Primer Ciclo Egb / Nivel Primario: Prel - Lengua - QXD 5/10/06 6:25 PM Page 3
Primer Ciclo Egb / Nivel Primario: Prel - Lengua - QXD 5/10/06 6:25 PM Page 3
PRIMER
CICLO EGB /
NIVEL PRIMARIO
SERIE
CUADERNOS
PARA EL AULA
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6 Cuadernos para el Aula
Asesoramiento didáctico
Beatriz Alen
Nora Alterman
Autores
María del Pilar Gaspar
Silvia M. González
Colaboración
Marta Zamero
Lectura crítica
Marina Cortés
Beatriz Masine
Ana Encabo
Adriana Fontana
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El rito inicial
Todo rito conlleva la repetición. En este caso, nos referimos a la reiteración de un
modo especial de crear el clima para el momento de la lectura. Cada docente tiene
su propio rito y recurre a distintas acciones. Puede ser el hecho de crear en el aula
una disposición espacial particular, con el lector y los oyentes sentados en ronda. O
la colocación de un cartel en la puerta del aula que diga, por ejemplo, “No interrum-
pir. Estamos leyendo un cuento”. O el uso reiterado de fórmulas para anunciar la lec-
tura. Algunos maestros incluyen algún elemento físico para estimular la curiosidad y
marcar el momento: se ponen un sombrero; sacan el libro de una caja grande o de
una valija gastada o adornada de alguna manera, entre tantas otras posibilidades.
• porque se relaciona con otros cuentos o textos que ya se han leído en el curso;
• porque alguno de los personajes es especialmente interesante o permite rea-
lizar asociaciones y establecer relaciones, de similitud o de oposición, con otros
personajes o con personas y situaciones típicas, conocidas o atrayentes;
• porque tienen una relación afectiva particular con él y quieren compartirla
con los chicos;
• porque el texto contiene juegos de palabras y un trabajo con el lenguaje
mismo que el docente disfruta o que le interesa para llamar la atención de los
chicos sobre el lenguaje en sí.
Sean cuales fueren las razones, el hecho de que el docente exprese sus opi-
niones y sus preferencias sobre un texto funciona como una señal de que los
libros tienen que ver con nuestra afectividad y nuestros conocimientos, y cons-
tituye un aliciente para que los chicos realicen y expresen sus propias asocia-
ciones, opiniones y comentarios acerca de lo leído.
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Otra posibilidad es que el docente muestre una imagen o varias y haga pre-
guntas sobre los personajes o las situaciones a las que hacen referencia. Por
ejemplo, los libros Yaci y su muñeca (Zendrera, 1999) y Willy el tímido (Brown,
1995) presentan ilustraciones atractivas y sugerentes. Las imágenes de
Ronquidos (Kasza, 2002) instauran un correlato claro respecto de las distintas
situaciones que se relatan. El ya mencionado Caperucita Roja, Verde, Amarilla,
Azul y Blanca –una serie de cinco cuentos protagonizados por distintas
Caperucitas de colores– presenta ilustraciones en las que predomina el color
mencionado en el título en cada historia, y que pueden resultar un estímulo inte-
resante para ver de qué se trata cada cuento.
Otra opción que puede generar anticipaciones es que el docente lea el título
de un texto y les cuente a los chicos datos sobre el autor: dónde nació, en qué
época y dónde vive o vivió, de qué trataban otras historias que escribió. Por ejem-
plo, si se leyera el cuento Las pulgas no vuelan de Gustavo Roldán (2000a),
sería posible leerles antes a los chicos el siguiente texto autobiográfico del pro-
pio Roldán (2000b):
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Se recomienda consultar la página web de Imaginaria, que es: [Link]
Se trata de una excelente revista virtual quincenal sobre literatura infantil.
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El docente lee
En la lectura en voz alta, el docente pone en juego toda su experiencia como
narrador oral: en el modo en que abre y cierra el relato, en el cambio de los tonos
de voz según las situaciones, en cómo logra crear suspenso, en el modo parti-
cular de expresar cuánto le divierten, le enardecen, le asustan o le enternecen
algunas escenas.
En forma habitual, la lectura en voz alta se realiza de cabo a rabo. Sin embar-
go, algunas veces, y luego de haberlo planificado previamente, el docente puede
decidir leer un cuento por partes. Interrumpirá la lectura en algún momento
especial para saber, por ejemplo, qué piensan los chicos sobre el comportamien-
to de algún personaje, o para aclarar el significado de alguna palabra “difícil”,
orientándolos para que deduzcan su significado. También puede detenerse para
expresar admiración por la belleza de una frase o para anunciar que va a releer
alguna parte en especial. Sin embargo, se recomienda limitar este tipo de inter-
venciones: demasiadas detenciones pueden resultar irritantes para los chicos...
y con justa razón.
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¿Y después?
¿Qué hacer una vez finalizada la lectura? Hay varias posibilidades. Lo más
importante, como ya se ha dicho, es no plantear siempre la misma propuesta.
Cada texto exige pensar un momento posterior diferente, incluso, en algunas
oportunidades, la lectura puede finalizar con la sencilla satisfacción de haber
compartido un cuento.
Sin embargo, los cuentos leídos pueden ser retomados en otro momento para
trabajar sobre distintos aspectos. No es necesario ni siempre conveniente que
estas actividades se realicen inmediatamente después de la lectura. Es bastan-
te conocida la formulación de los chicos (sobre todo de los más grandes) acer-
ca de que no les gusta leer porque después siempre hay que hacer algo.
A continuación se enumeran algunas ideas para el momento posterior a la
lectura de un cuento.
• Abrir un espacio para conversar sobre lo leído. A veces, basta con hacer un
breve silencio y estimular a los chicos con la mirada y los gestos para lograr que
hagan comentarios. Otras veces, es necesario que el docente formule abierta-
mente preguntas, tales como: “¿Qué les pareció? ¿Por qué?”, para llevarlos a
conversar sobre el contenido del cuento o para incentivarlos a que expresen sus
propias impresiones, asociaciones, recuerdos surgidos o ideas. También, como en
otras propuestas, el maestro puede comentar sus impresiones; releer partes que
le resultaron bellas, interesantes, curiosas o difíciles; referir las asociaciones
que estableció con otros cuentos, personajes, textos, películas, series de televi-
sión o hechos reales conocidos.
Conversar sobre lo leído es construir un espacio gozoso de encuentro con los
otros. En estas charlas, los chicos aprenden a compartir sus emociones, a enri-
quecer sus interpretaciones con la lectura del maestro y la de sus compañeros.
Por otra parte, esta conversación le resulta fundamental al docente para cono-
cerlos, para animar a los “más callados” a tomar la palabra, para reconocer los
distintos tipos de experiencias previas en relación con el lenguaje escrito con
que cada uno ha llegado a la escuela.
• Renarrar el cuento en forma oral.3
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Para ver cómo se organiza una renarración oral, véanse las sugerencias planteadas en el Eje
“Comprensión y producción oral” en este mismo Cuaderno.
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Caperucita Roja (tal como se la contaron a Jorge), de Luis María Pescetti e ilustraciones de
O’Kif, Buenos Aires, Alfaguara, 1996.
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ser muy complicados: una máscara o un detalle relevante como un sombrero, una
vincha, pintarse barba o hacerse un lunar son suficientes). Además, pueden ensa-
yar posturas, utilizar tonos de voz y asumir ritmos al hablar o al moverse. Es con-
veniente practicar las veces que sea necesario antes de representar la secuencia.
• Hacer circular el libro entre los chicos. Esta actividad después de la lectura
implica invitarlos a releer. La relectura admite múltiples estrategias. Algunos chi-
cos intentan leer (o leen) convencionalmente. Otros se sumergen en la lectura
de una palabra o una oración llamativas. También hay quienes recorren las pági-
nas, contándose para sí nuevamente la historia que escucharon. Entregar el libro
para que lo puedan ver más de cerca, en un acto íntimo y solitario o en peque-
ños grupos, suele ser el punto de partida para que más de uno lo solicite en
préstamo y lo lleve a su casa, y también para que en los momentos de lectura
libre en el aula quiera leerlo una y otra vez.
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Para ver cómo organizar situaciones de escritura compartida, consultar el Eje “Escritura” en este
mismo Cuaderno. Allí se encuentra una propuesta relativa a este itinerario de lectura.
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Pobre vieja
no paraba
con su escoba
desgastada.
Pobre bruja
no volaba
con su escoba
desdentada.
Pobre escoba
no servía
ni a la vieja
ni a la bruja.
©Jorge Luján
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dor de uno de ellos: gatos, perros, elefantes, hormigas, monos, zorros y conejos
parecen ser los favoritos al echar una rápida mirada a la literatura infantil.
También es posible trabajar con seres que pertenecen a la zoología fantástica o
rastrear conjuntos de textos en los que distintos animales encarnen un persona-
je tipificado: el pícaro, el engañador engañado, el forzudo que pierde frente al
débil, etc. Finalmente, también es interesante la posibilidad de armar itinerarios
con textos de géneros específicos, como leyendas, coplas o fábulas.
Al igual que en el caso de las brujas, la lista de textos relacionados con ani-
males es interminable. Los datos completos de los sugeridos a continuación se
encuentran en la Bibliografía: El cisne rojo (Ferro, 2000); Animalario universal
del profesor Revillod. Fabuloso almanaque de la fauna mundial (Murugarren y
Sáez Catán, 2003); “Y aquí se cuenta la maravillosa historia del Gatopato y la
princesa Monilda” (Walsh, 1966); Nabuco, etc. (Wolf, 1998); La leyenda de la
ballena (Wolf y Prada, 2002); La leyenda del picaflor (Schujer y Prada, 2004).
A continuación, se sugiere, a modo de ejemplo, un itinerario posible.
A partir de “El príncipe sapo”, de los hermanos Grimm, pueden encadenarse
muchas otras lecturas de cuentos o textos poéticos que tengan como protago-
nistas a estos mismos animales.5
Para este itinerario, primero pueden indagarse las representaciones de los
chicos acerca de estos animales que, la mayoría de las veces, provocan desa-
grado.6 También se puede investigar acerca de las diferencias y similitudes entre
sapos y ranas. Es posible que algunos chicos ya conozcan la escena de la trans-
formación del sapo en príncipe, o al revés (quizás a través de los dibujos anima-
dos de la televisión). Eso puede ayudar a trabajar sobre las actitudes y las emo-
ciones de los personajes, que son especialmente claras en el cuento.
Luego, puede comenzarse el recorrido. Leer cuentos, conversar sobre ellos,
comparar los distintos sapos que aparecen y ver si tienen o no algo en común.
Escuchar la lectura, el recitado o el canto de poemas, coplas o canciones tradicio-
nales también resulta interesante: los chicos pueden aprenderlas jugando, cantar-
las, dramatizarlas. A continuación, citamos algunas opciones en este sentido.
Uno de los limericks de María Elena Walsh (1964) que aparecen en Zoo
Loco se refiere a un sapo y una rana:
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Se recomiendan: Cuentos del sapo (Montes, 1989a); El sapo más lindo del mundo
(Mariño, 1986); Sapo en Buenos Aires y El carnaval de los sapos (Roldán, 1993 y 1986),
y Los secretos del abuelo sapo (Kasza, 1997).
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En el ya citado recurso Trengania, (docentes) se encuentran dos propuestas de trabajo a
propósito de este itinerario (“Animales extraños”, págs. 38 y 39) en las que se interrelacionan
los Ejes “Lectura”, “Escritura” y “Comprensión y producción oral”.
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En el cuento “Los sueños del sapo” del escritor y titiritero argentino Javier
Villafañe (1999), un sapo sueña con distintas posibilidades de ser.
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toda la pampa bajo el látigo. Oía latir el corazón del hombre que me
castigaba. Bebí en un arroyo. Vi mis ojos de caballo en el agua. Me ataron a
un poste. Después vi una estrella grande en el cielo; después el sol;
después un pájaro se posó sobre mi lomo. No me gustó ser caballo.
Otra noche soñó que era viento. Y al día siguiente, dijo:
–No me gustó ser viento.
Soñó que era una luciérnaga, y dijo al día siguiente:
–No me gustó ser luciérnaga.
Después soñó que era una nube, y dijo:
–No me gustó ser nube.
Una mañana, los sapos lo vieron muy feliz a la orilla del agua.
–¿Por qué estás tan contento? –le preguntaron.
Y el sapo contestó:
–Anoche tuve un sueño maravilloso. Soñé que era sapo.
Javier Villafañe en Cuento con vos. un libro de cuentos sobre tus derechos,
Buenos Aires, Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología, 1999
En este cuento, el sapo describe sus sensaciones como árbol, río, caballo. Las
otras tres posibilidades solo quedan enunciadas. Una tarea interesante es la de
pedirles a los chicos que expandan, a la manera de las tres primeras, lo que per-
cibe, siente, piensa el sapo al ser viento, luciérnaga, nube. También es posible
jugar con otras posibilidades que ellos elijan.