Fallo
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Reg. n° 1653/2024
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LUIS PÉREZ Y ARANDA, de las demás condiciones personales
obrantes en autos y en esta causa n° 6410/6486, a la pena de DIEZ
AÑOS DE PRISIÓN, multa de 45 unidades fijas, accesorias legales y
costas, por encontrarlo instigador del delito de homicidio simple, en
grado de tentativa, perpetrado por Martín Esteban Flores, en perjuicio
de Axel Eduardo Muñoz, en concurso real con el delito de
comercialización de estupefacientes, en grado de tentativa, en calidad de
autor (arts. 5, 12, 29 inc. 3°, 40, 41, 42, 44, 45, 55 y 79 del C.P. y art. 5
inc. `c´ de la ley 23.737)”.
II. Contra esa sentencia, los imputados interpusieron recursos de
casación in pauperis, que fueron fundamentados por sus asistencias
técnicas, concedidos por el a quo, mantenidos ante esta instancia y a los
que la Sala de Turno de esta Cámara les otorgó el trámite previsto en el
art. 465 del Código Procesal Penal de la Nación.
III. En el término de oficina, contemplado en los arts. 465, cuarto
párrafo, y 466 del Código Procesal Penal de la Nación, la defensa oficial
que asiste técnicamente a José Luis Pérez y Aranda, presentó un escrito
en el que amplió sus fundamentos.
IV. Superada la etapa contemplada en el art. 465 citado, quinto
párrafo, del código adjetivo, y tras la deliberación, se arribó a un acuerdo
en los términos que seguidamente se pasan a exponer.
Y CONSIDERANDO:
El juez Pablo Jantus dijo:
I. El Tribunal de juicio tuvo por probado que “el día 22 de abril de
2019 siendo aproximadamente a las 22.30 horas, Martín Flores disparó el arma de
fuego que portaba, desde la puerta de su domicilio, en al menos cuatro oportunidades
hacia el automóvil conducido por Axel Muñoz, un Volkswagen Voyage dominio
JZV619, en el que asimismo se encontraban su hermano Julio César Abarca
Muñoz tripulando la parte trasera, y su primo Carlos Andrés William Navarro, en
el asiento del acompañante.
De los disparos efectuados, al menos tres, impactaron en el vehículo el que se
hallaba en movimiento, siendo que uno de los proyectiles fue a dar en el cuerpo de
Carlos Andrés Williams Navarro más específicamente en su cabeza, hallándose éste
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sentado en la parte delantera, mas, con el asiento reclinado hacia atrás, mientras
operaba su teléfono celular, herida que ocasionó su fallecimiento el día 26 de abril de
2019 aproximadamente a las 5.57 en el Hospital General de Agudos Dr.
Francisco Santojanni, producto de la lesión de dicho proyectil que le causara una
hemorragia cerebral.
Se halla asimismo acreditado con total certeza que José Luis Pérez y Aranda
instigó a Martín Flores a actuar como se describiera, toda vez que indicó a Flores que
buscara un arma y que le disparara al vehículo en el que se trasladaban los
damnificados, diciéndole que tirara porque se llevaban todo”.
Por último, se tuvo por acreditado que “José Luis Pérez y Aranda
intentó comercializar estupefacientes, en tanto que Martín Flores le prestó la ayuda
necesaria para ello, dado que momentos antes de los disparos, el primero ofreció a
Axel Eduardo Muñoz la cocaína que tenía en su poder, no pudiendo concretarse la
operación comercial, dado que el último le arrebató una bolsa con estupefaciente que
Pérez y Aranda tenía en su mano, huyendo del lugar en el automóvil en el que había
llegado, con las consecuencias que se relataran en el párrafo anterior.
El suceso, tanto la tentativa de compraventa como los posteriores disparos,
ocurrieron en la fecha y hora mencionados y sobre la calle Plumerillo a la altura
3883.
En el derrotero posterior, Axel Muñoz logró huir de la balacera, con el
rodado averiado, doblando hacia la derecha y siendo retenido inmediatamente en el
puesto de Gendarmería Nacional cito en los Ana María Janer y Juan Pablo
Segundo. En esas circunstancias, Abarca Muñoz fue detenido por hallarse
estupefacientes en su poder, mientras que Axel Muñoz huyó con su primo herido,
hasta que debió detenerse al chocar en la calle Plumerillo a la altura del 3767,
descendiendo del rodado, dándose a la fuga a pie y quedando su primo en el vehículo”.
II. En su impugnación, la defensa particular a cargo de la
asistencia técnica de Martín Esteban Flores, se agravió por arbitrariedad
en la valoración de la prueba sobre la materialidad de los hechos y la
intervención de su asistido, argumentando que los elementos de
convicción reunidos en el caso resultan insuficientes para conformar el
grado de certeza requerido para arribar a un veredicto condenatorio y
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desvirtuar la presunción de inocencia que pesa sobre su asistido; por ello,
sostuvo, debió resolverse la cuestión recurriendo al principio contenido
en el art. 3 del Código Procesal Penal.
En ese sentido, citó la declaración indagatoria del imputado y
consideró que ninguno de los hechos narrados pudo ser desvirtuado por
las pruebas producidas en el juicio. También citó la declaración de la
testigo María Jacqueline Serrano y refirió que sus dichos dejarían
notoriamente a su defendido como irresponsable de los sucesos
investigados.
En otro orden de ideas, cuestionó el valor probatorio asignado al
testimonio de Haydee Navarro Robles, madre del fallecido, quien
declaró que momentos antes de su deceso, su hijo sindicó a su asistido
como el autor material de la agresión recibida. Al respecto, criticó su
declaración y argumentó que sería contradictorio principalmente con los
testimonios de los preventores intervinientes.
Asimismo, puso en tela de juicio el testimonio de Axel Muñoz. En
esa dirección, destacó que el nombrado refirió que tenía enfrente a
Martín Esteban Flores, pero que sin embargo no le observó arma alguna;
que sus dichos no sólo provienen de una persona que confesó consumir
estupefacientes, sino que también reconoció que había ido a comprarlos
para después revenderlos; y que el testigo habría intentado atropellar a
Martín Esteban Flores, circunstancia que podría haber justificado la
reacción de éste último.
Por otro lado, indicó que Julio César Abarca Muñoz había
reconocido que no sabía los motivos que habría tenido su asistido para
participar del hecho; que el médico Diego Onyszczyk, al atender a quien
resultó víctima fatal, no recordó si el herido había hablado; y que
Alejandro Félix Rullan Corna, perito del Cuerpo Médico Forense,
consideró que la herida sufrida por la víctima impedía que aquella
pudiera expresarse verbalmente.
En ese marco, la defensa particular también aseveró que no
existirían en la causa elementos probatorios para sostener la
participación del encausado en la venta de estupefacientes al momento
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En consecuencia, alegó que era clara la arbitrariedad de la
valoración probatoria, ya que se fundaría en meros rumores de barrio,
pese a que a su asistido negó tal actividad, no se pudo acreditar dicha
habitualidad, ni se le secuestró droga alguna en su poder.
b. Luego, la defensa sostuvo que aún para el supuesto de que se
diera por demostrado el hecho relativo al comercio de estupefacientes,
de ningún modo podría afirmarse la instigación a la tentativa de
homicidio.
Al respecto, recordó que el a quo tuvo por probado que Pérez y
Aranda exhortó a Flores diciéndole, tras la operación frustrada, que
fuera a buscar el arma y disparara hacia el auto, al referirle “andá abuscar
el arma y tirale que se están llevando todo”, extremo corroborado por los
testigos Abarca Muñoz, Axel Muñoz y Serrano.
Sin embargo, alegó que los testigos no fueron tan claros sobre el
punto como el Tribunal argumentó en su sentencia. En efecto, señaló
que Axel Muñoz mencionó diversas cuestiones que ilustraban que tenía
una larga relación de enemistad con Flores, motivo por el cual
probablemente aquél quisiera atacarlo en algún momento, por lo que
sería irrelevante el supuesto aporte de Pérez y Aranda.
En ese sentido, sostuvo que no podía afirmarse que su defendido
haya inducido a Flores a dispararle al vehículo en los términos exigidos
por el contenido dogmático de la determinación del artículo 45 del
Código Penal, puesto que aquél ya estaba decidido a cometer el hecho.
En efecto, alegó que se evidenciaron indicios que daban cuenta de
esa decisión previa por parte de Flores: por ejemplo, que tuviera el arma
lista para utilizarla en cualquier momento; que le haya disparado unos
días antes a un hermano de Axel Muñoz; y que existía un conflicto
previo, ya que a Flores le habían dado pistolas para enfrentar a los
hermanos Muñoz. Por lo tanto, concluyó que la decisión de Flores de
dispararles ya estaba tomada por él y que era irrelevante si su defendido
le había dicho algo o no, porque no podía crearle el dolo de homicidio,
es decir, determinarlo, ya que aquél estaba irrevocablemente decidido a
realizar dicha conducta.
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Por otra parte, la defensa añadió que la frase “tirale, tirale” también
presenta un inconveniente para considerarla como una instigación,
porque si bien podría interpretarse que su sentido es claro, a su modo de
ver, las particularidades del hecho impedían asegurar una determinación
idónea para un homicidio doloso tentado.
En esa línea, puntualizó que “los disparos los disparos de Flores fueron
dirigidos hacia un automóvil en movimiento, de modo que no es posible descartar que,
en realidad, Pérez y Aranda –en el peor de los casos- haya tenido como intención que
el autor disparara hacia el automóvil -las ruedas, la carrocería- para que éste se
detuviera –de tenerse por cierto que se habían llevado la droga y que debía detenerlo
para [Link] decir, no se puede probar que haya tenido intención de
determinar a Flores para que le disparara al cuerpo a Axel Muñoz, sobre todo
cuando mi defendido desconocía el conflicto previo entre ellos”.
Luego, recordó que, en lo sustancial, el Tribunal en el fallo
sostuvo que no había elementos que permitiesen probar que Flores
conocía la presencia de otras personas en el automóvil (aparte de Axel
Muñoz), por lo que solamente podía imputársele a título de dolo la
tentativa de homicidio, de modo que el resultado muerte era imputable a
título culposo.
Al respecto, precisó que esa conclusión con fundamento en el
concepto de error en el golpe o aberratio ictus era técnicamente correcta;
sin embargo, sostuvo que “el problema radica en la valoración de la prueba,
porque si el propio Tribunal admitió que la prueba era claramente insuficiente para
tener por acreditado el dolo de Flores en el hecho en general y solamente lo limitó a la
agresión desplegada contra Axel Muñoz, es verdaderamente extraño que se afirme,
con tanta solvencia, que Pérez y Aranda conocía siquiera a quiénes les disparaba
Flores. Es decir, no hay elemento alguno que permita probar que su defendido
conocía el injusto que estaba llevando a cabo el autor principal”.
c. Por último, consideró que la sentencia era arbitraria en punto al
monto de la pena aplicada. En concreto, criticó las agravantes
ponderadas y argumentó que la decisión fue desproporcional, en
detrimento a los principios de culpabilidad por el hecho y ne bis in ídem, y
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que no habrían tenido adecuado impacto las condiciones personales del
imputado.
Al respecto, preliminarmente puso de relieve que de acuerdo a la
calificación legal aplicada, la escala penal oscilaba entre cuatro años y
veintiséis años de prisión; en consecuencia, a su modo de ver, la sanción
de diez años aplicada a su asistido resultaría arbitraria, ya que no se
habrían dado razones justificadas para el apartamiento del mínimo legal.
En ese sentido, refirió que no podía considerar como
circunstancia agravante que Flores hubiese disparados en cuatro
oportunidades, dado que su asistido no podía saber cuántas veces el
nombrado iba a jalar el gatillo; que el “desprecio a la vida” valorado en la
sentencia implicaba una doble desvaloración del injusto; que “la
posibilidad de daños colaterales” era una agravante contradictoria porque el
Tribunal había reconocido que la muerte del damnificado era solamente
atribuible al otro acusado; y que la pena impuesta era desproporcional
teniendo en cuenta el grado de participación de su defendido, como así
también con relación a la sanción impuesta a Flores.
IV. Los parámetros que, a mi modo de ver, deben ser tenidos en
cuenta a la hora de revisar la valoración de la prueba en la sentencia
desde el tribunal de casación han sido desarrollados in extenso al resolver
en las causas “Mansilla” y “Aristimuño” de esta Sala (Reg. n° 252/2015 y
Reg. n° 1038/16, respectivamente, y citas: José I. Cafferata Nores, La
prueba en el proceso penal, 3ª edición, Depalma, Bs. As., 1998, p. 8; Luigi
Ferrajoli, Derecho y Razón, Ed. Trotta, España, 1998, pp. 105 y ss.; J.
Clariá Olmedo, Derecho Procesal Penal, Editorial Marcos Lerner, Córdoba,
1984, tomo I, p. 234; P. Andrés Ibáñez, Prueba y convicción judicial en el
proceso penal, Hammurabi, Bs. As., 2009, p. 91; art. 14.2 PIDCyP,
conforme la Observación General n° 32 del Comité de Derechos
Humanos de la ONU y CSJN, Fallos: 328:3399, “Casal”), ocasión en la
que se analizaron las pautas de una interpretación constitucional del
recurso en tratamiento a partir de la doctrina del precedente del Máximo
Tribunal recién citado y evaluó cómo deben interpretarse los conceptos
de certeza y duda para fundar los extremos de los que se trata.
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Pérez y Aranda podía deberse a que era una persona cercana a él; y que
era inocente y nunca tuvo en su poder un arma de fuego.
Bajo este panorama sobre el cual corresponde efectuar la revisión
de la sentencia, como adelanté en párrafos precedentes, observo que la
resolución recurrida fue precisa, ordenada y razonada en su análisis, pues
las versiones de los imputados no se sostienen frente al análisis armónico
de la valoración probatoria efectuada por el Tribunal.
En efecto, preliminarmente se ponderó la declaración de Axel
Muñoz quien en lo que aquí interesa refirió que el día en cuestión fue
con su hermano y su primo a comprar droga donde venden Pérez y
Aranda y Flores, quienes viven en la misma calle. Contó que él se bajó
sólo del auto, negoció con Pérez y Aranda para la compra y que en un
determinado momento le sustrajo un envoltorio con estupefacientes,
motivo por el cual aquél le dijo a Flores que le disparara, y huyó
subiéndose al vehículo en el cual había arribado con sus familiares.
De manera textual, Axel Muñoz narró que “Flores agarró el arma
cuando él entró a la puerta de su casa y la agarró del costadito de la puerta (…) Del
lado derecho (…) Cuando recibí los disparos fue cuando pasé por al lado de la casa
de Martín. Él tiró desde adentro mismo, a mi coche le tiró desde adentro de su casa
(…) Y cuando quiero salir mi coche no salía con tanta rapidez (…) y en todo ese
tiempo que mi coche acelera ya estaba recibiendo los disparos. Porque Flores se metió
corriendo a su casa, y apenas se metió en la puerta ahí al costado tenía la pistola. Ya
estaba preparado (…) Obviamente Martín me quería dar a mí. Tiró todo a matar”.
La defensa oficial destacó en su recurso el conflicto previo entre
los intervinientes y que conforme a la declaración citada, Flores ya estaba
“preparado” para dispararle; sin embargo, más allá del disenso efectuado,
el término lingüístico utilizado, y la valoración parcializada de la
recurrente, es claro que el agresor no había tomado previamente la
decisión de dispararle, sino que la exigencia de Pérez fue determinante
en la instigación reprochada, máxime analizando la tensa situación
generada por Axel Muñoz al sustraer una bolsa de droga en plena
negociación. Por lo tanto, contrariamente a lo alegado por la defensa,
ninguna duda surge en torno a que su asistido conocía el injusto que
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puerta de su casa, y desde ahí disparó creo…No me acuerdo la cantidad de disparos.
Los disparos eran dirigidos hacia el auto…Me voy y después me entero que era a
Carlos al que le habían disparado, a Carlos Navarro. Yo no sabía que él estaba
ahí, en el auto”.
Bajo este contexto, y como con acierto sostuvo el a quo, es claro
que no existen elementos de prueba que avalen las versiones
exculpatorias de los imputados, que fueron reconducidas técnicamente
por sus defensas. Al respecto, advierto que el Tribunal ha desarrollado
seis argumentos centrales y contundentes para sostener la autoría de los
acusados y las circunstancias de modo en que ocurrieron los hechos, que
no fueron debidamente rebatidos en su totalidad por las defensas.
En ese sentido, primero en el fallo se sostuvo que no podía
controvertirse que Axel Muñoz condujo el automóvil en cuestión, junto
a su primo Carlos Williams Navarro sentado en el asiento delantero del
lado del acompañante y su hermano Julio Cesar Abarca Muñoz sentado
atrás. Fue así que, con el objeto de comprar estupefacientes, se detuvo
en la calle Plumerillo al 3883 donde se hallaba Pérez y Aranda, quien
conjuntamente con Flores, solían vender droga.
En segundo lugar, se afirmó que Axel Muñoz se bajó del rodado,
mantuvo una discusión con Pérez y Aranda, le arrebató una bolsa con
droga que aquel tenía en sus manos y se dio a la fuga en el automóvil;
circunstancias acreditadas a partir de los dichos contestes de las víctimas
y de lo que Milagros Jacqueline Serrano pudo observar y escuchar.
En tercer lugar, se sostuvo que la situación referida en el párrafo
anterior ocasionó la reacción de Pérez y Aranda, quien exhortó a Flores
a que buscase el arma y le disparase a Axel Muñoz. Dicha orden
consistió en decirle “andá a buscar eso y tirale que se están llevando todo”,
según lo afirmado por Julio Cesar Abarca Muñoz, lo confirmado por
Axel Muñoz en cuanto escuchó que le decía que le tirara, y lo atestiguado
por Milagros Jacqueline Serrano quien escuchó cuando Pérez y Aranda
le dijo a Flores que disparase al auto.
En cuarto lugar, afirmó que también estaba acreditado que Flores
fue a buscar el arma de fuego a su domicilio y desde la puerta disparó en
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estaba esperando a su hijo y que alguien le dijo que le habían disparado;
que fue corriendo por Plumerillo y estaba su hijo recostado con un tiro
en la cabeza y esposado en la casa de una amiga; que cuando subió a la
ambulancia su hijo le dijo que Martín Flores le había disparado y que
todos decían lo mismo; y que le refirieron que Pérez y Aranda le había
exigido a Flores que disparase.
En particular, tanto en el juicio como ante esta instancia, se puso
en tela de juicio si Haydee Navarro Robles fue sincera en sus dichos en
cuanto a la acusación efectuada por su hijo previo a su fallecimiento; sin
embargo, en la sentencia se brindaron suficientes motivos para sostener
dicho extremo.
En efecto, en primer término se sostuvo que si bien el Dr. Rullán
alegó que la víctima no habría estado en condiciones para hacerlo, su
conclusión era contradicha por otros testigos. Por un lado, Geraldo
Fabián Oliveira, alférez de la Gendarmería, quien solicitó la ambulancia,
afirmó que “la persona herida pedía por su mamá”, lo que también fue
escuchado por el cabo primero Benedicto Heriberto Gamarra. Por otro,
el médico Diego Adrián Onyszczyk confirmó que la señora estuvo en el
lugar, que se trasladó en la ambulancia, y que el lesionado tenía signos
vitales, pero que le había manifestado algo ininteligible. Además, se
destacó que la madre había llegado mucho antes que la ambulancia, ya
que tuvo que llamar varias veces para requerir auxilio médico, por lo que
era factible que la víctima le aportara el dato en cuestión. Y, por último,
se puso de relieve que el alférez Gabriel Arcángel Díaz de la
Gendarmería Nacional fue preciso en explicar que en reiteradas
oportunidades tuvo que llamar al SAME, como así también en que el
herido se había bajado sólo del auto y que luego estuvo sentando en la
vereda del cordón.
En consecuencia, más allá de los reparos efectuados por la
asistencia técnica de Martín Flores, es evidente que Carlos Williams
Navarro pudo haberle sindicado a su madre quién lo había agredido. No
obstante ello, lo cierto es que la defensa tampoco demuestra
adecuadamente por qué dicha circunstancia habría de incidir
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las críticas de las partes recurrentes relativa a la arbitrariedad de la
sentencia al respecto.
V. Por último, y dado que en este pronunciamiento estamos
ceñidos a los agravios presentados por los recurrentes, sin poder abrir
juicio sobre la calificación legal que se asignó al acontecimiento,
considero, con relación al agravio que resta tratar, que de los propios
términos en los cuales fue planteado el recurso de la defensa oficial, se
trasluce el mero disenso de la parte recurrente con relación al juicio de
determinación de la pena.
Al respecto, cabe recordar que es función exclusiva de los jueces
que conocen en el caso adecuar al hecho concreto y sus circunstancias
en particular, la pena prevista en abstracto para el delito o concurso de
delitos del que se trata, pues forma parte del poder de connotación la
comprensión de los elementos específicos del suceso del que se trata en
cada caso para dosificar en medida justa la sanción por el evento (cf.
causa “Sánchez Villar”, reg. n° 1399/2019 y citas: L. Ferrajoli, Derecho y
razón, teoría del garantismo penal, 3a edición, Trotta, Madrid, 1998, pp.
155/156 y 158/161; P. Ziffer, Lineamientos de la determinación de la pena, 2a
edición, 2a reimpresión, Ad Hoc, Bs. As., 2013, y C. Creus, Derecho penal,
parte general, 3a ed., Astrea, Bs. As., 1992, p. 492).
En esa tarea, el Tribunal debe adecuarse a las pautas objetivas y
subjetivas previstas en los arts. 40 y 41 del Código Penal –relacionadas
con el hecho y con el autor y sus circunstancias–, respetar la pretensión
punitiva estatal expresada por el representante del Ministerio Público
Fiscal –pues rige el sistema de enjuiciamiento acusatorio, según el
desarrollo efectuado en los casos “Sirota”, Reg. n° 540/2015, y Vera,
Reg. n° 1417/2018, de esta Cámara– y contener suficiente
fundamentación para permitir su control (con relación a esto último, ver
Ziffer, comentario a los arts. 40 y 41 CP en Código Penal y normas
complementarias. Análisis doctrinal y jurisprudencial, dirigido por R. E.
Zaffaroni, 3a edición, Bs. As., Hammurabi, 2019, vol. 2, pp. 111/112).
De tal forma, en el recurso de casación no es posible avanzar
sobre el poder discrecional aludido, con lo que el examen en esta
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regla elemental impide que una circunstancia, cuando forma parte de la descripción
típica en su determinación básica o cualificada, pueda ser considerada entre los
criterios que agraven la pena pues ya integra el desvalor del injusto que se reprocha”
(cf. E. R. Zaffaroni, A. Alagia, A. Slokar, Derecho Penal Parte General,
Ediar, Bs. As., 2000, p. 1000), los mismos autores aclaran que “no existe
doble desvaloración cuando el mismo elemento se toma en cuenta en la cuantificación
de la pena para particularizar su intensidad. Como es lógico, la prohibición de doble
desvaloración no se afecta cuando no se trata de una nueva desvaloración sino de la
particularización o perfeccionamiento del grado de una única desvaloración” (en el
mismo sentido, Patricia S. Ziffer, obra citada, 1996, pp. 130/131).
En consecuencia, bajo esta línea y de una lectura no parcializada
del fallo, es claro que el Tribunal no computó de forma negativa una
circunstancia (el “desprecio hacia la vida”) que ya estaba incluida en el
desvalor del injusto, sino que ponderó la gravedad de la modalidad de las
acciones desplegadas, como así también la extensión de los daños
causados.
Por otro lado, la cuestión inherente a la consideración de las
circunstancias personales del imputado, refleja un mero disenso en el
valor que cabe asignarles en la determinación de la sanción, pues la
defensa no se hace debidamente cargo de por qué habrían de incidir en
una disminución del monto en función de lo anteriormente expuesto.
En definitiva, también en este aspecto el fallo cumple con las
exigencias desarrolladas por la Corte Suprema de Justicia de la Nación en
materia de sentencia fundada (Fallos, 311:948, 2402 y 2547; 313:559;
315:2969; 316:2718; 319:103 y 321:1909), lo que determina el rechazo del
agravio alegado.
VI. En virtud de lo expuesto, propongo al acuerdo rechazar los
recursos de casación interpuestos por las defensas y, en consecuencia,
confirmar la sentencia recurrida; sin costas (artículos 471 -estos dos a
contrario sensu-, 530 y 531 del Código Procesal Penal de la Nación).
El juez Mario Magariños dijo:
Adhiero al voto del colega preopinante por compartir en lo
sustancial sus fundamentos.
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Ante mí,
MARTIN PETRAZZINI
SECRETARIO DE CÁMARA
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