Giro Copernicano: El "Giro Copernicano" en Kant hace referencia al cambio radical en la manera de
entender el conocimiento: no es el sujeto quien debe adaptarse al objeto, sino que son los objetos los
que se conforman a las estructuras del conocimiento del sujeto.
Inspirado por la revolución copernicana en astronomía, Kant propuso en la Crítica de la razón pura que
la mente humana aporta formas a la experiencia, como el espacio, el tiempo y las categorías del
entendimiento. Este giro fue clave para fundar su filosofía crítica, que pretendía superar tanto el
dogmatismo racionalista como el escepticismo empirista, situando al sujeto como centro activo del
conocimiento.
Fenómeno: En Kant, un fenómeno es aquello que aparece a la conciencia, es decir, el objeto tal como se
nos manifiesta a través de nuestras formas de sensibilidad (espacio y tiempo) y de las categorías del
entendimiento.
En contraste con el noúmeno (la cosa en sí), el fenómeno es el ámbito legítimo del conocimiento para
Kant. En la Crítica de la razón pura, explica que, sin estas estructuras subjetivas, la experiencia sería
caótica. Así, el fenómeno no es una ilusión, sino el único modo en que los objetos pueden ser
cognoscibles, limitando la metafísica tradicional que pretendía acceder a realidades absolutas.
Noúmeno: El noúmeno o “cosa en sí” es la realidad tal como existe independientemente de la
sensibilidad y entendimiento del ser humano, inaccesible al conocimiento empírico pero concebible como
límite de la experiencia
Kant distingue entre un uso negativo (lo que no es fenómeno) y otro positivo (objeto de una intuición no
sensible, propia de una razón divina). En la Crítica, insiste en que el noúmeno opera como recordatorio
de los límites de la razón humana: pretender conocerlo lleva a antinomias (ej. debates sobre la infinitud
del mundo). Este concepto critica la metafísica dogmática (Leibniz, Wolff) y resalta la humildad
epistemológica.
A prior/ A posteriori: Un juicio a priori es independiente de la experiencia y aporta necesidad y
universalidad (p. ej. “7 + 5 = 12”); un juicio a posteriori depende de la experiencia sensible y carece de la
misma necesidad estricta
Kant supera la dicotomía racionalismo-empirismo (Descartes vs. Hume) al proponer juicios sintéticos a
priori (ej. matemáticas), que amplían el conocimiento sin recurrir a la experiencia. En la Crítica, el a priori
no es innato, sino estructuras trascendentales (espacio, tiempo, categorías) que ordenan lo empírico.
Así, el conocimiento científico combina ambos: lo empírico (materia) y lo a priori (forma).
Analítico / Sintético: Un juicio analítico es aquel cuyo predicado está contenido en el sujeto (como "todos
los solteros no están casados"), mientras que un juicio sintético añade nueva información al sujeto (como
"el agua hierve a 100°C").
Kant cuestiona a Hume, quien reducía lo necesario a analítico y lo sintético a contingente. Para Kant, los
juicios sintéticos a priori (ej. “todo evento tiene una causa”) son la base de la ciencia y la matemática,
pues unen universalidad con contenido nuevo. Esta distinción, central en la Crítica de la Razón Pura,
justifica la posibilidad de la metafísica como ciencia de los límites de la razón.
Idealismo trascendental: El idealismo trascendental es la doctrina kantiana según la cual sólo se pueden
conocer los objetos tal como aparecen (fenómenos), no como son en sí mismos (noúmenos), ya que el
conocimiento está mediado por las formas de la sensibilidad y entendimiento del ser humano.
Este idealismo no niega la existencia de la realidad externa, sino que afirma que conocemos siempre
bajo condiciones subjetivas universales. Kant lo formula para explicar cómo es posible el conocimiento
objetivo, sin caer en el escepticismo. Esta posición se sitúa entre el empirismo y el racionalismo, y es
parte central de su respuesta a los problemas de la metafísica moderna.
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Estética trascendental: La estética trascendental en Kant es la parte de la Crítica de la razón pura que
estudia las condiciones a priori de la sensibilidad, es decir, cómo el sujeto percibe los fenómenos. Estas
condiciones son el espacio y el tiempo.
Kant sostiene que el espacio y el tiempo no son propiedades del mundo en sí, sino formas puras de la
intuición, estructuras mentales que permiten ordenar las sensaciones. Esta tesis es fundamental en su
giro copernicano, ya que implica que la experiencia está condicionada por la estructura del sujeto. Así,
Kant redefine la percepción desde una perspectiva crítica e ilustrada.
Dialéctica trascendental: La dialéctica trascendental es la parte de la Crítica de la razón pura donde Kant
analiza los errores de la razón cuando intenta ir más allá de la experiencia y formular conocimientos
absolutos, especialmente en metafísica.
Kant identifica las ilusiones trascendentales, como la idea de alma, mundo y Dios como realidades
absolutas. Según él, la razón tiene una tendencia natural a sobrepasar los límites del conocimiento
posible, lo que genera contradicciones. La dialéctica trascendental sirve para criticar esta tendencia y
limitar la razón a su uso legítimo. Este análisis refleja el espíritu ilustrado de cuestionamiento racional y
autonomía crítica.
Metafísica: Para Kant, la metafísica es el intento de conocer lo que está más allá de la experiencia, como
el alma, el mundo como totalidad y Dios. Sin embargo, considera que la metafísica tradicional ha sido
dogmática y ha caído en errores por ignorar los límites del conocimiento humano.
Tras criticar la metafísica dogmática en la Dialéctica trascendental, Kant propone una “metafísica de las
costumbres” (ética basada en la razón práctica) y una metafísica crítica que delimite los usos legítimos
de la razón. Su enfoque influye en el idealismo alemán (Hegel) y reorienta la filosofía hacia la autonomía
racional.
Ilustración: Kant define la Ilustración como “la salida del hombre de su autoculpable minoría de edad”, es
decir, la capacidad de pensar por uno mismo sin depender de autoridades externas. Esta definición
aparece en su famoso texto ¿Qué es la Ilustración?
La Ilustración para Kant implica el uso público de la razón, la libertad de pensamiento y el progreso moral
e intelectual. Critica la pereza y la cobardía que mantienen al ser humano en la dependencia, y defiende
un ideal de autonomía racional. Su filosofía crítica es una expresión filosófica de este movimiento cultural
y político del siglo XVIII.