0% encontró este documento útil (0 votos)
34 vistas16 páginas

Matrimonio (Jose Millan)

La educación sexual en el hogar es una responsabilidad fundamental de los padres, quienes deben proporcionar una perspectiva bíblica y saludable sobre la sexualidad a sus hijos desde una edad temprana. Es crucial que los hogares cristianos sean espacios abiertos para discutir estos temas, ya que la falta de comunicación puede llevar a una comprensión distorsionada de la sexualidad. La educación sexual no solo abarca la reproducción, sino que también incluye la formación de valores, actitudes y el respeto hacia uno mismo y hacia los demás.

Cargado por

Ela Valle
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
34 vistas16 páginas

Matrimonio (Jose Millan)

La educación sexual en el hogar es una responsabilidad fundamental de los padres, quienes deben proporcionar una perspectiva bíblica y saludable sobre la sexualidad a sus hijos desde una edad temprana. Es crucial que los hogares cristianos sean espacios abiertos para discutir estos temas, ya que la falta de comunicación puede llevar a una comprensión distorsionada de la sexualidad. La educación sexual no solo abarca la reproducción, sino que también incluye la formación de valores, actitudes y el respeto hacia uno mismo y hacia los demás.

Cargado por

Ela Valle
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

República Bolivariana de Venezuela

S.E.P.A.D
Núcleo Guayana
Distrito sur-oriente
Asignatura: Teología Ministerial y
Hogar Cristiano
San Félix- Edo Bolívar

Educación Sexual
en el hogar
Profesora: Alumnos:
Nelly de Piña Millán, José
De Millán,
Yohana
Ciudad Guayana, Julio de 2024
INTRODUCCIÓN

Una buena educación sexual desde la perspectiva del desarrollo de los


niños, niñas y adolescentes mejora las condiciones de vida, retarda el inicio
de las relaciones sexuales, previene problemas de salud biopsicosocial,
fomenta la igualdad entre hombres y mujeres, así como la convivencia
familiar y social.
La educación sexual de la familia es responsabilidad y privilegio
exclusivo de los padres. Jamás debe ser delegada la responsabilidad a
alguien más. La actitud correcta hacia la sexualidad y el matrimonio es
comunicada de manera correcta sólo en el hogar cristiano. Según la Biblia, la
sexualidad fue creada por Dios y es buena cuando se practica entre un
hombre y una mujer dentro del matrimonio. La Biblia enseña que el sexo
debe estar ligado al amor, compromiso y respeto mutuo entre la pareja.
El sexo está diseñado para las relaciones que son permanentes, leales y
donde se respeta a ambos compañeros. Dios ha establecido un lugar seguro
donde podemos descubrir, desarrollar y disfrutar nuestra sexualidad a
plenitud. Esto es dentro de la relación llamada matrimonio en la que el dar y
el pertenecer es mutuo.
EDUCACIÓN SEXUAL EN EL HOGAR
Los hogares cristianos deben ser los lugares más abiertos, honestos y
cómodos para los niños y adolescentes de aprender y hacer preguntas sobre
el sexo.
Se les está enseñando que el sexo es casual. Egoísta. Se dice que el
sexo es puramente físico. Eso no significa nada. Que se trata de sentirse
bien y obtener lo que deseas, y nada más. El mundo les dice a nuestros hijos
que son objetos sexuales. Que sólo valen tanto como el nivel de deseo
sexual de la otra persona por ellos. Se dice que si no están teniendo
relaciones sexuales son totalmente inútiles, y que, si están teniendo
relaciones sexuales, son rameras. Este mundo dice incluso a nuestros
pequeños más jóvenes que se definen por sus atributos físicos. Se les dice
que existen para el placer sexual y que incluso se identifican por qué tipo de
deseos sexuales tienen.
Como padres cristianos tenemos que ser las primeras personas en la
vida de nuestros hijos para educarlos sobre el sexo. Necesitamos explicar
desde el principio lo que Dios creó que fuera. Sobre la belleza sagrada del
matrimonio. Y, tenemos que trabajar para restar importancia a la obsesión
sexual integral de nuestra cultura. La única manera en que podemos hacerlo
es hablar honestamente sobre sexo con nuestros hijos, desde las edades
más jóvenes de lo que usted piensa. Es nuestro trabajo colocar el sexo en el
contexto adecuado, proporcionar a nuestros hijos de una visión centrada en
Dios de sí mismos y de lo que el sexo fue creado que fuese. Si no
enseñamos a nuestros hijos sobre el sexo, un montón de otras personas con
un conjunto completamente diferente de valores y una cosmovisión opuesta
estarán encantados de poder hacer el trabajo.

Hablar de sexualidad
Cuando se habla con adolescentes y jóvenes del sexo, es comúnmente
lo seleccionado para considerar porque al preguntar sobre lo que ellos han
aprendido sobre el sexo de sus padres. Casi unánimemente, responden que
no han aprendido nada de este asunto de sus padres, por lo menos no
directamente. Se quejan de que el término "sexo” no se trata en su hogar
como si fuera un tabú o una cualidad desconocida.
Aunque este ha sido el caso casi universalmente, hay que reconocer que
no existe una necesidad más urgente entre nuestros hijos que la de tener
una perspectiva al respecto que sea sana y bíblica. Las presiones y
tentaciones que la juventud experimenta a diario, provenientes del sexo,
especialmente en sus múltiples formas profanas (cine, televisión, Internet,
periódicos, revistas), deben alarmar lo suficientemente para que actuemos a
fin de contrarrestarlas con más información adecuada. En una sociedad
saturada de sexo, no debemos permanecer ciegos ante la huella que este
fenómeno está dejando en la vida impresionable de nuestros hijos.

Hay varias razones por las que muchos padres se niegan a entrar en el
tema:
1. Ellos mismos nunca recibieron educación sexual, por lo tanto, no
pueden enseñar a sus hijos.
2. Se avergüenzan y no pueden hablar con confianza ni naturalmente del
asunto.
3. Sus propias frustraciones en sus relaciones sexuales inhiben una
conversación con sus hijos.
4. Simplemente no han mantenido una buena relación de clara y abierta
comunicación con sus hijos para poder entrar en este tema que
muchos consideran algo delicado.
A veces el sentido de vergüenza tiene su origen en algunas experiencias
de la niñez, o en que los padres le habían enseñado que el sexo es sucio o,
por lo menos algo que no se considera digno para la conversación de los
cristianos. Otros padres se han preparado con una buena educación sexual
por medio de lecturas adecuadas; sin embargo, se encuentran "mudos"
cuando tratan de iniciar una conversación sobre el sexo con sus propios
hijos. Tal inhibición pue provenir del miedo de que el hijo le pregunté algo
que no puede contestar; puede ser que tema que su hijo adolescente no
querrá responderle como el padre espera; puede revelar su crianza y las
solicitudes que aprendió de la palabra y el ejemplo de sus padres; o debe ser
la consecuencia de su estilo de personalidad.
Puesto que muchos padres se sienten incapaces de enseñar a sus hijos
en cuanto al sexo, esperan que la escuela pública lo haga. Sin embargo, lo
que se presenta en el departamento de biología acerca de la fisiología, la
anatomía y las funciones humanas en la reproducción no satisface la
necesidad del niño ni del adolescente en cuanto a la educación sexual. Es en
el hogar donde el hijo debe recibir una instrucción consciente sobre sus
relaciones personales, un vocabulario decente, la moralidad, la cortesía, el
respeto para el sexo opuesto, entre otros, porque todo esto forma par te de la
educación sexual.
La fe cristiana en su expresión más amplia debe ayudamos a descubrir
cómo vivir abundantemente, encontrando en Cristo los recursos para
relacionamos felizmente, sabiendo cómo amar y perdonar (Col. 3:12-15).
Estas experiencias cristianas tienen su mejor campo de acción en el hogar
con su propia familia, y también son parte de la educación sexual.

Educación Sexual
El sexo, o, mejor dicho, la sexualidad; es más que la reproducción
humana; incluye los roles y las acciones. El sexo no es algo que tenemos, es
algo que somos. Como nuestra persona y personalidad. La educación sexual
va mas allá de impartir los datos y detalles de la reproducción. Hay que
orientar a los hijos sobre las actitudes correctas hacia el aspecto sexual de la
vida. Incluye los roles de varón y mujer, y las maneras de relacionarse. La
educación sexual tiene que ver con los valores morales, lo que debemos
entender y hacer, especialmente en las relaciones personales con aquellos
del sexo opuesto.
Aunque reconocemos que casi todos nos sentimos limitados para
enseñar a los nuestros sobres muchos de los aspectos de la sexualidad,
debemos intentar hacer lo que podamos y pedir de Dios la sabiduría para
aplicar nuestra
fe cristiana a esta área de la vida (Santiago 1:5). Una cosa es cierta, como
padres somos responsables por la buena educación de nuestros hijos hasta
donde sea posible dentro de nuestros límites.
¿Cuándo se debe comenzar la educación sexual?
Se comienza a educar sexualmente a los hijos aun desde que nacen. La
antesala de la experiencia educativa es la actitud de los padres, el uno hacia
el otro, y de los dos hacia su futuro vástago. La predisposición, el amor y la
comprensión expresados por la pareja crean un ambiente propicio para que
el infante reciba lo primordial en su desarrollo: el sentido de seguridad.

Luego, la educación sexual sigue por las expresiones de afecto, cuidado,


alimentación y juego que permiten que el niño aprenda por los sentidos
naturales. Además, la alimentación natural por parte de la madre y el tomarle
en los brazos provee al niño una constante dosis de cuidado y atención.
Todo esto es lo que Samuel Vila llama el "preludio de la educación sexual",
que él dice servirá más tarde "como base para que el pequeño pueda captar
y comprender mejor lo que es el amor y la confianza en los demás".
Mientras que todavía es niño comienza a descubrirse tocando las varias
partes de su cuerpo. Lo más natural es que tome y juegue con su pene o
vagina. Esto no es una señal de que sea depravado, sino de que está
aprendiendo por experimentar. Forma parte de la formación mental del niño,
la experimentación es uno de los métodos principales por el cual el niño
aprende durante la niñez. Esto no es para asustarse y creer que el niño
desea experimentar hasta “lo último" del sexo, sino que el niño busca
simplemente satisfacer su curiosidad, de la cual normalmente tiene bastante,
sin embargo,
si los padres no conducen al niño a llenar su mente de cosas de la verdad,
se ha comprobado que el niño sí tiende a entregarse a la "experimentación"
para descubrir por sí mismo la razón de las cosas. Es la ignorancia, no la
buena y sana información, la que impulsa al niño a hacer lo indebido.
Volviendo a la infancia y temprana niñez, de dos a seis años, se nota que
el niño aprende por lo que ve. Así es como gana la comprensión. No aprende
solo por nuestras palabras. Es completamente normal que desee saber si
todos los niños y las niñas son iguales, él o ella. Cuando haya un infante en
casa, o cuando visita a otra familia, y vea el cuerpecito del chiquito
probablemente dirá: "Mira, mamá, tiene pene", o "Mira, no tiene pene". No se
asuste, no se enoje. Muchas veces es suficiente responderle con sus
mismas palabras, pero siempre debe ser con un tono natural de la voz.
James Hymes indica que es especialmente importante para las niñas saber
que no son deformes porque no tienen pene. Él dice que el explicarles que
solo los varones los tienen y que todas las niñas tienen vagina puede traerles
una gran paz mental.
El niño preescolar tiende a hacer muchas preguntas. Debemos
interpretarlas como expresiones de curiosidad, no que esté buscando
información que como niño no le corresponde. La curiosidad es natural y nos
presenta oportunidades para guiar la mente inquisitiva niño hacia actitudes
sanas de su propia sexualidad y la de otros. Como padres, hay que recordar
que el niño no tiene una capacidad adulta de comprender ni de retener las
cosas que se le explican, especialmente los detalles comentados
anteriormente. No debemos cansarnos de explicarle las cosas o de contestar
sus repetidas preguntas. La comprensión viene poco a poco al niño. Este es
el caso, especialmente, en la enseñanza de los valores, porque hay que
interpretar, evaluar para el niño menor de diez años (aproximadamente), lo
cual él no es capaz de hacer por sí mismo.
Además, hace bien aprovechar el bañarle para enseñarle los nombres
correctos de las partes del cuerpo, aunque no sería malo explicarle que otros
usan nombres diferentes y populares, dando su significado en relación al
nombre correcto . Estamos considerando la pregunta de cuándo comenzar la
educación sexual del niño, y hemos notado que la actitud del niño hacia la
sexualidad es tan importante como su necesidad de recibir información
específica. Pero la información directa es necesaria. ¿Cuándo debemos
iniciar aquellas conversaciones? La verdad es que las preguntas naturales
que hacen los chicos indican la ocasión más exacta. Pero hay que recordar
no darles respuestas adultas a sus preguntas de niños. Las respuestas
sencillas normalmente satisfacen al niño. Así la educación sexual es algo
gradual, y a la velocidad del interés y capacidad del niño.

¿Cómo debemos presentar la educación sexual?


Los padres enseñan a los hijos constantemente, consciente o
inconscientemente, porque les sirven de modelo. Se destacan algunos
ámbitos:
1. Por nuestro ejemplo
Un ejemplo sano sobre el sexo abarca por lo menos cuatro aspectos:
reverencia, amor, respeto (confianza) y aceptación.
Mostrar reverencia acerca del sexo quiere decir que haya un sentido de
profundo aprecio y respeto por lo que Dios ha creado y un reconocimiento,
que también ha hecho a los padres copartícipes con él en aquella creación,
dándoles la capacidad de engendrar hijos. De modo que se refleja un respeto
por el cuerpo como una maravillosa dádiva de Dios, y que ser padres es un
gran privilegio otorgado por nadie más que Dios mismo.
El segundo aspecto de un ejemplo sano es el de la demostración del
amor. El niño aprende a dar afecto al recibirlo de sus padres. Mientras el
niño reciba cariño y atención de los padres, está ganando la seguridad que
necesita para formar profundas relaciones con otros. El ejemplo del amor
demostrado entre la pareja es también un maestro supremo ante los hijos.
Los besos, hechos de cariño y la cortesía comunican volúmenes de
educación sexual al niño que los observa en acción. Él aprende que el amor
es algo que implica gentileza, algo
agradable y algo que debe demostrarse constantemente.
Un tercer aspecto del ejemplo de los padres en la educación sexual de
sus hijos es el del respeto que se demuestre el uno hacia el otro y hacia los
mismos hijos. Este respeto debe incluir una confianza creciente en los hijos.
Si queremos que los hijos nos respeten hay que respetarlos primero;
difícilmente sabrán hacerlo si no se lo hemos demostrado. Esto incluye tocar
la puerta de su habitación antes entrar, pedirles "permiso" cuando queramos
interrumpir una conversación de ellos o con sus amigos, y corregir a cada
hijo aparte, no delante de otros niños o en público. Este respeto comunica al
hijo valorización que le dice que lo apreciamos y que creemos en ellos. Es
parte de la formación de un hijo maduro y contribuye a su formación moral,
porque la madurez y la moralidad se basan en que se internalicen las normas
en vez de solamente conformarse las expresiones externas que otros les
dan. El respeto sirve como un fundamento sabio en el niño, pero hay que
ampliarlo mostrándole confianza a medida que se acerca más a la
adolescencia. Darle responsabilidades ayuda al niño o al joven a sentir que
le respetamos y que confiamos en él, especialmente cuando recordamos
felicitarle por algo bien hecho.
En cuarto lugar, debemos ejemplificar la aceptación tanto de los roles
como de las funciones del sexo. Los varones necesitan saber que los
aceptamos con contentamiento porque son varones y las niñas deben saber
lo mismo en cuanto a su sexo. A veces los padres cometen el error de decirle
al niño: "Bueno, hijito, en realidad queríamos una niña esta vez, pero te
amamos de todos modos ". Esto confunde al niño en cuanto al rol que los
padres desean que él desempeñe.
Un problema más grande puede ser la comunicación de nuestra actitud
hacia la función del sexo. Si llevamos una vida de frustración en lo sexual o
si creemos que es algo sucio, difícilmente podemos afirmar la sexualidad
como un regalo de Dios. En tales casos se precisa buscar a su pastor para
que le oriente y le recomiende algunas lecturas saludables tanto para los
padres como para los hijos.

2. Por la buena comunicación


La comunicación tiene dos formas: verbal y no verbal. La primera pauta
en toda buena comunicación es saber escuchar. No hay nada que infunda un
sentido de aprecio en el niño que la atención que le demos a sus preguntas e
inquietudes. Por otro lado, a veces requiere bastante paciencia de nuestra
parte. Pero, hay que recordar que aun cuando no sepamos cómo
responderle al hijo, el hecho de ser escuchado y mostrado simpatía
(compadecerse con él) es más importante que la información que le
pudiéramos impartir de modo que aunque no sepamos qué decirle, podemos
ayudarle simplemente prestándole "nuestros oídos".
Otro paso básico en la buena comunicación es establecer directrices que
le sirvan en todo momento para dirigirse a los niños en esta materia del sexo:
sinceridad, honestidad y sencillez. El principio es fácil: conteste al niño
siempre sincera, honesta y sencillamente. Si su niño de cinco años pregunta:
"¿De dónde vienen los niños?", contéstele con: "Ellos crecen dentro de sus
madres". Así, nada más por el momento. Con esto él normalmente se
satisface. Si contestamos sus preguntas con calma y sin complicaciones,
probablemente volverá para interrogamos sobre alguna cosa más. Lo
interesante es que las preguntas del niño sobre el sexo no tienen más valor
para él que las que hace sobre el automóvil y cómo este funciona o cómo los
árboles crecen.
A veces tenemos que pedirle al niño que aclare su pregunta. Otras veces
hay que aclarar los conceptos equivocados de los niños. Sin embargo, los
niños pueden hacer preguntas serias y profundas. Las más delicadas tienen
que ver con la parte del padre en procreación. En este caso, como en los
demás, seamos sinceros, honestos y sencillos en nuestras respuestas.
Sin embargo, una cuarta pauta servirá bien para complementar nuestras
explicaciones: es aprovechar las experiencias en la naturaleza y el compartir
lecturas al respecto. Muchas veces, viendo unos animales en el acto de
copulación se pueden hacer ciertas observaciones sencillas. Lo importante
es que el niño experimente nuestra compañía en ayudarle a buscar las
razones de uno de los misterios de la vida: su origen, su causa y la parte que
los padres tienen en ello.

¿Qué debemos enseñar en la educación sexual?


Hace bien que uno estudie las etapas de desarrollo del niño y de la
preadolescencia para poder dar una educación sexual que sea adecuada en
el momento preciso. Ahora bien, el "qué" de la educación sexual abarca por
lo menos aspectos: lo físico y lo moral. Hemos sugerido usar con los niños
nombres correctos para los diferentes órganos del cuerpo (pene, vagina,
ano, etc.) Además de los nombres de los órganos, necesitamos enseñarle la
higiene y su porqué. El aseo personal elimina olores desagradables y
mantiene el cuerpo sano y presentable.

Cuando el niño se está acercando a la pubertad, precisa de más


formación sobre su propio desarrollo físico. Debemos asegurarle que no
cabe un sentido de culpa porque esté cambiando su forma y tamaño, o
porque tiene acné, o que ha comenzado la menstruación ocurrido algunos
sueños mojados (o emisiones nocturnas).
Además de los datos, se requiere que el niño reciba instrucción moral y
espiritual por la cual él pueda discernir lo bueno y lo malo, lo agradable y lo
despreciable, lo que edifica y lo que frustra la buena marcha de la vida
cristiana, incluyendo orientaciones sobre la pornografía, la homosexualidad,
la infidelidad, etc. Un concepto moral del sexo comienza con una actitud
sana hacia el mismo sexo. Es muy importante que el niño comprenda que
Dios le ha hecho una persona sexual (Gén. 1:27) y que Dios tiene propósitos
muy positivos al haberlo creado de esta manera. El sexo es la manera más
profunda por la cual pueden conocerse personas de ambos sexos, y esto se
logra, como Dios quiere, solamente en la entrega de la pareja en el
matrimonio. Además, es el medio que Dios ha provisto para la procreación
de los hijos.
Esta actitud positiva hacia el sexo presenta la verdad bíblica de que el
sexo, usado como Dios lo ha diseñado, resulta en suma felicidad y en un
sentido de alto cumplimiento (Efe. 5:21-33; 1 Tim. 4:4).
Un segundo paso en el desarrollo moral en la educación sexual del niño
se logra ayudándole a aceptarse tal como él es. La madurez del niño, en
parte, se basa en esta aceptación. Cuando un padre demuestra preferencia
por los niños de uno u otro sexo, está atacando la fibra moral de los hijos de
sexo opuesto y creando sentido de frustración e inseguridad en ellos. El niño
precisa de una aceptación de que ser varón o ser muchacha es bueno (Gén.
1:27; 1 Tim 4:4), porque Dios los creó así.
En tercer lugar, la educación sexual en el hogar cristiano debe proveer
oportunidades de establecer relaciones significativas satisfactorias. Los
fundamentos de las amistades se reflejan en su selección y relación con su
futuro cónyuge. Hay que comprender que toda persona es única y cada una
merece respeto, sea el padre, la maestra, el amiguito o la hermanita. Son
para ser amados tal como son. No son objetos para ser manipulados y
usados como uno quiera. Este aprecio y respeto hacia otras personas tiene
una incomparable trascendencia cuando los niños lleguen a la adolescencia
y juventud, y es claramente aplicable al matrimonio.
El doctor Hollis sugiere que eduquemos a los hijos basados en principios
distintivamente cristianos en vez de por miedo. Los conceptos bíblicos más
efectivos que podemos infundir en los muchachos y muchachas son los de la
mayordomía, la disciplina y el amor.
La mayordomía es una conciencia de responsabilidad ante Dios, el
creador de nuestros cuerpos. Así tenemos un sentido de que Dios nos lo ha
provisto y no debemos maltratar ni el nuestro ni el de otro. También, nos ha
dado el cuerpo para un uso bueno, y esto produce alegría y hace surgir en
nosotros un agradecimiento a Dios.

CONCLUSION

Tan cierto que hay una escasez de enseñanza sobre la educación sexual
en los hogares, tanto en los cristianos como en los que no lo son, es
igualmente cierto que sí hay padres que desean guiar a sus hijos (as) en esta
materia importante y frustrante. Sin embargo, la mayoría no se siente capaz
de educar debidamente a los suyos en cuanto al sexo.
Además, los padres no deben creer que el no hablar del sexo hará
desaparecer el problema. Subconscientemente aquello puede ser lo que
algunos padres esperan, pero esperan en vano. Lo que hace falta a aquellos
padres que tienen sentimientos de inseguridad en cuanto a la educación
sexual de sus hijos es recibir una buena aclaración y definición de lo que se
contempla por aquella educación.
Por último, el hogar cristiano debe ayudar al niño a desarrollar su propio
sistema de valores. Parte de un sistema de valores aceptable son las ideas
expuestas hasta este punto sobre qué enseñarles a los hijos en cuanto a la
educación sexual.
Concluimos hablando de la formación de un sistema cristiano de valores
en nuestros hijos mediante la glorificación de nuestro Señor por habernos
dado una fe práctica y aplicable a la vida. Dos ejemplos de pasajes bíblicos
que merecen nuestro estudio y práctica son Filipenses 1:9-11 y Colosenses
1:9-14. Ambos pasajes exaltan los recursos proporcionados por Cristo en
nuestra vida: el amor, el conocimiento, el discernimiento , el crecimiento en
madurez, la fortaleza, la firmeza , la potencia de la gloria de Dios, la libertad
del pecado y la redención (limpieza y frescura) por la sangre de Cristo
mismo. Todas estas cualidades están en continua función en la vida de la
persona que recibe a Cristo.

También podría gustarte