PRESENTACIÓN
Por
MARÍA PAZ GARCÍA RUBIO
Catedrática de Derecho Civil
Vocal de la Sección Primera de la Comisión General de Codificación
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Revista General de Derecho Animal y Estudios Interdisciplinares de Bienestar Animal /
Journal of Animal Law & Interdisciplinary Animal Welfare Studies 10 (2022)
Una justicia verdaderamente global no requiere simplemente
que miremos al otro lado del mundo en busca de otros congéneres
con derecho a una vida digna. También nos exige mirar —tanto en
nuestra propia nación como en todo el mundo— a esos otros seres
sensibles con cuyas vidas tan inextricable y complejamente entre-
lazadas están las nuestras.
Martha C. Nussbaum
Las fronteras de la justicia.
RESUMEN: La autora de estas páginas, quien ha sido también coordinadora del
monográfico, presenta al lector la reforma llevada a cabo en las principales leyes
civiles estatales operada por la Ley 17/2021, de 15 de diciembre, así como el conte-
nido de los trabajos aquí insertos y destinados a su crítica y su glosa. Explica los
orígenes teóricos y pragmáticos de la citada reforma y hace un sucinto resumen de
las aportaciones contenidas en este volumen, el cual acompaña de personales re-
flexiones en aquellos puntos que, a su juicio, tienen una trascendencia que va más
allá de lo que una lectura precipitada puede llevar a pensar. Finalmente, realiza su
propio balance del significado de la nueva normativa civil sobre los animales no hu-
manos.
PALABRAS CLAVE: Código civil, personas, animales y cosas, propiedad, pose-
sión, contratación, relaciones de familia y sucesiones, derechos de los animales.
ABSTRACT: The author of this presentation, who has also been the coordinator
of the monographic issue, presents the reform carried out in the main State civil rules
operated by 17/2021 Act, of 15 December 2021. She explains the content of the works
included here, aimed at their critique and gloss. She explains the theoretical and
pragmatic origins of the reform and carries out a succinct summary of the contributions
contained in this volume. She also makes personal reflections on those points which,
in her opinion, have a greater importance. Finally, she gives her own assessment of
the significance of the new civil regulations on non-human animals.
KEY WORDS: Civil code, persons, animals and things, property, possession,
contracting, family relations and inheritance, animal rights.
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ISSN 2531-2286, núm. 10, Octubre (2022) IUSTEL / MAPA
PRESENTACIÓN
Casi cincuenta años después de que Peter Singer publicara la versión
original inglesa de su libro, Liberación animal: Una nueva ética para tratar
con los animales, bien se puede decir que el pensamiento del filósofo aus-
traliano y de quienes le han seguido ha influido de modo decisivo en la forma
en la que las normas jurídicas afrontan el tratamiento de los animales no
humanos. Al menos, las normas de muchos países del mundo y de muchas
organizaciones internacionales, más o menos formalizadas, todas las cuales,
en buena medida, han llevado sus ideas sobre el bienestar animal y la con-
sideración de estos como seres sintientes al ámbito del Derecho.
En realidad, históricamente la reflexión sobre los derechos y el estatuto
jurídico de los animales parece remontarse al menos a Jeremy Bentham
(1748-1832), fundador del utilitarismo, ética que ya planteaba la capacidad
de los animales para sentir placer y dolor, idea que es el germen de los
planteamientos teóricos, como el ya reseñado de Peter Singer, que exigen
el reconocimiento de los derechos del animal no humano. Aquella génesis
de algún modo explica que en un principio este reconocimiento resultara li-
mitado a la necesaria protección del animal, particularmente a través de
normas sancionadoras destinadas a castigar a quienes ejerzan prácticas de
maltrato; también de otras reglas de naturaleza pública dirigidas a ordenar
las prácticas pecuarias, industriales o comerciales relacionadas con el sector
alimentario y de la cosmética. Desde estas perspectivas, el impulso renova-
dor de la Unión Europea y del Consejo de Europa ha resultado fundamental.
Sin embargo, los debates sobre las fronteras entre humanidad y anima-
lidad y sobre la legitimidad de la preminencia del ser humano entre los ani-
males pronto mostró que el planteamiento que se acaba de describir era
demasiado estrecho. En consecuencia, se avanzó hacia una necesaria re-
definición del propio concepto de animal no humano y, en el plano jurídico
se impuso la necesidad de abandonar su identificación con las cosas inertes,
caracterización que era propia de la época codificadora y que había sido
consagrada en la mayor parte de los ordenamientos jurídicos hasta fechas
recientes. Con las nuevas lentes los animales han de dejar de ser bienes o
cosas, de ser meros objetos para el Derecho. De ahí a su consideración
como sujetos de derechos el paso a dar no parece demasiado largo, e inclu-
so puede ser muy corto en el caso de algunos animales especialmente
próximos al ser humano, como serían los grandes simios por sus capacida-
des cognitivas complejas, por un lado, y los animales de compañía, por otro.
Desde un planteamiento puramente técnico, precisamente el apuntado
es el objeto central de la Ley 17/2021, de 15 de diciembre, de modificación
del Código Civil, la Ley Hipotecaria y la Ley de Enjuiciamiento Civil, sobre el
régimen jurídico de los animales, a la que se dedica este número de la Re-
vista General de Derecho Animal y Estudios Interdisciplinares de Bienestar
Animal / Journal of Animal Law & Interdisciplinary Animal Welfare Studies.
La citada Ley se destina a modificar tres cuerpos legislativos vertebrales
en nuestro sistema jurídico, precisamente, para eliminar la identificación de
los animales con las cosas. El animal ya no es contemplado como un simple
bien mueble con un mero interés vicario circunscrito al ámbito patrimonial,
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PRESENTACIÓN
sino que pasa a ser tratado como un ser vivo; además, un ser dotado de
capacidad de sentir, con un valor intrínseco y no meramente por lo que vale
para su propietario, quien, por cierto, sigue teniendo esta consideración. A
mayor abundamiento, se reconoce un estatus especial y privilegiado a los
animales de compañía, verdaderos protagonistas de muchas de las reglas
nuevas. Estamos, pues, ante una ley que, a pesar de su carácter rupturista
con el sistema anterior, no es en absoluto original en el ámbito comparado;
más bien al contrario, bebe directamente de las fuentes que le han propor-
cionado normas previas con análogos objetivos de países como Austria,
Alemania, Suiza, Francia o Portugal, entre otras.
Se trata de una reforma legislativa que tiene su origen remoto en un
Borrador preparado en 2017 por la Sección Primera de la Comisión General
de Codificación, en cuya elaboración tuve el honor de participar, la única
razón que se me ocurre por la que me han pedido que coordine este núme-
ro monográfico y haga estas palabras de presentación, lo que mucho agra-
dezco. Aceptado el encargo, seleccionados con mimo los autores y autoras
que, según mi parecer, tenían mucho que decir sobre el tema desde distintas
perspectivas, formación y puntos de vista, recibidos los excelentes originales
y habiendo disfrutado de su lectura y aprendido mucho de ella, paso a hacer
esa labor de presentación.
Pero antes de entrar en el contenido de los trabajos, conviene advertir,
sobre todo a los menos avisados en cuestiones jurídicas, que estamos ante
una ley que aborda el régimen jurídico de los animales en el ámbito del De-
recho privado; por tanto, no atañe a propósitos que afectan al ámbito de las
Administraciones Públicas, ni a las situaciones en las que estas tienen que
ejercer su imperio e imponer los criterios de política jurídica y social en rela-
ción con los animales, materias en las que también se han producido algunos
avances legislativos, pero en las que queda todavía mucho por hacer.
Precisamente porque estamos ante una ley civil que supone una reforma
de calado profundo en el seno de un Código Civil decimonónico, ya cosido
y recosido muchas veces, tiene sentido que este volumen se inicie con una
reflexión, a cargo de José Amérigo Alonso, rubricada “Breve digresión sobre
el camino hacia la modernización del Código Civil.” Mi condición de civilista
justificaría un análisis completo del sugerente escrito, e incluso que entrase
en el debate sobre algunas de las ideas que plantea su autor acerca de la
necesaria renovación del Código. No parece, sin embargo, que la mayoría
de los lectores que se acercan a esta revista busquen algo ni siquiera remo-
tamente parecido a ese debate que, por otro lado y con probabilidad rayana
en la certeza, nos alejaría del objetivo de esta presentación. Permítanme, no
obstante, que deje constancia de un párrafo de José Amérigo de singular
importancia: “la adaptación del Código Civil a instrumentos internacionales o
a tendencias consolidadas, particularmente cuando el cambio cuenta con
palancas sociales sólidas y la adaptación tiene un alcance acotado (aun
cuando, por la conexión material, el número de preceptos afectados pueda
ser muy relevante, como ocurrió en el caso de la Ley 8/2021, de 2 de junio),
no ofrece resistencias insalvables. Pero la situación no es equiparable en el
supuesto de otras modificaciones cuya conveniencia no arroja dudas a la
doctrina, pero que responden a extensas actualizaciones precisas por el
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transcurso del tiempo y no tanto a aspectos puntuales y eventualmente pe-
rentorios. El vigor del Código Civil como cuerpo normativo corre el riesgo de
languidecer si estas últimas, pese al acuerdo doctrinal, son desechadas por
no encontrar hueco en la agenda legislativa.” Solo añadiré, aunque resulte
aquí extravagante, que buena parte del Libro IV del Código Civil, sobre obli-
gaciones y contratos, en especial en sus títulos I, II y IV, cuyo contenido es
fundamental para sostener y dar impulso al tejido económico de cualquier
país, es ejemplo palmario de lo que el autor de este primer texto expone.
El segundo trabajo de los incluidos en este volumen se titula “Sintientes,
pero sin derechos. Análisis ético de la Ley 17/2021 sobre el régimen jurídico
de los animales y propuestas de reforma” y ha sido elaborado por el filósofo
del Derecho, Eze Paez. Según sus propias palabras, el autor pretende la
reconstrucción de los mejores fundamentos éticos para las reformas operadas
por la Ley, así como la evaluación de las mismas a la luz de aquéllos. Here-
dero y representante del pensamiento animalista, que en su artículo aparece
expuesto con rigor y claridad ejemplar, razona con argumentos muy sólidos
sobre la insuficiencia de la reforma o mejor sería decir, sobre su incoheren-
cia interna. Señala que la novedad de la Ley no está en reconocer a los
animales no humanos como seres sintientes, 1 esto es, con capacidad de
disfrute y sufrimiento, concepción de la que ya había trazas en nuestro or-
denamiento, sino en que a partir de ese carácter se establece un sistema de
protección de sus intereses distinto del que se aplica a las cosas, aunque
este último se sigue considerando como régimen supletorio. Los animales
continúan siendo tratados por el legislador como un tipo de objetos apropia-
bles, sobre los que las personas pueden ostentar derechos reales, lo que es
incompatible, desde un punto de vista ético, con la previamente proclamada
condición de seres sintientes. Entenderán los lectores que no me alargue
aquí en las muy cuidadas razones que aporta el autor para denunciar esta
contradicción y para llegar a su conclusión final, que no es sino la de consi-
derar que los animales no humanos deben gozar de un estatus jurídico al-
ternativo que proteja sus intereses de modo similar a como el ordenamiento
protege los intereses humanos. Como he anticipado, sus tesis expresan de
forma precisa el pensamiento ético más animalista, acercando al neófito a
conceptos como el del especismo o a las distintas posiciones académicas
en torno al reconocimiento de los mentados animales como sujetos de de-
rechos, incluida la del propio autor. Sí tengo que decir que, por razones en
las que ahora no resulta procedente entrar, no llego a compartir su tesis
según la cual las medidas de apoyo en el ejercicio de la capacidad jurídica,
1 Como el propio autor del artículo señala, la terminología del Código Civil (seres “sintien-
tes”) difiere de otras leyes que a veces hablan de “sensibles” (artículo 13 del Tratado de Fun-
cionamiento de la Unión Europea o el artículo 4.2.1) de la muy reciente Ley 9/2022, de 30 de
junio, de protección de los animales domésticos, del País Vasco) y a veces de animales “sen-
tientes” (artículo 6.1.a) de la Ley 4/2016, de 22 de julio, de protección de los animales de
compañía de la Comunidad de Madrid). Por eso tanto dicho autor como el resto de los autores
utilizan la misma expresión que el Código Civil, “sintientes” o “sintiencia,” pese a que la cuestión
no esté del todo clara en el ordenamiento español.
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introducidas por la Ley 8/2021, 2 u otras similares, pueden ser el modelo en
una futura nueva reforma del régimen jurídico de los animales. Solo apunta-
ré que tales medidas no pueden sustituir a la voluntad de la persona apoya-
da, voluntad que siempre ha de ser tomada en consideración y nunca se
puede acudir a su mejor interés, premisas que no me parece que puedan
ser directrices en el caso de un animal no humano. En mi humilde opinión,
la asunción de los postulados del autor, de incuestionable valor, aunque
según el mismo viene a admitir, no recogidos a día de hoy en ningún orde-
namiento, exige la búsqueda de una vía diferente. En cualquier caso, nada
puede reemplazar la lectura detenida y muy consciente del íntegro texto
escrito, lo que recomiendo encarecidamente al lector de estas líneas.
El tercer trabajo se titula “Acercamiento a la reforma del Código Civil, la
Ley Hipotecaria y la Ley de Enjuiciamiento Civil, a raíz de la aprobación de
la Ley 17/2021, de 15 de diciembre, sobre el régimen jurídico de los anima-
les” y está firmado conjuntamente por Anna Mulà Arribas e Irene Torres
Márquez, quienes unen a su condición de juristas especializadas en Derecho
Animal una ya larga experiencia en la divulgación de este novedoso sector
del ordenamiento. El texto explica los antecedentes que han llevado a la
aprobación de la Ley 17/2021 y traza las líneas centrales de la reforma a
través de la exégesis de sus reglas más significativas, entre otras, las que
atañen al tratamiento jurídico de los animales de compañía en las crisis
matrimoniales. Analizan el régimen derivado de su descosificación, desde el
precepto que la sanciona hasta sus consecuencias, teniendo en cuenta, como
ya se ha anticipado, que para el legislador la sintiencia no ha impedido la
apropiabilidad y, en consecuencia, ha ordenado las relaciones de posesión
y propiedad del animal. Se apuntan también las modificaciones fundamenta-
les en materia sucesoria —dando cuenta del ya conocido error del nuevo
artículo 914 bis CC en el que equivocadamente se decía causahabiente en
lugar de causante, desliz que acaba de ser corregido por la Disposición Final
Primera de la Ley 16/2022, de 5 de septiembre, de reforma del texto refun-
dido de la Ley Concursal—, 3 así como las modificaciones realizadas en el
ámbito contractual. No olvidan comentar los cambios en la Ley de Enjuicia-
miento Civil y en la Ley Hipotecaria y es especialmente destacable la inclusión
de algunas sentencias recaídas tras la entrada en vigor de la Ley 17/2021.
Su escrito finaliza con el llamamiento de las autoras al abordaje de las refor-
mas legislativas que quedan pendientes, con el fin de dotar al ordenamiento
jurídico de la necesaria coherencia e integración, a la vez que se da una
respuesta adecuada a los requerimientos sociales actuales en relación con
la protección de los animales.
“Las modificaciones en materia de Derecho de familia” constituye en el
objeto del artículo firmado por M.ª Jesús Moro Almaraz, quien a su condición
de profesora de Derecho civil ya veterana une la de ser miembro del Con-
greso de Diputados, circunstancia que le ha permitido estar en contacto di-
2 Ley 8/2021, de 2 de junio, por la que se reforma la legislación civil y procesal para el
apoyo de las personas con discapacidad en el ejercicio de su capacidad jurídica.
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recto con los impulsores de la Ley y seguir la evolución de su procedimiento
legislativo desde una posición privilegiada. Especial interés tienen, en buena
lógica, las pinceladas que nos proporciona sobre este procedimiento, por
más que como indica el título reproducido, el centro de análisis del trabajo
se sitúa en los preceptos del Código Civil y de la Ley de Enjuiciamiento Civil
que han sido afectados por la reforma y que atañen al Derecho de familia
(artículos 90, 91, 92, 103 CC y a la incorporación de un nuevo artículo 94
bis CC, así como a los artículos 771.2 y 774.4 de la Ley de Enjuiciamiento
Civil). Al margen del contenido concreto de las respectivas modificaciones,
me parece oportuno destacar aquí la llamada de atención que la autora nos
hace sobre el carácter desordenado, parcial y, en cierta medida, caótico, de
las continuas reformas que están sufriendo las normas codificadas sobre
crisis matrimoniales, siempre a través de leyes que, como la presente, tienen
otro como objeto principal. En su opinión, que es en realidad una constatación,
tal proceder lleva en muchas ocasiones a la producción de normas poco
coherentes con otras preexistentes, cuando no directamente contradictorias,
con el consiguiente coste en términos de seguridad jurídica. Como sucede
con la contribución inicial de este monográfico, da un aldabonazo sobre la
escasamente depurada técnica legislativa del legislador contemporáneo a la
hora de modificar el Código Civil. No puedo sino coincidir con el aviso, en
esta ocasión para recordar al descuidado legislador que se trata de un cuer-
po legal que no solo es uno de los textos jurídicos más importantes de cual-
quier ordenamiento jurídico similar al español, sino que posee una estructu-
ra interna y una razón de interdependencia entre sus normas que deberían
ser respetadas si queremos que siga cumpliendo el papel vertebrador de la
sociedad civil que le corresponde. En fin, previo análisis de la prolija juris-
prudencia que precedió a la reforma en la materia, la civilista y diputada in-
terpreta las reglas relativas a las crisis matrimoniales cuando en la familia en
la que surgen hay animales de compañía, poniendo el énfasis en que, en
contra de lo que habían dictado algunos tribunales bajo el sistema preceden-
te, la nueva regulación asume que las medidas a adoptar, acordadas o es-
tablecidas por la autoridad judicial, se desvinculan de la titularidad sobre el
animal. Su condición de legisladora explica también que M.ª Jesús Moro
resalte cómo se ha evitado la utilización de expresiones comunes en los
medios de comunicación que repetían para los animales las referencias ha-
bituales respecto a los hijos —guarda, custodia, derecho de visitas—, para
hacer referencia a términos como convivencia y cuidado, destino, tenencia,
reparto de cargas, que le parecen mucho más apropiados; de nuevo, un
original apunte de más calado del que parece. En síntesis, un trabajo de
mucho interés por lo que dice, por cómo lo dice y por el lugar desde donde
se dice.
Sigue la senda temática del anterior el texto que ha elaborado María
González Lacabex desde su perspectiva de jurista implicada en la prevención
de abusos, y que lleva por título “Maltrato animal y custodia de menores en
el artículo 92.7 del Código Civil español”. A primera vista es un asunto apa-
rentemente muy específico, pero a la vez de gran transcendencia ética y
práctica, sobre el que ya se han hecho reflexiones en contribuciones prece-
dentes. El precepto citado en el título ha vuelto a ser tocado por el legislador,
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por la mentada Disposición Final Primera de la Ley 16/2022, de 5 de sep-
tiembre, de reforma del texto refundido de la Ley Concursal, en este caso
para sustituir el término padres por el de progenitores, de lo que la autora
deja constancia; pero su verdadera importancia es que dicho artículo 92.7
introduce entre las reglas codificadas sobre crisis matrimoniales la cuestión
del maltrato a los animales, o la amenaza de causarlos, como causa para
denegar judicialmente a un progenitor la guarda y custodia de sus hijos o
hijas. Como se apunta en el escrito, y a mi juicio merece un especial relieve,
supone el reconocimiento por el legislador de que la violencia en el seno del
grupo familiar, en cualquiera de sus manifestaciones —de género, contra los
niños, contra las personas ancianas, contra los animales que conviven con
ellos o que de alguna manera forman parte del entorno familiar, o la mani-
pulación de esta última para dañar emocionalmente a las personas que ven
sufrir al animal al que, frecuentemente, están apegadas— no es solo una
conducta que merece un reproche de naturaleza penal, sino también un
asunto con repercusión directa en las relaciones personales de los miembros
de la familia, es decir, es una situación que ha de tener consecuencias civi-
les; en este caso esas consecuencias civiles se refieren a la guarda y cus-
todia de los hijos menores de edad. Sobremanera, la autora argumenta que
a pesar del silencio legal al respecto, los principios generales del sistema y,
en particular, el principio del interés del menor, conllevan que el animal mal-
tratado no podrá quedar bajo el cuidado del progenitor agresor, lo que también
deberá tener repercusiones en la aprobación judicial de un eventual convenio
regulador. Resalto, una vez más, el carácter exhaustivo de los datos mane-
jados en esta aportación y la esmerada argumentación de las opciones in-
terpretativas vertidas en ella, lo que permite disfrutar de una lectura de la
que, a la vez, se aprende mucho sobre nuestra violenta sociedad.
Sobre “La superación de la dualidad de personas y cosas y las normas
posesorias de los animales” escribe María Teresa Peñalva Ribera, quien a
su condición de Registradora de la Propiedad une la de animalista conven-
cida y preocupada por la situación de los animales abandonados, a cuya
mejora también contribuye de forma activa. Su trabajo se centra en el aná-
lisis de la superación de la dicotomía tradicional entre sujeto y objeto de
derecho, poniendo el enfoque en los principios de bienestar y protección
animal, así como en lo que ello implica para la distinción entre las cosas y
los animales como seres sintientes no humanos desde el punto de vista de
las normas posesorias. Trae a colación la distinción entre los animales do-
mésticos y los no domésticos, o silvestres y salvajes, para coincidir con la
denuncia ya anticipada en otro de los trabajos comentados: el tratamiento
diferenciado que nuestra nueva normativa civil atribuye a uno u otro en fun-
ción de su relación con la familia y el ser humano como centro del ordena-
miento, lo que viene a significar que no se abandona la concepción antropo-
céntrica propia de nuestro Derecho tradicional ni se da el paso definitivo al
reconocimiento de los animales como sujeto de derechos. No obstante,
profundiza la autora en las principales novedades técnicas introducidas por
la reforma en materia de derechos y obligaciones para los propietarios de
animales (no sin señalar que su criterio es que hubiera sido más adecuado
utilizar el término responsable del animal, por resultar más idóneo con la
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relación que la reforma pretende articular en el ámbito posesorio) y en cómo
dichas reformas se integran con otras normas tendentes a la protección
animal. En definitiva, por su rigor, por las muy sugerentes ideas que muestra
su discurso y por su claridad estamos ante otro trabajo que el lector debe
disfrutar en su integridad.
“El nuevo régimen de tenencia y adquisición de los animales” es el tema
que aborda Andrés Domínguez Luelmo, reconocido civilista que ya ha publi-
cado una monografía sobre la reforma operada por la Ley 17/2021. En este
escrito el Catedrático de la Universidad de Valladolid incide, como han hecho
otros autores precedentes del monográfico, en el nuevo estatuto jurídico
aplicable a la tenencia de animales y, en particular, en el concepto de animal
de compañía, muy presente en la nueva regulación. Parte de que para la
nueva Ley los animales no son cosas, a pesar de lo cual se les aplica el
régimen jurídico de las cosas en cuanto sea compatible con la naturaleza del
animal y con sus normas de protección, para poner seguidamente de mani-
fiesto que tal perspectiva conlleva la existencia de deberes frente a los ani-
males; algunos directos, como el de deber de cuidado, otros indirectos en
cuanto que persiguen objetivos diversos; pero ello no ha significado, siempre
en la opción tomada por el legislador, que los animales sean titulares de
derechos. Además de otros temas de interés, el autor examina con detalle
el nuevo régimen posesorio de los animales, los diferentes modos de adqui-
sición y pérdida de la propiedad del animal —sigue siendo propiedad y sigue
dando al titular la legitimación para ejercitar la acción reivindicatoria—, así
como el régimen especial aplicable a la acción de división de los animales
en el caso copropiedad, cuestión esta que ha sido objeto de especial con-
troversia. Desde un perfil que conjuga el alto nivel técnico con el interés por
resolver problemas prácticos reales, el autor incorpora también pertinentes
reflexiones sobre las posibles limitaciones a la tenencia de animales de
compañía en viviendas arrendadas y en pisos en régimen de propiedad ho-
rizontal, cuestión sobre la que volveré al referirme a la siguiente contribución.
El completísimo trabajo se ve enriquecido con decisiones de los tribunales
que ya han tenido que pronunciarse sobre los temas objeto de estudio, así
como con enriquecedoras aportaciones desde el Derecho comparado. En
definitiva, una buena publicación de un magnífico civilista, cuya lectura tam-
poco podemos obviar.
Otra respetada y experimentada civilista, Inmaculada Vivas Tesón, firma
la siguiente aportación titulada “La incidencia de la reforma del Código Civil
sobre el régimen jurídico de los animales en la contratación privada,” un
asunto al que aparentemente la Ley que nos ocupa le ha dispensado mucha
menos atención que la que otorga a los aspectos más relacionados con los
derechos reales o incluso con las repercusiones de las relaciones entre los
animales de compañía y las personas en la familia, sucesiones e incluso
daños. Sin embargo, si las cosas se miran despacio, debemos ser conscien-
tes de que las normas sobre contratos son extraordinariamente relevantes,
no solo porque son las que regulan el tráfico económico, sino porque son las
que definen el tratamiento que el ordenamiento otorga a las personas a las
que se reconoce o no la libertad de contratar, con unos límites que han sido
históricamente variables, pero que en todo caso suponen fronteras que no
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PRESENTACIÓN
cabe traspasar, porque reflejan valores de una altura superior (los derechos
fundamentales de los demás, por ejemplo); son también las que delimitan
los comportamientos humanos, los bienes o los animales no humanos que
pueden conformar el objeto de la prestación principal. Precisamente por esta
importancia cardinal del Derecho contractual, mi percepción es que se trata
de uno de los puntos en los que la reforma de la Ley 17/2021 se ha queda-
do demasiado corta, mostrándose un tanto miope sobre la trascendencia del
cambio que ella misma propugna. Al respecto, nos enseña la Profesora Vivas
Tesón que en materia contractual la Ley que venimos analizando ha modifi-
cado únicamente los artículos 1484, 1485, 1492 y 1493 del Código Civil en
relación a la obligación de saneamiento del vendedor por defectos o vicios
ocultos en la venta de animales o ganados, preceptos que son glosados con
esmero. La autora pone igualmente de relieve que la omisión de más nor-
mativa contractual en la reforma implica que, por ejemplo, siga siendo posi-
ble prohibir en un contrato de arrendamiento o de comodato la tenencia de
animales de compañía en una vivienda, cuando así lo estipulan libremente
las partes contratantes en virtud de su autonomía privada. Por mi parte,
apelo de nuevo a aquella libertad contractual y a sus límites, los cuales,
reitero, definen las líneas rojas que no pueden pasar los contratantes porque
encarnan valores sociales que han de prevalecer sobre los meramente indi-
viduales que supone la autonomía privada. Por lo que parece, las prohibicio-
nes como las agudamente apuntadas por la autora no han sido consideradas
fronteras inquebrantables por el legislador civil de 2021. En otro orden de
cosas, no me resisto a repetir un párrafo del artículo que ahora comento y
que comparto, en el que, refiriéndose a las dos grandes leyes civiles refor-
madoras de 2021, la de apoyo a las personas con discapacidad y a los
animales, la autora se expresa así: “Ni la una ni la otra son, ni mucho menos,
normas revolucionarias y, por tanto, no deberían provocarnos tanto recelo e,
incluso, miedo. En realidad, lo que nos tiene sumidos en una especie de
estado de shock es nuestra resistencia al cambio, pues nos resulta mucho
más cómodo continuar utilizando las estructuras mentales de siempre, las
categorías clásicas aprendidas en su momento y a las cuales queremos
aferrarnos a toda costa para sentirnos más seguros. A ello se suma lo mucho
que nos cuesta abandonar la visión paternalista y antropocéntrica que nos
circunda por todas partes.” Lo suscribo absolutamente.
Sobre “El impacto de la reforma en materia de sucesiones” se detiene
Mónica García Goldar, joven civilista con varias publicaciones en la materia
hereditaria. Como no puede ser de otra manera, el objeto central de esta
contribución es el estudio del nuevo artículo 914 bis del Código civil, el cual
vuelvo a recordar que en su versión original contenía un error terminológico
y conceptual que rápidamente fue detectado por la doctrina y que ha sido
corregido por Disposición Final Primera de la Ley 16/2022, de 5 de septiem-
bre, de reforma del texto refundido de la Ley Concursal, sustituyendo la
palabra causahabiente por la de causante, si bien es de notar que el Preám-
bulo de la Ley contiene el mismo desliz que no ha sido objeto de corrección.
Una vez más, el citado precepto está claramente destinado a los animales
de compañía, con el fin de encauzar el destino de estos en caso de falleci-
miento de su titular. El trabajo pone de manifiesto el carácter supletorio de
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la norma, que solo será de aplicación en defecto de disposición testamenta-
ria del titular del animal; de hecho, se ubica en la sucesión intestada y no,
como se pretendió en fase parlamentaria, en las normas generales sobre el
testamento. La autora analiza cuidadosamente las reglas técnicas principales:
la previsión de que se entregará al heredero o legatario que lo reclame de
acuerdo con las leyes, la exclusión de la posibilidad de que pasen a ser
varios los titulares, así como el doble escenario de que ninguno de los su-
cesores quiera hacerse cargo del animal, por un lado, y que más de un
heredero lo reclame, por otro. La doctora García Goldar incluye también unas
páginas explicando el modelo del Derecho norteamericano, el cual, como es
bien sabido, parte de una libertad de testar prácticamente absoluta, premisa
que permite por distintas vías que el patrimonio hereditario íntegro pueda ir
a parar al animal o a su cuidado y atención; incluso nos llama la atención
sobre el hecho de que en Estados Unidos la planificación de herencias en
las que se incluyan animales de compañía parece ser un verdadero negocio.
De las reflexiones de la doctrina norteamericana reflejadas en la contribución
me interesa destacar, sobre todo, que la concepción tradicional de la heren-
cia como modo de trasmitir la propiedad también entra en crisis cuando se
trata de establecer normas sobre el destino de los animales que se hallan
en el entorno afectivo del causante. De nuevo lo que está en causa es si,
pensándolo bien, debemos seguir hablando de propiedad y de traspaso su-
cesorio de esta en relación con los animales de compañía; o si, por el con-
trario, se deben buscar otras técnicas alternativas para decidir el mejor
destino posible para los animales cuando fallece quien hasta entonces era
su titular, su cuidador o su compañero humano. Algunas de las vías baraja-
das por juristas del common law están también expuestas en el texto, en
concreto la testamentaria, la fiduciaria y la contractual, las cuales, con las
debidas adaptaciones, pudieran ser trasplantables a nuestro propio Derecho.
Se trata, desde luego, de un trabajo muy sugerente.
La última aportación de este volumen monográfico es la de Fernando
Toribios Fuentes, que lleva como descriptivo título “Las modificaciones en
materia procesal e hipotecaria.” Como sucede habitualmente, ninguna refor-
ma sustantiva civil puede hacerse si no va acompañada de las necesarias
adaptaciones o innovaciones en materia adjetiva, en este caso y como re-
sulta también lo más frecuente, de las normas procesales y de las que atañen
a la regulación registral. Las atinadas explicaciones del autor se dirigen pri-
mero a las puntuales modificaciones de la Ley de Enjuiciamiento Civil, algu-
nas ancilares como las que regulan las medidas provisionales previas a la
demanda de nulidad, separación o divorcio o las medidas definitivas y otras
de carácter principal: la que añade al catálogo existente de bienes inembar-
gables, a los animales de compañía, inembargabilidad que no se hace ex-
tensiva a las “rentas que los mismos puedan generar,” las cuales podrán ser
válidamente trabadas. En consecuencia y al igual que ocurre en trabajos
anteriores, también en este que ahora comento el autor intenta delimitar el
ambiguo término “animal de compañía,”, que la Ley no define y que resulta
omnipresente en la reforma. Asimismo, incluye reflexiones que van más allá
del estricto texto de la Ley, como la aplicación de las referidas normas pro-
cesales relativas a las crisis matrimoniales a las parejas de hecho o su co-
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PRESENTACIÓN
rrecta interpretación en casos de violencia de género. Termina el autor con
el estudio del pacto de extensión de la hipoteca en relación con los animales,
asunto que generó un prolijo debate en la fase de preparación de la Ley, la
cual finalmente se pronunció en un doble sentido: el primero, consistente en
establecer que el ámbito objetivo de la hipoteca no se extiende a los anima-
les colocados o destinados en una finca dedicada a la explotación ganadera,
industrial o de recreo, a los que solo y exclusivamente se extenderá si así
expresamente se ha pactado; el segundo, para excluir del posible pacto de
extensión a los animales de compañía; como bien aclara el autor, de existir
tal pacto, sería claramente nulo y en consecuencia inejecutable, aun cuando
se trate de préstamos hipotecarios suscritos con anterioridad a la vigencia
de la Ley 17/2021. Aunque no son pocas las voces que consideran insufi-
ciente el alcance de la reforma en este concreto punto, el paso adelante
respecto al sistema anterior es innegable, al igual que lo es la claridad de la
exposición que reseño.
Cierra este volumen la traducción no oficial de la reforma a la lengua
inglesa, dada la característica de la Revista, que siempre pretende acercar
la legislación y doctrina extranjera al conocimiento de nuestros juristas y,
asimismo, explicar los contenidos del derecho español al resto de los países,
para lo que viene incluyendo versiones originales en inglés o traducciones
de textos de otros idiomas mucho más desconocidos, chino, japonés, griego
clásico o moderno, gwetin, anishinaabe, etc., al inglés o al castellano. En
este caso su finalidad obvia es la de dar a conocer al lector no hispanopar-
lante el texto exacto de la Ley 17/2021 debidamente contextualizado en los
preceptos de las tres leyes modificadas, dado que su traducción literal, como
pone de relieve el artículo introductorio de José Amérigo Alonso, junto al eje
esencial de su regulación, contiene numerosas reformas menores, y a veces
meras remisiones o mero añadido o cambio o supresión de una palabra (por
ejemplo, añadir animales a continuación de la palabra cosas, supresiones de
los términos feroces y rapacidad) en muchos de los artículos del Código
Civil objeto de la reforma. Es más, el hecho de que se resalten los cambios
en estos artículos va un paso más allá incluso de lo realizado en las edicio-
nes de legislación consolidada del BOE que se limita a llevar al lector me-
diante hipervínculos, a las distintas modificaciones legislativas, debiendo ser
el mismo quien compare, palabra a palabra, o signo ortográfico a signo or-
tográfico, en qué han consistido exactamente los cambios. Por ello, también
puede ser de utilidad para los lectores del texto español, pues permite centrar
la atención en las modificaciones exactas llevadas a cabo por la Ley 17/2021.
Agradecemos al equipo de seis antiguos estudiantes, todos ellos, salvo uno,
graduados en filología inglesa, del Master Universitario de Estudios Nortea-
mericanos conjunto de las Universidades Complutense de Madrid y de Alca-
lá de Henares, el esfuerzo realizado. El trabajo contiene un segundo aparta-
do sobre los problemas lingüísticos encontrados, tales como la existencia de
un sólo término en inglés, sentience, para el que en español hay tres (sen-
sibilidad, sentiencia o sintiencia) o wild, para lo que en español parecen
existir dos palabras aparentemente distintas; de hecho, no está claro ni
porqué el Código ha reintroducido el término salvaje, junto al de silvestre
cuando el primero hace décadas que había desaparecido de la legislación
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ISSN 2531-2286, núm. 10, Octubre (2022) IUSTEL / MAPA
estatal, ni en qué se distinguen ambos conceptos. A la inversa, se plantea
asimismo cómo debe traducirse al inglés la palabra bienestar, concepto para
el que en inglés hay dos términos, welfare y well-being, mientras que en
español no se ha llegado todavía a una esencial distinción que, sin embargo,
es muy generalizada en la ciencia aplicada del bienestar animal y en el de-
recho fuera de España, tanto en inglés como en otras lenguas.
Como síntesis de estas páginas de presentación del presente número
monográfico de la Revista General de Derecho Animal y Estudios Interdisci-
plinares de Bienestar Animal, recuerdo una vez más que la Ley 17/2021
redefine el concepto de animal desde el punto de vista jurídico. Abandona
su secular reificación plasmada en el Código Civil de 1889, de suerte a par-
tir de ahora el animal deja de ser considerado como una cosa y pasa a si-
tuarse como una categoría intermedia entre las personas y las cosas o
bienes. Se desecha así tanto la idea de identificar a los animales no humanos
con las personas como la de dejar a los animales como una categoría espe-
cial de bienes especialmente protegidos, básicamente por su carácter de
seres sintientes; no obstante, se siguen considerando por el legislador como
objeto de apropiación y, por lo tanto, susceptibles de propiedad y posesión,
con algunas implicaciones registrales; tampoco sus derechos o sus intereses
gozan de consideración suficiente como límites a la autonomía privada. Las
nuevas reglas parten de esas premisas, de modo que las omisiones y las
soluciones del legislador, con sus luces y sus sombras, derivan lógicamente
de ellas. Con toda probabilidad, se trata de una Ley que, para muchos se
queda corta en sus planteamientos y en sus consecuencias, pero no hay
duda de que conlleva un cambio significativo en nuestro Derecho privado y
de que ese cambio se da, tal vez porque no puede ser de otra manera, en
la dirección adecuada.
Los trabajos que conforman este volumen y que he tratado de presentar
en los párrafos precedentes abordan desde distintos planteamientos, unos
más éticos otros más técnicos, si se me permite la dualidad, tanto las pre-
misas como las reglas anticipadas. Todas las contribuciones son valiosas
para comprender el alcance de la reforma, por lo que estoy convencida de
que el tiempo que el lector les dedique habrá merecido la pena, porque en-
señan y porque obligan a pensar; también porque nos zarandean la concien-
cia y, con suerte, nos mueven a cambiar algunos conceptos y actitudes que
creíamos muy arraigados. Por estas razones reitero encarecidamente la re-
comendación de la completa y detenida lectura de todas ellas y agradezco
la inestimable labor de los autores, que además las escribieron en tiempo de
tregua estival. Por supuesto, cierro estas palabras preliminares expresando
de nuevo mi gratitud a Enrique Alonso García, quien me encomendó la tarea
de escribirlas.
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