El duelo en la ruptura amorosa
Autora
Elizabeth Seales Rodríguez
Para obtener el título de Psicóloga
Asesor
Cristian David Osorio Yepes
Universidad Cooperativa de Colombia
Facultad de psicología
Medellín
2024
Tabla de contenido
Introducción ...................................................................................................................... 3
Desarrollo y contenido del trabajo ................................................................................... 4
Consideraciones finales ................................................................................................. 20
Referencias...................................................................................................................... 22
Introducción
El duelo por una ruptura amorosa es un proceso emocional complejo que implica
la pérdida de una figura de apego significativa y el enfrentamiento a una realidad
profundamente transformada. Según Bowlby (1988), el sistema de apego se activa ante la
amenaza de pérdida, desencadenando respuestas emocionales y conductuales intensas.
Worden (2009), en su obra sobre el tratamiento del duelo, destaca la importancia de las
tareas y principios para superar el duelo, tanto en el contexto de la muerte como en las
rupturas amorosas. Este ensayo está orientado a los profesionales de la salud mental,
estudiantes de psicología y pretende servir como material psicoeducativo como un
acercamiento teórico, para brindar acompañamiento como asesor. Este ensayo explorará
cómo las teorías del apego y los enfoques terapéuticos pueden ayudar a las personas a
navegar el dolor de una ruptura amorosa, siguiendo las cuatro tareas propuestas por
Worden. Así, surge la pregunta central: ¿Cómo se puede entender, a través de la teoría y
metodología de Worden, el proceso de duelo por ruptura amorosa y su acompañamiento
para una recuperación emocional efectiva?
Desarrollo y contenido del trabajo
El trabajo aborda la problemática de cómo las rupturas amorosas afectan
emocionalmente a las personas y cómo pueden gestionarse para facilitar la recuperación
emocional y psicológica de los individuos involucrados.
Este trabajo se fundamenta además en teorías como la del apego de Bowlby, que
explora cómo los vínculos afectivos influyen en la respuesta emocional ante la pérdida
amorosa. Además, se consideran enfoques terapéuticos como la Terapia Cognitivo-
Conductual de Aaron Beck y la Terapia Narrativa de Michael White, que ofrecen
herramientas para comprender y manejar las emociones asociadas con la ruptura.
La metodología incluye revisión bibliográfica para recopilar información teórica y
conceptual relevante sobre el tema. Además, se empleará el análisis cualitativo de
estudios de caso para explorar cómo individuos específicos han experimentado y
gestionado el duelo tras una ruptura amorosa, utilizando entrevistas y diarios personales
como herramientas de recolección de datos.
Las rupturas amorosas representan una forma significativa de pérdida que puede
desencadenar una variedad de respuestas emocionales y comportamentales. Este
ensayo explora la experiencia de la ruptura amorosa a través de los conceptos de la
teoría del apego de Bowlby (1998) y la teoría y propuesta de asesoramiento en duelo de
Worden (2013). La integración de estas teorías proporciona una comprensión más
profunda de cómo las personas pueden procesar y superar la pérdida de una relación
amorosa.
Worden (2013) brinda varios indicios de lo que puede llegar a ser la pérdida, en
este caso una experiencia de privación de un objeto o persona valorada, no limitada
únicamente a la muerte de un ser querido. También incluye cualquier evento significativo
que implique la separación o ausencia de algo importante para la persona, como la
ruptura de una relación amorosa. Esta definición es fundamental para entender las
diversas reacciones emocionales y comportamentales que las personas pueden
experimentar cuando enfrentan una pérdida significativa.
Por su parte, Bowlby (2014) define el vínculo afectivo como una conexión
emocional profunda que se establece entre un individuo y una figura significativa,
generalmente una figura de cuidado, que proporciona seguridad y consuelo. Estos
vínculos se desarrollan durante la infancia y tienen un impacto duradero en las relaciones
emocionales a lo largo de la vida, siendo fundamentales para el desarrollo emocional y
psicológico, ya que influyen en la manera en que las personas manejan la separación y la
pérdida. Según el autor, estos vínculos no solo se forman con los cuidadores primarios,
sino que se extienden a relaciones significativas en la vida adulta, como las relaciones
amorosas.
A su vez, Bowlby (1980) sostiene que los vínculos de apego formados en la
infancia influyen significativamente en las relaciones amorosas adultas y, por ende, en las
respuestas a su pérdida. Es así como, se define que el apego es la tendencia a establecer
vínculos afectivos con figuras significativas determinadas, siendo un componente básico
de los seres humanos que se encuentra presente desde el periodo perinatal y prosigue
hasta la adultez; esta búsqueda de proximidad con el cuidador es necesaria para la
satisfacción de necesidades biológicas y afectivas del infante (Bowlby,1969).
La teoría del apego de Bowlby destaca la similitud en los vínculos emocionales
entre padres e hijos y las relaciones amorosas en adultos, enfatizando cómo la pérdida de
una figura de apego provoca reacciones intensas como tristeza, desesperación y
ansiedad. El sistema de apego busca mantener la proximidad y apoyo de personas
significativas. Ante amenazas al vínculo con estas figuras, el sistema se activa para
reducir el estrés. Esta dinámica es crucial en la infancia, pero puede surgir en cualquier
etapa de la vida. Si la base de seguridad no está bien establecida, se reactivan
estrategias adicionales, desde la inhibición de demandas de proximidad hasta la
exageración de estas necesidades para obtener una respuesta que disminuya el estrés
(Bowlby, 1980).
Además, las intervenciones basadas en la teoría del apego exploran el estilo de
apego del individuo y trabajan hacia el desarrollo de un apego más seguro, lo cual es
fundamental para la recuperación emocional después de la pérdida de una relación
amorosa (Bowlby, 1988). Según la teoría del apego de John Bowlby, existen cuatro tipos
principales de apego: seguro, evitativo, ansioso-ambivalente y desorganizado. Las
personas con un apego seguro suelen tener relaciones más estables y saludables, y
tienden a recuperarse más rápidamente de una ruptura amorosa debido a su confianza en
sí mismas y en los demás. En contraste, aquellos con apego evitativo pueden tener
dificultades para confiar en nuevas relaciones y pueden retraerse emocionalmente tras
una ruptura, lo que complica el proceso de duelo. Las personas con apego ansioso-
ambivalente tienden a experimentar una gran inseguridad y miedo al abandono, lo que
puede intensificar su dolor tras una ruptura y prolongar el duelo. Finalmente, aquellos con
apego desorganizado, que han experimentado una relación de apego caótica o traumática
en la infancia, pueden enfrentar un duelo extremadamente complicado y requerir un
apoyo terapéutico más intensivo para desarrollar estrategias de afrontamiento saludables.
En este contexto, comprender el tipo de apego del individuo puede guiar al terapeuta en la
personalización del tratamiento y en la implementación de estrategias específicas para
promover la recuperación emocional (Bowlby, 1988).
La ruptura amorosa, definida como la terminación de una relación íntima y
emocionalmente significativa, se caracteriza por el dolor emocional y una profunda
sensación de pérdida (Collins & Feeney, 2004). Igualmente, La ruptura de amorosa es
una de las experiencias más dolorosas que puede sufrir una persona a lo largo de su vida,
lo que hace recomendable que ambas partes elaboren un proceso de duelo completo.
Este proceso de duelo permite que las personas afronten y procesen sus emociones,
facilitando una recuperación emocional más saludable y efectiva.
Cabe agregar que para Worden (2009), el duelo es el proceso de adaptación a
una pérdida significativa. Este proceso puede ser normal o complicado, dependiendo de
varios factores mediadores y de la manera en que el individuo afronta la pérdida. El duelo
agudo se caracteriza por una reacción intensa y relativamente breve, mientras que el
duelo normal implica una serie de tareas de adaptación a la pérdida (Worden, 2009).
En este orden de ideas, el duelo normal ante una ruptura amorosa implica una
serie de reacciones emocionales, cognitivas, físicas y comportamentales que forman parte
del proceso de duelo (Worden, 2013). Estas reacciones son naturales y esperables
cuando una persona enfrenta la pérdida de una relación significativa.
Con respecto a las reacciones emocionales, las personas pueden experimentar
sentimientos profundos de tristeza y episodios de llanto, mientras procesan la pérdida.
También es común sentir ansiedad por el futuro y miedo a enfrentar la vida sin la pareja,
así como sentimientos de enojo o resentimiento hacia la expareja o la situación que
condujo a la ruptura, sentimientos de culpa o remordimiento por acciones pasadas que
pueden haber contribuido a la ruptura pueden aparecer o en algunos casos, puede haber
una sensación de alivio si la relación era conflictiva o insatisfactoria.
Respecto a las reacciones cognitivas, la persona puede enfrentar dificultad para
concentrarse y pensar con claridad; a menudo debido a la intensidad emocional del duelo.
Los pensamientos recurrentes sobre la relación, la ruptura y posibles futuros escenarios
con la expareja, conocidos como rumiación, son comunes. Por ejemplo, la persona puede
preguntarse: ¿Por qué no fui suficiente?, ¿Qué hice mal? ¿Será que vamos a volver?
Además, puede haber una tendencia a idealizar la relación y a la expareja, recordando
solo los aspectos positivos y minimizando los negativos (Worden, 2013).
En relación con las reacciones físicas, las personas pueden sentirse agotadas y
experimentar falta de energía, cambios en el sueño, como insomnio o exceso de sueño, y
cambios en el apetito, ya sea pérdida de apetito o comer en exceso, también son
comunes (Worden, 2013). Además, pueden aparecer síntomas somáticos como dolores
de cabeza y problemas gastrointestinales sin una causa médica clara.
Con referencia a las reacciones comportamentales, la persona puede aislarse de
amigos y actividades sociales, prefiriendo estar sola. También es común buscar apoyo
hablando con amigos, familiares o un terapeuta sobre la pérdida. Evitar lugares,
actividades o personas que recuerden a la expareja y la relación es otra reacción
frecuente, además, pueden producirse alteraciones en la rutina diaria; a veces como un
intento de llenar el vacío dejado por la ruptura (Worden, 2013).
Estas reacciones forman parte del proceso normal de duelo y son pasos
necesarios para que la persona pueda adaptarse y eventualmente superar la pérdida de
la relación amorosa. Worden (2009) propone cuatro tareas clave en este proceso.
La primera tarea es aceptar la realidad de la pérdida, donde la persona reconoce
que la relación ha terminado y que la otra persona no volverá. Este reconocimiento puede
ser difícil, ya que inicialmente puede haber una negación como mecanismo de defensa.
La persona puede negarse a creer que la ruptura es definitiva, pensar que es solo una
etapa difícil que se superará, o lamentar los planes futuros que había hecho con su
pareja.
La segunda tarea consiste en trabajar el dolor de la pérdida, entendiendo que el
dolor es diferente para cada individuo en términos de intensidad. Esta tarea implica
experimentar y procesar las emociones dolorosas asociadas con la ruptura, permitiendo
que emerjan y sean expresadas. Es crucial trabajar desde una perspectiva responsable
para entender qué hizo bien en la relación, qué fue, y quién fue la otra persona,
proporcionando argumentos a la razón para comprender lo que realmente ocurrió. Es
importante confrontar el dolor y permitir que se sienta plenamente el mismo, hasta que se
formen creencias más realistas y adaptativas sobre la nueva realidad. Tener una red de
apoyo respetuosa que escuche y acompañe en el proceso de llorar es fundamental.
También es vital entender que el dolor pasará con el tiempo, reconociendo el derecho a
sentirlo y asimilar la realidad de que duele, pero esforzándose para que eventualmente
deje de doler.
La tercera tarea es adaptarse a un entorno en el que la persona perdida está
ausente. Esto implica reorganizar la vida y las rutinas sin la presencia de la pareja,
redefinir roles y buscar nuevas actividades y relaciones que llenen el vacío dejado por la
pérdida. La persona debe decidir quién quiere ser de ahora en adelante y qué nuevos
aprendizajes puede obtener de la experiencia.
La cuarta y última tarea es recolocar emocionalmente a la persona perdida y
continuar con la vida. Esto significa encontrar un lugar adecuado para la relación
perdida en la memoria y seguir adelante con nuevas relaciones y actividades. El
sobreviviente puede empezar a ver a la otra persona como una figura importante en su
vida, sin sentir dolor, sino gratitud por haber sido parte de su historia, acepta que ya no
está presente o está de una manera diferente. Con una idea sólida de lo que fue la
relación, puede evaluar qué estuvo mal y no quiere repetir en futuras relaciones y qué
aceptó en esa relación que ya no aceptaría en otra. Esta tarea final implica integrar la
pérdida en la narrativa de vida de una manera que permita el crecimiento y la continuidad.
Cabe resaltar que Worden (2013) distingue claramente entre el acompañamiento
en el duelo normal y el duelo complicado. En el duelo normal, el asesoramiento
psicológico se enfoca en ayudar al superviviente a completar las cuatro tareas del duelo.
En cambio, en el duelo complicado, se requiere una terapia más intensiva y especializada
para facilitar un proceso de recuperación saludable debido a las reacciones anormales,
que pueden manifestarse como la prolongación del duelo (Worden, 2013). Es importante
reflexionar sobre el límite de tiempo entendido para el curso de un duelo normal, el cual,
según el DSM-5, se establece en 12 meses. Si el duelo se extiende más allá de este
período y las reacciones emocionales, cognitivas y comportamentales persisten o se
intensifican, se considera que el individuo podría estar experimentando un duelo
complicado y, por lo tanto, requiere una intervención más especializada (Asociación
Americana de Psiquiatría, 2014).
Dentro del duelo complicado Worden (2009) identifica cuatro categorías: duelo
crónico, duelo retrasado, duelo exagerado y duelo enmascarado. Estas pueden aplicarse
a la experiencia de una ruptura amorosa, donde los individuos pueden mostrar dificultades
persistentes para adaptarse a la pérdida, respuestas diferidas, reacciones intensificadas o
síntomas físicos y emocionales que enmascaran el duelo subyacente. En el duelo
crónico, por ejemplo, la persona puede permanecer atrapada en el dolor de la pérdida
durante un período prolongado, sin progresar hacia la resolución. El duelo retrasado se
manifiesta cuando las respuestas emocionales a la pérdida no se expresan
inmediatamente, sino que emergen mucho después del evento. El duelo exagerado
implica reacciones emocionalmente intensas y desproporcionadas que interfieren con la
vida cotidiana. El duelo enmascarado se caracteriza por síntomas físicos o conductuales
que ocultan la verdadera naturaleza del duelo, dificultando su reconocimiento y
tratamiento adecuado.
Además, las reacciones anormales ante una ruptura amorosa pueden
manifestarse en respuestas emocionales, cognitivas, físicas y comportamentales
(Worden, 2013). Estas reacciones indican que la persona no está procesando
adecuadamente la pérdida y puede necesitar intervención terapéutica.
Las respuestas emocionales anormales incluyen depresión prolongada,
caracterizada por sentimientos de tristeza profunda y desesperanza que persisten mucho
más allá del período de duelo normal, afectando la capacidad de la persona para
funcionar en la vida diaria. Un ejemplo de esto es la incapacidad para encontrar placer en
actividades que antes eran disfrutables, así como el llanto frecuente sin motivo aparente.
Otra reacción emocional anormal es la ira descontrolada, donde el enojo excesivo o
persistente puede dirigirse hacia la expareja, uno mismo, o terceros, y suele ser
desproporcionado en relación con la causa de la ruptura; manifestándose en arrebatos de
ira frecuentes ante situaciones menores.
En el ámbito cognitivo, una reacción anormal puede ser la rumiación persistente,
que se refiere a pensamientos intrusivos y repetitivos sobre la relación y la ruptura que
impiden la concentración y la toma de decisiones. Esto puede manifestarse en revivir
constantemente discusiones pasadas o imaginar diferentes desenlaces de la relación, lo
que impide enfocarse en el presente. Otra reacción cognitiva anormal es la idealización o
denigración extrema, donde la persona percibe a la relación o a la expareja de manera
extremadamente positiva o negativa, sin un balance realista (Worden, 2013). Un ejemplo
de esto es recordar solo los momentos buenos y olvidar los problemas de la relación, o
solo recordar los aspectos negativos y sentir odio profundo. Igualmente pensar en tomar
pastillas para dormir de más y no pensar en la situación, en rogarle a la otra persona que
vuelvan, son mecanismos de afrontamiento maladaptativos.
Las respuestas físicas anormales incluyen problemas de salud persistentes, que
son síntomas físicos continuos sin una causa médica clara, relacionados con el estrés
emocional. Esto puede incluir dolores de cabeza crónicos, problemas gastrointestinales
recurrentes o fatiga constante, cuadros de pánico, de ansiedad, entre otros (Worden,
2013). Otra reacción física anormal es la alteración extrema del sueño, que puede
manifestarse como insomnio severo o hipersomnia prolongada, afectando la salud y el
bienestar general (Worden, 2013). Ejemplos de esto son la incapacidad para dormir
durante varias noches seguidas, o dormir excesivamente durante el día y la noche.
Las respuestas comportamentales anormales incluyen el aislamiento social
extremo, donde la persona se retira completamente de interacciones sociales y
actividades que solían ser placenteras o significativas (Worden, 2013). Esto puede
manifestarse en evitar amigos y familiares, rechazar invitaciones a eventos sociales y
permanecer solo durante largos períodos. Otra reacción comportamental anormal es la
participación en conductas autodestructivas, como el abuso de sustancias o conductas de
riesgo (Worden, 2013). Ejemplos de esto son el aumento en el consumo de alcohol o
drogas, la conducción imprudente o comportamientos sexuales riesgosos, además, una
respuesta comportamental anormal es buscar un reemplazo inmediato, donde la persona
se involucra rápidamente en una nueva relación sin permitir tiempo para el duelo y la
recuperación; manifestándose en comenzar una relación seria con otra persona muy poco
tiempo después de la ruptura, sin haber procesado la pérdida anterior.
El duelo por una ruptura amorosa es una experiencia profundamente dolorosa y
compleja, que requiere un abordaje cuidadoso y comprensivo. En el ámbito de la
psicología, es fundamental proporcionar un acompañamiento adecuado que permita a las
personas transitar por las tareas del duelo de manera saludable. Esta propuesta de
acompañamiento en duelo se centra también en la identificación de los mediadores del
duelo y el uso de herramientas de evaluación específicas para abordar las necesidades
emocionales y psicológicas de quienes enfrentan una ruptura amorosa.
Según Worden (2013), los mediadores del duelo son factores que influyen en
cómo una persona experimenta y maneja el duelo. Según el autor, estos mediadores
incluyen características de la persona en duelo, la naturaleza de la relación perdida, las
circunstancias de la pérdida, el entorno social y cultural, así como las estrategias de
afrontamiento. Comprender estos mediadores es crucial para proporcionar un
asesoramiento adecuado y personalizado.
Entre las características de la persona en duelo, la edad y la etapa de desarrollo
juegan un papel importante. Las reacciones ante la pérdida varían según la edad y la
etapa de desarrollo de la persona, por lo que es esencial adaptar las intervenciones a
estas diferencias. Por ejemplo, si la ruptura de la relación se da entre adolescentes,
pueden experimentar el duelo de manera diferente a los adultos. Además, la personalidad
y el estilo de apego influyen en cómo se maneja el duelo. Las personas con un estilo de
apego seguro pueden tener mejores recursos para enfrentar la pérdida, mientras que
aquellos con un apego ansioso o evitativo pueden necesitar más apoyo.
La naturaleza de la relación perdida también es un mediador importante. Las
relaciones largas y emocionalmente intensas suelen generar un duelo más profundo. La
calidad de la relación también juega un papel importante, ya que relaciones conflictivas
pueden complicar el proceso de duelo. Las personas que eran altamente dependientes
emocionalmente de su pareja pueden enfrentar mayores desafíos al adaptarse a la
pérdida.
Las circunstancias de la pérdida, como si fue inesperada o anticipada, también
influyen en la experiencia de duelo. Las rupturas inesperadas tienden a ser más
complicadas que las anticipadas. Las circunstancias específicas de la ruptura, como
infidelidades o traiciones, afectan el proceso de duelo. Además, otros factores estresantes
concurrentes, como problemas financieros o de salud, pueden intensificar la experiencia
de duelo.
El entorno social y cultural también desempeña un papel crucial. Una red de apoyo
fuerte y comprensiva puede facilitar el proceso de duelo, mientras que el aislamiento
social puede exacerbar el dolor. Las normas y expectativas culturales sobre el duelo y las
relaciones amorosas influyen en cómo se maneja la pérdida. Las estrategias de
afrontamiento utilizadas por la persona en duelo también son mediadores clave. La
capacidad de una persona para enfrentar el duelo depende de sus mecanismos de
afrontamiento previos, aquellos con habilidades efectivas de afrontamiento pueden
navegar el proceso de duelo con más facilidad.
Después de entender cómo los mediadores del duelo influyen en la experiencia de
una ruptura amorosa, es esencial explorar los principios del asesoramiento propuestos
por Worden (2014) para proporcionar un acompañamiento efectivo.
Estos principios no solo proporcionan un marco teórico para los profesionales de la
salud mental, sino que ofrecen directrices prácticas para ayudar a los individuos a
navegar su dolor de manera efectiva. A continuación, se detallarán los principios clave del
asesoramiento, destacando cómo pueden aplicarse específicamente en el contexto del
duelo por ruptura amorosa, facilitando el proceso de recuperación y adaptación
emocional.
Una de las primeras responsabilidades del asesor es ayudar al individuo a aceptar
la realidad de la pérdida. Según Worden (2009), este paso es crucial para que el cliente
pueda enfrentar conscientemente la finalización de la relación y comenzar a procesar su
nueva realidad. La negación es una reacción común inicial y el asesor debe trabajar
pacientemente para que el cliente reconozca y acepte la pérdida, lo cual es un primer
paso esencial para avanzar en el duelo.
Además, el asesor debe facilitar que el cliente identifique y exprese sus
sentimientos asociados con la ruptura. Es vital que las emociones, que pueden incluir
tristeza, ira, miedo y confusión, sean reconocidas y vividas plenamente. Worden (2009)
destaca la importancia de permitir que estas emociones afloren y sean expresadas, ya
que reprimirlas puede complicar el proceso de duelo. El asesor, por tanto, proporciona un
espacio seguro y de apoyo donde el cliente puede explorar estos sentimientos sin juicio.
En el proceso de adaptarse a una vida sin la presencia de la pareja, el asesor
juega un papel crucial en ayudar al cliente a reorganizar su vida cotidiana. Esto puede
implicar redefinir roles, establecer nuevas rutinas y buscar nuevas actividades que llenen
el vacío dejado por la pérdida. Worden (2009) sugiere que esta fase es esencial para que
el cliente pueda empezar a visualizar un futuro sin la persona que ha perdido, lo cual es
un paso importante hacia la recuperación.
Dotar de significado a la pérdida es otra actividad esencial en el duelo. Aquí el
asesor ayuda al cliente a encontrar un sentido personal en su experiencia de ruptura. Esto
invita a reflexionar sobre lo que la relación significó y cómo ha influido en la vida del
cliente. Ayudar a dar un significado positivo o constructivo a la pérdida puede facilitar la
integración de la experiencia en la narrativa de vida del cliente, promoviendo así un
crecimiento personal a partir de la adversidad (Worden, 2009).
Finalmente, el asesor debe estar atento a las diferencias individuales en la forma
en que cada persona maneja el duelo. Cada individuo tiene su propio ritmo y estilo de
afrontamiento. Por tanto, es esencial que el asesor respete y apoye estas diferencias,
adaptando su enfoque a las necesidades específicas de cada cliente (Worden, 2009).
Además, identificar y abordar posibles patologías o complicaciones en el duelo es crucial
para asegurar que el cliente reciba el nivel adecuado de atención, incluyendo derivaciones
a otros profesionales cuando sea necesario.
Para abordar el duelo tras una ruptura amorosa de manera efectiva, es esencial
que los profesionales de la salud mental cuenten con una variedad de técnicas que
puedan adaptarse a las necesidades individuales de sus clientes. Estas técnicas no solo
permiten que los individuos procesen sus emociones, sino que les ayuden a encontrar un
significado y una nueva perspectiva en su experiencia de pérdida, por lo que sugiero tres
de las muchas técnicas que existen y pueden ser particularmente útiles en el contexto de
una ruptura amorosa.
En la primera Neimeyer (2001) describe la técnica de las biografías, la cual
implica que el paciente escriba una narrativa detallada de su relación desde el comienzo
hasta el final. Este ejercicio permite a los individuos reflexionar sobre los aspectos
positivos y negativos de la relación, proporcionando una visión más equilibrada de su
experiencia, al escribir su historia, el doliente puede encontrar patrones, lecciones y
significados que antes no eran evidentes, facilitando así la integración de la pérdida en su
vida de una manera constructiva.
En la segunda Neimeyer (2001) describe la técnica de escribir cartas que no se
envían como una herramienta terapéutica poderosa. Permite a los individuos expresar
pensamientos y sentimientos que tal vez no pudieron comunicar durante la relación o tras
la ruptura. Estas cartas pueden dirigirse a la expareja, a sí mismos o a una figura
imaginaria que simbolice sus emociones. Este ejercicio ayuda a liberar emociones
reprimidas, a procesar el dolor y a encontrar una sensación de cierre emocional sin la
necesidad de contacto directo con la otra persona.
La tercera es la entrevista de reconstrucción de significado, que implica una
conversación guiada donde el asesor ayuda al cliente a reinterpretar y dar nuevo sentido
a la experiencia de la ruptura (Neimeyer, 2001). Este proceso permite a los individuos
reevaluar sus creencias y percepciones sobre la relación y su final, ayudándoles a
encontrar un significado más positivo o constructivo en su experiencia de pérdida. Esta
técnica promueve el crecimiento personal y la resiliencia al transformar una experiencia
dolorosa en una oportunidad para el desarrollo y la autocomprensión.
Worden (2009) propone la terapia del duelo como una intervención clave para
abordar el duelo complicado. Esta forma de terapia puede adaptarse y trabajarse
eficazmente desde la perspectiva cognitiva, integrando principios y técnicas desarrolladas
por destacados teóricos como Aaron Beck y Albert Ellis. "La terapia cognitiva se centra en
identificar y modificar pensamientos y creencias disfuncionales que contribuyen al
malestar emocional" (Beck, 2016) lo cual es particularmente relevante en el contexto del
duelo complicado.
Aaron Beck, conocido por su enfoque en los pensamientos automáticos y las
creencias subyacentes, propone que los individuos en duelo a menudo desarrollan
pensamientos negativos como "Nunca encontraré a alguien más" o "No puedo ser feliz sin
mi pareja" (Beck, 1976). Estos pensamientos pueden intensificar el sufrimiento y prolongar
el duelo. En la terapia cognitiva, se trabaja para identificar estos pensamientos
automáticos, cuestionar su validez y reemplazarlos por pensamientos más realistas y
adaptativos. Este proceso no solo ayuda a los individuos a comprender mejor sus
emociones, sino que facilita la aceptación gradual de la realidad de la pérdida (Beck,
1976).
Por otro lado, Albert Ellis, precursor de la Terapia Racional Emotiva Conductual
(TREC), enfatiza la influencia de las creencias irracionales en las respuestas emocionales
(Ellis, 1962). En el contexto del duelo complicado, las creencias irracionales pueden
manifestarse como autocrítica excesiva o expectativas poco realistas sobre el proceso de
duelo. La TREC ofrece un enfoque estructurado para identificar y cambiar estas creencias
disfuncionales, promoviendo una perspectiva más equilibrada y adaptativa sobre la
pérdida y el futuro (Ellis, 1962).
Para proporcionar un acompañamiento adecuado, es esencial utilizar herramientas
de evaluación que permitan una comprensión completa del estado emocional y
psicológico de la persona en duelo.
Por ejemplo, la Escala de Depresión de Beck (BDI) se utiliza para evaluar la
presencia y gravedad de síntomas depresivos, los cuales pueden presentarse en el duelo
por ruptura amorosa (Beck et al., 1961).
Las entrevistas clínicas, como la Entrevista de Duelo Completo, permiten al
terapeuta obtener una comprensión detallada de la experiencia de duelo del paciente,
explorando aspectos como la naturaleza de la relación perdida, las circunstancias de la
ruptura y las reacciones emocionales actuales.
Las evaluaciones de autoinforme, como los diarios de duelo, pueden animar a los
pacientes a llevar un registro de sus pensamientos y sentimientos, proporcionando
información valiosa sobre su proceso de duelo y ayudando a identificar patrones o temas
recurrentes (Neimeyer, 2001). Los cuestionarios de afrontamiento evalúan las estrategias
de afrontamiento utilizadas por el paciente, permitiendo identificar comportamientos
adaptativos y mal adaptativos (Folkman y Lazarus, 1988).
Tras una evaluación inicial, se pueden implementar varias intervenciones
terapéuticas para apoyar a individuos en proceso de duelo tras una ruptura amorosa. La
terapia cognitivo-conductual (TCC), por ejemplo, emplea la reestructuración cognitiva para
identificar y modificar pensamientos negativos o irracionales acerca de la ruptura y el
futuro. Además, el entrenamiento en habilidades de afrontamiento proporciona
herramientas prácticas para manejar el estrés y las emociones difíciles de manera más
efectiva. Este enfoque también incluye la terapia de apoyo, que ofrece un espacio seguro
para que los pacientes se sientan escuchados y comprendidos, promoviendo el desarrollo
y fortalecimiento de su red de apoyo social.
Como continuación del desarrollo teórico, es relevante señalar que las técnicas de
mindfulness, como la meditación, enseñan a los individuos a estar presentes en el
momento actual y reducir la rumiación sobre el pasado (Kabat-Zinn, 2003).
Complementariamente, los ejercicios de relajación, como la respiración profunda y la
relajación muscular progresiva, son efectivos para disminuir la ansiedad y el estrés
asociados con la ruptura (Jacobson, 1938). La terapia de grupo también juega un papel
crucial, especialmente en grupos de apoyo para duelo, proporcionando un entorno donde
los participantes pueden compartir experiencias similares y recibir apoyo mutuo (Yalom,
2005).
Consideraciones finales
Las intervenciones basadas en la teoría del apego exploran el estilo de apego del
individuo y trabajan hacia el desarrollo de un apego más seguro, lo cual es fundamental
para la recuperación emocional después de la pérdida de una relación amorosa.
Integrar estos enfoques en la terapia del duelo complicado no solo proporciona
herramientas para manejar el dolor emocional de manera más efectiva, sino que pueden
promover un ajuste saludable a la nueva realidad sin la pareja. Este enfoque combinado
de la terapia cognitiva con los principios de Worden (2013) ofrece un marco integral para
el tratamiento del duelo complicado tras una ruptura amorosa, ayudando a los individuos a
reconstruir significado, encontrar consuelo emocional y avanzar hacia la recuperación
emocional y personal.
En respuesta a la pregunta central de este ensayo la aplicación de los principios y
tareas del duelo de Worden ofrece un enfoque estructurado y comprensivo para facilitar la
recuperación emocional tras una ruptura amorosa. Desde la aceptación inicial de la
realidad de la pérdida hasta la reorganización emocional y práctica de la vida sin la
persona amada, estos principios proporcionan un marco robusto para enfrentar el dolor y
reconstruir el significado personal. El acompañamiento psicológico basado en estos
principios no solo guía a los individuos a través de las complejidades emocionales del
duelo, sino que promueve una adaptación saludable y adaptativa. La combinación de
técnicas terapéuticas personalizadas y el apoyo continuo del asesor contribuyen
significativamente a la capacidad de las personas para superar la pérdida y encontrar un
nuevo equilibrio emocional, fortaleciendo así su capacidad de establecer conexiones
significativas en el futuro (Worden, 2009).
Además, la implementación temprana de estos principios no solo ayuda a
sobrellevar la pérdida inmediata de una relación amorosa, sino que proporciona
herramientas para enfrentar futuros desafíos emocionales. La adaptación de estas
estrategias a las necesidades individuales del duelo resalta la relevancia continua de
estas intervenciones en el contexto terapéutico, apoyando a los individuos en su camino
hacia una recuperación sostenida y en la construcción de una nueva narrativa personal.
El seminario ha proporcionado un marco teórico y práctico para desarrollar
habilidades terapéuticas en la gestión del duelo, aplicables tanto en entornos clínicos
como en consultas individuales.
El estudio del apego y su aplicación en contextos de ruptura amorosa ha
enriquecido la comprensión sobre cómo los vínculos afectivos influyen en la salud
emocional y el bienestar.
Las estrategias y herramientas aprendidas pueden ser directamente aplicadas
para apoyar a clientes y pacientes que atraviesan por procesos similares de duelo y
pérdida.
A nivel personal, el seminario ha permitido reflexionar sobre las propias
experiencias emocionales y fortalecer habilidades de autocuidado y autorreflexión.
Referencias
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