GEOPOLITICA Y NUEVOS NEGOCIOS
MARRUECOS
Marruecos es un país ubicado en el noroeste de África, en una posición
geográfica estratégica entre Europa y el resto del continente africano. Esta
ubicación pone al país una importancia geopolítica significativa, influyendo en
sus decisiones políticas, económicas y diplomáticas.
El país está situado entre el océano Atlántico y el mar Mediterráneo, y
limita por tierra con Argelia y con la región del Sáhara Occidental. Al norte,
Marruecos está separado de Europa por el estrecho de Gibraltar, con una
distancia de tan solo 14 kilómetros de España. Esta cercanía con el continente
europeo influye tanto en su política exterior como en sus relaciones
comerciales. Además, Marruecos posue en su territorio dos enclaves españoles
(Ceuta y Melilla) que también condicionan su relación con Europa y con
cuestiones de soberania.
El país es una monarquía constitucional dirigida por el rey Mohammed
VI, quien ejerce una gran influencia tanto en el ámbito religioso como en las
decisiones estratégicas del Estado. Marruecos se presenta como una nación
que busca un equilibrio entre la modernización y la preservación de los valores
tradicionales. A pesar de los importantes avances en infraestructura, educación
y desarrollo tecnológico, el país aún enfrenta desafíos como el desempleo
juvenil, la desigualdad social y las tensiones políticas internas, especialmente
relacionadas con la cuestión del Sáhara Occidental
El Sáhara Occidental representa um entrave en la geopolítica marroquí.
Marruecos reivindica la soberanía sobre este territorio, considerándolo parte
integral de su nación. Sin embargo, el Frente Polisario - un movimiento
separatista - lucha por la independencia del Sáhara Occidental, contando con
el apoyo de Argelia. La comunidad internacional mantiene posturas divergentes
sobre este asunto, sin que exista un consenso generalizado sobre la soberanía
del territorio.
Esa falta de consenso claro reflejada en las posturas divergentes de los
actores internacionales y la prolongada ineficacia de las gestiones de la ONU
para celebrar un referéndum, perpetúa la inestabilidad y exacerba las tensiones
regionales además de intensificar las relaciones diplomáticas de Marruecos,
especialmente con Argelia. Eso, por su vez, genera un impacto negativo en la
integración del Magreb y limita su potencial económico y político.
En términos de recursos, Marruecos es extremadamente rico en fosfato,
siendo el mayor exportador del mundo de este mineral esencial para la
producción de fertilizantes. Además, su economía se ve fortalecida por la
agricultura, que incluye la producción de frutas cítricas, aceite de oliva y el
aceite de argán, muy valorado a nivel internacional. Otro sector fundamental es
el automotriz, ya que el país es el mayor productor de vehículos de África,
deteniendo fábricas de grandes marcas como Renault, Peugeot y Fiat, que
producen principalmente para la exportación. A esto se suman inversiones
significativas en energías renovables, como la solar y la eólica, destacándose
el Complejo Solar de Uarzazat, uno de los más grandes del mundo, o que
contribuye a su seguridad energética y a su imagen como país moderno y
sostenible.
En el ámbito de las relaciones exteriores, Marruecos mantiene vínculos
estrechos con países europeos, especialmente con España y Francia, que son
sus principales socios comerciales. Exporta productos manufacturados,
alimentos y vehículos, mientras que importa tecnología, combustibles y
equipos.
Sin embargo, esta relación va más allá de lo puramente comercial, ya
que también implica complejas dinámicas en la gestión de los flujos
migratorios, donde Marruecos actúa como país de tránsito y, en ocasiones,
como socio de la Unión Europea en el control de la inmigración irregular. Estas
dinámicas migratorias generan tensiones y desafíos, especialmente con
España, y requieren una cooperación estrecha y un diálogo constante para
abordar cuestiones como los derechos humanos, la seguridad fronteriza y la
lucha contra las redes de tráfico de personas.
Con China, Marruecos ha ampliado la cooperación en infraestructura,
transporte y energía. Esta relación tiene como objetivo la estrategia marroquí
de diversificar sus socios y atraer inversiones para su desarrollo económico.
En contraste, su relación con Argelia está marcada por tensiones
históricas y una fuerte rivalidad, principalmente debido a la cuestión del Sáhara
Occidental. Las fronteras entre ambos países permanecen cerradas desde
1994, y sus gobiernos intercambian frecuentemente acusaciones diplomáticas.
Un ejemplo reciente y significativo ocurrió en 2021, cuando Argelia rompió
oficialmente las relaciones diplomáticas con Marruecos, mientras que este
último acusa a Argelia de apoyar política, militar y financieramente al Frente
Polisario, un movimiento separatista que reivindica la independencia del
Sáhara Occidental.
La religión también desempeña un papel central en la identidad nacional
de Marruecos, que es oficialmente un país musulmán. El Islam es
predominante y está profundamente integrado en la vida social y en las
instituciones del Estado. Así, el país utiliza este aspecto religioso como un
componente clave de su estratégia, buscando promover una imagen de Islam
moderado y tolerante. Esto se manifiesta, por ejemplo, en la formación de
imanes y líderes religiosos de otros países africanos en el Instituto Mohammed
VI para la Formación de Imanes Morchidine, una iniciativa que busca
contrarrestar el extremismo y fomentar el diálogo interreligioso. Además,
Marruecos utiliza la diplomacia religiosa para fortalecer sus lazos con países de
mayoría musulmana, así como para construir puentes con otras naciones
interesadas en promover la tolerancia y la coexistencia.
Sin embargo, este fuerte vínculo con la fe islámica puede, en ciertos
contextos, representar un factor que complica las relaciones internacionales,
especialmente con países cuyos valores culturales y políticos difieren en
cuestiones sensibles como las costumbres, los derechos civiles o la libertad
religiosa.
Además, la religión influye en aspectos prácticos de las relaciones
comerciales, como la exigencia del sello Halal en los productos alimentarios
importados, especialmente las carnes, que deben ser sacrificadas de acuerdo
con los preceptos islámicos. La certificación Halal no es solo una cuestión
religiosa, sino también un criterio regulatorio importante en el comercio de
alimentos con Marruecos.
De este modo, Marruecos se posiciona como un país influyente en su
región, aprovechando su ubicación estratégica, sus recursos naturales y su
diplomacia activa para proyectarse como un polo de estabilidad y desarrollo. La
geopolítica marroquí revela un Estado que busca constantemente ampliar su
presencia internacional, al mismo tiempo que enfrenta complejos desafíos
internos y regionales.
En esencia, Marruecos quiere del mundo:
Asociaciones económicas y comerciales que impulsen su desarrollo y
diversificación, atrayendo inversión extranjera y facilitando el acceso a
los mercados globales, especialmente el europeo.
Un papel de liderazgo en la región del Magreb y en el continente
africano, promoviendo la cooperación, la seguridad y la estabilidad, y
actuando como mediador en conflictos potenciales.
Una imagen positiva como país tolerante, moderno y comprometido
con el desarrollo sostenible, que equilibra su identidad cultural y religiosa
con la apertura al mundo.
Para lograr estos objetivos, Marruecos emplea una estrategia multifacética:
Diplomacia activa y diversificada: Marruecos busca fortalecer sus
lazos con una variedad de actores internacionales, desde Europa y
Estados Unidos hasta China y países africanos, adaptando su discurso y
sus prioridades a cada território.
Desarrollo económico y reformas: El país invierte en sectores clave
como la industria, las energías renovables y la agricultura para impulsar
el crecimiento, generar empleo y reducir la desigualdad social, buscando
así fortalecer su estabilidad interna y su atractivo para la inversión.
Influencia cultural y religiosa: Marruecos promueve un Islam
moderado y tolerante, buscando proyectar una imagen de apertura y
diálogo, y utiliza la diplomacia religiosa para fortalecer sus lazos con
otros países, especialmente en África.
Gestión cuidadosa de los desafíos: Marruecos busca gestionar de
manera pragmática los desafíos que enfrenta, como el conflicto del
Sáhara Occidental, las tensiones con Argelia y las presiones migratorias,
priorizando la estabilidad y la búsqueda de soluciones a largo plazo.
Todavia, el camino de Marruecos no está libre de obstáculos. A largo plazo,
el país deberá abordar cuestiones como la consolidación de sus instituciones
democráticas, la gestión de las expectativas de una población joven y cada vez
más exigente, y la adaptación al cambio climático y a los desafíos de la
globalización. La forma en que Marruecos enfrente estas cuestiones
determinará su éxito frente sus ambiciones geopolíticas y su papel en el mundo
del siglo XXI.
REFERENCIAS
CIA. (2025). The World Factbook: Marruecos. Agencia Central de Inteligencia
de EE. UU. [Link]
Oxford Centre for Islamics Studies. (2025). Perfil del país: Marruecos.
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UNCTAD. (2025). Perfil económico de Marruecos. Conferencia de las Naciones
Unidas sobre Comercio y Desarrollo. [Link]
Banco Mundial. (2025). Perfil de país: Marruecos.
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Al Jazeera. (2025). Noticias y análisis sobre Marruecos.
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BBC News. (2025). Perfil de Marruecos. [Link]
africa-14123260
HalalFocus. (2025). Noticias globales sobre la industria halal.
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Le Monde Diplomatique. (2025). Dossier sobre el Magreb y el Sáhara
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