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Ley 3 Habitos Atomicos

El documento aborda la importancia de actuar en lugar de solo planificar para desarrollar hábitos efectivos, enfatizando que la repetición es clave para la formación de hábitos automáticos. También se discute la ley del menor esfuerzo, sugiriendo que simplificar la ejecución de buenos hábitos y dificultar los malos hábitos aumenta las probabilidades de éxito. Finalmente, se menciona la necesidad de hacer que las conductas sean satisfactorias para fomentar su repetición en el futuro.

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Ley 3 Habitos Atomicos

El documento aborda la importancia de actuar en lugar de solo planificar para desarrollar hábitos efectivos, enfatizando que la repetición es clave para la formación de hábitos automáticos. También se discute la ley del menor esfuerzo, sugiriendo que simplificar la ejecución de buenos hábitos y dificultar los malos hábitos aumenta las probabilidades de éxito. Finalmente, se menciona la necesidad de hacer que las conductas sean satisfactorias para fomentar su repetición en el futuro.

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Habitos atoicos

Tercera ley

Es fácil empantanarse tratando de encontrar el plan ideal para cambiar: la forma más rápida de

perder peso, el mejor programa para desarrollar los músculos, la idea perfecta para una

ocupación secundaria. Estamos tan enfocados en descubrir la mejor manera de hacer algo que en

realidad nunca ponemos manos a la obra. Como dijo alguna vez Voltaire: «Lo mejor es enemigo de

lo bueno».2

Suelo referirme a esto como la diferencia entre ponerse en marcha y actuar. Los dos conceptos

suenan parecidos, pero no son iguales. Cuando te pones en marcha estás planeando, estableciendo

estrategias y aprendiendo. Todo eso es bueno, pero no produce un resultado.

Actuar, por otra parte, es la clase de comportamiento que te conduce a un resultado

Si ponerse en marcha no basta para alcanzar resultados, ¿por qué lo hacemos? Algunas veces lo

hacemos porque verdaderamente necesitamos un plan o aprender más sobre un tema. Pero con

frecuencia, lo hacemos porque al ponernos en marcha sentimos que estamos progresando sin

necesidad de correr el riesgo de fracasar.

Ponerse en marcha te hace sentir que ya estás haciendo las cosas, pero en realidad, solo te estás

preparando para hacer algo. Cuando la preparación se vuelve una manera de postergar lo que

tienes que hacer, es necesario hacer un cambio. No quieres estar planeando todo el tiempo.

También quieres actuar.

Si quieres dominar un hábito, la clave es empezar con la repetición del mismo, no con la

perfección. No tienes que tener contempladas todas las características de tu hábito de antemano.

Solo tienes que ponerlo en práctica. Esta es la primera aportación de la Tercera Ley: solamente

tienes que ponerte manos a la obra y hacer tus repeticiones.

¿CUÁNTO TIEMPO TOMA

DESARROLLAR UN NUEVO HÁBITO?

La formación de hábitos es un proceso mediante el cual una conducta se vuelve progresivamente

automática mediante la repetición constante

Repetir un hábito tiene como consecuencia claros cambios físicos en el cerebro.

Cada vez que repites una acción, estás activando un circuito neuronal específico que está

asociado con ese hábito. Esto significa que hacer tus repeticiones es uno de los pasos más

importantes para lograr codificar un hábito en tu cerebro


Todos los hábitos siguen una trayectoria semejante que va de la práctica esforzada a las

conductas automáticas, un proceso que se conoce como automaticidad. La automaticidad es la

habilidad de realizar una conducta sin tener que pensar en cada paso, lo que ocurre cuando la

mente inconsciente está a cargo

«¿Cuánto tiempo se requiere para

desarrollar un hábito?». Pero lo que la gente en realidad debería preguntar es: «¿Cuántas veces

tengo que repetir un hábito para desarrollarlo?». Esto es, ¿cuántas veces hay que repetir un hábito

para que se vuelva automático?

No hay nada mágico respecto al tiempo requerido para la formación de hábitos. No importa si

se ha realizado durante 21 días, o treinta o trescientos. Lo que importa es el ritmo que aplicas para

ejecutar la conducta. Puedes hacer algo dos veces en un mes o doscientas veces en un mes. La

frecuencia es lo que hace la diferencia

Para desarrollar un hábito, necesitas practicarlo. Y la manera más efectiva de hacer que la

práctica se realice es cumplir con la Tercera Ley del Cambio de Conducta: hacerlo sencillo.

12 La ley del menor esfuerzo

La sabiduría convencional mantiene que la motivación es la clave del cambio de

hábitos. Si realmente quieres algo, puedes conseguirlo. Pero la verdad es que nuestra verdadera

motivación consiste en ser perezosos y hacer lo que es más conveniente. Y a pesar de lo que

pueda afirmar el más reciente éxito editorial sobre productividad, esta es una estrategia

inteligente, no absurda.

La energía es valiosa y el cerebro está programado para conservarla cuando ello es posible. Es

parte de la naturaleza humana seguir la ley del menor esfuerzo,2 la cual establece que cuando se

tiene que decidir entre dos opciones similares, las personas naturalmente tenderán a elegir la

opción que requiere la menor cantidad de trabajo.

mientras menos energía requiera un hábito, es más probable que ocurra

Tú no quieres el

hábito por sí mismo. Lo que verdaderamente quieres es el resultado que se obtiene tras poner en

práctica el hábito. Entre más grande es el obstáculo —esto es, entre más difícil es el hábito—,

mayor es la resistencia que tienes que enfrentar para alcanzar el estado que deseas. Este es el

motivo por el cual es crucial lograr que tus hábitos sean tan sencillos de realizar que los sigas,

aunque no tengas ganas. Si consigues hacer que tus hábitos sean más convenientes, será más fácil
que los realices.

Ciertamente, tú eres capaz de lograr cosas muy difíciles. El problema es que algunos días

sientes deseos de realizar el trabajo duro y otros días sientes que quieres rendirte. Es durante los

días duros cuando es crucial contar con tantas cosas a tu favor como sea posible, de tal manera

que puedas vencer los retos que la vida te lanza en forma natural. Entre menos resistencia tengas

que enfrentar, más sencillo será que la parte más fuerte de tu ser emerja. La idea detrás de hacerlo

sencillo no consiste en hacer solamente cosas sencillas. La idea es simplificar tanto como sea

posible en el momento presente los hábitos que producirán una recompensa a largo plazo.

CÓMO CONSEGUIR MÁS CON MENOS ESFUERZO

Una de las maneras más efectivas de reducir la tensión o resistencia asociada con tus hábitos

consiste en practicar el diseño del ambiente.

Es más fácil construir hábitos cuando encajan en el flujo de tu vida

Cotidiana.

cuando

eliminamos puntos de tensión que minan nuestro tiempo y energía, podemos lograr más con menos

Esfuerzo

La idea central es crear un ambiente en el que hacer aquello que es correcto, resulte tan sencillo

como sea posible. Mucho de la batalla por generar buenos hábitos se reduce a encontrar maneras

de reducir la tensión asociada con nuestros buenos hábitos e incrementar la tensión asociada con

nuestros hábitos malos.

PREPARAR EL AMBIENTE PARA SU USO FUTURO

Cuando organizas un espacio para el propósito para el que está destinado, lo estás preparando

para facilitar la siguiente acción.

Hay muchas maneras de preparar el ambiente para que esté listo para su uso inmediato ponerte
tenis en cuanto te levantes

Estas son maneras sencillas de hacer que el camino hacia un buen hábito ofrezca la menor

cantidad posible de resistencias.

También puedes invertir este principio y preparar el ambiente para hacer que los malos hábitos

se vuelvan difíciles. Entre más resistencia haya, menos posibilidades existen de

que el hábito se repita.

Estos trucos no van a terminar con una verdadera


adicción, pero para muchos de nosotros, un poco de tensión o resistencia puede ser la diferencia

entre adquirir un buen hábito o caer en uno malo. Imagina el impacto acumulativo que se lograría

al hacer docenas de cambios de este tipo y vivir en un ambiente diseñado para simplificar las

conductas buenas y dificultar las conductas perjudiciales.

13 Cómo dejar de postergar usando la regla de los dos minutos

Los investigadores estiman que entre 40% y 50% de las acciones que realizamos en cualquier

día dado son hábitos.2 Esto es un porcentaje sustancial, pero la verdadera influencia de tus hábitos

es mayor de lo que sugieren estos porcentajes. Los hábitos son elecciones automáticas que

influyen en las decisiones conscientes que tomamos. Sí, un hábito puede ser completado en unos

cuantos segundos, pero también puede moldear las acciones que realizas minutos o incluso horas

Después.

De esta manera, los hábitos que sigues

sin pensar por lo regular determinan las elecciones que haces cuando estás pensando.

Cada día hay un puñado de momentos que tienen un impacto mayúsculo. Me refiero a estas

pequeñas elecciones como momentos decisivos

Los momentos decisivos te ponen frente a una serie de opciones disponibles para tu ser futuro

Estamos limitados por los caminos a donde nos conducen nuestros hábitos. Esta es la razón por

la cual, dominar nuestros momentos decisivos a lo largo del día es tan importante. Cada día está

formado por muchos momentos, pero, en realidad, son unas pocas elecciones habituales las que

determinan el camino que tomamos. Estas pequeñas elecciones se acumulan, cada una establece la

trayectoria que nos indica cómo pasaremos el siguiente intervalo de nuestro tiempo

LA REGLA DE LOS DOS MINUTOS

A pesar de que lo lógico sería empezar por lo más sencillo y pequeño, es común tratar de empezar

por lo grande. Cuando sueñas con hacer un cambio, la emoción te domina de manera inevitable y

terminas tratando de hacer demasiadas cosas en poco tiempo. La mejor manera de contrarrestar

esta tendencia es usar la regla de los dos minutos,5 la cual establece: «Cuando empiezas un nuevo

hábito, no debe tomarte más de dos minutos».

Te darás cuenta de que es posible encontrar una versión de dos minutos de casi cualquier hábito.

La idea es hacer, al principio, tus hábitos tan sencillos como sea posible. Cualquiera puede

meditar durante un minuto, leer una página o guardar una pieza de ropa. Y, tal como dijimos

anteriormente, esta es una estrategia poderosa porque una vez que empezamos a hacer lo correcto,
es mucho más sencillo seguir haciéndolo. Un nuevo hábito no debería parecer un reto. Las

acciones que seguirán pueden ser desafiantes, pero los primeros dos minutos deben ser sencillos.

Lo que quieres es un hábito umbral que te conduzca a un camino más productivo

En

lugar de tratar de diseñar un hábito perfecto desde el principio, haz algo sencillo de manera

consistente. Tienes que estandarizar antes de poder optimizar.

Conforme dominas el arte de hacer las acciones evidentes, los primeros dos minutos se vuelven

simplemente un ritual al principio de una rutina más larga. Este no es simplemente un truco para

hacer los hábitos más sencillos sino, en realidad, la manera ideal de dominar una habilidad

complicada. Entre más ritualices el principio del proceso, es más probable que avances al estado

de concentración profunda que se requiere para hacer grandes cosas.

En algún momento, una vez que has establecido el hábito y estás cumpliendo diariamente con

hacerlo, puedes empezar a combinar la regla de los dos minutos con una técnica que llamamos

modelado de hábitos,7 de tal forma que puedas elevar tu hábito hasta la meta que te habías

propuesto originalmente. Empieza por dominar los primeros dos minutos de la versión más

sencilla de la conducta que quieres convertir en hábito. Luego, avanza hasta un paso intermedio y

repite el proceso —enfócate solamente en los primeros dos minutos hasta que domines esa etapa

antes de avanzar al siguiente nivel—. Finalmente, terminarás dominando el hábito que

originalmente habías deseado desarrollar mientras sigues manteniendo tu atención donde debe

estar: en los primeros dos minutos de la conducta.

14 Cómo hacer inevitables

los buenos hábitos e

imposibles los malos hábitos

Algunas veces el éxito se trata menos de facilitar los buenos hábitos y más de dificultar los

malos hábitos. Esta es una inversión de la Tercera Ley del Cambio de Conducta: hacerlo difícil.

hacer tus malos hábitos más difíciles, creando lo que los psicólogos

llaman un mecanismo de compromiso.

Un mecanismo de compromiso es una elección que haces en el presente para controlar tus

acciones en el futuro.2 Es una manera de asegurar tu conducta futura, atarte a los buenos hábitos y

apartarte de los malos hábitos.

Hay muchas formas de crear mecanismos de compromiso.


Los mecanismos de compromiso son útiles porque permiten tomar ventaja de las buenas

intenciones antes de que caigamos víctimas de la tentación.

La clave consiste en cambiar la tarea de tal forma que requiera más trabajo abandonar el buen

hábito que empezar a realizarlo.

Los mecanismos de compromiso aumentan las posibilidades de que hagas lo correcto en el

futuro al provocar que los malos hábitos se vuelvan difíciles en el presente. Sin embargo,

podemos mejorar esta opción. Podemos hacer que los buenos hábitos sean inevitables y los malos

hábitos, imposibles.

CÓMO AUTOMATIZAR UN HÁBITO

Y NUNCA PENSAR EN ÉL OTRA VEZ

Algunas acciones —como instalar una caja registradora— rinden frutos una y otra vez. Estas

opciones que se toman una sola vez en la vida requieren un poco de esfuerzo al principio, pero

luego adquieren valor agregado con el tiempo.

Por supuesto, hay muchas formas de automatizar los buenos hábitos y de eliminar los malos.

Típicamente, puedes poner la tecnología a tu servicio. La tecnología puede transformar las

acciones que antes eran difíciles, fastidiosas y complicadas, y convertirlas en conductas que son

sencillas, indoloras y simples. La tecnología es una manera confiable y efectiva de garantizar una

conducta apropiada.

Esto es particularmente útil para conductas que ocurren con tan poca frecuencia que es poco

probable que se conviertan en habituales. Las cosas que tienes que hacer solamente una vez al mes

o al año —como revisar y balancear tu portafolio de inversión—, no se repiten con suficiente

frecuencia como para convertirse en hábitos, por lo tanto resulta bastante beneficioso hacer que la

tecnología te «recuerde» lo que tienes que hacer.

Cuando automatizas una gran parte de tu vida cotidiana, puedes dedicar tu tiempo y esfuerzo a

las tareas que las computadoras no pueden realizar todavía. Cada hábito que ponemos en manos

de la tecnología libera tiempo y energía para que los pongamos al servicio de nuestra siguiente

etapa de crecimiento.

Cuando el esfuerzo requerido para actuar

según tus deseos equivale a cero de manera efectiva, puedes caer presa de cualquier impulso que

se presente en un momento dado. El defecto de la automatización es que nos encontramos a

nosotros mismos saltando de una tarea sencilla a otra sin darnos tiempo para hacer un trabajo más
complicado pero, a la larga, mucho más gratificante

Cuando la automatización trabaja a tu favor, puede convertir tus buenos hábitos en inevitables y

tus malos hábitos en imposibles. Es la mejor manera de garantizar tu comportamiento futuro en

lugar de confiar en tu fuerza de voluntad del momento. Al utilizar mecanismos de compromiso,

decisiones estratégicas de una sola ocasión y tecnología, puedes crear un ambiente de

inevitabilidad —un espacio donde los buenos hábitos no son únicamente un resultado que esperas

alcanzar sino un resultado que está virtualmente garantizado de antemano.

CUARTA LEY

HACERLO SATISFACTORIO

15 La regla cardinal del

cambio de conducta

Somos más proclives a repetir una conducta cuando la experiencia es satisfactoria. Esto es

completamente lógico. Los sentimientos de placer — son señales que le indican

al cerebro: «Esto se siente bien. Haz esto de nuevo la próxima vez». El placer le enseña a nuestro

cerebro que una conducta vale la pena ser recordada y repetida.

De manera contraria, si una experiencia no es satisfactoria, tenemos pocas razones para

Repetirla.

Lo que se

recompensa, se repite. Lo que se castiga, se evita. Uno aprende lo que hará en el futuro

dependiendo de si fue premiado o castigado en el pasado. Las emociones positivas cultivan

hábitos. Las emociones negativas los destruyen.

Las primeras tres Leyes del Cambio de Conducta —hacerlo obvio, hacerlo atractivo, hacerlo

sencillo— aumentan las posibilidades de que una conducta se realice en esta ocasión. La Cuarta

Ley del Cambio de Conducta —hacerlo satisfactorio— aumenta las posibilidades de que una

conducta se repita en la siguiente ocasión. Esto completa el ciclo de los hábitos.

Pero hay un truco. No estamos buscando cualquier tipo de satisfacción. Estamos buscando

satisfacción inmediata.

LA DISCREPANCIA ENTRE LAS RECOMPENSAS

INMEDIATAS Y LAS RECOMPENSAS RETARDADAS

El cerebro humano no evolucionó para la vida en un sistema de retorno retardado. Los restos

más antiguos del hombre moderno, conocido como Homo sapiens, tienen aproximadamente 200
000 años.12 Estos fueron los primeros seres humanos que tuvieron un cerebro relativamente

similar al nuestro. En particular, el neocórtex —la región más desarrollada y nueva de nuestro

cerebro, la responsable de las funciones cerebrales más complejas como el lenguaje— era casi

del mismo tamaño hace 200 000 años que ahora.13 Actualmente estamos caminando por ahí con el

mismo hardware que nuestros ancestros paleolíticos.

Fue recientemente, durante los últimos quinientos años aproximadamente, que la sociedad

cambió y adoptó de manera predominante un sistema de retorno retardado.*14 Comparada con la

edad del cerebro, la sociedad moderna es realmente nueva. Durante los últimos cien años hemos

visto el surgimiento del automóvil, el avión, la televisión, la computadora personal, el internet, el

teléfono inteligente y Beyoncé. El mundo ha cambiado mucho en años recientes, pero la naturaleza
humana ha cambiado mucho menos

la manera en que nuestro cerebro evalúa las recompensas es consistente a través

del tiempo.* Tú valoras el presente más que el futuro. Por lo regular, esta tendencia nos resulta

bastante útil. Una recompensa que es segura en este momento típicamente es más valiosa que una

mera posibilidad en el futuro. Pero ocasionalmente nuestra predisposición por la gratificación

instantánea nos causa problemas.

Una vez que entiendes cómo nuestro

cerebro prioriza las recompensas, las respuestas se hacen más claras: las consecuencias de los

malos hábitos son retardadas mientras las recompensas son inmediatas.

Cada hábito produce resultados múltiples con el paso del tiempo. Desafortunadamente, estos

resultados por lo regular están mal alineados. Con nuestros malos hábitos el resultado inmediato

usualmente se siente bien, pero el resultado último se siente mal. Con los buenos hábitos, sucede

lo contrario: el resultado inmediato no se disfruta, pero el resultado último sí se siente bien.

Dicho con otras palabras, los costos de tus buenos hábitos se dan en el presente. Los costos de

tus malos hábitos se darán en el futuro.

algunos comportamientos y evite otros, actualicemos la regla cardinal del cambio de conducta: Lo

que es recompensado de manera inmediata se repite. Lo que es castigado de manera inmediata se

evita.

Nuestra preferencia por la gratificación instantánea revela una importante verdad acerca del

éxito: debido a nuestra naturaleza, la mayoría de las personas se pasarán todo el día persiguiendo

pequeñas dosis de satisfacción inmediata. El camino menos transitado es el camino de la


gratificación retardada. Si estás dispuesto a esperar por las recompensas, enfrentarás menos

competencia y, en muchas ocasiones, una recompensa mayor.

Afortunadamente, es posible entrenarnos para aprender a posponer la

gratificación —pero necesitamos trabajar en el sentido de la naturaleza humana en lugar de ir

contra ella—. La mejor manera de hacer esto es añadir un poco de placer inmediato a los hábitos

que nos brindarán recompensas a la larga y un poco de dolor inmediato a los hábitos que no nos

traen recompensas.

CÓMO CONVERTIR LA GRATIFICACIÓN

INSTANTÁNEA EN VENTAJA

Lo fundamental para que un hábito permanezca consiste en sentirse exitoso —incluso si es en

forma modesta—. El sentimiento de éxito es una señal de que tu hábito rindió frutos y de que valió

la pena el esfuerzo

La terminación o el final de

cualquier experiencia es fundamental porque tendemos a recordarlo más que otras fases. Todos

queremos que el final de nuestro hábito sea satisfactorio. La mejor manera de lograrlo es usando

el reforzamiento. Esto se refiere al proceso de usar una recompensa inmediata para incrementar

las probabilidades de repetir una conducta. La acumulación de hábitos, que revisamos en el

Capítulo 5, vincula tu hábito a una señal inmediata, que vuelve evidente el momento de empezar.

El reforzamiento vincula tu hábito con una recompensa inmediata, lo que hace que la conducta sea

satisfactoria cuando la terminas.

El reforzamiento inmediato puede ser especialmente útil cuando estás tratando con hábitos de

evasión, que son conductas que quieres dejar de hacer. Puede ser desafiante mantener hábitos

como «nada de compras frívolas» o «nada de alcohol durante este mes» porque nada sucede

cuando evitas los tragos de la hora feliz o dejas de comprar un par de zapatos. Puede ser difícil

sentirse satisfecho cuando no hay acción en primer lugar. Todo lo que estás haciendo es resistir la

tentación, y no hay nada satisfactorio en ello.

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