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6.1. INTRODUCCIÓN
En este capítulo se habla de manera breve de los países que no han alcanzado la
Revolución Industrial. Éstos son los emergentes, que se están acercando al nivel de las
regiones desarrolladas, las naciones excomunistas que estuvieron en Europa o Asia bajo
la dominación soviética y por último los Estados que no son capaces de salir de una
economía de subsistencia o incluso no alcanzan este nivel y que se denominan
subdesarrollados. Otra división que se utiliza para diferenciar el nivel de desarrollo de
las naciones es mediante una numeración: el primer mundo son los Estados
desarrollados, el segundo mundo, los países comunistas, y el tercer mundo, el resto.
Además se habla de un cuarto mundo para diferenciar dentro de las naciones del tercer
mundo a aquellas que son más pobres y que se considera que tardarán muchísimo tiempo
en salir de la miseria.
La medición de la riqueza o pobreza no resulta fácil. Fue a mediados del siglo XX
cuando se crearon los modelos actuales de contabilidades nacionales, se perfeccionaron
sus estadísticas y el análisis macroeconómico facilitó la comprensión de la realidad de
cada país con los conceptos de consumo, inversión, balanza comercial, etc. Las Naciones
Unidas desde 1947 publicó información homologada para entender el desarrollo
económico mundial. El dato con el que se suele medir la economía de un Estado es el
producto interior bruto, considerado la macromagnitud más importante.
El PIB comprende tres sectores institucionales: los hogares, las empresas y las
administraciones públicas. Los hogares ofrecen trabajo y capital a las empresas para
generar su producción, que consumen los hogares. En el caso de las administraciones
públicas, ofrecen servicios a la sociedad: justicia, seguridad, educación, sanidad, que no
180
tienen precio de mercado y que obtienen su financiación a través de los impuestos.
Además de este desarrollo económico interno en cada Estado, cada vez es más
importante la actividad económica entre los países que incluyen las importaciones y las
exportaciones de bienes y servicios, el cobro por los servicios de los factores, las
transferencias y las transacciones financieras gestionadas por los intermediarios
financieros (bancos, cajas de ahorro, Bolsa e instituciones de seguros). El PIB de una
nación es la suma de los bienes y servicios finales producidos medidos habitualmente en
un año, aunque también se hacen estimaciones trimestrales y semestrales.
En historia se analizan series temporales que miden en unidades de cuenta la
evolución de los Estados. Estas unidades de cuenta, por ejemplo el dólar o el euro,
cambian de valor, sufren alteraciones y en algunas naciones tienen inflaciones muy
elevadas, incluso del 10% o más. Por esa razón en las series temporales se utilizan
valores constantes, indicados en un año concreto, y no valores nominales. Para conseguir
valores constantes se utiliza el deflactor, que elimina las diferencias generadas por la
inflación para que las cantidades sean comparables aunque correspondan a años
diferentes. Otro problema es la elevada diversidad de unidades de cuenta en el mundo,
por lo que normalmente se hace la conversión al dólar americano.
Un perfeccionamiento relativamente reciente en la estimación del PIB es el PIB en
paridad de poder adquisitivo (PPA). Este PIB estima la capacidad de consumo, es decir,
calcula el precio que tienen los bienes en cada nación; por ejemplo una barra de pan en
un país tiene un valor nominal X y en otro un valor Y, de modo que ambos valores se
equiparan para medir el PIB que llamamos PIB en paridad de poder adquisitivo.
Hay otro indicador que se llama índice de desarrollo humano (IDH) y que es más
complejo, pues mide, además del PIB, otros dos aspectos clave en el desarrollo: la
esperanza de vida promedio y el nivel de educación. Con estas mediciones establecemos
una clara diferencia en el desarrollo de los países que marca la distancia que separa el
progreso de unos y otros. Por áreas geográficas, destaca el alto grado de desarrollo en
Europa Occidental y las ex colonias británicas: Estados Unidos, Canadá, Australia y
Nueva Zelanda; por último, Japón y cada vez más Estados asiáticos. En el otro extremo
está África subsahariana, que en su conjunto es la zona menos desarrollada del mundo.
Dentro de la evolución histórica muchos países en vías de desarrollo o
subdesarrollados fueron colonias de las potencias de Europa, como España, Portugal,
Francia y Gran Bretaña, que conquistaron territorios en América, Asia y África. En
menor medida, Holanda, Bélgica, Alemania e Italia. Además, hubo otras dos potencias
colonizadoras, Rusia y Japón, que se extendieron por Asia.
Todas estas zonas colonizadas sufrieron la explotación de dichas potencias y
distorsionaron su modelo de crecimiento dependiente de la metrópoli. Estos pueblos,
desde comienzos del siglo XIX hasta el último tercio del siglo XX, conquistaron su
independencia e iniciaron sus procesos de desarrollo económico con muy dispares
resultados. Por ejemplo, la mayor potencia económica en la actualidad es una excolonia
181
británica, los Estados Unidos, y otras muchas de sus excolonias son naciones ricas
(Canadá, Australia o Nueva Zelanda). Otros no han salido del subdesarrollo y en la
actualidad están a punto de alcanzar el umbral de la Revolución Industrial; se les
denomina países emergentes.
Un ejemplo de lo desigual que es el mundo es que entre el país más rico y el más
pobre hay una diferencia de casi 300 veces la renta por habitante. La República
Democrática del Congo en 2012 era el más pobre, con una renta por habitante de 369
dólares en paridad de poder adquisitivo (PPA) según el Fondo Monetario Internacional 1 ,
y el país más rico era Catar, con una renta por habitante de 106.284 en el mismo año; en
ambos casos se trata de excolonias.
El capítulo se divide en tres partes: en primer lugar los países emergentes,
posteriormente las naciones subdesarrolladas y por último los Estados excomunistas.
182
número de pobres, tal y como sucede en los países desarrollados. Con este fuerte
desarrollo en los países emergentes se potencia la competitividad internacional y las
empresas intensifican su proceso de globalización tanto en la compra de bienes y
servicios como en la de materias primas. Naturalmente este desarrollo tan positivo no
implica que todas las naciones citadas hayan alcanzado la Revolución Industrial. En la
historia hay casos de países que han crecido de manera muy positiva y luego han entrado
en una gran decadencia, por ejemplo la Unión Soviética o Argentina.
Un perfecto ejemplo de este logro ya conseguido es España. En 1960 su renta por
habitante era similar a la de Perú y en los últimos cincuenta años ha conseguido formar
parte de los países desarrollados con una renta per cápita de 30.412 dólares, mientras que
la renta per cápita en Perú es de 10.679 dólares en 2012, es decir, tres veces menor. Este
proceso también se observa en la actualidad entre países emergentes, por ejemplo
Malasia en comparación con Bolivia. En 1960 tenían una renta per cápita similar, pero
creció más del 4% en Malasia y en Bolivia tan sólo lo ha hecho en un 1%. Por ese
motivo en 2012 la renta per cápita de Malasia era de 16.942 dólares, mientras que la de
Bolivia era de tan sólo 4.996 dólares. Pero tal vez los dos casos más espectaculares son
China y Corea del Sur. El primero tenía una renta per cápita de 201 dólares en 1980 y en
2012 alcanzó los 9.143 dólares y el segundo país tenía una renta per cápita en 1980 de
2.302 dólares y en 2012 llegó a 32.431 dólares. En el caso de China, que tiene
crecimientos anuales cercanos al 10% de su PIB, le ha permitido convertirse en la
actualidad en la segunda potencia económica del mundo, y en una fecha no muy lejana,
si sigue con el mismo crecimiento, conseguirá ocupar el primer puesto. Eso sí, no la
podemos considerar un país desarrollado en la actualidad debido a la enorme diferencia
económica que existe entre su población. Todavía hay millones de chinos que viven en
el umbral de la pobreza, pero al mismo tiempo son cada vez más millones los que
forman parte de la clase media. En el caso de Corea del Sur 3 , excolonia japonesa, su
desarrollo ha sido también espectacular en términos de crecimiento, pues después de su
guerra civil, entre 1950 y 1953, ha conseguido un desarrollo que le permite incluso
participar en el liderazgo tecnológico en ciertos sectores. Los otros dos países muy
populosos de Asia, la India e Indonesia, también siguen la senda del rápido crecimiento
económico, aunque su inicio es posterior al chino. Estas dos naciones superaban a China
en renta per cápita en 1980: 419 dólares el primero y 730 dólares el segundo. En la
actualidad su renta per cápita es sensiblemente inferior a la china: en 2012 la primera
alcanzaba los 3.944 dólares y la segunda llegaba a 4.944 dólares. La India, con 1.246
millones de habitantes, se sitúa en PIB (PPA) como la tercera economía del mundo.
Cuadro 6.1
Países emergentes
183
País 2012 País Superficie (km²) 2012
Asia Europa
1 China 9.596.961 1.354.058.000 14 Rusia 17.075.400 142.905.200
2 India 3.287.263 1.246.914.000 15 Turquía 783.562 75.745.000
3 Indonesia 1.904.569 246.963.000 16 Polonia 312.685 38.625.478
4 Pakistán 796.095 204.513.000 17 Rumanía 238.391 21.904.551
5 Malasia 329.847 30.110.000 18 República Checa 78.866 10.507.000
6 Tailandia 513.120 67.105.000 19 Hungría 69 500 10.075.034
7 Filipinas 300.000 97.098.000 África
América 20 Egipto 1.001.450 83.186.000
8 Brasil 8.514.877 194.795.000 21 Sudáfrica 1.219.090 52.698.000
9 México 1.964.375 116.352.000 22 Marruecos 446.550 32.779.000
10 Colombia 1.138.914 46.860.000 Total (1-22) 54.323.733 4.161.309.263
11 Argentina 2.780.400 41.119.000
12 Perú 1.285.216 30.307.000
13 Chile 756.102 16.690.000
FUENTE: elaboración propia con datos de FMI, World Economic Outlook Database, abril 2013.
Otra área de gran interés es Indochina, que ha seguido los pasos de China pero mucho
más tarde, en el último decenio del siglo XX. Vietnam todavía tiene una renta per cápita
muy baja, además con unas infraestructuras insuficientes o muy deficientes. Cuando se
abrió a una economía de mercado, la pobreza era extrema y por tanto no hubo una
merma en la renta per cápita al inicio del cambio del sistema económico. Vietnam pasó
de 299 dólares de PPA en 1980 a 3.545 dólares en 2012. Asimismo, se favorecieron
reformas institucionales vinculadas a la propiedad privada que posibilitaron la
recuperación económica. Por ejemplo, en los ochenta ya podían vender los excedentes de
producción agraria en un mercado libre e incluso en los noventa dispusieron de sus
tiendas en propiedad para vender sus alimentos. De todos modos, queda pendiente la
liberalización en el sector industrial y la modernización del sector financiero. Este último
sector es clave para facilitar las futuras inversiones en los sectores productivos, la
compra de máquinas más eficientes y más modernas y la inversión en infraestructuras
públicas. Hasta el presente Indochina ha recibido escasa colaboración, tanto de las
instituciones internacionales (FMI y Banco Mundial) como de la Unión Europea.
184
Pese a ser una dictadura comunista, desde 1978 China fue lentamente abriéndose a
una economía de mercado. El gobierno chino comenzó reduciendo los controles sobre la
agricultura, que era la base de su economía. Además inició el desarrollo de una industria
pequeña con un modelo económico de exportación de productos baratos que perdura
hasta la actualidad. En China se autorizó la iniciativa privada en los sectores que no eran
considerados estratégicos, lo que generó un crecimiento sostenido. Entre 1985 y 1990
empleó como unidad de cuenta el yuan, que sufría una inflación elevada, del 10%,
cuando el crecimiento del PIB era del 4%. Poco a poco se eliminaron las barreras
comerciales para crear un mercado nacional y en 2001 se incorporó a la Organización
Mundial del Comercio (WTO, World Trade Organization). Así se facilitó su comercio
exterior hasta convertirse en uno de los países que más exporta al resto del mundo. En
tres décadas construyó una de las redes más importantes de autopistas y tiene cada vez
más empresas entre las más competitivas y grandes del mundo.
Aunque ha sido el país que más ha crecido en los últimos treinta años, todavía hay
grandes bolsas de pobreza. El avance es impresionante: de un 98% de pobres en 1978 se
ha pasado a un 36% en la actualidad. Al ser un país tan populoso, ese porcentaje se
traduce en que todavía hay 500 millones de pobres. El dato positivo es que ya no lo son
el 64%, es decir, 850 millones de chinos. Como las cifras en este país son siempre muy
elevadas, para realizar un pequeño ejercicio de comparación digamos que la Unión
Europea tiene 500 millones de habitantes, lo que equivaldría al total de pobres en China.
Siguiendo con la comparación, habría que sumar la población de la Unión Europea,
Estados Unidos y Canadá para igualar la cifra de los 850 millones de chinos que han
dejado de ser pobres. Como ha sucedido en otros casos de transición a la Revolución
Industrial, la desigualdad social es más grave en el campo que en la ciudad.
Para constatar el enorme logro reciente de China, en el cuadro 6.2 se plasma con
datos comparativos con otras economías. Si entre 1829 y 1950 China se quedaba muy
atrasada en relación con Estados Unidos, Japón o Europa, precisamente en los últimos
sesenta años ha conseguido converger con los tres, aunque claramente le queda un largo
recorrido todavía para alcanzar a las tres zonas más ricas del mundo; no obstante, su
variación ha sido de 2.083%, cuando en Estados Unidos ha sido cuatro veces inferior.
CUADRO 6.2
PIB p/c 1820 PIB p/c 1950 PIB p/c 2012 1 Var. 1950-2012%
185
1 Fuente: Fondo Monetario Internacional 2012 salvo el dato de Unión Europea.
2 Fuente: Banco Mundial 2010 sobre la Unión Europea.
FUENTE: Angus Maddison (2002): . Development Centre Studies OECD (Organization for Economic Cooperation
and Development), 2001 y 2012 FMI y BM.
Uno de los aspectos más llamativos de China es su elevado ahorro, superior al 50%.
De este ahorro, más de la mitad lo gestionan las empresas estatales, que
mayoritariamente dirigen sus ventas sobre todo a las exportaciones. El ciudadano chino
ahorra más de lo que consume, lo opuesto al caso de Estados Unidos, donde el consumo
es muy elevado. Además, la gestión de dicho ahorro es altamente rentable; por lo general
no despilfarran los recursos financieros, sino todo lo contrario: el retorno de la inversión
aumenta cada vez más, situación muy distinta de la del caso soviético, que intentó una
elevada inversión que no fue en absoluto rentable y terminó en el hundimiento del
sistema comunista (Comín, 2011). Otra característica de China es que el yuan está
devaluado para favorecer las exportaciones, y no opera libremente en el mercado de
divisas. Su valor inferior al del mercado sirve como arancel, pues facilita las
exportaciones de los bienes producidos en el país e impide la entrada de los productos
provenientes del exterior al encarecerlos por aplicar la conversión del yuan devaluada.
Es más, la divisa china tiene una situación muy favorable en los mercados
internacionales debido a sus elevadas exportaciones, que permite disponer de superávit
comercial. Al mismo tiempo, como es un país muy atractivo para las inversiones
extranjeras, eso también beneficia al yuan. Y por último, como China cada vez es más
visitado por extranjeros, los turistas también traen divisas que son cambiados por su
unidad de cuenta. Esto es un claro círculo virtuoso para su economía y en parte explica
que sea el país con mayores reservas del mundo, más de 3 billones de dólares de un total
de 10 billones que hay en el mundo. Otro rasgo de China es que el ahorro privado
permanece dentro de China, pues, salvo casos excepcionales, no se pueden cambiar más
de cincuenta mil dólares anuales, ya que perduran las restricciones para la circulación de
capitales. Tanto el ahorro privado como el de las compañías chinas terminan en gran
medida en sus bancos, que son los que financian a las empresas públicas, que de este
modo obtienen una financiación barata. Este modelo tenderá a romperse, pues los
beneficios para el ahorrador privado son muy pequeños y, por tanto, se avanzará hacia
otro modelo con menos ahorro y mayor consumo interno. Fiel reflejo de este cambio es
el caso actual del sector del automóvil, hasta el extremo de que China ya rivaliza en
producción y demanda de coches con el gigante americano. De hecho en 2012 se
vendieron más de 19 millones de vehículos. Por último, se evidencia este cambio
también en el incremento de compra de viviendas por parte de particulares.
186
6.4. INDIA, EL MAYOR PAÍS DEMOCRÁTICO DEL MUNDO
187
del subdesarrollo. De todos modos, hubo que esperar al decenio de 1990 para alcanzar
un avance aún más relevante de su economía. Así se inicia su despegue económico, con
una intensificación de su proceso de liberalización que tiene un enorme éxito en el siglo
XXI, con tasas de crecimiento tan sólo superadas por China. Como en el caso del otro
gigante asiático, la extrema pobreza dominó su sociedad hasta fechas muy recientes. Este
milagro de la economía india se basa sobre todo en el consumo privado, propiciado por
una clase media cada vez más numerosa, que ha pasado de 1995 a 2005 de 24 millones a
87 millones (son los que perciben unos ingresos entre 4.000 y 23.000 dólares).
Ciertamente es una cifra muy importante, pero todavía está muy lejos de representar a la
inmensa mayoría, pues hablamos de un país con 1.250 millones de habitantes. También
las clases más acomodadas han pasado de 1,7 millones a 8 millones en 2005.
Como en el caso chino, el crecimiento de la población en la India ha sido
espectacular, pues en 1913 tenía 304 millones de habitantes, en 1973 superaba los 580 y
en 2000 rondaban los 1.000 millones (Maddison, 2002). Este rápido crecimiento de su
población también se refleja en la edad media, que es de tan sólo 24 años. El dinamismo
reciente de su economía ha permitido un incremento cada vez mayor del ahorro (30% del
PIB en 2005) y a la vez del consumo, incluido un aumento cada vez más claro del
crédito al consumo. Los tipos de interés son bajos, debido sobre todo a la inversión
extranjera, que fue de 100.000 millones de dólares entre el año 2000 y 2005. La India
cada vez exporta más; entre el año 2000 y 2005 duplicó sus exportaciones de bienes y las
de servicios se triplicaron. En los servicios destaca la exportación de tecnologías de la
información (STI), que alcanzaron los 20.000 millones de dólares en 2005. Toda esta
actividad exterior tan positiva ha permitido que las reservas de divisas crezcan hasta los
163.000 millones de dólares en junio de 2006. La India en el siglo XXI ha conseguido el
desarrollo de una economía diversificada que puede responder con mayor facilidad a las
crisis económicas.
Este elevado crecimiento tiene aspectos no tan positivos. Por ejemplo, el saldo
exterior ha empeorado, con un déficit de 39.600 millones en 2005, pues si las
exportaciones crecen rápidamente, las importaciones son mayores, especialmente la
demanda externa de petróleo. Además, el excesivo crédito bancario debilita todo el
sistema financiero del país. La India tampoco se ha librado de la burbuja inmobiliaria y
la inflación, que ha pasado del 3,4% en 2002 al 5% en 2006 y la superará o quedará en
unos márgenes próximos a este valor entre 2009 y 2012. Otro problema latente en su
sociedad es la incorporación anual al mercado laboral de millones de jóvenes que no
tienen claro su futuro, lo que obliga a conseguir un alto crecimiento económico para
paliar este inconveniente. El modelo de crecimiento indio en el siglo XXI se ha basado
sobre todo en el sector servicios, y en particular en servicios, de tecnologías de la
información (STI), y se cuestiona su viabilidad para la mayoría de sus habitantes, pues es
un sector que precisa una alta cualificación de la que carece la mayoría. Según Barry
Eichengreen y Poonam Gupta (2011), aunque no es tan claro que este modelo tenga
188
efectos de arrastre sobre el resto de la economía, es una vía para los elevados índices de
crecimiento.
Aspecto muy negativo de la realidad de la India es la pobreza extrema, aunque el
progreso y el avance sean innegables. Según el Banco Mundial, con ingresos por debajo
de 1 dólar en paridad de poder adquisitivo (PPA) en 1981 estaba más de la mitad de la
población, el 54,4%; y aunque en 2001 se redujo al 34,7% y en 2010 descenció hasta el
29,8%, es decir, hubo una mejora sustancial, sigue siendo uno de los países con más
pobres del mundo, que superan ampliamente la población de Estados Unidos, pues son
371.580.372 personas.
La Segunda Guerra Mundial fue una gran tragedia humana que se cobró millones de
muertos, pero, dentro del desastre, para los habitantes de Asia y África supuso el camino
de su independencia porque las potencias europeas estaban muy debilitadas y eran
incapaces de mantener sus colonias en ambos continentes (cuadro 6.3). Por este motivo,
entre 1945 y 1970 casi todos los pueblos sometidos por los europeos alcanzaron su
libertad.
CUADRO 6.3
Países que alcanzan la independencia en el mundo después de la segunda Guerra Mundial (1945)
189
FUENTE: elaboración propia.
190
11,9% al 8,2%. En el Próximo Oriente y norte de África pasó del 9,6% al 0,04% en las
mismas fechas. En el sur de Asia descendió del 61,1% al 40,4%. La única zona donde el
descenso es pequeña es África Subsahariana: tan sólo descendió del 51,5% al 50,9%. En
el cómputo global de todos estos países los índices pasaron del 52,2% al 28,8%. Algunas
de estas regiones forman parte del cuarto mundo y tienen menores posibilidades de salir
del subdesarrollo (cuadro 6.4). En economía se les considera países incapaces de salir de
un círculo vicioso caracterizado por desigualdades abismales entre sus habitantes,
elevada corrupción y paro, agotamiento de los suelos por la práctica del monocultivo,
elevada deuda externa y bienes manufacturados importados. En el apartado financiero
desarrollan modelos ineficientes con tipos de cambios fijos y financiación inflacionaria
del déficit público. Por lo general son países monoexportadores de productos primarios
que sitúan sus economías en una clara dependencia de los mercados internacionales para
su progreso.
CUADRO 6.4
191
FUENTE: elaboración propia con datos del FMI, World Economic Outlook Database, abril 2013.
192
se deterioraba, la conflictividad se incrementaba, y provocaba terribles guerras entre
etnias, la más conocida de las cuales fue la protagonizada por tutsis y hutus. Los tutsis
del ejército de Burindi mataron entre 1972 1994 a más de 80.000 hutus y los hutus en
Ruanda en tan sólo 100 días acabaron con la vida de más de 800.000 tutsis.
La crisis del petróleo supuso una drástica caída de los ingresos públicos y por tanto
menos recursos para afrontar las crisis regionales y mayor desorden político, que
desembocó en regímenes más autoritarios. La deuda de muchos países se elevó de
manera insostenible. En cifras globales, entre 1970 y 2006 la población subsahariana se
incrementó desde el 7,9% de la población mundial hasta el 12%. En cambio el PIB
sufrió un descenso, pues pasó del 1,3% del PIB mundial en 1970 al 1,19% en 2006. La
tasa de crecimiento era del 3% medida en dólares constantes de 2000, cuando a nivel
mundial fue del 3,2 (datos del Banco Mundial). Perdura la tendencia demográfica
preindustrial, es decir, altas tasas de natalidad y también altas tasas de mortalidad. Hay
países en África donde la esperanza de vida no alcanza los cincuenta años, cuando en los
países más desarrollados supera los 80. El PIB per cápita se ha mantenido casi constante
en los 36 años (de 545 dólares en 1970 a 578 dólares en 2006). Esta zona del mundo
sufrió una prolongada crisis hasta mediados de la década de los noventa. Ni las medidas
de política económica de sus gobiernos ni las ayudas de los organismos internacionales
tuvieron éxito. La década de los ochenta supuso una abrupta caída y ha sido valorada
como pérdida en términos de crecimiento (Easterly, 2001). Esta situación generó un
cambio profundo en la segunda mitad del decenio de 1990, con importantes medidas
como la devaluación de sus monedas, la reducción del coste del sector público y la
introducción de gobiernos más democráticos. Ya en el siglo XXI la demanda externa,
sobre todo de materias primas de China e India, ha supuesto un aumento significativo en
su crecimiento. De hecho la actividad económica está plenamente integrada en los
mercados internacionales y ha alcanzado una apertura del 75% en 2008. Pese al
crecimiento existente desde 1995, cabe destacar la pobreza de estos países, pues la
productividad doméstica es muy pequeña. La especialización se orienta a los productos
agrícolas, los alimentos sin elaborar y los minerales destinados a las exportaciones.
Entre los países citados, y por lo que respecta a los Estados excomunistas, cabe
destacar que la pobreza extrema es todavía muy elevada (cuadro 6.5).
CUADRO 6.5
193
China 35,9 9,9 0,50
Azerbaiyán 33,4 3,7 1,27
Armenia 31,1 N/D 0,04
Kazajistán 16,0 N/D 1,43
Indonesia 12,4 7,5 1,45
Rusia 12,1 N/D 0,16
Albania 10,0 N/D –0,80
Bulgaria 6,1 N/D –0,75
Ucrania 4,9 N/D –0,53
FUENTE: elaboración propia con datos de Reporte de Desarrollo Humano de la ONU 2013.
194
causas por las que se disolvió y se formaron quince Estados independientes cuando el 25
de diciembre de 1991 perdió el poder el máximo mandatario soviético. A lo largo de 74
años el Partido Comunista gobernó con graves dificultades al inicio, un posterior período
de crecimiento, una época dorada, que fueron los años cincuenta, una lenta decadencia
interna que se prolongó durante treinta años y que terminó en 1991. Desde entonces se
produce el cambio a una economía de mercado y los elementos de este proceso fueron
por un lado la liberalización económica, dejando que el mercado indicara los precios de
los productos en vez de que fueran dictados por el gobierno, y, por otro, la reducción de
las dificultades arancelarias con el resto del mercado mundial. También se efectuó una
estabilización macroeconómica para reducir la inflación. En Rusia se emitieron en 1993
nuevos billetes, aunque se dejaron en circulación los antiguos, que finalmente se
cambiaron entre 1999 y 2001 por los nuevos por un valor de 1.000 rublos soviéticos por
1 rublo ruso. Por último, privatizaron el sector productivo, lo que supuso el cierre de
muchas empresas que no eran rentables; además tuvieron que cambiar las leyes con el
fin de establecer un nuevo marco económico para la iniciativa privada.
Los precios, cuando se liberalizaron, sufrieron un aumento de forma muy rápida,
debido en parte a los bajos precios anteriores, que eran artificiales porque el Estado
soportaba la mayor parte de ellos en lo referente a bienes y servicios. La inflación fue
alarmante, pues subió en una media anual del 1000% en los países exsoviéticos. Hubo
que esperar hasta 1998 para que se controlara la inflación, momento en que la economía
se estabilizó y entró en la senda del crecimiento. Por tanto la transición desde una
economía comunista hacia una economía de mercado fue un proceso lento que comenzó
en 1991 y duró siete años. El producto interior bruto descendió aproximadamente un
40%, aunque no se tiene un conocimiento del todo preciso porque se sospecha que las
estadísticas del último período soviético estuvieron manipuladas al alza. De todos
modos, es seguro que hubo un serio deterioro del nivel de vida de los rusos.
Las críticas a la privatización en el caso ruso se centran especialmente en los fallos
institucionales. El premio Nobel de economía Joseph Stiglitz ha destacado la falta de
instituciones fiables para el desarrollo de un programa de reformas, exigencia necesaria
para una economía de mercado. Es decir, no se daban las condiciones adecuadas para
configurar las garantías jurídicas de la libre concurrencia, y se trató más bien de un
proceso oligárquico o de grupos que controlaban la actividad económica, incluida la
mafia rusa. El economista estadounidense sostiene que debieron desarrollar las
privatizaciones de manera gradual, evitar los consejos de los expertos occidentales y
gestionar el proceso a la manera rusa. Asentaba esta afirmación en el ejemplo de China,
cuyo modelo de crecimiento fue diseñado por su gobierno, sin injerencias de asesores
externos y con un éxito extraordinario. El refranero popular recoge perfectamente esta
idea: «más sabe el loco en su casa que el cuerdo en la ajena».
Pese a estas críticas, según las autoridades rusas, era la solución en esos difíciles
momentos, y además sufrieron los errores del FMI, que en vez de apoyar a las empresas
195
eficientes en su país, concedió créditos al gobierno ruso, que otorgó la ayuda de manera
ineficiente. Por otro lado, los nuevos grupos de poder impidieron el desarrollo
institucional. Según la organización Trasparencia Internacional, Rusia es uno de los
países más corruptos del mundo. De un total de 183 analizados, ocupa el puesto 143. Por
esta razón el problema radica en crear los mecanismos institucionales de un mercado
abierto y no tanto en aportar ayudas financieras. Esto quiere decir que las instituciones
internacionales deberían vigilar que se efectúen las reformas institucionales necesarias.
Esta situación no tan satisfactoria a finales del siglo XX ha mejorado en el siglo XXI.
Según Havrylyshyn y Odling-Smee (2011), los mismos grupos oligárquicos aceptaron
los cambios, pues beneficiaban al conjunto de la economía y en particular a sí mismos,
ya que establecían el respeto de la propiedad privada, el estado de derecho y la
erradicación de la criminalidad. En el plano financiero, se facilitó la inversión
internacional básica para el crecimiento de cualquier país. De este fenómeno eran
plenamente conscientes las autoridades rusas, que pudieron constatarlo en las otras
naciones de Europa Central y Oriental. En sus inicios, estos Estados fueron exportadores
de capital, pero cuando realizaron las reformas para crear las bases para un mercado
abierto, llegó la inversión extranjera, que multiplicó varias veces las cantidades que
habían huido del país. Este cambio no ha llegado a Rusia, que sigue sufriendo la evasión
de capitales.
La desigualdad social se intensificó con la apertura del mercado. Un indicador
ampliamente difundido para cuantificar la desigualdad del ingreso es el coeficiente de
Gini 4 , cuyo valor va de 0 a 1; un valor de 0 indica perfecta igualdad de ingresos. De este
modo medimos a los Estados en función de quiénes tienen los recursos de cada país. Las
naciones comunistas tenían un coeficiente muy bajo, alrededor de 0,25, parecido al de
los países escandinavos pero con unas rentas per cápita claramente inferiores a las de
éstos. En esta medición quedaban por delante de Estados Unidos, que se situaba en torno
al 0,4. Pero con el proceso de las privatizaciones la desigualdad se elevó rápidamente,
alcanzando el 0,5 en 1997.
En el resto de países excomunistas la transición a una economía de mercado ha sido
polémica. Básicamente se plantearon dos situaciones: una rápida privatización o una
privatización gradual. Una propuesta fue la de conceder cupones a los ciudadanos con el
fin de preservar la equidad y conseguir que mantuvieran cierta intervención en la
economía. Los países más prudentes quisieron un proceso gradual hasta que hubiera
empresas privadas competitivas y eficientes que se hicieran cargo de las empresas
públicas. De este modo se perseguía distinguir las empresas públicas bien gestionadas de
las que incurrían en grandes pérdidas cuando ya la economía dejaba el comunismo.
Hungría siguió este camino de privatización escalonada, lo que permitió una
reestructuración empresarial en profundidad no tan agresiva. En la República Checa se
hizo una privatización acelerada transfiriendo a millones de personas los activos, que
fueron enajenados por los beneficiarios y consolidados en fondos de inversión. El
196
problema radicó en que no hubo una reestructuración, tal vez porque no había capacidad
financiera para hacerlo o porque los bancos, que eran estatales, no impusieron
restricciones presupuestarias rigurosas. El resultado final fue el escaso crecimiento checo
en esas fechas, cuando en el resto de países sí lo hubo. La experiencia de una rápida
privatización fue aún peor en Rusia; de hecho se privatizaron hasta 15.000 empresas en
tan sólo dos años (1992-1994). La idea parecía acertada puesto que se vendían las
empresas a sus propios directivos y empleados con la esperanza de que las gestionaran
de manera eficiente y atrajeran capital de terceros. El problema fue el temor de los
empleados y directivos a la inversión externa. En vez de buscar una gestión saneada,
recurrieron a las subvenciones estatales y se distanciaron aún más de los niveles de
competencia necesarios en una economía de mercado. En el segundo momento de
privatizaciones se recurrió a préstamos por acciones, un proceso que tampoco fue
transparente e impidió tanto las inversiones de terceros como las de bancos extranjeros,
por lo que la gestión de estas empresas quedó en manos de grupos vinculados a intereses
estatales. Pese a estos miedos a la intervención extranjera, las empresas privatizadas se
reestructuraron de manera más rápida que las empresas estatales y obtuvieron mejores
resultados que empresas parecidas que seguían bajo el control del Estado. El camino que
les hizo ser más eficientes fue la racionalización del gasto, criterios éticos para la gestión
de las empresas que se recogen en las normas de buen gobierno y la mejora en la
estructura jurídica y una ley de propiedad privada acorde con la nueva realidad. Cabe
destacar que en general estas medidas tuvieron mejores resultados en las pequeñas
empresas que en las grandes.
De la misma forma que sucedió en Rusia, uno de los mayores problemas que tuvieron
los países excomunistas fue controlar la inflación. La solución fue la adopción de una
paridad cambiaria explícita o implícita. Es decir, los bancos centrales de estos países
establecieron una relación monetaria con una divisa fuerte que en los mercados
internacionales tuviera un valor estable. Mantuvieron una política macroeconómica
estricta apoyada por el FMI que contribuyó a controlar la inflación.
Uno de los problemas que sufrieron estos Estados fue la terrible reducción de sus
niveles de renta y por tanto de sus niveles de vida. Esto se debió a varias razones. Por un
lado, la priorización en la reducción de la inflación, que se consiguió con una política
macroeconómica restrictiva. Por otro, la falta de formación de sus habitantes en las
técnicas financieras y comerciales de las economías de mercado y la falta de capacidad
de gestión para conseguir el desmantelamiento del Consejo de Ayuda Económica Mutua.
Esta crisis se evidenció especialmente en la gestión del aprovisionamiento de materias
primas y bienes intermedios para la industria, en manos antes de la planificación
centralizada y que precisó un período de cambio y adaptación que fue muy costoso. Pero
también en el área comercial carecían del conocimiento necesario, pues en una economía
planificada la producción tenía ya destinada su demanda dentro de su propio país o zonas
del Comecon 5 , pero ahora precisaban crear redes comerciales con los países más
197
avanzados, la Europa Occidental y los Estados Unidos. Estos países habían priorizado el
desarrollo de su industria de bienes de equipo, pero en la década de los noventa era
obsoleta, no era competitiva en el mercado mundial y precisaba fuertes inversiones para
introducir tecnología que la hiciese de nuevo eficiente. Muchas de estas industrias
cerraron, lo que provocó la destrucción de empleo y la huida de su población a la Europa
rica, pues en sus propios países no tenían ningún futuro. Un perfecto ejemplo de ello lo
tenemos en España con la población rumana: de 22 millones, unos 700.000 tienen
residencia en nuestro país.
El elevado deterioro inicial se pudo solucionar al reducir la inflación (gráfico 6.1), lo
que reactivó de forma más rápida y sostenida sus economías. Los países que no lo
lograron sufrieron pérdidas de producción (Havrylyshyn, 1998 y 1999). Era claro que se
precisaba un sistema monetario estable para facilitar un crecimiento sostenido. Fue un
paso, el control de la inflación, pero le siguieron muchos otros. Entre ellos cabe destacar
la reforma estructural que permitió el desarrollo de la expansión del sector privado. De
este modo aparecen nuevas redes de producción que contrarrestaron el caos inicial.
Gráfico 6.1. Evolución de la renta per cápita de Rusia, Ucrania y Kazajistán (1992 a 2009, en dólares). (FUENTE:
elaboración propia con datos del FMI, World Economic Outlook Database, abril de 2013.)
198
elevado, pero como dicho sistema estaba estancado, pocos cuestionaron la deriva hacia
una economía de mercado. Además estuvo unido al cambio de un sistema político de
partido único a uno democrático, donde hay mayores libertades. De todos modos, en
algunos de estos países tal vez el propio malestar social animó a votar al Partido
Comunista, que incluso alcanzó en algunos Estados el 30% de los votos. Resumiendo, se
consiguió el crecimiento económico en estos países gracias a su estabilidad
macroeconómica, incluido el control de su inflación. Asimismo efectuaron el necesario
cambio legislativo que adecuaba sus leyes a una economía de mercado. En el terreno
financiero incorporaron procedimientos de quiebra, normas contables y leyes contra los
monopolios. De este modo, el rápido cambio a una economía de mercado posibilitó el
ingreso en la Unión Europea de todas las naciones que fueron Estados satélite de la
Unión Soviética e incluso algunos que formaron parte de ésta. Así en 2004 ingresaron
ocho países: Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, República Checa, Hungría, Eslovaquia
y Eslovenia, y en 2007 también lo hicieron Rumanía y Bulgaria. Por último, Croacia se
incorporó el 1 de julio de 2013.
CUADRO 6.6
Países excomunistas
199
Fuente: elaboración propia con datos del FMI, abril de 2013.
200
En el siglo XXI parece que esa divergencia disminuye. Según Milanovic (2012), se pasó
de una diferencia de 3 o 4 a 20 entre inicios del siglo XIX y después de la Segunda
Guerra Mundial. No hubo grandes cambios entre 1950 y 1990, pero desde esa fecha los
Estados emergentes triplican su crecimiento en relación con las naciones avanzadas.
Gráfico 6.2. Distribución del PIB en Asia, Europa y América en 2012. (FUENTE: elaboración propia con datos del
FMI, abril de 2013.)
201
evolucionarán hacia empleos más productivos. Esto se está produciendo en el amplísimo
sector de servicios, tan importante por ejemplo en la India, y en los de energía e
infraestructuras, que cuentan con un amplísimo potencial en muchas naciones
emergentes.
El crecimiento en Asia ha permitido que millones de personas salgan de la pobreza, y
las expectativas de futuro son que continúe en la misma línea. Sin duda, el importante
desarrollo del sector industrial ha permitido una acelerada convergencia en los últimos
decenios. Fiel reflejo de esta mejoría es que un número elevado de empleo de baja
productividad es ahora alta productividad. Es innegable que el empleo es muy elevado, y
no sólo no parece que vaya a reducirse sino que crecerá en el futuro. Esta convergencia
con los países más desarrollados se ha materializado en los últimos dos decenios. Es
más, esta convergencia se produce en países tan poblados como China, India, Pakistán o
Indonesia. Un aspecto relevante en el proceso de desarrollo de las naciones emergentes
es el incremento de especialización y tecnificación de sus empresas, muchas de las
cuales comienzan a tener peso a nivel mundial y son muy competitivas, y en sectores tan
importantes como el de la automoción. Marcas de vehículos tan prestigiosas como
Volvo, Jaguar o Range Rover están ya en la órbita de empresas asiáticas. Volvo
pertenece al grupo chino Zhejiang Geely Holding Group desde 2010, adquirida de la
empresa estadounidense Ford. Jaguar y Range Rover pertenecen a la empresa india Tata.
Entre las 500 mayores empresas del mundo, China ya tiene 73, según la revista (julio
2012), y supera a Japón, que tiene 68, y la India, con 8, el mismo número que España.
Otros rasgos que benefician a las economías emergentes son el menor envejecimiento de
su población y la menor deuda pública, que implica que disponen de mayores recursos
para la inversión en bienes de equipo para mantener las elevadas tasas de crecimiento. La
enorme divergencia que generó la Revolución Industrial en el siglo XIX tiene un rápido
equivalente en los últimos años por la extensión del avance económico, que alcanza a
más países del mundo. Así que China será la primera economía del mundo y la India ya
desplaza a Japón del tercer lugar.
La crisis financiera que comenzó en los Estados Unidos en 2007, provocó una gran
incertidumbre en la economía mundial y generó inquietud ante las repercusiones al resto
llevó a preguntarse si afectaría a las economías emergentes o, por el contrario, éstas
continuarían creciendo tan rápido. El hundimiento de la entidad financiera Lehman
Brothers en 2008 agudizó la crisis. Y en 2009 se constató una desaceleración inferior al
1% per cápita. Por tanto, se confirmaba que la economía es global y existe una elevada
interdependencia. La otra pregunta era si la tendencia tan favorable de los últimos veinte
años de mayor crecimiento de los países emergentes se truncaría y se volvería al patrón
de crecimiento que explicó Arthur Lewis. En 2010 se produjo una respuesta muy
satisfactoria: vuelta a la senda de un crecimiento elevado del 6%, cuando los países
desarrollados se quedaron en un 2,3%. Por tanto, aunque es un mundo globalizado, hay
una clara divergencia favorable a las economías emergentes, es decir, su dependencia en
202
relación con los países desarrollados es menor. La economía tiene sus ciclos, y existe
una interdependencia cíclica que es cada vez más compleja, pero la elevada demanda de
la economía china de materias primas ha sido clave para el crecimiento económico de
muchos países, especialmente para los subdesarrollados o los emergentes. China y otros
países emergentes han sabido resistir mejor la crisis, lo que permite el sostenimiento de
un crecimiento mayor en ellos que en los más avanzados (cuadro 6.7).
CUADRO 6.7
Hay un nuevo modelo de crecimiento en el que son los países emergentes los que
contribuyen más al desarrollo mundial. Las previsiones del Banco Mundial para 2014 y
2015 indican que la tendencia de elevado crecimiento de estos países seguirá por encima
del 5%, mientras que en los países desarrollados las cifras serán netamente inferiores,
2% en 2014 y 2,3 en 2015. La evidencia empírica confirma la interdependencia
económica más allá de los países y de la vinculación cada vez mayor del comercio
mundial entre Europa, Asia, Oceanía y América. Sin duda el gran olvidado continúa
siendo África Subsahariana, aunque también hay excepciones, como Sudáfrica. Si en
Europa la economía alemana sirve como impulsora del continente y en el mundo Estados
Unidos desempeña ese papel, en la actualidad se plantea la pregunta de si hay otro gran
motor del crecimiento que es China. Efectivamente, en Asia lo es, e incluso arrastra otras
zonas del mundo.
Un fenómeno que es obvio a escala mundial es que los ciclos económicos afectan a
todos los países. Si Estados Unidos gestiona mal sus recursos, eso repercute en los
europeos y asiáticos. Los aspectos positivos desde el lado de la oferta están en la mayor
acumulación de capital en los países asiáticos, su convergencia tecnológica y la juventud
de su población. Esto ha permitido que salieran rápidamente de la crisis y que volvieran
a la senda del crecimiento. Donde se ha notado más la interdependencia ha sido en la
demanda a corto plazo. Evidentemente tuvo un impacto macroeconómico sin
203
precedentes, y de hecho hubo una contracción en los países emergentes superior al 3%
de su PIB en 2009. Esto evidencia que en economía las fronteras han reducido su
relevancia. De hecho se impone la configuración de políticas macroeconómicas
coordinadas entre las grandes economías del mundo. El G-20, en el que España 6
participa, agrupa más del 80% del PIB mundial y el 80% del comercio internacional. La
idea que subyace es potenciar el crecimiento sostenido a nivel mundial (cuadro 6.8).
CUADRO 6.8
Grupo 1 (naciones) Grupo 2 (naciones) Grupo 3 (naciones) Grupo 4 (naciones) Grupo 5 (naciones)
Australia India Argentina Francia China
Canadá Rusia Brasil Alemania Indonesia
Arabia Saudí Sudáfrica México Italia Japón
Estados Unidos Turquía — Reino Unido Corea del Sur
204
exponente de ello es el incremento sustancial a nivel mundial de su clase media. El
proceso positivo es el avance tecnológico impulsado por la mejora en la educación en los
países desarrollados y emergentes, que permite ofrecer un mercado mundial en
crecimiento. Este proceso está favorecido por la libre circulación del capital y por la
eliminación de las barreras arancelarias. Este avance del crecimiento sufre las tensiones
ocasionadas por la escasa movilidad laboral a nivel mundial. Además, se produce un
rápido proceso de enriquecimiento de unas élites en detrimento de la inmensa mayoría,
un asunto no resuelto de manera satisfactoria por los sistemas fiscales tanto en los países
desarrollados como en los emergentes. Pero lo más negativo es la situación en países
pobres, que empeora debido a guerras civiles o por la corrupción de sus gobiernos. Tanto
es así, que sus economías están estancadas durante décadas y no salen del círculo vicioso
de la pobreza. Esta realidad trágica hace que la divergencia entre estos países y los países
ricos siga creciendo, imparable desde la Revolución Industrial iniciada en el siglo XVIII,
y que la brecha en el futuro sea aún mayor. Por ejemplo, la República Democrática del
Congo en 1980 tenía una renta per cápita de 346 dólares y en 2012 era casi idéntica, 364
dólares, mientras que en España la renta per cápita era en 1980 de 7.284 dólares y en
2012 se situaba en 30.412 dólares. Salvando las enormes diferencias, un proceso similar
se produce en los países desarrollados entre las clases sociales más ricas, mejor
formadas, y las menos favorecidas, peor formadas. La destrucción de empleo afecta más
a los segundos, es decir, mientras que los más cualificados mantienen su actividad
laboral, percibiendo un salario elevado, los menos cualificados perciben el paro, y por
tanto la divergencia se incrementa. Uno de los países más notorios por la diferencia de
ingresos de sus habitantes es Estados Unidos, diferencia que no es tan escandalosa en
China o la India, ni tampoco en Europa Occidental y Japón. De todos modos, en
períodos de crisis, por lo anteriormente citado, esas diferencias se incrementan, como
sucede con los directivos en Alemania y en los Países Bajos (Fabbri y Marin, 2012). Lo
mismo ha ocurrido con las políticas de austeridad: los recortes sociales perjudican en
primer lugar a los menos favorecidos.
CONCLUSIONES
El proceso en las últimas décadas abre un nuevo panorama del mundo, donde el
número de los países dinamizadores de la economía se incrementó de forma muy
positiva. En 1950, en las economías de libre mercado hubo un claro dominador, que era
Estados Unidos. A raíz de la creación del Mercado Común (Unión Europea), surgió un
competidor económico que se equiparó al gigante americano. Desde 1970 apareció otro,
Japón, y de manera escalonada surgieron más: Rusia, China, India, Indonesia, Brasil,
México, etc., que de manera diferente y con situaciones muy particulares se convirtieron
en otros polos de desarrollo. Esta realidad se refleja en la creación del grupo de los siete
205
(G-7) en 1973 (Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Reino Unido, Italia y
Canadá), posteriormente ampliado a ocho con la incorporación de Rusia (1997) hasta
conformar finalmente el G-20 desde 1999.
El sistema económico que ha permitido una expansión económica sin precedentes es
el sistema capitalista. China se abrió al sistema de economía de mercado con un éxito
espectacular, permitiendo que su país saliera de la miseria. Evidentemente el proceso de
la Revolución Industrial no ha terminado, ni mucho menos: se estima que hay todavía
1.000 millones de personas que padecen hambre en el mundo. Esta pobreza continúa
sobre todo en el África Subsahariana, en países asiáticos como Bangladés, India o
Pakistán o, en América, en Haití. La enorme desigualdad que comenzó con la
Revolución Industrial inglesa, lejos de disminuir, se ha incrementado en el siglo XXI. Eso
sí, el número de países que se industrializan cada vez es mayor y por tanto en un futuro
impreciso el proceso debería alcanzar prácticamente a todo el mundo, como ya sucedió
con la revolución agraria.
Un rasgo dominante en las últimas décadas es el incremento de la interdependencia
de países, que se ha incrementado en mayor medida por la irrupción en la economía
mundial de los países emergentes. Otro es el favorable marco institucional y la correcta
coordinación de las políticas macroeconómicas, que han facilitado el rápido crecimiento
de los nuevos países que se incorporan al grupo de los países industrializados. Esta
nueva realidad abre el conflicto de las diferencias fiscales entre países y de los paraísos
fiscales. Asimismo, cabe destacar el incremento de las migraciones, que paradójicamente
son bien recibidas en momentos de ciclos económicos expansivos en las naciones
industrializadas y obstaculizadas o prohibidas en los períodos recesivos. Por último, la
desigualdad tan enorme entre Estados ricos y Estados pobres abre el problema político y
ético de la búsqueda de soluciones internacionales para reducir las diferencias de manera
urgente y más eficiente.
NOTAS
1 Los datos proceden del Fondo Monetario Internacional ( abril 2013), salvo que expresamente se diga lo
contrario, y son datos PPA, es decir, paridad de poder adquisitivo.
3 Ya es un país desarrollado.
4 Fue el italiano Corrado Gini el que creó este medidor de distribución desigual, hoy día ampliamente aceptado.
5 Comecon era una organización de cooperación económica liderada por la Unión Soviética con sus países
satélite.
6 Junto con Holanda, España es invitado a las reuniones del G-20. La economía española era la 13 del mundo en
2012 en términos de PIB.
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