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Clase 4

Entre 1850 y 1914, Argentina se integró al mercado mundial como exportadora de materias primas, impulsada por inversiones extranjeras, especialmente británicas, en infraestructura como ferrocarriles y puertos. Se desarrollaron tres ciclos productivos: lanas, cereales y carnes refrigeradas, con un crecimiento significativo en la agricultura de exportación gracias a la inmigración y la mejora de la infraestructura. La llegada de capitales norteamericanos a principios del siglo XX transformó la industria frigorífica y rompió el monopolio británico, generando una intensa competencia en el sector.

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Entre 1850 y 1914, Argentina se integró al mercado mundial como exportadora de materias primas, impulsada por inversiones extranjeras, especialmente británicas, en infraestructura como ferrocarriles y puertos. Se desarrollaron tres ciclos productivos: lanas, cereales y carnes refrigeradas, con un crecimiento significativo en la agricultura de exportación gracias a la inmigración y la mejora de la infraestructura. La llegada de capitales norteamericanos a principios del siglo XX transformó la industria frigorífica y rompió el monopolio británico, generando una intensa competencia en el sector.

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Clase 4

INCORPORACIÓN DE ARGENTINA
AL MERCADO MUNDIAL. ECONOMÍA PRIMARIA EXPORTADORA.
1850-1914.

Al inicio del gobierno del general Julio Roca (1880) la Argentina había resuelto
el conflicto con las provincias 1, había definido la Capital Federal y había
avanzado significativamente en la organización y consolidación del Estado
Nacional; un estado moderno, expresión de los intereses de la mayoría de las
provincias, con ejercicio del monopolio de la fuerza.
Estaban dadas las condiciones, entonces, para un fuerte ingreso de capitales
y de inmigrantes, generando un boom agroexportador.

La Argentina, en la década de 1880, se insertó en el mercado mundial como


exportadora de materia prima barata y consumidora de bienes industriales
importados.

Las inversiones extranjeras se dirigieron fundamentalmente a los ferrocarriles;


pero también hubo inversiones en puertos, en transporte urbano, en frigoríficos,
compañías importadoras y exportadoras, bancos. Se creó así la infraestructura básica
para favorecer la puesta en producción de las grandes extensiones de tierra, trasladar las
materias primas, comercializarlas, financiarlas. Las inversiones fueron
predominantemente (no excluyentemente) británicas. Un aspecto interesante es que
tanto en los ferrocarriles como en los tranvías y los frigoríficos, la inversión inicial fue
nacional (ya mencionamos el caso del Ferrocarril Oeste); pero luego un “aluvión” de
capitales británicos llegó a cada uno de esos sectores y pasó a dominarlos o
monopolizarlos. Resaltamos enfáticamente:

La importancia de las inversiones en ferrocarriles por el efecto multiplicador que


tuvieron. A medida que las líneas ferroviarias se fueron trazando desde Buenos Aires
hacia el Interior, se fueron valorizando las tierras, mayoritariamente públicas
y se vendieron a particulares que encontraron rentable destinarlas a la
producción primaria. Esa rentabilidad surgía de la abundancia de tierras de excelente
calidad y de la posibilidad de llevar las materias primas hacia el puerto de embarque,
con tarifas bajas 2. Al mismo tiempo, el ferrocarril trasladaba las manufacturas
importadas a bajos precios
El ferrocarril favorecía:
• La incorporación de tierras, su valorización y su poblamiento.
• La producción primaria y su traslado al puerto de embarque, a bajo
costo.
• La distribución de manufacturas.

El trazado en su conjunto fue radial –en abanico- sobre Buenos Aires;


es clara, entonces, la prioridad de las materias primas por sobre la
vinculación de las distintas regiones geográficas entre sí. Es más, esa
intencionalidad se refuerza cuando observamos que las compañías
ferroviarias utilizaron en el trazado trochas (ancho de la vía) diferentes 4.
Las inversiones en puertos fueron complementarias del ferrocarril ya que, para abaratar
más los costos, era necesario contar con infraestructura portuaria, muelles, bodegas, etc.

Los ciclos productivos: El modelo agroexportador primario se caracterizó por el


desarrollo de tres ciclos productivos, entendiéndose por tales, tres períodos de
predominio, en cada uno de ellos, de un producto de exportación; aunque cada nuevo
ciclo no implicaba que dejara de exportarse el producto característico del ciclo anterior.
Esos tres ciclos fueron:

1850 – 1890 Ciclo de lanas

1892 – 1913 Ciclo de cereales

1913 – 1919 Ciclo de carnes refrigeradas

Las Lanas: Ya hemos visto que la exportación de lanas comenzó a aumentar a


mediados del siglo XIX
como consecuencia de la creciente demanda de países del continente europeo y los
precios
en ascenso, y continuó haciéndolo hasta encontrar un punto de inflexión en 1890.
La incorporación de tierras producto de la campaña de Roca también favoreció
el incremento de cabezas de ovinos de tipo merino 5 (buenos productores
de lana); en consecuencia, el período comprendido entre 1850 y 1880 se
denominó de “merinización” de la provincia de Buenos Aires. El principal
comprador fue Bélgica pero también se destacaron las exportaciones hacia
Francia y Alemania.
Mientras las lanas eran el principal producto de exportación (de ahí, como
hemos dicho, la denominación de ciclo de las lanas) se seguían exportando
cueros y carne salada (hasta 1879 en que comenzó una marcada declinación
por causas ya explicadas). Al mismo tiempo comenzó a desarrollarse la
agricultura de exportación.
INMIGRACIÓN Y AGRICULTURA DE EXPORTACIÓN
El origen de la agricultura de exportación se produjo en las provincias de Santa Fe y
Entre Ríos, en el final de la década de 1850, cuando la Confederación Argentina –
separada de Buenos Aires- buscaba una alternativa exportadora con ventajas
comparativas respecto delos bonaerenses. Es decir, la ganadería del litoral no podía
competir con la de Buenos Aires porque sus precios eran más altos por los costos de
traslado hasta el puerto de salida; de allí que, dado que Buenos Aires solo tenía
agricultura de subsistencia, se haya pensado en el desarrollo de la exportación de
cereales. En consecuencia, Santa Fe y Entre Ríos buscaron estimular esa actividad a
partir de la instalación de colonias agrícolas con mano de obra inmigrante 6.
En relación con la inmigración, ya hemos visto que no constituyó un fenómeno
exclusivamente argentino y que una de las formas de integración de la economía
mundial consistió en el desplazamiento masivo de hombres de Europa a partir del
segundo cuarto del siglo XIX hasta el inicio de la primera guerra mundial.

6 Este tema debe ampliarse con la lectura –obligatoria- del anexo de esta clase:

Modelo agroexportador primario: Evolución del Régimen de Tierra Pública.

Si bien es cierto que el principal destino del éxodo europeo fue Estados Unidos
(30.000.000 aproximadamente, es decir, alrededor del 50% de los inmigrantes), la
Argentina recibió una cantidad mayor en proporción a su población (3.500.000 si
consideramos los inmigrantes que se radicaron en el país; en realidad ingresaron cerca
de 6.000.000 si tomamos en cuenta los que formaron parte de la “inmigración
golondrina”, es decir inmigrantes que –aprovechando la complementación estacional
entre los dos hemisferios- sembraban en Europa, venían a sembrar aquí, regresaban para
cosechar y luego volvían para cosechar). El predominio de italianos (levemente
superior) y españoles demostró el primer desajuste con el proyecto de los constituyentes
del ´53 y de la clase dirigente en general, que deseaba captar pobladores del norte
europeo. El otro desajuste consistió en que una buena parte de los extranjeros arribados
se radicó en las áreas rurales mientras que, otra parte importante, se estableció en
centros urbanos donde contribuyó al surgimiento de la industria y al inicio de
las organizaciones obreras y mutuales. El arribo masivo de inmigrantes –especialmente
en la década de 1880- provocó un importante crecimiento de la población que se
expresó en los dos primeros censos nacionales:

censo población
1869 1.737.976
1895 3.954.911

La población se concentró especialmente en el litoral y se incrementó la urbanización.


Se incrementó el porcentaje de personas en edad activa y los hombres superaron
considerablemente en cantidad a las mujeres. Cuando se produjo la llegada masiva de
inmigrantes, el país ya estaba organizado constitucionalmente y la clase alta que
controlaba el poder político y económico se había apropiado de las tierras (y seguiría
haciéndolo a medida que se incorporaban nuevas tierras). Esto configuró un
impedimento para el acceso a la propiedad rural por parte de los inmigrantes y los
relegó a la condición de arrendatarios o aparceros9. Al inmigrante le resultaba más
ventajoso se arrendatario o aparcero de 500 hectáreas que propietario de 1000; esta
situación consolidó una estructura de tenencia de la tierra latifundista y un trabajo
rural basado en las figuras mencionadas: el arrendamiento y la aparcería.
Volviendo a la producción de granos, producida la unificación nacional, como hemos
dicho, el ferrocarril fue un factor clave para el desarrollo agrícola: a medida que se
extendían las vías férreas, se extendía el área sembrada; primero se satisfizo el consumo
interno y, en 1876, se produjo la primera exportación de cereales.

La participación de los granos -trigo, maíz, lino- siguió creciendo: en 1890


representaban un 30% de las exportaciones y, en 1892, se convirtieron en el primer
componente de las exportaciones. Había comenzado el ciclo de los cereales.
Como parte de la expansión cerealera y de la creciente complejidad de la actividad,
aparecieron los consorcios exportadores –Bunge y Born, Dreyffus, los más
emblemáticos- que compraban, acopiaban y vendían en el momento más favorable de
precios, obteniendo una rentabilidad mayor que la que podían obtener pequeños y
medianos productores.
Carnes refrigeradas. Mientras los cereales adquirían un rol protagónico y continuaban
las exportaciones de lanas, aunque ocupando un segundo lugar, apareció una actividad
nueva que daría lugar, posteriormente, al ciclo de las carnesrefrigeradas: apareció la
industria frigorífica. La refrigeración –inventada por un francés, Tellier- formó parte
de las innovaciones de la llamada“revolución química” de la segunda mitad del siglo
XIX. Los ingleses fueron los primeros en equipar la bodega de un barco con el sistema
de enfriado creado por Tellier. En 1876 llegó al puerto de Buenos Aires un navío con
un cargamento de prueba que, en primera instancia, podríamos decir mostraba un
fracaso ya que la carne no llegó en buenas condiciones. La travesía había demandado
más días de los que el sistema de enfriado -que mantenía las carnes a cero grados
centígrados- podía conservarlas en buen estado. Momento histórico de múltiples
innovaciones y avances científicos, no iba a pasar mucho tiempo para que apareciera el
sistema de Carré-Julien, otro francés, que congelaba la carne a treinta grados
centígrados bajo cero; este método mantenía el producto en buen estado durante todo el
viaje. El éxito del congelado fue clave porque demostró la factibilidad de consumir, en
Inglaterra, carnes provenientes de Argentina y Australia. Fue el puntapié inicial para la
industria frigorífica. El primer frigorífico que comenzó a funcionar en Buenos Aires fue
el de Terrasón, un francés, propietario de un saladero, que captó la potencialidad de la
actividad al mismo tiempo que era consciente de la inevitable decadencia de la industria
saladeril. Así que, en 1880, transformó el saladero en frigorífico12 y comenzó con una
actividad llamada a desempeñar un importante papel en la economía argentina durante
mucho tiempo. Una vez más la ganadería ofrecía un producto de exportación de gran
dinamismo. Ya en 1881 aparecieron los capitales británicos, invirtiendo en varias
plantas que pronto lograron monopolizar la actividad. Haremos referencia a la industria
frigorífica entre 1880 y 1929. El período excede los límites temporales que planteamos
oportunamente para esta clase pero se debe a que la actividad mantiene sus condiciones
y lineamientos hasta la crisis de 1929. El período comprendió dos etapas:
a) inicial o británica, hasta 1902, b) De expansión o norteamericana, entre 1902 y
1929.En relación con la primera etapa, la denominación se debió al monopolio
británico de la actividad, durante el período comprendido entre 1880 y 1902.
Los frigoríficos se instalaron sobre las costas –era muy importante la cercanía a las
bodegas frigoríficas de los barcos- y la zona de instalación tuvo como límite norte
Zárate/Campana y como límite sur La Plata/Ensenada, con epicentro en el Riachuelo.
Los frigoríficos comenzaron utilizando ovinos como materia prima. Hubo varias
razones para ello:
• el gusto del consumidor ya que el producto estaba destinado al mercado británico,
acostumbrado a consumir carne de oveja;
• el tamaño de los animales que eran pequeños, facilitando la manipulación;
• los ovinos eran el mejor ganado disponible ya que los vacunos, de tipo criollo, eran
muy delgados, con poca carne, muy fibrosa y por lo tanto dura.
Esta circunstancia produjo varias consecuencias que modificaron el mapa ganadero
de la Argentina:
• Desmerinización de la provincia de Buenos Aires y reemplazo por ovinos de
tipo Lincoln. Los Lincoln eran animales de doble propósito, o sea, a la vez buenos
productores de lana y de carne; por ello se desplazaron los merinos, que eran buenos
productores de lana pero tenían menos carne, hacia la Patagonia (coincidió el desarrollo
de la actividad con la incorporación de las tierras en esa región) y su reemplazo por los
Lincoln en las áreas más cercanas a los frigoríficos.
• Mejoramiento del ganado vacuno. La llegada del frigorífico despertó expectativas
favorables en los ganaderos dedicados a los vacunos ya que creyeron que era una
alternativa frente a la declinación del tasajo. En la medida en que, inicialmente, se
utilizaron ovinos, los ganaderos del vacuno se vieron obligados a mejorar sus rodeos
para, en el futuro, abastecer a los frigoríficos. Ese mejoramiento se desarrolló en dos
etapas: i) mestizaje, trayendo animales puros –Shorthorn, Heresford- de Inglaterra, que
se fueron cruzando de manera sistemática con el ganado criollo; abarcó por lo menos la
década del ´80. ii) mejoramiento de las pasturas sembrando alfalfa para que el ganado
pudiera alimentarse bien, sin caminar mucho, lo cual hubiera endurecido la carne.

Alternancia ganadería/agricultura. Los ganaderos no sembraban directamente la


alfalfa,
recurrían a un sistema que derivó en la rotación agricultura/ganadería. Los ganaderos
comenzaron a dividir sus tierras destinando una parte al pastoreo y otra, la parcelaban
y arrendaban; los arrendatarios no podían criar animales, solo podían dedicarse a la
agricultura y, al cabo de tres años, debían entregar el campo sembrado con la pastura. El
terrateniente utilizaba esos campos para pastoreo y arrendaba los otros, recomenzando
el proceso. Este sistema resultó muy ventajoso para el ganadero ya que obtenía las
pasturas adecuadas para mejorar los vacunos no solo sin invertir, sino percibiendo una
renta. Una consecuencia muy importante de este mecanismo fue el
Desarrollo de la agricultura de exportación en la provincia de Buenos Aires,
tardío respecto del litoral. Esa agricultura fue subsidiaria de la ganadería.
Debe ser vinculado con el importante salto cuantitativo de las exportaciones
de cereales desde principios de la década de los ´90 y el inicio del ciclo de
los cereales. En 1902 comenzó la inversión de capitales norteamericanos en la industria
frigorífica y de su mano, una nueva etapa, la de expansión. La inversión de capitales
de los Estados Unidos quebró el monopolio británico y dio inicio a una fuerte
competencia que se extendió hasta el inicio de la crisis mundial de 1929, momento
en que cambió el escenario económico. Los frigoríficos norteamericanos se instalaron
en la ya mencionada área de inversión británica pero además la ampliaron hacia el
norte, hasta Rosario, y hacia el sur, hasta Bahía Blanca. Su producción estuvo destinada
al mercado británico. Los motivos por los cuales decidieron exportar a Gran Bretaña
desde Argentina y no desde EE.UU. fueron:

• Mano de obra barata,


• Carne de buena calidad,
• Complementación en los fletes.16
Como hemos dicho, la irrupción de los norteamericanos desencadenó una fuerte
competencia que se desarrolló tanto en la Argentina como en Gran Bretaña. No se
dio de manera ininterrumpida sino que hubo una alternancia de tres períodos de
conflicto denominados “guerras de carnes” y tres períodos de acuerdo llamados
“conferencias de fletes”. En la Argentina se compitió por el precio pagado al ganadero
por la materia prima. El precio de la carne subía porque los frigoríficos norteamericanos
y británicos pagaban más para conseguir la mejor calidad de carne, unos a expensas de
los otros. En Gran Bretaña –único mercado consumidor- el precio del producto
bajaba porque unos y otros querían vender más. El momento de las guerras de carnes
era, entonces, un momento de mayor beneficio para los ganaderos y menores precios
para los consumidores, pero de menor rentabilidad para los frigoríficos. La caída de la
rentabilidad explica por qué las guerras de carnes no podían sostenerse en el tiempo y
por qué se buscaba negociar un acuerdo. Las conferencias de fletes establecían los
acuerdos logrados entre los frigoríficos sobre el precio a pagar por la materia prima
(bajaban los precios pagados a los ganaderos y por lo tanto, las ganancias de aquellos) y
el precio de venta de las carnes (aumentaban los precios que pagaban los
consumidores). Ese era el momento en que aumentaba la rentabilidad de los frigoríficos.
Estos acuerdos también establecían la cantidad de carne que exportarían los frigoríficos
de capital británico y los de capital norteamericana hasta cubrir la cantidad colocada en
el mercado británico.

Estados Unidos fue quien rompió cada uno de los acuerdos y dio inicio a cada nuevo
proceso de competencia. Esas violaciones de los acuerdos previos tuvieron que ver con
el aumento de la capacidad instalada o con la introducción de innovaciones, como
sucedió en 1908 con la introducción del enfriado (chilled beef). Podría pensarse que los
norteamericanos acordaban con sus competidores para recomponerse y crear
condiciones favorables para recomenzar la competencia. El resultado fue –acuerdo
tras acuerdo- una ampliación de la participación norteamericana en el mercado de
carnes refrigeradas. Asimismo, observamos una pequeña participación en las
exportaciones de carnes de los frigoríficos argentinos; se trata del Municipal de Buenos
Aires y el Gualeguaychú de Entre Ríos; ambos habían podido irrumpir en el “negocio”
como consecuencia del quiebre del monopolio británico, que ya hemos mencionado.
Veamos los datos de las tres conferencias de fletes que son ilustrativos al respecto:
Conferencias de Frigoríficos de Frigoríficos de capital Frigoríficos
Fletes capital británico norteamericano capital naci
1° 40,155 41,35% 18,50%
2° 29,64% 58,50% 11,86%
3° 29% 61% 10%
Es importante destacar que, los británicos conservaron el flete y los seguros sobre todas
las exportaciones de carnes, inclusive las que salían de frigoríficos norteamericanos.
Hicimos mención a la introducción del enfriado por parte de los norteamericanos,
sistema que implicaba la conservación de la carne a cero grados centígrados; era un
sistema que – como ya vimos- fracasó en 1876; pero que era perfectamente factible a
principios del siglo XX ya que las innovaciones en las técnicas de navegación y en los
navíos habían acortado los tiempos de las travesías marítimas. Es importante considerar
las ventajas y las exigencias del nuevo sistema:
• Ventajas: la carne conservaba el color, el sabor y las propiedades de la carne fresca;
por lo tanto, era un producto de mayor calidad. Esto explica la gran expansión del
chilled beef.
• Exigencias: la materia prima debía ser tierna porque el sistema –como acabamos de
mencionar- mostraba la carne tal cual era. Esta exigencia hizo aparecer un nuevo actor
al interior del sector ganadero: el invernador. Este personaje era el dueño de campos de
invernada, es decir, campos con buenos pastos durante todo el año; campos que
permitían alimentar ganado de buena calidad para abastecer a los frigoríficos tanto en el
invierno como en el verano. El invernador, entonces, se convirtió en un privilegiado
que obtenía los mejores precios y orientaba su producción al mercado externo,
desvinculándose del mercado interno. Esta situación generó una división entre
invernadores y criadores, siendo estos últimos quienes en invierno –si querían vender
carnes para enfriado- debían alquilar campos de invernada para terminar el ganado 18;
otra alternativa era vender los animales sin terminar. En ambos casos las ganancias eran
menores. En relación con la expansión del enfriado debemos decir que esas
exportaciones se cuadruplicaron entre 1908 y 1913 y resultaron claves para dar lugar al
“ciclo de las carnes”.
Carnes como % de las Cereales como % de las
exportaciones exportaciones
1908 38,6 58
1914 49,3 47,4

La industria: Hemos hablado de sectores primarios que se expandían


considerablemente pero, en relación con la industria, esta continuó siendo una actividad
secundaria, orienta al mercado interno y sin posibilidades de exportación; la
característica fue el escaso desarrollo y los factores que lo explican, diversos.
La crisis ganadera del 1866 originó los primeros cuestionamientos al librecambio. Un
sector de ganaderos planteó la necesidad de diversificar la producción, incorporando la
agricultura y la industria. Un grupo de legisladores jóvenes dirigidos por Vicente Fidel
López, iniciaron un movimiento proteccionista industrial que se reforzó como
consecuencia de la crisis de 1873- 75.
En definitiva, en la segunda mitad de la década del ´70 se sentaron las bases para la
evolución de la industria en el sentido moderno del término. Entre los hechos que
caracterizaron ese proceso se pueden señalar:
• Instalación creciente de talleres y fábricas.
• Exposiciones nacionales de productos industriales, por ejemplo, en 1887 se realizó la
primera Exposición Industrial Argentina.
• Participación en exposiciones continentales e internacionales.
• Surgimiento de una conciencia industrialista, hecho ampliamente favorecido por el
debate parlamentario de 1875.
• Efectos positivos de la Ley de Aduanas de 1876.
• Impulso a proyectos como el de la Asociación Anónima Industrial Del Río de la Plata,
destinada a montar la primera fábrica moderna de paños de Buenos Aires; que inició
sus actividades en 1873, pero por la falta de protección quebró en 1879.
• Formación del Club Industrial (1875).
• En 1878 una escisión dio origen al Centro Industrial Argentino.
• En 1887 la fusión de ambos dio origen a la Unión Industrial Argentina (UIA).
Estas asociaciones editaron periódicos siendo el más importante “El Industrial”. Las
mencionadas publicaciones contenían noticias de interés sobre el establecimiento de
nuevas industrias y artículos editoriales en defensa y promoción de la actividad.
Hasta la primera Guerra Mundial la industrialización surgió en forma relativamente
espontánea y se encaminó por los cauces fáciles y poco conflictivos de la elaboración de
la producción agropecuaria. Esas actividades contaban con el beneplácito general
debido a que los bajos costos de la materia prima que utilizaban -producida localmente-
les permitían prosperar sin necesidad de una protección aduanera que pudiera irritar a
los países con intereses en el mercado argentino de importación o a los grupos
nacionales que dependían de sus exportaciones a esos países.
El conflicto se presentaba con otro tipo de industrialización basada en otras materias
primas, principalmente la siderurgia y la metalurgia. Estas actividades, con mayores
costos de materia prima y mayor escala de producción, requerían mayor protección
arancelaria la cual era retaceada por el Gobierno (que se apoyaba en la resistencia
mancomunada de los exportadores ingleses y los comerciantes locales de esos
productos) y enfrentada por el sector agrario exportador y por los grupos políticos que
basaban su rechazo a ese tipo de industrialización en la supuesta defensa del poder
adquisitivo del consumidor. Esas industrias que utilizaban materia prima importada o
que competían con productos importados, salvo excepciones, se afirmaron mal y
tuvieron un nivel de concentración incipiente y escaso progreso técnico.
Por el contrario, en los rubros vinculados a la producción agropecuaria, encontramos
una industrialización con niveles técnicos modernos, empresarios ricos y de prestigio y
alto grado de concentración. Como ejemplo podemos citar los frigoríficos, las fábricas
de tanino, los molinos harineros. Además estas industrias tenían un importante mercado
en el exterior y se desarrollaron fundamentalmente en base a la inversión de capitales
extranjeros. Un caso diferente lo representaron las bodegas y los ingenios azucareros
donde se registraron unidades importantes de producción desarrolladas gracias a la
protección arancelaria. Esa protección -como ya hemos explicado- fue una herencia del
momento en que, por razones políticas, la oligarquía porteña hizo concesiones a las
provincias de Tucumán y Mendoza para asegurar su apoyo político a la organización
nacional. La alianza política de Buenos Aires con las clases dominantes tucumana y
cuyana resultaba vital para dominar la rebeldía de las provincias más débiles de sus
respectivas áreas de influencia. Entre las causas del limitado crecimiento industrial
podemos mencionar:
• Desprotección oficial.
• Falta de adecuada política crediticia.
• Especialización agropecuaria.
• Hábitos de consumo, tanto en la elite gobernante como entre los inmigrantes.
• Capitales sujetos a fluctuaciones cíclicas.
• Falta de un grupo dinámico, con suficiente poder, que tomara en sus manos la
dirección del proceso industrial.
A manera de conclusión, volvemos a Rapoport19;
“A diferencia de otras naciones caracterizadas por similares estructuras de
agroexportación en un momento que el mundo de la época las necesitaba, las élites
argentinas mantuvieron un acendrado liberalismo económico y una cultura
fuertemente rentística -sus principales ingresos provenían de una sustanciosa
renta agraria- sin impulsar políticas de protección industrial o un reparto gratuito
de tierras públicas, como en el caso de Canadá o, como en el de Australia, una
mejor distribución de los ingresos.”

La situación social:
No existen estadísticas precisas respecto de la distribución del ingreso en este período
pero las existentes, muestran mejores salarios en la Argentina respecto de los países de
los que provenían los inmigrantes. Esto explica, en gran parte, la mencionada
“inmigración golondrina”. Momentos de alta inflación, por ejemplo durante la crisis de
1890 redujeron considerablemente el poder adquisitivo de los asalariados.
Sí es claro que los beneficios del crecimiento económico se distribuyeron de manera
desigual. No es sorprendente que, en una economía en desarrollo, se puedan dar al
mismo tiempo mejoras en las condiciones de vida de los trabajadores, incluso ascenso
social –la educación pública y gratuita jugó un rol muy importante en ese sentido- y
también una fuerte concentración de la riqueza en pocas manos.
Los terratenientes ligados a la ganadería y quienes controlaban el comercio exterior
incrementaron notablemente su riqueza. Las posibilidades de mejora estuvieron en las
actividades urbanas y en la agricultura. También hubo una desigualdad regional siendo
las áreas más favorecidas el litoral, en general, y Buenos Aires, en particular.
Las familias ricas construyeron mansiones en barrios nuevos, como el Barrio Norte y
lujosas estancias en la provincia de Buenos Aires, diseñadas por arquitectos europeos,
construidas con materiales importados y con jardines pensados por paisajistas franceses.
También dieron origen a instituciones exclusivas como el Jockey Club o el Club del
Progreso. Vacacionaban en Europa y tenían institutrices inglesas.
Como contrapartida, para las clases populares la vivienda era un problema central. El
gran aumento poblacional producido por la inmigración resolvió la cuestión de la mano
de obra pero trajo otros problemas, especialmente en los centros urbanos. No todos los
inmigrantes se trasladaron a las áreas rurales: muchos, como hemos mencionado,
permanecieron en las ciudades que carecían de la infraestructura necesaria para cubrir
las demandas de los nuevos pobladores, especialmente la de viviendas. El Estado
proveyó, en muchos casos, de agua potable y red cloacal pero no de viviendas.
De esa necesidad insatisfecha surgieron los “conventillos”. Se trataba de casas antiguas,
deshabitadas cuando los pobladores de clase alta huyeron de las epidemias de fiebre
amarilla y se trasladaron al norte de la ciudad; tenían varias habitaciones y estas se
alquilaban a las familias. La falta de privacidad y el hacinamiento eran lo normal.
El desfasaje entre oferta y demanda de viviendas produjo un sostenido aumento de los
alquileres. Se calcula que entre 1904 y 1912 se duplicaron y que la renta equivalía

aproximadamente a un tercio del salario de un trabajador calificado. Esta situación


motivó, en 1907, un hecho muy particular: una huelga de inquilinos que comenzó en la
Capital Federal pero se extendió al interior.

El movimiento obrero: Durante los períodos prósperos de la década de 1880 y 1900, se


radican en la Argentina más de dos millones de inmigrantes. Para 1914, eran extranjeros
tres de cada diez individuos que vivían en Argentina y la mitad de los que residían en
Buenos Aires. El inmigrante típico era el español o el italiano, de 15 a 64 años. Era
un agricultor o un trabajador especializado o semiespecializado, ocupado en una
pequeña fábrica o taller. Estos trabajadores y artesanos inmigrantes dieron origen a las
primeras organizaciones obreras; muchas de ellas comenzaron teniendo propósitos
mutualistas. Tanto italianos como españoles formaron gran cantidad de “sociedades de
socorros mutuos” que buscaban proporcionar a sus “paisanos” hospitales, escuelas y
seguros por accidentes, enfermedad y sepelio. Durante la década de 1880 surgieron
organizaciones que comenzaron a reflejar la resistencia de los trabajadores al sistema y
comenzaron también a incrementarse los conflictos, las huelgas.
Los reclamos apuntaban al aumento de salarios, a la instauración de la jornada de ocho
horas, la prohibición del trabajo de menores de catorce años, la reglamentación del
trabajo femenino, etc. Los inmigrantes, además de impulsar la organización obrera,
aportaron sus ideas políticas, de modos que éstas fueron anarquistas o socialistas
primero y luego también sindicalistas. Mientras los socialistas se inclinaban a reclamar
la participación en el sistema político para producir la mejora de los trabajadores desde
adentro, los anarquistas mostraron su oposición violenta al capitalismo y el régimen
parlamentario; finalmente, los sindicalistas revolucionarios, a pesar de cuestionar
radicalmente el sistema centraron su actividad en el sindicato. La protesta social se
manifestó sobre todo en el ámbito urbano, pero también tuvo alguna presencia en el
campo, por ejemplo el caso del “Grito de Alcorta” como podrán ver en el Anexo
sobre tierras públicas. El período que se extendió entre 1900 y 1910 fue de alta
conflictividad con abundancia de huelgas generales y de acciones en las calles. La
modernización económica y la inmigración introdujeron cambios que llevaron a una
creciente complejidad social. En 1910, la Argentina, moderna y económicamente
próspera, se preparaba para festejar el
Centenario, pero en un clima plagado de tensiones y contrastes y el
gobierno, para evitar las acciones de protesta, debió declarar el estado de
sitio y encarcelar dirigentes obreros.
Es importante destacar que, en 1904, como consecuencia de una ley
electoral que establecía un sistema uninominal, fue elegido Alfredo Palacios
como diputado por la Capital Federal y que desde el Congreso luchó para
lograr la sanción de leyes que protegieran a los obreros.
Frente a la nueva realidad, algunos hombres de la elite incluyeron en su agenda
la llamada “cuestión social” pero el Estado respondió, en líneas generales,
con represión, por ejemplo, el caso de la Ley de Residencia, 1902, por la
cual el gobierno podía expulsar a cualquier extranjero cuya conducta fuera
peligrosa para la seguridad nacional o el orden público, y la Ley de Defensa
Social, 1910, que prohibía el ingreso al país de anarquistas, la existencia de
organizaciones de esa ideología y regulaba el derecho de reunión.
Hubo también un intento reformista proveniente, en 1904, del ministro
del Interior –Joaquín V. González- quien presentó un proyecto de Código
de Trabajo en el Congreso Nacional. El proyecto contemplaba muchas de
las reivindicaciones de los trabajadores pero también contenía artículos
que reglamentaban las organizaciones obreras. Por motivos obviamente
diferentes tanto la Unión Industrial Argentina como los obreros rechazaron el
proyecto, que tampoco fue aprobado por los legisladores.
En los años siguientes Palacios logró la sanción de algunas leyes obreras,
como por ejemplo el descanso de 36 horas ininterrumpidas y la reglamentación
del trabajo femenino pero en la mayoría de los casos los industriales no las
pusieron en práctica y los gobiernos tampoco se preocuparon –hasta 1946-
por hacerlas respetar.

El comercio exterior: La evolución del comercio exterior da testimonio de la estrecha


vinculación de la economía argentina con el mercado externo. Durante la década del ´80
–momento de auge de las lanas, de expansión agrícola e inicio de la industria
frigorífica- la balanza comercial fue negativa ya que las importaciones crecieron a un
ritmo mayor al crecimiento de las exportaciones. Casi el 50% de las importaciones
argentinas eran materiales para la construcción de los ferrocarriles (rieles, material
rodante, carbón, materiales para la construcción de estaciones, viviendas del personal,
etc., etc.). Pero el ferrocarril era una inversión de lenta maduración, es decir que debían
pasar alrededor de cinco años hasta que esas inversiones se tradujeran en saldos
exportables. Los bienes de consumo explican el resto de las importaciones.
Durante esa década el balance de pagos fue positivo y los capitales que ingresaron
masivamente compensaron el mencionado saldo comercial negativo y permitieron
cumplir con los compromisos externos. Como hemos dicho, en la próxima clase nos
ocuparemos de los temas financieros. Luego de la crisis de 1890 la balanza comercial
pasó a ser positiva, tanto por el fuerte incremento de las ventas de cereales (maduración
de las inversiones, ciclo de los cereales, etc.) como por la disminución de las
importaciones. El saldo comercial favorable equilibró el balance de pagos aun cuando,
durante la primera mitad de la década, no ingresaron capitales ni se pudo tomar deuda;
con posterioridad comenzaron a ingresar capitales extranjeros pero en menor cantidad
respecto de la década anterior. Hasta la Primera Guerra Mundial e incluso en la década
de 1920, la Argentina dependió menos del flujo de capitales extranjeros y su ciclo
económico (expansiones y depresiones) se relacionó mucho más con los saldos
comerciales positivos o negativos. El principal destino de nuestras exportaciones era
Gran Bretaña, país que era además nuestro principal proveedor. Asimismo, Alemania,
Francia, Bélgica y EEUU. eran clientes nuestros en ese orden de importancia. Los
mencionados países también eran proveedores, siendo el orden, según su importancia:
Alemania, EE.UU., Francia, Bélgica e Italia. La relación con Inglaterra explicaba el
30% del comercio exterior argentina con una balanza comercial deficitaria para nuestro
país hasta 1914, pasando a ser favorable a partir de esa fecha.

En víspera de la 1er guerra mundial: Hacia el centenario de la Revolución de Mayo, el


modelo agroexportador parecía haber llegado a su punto más alto: comercio exterior
elevado, importantes aportes de capitales y flujo de inmigrantes, altas tasas de
crecimiento. Entre 1870 y 1913 la población creció a una tasa del 3,43% anual, el PBI a
un ritmo del 6,02% y el PBI por habitante al 2,50% anual. Estos porcentajes eran de los
más elevados a nivel mundial. Se confiaba en el desarrollo basado en los recursos
naturales, la disponibilidad de tierras, el clima; se consideraba posible financiar
cualquier emprendimiento con endeudamiento externo; nadie podía siquiera imaginar
que, en algún momento, pudiera caer la demanda de materias primas.
La realidad no tardaría mucho en demostrar:

• la dependencia respecto de las potencia industriales;


• la dificultades para que el conjunto de la población accediera a una mejor vida;
• el retraso de las economías regionales, convertidas en periferia del litoral;
• los riesgos de estar insertos en una división internacional del trabajo que solo era
funcional a los intereses británicos.

Bibliografía. RAPOPORT, M. Las políticas económicas de la Argentina. Una breve


historia. Buenos Aires, 2010.

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