Pontificado, tradición y discernimiento:
Análisis teológico de las primeras
intervenciones del Papa León XIV
Introducción
El 8 de mayo de 2025, la Iglesia Católica eligió como sucesor de San Pedro al
cardenal Robert Francis Prevost, quien adoptó el nombre de León XIV, marcando el
inicio de una nueva etapa eclesial tras la muerte del Papa Francisco. Su elección, gestos
iniciales y discursos inaugurales han despertado una notable atención tanto por su
dimensión pastoral como por su carga simbólica y teológica. Este ensayo analiza, desde
una perspectiva teológica, el significado de sus primeras intervenciones públicas,
interpretando sus gestos en el marco de la tradición, la renovación pastoral y el horizonte
escatológico de la Iglesia.
1. Elección del nombre: continuidad doctrinal y responsabilidad social
La elección del nombre “León XIV” remite directamente a León XIII, el “Papa de
la cuestión social”, autor de Rerum Novarum (1891), encíclica fundacional de la Doctrina
Social de la Iglesia. El acto de asumir este nombre revela una orientación explícita hacia
los desafíos éticos, tecnológicos y económicos del siglo XXI.
En clave teológica, este gesto manifiesta una hermenéutica de la continuidad viva,
tal como la describiera Benedicto XVI, donde la fidelidad a la tradición no implica
inmovilismo, sino actualización en el Espíritu (Deus Caritas Est, 1). León XIV se sitúa
así en la línea de una Iglesia “experta en humanidad” (Gaudium et Spes, 1), capaz de
ofrecer respuestas a los nuevos "signos de los tiempos" (GS, 4).
2. Primeras palabras
Las ideas centrales de este mensaje son:
1. “La paz de Cristo resucitado, una paz desarmada, una paz desarmante,
humilde y perseverante, que proviene de Dios, de Dios que nos ama a todos
incondicionalmente.”
La paz de Cristo resucitado es distinta a las “paces humanas”, que a menudo se
logran mediante el poder o la coacción. La paz de Cristo es desarmada, porque no
depende de la violencia; desarmante, porque transforma los corazones; humilde, porque
proviene de un Dios que se hizo humilde para salvar a los hombres; y perseverante,
porque perdura frente a todas las adversidades.
La paz de Cristo refleja la justicia divina, que no se impone por fuerza, sino por el
amor incondicional de Dios. Este amor se extiende a toda la humanidad, sin importar su
condición, y ofrece una paz que es tanto reconciliación con Dios como con los demás. La
referencia a la paz "desarmante" es un recordatorio de que el amor de Dios tiene el poder
de transformar y sanar, de manera radical y profunda.
2. “Sin miedo, unidos y de la mano con Dios y entre nosotros vayamos
adelante...”
El Papa hace un llamado a la unidad y al coraje cristiano. Exhorta a la Iglesia a
caminar con valentía, sin miedo, a pesar de las adversidades del mundo, confiando en que
Cristo siempre está presente, guiando y fortaleciendo a sus seguidores.
Este llamado a caminar "sin miedo" se basa en la confianza absoluta en la
presencia de Cristo. Como se dice en Mateo 28,20, Jesús promete estar con sus discípulos
"todos los días, hasta el fin del mundo". La unidad con Dios y entre los hermanos es la
clave para superar cualquier dificultad y mantener la esperanza en el camino cristiano.
3. “El mundo necesita de su luz. La humanidad necesita de Él como puente
para ser alcanzada por Dios, por su amor.”
Este es un claro llamado a la misión de la Iglesia, que debe ser luz para el mundo,
como Jesús lo dijo en Mateo 5,14: "Ustedes son la luz del mundo". Cristo es el "puente"
entre la humanidad y Dios, y la Iglesia es llamada a ser ese puente, anunciando y
viviendo el Evangelio.
La misión de la Iglesia es ser el cuerpo de Cristo en el mundo, llevando su luz y
su mensaje a todos los rincones del planeta. Cristo es el único mediador entre Dios y los
hombres (cf. 1 Tim. 2,5), y la Iglesia tiene la responsabilidad de hacer que este puente sea
accesible a todos.
4. “Ayúdense también ustedes, los unos a los otros, a construir puentes con el
diálogo, con el encuentro...”
Este llamado a la construcción de puentes con el diálogo y el encuentro refleja el
espíritu de la sinodalidad, un concepto central en el pontificado del Papa Francisco. La
Iglesia debe ser un lugar de encuentro, donde la fraternidad y el entendimiento mutuo son
clave para la paz y la unidad.
El diálogo y el encuentro son esenciales en la vida cristiana. Jesús mismo se
acercó a las personas en sus circunstancias, no desde una posición de poder, sino en una
actitud de servicio y escucha. La Iglesia debe seguir este ejemplo, promoviendo el
diálogo como una herramienta de evangelización y reconciliación.
5. “Soy un hijo de San Agustín, agustino...”
Esta referencia a San Agustín subraya la identidad personal del Papa, y también la
tradición espiritual de la que proviene. San Agustín, un gran teólogo y pensador, dejó una
profunda huella en la Iglesia con su énfasis en la gracia, la paz interior y la caridad.
La referencia a San Agustín refuerza la idea de que la paz que se busca es una paz
interna, que comienza en el corazón del individuo y se extiende a la comunidad. La
gracia de Dios, que Agustín tan profundamente comprendió, es el motor de esta paz, que
se difunde a través de la caridad y la fraternidad.
3. Espiritualidad agustiniana y geografía simbólica de la oración
Durante sus primeras 72 horas como pontífice, León XIV visitó:
- El Santuario de la Virgen del Buen Consejo en Genazzano, asociado a la espiritualidad
agustiniana.
- La tumba de San Pedro en las grutas vaticanas.
- La tumba del Papa Francisco en la Basílica de San Pedro.
Estos gestos constituyen una cartografía teológica de su pontificado. La
espiritualidad agustiniana es esencialmente interiorista y eclesial: "Nos hiciste, Señor,
para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti" (Confesiones, I,1). El
nuevo Papa, miembro de la Orden de San Agustín, muestra desde el inicio una opción
clara por el discernimiento espiritual y la centralidad de la Virgen como Madre del
Consejo y guía del alma.
Su oración ante la tumba de Pedro reafirma la sucesión apostólica como
dimensión constitutiva del ministerio petrino (cf. Lumen Gentium, 18). Y su homenaje a
Francisco expresa una teología de la comunión y la memoria viva, recordando que la
Iglesia es un cuerpo histórico y carismático a la vez (LG, 8).
4. El clamor por la paz: magisterio profético y escatológico
Durante el rezo del Regina Caeli el 11 de mayo de 2025, el Papa exclamó:
“¡Nunca más guerras!”, en referencia a los conflictos en Ucrania y Gaza. Esta frase no
sólo remite a Juan Pablo II y Pablo VI, sino que evoca la tradición profética de Israel y la
visión escatológica de paz del Reino de Dios (cf. Is. 2,4, Ap. 21,4).
El pontífice actúa como voz profética, entendida en sentido bíblico: alguien que
no predice el futuro, sino que lee el presente a la luz de Dios, denunciando el pecado
estructural y llamando a la conversión (cf. Am. 5,24). Su clamor también revela una
teología de la esperanza, central al Año Jubilar convocado bajo ese nombre.
5. Anuncio del viaje a Turquía: ecumenismo doctrinal y memoria conciliar
El anuncio de su primer viaje apostólico a Turquía con motivo del 1700
aniversario del Concilio de Nicea (325) representa una potente afirmación teológica:
1. Unidad doctrinal: Nicea es el pilar de la fe trinitaria común entre católicos,
ortodoxos y muchas comunidades protestantes (Credo Niceno-
Constantinopolitano).
2. Memoria conciliar: Siguiendo el principio del ressourcement (retorno a las
fuentes), León XIV retoma una de las claves del Vaticano II para reformar desde
la tradición viva.
3. Diálogo ecuménico: La elección de un lugar simbólicamente compartido con las
Iglesias orientales sugiere una clara voluntad de reconciliación (Ut Unum Sint,
99).
6. Rehabilitación del simbolismo litúrgico: belleza y misterio
La aparición pública de León XIV con la muceta, estola y cruz de oro fue
interpretada por algunos sectores como un giro estético tradicionalista. Sin embargo,
desde una teología de la liturgia, estos signos deben leerse a través de la categoría de lo
simbólico como mediación del misterio (cf. Sacrosanctum Concilium, 7).
El teólogo suizo Hans Urs von Balthasar afirmaba: “La verdad no es sólo
comprensible, sino también bella” (La gloria del Señor, I). En una época de banalización
ritual y vaciamiento simbólico, el Papa parece recuperar el esplendor de los signos no
como ornamento, sino como vía de acceso al Misterio pascual.
7. Llamado a los periodistas: ética de la palabra y cultura del diálogo
En su primer encuentro con los medios de comunicación, el Papa exhortó a
“desarmar las palabras”. Esta frase puede ser entendida como una invitación a una
teología de la comunicación veraz y pacificadora.
La palabra, en la antropología cristiana, tiene un valor sacramental: es signo
eficaz de relación, capaz de construir comunión o de fomentar división (cf. Ef. 4,29, St.
3,5-10). León XIV propone un modelo de comunicación inspirado en la Encarnación,
donde el Verbo se hace carne y habita entre nosotros (cf. Jn. 1,14), dialogando, no
imponiéndose.
Conclusión
Las primeras acciones del Papa León XIV revelan un estilo teológico que conjuga
tradición y discernimiento, estética y ética, espiritualidad interior y proyección social. Su
pontificado, aún en sus inicios, parece inscribirse en una línea de continuidad dinámica
con el Concilio Vaticano II, los desarrollos de la Doctrina Social de la Iglesia y la
espiritualidad agustiniana como fuente de renovación pastoral.
Al retomar símbolos litúrgicos clásicos y abrazar temas contemporáneos como la
paz, la tecnología y la justicia social, León XIV apunta a un modelo de Iglesia que no
teme presentarse como madre y maestra, pero también como servidora y profeta en medio
del mundo. Su ministerio se anuncia así como una “epifanía del Espíritu” en tiempos de
fragmentación y búsqueda, uniendo la sabiduría antigua con la audacia evangélica del
presente.