Tema 4 - El Desarrollo Comunitario y las políticas municipales
“Allí donde ha fracasado el Estado, quizá la comunidad local, físicamente tangible,
encarnada en un territorio habitado por sus miembros y por nadie más, provoca el
sentimiento de seguridad” (Bauman, 2003, p. 135)
4.1. Introducción
Como ya se ha visto en el tema anterior, la globalización es un fenómeno que está
cambiando la faz del mundo más rápida y radicalmente que ningún imperio o
movimiento político en el pasado y que nos afecta a cada persona en todos los ámbitos
de la vida. Ningún aspecto de nuestras vidas escapa a su influencia. Pero, pese a ese
impacto a escala mundial y global (que nos afecta a nivel local e individual),
encontramos la fundamentación o quizá, la justificación a este tema sobre políticas
municipales, en el estudio de Boisier (2005), cuando afirma que:
La abrumadora mayoría de la gente hace uso de su tiempo de vida en un espacio
geográfico que, imaginariamente, no supera un radio de 500 kilómetros. Allí vive, forma
familia, trabaja, obtiene educación y salud, allí se recrea, y generalmente termina por
ser enterrado en ese mismo espacio, que es el territorio de la cotidianeidad. Es fácil
inferir que, para cualquier individuo, la realización de su propio proyecto de vida
depende críticamente de lo que acontezca a lo largo del tiempo en su entorno cotidiano.
Por lo tanto, para todos es de vital importancia que al entorno cotidiano le vaya bien, ya
que así la probabilidad de tener éxito en el proyecto individual de vida aumenta in situ
(p.50)
Así pues, bajo esa realidad subyace la idea de que somos “ciudadanos locales”, viajeros
de la proximidad, habitantes de lo cotidiano en un mundo globalizado. Y es que, como
ya se ha visto en el tema anterior, la globalización impregna toda la vida cotidiana de
los ciudadanos, cada esfera de lo local. Ahora cabría preguntarse, cómo y en qué forma
deben de ser sintetizados ambos conceptos (Mota y Díaz, 2008) porque, la globalidad
no anula sino más bien hace necesaria la presencia de lo local. En este sentido, con la
globalización el territorio también se valoriza y, en las dos últimas décadas del siglo XX,
lo local resurge en sentido paralelo a lo global:
• Primero, como estrategia para redimensionar al aparato estatal y redefinir el
rol del Estado en el nuevo entorno económico; es decir, para abrir camino a la
globalización por medio de estrategias de descentralización, privatización, etc.
• Segundo, como estrategia para impulsar acciones orientadas a cumplir los
objetivos del desarrollo humano también con estrategias descentralizadoras,
privatizadoras, pero enfatizando en la participación de los actores locales.
Así pues, “lo local no es independiente de lo global, ya que ambos procesos surgen al
mismo tiempo y coexisten en nuestra realidad actual” (Mota y Díaz, 2008, p. 586). La
complejidad del fenómeno de la globalización está conectada con la experiencia
cotidiana, desde la que se pretende una sociedad más humana, más justa, más
implicada más participativa y más solidaria. Quizá, una de las fórmulas para definir esta
realidad se encuentre en el neologismo de Robertson (1992), en el término glocal:
piensa global y actúa local (para la empresa) y piensa local y actúa global (para el
territorio). Con este concepto se pretende ajustar el nivel local con el global en áreas
como la economía o la cultura, entre otras. Es decir, lo local está en estrecho vínculo
con lo global, por lo cual, es imposible separar ambos procesos. Así, Ritzer (2006)
sostiene que lo glocal se constituye como una alternativa y una fuente de resistencia a
lo global, en tal sentido lo glocal supone que lo local está incorporado a lo global.
Al conectar el fenómeno de la globalización con la realidad local existen posiciones
encontradas entre quienes sostienen que la globalización devalúa el territorio y los que
sostienen que, por el contrario, lleva a una revalorización territorial (Boisieir, 2005).
Por un lado, los globalizadores argumentan que ha surgido una economía global
dominada por las grandes empresas transnacionales, y consecuentemente, las
localidades, regiones e incluso países, están siendo rediseñados de acuerdo tanto a la
economía global como a estas empresas transnacionales con lo que, se difumina su
identidad local.
Pero, por otro lado, los localistas consideran que el proceso de globalización significa
un aumento de la competencia en los mercados y por lo tanto, nuevas necesidades de
las empresas y economías locales para poder ajustarse al escenario de competencia
global creciente, realidad que supone un reto para el sistema productivo y
empresarial. Los cambios del entorno condicionan la necesidad de dar nuevas
respuestas, cosa que ha permitido la revalorización de lo local como fuente de
crecimiento, innovación tecnológica de las actividades productivas de pequeño y
mediano tamaño, generación de empleo, capacitación de mano de obra para procesos
específicos. En definitiva, identificación, valoración y proyección de los recursos locales
para desatar procesos de crecimiento y desarrollo endógenos. El proceso de
globalización, por lo tanto, es una cuestión que condiciona la dinámica económica de
las ciudades y regiones que, a su vez, se ve afectado por el comportamiento de los
actores locales (Vázquez, 2000).
Pero además, en la actualidad se está extendiendo la idea de ciudadanía planetaria. Es
decir, parece ser que, según se difumina esa identidad local, las personas conjugan su
sentimiento de pertenencia a una comunidad concreta con el sentimiento de sentirse
parte de redes regionales y globales. Se trataría de un sentimiento de identidad
planetaria según el cual, las personas, sea cual fuere su comunidad, constituyen una
red animada por el deseo de compartir los recursos del planeta y de ejercitar los
Derechos Humanos como derechos universales (Murga, 2017).
Sea cual sea la posición ante ambos fenómenos, no cabe duda de que, la agenda global
y la agenda local van de la mano, y la implicación de la segunda es necesaria para el
éxito de la primera. Según Murga (2017), la escala macro (planetaria) es fundamental,
pues hoy por hoy los grandes retos socio-ecológicos (cambio climático, migraciones,
pérdida de biodiversidad, extinción de especies…) se manifiestan con una gran
contundencia como cuestiones mundiales. Sin embargo, conocer y analizar estos
temas en las escalas meso y micro (regional, nacional y local) resulta indispensable.
Así, por ejemplo, se considera que, sin las regiones y las ciudades la lucha contra el
cambio climático no será efectiva. Pero, pese a esta efectividad de la implicación
ciudadana en los problemas globales, tal y como señala la tesis de Campos (2014) se
sabe que existe poca implicación ciudadana a esos niveles, aumentando el interés
cuando la toma de decisión está en un ámbito más próximo al ciudadano como puede
ser el municipio. Parece ser, que el ciudadano siente, como una seña de identidad
propia, lo relacionado con lo local, lo próximo y su interés se centra en factores que
afectan a su vida diaria, como la pertenencia a una comunidad de vecinos o a una
asociación.
Es esta participación a nivel micro la que genera mayor interés principalmente por dos
razones. Una, porque indaga sobre el proceso de elaboración de una agenda política
local de desarrollo por parte de la propia comunidad. Dos, porque esta participación
constituye la oportunidad para iniciar una transformación específica, de promover un
proceso, donde las personas dejen de tener la condición de individuos aislados para
incorporarse a la construcción de su sociedad, donde las personas desarrollen su
capacidad de poder incidir, negociar y construir programas sociales. Y, es en este
contexto local, donde los y las ciudadanas que conforman la comunidad tienen un
peso específico muy importante y son protagonistas a través de su participación junto
a la Administración local, para construir un futuro más justo e igualitario. Es decir, el
desarrollo de la comunidad se consigue con la participación de unas personas que no
son “objeto de intervención” sino sujetos que tienen capacidad potencial de incidir y
decidir (Castilleja, 2006).
Son estos nuevos movimientos sociales que se configuran entre los ciudadanos los que
proporcionan una manera alternativa de participación e implicación en lo comunitario.
Es decir, ahora más que nunca, se precisan ciudadanos implicados y comprometidos en
su comunidad dispuestos a actuar ante el proceso de globalización que amenaza la
realidad local. De esta forma, personas que hasta ahora no habían sido considerados
en la esfera pública obtienen reconocimiento y legitimidad para actuar en el terreno
público, de esta forma, se otorga poder a ciudadanos de a pié (Sassen, 2003). Es decir,
tal y como señala Beck (2017) hay que enfatizar el protagonismo activo de las personas
como sujetos de derechos, partícipes y no como meros testigos de una globalización. El
desarrollo municipal constituye un caso particular de desarrollo local con una amplitud
espacial delimitada por el corte administrativo del municipio y es capaz de promover la
mejoría en la calidad de vida de la población, tal y como recoge Boisier (2005) citando
a Buarque (1999). En este sentido según Martín (2001),
Surgen los ayuntamientos como las instituciones más cercanas al ciudadano, como los
instrumentos de participación más factibles, como los espacios donde pueden integrarse
todas las políticas colocando a las personas como protagonistas y como centros de la
actividad económica y cultura (p. 61)
4.2. El desarrollo comunitario y las políticas municipales
Por todo lo expuesto en el apartado anterior, es necesario que la administración local
se transforme y funcione como gobierno local. Los municipios tienen que dejar de ser
prestadores de servicios para convertirse en impulsores de un proyecto de ciudad
desde la participación ciudadana, para lo cual, cada municipio, tal y como recoge el
marco legal, debe de estar dotado de plena autonomía de actuación. En este sentido,
es la Carta Europea de Autonomía Local 1 de (1985) en su artículo 3, quien señala que
«la autonomía municipal es el derecho y la capacidad efectiva de las entidades locales
de ordenar y gestionar una parte importante de los asuntos públicos, en el marco de la
ley, bajo su propia responsabilidad y en beneficio de sus habitantes.» y es, la propia
Constitución española en su artículo 137 quien, declara que los municipios gozan de
autonomía para la gestión de los asuntos de su interés, y en su artículo 140 quién
garantiza esa autonomía y además atribuye su gobierno y administración a sus
respectivos Ayuntamientos, integrados por los Alcaldes y los Concejales. Así pues, ese
Gobierno local cuenta con plena autonomía para posibilitar la participación de todas
las personas que viven en el municipio.
Con ello, en la actualidad existe una realidad “gestionada” en un Gobierno local que
está localizado en los ayuntamientos cuyo régimen jurídico 2 contempla la posibilidad
de canalizar la participación de los ciudadanos y de sus asociaciones en los asuntos
municipales. Las ventajas de que las decisiones las tome el Municipio y no otro
organismo están relacionadas con la idea de estar más cercano al ciudadano, es el que
está en mejores condiciones por conocer las necesidades de sus habitantes de forma
1 https://www.boe.es/buscar/pdf/1989/BOE-A-1989-4370-consolidado.pdf
2 Real Decreto 2568/1986, de 28 de noviembre, por el que se aprueba el reglamento de
organización, funcionamiento y régimen jurídico de las Entidades locales.
más directa. Así, y gracias a la legislación vigente, el Ayuntamiento puede impulsar
actividades que se proyectan, el ciudadano responde una vez que se le ha dado a
conocer y se establece así un lazo de unión entre ciudadano y gobierno local (entre
comunidad y política). Este Gobierno local, debe tener en cuenta las necesidades del
ciudadano y tomarlo en consideración en su toma de decisiones, no actuar al margen
del principal sujeto. De esta forma, las entidades locales adquieren competencias
potenciándose así el desarrollo local de cada comunidad.
Los desafíos y retos de cada comunidad son resultado de la interacción de varios
actores y factores que son únicos e irrepetibles, es decir cada comunidad cuenta con
una problemática particular así como con sus potencialidades y fortalezas propias y
específicas para hacerles frente. Además, en todas las comunidades existen recursos
limitados tanto materiales como intelectuales y humanos, pero al mismo tiempo
habilidades, conocimiento y destrezas propios del lugar. Con ello, tal y como recoge
Águila (2004), el desarrollo local puede concebirse como un movimiento que tiene el
fin de promover el mejoramiento de la vida de toda la comunidad, con su participación
activa y, en la medida de lo posible, que esta iniciativa provenga de la propia
comunidad.
Por tal razón, es importante potencializar (tanto desde la educación social como desde
los diferentes agentes sociales y educativos de la ciudad) todos los recursos existentes
en el espacio local, para que de ese modo se generen procesos de desarrollo endógeno
con una mayor participación de los actores locales y aprovechamiento de los recursos,
naturales, sociales, humanos que tiene el territorio. La complicidad de los ciudadanos
con sus administraciones locales es fundamental, se trata de involucrar a las personas
en el desarrollo de sus comunidades con lo que, guarda relación directa con las
capacidades organizativas de un grupo en particular y la utilización de sus propios
recursos para intentar mejorar su calidad de vida.
Con el propósito de dar fuerza a los dispositivos endógenos del territorio y de las
comunidades locales, el desarrollo comunitario valoriza de forma integrada y
sustentable los recursos existentes, y afirma la implicación de cada persona como
sujeto y agente de sus propios procesos de transformación social en su entorno
inmediato, aunque sin dejar de tener en cuenta el hecho de que vivimos en una
sociedad globalizada (Caride, 2005). Hay que lograr que las personas se impliquen,
tomen parte activa y participen en las acciones que se pretenden desarrollar y se
conviertan en los verdaderos y los principales agentes de las mismas (Sarrate, 2002).
Con todo, el desarrollo comunitario se convierte en una herramienta activa de
iniciativa popular y participación de toda la ciudadanía, implicándose en la política
municipal de su territorio para trabajar de forma conjunta y conseguir el bien común.
La implicación de la ciudadanía en las políticas municipales ayuda a mejorar la
satisfacción de las necesidades de la población y en consecuencia mejora la calidad de
vida de la colectividad y los individuos en sí.
En palabras de Jiménez (2014), esta perspectiva del desarrollo comunitario se
caracteriza por:
• Tratarse de un proceso educativo. La comunidad toma conciencia de su
realidad y la analiza de manera crítica.
• Partir del territorio como elemento común, tratando de influir en su gestión
para que sea realmente un espacio de vida y no de uso.
• Colocar a los miembros de la comunidad como protagonistas del proceso. No
son objeto sino sujeto de la acción.
• Incentivar la creatividad como uno de los principales recursos del desarrollo.
• Partir no solo del conocimiento de la realidad por parte de los miembros de la
comunidad, sino de la comprensión de la realidad realizada con ojos críticos.
• Valorar la importancia del colectivo. Cada persona es protagonista y es
importante cada individuo, pero en relación con los demás. Lo colectivo no
debe olvidar lo personal, y el interés personal debe realizarse buscando el bien
común. En este proceso, es necesario respetar y tener en cuenta a las minorías
que existen en toda comunidad.
• Organizar el proceso global de la comunidad. El objetivo no es responder a un
problema aislado, sino que la comunidad desarrolle un nivel de
autodependencia que le permita organizar su propio desarrollo, en su
conjunto, en todos los aspectos, generando y potenciando para ello las redes
sociales necesarias, y articulando espacios de participación.
• Elevar la calidad de vida de los miembros de la comunidad, pero en relación con
otras comunidades y con la sociedad en general. El objetivo es la búsqueda del
bien común de la comunidad en el marco de la búsqueda del bien común de la
sociedad en general, mediante una correcta articulación entre individuo,
comunidad, sociedad y planeta.
• Desarrollar acciones sinérgicas que permitan la óptima satisfacción de las
necesidades humanas fundamentales, buscando satisfactores endógenos que
tengan un efecto multiplicador, teniendo en cuenta que la comunidad es el
principal recurso.
• Potenciar los recursos propios, pero desde una perspectiva de solidaridad hacia
otras comunidades. Hoy no se puede entender el desarrollo comunitario sino
es junto a otras comunidades en una relación basada en la solidaridad y la
búsqueda del bien común.
• Construir espacios de democracia directa y participativa en los que las personas
accedan al mayor nivel de participación posible respecto a su vida en el
territorio en el que habitan, promoviendo y reivindicando que la
Administración Pública facilite la incorporación de estos espacios en la gestión
del territorio en toda su amplitud.
Y Jiménez (2014) concluye afirmando que, se trata de crear espacios de participación,
deliberación y acción ciudadana, lugares de encuentro en los que tejer redes sociales y
donde se decidan y se promuevan acciones conjuntas que faciliten la satisfacción de
las necesidades humanas fundamentales. El objetivo es promover, junto a medidas
redistributivas, políticas sociales y económicas que faciliten el acceso de todos a una
ciudadanía plena.
Por tanto, en términos de comunidad, el desarrollo comunitario se puede concebir
como un movimiento que teniendo el fin de promover el mejoramiento de la vida de
toda la comunidad, desde la participación activa de la misma, desarrolla a su vez el
empoderamiento de la misma. Para su creador, Rappaport (1981), el empoderamiento
es el proceso por el cual, las personas, organizaciones y comunidades adquieren
control y dominio de sus vidas. Haciendo referencia no sólo a la determinación
individual sobre la propia vida, sino también a la participación democrática en la vida
de la comunidad a través de estructuras mediadoras como la escuela, el vecindario, la
iglesia y organizaciones de voluntarios. Con todo, el grado de participación ciudadana
varía, “cuanto mayor sea el grado de participación mayor será el empoderamiento
ciudadano. Esto es, mayor conciencia y control sobre los procesos que inciden o
pueden incidir en su calidad de vida inmediata” (Abarca, 2018, p. 91). Así, el Desarrollo
Comunitario posibilita el empoderamiento ciudadano en lo concerniente a asuntos
que le afectan en su día a día y sobre los cuales toma decisiones en las que
habitualmente no estaba involucrado.
No se debe olvidar que es el nivel comunitario del empoderamiento el que procura
potenciar la acción realizada desde, por y para la comunidad. El ciudadano interactúa
con su entorno, se relaciona en su medio, realiza actividades y toma parte de los
proyectos. El ciudadano es sujeto activo y participativo en la ciudad, da vida al medio
donde vive, da vida a la ciudad. Se participa generalmente de forma grupal y el objeto
de la misma es casi siempre social.
La ciudadanía por tanto realiza la actividad con un fin concreto y la misma incide en los
otros. Siguiendo a Trilla y Novella (2001) “La participación es siempre una acción social,
colectiva, relacional” (p. 159). Además, estos autores añaden que, “la participación
supone el desarrollo de la identidad de los sujetos que corresponde a la ciudadanía, sin
ésta conciencia de la ciudadanía, es difícil que alguien se sienta movido a la
participación social” (p. 159).
4.3. La ciudad, la ciudadanía y la democracia
“Se es donde se pace, no donde se nace”. La primera formulación de la igualdad
democrática consiste en decir que cada uno es de donde está, de su barrio, y no de
donde es o procede. Así, en los últimos años existe la idea de entender al ciudadano
como aquella persona que es “natural o vecino de una ciudad” y a la ciudadanía como
el conjunto de miembros o habitantes de una ciudad. Siendo el ciudadano un sujeto
capaz de construir y transformar su ciudad interviniendo en asuntos públicos a través
de sus prácticas políticas y sociales y la ciudadanía el conjunto colectivo que habita esa
ciudad (Tamayo 2010). En este sentido, el concepto de ciudadanía y el proceso político
y social al que hace referencia sólo se puede entender a partir de su relación con el
desarrollo de las ciudades, siendo la ciudad uno de los espacios privilegiados de las
prácticas ciudadanas (Ramírez, 2017). “La ciudad es ante todo el espacio público, el
espacio público es la ciudad. Es a la vez condición y expresión de la ciudadanía, de los
derechos ciudadanos” (Borja, 2011, p. 140). Este mismo autor señala que, la ciudad,
como la democracia, debe maximizar la libertad individual en un marco de vida
colectiva que minimice las desigualdades, de esta forma se establece una estrecha
relación entre ciudad, como lugar para el ejercicio de la ciudadanía y, democracia,
como forma de convivencia y de construcción de una sociedad más justa. En este
contexto, el ciudadano no nace se hace, está en un espacio en permanente disputa y
transformación que se construye con prácticas ciudadanas (Tamayo, 2010).
En el ámbito del desarrollo local, estos tres conceptos no pueden entenderse, ni
desarrollarse, de forma separada: la ciudad, el lugar; la ciudadanía, la práctica y; la
democracia, la esencia. Siguiendo a Algualcil (2000), se trata de tres dimensiones
diferentes: la física, la cultural y la política. La ciudad se erige en el medio donde se
puede desarrollar la democracia, y la ciudadanía es la mediación, es decir, el nexo-
contexto cultural que garantiza los deberes y derechos que definen la democracia. La
ciudadanía, es la acción social que se localiza en un lugar de la ciudad, y que la
reconstruye al imprimir acción sobre la misma. La ciudad es el medio de la ciudadanía,
pero la ciudadanía, a su vez es la acción que hace posible la ciudad. Así, ciudad y
ciudadanía son las dos caras de un proceso, constituyéndose la ciudad como el espacio
público por excelencia donde sus habitantes luchan por sus derechos. Tal y como
concluye el estudio de Ramírez (2017):
Ciudadanía, ciudad y democracia son tres conceptos compatibles e integrales que nos
permiten analizar una realidad social cambiante y conflictiva como la que se desarrolla
en las grandes ciudades a inicios del siglo XXI. Dichos conceptos aluden a un proceso
político, económico y social en donde los ciudadanos buscan espacios de participación
para incidir en la construcción de sus ciudades. (p. 22)
Pero, en la actualidad vivimos en ciudades muy pobladas, cada vez más divididas,
fragmentadas y proclives al estallido de conflictos y de revueltas sociales (Harvey,
2013). Las ciudades actuales son espacios de encuentro, pero también de
confrontaciones económicas, sociales, ideológicas y políticas de la sociedad que las
habita y las comparte. Las ciudades reflejan la historia social y simbólica del territorio
en que se integran (región, autonomía, Estado, etc.), pues las tensiones entre pueblos,
estados y culturas se han trasladado hoy al interior de las ciudades.
Simultáneamente, las ciudades se han convertido también en vivero de pluralidad
lingüística, cultural y socioeconómica, que pueden ser esperanza de regeneración
democrática y de nuevas formas de participación social y política o, por el contrario, de
sistemas de opresión y exclusión. Ante esta realidad la ciudadanía tiene el desafío de
armonizar lo universal con lo identitario. La ciudadanía expresa por tanto una
dualidad: lo universal que lleva a lo solidario, por un lado, la identidad que lleva a la
autonomía y permite la participación directa en los asuntos públicos por otro. Una no
puede ser sin el otra y viceversa (Alguacil, 2000). Tal y como considera Borja y Castelles
(1997), la ciudad es un espacio ideal para estudiar tanto lo local como lo global. No es
posible abordar la dimensión local sin mencionar el contexto de la ciudad.
La transformación del espacio urbano bajo el discurso neoliberal implica el desarrollo
de diversas políticas y proyectos de intervención dirigidos a la gestión de la vida en la
polis neoliberal. Siguiendo a Telleria (2012), la privatización, como receta neoliberal
para tantos temas, también se aplica al urbanismo y al diseño de los nuevos espacios
de la ciudad y desgraciadamente la gestión que se ha hecho del suelo y en numerosas
ocasiones ésta ha sido nefasta. No sólo ha tenido consecuencias terribles desde el
punto de vista ecológico, sino que también ha marcado una tendencia en lo
urbanístico, según la cual las calificaciones y recalificaciones del suelo responden a los
intereses del mercado inmobiliario (claramente especulador) y no a los intereses de los
ciudadanos (Fernández Durán, 2006). De ahí que, en muchas ocasiones las plataformas
vecinales han tenido que enfrentarse a los planes urbanísticos para defender pequeñas
plazas, parques o edificios (ocupados o no) con importante significación para la vida
social del barrio. Con ello, queda en relieve que para hacer un urbanismo sostenible es
necesario el diálogo abierto y constante entre la administración y la ciudadanía. Para
ello, la participación de los ciudadanos con sus administraciones locales es
fundamental. Esta afirmación nos remite a Rodríguez (2007):
Ser ciudadano no es una condición que se alcanza al llegar a una determinada edad; es
la práctica continua de ciertos valores que el ser humano debe encontrar en la ciudad en
la que habita. (p. 30)
Por tanto, ser ciudadano o ciudadana es más que ser residente, conlleva un
compromiso con la ciudad, no implica sólo ejercer los derechos civiles sino
comprometerse a mejorar la ciudad, responsabilizarse con ella, etc. Esta participación
de los ciudadanos con las administraciones locales, exige espacios conjuntos de
colaboración y de toma de responsabilidades y; exige también la redefinición de
tareas, responsabilidades, competencias y recursos.
En este sentido, el educador o la educadora social que trabaja en el espacio
comunitario tiene como objetivo ayudar a los ciudadanos a saber y poder participar de
lo común (de forma responsable y con una mirada común); y a la vez participar de los
proyectos que favorecen procesos de desarrollo y transformación de la comunidad,
desde su propia creación, ejecución y evaluación.
4.3.1. La gestión democrática de la ciudad
Siguiendo la hipótesis de Telleria (2012, p. 16), “los procesos de Desarrollo
Comunitario son unos mecanismos que pueden responder satisfactoriamente al
intento de una gestión más democrática de la ciudad, tanto desde el punto de vista de
la administración local, como desde el punto de vista estratégico de los movimientos
urbanos”. Ahora bien, la participación ciudadana en actividades basadas en el
desarrollo comunitario puede incrementar la capacidad de los habitantes de una
ciudad de planear su propio destino. Con ello, hay que resaltar la potencialidad de la
organización comunitaria para dar sustento y viabilidad a proyectos sociales como
contribución al desarrollo de las comunidades mediante procesos de planificación.
Así, y para dar respuesta a las necesidades de la ciudad, se elaboran Planes
Estratégicos que según Fernández Güell (2006, pág. 55) constituye un proceso que
puede ser definido en los siguientes términos:
La planificación estratégica de ciudades es un proceso sistemático, creativo y
participativo que sienta las bases de una actuación integrada a largo plazo, que define el
modelo futuro de desarrollo, que formula estrategias y cursos de acción para alcanzar
dicho modelo, que establece un sistema continuo de toma de decisiones y que involucra
a los agentes locales a lo largo de todo el proceso. (p. 55)
Según Carrera (2015), los procesos de participación ciudadana y empoderamiento
constituyen un vehículo a través de los cuales la planificación estratégica adquiere
legitimidad social, viabilidad operativa y sustentabilidad en el tiempo, ya que al
apropiarse la comunidad de los objetivos perseguidos, es más factible que la
implementación del plan de desarrollo comunitario se despliegue en un ámbito de
presión y control social
Así, los planes estratégicos de las ciudades, hacen referencia a la planificación. Acción
que según Ander-Egg (1987, p. 12), “es el proceso de preparar un conjunto de
decisiones para la acción futura, dirigidas al logro de objetivos por medios preferibles”
y cuyas características más significativas según Fernández Güell (2006) son las
siguientes:
• Asigna recursos disponibles en acciones clave
• Identifica los puntos fuertes y débiles
• Detecta las amenazas y oportunidades previsibles en el futuro 3
• Enfatiza el proceso de planificación en contraposición al plan como producto
• Fomenta la participación de los agentes decisorios
• Otorga importancia a la planificación frente a la improvisación
3 Hablar de fortalezas, amenazas, debilidades, oportunidades nos remite a la sigla FADO. Es decir, para la
elaboración de un Plan Estratégico de un municipio, es necesario elaborar un diagnóstico previo del
mismo considerando sus Fortalezas, sus Amenazas, sus Debilidades y sus Oportunidades (FADO). De esta
forma se determinan los puntos fuertes y los débiles, de manera que se refuerzan los aspectos positivos
y se neutralizan los negativos.
Para que esas decisiones no sean fruto del azar, es necesario conocer en qué realidad
se actúa y cuáles son los objetivos que se pretenden alcanzar. Con ello, cabe destacar
que, un Plan Estratégico se cimenta en un esfuerzo continuo de gestión, coordinación,
participación y comunicación sin el cual el proceso de movilización social no tendrá
lugar. A nivel de localidades, la planificación estratégica constituye un proceso que
permite articular las iniciativas de los actores públicos y privados para potenciar el
desarrollo de una urbe. Se trata de (Steinberg, 2001):
• Una metodología adaptable, no rígida, para la cual la flexibilidad es una
condición indispensable.
• Una herramienta para el desarrollo local, teniendo como objetivo las
intervenciones estratégicas que garanticen la calidad de vida, y un proceso
económico y social.
• Un mecanismo para avanzar hacia formas progresivas de gobernabilidad, a
través de una colaboración real entre los actores públicos y privados.
• Una forma moderna, participativa y democrática de pensar y organizar el
desarrollo local, estableciendo un marco de referencia para que todos los
agentes económicos y sociales puedan acomodar sus propias estrategias de
acuerdo con el escenario que se desee para esa área local.
Tal y como resume Carrera (2015), la planificación estratégica orientada al desarrollo
de la comunidad constituye una metodología que se centra en el proceso antes que en
el producto, persigue la integración de las visiones sectoriales, fomenta la coordinación
interadministrativa y la cooperación público-privada, plasma propuestas indicativas sin
que constituyan una supeditación, está orientado a la acción y a promover la
participación de los actores sociales desde el inicio del proceso.
¡La Planificación Estratégica es una herramienta de Desarrollo Comunitario!
El estudio de Elizalde (2003) en Carrera (2015), señala que la planificación estratégica
es una importante herramienta en la elaboración de planes de desarrollo regionales,
locales e institucionales fundamentados en la participación ciudadana. En palabras de
Zubero (2006),
La participación es un derecho fundamental (...) y la participación efectiva es (...) la
condición de posibilidad de la organización de una comunidad democrática. Su
fundamento último está en el hecho de que las personas estamos igualmente
cualificadas para, sin tutelas innecesarias, tomar decisiones sobre la organización de la
vida común. (p. 55)
Una participación que asume el logro del sentido de pertenencia y de la voluntad
colectiva por lo que, es necesario potenciar el protagonismo y la autonomía de la
persona, su capacidad de ser sujeto y dueño de su propia vida en relación con los
demás miembros de la sociedad. Solo una correcta satisfacción de la necesidad de
participación permitirá el avance y desarrollo de la democracia. Participar es, ejercer el
derecho de ser sujeto (junto con otros) en la construcción de una comunidad de
personas libres e iguales.
La participación permite a la persona salir del mundo individual y aislado e involucrarse
en la comunidad generando así cambios (Montagut, 2003). Con ello, la sociedad civil a
través de la participación articula respuestas a los problemas locales y busca además,
espacios independientes de las instituciones de gobierno, para tratar en la esfera de lo
colectivo, las reivindicaciones que se puedan plantear. Ahora bien, tal y como recoge
Jiménez (2014), la participación se muestra como un concepto complejo que supone
aspectos diferentes en función de la perspectiva desde la que se analice. Así,
brevemente, participar 4 es:
• «Ser parte» de un sistema o de una red
• «Estar en» un lugar o entorno.
• «Sentirse parte» de una comunidad
• «Tomar parte» en las decisiones y «tener parte» de poder
Como se ha dicho, la participación ciudadana es un elemento fundamental en el
desarrollo de una sociedad democrática y es también un derecho amparado por la
Constitución, con lo que las administraciones locales, “pasan a asumir la categoría de
instituciones políticas con capacidad para establecer espacios de educación para la
democracia” (Cabezudo, 2005, p. 85). Si bien, por lo general, no es fácil poner en
4 en capítulos siguientes se trabajará este tema detenidamente
marcha la participación ciudadana, pues para ello se necesitan: establecer los cauces
precisos para la participación; definir todas y cada una de las funciones de las personas
participantes; determinar los objetivos; consensuar niveles de intervención; concretar
los métodos de trabajo así como las formas de consulta, de consenso y de
comunicación entre los diferentes grupos y la administración local.5
4.4. La comunidad y el municipio: recursos para dar respuesta a las necesidades de la
ciudad
El término comunidad, tal y como se recogía en el tema 1, se refiere a “un colectivo de
personas que residen en un espacio físico concreto (Camacho, 2012) en el que se
establecen relaciones entre ellas y el entorno (Andreu, 2008). Uno de los elementos
que configuraban la comunidad era el territorio, definido éste como aldea, pueblo,
municipio, mancomunidad, comarca, ciudad o barrio. Es decir, el municipio es un
territorio con una división territorial regido por un órgano colegiado denominado
ayuntamiento, municipalidad, alcaldía o concejo.
Los municipios están gestionados por los ayuntamientos y sus responsables políticos
son los que elaboran las políticas sociales, culturales, educativas… del territorio. A
principio de los años ochenta se produce un cambio en la política económica cuando
los actores locales y regionales inician acciones encaminadas a incidir sobre los
procesos de crecimiento y desarrollo de las economías locales, aprovechando sus
potencialidades culturales, institucionales, económicas, sociales y políticas de la
comunidad para el desarrollo de sistemas territoriales innovadores y competitivos.
Comienza el desarrollo local cuyo fundamento teórico es la teoría de desarrollo
endógeno, como forma de respuesta de las comunidades locales a los desafíos de la
globalización (y con ello a las nuevas necesidades personales y sociales de las
comunidades). Ante la pasividad (o incapacidad) de los Estados, los actores locales, de
forma espontánea, tratan de impulsar y controlar los procesos de ajuste, dando lugar a
la política de desarrollo local. Siguiendo a Vázquez (2000):
5 El concepto de “participación” se trabajará más a fondo en el capítulo siguiente
El desarrollo local sería un proceso de crecimiento y cambio estructural que se produce
como consecuencia de la transferencia de los recursos de las actividades tradicionales a
las modernas, de la utilización de economías externas y de la introducción de
innovaciones, y que genera el aumento del bienestar de la población de una ciudad, una
comarca o una región. Cuando la comunidad local es capaz de utilizar el potencial de
desarrollo y de liderar el proceso de cambio estructural, la forma de desarrollo se puede
convenir en denominar desarrollo local endógeno o simplemente desarrollo endógeno.
(p. 53)
Tal y como recogen Magaly y Sorhegui (2004) de lo que se trata no es de que un área
se desarrolle y cambie, sino que este proceso de desarrollo sea endógeno. Se trata de
movilizar los recursos locales 6 para transformarlos en elementos de desarrollo local
para que den respuesta a las necesidades de las personas. Con ello, tal y como recoge
Boisier (2005, p. 54), “todo proceso de desarrollo constituye, por definición, un
proceso endógeno que solo compete, en su concepción, en su diseño y en su
implementación, a una comunidad que habita determinada localidad”.
En resumen, el desarrollo local endógeno se basa en el uso de los recursos locales con
valor económico, aprovecha las capacidades y potencialidades locales, y está
controlado y liderado por los agentes locales. Con todo, parece ser que si bien, los
motores de las transformaciones son exógenos, la capacidad de respuesta a las
oportunidades y restricciones creadas por esos motores externos, así como las
respuestas específicas, son endógenas. Según Boisier (2001):
En el contexto de la globalización, el crecimiento es más y más exógeno a medida que el
recorte territorial es más y más pequeño debido a que la matriz de agentes que
controlan los actuales factores de crecimiento tiende a separarse más y más de la matriz
de agentes locales, siendo los primeros en su mayoría agentes residentes fuera del
territorio en cuestión. Por el contrario, (...) el desarrollo debe ser considerado como más
6 Considerando entre los recursos locales: los recursos físicos y el medio ambiente, la capacidad y el
dinamismo empresarial, el mercado de trabajo local, la dotación de la infraestructura, la estructura
productiva, la situación geográfica y la posición del sistema urbano, el sistema socio-cultural
institucional, las redes de información local, los sistemas locales de formación y de innovación.
y más endógeno, debido a su estrecha relación con la cultura local y con los valores que
ella incluye. (p. 12)
Abarcando dicho desarrollo endógeno a cuatro planos (Boisier, 1993 y 2005):
• El político, capacidad regional de diseñar y ejecutar políticas de desarrollo, y
sobre todo, la capacidad de negociar.
• El económico, hace referencia a la apropiación y reinversión regional de parte
del excedente a fin de diversificar la economía regional, dándole al mismo
tiempo una base permanente de sustentación en el largo plazo.
• El científico y tecnológico, capacidad interna de un sistema –en un territorio
organizado– para generar sus propios impulsos tecnológicos de cambio,
capaces de provocar modificaciones cualitativas en el sistema.
• El cultural, una suerte de matriz generadora de la identidad socio-territorial.
Como ya se trabajó en el tema 1, normalmente los agentes que están encargados de
dar respuesta a las necesidades de la población son los siguientes (Barbero, 2007, p.
47):
• Estado / administración (responsables políticos)
• Profesionales y técnicos de los servicios públicos o privados
• Iniciativa social
• Apoyo social y redes sociales
• Personas a título individual
Estos tienen el encargo de hacer un buen diagnóstico de la comunidad y el municipio y
elaborar e implementar todas aquellas políticas sociales y educativas que puedan dar
respuesta a las necesidades de sus ciudadanos.
La administración pública normalmente es el encargado de elaborar las políticas que
guían al resto de agentes (aunque muchas veces las iniciativas sociales van muy por
delante) y crea servicios de atención a las personas para materializar sus propuestas
para ayudar a la comunidad. Los servicios más destacados, y afines a la educación
social, que dan respuesta a las necesidades más básicas de la población son los
siguientes:
• Servicios sociales. Los servicios sociales tienen la finalidad de “favorecer la
integración social, la autonomía y el bienestar social de todas las personas,
familias y grupos, desarrollando una función promotora, preventiva, protectora
y asistencial, a través de prestaciones y servicios de naturaleza
fundamentalmente personal y relacional” (Ley 12/2008, de 5 de diciembre, de
Servicios Sociales, art. 5).
• Servicios de educación. El sistema educativo garantiza la calidad de la educación
a todo el alumnado y garantiza el desarrollo personal y formativo. Por esto
ofrece servicios educativos que a través de la educación trabajen también la
inclusión y la igualdad de derechos y oportunidades (Ley Orgánica 2/2006, de 3
de mayo, de Educación, art. 1).
• Servicios sanitarios. El sistema sanitario de Euskadi tiene como objetivo el
“mantenimiento, la recuperación y la mejora del nivel de salud de la
población” desde una visión integral para todos los recursos sanitarios de la
comunidad (Ley 8/1997, de 26 de junio, de Ordenación sanitaria de Euskadi,
art. 5).
4.5. Las ciudades educadoras y los proyectos educativos de ciudad
Para reclamar y a su vez propiciar la participación ciudadana en los asuntos públicos y,
que los gobiernos locales creen las condiciones que faciliten la contribución de los
agentes sociales y educativos, surge a finales del s. XX el concepto de Ciudades
Educadoras.
Concepto que tiene su origen a raíz de las Olimpiadas celebradas en la ciudad de
Barcelona. El ayuntamiento de dicha ciudad, convencido de que las ciudades generan
un amplio abanico de oportunidades educativas, de origen e intencionalidad diversas,
organiza en 1990 el I Congreso Internacional de Ciudades Educadoras con el objetivo
de dialogar, intercambiar experiencias y reflexionar sobre el potencial educador de las
ciudades y sobre el rol que los gobiernos locales deben jugar. Las ciudades
participantes en el I Congreso, decidieron recoger en una Carta los principios básicos
para reclamar la educación como uno de los ejes transversales del proyecto político de
la ciudad y recoge las bases en las cuales tienen que apoyarse los valores, actitudes y
los comportamientos sociales para el ejercicio de la ciudadanía (Arregi, 2004). Se partía
del convencimiento de que el desarrollo de sus habitantes no puede dejarse al azar. La
Carta fue revisada en Congresos posteriores para adaptar sus planteamientos a los
nuevos retos y necesidades sociales.
Así, en la actualidad, la Carta de Ciudades Educadoras 7 constituye un punto de
referencia para las ciudades asociadas acordando sobre los principios y aspectos que
deberían cumplir los que a partir de ese momento comenzaran a incorporarse al
movimiento. Además, y tal y como se recoge en la misma, esta Carta expresa el
compromiso de las ciudades que la suscriben con todos los valores y principios que en
ella se han manifestado. Se define como abierta a su propia reforma y deberá ser
ampliada con los aspectos que la rápida evolución social requiera en el futuro. La Carta
estimula y ofrece vías de concreción a la capacidad educadora, en sentido amplio, que
tienen los miembros de la ciudad, individual o asociativamente considerados. La carta
Consta de un preámbulo que encuadra y explica el concepto Ciudad Educadora y 20
principios recogidos en tres apartados: El derecho a la Ciudad Educadora, el
compromiso de la ciudad y al servicio integral de las personas.
Es decir, se considera que la ciudad no es únicamente un conjunto urbanístico sino que
ésta se encuentra conformada por estructuras físicas y por elementos que establecen
sinergias producidas entre las instituciones y las dimensiones culturales, hecho que
ofrece la oportunidad de aprender en la ciudad y de la ciudad (Pallares, 2017). Se busca
que la ciudad ya no sea una amalgama urbanística de personas que cohabitan sino
“una gran alma, una ciudad viva, un cuerpo que siente, que se mueve, una ciudad con
corazón propio, un ambiente y un contexto global de vida y aprendizaje” (Rodríguez,
2007, p. 47). Pero,
¿Educa la ciudad? Las ciudades no son asépticas, educan o deseducan
En el preámbulo de la Carta de Ciudades Educadoras (Génova, 2004) se recoge que:
7 La presente Carta se fundamenta en la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948); en el
Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (1966); en la Convención sobre los
Derechos de la Infancia (1989); en la Declaración Mundial sobre Educación para Todos (1990), y en la
Declaración Universal sobre la Diversidad Cultural (2001)
Hoy más que nunca, la ciudad, grande o pequeña, dispone de incontables posibilidades
educadoras, pero también pueden incidir en ella fuerzas e inercias deseducadoras. De
una forma u otra, la ciudad presenta elementos importantes para una formación
integral: es un sistema complejo y a la vez un agente educativo permanente, plural y
poliédrico, capaz de contrarrestar los factores deseducativos. (p. 2)
La ciudad es educadora cuando imprime esta intencionalidad en el modo en cómo se
presenta a sus ciudadanos y su concepto reposa sobre tres premisas básicas:
• Información comprensible (necesariamente discriminada) hacia toda la
ciudadanía
• Participación de ésta desde una perspectiva crítica y corresponsable
• Evaluación de las necesidades y también de las propuestas y acciones que se
realizan
El concepto ciudad educadora nos lleva a reinventar la ciudad como lugar de
aprendizajes permanentes, de convivencia y de diálogo, en la perspectiva de
profundización de la democracia y de afirmación de libertades. Trilla (1999), propone
tres dimensiones de las relaciones entre ciudad y educación:
a.- La ciudad como entorno educativo: aprender en la ciudad. Se refiere a la cantidad
de centros de formación de todo tipo que en ella se dan cabida. La ciudad condensa
cantidad de elementos educadores y de opciones para ello. Contiene en sí misma
estímulos que son generadores de educación:
• Una estructura estable formada por instituciones específicamente educativas.
En este grupo están el sistema escolar, los establecimientos de educación no
formal como son las entidades de tiempo libre, la animación sociocultural, los
espacios de educación permanente de personas adultas, etc.
• El entramado de equipamientos, recursos e instituciones ciudadanas estables
pero específicamente no escolares como son las bibliotecas, los centros cívicos,
los museos; es decir espacios en los cuales se genera intencionadamente
educación si bien esta actividad no es su función primaria y principal.
• Un conjunto de acontecimientos educativos programados pero efímeros u
ocasionales. Los ejemplos de acontecimientos que se pueden incluir en este
apartado son muy diversos y van desde las ferias, a los congresos, jornadas
campañas, celebraciones, etc.
b.- La ciudad como agente o medio de educación: aprender de la ciudad. La ciudad
informalmente educa y no es un agente formador selectivo y cuidadoso, forma en lo
bueno pero también en lo malo. Así, en ella se puede aprender de manera espontánea
cultura y civismo pero también puede ser un espacio generador de agresividad
marginación, insensibilidad, consumismo desmesurado, etc. Con todo, la ciudad es una
gran fuente generadora de formación y socialización. A lo largo del día se producen en
ella numerosos encuentros que catalogaríamos en el contexto de la educación
informal. La calle es una escuela de la vida, la cual nos puede dar a conocer mensajes
variados, contradictorios, que encaminan las formas de ser de las personas.
c.- La ciudad como contenido educativo: aprender la ciudad. Al decir nuestra ciudad,
nuestro barrio estamos invocando la identidad, la propiedad del lugar, la pertenencia.
El saberlos propios es asumir la gestión de resolver o encaminar las demandas, las
propias del barrio y las de sus articulaciones con el resto de la ciudad.
Así pues, y tal y como recogen Etxeberria, Garmendia y Arrieta (2013) el concepto de
Ciudad Educadora nos posiciona ante un nuevo paradigma educativo en el cual el
concepto de educación sobrepasa la escuela. Es decir, la percepción que hasta hace
unos años se tenía de la educación, era que estaba exclusivamente ligada a la escuela
como institución reglada sin tener en cuenta que en ámbitos no formales e informales
también se producía el proceso de enseñanza-aprendizaje. Ahora, se sabe que la
educación es, cosa de todos y que no podemos separar ni el mundo cotidiano ni la vida
diaria del objeto educativo, con lo que se distinguen tres modalidades de educación:
• La educación formal engloba las llamadas instituciones formales, como
institutos, colegios y universidades. Pero podemos decir que “... los
conocimientos adquiridos en la escuela no bastan para colmar las exigencias de
una vida entera” (Debesse y Mialaret 1986, p. 125).
• Esas estructuras formales no están solas, ni coexisten en independencia, sino
que comparten cada vez más sus funciones con otras instituciones no
organizadas con o como objetivos concretos de formación, pero que ayudan y
complementan a la anterior. Por ejemplo, las academias de enseñanza, la
educación en el tiempo libre, la universidad popular, los gimnasios, etc. Se
trata de la educación no formal, que se considera un componente fundamental
en la ciudad educadora, donde sus calles y plazas se transforman en lugares de
encuentro educativo. Los centros de educación no formal pueden ser un apoyo
importante para la vida familiar. Son necesarios para el crecimiento y el
bienestar de todos sus miembros, particularmente de los niños y niñas, y para
que la familia pueda asumir plenamente sus responsabilidades dentro de la
comunidad (Meijvogel y Petrie, 1997).
• Además están las formas no programadas y que en realidad influyen muchas
veces más que las dos anteriores. Es lo que se engloba bajo el nombre de
educación informal, como puede ser el grupo de amigos que especialmente en
ciertas edades, como pueden ser, la etapa adolescente, tienen mucho peso.
Estas formas de educación confluyen en la ciudad donde todas tienen cabida y donde
se integran para delimitar y orientar la vida de cada ciudadano conduciéndolo por el
camino que debe seguir y que se nos ha impuesto para la perfecta integración de cada
persona en la sociedad. Según Amaro (2002), la educación formal, no formal e informal
debe ser un eje transversal continuo y no diferenciado. La educación integral es un
aspecto fundamental, la ciudad deberá educar cívicamente para considerarse
educadora. Esta idea también se refleja en el preámbulo de la Carta de Ciudades
Educadoras:
Las ciudades educadoras con sus instituciones educativas formales y sus intervenciones
no formales (con intencionalidad educativa fuera de la educación reglada) e informales
(no intencionales ni planificadas) colaborarán, bilateral o multilateralmente, para hacer
realidad el intercambio de experiencias. Con espíritu de cooperación, apoyarán
mutuamente los proyectos de estudio e inversión, bien en forma de cooperación
directa, bien colaborando con organismos internacionales. (p. 2)
La ciudad educadora aporta a las personas una educación integral. En este sentido, el
ciudadano no sólo necesita formarse en la escuela, en un recinto cerrado y por un
periodo determinado de tiempo. No es un ser educable sólo en conocimientos hasta
los 16 años. El ser humano tiene facetas diferentes que cubrir como persona y que la
escuela no logra cubrir de manera completa. La sociedad actual necesita personas
instruidas y formadas para los cambios a los que se le somete constantemente. La
educación permanente, como idea principal y funcional de la Ciudad Educadora, es la
base de una ciudadanía con necesidades diferentes a las de generaciones anteriores.
Así por ejemplo, el aprendizaje de la población y su concienciación sobre problemas
relacionados con el medio ambiente, el cambio climático, los recursos hidráulicos y
energéticos renovables, la contaminación, las drogadicciones, las relaciones humanas
personales y sociales, problemas y concepciones urbanísticas, movilidad y transportes,
participación social de la población y un largo elenco de temas candentes de nuestros
días son un caldo de cultivo idóneo donde las Administraciones locales pueden y
deben participar en el proceso educativo, considerado en sentido amplio a lo largo de
toda la vida de los ciudadanos. Hay que educar durante toda la vida y no sólo en
algunas fases del desarrollo de la persona, ya que esto empobrecería la libertad del
ciudadano. Hay que tener presente que un ciudadano libre es un ciudadano bien
instruido.
Así, la ciudad se convierte en el agente donde se aglutinan los diferentes campos de
actuación del ser durante toda su vida proporcionándole una educación integral.
Desde la escuela como agente principal, a la cultura de los amigos, las relaciones con
los demás ciudadanos y compañeros, la formación cultural complementaria de un
teatro, museo, parque, la formación deportiva, afectiva, etc. Con todo, por un lado, es
fundamental tal y como recoge Amaro (2002, p. 81), “aprender a leer la ciudad”:
• Aprender que no es una estructura pasiva e imparcial.
• Aprender a usarla, a sacarle provecho. Aprender a aprender.
• Aprender a sobrepasar las calles de nuestro barrio.
• Aprender a conocerla y a no confiarnos de todo lo que nos vende, a tener un
tanto una mirada crítica.
• Aprender a participar en ella, aprender a mejorarla.
Por otro lado, siguiendo a López, Parages, Vila, y Trujillo (2002), el desarrollo de
proyectos que conlleven procesos de compromiso social como es el de una Ciudad
Educadora, hace necesaria una implicación de los ciudadanos como miembros de una
ciudad educadora con las siguientes acciones:
• Estimular la participación y el diálogo, primero entre ellos como grupos y
después con toda la ciudadanía.
• Manifestar su postura contra las decisiones y comportamientos injustos que se
produzcan en la comunidad.
• Buscar aquellos temas o asuntos prioritarios y necesarios que les preocupan a
todos los colectivos representados y, a modo de transversalidad, les unan en su
ejecución en un tiempo razonablemente justo.
• Unir sus preocupaciones y esfuerzos para conseguir esos temas importantes y
no buscar soluciones individuales, para hacer de su ciudad una comunidad
humanizada y humanizadora.
Según se han sucedido los Congresos de Ciudades Educadoras, el número de las
mismas ha ido en aumento, por lo que, ya desde sus comienzos, en 1994, y con el
propósito de reunir a los diferentes países en torno a un marco común, donde las
Ciudades Educadoras pudieran sentirse partícipes de un mismo organismo y
colaboraran y se ayudaran en el desarrollo de sus proyectos surge la AICE (Asociación
Internacional de Ciudades Educadoras) 8. Según su propia web, se trata de una
Asociación sin ánimo de lucro, constituida como una estructura permanente de
colaboración entre los gobiernos locales comprometidos con la Carta de Ciudades
Educadoras, que es la hoja de ruta de las ciudades que la componen. Cualquier
gobierno local que acepte este compromiso puede convertirse en miembro activo de
la Asociación, con independencia de sus competencias administrativas. La AICE busca
avanzar hacia una modelo de ciudad más igualitario, solidario, pacífico, inclusivo y
participativo. Al cierre del ejercicio 2018, el número de miembros asciende a 493
8 Con el fin de facilitar la comunicación y las relaciones entre las ciudades asociadas, la AICE dispone –
entre otros instrumentos– de un portal en Internet (www.edcities.org), donde las ciudades pueden
tener su propia página web, y de un Banco de Documentos (BIDCE) en línea
ciudades de 36 países de todos los continentes 9. En Europa las principales ciudades
forman parte de este grupo.
La idea de una Ciudad Educadora tiene en Barcelona un movimiento pionero en el
estado español y de una gran trascendencia en las provincias vecinas. Los municipios
colindantes son un espejo de lo que aconteció en tiempos anteriores en la ciudad de
Barcelona. Es una guía, un patrón y un camino a seguir por el resto de comunidades
que quieran empezar a considerarse Educadoras. También en el País Vasco contamos
con algunos municipios que trabajan en el seno del movimiento de las Ciudades
Educadoras, como son entre otros, Barakaldo, Bilbao, Donostia, Gasteiz, Ordizia, etc.
Según Collet y Subirats (2016), para que la filosofía y los principios de las Ciudades
Educadoras se concreten en acciones, en propuestas y en políticas10 urgía una
herramienta metodológica en forma de plan estratégico para conducir a los municipios
a la implementación y la operatividad de la idea de las Ciudades Educadoras. Surgen
con ello, los Proyecto Educativos de Ciudad (PEC). Según la Consejería de educación de
la Junta de Andalucía (2011):
• Los PEC son un plan de acción y un instrumento metodológico para elaborar un
proceso de participación social que “asuma la educación como el valor principal
para el cambio y el progreso de la ciudad” y “tiene como objetivo articular la
complicidad de la ciudad como fuente promotora de educación, impulsando,
promoviendo y consolidando un proyecto colectivo sostenido, para la mejora
constante de su ciudadanía”.
• Para generar una acción educativa eficaz es básica la corresponsabilidad entre
los diferentes agentes de una ciudad (de todos los sectores y ámbitos, pero
sobretodo los agentes educativos y sociales). De este modo se pueden afrontar
los retos educativos de una forma coordinada, consensuada y con un fin
9 una asociación internacional de ciudades pertenecientes a cinco continentes, en la que se utiliza el
término “Ciudad” sin ningún tipo de limitación numérica, -es decir, todos los ayuntamientos, de
cualquier tamaño de población, pueden pertenecer a la AICE- contempla un número inmenso de
situaciones diversas, que no pueden ajustarse a respuestas tipificadas ni intercambiables
10Las políticas sociales son una respuesta a las necesidades y los planes estratégicos son la viabilidad de
cómo se ejecutaran las políticas sociales. Por tanto, creo que se podría poner en este punto el tema del
plan estratégico
común. Apostar por los PEC significa apostar por la educación como inversión
de futuro en una ciudad.
• Un PEC debe ser dinámico y no estático (atento a los cambios continuos) y,
aunque esté liderado por la administración local, debe ser elaborado de forma
conjunta con las diferentes administraciones, instituciones, entidades,
profesionales y ciudadanos de un pueblo o ciudad si se quiere que sea eficaz y
eficiente.
Además, tal y como se recoge en dicho documento de la Junta de Andalucía, un PEC
puede incluir los siguientes aspectos en su planificación:
o Fase de Diseño:
Diagnóstico, de la situación de partida de la localidad, que determine la
elección de líneas de actuación prioritarias para el municipio, en el que se
reflejarán: las características del entorno; el análisis de la situación de
partida y; las ctuaciones y experiencias significativas, si las hubiere, llevadas
a cabo.
Implicación de la comunidad en la elaboración.
Estructura participativa. Red de colaboradores.
Consejo Escolar Municipal.
Estructura técnica.
Fase de diseminación.
Recogida de propuestas de colectivos.
Articulación de las propuestas.
o Fase de Desarrollo:
Coordinación de las propuestas. Priorización.
Medidas y Actuaciones a realizar.
Temporalización de las propuestas.
Personas o colectivos responsables.
Seguimiento.
o Fase de Evaluación Anual:
Propuesta de indicadores.
Memoria de avance.
Análisis de las mejoras alcanzadas.
Impacto producido.
Logros alcanzados
Propuestas de mejoras a introducir
Sería interesante darle una continuidad y a través de la realización de las propuestas
de mejora avanzar en los logros alcanzados.