0% encontró este documento útil (0 votos)
28 vistas9 páginas

Karl Marx

El marxismo, fundado por Karl Marx y Frederic Engels, es una filosofía y ciencia que busca transformar la sociedad a través de la comprensión de las leyes del desarrollo capitalista, enfocándose en el proletariado como agente de cambio. Marx critica la alienación del ser humano en la sociedad capitalista, donde el trabajo se convierte en una fuente de desposesión y separación de la esencia humana. A pesar de la percepción de la 'muerte del marxismo', su relevancia persiste mientras existan condiciones de explotación y opresión.

Cargado por

leyrecap
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
28 vistas9 páginas

Karl Marx

El marxismo, fundado por Karl Marx y Frederic Engels, es una filosofía y ciencia que busca transformar la sociedad a través de la comprensión de las leyes del desarrollo capitalista, enfocándose en el proletariado como agente de cambio. Marx critica la alienación del ser humano en la sociedad capitalista, donde el trabajo se convierte en una fuente de desposesión y separación de la esencia humana. A pesar de la percepción de la 'muerte del marxismo', su relevancia persiste mientras existan condiciones de explotación y opresión.

Cargado por

leyrecap
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

KARL MARX

1.​ INTRODUCCIÓN
2.​ EL SER HUMANO: LA ALIENACIÓN Y SUS FORMAS
3.​ LA DIALÉCTICA. EL MATERIALISMO HISTÓRICO.
EL MATERIALISMO DIALÉCTICO

1. INTRODUCCIÓN

¿Qué es el marxismo?, ¿una ciencia?, ¿una praxis revolucionaria? Pues, lo es todo a la vez. Es una
filosofía, una concepción del mundo y de la historia no especulativa y materialista, que, totalmente
vinculada a las ciencias positivas, se presenta como una ciencia, y que tiene, además, la pretensión de
“transformar el mundo”.

En efecto, Karl Marx y Frederic Engels, los padres del marxismo, conscientes de las condiciones de
miseria en que vivían las clases trabajadoras de su tiempo -[Link]-, llegaron a la convicción de que las
causas de esta situación eran sociales. En consecuencia, intentaron descubrir las leyes del desarrollo
de la sociedad capitalista, convencidos de que si conocían la anatomía y la fisiología de este sistema
económico de producción, dispondrán de una ciencia que les serviría de guía para transformar la
sociedad y cambiar las condiciones de vida. Ahora bien, aleccionados por el fracaso de los creadores
de utopìas (en el sentido de que no es suficiente con tener un bonito y armónico modelo de
organización social para que los seres humanos lo hagan suyo y lo adopten), se plantearan cuál de
las clases sociales estaría preparada, por sus condiciones objetivas, para llevar a cabo el
proyecto de transformación de la sociedad. Así pues, los fundadores del marxismo se lanzaron a
dos tareas: la de elaborar una ciencia para guiar la acción y la búsqueda de un sujeto que
tomase, sin ningún tipo de reservas, esta ciencia como guía.

La tarea de elaborar una ciencia rigurosa y eficaz para analizar la situación social, a mitad el siglo XIX,
era bastante difícil, ya que no existía ninguna ciencia social y la ciencia experimental existente (la de
Galileo, Newton, Laplace) era demasiado especulativa y contemplativa com para poder aplicarla a los
procesos naturales. Por eso, Marx escribió: “los filósofos no han hecho más que interpretar de diversas
formas el mundo, pero ahora lo que hace falta es transformarlo”. Y para transformarlo se necesita de
una buena teoría dialéctica (“solo ella permitirá elaborar un cuadro metódico del universo como un
todo; solo ella permitirá apoyarse en los resultados obtenidos por las ciencias para producir una
imagen del mundo apropiada para nuestro tiempo”).

La aplicación de esta ciencia al estudio a la sociedad capitalista les llevará a la conclusión de que solo
los trabajadores, el proletariado, la clase social que no vive de explorar a ninguna otra, y que no tiene
nada que perder más que sus cadenas y, en cambio, tiene un mundo que ganar, estaba en disposición
de llevar la teoría marxista a la práctica. También estaban convencidos de que esta transformación de
la sociedad solo era posible con el esfuerzo generoso de millones de hombres y que la movilización de
estos millones de hombre era una tarea muy compleja y exigía la aplicación apasionada de esta
cienda de la sociedad recién nacida.

El marxismo ofrece, entonces, (por primera vez en la historia), una teoría científica, racional y
dialéctica, dirigida a desarrollar, orientar y empoderar la solidaridad de los trabajadores, explotados y
oprimidos por unas estructuras productivas, con el propósito de sumar esfuerzos y conseguir así su
emancipación, que no es sino la emancipación de la humanidad. Esta faceta del marxismo es la que

1
más atracción ha despertado entre las clases menos favorecidas de las sociedades industriales y las
masas empobrecidas del tercer mundo: la llamada constante a la fraternidad de los oprimidos y a su
solidaridad consciente contra la clase explotadora ha ganado fervientes adhesiones para el marxismo.

Por tanto, lo que el marxismo ha aportado a la historia del conocimiento humano, son las líneas
básicas para elaborar: 1) Una concepción científica de la historia y del mundo, abierta a recibir y
integrar las nuevas aportaciones de las ciencia, que viene a sustituir a las concepciones filosóficas
obsoletas para una sociedad que ha hecho la revolución industrial. 2) Una ciencia que pretende acoger
e integrar todo la experiencia nacida de la actividad humana en todos los órdenes de la vida y que
puede guiar la acción de la humanidad: unidad de la teoría con la práctica para sacar a las ciencia
del limbo de la contemplación y de la autosatisfacción. 3) La unidad de la ciencia con el
humanismo, que no consiste solo en el hecho de poner como centro de todas las preocupaciones la
emancipación de la humanidad de toda explotación y de toda opresión social y física (militar y
policiaca), sino, lo que es más difícil todavía, el ayudar a los humanos a liberarse de las opresiones
espirituales externas y, sobre todo, de aquellas que están instaladas en las propias conciencias,
como consecuencia de las presiones institucionales políticas y religiosas, al servicio de esta
humanismo ponen Marx y Engels todo su esfuerzo teórico.

Es este humanismo revestido de carácter científico lo que ha hecho que el marxismo haya sido una
corriente de pensamiento muy atractiva y de gran difusión. Su enorme expansión, su influencia en
millones de personas, su poder de captación y su fuerza persuasiva que hizo que muchos sufrieran
persecuciones, torturas e, incluso, pusieran en juego su propia vida con tal de defenderlo y propagarlo,
fascinaron tanto a intelectuales europeos, antes y después de la segunda guerra mundial, que buena
parte de ellos se apropiaron de aquellos elementos de la teoría marxista que más convenía a sus
intereses. Y esto porque ser marxista o creerse maexista llegó a ser un signo de prestigio y condición
indispensable para ser considerado y ganar seguidores. De aquí la proliferación del “ marxismos” (
“desarrollo” o “correcciones” del marxismo: el reformismo de Bernstein, los socialdemócratas, el de
Gramsci, el de Adorno, el maoísmo, el che-guevarismo…).

Hoy, a mediados del siglo XXI, se habla de la “muerte del marxismo”. El hecho de que la gran mayoría
de partidos políticos modernos hayan abandonado la teoría marxista como la base de su praxis política
y, sobre todo, el hundimiento de las dictaduras comunistas de los países del Este de Europa -la caída
del telón de acero-, parece que corroboran esta afirmación. Ahora bien, mientras haya seres y pueblos
que se sientan explotados y oprimidos siempre habrá lugar para un sistema de pensamiento que
represente una actitud de reacción y de confrontación respecto del sistema económico capitalista
causante de esta injusta situación y que, para fundamentarse teóricamente, acudirá a las ideas del
marxismo.

2
2. EL SER HUMANO: LA ALIENACIÓN Y SUS FORMAS.

Marx elaboró en su juventud (a propósito de la crítica a la filosofía de Hegel, Feuerbach y a la


economía política inglesa) una concepción del ser humano (llamada “humanismo”) que le servirá de
fundamento para su crítica social y política de las ideologías. Su antropología condicionará, entonces,
su filosofía.

Marx critica a Hegel el que considere que el ser humano es una esencia (una autoconciencia), un
concepto. Critica a Feuerbach: a) por pensar que la actividad auténtica humana es la teoría y
menospreciar la actividad práctica y b) por concebir la naturaleza humana de forma abstracta: piensa
el ser humano separado de la historia y de sus relaciones sociales. Crítica la economía política porque
ve en el ser humano solo un animal de trabajo, una bestia reducida a sus necesidades vitales, y
porque concibe el trabajo como una cosa, una mercancía.

Según Marx, aquello que caracteriza al ser humano es el ser un ser natural en construcción: un ser
que se hace a sí mismo. Siguiendo a Darwin, opina que el ser humano, como ser natural, es similar a
los animales y ha surgido de la evolución a partir de los mamíferos superiores, y como los animales,
tiene unas fuerzas y unas necesidades vitales. Ahora bien, a diferencia de ellos, el ser humano no
tiene una naturaleza acabada, cerrada, que se mantiene invariable a través del tiempo. Bien al
contrario, el ser humano se hace a sí mismo, en la sociedad y a lo largo de la historia, mediante el
trabajo, con el cual transforma la naturaleza. Gracias al trabajo se produce un fenómeno de
diferenciación y de intercambio entre el hombre y la naturaleza: fabricando cosas el ser humano se
fabrica/construye a sí mismo. El hombre empieza su historia como ser humano desde el momento
en que empieza a trabajar.

Por tanto, para Marx, el ser humano es un ser activo siendo el trabajo su actividad principal. Es
necesario superar la concepción de que el ser humano es una animal teórico (concepción que
proviene de la sociedad esclavista griega, donde eran los esclavos quienes transforman la naturaleza.
Mediante el trabajo el ser humano entra en relación con la naturaleza y la transforma (la naturaleza
aparece, así “ como su obra y su realidad”), pero también con los otros seres humanos
construimos la sociedad, de aquí que la esencia humana no sea nada abstracto sino el
conjunto de las relaciones sociales.

Ahora bien, las condiciones de trabajo en la sociedad capitalista llevan al ser humano a una situación
de alienación. Etimológicamente, deriva del vocablo latino “alienare”, significa transmisión de una
propiedad o cualidad a otro, y puede tener diversas acepciones (así, en sentido económico, sería la
transmisión de una propiedad de una persona a otra, en sentido jurídico, la transmisión que el
individuo hace de su libertad a la sociedad -el contrato social de Rousseau, por ejemplo-, en sentido
teológico, sería la acción por la cual Dios crea y produce el mundo). En todo caso, la alienación
supone siempre dos elementos o dos polos, y la acción de uno de ellos por la cual le traspasa
al otro algo.

Marx utiliza el término alienación para referirse a cualquier situación en la que el ser humano
queda desposeído de algún aspecto esencial de él mismo (el trabajo, la conciencia…) de manera
que aquello que era suyo deviene algo ajeno e independiente de él. La alienación expresa la dualidad
o desgarro que se produce en el interior del ser humano entre lo que materialmente es y lo que es
ficticiamente. Por tanto, la alienación es todo aquello que separa al ser de su propia naturaleza,
aquello que le proyecta fuera de sí y de su naturaleza, tomándole o quitándole, en consecuencia, una
parte esencial de él mismo, lo que determina que ya no sea él sino algo extraño y alejado de su

3
verdadero ser. Como consecuencia de la alienación el ser humano deviene un ser desgarrado y,
por tanto, desgraciado.

Ahora bien, como la alienación es un producto humano , el ser humano podrá eliminarla, pero para eso
hará falta estudiar (teoría) y transformar las relaciones sociales que le han llevado a la alienación
(praxis).

Antes de explicar cuales son para Marx las causas de este desgarro en el ser humano y ver sus
formas, acudiremos a la concepción de Hegel y Feuerbach porque ellos hablaban primero de
alienación y así podremos entender el sentido de la alienación maerxista.

LA ALIENACIÓN EN HEGEL

Para Hegel, la realidad es la idea o el Espíritu, y se caracteriza por ser dinámica, dialéctica, ya que
tiene en sí misma una contradicción que le lleva a salir de sí mismo y a objetivarse en la naturaleza.
Por tanto, cuando la idea se objetiva, se hace objeto, se aliena (la idea en sí se convierte en idea para
sí, el sujeto se enfrenta al objeto); de esta contraposición surge la síntesis: la idea se reencuentra en
ella misma, sujeto y objeto se van encontrando en las actividades propias del espíritu. Para Hegel,
entonces, la alienación es necesaria para que pueda haber conocimiento, es decir, identificación
(sujeto y objeto) y tiene un carácter teórico.

LA ALIENACIÓN EN FEUERBACH

En Feuerbach la alienación tiene carácter religioso y será propia del ser humano y no la idea. En
efecto, como ya sabemos, Feuerbach invierte los términos: en lugar de idea pone la materia, el ser
humano concretamente. El ser humano necesita conocerse, saber quién es, entonces se enfrenta
consigo mismo, se propone a sí mismo como un objeto de conocimiento. ¿Y cómo lo hace?
Proyectando fuera de sí un conjunto de cualidades que le pertenecen (justicia, verdad,
bondad…): todas estas cualidades las otorga a un ser fuera de él que nombra Dios. Dios, no es,
entonces, sino una proyección del ser humano. Ahora bien, si el hombre se detiene en este
primer momento, la afirmación de Dios, el ser humano se aliena. Por tanto, el ser humano ha de
volver a encontrarse consigo mismo y recuperar aquello que es suyo. ¿Dónde? En ese Dios que él
mismo ha creado: proyectando sus propias cualidades en Dios, el ser humano se ha conocido a sí
mismo. Así, cuando el ser humano se da cuenta de que Dios es tan solo una ser pensado, entonces
se atribuye a sí mismo estas cualidades divinas, niega a Dios, se reconcilia consigo mismo y deja de
estar alienado.

LA ALIENACIÓN EN MARX

Según Marx, el ser humano vive alienado como dice Feuerbach, pero esta alienación religiosa es
secundaria o derivada: desaparecerá cuando se elimine la alienación económica que es la raíz de
todas las alienaciones del ser humano. En efecto, la alienación del ser humano viene originada por la
situación en la que se encuentra el obrero en el sistema de producción capitalista. La alienación
humana es, entonces, básicamente una alienación económica.

4
A)​ ALIENACIÓN ECONÓMICA

Hemos visto cómo el ser humano, mediante el trabajo, no solo transforma la naturaleza sino que se
hace a sí mismo , se produce así mismo, construye su personalidad. Con el trabajo el ser humano se
proyecta sobre los productos que hace, pone en los objetos producidos algo de su forma de ser. Por
tanto, el producto es una objetivación del trabajador, el producto tiene, entonces, “rostro humano”
(de esta manera la naturaleza queda humanizada en tanto que el ser humano se exterioriza, se
manifiesta en ella).

Ahora bien, si se establece una distancia entre el trabajo y su fruto, entre el trabajador y el objeto
producido, el trabajador se aliena, porque queda separado de aquello que es suyo, ya que el
trabajador se había proyectado en el objeto producido y ahora no reconoce como suyo aquello que le
pertenece. Y justo esto es lo que pasa en el sistema de producción capitalista: el trabajo, que debería
ser el medio con el cual el ser humano se realice como ser humano, deviene la causa de su
alienación, de su desgarro interior. ¿Por qué pasa esto?
En la sociedad capitalista el trabajador no ve el producto fruto de su trabajo como algo que le
pertenezca, sino que lo ve como algo extraño, es decir, independiente y distinto de él, ya que el
producto pertenece y se lo queda el propietario de los medios de producción, del capital. El trabajador
ha perdido, entonces, todo dominio sobre el producto de su trabajo. Además, el mismo acto de la
producción, el trabajo, es visto por el trabajador como algo que no le pertenece, ya que no es él quien
lo controla sino que sus condiciones le vienen impuestas, por tanto, “en el trabajo no se afirma sino
que se niega”, de aquí el odio del trabajador al mismo trabajo y el amor a las vacaciones. El trabajo
ha pasado a ser forzado y el trabajador se siente fuera de sí en el trabajo, por eso el trabajo ya no es
la satisfacción de una necesidad sino un simple medio de satisfacer las necesidades fuera del trabajo.
La consecuencia del carácter alienante del trabajo en la sociedad capitalista es que el trabajador solo
se siente libre en sus funciones animales (beber, comer, dormir…), mientras que en sus funciones
humanas (el trabajo) se siente como un animal. “Lo que es animal deviene humano, y lo que es
humano deviene animal”.

El ser humano, entonces, no se ve como necesario en la actividad productiva sino que se ve como
un medio, como una mercancía que se compra y se vende por un salario, además, la división
social del trabajo para hacerlo más productivo y el no acceso del trabajador a los medios de
producción determinan que el trabajo no sea ya un proceso creador en el cual pueda manifestar
su personalidad y se realice como ser humano, sino algo mecánico y forzoso que le aliena. En
efecto, el trabajador, al vender su fuerza de trabajo a otro hombre que la utiliza para enriquecerse, y
dado que el trabajador se realiza en el trabajo, cuando ven su fuerza productiva vendiéndose, lo que
ve es que vende su fuerza, su personalidad para que otro haga lo que quiera, con la cual cosa el
trabajador se convierte en instrumento de otro hombre, El ser humano queda así degradado a
cuerpo, a instrumento.

El trabajador, por tanto, ve la naturaleza no como su obra (“su cuerpo inorgánico”), sino como una
propiedad de otro y, por tanto, como algo extraño. Y aunque el ser humano es capaz, a diferencia de
los animales, de trabajar no solo para satisfacer sus propias necesidades sino también para los otros y
para la transformación del mundo en favor de la especie humana, llega también a ver al otro como
un extraño, “como el ser extraño a quien pertenecen el trabajo y el producto del trabajo”. De aquí que
Marx reprocha al capitalismo el hecho de haber hecho del trabajo una actividad forzada y dolorosa y
haber reducido al ser humano a un pellejo.

Ahora bien, esta alienación por ser un producto del ser humano, ya que tiene su origen en las
relaciones de producción del sistema económico capitalista, puede superarse mediante la praxis

5
revolucionaria: solo el comunismo (entendido como supresión de la propiedad privada, del capital)
podrá eliminar la alienación económica y todas las otras formas de alienación que de ella se derivan y
podrá humanizarse el ser humano y la naturaleza. La alienación económica, que es la básica,
determina las otras formas de alienación; veamoslas.

B)​ ALIENACIÓN RELIGIOSA

Para Marx el fenómeno religioso no es un fenómeno aislado e independiente del ser humano sino que
es un producto de las relaciones de producción. La religión, como ya observó Feuerbach, es alienante
porque no da ninguna solución a los problemas humanos: es tan solo un espejismo que engaña al ser
humano con falsas soluciones. De aquí que Marx considera la religión como el “opio del pueblo”. En
efecto, el ser humano proyecta sus características hacia el cielo, divinizándolas, de esta forma el ser
humano real se desdobla en un mundo imaginario donde espera encontrar la aplicación “de un código
penal celestial” que imponga la justicia que en la realidad social y terrenal no hay. Y claro, alienado en
la religión, el ser humano, como el fumador de opio, no se ocupa de su realidad como ser humano, no
hace nada por romper sus cadenas que le someten a los otros seres, esperando el más allá
paradisíaco donde encontrará remedio a todas sus miserias. Esta forma de alienación, según Marx,
desaparecerá con la llegada de la futura sociedad sin clases porque no habrá lugar para la explotación
económica del hombre por el hombre.

C)​ ALIENACIÓN FILOSÓFICA

La filosofía, entendida como un conjunto de representaciones e ideas, constituye un forma de


alienación por dos razones: 1) porque se limita a interpretar la realidad, y ya hemos dicho que el ser
humano es, sobre todo, un ser activo, no contemplativo; 2) porque la interpreta falsamente, ya que la
validez de una teoría se fundamenta en su praxis, y la filosofía no comporta ninguna praxis. Por tanto,
lo que Marx critica a la filosofía es su carácter especulativo, teórico.

D)​ ALIENACIÓN SOCIAL Y POLÍTICA

La alienación social se origina de la división de la sociedad en dos clases antagónicas, burguesía y


proletariado, división fundamentada en la propiedad privada del capital. Esta distinción alimenta las
desigualdades sociales y anula la libertad del proletariado, que ve como cada día que pasa se
empobrece más y cada vez se encuentra más sometido, mientras que la burguesía incrementa su
riqueza y su poder.

La alienación política fomenta en la existencia del mismo Estado (“sociedad civil”), un Estado
hegeliano que no hace posible la libertad de todos los ciudadanos porque no es un juez imparcial
frente las luchas entre las dos clases sociales antagónicas, bien al contrario, impone unas normas
jurídicas que refuerzan un determinado sistemas económico de producción, el capitalista, a la vez que
divide a los obreros en grupos ideológicos ficticios. De esta manera el sistema político aliena a los
ciudadanos al crearles la ilusión de una igualdad frente a la ley que es totalmente falsa: la mayoría de
la población, la clase proletaria, está desposeída de su libertad. Con este fin todo sistema social y
político segrega ideologías, conjunto de ideas y sublimaciones que dan una imagen falseada y
falseadora de la realidad y de las condiciones en que se desarrolla la vida del ser humano. Con las
ideologías, el sistema pretende justificar la situación real: toda ideología tiene como pretensión

6
presentar como lógica la situación del explotador y del explotado, ya que la ideología dominante es
siempre la de la clase explotadora.

Para Marx, la ideología y el pensamiento de una sociedad están determinados por la organización
y la estructura de su vida económica, de manera que las ideas que se sostienen en cada época
siempre están estrechamente ligadas a la actividad material y a las relaciones que esta establece. Por
eso, la alienación económica va acompañada de una enajenación política e ideológica. Las actividades
intelectuales y espirituales (el derecho, la moral, la metafísica o la religión), al servicio de la clase
dominante y primordialmente realizadas por esta, producen representaciones y teorías bajo la
influencia de las formas de producción de la época en la que se desarrollan. En este punto es donde
Marx se erige como maestro de la sospecha, en su afirmación de que es la economía, entendida
en sentido amplio como estructura material de una sociedad, la que determina las formas de
pensar. Los productos de la conciencia no son inocentes: sirven para justificar, defender y perpetuar el
orden establecido.

3. LA DIALÉCTICA: EL MATERIALISMO HISTÓRICO (hismat)


EL MATERIALISMO DIALÉCTICO (diamat)

Hegel introdujo la dialéctica en su filosofía. Para él la dialéctica era una concepción de la realidad (una
ontología) y el método de la ciencia (una lógica). Estos dos aspectos eran inseparables, ya que razón
y realidad coinciden, por tanto si todo proceso real era dialéctico la razón había de proceder también
dialécticamente. Como ontología, la dialéctica es una concepción que entiende la realidad de manera
dinámica, es decir, como un proceso circular que consta de 3 momentos y el motor del cual es la
contradicción, la oposición. Estos 3 momentos, en terminología de Fichte, son la tesis (1r momento de
afirmación), la antítesis (2n momento de negación) y la síntesis (3r momento de negación de la
negación, momento de superación de las contradicciones o reconciliación).

Marx utilizará la dialéctica hegeliana pero hará una inversión: es la realidad (materia) aquello que es
dinámico, dialéctico, y no la idea, y este proceso dialéctico es revolucionario, es decir,
transformador de la propia realidad. Además, mientras en Hegel, la dialéctica se presenta como
sistema, es decir, como la interpretación de un mundo y de una historia ya concluidos y acabados, en
Marx la dialéctica se nos presenta como un proceso abierto e inacabado, en tanto que la historia y el
mundo están inacabados, y, por tanto, no pretende solo interpretar la realidad sino transformarla.
También discrepa de Hegel en el sentido que en el tercer momento de la dialéctica, la síntesis, no se
conservan las contradicciones precedentes sino que se eliminan.

No obstante, a Marx le interesaba bien poco la dialéctica de la naturaleza, y fue su colega Engels
quien aplica la dialéctica a la interpretación de la naturaleza dando lugar así al materialismo
dialéctico (DIAMAT). Marx, en cambio, aplicará la dialéctica a la historia y a la economía originando
así el materialismo histórico (HISMAT). El materialismo histórico, que representa la elaboración
fundamental de Marx, no es sino la aplicación a la historia y a sus procesos los principios de la
dialéctica. Comportará, por tanto, una teoría científica sobre la formación y el desarrollo de la sociedad
y su transformación, siendo su objeto el descubrimiento de las leyes que regulan este desarrollo y que
permitirán su transformación y clarificar el lugar del ser humano en el mundo. El materialismo histórico
es, entonces, una teoría que comporta una praxis revolucionaria.

El materialismo histórico, pero, no supone la afirmación que todo lo que existe es materia y solo
materia. Marx no fue tan ingenuo como para negar la inteligencia, el espíritu o la conciencia. Su
materialismo consiste en pensar que la naturaleza es independiente de nuestro pensamiento y que el

7
ser humano la transforma mediante el trabajo, por la cual cosa la naturaleza “real” es la naturaleza
transformada por el ser humano e introducida en el proceso histórico. Por tanto, lo que Marx expresa
con su materialismo es que la producción, distribución, intercambio y consumo de bienes con que
los seres humano satisfacemos nuestras necesidades, es decir, el sistema económico, son las
raíces de la mentalidad que desarrollamos, de las leyes que elaboramos y de la forma cómo nos
gobernarán. Dicho de otro modo, para Marx, la materia es el “sistema de producción de bienes” o la
“relaciones económicas de producción”.

Por tanto, el materialismo histórico es la interpretación de la historia a través de la materia (en el


sentido que acabamos de exponer): la materia a través de un proceso dialéctico va haciendo historia.
La historia, entonces, no la hacen los seres humanos (los “héroes”) ni tampoco es el fruto de la
dirección de la providencia divina, sino que su sujeto son los factores económicos. Para Marx el
fundamento de todo orden social es la PRODUCCIÓN, las relaciones económicas de la producción, ya
que son la representación de la necesidad primaria de los individuos: su afán de vivir ( los seres
humanos a diferencia de los animales en el momento que empiezan a producir sus medios de
subsistencia, operación que está condicionada por su organización corporal). “No es la conciencia
del ser humano la que determina su ser, sino que es el ser social quien determina su
conciencia”, es decir, el ser humano no es como piensa, sino que piensa según como es, según
como vive.

Si la base de todo orden social es la producción y desde la producción se explica toda la historia, la
estructura de una sociedad dependerá de los factores de producción y de los sistemas de
producción. Así pues, la esencia de la historia radica en las relaciones de producción. Por supuesto
que Marx reconoce la existencia de otros factores en la sociedad (los llamados “factores espirituales”
-derecho, moral, Estado, religión…-), pero todos estos factores no son más que
SUPERESTRUCTURA que dependen y se originan de las relaciones de producción o
INFRAESTRUCTURA.

El MATERIALISMO DIALÉCTICO es la aplicación a la naturaleza de los principios de la dialéctica, es


decir, es el intento de explicar el mundo a partir de una materia (“todo lo que existe objetivamente”),
desarrollo que aparece regido por las leyes de la dialéctica, de la lucha de contrarios (tesis,, antítesis,
síntesis). El proceso de elaboración del marxismo es posterior al materialismo histórico: lo elaborará
Engels y lo culminará Lenin.

Para Marx y Engels solo hay dos tipos de filosofía: el idealismo, que se caracteriza por dar primacía
al espíritu sobre la materia (a la conciencia sobre lo real), y el materialismo. Las afirmaciones básicas
del materialismo son:

1)​ No existe más realidad que la materia, que es una realidad objetiva conocida a través de
las sensaciones; el mundo exterior, entonces, tiene existencia propia y esta es
independiente de cualquier mente o espíritu.

2)​ Esta naturaleza material es dinámica; ella misma, a través de contradicciones, de


cambios que se producen en sí misma, va engendrando formas superiores de realidad.
La materia, entonces, automotriz, creadora de su propio movimiento (contrariamente a lo
que afirmaba el materialismo mecanicista de Demócrito o de Moleschott).

En este proceso dialéctico de despliegue, la materia pasa de ser inanimada a ser materia viviente
-vegetal-, después la materia viviente deviene sensitiva -animal- y cuando llega a cierto grado de
complejidad (cuando la masa encefálica es suficientemente compleja) aparece la conciencia, el ser

8
humano. La materia, así a través de la lucha instalada en su propio seno, avanza hacia formas de
realidad cada vez más complejas. Por tanto, la conciencia (entendida como la capacidad de
comprender -inteligencia-, de amar y decidir libremente -voluntad-) es un producto, una
manifestación o fenómeno de la materia, inseparable de ella pero superior a ella. Se pueden
distinguir diversos tipos de conciencia: la conciencia de sí o autoconciencia (conocimiento de las
propias actividades), la psicología (conocimiento propio y ajeno), la de clase (de los intereses del
grupo) y la social (de la superestructura ideológica que se origina en la sociedad).

El proceso dialéctico de la materia no se origina al azar sino que está regulado por una leyes. Estas
leyes, leyes de la dialéctica marxista, tiene la propiedad de la fundamentación (son la base sobre la
que se fundamenta el sistema materialista), de objetividad (su existencia no depende del ser humano)
y de triple aplicación (en tanto que se aplican al universo, al pensamiento humano y a la sociedad, es
decir, a la naturaleza, al ser humano y al proceso histórico).

1a) Ley de la conexión universal.


2a) Ley del salto cualitativo
3a) Ley de la unidad y la lucha de contrarios

A través de este proceso dialéctico caracterizado por los 3 momentos, tesis (afirmación), antítesis
(negación) y síntesis ( negación de la negación) se realiza la evolución del universo, evolución que
tiene un carácter progresio y perfectivo, El materialismo dialéctico, igual que lo era el histórico, será
también optimista: la evolución siempre avanza hacia arriba, va de lo más simple a lo más complejo.

En resumen, estos son los rasgos característicos del materialismo dialéctico:


-​ existe una realidad que es independiente de nosotros
-​ estos cambios a veces son graduales y a veces bruscos
-​ de los cambios cuantitativos surgen a veces cambios cualitativos
-​ organismo y sociedad se desarrollan a partir de tensiones internas que se resuelven en
un nuevo estado equilibrado
-​ estas generalizaciones se fundamentan en una gran cantidad de pruebas procedentes de
muchos campos de investigación (esto está en concordancia con el carácter científico del
pensamiento marxista).

También podría gustarte