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Conclusion (Origenes Del Cristianismo)

El cristianismo se expandió en el Imperio Romano durante los siglos I y II gracias a la organización política y cultural de la época, utilizando redes sociales judías y un lenguaje común. A pesar de enfrentar conflictos internos y hostilidades externas, el cristianismo logró atraer a diversas personas, especialmente a mujeres y estratos sociales bajos, mientras que las tensiones con el judaísmo se intensificaron debido a diferencias doctrinales y eventos históricos. La vida cotidiana de los cristianos se caracterizó por la formación de comunidades urbanas y la práctica de ritos que fortalecieron su identidad, a pesar de las persecuciones y críticas de la sociedad pagana.

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Conclusion (Origenes Del Cristianismo)

El cristianismo se expandió en el Imperio Romano durante los siglos I y II gracias a la organización política y cultural de la época, utilizando redes sociales judías y un lenguaje común. A pesar de enfrentar conflictos internos y hostilidades externas, el cristianismo logró atraer a diversas personas, especialmente a mujeres y estratos sociales bajos, mientras que las tensiones con el judaísmo se intensificaron debido a diferencias doctrinales y eventos históricos. La vida cotidiana de los cristianos se caracterizó por la formación de comunidades urbanas y la práctica de ritos que fortalecieron su identidad, a pesar de las persecuciones y críticas de la sociedad pagana.

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▪ El cristianismo en el imperio romano, en los siglos I y II

La organización política del imperio y la cultura helenística


dominante en gran parte de la cuenca del Mediterráneo facilitaron la
expansión del movimiento judío de Jesús, desde Palestina a occidente.

Un lenguaje urbano común, el griego, una buena red de


comunicaciones terrestres y marítimas posibilitaron la movilización de
personas, así como la difusión de escritos y experiencias.

La formación, consolidación y expansión de las primitivas


comunidades cristianas fue multiforme en el mundo grecorromano.
Gracias a la experiencia de las comunidades judías en importantes
centros ciudadanos del Mediterráneo, no sorprende que el movimiento de
seguidores de Jesús de origen judío utilizara fácilmente las redes sociales
judías ya existentes en esas ciudades.

Aunque pudo haber tenido éxito la misión cristiana entre los judíos, sin
embargo, la clave para el auge del cristianismo fue la misión entre los
gentiles. Diversos factores fueron relevantes para la conversión de personas
que habían sido politeístas.

Las condiciones generales de la llamada paz romana eran favorables; por


otra parte, el cristianismo sería visto más accesible que otras propuestas
religiosas.
La pertenencia a los grupos cristianos constituía un atractivo para
las mujeres y las personas de estratos sociales bajos. Las
comunidades cristianas eran menos homogéneas que las asociaciones
existentes.

En la fase inicial no era de esperarse que hubiera un compromiso


de los hombres muy ricos, pero sí había personas de estratos
intermedios.

La incorporación de gente rica era importante para una asociación,


pues implicaba honor y reputación para sus miembros, así como la
posibilidad de beneficiarse económicamente de un patrón adinerado.
En la expansión de los grupos cristianos no todo fue fácil. Pronto

surgieron debates y conflictos internos:

✓ problemas de identificación y orientación

✓ conflictos ideológicos y de liderazgo.

Pero ese cristianismo plural fue encontrando poco a poco su camino más

definido y su identidad propia.


Los seguidores de Jesús no solo afrontaron un proceso interno
de configuración, sino que además tuvieron que ratificar o
modificar sus relaciones con otros grupos judíos.
Del mismo modo, el resto de los grupos judíos reaccionaron no
siempre de forma cordial hacia los cristianos. La expansión del
cristianismo provocó asimismo reacciones conflictivas dentro del
imperio.
Esa hostilidad se manifestó de diversas maneras y grados, desde
los rumores hostiles, pasando por la literatura polémica y la violencia
ocasional de la chusma hasta las persecuciones oficiales romanas.
No obstante, la actitud de la mayor parte de la población sería
moderada o de indiferencia en una sociedad plural, multi-religiosa y
multiétnica.
• Los textos contemporáneos que se han conservado recogen

especialmente la parte más dramática, extrema y activa de la

oposición, como las persecuciones y ejecuciones de los cristianos,

en las que estaban implicadas las autoridades romanas.


▪ Las relaciones entre judíos y cristianos

Una característica que se dio entre el judaísmo y el cristianismo durante los dos
primeros siglos es la diversidad. Las relaciones variaban según las zonas
geográficas. Hay que investigar cada comunidad y cada periodo de tiempo, así
como las circunstancias particulares.
Ni el cristianismo ni el judaísmo eran uniformes en esa época. La historia de
las relaciones entre judíos y cristianos en este periodo fue muchos más compleja de
lo que algunas fuentes nos permiten vislumbrar.
Durante gran parte del siglo I, las comunidades de cristianos judíos
en la diáspora fueron consideradas como grupos judíos. No obstante, la
polémica ha llamado más la atención, teniendo en cuenta el proceso de
separación de caminos, al que se vieron abocados en los primeros
siglos. Se pueden ver ahora algunas de esas tensiones.
✓ La distinta valoración de los pilares del judaísmo entre judíos y cristianos
fue la semilla de la futura separación.

✓ La misión de Pablo entre los gentiles

✓ y la divinización de Jesús hicieron que el cristianismo fuera inaceptable


para el judaísmo.

Diversos eventos históricos incrementaron las tensiones entre judíos y


cristianos. Entre esos hechos están las dos guerras judías. La primera inició
hacia el año 66 y culminó en la destrucción del Jerusalén, el año 70.

Y la guerra de Bar Kochba (132 d.C.) intensificó las hostilidades entre


cristianos y judíos no cristianos. Justino relata que los judíos sometieron a
crueles castigos a los cristianos por no participar en la revuelta contra los
romanos.
La desaparición paulatina de la identidad judía en la iglesia
cristiana fue precipitada por las sanciones de los judíos cristianos
dentro de la sinagoga, hasta expulsarlos de ella (Mt 23,34).

Pablo fue perseguidor de la iglesia naciente, y esto está confirmado


en sus cartas. En el evangelio de Juan hay tres referencias explícitas a
la expulsión de los cristianos de las sinagogas (9,22; 12,42; 16,2).
❑ Los gobernantes y los emperadores: los conflictos,
persecuciones y mártires

Esta relación está mejor documentada de parte cristiana.


Conocemos el nombre de varios cristianos que nos dejaron sus
relatos, así como otras narraciones anónimas: Pablo, Clemente de
Roma, Policarpo, los escritos del NT y las actas de los mártires.
Estas últimas son importantes, pues describen el juicio y la
ejecución de uno o más cristianos a manos de las autoridades
romanas regionales.
Destacan para nuestra época el martirio de Policarpo de Esmirna, el
martirio de Justino y sus compañeros, el de los mártires de Lyon y
Vienne (año 167), etc. Tenemos acceso a cinco textos del siglo II: Plinio,
Trajano, Adriano, Frontón y Celso. Por desgracia gran parte de los
rescriptos imperiales referentes a los cristianos se han perdido.
Solo se han conservado el rescripto de Trajano al gobernador de
Bitinia, Plinio (112), y el rescripto de Adriano al gobernador de la
provincia de Asia, Minucio Fundano (124-125).
Trajano saluda a Plinio
1. Has seguido el procedimiento que debías, mi querido Segundo, en
el examen de las causas de los que ante ti han sido denunciados
como cristianos. Y no es posible, en efecto, establecer para todos
una norma general, como si ésta tuviera una aplicación
determinada. No hay que perseguirlos; si se los denuncia y acusa,
hay que castigarlos, pero quien haya negado ser cristiano y lo
haya demostrado realmente, es decir, mediante la súplica a
nuestros dioses, aunque hubiera sido sospechoso en el pasado, que
obtenga el perdón por su arrepentimiento.
2. Sin embargo, los libros anónimos que circulan no deben tener
cabida en acusación alguna, pues esto sirve de pésimo ejemplo y
no es propio de nuestro tiempo.
En el año 249, Quinto Trajano Decio publicó un edicto general,
que se ha perdido, sobre materia religiosa que constituyó la base
jurídica de las persecuciones posteriores, donde se establecían los
sujetos de coacción, las condiciones del proceso y las penas a
infligir.
❑ La actitud popular frente al cristianismo

Mientras que algunos cristianos podían rechazar firmemente


determinados aspectos de los valores, símbolos, convenciones e
instituciones de la cultura y la sociedad grecorromana, también podían
mantener, aceptar o adaptar otras, sin necesidad de debilitar o perder su
estilo propio y distintivo de vida, su cosmovisión o la identidad del grupo.
El movimiento cristiano no vivió al margen de la sociedad. Se
constata una asimilación estructural informal, en cuanto que sus
miembros interactuaban con personas de otros grupos culturales,
gracias a las redes de conexiones sociales personales.

En este proceso de mantener sus relaciones precedentes y adquirir


nuevas amistades, la función de la casa doméstica jugó un papel
relevante.

Los matrimonios mixtos, la familia, la casa, los amigos, los


compañeros de trabajo jugaron un papel importante en la difusión del
cristianismo.
No obstante, esta imagen pacífica de la vida cotidiana no dejó impacto en las
fuentes literarias, sino que recogen más bien los casos de confrontación. En
Roma no cabían innovaciones o novedades en materia religiosa. El cristianismo,
además, se proclamó como la única religión verdadera de la humanidad y
declaró falsas al resto, por eso la población pagana criticó a los cristianos su
intolerancia, fanatismo y odio al género humano. En este contexto se les
considerará como ateos, como rechazo de las divinidades tradicionales.

Les atribuían crímenes y conductas inmorales. Los ritos de iniciación en el


cristianismo fueron blanco perfecto de las críticas de los paganos: acusaciones de
infanticidio, antropofagia, reuniones clandestinas de libertinaje sexual.
Los estudiosos han interpretado el hecho de la hostilidad de formas diversas.
Algunos creen que los resentimientos contra los cristianos provenían de personas
que tenían un conocimiento limitado y somero de las creencias y prácticas
cristianas, por lo que todo se debía a un malentendido de parte del mundo
circundante.

Otros autores modernos consideran que los sentimientos de animadversión


contra los cristianos se debían a que eran vistos como antisociales, al retirarse
de las actividades socio-religiosas y juntarse en reuniones secretas nocturnas.

No adorar a los dioses podía denotar que eran impíos y estaban implicados
en alguna actividad ilícita o inmoral. Estas dos últimas visiones son compatibles,
dado que en el mundo pagano la inmoralidad y la impiedad eran consideradas
como dos caras de una misma moneda.
▪ La visión de los intelectuales sobre cristianismo
La actitud frente a los cristianos durante la mayor parte del siglo II fue una
oposición de carácter popular. Pero, dentro del ambiente hostil al cristianismo,
se desarrolló un tipo de oposición liderada por filósofos y comunicadores,
llevada a cabo en debates y lecciones formales de sus escuelas o publicadas en
sus obras, que vituperaban las creencias y prácticas cristianas. Una reflexión
sistemática propiamente dicha no aparecerá hasta Celso.
Se expondrá ahora de forma breve la visión de varios intelectuales paganos
que mencionan directamente a los cristianos.
A primera vista, se podría pensar que Epicteto, filósofo estoico (hacia 50-
130), reconoce a los cristianos el coraje que muestran frente al tirano y a los
perseguidores, pues por la “costumbre” no tienen miedo ante la muerte.
Pero un análisis más detallado deja entrever una cierta crítica desde el
punto de vista estoico. No toda costumbre es virtuosa, sino únicamente la que
deriva de la razón.
Frente al tirano, existen quienes no tienen miedo, gracias a la razón y a la
demostración. Esos son filósofos. La “costumbre” de los cristianos se
encuentra en el ámbito de la irracionalidad e insensatez.
En la línea de Epicteto, también se pronunció el emperador y filósofo

estoico Marco Aurelio, quien, en su obra Meditaciones (hacia el 146),

contrapone la postura del filósofo ante la muerte y la teatralidad del

mártir cristiano. La disposición del cristiano impresiona a primera vista,

pero un análisis más detenido demuestra su irracionalidad y teatralidad,

digna de pena y desprecio.


Si Galeno fue un observador comprensivo del cristianismo, aunque
criticó la ausencia de filosofía, otros autores se dedicaron a ironizarlo y a
satirizarlo.

Tal es el caso de Luciano de Samosata en su obra Sobre la muerte de


Peregrino del año 167. Según el relato, el tal Peregrino es de Palestina, se
convierte al cristianismo, luego es encarcelado por la autoridad romana; pero
es ayudado por la caridad cristiana. Pero Luciano constata la ausencia de
una base racional para esa actitud de caridad. Los cristianos no temen la
muerte, pero su fe no se basa en un fundamento seguro.
Luciano caracteriza a los cristianos como privados de
intelectualidad, de simples y estúpidos, fáciles de ser engañados. El
juicio de Luciano presenta a los cristianos como los adoradores del
hombre crucificado en Palestina, y afirma que son “unos pobres
estúpidos”.

Parecería que su opinión tiene algún detalle de comprensión, pero


en realidad se trata de una valoración crítica y despiadada.
Los inicios de un movimiento de renovación suelen ser difíciles. Eso le
pasó al cristianismo, que surgió del judaísmo y dentro de la sociedad
romana. Muy pronto, el cristianismo tuvo que definir sus relaciones con
los otros grupos judíos. Con las guerras judías de los años 70 y 132, la
polémica entre judíos y cristianos se agravó.
El cristianismo estaba también dentro del imperio romano. Cuando este
nuevo grupo fue visto como diverso del judaísmo tuvo que afrontar
hostilidades de las masas populares, de los intelectuales y de las masas
populares.
La separación de los cristianos del mundo político y religioso de Roma
fue vista como una ofensa al sistema en el que se basaba el imperio.
❑ Regulación sacramental

Los ritos son un elemento clave en la vertebración de la identidad de


todo grupo humano: marcan los límites entre los de dentro y los de fuera,
estructuran los tiempos y los espacios dentro de los cuales se vive esta
identidad, sirven de renovación de las experiencias fundantes en el ámbito
religioso, refuerzan las creencias compartidas y actúan como un importante
medio de socialización. En el cristianismo, estos ritos han sido
denominados “misterios” o “sacramentos”, y su expresión global:
“liturgia”.
Desde el inicio, el bautismo (rito de iniciación) y la eucaristía (rito
de pertenencia), a los que se añadirá con posterioridad la penitencia (o
rito de exclusión), adquieren una importancia nuclear en la existencia
personal y en la vida comunitaria, en una sabia conjugación de
tradición e innovación.
▪ Vida cotidiana de los primeros cristianos

El cristianismo de finales del siglo I y del siglo II es una religión urbana:


las comunidades se van fundando, organizando y coordinando, conscientes
de que forman todos juntos una única iglesia de Dios.

Muchas de ellas se siguen reuniendo en casas particulares, pero otras,


sobre todo las que se encuentran en las grandes ciudades, empiezan a tener
sus propios lugares de reunión (domus Ecclesiae), que ya nos son viviendas
habituales, sino locales dedicados al culto, la catequesis y otras actividades
comunitarias.
Sin embargo, mientras la primera y segunda generación cristianas

mantienen una actitud muy misionera, la tercera y, sobre todo, la cuarta

generación, van a centrarse más en consolidar lo conseguido, estructurando

los espacios comunitarios y defendiéndose de las acusaciones y persecuciones

a que se ven sometidos, con una escatología que se va retrasando.


▪ Relaciones internas

Mezclados con los gentiles, los cristianos sienten la necesidad de


reunirse entre sí. La hospitalidad formaba parte de la estructura social
de las élites y los grupos étnicos y familiares. El cristianismo se va a
servir de esta institución, muy valorada en la antigüedad, para la
acogida de predicadores itinerantes o hermanos que están de paso.

Es la propia comunidad, especialmente los obispos y las viudas, los


encargados de esta tarea. Generalmente el huésped de paso llevaba
consigo una carta de recomendación.
Las cartas que viajan de comunidad en comunidad se convierten en
un lazo que une a los miembros de diferentes comunidades. Este medio
de comunicación va a adquirir una especial incidencia cuando los
obispos empleen las cartas para mantener una abundante
correspondencia por diferentes motivos.
Dentro de las comunidades cristianas hay una especial preocupación
por los miembros más desprotegidos: huérfanos, viudas, presos por
motivo de persecuciones, así como todo lo relacionado con la sepultura.

En contra de las costumbres grecorromanas, a los cristianos les


repugna la cremación, lo mismo que ciertas prácticas en relación con los
cultos paganos (como el colocar una moneda en la boca del muerto).

Desde muy pronto buscarán espacios propios para ser sepultados.


Desde finales del siglo II tenemos constancia de la celebración de la
eucaristía en el aniversario de los difuntos.
Cada comunidad tenía una caja común, alimentada con las donaciones
de los fieles, ya fuera en dinero o en especie, esta última se hacía sobre todo
para la celebración de la eucaristía.

▪ Oraciones

Según la Didajé, los cristianos mantuvieron la costumbre judía de rezar


tres veces al día, marco en el que se incluye la oración del Padrenuestro. Por
lo que conocemos del arte, los cristianos acostumbraban rezar de pie, con las
manos elevadas y las palmas abiertas. Otra costumbre heredada del judaísmo
era la oración de bendición antes de las comidas.

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