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Allí Donde Te Halles, Te Volveré A Encontar MUSA

El documento narra la historia de amor, pérdida y esperanza a través de diferentes épocas, centrándose en la espera de una mujer por un ser querido y las dificultades de un hombre en su papel de propietario de tierras. A medida que se desarrolla la narrativa, se exploran temas de sacrificio, relaciones humanas complejas y la lucha por la supervivencia en un entorno hostil. La historia se entrelaza con la conexión emocional de los personajes con la tierra y sus tradiciones, reflejando la resiliencia del espíritu humano.
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Allí Donde Te Halles, Te Volveré A Encontar MUSA

El documento narra la historia de amor, pérdida y esperanza a través de diferentes épocas, centrándose en la espera de una mujer por un ser querido y las dificultades de un hombre en su papel de propietario de tierras. A medida que se desarrolla la narrativa, se exploran temas de sacrificio, relaciones humanas complejas y la lucha por la supervivencia en un entorno hostil. La historia se entrelaza con la conexión emocional de los personajes con la tierra y sus tradiciones, reflejando la resiliencia del espíritu humano.
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Allí donde te halles, te volveré a encontrar.

1
Musa
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Agotada y exhausta, sometida y pisoteada ella espera…espera…Lo espera.

LA ESPERA

Tierra antigua, morada del hombre, madre del tiempo. Masa sólida y generosa. Muda testigo de
pasión y entrega. Muchos han abierto sus puertas para sacar a la luz los tesoros que oculta.
Tesoros de años, de inmensos secretos, de buenas y malas e incontables historias.

Muchos la han usado, han mancillado su honor, le han hecho mal sin ningún pudor y ella, en su
infinita paciencia, los ha visto pasar acunando sus tragedias. Recurso finito de esperanza ciega que
cree en el hombre y a él se entrega. Sufre su atropello, bendice su entrega, se compadece de la
furia de sus pasiones desatadas y los cobija en su miseria.

Agotada y exhausta, sometida y pisoteada ella espera…espera…Lo espera

Enero de 2022

El fin de la noche la encuentra parada frente a la rampa de acceso y no se atreve a dar el paso
definitivo. Teme que el pasado la golpee al volver al lugar donde lo vió por última vez.

Aunque también, la esperanza de recibir una señal, cualquier pequeño indicio que le indique la
posibilidad de resolver la duda que la atormenta desde hace tantos años, la empuja hacia
adelante.

Finalmente se decide, sacude su cabeza con determinación, cruza la rampa e ingresa a la vivienda.
Para su asombro, lo que pensó encontrar destruído y en estado de abandono total luce impecable,
como si el tiempo no hubiera pasado. Cada cosa está en su lugar como a él le gustaba.

Alguien se ha tomado la molestia de que sea así. Alguien o varios, reflexiona con una sonrisa, y
rápidamente descarta la palabra molestia. Esto está hecho con amor. Le deben mucho y no se
olvidan.

Con la punta de los dedos, repasa las paredes mientras recorre la estancia. Paulatinamente, el
temor da paso a la nostalgia y de ahí a la esperanza hay solo un paso.

Llega al dormitorio y sobre la cama perfectamente vestida, encuentra dos rosas frescas sobre la
almohada confirmando sus sospechas, se trata de una mujer.

Una roja, en el lugar en que él usualmente se acostaba. Pura pasión y adrenalina, tal como él lo
era. Al otro lado una amarilla, simbolizando su alegría de vivir, el optimismo, la entrega y la
energía con que se prodigaba. El regalo perfecto para la amada que se encontraba a su lado. Una
rosa para celebrar la emoción de una profunda amistad o de un encuentro amoroso.

Se retira, cierra la puerta con respeto y entra en la zona de estar. Mira conmovida el largo sillón
testigo de su último encuentro y abre temblando las puertas de la terracita sobre la laguna. Allí
están los pañuelos. Anudados sobre la baranda y desgastados por el viento impiadoso y el salitre.
Descoloridos por el sol de tantas mañanas, pero firmemente anudados. Resistiéndose a
desaparecer.

La suave brisa del oeste que se cuela por la puerta de entrada los agita señando la laguna, el
farallón y más allá el mar. Parecen indicar que la hora ha llegado. A su frente, el cielo se tiñe de
rojo y lentamente el rey emerge de la profundidades iluminando todo a su paso.

Suspira recordando todas las veces que contempló el milagro desde ese mismo lugar. Si hubiera
tenido coraje, solo un poco de coraje, todo hubiera sido tan distinto que tiembla de solo pensarlo.

De pronto recuerda por qué está allí y comienza a buscar. Busca una señal que confirme su
esperanza, o el golpe final que derrumbe todos sus sueños. Tiene motivos para confiar, él ya se lo
demostró con creces en su último encuentro. Pero no encuentra nada.

De pronto todo sucede, una enorme gaviota se posa sobre los pañuelos y la mira con curiosidad.
No puede evitar que sus lágrimas se derramen caudalosamente sobre sus mejillas y se sostiene de
la puerta para no caer de rodillas. Está conmovida.

Después de tantos años tenía razón, la duda se despeja, está segura de que, de alguna extraña
forma, él la ha enviado. Le está pidiendo que lo espere, que se volverán a encontrar.

Enero 1970

Montado sobre su caballo, Pedro Cascalleres recorre con la vista sus grandes extensiones de tierra.
Es un hombre joven de complexión corpulenta. De rostro ennegrecido por el sol de su tierra, en el
que solo se destacan sus profundos ojos grises. Ojos que observan preocupados los negros
nubarrones que se insinúan desde el norte. Mientras tanto, permite que la noble bestia calme su
sed en el pequeño hilo de agua en que se ha convertido el arroyo La ballenera.

Son tiempos malos, castiga la naturaleza en San Agustín, la gran estancia del sur a cuatrocientos
kilómetros de la gran capital. Enero se ha presentado tórrido, la sequía es brutal y el viento del
oeste seca las pieles y enardece los ánimos. Solo la proximidad del mar da algún respiro en las
largas y agobiantes noches de estío.

La cosecha de girasol está lista para ser levantada y la gran sequedad castiga las almas. Para
colmo de males, hoy es día de tormenta, el aire está electrificado y los ánimos tensos. La
oleaginosa está madura y el futuro de la estancia está colgado de su cosecha, pero el temporal
acecha, feroz, impiadoso, ávido de descargar sus electrificadas entrañas.

Llega la noche y todo el mundo duerme vestido, en cada cabaña la tensión es palpable. Noche de
vigilia. Noche cerrada de malos presagios. Los relámpagos anuncian lo que se viene, el estampido
de los truenos conmueve las almas y los primeros rayos descargan en el mar.

El aire se polariza, los vellos del cuerpo se erizan y una luz brillante flota sobre el camposanto.
Noche de espectros. Las ancianas se persignan para ahuyentar la luz mala y los hombres mayores
mascullan una oración mientras muerden la vaina de sus cuchillos.

El personal de la estancia se prepara en silencio, mantas, baldes y palas son sus herramientas.
Cada refusilo eriza la piel y estruja el alma, la espera se hace eterna. Almas sacrificadas por amor
a la tierra, cuerpos torturados por la feroz tarea y el magro beneficio.

Leales hasta la agonía, no dudan en brindar su apoyo por defender lo que sienten suyo más allá de
lo que digan los papeles. Así lo sintieron sus padres y los que los precedieron.

De pronto, todo sucede. Un rayo inoportuno cae en medio del sembrado y el girasol prende como
yesca. A un grito del capataz, la peonada, hombres y mujeres a la par, se lanza a combatir el fuego
en lucha desigual. Mantas y palas aplastan las llamas, baldes de agua apagan los rescoldos y
sombras humanas dejan su aliento en la fenomenal tarea.

Finalmente, tras largas horas de desigual lucha, en algún lugar del infinito los dioses se apiadan
ante el brutal sacrificio y llega la ayuda, las nubes abren sus compuertas y la torrencial lluvia
completa la tarea. La mayor parte de la cosecha se ha salvado, pero el precio ha sido demasiado
alto.

Por la mañana, el joven Pedro recorre los puestos uno por uno, agradece la ayuda y atiende a los
heridos. Al llegar al rancho de Antonio, un llanto destemplado le avisa de la desgracia, ni él ni
María han regresado y la pequeña criatura recién nacida ha quedado abandonada.

Carga pesada la que le toca en suerte al joven patrón. Único heredero de tierras mal
administradas, lucha contra la impotencia de siglos de explotación y abandono. Ninguna de sus
ideas de modernización, ni los largos años de estudio lo han preparado para lo que presiente una
lucha desigual.

Solo cuenta con el apoyo incondicional de su gente y hoy siente que les ha fallado. Respira hondo,
toma coraje y entra en la humilde casa.

Conmovido y recordando los malos presagios, toma a la beba en sus brazos, la lleva al pequeño
rancho de Juliana que recién ha parido y la deja a su cargo para que la cambie y alimente.
Finalmente, sale con Julian, el esposo de la muchacha, a confirmar la tragedia.

Recorren el campo donde se libró la desigual pelea y los encuentran en medio de la quemazón,
juntos y calcinados, apretujados en un postrer abrazo, buscando consuelo en medio de la
desgracia.

Se han ido acompañados, quizás en otra vida encuentren tierras mejores.

Mientras la peonada recoge los cuerpos y los prepara para el velatorio, Pedro vuelve a casa tiznado
y derrotado. Ramona, su joven esposa, lo ve llegar y no entiende su desazón. No logra comprender
la devoción de su marido por esa gentuza. No puede hacerle entender, que son solo piezas
sacrificables en el tablero de su reino.

MARZO DE 1987

A pesar de su holgada vida, Ramona se sentía agobiada. No haber conseguido ser madre la tenía
frustrada. Sabía que la única forma de pegarle un mordisco a la fortuna de su esposo y asegurar el
porvenir de su familia era darle un hijo, pero no había podido lograrlo.

El ginecólogo amigo de su rancia familia venida a menos, le aseguraba que no era su problema,
que ella era fértil y que posiblemente su esposo le miente al decirle que se había hecho estudios
que decían lo contrario. Aunque él se los había enseñado, nada le aseguraba que no fueran falsos.
Llevaba los últimos años dándole que te pego con su marido en sus días más fértiles y nada
sucedía.

Convencida de que el problema era de Pedro, a mediados de año comenzó a pensar si no sería una
buena idea buscar un amante que la fecunde. Un hombre que por su apariencia pueda darle un
hijo y que Pedro no desconfíe.

Vaya si lo encontró.

Setiembre de 1987

Como todos los años a comienzos de septiembre, época de apareo, la estancia recibió a un nutrido
grupo de veterinarios para recorrer los campos y seleccionar las vaquillonas que van a ser
fecundadas. Llegaron con sus equipos y el personal necesario para la tarea y se alojaron en las
mismas caravanas con las que se trasladaban.

El trabajo era siempre el mismo, salir al amanecer después de desayunar, separar a las hembras
más saludables y fecundarlas con el semen de los machos seleccionados. Parar al mediodía para
almorzar algo liviano, volver a partir y no retornar hasta la caída del sol, donde los espera una cena
abundante para reponer fuerzas.

Este año en particular, llegaron diez equipos que se distribuyeron alrededor del hospedaje de los
peones para disponer de baños y cocina y contrataron gente de la zona para que les cocine y
realice las tareas de limpieza mientras ellos están en el campo.

Entre ellos llegó Nicasio, un robusto cocinero especializado en grandes eventos, que se alojó en
una carpa de su propiedad, cerca de los veterinarios.

No tardó mucho Ramona en echarle el ojo al varón y empezar a merodear la cocina con cualquier
excusa. Nicasio, un cuarentón moreno y corpulento, de complexión fuerte, no tardó en sentirse
atraído por la voluptuosa figura de la hembra que lo rondaba alzada.

Bastó un encuentro no fortuito en la cocina, una de las tantas mañanas en que todo el personal se
había desplegado campo afuera, para que la tormenta se desatara.

Ese día, Ramona ingresó en la dependencia justo en el momento que Nicasio terminaba de guardar
sus herramientas de trabajo después de lavarlas. El personal de servicio se había dispersado
después de retirar la vajilla y la cuadrilla había partido para continuar su tarea.

Decidida a llevar sus planes adelante, tomó la iniciativa

 Buenas tardes Nicasio.

 Buenas tardes señora, en qué puedo ayudarla.

 En algo muy importante, y que te será beneficioso si sabes ser discreto y aceptas mis
condiciones.- Le insinuó sinuosa y provocativa.
 ¿Y qué sería eso tan importante? Si se puede saber.
 Algo nada difícil. Algo que hasta un bruto como tú puede hacer sin problemas. Darme un
hijo.

Ante el presentimiento de que el azorado hombre aceptaba sus condiciones, lo tomó de la mano, lo
llevó a la alacena y sin mediar besos ni palabras, se arrodilló sobre una pila de bolsas de harina. Se
subió la larga pollera, se bajó las bragas y le ofreció la grupa mirándolo con lascivia y provocación.

 ¿Piensas quedarte ahí parado mirando o tienes una mejor idea?


Ante semejante espectáculo, que no dejaba lugar a dudas sobre lo que la hembra necesitaba, el
galán encabritado se bajó pantalón e interiores y apuntando su enardecido falo a la húmeda gruta,
la empaló sin miramientos.

Pero no todo salió como Ramona lo había planeado, el macho resultó ser un follador
experimentado de notable aguante y lo que ella pensó sería un trámite rápido, se convirtió en una
cópula feroz, que antes de llenarle las entrañas le arrancó una cadena de orgasmos que la dejó
desfallecida.

Orgullosa y agotada tras reprimir cualquier exclamación que denotara placer o sumisión, se subió
las bragas y se retiró sin siquiera agradecer a su fugaz amante.

Nicasio la vio partir tambaleante y orgullosa y se sonrió, sabía que la había marcado. La yegua iba
a volver por más. Estaba convencido de que ese encuentro sería solo el comienzo de una larga
historia, Ya tendría tiempo de domarla. Si jugaba bien sus cartas, su vida cambiaría para siempre.

No podía imaginar cuánta razón tenía.

Diciembre de 1987

A sus cuarenta años, Pedro Cascallares tampoco se sentía completo al no haber podido engendrar
descendencia. A pesar de que todos los estudios que le hicieron a la pareja dieron bien, el destino
se empeñaba en negarles un hijo. Esta desgraciada circunstancia le había acarreado el
menosprecio de su familia y lo que era peor, la humillación permanente a que lo sometía su esposa
acusándolo por el fracaso.

De que le servía ser el único propietario de toda la hacienda si no dejaba herederos. No le era
ajeno el manejo de Ramona y sus hermanos en pos de asegurarse ser los destinatarios de su
riqueza si algo le sucediera y eso le hacía estar atento. No sería el primero al que le adelantaran el
viaje a tierras mejores si se descuidaba, era mucho lo que estaba en juego.

Para colmo, su otrora fogosa mujer, de la noche a la mañana se había vuelto sexualmente
inapetente. No le cabía ninguna duda de que el ganado estaba abrevando en otra fuente y si eso
se confirmaba, todo sería más peligroso.

Ramona llevaba bien puestos sus treinta y seis años, estaba fuerte y tentadora. Sus amplias
caderas y turgentes ubres era una invitación al pecado, muchos hombres habían matado por
menos.

Para colmo de males, en los últimos tiempos la convivencia se había vuelto insoportable y la
sensación de estar rodeado de enemigos en confabulación permanente no se le quitaba.

Desde la cena de Fin de año, aquella en que su esposa pasada de alcohol se fué de lengua
provocándolo y amenazando con buscarse un macho de verdad, había tomado cartas en el asunto.
Si le daban tiempo para llevar adelante lo que tenía pensado, más de uno iba a quedar trasquilado.

Había puesto en marcha un plan para modernizar sus tierras en el que no había cabida para
ambiciones desmedidas, el recurso era finito y había que administrarlo con humildad y sabiduría.

Marzo de 1988

Soledad está preocupada, lleva unos cuantos días sin sentirse bien y teme que la patrona se de
cuenta. Sabe que, de todas las cosas que la arpía no debería enterarse, su problema de salud es lo
de menos, pero así y todo, teme por su reacción si llegara a verla sí.

Va y viene con la escoba, persiguiendo a las hojas que el viento se empeña en poner lejos de su
alcance mientras masculla entre dientes.

 Esa mujer insoportable, no duda en hacerle pagar a los demás todas sus frustraciones. Con
razón el patrón está siempre de mal humor, no es para menos, vivir con semejante bruja
debe ser un infierno. Ni los encontronazos con Nicasio la calman, mira que hay que ser
estúpida para tener a semejante macho disponible en casa y jugársela por echar un polvo
con un peón. No es que Don Pedro sea un santo, pero lo de ella es descarado, si hasta se
turna la peonada para espiar la jodienda. No se que va a pasar el día que el patrón se
canse.

Reflexiona Sole mientras sale corriendo al baño otra vez, se arrodilla frente a la taza y larga lo que
ya no le queda en el estómago. Arcada tras arcada, solo logra expulsar un poco de saliva con gusto
a bilis.

Hace un par de semanas que está así. Además siente las tetas hinchadas, le duelen los pezones y
anda alzada todo el día. Desde que se la folló el patrón no se siente bien. Así y todo no ve la hora
de repetir.

 Esperar los días en que la hija de puta se hace empotrar por el cocinero se me hace
insoportable. Si supiera la puta que mi culo le salvó la vida, otra sería la historia.

Noche tras noche recrea la escena del granero de dos meses atrás. Ramona arrodillada sobre un
fardo de alfalfa, con la pollera volcada sobre su espalda y las bragas por las rodillas, mientras tras
ella, el bruto de Nicasio le folla el chumino con desesperación. En su feroz cópula, la hembra
ignora que su esposo la espía por la ventana con lágrimas en los ojos y la escopeta apoyada sobre
el alfeizar.

Sole descubrió todo el entripado de casualidad, conoce al patrón desde que era una niña y su
gente trabajó siempre para la familia. Un buen hombre que no dudó en cobijarla en su hogar
cuando quedó huérfana en la quemazón. La mala era la puta.

Esa tarde, mientras volvía de recoger los huevos del gallinero, lo vio salir furioso de la casa con el
arma en la mano y tuvo un mal presentimiento. Hacía rato que la patrona follaba con Nicasio y
cada vez se cuidaban menos, no sería raro que el hombre los haya descubierto.

Lo vió llegar al granero, asomarse por la ventana y dar un paso atrás de la impresión. Luego
observó con desesperación como levantó la escopeta y apuntó durante un rato, para finalmente
bajarla, dejarla en el piso y aferrado al alféizar con las manos como garfios, ponerse a llorar en
silencio. Sin dejar de mirar hipnotizado lo que fuera que pasaba adentro.

Antes de que el hombre haga una locura, Soledad se acercó en silencio, retiró la escopeta del
alcance de su mano y lo abrazó por la espalda. Acariciando su torso mientras le pedía en un
susurro que se calmara, fue bajando suavemente el brazo hasta encontrarse en su vientre con una
sorprendente erección que excedía el cinturón.

Sin dudarlo, soltó uno a uno los botones de la bragueta y sacó a la luz al enardecido falo,
procediendo a masturbarlo suavemente mientras le susurraba al oído que se calmara. Un viejo
instinto de hembra la guiaba en su tarea.
Poco a poco fue bajando el ritmo para intentar sacarlo de su posición y llevárselo a la casa para
que se calme. Pero cuando creía tenerlo dominado, el hombre, con una velocidad impropia de su
tamaño, tiró de ella con violencia y volcándola quebrada sobre la ventana le bajó pantalón y
bragas y tapándole la boca con su mano, la empotró salvajemente llevándose por delante su
virginidad, sin dejar de mirar con furia a la pareja infiel que copulaba.

Con esa sabiduría innata de la gente simple, la muchacha aguantó el envite con entereza, relajó
su vientre y dejó que el hombre se descargara, mordiendo con fiereza su mano en el hombro en el
momento cumbre.

Cuando Pedro se calmó y vio las piernas ensangrentadas de Soledad, comprendió espantado lo
que había hecho, se asustó tanto, que olvidando la traición de su esposa, tomó a la muchacha en
brazos y se la llevó a la casa de servicio donde vivía.

La desnudó con cariño en el pequeño baño, abrió la ducha, templó el agua y con una suavidad
impropia de su rudeza, procedió a lavarla de cuerpo entero. Después de aclararla la secó con
esmero y volviendo a tomarla en sus brazos la depositó suavemente en la cama.

Con una profunda angustia por todo lo sucedido, le acarició la cara con cariño y depositó un tierno
beso en su frente con lágrimas en los ojos pidiéndole perdón. Cuando estaba por levantarse, Sole
se colgó de su cuello y lo besó en los labios. Amaba a ese hombre más que a su vida misma.

Asombrado ante la muestra de tan puro cariño, Pedro se dejó llevar y sin saber como, se encontró
desnudo en la cama de la muchacha, copulando con dulzura sin dejar de besarla.

A esa tarde siguieron otras no tan dulces, donde la pasión se los llevaba por delante, logrando
dejar en un segundo plano la traición de Ramona. En un acuerdo no escrito, cada tarde en la que
su desleal mujer se encontraba con su amante, Pedro la pasaba con Soledad.

Hasta que todo se desmadró.

Abril de 1988

La huída

Ramona se siente plena y satisfecha. A pesar de que su objetivo de quedar embarazada aún no se
cumple, las fogosas tardes compartidas con su amante la tienen por las nubes.

Sin embargo, su felicidad no es completa, algo no anda bien. Su esposo, antes molesto por su poca
predisposición al sexo ya no la busca en la cama, y eso, además de ser peligroso para sus planes,
la tiene intrigada.

Una mañana de finales de verano amaneció con dolores de vientre y observó consternada que una
vez más, sus planes de ser madre no se cumplían. Estaba menstruando.

Resignada, se dirigió a la cocina para avisarle a su amante que estaba indispuesta. No es que le
molestase fornicar con la regla, y mucho menos al salvaje de Nicasio, pero los primeros días
siempre estaba dolorida.

Después de unos cuantos achuchones y una mamada de compensación, emprendió la vuelta a su


casa con una sonrisa en el rostro. Nunca terminaba de asombrarse de la fogosidad de su amante.
Estaba llegando a su morada, cuando observó a su esposo enfilar hacia la casa de servicio.
Intrigada y ligeramente preocupada lo siguió, y vió con horror como la chiquilla se colgaba de su
cuello y lo besaba con devoción, para luego tomarlo de la mano y llevarlo adentro.

No necesitaba ser adivina para imaginar lo que sucedía. Tremendamente alarmada y


comprendiendo que todos sus planes estaban a punto de fracasar, salió corriendo a buscar a su
amante.

Entró a la cocina a la carrera y se sentó frente a Nicasio agitada y tremendamente acalorada. Sin
percatarse que Juliana y la ayudante de cocina estaban en la despensa guardando la encomienda
recién llegada del mercado.

El hombretón la vió llegar, e interpretando mal la situación, bramó una carcajada y se dirigió hacia
ella.

 Ja ja ja, te has quedado caliente y vienes por mas.

 No seas estúpido, siéntate y escúchame. Tenemos un problema grave, mi esposo se está


follando a Soledad.

 Ja ja ja. Entonces no es tan estúpido el cornudo. ¿Cual es el problema, acaso tú no haces lo


mismo?

 El problema es que Soledad es una hembra joven. Si se encapricha con ella me va a dar una
patada en el culo y todo se irá la mierda. Yo me quedo en la calle y tú sin tu coño preferido.
Esa puta tiene que desaparecer.

 ¿Y cómo piensas hacerlo?

 Ese va ser tu problema, hasta que esa puta no desaparezca, no me vuelves a tocar.

Y sin decir una palabra más, volvió a su casa dejando al hombre preocupado y a las dos
improvisadas testigos muy asustadas.

Mientras la ayudante de cocina se quedó paralizada por el miedo, Juliana corrió desesperada en
busca de su hija adoptiva. Entró a la casa de servicio a la carrera y encontró a Soledad tirada en la
cama con una cara de satisfacción, que delataba lo sucedido entre esas paredes.

 Cambia esa cara de puta satisfecha y ayúdame a juntar tus cosas.

No le gustaba insultar a su hija, pero estaba muy asustada.

 ¿Qué te pasa mamá, estás loca?

 Pasa que la patrona sabe lo tuyo y lo de su esposo y si no te apuras, vas a terminar


fornicando con Satanás.

Pusieron las pocas pertenencias de Soledad en su pequeña maleta y salieron disparadas para el
ranchito de Juliana. Al anochecer, acompañada de su esposo Julián, tomaron el camino del
despeñadero y cruzando una tranquera, se introdujeron en La ballenera, la estancia vecina., donde
luego de caminar un par de kilómetros, llegaron al rancho de Jazmín, una amiga de la infancia de
Juliana que recién había parido. La muchacha, al oír toda la historia, no tuvo ningún problema en
cobijar a Soledad, ya que su familia gozaba de la confianza de los patrones de la estancia luego de
generaciones de trabajar esas tierras.

No tardó más de una semana Jazmín en descubrir el estado de preñez de la hija de su amiga. Sabía
lo que eso representaba y el peligro que corría la muchacha. Diez días más tarde la presentó al
capataz como a una sobrina que venía a cuidar al recién nacido Ramón. El hombre, sabiendo que
eso liberaba a Jazmin para reincorporarse antes al trabajo, aceptó de inmediato.

Octubre de 1988

La búsqueda

Soledad ha desaparecido y nadie sabe dónde está. Han pasado seis meses, Pedro ha recorrido
cada rincón de la estancia, ha interrogado a todo su personal y no ha averiguado nada. O no
saben, o no quieren soltar prenda. Son muy fuertes los códigos de lealtad entre la peonada.

No tardó mucho Nicasio en aprovechar la fortuita circunstancia y sin decírselo expresamente a ella,
dejaba intuir frente a Ramona que sus órdenes habían sido cumplidas, por lo que exigía holgada
recompensa, ya no se conformaba con un polvo furtivo en la cocina.

Feliz por la novedad y agradecida con su amante, Ramona hace acondicionar a espaldas de su
marido un ranchito abandonado frente a la laguna salada de Mar Chiquita y lo convierte en su nido
de adulterio. Para que él no se entere, ha empleado para su construcción a personal de La
ballenera en sus horas libres, entre ellos al esposo de Jazmín.

Un cálido cuarto con vistas a la laguna, un baño cómodo y una pequeña cocina es todo lo que
necesita para los encuentros con su amante. Lo estrenan una semana después de finalizada la
temporada de fecundación de la hacienda, esta vez sin apuros ni necesidad de esconderse, ya que
Pedro ha subido a la capital y tienen todo el fin de semana para ellos.

El encuentro es un choque de trenes, lo que había sido negado ahora es permitido y se funden en
un beso apasionado, por primera vez en sus muchos encuentros.

Van perdiendo la ropa a los tirones mientras avanzan hacia el dormitorio y al caer sobre la cama,
se fusionan como un solo cuerpo. Poco tardan en comerse mutuamente en un sesenta y nueve
explosivo y acaban por primera vez, uno en la boca del otro.

Mientras tanto, el rumor de la descarada traición se ha expandido y llega a los oídos de la


ayudante de cocina, que indignada, no ha podido contenerse y le cuenta a sus amigas la escena de
la que fue involuntario testigo. Poco a poco, en la medida que Sole no aparece, la indignación del
personal va en aumento.

Juliana calla, la vida de su nieto está en juego, pero al enterarse de los encuentros de los amantes
en La saladita, finalmente estalla. El niño vino de cadera y la matrona no ha podido hacer nada.
Soledad ha muerto en el parto y ya nada la detiene.

Noviembre de 1988

Pedro sostiene al pequeño niño en sus brazos y no puede creerlo. Gruesas lágrimas corren por sus
mejillas producto de la emoción y del recuerdo de la hermosa niña que tanto quiso.

Sabe que debe protegerlo, si se supiera que es hijo suyo correría un gran peligro, hay mucho buitre
tras sus tierras y un heredero es mala noticia. Los culpables ya han pagado y sus restos se
retuercen enterrados dos metros bajo el chiquero de los cerdos, pero no es suficiente.

Poco han sufrido los amantes por todo el mal que habían causado, apenas si pudieron enterarse de
que se morían, cuando el enardecido esposo interrumpió la infiel cópula machete en mano.

Nadie notó la ausencia de la pareja, el romance era conocido por toda la peonada y los dieron por
fugados. A pesar de la insistencia de los hermanos de Ramona, la policía cerró el caso sin
investigar demasiado.

Pedro sabe que necesita asegurar el futuro del niño, se lo debe a Soledad. Con todo el dolor de su
corazón, lo inscribe como hijo de Jazmín y su esposo con el nombre de Antonio, para evitar
represalias. Desde ese día lo verá crecer de lejos, ni siquiera acepta ser su padrino, tarea que
queda a cargo de Juliana y su esposo.

Al no tener parientes de sangre, Pedro testamenta a favor de Toño, lo reconoce como su hijo y lo
hace heredero de todas sus posesiones, así como también, crea un fideicomiso que le asegura los
estudios universitarios. También deja expresas instrucciones sobre cómo deben contárselo al niño.

Este sobre permanecerá cerrado en posesión de la notaría y sólo se abrirá en caso de su


fallecimiento. Mientras tanto, dejará que el niño crezca feliz junto a sus hermanos, aunque le
desgarre el alma.

Al salir de la notaría mira al cielo nublado y susurra unas plegarias

 Mi niña querida, no sabes cuanto te extraño. Dame fuerzas para luchar, es mucho lo que
queda por hacer y temo desfallecer si no te siento cerca. Ayúdame a que nuestro niño
encuentre un mundo mejor.

En ese momento las nubes se abren y un tibio rayo de sol le pone brillo a sus lágrimas. Con una
sonrisa, el rudo hombre seca sus ojos con el antebrazo y solo atina a murmurar…

 Gracias amor mío.

No, no, no. Ni de coña

Finales de Diciembre 2005

Como de costumbre, Toño se despierta temprano. El sol recién ha salido y una brisa ingresa por la
ventana. Hoy es un día especial. Han terminado las clases, ha aprobado todo como de costumbre y
por fin comienza su vida de adulto. Pero eso será el lunes, hoy es día de festejo. Quizás por esta
razón se encuentra tan excitado. Su habitual erección matutina presenta un aspecto intimidante
bajo el liviano pantalón corto del morrudo muchacho.

A su lado, Ramón ronca a pata suelta. Quién así lo viera, pensaría que es fruto de su pereza y
mucho se equivocaría. Es cierto que es un pasota y que todo le da igual. Pero trabajando es un
titán.

Toma las cobijas bajo su cuerpo y de un tirón, el muchacho lo saca de la cama. Antes de que el
asustado muchacho se termine de despertar y se de cuenta de lo ocurrido, Toño sale corriendo en
dirección al baño. Un año mayor que él, Ramón es su hermano de crianza y si bien su físico fibroso
luce claramente inferior al suyo, su fuerza es legendaria, Más aún si está enfadado.

Prueba de ello, son los varios tabiques desviados de aquellos que se han atrevido a enfrentarlo u
ofender a sus hermanas. Ni hablar de los que han intentado enfrentar a la dupla en los bailes del
pueblo. Muchos de ellos, bastante mayores que la pareja de amigos. Son los códigos con los que se
han criado, no hay lugar para la falta de respeto o la ofensa gratuita. Se lava la afrenta y amigos
como siempre. Nada de rencores guardados o venganzas traicioneras. No hay tiempo para eso.

Otra cosa son los partidos de fútbol de los domingos contra los equipos de las cercanías. Ahí
cambia la cosa. La rivalidad es muy grande y las muchachas están mirando. La testosterona
manda. Pechos inflados, necesidad de lucirse y alguna patada a destiempo provocan la explosión y
todo termina a las trompadas. Cuando la cosa se calma y el partido termina, cada equipo vuelve a
su casa. El ganador efusivo y el perdedor con la cola entre las patas a esperar la revancha.

Desoladas, las muchachas vuelven a confirmar enojadas, que una vez más pasan de ellas como si
no estuvieran. Escupen en el suelo con cara de asco y juran no volver más. Saben que no es
verdad, que en una semana allí estarán.

Toño frena su carrera y pasa lentamente frente a la habitación de sus hermanas con la esperanza
de que la puerta esté entreabierta y poder observarlas en su lecho. Lidia, la mayor por dos años y
Clara la menor por uno, son dos hembras de bandera. Morocha una y castaña la otra representan
lo mejor del mestizaje de esas tierras. Lamentablemente la puerta está cerrada.

En su camino al baño anexo al rancho debe pasar forzosamente por la cocina, donde Jazmín, su
madre de crianza, está poniendo la mesa. Morocha como Lidia, a sus cuarenta y dos años luce
radiante. Alta, delgada y fibrosa producto de sus arduas tareas es una mujer muy atractiva. Con
sus tetas prominentes y erguidas, que para nada reflejan los años de lactancia y con un culo como
para poner en un cuadro, luce tentadora doblada sobre la mesa. Se acerca sigiloso tras su espalda
y tomándola de la tetas le clava su brutal erección entre las nalgas sólo protegidas por la suave
tela de la bata. Mientras tanto, la besa en el cuello con lascivia.

La sorprendida mujer reacciona como un rayo y dándose vuelta furiosa lo separa de un empujón y
comienza a aporrearlo con la húmeda servilleta que tiene en su mano.

 Asqueroso de mierda, todas las mañanas igual, te despiertas alzado como un perro
asqueroso. Te voy a moler a golpes.

Toño es un gigante al que poco le cuesta tomarle las manos parando los golpes. Le levanta los
brazos y mirándola con una sonrisa encantadora le pide disculpas.

 Buenos días mami, estabas muy tentadora ¿Me disculpas?

Jazmin no puede resistirse a esa sonrisa y afloja su furia. Momento que Toño aprovecha para
tomarla del cuello y prenderse a sus labios con un morreo de campeonato. Para luego salir
corriendo a los baños antes que la taza de aluminio que le ha arrojado lo alcance.

 Guarro de mierda, duerme con la puerta bien cerrada. Una mañana de éstas amaneces
castrado. ¿Y tú no dices nada?¿Asi defiendes a tu mujer?

Apoyado en el marco de la puerta, Hortensio, su marido, observa toda la pelea con una carcajada.
La divertida escena que se repite cada mañana lo emociona. Aman tanto a ese noble muchacho
que hace de ellos lo que quiere.

Durante el desayuno todo se olvida. El parloteo se encima y la alegría se impone. Hoy es domingo,
las clases han terminado y toca festejo.

Terminada la comida todos colaboran, y pronto la cocina luce impecable. Jazmín se retira a vestirse
para ir a misa y Hortensio toma su caballo para ir al pueblo a jugar a las cartas con sus amigos. A
las dos de la tarde se volverán a juntar para el infaltable almuerzo dominical.

Los muchachos toman sus bolsos y parten rumbo a la aventura prohibida de todos los domingos.
Salen de la casa, cruzan el terreno y pasan a través del alambrado. Cruzan el camino del
despeñadero e ingresan a La mar chiquita por el mismo camino.

Mientras Toño pasa indiferente sobre los escombros del antiguo refugio de amantes, Ramón lo
hace con respeto tomándose con la mano el huevo izquierdo. En cambio sus hermanas lo hacen
con temor. Las historias que se cuentan sobre lo sucedido dentro de esas quemadas paredes les
ponen los pelos de putas. Imitando a su hermano se toman la teta izquierda mientras se persignan
con la derecha.

Se asoman al conservado muelle, se sacan la ropa quedándose en traje de baño y se zambullen en


el agua salada de la laguna.

Nadan con ahínco y finalmente llegan al farallón. Hoy la marea está baja y la cueva está expuesta.
La cruzan y alcanzan la gran piedra blanca y negra que vigila la entrada sobre la pequeña playa. Y
allí Toño los detiene, el viento ha dejado de soplar y se avecinan cambios en la marea.

Conoce esas aguas como ninguno, desde pequeño ha venido a bañarse a pesar de estar prohibido
y hoy se le presenta el desafío pendiente, mostrarle a sus hermanos lo que ha logrado. Muchas
veces se le había acercado un guardia al descubrirlo allí y por alguna extraña razón, al ver de
quien se trataba, se daban media vuelta sin echarlo.

Mientras sus hermanos pegan la vuelta apesadumbrados, Toño está eufórico. Los incita a apurarse
y al llegar nadando a la otra orilla, los obliga a tomar los bolsos y seguirlo.

Cruzando senderos sólo conocidos por él a través de la frondosa arboleda, llegan luego de media
hora a la orilla del arroyo La ballenera y siguiendo su curso desembocan en una playa de blanca
arena donde la vertiente descarga sus aguas al mar. Mar que ha tallado los farallones para
facilitarle la tarea.

Los asombrados hermanos estallan en un grito de alegría al reconocer el lugar y revoleando los
bolsos, se zambullen en las calmas aguas de la bahía con cuidado. El viento ha cambiado y la
corriente del mar se ha vuelto briosa en dirección contraria a la de la mañana. Ha comenzado la
creciente. Saben que no deben alejarse demasiado de la orilla. Haciendo pié no corren peligro. Eso
no les impide gozar como pequeños. El día luce maravilloso, el sol brilla a plenitud y las pocas
nubes que cruzan el impecable azul del cielo, aportan la cuota de fresco que mejora la jornada.

Buscan a Toño para agradecerle la sorpresa y no lo encuentran. Extrañados, recorren con la vista
todo el paisaje y lo divisan sobre el borde del cortado farallón saludándolos con la mano y
enfrentando el vacío señalandoles el norte.

Antes de que puedan detenerlo se arroja de cabeza ante el terror de sus amigos, que paralizados
observan la escena. El primero en reaccionar es Ramón, que creyendo entender las señales de su
amigo, sale corriendo de la playa arrastrando a sus hermanas. Toman todos los bolsos y salen
disparados hacia la laguna. Cientos de veces han hecho el camino contrario, pero esto es una
locura. Exhaustos llegan al muelle y el ánimo se derrumba, la marea ha subido y la cueva ha
desaparecido. Ramón vigila desesperado y sus hermanas estallan en llanto. No hay forma de
volver.

Un agudo silbido los saca de la angustia. Desde lo alto del farallón Toño los saluda eufórico antes
de zambullirse en la laguna. Ha vuelto a repetir la hazaña ante el asombro de sus amigos.

Llega exhausto al muellecito y se funde en un abrazo eufórico con Ramón, baile incluído.

 Loco hijo de puta, me has puesto los huevos en la garganta.

Finalizado el baile encara a las muchachas y Lidia le da vuelta la cara y se marcha. Extrañado, se
acerca a Carla para abrazarla y ésta le pega un mamporro que le da vuelta la cara antes de seguir
a su hermana. Finalmente entiende, su ego le ha jugado una mala pasada. Su soberbia le ha hecho
desestimar el sentimiento de sus hermanos de crianza. Se cambia en silencio y encara la salida
junto a Ramón sin intercambiar palabras, sumidos en sentimientos encontrados difíciles de
verbalizar.

Al llegar al alambrado, se encuentran a las muchachas esperándolos con los brazos cruzados. Sus
rostros están tensos, angustiados, contenidos. Toño se acerca compungido y antes de poder
articular una disculpa, se le abalanzan y lo abrazan en medio de un profundo llanto. Lo quieren
demasiado para enojarse con él.

La alegría se recupera y vuelven a su casa hambrientos y excitados por la fenomenal mañana.


Disgustos aparte, ha resultado un aventura increíble

Al llegar al rancho, ven un vehículo del ayuntamiento aparcado y junto a él conversa la pareja con
la directora del instituto y el Director de enseñanzas del pueblo. Jazmín luce cabizbaja, algo ha
pasado.

Dos horas más tarde

 No, no y no. ¿Pero quien se creen que soy, un traidor?¿Ahora que estoy libre para
ayudarlos?¿Después de todo lo que han hecho por mi? Ni de coña.

Toño está furioso y no entiende razones, por sus notas le han ofrecido una beca para cubrir sus
estudios universitarios en la cercana gran ciudad, un pequeño departamento para vivir y un
cómodo sueldo. El primer hijo de peón que lo logra. Encima huérfano y bastardo.

Pero a él no lo compran, nooo, su orgullo no lo permite. El no abandona a sus amigos por mucha
fortuna que le ofrezcan. Ël no se va, lo necesitan. Y además…¿Que va a hacer él en la gran ciudad?
Lejos de sus amigos, de sus árboles, del aire puro y el canto de los pájaros. No, no, no. Ni de coña.

Jazmín se seca las lágrimas y lo abraza. La conmueve la euforia de su hijo del alma, le acaricia la
cara y lo calma.

 Piénsalo de esta manera, son pocos años. A la vuelta, si triunfas, lo cual no dudo ni por un
instante, nos podrás ayudar mucho más con tu preparación. En cambio si lo desprecias,
estarás tirando a la basura todo lo que tanta gente ha hecho por tí.

Finalmente Toño se resigna y acepta la propuesta. Conoce su historia, nada le ha sido ocultado,
salvo la identidad de su verdadero padre y el verdadero lazo que lo une con Juliana y su marido. Ha
sido el precio a pagar y el no lo puede despreciar. Se lo debe a su difunta madre.

Marzo de 2006

Finalmente llega el Sábado previo a la partida, el día amanece cálido pero Toño tiene frío. El sol
brilla pero no calienta las almas. Se levanta pesadamente, obvia las bromas con Ramón que
extrañamente está despierto mirando al techo con las manos tras su nuca y los ojos enrojecidos y
encara el pasillo rumbo al baño. No hay erección, no hay achuchones, y salvo un tibio buenos días,
no se oyen otras voces en la estancia.

Hortencio ya ha partido a ordeñar a las vacas. Lidia ha decidido ayudarlo y pronto Ramón, luego
de tomar un café, parte en silencio rumbo a sus tareas en la casa de los patrones. Toño se sienta
en la mesa y encara a su cabizbaja madre.

 ¿Dónde está Clara, madre?


 No sé hijo, solo me ha dicho que volvía al lugar maldito donde creyó perderte.

El muchacho no necesita más, vuela a tomar su bolso y sale disparado en su búsqueda. Llega al
muelle y al ver la marea baja no tiene dudas. Se saca la ropa quedándose en traje de baño y se
arroja a la laguna. Cruza la cueva a la carrera y allí la encuentra. Apoyada en la gran piedra, de
brazos cruzados abrigando su cuerpo y la cabeza gacha. La ve preciosa, con su melena castaña
cubriéndole la cara, el modesto bikini azul que a gatas contiene su voluptuosa figura y el temblor
que refleja su contenido llanto.

Toño se acerca despacio, apoya el dorso de su mano bajo la barbilla y le levanta la cara, le seca las
lágrimas con sus pulgares y la abraza con sentimientos encontrados. Sus cuerpos se juntan, las
manos no se quedan quietas y la pasión aflora. Pronto se juntan sus bocas y la emoción explota.
Ninguno es virgen, se madura pronto en contacto con la naturaleza.

Toño la sienta sobre un saliente y entre besos la desnuda con su colaboración. Abreva de las
turgentes ubres mientras la muchacha le besa la cabeza y las manos de él recorren sus muslos
buscando la meta. Poco después Clara explota y todo se desmadra. Lo empuja con violencia
sentándolo sobre la arena y se arroja sobre su cuerpo con lujuria. Toma su enhiesto falo con la
mano y apuntándolo a su húmeda cueva se empala sin miramientos. Lo cabalga con furia, le
ofrece sus tetas, lo besa, le muerde los labios hasta hacerlos sangrar y finalmente lo castiga a
cachetazos en medio de un orgasmo brutalmente compartido.

Y allí quedan, jadeando en silencio, abrazados hasta notar que sube la marea. Sin hablar
emprenden el regreso tomados de la mano y se arrojan a la laguna en busca del muelle. Nadan
despacio, sincronizados en una extraña armonía. Todo está dicho, solo queda la despedida.

Al día siguiente, una hora antes del amanecer, portando un gran bolso con sus pocas pertenencias,
emprende la partida. No tiene valor para despedirse y encara el camino rumbo al pueblo sin
percatarse de las cinco sombras abrazadas que lo observan por la ventana. Llega a la ruta
periférica y se cruza con Bartolo el capellán, que se dirige a preparar la iglesia para la misa de las
seis y le pide que lo alcance a la estación. Dos horas mas tarde, sin saberlo, parte rumbo a su
destino de grandeza y sacrificio.

///////

Entrega y sacrificio
10 de Agosto de 2013

Braulio.

Soja, soja, soja…Maldita soja. Maldecía Braulio mientras peleaba con el viejo tractor arrastrando los
diez discos de arado en la fría, árida y exhausta tierra de sus patrones, La estancia Don David. Una
gran extensión de terreno de doscientas hectáreas, que junto a La Ballenera y La Mar Chiquita
conformaba el triunvirato que había resistido a la fragmentación de La San Agustín. Aunque de
seguir así, también caería

Tierra otrora negra y fértil, protegida de los vientos salitrosos del mar por la frondosa arboleda
costera de La Mar Chiquita plantada por los antiguos pioneros y bendecida por las abundantes
lluvias de todo el año, había entregado todo de sí durante más de un siglo, hasta la aparición del
boom sojero y sus altos rindes económicos.

Sembrar una y otra vez hasta agotar los nutrientes, sin fertilizar ni rotar los cultivos para no perder
un centavo, no dejar descansar a la tierra, y retacear el nutriente del abono animal, solo estaba
logrando la extinción del recurso.

La eterna lucha de la codicia del hombre contra la sabia naturaleza.

Por eso el trabajo era duro, el terreno se resistía. Por eso y por el viejo tractor de cabina abierta y
motor exhausto, por el viejo arado de discos desafilados y por el viento del mar, que seca la piel y
congela el alma. Por eso y porque no se sentía bien.

No se sentía nada bien, el frío clima de la costa en agosto no era nada bueno para sus enfermos
pulmones. El puto virus de la gripe lo dejó averiado y no tuvo tiempo para recuperarse, se venía la
siembra de Setiembre y debía tener el terreno preparado.

No se le podía decir que no a los patrones, podía quedarse en la calle ¿Y entonces? ¿Qué pasaría
con su mujer y sus pequeños hijos? ¿Dónde irían a parar? No…no…rebelarse no era opción, los
pobres nunca la tienen. No podía permitir que su familia se quedara en la calle. Había mucho lobo
suelto, entre ellos el hijo del patrón. No se le escapaba el hambre con que miraba a su mujer.

Braulio la conocía de toda la vida, creció jugando con su hermano Ramón y sus padres lo cobijaron
cuando siendo bebé, sus padres enfermaron. Al igual que Toño, les debía mucho.

Con Lidia, pasaron de los juegos a no verse cuando regresó a su hogar, pero nunca la pudo olvidar.
Se reencontraron años después en el último baile de un Carnaval y sin darse cuenta, después del
primer beso no se separaron más. Descubrieron sus cuerpos una tarde de otoño a la vera del
arroyo y pronto fueron por más. La vió volverse mujer entre sus brazos, despertaron a la pasión en
el pajar de un granero y cuando su vientre creció, los casó el cura del pueblo.

Ser madre la hizo más mujer y al nacer el segundo, su figura explotó. A los veintidós años, su
exuberante silueta se volvió codiciada por los hombres y envidiada por las mujeres, que no podían
entender qué hacía ese monumento de hembra al lado de un palurdo como él.

Vivían en un puestito alejados de la casa principal, cerca del alambrado y la tranquera más lejana,
el mismo puestito en que habían vivido sus padres antes del accidente y sus abuelos antes que
ellos. Una vieja tapera de paredes de adobe y techos de paja, que él había arreglado antes de que
se mudaran recién casados.

Una casa fresca en verano, protegida del bochornoso calor por sus gruesas paredes y cálida en
invierno, gracias a la cocina a leña que coronaba la salita multiusos donde todos convivían. Único
ambiente, además de la habitación donde dormían los cuatro.

Con la ayuda de Ramón los fines de semana y la de Toño, su otro amigo del alma, en sus
escapadas de verano, había cerrado la entrada de su morada con una puerta de madera, y las
ventanas con postigones del mismo material. Las habitaciones interiores permanecían separadas
solo por cortinas.

Además del arado de la tierra y la siembra, Braulio era el encargado de mantener los alambrados
en condiciones, mientras su mujer atendía la huerta y la granja que abastecían la casona principal
y la suya.

Casa, comida y de vez en cuando alguna moneda en tiempos de cosecha, eran sus únicos
ingresos. Y así había sido siempre en su familia y en la de Ramón, quienes trabajaban en la
estancia La ballenera.

La estancia de Don David, era de las pocas grandes que quedaban en la zona que aún trabajaba la
tierra. El viejo dueño era un hijo de puta como persona, pero adoraba el terreno generoso que
pisaba. Descendiente de los primeros gauchos judíos y genéticamente heredero de las grandes
hambrunas, sabía valorar la riqueza que la tierra le entregaba.

Nada que ver con sus hijos Jacobo y Jhoel, ni con sus nietos. Avariciosos personajes dilapidadores
de la fortuna heredada y explotadores compulsivos de las familias que para ellos trabajaban.

Sabía de muy buena fuente que las sumisas esposas e hijas de los peones abrían sus piernas a
hijos y nietos de los patrones por un pedazo más grande de pan. Mientras sus pobres maridos se
deslomaban trabajando, vaya uno a saber cuanto bastardo habitaba la estancia.

Él mismo tuvo que romperle la trompa al joven Jhoel cuando lo encontró en su casa arrinconando a
su mujer recién embarazada de su segundo hijo. Todavía tenía escalofríos de solo pensar que
hubiera sucedido si al puto tractor no se le empastaban las bujías.

Había salido temprano y no se había alejado ni un par de kilómetros, cuando la máquina se plantó.
Volvió caminando y cuando estaba por llegar, se percató del coche del miserable parado en su
puerta.

Tuvo un mal presentimiento y empezó a correr, al llegar a la ventana de la cocina alcanzó a ver al
desgraciado con los pantalones bajados y tratando de forzar a su esposa tomándola del pelo para
que le haga una mamada.

 Por favor, déjame que se va a despertar el niño.


 Entonces chupa y no grites puta, ya me tienes cansado con las evasivas, no aguanto más,
hoy te voy a dejar bien servid…

No pudo terminar la frase, la trompada de Braulio lo alcanzó en el oído tirándolo al piso y a esta le
siguió una lluvia de patadas aplicadas con tanta furia, que de no ser por su mujer lo hubiera
matado.

Por suerte, la amenaza de cortarle la lengua si lo contaba, surtió efecto y nunca se supo del
incidente. Pero no se engañaba, el hijo de puta se la tenía jurada y esa era la razón del inhumano
trabajo de ese día estando tan mal de salud. Presintiendo que algo malo podía pasarle, puso al
tanto del incidente a su cuñado Ramón, para que cuide de su familia si algo le sucediera.

Distraído en sus cavilaciones, con el acelerador y la barra de dirección del tractor trabados para
mantener la velocidad y dirección constantes, no se percató de la gran piedra que mordía con su
rueda trasera.

Mareado por las secuelas de su enfermedad, insolado por el inclemente sol de mediodía, falto de
aire y con el pecho helado por el frío viento del amar, no alcanzó a sostenerse y cayó de su
asiento.

Lo último que alcanzó a pensar, mientras los discos se acercaban a su cuerpo, es que volver a la
tierra no era una mala muerte, quizás su sangre sirviera para ayudar a curar al valioso recurso
ávido de nutriente.

10 de Agosto de 2013

Lidia

Cuando ve llegar el patrullero, teme lo peor. Braulio no debió levantarse de la cama esta mañana,
ella sabía que no estaba bien, pero no pudo convencerlo. El sometimiento reverencial a los
patrones legado por sus padres y el temor por el bienestar de su familia lo impulsaron a inmolarse
en un sacrificio innecesario.

Totalmente innecesario, para eso estaba ella. ¿De qué valió su entrega si finalmente todo salió
mal?

12 de Agosto 2013

Lidia

Parada frente a la fosa abierta, contemplo la humilde envoltura de madera que cobija el cuerpo de
un buen hombre. Fuerte, sincero y sacrificado hasta la extenuación para proteger a su familia de
un destino incierto.

Destino que igual nos alcanzó, cruel, impiadoso, como un estigma que tuviéramos marcado en la
frente y del cual no pudiéramos escapar.

Se fué mi hombre, el primero. El que me adoró como nadie y por mi dió la vida. Se fué el amigo
incondicional, el compañero fiel y el padre que pudo ser.

¿El amor de mi vida? No lo sé. Siento que le fallé.

Tratándose de los poderosos no se investigó demasiado. Se determinó con prontitud la impericia y


el descuido del peón a cargo de la máquina y se cerró el caso. Nada dijeron de las condiciones de
trabajo, ni de su precaria salud.

Me lo devolvieron dos días después y así como lo dejaron, lo trajimos al cementerio. No hubo
velorio a cajón abierto, quise conservar su sonrisa en mi recuerdo. Me hubiera desgarrado ver su
cuerpo destrozado. No hubo saludos falsos ni plañideras. Somos gente simple y resignada para la
cual la muerte es un paso más.

Una larga fila de rostros tristes de amigos y vecinos desfila frente a la tumba antes de que la
cubran. Depositan dentro lo mejor que tienen, un puñado de abono para que su cuerpo pueda
fecundar la tierra, un puñado de semillas para que su alma vuelva a la vida, una espiga de trigo
como símbolo de resurrección y un trozo de pan para alimentarlo en el viaje.

A mi derecha, Ramón sostiene mi brazo para que no me derrumbe mientras lo cubren con tierra.
Mis hijos contemplan inocentes como se marcha un buen hombre en brazos de mis padres y Clara
me abraza por detrás llorando sobre mi espalda. No se atreve a contemplar la escena.

Regresamos en silencio y al llegar al rancho, repartimos un vaso de vino entre todos los amigos y
brindamos por el largo viaje del que se fué.

Una semana después del entierro, volverá Johel.

Entrega y sacrificio.

Como un presagio del destino, Lidia y Brulio compartieron infancia, y siendo adolescentes, se
dejaron de ver. Se reencontraron en medio de la congoja provocada por la partida de Toño y en él,
la muchacha encontró cariño, comprensión y cobijo para sus penas.

El pequeño canijo de su edad, que había jugado de niños con ella, se había convertido en un
fornido muchacho y era el hijo de los recientemente fallecidos encargados del ganado de la
estancia Don David, vecina a La ballenera. Ese hombretón la trataba con una adoración tal, que la
tenía conmovida.

El sábado del reencuentro salió junto a sus hermanos, y buscando alivio a la tristeza que los
envolvía, decidieron distraerse en el festival previo a la cuaresma de Pascua. Última celebración de
la temporada de verano.

No fué una gran idea, a diferencia de sus hermanos no le apetecía bailar, la tristeza no la dejaba.
Permanecía sentada al borde de la pista observando sin ver a los bailarines y rechazando
moscones, hasta que apareció él.

Temblando, con la boina en la mano y encandilándola con sus profundos ojos azules, Braulio le
pidió que le conceda una pieza y ella asintió. El muchacho colocó la boina doblada bajo su
charretera y tomándola de la mano la sacó a la pista. A esa pieza siguió otra. Y pronto fueron más.

No se volvieron a sentar

Bajo el amparo del viejo ombú vecino al rancho y sentados sobre sus amplias raíces le robó el
primer beso y ya no se separaron más. Se veían los domingos después de misa y pasaban el día
juntos. La semana de arduo trabajo no permitía más.

Se fueron reconociendo con lentitud entre besos y caricias furtivas y concretaron su amor en un
pajar de la estancia, con la complicidad del encargado de cuidarlo.

Hambrientos el uno por el otro y excitados en su primer momento de intimidad, se desnudaron a


los tirones entre besos y mordiscos y se anudaron en la cópula sin esperar.

Tres meses después, previo permiso de los patrones y con la bendición del cura, se mudaron al
viejo puestito de su familia en la estancia vecina con la anuencia de los padres de Lidia. Urgidos a
aceptar por la incipiente pancita de la emocionada novia.

Pero por supuesto, nada fué gratuito. Braulio tuvo que hacerse cargo del cultivo de las tierras más
agotadas de la estancia. Jornada tras jornada, con empeño y malas herramientas luchaba contra la
naturaleza con malas herramientas y peor salario. Mientras tanto, ella gestaba al pequeño Braulio,
y ayudada por su madre, atendía la pequeña huerta que alimentaba la casona de los patrones y de
la que se alimentaban ellos

Un pedacito de tierra, algunas gallinas donadas por los vecinos, un gallo malo y despertador y una
lánguida vaca lechera que le regaló su padre, era todo lo que necesitaban en medio de su
felicidad.

Finalmente, el pequeño nació ayudado por la matrona y dos semanas después, su madre volvió a
su casa. Comenzaba su historia de mujer a cargo de su hogar.

Todo empezó a desviarse la primera tarde que se quedó sola en su rancho. Un domingo, después
de almorzar, Braulio debió partir a llevar unas vacas a la Capital para su faena, no volvería hasta el
día siguiente.

Media hora después de su partida, se apersonó Johel en su casa. Venía a cobrar.

 Buenos días Lucía ¿Podemos hablar?


 Por supuesto señor, pase por favor ¿Gusta tomar algo.
 Un vino fresco estaría bien

Con un presentimiento horroroso de lo que estaba por escuchar, lo invitó a sentarse a la mesa de
la pequeña cocina y le sirvió un vaso de vino blanco sacado de la vieja nevera de madera.

 ¿Te sientes cómoda en mi casa?


 Perdón señor… ¿Su casa?
 Son mis tierras, es mi rancho y es mi huerta. ¿Cómo quieres que la llame?
 Tiene razón, disculpe, no lo quise ofender. Si, estoy muy cómoda.
 ¿Te gustaría seguir así?
 ¿Así como?
 Tienen trabajo asegurado, un techo para vivir, una granja para alimentarse y además les
permito tener animales para vuestro sustento. Pues bien, eso tiene un precio ¿Sabes cual
es?¿Quieres pagarlo?

Claro que lo sabía, todas sus amigas se lo habían advertido y por alguna razón pensó que a ella no
le pasaría. Resignada, se levantó pesadamente y arrastrando los pies se dirigió al dormitorio
mientras dejaba caer el vestido. En una última exhibición de pudor antes de desnudarse, colocó
una manta cubriendo el catre del niño y se echó en la cama abierta de piernas, con la ancestral
resignación asentada en sus genes.

Cinco minutos de vergüenza y todo seguiría igual. Con lo que no contó Lucia, era con que Jhoel, no
era su inexperto marido.

Lo vió desnudarse lentamente mirándola con hambre y casi le dió la risa pensando en que ese
pálido y flacucho ricachón de polla normalita, jamás podría competir con el fibroso cuerpo y la
envergadura de su hombre.

Su ocasional amante se acercó despacio, se subió a su cuerpo sin tocarla apoyándose en manos y
rodillas y cuando ella esperaba que la sometiera. se limitó a susurrarle al oído.

 Como sienta que me desprecias, o te comportes como un cacho de carne, tu y tu familia la


van a pasar mal. Esto es cosa de dos y va a durar mucho tiempo si quieres que todo salga
bien.

Sin decir una palabra más, le mordió el lóbulo de la oreja y comenzó a descender con pequeños
besos hacia sus henchidos y cargados pechos. Los llenó de besos, los recorrió con su lengua y se
prendió a sus pezones apropiándose del alimento de su hermoso bebé. Contra su voluntad, sintió
un escalofrío.

Una vez saciado su apetito, siguió bajando hacia su frondosa entrepierna y para su asombro,
levantándola de las corvas con sus antebrazos, se amorró a su coño lamiendo con fruición y
perforándola con su lengua.

Cuando encontró la pepita y empezó a chupar, no lo pudo resistir. Una desconocida corriente
eléctrica se desprendió de sus entrañas y para su angustia, tuvo el primer orgasmo de su vida con
esa intensidad.

Y a este le siguieron más.

Para cuando media hora después la empotró con su modesto pene y descargó en ella sin
preguntarle si estaba protegida, ella ya no necesitaba más. Para su vergüenza, había tenido el
mejor sexo de su vida. No había colaborado, no hubo entrega, pero se abandonó a sentir.

Esa noche Jhoel durmió en su cama

Al volver, Braulio la encontró distinta, más hembra, más mujer, más dueña de su casa, más segura
de sí misma. Con una resolución en su mirada que infundía respeto. La dulce muchacha se había
marchado para siempre.

La escena se repitió con cada viaje de su esposo y solo se interrumpió durante la gestación de
Marcial un año después. Lidia no quiso dudar sobre la paternidad de su hijo y Jhoel lo entendió,
demasiados bastardos habitaban sus tierras y muchos creían que suyos.

No duró mucho la felicidad, en cuanto la supo embarazada, volvió a reclamar sus derechos sin
interesarse por sus negativas.

Hasta que una tarde borracho la quiso violar y lo descubrió Braulio. Nunca más volvió pero se los
hizo pagar.

Y aquí está otra vez, parado frente a ella mirándola con deseo, a pesar de que no ha pasado ni una
semana desde la desgracia. Sabiéndola indefensa, vino por más.

 ¿Qué me dices Lidia? Se te acabaron las excusas. ¿Seguimos por donde lo dejamos o te vas
con tu cría a otra parte después de pagarme los daños del tractor y el arado que daño el
estúpido de tu difunto maridp?
 Me voy con mi madre.
 ¿A La Ballenera? Ja ja ja. Como pongas un pie allí, van todos de patitas a la calle. Tu, tus
hijos y toda tu familia. Con la plata que me debe el dueño hará todo lo que yo diga. Ya me
ha entregado a su hija y pronto esa estancia será mía y me largaré de aquí, ya no soporto a
mi padre…Pero no perdamos tiempo, vamos adentro. Por un largo tiempo la única polla que
disfrutarás será la mía.
 Los niños duermen.
 Entonces no grites tanto.

No pude pararlo, Ramón había escuchado todo desde la cocina. Esa dura semana la estaba
pasando conmigo ayudándome con la huerta. Salió como una tromba y lo molió a golpes
mandándolo muy herido a un hospital.

La partida

Dos días después recalamos donde mi madre con nuestras pocas pertenencias y quince días más
tarde, debimos abandonar La ballenera.

La espera

El amanecer nos encuentra juntos a la vera del camino. Intrigados y expectantes. Ramón ha
insistido en que lo esperemos allí y le hemos dado el gusto, no tenemos nada que perder. Marcial
se halla en mis brazos, el pequeño Braulio en los de Clara, mi madre portando brotes y semillas de
la huerta en una carretilla y mi padre, ayudado por un amigo, arrastrando el carretón con nuestras
humildes pertenencias. Esperando ansiosos que nos pase a recoger el camión que nos llevará a un
futuro incierto quiero tener la secreta esperanza de que esta vez, será a una vida mejor.

//////////

Un llanto lento, abundante. Un llanto de liberación y arrepentimiento. Un llanto


resignado y avergonzado por lo que ya no podía parar.

Agosto de 2013

Toño.

El amanecer me encuentra parado frente a la ventana abierta. Mirando sin ver, buscando sin
encontrar. El invierno da batalla y se retira helando la ciudad, pero no lo alcanzo a sentir, mi
corazón está en pausa, buscando latir.

El gris de la mañana me llena de nostalgia, las ansias de verde y la abstinencia de sol me empujan
a volver. Si en algún momento tuve dudas, ya no es así, esto no es para mi. Es dura la ciudad si no
la conoces, primero te rechaza, luego te susurra y finalmente te atrapa, te acaricia, te promete y
cuando bajas la guardia, se saca la máscara y te golpea.

Entonces recuerdas el amanecer sobre el mar, la sonrisa de una mujer, el abrazo sincero de un
amigo fiel y la puesta de sol y sientes vergüenza de tu dolor.

Es difícil precisar cuándo comenzó a estropearse todo con Tere, mi pareja. Éramos felices,
estábamos luchando por hacernos un lugar en el mundo del trabajo y nuestra vida sexual era
activa y placentera. Nos fuimos a vivir juntos poco antes de que ella se graduara. Convivíamos en
un departamento que nos cedieron sus padres y después de un año de lograr su ansiado título,
ambos trabajábamos en lo que nos gustaba.

La primera discusión importante que tuvimos, ocurrió precisamente en vísperas de nuestra unión
en convivencia, momento en que acepté sin dudar la exigencia de sus padres de hacer un contrato
de división de bienes en vista de una futura boda. Me pareció una exigencia razonable, yo no tenía
nada y su familia en cambio, era gente de fortuna y de clase alta. Quizás temían que fuera un
trepa en busca de su dinero. Nada más lejos de mis proyectos

A Tere, la propuesta de sus padres le pareció ofensiva y al enterarse de que yo la había aceptado
sin dudar, se volvió loca tildándome de no tener la sangre suficiente para enfrentar a sus padres.
La discusión fue tan agria, que estuvimos a punto de romper el compromiso. Cuando las aguas se
calmaron y decidimos seguir adelante, no me percaté de que todo había cambiado. Al retomar la
relación, no todas las piezas del puzzle estaban sobre el tablero. Mi falta de ambición la había
decepcionado.

Mis buenas notas y el tiempo récord en que terminé la carrera, me pusieron en la mira de un gran
complejo agrario aún antes de recibirme. No era un gran sueldo ni lo necesitaba, pero la
experiencia de ese trabajo era justo lo que precisaba para llevar adelante mis planes de volver a
casa, que no eran otros que volver a mi pueblo y devolverle a mi gente todo lo que me había dado.

El trabajo era básicamente de análisis de suelos y control de plagas en tierras fértiles, en vista de
lograr los mayores rindes sin degradar el terreno. Razón por la cual, durante la semana lo pasaba
en el campo. Volviendo a casa los sábados por la tarde, cansado pero satisfecho.

Tere, en cambio, tardó más de un año en encontrar empleo, lográndolo finalmente en la sede
central de un cliente de mi empresa a la cual la habían recomendado. Un complejo agrícola
ganadero perteneciente a una rancia familia miembro del Opus Dei, amiga de sus padres y padres
de Toni, la pareja de su prima Tania, donde también trabajaban sus mejores amigas Carmen y
Sonia en el área de Recursos humanos y Ventas respectivamente.

Su tarea consistía en asesorar y dar apoyo técnico a un chulo prepotente de cuarenta años yerno
del propietario, que manejaba las inversiones sin haber pisado un campo en su puta vida. Raúl,
que así se llamaba el prota, vivía más en el gimnasio que en la oficina y sin embargo, su labia y
don de gente le procuraban los mejores negocios.

Detalles de los que me enteré en las largas mateadas de la tarde al finalizar la jornada. Tardes en
las que nos reuníamos todos, incluídos los técnicos de campo de la empresa de Tere. Compañeros
de jornada con los cuales compartía hotel y algunas copas durante la semana, llegando a forjar con
ellos una gran amistad.

Ese tipo de hermandad entrañable, forjada por el amor a la tierra y la naturaleza.

Así supe también, que la hija del propietario y hermana de Toni, el esposo de su prima Tania, era
una beata agria y arrogante con la que el tipo había pegado el braguetazo y a la que le ponía unos
cuernos dignos de campeonato un día sí y al otro también. Musculado, con buena labia y mucho
poder adquisitivo, el tipo era un imán para las féminas que lo rodeaban y babeaban por él.

Mis largas ausencias semanales, sumadas a lo cansado y con pocas ganas de salir los fines de
semana con que llegaba a casa, fueron volcando a Tere a buscar esparcimiento durante la
semana, acompañada siempre de sus fieles laderas y llevándola a perder paulatinamente el
interés en lo nuestro.

Poco a poco, las noches fogosas con que celebrábamos el reencuentro se fueron convirtiendo en
tibias sombras de lo que supieron ser.

Advertido de que las cosas no marchaban bien entre nosotros y preocupado por el rumbo que
estaba tomando nuestra relación, aproveché que los colegas me comentaron que el próximo
sábado habría fiesta en su empresa, para hablar con la mía y lograr, gracias a mi buen desempeño,
acortar mi semana de trabajo y liberar ese viernes a partir del mediodía.

Llegué a casa a las dos y aprovechando que Tere llegaba mas tarde, me dí una ducha y me fui a
dormir. Quería estar despejado para proponerle una salida nocturna como en los viejos tiempos.
Al entrar al dormitorio me extraño encontrar una prenda que no conocía desplegada sobre la
cama. Se trataba de un mini vestido rojo elastizado muy sugerente, con un escote para el infarto y
un largo indecente. No menos sugerente era el tanga rojo de encaje depositado sobre la prenda.
De acuerdo al tremendo escote, era evidente que el conjunto no necesitaba sujetador.

Pensando excitado en cómo debería lucir esa prenda sobre el cuerpo exhuberante de mi pareja,
me acosté haciéndolo a un lado para no arrugarlo.

Me despertó la voz de Ana hablando por su móvil desde el lavadero. Me levanté, me lavé la cara y
me dispuse a salir para saludarla cuando su voz preocupada me paró en seco

 ¿Estás loco Toni?¿Como se te ocurre hacerme ese regalo?


 …………..
 ¿Pero tu te crees que es estúpido?¿Que me va dejar salir vestida así?
 ……………………..
 Si claro, me cambio en lo de Carmen y el que se envara es su marido.
 ……………
 No sé déjame pensarlo, bastante le miento para tapar nuestras salidas con Raúl y sus
amigas.

Ana cortó la comunicación y mientras estupefacto trataba de asimilar todo lo que que había
escuchado, llamó a su amiga

 Hola Carmen. ¿Tienes un minuto?

 ……….
 ¿ Vas a la fiesta?
 ………..

 ¿Y qué puede pasar? Tú haces lo mismo y ahí estás.

 ………….

 Estás equivocada, es verdad que le hago creer a Raúl que puede llegar a conquistarme,
pero solo es un juego, Toni lo sabe y él también. No lo veo capaz de joderme la vida por eso,
somos amigos, y además no te olvides que mis padres son íntimos de sus suegros, si la
caga, se queda sin nada. Él tiene mujeres a patadas y mi trabajo es demasiado bueno como
para que quiera prescindir de mi colaboración.
 ……………
 Por el lado de Toño menos que menos, es incapaz de dudar de mí.
 …………….
 No, no. Tania no sabe de nuestras salidas y prefiero que siga así, es muy celosa. No
entendería que sólo son reuniones de amigos y que lo que pasó con Toni no volverá a
suceder… Toño tampoco lo haría.
 ………….

 No, Todavía no le avisé, pero igual será inutil, no va a querer ir, además de lo cansado que
llega, no soporta ese ambiente, como tampoco lo soportan los técnicos de campo de
nuestra empresa, ellos son gente de espacios abiertos y ven a Raúl y su gente, como las
sanguijuelas que viven del trabajo que ellos realizan.

 …………….
 Sí, ya sé que es peligroso porque sus mujeres no van, pero no creo que intenten nada raro.
Aunque con el vestido que me regaló Toni, ya no estoy tan segura.
 …………………………

 ¿Pero cómo me va a ser indiferente Raúl si es un monumento de hombre? De ahí a pasar a


mayores hay un mundo de distancia. Por otro lado, se sincera ¿Que puedo perder si así
fuera?¿Una vida mediocre?¿Una vida sola la mayor parte del tiempo?¿Viviendo en una casa
que ni siquiera es mía, al lado de un hombre sin ambiciones?¿Una vida en el campo criando
vacas?Dudo mucho de que esa es la vida que sueño para mí
 ………
 Chau, Nos vemos.

No quise oír más, todas mis prioridades habían cambiado de golpe al ritmo enloquecido de mi
pecho herido. Una gruesa venda acababa de caer de mis ojos mostrándome una realidad que no
imaginaba. Tenía mucho que hacer. Lo primero, pedir ayuda a mis amigos.

Cuando Tere salió a la terraza para colgar la colada, volví a meterme en la ducha para calmarme,
mientras mi cabeza recalculaba una y otra vez.

Cuando escuché a mi pareja abrir la puerta, esperé cinco minutos y salí del baño secándome la
cabeza, dándole un susto de muerte tal, que la hizo tartamudear.

 ¿Q…qué haces aquí?

 Que yo sepa vivo aquí.

 Q…quiero decir ¿Ha…hace mucho que llegaste?

 Y eso qué importancia tiene?

 Ni…ninguna, solo que nunca vuelves los Viernes.

 Llegué hace diez minutos y no estabas, los técnicos de tu empresa me informaron de la


fiesta de mañana y decidí adelantar el viaje para estar fresco y acompañarte.

 Pe…pero tú nunca vienes.

 Por eso mismo lo hago, como siempre te quejas, decidí darte el gusto, a menos que quieras
ir sola por algún motivo.

 No, no , no ¿Por que lo querría? Solo que me tomaste de sorpresa.

Era evidente que sus planes tambaleaban. Verla ponerse pálida y tartamudear tratando de
entender qué sucedía me provocaba una gran tristeza. Tristeza por todo lo que pudo ser y ya no
sería. Desde ese momento nuestra pareja estaba terminada y sólo faltaba la puntada final.

Las horas que siguieron fueron frenéticas, Tere no se despegaba de su teléfono y más de una vez
la escuché discutir con alguien encerrada en el baño.

Extrañamente calmo, como quien espera la creciente impetuosa que se llevará su cosecha, me
vestí de elegante sport y me senté a esperarla en la sala de estar mientras veía una película. Bajó
ataviada con un elegante vestido negro de pollera tableada a medio muslo y un escote discreto
pero sugerente. Acompañaba el conjunto con zapatos negros de aguja y una pequeña cartera
haciendo juego. Elegante y sexi sin parecer vulgar.

Sencillamente hermosa, pero lejos de lo que hubiera parecido si se ponía el indecente vestido rojo
elastizado que tenía preparado para esa noche y había desechado a último momento
escondiéndolo tras la puerta del placard. Escondite que había descubierto accidentalmente al
abrirlo para mirarme al espejo de cuerpo entero pegado en su puerta.

Su nerviosismo al entrar al salón de fiestas era tan palpable, como lo eran las disimuladas miradas
que intercambiaba alternativamente con Toni que me miraba con una sonrisa burlona, con su jefe
y con sus amigas del alma. Entre tanto, tensionada al extremo no paraba de beber.

 Te estas pasando con la bebida, si sigues así, vas a dar un espectáculo lamentable.

Me miró enojada y con el ceño fruncido. Dejó la copa sobre la mesa y me desafió a bailar, cosa que
yo nunca había vuelto a hacer desde que había salido del pueblo. Para su asombro, acepté el
envite y no paramos de danzar hasta que me dijo que necesitaba ir al baño.

Volví a la mesa expectante y en ese preciso instante sonó mi teléfono, con calma observé la
pantalla y por lo que ví, decidí seguir esperando. En el video se apreciaba claramente como
discutía con Toni a voz alzada

Volvió a la mesa media hora más tarde y se la veía seria y contrariada. Quince minutos después,
se acercó a nuestra posición un cuarentón bien entrazado que se presentó como su jefe y me pidió
permiso para sacarla a bailar. Petición a la que accedí resignado, presintiendo íntimamente lo que
estaba por suceder.

Apenas salieron a la pista, demostrando un plan muy bien elaborado por parte del prota, se
atenuaron las luces y comenzaron a sonar baladas lentas.

La primera canción la bailaron cerca de mi posición sin estrecharse demasiado. Para el segundo
tema, Tere tenía ya las manos sobre sus hombros y él la llevaba apretada por la cintura. Siempre
con mi pareja dándome la espalda y un poco más distantes. Cuando la canción finalizó no se
soltaron y al empezar el tercer tema, desaparecieron de mi vista.

Me lo tomé con calma y la esperé en la mesa mientras no dejaban de entrar mensajes en mi


teléfono. Al acabar la canción y verla en el video morrearse con Raúl tras una gruesa columna y
aceptando una mano entre sus piernas, me levanté y salí a buscarla cruzando la pista de baile. Los
ví abrazados tras la columna y al verme llegar, se separaron de apuro. Para su sorpresa, la tomé
de la mano e intenté sacarla del lugar, a lo cual Tere se resistió.

 ¿Qué haces?¿Estás loco?

 Nos vamos, estoy cansado.

 Yo no quiero irme, la fiesta recién comienza, vete tú.

 Nada de eso. No lo hagas mas duro, te vienes conmigo. Tenemos mucho que hablar tu y yo.

Ese fué el instante en que todo se fué a la mierda. El chulo se interpuso entre los dos y me alejó de
mala manera empujándome.
 Si ella quiere quedarse, se queda.

 ¿Pero quién mierda te crees que eres para meterte donde no te llaman?

Le solté furioso mientras me volvía a acercar para tomarla de la mano. Recibiendo por sorpresa
otro empujón que me dejó sentado en el piso en medio de las carcajadas de sus aduladores y la
mirada preocupada de Tere que conocía mi carácter poco proclive a aceptar prepotencias.

Una fría furia producto de la pública humillación me trepó por el pecho y levantándome de un salto
me fuí sobre él, que me intentó recibir tirándome una torpe trompada con su brazo derecho.

Trompada que esquivé fácilmente agachándome y que me dejó el espacio libre para colarle un
gancho de izquierda en su costado derecho que le aplastó el hígado, dejándolo boqueando en
busca de aire mientras se derrumbaba como un talud de barro hasta quedar arrodillado.

Di un paso atrás y estaba por rematarlo de una patada en la cabeza, cuando se cruzó Ana
protegiéndolo.

 ¿Pero qué haces?¿Estás loco? Lo vas a lastimar

 ¿Encima lo defiendes a él? Eres mas puta de lo que pen…

No pude terminar la frase, Tere me pegó un castañazo de revés partiéndome el labio con la piedra
de nuestro anillo de compromiso. Golpe desafortunado que por suerte me devolvió la calma en
forma inmediata. Decidí que debía marcharme sin reaccionar.

Mientras ella observaba aterrorizada como mi boca sangraba profusamente sobre la camisa,
usando la mano con la que me había golpeado para cubrirse la boca, me dí la vuelta y encaré la
salida en medio del silencio absoluto de la sala.

Mientras mi teléfono volvía a sonar y me llegaban cataratas de mensajes, consulté la ubicación de


la estación de policía más cercana y me presenté para denunciar la agresión sin omitir ningún
detalle. No quería sorpresas.

Con la denuncia en la mano me dirigí a mi viejo departamento de estudiante y descargué las fotos
y videos recibidos en mi teléfono en el ordenador personal. Después de enviar varios mails,
haciendo uso de los listados que me pasaron a la tarde, procedí a dar de baja a Tere de todas mis
cuentas y tarjetas de crédito y darme de baja de las suyas. También le quité la autorización para
acceder a mi caja de seguridad. Nuestra vida en común había terminado.

Llegué al edificio que había sido nuestro hogar, dos horas después de mi partida de la fiesta,
estacioné en nuestra cochera y retiré de la baulera mis dos viejas valijas de tela, recuerdos de una
vida mejor y de un sueño de esperanza. También recogí mi ropa de invierno, mis herramientas y
algunos efectos personales que guardé en la cajuela de mi viejo auto.

Subí al que había sido nuestro hogar con las dos valijas y me encontré a Tere sentada en el sillón
grande junto a Carmen. Nada más verme, me increpó duramente para tratar de saber qué estaba
haciendo. Sin molestarme en contestar, me dirigí al que había sido nuestro dormitorio con ella
vociferando detrás.

Abrí la primera valija, acomodé mis trajes y camperas, luego las camisas, polos y camisetas y
finalmente la completé con mi ropa interior. Al comenzar a abrir la segunda valija, Tere intentó
impedirlo apoyándose con sus manos sobre ella. No sé si fué por ver mi cara deformada por la
hinchazón, por contemplar la camisa completamente ensangrentada, por observar mi mirada
furiosa o quizás, por todo eso junto, pero desistió al instante.

Guardé mi ropa deportiva, mis zapatos y zapatillas, mi laptop, mis libros, algunos efectos
personales y me dirigí a la salida siendo interceptado por las dos.

 No puedo creer que hayas hecho este desastre y estés dispuesto a tirar todos estos años
por la borda, solo porque te hayas puesto celoso. Lo único que hice esta noche fué bailar
tres canciones con él.

 ¿Tú crees de verdad que es solo por eso?

 Si es por el tortazo lo siento, no pretendía lastimarte, pero si no te paraba lo matabas.

 Tampoco ese es el motivo.

 ¿Entonces a qué viene todo esto?- Preguntó inquieta.

 A que quiero evitarte tener que seguir ocultando tus salidas de copas o a cenar con ellos y
sus putas entre semana, teniendo que mentir diciendo que sales con tus amigas. Te dejo la
vía libre, pronto te enterarás de la inmundicia en la que estás metida.

Dejándolas con la boca abierta bajé a las cocheras, cargué las valijas y volví a mi viejo reducto,
dejando atrás un pedazo de mi vida.

Al llegar, dejé todo lo que llevaba en el pasillo del dormitorio, me desnudé, me pegué una ducha
tibia para despegar la sangre coagulada de mi piel y después de poner a lavar la ropa que llevaba
puesta, me senté en el sillón con una bolsa de hielo sobre la cara.

En ese momento comencé a llorar.

Un llanto lento, abundante. Un llanto de liberación y arrepentimiento. Un llanto resignado y


avergonzado por lo que ya no podía parar.

/////////////

Si esas eran las reglas del juego, prefería no participar. Solo me quedaban los
amigos del pueblo y mis sueños locos, pero eran suficientes para comenzar de
nuevo.

Agosto de 2013

Repasaba la habitación tratando de no olvidarme nada. Era el momento de volver y encarar las
cosas de una vez, Ramón había sido claro, la estaban pasando mal y no me podía escabullir. No
me explicó por qué, ni le quise preguntar, se los debía. Pero me hubiera gustado no tener que
volver solo. O por lo menos sin el regusto amargo que tenía en la boca. Los estudios se me habían
dado bien. Había cumplido mi promesa y justificado de sobra cada centavo que invirtieron en mí.

Cuando me ofrecieron financiar mi carrera universitaria por mis méritos en el instituto y como una
forma de compensar tantos años de olvido y miseria, no me explicaron que la vida que me
esperaba podía ser peor que la que conocía. Ser pobre en el campo es una forma de vida llena de
privaciones pero abundante en solidaridad, nunca falta un vecino que le alcance un pedazo de pan
al que tiene hambre o que le ofrezca abrigo en una noche destemplada.

También están los otros, si, pero todos sabemos quienes son y nadie espera nada bueno de ellos.
Los pobres tenemos la miseria y la humildad de sobrevivirla, ellos tienen sus miserias y se
revuelcan en ellas.

Al llegar, tuve la suerte de ser ignorado por ser distinto. Ni para humillarme servía, no les daba
puntos. Acostumbrado a la soledad de las largas tardes de mi pueblo no sentí el rechazo y me
pude dedicar de lleno a los estudios en el pequeño departamento donde vivía. Las necesidades del
cuerpo las cubría en un coqueto puticlub de cercanías. Dinero no me faltaba.

Cuatro años exitosos y un año de vivir en pareja arruinados en una noche. Si bien lo ocurrido, me
había facilitado la decisión de volver, me había roto por dentro.

Me sentía usado, humillado y pisoteado por la única persona que perforó mi coraza y para colmo
de males, mi reacción había sido lamentable. ¿Pero quien lo prepara a uno para algo así? ¿Dónde
se estudia esa asignatura? No pretendía justificar mi reacción animal, a pura adrenalina. Lo hecho,
hecho estaba, pero me sentía sucio, yo no era así y no quería cambiar.

Si esas eran las reglas del juego, prefería no participar. Solo me quedaban los amigos del pueblo y
mis sueños locos, pero eran suficientes para comenzar de nuevo.

Había logrado sacar las carreras en tiempo record utilizando todos los cursos de verano para
adelantar materias y finalmente llegué al último semestre debiendo solo un par de asignaturas
formales, entre ellas Administración Agraria. Una materia que exigía mucha lectura y dedicación, a
la que había que dedicarle muchas horas y que era posible enfocar desde diferentes posiciones
políticas y sociales. Uno de los problemas con la misma, era dar con un profesor lo suficientemente
amplio de criterio para evaluar las diferentes posturas de los alumnos sin importar su enfoque
político o sociológico. Algo bastante difícil de encontrar en una universidad privada de ese nivel.

Mis compañeros eran todos mayores que yo y sin embargo su comportamiento podría
emparentarse con lo peor de los adolescentes. Provenientes de familias adineradas, vivían en
continua competencia entre ellos, tanto hombres como mujeres daban todo por destacar. Estaban
divididos en dos grandes grupos aglutinados alrededor de las estrellas de los dos deportes más
populares del momento, rugby y hockey. Cada uno con su cohorte de bellas animadoras, las
populares. El fútbol era solo para los descartados, frikis, nerds o simplemente gordos o feos.

Las estrellas de hockey eran sin duda Toni y Tania, rubios naturales de belleza indiscutida y novios
desde el instituto. Dos personas que presumían de su porte elegante y parecían despreciar a los
que los rodeaban.

En cambio Juanjo, el apertura del equipo de rugby, un gigante de pelo negro y ojos verdes de un
metro noventa de altura, vivía para humillar a los demás. Él y su grupo de forwards eran el terror
de la universidad, sobre todo su lugarteniente José, el tercera línea. Ante tanta fiereza se
contraponía su novia Juana, una voluptuosa morena de ojos claros, jefa del equipo de animadoras,
que era la única que lograba controlarlo.

Ambos grupos presumían de ser muy unidos y de una fidelidad inquebrantable entre ellos, cosa
que el verano anterior, pude constatar que era pura hipocresía.

Un domingo de Febrero volvía en mi vieja moto de la visita sexual del mes y decidí tomar unas
copas en un bar de moda cercano a mi facultad. Luego de dejarla aparcada en el estacionamiento
y mientras caminaba rumbo al garito, divisé el ostentoso coche rojo de Juanjo, y apoyado de
espaldas sobre el capot, estaba él morreándose en forma desesperada con una rubia de infarto,
que con el ajustado vestido subido hasta la cintura, frotaba su pubis contra el vientre del macarra.
Mientras tanto, el macho la amasaba las nalgas apenas cubiertas por un hilo dental.

La sorpresa fue ver salir del asiento del copiloto a José, desnudo de cintura para abajo y colocarse
tras la muchacha, mientras uno de sus serviles, un delgaducho que los seguía a todos lados, salía
por la puerta de atrás para filmar todo con su celular.

Nada más sentir el cuerpo del macarra tras de sí, que mientras le estrujaba las tetas buscaba
empalarla tras haberle bajado la tanga, la muchacha se empezó a remover desesperada buscando
evitarlo.

 ¿Qué hacen, están locos? Déjenme por favor


 Calla puta que te va a gustar, le va a encantar a Toni saber la novia que tiene.

Al comprender de golpe que se trataba de Tania y que la estaban forzando, no me pude contener,
mis viejos códigos no me lo permitìan. Me acerqué al grupo y aproveché el momento en que José
reculó para tratar de ensartarla, para clavarle el empeine de mi bota derecha en los huevos.

Al ver a su lugarteniente retorciéndose en el piso, Juanjo levantó la cabeza extrañado, solo para
encontrarse con mi puño derecho que lo derrumbó como a una pila de naipes, arrastrando a la
muchacha consigo.

Después de sacarle el móvil al flacucho que estaba filmando y dejarlo que se escapara, acomodé
las ropas de la muchacha y la tomé en mis brazos. Al intentar hablar con ella, descubrí que estaba
muy tomada o drogada, ya que le costaba hilvanar palabras, la llevé hasta mi moto y la senté
cruzada sobre el tanque de combustible, la obligué a abrazarme, cosa que la aterrada muchacha
hizo sin dudar y la llevé a su casa.

Nuestra llegada coincidió con la de su prima Tere, que casualmente arribaba en un taxi. Tere
cursaba Administración Agraria conmigo, vivía con su prima y su dirección figuraba en el grupo de
whatsapp del curso, por eso supe donde llevarla.

Decir que se quedó helada cuando nos vió llegar, es decir poco, ver a su endiosada prima bajar de
la moto en brazos del marginado del curso debe haber sido muy fuerte para ella. Para colmo,
coloqué a Tania de pie junto a ella y al ver que se sostenía bien, me marché sin decir una palabra.
Si quería contar lo sucedido o no a su prima, era cosa de ella. Por mi no lo sabría.

Tampoco tenía temor a la posible represalia de los impresentables, sabían que el movil con la
filmación de la posible violación estaba en mi poder y eso los detendría. Además no tenía amigos
con los que se me pudiera ir la lengua. Ser becado de origen humilde y familia incierta, me había
privado del placer de disfrutar de tan preciosas amistades. A pesar de tener buena planta y un
físico bien desarrollado por mis años de trabajo en el campo, las féminas huían de mi compañía
como si estuviera apestado.

Lo mismo sucedía con los trabajos en grupo, los míos eran siempre unipersonales y así siguieron
hasta la fiesta de fin del primer semestre. Un baile con desmadre y bebidas al que era invitado solo
para demostrar compromiso social con los desfavorecidos. Fiesta a las que concurría para simular
agradecimiento y de la que me solía pirar en cuanto empezaba el desfase.

La ceremonia era repetida, los guaperas al acecho de las novatas, las populares luciendo palmito y
el resto de la fauna buscando pasar desapercibida y disfrutar del momento. Al promediar el evento
y empezar el desmadre, alcancé a divisar a Tere, mi compañera de curso, intentando resistirse a
la invitación de Toni, el novio de su prima, para salir a bailar.

Incapaz de asimilar el no de la muchacha, la tomó de una muñeca, la levantó de su silla y la estaba


llevando a la rastra al centro de la pista. No pensaba entrometerme, cada secta tiene sus códigos e
inmiscuirse suele salir caro, pero cuando la chica me miró con ojos suplicantes no me pude resistir.

Me crucé en su camino y sin decir una palabra, lo tomé del trapecio del brazo con que arrastraba a
Tere y empecé a apretar. Su alcoholizado cerebro no entendió lo que pasaba, hasta que las
primeras ráfagas de dolor lo golpearon sin piedad obligándolo a soltar a su presa. Momento en que
la tomé de la mano y la saqué de la fiesta antes de que los amigotes del galán frustrado
reaccionaran.

Una vez afuera y pasada la adrenalina, Mi compañera se puso a llorar compulsivamente. Intenté
calmarla pero no hubo forma, aunque no había sido tan grave la cosa. Si hubiera sabido el por qué
del llanto, me hubiera ahorrado muchos disgustos, pero no hubo forma de que me lo dijera.

Le ofrecí llevarla a su casa en mi moto y aceptó. Nos despedimos sin mayores comentarios y no
nos volvimos a ver hasta el comienzo de clases, una semana más tarde.

Como era costumbre, el primer día de clase se formaron las comisiones para los trabajos del
segundo semestre y se presentó la lista de temas a presentar. Ni me molesté en preguntar a mis
compañeros y me dirigí a uno de los mesones de trabajo para repasar las opciones. Minutos más
tarde, mientras los demás se ponían de acuerdo para formar los grupos, yo ya había elegido y
dejado marcados en la pizarra, los cuatro temas para mí comisión unipersonal que mejor se
acomodaban a mi forma de pensar.

Para mi sorpresa, al volver a la mesa me estaba esperando Tere acompañada de sus dos mejores
amigas Carmen y Sonia, dos hembras presuntuosas que no me habían dirigido la palabra en todo
el curso. Ante mi asombro y con la mejor de las sonrisas me pidieron formar parte de mi
grupo. Luego de inscribir el grupo en la asignatura y el orden de los trabajos a presentar, nos
pusimos de acuerdo en el día y la hora de la primera reunión, el material a aportar por cada uno y
el lugar, que no era otro que la casa de Tania el sábado siguiente a las diez de la mañana.

Nos reunimos en un mesón del gran parque, nos dividimos la tarea y pronto quedó evidente que la
tarea sería toda mía. No me molestó, necesitaba una buena nota y no confiaba en mis
compañeras. Lo que sí noté es que Sonia y Carmen me miraban con cierta intensidad asombradas
por mi desempeño, lo que pareció molestar a Tere. En un momento de la tarde pasó a saludar
Tania. Bella como siempre pero con la mirada entristecida. Quizás fuera por temor a que hable de
más o por vergüenza, pero pasó de mí.

A esa reunión siguieron varias en las distintas casas del grupo, reuniones a las que extrañamente
Tere se negaba a concurrir si no la pasaba a buscar con mi moto. Pensé que era una especie de
capricho de niña consentida, hasta que me pareció notarla en guardia, como vigilando si nos
seguían. La convivencia trajo el roce, el roce la intimidad y en una reunión en mi casa en las que
sus confabuladas compañeras no aparecieron, tuvimos nuestra primera experiencia sexual. Una
experiencia extraña, de pasión desatada, donde me pedía a gritos que nunca la dejara, que a mi
lado se sentía segura.

Cumplí con creces, acepté todas sus demandas y la de su familia.¿Y todo para qué? ¿Para terminar
humillado en medio de la peor inmundicia que hubiera imaginado? No, no, esto no era para mí.
Tenía que volver a mi gente. Sólo allí podría curar.
Agosto de 2013

Tania.

Dos noches antes de partir, sonó la campanilla de mi humilde departamento. Extrañado, ya que no
esperaba a nadie, acudí a abrir vestido solo con una remera y un corto pijama y me encontré con
Tania parada frente a la puerta. Con un ajustado vestido negro y sin mas aditamentos que su
cartera negra y zapatos de taco haciendo juego, lucía hermosa como siempre y seria como nunca.

Asombrado la dejé pasar y le ofrecí un trago.

 ¿A qué debo el honor de esta visita? ¿Vienes a abogar por tu prima?


 Nada más lejos de eso, vengo a pedirte perdón.
 ¿Perdón? ¿Y eso porque sería?
 Porque lo vi venir y lo dejé pasar. No debí haberlo hecho, te lo debía. Tony jamás te perdonó
que le birlaras a Tere.
 ¿Cómo?...¿Birlarle a Tere?
 Lo que oyes, hace poco me enteré que llevaban mucho tiempo liados a mis espaldas antes
del día del famoso baile.
 Pero si esa noche Tere lo rechazaba.
 Solo porque Tony estaba borracho y tenía miedo que la expusiera frente a mis amigas. Al
verlo tan violento se asustó y al ver que estabas cerca te pidió ayuda. Después de eso solo
te usó de barrera de protección.
 ¿Te olvidas del tiempo que llevamos juntos? Estamos comprometidos. Eso que dices es
imposible, nadie puede fingir tanto.
 Mira. Toni nunca aceptó un no en su vida y no iba a ser la primera vez. Tere le temía y la
única forma de tenerlo controlado era tenerte a su lado. Después quizás, se encariño
contigo, pero Toni nunca la dejó de acosar. Cuando resignada al no encontrar trabajo,
aceptó trabajar para sus padres, él vió la oportunidad. Y yo debí darme cuenta de lo que iba
a pasar. Por alguna extraña razón pensé que mi prima nunca te iba a engañar.
 Pero si el que la rondaba era Raúl.
 Raúl fue solo su herramienta, estando yo de por medio, Toni no se podía exponer
abiertamente. Operaron con tu empresa para que tu trabajo te mantuviera lejos y a través
de sus amigas la convencieron de salir entre semana a paliar su aburrimiento. Poco a poco
introdujeron a Raúl y entonces ellas se abrieron y la dejaron expuesta.
 ¿Y donde entra Toni en esa ecuación?
 La semana del incidente me enviaron a acompañar a su hermana a una misión comercial,
esa noche iba a terminar en una fiesta privada después de la cual Tere no iba a poder
escapar.
 Pero las cosas salieron mal.
 Ja ja ja. O bien según lo mires, te salvaste de una buena. Cuando Tere avisó que tú ibas
decidieron que te iban a humillar. Confiados en lo que les contaba de tu fe ciega en ella, se
la pensaban follar en tus narices sin que te dieras cuenta. La convencieron de aceptar, so
pena de ponerte al tanto de sus escapadas.
 No se la veía muy a disgusto cuando se morreaba con Raúl.
 No te extrañe, con la motivación adecuada, Tere es más puta que ninguna y eso lo sabes,
en el baile no se pudo controlar y subestimó tu reacción. Pero basta de hablar de ella. He
Venido a otra cosa
 A qué exactamente
 Ya te lo dije, a agradecer tu ayuda, con ese video me has abierto los ojos y por fin me saqué
de encima a ese monstruo.

Tania se levantó en toda su exuberante belleza y se abrazó fuerte a mi pecho dándome un


pequeño mordisco en el cuello, que era hasta donde ella alcanzaba. Mi reacción no fué inmediata,
pero correspondí a su abrazo reteniéndola contra mi pecho mientras ella maniobraba con un brazo
a su espalda bajando el cierre trasero de su vestido.

Cuando aflojamos un poco el abrazo y el vestido se deslizó a sus pies dejándola completamente
desnuda, me sacó la remera y volvimos a apretar nuestros cuerpos frotando ahora sí nuestras
pieles con ansias descontroladas. De alguna forma Tania se liberó de mi corto pijama, asió mi pene
con furia desmedida y haciendo palanca con el mismo me arrastró de espaldas hacia una silla.

Sin soltar el abrazo y sin hablar una palabra, acomodó su hambrienta intimidad, se empaló en mi
violenta virilidad y tomada de mi cuello, con la cara aplastada sobre mi pecho, empezó a botar.

Un polvo furioso, un polvo de revancha, un polvo violento de liberación y desagravio, que nos llevó
a un éxtasis conjunto que nos dejó derrengados. Sin darnos cuenta, al acabar, teníamos lágrimas
en los ojos. Aflojando su presión, pero sin separarse de mi piel, ni desacoplarse de mi menguante
erección volvió a hablar.

 ¿Cómo conseguiste esos videos?


 Cuando el viernes me enteré de casualidad de que vivía una mentira, presentí que en esa
fiesta pasaría algo raro. Llamé a los técnicos de campo de tu empresa con los que tengo
una gran amistad, les conté todo el entripado y se ofrecieron a ayudarme. Estando Raúl de
por medio y con el odio que le tienen, no se hicieron rogar. Se anotaron a la reunión y se
desplegaron por la fiesta vigilando a todos los posibles involucrados.
 Pero supongo que vieron mucho más.
 Mucho más de lo que te imaginas, esa reunión fue un desmadre en el que se cuidaron poco
de ocultar lo que ocurría. De todo lo que me mandaron separé el video de Carmen
haciéndole una mamada a su jefe en un cubículo del baño de hombres. Video que envié a su
marido y a la esposa de su jefe. Lo mismo hice con el de Sonia morreándose con un
compañero en el jardín. La frutilla del postre fué encontrar a Toni dándole por el culo a una
becaria en un salón privado con la puerta abierta. Por el llanto de la chica parecía una
violación en toda la regla.
 Yo sentí lo mismo cuando me lo mandaste y me aterró comprobar con la clase de monstruo
que vivía, me fuí a casa de mis padres en ese mismo momento y les conté todo. No me
dejaron volver.
 Me alegro por eso, pero por lo demás me arrepiento. Estaba tan furioso esa noche que no
me reconocía, junté todo el material y se lo envié a tus tíos, tus suegros y a los socios de la
empresa. Después me arrepentí.
 ¿Por qué? Estabas en todo tu derecho.
 Porque la venganza te desgarra el alma. Yo no me crié así, debí marcharme sin reaccionar y
que se sigan revolcando en su mundo de mierda. Ahora ya es tarde. El daño está hecho.

Tania se separó de mí y me miró a los ojos. Me acarició la mejilla y por primera vez en esa noche
nos besamos con dulzura, mientras sus caderas volvieron a oscilar en mi recuperada erección. Al
despertar por la mañana ya no estaba.

Setiembre de 2013

Decidí volver en tren tal como salí. Dejé la moto en una agencia para que la vendieran y me
giraran el dinero y con mi título bajo el brazo, tomé mis viejas valijas y partí. Al llegar y en contra
de toda la alegría de reencuentro con mi familia que pensaba encontrar, solo hallé a un adusto
Ramón que me esperaba en el andén junto al notario del pueblo.

El gran patrón había fallecido y necesitaban hablar a solas conmigo. Cosa que no acepté,
temiendo tempestades, necesitaba a mi hermano a mi lado

Dos horas más tarde

Sentados en el bar del pueblo no terminábamos de encajar la inmensidad de la información que


acababa de recibir. Y a pesar de la dura realidad de su familia, Ramón estaba eufórico. Me habían
legado todas las subparcelas arrendadas, me habían dejado una para mi explotación personal y
era propietario exclusivo del paraíso de La saladita.

 Dios mío Toño, eres el puto amo.


 Quizás sí, quizás no. Nadie debe saberlo. No sabemos donde estamos parados ni qué
intereses oscuros hay detrás de todo esto. Haremos saber que por mis estudios me han
nombrado administrador de la estancia y nada más. Mi desconocido padre ha hecho un gran
trabajo y yo lo pienso completar. Pero lo primero es lo primero, la parcela que me dejaron
esta lista para ser habitada y explotada. Ve a buscar el camión del viejo Claudio y mañana
en la madrugada pasamos a buscar a nuestra familia y los instalamos en la granja. No les
digas que llegué.

Cuando me vieron aparecer en medio de la polvareda manejando el viejo camión, el griterío fue
infernal. Los besos de mi madre, los achuchones de mis hermanas y su apariencia de fragilidad me
conmovieron el alma. Pero nada comparable con la emoción de mi padre cuando llegamos a la
chacra y se enteró de la novedad. Su apretón de manos con lágrimas en los ojos lo llevaré grabado
en mi corazón para todo lo que me quede de vida.

Un nuevo día comenzó y todo era esperanza y novedad, pero debía estar atento. Las alas negras
de la codicia y el desprecio por la dignidad estaban al acecho. Prueba de ello, mi familia, el
sufrimiento de mi verdadera madre y el martirio de mi hermana. No pensaba dejar que volviera a
pasar.

//////////

Desde el accidente de Braulio…-Le recuerda su inconsciente y un violento


escalofrío de culpa la sacude.

Noviembre 2014

Amanecer

Amanece en La Mar Chiquita y Lidia se despierta con los tibios rayos de sol que se cuelan por la
ventana. Se despereza estirando los brazos todo lo que dan de sí cuidando de no despertar a su
brioso amante y dibuja una mueca frunciendo el ceño. Se siente satisfecha y dolorida en partes
iguales después de la increíble noche que ha pasado. Suerte que su hermana se ha hecho cargo de
los niños, se suponía que solo venía a traerle la cena al muchacho.

Observa al gigantón que a su lado duerme desnudo a pierna suelta y se sonríe. No imagina donde
hubiera terminado su familia de no ser por él. Observa en detalle su cuerpo relajado, los increíbles
brazos doblados con las manos bajo la nuca, el poderoso pecho oscilando al ritmo de la
respiración, la marcada musculatura abdominal y al llegar al badajo en reposo sobre el muslo
derecho, se estremece.

Se levanta despacio y al sentarse, un pinchazo agudo le recuerda el descontrol nocturno. Se para


con esfuerzo, camina unos pasos, abre las ventanas de corredera y se asoma a la pequeña terraza
sobre la laguna. La mañana pinta preciosa, el sol ya se ha despegado de la prisión de las
profundidades y más allá de la rompiente, las aguas están serenas.

Piensa en la noche pasada y se estremece, sus pezones se empitonan y le escuece el coño. Hacía
tanto que no….

 Desde el accidente de Braulio…-Le recuerda su inconsciente y un violento escalofrío de


culpa la sacude.

No puede evitar que un par de lágrimas furtivas escapen por sus mejillas y cuando está por
derrumbarse, el cuerpo de su amante imprevisto la abraza desde atrás y la sostiene. Todavía
recuerda el desprecio de don David cuando su esposo cayó bajo el arado. Su única preocupación
era el daño en los discos de la máquina y el gasto para repararlos. Y esa fué la excusa para dejarla
de patitas en la calle junto a sus hijos pequeños y toda la familia, ni los gastos del funeral pagó el
hijo de puta.

De no ser por la ayuda del muchacho cediéndole esa parcela de tierra para que la trabajara toda
su gente, habría terminado en el puticlub del pueblo. Y hubiera triunfado, pensó con una sonrisa
triste. Los hombres la deseaban. Era una linda morocha de veintisiete años, de carnes prietas,
pecho prominente y culo erguido y sabía que sus piernas poderosas, producto del arduo trabajo en
el campo, invitaban al pecado.

Sin embargo, salvo durante su sumisión, no intimó con más hombre que su marido, hasta este día
y no porque le faltaran pretendientes, pero sus dos pequeños le demandaban toda la atención
desde que murió su esposo.

Si bien es cierto que durante un largo tiempo se sintió sucia como para intentar rehacer su vida,
tampoco era cuestión de hacerse mala fama en un pueblo tan pequeño. Por ese motivo la noche
del sábado, cuando le acercó a Toño la ollita con el guiso de cordero, no tuvo más intención que la
de ser amable con la persona que tanto los había ayudado. Se criaron como hermanos y en esos
años lo quería con toda el alma, con un amor distinto.

Luego el tiempo y la distancia pusieron paños fríos sobre ese recuerdo y al volver tan hombre, tan
generoso, convirtieron eses amor en otra cosa más física, más pasional, pero también sabía que
era un alma libre de ataduras o por lo menos era lo que comentaban entre risas y en voz baja las
muchachas del pueblo, entre ellas María, su hermana menor, que lo adoraba como a un dios.

Y las no tan muchachas también. Lo más extraño era que a los hombres del pueblo, tratándose de
Toño, nada les molestaba. Era mucho lo que le debían y lo que confiaban en él.

No pudo evitar su invitación a compartir la mesa y cuando llamó a su hermana para avisarle que
llegaría tarde, María le deseó suerte entre carcajadas. La muy guarra seguro ya lo había catado.

Antes de cortar, alcanzó a escuchar que su novio le preguntaba que pasaba y que ésta le
contestaba entre risas.

 Nada, nada…cosas de chicas ja, ja, ja. -No era cuestión de explicar.

La noche se presentó cálida y armaron la mesa en la terraza de la zona de estar que daba a la
laguna. Entre risas, el cordero bajó acompañado por dos botellas de vino patero dulzón de factura
propia y al terminar, mientras Toño recogía la mesa, Lidia se recostó melancólica sobre la baranda
de la terraza observando el reflejo de la luna que a lo lejos, iluminaba la rompiente.
LA MAR CHIQUITA

Perpendicular a la avenida periférica que bordea el casco urbano de San Agustín y justo frente a la
taberna donde se reúne la gente del pueblo por las tardes a tomar unas copas, parte el Camino del
despeñadero, un sendero de tierra y tosca llamado así, porque en su derrotero hacia el sur, finaliza
en un acantilado de treinta metros donde se precipita al mar.

Sobre el lado oeste del mismo, se halla la estancia de La Ballenera, ocupando todo la banquina a lo
largo de sus diez kilómetros, desde la avenida perimetral en que se halla la taberna, hasta finalizar
en el océano. A lo ancho y hacia el oeste se despliega el terreno y finalmente limita con la última
gran estancia de la zona. La Don David

Frente a La Ballenera, sobre el lado este del camino, colgada del continente como un archipiélago
y escindida hace años de ella, se extiende la estancia La Mar Chiquita, una extensión de tierra
totalmente forestada de pinos y eucaliptus que ocupa tres kilómetros de ancho desde el camino
del despeñadero hasta el mar y que contiene en su interior la laguna salada del mismo nombre,
alimentada por el agua del mar.

La estancia tiene forma de rectángulo casi perfecto, con tres lados sobre el mar y la cara oeste
demarcada por los diez kilómetros del camino del despeñadero paralelo a la costa.

Los diez kilómetros de acantilado, que forman el lado este sobre el mar, incluyen una caverna por
donde se alimenta la laguna salada y más al sur, una hondonada donde la marea comió el
acantilado a través de los años y dió lugar a unos quinientos metros de playa de suave pendiente
donde descarga sus aguas el arroyo de La ballenera, que nace en la laguna del mismo nombre y
cruza el camino del despeñadero casi en su límite sur.

Dos kilómetros antes del arroyo, termina la laguna de Mar Chiquita, el espejo casi cuadrado de
agua salada de cien hectáreas pegado al mar y separado de éste por un farallón de piedras.

Sobre su borde interior de la laguna, del lado del sendero, solo accesible por una rampa de madera
y reposando graciosamente sobre pilotes para eludir los caprichos de la marea, se halla la casa
donde vive Toño. Diseñada por él y enteramente construida por sus propias manos sobre las ruinas
de su pasado.

Se trata de un liviano y moderno conjunto de estructuras de madera y aluminio de doscientos


metros cuadrados construido en una sola planta y que consta de un monoambiente que abarca la
cocina, el comedor y una sala de estar rematada en el amplio balcón sobre la laguna donde habían
cenado.

Desde el mismo, se contempla enteramente la laguna y mil metros por delante el farallón de
piedras que la protege de la furia de la marea. Cuando la misma está en su punto más bajo, se
puede observar la amplia caverna que la alimenta y la conecta con la estrecha franja de arena de
la orilla que desaparece en pleamar.

Cruzando esta caverna y una vez sobre la arena, una gran roca blanca y negra, ubicada sobre el
mar, oculta su entrada a los navegantes.

Sobre la izquierda de la casa, según se entra, un embarcadero conecta directamente la laguna con
la cocina. Sobre él, un plateau con ducha permite enjuagarse la sal y la arena al salir de nadar y
antes de entrar a la vivienda.

Sobre la derecha del comedor y cruzando un pasillo vidriado, se desemboca en una estructura
satelital, construída sobre pilotes y ubicada enteramente sobre el agua. El pasillo desemboca en un
baño completo para ser usado por toda la casa y a un lado del mismo, orientado al este, se
encuentra el dormitorio principal en suite con cama matrimonial donde habían pasado la noche.
Remata la estancia una pequeña terraza sobre el agua. Al otro lado del baño se halla un dormitorio
mas pequeño con dos camas simples y placard que mira hacia la orilla.

Una gran bombona de gas ubicada en tierra firme alimenta toda la casa y un molino de viento
apoyado por una usina de paneles solares instalada sobre el techo de chapa a dos aguas,
alimentan dos grandes baterías, complementando la energía eléctrica obtenida de la red.

Completando la decoración interior, un poderoso equipo de UHF alimentado a baterías, comunica


con los servicios públicos del pueblo durante las grandes tormentas que los dejan sin luz ni
telefonía.

La vivienda es solo accesible por mar en marea baja y por tierra, solo si se conoce el laberíntico
recorrido entre la espesa arboleda.

La tranquera que conecta el camino del despeñadero con la estancia da acceso a un sendero de
piedras que conduce a un galpon solitario, donde duermen perezosos, un tractor antigüo
convertido en vehículo de paseo con dos cómodos asientos sobre los grandes guardabarros, un
unimog todo terreno de grandes ruedas pantaneras con nueve asientos distribuidos en tres filas y
una vieja Royal Enfield de la segunda guerra puesta a nuevo, con su correspondiente sidecar.

La frondosa arboleda que rodea a este curioso garaje, plantada años atrás por los dueños
primitivos como barrera de protección frente a los fuertes vientos provenientes del mar, tiene una
disposición simétrica y alineada tan vistosa, que delata la intervención del hombre en su
gestación. A tal punto esto es así, que saliendo por los fondos del galpón o rodeando el mismo,
solo se llega a la casa principal siguiendo un curioso laberinto que pocos conocen y está
demarcado por la ubicación estratégica de algunos eucaliptos, mechados en el tupido pinar.

La noche anterior

Lidia es de las pocas que conoce esa información y sobre eso meditaba mientras contemplaba
extasiada el reflejo de la luna sobre el mar después de cenar. Vestida con una corta pollera
tableada, un top que resaltaba su precioso pecho y zapatos de medio taco, la imagen que ofrecía
vista desde atrás apoyada sobre la baranda era muy seductora.

Y esa vista es la que contempló Toño embelesado al volver de la cocina. Sin pensarlo demasiado y
dejándose llevar por el instinto, se colocó detrás de la muchacha evitando tocarla y le dió un
pequeño mordisco en el cuello. Lidia, tomada de sorpresa, sintió una descarga de adrenalina tal,
que a lo único que atinó fué a recular y abrigarse en el cuerpo del muchacho, que no dudó en
rodearla con sus brazos y clavarle su hombría en la grupa.

Lidia giró la cara y Toño le comió la boca, mientras sus manos inquietas, subiendo por la piel
desnuda de la cintura, arrastraron top y corpiño hasta sacarlo por su cabeza liberando su fabulosas
tetas. Las amasó, apretó y se apropió de los endurecidos pezones retorciéndolos con saña,
provocando una descarga en la necesitada muchacha, mezcla de dolor y placer, que le provocaron
el primer orgasmo de la noche.

Cuando las manos del enardecido muchacho, repitieron la faena con su pollera y sus bragas, Lidia
supo que la batalla estaba perdida. Se dió vuelta, liberó afanosa la increíble tranca del macho y
tomándose de su cuello se trepó a su cintura. A pesar de haber parido dos veces, se sintió llena y
cuando sus carnes cedieron alojando al invasor, volvió a explotar como no recordaba.

Empalada como estaba, el gigante la levantó de las nalgas con sus poderosas manos y sentándola
sobre la baranda, la empezó a follar como si le fuera la vida en ello, provocándole tantos orgasmos
que perdió el conocimiento. Se despertó en la cama aturdida y al recordar lo acontecido, palpó
asustada su irritada vagina.

 Tranquila, no he acabado todavía.

Lidia bajó la vista y al ver la amoratada tranca del muchacho comprobó que era verdad y decidió
solucionar el problema, se montó sobre él y con dificultad se empaló de nuevo.

 Solo fué un acto reflejo, no estoy en días fértiles.

Apoyando las palmas de las manos en su pecho, puso en marchas sus caderas extasiada por lo
que estaba sintiendo. El rostro afiebrado de la muchacha, el oscilar morboso de sus pechos y el
trabajo sobre su polla, fueron demasiado para Toño, que explotó en un orgasmo monumental
arrastrando a su pareja. Derrengados y satisfechos se quedaron dormidos con una sonrisa en el
rostro.

Amanece que no es poco

La misma sonrisa con la que Lidia contempla el amanecer esta mañana desde el balcón, sintiendo
la virilidad de Toño a sus espaldas.

A pesar de sentirse irritada, vuelve a estar excitada, abre las piernas y permite que la poderosa
tranca se aloje entre ellas. Inclina el torso apoyada con una mano en la baranda y con la otra dirige
al invasor a conquistar la ciudadela. Lo siente entrar despacio, tomando posesión de lo que siente
suyo. Apoyando la otra mano también en la baranda, se pone en punta de pié y rinde el sitio.

La cópula se vuelve infernal. Tomado de sus tetas, Toño la embiste con tanta potencia que la
levanta del piso. Cuando explota en un orgasmo violento gritado a los cuatro vientos, Lidia vuelve
a perder el sentido. Despierta al sentirse en el agua de la laguna, Su amante la ha llevado en
brazos y la limpia con cariño. Una vez despejada, juega un rato con él y luego de una ducha
reparadora, se despide sin promesas cerca del mediodía. Los niños la esperan.

Noviembre 2014

Ramón

 Caplac, caplac...caplac, caplac… caplac,caplac...caplac.caplac

Resuenan los cascos de mi caballo percherón en la seca e infernal tarde de Noviembre. Manso y
tranquilo como espejo de mi estado de ánimo. No es tan dura la vida del pobre en el campo,
siempre habrá un árbol para protegerse del sol o un arroyo para refrescarse.

A pesar de la sequía en el valle, ha llovido fuerte en las sierras y la Ballenera se ha desbordado,


haciendo que el arroyo invada el camino de tierra y convierta cien metros a cada lado del cauce en
un lodazal. Sin trabajo fijo desde que el viejo nos echó a la calle, no tengo más recursos, hasta que
llegue en Diciembre la gente de La Ballenera, que los pesos que me saco ayudando a mi hermana
Lidia en su parcela o desatascando carros cuando sube el arroyo. Eso, o llevarle la corriente a mi
amigo en sus locuras. Tampoco necesito mucho más, mi pareja ya no está conmigo, y yo me
conformo, después de todo, uno es pobre en la medida de lo que necesita. Y yo me arreglo con
poco.

A lo lejos, la nube de tierra avisa de un coche que se acerca a toda velocidad. Si pasan y saludan
con respeto, les aviso del desborde. Si no…Me gano unos pesos. Ni lo uno ni lo otro, los
desgraciados al verme en el camino aceleran y apuntan en mi dirección. Sabiendo lo que va a
pasar, tapo la cabeza de mi caballo con una manta para que no se asuste y me subo la capucha
del buzo justo en el momento en que el deportivo convertible rojo me pasa rozando a toda
velocidad, sumiéndonos en una nube de tierra y piedras.

En medio de la polvareda, alcanzo a divisar a dos muchachas, que vestidas de fiesta en mínimas
prendas y con botellas en la mano, van sentadas a los gritos sobre los respaldos de los
asientos. Temiendo el desastre, pego la vuelta y apuro el paso. Dos kilómetros más allá, encuentro
el accidente.

Los nietos de Don David

El coche está enterrado hasta las puertas, las bolsas de aire disparadas y el conductor, junto al
acompañante, colgando aturdidos de los cinturones de seguridad.

Diez metros por delante, las dos chicas están despatarradas sobre el barro en posición indecente.
La más rubia de ellas, tirada de espaldas desmayada con las piernas abiertas, el vestido
arremangado en la cintura y el coño desnudo tomando sol. La de pelo negro, también sin calzones,
esta enterrada boca abajo pataleando desesperada, buscando zafarse para poder respirar.

Salto del caballo y mis botas de pesca quedan enterradas hasta las rodillas al lado de la morocha,
tiro su cabeza para atrás tomándola del pelo y le saco el barro de la boca con el dedo para que
respire.

A la tremenda bocanada de aire de la morena, le sigue un ataque de tos colosal, buscando


expulsar el barro aspirado. Cuando se serena, la subo cruzada boca abajo sobre el percherón que
se deja hacer manso y tranquilo y tomándome fuerte de la montura me hago arrastrar hasta la
otra muchacha que está reaccionando. El suelo blando las ha salvado de una muerte segura.

Subo a la rubia junto a su amiga y colgado de mi caballo salgo del lodazal. Al pasar junto al auto
enterrado, descubro que los varones son los nietos de Don David. El hijo de puta que dejó a mi
hermana en la calle.

Sin preocuparme por ellos, paso de largo y el mocoso me increpa.

 Hey tu, rotoso, ¿donde vas? Sácanos de aquí - grita el conductor al ver que sigo de largo.

 Imbécil, a tí te estamos hablando - apoya el hermano menor

Al llegar a terreno seco, verifico que las muchachas estén bien a pesar de que están aturdidas, les
pido que llamen pidiendo ayuda alcanzandoles las carteras que he recuperado del barro y
montando mi caballo, vuelvo por los muchachos.

Me acerco al conductor y me quedo mirándolo fijo

 ¿Eres tonto?¿Vas a sacarnos o qué? - me increpa


 Depende de lo que pagues por ello.

 ¿Cuánto quieres hijo de puta?

 Ahora, todo lo que tengáis los dos.

Encabronados sacan de sus bolsillos todo lo que tienen y me lo dan. Ni una sola vez han
preguntado por las muchachas. Reculo con mi caballo, ato la soga en el arnés especial y les tiro la
otra punta.

 Átenla en el gancho de remolque.

El auto se ha clavado de punta y el gancho trasero está expuesto.

 Estás loco, está todo embarrado.

 La atas o te quedas ahí.

A una seña del conductor, el acompañante se bajó con asco y enterrado hasta las rodillas pegó tres
vueltas a la cuerda por el gancho y me alcanzó la punta para que la anude.

 Cuando te lo diga, pones marcha atrás y reculas despacio mientras yo tiro.

Cuando logramos poner el auto en tierra firme, la ambulancia ya había llegado y después de
revisar a las chicas se las llevaron al hospital. Como imaginaba, los primos salieron pitando tras de
ellas sin siquiera darme las gracias. Cuento el dinero y me asombro…

 Vaya cantidad manejan los mocosos para salir de farra, para qué habrá ahorrado tanto el
viejo.- Pienso tristemente divertido recordando al tacaño de su abuelo.

Con unos pesos encima retomo el camino y al llegar cerca de la avenida ya veo sentado a una
mesa a mi gigante amigo. Su gran estatura y su imagen de bruto, ocultan a la perfección la
nobleza de su corazón. Si no, que le pregunten a mis hermanas.

Hablando de ellas, vaya forma de llegar Lidia a casa esta mañana. Caminaba con las patas abiertas
como si estuviera escocida. María, mi otra hermana, la estaba esperando muerta de risa con mis
sobrinos ya desayunados y cuchicheaban a escondidas en voz baja para que nadie se entere el
porqué. Como si yo no supiera de qué iba la cosa.

El novio de María me miraba intrigado, me hacía señas con la cabeza para tratar de enterarme de
lo que pasaba y yo sólo levantaba los hombros fingiendo ignorancia. Cómo explicarle que ella sabía
por experiencia propia por qué andaba así su hermana.

Ella y muchas otras mujeres de San Agustín

SAN AGUSTIN

San Agustín es un pequeño poblado recostado sobre la costa, construído en tierras donadas por un
visionario alrededor de lo que supo ser el casco de la estancia bicentenaria del mismo nombre. Una
gran hacienda de veinte mil hectáreas robadas a los pueblos originarios en la campaña del
desierto que los expulsó de sus tierras. Tierras que luego fueron repartidas entre las familias
patricias que financiaron la cristianización del territorio.

Las sucesivas muertes de sus propietarios y el reparto de los bienes entre los múltiples herederos,
llevaron al desguace de la estancia en múltiples parcelas y otras haciendas, de las cuales en la
actualidad, solo un par permanecían en manos de rancias familias. Paradójicamente, esas tierras
eran las únicas que se presentaban yermas o mal administradas. A pesar de navegar en un mar de
fertilidad, solo eran utilizadas como símbolos de ostentación y disfrute personal.

El resto, la gran mayoría, habían caído en manos de un heredero bastardo y desclasado, que
honrando el legado de su difunto y recién descubierto padre, desde el momento de tomar posesión
de su herencia decidió honrarlo y profundizar los cambios. Para disgusto de las rancias familias
originales y aprovechando que su difunto padre había dividido su herencia en parcelas de diez
hectáreas, las había dado en explotación a los baquianos de la zona, hijos y nietos de los
explotados trabajadores empleados antiguamente de los dueños primitivos.

Ingeniero agrónomo recién recibido de profesión, organizó a los antiguos peones en una gran
cooperativa y diversificando las parcelas en unidades productivas ató las utilidades de cada una al
rendimiento del grupo, evitando de esa manera diferencias entre los parcelados. Al ser el
administrador y propietario desconocido de la tierra y además el responsable del asesoramiento
técnico de la cooperativistas, ató sus utilidades a las del grupo y fijó su renta en un acuerdo con los
demás integrantes de la cooperativa.

Una parcela se destinó al tambo, otras a la cría porcina, a un criadero de aves, a la ganadería y de
las destinadas a siembra, se fijaba la cantidad, el tipo de cultivo y la rotación, en reuniones previas
a cada campaña.

Finalmente un sector importante fue destinado al acopio de granos, depósito y mantenimiento de


maquinaria y administración.

Gracias a la visión de su difunto padre, la casona victoriana del casco de la estancia se había
adaptado como escuela primaria y secundaria y alrededor de ella fué creciendo el pueblo. En poco
tiempo habían crecido tanto, que ya contaban con un pequeño hospital totalmente equipado para
urgencias, una sala de consultas médicas y recientemente, con el apoyo de la cooperativa, habían
inaugurado una escuela agraria para estudios terciarios y en sus instalaciones se habían montado
una fábrica de chacinados, conservas y mermeladas atendidas por alumnos y profesores.

En el aspecto servicios y esparcimiento, contaban con un almacén de ramos generales, un par de


tiendas. un pequeño hotel para los viajantes de comercio y la vieja taberna de la periferia,
devenida en restaurante mediodía y noche y confitería o bar de copas el resto del tiempo

Allí se encontraban Toño y Ramón reflexionando, que sin embargo, tanto cambio positivo para la
vida de los habitantes de San Agustín, no era del todo bien visto por las pocas familias de
potentados que todavía conservaban grandes extensiones de tierras.

Perder el poder de hacer y deshacer a su antojo sin dar explicaciones, los traía de mal vivir, sobre
todo, las pretensiones salariales y laborales del poco personal que sus menguadas economías les
permitía contratar.

 Hablando de dar explicaciones, podrías explicarme porque mi hermana llegó en ese estado
a casa esta mañana. - Preguntó socarrón Ramón

 ¿Có…cómo? Yoo..este…
 Ja, ja, ja tranquilo hacía rato que no la veía tan contenta. Solo espero que no le des falsas
esperanzas, ha sufrido mucho la pobre desde que los hijos de puta la dejaron tirada después
de la muerte de mi cuñado… Hablando de hijos de puta…

Se interrumpió mirando hacia la entrada. En ese momento hacía su ingreso a la taberna un figurín
atildado de bigote finito, con pintas de llevarse el mundo por delante.

Los dos amigos quedaron en silencio observando al cincuentón peinado con gel, que vestido con
camisa blanca, pantalón de montar y botas relucientes a la rodilla entraba conversando con dos
hombres de gesto adusto y mal entrazados, acompañados de un muchacho más joven que ellos de
aspecto frágil y asustadizo.

Uno de los sujetos era muy blanco, tenía la cabeza afeitada al ras y muy colorada por la
desacostumbrada exposición al sol al igual que su cara, como si hubiera salido al exterior después
de mucho tiempo de estar encerrado y el otro era moreno, de abundante pelo corto y lucía una
cicatriz que le cubría toda la mejilla derecha.

 Ese que ves ahí es Juan, el cuñado de don Ismael, dueño de La Ballenera, un ave de rapiña
bueno para nada con más pretensiones que el rey de España. Un figurín inútil que solo
piensa en sus beneficios personales. Fíjate el lustrado de los zapatos y dime si ese hombre
hace algo más que rascarse la tripa en el campo.

Comentaba Ramón, mi amigo rústico pero de buenas entrañas, mientras no se quedaba quieto en
su silla.

 Ja, ja, ja. Por lo inquieto que estás, parece que no te cae bien. No te quedas quieto un
minuto.

 Cállate, las almorranas me tienen a mal traer. Tengo fecha de operación para la semana
que viene y no sé cómo decírselo al patrón. Justo vienen de vacaciones y su esposa estrará
más quisquillosa que nunca.

 No sé porque sigues trabajando para esa gente después de lo que te hicieron, te tratan mal
y te pagan peor y para colmo, si siguen así, pronto se van a quedar sin nada.

 Sé que tienes razón, es que son muchos años, la familia de mi madre llevaba trabajando
para ellos por más de tres generaciones y no son tan mala gente como los pintan, sólo han
tenido mala suerte. Nada comparable a los desgraciados de Don David. Esos sí son mala
gente, mira lo que han hecho con mi hermana. Además sé que don Ismael se vió obligado a
echar a mi familia y en compensación, me conservó el puesto durante el verano. De no ser
por tí...

Don Ismaél, un hombre de sesenta y cinco años, rechoncho y de carácter huraño, era el dueño de
la estancia la Ballenera, una extensión de tierras improductivas de doscientas hectáreas lindera
con el pueblo, que no era explotada comercialmente desde hacía ya muchos años. Casado con
doña Isabel, una mujer hermosa de cuarenta y dos años, tenía dos hijos. Ignacio de cuarenta años,
fruto de su primer matrimonio e Inés de veintidós.

Ignacio era un muchacho delgado de carácter irascible, casado con Juana, una morena voluptuosa
y sufrida de treinta y ocho años que le había dado dos hijos preciosos pero arrogantes, José de
diecinueve nueve años y Jacinto de diecisiete. Buenos para nada, odiaban el trabajo manual y
sufrían lejos de la gran ciudad. No veían el momento de echar mano a su herencia y dedicarse a la
usura.

Inés en cambio, era una muchacha rubia hermosa de curvas pronunciadas y carácter alegre que
soñaba con poder trabajar algún día en la estancia. Estudiante avanzada de agronomía y ajena a la
realidad económica de su padre, se pasaba las horas recorriendo los diferentes emprendimientos
de los vecinos, que la atendían con respeto en honor a su apellido y su buen hacer.

Completaba la familia, Isolda, la hermana de don Ismael, una mujer enjuta y amargada de
cuarenta y ocho años casada con Juan, un figurín de cincuenta años bueno para nada, que se había
pasado la vida viviendo de la herencia de su mujer. Putero y arrogante, solo servía para el baile,
las mujeres fáciles y la buena vida.

Del antiguo esplendor de la estancia sólo se conservaba la gran casona usada para vivienda de
vacaciones, los barracones del personal de servicio, y un par de hectáreas vecinas a ellas, usadas
como jardín, huerta, caballerizas y lugar de esparcimiento, con canchas de tenis y pileta de
natación.

El resto eran tierras improductivas cubiertas de yuyos y pastizales, donde solo era rescatable un
frondoso monte de árboles añejos regalo de la naturaleza y dentro de él, una gran laguna llena de
pejerreyes, delicia de los pescadores furtivos que se colaban por los rotos alambrados.

Se comentaba que la afición por el juego, el puterío y la buena vida del hacendado, habían
dilapidado la fortuna heredada y en estos tiempos de altos impuestos y fisco hambriento, era solo
cuestión de tiempo que la propiedad se rematara. Remate que era esperado con ansiedad por
algunos buitres propietarios de tierras vecinas.

Sobre todo los actuales dueños de la estancia don David, cuyo hijo Jhoel, principal actor en la caída
en desgracia de mi familia, un flaco alto de treinta años con cara de buitre, avaro y explotador de
sus peones, era el actual novio de Inés, la hija de don Ismael.

Viendo el percal del figurín que se floreaba amanerado en la mesa contigua, Toño podía
imaginarse de qué iba la cosa con ese hombre, lo que no cuadraba eran sus compañías disonantes,
gente de muy baja calaña por donde se los mire.

Como eso le generaba curiosidad y sospecha a partes iguales, así como todo lo que rodeaba a esa
familia, Toño tomó un par de fotos disimuladas de los impresentables por si las llegara a necesitar
y se ofreció a su amigo.

 Si quieres puedo darte una mano.


 ¿ Y eso cómo sería? -Preguntó Ramón extrañado.

 Pensaba tomarme unas vacaciones estos días, puedo cubrirte hasta que te repongas.

 ¿Tu haciendo trabajo de peón?¿ Es que te ha dado el sol o que te pasa?

 ¿Por qué no? Ellos no me conocen y a tí te debo mucho, eres mi hermano, tu familia me ha
criado y me han enseñado todo lo que sé. No trabajamos juntos por tu cabezonería y que yo
sepa, tu trabajo no es que sea de peón precisamente.

 No...Es peor que eso.. soy el esclavo de la puta yegua...Ramón prepárame a Jacinta que
quiero salir a cabalgar… Ramón los aperos no están lustrados… Ramón acompáñame a la
laguna que hay mucho maleante suelto…

Declamaba en falsete Ramón imitando a su jefa y provocando la risa de Toño.

 Ja ja ja. Bueno...Por lo menos en la laguna te habrás recreado la vista.

 En eso tienes razón, está buena la hija de puta, pero es más fría que un témpano. No le he
visto jamás una sonrisa.

 Estará mal cogida, no se lo vé muy activo a tu patrón Ja ja ja

 Ja ja ja mira que eres malo, pobre Don Ismael, no sabes con qué hambre la mira el hijo de
puta de su cuñado.

Agregó señalando al figurín.

 ¿Qué quieres? Viendo con el cardo que está casado el pobre tipo, debe andar desesperado
el hombre. ja ja ja

Finalmente Toño lo convenció y al mes siguiente, una mañana bien temprano estaban parados
frente a don Ismael que los escuchaba atento, sin dejar de contemplar al hombre que Pedro le
presentaba. Un muchacho alto, de anchas espaldas y aspecto rudo. Pelo negro largo atado en una
coleta y barba enmarañada que no dejaba ver su cuello. Solo sus ojos grises y vivaces desmentían
el aspecto bruto y rústico del reemplazante propuesto.

Vestido con una camisa holgada, bombachas de campo y botas tres cuarto, tenía aspecto pulcro y
prolijo, pero una fuerza extraña parecía removerse inquieta bajo esas discretas prendas. Una
especie de violencia reprimida, una rebeldía innata esperando a ver la luz. Quizás la horma del
zapato para la insolente Isabel o su indomable hija.

 Como le digo patrón. Toño es el hermano varón que no tuve, se ha criado a mi lado y es
como de la familia.

 Sé que si lo traes es porque es de tu confianza, pero también sabes que mañosa es mi


mujer. espero no la decepciones. Odiaría tener un problema contigo después de tantos
años.

La velada amenaza quedó colgada en el aire y no pasó desapercibida por Toño que se forzó a no
contestar.

Al día siguiente a las seis de la mañana se presentó a trabajar e hizo el recorrido desde su casa
caminando. Eran solo un par de kilómetros.

////////////

Levanté la cabeza lentamente y quedé conmovido, a su belleza natural y su


negro pelo recogido, le agregaba el detalle de unos labios carnosos pintados de
un rojo intenso y unos ojos turquesa brillantes como para perderse en ellos.

Diciembre de 2014
Doña Isabel

Mientras caminaba rumbo a mi extraña misión imaginando divertido a Ramón con el culo al aire,
no dejaba de intrigarme la extraña alianza entre Don Ismael y Don David. Un hecho que me tenía
inquieto y debía tratar de averiguar de qué se trataba, no solo por lo que implicaba que estuviera
de por medio el hijo de puta de Jhoel, sino también porque ese tipo de alianza de poderosos podía
ser muy perjudicial para el futuro de la cooperativa.

Arranqué la mañana pasando el barrefondo en la piscina. Según las indicaciones de Ramón, debía
evitar hacer ruido a horas tan tempranas. Estábamos a principios de enero, el clima era cálido y las
noches se prolongaban, haciendo que por lo general, la gente se levantara tarde. Solo había una
excepción, Doña Isabel y por eso lo pasar el barrefondo temprano.

A las siete en punto, cuando el sol ya empezaba a calentar, apareció la patrona por la puerta
trasera de la casa. Con andar sinuoso de modelo, y cubierta por un largo pareo sobre su malla
enteriza, dibujaba cada paso como una artista, sin dejar de mirar el entorno con indiferencia.

Antes de que alcanzara el natatorio desplegué las tumbonas con sus mesitas y recogí la manguera
de aspiración dándole la espalda. Por sugerencia de mi amigo, evité mirarla en todo momento, no
porque a ella fuera a disgustarle, sino también porque lo más probable era que su celoso marido
estuviera espiando.

Además estaba completamente transpirado y la imagen sería desagradable. Las bombachas de


campo y las amplias camisas de trabajo eran muy cómodas para la faena diaria pero muy
inapropiadas para esas mañanas de treinta grados.

Me estaba retirando cuando me llamó

 ¿Oye tú, cómo te llamas?

 Toño señora. -Le contesté sin darme vuelta

 ¿Por qué me das la espalda? Date la vuelta.

 No corresponde señora, no estoy presentable.

 Eso deja que lo evalúe yo, voltéate.

Me giré despacio mirando al piso y mostrándome avergonzado por la transpiración que se marcaba
groseramente bajo mis axilas.

 Mira como estás, deberías usar ropas más livianas. ¿Acaso no tienes?

 Sí señora, pero no las he traído, nadie me explico cómo venir vestido.

 Pues a partir de mañana puedes usar remera y pantalones cortos durante el día, a menos
que la tarea indique otra cosa. Te aconsejo que te traigas muda de recambio y mírame a los
ojos cuando te hablo.

Levanté la cabeza lentamente y quedé conmovido, a su belleza natural y su negro pelo recogido, le
agregaba el detalle de unos labios carnosos pintados de un rojo intenso y unos ojos turquesa
brillantes como para perderse en ellos.

 También recórtate esa barba, vas a ser mi asistente como lo es Ramón y no me gusta como
te queda. Luces desprolijo. Ahora márchate que voy a nadar, atiende mi jardín y luego
llévale alimento a mis caballos que por la tarde saldremos a montar.

Recorté mi barba, pero no cambié mis ropas, tampoco era cuestión de tomarme confianzas y dejar
mal parado a mi amigo. Así fue transcurriendo la semana, atender el natatorio bien temprano,
cuidar de su jardín y sus caballos y por las tardes largas cabalgatas sin hablar más de lo necesario,
realmente un trabajo muy liviano para lo que normalmente estaba acostumbrado. El resto de la
familia directamente me ignoraba.

El viernes a la noche fuí a visitar a Ramón, ya lo habían traído de regreso y se estaba recuperando.

 Que tal amigo, ¿cómo lo estás pasando en mi trabajo?

 Muy bien, he comprobado que eres un caradura. Llamar trabajo a eso es ofender a los
trabajadores. Con razón no te marchas de esa casa. Ja ja ja. ¿Y tú como andas?

 Aquí me ves, con el culo roto. Solo pensar en ir a cagar me pone los pelos de punta. No
sabes como duele.

 Bueno ya sabes lo que te espera cuando cambies de bando Ja ja ja. Tú recupérate tranquilo
que tu puesto está cubierto.

 ¿La jaca te trata bien?

 Ni bien ni mal, directamente no me trata. Ja ja ja

El sábado apuntaba a ser un día bochornoso, anunciaban treinta y ocho grados de temperatura,
alta humedad y con aviso de tormentas por la tarde. Por primera vez me vestí con un vaquero
bermudas elastizado, una remera entallada y zapatillas deportivas.

Noté que Isabel me miraba con detenimiento mientras recogía mis cosas, pero fiel a mi costumbre,
le dí la espalda en todo momento y no le dirigí la palabra más que para los buenos días.

Dado el aviso de tormentas y el calor reinante, decidí cambiar la rutina y me dirigí primero a las
caballerizas a darles de beber agua y alimentar a los caballos. El jardín podía esperar, ya que lo
más probable era que lloviera y la cabalgata vespertina se pospusiera.

Luego de atender a las bestias, pasé al fondo del establo para buscar dos bolsas de fertilizante de
cincuenta kilogramos cada una para el jardín y la huerta respectivamente. Si iba a llover era el
momento ideal para que penetre en la tierra.

Estaba por cargarlas sobre mi hombro cuando escuché gruñidos y pasos apresurados entrando a la
carrera en el establo. Me asomé discretamente y alcancé a divisar al figurín de Juan que traía a la
rastra a doña Isabel, vestida con bañador y pareo, tomada de la muñeca.

 Déjame…¿Qué haces?¿Estás loco? Si nos vé Ismael nos mata. Dijiste solo una vez.

 Pues te he mentido, será todas las veces que yo desee, si no quieres que él se entere de lo
que has hecho. Y sí, estoy loco. Loco por follarte. Accede y se termina ahora.

 Eso nunca, antes muerta.

 Entonces libera esas tetas y hazme una cubana, estoy loco por verlas.

 Dijiste solo una paja.

Juan tomó el teléfono, seleccionó una foto y la amenazó.

 ¿Lo haces?¿O mando la foto?

 Vale, pero no me vayas a acabar encima.

La morocha deslizó los breteles y liberó el par de tetas más hermosas que ví en mi vida. Para mi
sorpresa estaba empitonada.

En el momento que el macarra liberó su pequeña polla y la introdujo en el glorioso tetamen, decidí
entrar en acción. Indignado como estaba, cargué las dos bolsas al hombro y salí de mi escondite.
Pasé caminando indiferente a espaldas del figurín y mirando a los ojos a la paralizada hembra
saludé con normalidad.

 Buenos días doña Isabel.

El efecto del saludo fué inmediato, la mujer saltó para atrás con un alarido en el momento justo en
que Juan explotaba, empezando a lanzar lechazos a diestra y siniestra.

Cuando se dió cuenta de lo que pasaba, empezó a los gritos.

 Ehh, tú…ven aquí.

Al ver que no le hacía caso, me corrió con la polla aún afuera y me tomó del brazo

 Ven acá...Hijo de puta…¿Eres sordo acaso? Te estoy llamando.

Mi reacción fué inmediata, me desprendí de él, le dí un empujón y le tiré las dos bolsas encima. El
figurín alcanzó a recibirlas en sus brazos y terminó cayendo de culo, aplastado por el peso del
abono.

 Acá, el único hijo de puta eres tú, basura. A una mujer no se la fuerza. Veremos que dice el
patrón de esto.

 Y a tí quién va a creerte infeliz, es tu palabra contra la nuestra. Encima me has agredido, te


voy a mandar preso.

Sacando mi teléfono móvil del bolsillo, le canté un órdago con una sonrisa.

 A mi no va a creerme, pero a todo lo que tengo grabado, creo que sí.

Como mala persona que era, intentó negociar.


 ¿Cuánto quieres por eso? Puedo pagarte bien.

 Solo quiero tres cosas, dame tu teléfono, márchate esta misma tarde y no vuelvas a
amenazar a la señora, si lo vuelves a hacer, le paso todo al patrón y luego te rajo al medio.

Apoyé mis palabras sacando el puñal de mi cintura y abriendo las dos bolsas al medio lo dejé
sumergido en una montaña de estiércol reseco. Finalmente le saqué el celular y tomando en mis
brazos a la aterrorizada señora que estaba hecha un ovillo sollozando en el piso, la saqué del
establo y la dejé sobre una tumbona luego de entregarle el móvil del impresentable.

Por suerte era temprano y nadie notó el incidente. Volví al establo y el figurín había desaparecido,
tomé una pala, recogí el abono en una carretilla y continué mi trabajo en el jardín como si nada
hubiera sucedido.

Pasado el mediodía, como el cielo encapotado anunciaba tormenta, entré en la casa y me despedí
de doña Isabel sin mirarla a los ojos como era mi costumbre. No había dado más que un par de
pasos, cuando corriendo tras de mí, doña Isabel me tomó de un brazo, me obligó a darme vuelta y
apoyando el dorso de la mano en mi mentón, me levantó la cara para que la mire.

 Gracias.
 Acto seguido me dió un beso cálido en la comisura de la boca que dejó paralizado a su
hijastro que en ese momento entraba en la casa-.

Conociendo la laguna

El sábado por la tarde se desató un típico aguacero de verano. El domingo mejoró el tiempo pero
con mucho viento y el lunes ya amaneció caluroso otra vez. Volver a poner la piscina y los jardines
en condiciones me llevó toda la semana y la relación con la patrona volvió a los niveles previos al
accidente. Como si nada hubiera pasado.

El sábado por la mañana me avisó que preparara los caballos a la hora de siempre, pero que
cargara en el mío el bolso que había dejado en el establo y unas viandas que me entregaría la
encargada de la cocina ya que íbamos a ir a la laguna de La ballenera.

Al llegar la hora, saqué los caballos ensillados y recogí las viandas, el bolso y una tumbona que se
plegaba como mochila. Al llegar doña Isabel, la ayudé a montar y partimos rumbo al lugar.

Al ser la primera vez que iba me dejé guiar por ella, la laguna estaba rodeada por un monte de
eucaliptos que la aislaba visualmente del entorno. Al cruzar por uno de los senderos, paralelo al
arroyo que allí nacía, arribamos a un claro junto a la orilla donde montamos el campamento.

Desde ese lugar se podía apreciar la laguna en toda su magnitud, con las sierras como telón de
fondo adornando el bucólico paisaje. El reflejo del sol en el agua iluminaba el ambiente y
aumentaba la transparencia del espejo, ya de por sí alta debido al fondo de rocas.

Completando el paisaje y en medio del espejo de agua de cien hectáreas, se hallaba una isla
frondosamente arbolada que contaba con un pequeño muelle de madera y una coqueta cabaña de
pescadores del mismo material. Frente a este y sobre la orilla cruzando la laguna, otro muelle
contaba con una rampa de madera para la bajada de botes o pequeñas lanchas.

Ayudé a desmontar a doña Isabel, descargué del caballo una gran lona, la desplegué en el piso,
monté la reposera. Y a su lado dejé el gran bolso y las viandas.

Para no molestar a la señora mientras se desvestía, mantuve la mirada en el piso, tomé las riendas
de los dos caballos, los llevé a unos cien metros y los até a la sombra bajo un frondoso árbol, con
soga lo suficientemente larga para que puedan pastar y tomar agua.

Retomé mis pasos, pasé por detrás de la señora sin mirarla y cuando me estaba alejando, me
llamó.

 Necesito que me ayudes.

Levanté la cabeza para mirarla y casi me muero. Sentada sobre la tumbona lucía un biquini muy
pequeño de color negro, que apenas cubría sus preciosos pechos.

Mirándome con curiosidad me alcanzó un protector solar en aerosol y se dió vuelta para que se lo
aplique en la espalda. Si por delante estaba buena, por detrás era un espectáculo.

La rocié de arriba abajo sin tocarla, le devolví el pote y me marché a las apuradas para que no note
mi empalme. Al llegar al muelle, me desvestí apresurado quedándome solo con un pequeño slip,
me trepé al mismo, deje mis ropas sobre él y desde allí me zambullí.

Luego de varios minutos de intensas brazadas, alcancé el otro muelle, me trepé y me tiré a tomar
sol quedándome adormecido sobre él. Me despertó el ruido de chapoteo en el agua, abrí los ojos, y
al verla llegar nadando, me levanté, me asomé al borde y le extendí la mano sin mirar para
ayudarla a subir. Para mi sorpresa, jaló de mí y me zambulló en medio de sus carcajadas.

Al pararme, noté que con mi metro noventa hacía pie. Situación que aprovechó doña Isabel para
colgarse de mi cuello y enroscar sus piernas en mi cintura.

 ¿Por qué nunca me miras?

 Por una cuestión de respeto.

 ¿Desde cuándo mirar a alguien es una falta de respeto.

 Usted es muy bonita señora, a uno se le van los ojos y yo debo cuidar el puesto de Ramón.

 Pues desde hoy me miras todo lo que quieras, ya me has visto prácticamente desnuda y
cuando estemos solos me llamas por mi nombre, nada de Doña o señora.

 Como usted diga señora.

 Ja ja ja eres todo un caso.

Tener a esa hembra enroscada en mi cuerpo, me estaba pasando factura y no sabía como
liberarme sin que notara el bulto bajo mi malla.

 Mucho respeto, mucho respeto, pero por acá abajo piensan distinto ja ja ja - lanzó
refregando su pubis por mi erección.

 Ese va por cuenta propia seño…perdón… Isabel, perdone usted.


 Pues no te preocupes, es un halago para una vieja como yo y por favor tutéame y puedes
llamarme Isa como mis amigas. Eso sí...solo en privado.

 Como digas Isa...hmmm.

Sin dejarme contestar, me comió la boca con hambre atrasada mientras no dejaba de restregarse
contra mi polla. Tal era su excitación que me bajó el slip y haciendo su biquini a un lado, se levantó
un poco, la calzó en su raja y se dejó caer.

El grito que pegó al empalarse, me dejó el oído zumbando.

 Hijo de puta...que tranca te gastas...me revientas.

Intenté levantarla para salirme y apretando las piernas no me dejó.

 La sacas y te mato.

Cuando se acostumbró a la intrusión, comenzó a subir y bajar ensartada, llegando a un orgasmo


explosivo que la dejó rendida con la cabeza apoyada sobre mi hombro. Crucé mis manos bajo sus
prodigiosas nalgas y sin desclavarla, subí la escalera del muelle y la llevé a la cabaña de
pescadores.

Siempre preparada para recibir visitas y solo iluminada por los rayos de sol que se colaban por la
ventana, lucía acogedora. Buscando donde terminar la faena, encontré una robusta mesa donde
deposité suavemente a mi amante. El resto del mobiliario consistía en una pequeña cocina, un
sillón cama y un pequeño baño con ducha.

Me incliné sobre ella y llevando sus piernas a los hombros continué la faena lentamente, llevando
al delirio a la hembra desatada. Cuando finalmente le entregué mi simiente, estaba
definitivamente entregada.

La tomé en mis brazos y la llevé al sillón donde la terminé de desnudar sin dejar de jugar con mi
lengua en su erguidos pezones, bajé por su cuerpo y sin importarme saborear sus jugos mezclados
con mi simiente, me prendí a su coño como si no hubiera un mañana.

La mezcla de sensaciones llevaron a la mujer a niveles de éxtasis tal, que entró en una sucesión de
orgasmos que le hicieron perder el sentido.

Recobró la consciencia al sentir mi lengua entre sus nalgas, se vió en la cama boca abajo y temió
por lo que podía suceder. Cuando un par de mis dedos hurgaron en sus entrañas, supo que no lo
podía parar.

Dos horas más tarde, ronroneando sobre mi pecho, comprendió su error. Jugó con fuego y se
quemó.

 No puedo con mi alma, no sé cómo haré para volver.

 No temas, hay un pequeño bote al costado de la cabaña. Lo vi al venir hacia acá.

 Aún no entiendo qué ha pasado, creía que eras un sumiso y has hecho conmigo lo que has
querido. Eres mucho más hombre de lo que pareces
 No se cual es tu vara para medir un hombre, pero una relación sexual no lo define.

 Pero si le sumo lo que hiciste por mí en el establo sin pedir nada a cambio, ni preguntar el
motivo de la extorsión, sí lo hace.

 Defenderte de un hijo de puta no tiene ningún mérito. Mis mayores me despreciarían si no


lo hiciera. Y con respecto a los motivos, imagino que algún día me los contarás si lo crees
conveniente.

 Tenlo por seguro y ahora vamos marchando que se hace tarde.

Volvimos en el pequeño bote, y al llegar al muelle lo saqué del agua mientras Isabel preparaba
unos bocados. Una hora después nos vestimos, ensillé los caballos y volvimos en silencio. Cada
uno en su mundo.

Llegamos a la caída del sol. Mientras Isabel marchó a la casa y descubrió tristemente que nadie la
echó en falta, desensillé los caballos, los cepillé y los guardé en los establos.

Al pasar junto a la piscina observé que en las tumbonas se hallaba Isabel conversando con su hija
Inés, una copia mejorada de su madre en versión rubia y a su lado, vestida con un bikini que
enseñaba más de lo que ocultaba, compartía la charla Juana, su voluptuosa cuñada.

En el agua, dos jóvenes jugaban a la pelota con su padre y alejado en un rincón mientras fumaba
un puro, el desgarbado Jhoel, vestido con camisa y bermudas, me observaba con malicia. Al pasar
junto a él…

 Eyy tú, ven aquí.

Levanté la cabeza y miré a Isabel, al verla negar muy suavemente con la cabeza sonriendo, seguí
caminando mirando al piso y sin hacer caso al llamado, lo que irritó al novio ignorado haciendo que
se levante y me tome de un brazo.

 Eyy rotoso…A tí te hablo.

Levanté la cabeza y en esta ocasión, el leve gesto de Isabel fué de asentimiento. Me zafé de su
agarre y tomé al inmundo del cinto con una mano y de la camisa haciendo un puñado con la otra.
Levantándolo sobre mi cuerpo, lo arrojé de cabeza al agua provocando la hilaridad de todo el
grupo, menos la de Juana, la hembra voluptuosa de mínimo bikini, que observaba mi torso
mordiéndose los labios.

La tomé por detrás a pesar de sus protestas y metiendo las manos bajo la
remera me apropié de sus tetas mientras le comía la boca. No tardó en
empitonarse más de lo que le llevó apagar el fuego. Tomándose de la mesada,
abrió sus piernas y me invitó a entrar.

Diciembre de 2014

Confesión

Después del incidente de la piscina, sabía que me había ganado un enemigo peligroso. Esa familia
era de rencores largos y no olvidaban fácilmente. Yo tampoco, ese hombre debía una vida.
Si en las próxima elecciones de la Federación agraria, el padre de Jhoel o uno de sus laderos, fuera
elegido presidente, la cooperativa y yo en particular, la íbamos a pasar mal. El odio enfermizo que
le tenía esa familia a los peones emancipados era legendario.

Esa noche no salí y el domingo lo dediqué a recorrer La Mar Chiquita y ver el estado de la
plantación de árboles. A la tarde vino Lidia con sus chiquitos acompañada de Clara y la pasamos
jugando en la laguna.

El lunes volví a mi rutina, pero a la tarde Isabel quiso conversar conmigo. Fuimos hasta la laguna y
nos quedamos conversando sobre el muelle.

 Espero que no le hayas contado a Ramón lo que pasó entre nosotros.


 Eso ni se pregunta, no es de hombre hacer una cosa así.
 Siendo una mujer casada, imagino lo que pensarás de mí, pero debes saber que mi
matrimonio es una farsa. Mi esposo solo se excita en los puticlub y jugando al poker.

 No soy de meterme en la vida de los demás, pero por lo que ví te cela bastante. Eso no
pega demasiado con lo que me estás contando.

 No te confundas, eso es un simple reflejo de su falso sentido de la propiedad y del poco


orgullo que le queda. Don David lo tiene tomados de los huevos. Lo cebó bancándole las
deudas de juego y ahora lo extorsiona para que le ceda la estancia. El primer paso, fue
entregar a Inés.
 ¿Y ella lo consiente? Ese tipo es un asqueroso sin alma.
 Ines adora a Ismael, haría cualquier cosa por él y por la estancia. A pesar de sus defectos no
ha sido mal padre y la ha querido, siempre ha sido su consentida.
 Mala vida le espera ¿Tu no puedes hacer nada?
 No me escucha. Ismael se ha preocupado en que me vea como una mujer frívola y
superficial, y se ha cuidado de contarle el por qué. Le ha vendido la epopeya de salvar a la
estancia sin detallarle porque estamos como estamos.
 Es muy duro lo que me cuentas, yo te veo como una mujer de mucho caracter.

Isabel me acarició la mejilla agradecida y acercando su cara a la mía me dió un dulce beso en los
labios que pronto se convirtió en morreo.

Cuando quise atraparla contra mi cuerpo, se separó, y mirándome con lujuria mordiéndose los
labios se desnudó de prisa, se montó sobre el muelle y se arrojó a la laguna, nadando
vigorosamente hacia la isla.

No tardé en seguirla y atraparla antes de que subiera las escaleras, en esa posición, de espaldas a
mí, arrodillada sobre el escalón y tomándose de la baranda, la empotré sin compasión.

 Hayyy…Bruto

Preocupado por las consecuencias de mi calentura empecé a recular, siendo detenido por ella que
dando vuelta la cabeza cachonda perdida me miró con lascivia

 ¿Se puede saber a dónde vas?

Teniéndola calzada como la tenía, la cópula se volvió infernal. A cada golpe de mi cadera ella
respondía tirando el culo hacia atrás, produciendo una estela de agua vaporizada sobre la calma
de la superficie.
Terminamos agotados y abrazados en el viejo camastro de la cabaña, había llegado el momento de
la confesión.

 El año pasado convencí a Ismael de contratar como contador a un viejo conocido de mi


juventud al cual él no conocía. Necesitaba saber en qué lugar estaba parada. Cada semana
nos encontrábamos aquí y me iba poniendo al tanto de los desastres de mi esposo
pasándome copias de documentos para que me cubriera con un abogado.
 Y las cosas pasaron a mayores- Acoté.
 Algo así. Roberto es un hombre atento y agradable y yo estaba agradecida. Una tarde
durante nuestra despedida nos besamos en la boca con mucho sentimiento, pero no fuimos
a más, aunque la semilla estaba sembrada.
 Y tu cuñado destapó el estofado.
 Si, no se como ese buitre desconfió y nos siguió descubriendo todo el entripado y tomando
fotografías.
 ¿Se lo contó a tu esposo?
 No todo, las fotos se las guardó para él. La mañana siguiente despidieron a Roberto y me
obligaron a devolver todos los documentos que por suerte tengo respaldados en una
memoria. Por la tarde, Juan me citó en el establo y me pidió una paja para devolverme las
fotos. El resto ya lo sabes, gracias a tí, todo se terminó.

Mirándome con cariño se montó sobre mi cuerpo ronroneando y frotando su piel sobre la mía, con
las piernas muy abiertas ubicó al profanador y se empaló. Un coito suave y medido, de mucho
sentimiento y lleno de besos profundos y sentidos. Por primera vez hicimos el amor. Un amor raro,
tramposo, sin futuro. Un amor de momentos puntuales de liberación.

Volvimos remando desnudos entre risas y salpicones, nos vestimos en el muelle y regresamos al
trote de nuestros caballos. Al llegar, el panorama era por decirlo de alguna manera, humillante.

Desde una distancia de unos cien metros del borde de la piscina aproximadamente, Jhoel y su
cuñado practicaban su drive de golf embocando en el agua, mientras Inés, vestida con una
hermosa malla enteriza contemplaba la escena con hastío y Juana, embutida en un escueto bikini,
festejaba cada acierto.

Al llegar junto a ellos, Ignacio me alcanzó una bolsa de red, y con un movimiento insultante de
cabeza me encargó la tarea de recogerlas. Por no exponer a Isabel acepté y encarándome a la
piscina, me saqué la ropa dejándola sobre la baranda. Al dar la vuelta para zambullirme en medio
de la risa de los idiotas, alcancé a contemplar la mirada interesada de Ines y la expresión cachonda
de Juana que se mordía los labios.

Buceando y sin más ayuda que la de mis manos, logré atraparlas todas y colocarlas en la larga
bolsa de red que me habían facilitado. Al emerger por última vez con ella en la mano, todo se
desmadró.

Los desagradables personajes que vimos con Ramón en el bar acompañando al figurín, irrumpieron
arma en mano dominado a los hombres, amenazando a las mujeres y ordenándome que me
quedara en el agua ya que conmigo no era la cosa.

Ataron a Jhoel y su futuro cuñado con precinto a los parantes de la baranda de la pileta, separaron
con instrucciones precisas a Isabel precintándole las manos a su espalda y finalmente, dándole el
arma del morocho al flacucho para que me vigile, encararon a las aterradas muchachas.
Dirigiéndose el pelado a Inés que lo enfrentaba con arrogancia.

 ¿Empezamos por tí gatita? ¿O por la puta de tu cuñada? De alguna forma tiene que
entender tu padre que las deudas se pagan. Si no lo hace con dinero, nos cobraremos con
carne. Una y otra vez hasta que comprenda.

A una señal del pelado tatuado, el morocho se abalanzó sobre la paralizada Juana, le arrancó el
corpiño y empezó a magrearle las tetas mirando a Inés. Mientras tanto su socio se acercó a Jhoel y
le apoyó un arma en la cabeza.

 ¿Qué dices gatita? ¿Me haces una mamada a cuenta de la deuda?¿O le vuelo la cabeza a tu
novio?
 No,no… Por favor Ines, no lo permitas. -Hazlo por mí, vociferaba el cobarde mientras su
cuñado gimoteaba a su lado temiendo ser el siguiente.

Superado por la situación, el flacucho dejó de prestarme atención para dedicarse a contemplar la
brutal escena que claramente lo estaba superando. Miré a Isabel a los ojos pidiendo permiso y me
empecé a mover despacio. El primero en mi camino al terminar de ascender la escalera fué el
pelado, que al notarme a sus espaldas se dió vuelta alarmado arma en mano. Arma que no pudo
usar porque se la volé usando la bolsa con las duras pelotas como cachiporra. Acto seguido le
reventé la cara de un cabezazo.

El morocho tardó más en reaccionar, ocupado en magrear el culo de Juana, mientras se devoraba
sus suculentas mamas, no advirtió que el flacucho no se animaba a intervenir, cuando lo hizo, se
lanzó sobre él para recuperar su arma dándome la espalda. No llegó. El golpe de la improvisada
cachiporra lo alcanzó en la nuca dejándolo fuera de juego.

Asustado, el flacucho arrojó el arma en la pileta y levantó las manos. Me acerqué a él con una
sonrisa, y cuando más confiado estaba, le rompí la nariz de un frentazo.

Até a los delincuentes con precinto de pies y manos a la baranda, solté a Isabel y tomando en
brazos a la aterrada Juana, acompañé a las mujeres a la casa y me marché dejando atados a los
cuñados donde estaban, vociferando para que los soltara.

Por la tarde, después de la intervención de la policía que se llevó detenidos a los agresores, se
generó una discusión en la casona. Conociendo el motivo del ataque Don Ismael se negaba a
realizar la denuncia, pero la posición firme de Isabel ante la afrenta, doblegó sus temores. Los tres
malechores quedaron procesados por intento de violación y abuso de armas de fuego y gracias a
mi declaración y la de Ramón que presenciamos la reunión, Juan quedó procesado como
sospechoso de instigación. Pero no lo pudieron encontrar.

Al otro día iniciamos la semana con una falsa tranquilidad. Isabel muy nerviosa por la posible
reaparición de Juan, Don Ismael extrañamente cabizbajo, Inés contemplando curiosa cada uno de
mis movimientos y Juana rondándome con hambre atrasada.

Al llegar un nuevo fin de semana, los patrones debieron realizar un viaje urgente a la capital y me
pidieron como favor especial, que me quedara la noche del sábado en la casa vacía de los caseros
como protección de su familia. Juan todavía estaba desaparecido.

Sabiendo cómo se las gastaba ese hijo de puta, acepté sin dudar. Al terminar mi jornada me reuní
con la peonada y rechazando la invitación de Inés de comer en la casa, cené con ellos un suculento
asado servido con abundante vino patero propio de las vísperas del domingo. Pequeño paréntesis
de vidas miserables donde uno se cobija en sus iguales. Noches de risas, de groserías festejadas
por igual por hombres y mujeres sin distinción. Noches de amistad.

Levemente achispado regresé a la casona de servicio y me desnudé sin cerrar las ventanas, que
ocultas al abrigo de la cerrada noche no permitían visión alguna, me tiré en la enorme y antigua
cama de muelles elásticos y grueso colchón de lana y quedé profundamente dormido.

No puedo precisar en qué momento me despertó el quejido de la puerta de entrada del dormitorio
y al observar la silueta recortada por la tenue luz de la luna, pude apreciar la voluptuosa figura de
Juana ingresando ataviada por un indecente camisoncito transparente.

Se subió a la cama deslizándose de rodillas felinamente y se amorró a mi violenta erección con


ansias desmedidas. Con mucho trabajo la separé de su presa y le levanté la cara para hablar con
ella.

 Juana, ¿Qué haces? Ignacio está en la casa. Qué pasa si se da cuenta de lo que estás
haciendo.
 Lo sabe
 ¿Y lo consiente?
 No tiene más remedio, sabe que se ha portado mal. Y tú me has puesto muy cachonda.

Sin nada que rebatir la dejé hacer y ni lerda ni perezosa, al notar mi falo más que preparado se
empaló desesperada. Una cópula feroz, tirándose de los pezones y que la llevó a un orgasmo
violento en pocos minutos. Una cópula de hambre atrasada.

Quedó sobre mi cuerpo ronroneando satisfecha. Pero si pensaba que ahora que había recuperado
los sentidos la cosa iba a quedar ahí, estaba muy equivocada. Para su sorpresa, girándola boca
arriba en la amplia cama y sin desenfundar mi erguida polla, puse sus talones sobre mis hombros y
la follé sin compasión. No soy de contar orgasmos, pero cuando exploté en su interior la mujer
estaba totalmente entregada.

Ni siquiera se quejó cuando a los besos la puse boca abajo y aprovechando mi renovada erección,
la lubriqué con los jugos de su vagina y la enculé sin preguntar. Clareando el día se marchó.
Saciado su repentino frenesí no necesitaba más.

El domingo limpié la piscina, alimenté a los caballos, regué la huerta y me marché sin saludar.
Había tomado una decisión. El lunes retomaría sus tareas Ramón. Me estaba complicando la vida
innecesariamente mezclándome en un complejo mundo de pasiones que me resultaba ajeno. Ya
había tenido una amarga experiencia.

Pero no todo sale como uno lo propone.

El lunes retomé mi rutina y a las seis de la mañana, después de comer una banana, salí a correr
por el bosque. La perfecta alineación de la arboleda permitía la marcha y el arrullo de las hojas en
la fresca mañana era una grata compañía. Regresé a la casa a las seis cuarenta y luego de algunas
elongaciones me arrojé a la laguna a tirar unas brazadas hasta el farallón ida y vuelta.

Retorné a la explanada, me desnudé en el plato de ducha y al terminar de asearme me dirigí al


interior sin vestirme.

 Vaya, vaya , ahora comprendo a mi cuñada.

Inés me estaba contemplando con una sonrisa desde la entrada. Sin inmutarme pasé a la cocina y
luego de calzarme un pantalón corto y una remera la invité a desayunar.

 ¿A qué debo esta sorpresiva invasión de mi propiedad?


 Ja, ja, ja. No seas melindroso. Invasión es la que has hecho tú en la pobre Juana. El domingo
no podía caminar.
 ¿Te ha molestado?
 Para nada, mi hermanastro es un idiota y la tiene descuidada. Le has hecho un gran favor.
Aunque fué un sorpresa, no te hacía tan fogoso.
 Hablando de sorpresa, no creo que estés acá para hablar de tu cuñada. ¿Cómo encontraste
el camino?
 No imaginarás que Ramón, por más amigo tuyo que sea, puede resistirse a un grado uno
frente a un buen escote.
 Ya me va escuchar esa rata traidora.
 Ja ja ja, no te enojes con él, es un buen tipo y me conoce desde chiquilla. Sabe que no
represento un peligro para tí.
 Eso sí que lo dudo, no me queda claro que buscas aquí.
 Lo primero, agradecerte que me hayas defendido de esos asquerosos.
 ¿Y lo segundo?
 Que no me trago que seas un simple peón, he averiguado y sé que tienes a cargo el control
de las parcelas. Quiero que me lleves contigo a recorrerlas. Son el único foco productivo que
ha quedado en pié en estas tierras y necesito saber como lo haces. No me resigno a perder
la tierra de mis padres.
 ¿Aunque el precio a pagar sea casarte con Jhoel?
 No tengas ninguna duda.

Algo en mi estómago se removió ante su confesión. Después del desayuno iniciamos el recorrido y
me asombró su entusiasmo. Verla conversar con la peonada aceptando su sabiduría y
compartiendo mate con sus mujeres, o jugar divertida con sus pequeños hijos y sus mascotas, me
hizo sentir que estaba frente a una gran mujer.

Fuerte, capaz y decidida a cualquier sacrificio para lograr sus nobles objetivos. La gente de las
parcelas también lo notaba, solo ver su emoción cuando una humilde puestera nos regaló un
pañuelo a cada uno para proteger nuestros cuellos del sol del camino lo confirmaba. En ese
momento no tuve dudas de que lo lograría. La tierra la ayudaría.

El jueves retornamos del último recorrido y la notaba meditabunda. Al preguntarle qué le sucedía,
me miró con decisión a los ojos y me soltó…

 Toño, no me engañas. ¿Quién eres tú en realidad? La gente te idolatra, tus conocimientos


exceden ampliamente a alguien de tu edad y te mueves con una soltura que no es normal.
 Soy solo alguien que nació aquí y ha hecho toda la vida lo que has hecho tú esta semana,
abrevar en los ancestrales conocimientos de la gente experimentada. Todo lo que sé es un
compendio de sus amplias experiencias, ellos me han criado. Después fue solo estudiar,
respetarlos, ayudar a ordenarlos y organizarlos y amar mi trabajo. Soy un hijo de la tierra.

Conmovida y con lágrimas en los ojos, escuchaba cada palabra tratando de digerir lo que le
contaba, la miré con una sonrisa y acariciándole la mejilla con la palma de mi mano le pregunté

 ¿Qué planes tienes para mañana? ya hemos recorrido todo.


 Todo no, me falta conocer cómo es tu día ideal.
 O.K. te espero a las ocho para desayunar. Tráete traje de baño.

El viernes estuvo puntual. Vestida con un fino vestido de algodón sobre su traje de baño, unas
sandalias de esparto, un gracioso sombrero de paja y un pequeño bolso para cambiarse.

Desayunamos café con leche acompañado de tostadas de pan casero untadas de mermelada
silvestre y lo acompañamos con jugos de frutas frescas. Media hora mas tarde, luciendo un
hermoso bikini negro que le quedaba de ensueño, se arrojó desde el muellecito rumbo al farallón y
para mi sorpresa, me costó alcanzarla. Era una gran nadadora.

La marea estaba baja al llegar a la caverna, la atravesó intrigada llegando a la pequeña playita y al
rodear la roca centinela, se extasió al contemplar el mar calmo de esa hermosa mañana. Como los
vientos eran propicios, encaré las suaves olas de la rompiente y la invité a seguirme. Cosa que hizo
con un gran entusiasmo.

Al llegar a la bahía y alcanzar la amplia playa, se arrojó de espaldas a la arena.

 Toda una vida viniendo aquí y no conocía esta maravilla.


 Yo también llevo una vida aquí y tampoco te conocía.

Dándose por aludida se puso de rodillas frente a mí y atrapando mi cuello entre sus brazos me
comió la boca. Nos separamos con una sonrisa y me miró a los ojos.

 Gracias

Sin mediar otra palabra, enjuagamos nuestros cuerpos en el mar y retornamos a la casa a través
del bosque tomados de la mano. Al llegar, cruzamos la cocina y nos metimos en el amplio plato de
ducha, nos desnudamos, lavamos nuestros cuerpos sin dejar de besarnos y nos secamos al sol,
durmiendo una pequeña siesta en las tumbonas del muelle.

Al despertar nos miramos a los ojos, y en completa armonía, tomados de la mano pasamos al
dormitorio. La levanté en brazos y la deposité suavemente sobre la cama. Comí su boca con
placer, recorrí su hermoso cuerpo con mi boca y llegué a su intimidad deleitándome con su salobre
humedad.

Saciado de ese manjar, trepé por el cuerpo de mi hermosa y entregada dama y apoyado sobre mis
rodillas intrusé su intimidad. Inés atrapó mi cuerpo con sus piernas y levantó sus caderas
comenzando el baile ritual.

Follamos durante horas, suavemente, entregándonos con la suave pasión de algo más. Al
atardecer, famélicos, cansados y extasiados, degustamos unos pescados al horno acompañados
con papas a la crema y un fresco vino blanco para maridar. Por la noche nos volvimos a amar.

El Sábado por la mañana me desperté solo en la cama. Temiendo que hubiera sido solo una
aventura pasajera más, me dirigí desnudo y apesadumbrado a la cocina y la encontré preparando
el desayuno, vestida solamente con una amplia remera mía.

La tomé por detrás a pesar de sus protestas y metiendo las manos bajo la remera me apropié de
sus tetas mientras le comía la boca. No tardó en empitonarse más de lo que le llevó apagar el
fuego. Tomándose de la mesada, abrió sus piernas y me invitó a entrar.

Desayunamos entre risas después de enjuagarnos en la ducha y quedamos en volver a vernos el


domingo para desayunar. Antes de partir, me pidió el pañuelo que me había regalado la puestera,
lo unió al suyo con un fuerte lazo y lo ató en la baranda del balcón de cara al sol. Una ofrenda que
auguraba el comienzo de un camino en común.

A la mañana siguiente retomé mi rutina y al regresar de mi carrera observé con una sonrisa que
había gente en la casa. Entré a la carrera y quedé congelado ante la presencia de Isabel.

Vestida con unos indecentes pantalones cortos, una remera ajustada y zapatillas de tacón alto me
esperaba parada frente a la mesada.

 Veo que no te agrada mi visita.


 No es eso, pero…
 Esperabas a mi hija… No vendrá, en este momento viaja rumbo a la capital.
 Eso sí que no me lo esperaba, quedamos en vernos hoy.
 Y así era, pero luego de contarme su romántica aventura de muchacha enamorada, le hice
notar que su misión no estaba terminada. No dudo que a tu lado podría ser muy feliz, pero
lo que está en juego es mucho más importante que una dulce historia de amor.
 ¿Le has hablado de lo nuestro?
 Por supuesto que no, no soy tan cruel. Eso es algo que guardo muy dentro mío y que no me
importaría repetir hoy mismo que tenemos todo el día para nosotros.
 Te confundes conmigo, no soy un juguete a tu disposición. Por favor, vete.

Me miró satisfecha con una sonrisa y depositó un suave beso en mis labios

 Gracias, no esperaba menos de tí.

Se retiró dándome la espalda con su andar felino como de costumbre y al abrir la puerta se volvió
en medio de una carcajada.

 Pero si de pronto te sientes muy urgido, te puedo mandar a Juana, ja ja ja.

Salió corriendo antes que la taza que tenía en la mano se estrellara contra el marco de la puerta.
Una vez más, la vida me había jugado una mala pasada.

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La partida de Inés me había golpeado, si. Y lo sentía como una traición. Pero
como una traición a sus propios sueños, no a los míos. Muy distinto a lo que viví
con Tere, una mujer corrupta de base en sus extrañas, que no necesitó mas que
una excusa para salir a la luz.

Enero de 2015

La partida de Inés me dejó golpeado, si bien había sido muy corto el periodo de nuestra
convivencia afectuosa, había vislumbrado un fuego sagrado en su interior que me conmovía.
Llegué a descubrir una persona muy afín a mi forma de sentir la naturaleza. Alguien que
comprendía que los recursos que nos entrega la madre tierra son sagrados y lo agradece. Alguien
dispuesta a colaborar con la naturaleza cuando se enoja y no a combatirla. Alguien que comprende
y respeta, por sobre todas las cosas, el esfuerzo de los que cada día obran el milagro del fruto.

Fué un dolor distinto, un dolor de lo que pudo ser y no fue. un sacrificio innecesario por tener que
ceder ante los intereses y las angurrias de aquellos que precisamente se oponían a nuestro
ideal. Personas que solo impulsadas por el lucro desmedido y la ambición, solo contemplan sus
intereses económicos despreciando el recurso finito que nos provee la madre Tierra y los que la
trabajan. Buitres insensibles necesitados de satisfacer sus más ocultas perversiones sin
importarles el precio a pagar. Pero estaban equivocados si pensaban que me iba a entregar sin
luchar. Mi oculto padre me había dejado un legado y lo iba a respetar.

La partida de Inés me había golpeado, si. Y lo sentía como una traición. Pero como una traición a
sus propios sueños, no a los míos. Muy distinto a lo que viví con Tere, una mujer corrupta de base
en sus extrañas, que no necesitó más que una excusa para salir a la luz.

Sueños rotos, caídas abruptas y proyectos interrumpidos. Lamentos plañideros que sonaban
vergonzosos ante la magnitud de la tarea a realizar.

El mismo lunes posterior a su partida me puse a la labor de continuar lo empezado y comencé a


organizar las actividades tal como las había planeado y estudiado en la Universidad. Que
equivocado estaba. Me bastó hablar con toda la gente que sentía mía para entender que la
realidad caminaba por otro lado. Lo primero era entender que los ritmos de sembrado y de
cosecha no se pueden regir por un simple calendario. Que la Naturaleza tiene su curso y hay que
entenderla y adaptarse a ella. Que los recursos son finitos y hay que alimentar a la tierra. Que
generaciones de campesinos antes que nosotros ya lo sabían.

Debía continuar lo empezado. Cuando retorné al pueblo después terminar la carrera, y nada más
tomar conciencia de quien era, del sacrificio de mis padres verdaderos y el amor frustrado que los
unía, me puse manos a la obra. Nos organizamos con los parcelarios en una cooperativa,
sometimos los ingresos al rendimiento del grupo, me fijé una comisión sobre esos rendimientos ya
que no necesitaba más y era suficiente y después de dos años salimos adelante.

Creamos un municipio y en carácter de administrador, agregué tierras a lo ya donado por mi padre


y cedí parcelas para agregar a la educación, la salud y el esparcimiento de toda la zona y todo lo
financiabamos desde los recursos de la explotación. El gran objetivo de esta innovación, era poder
conservar a gran parte la juventud en el pueblo y prepararla para el futuro.

Enero de 2020

No fué tarea fácil, hubo lluvias y sequías, triunfos y caídas, éxitos y decepciones, gente que luchó y
aquellos que se entregaron. Pero también sufrimos atentados y afrentas de aquellos que no se
rendían. Teníamos la tierra, teníamos la semilla y hasta teníamos la cosecha. Era hora de
consolidar el futuro y para eso deberíamos enfrentar enemigos mucho más sucios que la tarea
diaria.

Finalmente, después de cinco años y en contraposición a nuestro desarrollo, La ballenera no se


salvó. A pesar de no ver más a Inés ni a su familia, estaba en conocimiento de que habían
fracasado en sus planes de salvación. Ella se había casado finalmente con Jhoel, tenían dos hijos
mellizos y después de dos años de esfuerzo esteril, se tuvo que rendir y se mudó a la capital.
Cuando retornaban en verano a disfrutar de la estancia procuraba no cruzarme con ella. Solo
Ramón que seguía al servicio de su patrona me tenía al tanto de su historia.

Todo se había derrumbado cuando la realidad y las deudas acumuladas se los llevaron por delante
y Don Ismael no lo pudo soportar, falleció repentinamente de un ataque al corazón y dejó a Don
David y su parentela sin la posibilidad de ejecutar las turbias deudas producto de los préstamos
usurarios con los que cubrían sus vicios.

Isabel fué la que no lo permitió. Maniobró hábilmente con una sociedad anónima para ceder todos
los terrenos cultivables, a cambio de conservar a su nombre el casco y la periferia cercana a él,
libre de deudas pasadas y futuras por diez años.

Perdieron el acceso a la laguna que se convirtió en coto de pesca público, pero conservaron todo
aquello con lo que disfrutaban en vacaciones. Isabel, que había logrado un gran respeto en la
comunidad, conservó su afición por las cabalgatas. Los campos eran libres de transitar y muchas
veces se la veía pasar bien temprano acompañada con algún joven peón rumbo al muelle de la
laguna. Johel debió conformarse con el papel de un simple consorte y los magros ingresos que le
pasaba su padre.

Pero no todas las batallas estaban ganadas, el hijo mayor de Don Ismaél operó en las sombras y
logró el interés de grupos políticos para que lo ayuden a controlar la incipiente economía del recién
nacido pueblo. Promesas de futuros mejores para los ingenuos campesinos. Impuestos desviados y
obra pública mal administrada serían el recurso.

Para lograr la adhesión de los habitantes agrupados en la fuerte y sana cooperativa, fuente de todo
el bienestar económico de la región, solo necesitaban comprar el voto de los socios de La
Federación Agraria y hacerse de su presidencia en las próximas elecciones.

Claro que no contaban con un detalle.

Marzo de 2020

Los días de reunión de la cooperativa eran días de festejo, bailes divertidos y borracheras, algún
coqueteo, algunos celos y briosas rencillas que no iban más allá de una buena pelea jaleada por la
concurrencia donde no faltaban las apuestas. Nada llegaba a mayores, los más veteranos lo
impedían. Desenfreno sano, matronas calentando a los fogosos muchachones con insultantes
escotes y jóvenes niñas de aparente mirada inocente para conquistarlos.

Los días de festejo en la Federación eran otra cosa. Allí salían a relucir las mejores galas. La ropa
de los domingos, feriados y casamientos hacía su presencia y todos se presentaban orgullosos con
lo mejor que tenían. Jamás se solicitaba personal, la comida la proveían los asistentes y se
sorteaba entre los concurrentes a los que iban a ofrecer el servicio vestidos de gauchos a la más
antigua y rancia usanza. Ese día me tocó a mí y acepté divertido.

Y allí estaba yo, parado en un lateral vestido de gaucho con rastra y aparejos, acompañado de mi
infaltable Ramón. Observando divertidos el ingreso de los concurrentes y el intento de más de uno
de parecer fino y educado tomando las copas con el meñique levantado.

Las mesas estaban numeradas y poco a poco se fué llenando el salón. Pocos minutos antes de que
comenzara la reunión formal, y para evitar que le demuestren su desprecio, apareció la familia de
Don David encabezada por Jhoel llevando orgulloso del brazo a una hermosísima Inés, vestida con
un bonito y discreto vestido floreado de algodón que le quedaba con un guante.

La impresión de volverla a ver después de tantos años, solo fué superada al ver ingresar a Isabel
llevando de la mano a dos hermosos y robustos mellizos de cinco años de edad aproximadamente.
Si de por sí llamaba la atención el porte y el tamaño de las criaturas, más impresionaba la agudeza
con que observaban todo desde la profundidad de sus ojos grises. Más atrás, ingresó Ignacio,
acompañado de su exuberante esposa y un asistente.

Tardó poco en ubicarme Jhoel y hacerme una seña burlona para que me acercara. Seña de la que
tomó nota Inés quedandose pálida al ver de quien se trataba. También tomó nota Ramón, que
partió presuroso a su encuentro para evitar conflictos innecesarios.

Con impostada autoridad, Jhoel rechazó su ofrecimiento y exigió mi presencia bajo coacción de
quejarse con las autoridades del salón.

Antes de que se armara el revuelo contuve a mis briosos compañeros y me acerqué a la mesa con
cara de póquer y falsa sonrisa. Tomé el pedido de los aperitivos sin atreverme a mirar a Inés a los
ojos y me deleite con la sonrisa siempre cachonda de Isabel. Finalmente, después de perderme por
un segundo en los ojos grises de los niños, me acerqué a los varones. Con mucha soberbia me
indicaron con mucha guasa el tipo de vino blanco que querían y las condiciones de temperatura en
que deseaban que se los sirviera. Siempre y cuando, claro, aprobaran la cata.

Minutos más tarde se acercaron las muchachas que atendían la mesa y fueron distribuyendo las
encomiendas entre la gente sentada. Al llegar el turno de los varones, apareció un circunspecto
Ramón portando dos cubeteras de metal con sendas botellas adentro, cubiertas por finas
servilletas blancas de algodón.

La noticia se había corrido por la reunión y todos contemplaban la escena expectantes al saber que
se venía un desplante y una posible pelea. Al retirar las servilletas y encontrarse con sendas
botellas de leche, la hilaridad explotó en el salón inundándolo de carcajadas.

Antes que un enardecido Jhoel saltara contra Ramón y para evitar que la cosa pasara a mayores, el
sonriente Notario que me conocía bien, y sabía la bomba que estaba por estallar, llamó al
comienzo de la asamblea con la campana de ceremonias y citó a Ignacio a exponer sus ideas.

El pálido hombre subió al estrado munido de gruesas carpetas y durante dos horas estuvo
explicando sus planes y los apoyos políticos y económicos con los que contaba, Cines, clubes,
lugares de esparcimiento, plazas, hospitales y un largo delirio de cosas innecesarias para una
comunidad como la nuestra ubicada a solo cincuenta kilómetros de una gran ciudad.

Propuestas populistas para buscar adhesión y enmascarar las gulas por los suculentos recursos
que se deberían emplear. Finalmente, presentó sus avales y antecedentes familiares, la lista de
asociados de la Sociedad que apoyaban su candidatura y llamó a votar.

El notario verificó y asentó todos los documentos y se dirigió a la concurrencia.

 Cómo reglamento de esta Federación, nuestros mayores han estipulado claramente, que
sólo se procederá a la votación de los socios si no hay un acuerdo previo de los presentes o
las mayorías están discutidas. En condición de votar por la presidencia se halla presente el
representante de la estancia Don David acompañado de su hermosa familia, el
representante de la sociedad que ha adquirido la mayoría de La ballenera representado
mediante poder por mi persona, cuyo voto cerrado poseo y la mayoría de los adjudicatarios
de las parcelas de lo que fué La San Ignacio, representados por los diez socios de esta
Sociedad que apoyan la candidatura del Sr Ignacio.

Jhoel e Ignacio paladeaban la victoria anticipada y no se me escapaba la mirada furiosa de Isabel y


la desazón de Inés por lo que estaba por ocurrir. Un rumor intenso de desaprobación e indignación
comenzó a recorrer el salón y antes de que todo se desmadrara, el notario hizo repicar con
violencia la campana para llamar a silencio y seguir su alocución.

 También se encuentra presente en el Salón y se ha presentado como candidato a


presidente de esta Honorable Federación, el propietario de La Mar Chiquita, legítimo
heredero de Don Pedro Cascallares y que en su carácter de propietario indiscutido de todas
las parcelas arrendadas que representan en su conjunto más del setenta por ciento de las
tierras de la región, anula el voto de los representantes de los arrendatarios.

Describir las caras de desconcierto de los rufianes y las miradas asombradas entre los
concurrentes buscando de quien se trataba sería simpático de contar, pero cuando Ignacio
ofendido saltó para interponer una objeción, el notario volvió a hablar.

 Por favor Toño, pasa al frente… Señoras y señores les presento al señor Antonio Cascallares,
próximo presidente de esta Honorable Federación Agraria.

Y todo cambió, el rumor de la peonada dió paso al desconcierto y éste al estallido eufórico. El
estupor de los macarras dió paso a un odio profundo. La sonrisita cachonda de Isabel a la
consternación más absoluta y la apatía de Inés a una fresca sonrisa de confirmación y orgullo.

Luego llegó el desmadre, Jhoel y compañía desaparecieron de improviso de la fiesta, las ropas
molestas volaron de los cuerpos, las mesas se corrieron y estalló la fiesta hasta la madrugada.

Cansado de recibir saludos, felicitaciones, achuchones y más de una sobada de huevos de las
cachondas matronas, me retiré una hora antes del amanecer a descansar y después de firmar
unos documentos con el notario en su pequeña oficina del lugar, me dirigí al estudio del
Presidente. Mi nueva oficina.

Una oficina noble y austera decorada enteramente por los trabajos artesanales de los carpinteros
del pueblo. Pisos de madera lustrada. Paredes blancas de cal. Bibliotecas de pino. Una gran mesa
de cedro y un prometedor y articulado sillón antiguo de roble herencia de los viejos inmigrantes
haciendo juego con un gran sillón de tres cuerpos para las visitas.

Me derrumbé agotado sobre el sillón individual y lo giré para enfrentar el gran ventanal abierto.
Una gran abertura orientada hacia la frondosa copa de un ombú centenario que la protegía del
ingreso del sol del amanecer. Un sinfónico contraste de verde y azul contorneado por el rojo brillo
del incipiente amanecer.

Abstraído en mis pensamientos, noté su presencia. Me recliné en el sillón y choqué con Inés que
me abrazó desde atrás y me dió un sentido y agradecido beso en la mejilla.

 Me has vuelto a salvar y no solo a mí, también a mis sueños, a los de nuestros niños y a los
de todo el pueblo.

Escuchar esas palabras, me conmovieron hasta los huesos, por primera vez hablábamos
abiertamente del tema. No era que no lo sospechara, pero escucharlo de su boca, me tocó el alma.
Me estremeció y recostándome más sobre ella, no fuí capaz de emitir palabra.

 Lamento haber tardado tanto en decírtelo, no sabía cómo reaccionarías cuando lo supieras,
Jhoel es esteril a pesar de presumir haber llenado los campos de bastardos y aceptó casarse
conmigo a pesar de mi embarazo. Tener herederos es lo que más le importaba a él y a su
familia, que por supuesto no sabe nada.

Me dí vuelta despacio temiendo asustarla y ser rechazado, la subí cruzada sobre mis piernas y
acariciandola suavemente, la tomé de la mejilla y le di un suave beso en los labios.

 Como puedes pensar que me podía molestar con todo lo que te quería, no sabes cuánto
tiempo estuve esperando a que volvieras.

 No podía hacerle eso a mi familia, una vez que anunciamos el embarazo las cartas estaban
echadas. Recién hoy he comprendido cuánto me he equivocado, debí luchar contra los
prejuicios de mi madre. No sabes como se quedó cuando se enteró quién eres. Pero ya es
tarde para cambiar las cosas sin dañar a los niños.

Nos miramos a los ojos con ese cariño que nunca había menguado y nos fundimos en un beso que
nos quemó el alma. Las ropas nos duraron lo que tardamos en llegar al sillón y amalgamar
nuestras pieles con pasión desatada.

Con gritos contenidos me recibió entre sus piernas y mordiendo mi cuello con furia me anunció su
orgasmo. El amanecer nos encontró exhaustos, ahítos de la pasión recibida. Temerosa ella de la
pasión reencontrada y feliz yo de la paz recuperada.

El día amaneció hermoso, el sol brillaba furioso sobre las fachadas e Ines se marchó feliz a su
estancia, no sin antes enviarme una foto de sus labios. Todo había cambiado. Ubiqué al notario
que todavía estaba en su oficina terminando toda la documentación y luego de una hora de
discusión y firma de documentos, encaré la salida embobado mirando la foto con el móvil en la
mano. Jamás imaginé que era una despedida.

Salí hacia el este con la esperanza de un nuevo amanecer y al girar hacia el norte, me encontré a
Jhoel y su cuñado escondidos tras el grueso tronco del ombú. No estaban solos, los acompañaba
Juan junto a la misma pareja de matones que los habían humillado en la piscina, ambos con armas
en la mano.

Contemplando sus ojos furiosos comprendí el profundo odio que albergaban y las pocas
posibilidades que tenía. En mi estúpida idea de defensa personal, decidí erguirme y encarar la
situación después de tomar ilusas prevenciones.

 Vaya, vaya, toda la mierda junta. Que muestra de dignidad.


 Ríete cabrón, es lo último que te queda.-Acotó Jhoel
 Estás equivocado, me queda mi orgullo.
 ¿Y de qué te sirve tu orgullo si estás muerto? ¿Acaso pensabas que humillarnos te saldría
gratis?-Agregó Ignacio
 Tu no necesitas que te humillen lo haces solo cada día.

A una señal furiosa suya, los macarras dispararon y me alcanzaron en el estómago. Caí hacia atrás
mirando al este, me detuvo el noble ombú y me deslicé suavemente hasta quedar sentado.

Dos disparos en el pecho culminaron la tarea, pero no pudieron quitarme la sonrisa. Una sonrisa de
orgullo por la tarea realizada y por la nueva esperanza de la semilla sembrada.

Bajé mis manos buscando la tierra y atenacé la longeva raigambre buscando su protección.
Prendido a sus raíces y con los dedos enterrados en la tierra, levanté la vista y me entregué al Sol.

////////

Los gendarmes, tan pálidos y asustados como él, asentían en silencio. En ese
momento la radio del prefecto empezó a hacer ruido con interferencias por la
tormenta eléctrica, provocando que todos peguen un salto.

Diciembre de 2020

Toño

El jueves anterior a las navidades desperté sobresaltado. Una extraña angustia, producto de un
mal presentimiento, me había arrancado de mi inquieto sueño. Amanecí aterido como hacía mucho
que no me pasaba, confiado en la alta temperatura de la noche anterior, había dormido con la
ventana abierta y la brisa fresca proveniente del mar en la madrugada, me había afectado a pesar
de estar vestido.

Sabía que no era la única razón, volver a ver a Ines en la Federación después de tanto tiempo y
descubrir que ya no estaba solo, me había ilusionado. Pero su nuevo abandono me había
golpeado.

Había pasado mucha agua por el arroyo desde que nos despedimos por última vez y desde ese día
no había dejado de pensar en ella. No volví a ser el mismo después de su abrupta partida. No tenía
voluntad para hacer otra cosa que vagar por los caminos y dejar pasar el tiempo. Y la gente lo
notaba, escapaba de mi presencia como si mi tristeza los espantara.

Ir a La Ballenera cada vez me costaba más, los recuerdos me atormentaban. También estaba el
tema de los niños, verlos tan grandes y fuertes y no poder ni siquiera saludarlos me conmovía
hasta las lágrimas. No era tonto, salvo alguna referencia melancólica de su madre cuando me
nombraba o la curiosidad de los niños por saber quien era aquel de quien hablaban, nadie se
interesaba por mi presencia, Ines me ignoraba como si lo nuestro nunca hubiera existido.

Decidí quedarme un rato más en la cama y presentarme en su estancia después del mediodía. Al
llegar, sin ganas de hacer mucho más y recordando tiempos mejores, revisé la quinta y el jardín.
Por la tarde, después de verificar el estado de los caballos en los establos, que estaban
extrañamente inquietos, fuí a despedirme de Isabel a la piscina y encontré el ambiente alborotado.

Ignacio y Johel regresaban de una excursión en gomón por el arroyo, le relataban a su familia que
habían descubierto un lugar maravilloso y estaban organizando una excursión para la mañana
siguiente.

No quise interrumpir y me retiré discretamente, sabía muy bien cuál era ese lugar y no deberían
haber estado allí. Un atropello más de los familiares de Don David. Seguro me esperaba un día
difícil con esa lacra.

Me levanté al amanecer como era mi costumbre y preparé un plan de acción por si mi


presentimiento se hacía realidad. Para colmo, el día había amanecido con mucha humedad y baja
presión, lo que sumado al intenso calor reinante lo volvían insoportable y con pronóstico de
tormenta. Aunque en mi inquietud, yo no lo sentía.

Al llegar a la Ballenera me propuse simular que limpiaba la piscina y antes de empezar, ya estaba
la familia en pleno preparándose para partir. Asombrada al verme allí, Isabel se acercó a mí y en
voz baja me preguntó.

 Que sorpresa…y vestido de gaucho, ja ja ja. Hace mucho que no nos visitas, me alegro de
que el poder no se te haya subido a la cabeza. ¿Ya no te duele ver a Inés con Jhoel?

 Me sigue doliendo como el primer día, pero más me preocupa lo que están por hacer.

 ¿Tienes idea de a donde van?

 Si es donde imagino, van a tener problemas.

 ¿Por qué lo dices?

 Porque son tierras privadas, porque es un lugar peligroso si no se lo conoce y porque se


viene una gran tormenta.

 Entonces acompáñalos.

 No me van a hacer caso, hace una hora que estoy aquí y ni me miran, no quiero dar otro
espectáculo como el de la última vez, fíjate como me ignoran. Oblígalos a llevar salvavidas y
una soga de diez metros como mínimo.

 Entonces voy yo también, vé a buscar el jeep.

 Mejor tráelo tú, no me siento fino para manejar.

Finalmente salimos en tres vehículos, Ignacio y su esposa en su auto, Ines, Johel y los niños en la
camioneta de la estancia con el gomón cargado atrás e Isabel y yo en su jeep doble tracción.
Tomaron el camino del despeñadero y como imaginaba, al llegar al sendero que bordea al arroyo,
doblaron hacia el mar y entraron a La Mar Chiquita por el alambrado recién cortado.

Luego de recorrer tres kilómetros, llegamos a la desembocadura del riacho, que no era otro lugar,
que la playa de arena comida a los acantilados. Un lugar peligroso si los hay.

Durante la marea baja, si el arroyo viene cargado y no se sabe nadar muy bien, la corriente
generada por el curso de agua empuja al bañista hacia mar abierto y al salir del amparo de los
farallones, la corriente paralela a la costa lo arrastra y le hace imposible volver.

Advertí de todo esto a Isabel con expresa recomendación de que no me nombrara para evitar la
irritación de Jhoel y lo único que logré, fue la promesa de Ines, que era una gran nadadora y decía
conocer el lugar, de que iba a estar atenta con los niños, los cuales, excitados, ya se habían puesto
los chalecos salvavidas y se estaban subiendo al gomón que Ignacio y Jhoel habían llevado al
agua.

Juana, entretanto, luciendo un escueto bikini se estaba encremando sentada en una lona junto a
Isabel. Yo me quedé de guardia sentado sobre el capot del jeep. Si bien la marea estaba baja,
soplaba una leve brisa del norte y el mar estaba calmo, el peligro continuaba. Por suerte los niños
remaban cerca de la orilla e Ines los controlaba nadando paralelo a la costa entre farallones.

Los hombres departían en la arena despreocupados de sus hijos junto a las mujeres, cuando
repentinamente todos mis temores se hicieron realidad y el viento cesó de soplar presagiando el
cambio de clima.

Me paré sobre el capot y mientras les gritaba que salieran del agua sin que nadie me escuchara,
salí disparado por el farallón norte en el momento exacto que un intenso viento del oeste comenzó
a soplar arrastrando al bote a mar abierto.

Ines, alertada por mis gritos y sorprendida por mi presencia, se había acercado a los niños y de un
salto, alcanzó a agarrarse de la soga perimetral del gomón, siendo arrastrada junto a ellos en
medio de los gritos desesperados de los que estaban en la playa.

Al temer que lo único bueno que quedaba de mí desapareciera, un terror inaudito me llenó de
energía y me impulsó a saltar al agua antes de que lleguen a mar abierto. Al emerger, con un par
de brazadas logré tomarme de la embarcación del lado opuesto a Inés y mientras la corriente nos
arrastraba mar afuera, le indiqué a los niños que se echaran al piso.

Luego dí la vuelta, intimé a inés colocarse el otro salvavidas y le grité que se atara con la soga,
indicándole que una vez que yo volviera al otro lado, entre los dos debíamos mantener el bote
equilibrado para que no se voltee, ya que solo era un gomón liviano para fines recreativos.

De la misma forma en que comenzó, el viento dejó de soplar media hora después, indicando el
pronto comienzo de la verdadera tormenta. Sabiendo lo que se venía y el peligro que eso
significaba para Inés y los niños, me cargué de una fuerza inesperada y tomándome fuertemente
de la popa empecé a patalear. Intimé a mi amada a subir al gomón, y que sentada a horcajadas
sobre el borde, tomara una pala y remara en diagonal hacia la orilla que apenas se divisaba.
Mientras tanto, los niños echados en el fondo del bote, me miraban con los ojos desorbitados sin
entender de dónde había salido.

Poco a poco fue llegando el viento del este y a formarse olas mas grandes, Cuando alcanzamos la
rompiente ya eran importantes y empezamos a barrenar rumbo al acantilado provocando el terror
de Ines

 ¡NOS VAMOS A ESTRELLAR!


 ¡CÁLLATE Y REMA!

 PE…PERO

 ¡QUE TE CALLES MIERDA…REMA!

A treinta metros del acantilado divisé la roca negra y blanca y la faja de arena que desaparecía
rápidamente, y hacia allí le hice dirigir el bote para la desesperación de la muchacha que no veía
escape posible.

Barrenando la última ola alcanzamos la arena y luego de que Inés se desatara, los obligué a todos
a arrastrar el gomón por la semi inundada playa. Rodeando la roca centinela encontramos la
caverna todavía transitable para la tranquilidad de Ines y la atravesamos a la carrera, llegando a la
orilla de la laguna justo cuando se desató el vendaval.

Botaron el gomón y protegidos en parte por el farallón, remaron en dirección a la otra orilla,
llegando a la mitad del recorrido se largó una lluvia torrencial que los caló hasta los huesos.

Al llegar al muelle junto a mi casa y mientras yo dejaba el bote a la deriva, Ines ayudó a los
aterrados niños a subir a la vivienda. Entraron ateridos a la gran cabina de ducha y recibieron con
alivio la lluvia de agua caliente abrazados entre ellos, mientras tanto, yo me deleitaba aliviado con
la escena, no necesitaba ducha alguna, mi fuego interior me mantenía tibio. Ya no tenía frío.

En ese preciso instante comenzaron las descargas eléctricas.

Del mueble del pasillo les hice tomar dos toallones para los niños y una salida de baño para Inés,
les indiqué donde estaban los baños y les pedí que al salir, trajeran los bañadores porque los iban
a necesitar.

Media hora mas tarde, Inés los sacó del lavasecarropa, los repartió para que se vistieran y repartió
también unas remeras mías para que se pusieran encima. Mientras tanto, afuera

la tormenta arreciaba con toda la furia.

Aprovechando que los niños contemplaban extasiados a través de la cristalera de la sala de estar,
el espectáculo de la caída de rayos sobre mar abierto, su madre les preparó un chocolate caliente
que devoraron con fruición. Inés a la cabeza. A mi no me pasaba bocado,

Cuando vió que la miraba sonriente se disculpó

 Perdón por los modales, estaba famélica y el chocolate me puede.

Al terminar, sacó juegos de mesa para compartir con los chicos y evitar que se concentren en la
furia del temporal. Tenerlos cerca había logrado que la sangre me vuelva al cuerpo y recuperara
mi vigor, sabiendo que era pasajero.

A la alegría de haber salvado a los niños, que a los seis años eran unas criaturas hermosas y llenas
de vida, se le sumaba la presencia de Ines más hermosa que nunca. Su cuerpo había madurado
bien, sus mamas se erguían orgullosas, su cintura se mantenía estrecha como si no hubiera parido
y su culo lucía más tentador que nunca. No recordaba cuánto tiempo había pasado desde la última
vez que ví con deseo a una mujer.

Como de costumbre en estas tormentas, al anochecer se cortó la energía eléctrica y les enseñé a
derivar el sistema eléctrico hacia la baterías, que gracias a los paneles solares durante el día y al
molino de viento trabajando a full, ahora se mantenían con carga plena. La iluminación de led
aportaba poca carga.

Después de cenar decidimos que Ines y uno de los niños durmieran en la cama grande y acostó al
otro en la de invitados, mientras tanto, ella trataría de comunicarse por la radio con los prefectos.

DESESPERACIÓN

Simultáneamente en La Ballenera, era todo una locura. Isabel mandó a llamar a Ramón, éste avisó
a la prefectura y al llegar por la noche en un unimog, ya que el arroyo estaba desbordado,
encontraron un caos absoluto de gritos y reproches.

 Te avisó que no se metieran, pero claaaro… ¿Qué va a saber el peón? Por lo menos él trató
de hacer algo ¿Tú que hiciste? Cobarde.

Le gritaba ahogada en llanto, Juana a Ignacio.

 Pero cómo le podíamos creer a ese bruto que apareció de la nada vestido de gaucho, si
parecía un loco, no viste como gritaba. Encima el día estaba brillante - acotó Jhoel

 Por lo menos el tuvo huevos y se jugó por los niños. - Contestó compungida Isabel.

 ¿Llamas tener huevos a suicidarse como un idiota?Perdóname pero yo paso.

Ramón escuchaba el ida y vuelta sin entender, miró a los gendarmes y los vió tan inquietos como
él…todo volvía a ocurrir.

 ¿De quién están hablando?

 Del idiota de tu amigo To…

Jhoel no alcanzó a terminar la frase, ya que Ramón furioso y pálido como un muerto, ya lo había
derribado de un tortazo.
 Toño te dijo que no se metan y no le hicieron caso? ¿Son idiotas? Él se crió nadando en esas
aguas, nadie las conoce como él. Además ¿Que hacían ahí? Es propiedad privada.

Como nadie contestaba, siguió hablando solo

 Por otro lado…si los niños están con él... están a salvo - Agregó con la mirada perdida.

Isabel lo miró con una triste ternura.

 Me fascina la fé que le tienes a tu amigo, pero tu no viste la tormenta, es imposible que…

 Isabel, yo sé lo que le digo, tratándose de él…nada es imposible.

Los gendarmes, tan pálidos y asustados como él, asentían en silencio. En ese momento la radio del
prefecto empezó a hacer ruido con interferencias por la tormenta eléctrica, provocando que todos
peguen un salto.

 Ggghhhh…ggghhh…niños….bien…. gggghhh

Ramón saltó de la silla y con la mano temblorosa y lágrimas en los ojos, tomó el micrófono
mientras los gendarmes y el personal de servicio se persignaban.

 Inés…¿Eres tú?¿Los niños están contigo?

 Si…ggghhhhh…bien…gggghhh…Toño también.

 Cabrón, que susto me ha pegado el maricón.

 Este gggghhh...maricón dice que te va a ...ggghhh...rroides para adentro...ggghhh…

 Ja ja ja...Ya los vamos a buscar.

 No...ggghhh...niños durmiendo, mañana...gggghhh…vamos con el tractor.

En medio de la algarabía, con Isabel y Ramón abrazados y llorando a lágrima viva aunque por
diferentes motivos, armaron un campamento a la espera de que calme la tormenta y pasaron la
noche en la estancia. A media mañana, apareció Inés conduciendo el tractor, traía a los niños
divertidos en improvisados asientos sobre los guardabarros traseros.

Nada más llegar a la tranquera, bajaron corriendo y mientras los niños se abrazaban a su abuela,
contándole felices la aventura, Inés e Isabel se estrecharon llorando profundamente conmovidas.
Mientras tanto, Ramón y el personal de servicio agradecían al cielo de rodillas.

Cuando todos se calmaron e Inés trató de agradecerle a Toño por su arrojo, este había
desaparecido.

La noche anterior

Inés apagó el equipo con una sonrisa en el rostro, No solo había logrado comunicarse para llevar
tranquilidad a la familia, sino que había vuelto a hablar con Ramón después de tanto tiempo. Había
olvidado cuánto quería Toño a ese hombre y su familia. Buscó al muchacho por toda la casa para
agradecerle todo lo que había hecho y no lo encontró, finalmente, cansada por el esfuerzo, se fue a
dormir

La mañana siguiente

El día amaneció hermoso, y el sol brillaba furioso sobre las calmas aguas. Inés levantó a los niños y
les sirvió el desayuno a todos entre risas. A media mañana apareció Toño y los guió al cobertizo
para emprender el regreso.

Cuando los niños vieron el imponente tractor y la improvisada ubicación de los asientos donde
serían amarrados, saltaban de alegría a pesar de la dudas de su madre ante la insistencia de Toño
de que ella condujera..

Para calmarla y que estuviera entretenida, Toño la guiaba por los caminos sumergidos bajo un
gran espejo de agua y parado tras ella, le iba indicando las maniobras guiándose por la arboleda
sobre la banquina, en especial al llegar al puente sobre el arroyo, del que solo asomaban las
barandas laterales.

Al llegar a la tranquera y ver a toda la gente reunida, a Inés bajar a los niños y correr al encuentro
de su gente, supo que su papel en ese drama estaba cumplido, solo quedaba un pequeño paso
antes de partir y todo dependía de la reacción de Inés cuando supiera la verdad.

Una hora más tarde

Ines e Isabel, observaban al personal rezando de rodillas y sonreían agradecidas, entendían el


motivo de la conmoción, pero las asombraba tanta devoción. Finalmente Isabel tomó la palabra.

 Ramón, te agradecemos tu sentimiento, pero esto ya nos parece demasiado. Tú sabes que
no somos tan creyentes.

 ¿Es que acaso ustedes no lo saben?

 ¿Saber qué? Por favor...No nos asustes que están los niños escuchando.

 Toño fué asesinado la misma noche que lo eligieron presidente de la confederación.

Al otro día

Lo encontrò sentado sobre la baranda que da a la laguna, como si la estuviera esperando. Agotada
la fuerza vital que lo devolvió a la vida, parecía etéreo. Inés casi podría jurar que veía el mar a
través de su cuerpo.

Cuando se quiso acercar para abrazarlo, Toño la detuvo levantando su mano.

 No me queda mucho tiempo, necesito que me escuches. Vuelve con Ramón y busca en las
raíces del lugar donde pasé a otra vida.

Y sin una palabra más, se dejó caer de espaldas. Se diluyó con su adorada laguna y solo sus ojos
grises anunciaban su deriva. Al llegar a la gruta parcialmente inundada, el gran centinela lo saludó
a su paso y se fundió con el mar.

El legado
No tardaron demasiado Inés y Ramon en encontrar el móvil escondido entre las raíces del viejo
ombú y llevarlo a la policía. Con los audios y videos recuperados, los días en libertad de Jhoel, su
cuñado, Juan y los macarras, estaban terminados.

La semana siguiente el notario citó a Ines e Isabel a su despacho y les comunicó que Toño había
nombrado a sus hijos de sangre como herederos y a Inés como administradora de los bienes. A
Ramón y su familia les cedió su parcela.

Por último, salvo un perímetro de dos hectáreas alrededor de la casona principal que no eran
suyos, donó al pueblo todas las tierras de La ballenera desde la sociedad que también le
pertenecía, con el objeto de conservarla como reserva natural.

Enero de 2022

Y aquí estoy, hablando con un puto bicharraco como si hubiera perdido la razón. Superada la
impresión pero totalmente golpeada por la coincidencia, me suelto de la puerta y me acerco
despacio a la gaviota que me observaba con curiosidad.

Temiendo asustarla, voy estirando mi brazo derecho con suavidad para intentar tocarla. Necesito
saber si no estoy soñando. A centímetros de que la punta de mis dedos alcancen sus plumas, el
bicho se envara.

Me mira furioso con sus inquitantes ojos amarillos, tensa el cuello y emitiendo un ensordecedor
graznido se caga sobre los pañuelos con una intensidad tal, que no deja tela sin tapar. Acto
seguido me mira con desprecio y vuela hacia el mar

Quedo paralizada, con la boca abierta, incapaz de emitir palabra. Pero lentamente una quemazón
comienza a brotar desde mis entrañas y una risa profunda de sentidas carcajadas me confirman la
verdad. Me asomo al balcón y comienzo a gritar

 Ja, ja, ja. Huye maldito, huye, pero tu opinión sobre lo nuestro me da igual.
 ¡Allí donde te halles, te volveré a encontrar!.

FIN

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