Los 25 poemas más famosos de la lengua
española
Catalina Arancibia Durán
Máster en Literatura Española e Hispanoamericana
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La poesía destaca por su capacidad de transmitir sensaciones y emociones
a través de un lenguaje que permite embellecer la experiencia del mundo.
A continuación, seleccionamos los 25 poemas más famosos en lengua
española. Se trata de versos que invitan al lector a reflexionar sobre la vida,
la muerte, el amor y la identidad.
1. Copla N° 1 – Jorge Manrique
Tras la muerte de su padre, Jorge Manrique (España, 1440 – 1479) escribió
sus famosas Coplas con las que se convirtió en un autor imprescindible en
lengua española.
En esta elegía el poeta se lamenta por lo perdido, pero también realiza un
canto a la vida. Por ello, recurre al tópico Carpe Diem, que hace alusión a
aprovechar el tiempo.
Recuerde el alma dormida
Avive el seso y despierte
Contemplando
Cómo se pasa la vida,
Cómo se viene la muerte,
Tan callando,
Cuán presto se va el placer,
Cómo, después de acordado
Da dolor,
Cómo, a nuestro parecer,
Cualquier tiempo pasado
Fue mejor.
2. Soneto XXIII - Garcilaso de la Vega
Garcilaso de la Vega (1501 - 1536) es uno de los máximos representantes
de la lírica del Siglo de Oro Español, época en que la poesía se renovó a
través del ritmo y la estructura.
En estos versos se describe la belleza de una dama, tema que sirve para
recordar la fugacidad de la vida. Por ello, se hace alusión al motivo Carpe
Diem, llamando a disfrutar de los placeres de la juventud antes de que sea
muy tarde.
Descubre Los poemas de Garcilaso de la Vega y su importancia en la
literatura española
En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciende el corazón y lo refrena;
y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena;
coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.
Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera,
por no hacer mudanza en su costumbre.
3. A una rosa - Luis de Góngora
Luis de Góngora (1561 - 1627) es otro de los grandes exponentes de la
poesía del Siglo de Oro español. Tal como sus predecesores, realiza un
análisis sobre la fugacidad de la vida humana y lo inminente de la muerte.
En este soneto se dirige a una rosa, una delicada creación cuya belleza
cautiva, pero es tan efímera que debe aprovecharse mientras dura.
Ayer naciste, y morirás mañana.
Para tan breve ser, ¿quién te dio vida?
¿Para vivir tan poco estás lúcida,
y para no ser nada estás lozana?
Si te engañó tu hermosura vana,
bien presto la verás desvanecida,
porque en tu hermosura está escondida
la ocasión de morir muerte temprana.
Cuando te corte la robusta mano,
ley de la agricultura permitida,
grosero aliento acabará tu suerte.
No salgas, que te aguarda algún tirano;
dilata tu nacer para tu vida,
que anticipas tu ser para tu muerte.
4. Soneto de repente - Lope de Vega
Lope de Vega (1562 - 1635) fue el gran renovador del teatro español.
También se destacó en la poesía, ya que se alejó de la rigidez de sus
contemporáneos y decidió explorar juegos de ingenio en algunas de sus
obras.
En este poema analiza con mucho humor la estricta construcción de un
soneto, composición de moda en el periodo. Así, detalla de forma irónica el
proceso, en el que deben existir catorce versos divididos en dos cuartetos y
dos tercetos.
Un soneto me manda hacer Violante,
que en mi vida me he visto en tal aprieto,
catorce versos dicen que es soneto;
burla burlando van los tres delante.
Yo pensé que no hallara consonante,
y estoy a la mitad de otro cuarteto;
mas si me veo en el primer terceto,
no hay cosa en los cuartetos que me espante.
Por el primer terceto voy entrando,
y parece que entré con pie derecho,
pues fin con este verso le voy dando.
Ya estoy en el segundo, y aún sospecho
que voy los trece versos acabando;
contad si son catorce, y está hecho.
5. Hombres necios que acusáis - Sor Juana Inés de la
Cruz
Sor Juana Inés de la Cruz (México, 1648 - 1695) fue de las pocas escritoras
mujeres que destacaron en el siglo XVI. Como religiosa, tuvo acceso a una
importante biblioteca y a una educación autodidacta, por lo que tuvo los
medios para cultivar una obra en la que se encuentra presente la crítica
social.
En estos famosos versos sigue la tradición de la poesía cortés, pero le da un
giro al confrontar a los hombres, aludiendo a la inconsecuencia masculina,
que en las mujeres acusan lo que causan.
Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis:
si con ansia sin igual
solicitáis su desdén
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?
Combatís su resistencia
y luego, con gravedad,
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.
Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco
al niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.
Queréis, con presunción necia,
hallar a la que buscáis,
para pretendida, Thais,
y en la posesión, Lucrecia.
¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?
Con el favor y el desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.
Opinión, ninguna gana;
pues la que más se recata,
si no os admite, es ingrata,
y si os admite, es liviana.
Siempre tan necios andáis
que, con desigual nivel,
a una culpáis por crüel
y otra por fácil culpáis.
¿Pues cómo ha de estar templada
la que vuestro amor pretende
si la que es ingrata, ofende,
y la que es fácil, enfada?
Mas, entre el enfado y pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y quejáos en hora buena.
Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.
¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada,
o el que ruega de caído?
¿O cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga,
o el que paga por pecar?
Pues ¿para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.
Dejad de solicitar,
y después, con más razón,
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.
Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.