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La obligación alimentaria en Puebla es un derecho fundamental que garantiza la subsistencia mínima de los miembros de la familia, especialmente de grupos vulnerables, y se caracteriza por su naturaleza irrenunciable e imprescriptible. Este derecho abarca no solo necesidades básicas como alimentación y vivienda, sino también educación y salud, y es de orden público, promoviendo la solidaridad y reciprocidad entre parientes. En caso de incumplimiento, el Estado actúa como obligado subsidiario, asegurando que nadie quede desamparado por falta de vínculos familiares.

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La obligación alimentaria en Puebla es un derecho fundamental que garantiza la subsistencia mínima de los miembros de la familia, especialmente de grupos vulnerables, y se caracteriza por su naturaleza irrenunciable e imprescriptible. Este derecho abarca no solo necesidades básicas como alimentación y vivienda, sino también educación y salud, y es de orden público, promoviendo la solidaridad y reciprocidad entre parientes. En caso de incumplimiento, el Estado actúa como obligado subsidiario, asegurando que nadie quede desamparado por falta de vínculos familiares.

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De los alimentos y sus derivados

La obligación alimentaria es una institución fundamental del derecho familiar


poblano, cuya naturaleza jurídica se caracteriza por su énfasis en la solidaridad
social y su relevancia como mandato de orden público.

Desde la perspectiva doctrinal y jurisprudencial se ha señalado que los alimentos


constituyen “una de las máximas expresiones de solidaridad y mutua ayuda” entre
los miembros de la familia y representan “uno de los más elementales derechos de
la persona” para garantizar la subsistencia mínima1.

En este sentido, la Suprema Corte enfatiza que el deber alimentario protege a los
grupos vulnerables (niños, discapacitados, adultos mayores) y se configura como
una institución de orden público2.

Igualmente, en la práctica se concibe al derecho a los alimentos como un derecho


fundamental –garantizado por la Constitución y diversos tratados– pues está
vinculado al acceso a una vida digna.

Autores y guías jurídicas recuerdan que este derecho “es de orden público e interés
social” y se encuentra reconocido por instrumentos internacionales como la
Declaración Universal de Derechos Humanos, el Pacto Internacional de Derechos
Económicos, Sociales y Culturales y la Convención sobre los Derechos del Niño3.

El contenido de la prestación alimentaria es integral y va más allá de cubrir sólo


necesidades básicas inmediatas. El Código Civil de Puebla lo define abarcando
alimentación, vestido y habitación, así como asistencia médica en caso de
enfermedad (Art. 497 CC Pue)4.

1
Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN). Temas selectos de Derecho Familiar: Alimentos.
México, 2022.
2
Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN). Jurisprudencia relevante en materia de alimentos,
México, 2021.
3
Justia México. “Preguntas y respuestas sobre pensión alimenticia”.
https://mexico.justia.com/familia/pension-alimenticia/.
4
Congreso del Estado de Puebla. Código Civil para el Estado Libre y Soberano de Puebla. Última
reforma publicada en el Periódico Oficial del Estado.
A estas categorías básicas la ley local añade componentes formativos: para los
menores incluye “los gastos necesarios para la educación primaria y secundaria” y
la capacitación en un oficio o profesión adecuada (Art. 498 CC Pue)4.

Incluso protege a hijos mayores que estudian, reconociéndoles el derecho a seguir


recibiendo alimentos hasta obtener su título profesional (Art. 499 CC Pue)4. Para las
hijas adultas se extiende la obligación hasta el matrimonio o hasta que tengan
medios propios (Art. 500 CC Pue).

En términos doctrinales, este contenido integral refleja el reconocimiento de que la


alimentación incluye no sólo bienes materiales (sustento, vivienda, ropa) sino
también servicios esenciales de salud, educación y cultura que permiten el
desarrollo pleno (por ejemplo, asistencia médica, escolarización y esparcimiento)3.

Una nota esencial de la naturaleza jurídica del deber alimentario es su


irrenunciabilidad e imprescriptibilidad. Tanto la doctrina como la jurisprudencia
coinciden en que este derecho no queda sujeto a la voluntad de las partes.

En palabras de un estudio de la SCJN, “el acreedor alimentario no está facultado


para declinar su derecho a recibir alimentos”, y cualquier renuncia es nula al ser un
derecho tutelado incluso contra la voluntad del titular5.

El propio legislador poblano lo expresa claramente: el artículo 512 del Código Civil
local dispone que “el derecho de recibir alimentos no es renunciable ni puede ser
objeto de transacción”6. De igual modo se destaca su carácter imprescriptible. La
doctrina nota que los alimentos “tienen los caracteres irrenunciables,
imprescriptibles” y ni siquiera admiten compensación7.

La jurisprudencia de la Corte añade la precisión de que la imposibilidad de prescribir


el crédito alimentario no impide que las pensiones atrasadas queden sujetas al plazo
general de prescripción aplicable a las prestaciones periódicas5.

5
Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN). Estudio sobre la irrenunciabilidad e
imprescriptibilidad de los alimentos. México, 2020.
6
Ibidem, arts. 510–512 CC Puebla.
7
González Paredes, Clara. Derecho familiar y alimentos. México: Porrúa, 2019.
En conjunto, estos rasgos (orden público, carácter social, irrenunciabilidad e
imprescriptibilidad) subrayan que la obligación alimentaria surge de un imperativo
legal de interés general, que trasciende acuerdos entre particulares5.

En el contexto del derecho familiar, la alimentaria se justifica como un deber de


reciprocidad nacido del parentesco y del matrimonio. Se ha señalado que
representa una manifestación de los valores familiares de unidad y asistencia
mutua8.

El principio de proporcionalidad o equidad también informa su regulación: la cuantía


de los alimentos se ajusta a las posibilidades del deudor y a las necesidades del
acreedor9, de modo que ni se impone más de lo que el obligado puede pagar, ni se
entrega menos de lo que el alimentista necesita para vivir dignamente.

Así, las leyes contemplan límites justos al deber (por ejemplo, si el alimentista
recupera su capacidad de sustento la pensión puede cesar, Art. 511 CC Pue⁶, o si
la necesidad proviene de una conducta impropia el juez puede reducir la pensión,
Art. 510 CC Pue⁶).

En todo caso, la norma promueve la reconciliación de intereses con base en la


equidad: dispone incluso que el deudor puede cumplir incorporando al alimentista a
su familia o mediante una pensión económica adecuada⁴.

Sujetos obligados y acreedores

El Código Civil de Puebla establece un orden de prelación entre los parientes y


convivientes para determinar quiénes deben proporcionar alimentos. En primer
lugar, rige la obligación recíproca entre padres e hijos: “los padres están obligados
a dar alimentos a sus hijos y los hijos están obligados a dar alimentos a sus padres”
(Art. 487 CC Pue)10.

8
García Máynez, Eduardo. Derecho civil familiar. México: Porrúa, 2020.
9
Código Civil del Estado de Puebla, art. 503.
10
Código Civil del Estado de Puebla, arts. 486–496.
Esta reciprocidad general se consagra en el artículo 486 del mismo código: “la
obligación de dar alimentos es recíproca; el que los da tiene a su vez el derecho de
recibirlos”10.

En línea con ello, la jurisprudencia civilista resalta que la solidaridad familiar implica
que quien contribuye al sostenimiento de otro adquiere un derecho simétrico a ser
sostenido en caso de necesidad⁸.

En el supuesto de que los padres no puedan cumplir (por fallecimiento, incapacidad


económica o ausencia), el código encarga la obligación a otros familiares cercanos.

Primero a los ascendientes (abuelos) y demás parientes en línea ascendente más


próximos (Art. 488)10. Si tampoco ellos pueden, pasa a los descendientes en línea
recta (hijos mayores hacia los menores) conforme al Art. 489¹⁰. En seguida, la
obligación recae en los hermanos (Art. 490) y, de forma subsidiaria, en los parientes
colaterales hasta el cuarto grado (Art. 491)10.

Este escalonamiento refleja la idea de que los más cercanos en grado (ya sea por
línea directa o colateral) deben asumir la prestación, sin perder de vista su
capacidad económica individual (según el principio de proporcionalidad del Art. 503
CC Pue⁹).

Los acreedores alimentarios en estos casos son perfectamente determinados por la


ley y ejercen un derecho personalísimo: no es transmisible a terceros ni se extingue
por muerte del deudor (más allá de las pensiones caídas prescritas).

El matrimonio y el concubinato constituyen otras fuentes de la obligación


alimentaria. El CC Pue señala que los cónyuges se deben alimentos en los casos
que marca la ley (Art. 492)10.

De igual forma, «quienes vivan en concubinato» tienen la misma obligación


recíproca, equiparándose jurídicamente a los cónyuges en este aspecto¹⁰.

La doctrina y la jurisprudencia federales respaldan esta equivalencia: se define al


concubinato como una unión de hecho análoga al matrimonio, generando derechos
y deberes recíprocos entre los concubinos, entre los cuales está el de darse
alimentos11.

De hecho, el legislador federal ha llegado a consagrar que «los concubinos están


obligados, en igual forma, a darse alimentos» cuando cumplen ciertos requisitos 12.
En la práctica poblana ello significa que, mientras subsista la unión, ambos
convivientes deben contribuir al sustento mutuo.

Tras la disolución del matrimonio o la ruptura del concubinato, los derechos


alimentarios no desaparecen automáticamente. El Código Civil local estipula que
los excónyuges o exconcubinos pueden reclamar alimentos en casos especiales
(Arts. 493-495)10. Por ejemplo, el alimentante deberá seguir pagando al
exconcubino o excónyuge que demuestre su necesidad y carezca de medios
propios, dentro del año siguiente a la ruptura (Art. 493).

La Suprema Corte ha indicado que, aun en divorcio, la pensión alimenticia no se


considera sanción contra el cónyuge disidente, sino obligación solidaria que persiste
mientras subsistan las cargas económicas desiguales13.

Asimismo, el artículo 494 CC Pue establece que cónyuges, concubinos e hijos


alimentistas tienen derecho preferente sobre los bienes e ingresos del obligado,
asegurando con ello la efectividad del pago¹⁰. Este derecho preferente también se
reconoce a los excónyuges y exconcubinos alimentistas (Art. 495)10.

En último término, el Estado actúa como obligado subsidiario. El artículo 496 del
Código Civil poblano dispone que “el Estado debe dar alimentos a los menores,
mayores incapaces, enfermos graves y ancianos que los necesiten y no tengan
parientes obligados”4.

Es decir, en ausencia de cualquier familiar o conviviente responsable, la entidad


pública sufraga lo necesario y luego puede reclamar a los parientes en línea
(exigiéndoles el reembolso con intereses).

11
SCJN, tesis jurisprudencial sobre concubinato y alimentos, 2022.
12
Cámara de Diputados. Código Civil Federal. Art. 291 Bis.
13
SCJN. Jurisprudencia 1a./J. 91/2012 (10a.).
Este mecanismo refuerza la visión de la alimentaria como derecho público y social:
garantiza que nadie quede desamparado por falta absoluta de vínculos familiares.

En suma, el entramado normativo poblano ordena los sujetos de la obligación


alimentaria conforme al parentesco y unión familiar, siempre bajo principios de
equidad y reciprocidad. Cada vínculo (parentesco directo, cónyuge, concubino,
Estado) define una fuente legal de la prestación, la cual se realiza en proporción a
la capacidad del deudor y a las necesidades del acreedor (Art. 503 CC Pue) 9.

Todo ello se enmarca en una concepción del derecho alimentario como mandato
social de orden público, indivisible y fuertemente protegido, cuyo incumplimiento
acarrea sanciones jurídicas y la intervención oficiosa de la autoridad.

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