Introduccion A Las Terapias Alternativas - Teoria
Introduccion A Las Terapias Alternativas - Teoria
DE
TERAPIAS
ALTERNATIVAS
-
INTRODUCCIÓN
Vigencia y tradición
Durante los años noventa la utilización de las medicinas y terapias complementarias y alternativas
en Europa, Estados Unidos y América Latina ha aumentado rápidamente. En las dos últimas décadas
esas terapias se han convertido en un aspecto muy importante de la prestación de salud en muchos
países en desarrollo. En este artículo intentaremos reflejar la visión de organizaciones como la OMS
y OPS con respecto a su utilización.
La OMS sostiene hoy un plan global respecto de esas prácticas a fin de asistir a los países a regular
las medicinas tradicionales y complementarias/alternativas, con el objeto de hacer su uso más
seguro, accesible y sostenible.
En las Américas, por ejemplo, el conocimiento y las prácticas de la medicina tradicional/indígena
cubren muchas necesidades de las comunidades, aunque hasta cierto punto. A fin de cooperar en el
desarrollo de sistemas de salud nacionales que respondan a las características de la población
beneficiaria, la OPS decidió crear un grupo de trabajo en colaboración con OMS con los siguientes
objetivos:
Definición y clasificación
Las Medicinas y terapias tradicionales son un conocimiento médico que existió mucho tiempo antes
del desarrollo y la difusión de la medicina occidental. Reflejan la cultura de un país, la historia y las
creencias. A menudo, este conocimiento se transmite oralmente de generación en generación.
OMS/OPS han elaborado este listado:
b) No tradicional
• Homeopatía
• Quiropráctica
Terapias
a) Terapias con medicación
• Plantas medicinales y medicina herbaria
• Materiales minerales
• Materiales animales
• Régimen alimentario y nutrición
Medicina complementaria/alternativa
Se entiende por esto a la medicina que no desempeña una función principal dentro de los sistemas
de salud nacionales. En la mayoría de los países donde la medicina occidental asume la
responsabilidad exclusiva en la atención de salud en el ámbito nacional, la medicina
tradicional/indígena y otras terapias son consideradas complementarias o alternativas en los
sistemas nacionales de salud.
La demanda de las terapias alternativas y complementarias está aumentando en muchos países, pero
las tendencias son diferentes. Mientras en los países desarrollados la tendencia de usar las terapias
alternativas se debe a la búsqueda de una mejor atención de salud, en los países en desarrollo esta
exigencia tiene que ver con aspectos económicos o porque, como en el caso de la medicina indígena,
es la única fuente disponible en la atención de salud.
Lamentablemente, no existen datos disponibles para otros países en América Latina. Para hacer una
evaluación de la situación en región, se envió un cuestionario a los Países Miembros de OPS, el mismo
que fue respondido por 15 países. Los resultados pueden resumirse de la siguiente manera:
• 11 de los 15 países tienen normas, políticas y reglamentos con relación a por lo menos una de las
disciplinas de las MT/TCA.
• Las disciplinas más comunes son la medicina herbaria, la homeopatía, la acupuntura, la medicina
ayurvédica y la quiropráctica.
(*) Información pública de OMS e Informe del Grupo de Trabajo OPS/OMS sobre Medicinas y
Terapias Tradicionales, Complementarias y Alternativas. Washington, D.C., noviembre 1999. División
de Desarrollo de Sistemas y Servicios de Salud, OPS. Equipo de Medicina Tradicional, Departamento
de Medicamentos Esenciales y Políticas de Medicina, OMS
• Velar por que se proporcione suficiente información a los consumidores sobre la eficacia y la
inocuidad de los productos, así como sobre sus contraindicaciones
• Establecer canales adecuados para que los consumidores informen sobre reacciones adversas
a los medicamentos, y dar a conocer esos canales
• Organizar campañas de comunicación para que los consumidores puedan discernir sobre la
calidad de los servicios que reciben
• Velar por que los practicantes tengan las calificaciones apropiadas y estén adecuadamente
registrados
• Alentar la interacción entre practicantes tradicionales y convencionales
• Incluir en los seguros las terapias y productos no convencionales que se basen en pruebas
sólidas
Procesos y estructuras del sistema de salud que propiciarían la mejora de la calidad y la seguridad
Medicina holística
De manera tradicional, la medicina practicada por un médico ha sido claramente mecanicista, con
la imagen del cuerpo como una máquina compuesta de muchas partes, cada una de las cuales es
tratada de manera separada. La visión mecanicista pone el acento en el papel de los médicos en el
proceso de curación, ya que su intervención es activa, y en general se subestima el papel de los
factores mentales y emocionales que pueden causar la enfermedad o tener un papel en su
evolución natural o tratamiento. Mientras que la medicina mecanicista ignora en gran parte los
aspectos emocionales y espirituales de la salud y de la curación, la medicina holística trata al
individuo como un todo. Holístico deriva del término griego holos, que significa todo; el holismo es
una filosofía que motiva el tratamiento del organismo como un todo (una unidad) más que como
partes individuales. En este sentido, intenta llevar las dimensiones emocionales, sociales, físicas y
espirituales de las personas en armonía y realza el papel de la terapia o tratamiento que estimula
el propio proceso de curación. Como se puede observar, la medicina holística resalta la interacción
entre el cuerpo vivo y el espíritu, que en el holismo se define como el dar a la persona una
orientación de vida y el sentido de su propia felicidad. Además, la medicina holística resalta la
importancia de mantener el propio sentido del bienestar y la salud. Esto se hace extensivo también
a la prevención de la enfermedad, haciendo hincapié en el mantenimiento de la buena salud y
curación activa de la enfermedad. La medicina convencional da mayor importancia a los factores
patológicos (bacterias, virus, agentes medioambientales) en el origen de la enfermedad (etiología).
La medicina holística sostiene que es la resistencia, disminuida por hábitos pobres y por el estrés
físico y mental, la que hace al organismo susceptible de enfermedad. La enfermedad, entonces, es
considerada como un desequilibrio entre fuerzas sociales, personales y económicas, así como de
influencias biológicas. Paavo Airola, un defensor de la medicina holística, define estas fuerzas como
miedos, preocupaciones, estrés emocional, sustancias tóxicas presentes en el aire contaminado,
Basándonos en el concepto de que somos seres multidimensionales podemos decir que, el cuerpo
es un microcosmos, es decir, que constituye un universo de energía; en él se reflejan las energías
principales del universo, que es el macrocosmos. Cuando decimos que el ser humano es un
microcosmos no nos referimos a que somos parte del universo, sino a que cada uno de nosotros es
un universo en miniatura, es por eso la importancia que se le debe dar a cualquier desequilibrio que
el Ser sufra en cualquiera de sus ámbitos, ya sea mental, emocional y/o espiritual, porque puede
desencadenar un conflicto en nuestro universo orgánico.
Cuando en el año 1940, el Comité de Expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) definió
a la salud como un Perfecto bienestar físico, mental y social, estaba funcionando con los parámetros
Por eso no incluye las emociones ni el espíritu, alma – o como se le desee llamar a la chispa divina
personal de cada uno –, que es la que, en definitiva, rige nuestras acciones. Tampoco la integración
con el medio social que incluye el impacto de la humanidad en el planeta, elementos ambos que en
la actualidad son más productores de la enfermedad que el mero mal funcionamiento del cuerpo.
Ha sido precisamente el avance de la tecnología y la informática lo que ya a mediados del siglo pasado
ha creado la necesidad de replantear muchas de las ideas fundamentales sobre nosotros mismos y
el mundo que nos rodea.
Para la vieja ciencia, que aún sigue vigente al menos de manera superficial, el organismo se limitaba
a la relación FUNCIÓN – ESTRUCTURA – QUÍMICA considerando la conocida teoría de que la energía
electromagnética le permite a los músculos contraerse o a los nervios enviar su mensaje, como un
simple subproducto, una reacción química, que permitía el funcionamiento estructural del
organismo.
Es necesario plantearse nuevos puntos de vista para intentar comprender la unidad que forma el Ser
Humano y su interrelación con el mundo que le rodea y es precisamente el avance tecnológico y la
facilidad de las comunicaciones las que están empezando a abrir camino a una nueva concepción de
nosotros mismos y de nuestro entorno como resultado también de satisfacer necesidades,
concepción que tiene muchos puntos en común con las viejas filosofías orientales. “No hay nada
nuevo bajo el sol”.
Si se considera al ser humano como un conjunto estable de unidades básicas que funcionan de modo
coordinado, habría que explicar cómo se consigue esa armonía. Y ahí precisamente, nuestra ciencia
aún no tiene una explicación adecuada, al menos por el momento.
Lo habitual es conceptuar al conjunto Físico – Químico – Celular que compone nuestro organismo
como un todo coordinado por ese maravilloso ordenador que es el cerebro. Pero el cerebro, como
todos los ordenadores, es una buena herramienta, pero sólo eso.
Y, desde luego, ni la mente ni el espíritu humano pueden localizarse en él, al menos con las técnicas
actuales que la ciencia nos provee.
Por eso, sí cada célula de nuestro cuerpo es una unidad funcional que refleja distintos niveles de
energía y no todos medibles, necesita un sistema de coordinación eficaz que marque sus ciclos y
consiga un funcionamiento armónico del conjunto.
Y ahí precisamente es donde la explicación puede ser dada por toda una estructura de pensamiento
que la tecnología actual corrobora plenamente. Los viejos sistemas energéticos – vibracionales
planteados por las antiguas filosofías orientales confirman la existencia de una serie de redes de
energías, capaces de coordinar todos los planos anatómicos y energéticos del organismo. Redes
formadas por auténticos canales energéticos que recorren todo el cuerpo: se trata de los meridianos
que denominan los chinos o de los nadis de los hindúes, descritos ya hace más de 5 mil años en
dichas culturas, y cuya existencia está confirmada por las mediciones de las diferencias de potencial
eléctrico en el cuerpo.
En esta relación estrecha de la estructura física con la energética es donde radica la base de la nueva
concepción del arte de curar, aunque de nueva no tenga nada.
Una posible definición actualizada de la Salud podría ser: “El equilibrio armónico de las diferentes
energías de nuestro organismo para mantenerse integrado con el conjunto energético global del
Universo”, cosa que no es tan pretenciosa como parece a primera vista y puede constituir un buen
punto de partida para la fundamentación de las Terapias Alternativas (por algunos llamada la
Medicina de la Nueva Era). Este proceso parece caracterizarse, por un lado, por la búsqueda de una
El concepto de la enfermedad está intrínsecamente unido a la cultura. Desde los orígenes del ser
humano, cuando se consideraba a la enfermedad como un castigo de los Dioses o de las fuerzas
desatadas de la naturaleza, hasta nuestros días, en que comienza a ser interpretada como una
posibilidad para ampliar la conciencia personal, se ha corrido un largo camino.
Son muchos los aspectos que han incidido en la progresiva evolución del ser humano, muchas las
situaciones que ha superado, los obstáculos que ha vencido o las pruebas que ha remontado. Sin
embargo, hay un campo que todavía hoy no ha sido capaz de dominar, un campo que le ha obligado
a confiar ciegamente en la destreza o conocimientos de terceros: el restablecimiento de la salud
física.
Ha sido preciso que pasaran miles de años de experiencias antes de que el ser humano se atreviera
a plantearse que tal vez los estados de enfermedad no provenían de afuera, como siempre se había
creído, sino que se producían en alguna parte inconsciente de la psiquis.
¿QUÉ ES LA ENFERMEDAD?
Pero eso no es todo. Los últimos descubrimientos sobre física amplían todavía más ese concepto y
vienen a apoyar la idea de una medicina psicosomática que trata de entender al ser humano de una
manera más holística que la que se refiere solamente a la mente o al cuerpo físico.
Pero, ¿cuál es el proceso que empuja al cuerpo físico a padecer por las irregularidades que padece?
Sabemos que el organismo humano tiene una serie de glándulas encargadas de procesos
bioquímicos que permiten decodificar la información que llega a través de vías externas, como la
alimentación, o internas, como los procesos mentales. Si los cuerpos o campos de energías (físicos,
etéricos, mentales) de la persona se encuentran equilibrados, su estado de salud será normal, pero
en el momento en que se produzca algún trastorno en alguno de ellos, este repercutirá
inmediatamente en el resto. Lo más frecuente es que el trastorno se produzca primero en los cuerpos
más sutiles.
Cuando la mente se altera, lo primero que se afecta a nivel físico es el cerebro, y más concretamente
las glándulas pineal y pituitaria, lo que se traduce en desarreglos hormonales que, a su vez, inciden
sobre el equilibrio de elementos en sangre y, posteriormente, en el sistema nervioso. Asimismo, se
ha comprobado que la excesiva producción de hormonas puede modificar, por ejemplo, la
subsiguiente fabricación de estrógenos, lo cual hace que se sintetice en exceso el calcio y se produzca
un estrechamiento en los capilares con menor aporte de oxígeno, y nutrientes al cerebro, lo que
finalmente se traduce en irritabilidad, agresividad, cefaleas, pérdida de memoria, y también
estrechamiento del nervio óptico.
Como se ve, se trata de un complejo proceso en el que todos nuestros cuerpos interactúan y donde
la mente interviene en todas y cada una de las células del organismo, no sólo en las nerviosas.
Como ciencia que es, la medicina tampoco ha escapado a la concepción mecanicista del mundo que
ha reinado durante los últimos tres siglos. Por ello, a lo largo de la historia ha considerado al cuerpo
físico como una máquina en funcionamiento cuyas piezas sufrían “deterioros” y “accidentes” que
impedían su buena marcha. Cuando algo se estropeaba o fallaba en el mecanismo, se producía una
señal externa, un síntoma.
Es por eso que la medicina convencional se basa en el tratamiento de los síntomas que aparecen en
el cuerpo físico, confundiendo en ocasiones éstos con la enfermedad. Desgraciadamente, se
Por otra parte, el conocimiento del mundo físico y de la ciencia médica se ha parcelado tanto en
todas sus disciplinas que ha dejado prácticamente de considerar al ser humano como un todo global.
No es de extrañar, pues, que se sigan aplicando tratamientos con nefastos efectos secundarios y que
incluso contribuyen a las mutaciones que se producen en los agentes patógenos, lo que obliga
constantemente a cambiar de medicamentos en el arduo camino de la lucha contra la enfermedad,
que siempre parece ir por delante.
Muchas culturas antiguas amerindias y también algunas tradiciones de oriente y occidente llevan
miles de años afirmando lo que ahora ha venido a confirmar la física cuántica: que el cuerpo físico es
un vehículo del alma donde se concretan y manifiestan energías superiores, y que, unido a la mente
y ambos a la inteligencia creadora, están al servicio de la Ley de la Supervivencia.
Por todas estas razones, son muchos, cada vez más, los profesionales de la sanación que ya no
interpretan la enfermedad como un defecto funcional de la naturaleza, sino como un sistema más
de regulación que está al servicio de la evolución.
Y las consecuencias que se desprenden de esta perspectiva son obvias. La primera que el enfermo
debería aprender a interpretar sus síntomas y a dialogar con ellos para tratar de averiguar qué es lo
que le quiere decir su cuerpo, qué le está reclamando. Sólo de esta forma estará lo suficientemente
preparado como para encontrar por sí mismo la auténtica causa que le produjo el desequilibrio que
ahora sufre (dieta, tipo de vida, actitudes, procesos mentales, estados psicológicos y anímicos, etc.).
La enfermedad, los síntomas, serían la señal de que hay algo de nosotros mismos que no se ha
integrado debidamente, algo que debemos cambiar o reconducir. Mediante la enfermedad, el
mecanismo cósmico de evolución nos daría la oportunidad de revisar nuestros esquemas mentales,
impidiendo su anquilosamiento, como consecuencia de la comodidad, la falta de inquietudes o el
desinterés. Síntomas y enfermedad, serían pues, las llamadas a la comprensión y, en definitiva, a la
ampliación del conocimiento y la consciencia.
El término holismo, que se refiere a cada realidad como un todo distinto de la suma de las partes que
lo componen, es la etiqueta que el espíritu occidental forjó para designar cierto tipo de pensamiento
y de actitudes existenciales típicas, pero no exclusivas, del mundo oriental. Aplicado a la esfera de
pensamiento y a la búsqueda científica y médica, nos permite ubicar una primera, sumaria, distinción
entre la cultura occidental y la cultura oriental.
Según esta acepción, el pensamiento y la medicina tradicional son de tipo holístico porque toman en
cuenta al ser humano en su totalidad e integridad y, por consiguiente, cada problema o malestar se
relaciona con el estado general de la persona para luego curarlo. Por el contrario, la ciencia y la
medicina convencional se definen reduccionistas porque centran su atención sobre el órgano
enfermo o, de todas formas, sobre el síntoma y la patología en sí mismos, desligándolos de la
integralidad del tejido humano.
Este pensamiento distinto no está presente sólo en la medicina, sino que se expresa, por lo general,
en el núcleo profundo desde donde parte la búsqueda científica. Para la ciencia occidental
reduccionista, toda entidad de la realidad está constituida por la suma de sus partes y de sus
componentes. Aquí un ser humano se define como suma de sus partes: una cabeza, más dos brazos,
más dos piernas, y así sucesivamente, darían como resultado final el ser físico y concreto que todos
somos.
La violencia y la ausencia de respeto por la vida, que caracterizan nuestra sociedad occidental
moderna, así como en el campo médico la falta de respeto hacia el paciente en cuanto a ser humano
(basta dar una vuelta en los hospitales para darse cuenta de ello) o la fácil tendencia actual de
extirpar los órganos en lugar de curarlos, tienen profundas raíces en el terreno de esta mentalidad
inhumana, tan arraigada y profunda en nuestra cultura que difícilmente podemos darnos cuenta de
ella, pues nuestras estructuras de pensamiento han sido codificadas según este tipo de cultura.
Por el contrario, para el antiquísimo pensamiento oriental holístico, la integridad de toda entidad es
cualitativamente superior a la suma de sus partes y de sus componentes, poniendo en juego, así, una
Lo mismo vale para el planeta Tierra, para el sistema solar, para las galaxias y así sucesivamente,
hasta el universo entero, o hasta aquella conciencia cósmica que es calidad pura y madre de la vida.
La cultura occidental en el transcurso de la historia ha tenido varias mutaciones, diversos
crecimientos y adaptaciones, con distintas evoluciones e involuciones y ha perdido de vista su punto
de partida, es decir, el ser humano y su evolución espiritual, el ser como parte integrante de un
diseño y de un orden cósmico que fluye dentro y fuera de sí mismo, el individuo místicamente
conectado con la ente cósmica. Ha sacrificado, por tanto, la capacidad esencialmente mística de
poder acceder intuitivamente al corazón mismo de las cosas y de poder fusionarse con la armonía
del todo, prerrogativa del lado derecho del cerebro, para desplazar el eje de su evolución hacia el
lado izquierdo, creando, al mismo tiempo, una excesiva intelectualización y una drástica y reductora
racionalización de la vida y de sus mecanismos.
Oriente, por su parte, encerrado en su cultura milenaria, sin una aparente evolución, supo conservar
hasta nuestros días aquella sabiduría y aquellas culturas arcaicas que de otra forma se hubieran
perdido, desarrollando, al mismo tiempo, un dinámico equilibrio entre los dos hemisferios del
cerebro, entre la razón y la intuición, entre la lógica y la mística.
La visión holística que Oriente nos propone y que nosotros, de forma muy diligente, descomponemos
y volvemos a recomponer, esquematizamos y racionalizamos, no es un componente cultural, como
la hemos entendido, sino un estilo de pensamiento y de vida, una manera de ser y de ponerse frente
al mundo, que para ellos es natural y arquetípica, parte de los archivos profundos de su conciencia
de raza y de su inconsciente colectivo. En cambio, para nosotros es el enésimo “juguete” cultural,
vivido únicamente a nivel racional, que usamos sólo para escribir miles de páginas, para llenar
nuestros “sabios” librotes, creyendo haber agarrado y entendido lo que no se puede agarrar y
entender, sino tan sólo vivir y experimentar existencialmente.
Todos los grandes iniciados, antiguos yoguis, sabios orientales, filósofos y buscadores de todos los
tiempos y lugares, intuyeron la existencia de este principio de cohesión de orden superior, espiritual
y energético. En tanto que las fuentes más comunes y las noticias históricas más conocidas son de
origen religioso, ello supone una posición de extrema importancia e interés, en cuanto punto de
comunicación entre la medicina y la misma religión.
El fin último de toda auténtica búsqueda espiritual es obtener una gradual armonía con el principio
de conciencia por medio de unos pasos progresivos, definidos como expansiones de conciencia,
hasta la total fusión e identificación de la conciencia del investigador con la llamada conciencia
cósmica. En el transcurso de este período de búsqueda las transformaciones alquímicas interiores
aumentan y aceleran las capacidades sensoriales que permiten percibir las energías sutiles
intrínsecas de los fenómenos materiales.
En todas estas doctrinas y filosofías, al lado del concepto y del principio de conciencia, podemos
encontrar también el de energía vital, directa consecuencia y emanación vital de la conciencia
misma.
Tratemos ahora de aclarar estos conceptos. Mientras la energía en sus distintas manifestaciones se
presta, por su misma naturaleza, para un conocimiento sensorial directo, la conciencia tiene que ser
necesariamente vivida, por cuanto no puede ser percibida por los sentidos ni mucho menos por la
razón. Por ello se afirma que la conciencia está más allá del conjunto espacio-temporal o que, en
otras palabras, es un principio trascendente. La conciencia es un principio fundamental, sin el cual
no tendríamos la certeza de existir, ni la de la vida, sino tan sólo una desordenada materia amorfa
de la entropía.
La conciencia es lo que a cada uno de nosotros nos permite percibir, conocer y observar, por tanto,
es el núcleo mismo de cada ser viviente. La mente, los pensamientos y las emociones pueden
observarse y, por ende, son objetos, como también el Yo y la íntima identidad de cada uno de
nosotros. Más allá de todo esto encontramos tan sólo la pura conciencia, el observador, el sujeto
que observa. Aparece muy clara la naturaleza espiritual y trascendente de este fenómeno
Desde un punto de vista espiritual, la conciencia es la chispa divina de nosotros, la divinidad interior
subyacente a todos los seres vivientes, la naturaleza superior de todo ser humano. Desde la óptica
de la energía vital en su directa emanación, la conciencia es el principio que plasma y alimenta el
universo entero, que crea, organiza y dirige, que da sentido y cohesión a toda la evolución, desde las
partículas subatómicas hasta las profundidades del cosmos.
El más antiguo y detallado concepto de energía vital proviene de la antigua India bajo el nombre de
Prana. Este término sanscrito está formado por la raíz PRA, que significa unidad fundamental, y por
NA, que significa energía, es decir, la energía unitaria fundamental que tiene unido el todo. A nivel
simbólico, esta palabra se traduce como soplo, aire, aliento o viento, para indicar la emanación
divina.
Entre las distintas escuelas y religiones que se desarrollaron en la India arcaica, la más antigua y
evolucionada es la tántrica, cuyos orígenes no son fechables y se pierden en la noche de los tiempos.
Ella se basa en el concepto polar de la existencia entendida como energía y conciencia, y contempla
a Shiva, la divinidad y el principio de la conciencia, compenetrado con la energía de la existencia
Shakti. El tantra considera que la vía maestra para realizarse y llegar a la iluminación es la que trabaja
la energía más que la conciencia, porque la conciencia misma es fija y no puede modificarse, sólo
reconocerse y realizarse. Trabajando la energía, que puede ser fácilmente influenciada por la
voluntad del pensamiento, puede alcanzarse velozmente la purificación del ser y la transformación
interior.
Este principio ya no resulta tan desconocido a la ciencia occidental moderna, gracias a las
investigaciones sobre la física cuántica.
La energía vital representa el más alto potencial evolutivo en sentido amplio. Mientras que la materia
puede clasificarse como una energía “pesada”, es decir, una masa especialmente evidente, la energía
vital puede definirse como materia “sutil”.
Los rusos la llaman “bioplasma” o fuerza cohesiva biológica; Rudolf Steiner la denomina fuerza
plasmadora etérea; según Newton, es una materia “muy sutil” que permite la propagación de las
ondas electromagnéticas luminosas y gravitacionales; los antiguos maestros taoístas la definen como
EL DON DE SANAR
El don de sanar reside en cada uno de nosotros. No es un don que se concede sólo a unos pocos. Es
una cualidad innata de cada ser humano. Todo el mundo puede beneficiarse de la curación, y todo
el mundo puede aprender a sanar. Cada cual puede sanarse a sí mismo y a los demás. Usted se
proporciona curación, aun cuando no quiera llamarla así. ¿Qué es lo primero que hace cuando se
ocasiona una herida? Generalmente, toca la parte herida de su cuerpo. Puede incluso sujetarla para
tratar de mitigar el dolor. Este instinto físico envía también energía curativa a la parte afectada. Si se
relaja y coloca las manos sobre la herida más tiempo de lo que haría normalmente, comprobará,
cómo tiene efecto una curación aún más intensa. Todas las madres tocan, abrazan, besan o acarician
a sus hijos cuando éstos contraen algún dolor, y hacen lo mismo con el resto de sus seres queridos.
Si observa estas sencillas reacciones y procede a estudiarlas, constatará que cuando usted toca a
alguien a quien quiere mucho, se produce un efecto más intenso que si toca a un desconocido. Lo
más probable es que haya conferido su tacto una esencia especial: la esencia del amor que siente
por esa persona. Como ve, usted ha sido siempre capaz de sanar, pero no tenía conciencia de ello.
Cuando usted está alegre, feliz, lleno de energía, o en cualquier otra disposición positiva, su tacto
será más agradable para los demás que si estuviera de mal humor. La energía que encierra un
contacto malhumorado no es la misma que existe en un contacto alegre. Su estado de ánimo en un
momento dado se expresa a través de su energía. Cuando aprenda a regular su estado de ánimo y,
en consecuencia, la naturaleza de su energía y su flujo energético, pronto utilizará su energía para
sanar.
Estas experiencias personales cotidianas, que tengo la certeza se han desarrollado desde que
habitábamos en cavernas, han dado origen a la base de la curación por imposición de manos. Ha
tenido lugar desde que ha existido el ser humano. Los antiguos ya eran conscientes del poder
curativo que residía en sus manos. Cada cultura investigaba y utilizaba este poder desde la estructura
de sus conocimientos y tradiciones. En su libro Future Science, John White enumera noventa y siete