2.
LÁMPARAS
2.1 Lámparas incandescentes.
Incandescencia: es la emisión de luz por el calor. Un cuerpo incandescente es aquel que adquiere
un color rojo o blanco por haber sido sometido a altas temperaturas, especialmente el carbón y los
metales.
Una lámpara de incandescencia o lámpara incandescente es un dispositivo que produce luz
mediante el calentamiento por efecto Joule de un filamento metálico, en concreto de wolframio,
hasta ponerlo al rojo blanco, mediante el paso de corriente eléctrica. Con la tecnología existente,
actualmente se considera poco eficiente, ya que el 85 % de la electricidad que consume la
transforma en calor y solo el 15 % restante en luz.
Las tres partes principales de una lámpara incandescente son: el bulbo, la base y el filamento.
Figura 1. Partes de una lámpara incandescente.
2.1.1 Principio físico.
Efecto Joule: fenómeno por el cual si en un conductor circula corriente eléctrica, parte de la
energía cinética de los electrones se transforma en calor debido a los choques que sufren con los
átomos del material conductor por el que circulan, elevando la temperatura del mismo.
La incandescencia se puede obtener de dos maneras. La primera es por combustión de alguna
sustancia, ya sea sólida como una antorcha de madera, líquida como en una lámpara de aceite o
gaseosa como en las lámparas de gas. La segunda es pasando una corriente eléctrica a través de
un hilo conductor muy delgado como ocurre en las bombillas corrientes. Tanto de una forma como
de otra, obtenemos luz y calor. En general los rendimientos de este tipo de lámparas son bajos
debido a que la mayor parte de la energía consumida se convierte en calor.
La temperatura que alcanza el cuerpo está relacionada con la resistencia interna del conductor
(que actúa oponiéndose al paso de la corriente) y la intensidad de la corriente. Así, a mayor
resistencia del conductor mayor temperatura adquirirá al hacer pasar una corriente por el mismo.
El filamento posee una alta resistencia. Esto ocasiona que se caliente y adquiera una alta
temperatura al hacer circular una corriente por la lámpara. Ahora bien, todo cuerpo emite
radiación electromagnética. Dicha radiación depende de la temperatura del cuerpo. Así, a menor
temperatura se emiten ondas de mayor longitud de onda, y a mayor temperatura ondas de menor
longitud de onda. Al aumentar de temperatura el filamento va emitiendo radiación de cada vez
menor longitud de onda, hasta llegar al rango de luz visible.
2.1.2 Características.
Características cromáticas.
Los colores que vemos con nuestros ojos dependen en gran medida de las características
cromáticas de las fuentes de luz. Por poner un ejemplo, no se ve igual una calle de noche a la luz
de las farolas iluminadas por lámparas de luz blanca que con lámparas de luz amarilla.
A la hora de describir las cualidades cromáticas de las fuentes de luz hemos de considerar dos
aspectos. El primero trata sobre el color que presenta la fuente. Y el segundo describe cómo son
reproducidos los colores de los objetos iluminados por esta. Para evaluarlos se utilizan dos
parámetros: la temperatura de color y el rendimiento de color que se mide con el IRC.
1. La temperatura de color hace referencia al color de la fuente luminosa. Su valor coincide
con la temperatura a la que un cuerpo negro tiene una apariencia de color similar a la de
la fuente considerada. Esto se debe a que sus espectros electromagnéticos respectivos
tienen una distribución espectral similar. Conviene aclarar que los conceptos temperatura
de color y temperatura de filamento son diferentes y no tienen por qué coincidir sus
valores.
2. El rendimiento en color, por contra, hace referencia a cómo se ven los colores de los
objetos iluminados. Nuestra experiencia nos indica que los objetos iluminados por un
fluorescente no se ven del mismo tono que aquellos iluminados por bombillas. En el
primer caso destacan más los tonos azules mientras que en el segundo lo hacen los rojos.
Esto se debe a que la luz emitida por cada una de estas lámparas tiene un alto porcentaje
de radiaciones monocromáticas de color azul o rojo.
Fuente de luz blanca Fuente de luz monocromática
Para establecer el rendimiento en color se utiliza el índice de rendimiento de color (IRC o
Ra) que compara la reproducción de una muestra de colores normalizada iluminada con
nuestra fuente con la reproducción de la misma muestra iluminada con una fuente patrón
de referencia.
Características de duración.
La duración de una lámpara viene determinada básicamente por la temperatura de trabajo del
filamento. Mientras más alta sea esta, mayor será el flujo luminoso pero también la velocidad de
evaporación del material que forma el filamento. Las partículas evaporadas, cuando entren en
contacto con las paredes se depositarán sobre estas, ennegreciendo la ampolla. De esta manera se
verá reducido el flujo luminoso por ensuciamiento de la ampolla. Pero, además, el filamento se
habrá vuelto más delgado por la evaporación del tungsteno que lo forma y se reducirá, en
consecuencia, la corriente eléctrica que pasa por él, la temperatura de trabajo y el flujo luminoso.
Esto seguirá ocurriendo hasta que finalmente se rompa el filamento. A este proceso se le conoce
como depreciación luminosa.
Para determinar la vida de una lámpara disponemos de diferentes parámetros según las
condiciones de uso definidas.
1. La vida individual es el tiempo transcurrido en horas hasta que una lámpara se estropea,
trabajando en unas condiciones determinadas.
2. La vida promedio es el tiempo transcurrido hasta que se produce el fallo de la mitad de las
lámparas de un lote representativo de una instalación, trabajando en unas condiciones
determinadas.
3. La vida útil es el tiempo estimado en horas tras el cual es preferible sustituir un conjunto
de lámparas de una instalación a mantenerlas. Esto se hace por motivos económicos y
para evitar una disminución excesiva en los niveles de iluminación en la instalación debido
a la depreciación que sufre el flujo luminoso con el tiempo. Este valor sirve para establecer
los periodos de reposición de las lámparas de una instalación.
4. La vida media es el tiempo medio que resulta tras el análisis y ensayo de un lote de
lámparas trabajando en unas condiciones determinadas.
La duración de las lámparas incandescentes está normalizada; siendo de unas 1000 horas para las
normales, para las halógenas es de 2000 horas para aplicaciones generales y de 4000 horas para
las especiales.
2.1.3 Funcionamiento.
Todo conductor se calienta cuando por el mismo circula corriente. Esto se conoce como Efecto
Joule. La temperatura que alcanza el cuerpo está relacionada con la resistencia interna del
conductor (que actúa oponiéndose al paso de la corriente) y la intensidad de la corriente. Así, a
mayor resistencia del conductor mayor temperatura adquirirá al hacer pasar una corriente por el
mismo. Ésta es precisamente la base del funcionamiento de la lámpara incandescente. El
filamento posee una alta resistencia. Esto ocasiona que se caliente y adquiera una alta
temperatura al hacer circular una corriente por la lámpara.
La luz es una radiación electromagnética, correspondiente a un rango de longitudes de onda en el
espectro Pero también existen otros tipos de radiación, correspondientes a distintas longitudes de
onda. Éstas son las ondas radio, infrarrojas, ultravioletas, etc. Ahora bien, todo cuerpo emite
radiación electromagnética. Dicha radiación depende de la temperatura del cuerpo. Así, a menor
temperatura se emiten ondas de mayor longitud de onda, y a mayor temperatura ondas de menor
longitud de onda.
De esta forma se explica cómo emite luz el filamento una vez que es calentado por el Efecto Joule.
En efecto, al aumentar de temperatura el filamento va emitiendo radiación de cada vez menor
longitud de onda, hasta llegar al rango de luz visible. Es decir, el filamento se calienta a una
temperatura a la cual emite (principalmente) radiación visible (luz). Esa es la luz que emite la
lámpara incandescente.
2.2 Lámparas fluorescentes.
Fluorescencia: es un tipo particular de luminiscencia, que caracteriza a las sustancias que son
capaces de absorber energía en forma de radiaciones electromagnéticas y luego emitir parte de
esa energía en forma de radiación electromagnética de longitud de onda diferente.
Una luminaria fluorescente es el conjunto que forman una lámpara, denominada tubo
fluorescente, y una armadura, que contiene los accesorios necesarios para el funcionamiento. La
lámpara es de descarga de vapor de mercurio a baja presión y se utiliza normalmente para la
iluminación doméstica o industrial. Su ventaja frente a otro tipo de lámparas, como las
incandescentes, es su eficiencia energética.
La lámpara consiste en un tubo de vidrio fino revestido interiormente con diversas sustancias
químicas compuestas llamadas fósforos, aunque generalmente no contienen el elemento químico
fósforo y no deben confundirse con él. Esos compuestos químicos emiten luz visible al recibir una
radiación ultravioleta. El tubo contiene además una pequeña cantidad de vapor de mercurio y un
gas inerte, habitualmente argón o neón, a una presión más baja que la presión atmosférica. En
cada extremo del tubo se encuentra un filamento hecho de tungsteno, que al calentarse al rojo
contribuye a la ionización de los gases.
La estructura de una lámpara fluorescente se aprecia en la figura siguiente.
Figura 2. Partes de una lámpara fluorescente
2.2.1 Principio físico.
La luz en sí misma constituye una forma de energía que puede liberar como fotón el átomo de un
determinado elemento químico. El fotón se caracteriza por ser una pequeñísima partícula
poseedora de energía, pero carente de masa, a diferencia de los elementos químicos o de
cualquier tipo de materia. Para que un átomo libere fotones de luz es necesario excitar alguno de
sus electrones, empleando medios físicos o químicos.
Dada la fuerte atracción que ejerce el núcleo de un átomo sobre los electrones que giran a su
alrededor en sus correspondientes órbitas, no es normal que estos la abandonen por sí mismos si
no son excitados por un agente externo. Sin embargo, cuando eso ocurre el electrón salta a otra
órbita superior dentro del mismo átomo, que al encontrarse más alejada del núcleo posee mayor
nivel de energía.
Debido a la atracción que continúa ejerciendo siempre el núcleo del átomo sobre sus electrones,
aquel que abandona su órbita es obligado a que, en fracciones de segundo, se reincorpore a la
suya propia. En ese momento la energía extra que adquirió el electrón en la otra órbita la libera en
forma de fotón de luz.
El hecho de que un fotón de luz sea visible o no para el ojo humano depende, fundamentalmente,
del tipo de átomo excitado, y de la longitud de onda y frecuencia que posea dicho fotón dentro del
espectro electromagnético.
En el tubo de descarga de una lámpara de luz fluorescente, los electrones libres y los iones de un
gas inerte contenido en su interior, como el gas argón (Ar) en este caso, crean las condiciones
necesarias para la creación de un puente de plasma a través del cual puede fluir la corriente
eléctrica.
Cuando los electrones libres se mueven a través del puente de plasma, colisionan con los
electrones de los átomos de gas mercurio (Hg) contenidos también dentro del tubo y los saca de
sus órbitas. De inmediato el núcleo de los átomos de mercurio obliga a que los electrones
despedidos se reintegren de nuevo a sus correspondientes órbitas, a la vez que liberan fotones de
luz ultravioleta, invisible para el ojo humano.
Al mismo tiempo, para que se pueda obtener luz visible, los fotones de luz ultravioleta liberados
impactan sobre la capa fosforescente que recubre la pared interior del tubo de cristal de la
lámpara, excitando los electrones de los átomos de fósforo (P) contenidos en éste. El impacto saca
de sus órbitas a los electrones del los átomos de fósforos, lo que son atraídos y obligados a
reincorporarse de nuevo a sus correspondientes órbitas. En ese instante liberan fotones de luz
blanca fluorescente visibles para el ojo humano. Ese proceso provoca que el tubo de descarga de
la lámpara fluorescente se ilumine, proporcionando luz.
El color de la luz que emiten los tubos de las lámparas fluorescentes depende de la composición
química de la capa de fósforo que recubre su interior. Es por eso que dentro de la gama de luz
blanca que emiten estos tubos podemos encontrar variantes de blancos más cálidos o más fríos.
Incluso se fabrican también tubos fluorescentes que emiten luz verde, amarilla o roja.
Como en el proceso de encendido las lámparas fluorescentes utilizan sólo por breves instantes los
filamentos de tungsteno, no da tiempo a que se calienten tanto como ocurre con las lámparas
incandescentes. Así, al ser mucho menor la pérdida de energía por disipación de calor al medio
ambiente, el consumo eléctrico se reduce en un alto por ciento. Esto las convierte en una fuente
emisora de luz más económica, eficiente y duradera si las comparamos con las lámparas o
bombillas incandescentes.
Figura 3. Representación esquemática de la forma en que el átomo de mercurio (Hg) emite fotones de luz ultravioleta,
invisibles para el ojo humano y como el átomo de fósforo (P) los convierte en fotones de luz blanca visible, tal
como ocurre en el interior del tubo de una lámpara fluorescente.
2.2.2 Características.
Características de luminosidad:
Las lámparas fluorescentes tienen un rendimiento luminoso que puede estimarse entre 50 y 90
lúmenes por vatio (lm/W). La luminosidad de la lámpara depende no solamente del revestimiento
luminiscente, sino de la superficie emisora, de modo que al variar la potencia varía el tamaño, por
ejemplo, la de 18 W mide unos 60 cm, la de 36 W, 1,20 m y la de 54 W 1,80 m.
Características de vida útil:
Es también mucho mayor que la de las lámparas de incandescencia, pudiendo variar con facilidad
entre 5000 h y más de 75 000 h (entre 5 y 75 veces más que una bombilla), lo que depende de
diversos factores, tales como el tipo de lámpara fluorescente o el equipo de la luminaria que se
utilice con ella.
Características de color:
Hay en el mercado distintos modelos con diferentes temperaturas de color. Esta está comprendida
generalmente entre los 3000 K y los 6500 K (del blanco frió a luz día cálido). Sin embargo, en la
actualidad se pueden conseguir tubos con una amplia gama de temperatura de color, lo que
permite encontrar con relativa facilidad modelos que van desde los 2700 K hasta los 10 000 K,
recomendándose la elección en función del uso y de la iluminancia que vaya a instalarse. Las
lámparas de temperatura de color alta (p.e. el color blanco 5000K) se recomiendan cuando se
necesite una buena reproducción del color o con iluminancias altas; por el contrario, con
iluminancias bajas o cuando se busquen coloraciones cálidas, se elegirá una temperatura de color
baja.
Otras características:
Consumo de corriente hasta tres veces menor que la de una lámpara incandescente
Los colores son más fieles al color real.
La emisión de luz es de 4 a 6 veces mayor que la de una lámpara incandescente de la
misma potencia.
Provee una luz más uniforme y menos deslumbrante, porque el área de iluminación es
mayor.
Calentamiento reducido.
Duración promedio de vida es de 7500 horas en condiciones normales.
2.2.3 Funcionamiento.
Las lámparas fluorescentes funcionan de la siguiente forma:
1. Cuando activamos el interruptor de una lámpara de luz fluorescente que se encuentra
conectada a la red doméstica de corriente alterna, los electrones comienzan a fluir por
todo el circuito eléctrico, incluyendo el circuito en derivación donde se encuentra
conectado el cebador (estárter).
2. El flujo de electrones de la corriente eléctrica al llegar al cebador produce un arco o chispa
entre los dos electrodos situados en su interior, lo que provoca que el gas neón (Ne)
contenido también dentro de la cápsula de cristal se encienda. El calor que produce el gas
neón encendido hace que la plaquita bimetálica que forma parte de uno de los dos
electrodos del cebador se curve y cierre un contacto eléctrico dispuesto entre ambos
electrodos.
3. Cuando el contacto del cebador está cerrado se establece el flujo de corriente eléctrica
necesaria para que los filamentos se enciendan, a la vez que se apaga el gas neón.
4. Los filamentos de tungsteno encendidos provocan la emisión de electrones por caldeo o
calentamiento y la ionización del gas argón (Ar) contenido dentro del tubo. Esto crea las
condiciones previas para que, posteriormente, se establezca un puente de plasma
conductor de la corriente eléctrica por el interior del tubo, entre un filamento y otro.
5. La plaquita bimetálica del cebador, al dejar de recibir el calor que le proporcionaba el gas
neón encendido, se enfría y abre el contacto dispuesto entre los dos electrodos. De esa
forma el flujo de corriente a través del circuito en derivación se interrumpe, provocando
dos acciones simultáneas:
a) Los filamentos de la lámpara se apagan cuando deja de pasar la corriente eléctrica por
el circuito en derivación.
b) El campo electromagnético que crea en el enrollado del balasto la corriente eléctrica
que también fluye por el circuito donde éste se encuentra conectado, se interrumpe
bruscamente. Esto provoca que en el propio enrollado se genere una fuerza
contraelectromotriz, cuya energía se descarga dentro del tubo de la lámpara, en forma
de arco eléctrico. Este arco salta desde un extremo a otro del tubo valiéndose de los
filamentos, que una vez apagados se convierten en electrodos de la lámpara.
6. Bajo estas nuevas condiciones, la corriente de electrones, que en un inicio fluía a través
del circuito en derivación de la lámpara donde se encuentra conectado el cebador,
comienza hacerlo ahora atravesando interiormente el tubo de un extremo a otro,
valiéndose de los dos electrodos.
7. La fuerte corriente que fluye por dentro del tubo provoca que los electrones comiencen a
chocar con los átomos del gas argón, aumentando la cantidad de iones y de electrones
libres. Como resultado se crea un puente de plasma, es decir, un gas compuesto por una
gran cantidad de iones y de electrones libres, que permite que estos se muevan de un
extremo a otro del tubo.
8. Esos electrones libres comienzan a chocar con una parte de los átomos de mercurio (Hg)
contenidos también dentro del tubo, que han pasado del estado líquido al gaseoso debido
a la energía que liberan dichos electrones dentro del tubo. Los choques de los electrones
libres contra los átomos de mercurio excitan a sus electrones haciendo que liberen
fotones de luz ultravioleta.
9. Los fotones de luz ultravioleta, invisible para el ojo humano, impactan a continuación
contra la capa de fósforo (P) que recubre la pared interior del tubo fluorescente. El
impacto excita los electrones de los átomos fósforo (P), los que emiten, a su vez, fotones
de luz visible, que hacen que el tubo se ilumine con una luz fluorescente blanca.
10. El impacto de los electrones que se mueven por el puente de plasma contra los dos
electrodos situados dentro del tubo, hace que estos se mantengan calientes (a pesar de
que los filamentos se encuentran ya apagados). Mantener caliente esos dos electrodos se
hace necesario para que la emisión de electrones continúe y el puente de plasma no se
extinga. De esa forma, tanto el ciclo de excitación de los átomos de vapor de mercurio
como el de los átomos de fósforo dentro del tubo continúa, hasta tanto activemos de
nuevo el interruptor que apaga la lámpara y deje de circular la corriente eléctrica por el
circuito.
Figura 4. Esquema del circuito eléctrico de una lámpara fluorescente de 20 watts de potencia.
1. Entrada de la corriente alterna. 2. Cebador. 3. Filamentos de tungsteno. 4. Tubo de descarga de luz fluorescente. 5.
Balasto o inductancia. 6. Capacitor o filtro.
2.3 Lámparas de alta intensidad de descarga.
El funcionamiento de una lámpara de descarga se basa en el fenómeno de la luminiscencia, el cual
consiste en la producción de radiaciones luminosas con un escaso aumento de la temperatura, por
lo que se las llama lámparas frías.
Las lámparas de descarga constituyen una forma alternativa de producir luz de una manera más
eficiente y económica que las lámparas incandescentes. Por eso, su uso está tan extendido hoy en
día. La luz emitida se consigue por excitación de un gas sometido a descargas eléctricas entre dos
electrodos. Según el gas contenido en la lámpara y la presión a la que esté sometido tendremos
diferentes tipos de lámparas, cada una de ellas con sus propias características luminosas.
Las formas de las lámparas de descarga varían según la clase de lámpara con que tratemos. De
todas maneras, todas tienen una serie de elementos en común como el tubo de descarga, los
electrodos, la ampolla exterior o el casquillo.
Figura 5. Principales partes de una lámpara de descarga.
Las lámparas de descarga se pueden clasificar según el gas utilizado (vapor de mercurio o sodio) o
la presión a la que este se encuentre (alta o baja presión). Las propiedades varían mucho de unas a
otras y esto las hace adecuadas para unos usos u otros.
Para que las lámparas de descarga funcionen correctamente es necesario, en la mayoría de los
casos, la presencia de unos elementos auxiliares: cebadores y balastos. Los cebadores o ignitores
son dispositivos que suministran un breve pico de tensión entre los electrodos del tubo, necesario
para iniciar la descarga y vencer así la resistencia inicial del gas a la corriente eléctrica. Tras el
encendido, continua un periodo transitorio durante el cual el gas se estabiliza y que se caracteriza
por un consumo de potencia superior al nominal.
Los balastos, por contra, son dispositivos que sirven para limitar la corriente que atraviesa la
lámpara y evitar así un exceso de electrones circulando por el gas que aumentaría el valor de la
corriente hasta producir la destrucción de la lámpara.
LAMPARAS DE VAPOR DE MERCURIO:
Es una lámpara de descarga eléctrica en la que la mayor parte de la radiación se produce por la
excitación de átomos de mercurio.
Las lámparas de vapor de mercurio son de gran utilidad en la industria, debido a su gran poder de
iluminación las podemos dividir en dos grupos: de alta y de baja presión.
De baja presión: Tenemos los tubos fluorescentes (que hemos visto en cuya longitud de
onda corresponde al ultravioleta y es de unos 2500 A.
De alta presión: Esta radiación es pequeña y por eso otras radiaciones son las principales.
La temperatura que alcanza es de centenas de grado, lo que obliga al empleo de cuarzo,
en forma semejante a las de vapor, de sodio. El tubo principal va situado dentro de una
ampolla de vidrio con gas inerte para la refrigeración y protección de las entradas de
corriente.
A medida que aumentamos la presión del vapor de mercurio en el interior del tubo de descarga, la
radiación ultravioleta característica de la lámpara a baja presión pierde importancia respecto a las
emisiones en la zona visible (violeta de 404.7 nm, azul 435.8 nm, verde 546.1 nm y amarillo 579
nm). En estas condiciones la luz emitida, de color azul verdoso, no contiene radiaciones rojas.
Para resolver este problema se acostumbra a añadir sustancias fluorescentes que emitan en esta
zona del espectro. De esta manera se mejoran las características cromáticas de la lámpara. La
temperatura de color se mueve entre 3500 y 4500 K con índices de rendimiento en color de 40 a
45 normalmente. La vida útil, teniendo en cuenta la depreciación, se establece en unas 8000
horas. La eficacia oscila entre 40 y 60 lm/W y aumenta con la potencia, aunque para una misma
potencia es posible incrementar la eficacia añadiendo un recubrimiento de polvos fosforescentes
que conviertan la luz ultravioleta en visible.
Los modelo más habituales de estas lámparas tienen una tensión de encendido entre 150 y 180 V
que permite conectarlas a la red de 220 V sin necesidad de elementos auxiliares. Para encenderlas
se recurre a un electrodo auxiliar próximo a uno de los electrodos principales que ioniza el gas
inerte contenido en el tubo y facilita el inicio de la descarga entre los electrodos principales. A
continuación se inicia un periodo transitorio de unos cuatro minutos, caracterizado porque la luz
pasa de un tono violeta a blanco azulado, en el que se produce la vaporización del mercurio y un
incremento progresivo de la presión del vapor y el flujo luminoso hasta alcanzar los valores
normales. Si en estos momentos se apagara la lámpara no sería posible su reencendido hasta que
se enfriara, puesto que la alta presión del mercurio haría necesaria una tensión de ruptura muy
alta.
LÁMPARAS DE VAPOR DE SODIO.
Lámparas de vapor de sodio a baja presión:
La radiación emitida, de color amarillo, está muy próxima al máximo de sensibilidad del ojo
humano (555 nm). Por ello, la eficacia de estas lámparas es muy elevada (entre 160 y 180 lm/W).
Otras ventajas que ofrece es que permite una gran comodidad y agudeza visual, además de una
buena percepción de contrastes. Por contra, su monocromatismo hace que la reproducción de
colores y el rendimiento en color sean muy malos haciendo imposible distinguir los colores de los
objetos.
La vida media de estas lámparas es muy elevada, de unas 15000 horas y la depreciación de flujo
luminoso que sufren a lo largo de su vida es muy baja por lo que su vida útil es de entre 6000 y
8000 horas. Esto junto a su alta eficiencia y las ventajas visuales que ofrece la hacen muy
adecuada para usos de alumbrado público, aunque también se utiliza con finalidades decorativas.
En cuanto al final de su vida útil, este se produce por agotamiento de la sustancia emisora de
electrones como ocurre en otras lámparas de descarga. Aunque también se puede producir por
deterioro del tubo de descarga o de la ampolla exterior.
En estas lámparas el tubo de descarga tiene forma de U para disminuir las pérdidas por calor y
reducir el tamaño de la lámpara. Está elaborado de materiales muy resistentes pues el sodio es
muy corrosivo y se le practican unas pequeñas hendiduras para facilitar la concentración del sodio
y que se vaporice a la temperatura menor posible. El tubo está encerrado en una ampolla en la
que se ha practicado el vacío con objeto de aumentar el aislamiento térmico. De esta manera se
ayuda a mantener la elevada temperatura de funcionamiento necesaria en la pared del tubo (270
°C). El tiempo de arranque de una lámpara de este tipo es de unos diez minutos. Es el tiempo
necesario desde que se inicia la descarga en el tubo en una mezcla de gases inertes (neón y argón)
hasta que se vaporiza todo el sodio y comienza a emitir luz. Físicamente esto se corresponde a
pasar de una luz roja (propia del neón) a la amarilla característica del sodio. Se procede así para
reducir la tensión de encendido.
Lámparas de vapor de sodio a alta presión:
Las lámparas de vapor de sodio a alta presión tienen una distribución espectral que abarca casi
todo el espectro visible proporcionando una luz blanca dorada mucho más agradable que la
proporcionada por las lámparas de baja presión.
Las consecuencias de esto es que tienen un rendimiento en color (Tcolor= 2100 K) y capacidad
para reproducir los colores mucho mejores que la de las lámparas a baja presión (IRC = 25, aunque
hay modelos de 65 y 80 ). No obstante, esto se consigue a base de sacrificar eficacia; aunque su
valor que ronda los 130 lm/W sigue siendo un valor alto comparado con los de otros tipos de
lámparas.
La vida media de este tipo de lámparas ronda las 20000 horas y su vida útil entre 8000 y 12000
horas. Entre las causas que limitan la duración de la lámpara, además de mencionar la
depreciación del flujo tenemos que hablar del fallo por fugas en el tubo de descarga y del
incremento progresivo de la tensión de encendido necesaria hasta niveles que impiden su correcto
funcionamiento. Las condiciones de funcionamiento son muy exigentes debido a las altas
temperaturas (1000 °C), la presión y las agresiones químicas producidas por el sodio que debe
soportar el tubo de descarga. En su interior hay una mezcla de sodio, vapor de mercurio que actúa
como amortiguador de la descarga y xenón que sirve para facilitar el arranque y reducir las
pérdidas térmicas. El tubo está rodeado por una ampolla en la que se ha hecho el vacío. La tensión
de encendido de estas lámparas es muy elevada y su tiempo de arranque es muy breve.
Este tipo de lámparas tienen muchos usos posibles tanto en iluminación de interiores como de
exteriores. Algunos ejemplos son en iluminación de naves industriales, alumbrado público o
iluminación decorativa.
LÁMPARAS CON HALOGENUROS METÁLICOS:
Si añadimos en el tubo de descarga yoduros metálicos (sodio, talio, indio...) se consigue mejorar
considerablemente la capacidad de reproducir el color de la lámpara de vapor de mercurio. Cada
una de estas sustancias aporta nuevas líneas al espectro (por ejemplo amarillo el sodio, verde el
talio y rojo y azul el indio).
Los resultados de estas aportaciones son una temperatura de color de 3000 a 6000 K dependiendo
de los yoduros añadidos y un rendimiento del color de entre 65 y 85. La eficiencia de estas
lámparas ronda entre los 60 y 96 lm/W y su vida media es de unas 10000 horas. Tienen un periodo
de encendido de unos diez minutos, que es el tiempo necesario hasta que se estabiliza la descarga.
Para su funcionamiento es necesario un dispositivo especial de encendido, puesto que las
tensiones de arranque son muy elevadas (1500-5000 V).
Las excelentes prestaciones cromáticas la hacen adecuada entre otras para la iluminación de
instalaciones deportivas, para retransmisiones de TV, estudios de cine, proyectores, etc.
2.3.1 Principio físico.
En las lámparas de descarga, la luz se consigue estableciendo una corriente eléctrica entre dos
electrodos situados en un tubo lleno con un gas o vapor ionizado.
n el interior del tubo, se producen descargas eléctricas como consecuencia de la diferencia de
potencial entre los electrodos. Estas descargas provocan un flujo de electrones que atraviesa el
gas. Cuando uno de ellos choca con los electrones de las capas externas de los átomos les
transmite energía y pueden suceder dos cosas.
La primera posibilidad es que la energía transmitida en el choque sea lo suficientemente elevada
para poder arrancar al electrón de su orbital. Este, puede a su vez, chocar con los electrones de
otros átomos repitiendo el proceso. Si este proceso no se limita, se puede provocar la destrucción
de la lámpara por un exceso de corriente.
La otra posibilidad es que el electrón no reciba suficiente energía para ser arrancado. En este caso,
el electrón pasa a ocupar otro orbital de mayor energía. Este nuevo estado acostumbra a ser
inestable y rápidamente se vuelve a la situación inicial. Al hacerlo, el electrón libera la energía
extra en forma de radiación electromagnética, principalmente ultravioleta (UV) o visible. Un
electrón no puede tener un estado energético cualquiera, sino que sólo puede ocupar unos pocos
estados que vienen determinados por la estructura atómica del átomo. Como la longitud de onda
de la radiación emitida es proporcional a la diferencia de energía entre los estados iniciales y
finales del electrón y los estados posibles no son infinitos, es fácil comprender que el espectro de
estas lámparas sea discontinuo.
La consecuencia de esto es que la luz emitida por la lámpara no es blanca (por ejemplo en las
lámparas de sodio a baja presión es amarillenta). Por lo tanto, la capacidad de reproducir los
colores de estas fuentes de luz es, en general, peor que en el caso de las lámparas incandescentes
que tienen un espectro continuo. Es posible, recubriendo el tubo con sustancias fluorescentes,
mejorar la reproducción de los colores y aumentar la eficacia de las lámparas convirtiendo las
nocivas emisiones ultravioletas en luz visible.
2.3.2 Características.
Características de eficacia:
La eficacia de las lámparas de descarga oscila entre los 19-28 lm/W de las lámparas de luz de
mezcla y los 100-183 lm/W de las de sodio a baja presión.
Tipo de lámpara Eficacia sin balasto (lm/W)
Fluorescentes 38-91
Luz de mezcla 19-28
Mercurio a alta presión 40-63
Halogenuros metálicos 75-95
Sodio a baja presión 100-183
Sodio a alta presión 70-130
Características cromáticas:
Debido a la forma discontinua del espectro de estas lámparas, la luz emitida es una mezcla de unas
pocas radiaciones monocromáticas; en su mayor parte en la zona ultravioleta (UV) o visible del
espectro. Esto hace que la reproducción del color no sea muy buena y su rendimiento en color
tampoco. Para solucionar este problema podemos tratar de completar el espectro con radiaciones
de longitudes de onda distintas a las de la lámpara. La primera opción es combinar en una misma
lámpara dos fuentes de luz con espectros que se complementen como ocurre en las lámparas de
luz de mezcla (incandescencia y descarga). También podemos aumentar la presión del gas. De esta
manera se consigue aumentar la anchura de las líneas del espectro de manera que formen bandas
anchas y más próximas entre sí. Otra solución es añadir sustancias sólidas al gas, que al
vaporizarse emitan radiaciones monocromáticas complementarias. Por último, podemos recubrir
la pared interna del tubo con una sustancia fluorescente que conviertan los rayos ultravioletas en
radiaciones visibles.
Características de duración:
Hay dos aspectos básicos que afectan a la duración de las lámparas. El primero es la depreciación
del flujo. Este se produce por ennegrecimiento de la superficie de la superficie del tubo donde se
va depositando el material emisor de electrones que recubre los electrodos. En aquellas lámparas
que usan sustancias fluorescentes otro factor es la pérdida gradual de la eficacia de estas
sustancias.
El segundo es el deterioro de los componentes de la lámpara que se debe a la degradación de los
electrodos por agotamiento del material emisor que los recubre. Otras causas son un cambio
gradual de la composición del gas de relleno y las fugas de gas en lámparas a alta presión.
Tipo de lámpara Vida promedio (h)
Fluorescente estándar 12500
Luz de mezcla 9000
Mercurio a alta presión 25000
Halogenuros metálicos 11000
Sodio a baja presión 23000
Sodio a alta presión 23000
2.3.3 Funcionamiento.
El principio de funcionamiento de las lámparas de descarga de alta presión difiere
considerablemente del de las lámparas incandescentes estándar. La luz se produce mediante una
descarga de gas, que se origina en un tubo de arco entre dos electrodos, tras el encendido. La
conductividad eléctrica se establece por medio de componentes de llenado ionizados. Los
electrodos se alimentan en un tubo de descarga completamente sellado.
Durante la descarga del gas, los aditivos (halogenuros metálicos) y el mercurio son excitados por el
flujo de la corriente y emiten la energía de excitación en forma de su radiación característica. La
mezcla de los diferentes componentes de radiación produce la temperatura del color y las
propiedades de reproducción cromática deseadas. El mercurio se vaporiza completamente en el
estado de funcionamiento.
2.4 Resumen comparativo entre las diversas lámparas: rendimiento, vida balance
cromático y temperatura de color. (realizar como extraclase este resumen
comparativo)