Eje 4 Resumen Rakel
Eje 4 Resumen Rakel
Eje 4.1.- BLEICHMAR, S. (2009) “La subjetividad en riesgo”. Cap I, VII, VIII.
Espínola Raquel
Capítulo VII. Tiempos difíciles. La identificación en la adolescencia
La adolescencia, desde el enfoque de la constitución psíquica, es el momento en que se definen modos de
asumir una identidad sexual relativamente estable (sentirse hombre, mujer u otra) y se recomponen las
formas de identificación (Surgen nuevos modelos con los que las personas intentan identificarse:
influencers, tribus, ídolos). Estas se desanudan de las identificaciones originarias con los adultos
significativos de la primera infancia (padre, madre) para dar lugar a modelos intergeneracionales más
simbólicos y menos ligados emocionalmente a los vínculos primarios.
Este tiempo habilita la resignificación y la producción de dos tipos de recomposición psíquica:
1.La que orienta las tareas vinculadas a la sexualidad.
Implica redefinir el lugar del deseo, el cuerpo y las relaciones afectivas y sexuales. Esto puede incluir, por
ejemplo, cómo se viven la identidad sexual, las elecciones de objeto amoroso o las formas de vinculación
amorosa y erótica. Es una reorganización de las identificaciones sexuales, que se da sobre todo en la
adolescencia.
2. La que permite la deconstrucción de propuestas originarias y la reformulación de ideales, que se
proyectarán en la juventud y adultez.
Significa que la persona puede cuestionar, revisar o incluso deconstruir las ideas, valores o modelos que
recibió en la infancia (por ejemplo, lo que creía sobre lo que es “ser exitoso”, “ser hombre/mujer”, “lo que
está bien o mal”). A partir de esa revisión, puede reformular sus propios ideales, que influirán en la
construcción de su proyecto de vida en la juventud y la adultez.
En cuanto a la sexualidad, las pautas de iniciación han cambiado. La familia ya no es la principal fuente de
información, función asumida por los medios. El par se vuelve mediador de esa información, y los modelos
identificatorios se ubican en figuras virtuales que resultan familiares y forman parte del entramado
cotidiano. Estas figuras mediáticas, que influyen y forman opinión, reemplazan a las figuras adultas
inmediatas. Las referencias tradicionales ya no interesan, ni siquiera como oposición, generando una nueva
asimetría sincrónica entre los adolescentes y esos personajes influyentes.
Respecto a la deconstrucción de significados y recomposición de valores, esta se complejiza porque las
generaciones adultas actuales ya no cuentan con certezas ni con propuestas mínimas. Valores que
funcionaban hasta hace poco han sido devastados, dejando a los adultos sin herramientas simbólicas para
transmitir a quienes deben criar.
El autor diferencia autoconservación (preservar la vida, Se refiere a todo lo que necesitamos para sobrevivir
físicamente: tener trabajo, comida, techo, salud, protección. Es lo biológico y material.) y autopreservación
(preservar la identidad, Se refiere a mantener lo que nos hace ser quienes somos: nuestros valores, ideales,
principios). El yo, entendido como residuo identificatorio (una estructura psíquica hecha de nuestras
identificaciones con otros, lo que tomamos del afuera y hacemos propio)
se organiza en torno a esas dos líneas:
- Una ligada a la supervivencia biológica (trabajo, alimentación, protección).
- Otra ligada a la identidad psíquica (el conjunto de enunciados que definen quién se es).
En tiempos estables, ambas dimensiones pueden coexistir: se puede vivir y ser uno mismo. Pero en
contextos históricamente desmantelantes (crisis sociales, pobreza extrema, violencia) estas dimensiones se
oponen: la supervivencia biológica puede requerir abandonar los valores que constituyen la identidad
subjetiva, o mantenerse fiel a uno mismo a costa de perder condiciones materiales. (quedar afuera del
sistema, perder trabajo)
La crisis identitaria argentina muestra esta tensión: muchos jóvenes consideran al país un lugar transitorio;
otros, directamente, no ven ningún futuro. El vacío representacional se agrava porque el discurso parental
se desplaza al plano de la mera autoconservación, sin poder transmitir valores ni ideales.
Las instituciones mediadoras de identificación han cambiado, y su transformación es clave para recomponer
identificaciones que permitan detener la desintegración social. Los tres pilares de la identificación son:
1. Las representaciones (imágenes internas de figuras significativas).
2. Los fines compartidos (proyectos comunes).
3. Los afectos ligadores (emociones que unen al sujeto con otros).
Una re-identificación humanizante requiere recomponer estos elementos, y sólo será posible si los adultos
logran restablecer sus propias líneas identitarias, dado que no se puede ofrecer una perspectiva
Identificatoria sólida a los adolescentes sin un entramado social adulto mínimamente articulado.
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Capítulo VIII – Las formas de la realidad
1. La realidad exterior y su impacto psíquico
La realidad exterior, al modificar condiciones habituales de vida, afecta el funcionamiento psíquico. El
vínculo con esa realidad implica un movimiento más allá de las respuestas acostumbradas. Este avance no
siempre logra una síntesis; puede implicar pérdida y una neocreación que no totaliza.
La realidad exterior consiste en estímulos discontinuos que no solo afectan sino que forman el aparato
psíquico, al generar desequilibrios que exigen trabajo interno (ligazón o evacuación). Este trabajo complejiza
las funciones anímicas y actúa como motor del desarrollo psíquico.
Sus dos dimensiones fundamentales son: el cuerpo y el otro humano, ambos posibilitan la emergencia de
representaciones y pensamientos.
2. Doble forma de operar de la realidad exterior
Una vez constituido el sujeto, la realidad opera como:
Realidad significada o significable: articulada mediante el lenguaje y el discurso social.
Realidad no significada: no atrapada por el lenguaje ni el discurso, pero con efectos traumáticos
que inciden en los límites de lo simbolizable.
El discurso social, transmitido por el otro humano, organiza la forma en que el sujeto representa su relación
con el mundo. Este discurso, atravesado por deseos y prohibiciones, estructura el yo como una masa
ideativa que define la autoimagen según clasificaciones sociales (lindo, feo, pobre, etc.).
Estas valoraciones impactan en la autoestima, sin estar regidas por la moral del superyó, sino por
parámetros sociales que influyen en cómo uno se ve a sí mismo desde la mirada del otro.
3. Tres niveles de relación entre realidad y aparato psíquico
a) Inconsciente – Realidad
En el sujeto constituido, el inconsciente está abierto al impacto de lo real, aunque no de forma organizada.
Lo que llega no es significación sino algo fragmentado, que incide sobre representaciones, afectos y series
de placer-displacer. El inconsciente otorga sentido, pero no necesariamente significado.
b) Yo – Realidad
El yo se vincula con la realidad social, y no puede pensarse como instancia puramente racional.
Debe diferenciarse del preconsciente (organizado por lógica y lenguaje). El yo es también una masa
libidinal, donde operan identidad y defensas.
Mientras el preconsciente permite conocer el mundo, el yo inviste libidinalmente esa realidad, lo que puede
facilitar u obstaculizar el conocimiento, según sus defensas narcisistas o el monto de angustia.
Dentro del yo operan dos funciones:
Autopreservación: conservación de la identidad.
Autoconservación: conservación de la vida física y continuidad existencial.
Ambas organizan la relación social y amorosa, y la realidad puede instituir o desinstituir subjetividades en
relación con estos ejes.
c) Superyó – Realidad
El superyó se forma desde una realidad exterior, mediante el discurso social. Sus mandatos son
impersonales, atemporales y categóricos.
Castiga duramente porque:
1. El sujeto no conoce su deseo.
2. Sus órdenes no son condicionales sino absolutas.
4. La realidad argentina y el psiquismo
La realidad socioeconómica y política argentina afecta directamente la vida psíquica, generando angustias,
temores y formas particulares de vinculación consigo mismo y con los otros.
El impacto no solo se percibe como necesidad biológica, sino como una representación psíquica del peligro.
La autoconservación no tiene representación directa, se da mediante mediaciones del yo, como
forma de amor recibido (sentirse digno de cuidado). La angustia de muerte muestra que la existencia
psíquica implica continuidad narrativa, más allá de lo biológico.
La autopreservación implica identidad (lo que uno “es”), diferente del ideal del yo (lo que “debería
ser”). Aunque parece más flexible, cuando cuerpo e identidad quedan unidos, una exclusión social puede
generar una ruptura profunda, difícil de reparar.
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Esto puede conducir a defensas extremas o reorganizaciones sin restitución del equilibrio anterior.
En tiempos normales, ambas funciones operan unificadamente, pero en situaciones extremas se disocian.
5. Reconstrucción de la realidad
La realidad que se necesita es aquella que permita reconstruir representaciones, que restituya al sujeto su
capacidad de pensarse, proyectarse y reconstruirse.
No debe reducirlo a un cuerpo marginal ni a un asistencialismo que borre su identidad, sino abrir sentidos y
posibilidades, en vez de clausurarlos.
4.2.- URRESTI, M. y otros. (2015) “Conexión total: los jóvenes y la experiencia social en la era de la
comunicación digital”. Grupo Editor Universitario. Buenos Aires. Cap I y III
Espínola Raquel
Los jóvenes no solo adoptan sino que han protagonizado la creación de tecnologías digitales, en contextos
de exploración, juego y libertad estructural. Esta actitud refleja la moratoria psicosocial (Erikson), que
prolonga el tiempo de exploración identitaria sin compromisos definitivos.
Desde los años 70, figuras jóvenes como Kahn y Cerf (creadores del protocolo TCP/IP), o Berners-Lee
(inventor de la web), marcan hitos fundacionales.
Las empresas tecnológicas como Microsoft y Apple también nacen de iniciativas juveniles: Gates, Allen, Jobs
y Wozniak fundaron sus compañías en la veintena, y lograron insertar sus invenciones en la cultura de
masas.
Más allá del mercado, se desarrolló una contracultura hacker, donde jóvenes universitarios, con una ética
libertaria y colaborativa, experimentaban en espacios informales (como garajes), generando una cultura
digital con un alto componente lúdico, creativo y desestructurado.
Estas prácticas produjeron un nuevo imaginario juvenil, alimentado por ficciones mediáticas y formas de
subjetivación que desdibujan las fronteras entre trabajo, juego y producción de saber.
4. La difusión de las tecnologías digitales e internet
Adolescentes como motores del cambio tecnológico:
Las generaciones jóvenes, especialmente los adolescentes, son los principales impulsores del uso y la
expansión de tecnologías digitales. No solo consumen hardware (equipos) y software (programas), sino que
experimentan con ellos, contagiando su uso a pares y adultos.
Etapas de adopción tecnológica:
Primera etapa: Ingenieros, técnicos y jóvenes universitarios acceden a dispositivos aún no
diseñados para el gran público.
Segunda etapa: Adolescentes y niños amplían su uso con fines lúdicos y creativos.
Tercera etapa: El uso se difunde entre pares (horizontal), hacia niños (descendente) y hacia adultos
(ascendente).
Cuarta etapa: Aparecen los “nativos digitales”, niños que interactúan desde temprano con internet.
Quinta etapa: Los adultos mayores se integran como usuarios activos y creativos.
En Argentina:
El proceso fue similar. Comenzó con pioneros ligados a la computación, y luego con jóvenes de sectores
medios-altos urbanos. Los videojuegos facilitaron la entrada de computadoras a los hogares. En los 90, el
acceso se amplió a sectores medios; los sectores populares accedieron en cibercafés. Con el tiempo,
programas estatales (como “Mi PC” y entrega de netbooks) ampliaron la inclusión digital.
Transformaciones socioculturales y adolescencia
Desde fines del siglo XX, las transformaciones socioculturales —como la globalización, el neoliberalismo y el
avance tecnológico— afectan profundamente la subjetividad adolescente. Surgen fenómenos como la
hiperconectividad, el consumo acelerado, la fragmentación del saber y el debilitamiento de los relatos que
organizaban la experiencia vital.
Identidad y subjetividad en crisis
En este nuevo escenario, se observa una crisis del ideal del yo y una identidad más lábil y performática,
donde la imagen corporal y la representación en redes sociales cobran un papel protagónico. La
construcción de la subjetividad se ve atravesada por discursos múltiples y contradictorios, dificultando la
elaboración simbólica de la experiencia.
La presencia del otro y el narcisismo
La mirada del otro —en especial de los pares— se vuelve constitutiva del yo. Se refuerza el narcisismo
secundario, con una búsqueda constante de validación y reconocimiento. La exposición a ideales sociales
inalcanzables (éxito, belleza, felicidad) genera frustración y sufrimiento narcisista, afectando el equilibrio
psíquico.
Función del adulto y las instituciones
La función estructurante del adulto y las instituciones tradicionales se debilita. Se observa una tendencia a
la permisividad o la indiferencia, lo cual obstaculiza la construcción del superyó y del ideal del yo. Sin
mediaciones simbólicas, los adolescentes quedan expuestos al imperativo de goce y al empobrecimiento del
trabajo psíquico sobre el deseo.
Desafíos para la clínica y la educación
Espínola Raquel
Tanto en la práctica clínica como en la educativa, se requiere un reposicionamiento: crear espacios de
escucha, sostén y simbolización. Es fundamental alojar al sujeto adolescente, darle lugar a la palabra y a la
construcción de sentido, frente a una cultura que tiende a la objetivación y a la exigencia de adaptación o
rendimiento.
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Los vínculos en Facebook (FB) surgen principalmente en grupos de pares, amigos de edad similar que
también utilizan otras plataformas como WhatsApp. FB facilita la ampliación de redes de contactos, lo que
refuerza la posición social del usuario. Aunque el espacio de la red parece público, los usuarios comparten
contenidos según sus contextos sociales. La visibilidad de lo compartido no es total, ya que los jóvenes
gestionan cuidadosamente qué contenido es accesible para qué contactos mediante herramientas de
privacidad. Este aprendizaje se da a través de la experiencia, el consejo de pares o la intervención de
adultos. En este entorno, la transmisión de saberes también es colaborativa y espontánea, similar a
plataformas como Wikipedia.
Los adolescentes no dejan de compartir tras malas experiencias, sino que ajustan sus prácticas según el tipo
de "amigos". La red permite ampliar los círculos sociales, transformando el uso de FB en algo lúdico y social.
En la adolescencia, internet ofrece múltiples referencias y grupos de afinidad, con FB funcionando como un
“sistema de recomendación” que facilita el acceso a contenidos seleccionados por otros, sin necesidad de
conocer personalmente a los demás. Además, FB conecta a personas con intereses no masivos,
fortaleciendo subculturas y grupos minoritarios.
Aunque existe un nivel de visibilidad pública útil para difundir propuestas artísticas, políticas o comerciales,
algunos jóvenes buscan hacerse visibles simplemente para alcanzar popularidad, lo que aumenta los riesgos,
especialmente para los adolescentes de sectores populares, quienes exponen su intimidad en busca de
reconocimiento.
4. Seducción y búsqueda de pareja:
La necesidad de reconocimiento impulsa la búsqueda de pareja en Facebook, donde los jóvenes publican
fotos atractivas con la esperanza de recibir "me gusta", "firmas" o emoticones. Esto se convierte en una
forma de evaluar la deseabilidad de los cuerpos, y las interacciones como los "duelos estéticos" amplifican
esta práctica. La información sobre el estado sentimental se publica automáticamente cuando se cambia en
el perfil, generando comentarios que refuerzan la sociabilidad.
En la búsqueda de pareja, los adolescentes encuentran ventajas en FB como conocer datos del otro antes
del encuentro, mostrar una imagen selectiva, desinhibirse y aprender estrategias observando a otros. No
obstante, las chicas temen por su integridad física y la posibilidad de ser engañadas, mientras que los
varones temen perder su autonomía. A pesar de la vigilancia multilateral en la red, ambos géneros coinciden
en que no es posible conocer al otro completamente a través de esta plataforma.
La búsqueda de pareja digital presenta características distintivas frente a la clásica: la accesibilidad continua,
la presentación selectiva de uno mismo, el acercamiento a desconocidos a través de amigos de amigos, la
desinhibición para tímidos, la necesidad de visibilidad, y el riesgo que implica el encuentro cara a cara. Los
adolescentes desarrollan estrategias para distinguir entre usuarios reales y sospechosos, protegiéndose de
actividades como el bullying, las estafas o la pedofilia.
5. Relaciones intergeneracionales: el complejo lugar de los padres y los docentes en las redes sociales
Los jóvenes, al exponerse sin vergüenza ni autocensura en las redes sociales, asumen riesgos, especialmente
los más jóvenes. Ante esto, los adultos intentan intervenir para cuidar y proteger a los adolescentes. Sin
embargo, surge la pregunta de si los adultos realmente entienden lo que los adolescentes hacen en las redes
sociales y hasta qué punto los padres comparten espacios virtuales, como Facebook, con sus hijos. También
es relevante explorar si los docentes se preocupan por estos temas y si, por ejemplo, utilizan las redes
sociales en su relación con los alumnos. Las respuestas dependen de especificar qué jóvenes, qué adultos,
en qué contextos sociales y en qué relaciones institucionales (familia, escuela, etc.) están involucrados.
Se ha destacado la brecha generacional entre nativos digitales (quienes nacieron en la era digital) e
inmigrantes digitales (quienes adoptaron estas tecnologías en su adultez). Aunque la idea inicial de que los
adultos están alejados de las plataformas digitales por falta de habilidades ha perdido claridad, la situación
ahora es más compleja. Mientras algunos adultos usan estas herramientas con familiaridad, otros se
encuentran en un punto intermedio, y un tercer grupo aún se mantiene distante de ellas
Espínola Raquel
Los adolescentes de hoy presentan una gran diferencia con los de décadas pasadas. La cultura produce
configuraciones subjetivas que se alinean con ideales, valores y prohibiciones sociales. Los adolescentes,
muchas veces sin saberlo, personifican los discursos culturales sobre quiénes deben ser y cómo deben vivir
su adolescencia. Esto afecta incluso a sus cuerpos, que también se ven atravesados por normas sociales y
procesos identificatorios.
La globalización impone una homogeneización que atraviesa fronteras, de modo que los adolescentes,
incluso de distintas regiones, comparten estilos, músicas, modas y hábitos de consumo. Este fenómeno
provoca una transformación en las diferencias generacionales, donde las distancias entre generaciones se
agrandan y, a veces, dentro de la misma franja etaria, coexisten modalidades subjetivas diversas. Así, las
adolescencias se vuelven múltiples y atravesadas por una singularidad propia, pero a la vez influenciadas por
trazos culturales comunes.
Adolescencias
La adolescencia, en ocasiones, se presenta como un proceso esencialmente biológico y evolutivo, pero el
cuerpo también es moldeado por lo social. El trabajo de los adolescentes contemporáneos consiste en
materializar un proyecto identificatorio bajo coordenadas sociales específicas. Este proceso no es mejor ni
peor que el de generaciones anteriores, pero sí es diferente debido a las transformaciones socioculturales.
La vida familiar ha cambiado y la familia burguesa tradicional ya no es el único agente de socialización. Las
diferencias generacionales se acentúan y las identificaciones ya no son solo familiares, sino también
extrafamiliares. Además, la cultura actual posiciona al adolescente como consumidor, con una oferta que se
ajusta a este rol idealizado.
El adolescente actual tiene más posibilidades que sus antecesores: mayor libertad, menor autoritarismo y
más cuestionamiento de modelos anteriores. Sin embargo, la devaluación del proyecto de vida puede vaciar
el futuro de sentido, aunque también permite la diversificación de búsquedas. Las tecnologías y los medios
ofrecen nuevas oportunidades para la subjetivación del adolescente contemporáneo, prolongando la
adolescencia como una moratoria, una oportunidad inédita para su desarrollo subjetivo.
El cuerpo; entre la docilidad y la potencialidad subjetivante
El cuerpo se construye en el contexto social e histórico, y está profundamente entrelazado con el psiquismo
y las interacciones sociales. Es biológico, sensorial, erógeno, imaginario y hablado. El cuerpo biológico
establece las bases del cuerpo sensorial y erógeno, pero las experiencias afectivas y representaciones
también influyen en su funcionamiento. El sufrimiento psíquico puede manifestarse en sufrimiento somático
(físico), lo que subraya la conexión entre ambos aspectos.
El Yo, o identidad, se proyecta en el cuerpo, reflejando identificaciones e ideales, pero la adolescencia no
solo se trata de identificaciones; la habilitación sexual activa moviliza los aspectos más profundos del
procesamiento afectivo relacionado con las transformaciones corporales y las interacciones con los demás.
Durante la adolescencia, la relación con el cuerpo está fuertemente marcada por los discursos sociales,
especialmente en su dimensión estética, que organiza las relaciones afectivas y sociales. En este contexto, el
Yo se subordina a la imagen corporal, la cual responde a los ideales de perfección de la época. Esta
preocupación por el cuerpo (gimnasios, dietas, cirugías) a menudo descuida los aspectos emocionales,
afectivos, fantásticos y cognitivos del cuerpo real, que incluye tanto sus placeres como sus sufrimientos.
En relación con la sexualidad adolescente, aunque ha habido una liberación de las restricciones sexuales
anteriores, también existen discursos sociales que, aunque promueven la permisividad, siguen ejerciendo un
control normativo. Estos discursos sobre la sexualidad influyen en cómo los adolescentes se apropian de su
corporalidad, no solo reduciéndola a la imagen o la pulsión sexual, sino también reconociendo la
potencialidad subjetivante del cuerpo en su totalidad, desde una perspectiva psicoanalítica, que involucra
tanto las pulsiones como las identificaciones y las representaciones sociales.
El analista en los bordes
El trabajo con adolescentes hoy en día exige un enfoque que contemple las problemáticas actuales y las
nuevas modalidades de subjetivación. Acompañar el proceso de exploración y autoconstrucción adolescente
requiere cuestionar los sentidos establecidos y estar abiertos a la reconfiguración de esos sentidos. El
analista debe estar dispuesto a trabajar con los adolescentes en este proceso de transformación,
reconociendo tanto las influencias sociales como los procesos internos de cambio, que involucran tanto los
aspectos psicoanalíticos como evolutivos del desarrollo.
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4.4.- URBANO, C. y YUNI, J. (2001) “Y,…no se…” Cap. IX.
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Estos vínculos son dinámicos, interactúan y se modifican a lo largo del tiempo, favoreciendo la
independencia y autonomía del sujeto respecto de la familia.
c. Funciones de enculturación
La familia es el primer grupo social que le enseña al sujeto la cultura. Está conectada con la sociedad en la
que vive y depende de ella.
Esto se transmite principalmente a través del lenguaje, que le permite a la persona entender el mundo y
darle sentido a lo que le pasa.
La familia también enseña los roles sociales (como ser hijo, madre, hermano, etc.) y los valores de la
sociedad (como lo que está bien o mal). Así, la persona aprende las reglas básicas de su cultura.
Pero esta enseñanza que da la familia puede sumarse, mezclarse o incluso chocar con lo que enseñan otras
instituciones, como la escuela, los medios o la religión.
La importancia de la acción de los padres en la adolescencia
El proceso de la adolescencia, aunque presenta aspectos comunes, se manifiesta de diversas formas según
los patrones culturales del contexto en el que ocurre. La adquisición de la identidad adolescente está
condicionada por las características del entorno familiar y sociocultural.
Los cambios físicos y psicológicos que ocurren durante esta etapa afectan tanto al adolescente como a sus
padres. Los padres, al percibir el crecimiento de sus hijos, sienten ansiedad, temor y angustia debido a las
actitudes críticas y la independencia creciente de los adolescentes. Esta situación genera una ambivalencia
dual: los hijos se separan de los padres, pero estos también experimentan esa misma ambivalencia al ver
que sus hijos se alejan.
La crisis del adolescente reactiva los conflictos que los padres vivieron durante su propia adolescencia. Los
padres perciben esta transformación como un período confuso, alternando entre tratar al adolescente
como un niño o imponerle exigencias adultas. Esta confusión genera rechazo hacia el adolescente y cambios
en la comunicación, ya que dejan de contarles sus experiencias, lo que genera irritación y angustia en los
padres, que sienten que el hijo guarda conflictos no comunicados por falta de confianza.
Los padres deben abandonar sus fantasías de omnipotencia y aceptar la necesidad de autonomía de su
hijo. Sin embargo, muchos sienten que su hijo los ha dejado de querer y, en algunos casos, crean fantasías
sobre la influencia negativa de amigos o el colegio, lo que les lleva a prohibir ciertos contactos. Esta actitud
lleva a los padres a gestionar la agresión y desobediencia del hijo mediante prohibiciones y exigencias
autoritarias, utilizando un sistema de premios y castigos.
Para el adolescente, los padres se convierten en un rival a vencer para alcanzar la autonomía. Este intento
de "destruir" a los padres está vinculado a su concepción infantil de dependencia y omnipotencia, que se
manifiesta en la fantasía.
La forma en que los padres enfrentan los cambios de su hijo depende de su madurez y de cómo ellos
mismos resolvieron su adolescencia. La adolescencia del hijo moviliza los conflictos no resueltos de los
padres. Los padres deben favorecer este proceso de separación, aceptando que el hijo no debe ser una
imagen reflejada de ellos. En este período, es crucial que los padres actúen de manera inteligente al
establecer límites flexibles, dispuestos a modificar su comportamiento según las necesidades del hijo.
La adolescencia es una etapa de transformaciones donde el adolescente necesita un ambiente que lo
contenga y oriente. La presencia activa de los padres es esencial para enfrentar las agresiones del hijo,
estableciendo pautas de convivencia flexibles. Si los padres adoptan una actitud autoritaria y exigente,
aumentan el sentimiento de incomprensión del adolescente, lo que puede generar trastornos en su
desarrollo normal. En casos extremos, los padres pueden llevar al adolescente a sentirse abandonado,
incapaz de cumplir con las expectativas del entorno, y a desarrollar fantasías suicidas, que, en algunos casos,
se pueden llevar a cabo.
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La familia tradicional daba equilibrio al individuo, lo incluía en una red de apoyo social y económico, y lo
conectaba con una historia familiar (una genealogía) que le daba sentido y pertenencia.
Era el primer paso en la construcción de la identidad y los lazos entre generaciones. Aunque no reflejaba
todas las formas posibles de familia, era el modelo dominante en las sociedades occidentales.
La madre cumple también una función importante: ayuda al niño a ponerle nombre y sentido a lo que le
pasa, aportando significados para su desarrollo.
¿Qué dice el psicoanálisis sobre el padre?
Al igual que la madre, el padre cumple una función simbólica: no importa quién la cumpla, sino que tenga un
significado. Representa la ley y las normas sociales. Es quien separa al niño de la madre y ofrece elementos
simbólicos (como ideas, normas o instituciones) que permiten salir del núcleo familiar y relacionarse con el
mundo (exogamia).
¿Qué pasó con estas ideas de familia?
El modelo tradicional (paterno-filial) estaba vinculado a una sociedad donde la familia preparaba a los hijos
para ser ciudadanos. Hoy ese modelo se debilitó por muchos cambios sociales, como:
- Inseguridad laboral y económica
- Cambios en el trabajo
- Pérdida de protecciones sociales
- Desvalorización de la experiencia
- Dificultad para transmitir valores entre generaciones
- Nuevos tipos de familia
Aparecen nuevas formas de familia como:
- Familias ensambladas, Monoparentales, Familias ampliadas
Pero más allá de estas formas, surgen nuevas maneras de relacionarse que ya no siguen el modelo
tradicional. Estas nuevas relaciones cuestionan la figura de autoridad simbólica (como la del padre o la
madre) y nos obligan a repensar qué entendemos por familia.
Como no hay un solo modelo válido, y las relaciones se construyen según cada situación, se dice que hoy la
familia es un significante vacío: una palabra sin un significado único y fijo.
Ante el agotamiento del dispositivo familiar, los registros ofrecen 3 modalidades subjetivas de habitar la
nueva situación: desubjetivacion, resistencia e invención.
Desubjetivación:
La desubjetivación es cuando una persona no puede hacerse cargo ni transformar lo que le pasa. Es una
forma de estar en la familia donde se pierde la capacidad de decidir o asumir responsabilidades, y uno
queda a merced de las circunstancias.
Indiferenciación de roles: Esto se ve cuando ya no están claras las diferencias entre los roles de padre,
madre e hijo. Se pierde la idea de quién cuida, quién pone límites, quién tiene autoridad. Aunque en otras
épocas también hubo cambios en los roles, hoy esto muestra una crisis más profunda: ya no están firmes los
lugares simbólicos que daban estructura a la familia.
Cuando se caen los modelos tradicionales de autoridad en la familia, los hijos pueden sentirse solos o
perdidos. Si no hay figuras claras que sirvan de guía, se hace más difícil para los hijos construir su propia
identidad y entender lo que significa ser madre o padre hoy. Las ideas heredadas sobre cómo ejercer esos
roles ya no alcanzan.
Impacto en la subjetividad: La desubjetivación puede hacer que alguien no pueda involucrarse
emocionalmente en situaciones importantes, como un embarazo. Así, lo que debería ser una experiencia
transformadora se vuelve algo vacío. Esto puede llevar a dos caminos: seguir viviendo sin comprometerse,
solo sobreviviendo, o implicarse activamente y transformar esa situación en una experiencia con sentido
(proceso de subjetivación).
Resistencia
La resistencia se refiere a una actitud defensiva, un intento de protegerse de los efectos riesgosos que
amenazan la existencia. En este sentido, la familia se presenta como un refugio, un lugar de protección ante
el exterior.
Alteración del modelo familiar: Tradicionalmente, la familia tenía el rol de insertar al niño en el mundo,
ayudándolo en su socialización y fomentando su autonomía progresiva. El mundo se percibía como un lugar
prometedor, lleno de nuevas oportunidades. Sin embargo, en el contexto actual, el mundo ha pasado a ser
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visto como peligroso e inhabitable. Como consecuencia, la familia ya no facilita la salida de los hijos hacia el
mundo, sino que se convierte en un espacio que los preserva de los riesgos que este mundo presenta. Esta
transformación refleja un cambio fundamental en la función familiar, que ya no orienta hacia la autonomía,
sino hacia la protección y el resguardo.
Invención
La modalidad de la invención resalta la capacidad de crear recursos para habitar la situación, enfrentando lo
real de manera transformadora. Se trata de generar aperturas que permitan superar las condiciones de
imposibilidad, produciendo nuevos posibles.
En contextos de crisis, aunque la familia tradicional y la autoridad pierdan fuerza las personas igual logran
construirse como sujetos. La identidad ya no se hereda, se va creando en medio de la dificultad, buscando
quien ser incluso cuando parece que no se puede. La vida se vuelve un camino de autoconstrucción
contante.
2. LA ESCUELA ENTRE LA DESTITUCIÓN Y LA INVENCIÓN
La situación de los jóvenes en condiciones de expulsión social afecta profundamente su subjetivación, lo que
impacta la función educativa de la escuela. Para analizar esto, se abordan las tres categorías:
desubjetivación, resistencia e invención, en relación con la caída del dispositivo pedagógico moderno.
Destitución de la escuela: La destitución no implica vacío o ausencia de productividad, sino la pérdida de la
capacidad de la escuela para interpelar y formar sujetos. La eficacia simbólica de la escuela se mide por su
habilidad para constituir subjetividades alrededor de normas y valores que rigen la vida social. La "ficción"
de la escuela ya no tiene poder performativo, y hay una pérdida de credibilidad sobre su capacidad de
fundar subjetividad. Sin embargo, esta destitución puede ser procesada y habitada como un escenario
complejo en el que surgen operaciones de invención.
Esto quiere decir que la escuela ya no logra formar personas como antes. No es que no haga nada, sino que
perdió fuerza para enseñar valores y reglas que ayuden a vivir en sociedad. La escuela ya no tiene la misma
autoridad ni genera el mismo respeto. Pero esto no significa que todo esté perdido: este cambio puede ser
una oportunidad para crear nuevas formas de enseñar y relacionarse dentro de la escuela.
Desubjetivación
La desubjetivación se refiere a la sensación de impotencia, donde no se percibe la posibilidad de hacer algo
diferente con la realidad. Los jóvenes en situaciones de pobreza son evaluados negativamente, no solo en
términos culturales, sino también morales (valores cambiados, familia ausente, violencia). La escuela y los
docentes ya no tienen esperanza en el progreso de estos estudiantes, lo que lleva a una impotencia en la
tarea educativa. Esta impotencia refleja la desubjetivación de la enseñanza, donde los maestros son
síntomas de la pérdida de autoridad simbólica.
Resistencia
Los jóvenes de hoy se caracterizan por una fuerte resistencia a ser moldeados por la institución escolar, a
diferencia de generaciones anteriores que aceptaban el proceso educativo. La relación de respeto y
obediencia hacia la autoridad ha desaparecido, y la escuela enfrenta una profunda incomunicación con la
familia. Los docentes sienten que ya no pueden instituir a los estudiantes, ya que la escuela ha perdido la
capacidad de educar en un contexto de disolución estatal. La resistencia se manifiesta como una negativa a
adaptarse a las nuevas condiciones, aferrándose a una imagen del estudiante que ya no existe. Este
obstáculo impide que nuevas formas de subjetividad surjan.
Invención
La invención en educación se opone a la idea de lo definitivo, lo irreversible y la impotencia. La invención en
educación La educación no se trata de algo fijo o imposible de cambiar. Busca abrir un espacio para que cada
persona pueda formarse como sujeto, de manera única. No quiere que todos sean iguales, sino ayudar a
cada uno a ser diferente, a su manera. Educar es dar libertad para que los estudiantes hagan algo con lo que
aprenden. El objetivo no es crear un "alumno perfecto", sino dar herramientas para que puedan transformar
su vida y el mundo.
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