LA LITERATURA HISPANOAMERICANA CONTEMPORÁNEA: POESÍA AMERICANA DESPUÉS DE LAS
VANGUARDIAS, LA NOVELA REGIONALISTA, LA NOVELA DEL BOOM, LA NARRATIVA POSTERIOR
AL BOOM
El estudio de la poesía hispanoamericana del siglo XX conduce a tres figuras fundamentales: César Vallejo,
Pablo Neruda y Octavio Paz. César Vallejo muestra como nadie la evolución de la poesía de
Hispanoamérica. Su obra Los heraldos negros hereda la ornamentación modernista. Con Trilce, título
relacionado con el surrealismo por los recursos empleados, rompe las tradiciones literarias, pero, a diferencia
de otros vanguardistas, la poesía de Vallejo no está deshumanizada. Su última poesía, recogida en Poemas
humanos, se solidariza con el oprimido. Pablo Neruda comienza la senda modernista (Crepusculario) para
seguir con una poesía personal que expresa amargura (Veinte poemas de amor y una canción desesperada).
Residencia en la tierra, de difícil interpretación, representa la cumbre de su poesía. España en el corazón
muestra el despertar de la conciencia política del poeta, mientras que en Odas elementales apuesta por llegar
a los hombres sencillos. A Octavio Paz se le considera el mejor teórico hispanoamericano del surrealismo.
Para él, el surrealismo es una visión del mundo, que puede transformar la realidad a través del amor y la
literatura (¿Águila o sol?). Su toma de contacto con el pensamiento oriental supuso una concepción de la
poesía como un arte de plenitud (Ladera este). Poetisas como la Nobel Gabriela Mistral, Alfonsina Storni
o Delmira Agustini adquieren un papel relevante. Más recientemente hay que resaltar, entre otros mucho, a
Nicanor Parra, Ernesto Cardenal, Mario Benedetti o Álvaro Mutis.
A comienzos del siglo XX se desarrolla con fuerza la denominada novela regionalista, que presenta distintas
vertientes. La novela de la revolución se sustenta sobre los acontecimientos vinculados a la revolución
mejicana. Se trata de una novela fatalista, en la que el título más importante es Los de abajo, de Mariano
Azuela. En la novela del gaucho destaca Ricardo Güiraldes con Don Segundo Sombra, en la que la
realidad de la vida del gaucho argentino se convierte en una nostálgica rememoración. La novela de la selva
se centra en el concepto de una naturaleza cruel y devoradora que sobrepasa a los hombres. La Vorágine, de
José Eustasio Rivera, es la máxima expresión de esta novela. Finalmente, la novela indigenista denuncia la
situación del indio despojado de sus tierras. Se inicia con Raza de bronce, de Alcides Arguedas.
A partir de los años 40 llegarán a la narrativa hispanoamericana aires de renovación que encontrarán su punto
culminante cuando los autores, sin prescindir de los temas anteriores ni de su enfoque realista, modifiquen la
realidad para impregnarla de magia y maravilla, dando lugar al realismo mágico. Así, se llega al periodo del
boom de la narrativa hispanoamericana, que implicó la internacionalización de sus autores y una renovación
de la misma. Algunas de sus innovaciones fueron, entre otras, la alternancia de personas narrativas, el
desorden cronológico y la multiplicación de los puntos de vista, el monólogo interior o el solapamiento de
diálogos.
La prosa de Jorge Luis Borges (Ficciones y El Aleph) esconde un universo de pesadilla donde las metáforas
son recurrentes. Juan Carlos Onetti presenta un mundo narrativo gris (El pozo). Ernesto Sábato (El túnel)
explora la oscuridad del alma humana y el mundo. Alejo Carpentier (El reino de este mundo) narra
acontecimientos históricos que suponen el proyecto novelístico más influyente de la narrativa
hispanoamericana. Miguel Ángel Asturias (El señor presidente) inicia la novela de dictadores. Con Pedro
Páramo, Juan Rulfo recrea un universo angustioso donde lo real y sobrenatural se entremezclan. José
Lezama Lima obtiene un éxito fulminante con Paradiso. Rayuela, de Julio Cortázar, encarna el afán
experimental del boom. Carlos Fuentes, por su parte, (La región más transparente) se decanta por los
problemas sociales y políticos. Cuando Gabriel García Márquez publica Cien años de soledad se produce
un antes y un después en la narrativa hispanoamericana. En sus novelas anteriores (La hojarasca) se
encuentra el germen del mítico espacio de Macondo. La obra es a la vez fábula y mito, historia de la familia
Buendía y parábola del género humano. Junto con García Márquez, Mario Vargas Llosa (La ciudad y los
perros) es el otro gran impulsor del boom y el que ha introducido las más variadas innovaciones formales en
su narrativa.
Tras el boom, la narrativa hispanoamericana se ha caracterizado por la variedad de géneros y la irrupción de
nuevos autores como Manuel Puig (Boquitas pintadas), Jorge Edwards (Las máscaras), Alfredo Bryce
Echenique (Un mundo para Julius), Isabel Allende (La casa de los espíritus) o Roberto Bolaños (Los
detectives salvajes).