Aristóteles (384-322 a.
C)
(Texto EvAU ARISTÓTELES, Ética a Nicómaco, Libro II, 4-6; Libro X, 6-8; Política,
Libro I, 1-3.)
Nace en Macedonia (al norte de Grecia), durante el gobierno de Filipo II (padre de
Alejandro Magno), que está poniendo en jaque a Grecia y concretamente a Atenas. Esto
hace que los macedonios no sean bien vistos en Atenas. Nace en momento de paz,
seguramente por eso sus intereses se dirigen en un primer momento más a la ciencia que a
la política. Más concretamente, nace en Estagira (“el estagirita”), en el entorno de la corte,
por lo que recibe una buena educación. Lo primero que aprende es la ciencia de los
médicos, puesto que su padre y tío son médicos. A los 18 años su padre ha muerto y su tío
le manda a Atenas, donde estudia primero con Isócrates, sofista de gran prestigio,
adversario intelectual de Platón. Más tarde acude a la Academia platónica, donde recibe los
sobrenombres de “la cabeza” y “el lector”, apodo reservado para el mejor alumno, es decir,
el que durante las clases prácticas vespertinas leía el texto a comentar, habitualmente de
Platón.
Durante el periodo medio, Aristóteles se ha convertido en un heterodoxo en la Academia y
ha sido acusado de espía macedonio (Filipo está amenazando a Atenas; Demóstenes, uno de
los más grandes oradores de Atenas, escribe las filípicas, discursos en contra de Filipo).
Dada su fama, Filipo le invita a su corte para ser tutor de Alejandro, hasta que es nombrado
regente; parece que tuvieron discrepancias en relación con el proyecto ético- político de
Aristóteles frente al de Alejandro. Finalmente, Aristóteles vuelve a Atenas, donde funda el
Liceo (en el terreno de un amigo porque un meteco no podía comprar) e inicia sus clases
peripatéticas y su afán museístico de clasificar todas sus colecciones de objetos varios. Tras
la muerte de Alejandro tras once años como emperador, Aristóteles vuelve a huir acusado
de impiedad, “para que Atenas no vuelva a cometer el mismo error” que con Sócrates, y
finalmente, muere en Calcis.
Obras:
En cuanto al legado de su obra, cabe señalar que, tras muchos avatares, Andrónico de Rodas
(bibliotecario de Roma), ordenó lo que quedaba de su biblioteca; parecen consistir en una
serie de notas y escritos destinados a la docencia en el Liceo y están ordenados (por
Andrónico) según la temática que tratan.
-Las obras sobre lógica y conocimiento científico: Categorías, De la interpretación, los
Analíticos Primeros y los Analíticos Segundos, los Tópicos y las Refutaciones sofísticas,
se engloban dentro del llamado Organon.
-Los tratados sobre Biología (estudios sobre la “vida”) son la Física, Tratado sobre el
cielo, De la Generación y la Corrupción, Meteorológicos, Historia de los animales, y
De Anima, fundamentalmente.
-Los escritos de ética y política son la Política, Ética a Eudemo, Ética a Nicómaco,
Magna Moralia, Sobre las virtudes y los vicios y la Constitución de los atenienses.
- Bautizó las obras sobre lo que no pertenece al mundo físico/perceptible como: meta
fisika= Metafísica (más allá de la física), favoreciendo que a partir de entonces, la obra de
Aristóteles se ha asimilado con el platonismo-cristianismo de un modo inadecuado, puesto
que los libros que integran la Metafísica están colocados con la cronología alterada,
situando la explicación sobre el motor inmóvil/acto puro (lo que el cristianismo identificó
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con Dios) al final, como conclusión, en lugar de al comienzo, como obra de juventud, muy
influida por Platón.
Aristóteles clasifica el conocimiento de la realidad en los saberes teóricos o necesarios,
que son las matemáticas, la física y la filosofía primera. La actividad «teórica» es para
Aristóteles la mejor de todas las vidas posibles para el hombre libre, que en nada puede
ejercitarse con más propiedad que en el conocimiento superior. Y por otra parte, los
saberes de lo contingente, de lo que puede ser de otra manera: los saberes prácticos, es
decir, la ética, la política, y los saberes productivos, o las artes, referidos a la fabricación
de cosas útiles.
Para ello parte de la crítica al planteamiento platónico:
Crítica a su dualismo ontológico a través de la paradoja del tercer hombre, que pone en
cuestión la idea de conexión entre los dos mundos. Un ejemplo: el rostro ideal es, para
Platón, un rostro determinado, en acto, en el kosmos noetos; en tanto que es en acto, por
supuesto que difiere de los demás rostros sensibles y por consiguiente precisamos de otra
idea general que los englobe a todos. Si para conocer algo es necesario contar con una idea
previa, entonces conocer la mismísima idea requiere también otra idea, y así hasta el
infinito. La solución aristotélica será la teoría del hilemorfismo, es decir, que todo está
compuesto por materia y forma, siendo la forma lo que se podría identificar con las ideas
platónicas, es decir, lo inmutable y necesario; de manera que la solución de Aristóteles es
introducir el mundo de las ideas en la propia estructura de las cosas particulares.
Además, Aristóteles propone una teoría del conocimiento empirista, es decir, entiende que
el conocimiento comienza por los sentidos y continúa por el pensamiento; de este modo, el
entendimiento convierte ese conocimiento concreto en universal. Se trata de un
procedimiento inductivo que desemboca en una esencia universal común. Los sentidos
captan lo particular (imágenes que van almacenando), y el entendimiento, por la repetición
de experiencias sensibles particulares, eleva ese conocimiento a la categoría de universal: el
entendimiento agente toma las imágenes semejantes y abstrae o separa aquello que es
común en todas ellas forjando un universal; y el entendimiento paciente lo fija en la mente
para que forme razonamientos.
En definitiva:
el método para conocer la realidad es el método inductivo, no deductivo. El
conocimiento tampoco es el recuerdo de algo que previamente se sabe, como las
ideas platónicas;
las ideas (eidos, formas) no son innatas. Nuestro intelecto (noûs) requiere
información procedente únicamente del exterior, de modo que el principio o
esencia de las cosas está situado en la misma realidad sensible (“nada hay en el
intelecto que no haya estado antes en los sentidos”);
no existe un mundo inteligible repleto de ideas separado del mundo sensible o
realidad perceptible a los sentidos (physis): la esencia de la realidad está y es
cognoscible en la propia realidad. Antropológicamente hablando, desaparece el
dualismo platónico de cuerpo y alma. El ser humano tiene, como ser viviente
que es, un alma, ésta es su principio vital (anima), y si el cuerpo muere, ésta
también lo hace. Desaparece, en Aristóteles, toda alusión a una posible
trasmigración de las almas.
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Los saberes teóricos son tres:
-Matemáticos: para Platón los entes matemáticos constituyeron la última solución
ontológica porque los consideraba entes reales, sin embargo, para Aristóteles no son entes
reales sino acciones meramente del intelecto y por eso mismo son inmóviles, es decir,
inmutables, por eso no están en el ámbito de la física simplemente sirven como herramienta
para ciertos estudios cuantitativos.
-La Física: se puede afirmar que la representación del cosmos hasta Copérnico-Galileo fue
la diseñada por Aristóteles, a partir de la experiencia. Su objeto de estudio son los entes
naturales o aquellos entes que tienen en sí mismos el principio de movimiento. Los
seres artificiales, producto de la actividad del hombre no tienen en sí ese principio de
movimiento. La Física, como su propio nombre indica, estudia la Naturaleza o physis.
Nos indica que la realidad es plural y todo en ella está en continuo cambio y
movimiento. Para explicar esta evidencia, Aristóteles afirma que todo ente es un
compuesto hilemórfico, es decir, un compuesto de materia (el sustrato del que algo está
hecho; que, como es mudable, contiene el origen del cambio y del movimiento del objeto) y
forma (el principio que informa al objeto para que sea lo que es y no otra cosa; su
definición). Por lo tanto, para Aristóteles todos los entes tienen en sí mismos la potencia del
movimiento y la causa de este.
Precisamente influido por el estudio de los seres naturales Aristóteles distinguirá los
siguientes tipos de causas:
1. Material: aquello de lo que la cosa está hecha.
2. Formal: se identificaría con la forma. Sería aquello que hace ser a la cosa eso que es y no
una cosa distinta (principio identificador de un ser).
3. Eficiente: aquello que hace la cosa.
4. Final: aquello para lo que está hecha la cosa, la finalidad de cada ser.
Este esquema es aplicable por analogía a los procesos técnicos y artísticos. Con un
ejemplo de Aristóteles se entenderá el planteamiento de las cuatro causas y la diferencia
entre seres naturales y seres artificiales: una estatua puede estar hecha, por ejemplo, de
bronce (materia), representar a Atenea (forma), haber sido hecha por Fidias (agente) y
sirve para decorar un templo (finalidad). En los procesos naturales, sin embargo, la
causa formal y el fin son específicamente idénticos, ya que un hombre engendra a un
hombre, y además, el fin (la finalidad) de la generación es la actualización incesante de
las formas, de las especies (está en su naturaleza).
Por naturaleza los cuerpos tienden hacia algún punto: es un modelo teleológico puesto que
la finalidad de cada movimiento es alcanzar su lugar natural, donde se produce su
perfección. El movimiento es posible porque el ser es un conjunto de materia y forma; la
materia es lo que permite que las cosas estén en potencia de tener una forma diferente y la
forma es el acto al que llega esa materia. El movimiento supone para el ente partir de lo
que no es (todavía, en potencia) para llegar a ser lo que es (real, plenamente, en acto). Si
se concibe el movimiento según el esquema potencia-acto, entonces: el movimiento es
un proceso orientado (en cada ser natural) a un fin: es un proceso teleológico; existe una
“anterioridad” del acto respecto de la potencia: aunque la semilla es temporalmente,
previa al árbol, la semilla tiene en su naturaleza ser árbol, está predeterminada a ello, de
forma que ese acto es inevitable y previo a que se realice. Todas las cosas están a cada
instante en potencia y en acto. La materia es o está en potencia de la forma. A su vez, la
forma es la que actualiza la materia.
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Esos movimientos Aristóteles los clasifica en cuatro tipos:
• Movimiento sustancial, que es de generación y corrupción.
• Movimiento cualitativo, que es el de los cambios externos.
• El movimiento cuantitativo, que es el de disminución y aumento.
• Movimiento local: divide el mundo en sublunar, en el que los cuerpos se mueven de forma
rectilínea hacia arriba (donde naturalmente están el aire y el fuego) y hacia abajo (donde
naturalmente están el agua y la tierra), según el porcentaje de cada elemento que contenga
el ente en cuestión. El mundo es heterogéneo y finito, y los cuerpos se mueven para ocupar
su “lugar natural” (por ejemplo, cuando el agua hierve y se transforma el vapor asciende
porque aumenta el aire…). Y supralunar, en el que todos los cuerpos son esféricos, la Tierra
es el centro del cosmos finito (geocentrismo), luego está la esfera del cielo (el primer móvil,
que mueve el resto; como las capas de una cebolla; la bóveda del cielo, donde están las
estrellas fijas), entre ambas esferas están las de los cinco planetas, la luna y el sol; todas las
esferas giran en torno a la Tierra, que no se mueve. Los cuerpos celestes no están hechos de
los cuatro elementos porque en ese caso se moverían de modo rectilíneo, por tanto, son de
éter (quinto elemento hipotético), que les permite moverse de modo circular, el movimiento
más perfecto.
Para Aristóteles el movimiento sí se puede explicar (frente a Parménides): todo tiende hacia
su fin natural. Movido por un motor inmóvil…
-La Filosofía primera: Aristóteles se plantea el problema de que, si todo está en
movimiento, algo habrá en la naturaleza que mueva sin ser movido y a eso le podríamos
llamar primer motor inmóvil. Este motor sería acto puro puesto que si tuviera materia
tendría en sí mismo el principio del movimiento y estaría en constante cambio. Ante esta
hipótesis caben dos interpretaciones: primero, el Aristóteles del libro lambda plantea este
primer motor como una sustancia pura, sin categorías accidentales, es decir, muy parecido a
las ideas platónicas y al Dios cristiano que se define a sí mismo como “yo soy el que soy”,
sin embargo, esta interpretación ahora sabemos que es de juventud pero ha venido muy bien
para hacer de Aristóteles un pensador escolástico. La segunda interpretación señala en
cambio que, como cada cosa tiene en sí misma el principio del movimiento, no es necesario
ningún motor inmóvil; cada cosa se realiza en acto, es decir, llega a una perfección a cada
instante. Esta segunda interpretación nos presenta un Aristóteles empirista en el que lo
divino es plural, es decir, no es que haya muchos dioses sino que la divinidad es plural.
Cada cosa que llega a una perfección realiza un acto “divino”. Esto lo explica en unos libros
escritos en la madurez de su pensamiento pero que, sin embargo, Andrónico colocó al
comienzo de la “Metafísica”.
Ser humano
El ser humano es una sustancia más y por lo tanto es un compuesto hilemórfico. La forma
es el alma y la materia es el cuerpo que se actualiza al recibir un alma, pero ambos, cuerpo y
alma son mortales (existe un dualismo antropológico como en Platón pero no
desequilibrado a favor de un alma inmortal). No son dos sustancias sino dos principios de
una única realidad: el ser vivo. De este modo resolvió el problema del dualismo
antropológico planteado por Platón. Según las distintas funciones que poseen los seres
vivos, Aristóteles distingue tres tipos de alma:
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• Alma vegetativa: propia de todos los seres animados/mutables, sus funciones son la
nutrición, el crecimiento y la generación/corrupción.
• Alma sensitiva: propia sólo de los animales, recoge las funciones anteriores e incluye el
conocimiento sensible y la capacidad locomotriz.
• Alma intelectiva: propia y exclusiva del hombre. Recoge las dos anteriores e incluye la
actividad intelectual y moral.
Ética y política
Lo primero que cabe señalar es que para Aristóteles la ética y la política son inseparables:
“La política es arquitectónica respecto de la ética” Ética y política son ciencias prácticas,
no teóricas. El objeto de conocimiento de la Ética y de la Política es una realidad en
particular, el hombre. El saber práctico no se relaciona con «las necesidades de la vida»,
sino, por el contrario, con la posibilidad de una «vida buena»; es decir, aquella que ya no
está orientada a la satisfacción de las necesidades primarias, sino al ejercicio de la libertad.
Para Aristóteles somos “animales políticos” y “animales con logos” (dimensión racional-
comunicativa), animales por las partes vegetativa y sensitiva del alma y políticos por la
parte racional. La razón nos permite actuar libremente y por lo tanto ser responsables de
nuestros actos. Esa libertad nos lleva a vivir en sociedad y a proponer una ética teleológica,
en la que el fin es la felicidad (eudaimonía) de la polis.
Pero, ¿qué es la felicidad? La respuesta de Aristóteles es: “vida plena, digna y
satisfactoria”. Y el único modo de alcanzarla es conocer el tipo de actividad que le
corresponde al hombre como tal. Es lo mismo que preguntarse por la naturaleza (physis)
del ser humano. Así, si la función propia de todo organismo es vivir (puesto que posee
“anima”), la función o fin propio del hombre es vivir conforme a su naturaleza
racional: llevar una vida racional.
Vida racional es dos cosas: la actividad misma de la razón y, además, todas las
actividades reguladas por la razón. En el ejercicio de las actividades que le son propias
el hombre se perfecciona a sí mismo y también encuentra placer y satisfacción. De esto
se concluye que “el bien humano viene a ser la actividad del alma conforme a la virtud,
y si las virtudes son varias, conforme a la mejor y más perfecta, y además en una vida
entera” (Ética a Nicómaco, 1098a15-16). ¿Cuál es la virtud, la facultad más excelsa del
hombre? Es el entendimiento, (noûs) y es “algo divino o lo más divino que hay en
nosotros”. La actividad del entendimiento conforme a la virtud que le es propia será la
felicidad perfecta, y si su facultad es pensar, la vida perfecta es la de la contemplación
de la verdad, cuyo acto es el verdadero conocimiento. Es la actividad intelectual teórica.
Ahora bien, si el fin de todo viviente y por tanto del ser humano es vivir, ¿puede vivir el
hombre del mero pensamiento? Es imposible: el ser humano es corpóreo, ser de deseos,
y además es gregario o social, necesita de los demás hombres, no sólo para sobrevivir,
sino para vivir bien. Es decir, necesita desarrollar ciertas actividades según sus múltiples
virtudes, que garanticen su supervivencia.
Para alcanzar la felicidad cada ciudadano tiene que intentar actuar virtuosamente, la virtud
consiste en adquirir el hábito de elegir, en sus pasiones y facultades, el término medio de
acuerdo con la razón común, es decir, con la sensatez. Cuando huimos del exceso y del
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defecto conseguimos llevar a cabo nuestro cometido en la polis, es decir, alcanzamos la
perfección que nos conduce a la eudaimonía(el estado de felicidad).
Las virtudes son de dos tipos: las éticas, que perfeccionan el carácter; y las dianoéticas, o
intelectuales, que perfeccionan nuestra capacidad de conocer.
Los dos tipos de virtudes están relacionadas:
Virtudes dianoéticas:
entendimiento (noûs), que es la disposición para la captación de los principios;
ciencia (episteme), que es la disposición relativa a lo necesario y cuyo proceder es
demostrar;
sabiduría (sophía), que es conocimiento que sintetiza las dos anteriores;
arte (téchnè), que es conocimiento orientado a la producción;
prudencia (phrónesis), o sensatez, que se refiere al obrar y que es una disposición
verdadera que con ayuda de una regla nos permite obrar en lo concerniente a las cosas
buenas y malas para el hombre. Sobre la prudencia versa toda la ética aristotélica.
Virtudes éticas: son las relativas a la elección. Siempre hay que razonar con prudencia y
mantenerse en la elección. La virtud al ser un hábito no es algo natural sino que se
adquiere con el tiempo (alejándose de la visión propia del filósofo).
Aristóteles define la virtud ética como “un hábito de elegir consistente en un término
medio relativo a nosotros”. Sus rasgos son los siguientes:
es un hábito, es decir, una disposición firme y estable;
es una disposición relativa a la elección;
facilita la elección orientándola a un término medio;
la regla que determina y define la acción virtuosa es aquella que en cada caso fijaría
el hombre prudente.
Dentro de las virtudes éticas, Aristóteles considera la justicia y la amistad como las más
importantes.
De manera general, la justicia en Aristóteles supone lo mismo que en Platón: que cada
uno en la comunidad cívica o ciudad haga aquello que le corresponde, aquello para lo
que está capacitado por naturaleza. Pero Aristóteles distingue varios tipos de justicia: la
justicia como legalidad o conducta conforme a leyes, y la justicia como igualdad. La
justicia como legalidad regula todas las conductas relevantes para la convivencia. La
justicia como igualdad, en cambio, regula las relaciones entre las personas imponiendo
en éstas un trato equitativo de modo que cada cual obtenga lo que le corresponde (se
acerca al concepto platónico de justicia. La amistad o philía expresa los lazos afectivos
recíprocos de quienes tienen conciencia de formar una comunidad, sea ésta del tipo que
sea. Aristóteles distingue tres tipos de amistad, según ésta se base en la utilidad, el
placer o el bien. La amistad perfecta es la que se basa en la bondad y excelencia, “la
amistad de los hombres buenos e iguales en virtud”, de tal modo que “los amigos
desean cada uno el bien del otro por el otro mismo” (puesto que cada hombre tiene
conciencia de que se necesitan unos a otros para, no sólo sobrevivir, sino vivir bien).
Esta amistad es la definición de la condición social del hombre e implica justicia. La
amistad entre los conciudadanos es la amistad civil, que se manifiesta como concordia,
y se da cuando los ciudadanos están de acuerdo sobre las cosas que les convienen y
llevan a la práctica aquello que sirve al bien común.
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Está claro que, en Aristóteles la ética y la política van unidas: representan dos
dimensiones del ser humano y ambas componen un único saber consistente en definir
qué es el bien para el hombre. Si tuviéramos que decir cuál engloba a cuál, diríamos que
es la política la que engloba a la ética: la dimensión social del ser humano determina el
comportamiento individual de cada hombre. Para Aristóteles (como para Platón y la
filosofía griega en general), la condición de ser hombre es la condición social. Vivir,
para el hombre es vivir con sus semejantes puesto que esa es su tendencia natural. Sólo
gracias a los otros individuos puede sobrevivir frente a la naturaleza, y sólo en esta
convivencia es posible no sólo sobrevivir, sino vivir plenamente, alcanzar aquello para
lo que esta predeterminado, la felicidad. El hombre es un zoón politikón, un ser social
por naturaleza (frente a la sofística, que afirma la individualidad de los intereses). Es
esencial comprender esto: los hombres no forman ciudades o comunidades cívicas
porque quieren, sino porque conviene a su naturaleza, lo necesitan, y esto, al mismo
tiempo, supone una decisión racional. Son, cada uno de ellos, un órgano que desempeña
una función por el bien o funcionalidad de la totalidad del organismo. Aristóteles define
lo que denominamos un sistema organicista de análisis de la realidad y sus entes.
La sociabilidad, sin embargo, es aquello que distingue al hombre del resto de los seres
naturales: de los inferiores, de las bestias, que no pueden vivir en sociedad (política) por
carecer de las capacidades necesarias (no poseen un alma racional); y también de los
seres superiores, los dioses, pues estos no están sometidos a las leyes de la ciudad, sino
a su libre albedrío. “Y el enemigo de la sociedad ciudadana es, por naturaleza, y no por
casualidad, o bien un ser inferior o más que un hombre,... sin fratría, sin ley, sin hogar”.
Somos animales políticos porque somos racionales, porque tenemos lógos, que es razón
o palabra, porque el hombre tiene la capacidad de comunicarse para, a través del
lenguaje, poner en común las razones de unos y otros y dotarse de esta forma de las
leyes que convienen a la naturaleza humana. Y el hombre lo hace en diferentes niveles:
la familia, la aldea y el estado o comunidad cívica (la ciudad o polis). De la familia y de
la aldea podemos decir que son agrupaciones a las que tiende el hombre para sobrevivir;
del estado Aristóteles afirma que es un tipo de comunidad orientada a que sus miembros
no sólo vivan, sino que vivan bien, plenamente. Es la comunidad que satisface todas las
necesidades del ser humano y dignamente.
Que este fin se cumpla, se actualice, depende (Aristóteles es realista) de las leyes y del tipo
de gobierno que éstas definan. Se distinguen tres tipos de regímenes según gobierne uno (el
mejor y más excelente) en el caso de la monarquía, varios (los mejores) en el caso de la
aristocracia o la mayoría de los ciudadanos en el caso de la democracia. El gobierno más
perfecto será el de la democracia moderada o aristocracia (aunque, dependiendo del kairós,
pueden venir bien en algún momento otros sistemas, por ejemplo, mixtos), cuyos
representantes no son por sorteo sino elegidos racionalmente. Si estos regímenes están
orientados al bien de todos los ciudadanos, al bien común, son legítimos. Cuando degeneran
porque los gobernantes persiguen su propio provecho la monarquía se convierte en tiranía,
la aristocracia en oligarquía y la democracia en demagogia (interpretada como gobierno de
los pobres en su propio interés contra los ricos).