con
el tratado. Este adquiere validez jurídica en virtud de la ley aprobatoria pero
tiene carácter de estatuto legal autónomo cuya interpretación depende de su
propio texto y naturaleza con independencia de la ley aprobatoria. Por eso el
comienzo de su vigencia no está condicionado por esta última sino en cuanto
no ha podido tenerla antes de la aprobación legislativa... que la ley es
obligatoria desde el día de su publicación o desde el día que ella determina
(Art. 2 Cod. Civ.) solo quiere decir que desde esa fecha queda la Nación
legalmente obligada a cumplir el compromiso contraído, pero a cumplirla del
modo que lo contrajo...”

2° ETAPA: Se inició con la doctrina sustentada por la Corte Suprema en la causa


“Martín y Cia. S.A. c/ Administración General de Puertos”, fallo de Noviembre de 1963,
que entre sus fundamentos sostenía:

“Corresponde establecer que ni el Art. 31 ni el 100, de la C.N.,


atribuyen prelación a los tratados con las potencias extranjeras respecto de las
leyes válidamente dictadas por el Congreso de la Nación. Ambos –leyes y
tratados- son igualmente calificados como “Ley Suprema de la Nación”, y no
existe fundamento normativo para acordar prioridad de rango a ninguno.

Esta conclusión es también la adoptada por la doctrina y la


jurisprudencia norteamericana, con fundamento en un texto análogo al Art. 31
C.N., la “Supremacy Clause” de la Constitución de los [Link]., la cláusula
segunda del Art. VI [...]
Se sigue que rige respecto de ambas clases de normas el principio de
arreglo al cual las posteriores derogan a las anteriores, “leyes posteriores
priores contrarias abrogant.”
...El Derecho Internacional, con base en la distinción entre tratados, en
cuanto convenios entre distintas potencias y como normas del ordenamiento
jurídico nacional interno, remite la solución a la organización constitucional
[...] la posible cuestión de orden internacional subsistente enajena, como

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principio, a la jurisdicción de los tribunales de justicia internos. Y depende de
circunstancias atinentes a la conducción de las relaciones exteriores de la
Nación, sujetas a reclamo por las altas partes contratantes, a cuyo respecto no
cabe decisión por esta corte [...]

El obiter dictum de la Corte, cuyos fundamentos serían reiterados en 1968 en el caso


“ESSO S.A. Petrolera Arg. c/ Gobierno Nacional”, motivaría opiniones encontradas
respecto de la interpretación del Art. 31de la Carta Magna a saber:
Bidart Campos sostendría que el Art. establece la prelación del Derecho Federal
mencionando primero la Constitución luego las leyes y en tercer lugar los tratados, esto no
es suficiente para fundar una supuesta supremacía de la ley sobre los tratados, ni siquiera su
paridad de rango ya que de dicha norma solo se desprende la supremacía del Derecho
Federal en bloque sobre el Provincial y la supremacía de la Constitución sobre todo orden
jurídico derivado, tanto Federal como Provincial.

Por la naturaleza del acto contractual destaca la vigencia del principio pacta sunt
servanda, que impide a los contratantes la introducción de modificaciones en forma
unilateral, careciendo los Estados de competencia para dictar normas internas contrarias al
tratado. Lo importante es que en el orden interno no prevalezca la ley nacional posterior
opuesta al tratado anterior y que el control constitucional permita invalidar la ley.

También los fundamentos del fallo son criticados por Goldschmidt, quien
polemizaría en torno a la tendencia del sistema argentino, monista o dualista:

Si en el sistema argentino se hubiera adoptado el dualismo, que exige la


transformación del tratado en la ley para que tuviera eficacia en el Derecho Interno, se
justificaría que la ley transformadora tuviera la misma jerarquía que cualquier otra, pero la
practica argentina no consagró tal ley transformadora, que no debe confundirse con la ley
que fuera necesaria para darle carácter operativo a un tratado incompleto.

El tratado rige en el Der. Argentino como tal y resulta contrario a Normas


Fundamentales que un acuerdo multilateral pudiera ser derogado por un acto unilateral. Ello
constituiría un incumplimiento, salvo el caso en que las partes pudieran válidamente
resolver un contrato por declaraciones unilaterales.

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Otra crítica al fallo de la corte sostiene que el admitir que una ley posterior puede
modificar un tratado internacional se halla en abierta contradicción con el Art. 27 de la
Convención de Viena sobre el Derecho de los tratados.

Vanossi por su parte decía que las objeciones a la doctrina de la corte eran lícitas
desde un punto de vista monista, pero que la solución del alto tribunal, se había fundado en
los principios constitucionales que no eran monistas.

_Al margen de las discrepancias en torno a la solución que había adoptado la


Constitución Nacional (monista o dualista) surgía que el criterio de la corte era anacrónico
con la época y estaba en contradicción con los principios universalmente reconocidos en el
régimen internacional de los tratados, en particular el del “pacta sunt servanda” y el que
incorporaría el Art. 27 de la Convención de Viena de 1969.

Pasaron 30 años hasta que la corte modificara la discutida interpretación de la


jerarquía constitucional de los tratados internacionales.

3° ETAPA: Implicó tomar una dirección jurisprudencial acorde con la evolución de


las relaciones internacionales, a la vez que permitió un significativo avance anticipándose a
lo que sería la nueva solución constitucional.

En la causa “Edmekdjian, Miguel Ángel c/ Sofovich, Gerardo y otros” el tribunal


sostendría:

”Un tratado internacional constitucionalmente celebrado, incluyendo su


ratificación internacional, es orgánicamente federal ya que:
_El poder ejecutivo concluye y firma tratados (Art. 86 inc. 14 C.N.).
_El Congreso Nacional los desecha o aprueba mediante leyes federales
(Art. 67 inc. 19 C.N.). Y el Poder Ejecutivo Nacional ratifica los tratados
aprobados por ley, emitiendo un acto federal de autoridad nacional.
La derogación de un tratado internacional por una ley del Congreso
violenta la distribución de competencias impuestas por la Constitución
Nacional, porque constituiría un avance inconstitucional del Poder Legislativo

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Nacional sobre atribuciones del Poder Ejecutivo Nacional, que es quien
concluye, exclusiva y excluyentemente, las relaciones exteriores de la Nación”.
“la Convención de Viena sobre el derecho de los tratados, aprobada por
ley 19.865, ratificada por el Poder Ejecutivo Nacional el 5-12-1972 y en vigor
desde el 27-1-1980, confiere primacía al Derecho Internacional convencional
sobre el Derecho Interno. Ahora ésta prioridad de rango integra el
ordenamiento jurídico argentino. La convención es un tratado internacional,
constitucionalmente válido que asigna prioridad a los tratados internacionales
frente a la ley interna en el ámbito del Derecho Interno, es un reconocimiento
de la primacía del Derecho Internacional por el propio Derecho Interno.”
“Esta convención ha alterado la situación del ordenamiento jurídico
argentino contemplado en los precedentes de fallos, ya que ya no es exacta la
proposición jurídica según la cual no existe fundamento normativo para
acordar prioridad al tratado frente a la ley.
Tal fundamento radica en el Art. 27 de la Convención de Viena, según
el cual “una parte no podrá invocar las disposiciones de su Derecho Interno
como justificación del incumplimiento de un tratado”.
“La aplicación del Art. 27 de la Convención de Viena impone a los
órganos del Estado Argentino asignar primacía al tratado ante un conflicto con
cualquier norma interna contraria o con la omisión de dictar disposiciones que,
en sus efectos, equivalgan al incumplimiento del tratado internacional en los
términos del Art. 27”.
“Esto resulta acorde con las exigencias de cooperación, armonización e
integración internacionales que la República Argentina reconoce, y previene la
eventual responsabilidad del Estado por los actos de sus órganos internos,
cuestión a la que no es ajena la jurisdicción de la Corte en cuanto pueda
constitucionalmente evitarla. El Tribunal debe velar porque las relaciones
exteriores de la Nación no resulten afectadas a causa de actos u omisiones del
Derecho Argentino que, de producir aquel efecto, hacen cuestión federal
trascendente”.

Tal doctrina fue reiterada y explicitada en otras causas, en 1993, en “Fibraca


Constructora S.C.A. c/ Comisión Técnica Mixta de Salto Grande” reafirmaría el principio

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de la primacía de los tratados frente a cualquier norma interna contraria, ante un eventual
conflicto, “una vez asegurados los principios de Derecho Público constitucionales”.

La Corte fundamenta el dictum en un cambio de situación que se había producido al


haber ratificado la República Argentina la Convención de Viena de 1969 y habiendo
entrado ésta en vigor, ya no sería exacta la proposición de que no existía fundamento
normativo para acordar prioridad al tratado frente a la ley. En el Art. 27 de esa convención
se apoyó todo el andamiaje argumental. Pero la Corte eludió un pronunciamiento sobre los
alcances del Art. 31 C.N.

Y contrariamente a lo afirmado en la causa “Martín y Cia. S.A. c/ Administración


General de Puertos” de que la posible cuestión de orden internacional subsistente
(responsabilidad internacional) era ajena en principio a la jurisdicción de los tribunales de
justicia internos, la corte ahora sostendría que la responsabilidad del Estado por los actos de
sus órganos internos era una cuestión que le atañe, en cuanto pueda constitucionalmente
evitarse.

Con posterioridad a la vigencia de las reformas constitucionales, la Corte Suprema


resolvió, reiterando la jurisprudencia anteriormente citada.

En 1994, en la causa “Cafés La Virginia S.A. s/ Apelación (por denegación de


petición). El tribunal sostuvo la primacía de los tratados frente a las leyes nacionales que se
les opusieran.

Ahora hizo una interpretación del Art. 31 C.N. y sobre el Art. 27 de la Convención
de Viena sobre Derecho de los Tratados, se pronunció diciendo que “impone a los órganos
del Estado Argentino, una vez resguardados los principios de Derecho Público
constitucionales, asegurar primacía a los tratados ante un conflicto con una norma interna
contraria, ya que ésta prioridad de rango integra el orden jurídico argentino por el Art. 31 de
la C.N.

El Fallo dice:

“El legislador no tiene atribución para modificar un tratado por una ley,
y si bien podría dictar una ley que prescribiese disposiciones contrarias a un

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tratado o que hiciese imposible su cumplimiento, ese acto del órgano
legislativo comportaría una trasgresión al principio de jerarquía de las normas
(Art. 31 C.N.) y sería un acto constitucionalmente inválido...”

La Corte Suprema no recurrió a la actual norma constitucional (Art. 75 inc. 22) para
resolver la cuestión de fondo, al respecto el voto del Ministro Antonio Boggiano señala:

“Dado que al dictarse ésta sentencia se halla en vigencia la reforma


constitucional sancionada el 22 de Agosto de 1994, conviene aclarar que el
caso esta regido por el texto anterior, en razón del momento de los hechos
relevantes de la litis.”

La Corte en éste fallo, invoca expresamente el Art. 31 de la Constitución para


fundamentar la prioridad de rango constitucional de los tratados sobre las leyes nacionales.

Por el contrario, se encuentra una interesante doctrina en el voto del Ministro


Boggiano, quién refiriéndose a la sentencia de la sala II de la Cámara Nacional de
Apelaciones en lo Contencioso Administrativo Federal, que sostuvo sobre la base del Art.
31 de la constitución que los tratados poseían igual jerarquía normativa que las leyes
nacionales y que por lo tanto el país podría modificar unilateralmente los tratados
internacionales de los que fuera parte, mediante una ley del Congreso y a la anterior
doctrina de la Corte afirma:

“Del enunciado del Art. 31 de la Constitución Nacional no se sigue que


un tratado pueda ser derogado por una ley posterior, pues los tratados no son
leges en el sentido del adagio latino” .
“Que a diferencia de lo que ocurre en otras constituciones más
modernas, la argentina no ha resuelto explícitamente lo atinente al
emplazamiento de los tratados internacionales en el ordenamiento jurídico,
limitándose a declarar en el Art. 31 que, junto con la Constitución y las leyes
de la Nación, constituyen la Ley Suprema de la Nación”.
“Ante la ausencia de una indicación expresa en contrario, es razonable
atribuir al termino “tratado”, mencionado en los artículos 27; 31; 67 inc. 19; 86

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inc. 14 y 100, su significado habitual y profundo, que excluye, en principio, la
posibilidad de que una de las partes lo derogue o revoque unilateralmente, sin
que ello constituya un incumplimiento del mismo”.

Luego, indagando sobre el significado atribuido por los constituyentes provinciales


y nacionales de 1860 al Art. 31 dijo:

“los convencionales entendieron necesario preservar la suerte de los compromisos


internacionales incluso de un eventual cambio en la Ley Suprema de la Nación... Demuestra
claramente el rango superior atribuido a los tratados sobre las leyes del Congreso”.

19
20
LOS TRATADOS INTERNACIONALES EN LA CONSTITUCIÓN POST
REFORMA

Ésta ultima etapa corresponde a la jerarquía otorgada a los tratados internacionales


en el actual Art. 75 C.N., referido a las facultades del Congreso. El citado Art. en el primer
párrafo consigna:

“Aprobar o desechar tratados concluidos con las demás naciones y con


las organizaciones internacionales, y los concordatos con la Santa Sede. Los
tratados y concordatos tienen jerarquía superior a las leyes”.

El acierto de los constituyentes es innegable, ahora la cuestión de la jerarquía de los


tratados y acuerdos internacionales en relación a las leyes deja de depender de la
interpretación judicial y las leyes sólo pueden violar a los Tratados, nunca derogarlos.

También es un acierto, el incluir en la nueva redacción los tratados con las


organizaciones internacionales (situación que no pudieron prever los constituyentes de
1853-1860) y que opera la recepción de la evolución experimentada en la comunidad
internacional.

Igualmente hubiera sido más adecuado haber agregado “otros entes internacionales”,
ya que la dinámica de las relaciones internacionales está signada por la participación en la
vida internacional no solo de Estados y de organizaciones internacionales, sino también de
otros entes a los cuales se les reconoce subjetividad internacional, como la Soberana Orden
de Malta o la Cruz Roja Internacional, y otros surgidos de realidades más recientes, como
los movimientos de liberación nacional.

Igualmente con anterioridad a la reforma se había producido una adaptación


interpretativa del texto constitucional, éste de ninguna manera constituyó un impedimento
para que se suscribieran acuerdos con las organizaciones internacionales, o con la Soberana
Orden de Malta.

21
En cuanto a las facultades para celebrar y concluir tratados internacionales se
mantuvieron las del Congreso para aprobarlos o desecharlos y las del Presidente de la
Nación consignadas en el articulo 99 inc. 11, quién:

“concluye y firma tratados, concordatos y otras negociaciones


requeridas para el mantenimiento de buenas relaciones con las organizaciones
internacionales y las naciones extranjeras”.

También es correcta la exclusión de la casuística del anterior inc. 14 del Art. 86 de


la Constitución Nacional, que se ajustó a las materias objeto de regulación habitual en la
época de la sanción de la Constitución, pero que han sido superadas con la evolución de las
relaciones internacionales, no siendo adecuada una enumeración taxativa.

Nada se ha establecido en relación a la denuncia de los tratados en general. Solo se


ha efectuado una regulación expresa de la denuncia de algunos tratados sobre derechos
humanos y de los tratados a que se refiere el inc. 24 del Art. 75.

Una interpretación fundada en la mecánica de denuncia de los tratados referidos,


que exige determinadas mayorías en cada Cámara del Congreso, permitiría sostener que
para los otros tratados correspondería al Poder Ejecutivo la facultad de denunciarlos previa
aprobación del Congreso, con las mayorías exigidas para la aprobación de los tratados en
general. Ésta solución es la más coherente con los principios que informan el proceso de
celebración y conclusión de los tratados en la Carta Magna.

También se omitió la cuestión de los acuerdos en forma simplificada, acuerdos


ejecutivos o executive agreements que han adquirido gran importancia en las relaciones y
negociaciones internacionales, y que reúnen formas muy variadas, y generalmente en su
celebración se omiten algunas de las etapas que se observan en los tratados solemnes.

Remiro Brotons, los define como un modelo abreviado de celebración de tratados,


sobre todo en las relaciones bilaterales, en los que en un solo acto, como si de un hombre-
música se tratara, sirve a la cuerda, a la percusión, al viento.

22
Cuestiones de gran gravitación en la vida política económica o social de los estados
han sido reguladas por esta vía convencional, lo que importó un apartamento de las normas
que los constituyentes han establecido en relación a las facultades de los poderes ejecutivos
y legislativos en materia de celebración, aprobación, y rechazo de los tratados
internacionales.

En nuestro país, particularmente, a partir de 1930 se desarrollo una tendencia que


prescindió de la aprobación del Congreso en relación a cierta clase de convenios.

Los acuerdos ejecutivos se han constituido en un procedimiento ágil de regulación


de las más variadas cuestiones, quizá haya incidido la demora que experimenta la
aprobación de los acuerdos por los órganos legislativos, que en más de una ocasión
determina que ellos pierdan toda eficacia o actualidad.

En muchas de las modernas constituciones se previó una aprobación automática de


los tratados cuando haya pasado cierto tiempo sin que el poder legislativo haya ejercido sus
facultades constitucionales. Se conciliaría así la necesidad del ejercicio del control
legislativo con la celeridad que impone la dinámica de las negociaciones interestatales.

Hay una gran cantidad de tratados ejecutivos celebrados por nuestro país y en gran
variedad de materias: asistencia militar, cooperación técnica, comercio y pagos, financieros,
sanidad animal, servicio militar y algunos de contenido político.

Según Barberis la cancillería argentina siguió la práctica de celebrar acuerdos en


forma simplificada cuando no están referidos a materias de las indicadas en el Art. 67 de la
Constitución Nacional. Cuando se trataba de otros temas los convenios eran sometidos a la
aprobación del Congreso.

Los acuerdos en forma simplificada encontraban fundamento en el Art. 86 inc. 14,


actual Art. 99 inc. 11, en cuanto se reconocía la facultad del Poder Ejecutivo de concluir y
firmar tratados “y otras negociaciones para el mantenimiento de buenas relaciones...”
aunque estos acuerdos estarían limitados, a las competencias que se atribuyeron al Poder
Ejecutivo, o sea a las materias que pueden regularse por decreto, sino implicaría la asunción
por el Presidente de facultades legislativas, afectando el principio republicano de la división
de poderes.

23
A pesar de la jerarquización de los tratados y acuerdos contemplados en la primera
parte del inc. 22 del Art. 75 de la Carta Magna, otorgándole un rango superior a las leyes
nacionales, no se alteró la superioridad de la Constitución sobre ellos.

Se incluye a los tratados entre los instrumentos que consagran derechos y garantías
cuya lesión, alteración o amenaza, pueden dar lugar a la acción de amparo (1° párrafo del
Art.48).

Para De La Guardia, el orden de enumeración de los instrumentos, Constitución,


tratados y leyes no es casual, sino sustancial y se adecua a la jerarquización de los tratados
efectuada en el Art. 75 inc. 22.

Aquella supremacía ya había quedado a salvo cuando la Corte Suprema modificó su


jurisprudencia reconociendo la supremacía de los tratados sobre las leyes nacionales en el
fallo recaído en la causa “Cafés La Virginia S.A. s/ Apelación”, en el voto del Ministro
Boggiano se ratifica este postulado:

“La necesaria aplicación del Art. 27 de la convención de Viena impone


a los órganos del Estado Argentino dar prioridad a un tratado ante un eventual
conflicto con una norma interna contraria que equivalga a su incumplimiento...
Sin perjuicio, de la supremacía Constitucional, asegurada por su tipología
rígida (Art. 30 de la Const. Nac.). Y respecto de los tratados por el Art. 27 de la
C.N.... Principios cuyo resguardo también se hallaría asegurado por la propia
convención de Viena, que en su Art. 46 establece la nulidad de un tratado
celebrado por un país en violación manifiesta de una norma de importancia
fundamental de su derecho interno... También su Art. 53 tutela de un modo
mediato dichos principios al establecer la nulidad de todo tratado que se
oponga a una norma imperativa de derecho internacional general (ius cogens),
que es aquella que es aceptada y reconocida por la comunidad internacional de
estados en su conjunto, como norma que no admite acuerdo en contrario. Ello
es así por la sustancial coincidencia entre los valores y derechos protegidos por
las normas de ius cogens y por nuestra Carta Magna”.

24
LOS TRATADOS SOBRE DERECHOS HUMANOS

Uno de los aspectos más novedosos de la reforma constitucional fue la


incorporación con “jerarquía constitucional”, de declaraciones y tratados sobre ésta materia.
Prescribe el nuevo texto:

“La Declaración Universal de Derechos Humanos, la Convención


Americana sobre Derechos Humanos, el pacto internacional de Derechos
Económicos, Sociales y Culturales, el Pacto Internacional de Derechos Civiles
y Políticos y su Protocolo Facultativo, la Convención sobre la Prevención y la
Sanción del Delito de Genocidio; la Convención Internacional sobre la
eliminación de todas las formas de Discriminación Racial; la Convención
sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer;
la Convención contra la Tortura y otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o
degradantes; la Convención sobre los Derechos del Niño; en las condiciones
de su vigencia, tienen jerarquía constitucional, no derogan articulo alguno de
la primera parte de ésta constitución y deben entenderse complementarios de
los derechos y garantías por ella reconocidos. Sólo podrán ser denunciados,
en su caso, por el Poder Ejecutivo Nacional, previa aprobación de las dos
terceras partes de la totalidad de los miembros de cada Cámara.
Los demás tratados y convenciones sobre derechos humanos, luego de
ser aprobados por el Congreso, requerirán del voto de las dos terceras partes
de la totalidad de los miembros de cada Cámara para gozar de la jerarquía
constitucional.”

El texto constitucional incluye una enumeración taxativa de instrumentos de


desigual naturaleza jurídica, la Declaración Americana de Derechos y Deberes del Hombre

25
y de la Declaración Universal de Derechos Humanos por una parte, y de algunos tratados y
convenciones por otra.

Pero nada obsta a que una constitución le otorgue una determinada jerarquía,
prescindiendo del valor jurídico que ellos posean en el campo de las obligaciones
internacionales.

Surgen ciertas dudas en la interpretación de la última frase del párrafo segundo del
inc. 22 del Art. 75 que prescribe, que solo pueden ser “denunciados, en su caso, por el
Poder Ejecutivo Nacional, previa aprobación de las dos terceras partes de la totalidad de los
miembros de cada Cámara”.

La expresión “en su caso”, pareciera que recepta la diferencia entre las


declaraciones y los tratados, ya que sólo éstos pueden ser denunciados. Por ello una
interpretación estricta, permitiría sostener que las declaraciones incorporadas tienen
carácter definitivo y solo podrán excluirse o modificarse por el procedimiento ordinario de
enmiendas a la Constitución.

Y al establecer el nuevo texto que “los demás tratados y convenciones sobre


derechos humanos” luego de ser aprobados por el Congreso, necesitan del voto de las dos
terceras partes de la totalidad de los miembros de cada Cámara para gozar de jerarquía
constitucional, se infiere que ya no podrían incorporarse otras declaraciones, sino por el
procedimiento general u ordinario de enmiendas constitucionales.

Éste mismo párrafo, interpretado literalmente conduciría a sostener que los tratados
y convenciones sobre derechos humanos ya aprobados por el Congreso pero no incluidos
expresamente en la enumeración, no se les podría otorgar “jerarquía constitucional”. Solo
alcanzaría el procedimiento previsto en el último párrafo del inc. 22 a los tratados o
convenciones que se aprueben en el futuro. Pero únicamente se afianzaría ésta
interpretación si se partiera del supuesto de que los constituyentes hicieron un prolijo
examen de todos los tratados y convenciones sobre derechos humanos aprobados y en vigor
para el país a la fecha de la reforma, y que luego de ese exhaustivo análisis se hubiese
arribado a la conclusión de que solamente merecían el otorgamiento de “jerarquía
constitucional” los tratados y convenciones expresamente enumerados. No obstante es poco
probable que éste haya sido el procedimiento seguido, en todo caso es posible que se

26
incorporen a dicha jerarquía tratados vigentes en 1994, bien cabe citar el art. 103 de la Carta
de la ONU a tal fin.

Resulta difícil encontrar una referencia a las pautas que se han seguido para la
selección de los tratados a los cuáles se les confirió “jerarquía constitucional”. Parece haber
primado un criterio “puramente circunstancial o político” y que se prescindido de
consideraciones científicas o técnicas, fácil es ver que no hubo ius internacionalistas de
fuste en la Convención de 1994.

Cabe preguntarnos, ¿qué sucedería con las reformas o enmiendas que pudieran
introducirse en los tratados o convenios expresamente mencionados en el texto
constitucional? Una vez aprobados y ratificados según el procedimiento constitucional
ordinario, ¿tendrían ya jerarquía constitucional? El último párrafo del inc. 22 habla de los
“demás tratados y convenciones sobre derechos humanos” por lo que no cabría aplicar éste
procedimiento a las “enmiendas” introducidas a aquellos tratados.

En la facultad reconocida al Congreso de introducir tratados y convenciones sobre


derechos humanos en la Constitución, como también de excluirlos, se ha consagrado una
forma inédita de modificación de la Carta Magna, la que habría dejado de ser “rígida”,
como lo sostuviera la doctrina clásica, para receptar una modalidad generalizada en las
constituciones más recientes.

El segundo párrafo del inc. 22 les otorga jerarquía constitucional a dichos


instrumentos “en las condiciones de su vigencia”. El mismo, se refiere a la vigencia
internacional que comprende, primero, si se encuentran en vigor y luego, en las condiciones
en que esos instrumentos se encuentran en vigor para nuestro país, ya que en el sistema de
los tratados internacionales, existen instituciones como las de las “reservas”, que según la
Convención de Viena de 1969 se tratan de:

“Una declaración unilateral, cualquiera que sea su enunciado o


denominación, hecha por un Estado al firmar, ratificar, aceptar o aprobar un
tratado o al adherirse a él, con objeto de excluir o modificar los efectos
jurídicos de ciertas disposiciones del tratado en su aplicación a ese Estado “.

27
Hay que destacar que todos los tratados y convenciones enumeradas están ya en
vigor y que varios registran reservas y declaraciones, cuyos efectos jurídicos, es difícil
determinar con claridad.

El hecho de que no exista en el país un mecanismo que permita conocer si las


reservas han sido aceptadas o no por las partes contratantes, y en que condiciones se
encuentran en vigor los tratados, puede en el futuro traer serias dificultades a los Tribunales
Nacionales encargados de aplicar la Carta Magna.

Una de las cuestiones más interesantes, es esclarecer el alcance de la asignación de


“jerarquía constitucional” a los instrumentos, y la prevención de que no derogan las
disposiciones de la primera parte de la Constitución, y que deben entenderse
complementarios de los derechos y garantías por ella reconocidos.

Se ha sostenido que “la Convención de 1994, al darles a los pactos enunciados en


los textos jerarquía constitucional, no ha violentado el Art. 31, ya que las normas que
ingresaron por esa vía, si bien forman un todo con la Constitución, son “complementarios”,
o sea que en caso de una eventual contraposición con la Carta Suprema primará, en
principio, ésta, ya que su Art. 27 permanece vigente. No obstante nada obstará, que en el
caso concreto, el Juez, como interprete final, le dé prevalencia a los tratados, en tanto y en
cuanto, ello sea más ventajoso para el ser humano, ante una eventual pretensión del Estado
de restringir sus derechos.(Aplicación del principio pro homine)

Para otros, como Miguel Ángel Ekmekdjian, la incorporación de ciertos tratados


sobre derechos humanos, no tiene ninguna ventaja practica y hubiera sido suficiente
incorporar una cláusula estableciendo simplemente que dichos tratados tendrían jerarquía
superior a las leyes, para que no pudieran ser derogados por éstas.

28
LOS TRATADOS SOBRE INTEGRACIÓN

Los tratados sobre integración, han sido regulados en el inc. 24 del Art. 75.
Constituye otra de las innovaciones de la reforma de 1994, cuya finalidad es la
profundización de los proyectos integracionistas en los que Argentina es o será parte. El
texto dice, que corresponde al Congreso:

“Aprobar tratados de integración que deleguen competencias y


jurisdicciones a organizaciones supraestatales en condiciones de reciprocidad e
igualdad, y que respeten el orden democrático y los derechos humanos. Las
normas dictadas en su consecuencia tienen jerarquía superior a las leyes.
La aprobación de éstos tratados con Estados de Latinoamérica requerirá
la mayoría absoluta de la totalidad de los miembros de cada Cámara. En el caso
de los tratados con otros Estados, el Congreso de la Nación con la mayoría
absoluta de los miembros presentes de cada Cámara, declarará la conveniencia
de la aprobación del tratado y sólo podrá ser aprobado con el voto de la
mayoría absoluta de la totalidad de los miembros de cada Cámara, después de
120 días del acto declarativo.
La denuncia de estos tratados, exigirá la previa aprobación de la
mayoría absoluta de la totalidad de los miembros de cada Cámara”.

La importancia de ésta cláusula constitucional radica en la expresa previsión de la


delegación de competencias, jurisdicción o poderes a órganos supranacionales a través de
tratados constitutivos (derecho primario), que tendrán una jerarquía superior a las leyes de
conformidad con el principio general consagrado en el inc. 22 y en el otorgamiento de la
misma al derecho “secundario”, o sea al emanado de los órganos creados por los acuerdos
“marco”.

Habría sido conveniente incluir expresamente la facultad del Poder Ejecutivo de


firmar éstos acuerdos, en el Art. 99.

Resulta plausible la exigencia del respeto del orden democrático y de los derechos
humanos, requisitos que pueden y deben ser valorados en el momento de la aprobación del

29
tratado. Pero no queda muy en claro si tales presupuestos deberán exigirse durante toda la
vigencia de los tratados y, en su caso, a quién corresponderá la constatación y valoración,
por ejemplo, del respeto de los derechos humanos a posteriori de la vigencia de los tratados
constitutivos.

También ofrece dificultades, la razón de ser del plazo de 120 días que debe mediar
entre la “declaración de conveniencia” de la aprobación de un tratado de integración con
Estados no Latinoamericanos y el acto de aprobación, y las diferentes mayorías
parlamentarias exigidas.

Algunos argumentos, se centran en la necesidad de establecer un “período de


reflexión”, para discusión y debate sobre la conveniencia del acuerdo. Pero no es muy
convincente éste fundamento, ya que todo tratado de integración o de otra naturaleza
merece una evaluación, que en el orden legislativo se satisface con el procedimiento normal
que precede a su aprobación.

La última parte del inc. 24, establece la necesidad de una mayoría absoluta de los
miembros de cada Cámara, para la denuncia de los tratados sobre integración. No se reguló
el procedimiento de denuncia de los tratados en general, pero si el de ésta clase de tratados
y de los mencionados en el apartado 2º del inc. 22, que solo podrán ser denunciados por el
Poder Ejecutivo, previa aprobación de las dos terceras partes de la totalidad de los
miembros de cada Cámara.

Resumiendo, en relación al procedimiento para la aprobación de los tratados, se ha


consagrado uno para los tratados en general y para los tratados sobre derechos humanos sin
jerarquía constitucional, y otro para los tratados de derechos humanos a los cuales se les
asigne dicha jerarquía, y un tercer procedimiento para los tratados de integración.

La nueva jerarquización constitucional de los tratados, por un lado coloca a todos


ellos, incluidos el derecho derivado de órganos supranacionales por encima de las leyes y,
por el otro a los tratados enunciados en el párrafo 2º del inc. 22 y a los tratados sobre
derechos humanos a los cuales en el futuro se les otorgue jerarquía constitucional, en una
situación de superioridad de rango en relación a los otros tratados sobre derechos humanos,
de integración, tratados en general y concordatos. Igualmente el derecho derivado o
secundario estaría en inferioridad jerárquica con los tratados de integración, ya que todo

30
aquel derecho o normatividad debe adecuarse a los objetivos y principios consagrados por
éstos.

La pirámide jurídica, en lo que hace al bloque federal quedaría conformada de la


siguiente manera:

1º NIVEL * Constitución Nacional


(in integrum).+
Tratados y declaraciones, con
Jerarquía Constitucional.

2º NIVEL * Tratados, sin Jerarquía Constitucional


* Concordatos, con la Santa Sede
* Tratados de Integración y Normas
Dictadas en su Consecuencia.

3º NIVEL * Leyes Nacionales.


+ Resto de las normas internas (Constituciones Provinciales,
leyes provinciales, etc .)

31
Para otros el 1º nivel estaría conformado de la siguiente manera, opinión que no
comparto:

1. Parte dogmática de la Constitución Nacional.


2. Tratados con Jerarquía Constitucional.
3. Parte Orgánica.

32
LAS FACULTADES DE LAS PROVINCIAS PARA CELEBRAR
TRATADOS

En el anterior texto constitucional sólo existían dos normas pero referidas a los
“acuerdos ínter jurisdiccionales internos”. El Art. 107, entre las facultades de las provincias
reconoció la de:

“Celebrar tratados parciales para fines de administración de justicia,


de intereses económicos y trabajos de utilidad común, con conocimiento del
Congreso Federal”.

La interpretación y alcance de éste dispositivo originó una abundante doctrina y la


cuestión reformaría actualidad ante la predisposición de las provincias a celebrar acuerdos
internacionales sobre materias que presuntamente no estaban incluidas dentro de las
competencias reservadas por éstas y lo que agravaba la situación era que, tales convenios no
llegaban a conocimiento del Ministerio de Relaciones Exteriores, ni del Congreso.

El Art. 107 vedaba a las provincias la potestad de celebrar tratados de carácter


político.

Ambas normas han subsistido en la reforma, en los actuales artículos 125 y 126. La
innovación importante se encuentra en el nuevo Art. 124, que faculta a las provincias:

“para celebrar convenios internacionales en tanto no sean


incompatibles con la política exterior de la Nación y no afecten las facultades
delegadas al Gobierno Federal o el Crédito Publico de la Nación, con
conocimiento del Congreso Nacional. La Ciudad de Buenos Aires tendrá el
régimen que se establezca a tal efecto”.

Del texto se desprende que se establecen tres limitaciones al “treaty making power”
de las provincias.

33
Seguramente el ejercicio de las potestades conferidas a las provincias, traerá muchas
dificultades, más cuando sólo se exige el “conocimiento del Congreso Nacional”. De
haberse adoptado la solución seguida por algunos Estados Federales que exigen la
“aprobación” del órgano legislativo, posiblemente el riesgo de conflictos disminuiría
considerablemente, esta era la solución correcta de cara a la responsabilidad internacional.

Por otra parte nada se ha especificado en cuanto al régimen que tendrá la Ciudad de
Buenos Aires, por lo que cabe preguntarse si aquellas limitaciones constitucionales también
afectaran a la misma.

34
CONCLUSIÓN

Existe junto al ordenamiento internacional, una serie de ordenamientos jurídicos


internos.

El ordenamiento jurídico internacional se dirige a los sujetos de Derecho


Internacional (principalmente los Estados), y le impone a éstos una serie de deberes y
obligaciones que deben cumplir. La necesidad de cumplir esas obligaciones, lleva aparejado
que los Estados se esfuercen en adaptar sus respectivos Derechos Internos a las
obligaciones que dimanan del Derecho Internacional. Todo ello porque la actuación de las
disposiciones del ordenamiento jurídico interno contrarias al Derecho internacional pueda
engendrar responsabilidad internacional.

Por lo que por vía indirecta, se llega de hecho a una supremacía del Derecho
Internacional sobre el Interno, ya que las contradicciones entre ambos órdenes, se resuelven
a favor del Derecho Internacional.

No supone que la mentada supremacía actúe en forma automática, sino que será
necesaria la puesta en funcionamiento de una serie de mecanismos para llevar a cabo la
adaptación entre ambos órdenes jurídicos.

Con respecto a nuestro país, la reforma de 1994 tuvo una gran trascendencia en el
campo de la jerarquía legal de los tratados internacionales, dando cabida al pleno desarrollo
de los procesos de integración, que empezaron a desarrollarse en la década del 90, que
podrían verse frustrados por las cláusulas constitucionales de 1853/60.

Más allá de las críticas y vacíos que pueden reprochársele a los convencionales
constituyentes autores de la reforma, no hay lugar a duda que aclaró significativamente la
jerarquía normativa de los tratados en relación a las leyes, cuestión que deberán respetar los
órganos internos, para no exponer al país a la responsabilidad internacional, y que traen
aparejado el descrédito internacional.

35
INDICE

+ Introducción Pág. 2

+ Importancia de la cuestión Pág. 3

+ La recepción del Derecho Internacional por los ordenamientos internos. Pág. 5

+ La recepción y la jerarquía del Derecho Internacional en el Derecho


Constitucional Comparado. Pág. 7

 Posición de los ordenamientos internos respecto del Derecho


Internacional General Pág. 7
 Posición de los ordenamientos internos respecto del Derecho
Internacional Convencional Pág. 7

+ Los Tratados Internacionales en la Constitución Nacional 1853/60 Pág. 9

+ Los Tratados Internacionales en la Constitución Reformada Pág. 16

 Los Tratados sobre Derechos Humanos


Pág. 19
 Los Tratados sobre Integración
Pág. 22
 Las facultades de las Provincias para celebrar Tratados
Pág. 25

+ Conclusión Pág. 26

36
BIBLIOGRAFÍA

 DIEZ DE VELAZCO, Manuel. “Instituciones de Derecho Internacional Público”.


Editorial Tecnos, duodécima edición.

 PASTOR RIDRUEJO, José A. “Curso de Derecho Internacional Público y


Organizaciones Internacionales”. Editorial Tecnos, sexta edición.

37
 REY CARO, Ernesto. SALAS, Graciela y DRNAS DE CLÉMENT, Zlata “Los
Tratados Internacionales y la Constitución Nacional”.

 VERDROSS, Alfred. “Derecho Internacional Público”. Editorial Aguilar, 1978.

© 2008.

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