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El nacimiento de la modernidad

europea.
Índice
Historia de la Filosofía​ ​ ​ ​ ​ ​ De la Edad Media a la modernidad europea

1. Introducción​ 2
1.1. La modernidad en España: la Escuela de Salamanca.​ 3
2. El racionalismo de René Descartes​ 5
2.1. Biografía de René Descartes​ 6
2.2. El contexto histórico, cultural y filosófico.​ 6
2.2.1. Europa a comienzos del siglo XVII​ 6
2.2.2. La escolástica y la nueva ciencia​ 7
2.3. El racionalismo​ 8
2.3.1. El racionalismo continental​ 8
2.3.2. Concepto de racionalismo​ 8
2.4. El método cartesiano​ 9
2.4.1. Origen y necesidad del método​ 9
2.4.2. El camino hacia el método​ 10
2.4.3. La contribución de las ciencias y el conocimiento​ 12
2.4.4. Reglas del método​ 12
2.5. La aplicación del método​ 14
2.5.1. La duda metódica​ 14
2.5.2. La primera certeza: "pienso, luego existo"​ 16
· La naturaleza del sujeto​ 17
2.6. La metafísica​ 18
2.6.1. Las ideas​ 18
2.6.2. Las pruebas de la existencia De Dios​ 19
2.6.3. Dios como garantía de la verdad del conocimiento​ 21
2.6.4. La existencia del mundo​ 21
2.6.5. Un enfoque mecanicista: la materia en movimiento​ 23
Las tres leyes del universo​ 24
2.7. Antropología y moral: el cuerpo y el alma.​ 24
2.7.1. El cuerpo y el alma​ 24
2.7.2. Problemas del dualismo​ 25
2.7.3. El interés por la moral​ 26
2.7.4. Reglas morales​ 27

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Historia de la Filosofía​ ​ ​ ​ ​ ​ De la Edad Media a la modernidad europea

1.​Introducción
La modernidad europea, un periodo revolucionario en la historia de la humanidad, se gestó
entre los siglos XV y XVIII. Este cambio de época marcó una transición significativa desde el
pensamiento medieval hacia una nueva forma de entender el mundo y el lugar del ser humano
en él. Para comprender este fenómeno desde la historia de la filosofía, es esencial analizar los
factores históricos y culturales que posibilitaron su surgimiento.

En primer lugar, el Renacimiento, que comenzó en Italia en el siglo XV, fue un


movimiento cultural que puso las bases para la modernidad. Este periodo se caracterizó por
un renovado interés en las artes y las ciencias, inspirado en gran medida por el
redescubrimiento de textos y conocimientos de la antigua Grecia y Roma. Los humanistas
renacentistas, como Erasmo de Rotterdam y Thomas More, fomentaron una visión del mundo
centrada en el ser humano (antropocentrismo), en contraposición al teocentrismo de la
Edad Media. Este cambio de perspectiva fue crucial para el desarrollo del pensamiento
moderno.

Otro factor decisivo fue la Revolución Científica del siglo XVII. Figuras como Galileo
Galilei y Johannes Kepler desafiaron la visión aristotélica del universo, que había dominado el
pensamiento europeo durante siglos. La adopción del método científico, basado en la
observación, la experimentación y la razón, sentó las bases para un conocimiento más
empírico y menos especulativo. Esto no solo transformó las ciencias naturales, sino que
también influyó en la filosofía, alentando un enfoque más crítico y sistemático hacia el
conocimiento y la realidad.

La Reforma Protestante, iniciada por Martín Lutero en 1517, también jugó un papel
significativo en el nacimiento de la modernidad. Al cuestionar la autoridad de la Iglesia y
promover la idea de que cada individuo podía interpretar las Escrituras por sí mismo, la
Reforma fomentó un espíritu de cuestionamiento y de autonomía intelectual. Este impulso
hacia la independencia del pensamiento fue fundamental para el desarrollo de la filosofía
moderna, que enfatiza la capacidad del individuo para razonar y conocer.

La expansión del comercio y los descubrimientos geográficos, como los viajes de


Cristóbal Colón, también tuvieron un impacto profundo. Estos eventos no solo transformaron
la economía y la política europeas, sino que también expandieron los horizontes intelectuales.
La confrontación con nuevas culturas y formas de vida desafió las concepciones europeas
existentes sobre el mundo y estimuló un pensamiento más global y comparativo.

La imprenta, inventada por Johannes Gutenberg a mediados del siglo XV, fue otro
factor crucial. Al facilitar la difusión de libros y de nuevas ideas, la imprenta permitió una
diseminación más rápida y amplia del conocimiento. Esto no solo democratizó la información,
sino que también creó un público más amplio y diverso para las ideas filosóficas.
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Historia de la Filosofía​ ​ ​ ​ ​ ​ De la Edad Media a la modernidad europea

Finalmente, los conflictos políticos y las luchas por el poder, como la Guerra de los
Treinta Años (1618-1648), revelaron la necesidad de nuevas formas de organización política y
social. Esto llevó a filósofos como Thomas Hobbes y John Locke a reflexionar sobre la
naturaleza del gobierno y los derechos individuales, contribuyendo al desarrollo de la teoría
política moderna.

En resumen, la modernidad europea fue el resultado de una confluencia de factores


históricos y culturales que incluyen el Renacimiento, la Revolución Científica, la Reforma
Protestante, los descubrimientos geográficos, la invención de la imprenta y las
transformaciones políticas y económicas. Estos elementos, al interactuar entre sí, crearon un
contexto propicio para el surgimiento de una nueva forma de pensar, caracterizada por el
antropocentrismo, el empirismo, el cuestionamiento crítico y la valoración de la razón
individual. Este cambio de paradigma marcó no solo un nuevo capítulo en la historia de la
filosofía, sino también el inicio de la era moderna en la historia de la humanidad. En filosofía,
se considera que el autor que inaugura esta etapa clave del pensamiento fue el francés René
Descartes.

1.1. La modernidad en España: la Escuela de Salamanca.


La Escuela de Salamanca, un movimiento intelectual surgido en el siglo XVI en la Universidad
de Salamanca, representa un hito en la historia del pensamiento occidental. Esta escuela,
constituida principalmente por teólogos y juristas, se dedicó a la reflexión y el análisis de
cuestiones relacionadas con la moral, la economía, el derecho y la política, en un contexto
marcado por los descubrimientos geográficos y los cambios socioeconómicos del
Renacimiento que ya hemos mencionado.

Francisco de Vitoria, uno de los máximos exponentes de la Escuela de Salamanca,


es reconocido por sus contribuciones significativas a la filosofía del derecho internacional y la
ética. Vitoria, un dominico y profesor en Salamanca, es considerado uno de los fundadores
del derecho internacional moderno debido a sus reflexiones sobre la guerra, la conquista y el
trato a los pueblos indígenas.

Entre sus aportaciones más destacadas, se encuentra su análisis sobre los


derechos de los pueblos indígenas de América. Vitoria defendía que estos pueblos
poseían derechos naturales y territoriales, independientes de su conversión al cristianismo.
Argumentaba que los nativos eran verdaderos propietarios de sus tierras y que tenían el
derecho a mantener su organización y gobierno. Esta postura se oponía a las justificaciones
de la conquista basadas en argumentos de superioridad religiosa o cultural.

Además, Vitoria abordó la legitimidad de la guerra, estableciendo criterios éticos para


su justificación. Consideraba que la guerra sólo podía ser justa bajo ciertas condiciones,
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Historia de la Filosofía​ ​ ​ ​ ​ ​ De la Edad Media a la modernidad europea

como la defensa propia o la reparación de una injusticia grave. Rechazaba la idea de que la
guerra pudiera ser usada para imponer la fe cristiana o por ambición de poder y riqueza.

Vitoria también contribuyó al desarrollo del pensamiento económico, abogando por la


idea de un orden económico basado en la justicia y la equidad. Consideraba que el comercio
debía ser libre y que las riquezas naturales eran un bien común de la humanidad.

La Escuela de Salamanca, y en particular Francisco de Vitoria, desempeñaron un papel


crucial en el desarrollo del pensamiento moderno. Sus ideas sobre los derechos humanos, la
justicia en la guerra y la economía no solo influyeron en su tiempo, sino que sentaron las
bases para los debates contemporáneos en derecho internacional y ética global. Vitoria, con
su visión progresista y humanista, es recordado como una figura clave en la transición hacia
una comprensión más ética y jurídica de las relaciones internacionales y los derechos
humanos.

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Historia de la Filosofía​ ​ ​ ​ ​ ​ De la Edad Media a la modernidad europea

2.​ El racionalismo de René Descartes


Descartes es uno de los protagonistas del cambio intelectual del siglo XVII que puso fin a la
escolástica medieval y su herencia en el Renacimiento. Es considerado el padre de la Edad
Moderna en filosofía por haber propuesto un método de conocimiento revolucionario: el
método cartesiano. La modernidad tenía como principal baluarte la razón, es decir, se
consideraba que esta era la herramienta fundamental para conocer la realidad, mucho más
importante que los sentidos.

Quienes pensaban así fueron llamados racionalistas, y Descartes fue su principal


representante. De hecho, al sistema de Descartes se lo denominó racionalismo, pues da
primacía a la razón frente a los sentidos.

El problema general al que se enfrentó Descartes fue el de la validez del


conocimiento. Y es que, según el filósofo francés, el conocimiento no se fundamenta ni en
los sentidos ni en la observación, y menos aún en la tradición y las autoridades; se
fundamenta, únicamente, en el pensamiento o la razón.

Descartes, como si de un prestidigitador se tratara, va a hacer desaparecer el mundo, el cuerpo, todo lo


físico y sensible, por fantasmagórico, por ingrávido, por carente de fundamento. Descartes, como los
charlatanes de feria, nos va a proponer cambiar nuestro mundo, ese sobre el que tan gustosos y confiados
apoyamos los pies cada mañana, por la seguridad e indubitabilidad de la conciencia, de la subjetividad del
"Yo".

¿Y eso cómo se hace? Poniéndolo todo en duda (...) sirviéndose, entre retórico y engatusador, de la duda
metódica, que es el verdadero cauterio de toda la modernidad, un suspicaz instrumento que pone a prueba
las verdades, las creencias, las confianzas y seguridades hasta ver si se tienen en pie o necesitan algún punto
de apoyo. Claro que no se trata de la duda de los escépticos, "que dudan solo por dudar", sino de una duda
que trata de encontrar terreno firme sobre el que seguir construyendo, edificando el conocimiento.

Y así el licenciado Descartes, el militar Descartes, el virtuoso de las matemáticas, pone en duda el testimonio
de los sentidos. Después de todo, ya nos han engañado muchas veces.

Toda la astronomía precopernicana estaba montada sobre una información incorrectamente interpretada por
culpa de los sentidos. Pero además, ¿quién no ha sufrido alguna vez ilusiones ópticas, acústicas? (...)

En definitiva, nuestros sentidos no son prueba irrefutable de la presencia de un mundo inmediato. Más bien el
mundo se ha vuelto algo problemático, de dudosa y difícil verificación directa. Podría, incluso, no ser sino una
ilusión. En suma, un sueño. Porque, ¿qué diferencia hay entre éste y la vigilia? Recuérdese lo que un
contemporáneo de Descartes, Calderón, escribirá al respecto:

¿Qué es la vida? Un frenesí. /¿Qué es la vida? Una ilusión, / Una sombra, una ficción, Y el mayor bien es
pequeño; / Que toda la vida es sueño, / Y los sueños, sueños son.

AA. VV.: Luces y sombras. Madrid: Ediciones de la Torre, 2010.

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Historia de la Filosofía​ ​ ​ ​ ​ ​ De la Edad Media a la modernidad europea

2.1. Biografía de René Descartes


René Descartes nació en La Haye de Turena (1596) en una familia de clase acomodada.
Hacia los diez años de edad ingresó interno en el colegio de La Flèche, dirigido por los
jesuitas. Luego estudió Derecho en la Universidad de Poitiers. Una vez licenciado, se dedicó
inicialmente a la profesión de las armas, para pasar pronto a moverse en ámbitos
universitarios.

Durante más de veinte años vivió en las Provincias Unidas (Holanda), porque era un
país muy tolerante. Allí enseñó en distintas universidades (Utrecht, Leiden) y residió en varias
ciudades (como Amsterdam). Murió en Estocolmo, adonde había viajado para ejercer como
profesor de la reina Cristina de Suecia, en 1650.

Sus obras fundamentales son:

Reglas para la dirección del espíritu, Tratado del mundo, Tratado del hombre, Discurso del
método, Meditaciones de filosofía (Meditaciones metafísicas), Principios de la filosofía y
Las pasiones del alma.

2.2. El contexto histórico, cultural y filosófico.


2.2.1. Europa a comienzos del siglo XVII
La realidad histórica de la época de Descartes estuvo marcada por:

• Los conflictos religiosos. Tras la Reforma protestante iniciada en el siglo XVI en Alemania
y que se extendió a muchos otros países europeos, la Iglesia católica respondió con la
Contrarreforma. Las diferencias religiosas dieron lugar a graves conflictos entre católicos y
reformados o protestantes. Los episodios de guerras y persecuciones se sucedieron.

En Francia se logró acabar con las llamadas "guerras de religión" mediante la


promulgación del Edicto de Nantes (1598), que garantizó la libertad religiosa. En el siglo XVII,
la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), que afectó a gran parte de Europa, fue en parte
consecuencia de la división religiosa del continente.

• La revolución científica iniciada en el siglo XVI, con las nuevas ideas de astrónomos
como Nicolás Copérnico, que continuaron, ya en tiempos de Descartes, con las
aportaciones de Tycho Brahe, Johannes Kepler y Galileo Galilei. Todos ellos contribuyeron a
los cambios fundamentales que se produjeron en la concepción del cosmos, derrocando la
visión del mundo aristotélica que había imperado desde la Antigüedad.

Durante toda la etapa precedente, la Edad Media, Aristóteles había sido la máxima
autoridad, una autoridad que no se limitaba al campo de la filosofía, sino que se extendía al
de las demás ciencias, sobre todo al de la física y al de la astronomía.

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Historia de la Filosofía​ ​ ​ ​ ​ ​ De la Edad Media a la modernidad europea

Sin embargo, en el siglo XVI la autoridad de Aristóteles se vio minada por los avances
de las ciencias experimentales mencionados anteriormente, que no solo dieron una
interpretación del universo más acorde con los datos observados, sino que incluso
encontraron en los hechos históricos del momento - es la época de los navegantes y de sus
descubrimientos - una confirmación de la no validez de la ciencia aristotélica. Este
desmoronamiento del prestigio de la ciencia de Aristóteles - recordemos que se hunde
asimismo el paradigma vigente durante toda la Edad Media- arrastró consigo a su filosofía.

En este contexto histórico-cultural nació el sistema cartesiano. Todos estos


condicionamientos llevaron a Descartes a pensar que era necesario establecer la razón o el
buen sentido para pronunciar libremente un juicio sobre la realidad.

2.2.2. La escolástica y la nueva ciencia


Descartes se formó en la filosofía escolástica medieval. Esta era la filosofía oficial del
momento, así que Descartes tuvo que partir de ella, estudiarla y, posteriormente, rebatirla
para abrir un camino filosófico nuevo, muy distinto al sistema escolástico.

El Renacimiento avanzó en el cultivo de la razón siguiendo la estela marcada por


Guillermo de Ockham, quien defendió al final de la Edad Media la autonomía de la razón
frente a la fe, haciendo que se tambalearan los cimientos tomistas. Para Ockham, pretender
racionalizar la fe era destruirla, idea que le conduce a establecer una clara separación entre
ambos ámbitos. Si bien es cierto que los renacentistas eran en su mayoría cristianos, frente
al teocentrismo medieval primaba el humanismo.

En 1622, Descartes viajó a Italia, aunque no llegó a conocer a Galileo, cuyas tesis
sobre el heliocentrismo, especialmente, que retomó de Copérnico, fueron condenadas por el
Santo Oficio. Inmediatamente, al enterarse de esta decisión, Descartes suspendió la
redacción del Sistema del mundo por precaución justificada, según le aconsejó su proverbial
prudencia.

La nueva ciencia, establecida en el siglo XVII por Copérnico, Kepler y Galileo, ejerció
mucha influencia en Descartes. Esta defendía la concepción matemática del mundo, el
mecanicismo, la capacidad de la razón para construir hipótesis y los conocimientos prácticos
para cambiar y hacer progresar la vida de los hombres. Esto produjo un cambio esencial en
la concepción de la realidad y en el conocimiento de la misma.

En época de Descartes seguía el interés por la alquimia y la astrología, y como


estaban reservadas solo a los "sabios", la gente normal no podía comprobar su verdad. Sin
embargo, Descartes aseguró que todos los seres humanos tienen la capacidad de conocer,
no solo los sabios. Ahora, el conocimiento se hace colectivo y universal y la magia queda
superada. Lo único que falta para investigar es dotarse de un método.

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Historia de la Filosofía​ ​ ​ ​ ​ ​ De la Edad Media a la modernidad europea

2.3. El racionalismo
2.3.1. El racionalismo continental
La expresión “racionalismo continental” hace referencia a una doctrina filosófica, la
racionalista, y a un territorio, la Europa continental. Frente a esta tradición racionalista y
continental, en las Islas Británicas se desarrolló la escuela empirista que iba a tener gran
importancia en los siglos siguientes.

Además de Descartes, los principales filósofos racionalistas fueron Blaise Pascal


(1623-1662), Baruch Spinoza (1632-1677), Nicolas Malebranche (1638-1715) y Gottfried W.
Leibniz (1646-1716).

A la hora de definir con exactitud el racionalismo pueden surgir algunas dificultades:


se trata de un sistema que emplea la razón en sus análisis, pero una definición tan general
llevaría a considerar racionalistas prácticamente a la totalidad de los filósofos hasta la
modernidad.

También se le puede llamar racionalista al que niega lo sobrenatural y no acepta


revelación ni misterios. Ahora bien, esta acepción negativista no sirve ni para Leibniz ni para
Descartes, por ejemplo, pues ambos aceptaban la fe y elaboraron pruebas para demostrar la
existencia de Dios, con ciertos ecos escolásticos.

2.3.2. Concepto de racionalismo


Los elementos fundamentales que definen el racionalismo son:

●​ La importancia de la razón en el origen del conocimiento, frente a los sentidos o la


experiencia. Los sentidos suministran información, pero esta resulta confusa por sí
misma y debe ser interpretada por la razón. La razón es la justificación filosófica del
conocimiento. Para que un conocimiento sea válido, en su producción tiene que
intervenir la razón.

●​ La existencia de ideas o verdades innatas, que se activan cuando se produce una


experiencia. Conocemos que tales proposiciones son verdaderas sin necesidad de
emplear los sentidos.

●​ La razón caracteriza al ser humano y tiene funciones tales como elaborar hipótesis,
establecer pruebas, hacer derivaciones y reflexionar acerca de cualquier suceso. Es,
pues, universal; es decir, está presente en toda la especie humana.

●​ La razón es lo opuesto al criterio de "autoridad", es decir, a la imposición de


creencias por la tradición o la opinión de una persona de gran prestigio. El instrumento
de la razón pertenece al sujeto humano, quien, con tal herramienta racional, puede

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Historia de la Filosofía​ ​ ​ ​ ​ ​ De la Edad Media a la modernidad europea

prevenir errores. La razón es lucidez y claridad que detecta equivocaciones y


falsedades.

●​ El modelo de conocimiento es el matemático. Para los racionalistas del siglo XVII, el


modelo matemático supone claridad, certeza y verdad definitiva, y elimina cualquier
factor subjetivo o prejuicio. Descartes concibió una ciencia universal como modelo.
Spinoza exponía la verdad sobre la realidad mediante demostraciones de tipo
geométrico. Leibniz buscaba un sistema universal de cálculo.

●​ La razón es el único instrumento para conocer la realidad. Con ella caerían todos
los velos que pudieran ocultarla y se perdería el miedo a lo desconocido. En los siglos
XVI y XVII se empezaron a sembrar las bases de semejante proceder. Más tarde,
Hegel escribió: "Armados con el concepto de razón, no debemos atemorizarnos ante
ninguna materia" (Lecciones sobre la historia de la filosofía).

En resumen: el racionalismo es una corriente de pensamiento que se desarrolló en Europa


continental durante el siglo XVII. Se considera que Descartes es el padre del racionalismo y
de la filosofía moderna. Las características básicas del racionalismo son: afirmar la razón,
dando menor importancia a los sentidos; aceptar la existencia de ideas innatas, y mantener
que la razón es el instrumento único para conocer la realidad.

2.4. El método cartesiano


2.4.1. Origen y necesidad del método
Descartes explica en el Discurso del método por qué cree necesario un método sobre el que
construir su filosofía. Las ciencias toman sus principios de la filosofía, expone Descartes, y sin
embargo la filosofía no está construida sobre principios sólidos, ya que todo lo que trata la
filosofía ha sido objeto de disputa. Por ello, se plantea la necesidad de que la filosofía se
asiente sobre pilares sólidos; se trata de encontrar un método seguro para alcanzar el
conocimiento.

El interés por encontrar un método no surgió de repente. Descartes tomó referencias


del método de resolución-composición (método hipotético-deductivo) de la Escuela de
Padua del siglo XIV, que también había sido utilizado por Galileo.

Descartes pensó, por tanto, que la única vía fiable de acceso al conocimiento era la
razón. Todos los seres humanos disponen por igual de la razón o entendimiento con el que
juzgar bien y distinguir la verdad de la falsedad. Ahora bien, esta no es suficiente si no se
aplica bien y no se sigue un camino seguro, para lo que es necesario usar la razón
rectamente. Para alcanzar la verdad de las cosas mediante la razón es necesario un método
apropiado.

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Historia de la Filosofía​ ​ ​ ​ ​ ​ De la Edad Media a la modernidad europea

La propuesta de un método

Así pues, mi propósito no es enseñar aquí un método que cada cual debe seguir para
conducir bien su razón, sino solamente mostrar de qué manera he tratado de construir el
mío. Los que se meten a dar preceptos deben estimarse más hábiles que aquellos a
quienes se los dan, y si cometen la más pequeña falta se hacen por ello censurables.
Pero, no proponiendo este escrito más que como una historia, o, si lo preferís, como una
fábula en la que, entre algunos ejemplos que se pueden indicar, se encontrarán tal vez
otros que haya razón para no seguir, espero que será útil para algunos sin ser nocivo para
nadie, y que todos me agradecerán mi franqueza.

DESCARTES, R.: Discurso del método. Madrid: Alianza, 2011.

2.4.2. El camino hacia el método


El problema del conocimiento tiene en Descartes un planteamiento autobiográfico. Al salir
de La Flèche advierte claramente que todo lo aprendido en los libros le sirve de poco; le
embargan tantas dudas que llega a pensar que «no ha sacado más provecho que el de
descubrir su ignorancia». Por lo que, desconfiando de los libros, se propone entonces
aprender en «el gran libro del mundo».

En el curso de los viajes que emprende a partir de ese momento su atención se fija,
en primer lugar, en problemas concretos de mecánica, física, óptica, etc. Sigue en el estudio
de estos problemas un planteamiento inspirado en el proceder de las matemáticas, y
descubre de este modo la necesidad de un nuevo método frente a la pura recogida de datos
y su posterior generalización de la ciencia aristotélica y renacentista.

Descartes pretende solucionar su problema, pero advierte que la solución que ha


encontrado vale también para todos los seres humanos, puesto que la razón es «una» y
«la misma» en todos los seres humanos. Esta unidad de todos los seres humanos en la razón
es precisamente a lo que se refiere cuando en 1619 habla de que ha tenido una «gran
inspiración». El estudio de problemas físicos y mecánicos concretos le lleva a su tratamiento
matemático, y, posteriormente, a la investigación del proceder de las matemáticas y a la
razón como fundamento del método y de toda su filosofía. Hay, por ello, una revolución
copernicana en Descartes. Hasta él se pensaba que el conocimiento se iniciaba fuera del
sujeto, en la naturaleza - filosofía antigua y medieval-; a partir de Descartes, el conocimiento
se justifica en el fondo a partir del sujeto, de la razón -filosofía racionalista moderna-.

Descartes vive una época de crisis, de grandes cambios, en la que se han hundido
creencias y concepciones milenarias. Por eso, para él, la verdad es certeza, imposibilidad
de dudar. Y esta certeza la encuentra en las matemáticas. Los conocimientos de cualquier
ser humano pueden proceder de dos fuentes: la experiencia y la deducción. La experiencia

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Historia de la Filosofía​ ​ ​ ​ ​ ​ De la Edad Media a la modernidad europea

puede ser engañosa y en ella cabe la posibilidad del error. Se puede, por ejemplo, ver mal o
ser víctima de alucinaciones. La deducción, sin embargo, que es el procedimiento que
siguen las matemáticas, proporciona conocimientos absolutamente ciertos en los que no hay
posibilidad alguna de duda.

Por otro lado, la matemática no toma nada de la experiencia; todos sus


conocimientos proceden de la propia mente. Si en el conocimiento por la experiencia el
sujeto es receptivo y se comporta de modo pasivo, en el conocimiento matemático la razón
es activa y su actividad es invención. El punto geométrico, la línea y todas las figuras que
desde ellos se generan son producción de la propia mente.

Las verdades que no ofrecen duda, absolutamente ciertas -evidentes- son, pues,
construidas por la razón. El verdadero conocimiento es creación de la mente. Las notas que
caracterizan a los conocimientos que la mente crea son la claridad y la distinción. Claros,
porque manifiestan plenamente lo que son; y, distintos, porque están perfectamente
separados de los demás conocimientos. Un conocimiento puede ser claro sin ser distinto,
pero no viceversa. Se puede percibir claramente un dolor, por ejemplo, sin ser capaz de
distinguirlo de las otras sensaciones que lo acompañan. La senda metodológica que sigue
Descartes en su camino hacia el conocimiento aparece descrita en su Discurso del método
en tres momentos:

●​ La formación inicial proporcionada por los jesuitas ofreció a Descartes un


conocimiento serio del contenido de las materias que entonces se estudiaban, a saber:
lengua, historia, matemáticas, teología, filosofía, medicina, geometría, álgebra, lógica,
elocuencia, etc. Pero su conclusión fue que dichas materias lo llenaban de dudas, por
lo que abandonó su estudio.
●​ Después se dedicó a estudiar en el "libro del mundo", es decir, en la realidad de lo
que le rodeaba, como ya dijimos. Fue la etapa de sus viajes por Francia, Holanda,
Alemania, Suiza e Italia. Entró así en contacto con personas y pueblos, aunque se
lamentaba de que tampoco los conocimientos adquiridos así estuvieran
fundamentados.
●​ Durante sus estudios en La Flèche había recibido la herencia cultural, filosófica y
científica de la escolástica, una de sus principales influencias, aunque sea como
horizonte a superar. Pero se dio cuenta de las limitaciones de la metafísica, de que la
lógica no era un buen recurso para descubrir verdades y de que con el rigor de las
matemáticas y sus deducciones no se podía fundamentar el saber. Pudo combatir
todo esto desde el interior, porque lo conocía profundamente. Aquella cultura
escolástica resultaba estéril, había que hacerle una crítica profunda, y aquí se gestó un
planteamiento nuevo, el de la modernidad: había que construirlo todo desde la razón.

Tras esto, se dedicó a la reflexión, porque pensó que la verdad se encuentra en la razón y los
pensamientos de uno mismo. Descartes dejó claro que hay un método único, y lo argumentó
diciendo que la razón es una, al igual que la ciencia: "Todas las ciencias no son nada más que
la sabiduría humana, que permanece siempre una e idéntica”.
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Historia de la Filosofía​ ​ ​ ​ ​ ​ De la Edad Media a la modernidad europea

2.4.3. La contribución de las ciencias y el conocimiento


Descartes nunca perdió de vista su objetivo básico: la investigación del conocimiento
humano y cómo fundamentarlo. En su elaboración del método acudió a las ciencias que le
parecían más adecuadas: el cálculo, la lógica (dialéctica), la aritmética y la geometría. El
objetivo de Descartes era aumentar el conocimiento y evitar el error, es decir, acceder a
nuevas verdades, y para ello construyó el método sobre una base firme, la razón, como única
vía de acceso al conocimiento. Se cuestionó de qué manera conoce la razón y concluyó que
hay dos modos fundamentales de conocimiento, la intuición y la deducción:

●​ La intuición consiste en la captación de las verdades simples que emanan de la


propia razón. Es un "instinto natural" que capta las verdades sin posibilidad de duda o
error. Es un conocimiento inmediato. En otras palabras, es el entendimiento directo y
claro de una verdad fundamental sin necesidad de un razonamiento detallado. Este
tipo de conocimiento es inmediato y autoevidente; se percibe con claridad y distinción.
Por ejemplo, cuando un estudiante entiende que "1 + 1 = 2", este conocimiento se
considera intuitivo. No requiere de un proceso de deducción o razonamiento complejo;
es una verdad simple y directamente evidente. La intuición, en este caso, se refiere a la
comprensión instantánea y clara de que, si se tiene un objeto y se añade otro, se
obtienen dos objetos.

●​ La deducción es el proceso mental en el que se conectan las intuiciones simples y


por el que se accede a lo complejo. Es decir, se refiere a la obtención de
conocimientos nuevos a partir de verdades ya conocidas mediante un proceso lógico y
secuencial. En este tipo de conocimiento, se parte de premisas claras y distintas para
llegar a conclusiones igualmente claras y distintas. Un ejemplo de esto es la deducción
de las propiedades de las figuras geométricas. Por ejemplo, a partir de la premisa de
que "todos los triángulos tienen tres lados", se deduce que "la suma de los ángulos
internos de cualquier triángulo es igual a 180 grados", utilizando reglas lógicas y
matemáticas previamente establecidas.

2.4.4. Reglas del método


Por método entiende Descartes «el conjunto de reglas ciertas y fáciles que hacen imposible
para quien las observe exactamente tomar lo falso por verdadero, y que conducen
gradualmente al conocimiento de todo lo que se es capaz de conocer». Y las reglas que lo
componen las extrae del modo de proceder de las matemáticas: «aquellas largas series de
razonamientos de que se sirven habitualmente los geómetras para lograr sus más difíciles
demostraciones, habiéndome dado ocasión de imaginar que todas las cosas se siguen unas
de otras de igual manera... ».

En su obra Reglas para la dirección de la mente se propone desarrollar su método en


36 reglas, divididas en tres apartados. Las dificultades que le plantean algunos de sus
supuestos le obligan, con todo, a abandonar su redacción. Las reglas del método, explica
12
Historia de la Filosofía​ ​ ​ ​ ​ ​ De la Edad Media a la modernidad europea

Descartes, deben ser sencillas y fáciles para que todo el mundo pueda entenderlas y
llevarlas a la práctica. En el Discurso del método las reduce a solo cuatro. Con las dos
primeras, Descartes pretendió llegar a las intuiciones de lo simple, las ideas claras y distintas:

●​ Primera regla: evidencia, claridad y distinción. "No aceptar como verdadero lo que no
se conozca como evidente. Para ello hay que evitar la precipitación y la prevención,
hasta que el objeto se presente a mi intelecto claro y distinto, de tal modo que no
quede ya ninguna duda." Esta es la primera de las normas, y es fundamental. Es el
momento de la intuición; los axiomas de la ciencia son verdades evidentes, son el
punto de partida para la posterior deducción.

Los conocimientos evidentes son los que se presentan clara y distintamente. El acto
por el cual la mente llega a tales conocimientos es la intuición. «Por intuición entiendo - nos
dice Descartes- no el testimonio variable de los sentidos, ni el juicio mendaz de una
imaginación que une falsamente, sino un concepto de la mente pura y atenta, tan fácil y
distinto, que no queda ninguna duda de lo que pensamos; o sea, un concepto no dudoso de
la mente pura y atenta que procede de la sola luz de la razón y es más cierto que la misma
deducción».

●​ Segunda regla: análisis. Consiste en dividir cada una de las dificultades a tratar en
tantas partes como sea posible, para su resolución. Los problemas deben ser, según
esta regla, perfectamente determinados y reducidos a sus elementos más simples.

En las reglas tercera y cuarta enlazó las intuiciones a través de la deducción para pasar de
una verdad evidente a otra, hasta alcanzar la que se pretende demostrar:

●​ Tercera regla: orden y síntesis. Consiste en proceder ordenadamente, yendo de lo


simple a lo complejo a través de la deducción. Esta regla propone que, después de
haber dividido cada problema en tantas partes como sea posible y necesario para
resolverlo (análisis), se debe reconstruir el problema de manera ordenada, empezando
por los objetos más simples y fáciles de conocer, y ascendiendo poco a poco hasta el
conocimiento de los más complejos. En términos más sencillos, la síntesis implica
comenzar con lo más básico y, paso a paso, ir construyendo hacia conceptos más
complejos, asegurándose de entender completamente cada etapa antes de pasar a la
siguiente.

Con este procedimiento pretende conseguir Descartes una ciencia universal, puesto que
piensa que el saber universal a que aspiraban los seres humanos del Renacimiento sólo se
puede conseguir por el proceder matemático. Piensa que «tiene que existir alguna ciencia
general que explique todo cuanto pueda investigarse acerca del orden y la medida sin
referirse a ninguna materia particular, y que tal ciencia sea llamada mathesis universalis».

●​ Cuarta regla: enumerar y revisar. Aquí propone enumeraciones y revisiones tan


generales que no acaben hasta tener seguridad de no haber omitido nada. Mediante la
revisión se controla todo el proceso. En las Reglas para la dirección del espíritu lo
13
Historia de la Filosofía​ ​ ​ ​ ​ ​ De la Edad Media a la modernidad europea

enuncia con precisión: "recorrer una a una todas las cosas que pertenecen al fin que
nos hemos propuesto mediante un movimiento del pensamiento continuo e
ininterrumpido, y es preciso abarcarlas en una enumeración suficiente y metódica".

La enumeración -que comprueba el análisis - y la revisión -que controla la síntesis- permiten


ver toda la cadena de deducciones como algo completo y totalmente evidente.

Las reglas o preceptos del método

Primero, no admitir como verdadera cosa alguna, como no supiese con evidencia que lo
es; es decir, evitar cuidadosamente la precipitación y la prevención, y no comprender en
mis juicios nada más que lo que se presentase tan clara y distintamente a mi espíritu, que
no hubiese ninguna posibilidad de ponerlo en duda.

El segundo, dividir cada una de las dificultades que examinase en cuantas partes fuese
posible y en cuantas se requiriese para su mejor solución.

El tercero, conducir ordenadamente mis pensamientos, empezando por los objetos más
simples y más fáciles de conocer, para ir ascendiendo poco a poco, gradualmente, hasta
el conocimiento de los más compuestos, e incluso suponiendo un orden entre los que no
se preceden naturalmente.

Y el último, hacer en todos unos recuentos tan integrales y unas revisiones tan generales
que llegase a estar seguro de no omitir nada.

DESCARTES, R.: Discurso del método. Madrid: Alianza, 2011.

2.5. La aplicación del método


2.5.1. La duda metódica
Descartes convirtió la duda en la base del método: decidió emplear la duda para
encontrar la certeza. En la primera regla del método enuncia de qué manera utiliza la duda:
“no aceptar como verdadero lo que no se conozca como evidente, evitando la precipitación
hasta que el objeto se presente a mi intelecto claro y distinto", es decir, descartar lo que
ofrezca dudas.

Para situar el conocimiento en algo seguro, firme y definitivo tenía que poner entre
paréntesis todo lo que no resultara absolutamente indubitable. Dudar de algo implica
suspender el juicio sobre ello por carecer de certeza y seguridad. Por eso, su duda es
metódica, y no escéptica: no permanecerá siempre en ella, sino solo hasta que se

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Historia de la Filosofía​ ​ ​ ​ ​ ​ De la Edad Media a la modernidad europea

encuentre el fundamento que le permita estar seguro, y, a partir del mismo, poder construir el
conocimiento cierto y sólido. Se trata de una duda universal, que se aplica a todo
conocimiento y que supone una etapa previa en la búsqueda de la certeza.

¿Qué razones tiene Descartes para dudar? Él enumera las tres siguientes:

●​ Las experiencias procedentes de los sentidos no son seguras. No se puede


confiar en ellos porque, a veces, nos engañan sobre la realidad. Por ejemplo,
cuando observo cosas muy pequeñas o distantes, no las distingo bien. Al
dudar de todo lo que conoce por los sentidos, se queda Descartes sin todo lo
que había recibido «hasta ahora como más verdadero y seguro», porque lo
había aprendido «por el testimonio de los sentidos». Los conocimientos de la
ciencia aristotélica y renacentista dependían de la experiencia inmediata y, por
lo mismo, la posición de Descartes deja a estas ciencias sin fundamento. «Por
lo cual, podemos decir que la física, la astronomía, la medicina y las demás
ciencias que dependen del estudio de las cosas compuestas son muy dudosas
e inciertas».

●​ La dificultad de distinguir la vigilia del sueño. Descartes plantea la posibilidad


de que toda nuestra vida podría ser un sueño, y que lo que percibimos como
realidad podría no serlo en absoluto. En los sueños, después de todo,
experimentamos situaciones que nos parecen reales mientras las soñamos. Si
no podemos distinguir con certeza entre el estado de vigilia y el sueño,
entonces, ¿cómo podemos estar seguros de la realidad de nuestras
experiencias cotidianas?

●​ La hipótesis del "genio maligno". Sin embargo, hay otras cosas seguras. No
puedo dudar, esté despierto o soñando, de que dos más tres son cinco y de
que el cuadrado tiene cuatro lados. Pues bien, Descartes llega al extremo
(metódico) de suponer que existe algún genio maligno, con poder e inteligencia
para hacer que nos equivoquemos también sobre verdades tan obvias y
elementales como estas. (Duda hiperbólica). Son los conocimientos de la
nueva ciencia que Descartes ha fundado en el solo proceder de la mente -
intuición y deducción- y que pone en duda, duda hiperbólica, recurriendo a un
artificio que afecta a la propia constitución de la mente: un Dios engañador, o
bien un genio maligno. «Y ¿qué sé yo si no habrá querido que no haya tierra, ni
cielo, ni cuerpo extenso, ni figura (...) y que yo, sin embargo, tenga el
sentimiento de todas estas cosas (...) ¿Qué sé yo si Dios no ha querido que yo
también me engañe cuando sumo dos y tres?»

Descartes desea establecer una duda radical para llegar al límite y pedir desde aquí un
principio fijo a partir del cual explicar el conocimiento y fundamentarlo. Por mucho que me
engañe el poderoso genio, "no podrá nunca conseguir que yo no exista mientras yo siga

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Historia de la Filosofía​ ​ ​ ​ ​ ​ De la Edad Media a la modernidad europea

pensando que soy algo". Sé que soy, que existo, mientras pienso, pero ¿quién soy? O ¿qué
soy? "Una cosa que piensa", dice Descartes; es decir, una mente y un pensamiento.

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Historia de la Filosofía​ ​ ​ ​ ​ ​ De la Edad Media a la modernidad europea

2.5.2. La primera certeza: "pienso, luego existo"


La aplicación de la duda deja en suspenso hasta las certezas más habituales de Descartes.
No sabe si hay mundo, cielo o tierra fuera de él, y ni siquiera si él mismo tiene cuerpo.
Desconfía incluso de las verdades matemáticas. ¿Qué queda entonces? Únicamente el
sujeto del conocimiento.

«Después de haberlo pensado bien hay que concluir que la proposición "yo pienso, yo
existo", es necesariamente verdadera». No es posible dudar de que hay un sujeto que piensa
y estructura la realidad. El fundamento de todo está en este sujeto entendido como
pensamiento (del cuerpo aún no podemos estar seguros). El ser primario no está ya en los
objetos, sino en un sujeto creador y estructurador. Descartes sienta, de este modo, las bases
del racionalismo y de toda la filosofía moderna.

Cogito, ergo sum.

Pero inmediatamente percibí que mientras quería pensar que todo era falso, era necesario
que yo que pensaba fuera alguna cosa. Y observando que esta verdad, «pienso luego
existo» (cogito ergo sum, je pense, donc je suis), era tan firme y segura que las más
extravagantes suposiciones de los escépticos no eran capaces de sacudirla, juzgué que
podía recibirla sin escrúpulo como el primer principio de la filosofía que buscaba.

René DESCARTES, Meditaciones metafísicas.

Editorial Universitaria, 1998

Descartes necesitaba encontrar una verdad de la que fuese imposible dudar, y la encontró en
su propia existencia como sujeto que piensa, que duda. A pesar de todos los motivos para
dudar, él existe, puesto que duda, y lo expresa diciendo "pienso, luego existo". La
actividad de pensar implica un sujeto pensante. Es decir, Descartes explica que si duda de
algo es porque piensa, y en el acto de pensar va implícita la propia existencia (tiene que
haber algo que piense). Este principio firme supera la duda y se constituye como el primer
principio de la filosofía.

Pienso, luego existo: Esta primera certeza es una evidencia inmediata a la que se
accede por intuición, es una verdad clara y distinta.

Para Descartes, todo lo que se concibe con la misma claridad que esta proposición es
verdadero. De este modo, se establece el criterio de certeza, a partir del cual se construyen
el resto de conocimientos, es decir, la norma para analizar un juicio, decidiendo si es
verdadero o falso. Antes de Descartes, cualquier construcción filosófica tenía que atender a
criterios como la tradición, las autoridades y la experiencia. Desde Descartes, el único criterio
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Historia de la Filosofía​ ​ ​ ​ ​ ​ De la Edad Media a la modernidad europea

es el racional, apoyado en las estrategias del orden, la evidencia, el análisis, la síntesis y la


enumeración.

Criterio de certeza

Estoy seguro de que soy una cosa que piensa; pero ¿no sé también cuáles son los
requisitos precisos para estar seguro de algo? Desde luego, en este primer conocimiento
nada hay que me asegure su verdad si no es la percepción clara y distinta de lo que digo,
la cual no sería, por cierto, suficiente para asegurar que lo que digo es verdad, si pudiese
ocurrir alguna vez que fuese falsa una cosa concebida por mí de ese modo claro y
distinto; por lo cual, me parece que ya puedo establecer esta regla general: que todas las
cosas que concebimos muy clara y distintamente son verdaderas.

DESCARTES, R.: Meditaciones metafísicas. Madrid: Alianza, 2011.

El criterio de certeza es, pues, la claridad y distinción, por lo que solo se pueden aceptar
como ciertas las cosas que se perciben clara y distintamente, conceptos cuyo origen y
sentido se habían analizado ya al hablar del método.

· La naturaleza del sujeto


Yo existo, afirma Descartes, como cosa que duda, es decir, que piensa. Pueden existir o no
las cosas que percibo o pienso, pero es imposible que no exista yo que las percibo y pienso.
¿Cómo me he de concebir, entonces? Desde luego, puede que no tenga cuerpo; estoy
recluido en el mundo de mi pensamiento. Dudo, afirmo, niego, imagino, siento, quiero...
Tengo que concebirme, pues, como una cosa que piensa.

No se trata de ningún razonamiento. Descartes se capta como existente y como


pensamiento en una y la misma intuición. Y esta es la intuición fundamental y originaria, la
intuición existencial básica del sujeto que piensa.

En esta intuición original el sujeto se capta igualmente como sustancia. Como


sustancia pensante, por consiguiente. Tiene, al captarse a sí mismo como pensamiento
existente, intuición de lo que es la sustancia: «aquello que existe de tal manera que no
necesita de ninguna otra cosa para existir». Hasta entonces <<sustancia>> había sido para
los aristotélicos y escolásticos el substratum, el sujeto al que hacían referencia los distintos
atributos. Descartes cambia la forma de entenderla y la concibe de acuerdo con sus nuevos
planteamientos racionalistas. La sustancia pensante es el pensamiento en cuanto existencia
evidente a sí misma. En una misma intuición originaria el ser humano se capta como
sustancia pensante «que no necesita de ninguna otra cosa para existir» y adquiere, por

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Historia de la Filosofía​ ​ ​ ​ ​ ​ De la Edad Media a la modernidad europea

consiguiente, un nuevo concepto de sustancia, del que hablaremos en el apartado de la


metafísica.

Prosigue Descartes: el pensamiento es mi esencia en cuanto ser humano; por eso pensar no
puede separarse de mí mismo, porque la coincidencia es total, de modo que no me cabe
ninguna duda: "no admito que exista otra cosa en mí a excepción de la mente".

Mi actividad del pensar incluye todo lo que pienso, que queda registrado en mi mente.
Incluso los cuerpos (la realidad física) son concebidos en la mente, por tanto, en ella sucede
el conocimiento del que yo me doy cuenta o tomo conciencia. Ahora bien, los pensamientos
toman la forma de ideas, por lo que en las ideas se encuentran los contenidos del
pensamiento. Aunque no sepa si existen las cosas físicamente, estoy seguro de tenerlas ya
en mi mente.

¿Por qué Descartes no se quedó en la subjetividad? No resultaría incoherente haberlo


hecho. Sin embargo, quiso saltar a la realidad extrasubjetiva y justificar igualmente la
existencia de un mundo real. Para esto necesitó un mediador entre sujeto y mundo: Dios.

2.6. La metafísica
El sistema filosófico de Descartes tiene su base en el método; todo procede de este.
También la metafísica procede del método. Se trata, además, de una metafísica que se
opone a la tradición anterior, especialmente a las metafísicas de Aristóteles y de Tomás de
Aquino.

Descartes proponía una nueva visión del mundo con una perspectiva exclusivamente
racional: la razón es la única guía para acceder al conocimiento. Tradicionalmente, se
aceptaba cultivar el ejercicio de la razón para hacer teología natural, siempre que se sometiera
a la revelación y a la autoridad de la Iglesia. Pero Descartes decidió prescindir de estas. La
visión cartesiana situaba ahora el mundo moderno frente al antiguo, la filosofía nueva ante la
escolástica.

2.6.1. Las ideas


En el análisis que Descartes ha realizado hasta el momento solo ha alcanzado seguridad
sobre una cosa: su existencia como ser pensante. Su soledad, como él mismo reconoce es,
pues, total (solipsismo). Pero pensar es tener ideas y las ideas se pueden considerar de dos
maneras:

-Como realidades mentales, es decir, como actos del pensamiento. En este sentido,
todas las ideas son iguales y tienen la misma naturaleza; están hechas del «tejido» de la
mente y de ellas se puede estar seguro.
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Historia de la Filosofía​ ​ ​ ​ ​ ​ De la Edad Media a la modernidad europea

-En cuanto representan un objeto. Cada idea representa una cosa distinta: tierra,
cielo, astros... Las ideas en cuanto tales existen en el espíritu humano, pero ¿existen
realmente fuera de la mente las cosas que representan?

Para responder a esta cuestión Descartes lleva a cabo un análisis de las diferentes clases de
ideas y encuentra tres tipos distintos:

●​ Ideas adventicias. Las ideas adventicias son aquellas que Descartes considera como
provenientes de nuestras experiencias sensoriales externas. Según Descartes, estas
ideas llegan a nosotros desde el mundo exterior. Un ejemplo de una idea adventicia es
la percepción del calor del sol cuando estamos al aire libre. Esta idea no es creada por
nuestra mente ni es innata; en cambio, es una idea que parece provenir directamente
de nuestra experiencia sensorial del mundo exterior.

●​ Ideas facticias. Las ideas facticias son aquellas que Descartes identifica como
creadas o construidas por nuestra propia mente. Son el producto de nuestra
imaginación y no se derivan directamente de las cosas del mundo exterior ni son
innatas en nuestra mente desde el nacimiento. Un ejemplo de una idea facticia podría
ser un animal mitológico como un unicornio. No existe en el mundo real pero es una
combinación de elementos reales (caballo y cuerno) que nuestra mente ha creado o
fabricado.

●​ Ideas innatas. Las ideas innatas, según Descartes, son aquellas ideas que ya están
preexistentes en nuestra mente desde el nacimiento. Estas ideas no son adquiridas a
través de la experiencia sensorial ni son creadas por nuestra imaginación. Descartes
sostiene que ciertos conceptos, como los principios de la matemática o la idea de
Dios, son innatos. Estos conceptos son vistos como fundamentales y universales,
presentes en la mente de todos los seres humanos. Están en el sujeto, pero no las
construye él ni vienen de fuera: han nacido en el sujeto. Son ideas que no proceden
de la experiencia.

Entre las ideas innatas hay una muy especial, la idea de infinito, que Descartes identifica con
Dios. Y es desde esta idea de infinito desde donde Descartes se plantea la demostración de
la existencia de Dios, rompiendo de este modo el círculo de soledad en que había encerrado
al sujeto humano al situar en Dios el garante último de la verdad del conocimiento.

2.6.2. Las pruebas de la existencia De Dios


La idea de que Dios es absolutamente perfecto e infinito no puede proceder del ser humano,
que es finito e imperfecto, y esta es una idea de perfección. ¿No será, entonces, porque Dios
existe realmente?

Descartes utiliza varios argumentos para demostrar la existencia de Dios. El primero


de ellos es el llamado argumento ontológico. Entre las ideas innatas encuentra una muy
especial, la idea de infinito, que exige necesariamente la existencia de Dios. En efecto, dice
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Historia de la Filosofía​ ​ ​ ​ ​ ​ De la Edad Media a la modernidad europea

Descartes, la idea de infinito es la idea de un ser que no tiene ninguna limitación, que
comprende en sí toda realidad. El hecho de faltarle la «existencia» sería una limitación. Por
consiguiente, hay que afirmar que ese ser infinito, Dios, existe. Con la misma claridad y
distinción que deducimos de un triángulo que sus ángulos internos suman dos rectos,
concluimos ahora de la idea de infinito que ese ser, Dios, tiene que existir, pues su propia
definición lo exige.

Se trata de una nueva versión del conocido argumento ontológico, como ya


decíamos, propuesto por Anselmo de Canterbury en el siglo XI. Para él, también «el ser más
perfecto que podemos pensar» tenía que existir, pues, si no existiera, se podría pensar otro
que tuviera todas las cualidades del anterior y también la existencia, y con ello se incurriría en
contradicción. Este argumento, sin embargo, había sido criticado por Tomás de Aquino, y lo
será más tarde por Kant, aunque será admitido, en cambio, por Spinoza, Leibniz y Hegel.

El argumento sobre Dios.

Pero aun cuando efectivamente no pueda yo concebir a Dios sin la existencia, como
tampoco una montaña sin valle, sin embargo, porque yo conciba una montaña con valle,
no por eso se infiere en consecuencia que exista montaña alguna en el mundo; del mismo
modo, pues, aunque yo conciba a Dios como existente, no se sigue por ello, al parecer,
que Dios exista; pues mi pensamiento no impone necesidad alguna a las cosas; y así,
como de mí solo depende el imaginar un caballo alado, aun cuando no haya ninguno que
tenga alas, así también podría acaso atribuir yo la existencia de Dios, sin que por eso haya
un Dios existente. Mas ello no es así ni mucho menos; aquí es donde hay un sofisma
oculto, bajo la apariencia de esa objeción, pues porque yo no pueda concebir una
montaña sin valle, no se infiere que haya en el mundo montaña y valle, sino solo que la
montaña y el valle, existan o no, son inseparables una de otro; mientras que, puesto que
no puedo concebir a Dios sino como existente, se infiere que la existencia es inseparable
de él y, por lo tanto, que existe verdaderamente. No es que mi pensamiento pueda hacer
que ello sea, ni imponga necesidad que hay en la cosa misma, es decir, la necesidad de la
existencia de Dios me determina a tener ese pensamiento; ya que no soy libre de concebir
a Dios sin la existencia, es decir, así como soy libre de imaginar un caballo sin alas o con
alas.
DESCARTES, R.: Meditaciones metafísicas.
Madrid: Alianza, 2011.

El segundo argumento parte de la finitud del yo. El «yo» al que Descartes llega desde la
duda es el yo de cualquier ser humano individual. Es un sujeto contingente, finito y limitado,
que no está seguro de seguir existiendo cuando deja de pensar. No ha podido, por ello,
producirse a sí mismo. Además, si lo hubiera hecho, se hubiera dado perfecciones como las
que están contenidas en la idea de Dios y que sin embargo no posee. De todo ello, hay que

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Historia de la Filosofía​ ​ ​ ​ ​ ​ De la Edad Media a la modernidad europea

concluir que el ser humano ha tenido que ser producido por un ser que tiene todas las
perfecciones, a saber, Dios.

Descartes utiliza un tercer argumento basado en la causa de ciertas ideas que posee el ser
humano. Las ideas que representan cosas naturales no plantean ningún problema. Las ha
podido producir él mismo. No así la idea de Dios. La idea de Dios es la idea de una sustancia
infinita, eterna, todopoderosa. La causa de esta idea tiene que poseer tanta perfección como
la representada por la idea, pues «las ideas tienen que tener una causa que posea
formalmente -en sí- la perfección objetiva que representan las ideas».

2.6.3. Dios como garantía de la verdad del conocimiento


Una vez que Descartes ha demostrado la existencia de Dios, sitúa en él el último fundamento
de los conocimientos evidentes, de las verdades que se conciben clara y distintamente y, por
consiguiente, el criterio de certeza. Dios, ser absolutamente perfecto y bueno, no ha podido
crear al sujeto humano de suerte que se pueda engañar continua e inevitablemente. El Dios
de Descartes es, pues, un Dios geómetra, en el que encuentran su garantía última las
verdades geométricas y el orden del mundo. En él encuentran asimismo su última justificación
las reglas del método.

Hasta tal punto Dios fundamenta la verdad de los conocimientos del ser
humano que Descartes tiene que explicar cómo es posible que el ser humano se equivoque.
Ve claramente «que es imposible que me engañe Dios, puesto que en el engaño hay una
suerte de imperfección». ¿De dónde provienen entonces los errores? El error se produce
cuando la voluntad de los seres humanos va más allá de su entendimiento y asiente a ideas
que no son claras y distintas. Si los seres humanos se limitaran a asentir solo a las ideas que
conciben en su mente clara y distintamente, entonces nunca se equivocarían.

2.6.4. La existencia del mundo


¿Existen las cosas materiales entre las cuales el sujeto humano cree moverse? Dios es un ser
infinito y bueno, que no puede engañar al ser humano de modo continuo e inevitable. Como
consecuencia de ello, a las ideas de cosas materiales que cualquier sujeto cree recibir de
fuera -ideas adventicias - tienen que corresponderles unas realidades corpóreas, externas a
él. Existen, por tanto, sustancias corpóreas que tienen caracteres distintos de la sustancia
pensante. Y de la misma manera que hay que admitir que existen cuerpos materiales distintos
del pensamiento, hay que admitir la existencia de un cuerpo con el que cada «yo» está
estrechamente unido y con el que forma un todo. Ahora bien, ¿cuál es la naturaleza de los
cuerpos?

Descartes había encontrado la primera realidad en el «yo» como sustancia pensante y


había concebido clara y distintamente que este «yo» «no necesitaba de ninguna otra cosa
para existir», estableciendo, de este modo, su concepto de sustancia. El «yo» es real y lo real
es sustancia. La sustancia pensante es la primera sustancia, aunque no la sustancia

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Historia de la Filosofía​ ​ ​ ​ ​ ​ De la Edad Media a la modernidad europea

aristotélica, substrato de atributos, sino un tipo de sustancia concebida así por la razón.
Recordemos que para Descartes, una "sustancia" es aquello que existe de tal manera que
sólo necesita de sí mismo para existir. Esto significa que una sustancia no requiere de ninguna
otra cosa para su existencia, a excepción de la intervención de Dios, que es la causa de todo.
Para Descartes, nuestra mente es una sustancia porque puede existir independientemente de
todo lo demás, excepto Dios.

Junto a la sustancia pensante encuentra Descartes a Dios, a quien concibe desde su


atributo de infinito, como la sustancia infinita. A é le corresponde propiamente la definición de
sustancia, pues es quien únicamente «existe de tal manera que no necesita de ninguna otra
cosa para existir»; existe en sí y por sí. Toda otra sustancia existe en sí, pero no por sí. Existe
de tal manera «que no necesita de ninguna otra cosa para existir, excepto de Dios».

¿Y los cuerpos? Descartes, para explicar los problemas físicos y mecánicos, reduce
los cuerpos a una estructura matemático-geométrica, a orden y medida. Descartes analiza
las cualidades de los cuerpos con un ejemplo: un trozo de cera recién sacado de la colmena
tiene el sabor y el perfume de su miel, y cierto color y forma. Puesto al fuego, desaparece
todo esto y queda "algo extenso, flexible y mudable". Así, distingue entre cualidades primarias
y secundarias:

●​ Cualidades primarias: extensión o magnitud de un cuerpo. Esta es, tal vez, la


cualidad primaria más importante según Descartes. Se refiere a la propiedad de
ocupar un espacio. La extensión tiene dimensiones - longitud, anchura y profundidad -
y es lo que permite que los objetos materiales tengan una forma y un tamaño
determinados. Solo Dios garantiza la existencia de lo que tiene estas cualidades,
objetivas y medibles geométricamente.

●​ Cualidades secundarias: solo existen en el pensamiento, son subjetivas y causan


sensaciones en el sujeto, como el sabor o el dolor. Descartes las desecha: "Los
cuerpos no son propiamente conocidos porque los vemos y los tocamos, sino porque
los entendemos o comprendemos por el pensamiento".

Las figuras geométricas son medibles, puros órdenes de puntos, líneas y superficies. ¿Qué
queda, pues, de los cuerpos? Solo aquello que es medible: la pura extensión. Considera la
materia sin sus otras cualidades, pero no sin longitud, anchura y profundidad, que son las
características de la extensión. Concibe, pues los cuerpos como la sustancia extensa.

En la filosofía de Descartes, las cualidades primarias son importantes porque se


consideran más reales y confiables que las cualidades secundarias (como el color, el sabor o
el sonido), que dependen de la percepción del sujeto. Descartes argumenta que las
cualidades primarias existen en los objetos mismos, mientras que las cualidades secundarias
no existen en los objetos sino que son el resultado de la interacción entre los objetos y
nuestros sentidos.

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Historia de la Filosofía​ ​ ​ ​ ​ ​ De la Edad Media a la modernidad europea

Este enfoque tiene implicaciones significativas en el desarrollo de la ciencia,


especialmente en la física. Al enfatizar las cualidades primarias, Descartes establece una base
para una comprensión objetiva y matemática de la naturaleza física, que sería fundamental
para el desarrollo posterior de la física y la tecnología.

En resumen, a partir de la evidencia "pienso, luego existo", Descartes se da cuenta de que


en el hecho de dudar está implícito que es un ser finito e imperfecto, puesto que un ser
infinito y perfecto no podría dudar. Así, su propia mente le hace ser consciente de sus límites
e imperfecciones. A partir de esta concepción de su propia mente, llega a la consideración
de que tiene en su mente la idea de infinito, y tal idea no puede proceder de una mente finita,
lo que le conduce a la idea de Dios, que a su vez actúa como garante de la existencia del
mundo material. La existencia y la infinitud son perfecciones de Dios. La esencia de Dios
comprende su existencia; la incluye necesariamente. Por eso, Descartes considera que no se
puede concebir a Dios sin existencia.

Esto le permite configurar la estructura de la realidad en tres sustancias:

· El ser humano o sustancia pensante. A partir de la idea de un yo cuyo atributo es


el pensamiento, Descartes establece que el ser humano no es sino una sustancia o cosa
pensante (res cogitans).

· Dios o sustancia infinita (res infinita), cuya existencia Descartes deduce,


precisamente, de la propia idea de Dios. "Bajo el nombre de Dios entiendo una sustancia
infinita, eterna, inmutable, independiente, omnisciente, omnipotente, por la cual yo mismo y
todas las demás cosas que existen han sido creadas y producidas".

· El mundo o sustancia extensa (res extensa), que está garantizado por Dios. De esta
manera, el método cartesiano inicia el camino para fundamentar la totalidad de la realidad.

2.6.5. Un enfoque mecanicista: la materia en movimiento


Descartes explica que contempla el cuerpo humano como una máquina. Para él, un cuerpo
humano enfermo es como un reloj construido defectuosamente, y un cuerpo sano, como un
reloj en el que todas las piezas funcionan correctamente.

El cuerpo humano es una sustancia cuyo atributo es la extensión, es decir, es materia


en movimiento con longitud, anchura y profundidad. Igualmente, el mundo es un gran
mecanismo, explicable en términos cuantitativos. De este modo, el modelo mecánico unifica
la totalidad de la realidad. ¿Cómo explicar los comportamientos de los cuerpos y el mundo?
La respuesta de Descartes es sencilla: a partir de sus componentes materiales, que han sido

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Historia de la Filosofía​ ​ ​ ​ ​ ​ De la Edad Media a la modernidad europea

fabricados por el ser humano, en unos casos, o por la naturaleza o el mismo Dios, creador
del universo.

¿Qué es un reloj sino materia en movimiento que funciona a través de las leyes
mecánicas de la relojería? La materia son las piezas, las ruedas y sus engranajes. El
movimiento de la máquina se transmite mediante las distintas piezas. Además, hay unas
leyes que se cumplen a la perfección. Igual sucede con el universo: contiene una materia
gigantesca que transmite movimiento a los planetas en sus órbitas de acuerdo con leyes
determinadas matemáticamente. El conocimiento de tales leyes hace posible que nuestras
previsiones sean exactas.

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Historia de la Filosofía​ ​ ​ ​ ​ ​ De la Edad Media a la modernidad europea

Las tres leyes del universo

Descartes establece tres leyes de funcionamiento del universo:

-​ Inercia: el estado de un cuerpo (movimiento o reposo) no cambia, a no ser que otro


cuerpo se interponga y choque con él.
-​ Movimiento rectilíneo: el movimiento de un cuerpo se produce siempre en línea recta
si no se producen choques con otros cuerpos.
-​ Conservación del movimiento: los cuerpos permanecen estables porque no se pierde
el movimiento; se transmite a otros cuerpos según la fuerza con que se encuentren.

Para que estas leyes puedan ser aplicables a la totalidad de la realidad, todo tiene que ser de
naturaleza homogénea. No hay finalidad en el universo: todo está determinado. Descartes
propone el mecanicismo como explicación científica de la realidad. Por este camino pretende
llegar a la unificación de las ciencias.

El cuerpo como máquina

Supongo que el cuerpo no es más que una estatua o una máquina de tierra, formada
expresamente por Dios para asemejarla lo más posible a nosotros; y, por lo tanto, (...)
imita todas aquellas funciones que cabe imaginar que proceden de la materia y dependen
exclusivamente de la disposición de los órganos (...). Os ruego que consideréis que estas
funciones son una consecuencia del todo natural en dicha máquina de la simple
disposición de sus órganos, ni más ni menos que los movimientos de un reloj o de
cualquier otro autómata provienen de sus contrapesos y de sus ruedas; por eso, en esta
máquina no hay que concebir un alma vegetativa ni sensitiva, ni ningún otro principio de
movimiento y vida, además de su sangre y de sus espíritus.

DESCARTES, R.: Tratado del hombre. Madrid: Alianza, 2011.

2.7. Antropología y moral: el cuerpo y el alma.


2.7.1. El cuerpo y el alma
Descartes señala que la característica de los cuerpos es la extensión, como ya dijimos
anteriormente; sin embargo, la sustancia "alma" es inextensa. Así pues, cuerpo y alma son
realidades distintas con una naturaleza no coincidente: el cuerpo no puede pensar y el alma
es la esencia del ser humano, que puede existir sin el cuerpo. Existo mientras no deje de
pensar. Según Descartes, pensar no depende de nada material, por tanto "el alma es
enteramente distinta del cuerpo, y hasta más fácil de conocer que él, y, aunque él no
existiese, ella no dejaría de ser todo lo que es".
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Historia de la Filosofía​ ​ ​ ​ ​ ​ De la Edad Media a la modernidad europea

Descartes expone una concepción dualista del ser humano: el alma como sustancia
pensante y el cuerpo como sustancia extensa, lo que se conoce como la teoría del
“fantasma en la máquina”. El ser humano es una unión de ambas sustancias, que son
independientes.

Decir que soy una cosa que piensa es lo mismo que afirmar que "soy una mente, un
alma, un intelecto o una razón". Ahora bien, aunque la naturaleza de las dos sustancias
requiera que estén separadas, el grado de integración de mi cuerpo con mi alma es tan
estrecho que ambos forman una totalidad. Una herida en mi cuerpo me causa dolor, y
cuando tengo hambre se produce la necesidad del alimento. Se trata, entonces, de una
verdadera unión que expresa una relación de interacción entre alma y cuerpo.

La posición que mantiene Descartes con respecto a los cuerpos plantea el problema
de la «comunicación de las sustancias» o, lo que es lo mismo, de las «relaciones entre la
mente y el cuerpo». Si cada una de las sustancias existe con absoluta independencia,
¿cómo se relacionan en el mundo las máquinas que son todos los seres vivos, incluidos los
cuerpos humanos, con los espíritus pensantes? ¿Cómo pueden influir, en el ser humano, la
mente en el cuerpo y el cuerpo en la mente? ¿Cómo el espíritu puede tener sensaciones de
cosas extensas y, en su caso, ser aplicables a la sustancia material los conceptos de la
razón?

En resumen, Descartes propone un dualismo sustancial, donde el alma (res cogitans) y


el cuerpo (res extensa) son dos sustancias diferentes. El alma se define por el pensamiento y
no ocupa espacio, mientras que el cuerpo se define por la extensión (ocupa espacio) y es
divisible. Este dualismo plantea un problema fundamental: ¿cómo pueden interactuar dos
sustancias tan diferentes como el alma inmaterial y el cuerpo material?

Descartes sugiere que la glándula pineal, un pequeño órgano en el cerebro, es el lugar


donde el alma y el cuerpo interactúan. Según su teoría, esta glándula es el principal sitio de
unión, donde el alma recibe impresiones sensoriales y ejerce su influencia sobre los
movimientos del cuerpo. Sin embargo, esta idea ha sido ampliamente cuestionada y refutada
en la ciencia moderna.

No obstante, en su obra Las pasiones del alma afirma que «el alma está realmente
unida a todo el cuerpo y no podemos decir que exista en una cualquiera de sus partes con
exclusión de las otras». En resumidas cuentas, no parece que Descartes pudiese resolver
satisfactoriamente el problema del dualismo mente cuerpo.

2.7.2. Problemas del dualismo


El dualismo de Descartes condiciona la libertad de la voluntad humana. En relación con el
cuerpo, todo se rige por leyes naturales, que son mecánicas. Solo el alma es libre, tiene
capacidad de iniciativa y controla las acciones del cuerpo. El cuerpo, como mecanismo,
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Historia de la Filosofía​ ​ ​ ​ ​ ​ De la Edad Media a la modernidad europea

puede ser objeto de estudio y experimentación científica, y está completamente determinado


por las leyes de la naturaleza.

Por su libertad, el ser humano tiene capacidad de autonomía: la subjetividad racional


decide sin que ninguna fuerza ajena lo impida. La libertad es exclusiva del ser humano.

Descartes concedía una gran importancia a la libertad: "Es de suyo la cosa más noble
que puede haber en nosotros; tanto, que nos hace semejantes a Dios y parece eximirnos de
estar sujetos a él, y, por consiguiente, su buen uso es el más grande de todos nuestros
bienes" (carta a Cristina de Suecia). Por otra parte, la posición dualista convierte a los
animales en puras máquinas o simples autómatas, por no tener alma. Son únicamente
extensión y materia con acciones y movimientos. Estos seres vivientes no tienen ni libertad ni
alma. Y sin alma tampoco hay en ellos sentimientos ni emociones.

Descartes sugiere que la glándula pineal, un pequeño órgano en el cerebro, es el lugar donde
el alma y el cuerpo interactúan. Según su teoría, esta glándula es el principal sitio de unión,
donde el alma recibe impresiones sensoriales y ejerce su influencia sobre los movimientos del
cuerpo. Sin embargo, esta idea ha sido ampliamente cuestionada y refutada en la ciencia
moderna.

Animales y humanos

No hay nada que aleje tanto a los espíritus débiles del recto camino de la virtud como el
imaginar que el alma de las bestias es de la misma naturaleza que la nuestra, y que, por
consiguiente, nada tenemos que temer ni que esperar después de esta vida, exactamente
como las moscas y las hormigas; en cambio, cuando se sabe cuán grandes son sus
diferencias, se comprenden mucho mejor las razones que prueban que la nuestra es de
una naturaleza enteramente diferente del cuerpo, y que, consecuentemente, no está sujeta
a morir con él; además, al no ver otras causas que puedan destruirla, se siente uno
naturalmente inclinado a juzgar por ello que es inmortal.

DESCARTES, R.: Discurso del método. Madrid: Alianza, 2011.

2.7.3. El interés por la moral


Descartes no tuvo un interés teórico, sino práctico, por la moral. No elaboró una teoría moral,
sino que enumeró unas reglas que le permitieran actuar en la vida. En ocasiones, se ha
discutido el sentido de su expresión morale par provision. ¿Se trata de una "moral
provisional"? ¿O, quizá mejor, de establecer y suministrar los medios necesarios para resolver
los problemas que va presentando la vida y vivir felices de esta forma? Descartes buscaba la
felicidad y deseaba vivir tranquilo, dedicado a las tareas que se había propuesto y en las que
puso todo su esfuerzo personal.

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Historia de la Filosofía​ ​ ​ ​ ​ ​ De la Edad Media a la modernidad europea

Respecto a la finalidad de las reglas que propuso, consideró que para "no
permanecer irresoluto en mis acciones, mientras la razón me obligaba a serlo en mis juicios,
y no dejar de vivir, desde luego, con la mejor ventura que pudiese, hube de arreglarme una
moral provisional".

En la tercera parte del Discurso del método se encuentra su exposición fundamental


sobre moral, que puede complementarse con algunas precisiones de Las pasiones del alma y
de alguna de sus cartas, principalmente a la princesa Isabel.

2.7.4. Reglas morales


Como ya hemos dicho, Descartes, en su búsqueda por establecer un conocimiento cierto y
claro, también elaboró una serie de reglas morales que llamó "moral provisional". Esta moral
provisional era un conjunto de principios que Descartes decidió seguir mientras realizaba su
proyecto filosófico de dudar de todo para encontrar una verdad indubitable.

●​ Primera regla: hay que someterse a las costumbres y normas del país, conservar la
religión vigente y seguir las opiniones más moderadas. A causa de esta regla se ha
acusado a Descartes de mostrar "conformismo", pero más bien se trata de prudencia.
Lo que buscaba Descartes era lograr la felicidad individual, siendo libre y viviendo
tranquilo, para lo cual era necesario acomodarse a la sociedad en que se encontraba.
Esto le proporcionaba seguridad en las acciones de la vida, al respetar y, por tanto, no
criticar ni la política ni la religión ni la moral establecida.

●​ Segunda regla: ser firme y resuelto en las acciones, siguiendo incluso las opiniones
dudosas, una vez aceptadas. A veces hay que actuar sin estar absolutamente seguros
porque no todo está en nuestro poder, salvo los pensamientos. La virtud de esta regla
es liberarse de arrepentimientos y remordimientos, propios de espíritus débiles y
vacilantes, porque es la razón la que debe obligar a la voluntad a tomar las decisiones.

●​ Tercera regla: los deseos personales tienen que ceder ante el orden del mundo, al
que no podemos imponernos razonablemente. Hay que desear lo que se pueda
alcanzar y olvidarse de lo que sea imposible. De este modo podremos mantenernos
contentos y felices. En este sentido, lo que más interesa a Descartes es conseguir la
libertad individual: Descartes aconseja centrarse en cambiar nuestras propias
actitudes y creencias en lugar de intentar cambiar el mundo externo.

●​ Cuarta regla: elegir la mejor ocupación posible, que no consiste sino en "dedicar mi
vida entera a cultivar mi razón y a progresar en el conocimiento de la verdad" (Discurso
del método).

En conclusión, el cumplimiento de estas reglas morales contribuye a que se pueda alcanzar


la felicidad.

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El ser humano debe regirse por su razón ocupándose de hacer aquello que está en su mano
y desentendiéndose de lo que le sobrepasa: «Igual que un vaso pequeño se llena de la
misma manera que uno grande, aunque tenga menos líquido, si uno pone su interés en el
cumplimiento de los deseos tal y como se los presenta su razón, aún el más pobre y débil
conseguirá vivir feliz y satisfecho».

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