XKOKOLCHE (FABULA)
Habitaban en el Mayab (la zona de Yucatán) numerosas aves de hermoso plumaje. Otras,
sin embargo, eran grises y algo más ‘feas’.
Algunas eran ricas y vivían con muchos lujos. Otras sin embargo, eran pobres y tenían que
trabajar para las más pudientes. Es lo que le sucedía a la xkokolché.
La xkokolché era un pájaro pequeño y de plumas de un gris cenizo un tanto ‘tristón’. Era
pobre y buscaba en la Mayeb trabajo.
Un día llamó a la casa de una familia de pájaros muy adinerados y al ver el aspecto de la
xkokolché, les dio pena. Así que decidieron contratarla de criada, con la condición de que
jamás se cruzara con su hija, la chacdzidzib, o ‘pájaro cardenal’, un ave hermoso pero muy
vanidoso. Y la xkokolché tuvo que vivir en la cocina, en un lugar oscuro y apartado de
todos.
Las clases de canto
La hija Cardenal era muy caprichosa y un día, escuchando el canto de los pájaros, decidió
que quería aprender a cantar tan bien como ellos.
Su padre contrató al mejor maestro de canto, el pájaro Clarín. Y la verdad es que era un
buen maestro y cantaba muy bien, pero la Cardenal era bastante torpe como estudiante y
no era capaz de repetir las notas que su maestro le enseñaba. Más bien se pasaba las
horas mirándose al espejo en lugar de atender la lección.
Sin embargo, bajo su habitación, escondida, la xkokolché escuchaba muy atenta. ¡Por fin
algo interesante que hacer en medio de su soledad! Y cuando el maestro se iba, repetía
con soltura las notas musicales, una y otra vez, hasta conseguir la perfección.
Llegó el día en el que Cardenal, desesperada por no conseguir cantar como quería, dijo a
su padre que abandonaba las lecciones. Su voz ronca y áspera sonaba realmente muy
desagradable… así que el pájaro Clarín dejó de visitar a la rica familia.
El hermoso canto de xkokolché
La xkokolché entristeció un poco. ¡Las lecciones del pájaro Clarín era lo mejor que tenía!
Pero con todo lo aprendido hasta entonces, comenzó a inventarse sus propias canciones.
Siempre por las noches. Los pájaros nocturnos escucharon atónitos y comenzaron a
difundir la noticia de que en las noches un misterioso pájaro cantaba con una voz tan dulce
que hasta conseguía hechizarlos.
Esto llegó a oídos del cenzontle, que era un pájaro muyyy curioso. Decidió encontrar a
aquel ave misteriosa y recorrió muchos rincones del Mayeb sin éxito. ¡No conseguía
encontrarla!
Pero un día, el cenzontle fue invitado por la familia del pájaro Cardenal a una cena y ese
mismo día, ya cuando salía de allí para su casa, escuchó de pronto el melodioso canto.
El descubrimiento del cenzontle
Atraído por las dulces notas, regresó a la casa de la familia del pájaro Cardenal y al fin
encontró en la cocina lo que buscaba.
Realmente su aspecto no es el que imaginaba, pero su voz… ¡era tan hermosa!
Convenció a la xkokolché para irse con él y al día siguiente le presentó ante el resto de
aves.
Todos quedaron maravillados ante aquel canto y decidieron que debía quedarse con ellos.
La xkokolché fue muy bien acogida por todos y desde entonces su trabajo es regalar su
canto al resto de pájaros. Bueno, a casi todos. El único que se escondía cada vez que ésta
cantaba era el Cardenal, cuyos celos le llevaban a sufrir cada vez que la escuchaba.
La ileada
la obra comienza narrando la cólera de Aquiles, uno de los héroes griegos que se niega a
luchar porque Agamenón ha decidido quedarse con Briseida, la esclava favorita del
guerrero más célebre de las polis, que únicamente busca reconocimiento y ser leyenda.
Al no luchar Aquiles, las tropas troyanas están venciendo la guerra y expulsando a los
griegos hacia la playa, a quienes cada vez les dejan menos terreno. En esas
circunstancias, Patroclo, íntimo amigo del héroe griego, decide usar la armadura y armas
de Aquiles para lanzarse a la batalla, ya que sufre al ver cómo su pueblo pierde la guerra y
su preciado compañero no hace nada para solventar la situación.
Por desgracia, Patroclo, ducho en la guerra, se enfrenta a Héctor, uno de los hijos del rey
Príamo, y el mejor de ellos en la batalla, quien a la postre, acaba por darle muerte
pensando que se enfrentaba a Aquiles. El guerrero griego, al saber de la desgracia de
Patroclo, entra en cólera y decide volver a la lucha. Además, el hecho de que los troyanos
no le concedan el cuerpo de su amigo para enterrarlo en paz le hace enfadar más todavía.
En esta tesitura, Aquiles acaba por localizar a Héctor, con quien tiene una dura batalla,
pero termina por dar muerte al héroe troyano. Así pues, en venganza, ata el cuerpo
fenecido de su rival a su carro y lo arrastra por la playa de Ilión en señal de humillación.
Mientras tanto, Príamo, desolado por la muerte de su querido hijo, decide una noche
acercarse a hurtadillas hasta la tienda de Aquiles en el campamento griego para pedirle
que le dé el cuerpo de su hijo de forma que pueda enterrarlo dignamente.
Aquiles, ante las palabras de amor y desolación del rey Príamo, le concede tal honor para
que pueda enterrar el cuerpo de su hijo dignamente y con los honores que merece como
héroe real troyano.
CANTAR DE ROLDÁN
Canto 21- 40 (XXI- XL)
REY CARLOMAGNO: Emperador de Francia, anciano sabio. Gobernante de
cristiandad y francos.
ROLDÁN: Sobrino de Carlomagno. Alocado e imprudente.
OLIVIER: Mejor amigo de Roldán y hermano del prometido de este.
TURPÍN EL ARZOBISPO: Arzobispo de Reims, da perdón a Olivier por pecados
cometidos.
GANELÓN: Padrastro de Roldán. Está casado con la hermana del rey Carlo
Magno.
Carlomagno está rodeado siempre por doce compañeros. Estos son Roldán,
Olivier, Gerin, Gerier, Berenger, Oton, Sansón, Anseis, Ivoire e Ivon.
BALIGÁN: Es un gobernante muy astuto y leal, donde también resalta la soberbia
al gobernar.
Carlomagno conquistó toda España excepto Zaragoza, donde gobierna el rey
Marsil. Este le ofrece riquezas a Carlomagno, pero Roldán, su sobrino lo rechaza.
Pero Ganelón dice que hay que aceptar y decide mandar un embajador a
Zaragoza. Roldán propone mandar a Ganelón.
Ganelón es padrastro de Roldán y es nominado por este para ir al reino de
Zaragoza y hablar con el rey Marsil para cumplir los deseos de Carlomagno. Pero
esta empresa lo hace enojar y pone angustioso, debido al peligro que representa,
por lo que quiere vengarse de su hijastro después. Ante la inminencia de su
misión, y resignado al peligro que esto significa, deja en herencia sus tierras y
feudos a su hijo Balduino. Pidiendo además al rey, que viene a ser su cuñado, que
lo proteja. Recibe de las manos del rey el guante y bastón. Ante esto, Ganelón
sigue fastidiado y promete vengarse de Roldán, Oliveros y sus doce
acompañantes. Al recibir el guante, este se le cae y los franceses que observan el
acto vaticinan malos augurios. Finalmente pide bendición al rey, y este lo marca
con la señal de la cruz, absuelve con mano derecha y entrega una misiva. Ya en
su campamento, Ganelón se prepara, vistiendo con espuela de oro y ciñéndose su
espada Murgles. Monta en su corcel Techebrún, ayudado por su tío Guinemer,
mientras muchos caballeros lloraban y se lamentaban la elección de Roldán.
Piden que los lleven con él, pero Ganelón se resiste. Y solo pide que cuiden de su
hijo y esposa. Después cabalga hasta llegar con los mensajeros sarracenos, para
conversar con Blancandrín, quien le expresa su admiración hacia el rey Carlos y a
los francos. Pero critica la mala influencia que ejercen los duques y condes para
con el rey. Ganalón afirma que Roldán es el único que merece esa crítica y que
estaría dispuesto a gozar y celebrar con quien lo mate. Después los dos empiezan
a despotricar de Roldán, hablando sobre su ambición de querer apoderarse de
todas las tierras y que los franceses son quienes lo apoyan ya que Roldán les da
dinero y armamento. Y así cabalgaron hasta hacerse la promesa de matar a
Roldán. Finalmente llegan a Zaragoza y se acercan al rey, rodeado de 20 mil
sarracenos. Blancandrín presenta a Ganelón y le dice que él es el elegido para dar
la respuesta del rey Carlos antes la propuesta de si tendrán guerra o paz. El conde
Ganelón dice que deben recibir la santa fe cristiana para que el rey les entregue la
mitad de España. Y sino, se le tomará cautivo y se le dará una muerte vil y
ultrajante. El rey Marsil monta en cólera y tiene ganas de herir. Ante esto, Ganelón
hace el ademán de desenvainar su espada y lanza unas palabras de amenaza. Al
ver esto, los sarracenos piden calma. Después, Ganelón avanza hacia el rey y
repite el mensaje, añadiendo ahora a Roldán, y entrega la misiva que le fue
conferida a las manos del rey Marsil. En la carta se le recuerda el dolor que sintió
el rey Carlos cuando cortó la cabeza de Basan y su hermano Basilio, en montes
de Altamira. Y agrega que si quiere su perdón, deberá enviar a su tío, el califa,
para gozar de su favor. Ante esto toma palabra el hijo de Marsil y pide que se le
entregue a Ganelón para ajusticiarlo. Ganelón al escuchar esto, blande su espada
y corre hacia un pino. Después se retiran hacia el vergel, una especie de jardín,
junto con Blancandrín, Jurfaret, hijo y heredero, y califa, el tío. Blancandrín
propone llamar al francés, ya que ha jurado servirlos. Y, trayendo a Ganelón ante
el rey, concertan la traición. El rey marsil ofrece en prenda una piel de marta de
cebellina y ofrece una buena multa para el día siguiente. Además, el rey Marsil le
pide que le hable del rey CarloMagno, con la intención de sacarle información.
Ganelón alaba el valor y la importancia de Carlomagno y dice que no puede
traicionar a su barones.
En lo alto de la abrupta serranía
Acampado, se encontraba un regimiento
Y una moza, que valiente los seguía
Locamente enamorada del sargento
Popular entre la tropa, era Adelita
La mujer que el sargento idolatraba
Porque, a más de ser valiente, era bonita
Y hasta el mismo coronel la respetaba
Pues sabía que decía
Aquel que tanto la quería
Adelita, se llama la joven
A quien yo quiero y no puedo olvidar
En el mundo, yo tengo una rosa
Que, con el tiempo, la voy a cortar
Si Adelita quisiera ser mi novia
Y si Adelita fuera mi mujer
Le compraría un vestido de seda
Para llevarla a bailar al cuartel
Una noche en que la escolta regresaba
Conduciendo entre sus filas al sargento
En la voz de una mujer que sollozaba
La plegaria se escuchó en el campamento
Al oírla, el sargento temeroso
De perder para siempre a su adorada
Ocultando su emoción bajo el embozo
A su amada le cantó de esta manera
Y se oía que decía
Aquel que tanto la quería
Si Adelita se fuera con otro
Le seguiría la huella sin cesar
Si por mar, en un buque de guerra
Si por tierra, en un tren militar
Soy soldado y la patria me llama
A los campos que vaya a pelear
Adelita, Adelita de mi alma
No me vayas, por Dios, a olvidar
Y después que terminó una cruel batalla
Y la tropa abandonó su campamento
Por las bajas que causara la metralla
Muy diezmado, regresaba el regimiento
El sargento recordando los quereres
Los soldados que volvían de la guerra
Recriéndoles su amor a otras mujeres
Entonaban este himno de la guerra
Y se oía que decía
Aquel que tanto la quería
Y si acaso yo muero en campaña
Y mi cadáver, en el campo, va a quedar
Adelita, por Dios, te lo ruego
Que, con tus ojos, me vayas a llorar
Toca el clarín de campaña a la guerra
Salga el valiente guerrero a pelear
Correrán los arroyos de sangre
Que gobierne un tirano jamás
Que si Adelita quisiera ser mi novia
Y si Adelita fuera mi mujer
Le compraría un vestido de seda
Para llevarla a bailar al cuartel