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Metateoría

El documento presenta un análisis de la metapsicología según Freud, destacando su enfoque en los procesos psíquicos que no son accesibles directamente a la observación. Se establece una distinción entre metapsicología y metafísica, argumentando que la primera busca entender los procesos psíquicos a través de la introspección y la observación de fenómenos psíquicos. Además, se discute el desarrollo del psicoanálisis hacia una psicología explicativa completa, resaltando la importancia de la metapsicología en la comprensión de la dinámica psíquica y sus implicaciones en la salud mental.

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Metateoría

El documento presenta un análisis de la metapsicología según Freud, destacando su enfoque en los procesos psíquicos que no son accesibles directamente a la observación. Se establece una distinción entre metapsicología y metafísica, argumentando que la primera busca entender los procesos psíquicos a través de la introspección y la observación de fenómenos psíquicos. Además, se discute el desarrollo del psicoanálisis hacia una psicología explicativa completa, resaltando la importancia de la metapsicología en la comprensión de la dinámica psíquica y sus implicaciones en la salud mental.

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SELECCIONES FERENCZIANAS. OBRAS COMPLETAS TOMO IV.

LA METAPSICOLOGÍA DE FREUD1. (post. 1922).

Sándor Ferenczi

Me propongo presentarles, aunque sea sumariamente, el desarrollo y la posición actual de la metapsicología


según Freud. No es una labor fácil; todos ustedes saben cuál es el método de trabajo de Freud: mientras es
posible, se limita a examinar los datos parciales y sus correlaciones más inmediatas; cuando no puede evitar
la formulación de tesis más generales, se atiene a la comunicación en términos precisos de los principales
resultados de sus investigaciones y de sus consecuencias lógicas. Pero nunca resume sistemáticamente
lo que considera como un verdadero lecho de Procusto para toda investigación ulterior. Para hacer esta
exposición que debe ser necesariamente sintética si pretende un valor didáctico, he tenido también que
reunir los elementos dispersos por los variados trabajos de Freud.
¿Qué es la metapsicología? Es un término nuevo formado a partir del modelo de la metafísica. ¿Y qué es
la metafísica? Según el “Diccionario de Filosofía” ese término designa en realidad la “primera filosofía” de
Aristóteles que, en la clasificación de las obras del Estagirita por Andrónico de Rodas se coloca después de
la física (μεταφισικα). Solamente más tarde, a consecuencia de un error de interpretación sobre la palabra
μετα se ha convertido en la ciencia que supera los sentidos, la experiencia, es decir la ciencia de las cosas
trascendentales; el término “metafísica”, ha conservado ese sentido hasta nuestros días. Así pues, si la
metafísica, tomada según esta última acepción, es la ciencia de los procesos de la naturaleza -en la medida
en que éstos no nos son proporcionados por los órganos de los sentidos sino por la elaboración especulativa
de los resultados obtenidos por diferentes ciencias- la “metapsicología”, trata de los procesos que no son
inmediatamente accesibles sino que hay que deducir a partir de los datos proporcionados por la experiencia
introspectiva2. En cuanto a nosotros, consideramos que metafísica y metapsicología son dos nociones
diametralmente opuestas. Llamamos metafísica al ensayo de explicación de todo hecho de observación,
incluso los fenómenos psíquicos más complejos, mediante leyes que conocemos (físicas o fisiológicas). La
metapsicología por el contrario se ha propuesto la labor aparentemente desesperada de establecer las bases
materiales de los procesos psíquicos a partir de la observación de los propios procesos psíquicos, es decir
construir de alguna forma una porción de la biología, de la fisiología, y de la física.
Ningún sabio osó dar ese paso antes de Freud; sólo se encuentran algunos precursores de esta orientación
en la era precientífica. Queremos hablar del animismo antropocéntrico de los primitivos, que proyectaban
sus propios procesos y caracteres psíquicos sobre los fenómenos universales. Cum grano salis3, podríamos
decir que en realidad la metapsicología analítica moderna es un retorno, -bajo una forma científicamente

1.- Conferencia dada en 1922 en Viena, organizada por los psicoanalistas ingleses y americanos.
2.- La literatura utilizaba ya el término de metapsicología en dos sentidos diferentes. Algunos filósofos designas así los capítulos de
la metafísica que tratan de los principios más elevados de la concepción del universo: por ejemplo, en su “Diccionario filosófico”,
Eisler considera el monismo, el dualismo, el paralelismo y la ciencia de lo idéntico como trayectorias “metapsicológicas”; mas
recientemente, los ocultistas han recuperado este término y se sirven de él para situar sus observaciones y sus teorías en un plano
científico. Tales atenciones no tienen nada en común con la metapsicología de Freud. señalemos por último que Kraepelin, un
adversario moderado del psicoanálisis, ha dado a nuestra ciencia el sobrenombre irónico de metapsiquiatría: este término le
valdría nuestra gratitud si Freud no hubiera ya utilizado el de “metapsicología” antes de él.
3.- “Con un grano de sal”.
depurada- al animismo.
Un paso tan atrevido apenas se justificaría si la psicología biológica hubiera cumplido aunque sólo
fuera una parte de las esperanzas depositadas en ella. Pero las investigaciones anátomo-histológicas sobre
el cerebro se hallan totalmente atascadas, tras el descubrimiento de las localizaciones sensibles y motrices
de la corteza cerebral; desde entonces, la psicología no ha obtenido otra cosa que una especie de mitología
biológica o molecular; esto disculpa la audacia de Freud que ha emprendido esta labor por el otro extremo.
La síntesis metapsicológica no es sino el desarrollo del psicoanálisis actual en una psicología explicativa
completa: es por tanto una etapa muy importante de esta ciencia, e incluso de la historia de las ciencias en
general. Hasta ahora el psicoanálisis representaba sobre todo un método de exploración de los procesos
psíquicos patológicos, al principio sólo perseguía un objetivo práctico y empírico: explorar, curar o atenuar
los estados psíquicos patológicos o neuróticos. Sólo tras muchas dudas decidió ampliar el valor de sus
constataciones al psiquismo normal y colectivo, y fue en cierto modo la acumulación espontánea de estas
observaciones la que condujo a Freud a adoptar esta nueva denominación. Freud llama metapsicología a la
disciplina que vincula los procesos psíquicos a sistemas psíquicos tópicamente determinados, que poseen
una organización y un funcionamiento específicos, son las diferentes interconexiones posibles de estos
sistemas las que explican los diferentes modos de descarga (normal y patológica) de las excitaciones. Estos
sistemas son accionados por fuerzas psíquicas, derivadas, y transformaciones de fuerzas impulsivas que
funcionan por otra parte en el organismo; la repartición de estas fuerzas varía según los modos de descarga
de la excitación. Los mecanismos psíquicos están pues cargados de una cierta cantidad de energía, cuyo
modo de manifestación varia según el sistema en el que se desenvuelve, pero que puede imaginarse de
forma general como una cantidad constante, es decir sumisa a la ley de la constancia de la energía enunciada
por la física. Sólo tras haber evaluado el estado de implicación de los diferentes sistemas tópicamente
localizados, la dinámica de las fuerzas en conflicto (dinámica, dirección y relaciones cuantitativas de estas
fuerzas), podemos hablar de una explicación metapsicológica del proceso en el sentido de Freud.
Sin embargo debo ponerles en guardia contra dos errores que las tesis metapsicológicas podrían inducir a
cometer. De momento, la metapsicología de Freud sólo aporta alguna luz relativa a la anatomía, la fisiología
y la física del órgano psíquico, y sólo ofrece soportes especulativos que aparecen cuando se estudian los
procesos psíquicos y demuestran ser válidos en el plano práctico. Ahora bien, no debe dudarse de que
cualquier día, en una u otra forma, sean también confirmados por la biología4.
El otro error consistiría en suponer que el edificio metapsicológico es una construcción arbitraria, un
sistema cerrado desde el comienzo. En realidad, es justamente lo contrario: cada paso, y cada constatación está
sostenido por una multitud de observaciones en detalle. Posiblemente nunca se ha utilizado más prudencia
al establecer una teoría científica. Sólo más tarde ha podido describirse el desarrollo del psicoanálisis como
una marcha progresiva y concéntrica hacia la metapsicología.
La comunicación preliminar de Breuer y Freud habla de “mecanismo” de los síntomas histéricos ya
en el título. La concepción económica de la dinámica psíquica se expresa sin equívocos en la noción de
abreacción de los afectos bloqueados. La hipótesis de la división en dos del psiquismo, tal como se formula
en los Estudios sobre la histeria, representa claramente un anticipo de la teoría tópica psíquica posterior.
Ambos comparan el inconsciente al subterráneo oscuro de las psiquis, o a las raíces de un árbol; investigan
claramente en la dimensión de la profundidad. En las psiconeurosis de defensa, Freud subraya con particular
claridad el momento dinámico en los sucesos psíquicos, y las hipótesis formuladas por Breuer en 1895
demuestran que presentaba todas las correlaciones metapsicológicas que el psicoanálisis ha permitido
aclarar luego, al final de un enorme rodeo. Basta con citar “la tendencia a la constancia de la excitación
endocerebral tónica”, la relación entre la energía psíquica “tónicamente vinculada” y la energía “libremente

4.- Podemos evocar aquí una analogía significativa. El psicoanálisis ha podido reconstruir, basándose en datos psicoanalíticos,
una parte de la vida impulsiva del hombre, la sexualidad, su desarrollo y sus complicaciones, es decir, hacer en cierto modo
biología metapsicológica; y la ciencia “exacta”, la histología de los órganos sexuales internos, ha confirmado ya dos de sus
hipótesis fundamentales, la sexualidad infantil y el período de latencia que separa a ésta de la pubertad.
descargada”, “la excitación en sentido inverso” del sistema de percepción en la alucinación, su concepción
de la resistencia en la que reconocía el obstáculo que podía impedir la descarga de la excitación psíquica
y que compara explícitamente a la introducción de un obstáculo reostático en un circuito. Ciertamente
subraya que se trata tan sólo de metáforas físicas que se refieren a un universo espacial fantasioso, sin
ningún valor desde el punto de vista del conocimiento, como las comparaciones y las analogías tratan de
expresar de forma inteligible algunas nociones relativas a los procesos psíquicos, difíciles de comunicar. Sin
embargo no hay que olvidar que un examen propiamente psicoanalítico de las comparaciones me ha llevado
a la convicción de que las comparaciones empleadas en el razonamiento, la poesía y las ciencias, enunciadas
a menudo sin reflexionar, provienen generalmente de una capa más profunda y más intuitiva de la psiquis y,
contrariamente a lo que piensa Breuer, manifiestan verdades importantes aún inaccesibles a la conciencia.
Freud emplea por primera vez el término de metapsicología en la Psicopatología de la vida cotidiana. Cito
textualmente las frases correspondientes: “pienso en efecto que, en buena parte, la concepción mitológica
del mundo, que anima hasta las religiones más modernas, no es otra cosa que una psicología proyectada en
el mundo exterior. El oscuro conocimiento (que no hay que confundir con el conocimiento verdadero) de
los factores y hechos psíquicos del inconsciente (dicho de otro modo: la percepción endopsíquica de estos
factores y hechos) se refleja (es difícil de decirlo de otra forma, puesto que la analogía con la paranoia es
aquí de gran ayuda) en la construcción de una realidad suprasensible, que la ciencia retransforma en una
psicología del inconsciente. Podría fijarse como tarea el descomponer, situándose en este punto de vista, los
mitos relativos al paraíso y al pecado original, a dios, al mal y al bien, a la inmortalidad, etc., y traducir la
metafísica en metapsicología”.
Esta cita indica que en esta época Freud no quería utilizar el término de metapsicología más que para
designar la interpretación psicológica de algunas producciones de la mitología y de la religión.
En su obra La interpretación de los sueños, da Freud el paso decisivo hacia la creación de la metapsicología.
Tras haber seguido, en centenares de sueños, los hilos asociativos extraordinariamente embrollados que parten
de los diferentes elementos del contenido manifestado, ha conseguido el que podríamos llamar milagro de
introducir orden en este gran caos. Ha constatado que lo que había considerado primero como resultado de
un proceso morboso, la división del psiquismo en consciente e inconsciente, caracterizaba también la vida
psíquica normal en estado de vigilia, siendo exagerada esta división sólo en los casos patológicos. Luego ha
tenido que admitir la existencia de dos tipos de inconsciente: el inconsciente rechazado propiamente dicho
y el preconsciente, cuyo contenido, aunque sea un poco marginal en relación a la conciencia, es fácilmente
accesible a ésta. Los fenómenos de desplazamiento y de condensación del sueño han permitido a Freud
descubrir los procesos según los cuales se desarrolla el trabajo del inconsciente: los “procesos primarios”;
mientras que la elaboración lógica de los pensamientos preconscientes del sueño revela que en esta capa,
la descarga de la excitación está gobernada por las mismas leyes psíquicas que el pensamiento en estado
de vigilia. Las tentativas realizadas para explicar las alucinaciones del sueño han permitido captar mejor
la importancia de la noción de regresión. Cuando se analiza un sueño, las cadenas asociativas conducen
siempre a recuerdos del pasado, en parte inconscientes, y el sueño manifestado aparece, una vez analizado,
como la representación de estos recuerdos en forma de realización alucinatoria de deseos. Por otra parte el
análisis de las alucinaciones oníricas ha permitido individualizar el sistema mnésico.
Efectuando un examen profundo y comparativo de los procesos psicológicos del sueño, Freud ha logrado
comprender los sucesos dinámicos que deciden el modo de descarga de la excitación psíquica. En los casos
normales, estos procesos son anterógrados, es decir que van de la sensibilidad a la motilidad (también
podrían ir hacia la actividad psíquica consciente); la progresión del proceso de un modo de funcionamiento
hacia el otro es frenada por resistencias intercaladas y por las instancias de la censura, que pueden desviarlo
del camino de la regresión. Freud no ha descuidado aquí los principios económicos, aunque precisamente
en el marco de esa investigación tuvo pocas ocasiones para estudiar de cerca este punto de vista.
Una vez finalizadas sus investigaciones sobre el sueño, Freud poseía el esbozo tópico-dinámico completo
de los procesos psíquicos, cuya elaboración es esencial en el desarrollo del psicoanálisis en dirección a la
metapsicología. Ese esquema nos representa el aparato psíquico como un instrumento complejo, intercalado
entre la sensibilidad y la motricidad, en el centro reflejo de alguna manera. Los estímulos que afectan
a la superficie sensible, que provienen del exterior o del interior del organismo, perturban el equilibrio,
la igualdad, la constancia del tono psíquico, e incitan a la descarga. Pero las huellas mnésicas de la
vivencia anterior, acumuladas en el inconsciente, impiden la descarga inmediata, de carácter reflejo, de la
excitación, y la desvían de los caminos por los que se sabe que desemboca en el sufrimiento. Se da pues
en el inconsciente un proceso de pensamiento, aunque sea primitivo; en lugar del automatismo simple,
se instaura aquí una reacción selectiva. En los seres más primitivos, como por ejemplo en los niños, la
excitación, tras la elaboración inconsciente, puede progresar sin obstáculos hacia la conciencia, es decir
hacia la descarga motriz; pero en el adulto se halla primeramente sometida a una nueva elaboración, que
se sitúa entre el inconsciente y el consciente. A este entramado lo denominamos preconsciente. En los
seres primitivos podemos concebir el aparato psíquico como un mecanismo mucho más simple, que estaría
compuesto de inconsciente y de consciente; el preconsciente, encargado del trabajo de organización lógica,
es por el contrario una formación filogenéticamente más reciente, cuya actividad comienza bastante tarde
en cada individuo.
En La interpretación de los sueños Freud expresa ya con admirable lucidez su intuición de que esta nueva
capa “superpuesta” al inconsciente se forma sin duda pasando por los símbolos fonéticos del lenguaje. El
inconsciente contiene aún los restos mnésicos de objeto, mientras que el preconsciente sólo acumula los
símbolos mnésicos verbales. Las ventajas de esta organización son evidentes. Los recuerdos de objeto están
aún revestidos de tal carga emocional que esperan necesariamente bajo la dependencia del principio de
prevención, es decir del principio de placer; de ello se sigue una excesiva facilidad de desplazamiento de las
intensidades psíquicas, una tendencia a huir del dolor y del sufrimiento, y la incapacidad del pensamiento
lógico, que puede ir eventualmente en contra del principio del placer. Para que pueda ejercerse esta última
función, es preciso que los recuerdos de objeto estén edulcorados en restos mnésicos verbales, que no admiten
más que los pálidos reflejos del placer o del sufrimiento anterior, y que permiten operar eventualmente en
contra del principio de placer. Las ingeniosas investigaciones sobre la verborrea de los esquizofrénicos han
confirmado brillantemente la justicia de las descripciones que presentan al preconsciente como el órgano
mnésico verbal. El hecho de que en esta enfermedad la excitación evite las representaciones de objeto
para no afectar más que al preconsciente, nos ha permitido reconocer al preconsciente como un órgano de
pensamiento que trabaja exclusivamente con símbolos verbales.
En cuanto al problema más enigmático, el de la conciencia, Freud sólo lo aborda superficialmente en
este largo esbozo del entramado psíquico; pero sospecha que la conciencia no es sólo un órgano sensorial
que sirve para registrar las cualidades psíquicas inconscientes, sino un sistema aparte, donde los procesos
de pensamiento pasan probablemente por una inhibición y una elaboración nuevas.
Habiendo acabado su trabajo sobre el sueño, que más adelante desarrollará considerablemente, Freud no ha
querido detenerse en estas especulaciones, pues estimaba que incluso la descripción esquemática esbozada más
arriba debía ser considerada provisional; ha preferido reemprender el estudio detallado de la psicología de las
neurosis y de sus diversas variedades. Sin embargo estas investigaciones habían sufrido la influencia decisiva
de los trabajos sobre la psicología de los sueños que las habían hecho progresar de forma considerable. Las
perspectivas tópica y dinámica, introducidas por un postulado anterior, se toman ya en cuenta en la descripción
general de los tipos neuróticos y en la explicación más matizada de los mecanismos histéricos de conversión y
de angustia (que he completado con algunos pequeños detalles en mi artículo “fenómenos de materialización
histérica”)5, por último en el primer análisis realizado de un caso de neurosis obsesiva. Pero lo que proporcionó
a Freud la ocasión de examinar más a fondo, al lado del impulso sexual, la actividad de los impulsos egoístas
antagonistas fue la introducción del narcisismo, y el examen de las “neurosis narcisistas”. Tras haber llevado
a buen término el estudio psicoanalítico de los impulsos en líneas generales, se decidió por fin a redactar sus
trabajos metapsicológicos donde consiguió relacionar una serie de estados y de procesos psíquicos normales
y patológicos a fórmulas tópicas-dinámicas-económicas, es decir metapsicológicas.

5.- En el tomo III de esta obra.


Estos trabajos dan la impresión de ser los capítulos de una mecánica física del órgano psíquico; las
tesis a las que llega difieren de las tesis de la física, y de forma fundamental, en la medida en que las
cantidades de que aquí se trata -las energías cargadas de placer y de desagrado, provenientes de las dos
fuentes impulsivas- no son mensurables: de momento no es posible traducirlas en signos aritméticos o
algebraicos. En el estado actual de nuestros conocimientos, la mecánica psíquica corresponde al estadio de
la física donde la insuficiencia de instrumentos de medida impide la verificación matemática de los datos:
éstos se apoyan exclusivamente en el testimonio de los sentidos. Pero no es suficiente esto para que un
hombre lúcido rehúse reconocer el inmenso progreso que representa el hecho de disponer de una mecánica
psíquica, aunque sea rudimentaria.
La teoría freudiana de los impulsos nos ha hecho penetrar rápidamente en el conocimiento de las fuentes
de energía que alimentan el aparato psíquico. Ha sido preciso intercalar los impulsos entre los procesos
psíquicos y biológicos, y reconocer en ellos los retoños de los impulsos de vida y de muerte que gobiernan
a todos los seres vivos. En el universo psíquico se manifiestan en forma de impulsos del Ego y de impulsos
sexuales, en principio indisolublemente mezclados y luego separados.
Cada uno de estos impulsos se desarrolla separadamente; sin embargo todos los desarrollos son
interdependientes en cierta medida y se apoderan del aparato psíquico alternativa o simultáneamente. Esta
toma de posesión por las fuerzas impulsivas la denomina Freud utilización.
Las finas correlaciones entre los impulsos egoístas y sexuales por una parte y los sistemas psíquicos
por otra son aún oscuras; sin embargo en un estadio más avanzado del desarrollo individual, la sexualidad
mantiene relaciones, al parecer sobre todo con el inconsciente, y el Ego con el preconsciente y el consciente.
Pero el impulso sexual se manifiesta también en el plano consciente, y los impulsos del Ego en el plano
inconsciente.
Freud ha enunciado una ley comparable, por su importancia, a la ley fundamental de Weber-Fechner,
relativa a la existencia de una relación directa entre la intensidad de un estímulo y su efecto psíquico, ley
que ha formulado de la siguiente forma: los sistemas psíquicos no utilizados por los impulsos se vuelven
inexcitables. Esto aclara toda una serie de procesos hasta ahora incomprensibles, y en primer lugar el
problema del reposo en el sueño. Durante el reposo, todo interés sexual y egoísta sale de los sistemas
inconscientes, preconsciente y consciente, para introducirse en el Ego narcisista (en el cual este interés
sólo emergía durante el estado de vigilia en forma de seudópodo); todos los sistemas mnésicos (de objeto)
inconscientes son de esta manera apartados de la excitación; hay incluso una reducción considerable de la
excitabilidad del consciente por los estímulos internos o externos. En el estado resultante todo el sistema
psíquico está desactivado y reproduce una fase de desarrollo del estado embrionario en el que la actividad
psíquica aún no había comenzado.
Esta ley de Freud sobre la relación existente entre la excitabilidad y la utilización impulsiva nos será útil
en su momento para explicar mejor los procesos de la ruptura psíquica y de la inhibición.
Si el sistema inconsciente es utilizado por el impulso sexual, y el sistema preconsciente por los impulsos
del Ego, se abre un camino en condiciones adecuadas para un conflicto que a menudo se resuelve mediante
el rechazo: una parte del material preconsciente es arrancado del sistema psíquico correspondiente y queda
sumergido más profundamente en el inconsciente, es decir rechazado. Cuando este material desplazado
consigue evitar la censura, de una u otra forma (parecido a como lo hacen los pensamientos latentes del
sueño durante el descanso), y a expresarse en el preconsciente y el consciente o en la motricidad, aunque
sea de forma alterada, se produce la formación de un síntoma neurótico. Naturalmente ésta es sólo una
de las posibles salidas. El sentido de tal síntoma no es sólo el perturbar el funcionamiento psíquico, sino
que produce igualmente una tentativa de realizar la primera función del psiquismo, es decir preservar al
individuo de excitaciones, incluso en condiciones patológicas. Pues la neurosis es una solución del conflicto,
aunque no sea la más económica; permite al psiquismo llegar a una quietud relativa, ciertamente tras un
duro combate y mediante el precio de una restricción considerable de sus potencialidades. Las energías
psíquicas que refluyen tras el rechazo hacia el preconsciente o hacia la motilidad, hallan constantemente
en este preconsciente el obstáculo de las contra-utilizaciones que intentan dar al material inconsciente
una apariencia inofensiva, desplazándolo sobre una vía muerta para tratar de reducir en lo posible el peso
emocional. En la histeria de angustia, por ejemplo, el temor al padre se desplaza sobre el temor al animal
(sobre todo al caballo). El camino del temor originario queda cubierto en cierto modo por las manifestaciones
espantosas de las contraformaciones reforzadas por actos fóbicos de evitación y de defensa, y por las mociones
impulsivas (sobre todo en la neurosis obsesiva, por lo que concierne a estas últimas). En cuanto a la histeria
de conversión, la excitación psicosexual se halla aquí totalmente desplazada fuera del aparato psíquico
mediante una superestructura fantasiosa: el simbolismo sexual y la “complacencia somática”, y además se
descarga en forma de influjo nervioso. En cualquier caso la histeria trata de preservar la quietud de la capa
psíquica inconsciente, y también por lo general, en cierta medida, trata de descargar la tensión psíquica.
Todas estas neurosis de “transferencia” tienen en común la retirada parcial de la utilización preconsciente.
Debido a esta retirada, algunas representaciones no pueden traducirse a partir del lenguaje consciente objetal
sensible en un lenguaje verbal conceptual, condición previa para que accedan al consciente.
En las psiconeurosis narcisistas (demencia precoz, paranoia), se da un fracaso de la retirada de las
utilizaciones, retirada que se consigue perfectamente en el descanso del sueño, como hemos visto. Ha
tenido lugar una tentativa de retirada parcial de las utilizaciones del inconsciente, del preconsciente, y del
consciente, pero ha fracasado debido a que el interés por los restos mnésicos verbales no siempre desaparece
completamente en la demencia; a veces este interés queda restablecido secundariamente y constituye una
forma de “tentativa de duración”; de esta forma los objetos de amor vuelven en la paranoia en forma de
persecutores.
En la amencia de Meynert (perturbación mental alucinatoria aguda), la retirada de la utilización se limita
al sistema consciente de manera que todo el material preconsciente permanece excitable: únicamente el
traumatismo actual o la pérdida actual pueden ser anulados debido a su exclusión del sistema sensorial.
No puedo asumir la labor -por otro lado imposible- de reunir en este corto resumen todo lo realizado hasta
ahora por la metapsicología de Freud. Si desean ampliar sus conocimientos en este caso. pueden tomar nota
de las recientes publicaciones de Freud, en particular del tomo IV de los Kleine Schiriften y del capítulo XIX
de la Introducción al psicoanálisis. De momento deben contentarse con esta muestra. Hay que saber aún que
Freud ha aplicado también la perspectiva y la explicación metapsicológica a las fuentes impulsivas, y que ha
profundizado considerablemente nuestros conocimientos en lo que concierne a las variaciones normales y
patológicas de la repartición de energía entre los impulsos del Ego y los impulsos sexuales. Partiendo del estudio
onto y filogenético del desarrollo de los impulsos del Ego y de los impulsos sexuales, ha llegado en primer lugar
a elaborar una tópica de los representantes impulsivos. Ha subdividido el Ego en “Ego narcisista” y en “núcleo
del Ego”; ve aquí dos sistemas permanentes, donde concluye el desarrollo del Yo. En cuanto a los representantes
del impulso sexual los ha repartido en representaciones del amor propio y representaciones del amor de objeto,
como resultado del desarrollo de la libido. Para explicar los estados amorosos, el duelo. y los síndromes de la
manía y de la melancolía, ha concebido el juego de las energías impulsivas orgánicas como si progresaran y
regresaran en estos dos registros, separándose primero y luego mezclándose nuevamente, siempre guardando
mentalmente los puntos de vista, tópico, dinámico y económico. Por último ha extendido la perspectiva
metapsicológica a las producciones psíquicas sociales más complejas, como por ejemplo los problemas de la
psicología colectiva. Basándose en el modelo de explicación que Kepler y Newton nos dieron del sistema solar,
Freud nos ha explicado la horda humana, reagrupada en torno al jefe por la reunión de las energías psíquicas
“planetarias” en torno al narcisismo solar; estos elementos se hallan vinculados unos a otros por una suerte común
y por la identificación, ese precursor primitivo del amor de objeto, con el jefe de la horda. No puede evitarse el
comparar este reagrupamiento de las entidades libidinosas en formaciones más complejas con las afinidades
químicas que unen a los elementos y a los radicales de un compuesto orgánico. Seguramente llegará un día en
que se vea que el término de análisis tomado de la química es algo más que una imagen o una comparación.
Aún debemos mencionar, aunque sea de paso, que la fórmula metapsicológica “más allá del principio de
placer”, es decir más allá del mundo psíquico puro, nos ha permitido presentir esta línea imaginaria, esta
dirección en la que podemos esperar un día que la metafísica se una a las disciplinas de la biología y de la
física.
Ustedes, los ingleses y los americanos, conocidos por un sólido sentido práctico, pueden preguntarme
si estos conocimientos podrán aportarnos -en un plazo más largo y de manera que aparezca un resultado
apreciable- nuevas perspectivas en el plano práctico, y sobre todo si la psicoterapia podrá aprovecharse
de ellos de inmediato. Respondo afirmativamente. ¿Cómo es posible expresar todo lo que la perspectiva
metapsicológica nos aporta con absoluta seguridad sobre los estados caprichosos y las metamorfosis
caleidoscópicas del neurótico? Nos permite seguir con precisión las etapas de la penetración en las
profundidades psíquicas inexploradas hasta ahora, ver cómo la transferencia consigue fijar una parte de la
tensión emocional patógena, ver cómo el combate defensivo se exacerba cuando el trabajo analítico se acerca
a uno de los focos de la enfermedad. Desde que conocemos la estructura metapsicológica de las neurosis,
no estamos expuestos al azar, como antes, cuando se trata de volver a la fuente de un estado psíquico
patológico. Sabemos en qué dirección buscar y llegamos con mayor rapidez y mayor seguridad al objetivo.
Por lo demás, nuestra imaginación es estimulada en el campo de la técnica por un mejor conocimiento del
instrumento cuyo funcionamiento hemos de restablecer y un mejor dominio de las energías que lo animan.
Como ejemplo podemos citar todas las medidas auxiliares de la técnica analítica que nunca hubieran sido
inventadas en ausencia de los conocimientos tópicos, dinámicos y económicos aportados por Freud.
Insisto una vez más en que mientras estos descubrimientos no reciban la confirmación de la biología
no pueden ser considerados como buenas hipótesis de trabajo, y ellos no pretenden en absoluto establecer
datos nuevos en lo que concierne a la anatomía y a la fisiología del órgano psíquico. No nos permiten decir
con certeza, por ejemplo, si las huellas mnésicas, grabadas en los sistemas inconsciente, preconsciente y
consciente, representan verdaderamente huellas distintas de una misma experiencia, o bien un desarrollo
específico en el seno de una misma huella mnésica; dicho de otro modo, si podemos o no suponer la
existencia de una tópica, también en el sentido anatómico.
Por último insisto en la importancia de la metapsicología de Freud en la historia de la ciencia. El
animismo primitivo, al que hemos presentado como precursor de la metapsicología, ha cometido el error
de proyectar simplemente sobre la naturaleza las experiencias íntimas psíquicas del hombre. Las ciencias
naturales han reaccionado exaltando los méritos de la exactitud, es decir de la cualidad mensurable de los
procesos, y llenando de insultos las experiencias de origen puramente psíquico. Ahora la metapsicología
se esfuerza nuevamente por acercarse a los conocimientos de la naturaleza mediante la introspección: en
realidad ha vuelto a ser animista pero sin descuidar los descubrimientos inapreciables que debemos a las
ciencias naturales. Por ello merece el nombre de método “utraquístico” pues no descarta ninguno de los dos
grandes caminos del conocimiento, ni el interior, el psíquico, ni el exterior, el de las ciencias naturales. Se
esfuerza, concediendo su justo valor a ambos tipos de experiencia, en acercar la verdad que presentamos a
una distancia asintótica.

(Sandor Ferenczi. Obras Completas, Psicoanálisis Tomo VI, Ed. Espasa-Calpe, S.A. Madrid, 1984).

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