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T4 Fisio3

El documento aborda las reacciones de hipersensibilidad, que son respuestas inmunitarias anormales a antígenos generalmente inofensivos, clasificándolas en cuatro tipos: I (inmediata), II (citotóxica), III (mediada por complejos inmunitarios) y IV (tardía). Se discuten también la autoinmunidad, inmunodeficiencias y el rechazo de trasplantes, resaltando la importancia de la tolerancia inmunitaria y los mecanismos de respuesta. Además, se menciona la inmunoterapia contra el cáncer y el papel de los puntos de verificación inmunitaria en la regulación de las respuestas inmunitarias.

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T4 Fisio3

El documento aborda las reacciones de hipersensibilidad, que son respuestas inmunitarias anormales a antígenos generalmente inofensivos, clasificándolas en cuatro tipos: I (inmediata), II (citotóxica), III (mediada por complejos inmunitarios) y IV (tardía). Se discuten también la autoinmunidad, inmunodeficiencias y el rechazo de trasplantes, resaltando la importancia de la tolerancia inmunitaria y los mecanismos de respuesta. Además, se menciona la inmunoterapia contra el cáncer y el papel de los puntos de verificación inmunitaria en la regulación de las respuestas inmunitarias.

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10 de septiembre del 2023

Hipersensibilidad

Joshua Emanuel Badillo Meneses | 110173066

Dr. Ana Catalina del Pilar Ávila González | Pediatría

Universidad del Valle de México, Campus Querétaro.


RESUMEN

Reacciones de hipersensibilidad

El sistema inmunitario moviliza varios mecanismos efectores para eliminar patógenos del
cuerpo. Estos mecanismos efectores casi siempre generan una respuesta inflamatoria
localizada que elimina de manera efectiva el patógeno, con daño colateral mínimo al
tejido circundante.

Además de patógenos, los seres humanos entran en contacto con numerosos antígenos
extraños, como el polen de las plantas y alimentos. El contacto con estos antígenos
ambientales no induce una respuesta inmunitaria en la mayoría de las personas.

Sin embargo, en ciertos individuos predispuestos el sistema inmunitario puede responder


a estos antígenos en general innocuos, lo que resulta en daños hísticos que van desde
irritación leve hasta choque anafiláctico, que pone en peligro la vida.

Estas respuestas inmunitarias son conocidas como reacciones alérgicas o de


hipersensibilidad. Las reacciones de hipersensibilidad pueden dividirse en cuatro
categorías, del tipo I al tipo IV, distinguidas por los tipos de células y moléculas efectoras
implicadas.

Hipersensibilidad tipo I: reacciones de hipersensibilidad inmediata

Las reacciones de hipersensibilidad tipo I requieren que el individuo produzca primero


anticuerpos IgE en un encuentro inicial con un antígeno, también llamado alérgeno.
Después de la eliminación del antígeno, las moléculas restantes de IgE específicas para
el antígeno se unirán con mastocitos, basófilos y eosinófilos que expresan receptores
para la región constante de la IgE (FcεR1).

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A este proceso se le conoce como sensibilización. Con la exposición subsiguiente al
antígeno, el enlace cruzado de las moléculas de IgE en las células sensibilizadas induce
su desgranulación inmediata.

La liberación de mediadores inflamatorios como histamina, leucotrienos y


prostaglandinas causa vasodilatación, contracción del músculo liso bronquial y
producción de moco, similar a lo observado durante las respuestas inflamatorias a la
lesión e infección hísticas.

Las reacciones de hipersensibilidad tipo I pueden ser locales o sistémicas. Las


reacciones sistémicas contra los antígenos del cacahuate o el veneno de abeja pueden
causar anafilaxia, un trastorno que pone en peligro la vida.

El asma alérgica es un ejemplo de hipersensibilidad tipo I. Con la exposición a ciertos


alergenos (casi siempre inhalados), los individuos con asma alérgica experimentan
inflamación de las vías respiratorias, caracterizada por edema del tejido y producción
excesiva de moco. Este estrechamiento de las vías respiratorias dificulta la respiración.

Hipersensibilidad tipo II: reacciones citotóxicas mediadas por anticuerpos

Las hipersensibilidades tipo II son las reacciones citotóxicas mediadas por anticuerpos.
Un ejemplo es la inmunización ante los antígenos eritrocíticos durante el embarazo. En
una madre Rh-negativa con un feto Rh-positivo (Rh heredado del padre), la madre forma
anticuerpos contra el antígeno Rh cuando las células sanguíneas fetales entran en
contacto con el sistema inmunitario materno, por lo general durante el parto.

Si se produce un embarazo ulterior con un feto Rh-positivo, los anticuerpos IgG maternos
cruzan la placenta y causan hemólisis de los eritrocitos fetales Rh-positivos. Están
indicados la vigilancia estrecha y los tratamientos sintomáticos apropiados (p. ej.,
plasmaféresis, transfusión intrauterina, inmunoglobulina Rh), ya que los síntomas fetales
pueden ser desde leves hasta muerte fetal por insuficiencia cardiaca.

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Hipersensibilidad tipo III: reacciones mediadas por complejos inmunitarios

Las reacciones de hipersensibilidad tipo III están mediadas por complejos anticuerpo-
antígeno que se forman durante una respuesta inmunitaria. Cuando no se eliminan en
forma apropiada, estos complejos inmunitarios pueden asentarse en varios tejidos,
donde inducen la activación del complemento.

Estos complejos inmunitarios resultan preocupantes sobre todo cuando se presentan en


los riñones, donde pueden causar glomerulonefritis e insuficiencia renal. Antes, la mayor
parte de las reacciones de hipersensibilidad tipo III eran estudiadas en el ámbito de las
enfermedades autoinmunitarias (p. ej., lupus eritematoso sistémico); su tasa de
incidencia ha aumentado en forma significativa con la introducción de anticuerpos
monoclonales no humanos o no humanizados como agentes farmacológicos
(anticuerpos humanos antimurinos).

Los anticuerpos monoclonales murinos o quiméricos (chim) murinos-humanos (mu-hu)


son “confundidos” por el sistema inmunitario del paciente como antígenos ajenos
peligrosos. La respuesta inmunitaria resultante “desactiva” el anticuerpo terapéutico, y
conduce a la formación de complejos de anticuerpo(mu)-anticuerpo(hu) o
anticuerpo(chim)-anticuerpo(hu) que desencadenan reacciones de hipersensibilidad tipo
III.

Hipersensibilidad tipo IV: reacciones de hipersensibilidad tardía

A diferencia de las reacciones de hipersensibilidad tipo I a III, que están mediadas por
anticuerpos, las reacciones tipo IV están mediadas por linfocitos T. Sin embargo, todas
estas reacciones de hipersensibilidad son respuestas de memoria. Los haptenos son
moléculas demasiado pequeñas para funcionar como antígenos por sí solas. Estas
moléculas penetran la epidermis y se unen con proteínas portadoras en la piel.

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Los complejos hapteno-portador son detectados por las APC en la piel (células de
Langerhans), que luego migran a los ganglios linfáticos y ceban las respuestas de
linfocitos T. Cuando un individuo se expone de nuevo al hapteno, los linfocitos T
específicos del antígeno migran a la piel y causan inflamación y edema locales. El níquel
en la ropa y la joyería es un desencadenante frecuente de las reacciones de
hipersensibilidad tipo IV.

Autoinmunidad, inmunodeficiencia y rechazo de trasplante

Como ocurre con una respuesta inmunitaria regular y apropiada, la autoinmunidad se


basa en respuestas humorales (autoanticuerpos) o celulares (linfocitos T). Como se
describe en la sección sobre el desarrollo de los linfocitos, el proceso de la tolerancia
central limita el desarrollo de linfocitos B y T autorreactivos.

Este proceso es imperfecto y existen mecanismos de tolerancia periférica para limitar la


actividad de los linfocitos autorreactivos que logran escapar de la eliminación en el timo.
La tolerancia periférica está mediada sobre todo por dos mecanismos: la acción de
linfocitos TReg (véase la sección sobre funciones efectoras de los linfocitos T H CD4) y la
inducción de anergia de los linfocitos T.

Los linfocitos T sin exposición previa a antígenos requieren señales coestimulantes para
activarse. Por consiguiente, los linfocitos T autorreactivos casi nunca se activan si
interactúan con una molécula MHC que exprese autoantígenos porque la mayor parte de
los tejidos no expresan moléculas coestimulantes. La inducción de anergia deja a los
linfocitos T sin respuesta, incluso con la exposición subsiguiente a un antígeno con
estimulación suficiente.

Autoinmunidad: una falla de tolerancia

Existen varias teorías respecto a los orígenes de los trastornos autoinmunitarios


individuales:

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• Mimetismo molecular. La hipótesis del mimetismo molecular considera que
antígenos peculiares derivados de patógenos se parecen a antígenos endógenos
del hospedador. Si se produce una infección, los recursos defensivos del sistema
inmunitario (anticuerpos, linfocitos T citotóxicos y linfocitos NK) no solo atacan al
antígeno derivado del patógeno, sino también al antígeno propio con similitud
estructural, lo que causa autoinmunidad en forma de daño colateral.

• Relación entre autoinmunidad y el sistema HLA. Las personas con tipos de HLA
específicos tienen mayor probabilidad de desarrollar ciertas enfermedades
autoinmunitarias (p. ej., diabetes tipo 1, espondilitis anquilosante, enfermedad
celiaca, lupus eritematoso sistémico). Una explicación razonable de esta
observación se observa en el hecho de que proteínas HLA particulares son más
“eficientes” que otras para presentar antígenos y por consiguiente, podrían activar
de manera errónea los linfocitos T.

• Función tímica alterada. La selección tímica de los linfocitos T es determinante


para la tolerancia central; los IFN tipo I, inducidos en gran cantidad durante
episodios infecciosos, también controlan varios pasos en la selección de los
linfocitos T. Por lo tanto, los trastornos inducidos por un patógeno a los fenómenos
tímicos podrían influir de manera negativa en la eliminación de los linfocitos T
autorreactivos. Sin importar cuál sea el mecanismo, hasta ahora la tolerancia
central no ha sido explotada para la intervención farmacológica.

Deficiencias inmunitarias

La inmunodeficiencia primaria abarca defectos genéticos o del desarrollo del sistema


inmunitario que generan diversos grados de susceptibilidad a las infecciones. Las formas
graves (inmunodeficiencia combinada grave) suelen diagnosticarse en la infancia
temprana y se relacionan con una esperanza de vida muy reducida. En la actualidad se
reconocen nueve clases de inmunodeficiencia primaria, con un total de 120 trastornos

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individuales. Por desgracia, las opciones terapéuticas actuales se limitan al tratamiento
de apoyo en forma de fármacos antivirales, antimicóticos y antibacterianos.

La inmunodeficiencia adquirida es la pérdida de la función inmunitaria ocasionada por


una exposición ambiental. Estos padecimientos afectan a pacientes que reciben
tratamiento inmunodepresor para trastornos autoinmunitarios o para prevenir el rechazo
de trasplantes.

La inmunodeficiencia adquirida también se observa a menudo en personas que sufren


neoplasias malignas hematopoyéticas, ya que las células tumorales desplazan a los
leucocitos funcionales del espacio en la médula ósea o la sangre.

Sin embargo, es probable que el uso más frecuente del término se relacione con la
infección por virus de inmunodeficiencia humana (HIV, human immunodeficiency virus),
causa del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (AIDS, acquired immunodeficiency
syndrome).

Rechazo de trasplante

La “enfermedad de hospedador contra injerto” y la “enfermedad injerto contra


hospedador” se producen porque el sistema inmunitario del receptor rechaza un tejido
trasplantado o en casos en que se trasplanta médula ósea, el “nuevo” sistema inmunitario
ataca los tejidos del hospedador. La intensidad del rechazo se reduce con la mayor
compatibilidad entre donador y receptor; sin embargo, es inevitable un régimen de
fármacos inmunodepresores de por vida.

El tratamiento inmunodepresor típico utiliza glucocorticoides (p. ej., prednisona),


inhibidores de la activación de linfocitos T (p. ej., ciclosporina), inhibidores de la
proliferación de linfocitos T (p. ej., ácido micofenólico) o inhibidores de mTOR (p.
ej., sirolimús) que inhiben la producción de IL-2, una citocina esencial para la activación
y proliferación de los linfocitos T.

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El tratamiento del rechazo de trasplantes también se ha beneficiado de los avances en
el uso de anticuerpos monoclonales. Ya se cuenta con anticuerpos dirigidos contra el
receptor de IL-2 (p. ej., daclizumab) o CD20 (p. ej., rituximab) para prevenir el rechazo
del trasplante.

Inmunoterapia contra el cáncer: puntos de verificación inmunitario y sus


inhibidores

Como se explicó antes, las respuestas de los linfocitos T están moduladas por un
equilibrio entre señales coestimulantes, ejemplificadas por la unión de CD28 y señales
coinhibidoras, como las que emite la unión de CTLA-4 o PD-1. El concepto de punto de
verificación inmunitaria se refiere a reguladores inhibidores (a menudo por
retroalimentación negativa) que limitan la amplitud y duración de una respuesta
inmunitaria.

En condiciones fisiológicas normales, los puntos de verificación inmunitaria protegen los


tejidos contra el daño durante una respuesta inmunitaria y contribuyen a mantener la
autotolerancia; por lo tanto, puntos de verificación inmunitaria actúan como frenos
fisiológicos del sistema inmunitario y son esenciales para mantener la homeostasis
inmunitaria y para prevenir la autoinmunidad.

REFERENCIAS

▪ Brunton, L. (2023). Goodman & Gilman. Las bases farmacológicas de la terapéutica


14ed. En McGraw-Hill Interamericana
eBooks. https://apunteca.usal.edu.ar/id/eprint/2274/

▪ Kumar, A. (2020). Robbins and Cotran Pathologic basis of disease. American Journal
of Clinical Pathology. https://doi.org/10.1093/ajcp/aqaa163

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