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JLJVARSITY

La Operación Varsity Blues reveló un esquema de fraude en el que se manipulaban exámenes de ingreso y se sobornaban entrenadores deportivos para admitir estudiantes en universidades. Rick Singer, el cerebro detrás de la operación, utilizó falsificaciones y donaciones a organizaciones benéficas para facilitar el proceso. La investigación se intensificó tras la detención de un cómplice, lo que llevó a la captura de Singer, quien se declaró culpable y cooperó con las autoridades a cambio de una posible reducción de su sentencia.
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La Operación Varsity Blues reveló un esquema de fraude en el que se manipulaban exámenes de ingreso y se sobornaban entrenadores deportivos para admitir estudiantes en universidades. Rick Singer, el cerebro detrás de la operación, utilizó falsificaciones y donaciones a organizaciones benéficas para facilitar el proceso. La investigación se intensificó tras la detención de un cómplice, lo que llevó a la captura de Singer, quien se declaró culpable y cooperó con las autoridades a cambio de una posible reducción de su sentencia.
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Operación Varsity Blues

El mecanismo fraudulento tenía dos vertientes: por un lado, engaño y


falsificaciones en exámenes de ingreso; por otro, sobornar entrenadores
deportivos universitarios a partir de donaciones. La primera parte consistía en
fraguar las pruebas que realizan los estudiantes para recibir puntuaciones, que se
suman al registro académico escolar. Singer había establecido una red de
psicólogos sobornados que certificaban que el candidato tenía algún problema de
aprendizaje, lo que le otorgaba tiempo extra. El siguiente paso era viajar para
rendir en los centros que contaban con supervisores que también eran parte del
armado. La persona encargada del lugar ajustaba las respuestas a las necesidades
del cliente. Como bien se advierte en el documental, no era un método exclusivo de
Singer. Las familias ricas se dieron cuenta que si los hijos demuestran alguna
discapacidad, tienen más tiempo y llevan a cabo un mejor examen. Además, una
vez admitidos, podían emplear los falsos diagnósticos para descuentos en la
matrícula.

La segunda vertiente expresa un fuerte signo del sistema universitario


estadounidense: el reclutamiento de deportistas responde, en gran medida, a las
presentaciones de candidatos que realiza el personal de atletismo de una
universidad cada año. Los equipos deportivos son una fuente de popularidad e
ingresos considerable. Singer inventaba vidas atléticas y perfiles falsos de los
jóvenes en redes sociales. La clave era sobornar a entrenadores a través de
donaciones a programas educativos o pagos personales. Al no estar enterados, los
hijos nunca se presentaban a entrenamientos. El dinero era donado inicialmente a
la falsa organización benéfica de Singer, Key Worldwide Foundation, que luego lo
tercerizaba. Aquí destacan particularmente dos aspectos: al ser una ONG estaba
exenta de impuestos y las donaciones eran para deportes de bajo perfil, que en
general implican pérdidas para las universidades y que no son investigados por las
autoridades.

Rick Singer no sólo falsificaba y exageraba información de estudiantes, sino que


también lo hizo con su propia carrera. Todo era una cuestión de aparentar prestigio
y de marketing. Singer había sido entrenador de básquet universitario y fue ahí
donde aprendió cómo funcionaban las admisiones relacionadas al deporte. Lo
echaron por malos resultados y se convirtió en consultor universitario.

El esquema de corrupción comenzó a caer cuando detuvieron a Morrie Tobin,


investigado en otro caso por fraude financiero, que ofreció información sobre un
entrenador de fútbol americano de la Universidad de Yale que aceptaba sobornos.
De esa manera, a través de acusados que buscaban arreglos, las autoridades
lograron llegar al cerebro de la operación.

En septiembre de 2018 Rick Singer fue capturado. Así como aprovechó la


oportunidad de enriquecerse, también aceptó colaborar para hacer caer a quienes
habían formado parte del entramado, a través de llamadas telefónicas y visitas
personales llevando micrófono. A algunos les advirtió, confesaría ante el tribunal,
pero se declaró culpable de todos los cargos en su contra: crimen organizado,
lavado de dinero, defraudación y obstrucción a la justicia. Cuando llegue la fecha,
su cooperación dará lugar a una sentencia menor, aunque según la CNN enfrenta
una pena máxima de 65 años en prisión.

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