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Faldas Finanzas Fama

El libro 'Faldas, Finanzas y Fama' de Chris Richards explora las tentaciones que enfrentan los hombres cristianos en áreas críticas como la moralidad, la gestión del dinero y la búsqueda de reconocimiento. A través de ejemplos bíblicos y experiencias personales, el autor enfatiza la importancia de la autodisciplina, la elección de buenas compañías y el cuidado de la vista para evitar caer en la tentación. El mensaje central es que las leyes de Dios son protectoras y que vivir de acuerdo a ellas es esencial para una vida plena y significativa.

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Faldas Finanzas Fama

El libro 'Faldas, Finanzas y Fama' de Chris Richards explora las tentaciones que enfrentan los hombres cristianos en áreas críticas como la moralidad, la gestión del dinero y la búsqueda de reconocimiento. A través de ejemplos bíblicos y experiencias personales, el autor enfatiza la importancia de la autodisciplina, la elección de buenas compañías y el cuidado de la vista para evitar caer en la tentación. El mensaje central es que las leyes de Dios son protectoras y que vivir de acuerdo a ellas es esencial para una vida plena y significativa.

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FALDAS,

FINANZAS
Y FAMA
Chris Richards

Cima'' producciones

1
Publicado por

Editorial Iff

Cd. Juárez, Chihuahua, México

Copyright ©2000 por Chris Richards

Citas Bíblicas cotejadas de la Biblia Nueva Versión Internacional 1999

Todos los> derechos reservados. Ninguna parte de esta publicación puede ser
reproducida sin permiso previo del autor.

Impreso en México ISBN 1-885630-60-3

Dedicatoria
Dedico este libro a mi padre, conocido por todo México sencillamente como "El
Hermano Victor", por el gran ejemplo que ha sido para mis hermanos y para mí. Es una
persona que no solamente predica la fidelidad, sino que la vive, le ha sido fiel a mi
madre, amándola toda su vida. Es un hombre humilde que no busca el reconocimiento
de la gente, cuyo mayor anhelo es servir.

En lo que al dinero se refiere, siempre ha sido un ejemplo: no le debe nada a nadie y


siembra generosamente en el reino de Dios, no sólo con su vida, sino también con su
dinero. Vive una vida sencilla en busca de las riquezas eternas en vez de las terrenales.
¡Gracias por ese gran ejemplo! Mi propósito en la vida es seguir por las mismas pisadas.

También tengo que darle mi más profundo agradecimiento a mi bella amiga y amada
esposa, Haydeé. Sin ella, mi pequeña carrera de escritor no existiría. Gracias por tus
horas y horas de trabajo editando y corrigiendo mis escritos. !Te Amo¡

2
Contenido
Prefacio _____________ Pg. 4

capítulo uno

Faldas______________ Pg. 5
Las leyes absolutas de Dios no son simplemente para restringirnos, sino para
protegernos y salvamos de nosotros mismos.

capítulo Dos

Finanzas____________ Pg. 23
La felicidad no consiste en vivir rodeado de lujos, las cosas no proporcionan un
significado duradero en la vida. La persona que no codicia lo que no tiene es una
persona que goza de serenidad interna.

capítulo tres

Fama _______________ Pg. 34


La vanagloria de la vida agudiza la auto exaltación. Es la tentación de tratar de dirigir
nuestro destino, controlar nuestro propio mundo y ser nuestro pequeño diocesito.

capítulo cuatro

Entonces. ¿Qué se puede hacer? Pg. 41


Pecado no confesado, es pecado no perdonado.

Hay que allegarse a Dios y poner las cartas sobre la mesa. La sangre de Jesucristo
solamente puede cubrir lo que nosotros confesamos.

3
Prefacio
Por Lie. Chris Richards

Durante la guerra de Vietnam, el

Ejército de los Estados Unidos se enfrentó con un enemigo inferior en número y


armamento,

pero sumamente astuto. Los vietnamitas se valieron de muchas artimañas para


atormentar al ejército norteamericano.

Una de ellas era enterrar estacas impregnadas de excremento por las veredas
donde caminaban sus enemigos. Al pisarlas, penetraban a las botas provocando
severas infecciones que sacaban de comisión al individuo. Si no se le trataba
inmediatamente, esta herida podía llevar a la pérdida del miembro e inclusive, a la
muerte.

Después de varios años, los americanos descubrieron que al insertar una plantilla
de teflón dentro de las botas, las estacas no podían traspasar la suela interior, y de
esa manera les salvaron la vida a muchos jóvenes soldados. Como hombres, usted
y yo necesitamos armarnos contra toda acechanza del enemigo para no
arriesgarnos a perder la vida.

Aunque nuestro contrincante ya está derrotado, porque mayor es el que está en


nosotros que el que está en el mundo, vale recordar que es sumamente sagaz, y
tiene muchas estacas preparadas para destruirnos.

Las tres áreas que trata este libro: las faldas, las finanzas y la fama, tienen el
potencial de tumbar a la lona a cualquier hombre cristiano. Representan una
tentación demasiado fuerte a la que nadie está inmune. En lo personal,
no me considero a salvo y francamente, no conozco a nadie que lo esté. No por
nada tantos han caído.

Armémonos pues, de un teflón espiritual que nos proteja de caer víctimas de


esos dardos de fuego del maligno.

4
FALDAS
"Sí alguien ama al mundo, no

tiene el amor del Padre, porque

nada de lo que hay en el mundo:

los malos deseos, la codicia de

los ojos y la arrogancia de la

vida, proviene del Padre sino del

mundo". (I Juan 2:15-16)

u n hombre escribió lo siguiente: "Estoy escribiendo porque hice caso omiso


a mi conciencia y a mis valores morares, participando en actividades
impropias y ahora estoy pagando las consecuencias.

Hace varios años, en un esfuerzo por aminorar el dolor de un matrimonio difícil,


tuve un amorío. Ante mis propios ojos y los de todos mis compañeros, tenía toda
la razón en engañar a mi esposa. En el momento me fui llevando por la ilusión
del romance que un encuentro ilícito produce, pero este acto desencadenó un
ciclo vicioso que se convirtió en un estilo de vida que por poco y me destruye. Mi
matrimonio terminó en el divorrift

Los últimos tres años desde que se fue mi esposa, han sido los más difíciles de
mi vida. He perdido todo lo que más quiero en la vida: mi esposa, mi familia, el
respeto de mis hijos, mis padres y mis amigos. Perdí mi hogar y por poco pierdo
mi negocio. Pasé muchas noches con el alma atormentada, llorando hasta
quedarme dormido. He aprendido que las leyes absolutas no son simplemente
para restringirnos, sino para protegernos y salvarnos de nosotros mismos. ¡Ojalá
hubiera escuchado a mi conciencia! ¡Cómo me arrepiento de no haber vivido de
acuerdo a los valores que mis padres me demostraron desde niño!"

Los deseos de la carne son nuestro apetito y su gratificación. La tentación se


intensifica cuando tenemos hambre, estamos fatigados o nos sentimos
incomprendidos. Esa tentación llega explícitamente para apartarnos de Dios.
Cuando Satanás nos tienta con los deseos de la carne, nos urge a satisfacer

5
esos deseos a costa de ofender a Dios. Comer, por ejemplo, es necesario, pero
comer demasiado, ingerir malos alimentos, o permitir que las viandas dominen
nuestra existencia, es pecado.

ARMA# 1
Hágase la determinación de no pecar contra Dios
Daniel fue llevado prisionero a Babilonia donde el rey le ofreció junto con sus
compañeros las mejores viandas, prostitutas, pornografía y toda la perversión
que había en sus días, pero Daniel propuso en su corazón no contaminarse
(Daniel 1:8). Usted y yo tenemos que tomar ahora mismo la determinación de no
ofender a Dios bajo ninguna circunstancia.

Es interesante que de acuerdo a las encuestas, la mayoría de la gente considera


que el adulterio es malo e indeseable, pero cuando se presenta la situación,
sucumbe con facilidad. Lo mismo sucede con la obesidad. Todos coinciden en
que es mejor mantener un peso saludable, pero carecen de fuerza de voluntad
para abstenerse del exceso. Esa incongruencia se debe a que, muy en el fondo,
condonan la inmoralidad. Si bien no les gustaría por nada del mundo que su
pareja les traicionara, mantienen una puerta de escape en caso necesario para
desahogar sus deseos carnales.

¿Cómo prepararse para un imprevisto?

No espere hasta quedarse a solas con una mujer atractiva y disponible para
decidir qué hacer, porque aunque no quiera, le garantizo que sucumbirá a la
tentación. Decida hoy mismo que no pecará contra Dios.

Ya recordará la firme determinación que tuvieron Daniel y sus tres compañeros.


Sus convicciones eran tales, que estaban dispuestos a morir por ellas y
naturalmente que su determinación se vio probada cuando los arrojaron al horno
de fuego. Lo que siempre me ha impresionado fueron sus palabras: El Dios al
que servimos puede librarnos del homo y de la mano de su majestad, pero
aunque no lo hiciera, sepa usted que no honraremos a su estatua". ¿Está
dispuesto a que su decisión sea sometida a prueba aunque le cueste la vida?
Esa firme postura ejemplificó un testimonio tan importante para el rey
Nabucodonosor, que les dio nombramientos importantes. La firmeza y
determinación bajo prueba, producen autoridad y valor.

ARMA #2

6
No salga a pelear solo... ¡Ni mal acompañado!
Alejandro Magno, que conquistó un vasto territorio para el imperio Macedonio,
se regía bajo la siguiente premisa: "Nunca entres a la batalla sin tu compañero
a un lado". Yo añadiría, "y menos, mal acompañado!"

La vida de David confirma el peligro de la soledad. "En la primavera, que era la


época en que los reyes salían de campaña, mandó a Joab con la guardia real y
todo el ejército de Israel para que aniquilara a los amonitas..., pero él se quedó
en Jerusalén", (II Samuel 11:1). Todos sabemos que el enemigo aprovechó la
ocasión para acercarle la tentación de Betsabé.

Judá, por otro lado, demuestra el peligro de estar mal acompañado: "Después
de mucho tiempo murió la esposa de Judá. Al concluir el tiempo de duelo, fue al
pueblo de Timnatpara esquilar sus ovejas. Lo acompañó su amigo Hirá, el
adulamita". Judá acababa de perder a su esposa y se encontraba sumido en el
dolor, pero en vez de procurar a un compañero judío que amara a Dios, acude a
un adulamita, un hombre perverso. Cuando se topa con una mujer, se llega a
ella con la mayor facilidad a pesar de haberla tomado por prostituta. Esto le trae
graves consecuencias. (Gn. 38:12).

Otro hombre que perdió la vida por las malas influencias fue Amnón. Este joven
príncipe tenía un amigo de muy pocos escrúpulos llamado Jonadab. Amnón
profesaba estar locamente enamorado de su media hermana Tamar y al
confesarlo a su amigo, en vez de darle un buen consejo, éste le proporcionó la
manera de violarla. Después de abusar de ella, la menospreció como si tuviera
la culpa de lo ocurrido. No contaba con que Absalón, hermano de la chica, que
tenía la mecha muy corta, vengaría la vergüenza de su hermana quitándole la
vida Pablo le dijo a Timoteo: "Huye de las malas pasiones de la juventud y
esmérate en seguir la justicia, la fe, el amor y la paz junto con los que invocan al
Señor con un corazón limpio" (II Timoteo 2:22) . Para evitar caídas morales,
necesitamos tener amigos de buenas convicciones.

Por otro lado Daniel, aparte de proponerse en su corazón no contaminarse,


estaba consciente de la importancia de tener buenas compañías. Su amistad
con los tres jóvenes judíos Ananías, Misael y Asarías, mejor conocidos como
Sadrac, Mesac y Abed-nego, le dieron el respaldo que necesitaba para ser fiel a
sus principios, mientras que Sansón, a pesar de su fortaleza física era un Llanero
Solitario y se tropezaba con las faldas en cada esquina, hasta que le propinaron
el golpe fatal.

Un amigo me contó que en una ocasión se sintió sumamente atraído por otra
mujer. Sabiendo que estaba mal, oró, ayunó, ató al diablo e hizo, en vano, todo

7
lo que sabía hacer en el reino espiritual. Finalmente acudió desesperado a otro
misionero y le confesó la lucha que estaba teniendo. Al sincerarse con un
hombre cristiano que lo sostuviera en oración y le pidiera cuentas de su
comportamiento, rompió la atadura.

Amnón y Judá terminaron pecando contra Dios porque en vez de tener un


compañero santo que les ayudara, se rodearon de hombres perversos. Y
permítame preguntarle, ¿quiénes son sus amigos?

Aprópiese del lema de Alejandro el Grande, nunca salga a la batalla sin un


buen compañero al lado.

Arma # 3
Cuide sus ojos
II Samuel 11:2 dice que "una tarde, al levantarse David de la cama, comenzó a
pasearse por la azotea del palacio, y desde allí vio a una mujer que se estaba
bañando. La mujer era sumamente hermosa".

Génesis 38:15 "Cuando Judá la vio con el rostro cubierto, la tomó por prostituta".
En los dos casos, los hombres miraron y fueron atraídos al pecado. El décimo
Mandamiento es "No codiciarás" y la codicia entra por los ojos. Job, dijo: "Yo
había convenido con mis ojos no mirar con lujuria a ninguna mujer. ¿Cómo
entonces había yo de mirar a una virgen? Porque entonces ¿qué me daría el
Dios altísimo y qué me heredaría desde las alturas? ¿No es acaso la ruina para
los malvados y el desastre para los malhechores? ¿Acaso no se fija Dios en mis
caminos y toma en cuenta todos mis pasos?" (Job 21:1-3).

Usted y yo tenemos que tener cuidado con lo que vemos en la calle, en el trabajo
o en la televisión. La pornografía es un instrumento de Satanás diseñado
específicamente para destruirnos. En los Estados Unidos, actualmente se
invierten más de ocho mil millones de dólares en pornografía; se encuentra en
revistas, videos, cablevisión, internet y hasta en las pancartas de anuncios por
la ciudad. ¡ Es un pecado, una maldición perniciosa y adictiva que puede
destruirle a usted y a toda su familia! Yo he conocido hombres casados que no
pueden tener relaciones con sus esposas sin la ayuda de ese vicio. Si usted
tiene artículos de esta naturaleza, necesita arrepentirse delante de Dios y luego
bautizarlos en gasolina, prender un cerillo y dejar que el fuego del cielo
descienda sobre ellos.

Dios espera que tratemos a Sus hijas en santidad. El hecho de que se


entreguen a nosotros, nos crea la inmensa responsabilidad de cuidar que su

8
conciencia y su moralidad jamás se vean violadas. La pornografía no tiene lugar
alguno en el matrimonio ni el lecho conyugal. El sexo debe ser una expresión
de amor, no de lujuria.

Según estudios del psicólogo Douglas Kenrick publicados en la revista Times


(15 agosto 1994), los hombres que acostumbran ver fotos de mujeres
desnudas, dicen sentirse menos enamorados de su esposa que los hombres
que no ven esas imágenes.

Quizá no tenga revistas pornográficas, pero si se sincera, admitirá que disfruta


las películas picaras. Que al pasar por la calle, le atraen las mujeres que llevan
sus' 'modelitos semidesnudos'' y cuando menos piensa, sus ojos parecen un
radar registrando el movimiento cadencioso de las pequeñas falditas y su
contenido.

En lo que a Dios respecta, cualquier incursión sexual fuera del matrimonio es vil.

Un hombre escribió lo siguiente:

"La peor cosa que el hombre puede hacer para destruir su vida, la de su esposa
e hijos, es involucrarse en la pornografía.

Obviamente, la realidad nunca puede competir con la fantasía. El hombre pierde


la capacidad de tener relaciones sexuales satisfactorias debido a la expectación
irrealista que la pornografía genera.

Lo digo por experiencia propia. A pesar de saber que las fantasías no son más
que un producto de mi imaginación, no logro alcanzar la satisfacción en una
relación genuina. Nadie puede competir con las fantasías.

La triste realidad es que ya no puedo disfrutar del sexo a menos que lo esté
viendo o imaginando, me resulta completamente insatisfactorio participar de él".

Considere lo que declaró Job después de hacer un pacto con Dios acerca de
sus ojos: "sipor alguna mujer me he dejado seducir, si a las puertas de mi prójimo
he estado al acecho, ¡que mi esposa muela el grano de otro hombre, y que otros
hombres se acuesten con ella! Eso habría sido una infamia, ¡ un pecado que
tendría que ser juzgado! ¡Habría sido un incendio destructor! ¡Habría arrancado
mi cosecha de raíz!" Usted, hombre casado, la siguiente vez que le dé por voltear
a ver a una mujer que no sea su esposa, considere bien las consecuencias de
sus actos.

Arma # 4

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Guarde sus pensamientos
Jesucristo dijo "Oíste que fue dicho: No cometerás adulterio, pero yo te digo que
cualquiera que mira a una mujer con lascivia, ya adulteró con ella en su corazón".

La relación ilícita no sólo es adulterio, la mera imaginación también lo es. El


hombre que le da rienda suelta a su imaginación con una mujer atractiva y se le
hace agua la boca con la idea de lo que podría ser, debe considerarse adúltero.
Haga de cuenta que ya lo llevó a cabo. "Cuando Judá la vio con el rostro cubierto,
la tomó por prostituta". (Génesis 38:15).

No sólo se quedó contemplándola, sino que hasta le dio vuelo a la imaginación


pensando en todo lo que podía hacer con ella, puesto que creyó que se trataba
de una prostituta.

"David mandó preguntar por aquella mujer y le dijeron; es Betsabé, hija de Eliam,
esposa de (Irías heteo". (II Samuel 11:3).

No sólo se recreó con la mirada en la desnudez de Betsabé, sino que jugó


mentalmente con la idea. Tan lejos lo llevó la imaginación, que ni le importó el
hecho de que fuera la esposa de uno de sus hombres más valiosos. Alguien que
con toda seguridad habría dado su vida por defenderlo a él.

Ningún hombre cae repentinamente en la cama con una mujer sin saber cómo
llegó a ese punto. Ese es un proceso que comienza con la falta de una previa
determinación de no pecar contra Dios. Luego viene la licencia de recrearse la
mirada indebidamente y, por último, darle vuelo a los pensamientos con escenas
imaginarias. El siguiente paso es inevitablemente, el acto delictivo.

Cuando usted camina por la calle, es imposible evitar que un pájaro vuele sobre
su cabeza y le deje caer una de sus "gracias", pero sí puede evitar que ese
mismo pájaro descienda de las alturas y haga un nido en su cabeza.

Lo mismo sucede con los pensamientos. Cuando de pronto se nos atraviesa una
mujer vestida provocativamente, quizá no podamos evitar que el diablo nos
aviente un mal pensamiento, pero sí podemos evitar que ese pensamiento
comience a dar vueltas en nuestra cabeza por largo rato. En el momento en que
se percata de que su mente está divagando, tome cautivo todo pensamiento que
se levante en contra del conocimiento de Cristo y arrójelo de su mente, declare
que usted tiene la mente de Cristo y no la de un trochil.

Arma # 5
Huya de la tentación

10
Pablo nos insta tres veces a huir de la tentación. Algunas tentaciones son para
resistirse, pero en lo que al sexo se refiere, amigo mío, lo mejor es reconocer
que este no es momento de "hacerle al espiritual". I Corintios 6:18 nos dice:
"¡Huyan de la inmoralidad sexual!

Todos los demás pecados que una persona comete quedan fuera de su cuerpo,
pero el que comete inmoralidades sexuales, peca contra su propio cuerpo".

"Tú, en cambio, hombre de Dios, huye de todo eso y esmérate en seguir la


justicia, la piedad, la fe, el amor, la constancia y la humildad". (I Timoteo 6:11).
"Huye de las malas pasiones de la juventud y esmérate en seguir la justicia, la
fe, el amor y la paz, junto con los que invocan al Señor (con un corazón limpio".
(II Timoteo 2:22).

Algunos hombres ya no son tan juveniles, pero parece que esas pasiones los
siguen persiguiendo. Tienen que aprender a huir. Es muy posible que al ver a
Betsabé, en vez de darle la espalda, David sintió que tenía la suficiente madurez
espiritual para que no le afectara. Quizá consideró que podía contemplar el
panorama sin peligro alguno. De la misma manera, el que cree que puede ver
pornografía y desear a las chicas del trabajo sin que le afecte, se engaña.

Posiblemente, David sintió que podía reprender la tentación o echar fuera el


"demonio de Betsabé". Inclusive, tal vez reprendió desde su balcón la tentación,
pero cuando vio que no se iba, pensó dentro de sí: "Este tipo no sale mas que
con imposición de manos", y la mandó llamar. Lo triste es que, cuando impuso
sus manos, en vez de salirse el demonio de ella, se le metió a él. Amigo, ¡no
trate de pasarse de listo! Más vale reconocer que los hombres tenemos debilidad
en esta área y huyamos de la tentación.

A los 17 años de edad, José se encontró como esclavo de un general llamado


Potifar. Yo me imagino que se trataba de un hombre maduro, arrugado y un tanto
golpeado por las batallas de guerra, sin embargo, gozaba de posición social.

Tenía una esposa joven y atractiva que seguramente había traído de algún otro
país en sus múltiples conquistas militares. Posiblemente había sido la Señorita
Mesopotamia dos mil y tantos A.C.

Aparentemente, la muchacha se sentía aburrida. Después de todo, aún no


existía la televisión y a Don Potifar... ¡ya se le había caído el sistema! Entonces
aparece en escena un joven fuerte, guapo y varonil, llamado José. La Doña,
mejor conocida como "La Tigresa", nada tímida, para pronto le extiende la
invitación de hacerle una visita nocturna.

Ahora, considere por un momento. ¿Qué haría usted si estuviera a solas en un


viaje de negocios y de pronto se encontrara con la mujer de sus sueños?

11
Imagínese que se le acerca sugestivamente y le dice: "Hola, guapo. Me siento
muy sólita en mi cuarto, ¿me acompañas?" El perfume de la chica lo envuelve
y el estómago se le hace nudo. Le sudan las manos y las sienes le explotan en
un arranque de testosterona impulsándolo a aventar todo por la borda. Por otro
lado, su inoportuna conciencia le hace pensar en la familia y la honestidad.
Desesperado, examina la situación y se da cuenta de que nadie se enteraría
jamás de su aventura. La atracción es demasiada. ¿Qué tiene de malo?
¡Después de todo, se trata de un encuentro fugaz y nunca la volverá a ver! Es
importante determinar ahora mismo la manera de reaccionar en una situación
de ese tipo. Ese es el factor que determinará lo que suceda cuando usted sea
acribillado por la tentación de las faldas ajenas.

José no titubeó. A pesar de que la chica llegaba diariamente con sus


insinuaciones, él siempre se negaba. Tanto era el acoso, que José debe haberse
preguntado qué parte de la palabra "no", no entendía I a señora. Imagínese el
trabajo que le costó negarse. ¿Se imagina la burla que debe haber sufrido por
parte de los demás esclavos? Todos conocían a esta mujer, seguramente se
había servido de algunos de ellos anteriormente. Sabían que estaba tratando de
seducirlo y con seguridad lo tildaron de "maricón".

Me imagino que debe haber surgido por allí uno que otro con una proposición
indebida confundiendo sus inclinaciones sexuales. Desafortunadamente, hoy en
día se ha propagado demasiado la homosexualidad. Tenemos que reconocer,
hombres, que delante de Dios: tanto el adulterio, como la homosexualidad, ¡son
un grave pecado!

Finalmente, "Doña Poti" decidió ser más agresiva. En una ocasión en que Potifar
andaba de viaje, les dio el día libre a todos los esclavos para asegurarse de que
la casa estuviera desierta. Entonces se dispuso a preparar su trampa. José llegó
sin saber lo que le esperaba y escuchó que desde la recámara lo llamaba una
voz seductora. Inmediatamente reconoció la voz de "la tigresa". Al acudir a ver
lo que deseaba, la encontró acicalada y lista para comérselo vivo. ¿Qué hizo
José? ¡ Se dio la vuelta y salió corriendo! El chico no era tonto y sabía bien que
ese no era el momento de tratar de hacerse fuerte, reprender a la tentación y
echar fuera demonios. ¡ Era tiempo de correr como todo un hombre de Dios!

"La tigresa " dio un salto y lo atrapó de la manga, pero él no se detuvo a forcejear,
sino que en un gesto de, "más vale que digan: aquí corrió...", se quitó el saco y
siguió corriendo.

Ya sabemos que vivir en integridad le costó severamente. Fue a dar a la cárcel


por siete largos años. Dios está buscando verdaderos hombres que estén
dispuestos a pagar el precio de la santidad. ¿Está usted dispuesto? Si su
secretaria lo acosa sexualmente, ¿la despediría a pesar de la indemnización? Si
es empleado de una compañía, ¿consideraría pedir el cambio o inclusive

12
renunciar si fuera necesario? ¿Está dispuesto a sacrificar su trabajo antes de
pecar contra Dios? Hebreos nos insta a resistir el pecado hasta la muerte.
(Hebreos 12:4). Amigo, Dios necesita hombres de convicciones firmes, de modo
que la siguiente vez que se le presente la tentación, ¡huya!

ARMA #6
¡No se desvié!
Cuando vivimos en rectitud, el pecado no nos cae encima inesperadamente, lo
que sucede es que cada individuo escoge dejarse llevar. Génesis 38:16 describe
a Judáde la siguiente manera: "No sabiendo (¡ue era su nuera, se acercó a la
orilla del camino v le dijo, deja que me acueste contigo".

David ordenó que le trajeran a la hermosa mujer que había visto en la azotea "y
cuando Betsabé llegó, se acostó con ella." (II Samuel 11:4)

Estos hombres fueron tras el pecado, iban por el camino recto, pero se
apartaron. Proverbios 9:13-15 nos dice algo muy interesante: "La mujer liviana
es escandalosa, frivola y desvergonzada, es simple e ignorante. Se sienta en la
puerta de su casa y en los lugares importantes de la ciudad para llamar a los
que pasan por el camino, que viven rectamente". ¡Hombre, no se desvíe!

ARMA #7
No dé lugar al diablo
En una ocasión en que predicaba en una ciudad costera, mis anfitriones me
proporcionaron una tela mosquitera que colgaba por sobre mi cama. Al verla me
pareció muy extraño, pero ellos me explicaron que en esa región abundaban los
mosquitos, y que para poder dormir en paz, debía permanecer debajo de la red.
Viviendo en el desierto, nunca había experimentado tal cosa, pero cuando se
apagaron las luces, comprendí la preocupación de mis amables anfitriones y me
sentí sumamente agradecido.

De haber estado desprotegido, ¡los zancudos se habrían dado un festín y yo


habría pasado una noche bastante tormentosa!

Hay que reconocer que nuestro adversario es muy astuto y que busca cualquier
oportunidad para hacernos tropezar. ¡No le dé la menor oportunidad! Nunca se
quede a solas con una mujer que no sea su esposa, madre o hermana. Al
hacerlo, abre la caja de pandora y le garantizo que los demonios le saltarán
encima. ¿Por qué arriesgarse? ¡Evítese el peligro! Aunque vaya en su coche en

13
una noche lluviosa y vea a una compañera de trabajo o hermanita de la
congregación que se está mojando en la parada del autobús, no se quiera pasar
de galante prestándole auxilio. Es mejor que la hermanita se moje un poco, a
que usted se exponga a la tentación o sea objeto de algún malentendido.

Tal vez dirá: "Por Dios, hombre. ¡Yo no siento ninguna atracción hacia esa
mujer!" Pero, ¿quién le garantiza que ella no la siente por usted y que al estar
solos en su coche, no se eche sobre sus huesos?

Cuando era niño mis padres vivían en la Sierra de Chihuahua donde abrieron
una obra misionera. Un día en que mi padre se preparaba para salir, sacó el auto
y se bajó para cerrar el portón de la casa, cuando quiso volver a abordar el
automóvil encontró que una mujer se había trepado a la cabina. Estaba histérica
diciendo que alguien la había golpeado y le rogó que la llevara a su casa. Mi
padre, siendo un hombre sabio, apagó el motor y fue por mi madre para que ella
la condujera a su destino.

Más tarde descubrimos que se trataba de una prostituta contratada por el


comisario del pueblo, quien lo esperaba a la vuelta de la esquina para arrestarlo
por faltas a la moral y desacreditarlo ante la gente. El diablo no desaprovecha
oportunidad para acabar con usted. ¡No le dé la menor oportunidad! Recuerde:
"No haga cosas malas que parezcan buenas, ni buenas que parezcan malas".

Jamás aconseje a una mujer a solas. Si la persona lo requiere, asegúrese de


que su esposa o alguna otra persona esté presente para brindarle el consuelo
que necesita.

Las zorras pequeñas


Tenga mucho cuidado con los juegos y coqueteos que se generan en el trabajo
o entre amigos. Conforme se va entrando en confianza, aquello que empieza
inocentemente va derribando las inhibiciones y las amistades pueden llegar a
ser demasiado íntimas. No permita que ninguna amiga o compañera de trabajo
coquetee con usted y mucho menos, usted con ella.

A nuestro ego masculino le encanta que una mujer atractiva le preste atención,
nos hace sentir más hombres. ¡No lo permita! Es como estacionar su coche
abierto con la llave puesta.

De la misma manera, es sumamente importante que si usted está teniendo


problemas en su matrimonio, jamás lo platique con otra mujer. ¿Necesita un
consejo? ¿Quiere desahogarse con alguien? Busque un amigo cristiano con
quién hablar. No es necesario que ninguna mujer se entere de su situación. La
naturaleza materna de ella la impulsa a ser cariñosa, consoladora y expresiva.
Justamente de lo que usted está careciendo en el hogar. Lejos de ayudarle, lo

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perjudicará. Podemos malinterpretar esta naturaleza de la mujer por alguna
atracción o cariño que nos conduce más allá de lo que debemos.

Tenga cuidado de no ser demasiado afectuoso con otras mujeres. Los amigos
tenemos la tendencia de ser muy expresivos con nuestro afecto, así es la
naturaleza latina, pero lo que empieza como un abrazo filial puede adquirir otro
significado. ¡Cuidado! Usted no tiene idea de lo devastador que esto puede ser.
No hay cosa más triste que un hombre deshecho por la traición de su esposa
con su mejor amigo.

EL PRECIO
"¿Qué prenda quieres que te deje?" Le dijo

.luda a la mujer que estaba a la orilla del camino.

Dame tu sello, tu cordón y el bastón que llevas

cu la mano—Judá se los dio, se acostó con ella y

la dejó embarazada". (Génesis 38:18).

Con esas tres prendas perdió algo muy importante que todo hombre derrocha
con las relaciones ilícitas.

1) Su sello. Todos los hombres llevaban un grabado especialmente diseñado


para ellos con el que sellaban todos sus documentos, tratos y permutas. Era
como su firma, su identificación, su palabra y su personalidad.

El hombre que se entrega a otra mujer pierde su identidad. Derrocha en un


instante su integridad masculina por el deleite de un momento fugaz. Ya no se
debe a una sola mujer. El vínculo de intimidad que había forjado con ella ante
Dios y la sociedad, ha sido quebrantado, ahora tiene algo vergonzoso qué
esconder.

2) El cordón. Su cinto, su seguridad. Al evitar que se caiga el pantalón, recubre


la desnudez, resguarda la honra. Sin él tuvo que caminar inseguro, cuidándose
de quedar descubierto. El hombre que se entrega a otra, vive con el temor de
ser sorprendido.

3) El bastón. Símbolo de autoridad. El que se entrega a otra mujer pierde


autoridad: 1) En su hogar, porque la mujer ya no lo respeta ni confía en él. 2)
Ante sus hijos cae del pedestal de héroe y defensor de su hogar. 3) Sus
conocidos lo menosprecian por destruir a su familia por falta de control.

15
Cuando David pecó con Betsabé, también pagó un precio muy alto:

Le costó la paz. En cuanto le informaron que estaba embarazada, comenzó a


maquinar la manera de tapar su pecado. Perdió integridad. Al mandar matar a
uno de sus hombres más leales, se convirtió en un traidor. Perdió un gran amigo.
Era un hombre que habría dado su vida por él.

Tanto David como Judá deben haber pensado que nadie se enteraría de su
pecado, que eran demasiado listos para ser descubiertos, pero Proverbios 15:3
dice que "los ojos de Dios están en todo lugar, vigilando a buenos y malos".
Aunque creamos que nadie se da cuenta de lo que hacemos y que no hay poder
humano que pueda descubrirnos, recuerde que Dios todo lo ve.

Usted me puede decir: "Todo eso es cierto, pero Dios perdonó a David", y tiene
razón. Sin embargo pagó muy caro su error. El profeta le reclamó su I pecado de
la siguiente manera: "'¿Por qué, entonces, despreciaste la palabra de Dios haciendo
lo que me desagrada? ¡Asesinaste a U rías el hitita para apoderarte de su esposa!
Por eso, la espada jamás sr apartará de tu familia, pues me despreciaste al lomar
a la esposa de U rías como si fuera tu mujer. De modo que yo haré que el desastre
que mereces surja de tu propia familia, y ante tus propios ojos lomaré tus mujeres
y se las daré a otro, el cual se acostará con ellas en pleno día. Lo que tú hiciste a
escondidas, yo lo haré a plena luz, a la vista de lodo Israel". (II Samuel 12:9-12).

Esa dura sentencia se cumplió al pie de la letra cuando su propio hijo violó a su
hermana Tamar y luego Absalón lo mató violentamente. Más tarde, el mismo
Absalón armó una revuelta contra su padre y lo desterró, subió al techo del
palacio (posiblemente en el mismo lugar donde David se había parado aquella
noche para observar a Betsabé), y violó a las concubinas de su padre a plena
luz de día. En el refuego de la batalla por contrarrestar el golpe de estado, el
joven príncipe muere de una manera espantosa.

Su hijo Salomón era muy sabio, pero también luchaba con la misma debilidad.
La multitud de mujeres con que se mezcló lo apartaron de Dios.

Hombres, necesitamos reconocer que nuestras acciones no solamente nos


afectan a nosotros, sino que repercuten sobre todas las generaciones venideras.

Éxodo 20:5 dice: "Yo soy un Dios fuerte y celoso. Cuando los padres son
malvados, yo castigo a sus hijos hasta la tercera y cuarta generación. Por el
contrario, cuando me aman y cumplen mis mandamientos, les muestro mi amor
por mil generaciones".

Un hombre cuenta que su hijo tuvo un sueño en el que se acostaba junto a su


papá. A un costado de la cama había una ventana grande donde se alcanzaban
a ver todas las bendiciones que Dios estaba enviando del cielo. El Señor le

16
reveló el significado: Su hijo estaba espiritualmente ligado a él, y conforme se
acercara a Dios, su hijo adquiriría proporcionalmente la misma pasión divina.

Pasó el tiempo y tuvo un sueño en el que veía que su hijo se acostaba


nuevamente con él, pero en esta ocasión, en vez de la ventana veía una víbora
en la cama. Su hijo despertaba y se iba corriendo aterrado. Así reconoció que
de la misma manera en que podía bendecir a su hijo, tenía toda la capacidad de
maldecirlo si le daba lugar a la lujuria, la avaricia, el orgullo o cualquier otra
perversión.

La responsabilidad del hombre y padre de familia no se concreta a su propia


vida. Es demasiado

simplista de su parte pensar que las repercusiones de lo que hacemos se quedan


entre nosotros y Dios. IV >r el contrario, los padres somos el filtro de nuestra I;
mi i lia. Las estadísticas demuestran que la gran mayoría de personas adictas a
la pornografía comenzaron con las revistas que encontraron en su propia casa.
Cualquiera diría que Dios es demasiado severo si le carga a los hijos las culpas
de los abuelos, pero si lo examinamos, nos daremos cuenta de que nuestros
hijos crecen con las mismas inclinaciones, hábitos y maneras de pensar. De ahí
que sigan cometiendo esos errores que tanto ofenden a Dios. Se requiere una
persona de carácter moral para arrepentirse verdaderamente y cambiar el curso
de la historia de su descendencia.

La Escritura nos habla fuertemente de las consecuencias del pecado sexual.


Proverbios 6:32 y 33 dice: "Pero al que comete adulterio le faltan sesos; se
destruye a sí mismo. No sacará más que golpes y vergüenza, no podrá borrar
su oprobio".

Note que no dice que su pecado no será perdonado, Dios es bueno y


perdonador, pero la afrenta y la vergüenza nunca serán borradas.

Este versículo siempre me hace pensar, en la vida de Jimmy Swaggart, su


ministerio era tan efectivo, que se extendía por todo el mundo, hasta que cedió
a la tentación sexual y todo se vino abajo. Aunque Dios ya lo perdonó, nunca
volvió a ser el mismo.

El adulterio viene del término adulterar, que significa contaminar o hacer impuro.
Cuando violamos la promesa del matrimonio, adulteramos nuestro espíritu: "No
tendrás trato sexual con la mujer de tu prójimo, para que no te hagas impuro por
causa de ella". (Levítico 18:20).

Pero más que nada, el adulterio pone en peligro la estabilidad de la familia,


deteriora la confianza entre marido y mujer, y amenaza la integridad de la unidad
familiar. Al sucumbir a la urgencia momentánea de la carne, el futuro de la familia

17
queda en peligro. Una persona escribió:

"Después de trece años de matrimonio, las salidas casuales a comer de mi esposo


con una mujer del trabajo terminaron en un cuarto de hotel. Solamente por la gracia
de Dios recapacitó en el último momento. Cuando le encontré una tarjeta y lo
cuestioné al respecto, admitió que había estado saliendo con ella durante dos
meses, pero terminó la relación inmediatamente y los dos entramos a consejería
matrimonial.

Hace dos años de eso y quiero advertirles a todos los que salen a "una simple
comida inocente" que NO HA PASADO UN SOLO DÍA sin que yo pague el precio
del egoísmo de mi esposo. Nuestro matrimonio JAMÁS volverá a ser el mismo. Me
duele pensar que no puedo confiar en el hombre con el que hice un pacto
matrimonial, sin embargo me propuse salir adelante por el bien de los niños. Espero
poder volver a confiar en él algún día. Todo por una comida inocente".

Proverbios 6:32 advierte claramente que el adulterio "...destruye el alma". De


acuerdo con la Dra. Lana Staneli del libro' "El triángulo matrimonial'':

"El ochenta por ciento de las personas que deshacen su matrimonio para casarse
con otra, se arrepienten posteriormente... De las personas que se divorcian,
únicamente el diez por ciento se casan con el amante y aproximadamente el
setenta por ciento se vuelven a divorciar. De los veinte a treinta por ciento restantes
que permanecen casados la segunda vez, sólo la mitad vive feliz.

Tener un amante no es más que una invitación al sufrimiento". (NET News Now,
Washington, D.C. 2 de Enero de 1997).

Dios especifica claramente en la Palabra que el sexo fuera del matrimonio es un


pecado. I Corintios 6 del 13 al 20 nos dice lo siguiente: "Los alimentos se hicieron
para el estómago y el estómago para los alimentos y Dios los destruirá a ambos,
pero el cuerpo no es para la inmoralidad sexual, sino para el Señor, y el Señor para
el cuerpo... ¿No saben que sus cuerpos son miembros de Cristo mismo? ¿Tomaré
acaso los miembros de Cristo para unirlos a los de una prostituta? ¡Jamás! ¿No
saben que el que se une a una prostituta se hace un solo cuerpo con ella? Pues la
Escritura dice: Los dos llegarán a ser un solo cuerpo. Pero el que se une al Señor
se hace uno con él. Huyan de la inmoralidad sexual. Todos los demás pecados que
una persona comete, quedan fuera de su cuerpo, pero el que comete inmoralidades,
peca contra su propio cuerpo. ¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu
Santo, quien está en ustedes y al que han recibido de Dios? Ustedes no son sus
propios dueños, fueron comprados por un precio. Por tanto, honren con su cuerpo
a Dios".

Otra forma de adulterio es la obsesión a la pornografía, ya sea en video o en


material impreso. Hay personas, hombres por lo general, que pasan horas y
horas masturbándose con esas imágenes. Este tipo de sexualidad es

18
absolutamente carente de santidad y sentimientos genuinos, son ajenos a
cualquier otra persona y a Dios.

"Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta las misericordias de Dios, les ruego
que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio
vivo, santo y agradable a Dios". (Romanos 12:1-2).

Al entregar nuestra vida a Jesucristo, no solamente le damos el corazón y la


mente, sino también el cuerpo cualquier cosa que usted haga con ese cuerpo
puede glorificar a Dios o deshonrarle. Es por eso que para Dios, el adulterio
(relaciones sexuales con otra mujer) la fornicación (relaciones sexuales entre
dos personas no casadas), la homosexualidad (relaciones entre dos personas
del mismo sexo), la bestialidad (relaciones entre un hombre y un animal), el
incesto (relaciones entre un hombre y un miembro familia), la masturbación
(autosatisfacción) pornografía (de cualquier tipo), la violación todos son
pecados.

La Biblia hace una clara distinción entre el sexo puro e impuro. El sexo puro es
aquél que se da entre un hombre y una mujer en la consumación d su relación
matrimonial. El sexo impuro se compone de todo lo demás. La Biblia presenta
las relaciones sexuales de un hombre y una mujer, casados entre si, como la
situación ideal.. Por otro lado están las relaciones sexuales consideradas como
indeseables ya citadas anteriormente, que están prohibidas por la ley y que
llevan consigo un castigo.

El sexo extramarital
"Que no haya mujer promiscua entre las hojas de Israel y tampoco habrá un hombre
promiscuo entre los hijos de Israel". (Deuteronomio 23:18)

Anteriormente, la palabra matrimonio gozaba de un respeto muy especial. Era


algo sagrado. El título de "señora" se usaba como muestra de respeto, bastaba
anunciar el estado civil para ahuyentar cualquier intención romántica por parte
de un extraño. En la sociedad moderna, este concepto se ha perdido, pero para
Dios sigue siendo igual.

En algunas tradiciones judías, cualquier relación sexual fuera del matrimonio


está catalogada como "prostitución". En el sentido técnico, la Biblia considera la
prostitución como "un acto sexual de naturaleza indiscriminativa que no produce
una relación comprometida y duradera".

El sexo solamente debe ocurrir como un acto sagrado en el que dos personas
se conocen íntimamente. Implica un mutuo consentimiento, parte de una relación

19
única y personal. Cuando la pareja no comparte esa premisa, se crea un
distanciamiento espiritual entre los individuos y Dios. Las aventuras casuales y
las parejas que profesan tener una relación puramente física, reniegan de la
santidad de las relaciones sexuales y abaratan su relación.

Cuando dos seres humanos hechos a la imagen de Dios comparten intimidad


sexual, deben estar conscientes de lo que esto significa y no solamente utilizarlo
como un medio de satisfacción animal. Los anímales no tienen relaciones
sexuales. Ellos se ayuntan en un mero acto instintivo de procreación. El ser
humano, por otro lado, puede sentir vergüenza por satisfacción derivadas de la
intimidad, dependiendo del contexto y la persona con la que se lleve a cabo.

Lo sacro de las relaciones sexuales y la comunión con Dios, son la misma cosa:
Un requisito para ahondar en una relación íntima, plena de significado.

En el idioma hebreo, la palabra que se utiliza para "desposarse", es kiddushin y


está directamente relacionada con la palabra kadosh, comúnmente traducida
como "santidad". También se define como: "apartarse para un propósito santo".
El matrimonio no es un simple contrato entre dos personas, sino un pacto
sagrado parecido a la relación entre Dios y el ser humano. El matrimonio es el
segundo paso después del desposamiento y se le llama nisuin, que significa
"elevante", es decir: elevarse unidos hacia una esfera más alta y sagrada.

Otro aspecto importante de mencionar es el de los hombres que abusan


sexualmente de su esposa. "¿Violara la esposa? ¡Imposible!"

Dirá usted, pero lo cierto es que un papel no le otorga el derecho de hacer con
ella cualquier cosa que le plazca. En I de Tesalonicenses 4:3-7 dice: "La voluntad
de Dios es que sean santificados, que se aparten de la inmoralidad.

Que cada uno aprenda a controlar su propio cuerpo de una manera santa y
honrosa, sin dejarse llevar por los malos deseos como lo hacen los paganos que
no conocen a Dios. Que nadie perjudique a su hermano ni se aproveche de él en
este asunto. El Señor castiga todo esto como y a les hemos dicho y advertido. Dios
no nos llamó a la impureza, sino a la santidad".

Muchas personas se engañan a sí mismas con raciocinios respecto al adulterio,


como si los pretextos validaran la inmoralidad:

• Quiero demasiado a mi esposa y mis hijos como para lastimarlos con el


divorcio. Es mejor que me concrete a una aventura en vez de hacerles daño.

• Mi esposa no me satisface sexualmente, de modo que me he visto forzado a

20
buscar un escape para no disolver mi matrimonio.

• Si ella me es infiel, ¿qué tiene de malo que yo también tenga un romance


clandestino?

• Yo no andaba en busca de una amante, ¡simplemente se dio!

• ¡Es que ella sí es mi pareja ideal!

• Me casé creyendo estar enamorado, hasta que conocí a esta otra mujer.

• ¡Es que he tenido demasiadas presiones!

• Ella es la única que me comprende.

Un hombre compartió lo siguiente:

Después de siete años de matrimonio tuvimos nuestra primera hija. Fue durante
este tiempo que mi esposa dejó de ser mi esposa y se convirtió en la madre de
nuestra hija. Para mí fue difícil ajustarme a este cambio porque por siete años ella
había sido totalmente mía; y no supe manejar bien ese cambio... Tuve un amorío.
Mi esposa me ha perdonado, pero hasta la fecha, dieciocho años más tarde, puedo
ver el dolor en su rostro cada vez que tengo que salir de la ciudad sin ella. Lo más
difícil es el conflicto interno, nunca olvidaré la manera en que lastimé a mi esposa y
me fallé a mí mismo... y todo por el sexo.

Aquellos hombres que tienen hijos recién nacidos, créanme, sería mucho mejor
apoyar a su esposa y darle el respeto que se merece por tomar la tarea más
menospreciada del mundo.

Nadie le enseña al hombre joven que la novia y la esposa se convierte en madre, y


que la madre puede llegar a ser la compañera más maravillosa de toda la vida
cuando se le brinda apoyo, amor y respeto por el arduo trabajo que desempeña.

Un periódico publicó la siguiente definición: "El adulterio es el tipo de relación


que se tiene con otra persona, algo que no nos gustaría que nuestro
cónyuge entablara con alguien más”.

...Pero, ¿por qué tanta prohibición?


Las leyes de Dios son para resguardar al ser humano de muchos quebrantos.
Tanto las sanitarias como las morales tienen un propósito práctico y razonable.
La promiscuidad conlleva los mismos riesgos que comer taquitos en la calle, ¡es
simple y sencillamente insalubre!

Un especialista en enfermedades infecciosas, comentó lo siguiente:

21
"21 millones de personas han muerto hasta ahora por el SIDA. Está proyectado
que para en el año 2000, morirán 60 millones. Las personas que tienen
relaciones sexuales con cualquiera, se están jugando la vida, ya que un
encuentro basta para adquirir el contagio. Si usted llega a tener relaciones con
una mujer que, a su vez, las tuvo con un hombre bisexual, es como si se hubiera
acostado con el otro tipo. Por otro lado, si tiene relaciones con una mujer que se
acostó con un drogadicto, es como si usted mismo se acostara con la jeringa del
adicto".

En lo que a microorganismos se refiere, cuando usted tiene relaciones íntimas


con una persona, es como si se metiera en la cama con los compañeros
sexuales que ella ha tenido en toda su vida. Usted puede tener relaciones con
una sola mujer y compartir los virus y bacterias de más de 100 personas.

El peor mito que tenemos en la actualidad es que el SIDA es una enfermedad


única de los homosexuales, cuando la verdad es que la infección ya se ha
diseminado al mundo entero atacando hombres, mujeres y niños por igual. Es
una enfermedad venérea sumamente contagiosa que se transmite con cualquier
contacto sexual, con el uso de jeringas ajenas y transfuciones de sangre
infectada. Inclusive, en la actualidad se propaga más por medio de relaciones
heterosexuales, que homosexuales. Algo alarmante es que la persona puede
contraer el SIDA en un solo encuentro y no percatarse de ello sino hasta diez
años después. Hay familias enteras que se ven aniquiladas por esta fiínesta
enfermedad: un joven tiene relaciones con una chica y queda contagiado, más
tarde se casa con otra y la infecta sin saber, ella se embaraza y le transmite el
virus a cada uno de sus hijos. ¡Qué precio tan alto por un momento de placer
desenfrenado!

2
Finanzas
"Porque el amor al dinero es la raíz de toda clase de males. Por
codiciarlo, algunos se han
desviado de la fe y se han causado
muchísimos sinsabores".
(I Timoteo 6:10)

A unque Hipólito Álvarez había hecho una profesión de fe y se había


identificado muy bien con la comunidad cristiana de Pelechuco, Bolivia,
también quería continuar con su vida de comerciante próspero viajando de
pueblo en pueblo vendiendo varios productos.

"Mi casa quedaba junto a la iglesia, pero los domingos eran el mejor día para los

22
negocios, así que en vez de ir a las reuniones, me escabullía por la puerta trasera
para ir a trabajar".

Para ganar más dinero rentaba seis muías. Tenía calculado que con la ganancia
de una de ellas, le alcanzaba para pagar el alquiler de las demás. Estaba
convencido de que muy pronto se convertiría en un hombre rico. "La perspectiva
de ganar mucho dinero me llenaba de felicidad".

El mercado del pueblo donde podía vender su mercancía al mejor precio estaba
al otro lado de una colina muy pronunciada por donde corría un río turbulento.
La única manera de cruzar era por un precario puente colgante. Aquello era
peligroso, pero consideró que si pasaba las muías una por una, el viejo puente
soportaría el peso sin problema. El resto de los animales se quedó al otro lado
con su joven ayudante.

"Cuando iba a la mitad, el sonido de cascos galopantes me desgarró el corazón.


Una de las muías se había escapado y venía galopando rumbo a mí. Desesperado,
me di prisa para llegar hasta el otro lado antes de que fuera demasiado tarde, pues
sabía que el puente se iba a reventar, pero fue en vano. Justo antes de llegar, se
reventaron los cables, precipitándome hacia el río con todo y animales".

A pesar de que no sabía nadar, Hipólito se salvó milagrosamente. "El dinero me


engañó. Por la ambición del dinero, por poco pierdo la vida".

"Es cierto que con la verdadera religión se obtienen grandes ganancias, pero sólo
si uno está satisfecho con lo que tiene. Porque nada trajimos a este mundo, y nada
podemos llevarnos. Así que si tenemos ropa y comida, contentémonos con eso. Los
que quieren enriquecerse caen en la tentación v se vuelven esclavos de sus muchos
deseos. Estos ufanes insensatos y dañinos hunden a la gente en la ruina y en la
destrucción.

Porque el amor al dinero es la raíl de toda clase de males. Por codiciarlo, algunos
se han desviado de la fe y se han causado muchísimos sinsabores". (I Timoteo 6:6-
10).

Hace 2,800 años hubo un rey llamado Acab que vivía en un hermoso palacio.
Un día se le antojó comprar la propiedad que colindaba con la suya y le hizo un
ofrecimiento bastante razonable a su vecino, pero éste se negó porque el terreno
había pertenecido a su familia por muchos años. Acab se deprimió tanto, que su
esposa le prometió arreglar el asunto. La Reina Jezabel levantó acusaciones de
traición y blasfemia contra el pobre incauto y éste fue a dar a juicio. Mediante
falsos testigos, la malvada reina logró que lo sentenciaran a muerte. (I Reyes
21). Complacido, el rey tuvo toda la libertad de confiscar la parcela.

Un acaudalado hombre de negocios tiene como lema la frase de Andrew


Carnegie: "¿Cuánto dinero es suficiente? ¡Un poquito más!" El poder adquisitivo

23
puede llegar a convertirse en un monstruo devorador. El sabio Salomón dijo que
el que ama el dinero nunca tiene suficiente, y añadió: "Esto es lo que he
comprobado en la vida, que la felicidad estriba en comer, beber y disfrutar de
todo lo que se ha logrado en la vida que Dios nos concede: porque ese es el
destino del ser humano. Además, a quien Dios le concede abundancia y
riquezas, también le concede comer de ellas y disfrutar de sus afanes, pues esto
es don de Dios". (Eclesiastés 5:17-19).

Todo lo que tenemos es una bendición de Dios. Debemos disfrutar, vivir


contentos y hallarle sentido a nuestra vida más allá de los bienes que poseemos.
Sin embargo, el consumismo de nuestra sociedad nos bombardea un promedio
de 3,000 veces diarias con la idea de que la felicidad estriba en la infinidad de
cacharas comestibles, electrónicas, motorizadas y demás que hay en el
mercado, y que todos nuestros problemas se resolverían con el consumo del
artículo adecuado en un determinado momento.

Una encuesta realizada entre estudiantes universitarios en 1967 reveló que el


44 por ciento considera esencial "adquirir una solvencia económica bastante
desahogada", sin embargo, para 1990, el porcentaje ascendió al 74 por ciento.
En contraste, en esa misma encuesta de 1967, el 83' por ciento consideraba
esencial desarrollar una filosofía personal, mientras que en 1990, la cifra
descendió al 43 por ciento.

La realidad es que una persona no es más feliz mando vive rodeada de lujos, ya
que las cosas no proporcionan un significado duradero en la vida, sin embargo,
una persona que no codicia lo que no tiene es una persona que goza de
contentamiento y serenidad interna. Es una persona feliz con las circunstancias.

Desde luego que disfrutaría mucho otro juego de herramientas o una casa
nueva, pero osas no son ambiciones que le consumen y le distraen de los
simples placeres del diario vivir.

Juan nos advierte no amar al mundo ni las cosas que están en el mundo. "No
amen al mundo ni nada de lo que hay en él. Si alguno ama al mundo no tiene el
amor del Padre. Porque nada de lo que hay en el mundo: los malos deseos del
cuerpo, la codicia de los ojos y la arrogancia de la vida, provienen del Padre,
sino del mundo. El mundo se acaba con sus malos deseos, pero el que hace la
voluntad de Dios permanece para siempre". (I Juan 2:15).

No solamente debemos cuidarnos del amor al dinero, sino también del


materialismo. Hay muchos que viven para el coche, la ropa, la casa y los
pasatiempos. Dios dice que fijemos nuestro amor en algo eterno, porque todas
estas cosas pasarán tarde o temprano, y es que en la actualidad, la codicia se
ha convertido en un pasatiempo nacional, una forma de vida.

24
Una mujer hizo la siguiente observación: "De todos los mandamientos, el más
difícil es el de no codiciar las cosas del vecino. Es difícil vivir satisfecho con lo
que uno tiene cuando hay tanta tentación de comprar más, tener más y vivir
mejor. Estoy aprendiendo a "contentarme en todo", incluso cuando mis amigos
y familiares se van de vacaciones a todos esos lugares fabulosos y yo me quedo
en casa. He llegado a la conclusión de que cada quien escoge vivir de acuerdo
a lo que considera más importante en la vida. Esto me ayuda a no malgastar el
tiempo deseando lo que no puedo sufragar".

"¿Cuántos de ustedes son más felices que antes?" Le preguntaron en una


entrevista a los ganadores de la lotería que se habían convertido en millonarios
instantáneos. Nadie respondió. Finalmente, alguien dijo: " ¿Cuántos trajes
nuevos te puedes comprar? ¿Cuántos automóviles puedes conducir? Cada vez
te compras algo mejor, pero nunca quedas satisfecho, porque al día siguiente
ves otra cosa mejor... ¿Sabes qué? La persona que aprende a vivir contenta con
la vida, esa es la que verdaderamente alcanza la riqueza".

Hay un problema muy serio cuando la gente se enfoca más en lo que le falta,
que en lo que tiene. El contentamiento no es sinónimo de flojera porque no
implica falta de esfuerzo o ambición. Al contrario, contentamiento significa saber
apreciar cada etapa do la vida con gratitud, en vez de vivir sacando inventario
de lo que todavía nos falta. Ese constante deseo de tener las cosas consume a
la persona con una sensación de coraje, frustración, insatisfacción e infelicidad
y seguramente, una serie de engaños y i ratos sucios, porque los pensamientos
se convierten en acciones.

La persona que puede alegrarse por el éxito de los demás debe respirar tranquila
de que goza de una conciencia libre de avaricia, pero si en vez de admiración y
respeto, se siente plagada de resentimiento por lo que merece y no puede
disfrutar, tenga por seguro que abriga un fuerte espíritu de codicia y egoísmo.

La historia verídica de Osear Schindler se hizo famosa con la producción de la


película "La Lista de Schindler".

Se trata de un empresario alemán que se abocó a rescatar a los judíos de la


exterminación nazi. Inicialmente aprovechó la mala fortuna de la gente para
enriquecerse, pero con el tiempo se conmovió de tal manera, que tomó su
empresa en un frente de rescate. Por medio de un acuerdo con el gobierno que
le permitía comprar judíos como esclavos para trabajar en su fábrica, los salvaba
de ir a los campos de concentración y las cámaras de gases. Schindler terminó
vaciando todos sus recursos en su labor de rescate.

Cuando los ejércitos de la coalición internacional derrocaron a Hitler, Schindler

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quedó catalogado ante el mundo entero como un criminal y se vio forzado a huir
de Alemania. Sin embargo, al ver los miles de judíos que había salvado, el
hombre se echó a llorar y se arrojó al suelo en posición fetal diciendo que si
hubiera vendido su reloj, si hubiera vendido su abrigo, su coche y las últimas
posesiones que le quedaban después de haber sido un hombre acaudalado,
habría podido salvar un alma más. En su lecho de muerte, el peor de sus
lamentos era no haber liquidado hasta la última de sus pertenencias para
rescatar aunque fuera una persona más.

Hay mucha gente que vive por encima de su nivel económico porque creen no
poder prescindir de los lujos y servicios a que están acostumbrados, cuando todo
depende del cristal con que se mira. Lo que para algunos es un lujo, para otros
puede resultar una necesidad. La vida se vuelve una trampa, un círculo vicioso
donde se trabaja para vivir y se vive para trabajar. Sin embargo, jamás ha habido
una persona en su lecho de muerte que se arrepienta de su falta de
responsabilidad en el trabajado. Por el contrario, su lamento es no haberle
dedicado más tiempo a Dios y a la familia. Considere este testimonio:

"Soy un hombre de 37 años de edad, felizmente casado, con tres hijos. Mi historia
comienza con el nacimiento de mi primera hija. Tanto mi esposa como yo vivíamos
dedicados a nuestra carrera, ella era maestra y yo trabajaba en una compañía
aeroespacial. Los dos salarios nos permitían disfrutar una vida muy confortable y mi
esposa tenía proyectado regresar a trabajar después del nacimiento del bebé. Yo
no solamente estaba de acuerdo con ella, sino que la animaba en esa decisión.

Nuestra hijita nació a fin del año escolar y mi esposa pasó casi cuatro meses en
casa cuidando a la pequeña. En ese tiempo nos dedicamos a buscar la mejor
guardería, y cuando se le terminó la incapacidad, nuestros días consistían en
levantarnos a las 5:30 de la mañana para dejar a la niña, irnos a trabajar, recogerla
por la tarde y pasar un ratito con ella, prepararnos para el día siguiente, irnos a la
cama y volver a comenzar.

Al cabo de unos cuantos meses de vivir en ese ritmo, mi esposa decidió dejar el
trabajo. Cualquiera diría que eso me alegraría, pero no solo me desconcertó, sino
que me opuse rotundamente. Finalmente me resigné y decidí respetar su decisión,
después de todo, ella tema el derecho de hacer lo que deseaba, pero en el fondo
me preocupaba el aspecto económico.

Con el tiempo me di cuenta de que no sólo disfrutaba de que mi esposa trabajara,


sino que en el fondo codiciaba el dinero que ella ganaba. Abrigaba la esperanza de
que pronto se aburriera y volviera a trabajar, porque así podríamos volver a nuestra
holgadez económica de gastar despreocupadamente.

Mi esposa siguió en su postura de quedarse en casa y nos vimos forzados a

26
modificar nuestro estilo de vida cambiándonos a una casa más modesta,
conduciendo modelos más viejos y prescindiendo de todos los juguetes de gente
grande que el salario doble nos había permitido adquirir.

Cuatro años más tarde puedo decir sinceramente que soy el hombre, esposo y
padre más feliz de la tierra, y que estoy orgulloso de mi esposa por haber tenido el
valor de renunciar a su trabajo y quedarse en casa a cuidar a nuestros preciosos
hijos. Me he convertido en un entusiasta promotor de la importancia de criar a los
hijos con la supervisión y el cuidado de una madre que los atienda, los nuestra, los
abrace y juegue con ellos. Ahora invierto todas mis energías en lo que
verdaderamente es importante: una familia feliz".

Una graciosa caricatura ejemplifica la falta de perspectiva que adoptamos en la


vida. En ella aparecían dos elefantes que bajan quejándose furiosos del Arca
de Noé, seguidos por un plácido par de jirafas. "¡Pero qué viaje tan más
espantoso, no dejó de llover ni un solo día!" Jamás encontraremos la satisfacción
y el propósito de nuestra vida, si no aprendemos a apreciar las bendiciones que
tenemos enfrente. La bendición y el significado en la vida no provienen de las
cosas, sino de aquello que hacemos con lo que tenemos a pesar de nuestras
circunstancias. Por lo general, el verdadero placer nace de nuestros esfuerzos y
la relación con nuestros seres amados, pero, ¿cómo vamos a alcanzar el
potencial de la influencia que tenemos sobre los demás, si vivimos devaluando
nuestras circunstancias? ¿Si somos tan malagradecidos e incongruentes con
nuestras expectativas?

¿Si constantemente comparamos nuestra situación con los demás y nos


sentimos arrogantes y triunfantes o resentidos y fracasados? ¿Cuando creemos
que todos los deseos que nos vienen al apetito tienen que ser satisfechos? Es
imposible. Hemos construido un vivo infierno a nuestro alrededor.

Algunos historiadores consideran que la caída de Roma se debió al exceso de


prosperidad, relajamiento y recreación, que produjeron una depravación en los
valores sociales. Colosenses 3:5 nos dice "Por tanto, hagan morir todo lo que es
propio de la naturaleza terrenal: inmoralidad sexual, impureza, bajas pasiones,
malos deseos y avaricia, la cual es idolatría". Con tristeza he descubierto que
esto abunda en la iglesia, hay demasiada idolatría. Usted argumentará que en
su congregación no hay imágenes en la pared y tal vez sea cierto, pero si bien
no las cargamos en el cuello, las llevamos muy bien acomodaditas en la cartera.

No adora a San Judas Tadeo, ¿pero, qué tal a Netzahualcóyotl? Pablo pone muy
en claro que la avaricia (el amor al dinero), ¡es idolatría! Jesucristo dijo que
"ninguno puede servir a dos señores, pues menospreciará a uno y amará al
otro..." No se puede servir a Dios y a las riquezas al mismo tiempo. (Mateo 6:24).

27
En el texto original del verso anterior, la palabra riqueza es "Mamón". Las
Escrituras nos enseñan que detrás de todo ídolo hay demonios. El dinero, en sí,
no es malo, de hecho Dios quiere prosperarnos, pero el amor al dinero nos
convierte en idólatras de los demonios, lo que resulta completamente
contraproducente, ya que el amor al dinero ¡es la raíz de todos los males!

La avaricia es como el mal aliento. El que lo tiene es el último en enterarse.


Resulta extremadamente peculiar la facilidad y el agrado con que la gente gasta
su dinero en vacaciones, restaurantes, automóviles y tiendas de ropa, pero
cuando de ofrendar se trata, ¡se retuercen en sus asientos buscando en el fondo
del bolsillo la moneda más pequeña!

Somos muy buenos para gritar que Jesucristo es nuestro Señor, que solamente
a El servimos, pero nuestras acciones no siempre lo comprueban. ¿Por qué será
que cuando vamos de compras, el billete de quinientos pesos se nos hace tan
pequeño, pero cuando llega la hora de la ofrenda, ese mismo billete nos parece
tan grande?

En uno de nuestros congresos, el orador pidió que los hombres que no


diezmaban se pusieran de pie. Para sorpresa de todos, el 80% de la audiencia
se levantó. Obviamente hubo otros que no tuvieron el valor de confesar sus
acciones y permanecieron sentados. Es triste ver que sólo un 10% del hombre
cristiano diezma, ¡con razón tienen tantas dificultades económicas!

Nos encanta quejamos de los políticos. La corrupción y el abuso del gobierno


nos causa una sensación de escándalo, coraje y morbosidad, pero lo cierto es
que quien no paga el diezmo, es peor que el más corrupto de todos los corruptos.
Un servidor público le roba al pueblo, pero el que no paga sus diezmos, ¡tiene la
osadía de robarle a Dios! Francamente, ¡que los servidores públicos se cuiden
del cristiano que no paga sus diezmos!

Malaquías dice que este tipo de persona es un ladrón y obviamente, Dios no


puede bendecirlo. Amigo mío, si usted no acostumbra apartar el diezmo para
Dios, reciba mis más sinceras condolencias, ¡porque tiene un problema muy
serio!

Ser generosos con Dios es abrir la fuente de sus bendiciones. El hecho de dar
diezmos y ofrendas es un asunto de fe. Dios pide una parte de nuestros ingresos
para enseñarnos fe y confianza. Es como el campesino que siembra la semilla
sabiendo que al desprenderse de ella, con el tiempo levantará una cosecha
mucho mayor. Dios tiene declarada una bendición sobre el dador. Dice que
abrirá las ventanas de los cielos y derramará bendiciones hasta que
sobreabunden. (Malaquías 3:10). Debemos dar los diezmos y ofrendas con la fe
de que esto sucederá.

28
En Números 22 encontramos la historia de un profeta llamado Balaam. Este
hombre tenía un don genuino y gozaba de buena reputación. Un día se le acercó
el rey de Moab, pidiéndole que maldijera al pueblo de Israel, éste respondió que
primero habría que ver si Dios lo permitiría. La respuesta de Dios fue rotunda,
pero cuando Balaam le dijo al rey que no podía complacerlo, éste le ofreció una
remuneración más generosa. El incentivo funcionó y Balaam le dijo al rey que
volvería a consultar a Dios, quizá esta vez lograría persuadirlo.

Tanto insistió que Dios le permitiera salirse con la suya, es decir, aceptar
cohecho y maldecir al pueblo de Dios en favor de un rey perverso, que el Señor
se fastidió y le dijo que "hiciera lo que le diera la regalada gana". Balaam ensilló
su asno y salió campante a maldecir a Israel: un burro encima de otro, el primer
burro de doble tracción en la historia humana.

Al parecer, el cuadrúpedo era más inteligente que el burro de dos patas, porque
en el camino se detuvo tres veces, recibiendo tremenda golpiza para obligarlo a
caminar. Finalmente se echó de panza rehusando a continuar.

El burro de dos patas se enfureció de tal manera, que procedió a propinarle


severa tunda. En eso sucedió una cosa asombrosa, ¡el burro de cuatro patas
habló! sólo que el otro estaba tan enojado, que ni siquiera se dio cuenta del
fenómeno y entabló conversación con el cuadrúpedo.

El burro de cuatro patas le dijo al de dos: "¿Qué no estás viendo lo que hay en
el camino? ¡Si no sigo caminando, es porque hay un ángel de Dios con la espada
desenvainada delante de nosotros!" En ese instante Dios le abrió los ojos al
burro de dos patas y le permitió ver al ángel, quien le dijo que el burro de cuatro
patas tenía razón, de haber pasado junto a él, lo habría matado, pero solamente
al burro de dos patas, el cuadrúpedo se habría salvado.

A pesar del episodio del ángel en el camino y de las advertencias de Dios,


Balaam ofreció una respuesta genial: "Pero, Señor: ¡si tanto te importa que no
vaya, sólo dimelo!" ¿Cuántos hombres no son así? Cada vez que se recogen los
diezmos y las ofrendas adoptan esa misma actitud, "Dios mío: si de veras quieres
que dé el diezmo, dímelo". Señores, ¡lo ha dicho una multitud de veces por toda
la Biblia!

Pero nuestro amigo Balaam no se daba por vencido fácilmente, su afán de


ganarse "un dinerito extra" le impulsaba. Tres veces consecutivas subió al monte
para pronunciar una maldición sobre Israel. Con lo que él no contaba, era que,
muy a su pesar, de su boca salían bendiciones en vez de sentencias. El rey se
marchó enfurecido y se negó a pagarle un centavo, pero la avaricia de Balaam
era tanta, que se fue tras él con sutilezas para destruir al pueblo de Dios.

"Su majestad, Dios no me permite maldecir a Su pueblo, pero yo le aconsejaré

29
qué hacer para que se enoje con ellos y los destruya". El plan consistía en infiltrar
mujeres moabitas que los sedujeran y los instaran a adorar dioses falsos. El rey
hizo lo sugerido y efectivamente, la ira de Dios sí se desató sobre Israel, pero
también dejó caer su venganza sobre Moab, y en el capítulo 31 de Números
encontramos que un profeta llamado Balaam muere a filo de espada.

La avaricia acaba con el hombre. Tantos se afanan por el dinero al grado de salir
a trabajar antes de que su familia despierte y regresan cuando ya están en cama,
nulificando completamente la vida familiar, lo peor es que el dinero adicional se
viene gastando en tratamientos para úlceras, agotamiento y tensión nerviosa.

Para librarse de la avaricia y el amor al dinero, el mejor remedio es aprender a


ser desprendidos con Dios. Amigo, me temo que este género no sale ni siquiera
con ayuno y oración, sino con diezmos y ofrendas.

Cada uno de nosotros debemos de dar nuestros diezmos fielmente en la


congregación donde asistimos. Es decir, que la décima parte del ingreso que
percibimos esté destinada para Dios. Además, debemos aprender a ser
generosos con ofrendas para los misioneros y proyectos que hacen avanzar el
reino de Dios.

La Escritura también habla claramente de darles a los pobres, no se refiere a las


limosnas que se le dan a un niño de la calle, sino a una aportación regular para
las familias en dificultad o los ministerios de ayuda social. Proverbios dice que
quien le da al pobre, le presta a Dios y El nunca queda mal con sus pagos.

El Señor no se opone a que usted tenga dinero, lo que quiere evitar es que el
dinero se adueñe de usted.

Si le molesta que se hable de la ofrenda y se recojan los diezmos en su iglesia,


es síntoma de que algo anda mal en usted. Para librarse del problema, ¡tiene
que ser generoso! Si encuentra que le cuesta trabajo, ofrende más y si le sigue
doliendo: ¡hágalo nuevamente! Ejercite ese músculo atrofiado hasta que
desaparezca el dolor o se le acabe el dinero.

Los deseos de los ojos atraen los intereses egoístas, alejan sutilmente de la
Palabra de Dios y carcomen la confianza. Vemos lo que el mundo ofrece y lo
deseamos por encima de nuestra relación con Dios. Es ahí donde empezamos
a poner más credo en nuestra prespectiva de la vida, que en los mandamientos
de Dios. Impulsados por el deseo, tratamos de acaparar lo más posible
creyendo que nos es imprescindible y caemos en el engaño de pensar que
Dios quiere que vivamos de esa manera.

Sin embargo, no podemos engañarnos. Hay demasiados hombres dispuestos


a vender su alma por ganarse un peso más. Hombres que dejarán de asistir a

30
la iglesia porque el domingo es muy buen día para los negocios. Están
dispuestos a abandonar sus familias porque hay unos cuantos pesos que
ganar. Empiezan faltando un domingo esporádicamente y poco a poco se van
apartando hasta terminar lejos de Dios. Romanos 6:16 nos dice que somos
esclavos de quien obedecemos. ¿De quién es esclavo usted? ¿De Jesucristo,
o del dinero?

En una ocasión se acercó un joven rico a Jesús, "Maestro, ¿qué debo hacer para
heredar la vida eterna?" Le dijo que obedeciera los diez mandamientos y éste
aseguró que lo había hecho desde niño. "Sólo una cosa te falta", añadió, "vende
todo lo que tienes, dónalo a los pobres y ganarás tesoros en el cielo". Al oír esto,
el joven se entristeció. Su fortuna significaba demasiado para él. Ese día
comprendió que si verdaderamente amaba a Dios, no podía deberse a su dinero.
Hay personas que interpretan este pasaje como un indicio de que para alcanzar
la salvación, hay que ser pobre, sin embargo no es así. Jesús se topó con
muchos hombres de buena posición económica y social, y no les presentó el
mismo requisito. El joven creía que no le faltaba nada, se sentía justificado por
haber guardado todos los mandamientos desde pequeño, el Señor simplemente
le demostró que no amaba a Dios por sobre todas las cosas y que, en efecto, el
dinero era lo que verdaderamente regía su vida.

Jesucristo espera todo nuestro amor, no está dispuesto a compartirlo con


trinquetes terrenales.

El Antiguo Testamento cuenta la historia de un hombre llamado Giezi, que


trabajaba al servicio de Elíseo. ¿Puede usted imaginarse un privilegio mayor?
Elíseo había sido siervo de Elias y recibió una doble porción de su unción. De
haberlo deseado, Giezi podría haber continuado con esa tradición, sin embargo,
tenía un defecto que lo llevó a la muerte.

En una ocasión un hombre de mucha influencia política acudió a Eliseo con la


esperanza de librarse de su lepra. Este le dijo lo que debía hacer para que Dios
lo sanara. Agradecido por el milagro, trató de obsequiarle una fuerte cantidad de
bienes y dinero, pero Eliseo se negó a aceptarlas.

¡Magnífico! Pensó Giezi, esa era la oportunidad que había estado esperando.
En cuanto su jefe se descuidó, salió corriendo a alcanzar al general con la
historia de que Eliseo había recibido una visita inesperada y se veía forzado a
aceptar sus regalos después de todo. Naamán le entregó gustoso una fuerte
cantidad de plata y otras cosas de valor, tanto, que hubo que proporcionarle dos
siervos para que le ayudaran a cargarlo todo. Giezi escondió el botín creyendo
que Eliseo jamás se enteraría, pero Dios que todo lo ve, se lo reveló. La lepra
de Naamán se le pegó a él y a toda su descendencia para siempre. Todo por
causa de su avaricia.

31
Desde tiempos inmemoriales ha habido una polémica con respecto a la
naturaleza de la codicia. Algunos estudiosos interpretan esa palabra como una
acción, en vez de una actitud. Un ejemplo de esa interpretación se encuentra en
Deuteronomio [Link] "...No codiciarás el oro y la plata que las recubren (estatuas),
ni caigas en la trampa de quedarte con ellas, pues eso es algo que aborrece el
Señor tu Dios..." La idea es que la codicia era la precursora inmediata de los
actos delictivos. En este punto de vista, la codicia se ve como confabulación o
estratagema.

Eso es lo que sucedió en la vida de Acán. Cuando el pueblo de Israel entró a la


tierra prometida, Dios ordenó destruir todo lo que encontraran. Dio instrucciones
específicas de no conservar nada de aquel lugar.

Cuando Acán invadió, se le atravesaron en el camino doscientos ciclos de plata


y un lingote de oro, y los escondió en su tienda. Esa avaricia le costó muy cara,
ya que más tarde perdió la vida junto con toda su familia. El pecado no se
descubrió hasta otro día en que Israel se enfrentó con un pequeño pueblo y
perdió la batalla. En esa ocasión murieron 36 hombres israelitas. Lo que quiere
decir que 36 mujeres quedaron viudas y muchos hijos huérfanos, ¡tanto
sufrimiento por la codicia de un solo hombre! El amor al dinero puede hacernos
pecar contra Dios, mentir y robar.

Es por eso que Dios advierte que la raíz de todos los males es el amor al dinero.

Permítame reiterar que el dinero no es malo. En realidad es muy bueno. Dios


bendice a su pueblo con dinero y abundancia. Lo peligroso es vivir enamorado
de él. Cuando Israel salió de Egipto Dios obró de tal manera que los egipcios les
regalaron oro, plata, joyas, ropa y muchos bienes. Una vez en el desierto,
utilizaron parte de esas riquezas para la construcción del templo. Inclusive, hubo
hombres como Job, Abraham, David y Salomón, a quienes Dios enriqueció
extremadamente, precisamente pudo enriquecerlos porque utilizaban la bonanza
para Su reino. Se servían de su prosperidad sin ser esclavos de ella. La usaban
para los propósitos de Dios y no sencillamente para sus fines egoístas.

El egoísmo no es exclusivo del rico. No importa la cantidad de dinero que tengamos,


Dios dice que si somos fieles en lo poco, El podrá confiarnos más. Por ende, si
somos infieles en lo poco, ¿cómo podrá confiarnos lo mucho? Hay tanta gente que
se engaña pensando que el día que se haga rica pagará los diezmos. Si usted,
ahora que tiene diez pesos en la bolsa, no puede diezmar uno solo, ¿cómo cree
que cuando sea millonario podrá desprenderse de miles? Hay que empezar en lo
poco.

La realidad de que lo que tenemos no es nuestro tiene que penetrar en nuestro


cerebro. En la iglesia primitiva tenían la actitud de que nada les pertenecía. Todo lo
que yo tengo le pertenece a Dios, yo simplemente soy un mayordomo temporal.
Esto significa que si Dios me pide algo, no me debo aferrar a ello, sino reconocer

32
que es de Dios, que nunca fue mío y entregárselo con agrado

Fama
"No te vuelvas

orgulloso ni olvides al

Señor que te sacó de la

tierra donde viviste

como esclavo ". Deuteronomio 8:14

L
a vanagloria de la vida enfatiza la auto exaltación. Esa tentación de tratar de
dirigir nuestro destino, controlar nuestro propio mundo y ser nuestro pequeño
diocesito. La tentación de la vanagloria de la vida tiene como fin usurpar la
alabanza que le pertenece a Dios y la emancipación de la obediencia al Señor.

Al insistir en tomar el mando de nuestras propias vidas nos rebelamos contra Su

33
dirección. Cuando usted siente que no necesita a Dios, que es perfectamente capaz
de tomar sus propias decisiones sin intervención divina y que puede valerse por sí
solo sin la ayuda de nadie, ¡cuidado! ya ha incurrido en la vanagloria de la vida.

Quizá piense que simplemente se está ayudando a salir adelante en favor de su


familia, pero cuando una persona deja de servir a Dios y de darle toda la gloria,
en realidad está sirviendo y adornado a Satanás. Si vemos con cuidado las
Escrituras, nos daremos cuenta de que la caída de Satanás fue debido al orgullo.

Isaías 14:12-15 dice: "¡Cómo has caído del cielo, lucero de la mañana! Tú, que
sometías a las naciones, has caído por tierra. Tú que decías en tu corazón: —Subiré
hasta los cielos. ¡Levantaré mi trono por encima de las estrellas de Dios! Gobernaré
desde el extremo norte, en el monte de los dioses. Subiré a la cresta de las más
altas nubes, seré semejante al Altísimo. — ¡Pero has sido arrojado al sepulcro, a lo
más profundo de la fosa!" El orgullo es probablemente uno de los pecados más
sutiles y más difíciles de detectar en nuestra propia vida.

Es resultado de la inseguridad.
En uno de sus últimos y más conmovedores gestos, Jesucristo les lavó los pies
a sus discípulos. Esa era una tarea que estaba designada para el empleado más
insignificante de la casa, ya que era bastante desagradable. Por los caminos de
terracería de aquellos tiempos deambulaban burros, camellos y toda clase de
animales. Además, la gente arrojaba a las calles agua sucia, desperdicios y
basura, de modo que, cuando llegaba el transeúnte a una casa, ¡llevaba los pies
verdaderamente sucios! Sin embargo, Jesucristo, el creador del universo, se
remangó la camisa para realizar no una, sino doce veces esta detestable tarea.
Juan 13:3 nos da una clave de lo que lo impulsó a hacerlo. "Sabiendo Jesús que
el Padre había puesto todas las cosas bajo su dominio, y que había salido de
Dios, y a él volvía..." Es decir, Jesucristo era un hombre muy seguro de sí mismo.
Su trabajo, su dinero y su posición, no definían el valor de su persona. Todos
debemos identificarnos a nosotros mismos en base a nuestra relación con Dios,
en vez de mecanismos externos.

La Escritura nos dice que Dios nos ha hecho linaje escogido, real sacerdocio y
pueblo adquirido por El. Que desde antes de la fundación del mundo ya había
pensado en nosotros, que nos formó tal como somos en el vientre de nuestra
madre (Salmo 139). No es necesario luchar por la aceptación y la aprobación
del hombre, ¡contamos con la de Dios!

Consideremos las palabras del Salmo 139:13-18: "Tú creaste mis entrañas, me

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formaste en el vientre de mi madre. ¡Te alabo porque soy una creación admirable!
¡Tus obras son maravillosas, y esto lo sé muy bien! ¡Mis huesos no te frieron
desconocidos cuando en lo más recóndito era yo formado. Tus ojos vieron mi
cuerpo en gestación: todo estaba ya escrito en tu libro; todos mis días se estaban
diseñando. ¡Cuan preciosos, Oh Dios, mesón, tus pensamientos! ¡Cuan inmensa
es la suma de ellos! Si me propusiera contarlos, sumarían más que los granos de
arena, y si terminara de hacerlo, aún estaría a tu lado".

Tal parece que David se encuentra en uno de esos raros momentos en que el
ser humano se ve en el espejo y se encuentra con una imagen desnuda de
vanidad, de comparaciones, de complejos de inferioridad o superioridad. Se topa
con un hombre que reconoce las maravillas de la creación universal de Dios. Por
un momento percibe el asombroso milagro que significa el hecho de que Dios
mismo haya hecho cada fibra de su ser, sin faltar un solo detalle.

Dios nos creó a cada uno de nosotros con esas orejas de elefante que tanto nos
acomplejan, o esa tremenda nariz, de modo que más vale que dejemos de
lamentarnos por nuestro aspecto y nuestra incapacidad, ¡Dios nos creó, y El no
hace basura! Lo que es más, está muy satisfecho con su obra, así que, dejemos
de pelearnos con El.

El orgullo es un pecado insoportable para Dios. La Escritura dice que da gracia


al humilde y resiste al orgulloso. No sólo deja de bendecirlo, sino que inclusive
se pone en su contra. (Santiago 4:6).

Dos ejemplos gráficos.


1. El rey Nabucodonosor se había vuelto tan soberbio por el poder de su imperio,
que declaró: "¿No es esta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la
fuerza de mi poder y para la gloria de mi majestad?"

Finalmente, Dios llegó al colmo de su paciencia y aún antes de que terminara


de decir esas palabras, oyó una voz del cielo avisándole que perdería su reino.
En ese instante, Nabucodosor se convirtió en una bestia salvaje que andaba por
los campos comiendo hierba como los bueyes. El cabello le creció "como plumas
de águila y las uñas como las de las aves rapaces". Vivió a la intemperie por
siete años, "hasta que alzó los ojos al cielo y bendijo al Dios Altísimo". En ese
momento recobró la lucidez y regresó al palacio para asumir la corona
nuevamente, pero su personalidad había cambiado para siempre. "Ahora yo,
Nabucodonosor, alabo, engrandezco y glorifico al Rey del Cielo porque todas
sus obras son verdaderas, y sus caminos justos. El puede humillar a los que
andan con soberbia". (Daniel 4).

El orgullo le costó siete largos años de grave humillación, viviendo enloquecido


como un animal salvaje. ¡Qué triste que tuviera que sufrir siete años para poder

35
admitir su condición y reconocer la supremacía de Dios!

2. El rey Heredes fue otro hombre que se regía por el orgullo. Hechos 12 dice que
se sentó en el tribunal vestido de ropas reales a dictar un gran discurso, pero el
pueblo aclamó gritando: "¡Queremos oír la voz de Dios, y no de hombres! Al
momento, un ángel del Señor lo hirió, por no darle la gloria a Dios; y expiró comido
de gusanos".

Es triste ver hombres que claman por la ayuda de Dios en su trabajo, su negocio y
su ministerio, para luego olvidarse completamente de El cuando llegan al pináculo,
pensando que lograron todo a base de sus esfuerzos.

SÍNTOMAS DEL ORGULLO


Si usted se siente excento en este sentido, considere los siguientes indicativos:

1. El sobre calificado. Este individuo cree que ciertas personas, trabajos o


posiciones están por debajo de su dignidad. Son personas que al quedarse sin
trabajo, prefieren terminar en la miseria sin un pan qué comer, antes de tomar un
trabajo que esté "por debajo de su capacidad".

2. El rey del hogar. Exige que se le atienda y nunca está dispuesto a servir a los
demás. Esto es algo que se da en el trabajo, pero es clásico en el hogar. No me
cabe en la cabeza que haya hombres incapaces de servirse un vaso de agua.

Su esposa y sus hijos los tienen que atender. Ni siquiera pueden acercarse a la
mesa de bufete en los restaurantes. Jesucristo enseña que si queremos ser
mayores en el reino, tenemos que aprender a servir.

3. El Superman. Este se siente superior a los demás. Pablo advierte claramente en


contra de esto. La Escritura nos dice que debemos considerar a los demás como
superiores a nosotros mismos.

Responsabilidad vs. Autoridad


Es mejor buscar ser una persona responsable, que tener autoridad, el hombre que
solamente busca mandar, obviamente tiene un problema de orgullo. El reconocido
y respetado Ralph Mahoney, director de World Map (una organización que brinda
apoyo a más de 300,000 ministerios en todo el mundo), relata la siguiente anécdota:

"Hace algunos años organizaba un retiro anual que comenzaba los lunes. Un
viernes por la noche, antes del inicio, los baños se rebosaron y dejaron de funcionar.
Ya era tarde y la gente estaba por retirarse a sus casas, pero obviamente los
sanitarios necesitaban repararse de inmediato".

¿Quiere saber quién se remangó la camisa y puso manos a la obra?

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Precisamente Ralph Mahoney. No había tiempo de conseguir un plomero, de
modo que el organizador del evento se puso una ropa vieja y empezó a escarbar
hasta encontrar la tubería averiada y destapar el caño.

El hermano Mahoney se encontraba hasta las rodillas en el drenaje cuando llegó


el líder de otra provincia. Al verle en esa condición lo desconoció y preguntó
dónde se encontraba el coordinador del evento. Imagine su sorpresa cuando el
destacado Ralph Mahoney se identificó cubierto de lodo.

"El hombre quedó sorprendido de encontrarme haciendo esa tarea, sin embargo, la
responsabilidad lo requería, la conferencia no podía comenzar si los baños estaban
fuera de servicio".

A Ralph Mahoney le pareció lo más natural hacer el trabajo. Debido a esta


humildad, Dios lo ha elevado a la posición que ahora goza en el reino.

Un hombre que no está preparado para limpiar el sanitario cuando la situación


lo requiera, tampoco está capacitado para ser líder. Pensar que esa tarea es
demasiado denigrante para él, revela el orgullo y la inseguridad en la persona.

Si usted no está suficientemente seguro de quién es en Cristo Jesús para hacer


cualquier trabajo, Satanás no tendrá dificultad en sembrar la semillas de orgullo
en su corazón. Un hombre debe de estar dispuesto a arrodillarse y lavarle los
pies a su familia, sus compañeros de trabajo y sus amigos como lo hizo
Jesucristo.

El orgullo es sutil
Es como una hierba entre el sembradío que cunde al grado de dominar el pasto
si no se le controla. Lo peor de todo es que es uno de los pecados más difíciles
de detectar. ¿Cómo podemos cuidarnos de él? Permaneciendo cerca de Dios, a
través de una vida disciplinada de oración y lectura de la Biblia. Esto nos ayudará
a permanecer enfocados en la gloria de Dios, con una perspectiva real de
nuestra propia importancia. Al detectar el menor indicio de orgullo, debemos
controlarlo con ayuno y oración. David dijo: "Humillé mi alma con ayuno". (Salmo
35:13).

Así mismo, es importante mantener una relación íntima con aquellas personas
que pueden corregirnos cuando nos desviamos inadvertidamente. Un hombre
que no recibe la opinión honesta y consistente de un amigo fiel, puede perder la
perspectiva y dar lugar al orgullo. Si algún amigo llega a advertirle que tenga
cuidado con el orgullo, ¡escúchelo! Generalmente, cuando una persona de
carácter sólido se atreve a abordar un tema tan delicado, es porque el problema
es demasiado agudo.

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El problema de los nombramientos
El Salmo 75:6 dice que toda promoción viene de Dios, entonces, en vez de
buscar obtener alguna posición, sea en el trabajo o en la iglesia, busque más
bien ser un siervo de excelencia para los demás. Esfuércese en ayudar a otros
a salir adelante, sabiendo que si ellos triunfan, usted también sale ganando. Si
se enfoca en su propio éxito, será muy fácil infectarse de orgullo.

Proverbios 16:18 dice que "al orgullo le sigue la destrucción, a la altanería el


fracaso". El mejor ejemplo es la tragedia del "Titanic". La nave fue construida en
1912 y era el orgullo de la ingeniería náutica. Se decía que ni siquiera Dios lo
podía hundir. El Sr. Phillip Franklin, vicepresidente de la compañía, hizo la
siguiente declaración: "No hay ningún peligro de que el Titanic se hunda, el barco
es insumergible". Los británicos declaraban orgullosamente su gran triunfo con
la construcción de este barco, que era el más grande del mundo. El capitán Smith
que lo condujo en su primera travesía por el Atlántico, dijo anteriormente, que de
acuerdo a su criterio, no existía condición imaginable que pudiera hundir ese
barco. Añadió que la ciencia de la construcción náutica ya había superado ese
problema.

Para sorpresa de todo el mundo, a las 11:40 p.m. del 13 de Abril de 1912, el
Titanic se impacto contra un témpano de hielo.

En menos de tres horas se hundió llevándose consigo 1,523 personas. Cuando


osamos pensar que no necesitamos la ayuda de Dios, justo cuando nos sentimos
autosuficientes, por encima de los demás, tropezamos con el orgullo y nos
damos de narices contra el suelo.

Absalón, el hijo revoltoso de David, estaba orgulloso de su cabellera. Cada año


se lo cortaba una sola vez y se jactaba de su volumen. Ese mismo cabello llegó
a ser la causa de su caída. Cuando arreció la batalla después de levantarse en
un intento de golpe de estado, la guardia real atacó y él se vio forzado a
retroceder. Al huir a todo galope, el cabello se le atoró en un árbol. Su montura
siguió corriendo y Absalón quedó suspendido de una rama. Sus perseguidores
llegaron y lo tomaron de piñata, encajándole sus lanzas en el pecho. El
impetuoso joven tuvo una muerte atroz, los soldados lo mataron a espadazos.

Santiago 4:10 nos dice: "Humíllense delante del Señor y El los exaltará". Si
examinamos estas palabras, nos daremos cuenta de que cada individuo debe
humillarse a sí mismo. La iniciativa depende de nosotros. Es mejor humillarse a
sí mismo, que esperar a que la ira de Dios nos enseñe una lección. Proverbios
18:12 nos dice: "Al fracaso lo precede la soberbia humana; a los honores los
precede la humildad" En Proverbios 11:2 agrega: "...con la humildad la
sabiduría".

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Sabio es el hombre que vive sin alardes, reconociendo su gran necesidad de
Dios y de los demás, que todo lo que tiene provino de Dios y no de su propia
inteligencia humana.

El orgullo paraliza al hombre. Le impide servir a los demás y admitir el fracaso,


obstaculiza al arrepentimiento e imposibilita al individuo para someterse a la
autoridad.

I Samuel 15:23 dice que la rebeldía es tan grave como la adivinación. En un


ministerio de hombres es frecuente verlos luchar para someterse a la autoridad
impuesta por Dios: ya sea gubernamental, laboral, o espiritual, la naturaleza
pecaminosa se rebela contra la sumisión. Tenemos que reconocer que ésto se
debe al orgullo y que con ello agraviamos a Dios de la misma manera que si nos
dedicáramos a la hechicería. Muchos hombres aseguran estar sometidos a su
pastor, siempre y cuando estén de acuerdo con su manera de pensar, pero en
el momento en que hay alguna diferencia, ¡se esfuma la sumisión!

Algunos luchan para someterse a la autoridad laboral, sobre todo cuando el jefe
es una mujer. ¡Nuestro machismo sale a relucir! ¡El orgullo de hombre se niega
a someterse! “¡Cómo voy a permitir que me mande una mujer!" Ese orgullo es
pecado, hay que confesarlo y arrepentimos delante de Dios.

Características del Orgullo


Varón orgulloso Varón orgulloso
NO quebrantado quebrantado

1. Se enfoca en los fracasos de los 1. Reconoce su propia necesidad


demás. espiritual.

2. Sufre de espíritu cítrico y aires de 2. Es compasivo y perdonador, busca


grandeza. mejor en los demás.

3. Menosprecia a los demás. 3. Considera la superioridad de los


demás.

4. Es independiente, quiere hacer 4. Confía en otros; reconoce su


todo sin la ayuda de nadie. Es necesidad de los demás.
“llanero solitario”.

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5. Exige sus derechos. 5. Dispuestos a sacrificarse y
compartir; capaz de ceder sus
derechos.

6. Solo el triunfo le satisface. 6. Trata de ser fiel para que otros


triunfen.

ENTONCES... ¿QUÉ SE PUEDE


HACER?
"Sí confesamos nuestros

pecados, Dios, que es fiel y

justo, nos los perdonará y

nos limpiará de toda

maldad". (I Juan 1:9)

P
ara poder ser libre de nuestro pecado hay que confesárselo a Dios. El
mero remordimiento no nos hace merecer el perdón.
Desafortunadamente, muchos cristianos hemos olvidado lo que es la
confesión, sin embargo: pecado no confesado, es pecado no perdonado. Hay

40
que allegarse a Dios y poner las cartas sobre la mesa. La sangre de Jesucristo
solamente puede cubrir lo que nosotros le confesamos.

Una confesión no es sencillamente decir: "¡Ay, Dios mío, perdóname por volver
a pecar!” Cuando uno de mis hijos me dice: "Papá, perdóname". Créame que mi
primera reacción es preguntarle: "¡Qué hiciste!" Pero si llega contrito, confesando
que rompió la ventana de un pelotazo, resulta muy fácil decirle, "no te preocupes,
pero ten cuidado de que no vuelva a suceder". Debemos ser transparentes
delante de Dios.

Desde el episodio de la primogenitura con su hermano Esaú, Jacob tuvo que


convertirse en nómada. Vivía huyendo de Dios y de sí mismo. Su nombre
significaba "tramposo", "engañador", y lo cierto es que el apodo le quedaba
bien.

La noche que luchó con Dios, el Señor le dijo: "Dime, ¿quién eres?" Es obvio que
Dios no esperaba sencillamente un nombre, sino que estaba inquiriendo en
función de su carácter como individuo. Es fácil imaginarse que Jacob aborrecía
su nombre porque era un estigma que había llevado toda su vida: "Tramposo".
Había engañado a su padre para robarle la primogenitura a su propio hermano y
se había enriquecido a base de argucias con el negocio de su suegro.

Ahora se encontraba con el alma desnuda delante de Dios, obligado a confesar


sus más íntimos secretos. Soy Jacob, "El Trueque, El Tramposo”. Sin embargo,
cuando rayaba el alba, después de una noche de agitados argumentos y
forcejeos, en el momento de mayor intensidad de la sensibilidad humana, Dios
lo bendijo y le cambió el nombre.

Es indispensable que seamos transparentes delante de Dios y le confesemos


nuestro pecado por nombre. Aquél que parece ser como una piedra en el zapato.
Ese molesto peldaño que tanto aborrecemos y con el que siempre parecemos
tropezar. No basta decir: "Señor, he pecado contra ti". Esas son palabras
demasiado solemnes, una burda máscara para esconder el oprobio, la vileza y
la vergüenza de nuestra realidad.

Dios conoce hasta lo más recóndito de su alma y solamente está esperando que
usted deje caer sus argumentos, se enfrente a su propia humanidad y diga:
"Señor, soy adicto a la pornografía y a la masturbación... Perdóname".

"Quien encubre su pecado, jamás prospera, pero el que lo confiesa y lo deja, halla
perdón".

Las palabras de David fueron muy elocuentes: "Mientras guardé silencio, mis
huesos se fueron consumiendo por mi gemir de todo el día. Mi fuerza se fue
debilitando como el calor del verano porque día y noche tu mano pesaba sobre mí.

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Pero te confesé mi pecado, y no te oculté mi maldad. Me dije: Voy a confesar mis
transgresiones al Señor y tú perdonaste mi maldad y mi pecado". (Salmo 32).

¿Qué febril imaginación nos hace pensar que podemos engañar a Dios? ¡El sabe
perfectamente lo que hay en nuestra vida! Lo único que logramos con los pretextos,
es agravar la situación. ¡Dichoso el que siempre teme al Señor! Pero el obstinado
caerá en la desgracia". (Proverbios 28:13,14).

¡Ventile su problema!
Si lo anterior le pareció duro, le aconsejo respirar hondo antes de leer lo siguiente:
no basta con confesamos delante de Dios con las luces apagadas, en la esquina
del último rincón de nuestra casa. También debemos confesárselo a un hermano
maduro en Cristo. Santiago 5:16 dice: "Confiésense unos a otros sus pecados y
oren unos por otros, para que sean sanados. La oración del justo es poderosa y
eficaz".

¿Se ha fijado que cuando confesamos nuestros pecados internamente y juramos


sobre lo más sagrado nunca volver a cometerlos, siempre reincidimos? ¡ Ventile su
problema! Al diablo le encanta operar en secreto. En mi trato con los hombres a
través de todos estos años de ministerio me he percatado de que es mucho más
efectivo hablar con un pastor, líder espiritual o hermano fuerte en la fe.

Si confiesa sus culpas, por más vergonzosas que parezcan, se dará cuenta de que
no solamente se le levantará un inmenso peso de encima, sino que contará con un
aliado que lo apoye y le pida cuentas. Recuerde que nunca debe entrar a la batalla
sin un compañero a un lado.

Un paso más
No basta confesar nuestros pecados, es imprescindible mostrar un arrepentimiento
que conduzca al cambio. Pórtese brutalmente consigo mismo. Aléjese de la otra,
no vuelva a verla. No le hable por teléfono ni pase por su trabajo. ¡Bórrela de su
memoria! ¡Huya!

Jesucristo dijo: "Si tu ojo derecho te hace tropezar, arráncatelo de la cuenca. Más
vale perder un miembro, que caer entero en el infierno". En otras palabras, hay que
cortar el problema de tajo. Desistir de acariciar ese pecado con fútiles sesiones de
consejería, dejarnos de juegos, confesarlo como lo que es y dejarlo a un lado para
siempre.

Por si queda alguna duda, Jesús no dijo que si el ojo era ocasión de caer, se le
colocara un parche. ¡No señor! Dijo que tomemos un clavo filoso y nos lo
arranquemos de la cuenca. ¿Dónde se le oyó decir "Mira, hijito, si la mano te causa

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tentación, métela al bolsillo"? Amigo mío, el veredicto es claro: ¡tome un hacha y
córtese la mano! Esa es la única manera de tratar al pecado.

Efesios 4:22 se refiere a la pasada manera de vivir de la siguiente manera:


"Despójate del hombre viejo que está viciado conforme a los deseos engañosos".
Tener un verdadero arrepentimiento significa hacer un giro de 180 grados y
proceder ferozmente en esa dirección.

Si al leer este libro se lamenta de haberse dejado tropezar por el enemigo,


permítame presentarle tres maneras en que responden la mayoría de los hombres
al verse confrontados con el pecado. Esto lo vemos reflejado en tres reyes del
Antiguo Testamento:

El Rey Saúl presentó mil excusas para evadir su responsabilidad: Culpó a Samuel
por su tardanza, al pueblo por su impaciencia y hasta se atrevió a decir que había
violado las leyes de Dios para ofrecerle sacrificio.

¿Cuántos no hacen lo mismo? Tratamos de tapar el sol con un dedo culpando a la


esposa por su frigidez. Achacamos que si las mujeres no se vistieran de esa manera
tan llamativa, no las voltearíamos a ver, que si Hollywood no produjera películas tan
explícitas... etcétera, etcétera y etcétera. ¡No se engañe, amigo! Lamentablemente,
el frágil velo de nuestras excusas es demasiado transparente para Dios. Saúl no
logró salvar la corona con pretextos.

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El Rey Aza se enfureció tanto, que arrojó al calabozo al profeta que lo descubrió.
Quizá en este momento usted se sienta molesto conmigo e inclusive le gustaría
propinarme una golpiza por todo lo que he escrito. El problema es que el Rey Aza
terminó enfermo y alejado de Dios.

El Rey David, posiblemente fue el peor de todos por la gravedad de sus crímenes,
pero cuando se le encaró, los reconoció inmediatamente. Es interesante que de los
tres reyes, él es el único que encontró perdón.

¿DEMASIADA TENTACIÓN?
¿Por qué le damos lugar a los pensamientos contrarios a la voluntad de Dios? La
respuesta más honesta sería que lo hacemos simplemente porque queremos.
Nadie se ve tentado a comer algo que no le gusta, así como tampoco se siente
atraído por una mujer fea. El gancho de la tentación es la garantía de que
quedaremos satisfechos al conseguir aquello que está fuera de la voluntad de
Dios. ¡No muerda el anzuelo!

Los deseos de la carne jamás quedan satisfechos. El hombre que tiene relaciones
con infinidad de mujeres, en el momento en que se le atraviesa otra falda, reinicia
la cacería. El millonario que tiene más dinero del que usted y yo pudiéramos
atrevernos a soñar, quiere otro millón más. La Escritura nos dice que "más
bienaventurados son los que tienen sed y hambre de justicia, porque ellos serán
saciados". Si sustentamos las relaciones correctas y vivimos por el poder del
Espíritu Santo, quedaremos plenamente satisfechos.

Cuando una persona le da libertad al pecado, no tarda en sentirse como si


tuviera un perrillo callejero aferrado a mordiscos de su pantalón. Obviamente
que se arrepiente de haberse descuidado, pero aunque reciba el perdón de Dios,
el funesto animalillo seguirá agarrado de su pierna. En vez de darse de golpes
en la cabeza por haberlo dejado entrar, hay que tomarlo a patadas y deshacerse
de él.

Santiago 4:7 dice que si nos sometemos a Dios y resistimos al diablo, huirá de
nosotros. Está bien confesar el pecado, pero también hay que seguir la fórmula
bíblica para romper el ciclo vicioso apartándonos del pecado y resistiendo a
Satanás.

Dejemos de hacer excusas por el hecho de ser hombres, como si esto nos
constituyera en un bruto animal sin control de sus facultades. La Escritura
declara que Jescuristo, a pesar de ser un hombre en toda la extensión de la
palabra, "fue tentando en todo, mas no pecó".

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El también se topó con mujeres mal vestidas en la calle. ¿De dónde sacamos
la idea de que no había mujeres que se le ofrecían a diestra y siniestra? ¿No es
lógico pensar que como hombre que era, también sintió la tentación de satisfacer
la pasión?

Sin embargo resistió. No pecó. Usted y yo también podemos vencer la


tentación.

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