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Valoración de La Ciencia Aplicada en La Sociedad Actual: Rating of Applied Science in Today's Society

El artículo aborda la valoración de la ciencia aplicada en la sociedad actual, centrándose en la acelerada producción de conocimientos científicos y los nuevos roles de los científicos. También se destaca la preocupación social por la verificación de conclusiones científicas y la demanda de una mayor democratización de la ciencia. Se enfatiza la necesidad de un seguimiento ciudadano en la política científica y la vigilancia de los efectos de los productos científicos en la calidad de vida.

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Valoración de La Ciencia Aplicada en La Sociedad Actual: Rating of Applied Science in Today's Society

El artículo aborda la valoración de la ciencia aplicada en la sociedad actual, centrándose en la acelerada producción de conocimientos científicos y los nuevos roles de los científicos. También se destaca la preocupación social por la verificación de conclusiones científicas y la demanda de una mayor democratización de la ciencia. Se enfatiza la necesidad de un seguimiento ciudadano en la política científica y la vigilancia de los efectos de los productos científicos en la calidad de vida.

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Valoración de la ciencia aplicada en la sociedad actual

Rating of applied science in today's society

Miriam MÉNDEZ COCA


Centro Universitario Villanueva. Universidad Complutense de Madrid
[email protected]

Sociedad y Utopía. Revista de Ciencias Sociales #43. Julio de 2014 (pp. 32 – 46)
Fechas: Recibido 17-12-2013; Evaluado 26-04-2014; Aceptado 02-06-2014 | ISSN: 2254-724X
RESUMEN

En el presente artículo se tratan dos asuntos interesantes sobre la valoración de


la ciencia en la sociedad actual. El primero se refiere a la acelerada producción
de conocimientos científicos, el dinamismo social de la ciencia y los nuevos roles
del científico. En el segundo se observa una cierta preocupación social sobre la
insuficiente verificación de las conclusiones científicas y la exigencia social de
una mayor democratización de la ciencia.

Palabras Clave

Dinamismo científico. Rol mediático del científico. Valoración. Democratización de


la ciencia

ABSTRACT

This essay focuses on two interesting points about the valuation of the science in
the society today. The first point is the rapidly accelerated production of scientific
knowledge, the social dynamism that involves the scientific production and the
emergence of the new roles of scientists. The second point is the social concern
about the insufficient verifications of scientific developments and the social
demand for the democratization of the science.

Key Words

Scientific dynamism, Media role of scientist, Valuation. Democratization of the


science

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Valoración de la ciencia aplicada
en la sociedad actual
Miriam Méndez Coca

1.- INTRODUCCIÓN

La producción del conocimiento científico, elaborado sobre pautas matemáticas, se


ha constituido en asunto medular desde la revolución científica de los siglos XVII y
XVIII. Adquirió mayor relevancia con la Revolución Industrial que urgía a los
científicos a tomar el camino de la prisa: los problemas se acumulaban en los
centros de producción y la situación se mostraba con perfiles de verdadera
emergencia para los industriales y científicos. Los recursos atesorados en la
naturaleza estaban disponibles para la estrategia científico-técnica de su
explotación. La sociedad del conocimiento emerge de la convergencia de cambios
ocurridos a finales del siglo veinte, originados con preferencia en los países más
desarrollados. En este tipo societario el conocimiento científico ha asumido la
condición de recurso estratégico preferente para el desarrollo de los pueblos.

El formato metodológico de las nuevas ciencias se configuró sobre las


matemáticas en orden a su reconocimiento científico y a la disponibilidad de un
estatuto de ciencia de validez universal. En la actualidad asistimos a una
producción cuantitativa de conocimientos científicos sin parangón en las etapas
históricas precedentes. La ingente producción científica no se muestra en
proposiciones de validez universal sino que se cuantifica en la producción de
documentos, de citas, de documentos y citas de aplicación tecnológica al servicio
de la expansión económica. La elaboración científica así cuantificada, se organiza
en rankings regionales y globales para mostrar los progresos de la ciencia. El
producto obtenido, cuantificado y ordenado se relaciona estadísticamente con los
recursos económicos presupuestados y diferenciados según las fuentes originarias
de los mismos y según el número de documentos elaborados, para mostrar en
términos cuantitativos, mediante gráficos y tablas estadísticas, los desiguales
niveles de la productividad científica.

En este artículo se trata de la producción del conocimiento científico desde una


doble perspectiva: La primera se centra en el progresivo incremento de la
producción científico-matemática, argumentada desde las alegaciones de los
expertos e indicadores del crecimiento científico, como las publicaciones científicas
y la expansión universitaria. Desde comienzos de la edad moderna, la ciencia ha
asumido un rol de progresivo protagonismo en la comprensión y búsqueda de
soluciones a las dificultades teóricas y prácticas que importaban las actividades
productivas. Prueba fehaciente eran las sesiones abiertas y públicas celebradas

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en la sociedad actual
Miriam Méndez Coca

desde la fundación de las Academias Científicas, donde empresarios y científicos


intercambiaban opiniones sobre los problemas comunes. La aportación científico-
matemática se intensificó con la producción industrial, consolidando el desarrollo
del sistema científico-económico en la sociedad global del conocimiento. El actual
dinamismo social de la ciencia se muestra asimismo mediante la incorporación de
los nuevos roles mediáticos asumidos por los científicos.

El segundo aspecto a tratar le denominaré la democratización de la ciencia, con


cuya expresión se apunta a una compleja realidad de inquietudes sociales, que se
han generado a partir de ciertos efectos de las investigaciones científicas que en
su realización económico-tecnológica constituyen verdaderos riesgos a la calidad
de vida de los ciudadanos. Ante la situación, los ciudadanos se han sensibilizado
respecto de los denominados riesgos civilizatorios y demandan una mayor
presencia en la política científica, desde una doble perspectiva: seguimiento de los
recursos con que la sociedad sostiene la investigación y vigilancia para que los
productos que llegan al mercado no contengan efectos perversos.

2.- LA PRODUCCIÓN CIENTÍFICO – MATEMÁTICA

La relevancia del papel social de la ciencia a medida que nos adentramos en el


siglo XXI, se muestra significativa en las investigaciones sobre la exploración
espacial, el progreso en las comunicaciones y en los instrumentos de la
comunicación, las exploraciones del subsuelo terrestre y marítimo en la búsqueda
de fuentes de energía. La geometría fractal posibilita nuevos estudios de
estructuras complejas mediante procesos simples; la investigación en los núcleos
de la vida, el genoma, el cerebro, los trasplantes, las áreas de la salud y de la
producción de alimentos ponen de manifiesto el relevante papel de la ciencia y de
las matemáticas (Pickover, 2012: 10-11). Como muestras del dinamismo social de
la ciencia y de la producción acelerada de los conocimientos se ofrecen
alegaciones de destacados expertos, publicaciones científicas, expansión de la
enseñanza universitaria y el importantísimo rol mediático que ejercen los científicos
en la sociedad actual.

2.1.- Testimonio de autores destacados

El profesor de economía de la Universidad de Harvard, Henry Rosovsky, escribía


que “el volumen real de conocimientos e información disponibles crece a un ritmo
sin precedentes históricos, y es muy probable que continúe haciéndolo. En otras

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palabras, vivimos inmersos en una revolución del conocimiento” (Rosovsky,1996:


8). Al final de la década de los noventa del siglo pasado (1999) se estimaba que el
caudal de conocimientos se duplicaba cada 15 años. Las actuales estimaciones
apuntan hacia la aceleración del ritmo de la producción científica. En la obra La
democracia del conocimiento, se plantea el problema del exceso de información
dentro de la complejidad propia del asunto y ofrece el dato del acelerado
crecimiento de conocimientos: “El saber de la humanidad se duplica cada cinco
años. En relación con el saber disponible, cada vez somos menos sabios” (Daniel
Innerarity, 2011:19).

En la década de los noventa del siglo veinte, Daniel Bell elaboró tres indicadores
fiables del progresivo y extraordinario aumento de la actual producción científica en
las sociedades más desarrolladas: los fondos bibliográficos de las bibliotecas se
duplican cada vez con mayor rapidez; proliferan nuevos campos de investigación y
de conocimiento y en el ámbito de la economía, con el incremento de empresas de
base científica, la organización de la producción sigue pautas propias de la
investigación científica. La sociedad postindustrial "se organiza en torno al
conocimiento, para lograr el control social y la dirección de la innovación y el
cambio" (Bell, 1996:7).

Lamo de Espinosa ya en la última década del siglo XX escribía lo siguiente:


“estamos pues, en las fases iniciales de la gran explosión de los conocimientos.
Hasta ahora se ha investigado artesanalmente; hoy se investiga industrialmente; la
más importante industria en USA y Japón es la de los conocimientos, la del I+D”
(Lamo, 1994:39).

2.2.- Las publicaciones científicas

Las publicaciones científicas están adquiriendo en las primeras décadas del siglo
XXI una importancia decisiva como muestra de la creación y del progreso
científico, al modo de los boletines informativos creados por las Academias
Científicas, mediante los cuales comunicaban a los científicos de otros países las
teorías y aportaciones científicas de los iniciadores de la nueva ciencia como la
teoría del calor de Newton, la segunda ley de Kepler o los resultados obtenidos por
el artesanal telescopio de Galileo 1. En la actualidad, mediante las publicaciones se
producen los obligados contactos entre los científicos y con los que se inician en la

1
La primera publicación científica se editó en 1665 y en 1780 existían cien publicaciones de este tipo;
en 1850, se editaban mil publicaciones científicas; en 1900, diez mil y en la actualidad parece haber
cierta coincidencia de que son más cien mil las publicaciones científicas (Rosovsky, 1996: 11).

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ciencia, comunicando lo investigado, que se estima útil para el conocimiento de los


científicos. La publicación resulta imprescindible para el reconocimiento de la
calidad científica de las investigaciones:

Cuando el científico consigue someter sus hipótesis a contrastación, sea esta


positiva o negativa en cuanto a su falsación, obtiene un resultado o un conjunto de
ellos. En ese momento si quiere que éste tenga un reconocimiento debe
apresurarse para publicarlo. Lo que se hace público es lo único que tiene valor en
ciencia. Lo que no se publica es como si no existiera. (…) Pero al publicar se
establece contacto, primero con los garantes de que su actividad está bien hecha y
es formalmente correcta y, una vez salidos a la luz pública sus resultados, se
somete al juicio, a veces despiadado, de los restantes miembros de la comunidad
científica (Fernandez, 2010:30-31).

2.3.- La expansión de las enseñanzas universitarias

La segunda parte del siglo XX ha sido el período de mayor expansión de la


educación superior: de 13 millones de universitarios en 1960 se ha llegado a los 82
millones en 1995. En 2005 se calculaba en 102 millones el número de estudiantes
cursando estudios universitarios. En 2010 el Director General de la UNESCO
(2010), Koichiro Matsuura, calificó de ‘auténtica revolución’ el avance que ha
logrado la educación superior en todo el mundo: en torno a los 153 millones de
estudiantes están matriculados en la enseñanza superior, es decir, 51 millones
más que hace nueve años y cinco veces más que hace cuarenta. Otros
testimonios2, aunque parciales, pueden ser indicativos del dinamismo que afecta a
la situación:

En función de la variable género, en 2005, la American Mathematical Society, de los


datos de su Annual Survey of the Mathematical Sciences ofrece los siguientes
resultados de 2004: “Desde principios de los años noventa, las mujeres han obtenido
en torno al 45 por ciento de todos los grados en matemáticas. Las mujeres
obtuvieron, casi un tercio del total de los doctorados de Estados Unidos en ciencias
matemáticas, en el año académico 2003 – 2004, y una cuarta parte de los
concedidos en los cuarenta y ocho principales departamentos de matemáticas. En
total, 333 mujeres se doctoraron en matemáticas en ese año, el mayor número
nunca registrado” (Stewart, 2006: 141).

2
En un área muy limitada, como la República Dominicana, de 3.600 estudiantes matriculados en la
Educación Superior, en 1961, se ha pasado a 360.000 en 2007. En un área más extensa como
América Latina de una matrícula, en Enseñanza Superior, cercana a los 270.000 alumnos en 1950,
se ha pasado a una cifra superior a los 10 millones en el año 2007. (Mejía, 2009:69-70)

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El Secretario General de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo


Económico (OCDE), Ángel Gurría, llamó la atención sobre el incremento en la
matrícula y el desempleo profesional de los nuevos titulados: “los que tienen el
privilegio de estudiar están sufriendo una frustración enorme porque no pueden
conseguir empleo en consonancia con su preparación” (UNESCO, 2012).

2.4.- Los roles de los científicos en la actualidad

Del 80 al 90 por cien de todos los científicos, que han existido a lo largo de la
historia, están vivos y en la actualidad se agrupan en equipos, que manifiestan una
gran variedad en cuanto al tamaño, organización, asentamiento y recursos
disponibles. Se investiga en equipo o grupo y la mayor parte de la investigación
científica se elabora en grandes equipos, cada vez más numerosos, diversificados
y complejos, que se hallan diseminados dentro de un país o ubicados en diferentes
países. Por ejemplo, los equipos que investigan el genoma humano están
ubicados en diferentes regiones del planeta, aunque bien comunicados entre ellos.

En la actualidad los científicos han logrado un reconocimiento social indudable,


como se muestra en la frecuente y significativa presencia mediática, contribuyendo
a obtener recursos progresivamente crecientes para la investigación; estimular las
vocaciones científicas; disponer favorablemente a la opinión pública respecto de la
ciencia, los avances científicos y los procedimientos de la ciencia; afianzar el
ejercicio de la razón en los escenarios de la vida cotidiana de los seres humanos
favoreciendo ejemplares actuaciones razonables y racionales. Sin embargo, esta
complejidad en los roles del científico trae anejas dificultades puesto que los
científicos más conocidos, casi siempre coinciden con los más eficientes, han de
invertir gran parte de su tiempo y esfuerzo individual, no tanto en investigar, cuanto
en asuntos de organización de los equipos: preparar informes, evaluaciones de
trabajos, preparación de subsidios, asistencias a comités, coloquios en los Medios
de Comunicación, mesas redondas, conferencias, viajes, etc.. A pesar de las
consabidas molestias que estas circunstancias puedan comportar, son necesarias.

En lo que llevamos del siglo XXI, se ha potenciado enormemente la comunicación


entre los seres humanos de los países desarrollados y obviamente los científicos
disponen de nuevas y potentes formas de comunicación que hacen posible y
frecuente la comunicación entre ellos y con otros equipos de investigación
favoreciendo, en todo caso, el espectacular avance científico. La eficiente y plural
red de comunicaciones entre los investigadores, que trabajan en temas
semejantes o afines, se le denomina a veces como la Universidad invisible. La
complejidad de la tarea investigadora exige la relativa frecuencia de los científicos

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en los Medios de Comunicación de masas, no tanto por afán de vedetismo, sino


mas bien con el propósito de dar a conocer las aplicaciones de los avances
científicos, sensibilizar a los ciudadanos frente a la ciencia, mantener interesada a
la opinión pública y afianzar la valoración social de la ciencia (Méndez, 2009: 179
– 182).

3.- LA DEMOCRATIZACIÓN DE LA CIENCIA

En la actualidad son frecuentes las quejas ciudadanas que reprochan a los


científicos algunos de sus inventos por los efectos no pretendidos pero que se
producen y causan daños en la naturaleza y en productos de uso humano,
deteriorando la calidad de vida de los ciudadanos. En otros casos, se propaga la
imagen de científicos integrados en los complejos tecnológicos tratando de
convencer a la sociedad civil de la seguridad de sus proyectos e inventos, mientras
la realidad deja al descubierto que la seguridad total que los científicos se
empeñaron en vender no existía o estaba muy distante de niveles aceptables para
el ser humano. Desde esta contundente realidad, se percibe una progresiva
sensibilidad de la sociedad civil demandando cambios en los espacios de la
ciencia y en el estatuto social de los científicos. Crece el interés social por la
respuesta a esta demanda de cambio:

El incremento de la relevancia social de la ciencia ha venido acompañado por una


creciente intervención de la sociedad en la ciencia, algo que exige revisar la idea
tradicional de la autorregulación. La ciencia es una empresa social, que influye en
su contexto social, pero que también depende de él. Como organización, necesita
que se le asignen recursos, en tanto que institución social requiere legitimación
(Innerarity, 2011: 121).

Desde que el Estado, en nombre de la sociedad asume el papel de mecenas de la


ciencia, muchas de las investigaciones obtienen su financiación mediante recursos
públicos. Ahora bien, los ciudadanos como propietarios de los recursos públicos
que financian las investigaciones exigen el control sobre el uso que de los mismos
hacen los científicos. Esta circunstancia significa que la sociedad ha de arbitrar
procedimientos públicos de control sobre un grupo social, los investigadores, que
recibe financiación para una actividad cuyos éxitos, muchas veces son invisibles,
pero cuya cualidad no justifica restringir su valoración a la que ellos mismos
determinen. La ciencia, queriendo juzgarse ella a si misma, se aproximaría al mito
de la autorregulación, que no deja de ser un escándalo para la sociedad
democrática. Todo esto anuncia el final de un cierto establishment científico y el

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avance en lo que suele denominarse con cierto eufemismo la democratización de


la ciencia (Innerarity; 2011,121). Hacia un horizonte de control de la ciencia, han
colaborado de manera muy positiva los debates sobre los riesgos ecológicos,
sociales y humanos (Beck, 1998 y 2006) y, en tiempos más recientes se han
agregado también los debates sobre la progresiva extensión de las incertidumbres
que envuelven al hombre actual (Bauman, 2007). Apasionados fueron los debates
en foros mediáticos y académicos y violentas las manifestaciones callejeras sobre
algunas consecuencias de la globalización, cuya legitimidad ha defendido el Foro
Internacional sobre Globalización (2003). Prestaré atención a tres asuntos
intrincadamente relacionados: paso de la investigación básica a la aplicada;
justificación y crítica respecto de algunos productos de la ciencia y participación
ciudadana en la política científica.

3.1.- De la investigación básica a la ciencia aplicada

La actual investigación básica de la ciencia se transforma en ciencia aplicada y


ésta en tecnología con progresiva urgencia, causando una inmediata incidencia en
la sociedad. El paso de la investigación básica a la aplicación tecnológica implica
con frecuencia la reducción de los plazos adecuados a la verificación de
conclusiones. Planteo a continuación las argumentaciones de consolidación de la
tendencia y las pertinentes argumentaciones críticas del fenómeno.

La tendencia a justificar las exigencias actuales de la prisa presenta ciertos


aspectos que complican la situación y parecen avalarla junto con sus peligrosas
consecuencias.

Cuanto más breve es el intervalo de tiempo entre la innovación teórica y su


aplicación técnica – y en algunos ámbitos esta distancia tiende a cero – tanto más
estrecha es la relación de la investigación con la praxis, de modo que se ve
obligada a anticipar las condiciones de aplicación. La ciencia está bajo una mayor
presión de justificación debido a que la determinación de los riesgos sólo puede
ser probada en la práctica (…) Nuestras inquietudes proceden de la complicación
que supone el hecho de que el laboratorio actual sea todo el planeta (Innerarity,
2011:117).

En el texto precedente se constata la tendencia y su proyección a afianzarse pues


apenas parece posible que haya plazos o espacios para la verificación de la teoría.
Los plazos tienden a reducirse a cero y la investigación básica de la ciencia se
transforma en ciencia aplicada y ésta en tecnología con mucha prisa y mayor
urgencia. Desde la experiencia se suele ejemplificar la tendencia, mostrando como

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en los dos últimos siglos disminuye el tiempo transcurrido desde que algo se
inventa hasta que llega a su uso al público3.

3.2.- Justificación y crítica

La interpretación plausible de la tendencia apoya la configuración de un poderoso


sistema formado por la ciencia, la tecnología y la industria, afianzado
metodológicamente sobre el incuestionable soporte de los procedimientos
matemáticos, que encumbra a la ciencia a una posición muy relevante en el
sistema productivo. En principio, esta relevancia de la ciencia es positiva, por
cuanto asegura que las fronteras de lo desconocido se alejan y las sombras de la
ignorancia se disipan ofreciendo mayor seguridad al ser humano. Sin embargo, no
es aceptable en la investigación científica la aplicación indiscriminada de criterios
de actuación y valoración tomados del sistema clásico de la producción industrial,
por ejemplo, cuanto más pronto el producto esté al alcance del consumidor, más
rentabilidad ofrece el producto, u otros semejantes. Este sesgo valorativo desvela
la emergencia de un verdadero sistema de ciencia-tecnología-industria cada vez
más poderoso y más autónomo, que exige considerables inversiones en recursos
materiales y humanos para alimentar el sistema. “Con ello, la ciencia se ha
transformado en el principal factor de producción; lo importante no es ya el trabajo
ni el capital, ni siquiera las materias primas (incluida la energía), sino los
conocimientos” (Lamo, 1994: 39). Reconociendo algunos aspectos positivos que
animan el sistema científico-tecnológico, sin embargo, las voces críticas ofrecen un
aprovechable contenido a valorar.

La posición crítica no es nueva aunque es muy actual. Se instala en el viejo


escenario de la cultura de la prisa que, aplicada al ámbito científico, entraña
legítimas reservas y críticas sobre el complejo científico – tecnológico - industrial
resultante4. En aras de la brevedad señalaré tres argumentos:

3
El teléfono necesitó 56 años desde su invención (1820) hasta su desarrollo práctico (1876); la radio
sólo 35 años; el radar 15 años; la televisión 12 años; el transistor sólo 5 años (Habsburgo, O.,
1986:76). No tenemos datos sobre cuánto tiempo transcurrió en probar la última vacuna para la gripe
A del año 2010 o cuántos años necesitó el teléfono móvil para expandirse con fuerza incontenible por
el planeta
4
García Morente, M. sintetizó hace ochenta años una acertada máxima de general aplicación a la
ciencia actual: “El fenómeno moderno en donde acaso se condensa más visiblemente esa subversión
de los valores es en el ritmo trepidante y vertiginoso que va tomando la vida de hoy; es la prisa, la
insaciable, la devoradora prisa, que nos acucia y nos oprime y que, al fin y al cabo, puede hacer
encallar la cultura en un marasmo de puros estremecimientos superficiales” en Ensayos sobre el
progreso. Madrid: editorial Dorcas, 1980, p. 89.

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1ª) La experiencia padecida muestra las funestas consecuencias que ya ha


sufrido el ser humano, por los efectos de riesgo, no hallados, debido a
las limitadas pruebas efectuadas. Al reducir el tiempo necesario para
que la investigación básica se convierta en aplicaciones tecnológicas, se
elevan los niveles de inseguridad para la calidad de vida y la salud de
los ciudadanos que, como de todos es conocido, producen dolor y
destrucción5. Commoner, B. (1990) en su obra En paz con el planeta,
denunció estas prisas y la carencia de bases sólidas para tanto
optimismo tecnológico, obteniendo una positiva aprobación de la opinión
pública6.

2ª) Otra argumentación se refiere a la incertidumbre (Bauman, 2007)


proveniente de crear expectativas infundadas en la opinión pública que,
al verse frustrada, podría alentar la búsqueda de respuestas alternativas
en ámbitos no racionales, con las consecuencias sociales de retraso
científico, desconfianza respecto de las propuestas de la ciencia,
pérdida del prestigio de los científicos e infravaloración hacia la
investigación y la ciencia. Desde la incertidumbre, se reflexiona sobre
las estructuras e instituciones de la sociedad desarrollada, en la que se
emergen novedades, no exentas de consecuencias, que constituyen “un
escenario nuevo y sin precedentes para las elecciones individuales y
que presentan una serie de retos antes nunca vistos” (Bauman, 2007: 7)

3ª) Un último argumento evoca la acumulación de riesgos civilizatorios 7, los


efectos no deseados, es decir, los peligros producidos por el

5
Abundan los ejemplos: el empleo del DDT, el uso de la Talidomida, las muertes en Chernobil y
Bhopal, inseguridad y rechazo a la vacuna contra el virus H1N1 de la gripe A, los japoneses
desplazados por la radiación que despedían las centrales nucleares, etc.
6
Nota: Desde la década de los años sesenta, Barry Commoner era conocido en los EE.UU. de
Norteamérica por un interesante ensayo titulado Ciencia y supervivencia (Science and survival.
1966), en el que llamaba la atención sobre los riesgos implicados en el complejo tecno-científico
contemporáneo y denunciaba la orientación cada vez más biocida de la civilización industrial bajo el
capitalismo. El ensayo que partía del análisis de un hecho memorable - el célebre apagón que dejó
sin luz a una parte considerable del territorio norteamericano y de Canadá, en noviembre de 1965 -
constituyó un aviso de notable impacto en la opinión pública americana. Se denunciaban tres asuntos
principalmente: el carácter infundado del optimismo tecnológico de los nuevos aprendices de brujo
(científicos, técnicos, estadistas); la progresiva reducción del tiempo necesario para pasar de la
investigación pura a las aplicaciones tecnológicas que aumenta considerablemente el riesgo de éstas
para las poblaciones. Por último, el autor llamaba la atención sobre la ingenua creencia de que todo
está bajo el control humano, como explicación de la magnitud y gravedad de las catástrofes
tecnocientíficas.
7
Ulrich Beck ha escrito excelentes ensayos sociológicos sobre los riesgos que afectan a la sociedad
moderna y a sus habitantes, acuñando la expresión ‘la sociedad del riesgo’. Al respecto destacan dos
libros especialmente: La sociedad del riesgo: hacia una nueva modernidad (Paidós, Barcelona 1998)
y el que lleva por título La sociedad del riesgo global (Siglo XXI, Madrid 2006). En éste último, en la p.

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funcionamiento de las estructuras y entidades más específicas de la


civilización actual, las industrias químicas, farmacéuticas y energéticas,
los anejos al tratamiento de los productos alimenticios de los animales y
de los seres humanos, etc., que por doquier extienden su acción
criminal sobre indefensos ciudadanos ubicados en cualquier lugar.

3.3.- Participación ciudadana en el quehacer científico

Desde la perspectiva del binomio seguridad – inseguridad que acompaña el


devenir de la actual investigación científica, se constata la preocupación de los
científicos al respecto y la progresiva sensibilidad de la opinión pública alertada por
el doble efecto, positivo y perverso, de los resultados de algunas aplicaciones
científicas. Ante las situaciones de riesgo e inseguridad mencionadas, Beck
plantea como primera respuesta la extensión de la democracia a los ámbitos
científicos donde, hasta el presente no ha acampado:

Vivimos en una era de fatalismo tecnológico, una ‘edad media industrial’ que debe
superarse con más democracia: demandando más responsabilidades,
redistribuyendo la carga de la prueba, estableciendo una separación de poderes
entre los productores y los evaluadores de los peligros, entablando disputas
públicas sobre las alternativas tecnológicas (Beck, 2006: 110).

En cuanto al sentido atribuido al término ‘democratización’ en este contexto seria


un significado incorrecto que, en adelante, los ciudadanos legos en la ciencia
hayan de integrarse en los equipos científicos, para discutir con los expertos las
conclusiones que se derivan de los rigurosos y complicados procedimientos
metodológicos, como si de comisarios políticos en un sistema totalitario se tratara.
Los fallos detectados no se corresponden con los procedimientos metodológicos,
fundados sobre fórmulas matemáticas, desarrollados y practicados con rigor. La
prueba de la carrera de aciertos más evidente es el avance científico que se ha
alcanzado hasta el presente en el conocimiento de la realidad. Es en este sentido
donde la investigación ha saboreado el éxito y obtenido el reconocimiento del
público.

El problema está en las interpretaciones que los científicos puedan hacer de los
conocimientos adquiridos y de la inmediata operativización de esas conclusiones,
de la rotundidad con que afirman carecer de riesgos conclusiones que, la
experiencia es testigo, tienen efectos perversos no deseados, afectando

29 escribe: “La sociedad del riesgo, pensada hasta sus últimas consecuencias, quiere decir sociedad
del riesgo global. pues su principio axial, sus retos, son los peligros producidos por la civilización que
no pueden delimitarse socialmente ni en el espacio ni en el tiempo”

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gravemente la calidad de vida de los ciudadanos, que subvencionan sus


actividades.

Para algunos autores, la democratización de la ciencia no significa, evidentemente,


que todas las cuestiones científicas hayan de ser decididas por votación sino algo
más sutil y diferenciado, que tiene que ver con un conjunto de exigencias de
legitimación en decisiones que nos afectan a todos, la asignación de recursos o la
regulación del hecho de que haya cada vez más autores y más fuerzas que
intervienen en asuntos que ya no pueden considerarse como una competencia
exclusiva de los expertos (Innerarity, 2011:114.

Los grupos de investigación han de aceptar una inmersión democrática que


adquiere al menos el significado de que los científicos no tienen la exclusiva
competencia en definir la adecuación de su producto a las necesidades de la
sociedad de su tiempo. Se ha de entender de modo restrictivo la necesaria
asesoría que en las circunstancias actuales demanda el político de parte del
científico. La cautela restrictiva significa que el científico ha de exponer los
aspectos positivos y negativos de los productos o asuntos sometidos a consulta,
pero el político es el que gobierna y debe seguir tomando las decisiones
convenientes y necesarias. Es el político quien asume la representatividad
ciudadana y puede expedir tarjetas de legitimación a la actuación científica. El
científico no puede suplantar al político y atribuirse la legitimidad social,
escudándose en cuestionables dificultades “para trazar los límites entre la
producción metódica controlada del conocimiento científico y su aplicación en
contextos sociales y ecológicos abiertos” (Innerarity, 2011: 117). Por último, la
sociedad, mediante las administraciones públicas, ha de organizar sistemas, dictar
previamente normas generales, erigir estructuras sociales que fomenten la
investigación y creen instituciones que apoyen publicaciones sobre los aspectos
problemáticos de orden social, hacia los que se canalicen las preferencias
investigadoras, ofrezcan los recursos necesarios para realizar las investigaciones
precisas, haciendo seguimiento de los objetivos propuestos, del uso de los
recursos recibidos por los investigadores y del desarrollo tecnológico de sus
conclusiones científicas.

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4.- CONCLUSIONES

1ª) La expresión, producción científico-matemática, significa tanto la


innovación, incremento y progresiva aceleración en la producción de los
conocimientos científicos como el relevante dinamismo social de la
ciencia.

2ª) Es asimismo destacable el reconocimiento social de los científicos y su


dinámico rol mediático que actualmente desempeñan suscitando
vocaciones científicas y recabando recursos sociales, económicos y
políticos para la producción científica.

3ª) En la actualidad la investigación básica de la ciencia se transforma en


ciencia aplicada y ésta en tecnología con progresiva urgencia. La
reducción de plazos adecuados en la verificación de conclusiones pone
en el mercado productos de riesgo que atentan a la calidad de vida de
los ciudadanos.

4ª) La democratización de la ciencia implica al menos dos exigencias: los


grupos de investigación no pueden atribuirse el exclusivo juicio sobre la
valoración de sus productos y la ciudadanía reclama códigos y normas
transparentes que estimulen a los científicos a realizar verificaciones
rigurosas de las conclusiones a que llegan para evitar los efectos
perversos que acompañan a algunas conclusiones científicas.

5.- REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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Valoración de la ciencia aplicada
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Miriam Méndez Coca

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