*Documento elaborado en conjunto por la asociación civil Pensamiento Colectivo
y la división Ciudadanía Digital de Agesic, en el marco de la Estrategia Nacional
de Ciudadanía Digital para una Sociedad de la Información y el Conocimiento de
Uruguay 2024-2028.
Contó con la colaboración del equipo jurídico de la Unidad Reguladora y de
Control de Datos Personales y del área de Seguridad de la Información de Agesic.
El documento cuenta además con el apoyo del Grupo de Trabajo de Ciudadanía
Digital.
Mayo 2025
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La red delante de las pantallas
¿Cómo leer esta guía?
El propósito de esta guía es brindar herramientas a personas adultas para
acompañar a niñas, niños y adolescentes en su relación con el entorno digital, con
el objetivo de conocer, proteger y garantizar sus derechos.
Para aprovecharla al máximo sugerimos leerla de manera secuencial,
reflexionando sobre las preguntas y aplicando las recomendaciones para el
acompañamiento según las diferentes situaciones y necesidades.
Esta guía está estructurada en tres secciones en las que se desarrollan temáticas
vinculadas a la privacidad e identidad en línea, a la convivencia en el entorno
digital y al equilibrio entre conexión y desconexión.
Cada sección contiene:
Preguntas disparadoras, que invitan a las personas adultas a reflexionar
sobre sus propias prácticas en el entorno digital para construir nuevas formas
de vincularse e involucrarse en el crecimiento y desarrollo de las infancias y
adolescencias.
Conceptos y prácticas asociadas al entorno digital, los impactos y
consecuencias que puedan tener en la vida de las personas, ya sean físicos,
psicológicos, vinculares o sociales; y su relación con los derechos.
Recomendaciones para acompañar a infancias y adolescencias en el entorno
digital, considerando las distintas etapas de su desarrollo y las condiciones del
contexto, fomentando habilidades que promuevan una autonomía progresiva.
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La red delante de las pantallas
Contenido
¿Cómo leer esta guía?. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 3
La red delante de las pantallas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5
Acompañar en el entorno digital. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6
Proteger los derechos de niñas, niños y adolescentes
en el entorno digital. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7
Cuidar la privacidad e identidad en línea. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9
Consentimiento y su relación con la huella digital . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11
Sharenting: cuando, sin querer, la familia es la que expone. . . . . . . . . . . . . . . . 14
Recomendaciones para el acompañamiento:
contribuir al cuidado de la privacidad de infancias y adolescencias . . . . . . . 17
Contribuir a la convivencia en el entorno digital . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 19
La violencia se potencia y adquiere nuevos formatos
en el entorno digital. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 20
Discursos de odio: una forma extrema de violencia
que puede alterar la paz social. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 22
Diferentes nombres para la situación de acoso: ciberbullying
ciberhostigamiento/ ciberacoso escolar. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 24
Violencia sexual en el entorno digital. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 27
Recomendaciones para el acompañamiento: prevenir y mitigar
los impactos de las situaciones de violencia en el entorno digital . . . . . . . . . 36
Promover el equilibrio entre conexión y desconexión. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 39
Desconectar para reconectar. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 40
Economía de la atención: la disputa por un bien cada vez más escaso. . . . 42
El cuidado de nuestra salud en el entorno digital. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 44
Consumos culturales y sus impactos. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 52
Recomendaciones para el acompañamiento:
contribuir a la relación saludable con el entorno digital. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 58
Sitios para canalizar consultas, peticiones y denuncias . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 61
Bibliografía. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 64
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La red delante de las pantallas
Entendemos a la red como un tejido que requiere el
involucramiento y la comunicación entre todas las personas
referentes adultas, tanto familiares, como educativas o
comunitarias; cuya participación es fundamental para asegurar
la protección y el ejercicio de los derechos de niños, niñas y
adolescentes.
Este entretejido que acompaña y sostiene a infancias y
adolescencias en el entorno digital también incluye la
responsabilidad de otros actores. El Estado, como garante
principal del ejercicio de estos derechos, tanto en el territorio
físico como en el entorno digital. Las empresas del sector
privado, que deben respetar, prevenir, mitigar y, en caso de
ser necesario, reparar las consecuencias negativas que se
constaten sobre los derechos humanos en el marco de sus
actividades. La academia, en su rol de análisis e investigación,
que dé sustento a las discusiones en torno a esta temática. Y la
participación de la sociedad civil en el proceso de construcción,
ejecución y monitoreo de las políticas.
Construir la red para acompañar y sostener a infancias y
adolescencias en el entorno digital es una responsabilidad
compartida, la invitación es a tejerla de forma colectiva.
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La red delante de las pantallas
Acompañar y sostener en el entorno digital
No basta con haber nacido en un contexto donde internet tiene una fuerte
presencia cotidiana para garantizar la adquisición de las habilidades necesarias
para transitar el entorno digital de forma segura, responsable, crítica, reflexiva,
creativa y participativa.
El concepto de nativos digitales, usualmente utilizado, contribuye a una idea
errónea acerca de que infancias y adolescencias son expertas tecnológicas.
Tampoco da cuenta de las diferentes etapas de los procesos de desarrollo de
niños, niñas y adolescentes, ni de la necesidad de acompañar la adquisición
progresiva de autonomía para tomar decisiones vinculadas a las prácticas en el
entorno digital.
El impacto del uso de los dispositivos y de las prácticas en el entorno digital no es
igual para todas las personas. Los efectos dependen de factores como la cantidad
de tiempo de exposición, el tipo de contenido, el contexto y las características
individuales.
Para acompañar es necesario comprender el funcionamiento y las condiciones
del entorno digital. Es decir, los modos en que los datos, los algoritmos y las
plataformas condicionan las actitudes personales, comunitarias y sociales.
Involucra el conocimiento de los derechos humanos y los mecanismos para
ejercerlos y defenderlos, cuando no son debidamente respetados y garantizados.
También, requiere reflexionar acerca de las formas en las que nos relacionamos,
convivimos y contribuimos en la construcción de un entorno saludable, que nos
permita alcanzar un mayor bienestar personal, comunitario y social.
A su vez, implica identificar las posibilidades de crear y participar, para no ser
únicamente personas consumidoras o espectadoras, sino tener un rol activo en
este entorno.
En este sentido, es clave entender que las tecnologías no son neutrales, en la
medida que están creadas con propósitos específicos y desarrolladas con relación
a intereses particulares. La concentración de la actividad del entorno digital en
una reducida cantidad de plataformas privadas, que lideran y establecen sus
propias reglas y compiten por la atención de quienes acceden a internet, implica
un desafío para la garantía de los derechos.
Acompañar también significa que las personas adultas sean ejemplo en el
vínculo con las tecnologías, se involucren en las actividades en línea de las niñas,
niños y adolescentes, establezcan límites para fomentar el equilibrio entre
actividades digitales y no digitales, y brinden espacios de intercambio basados en
la escucha, el respeto y la confianza.
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La red delante de las pantallas
La infancia y la adolescencia son etapas en las que es indispensable que las
personas adultas estén presentes y actúen como guía para que puedan habitar el
entorno digital de forma saludable y disfrutable.
Proteger los derechos de niñas, niños y adolescentes en el
entorno digital
Uruguay ratificó en 1990 la Convención sobre los Derechos del Niño de Naciones
Unidas, que en 2021 estableció la Observación general número 25 relativa a sus
derechos en relación con el entorno digital.
Esta Observación identifica las oportunidades, los riesgos y los desafíos que
plantean la promoción, el respeto, la protección y el ejercicio efectivo de los
derechos de las infancias y adolescencias en el entorno digital.
En el documento se expone la importancia de mantener un equilibrio sano entre
las actividades digitales y no digitales. Además, señala que el entorno digital
“Ofrece nuevas oportunidades para hacer efectivos los derechos de los niños,
aunque también plantea riesgos relacionados con su violación o abuso” (2021,
ONU).
A su vez, establece que “Los derechos de todos los niños deben respetarse,
protegerse y hacerse efectivos en el entorno digital. Las innovaciones en las
tecnologías digitales tienen consecuencias de carácter amplio e interdependiente
para la vida de los niños y para sus derechos, incluso cuando los propios niños no
tienen acceso a Internet. La posibilidad de acceder a las tecnologías digitales de
forma provechosa puede ayudar a los niños a ejercer efectivamente toda la gama
de sus derechos civiles, políticos, culturales, económicos y sociales. Sin embargo,
si no se logra la inclusión digital, es probable que aumenten las desigualdades
existentes y que surjan otras nuevas” (2021, ONU).
Hablar de inclusión implica reconocer que todas las personas partimos de
diferentes lugares, funcionales, sociales, culturales y educativos, y, por tanto,
tenemos diferentes requisitos para acceder y participar en el entorno digital,
lo que requiere trabajar para mitigar la reproducción de las desigualdades
preexistentes y las nuevas que puedan generarse.
La inclusión debe atender especialmente a aquellas desigualdades que
refieren a factores como la edad, la identidad de género, el origen, la etnia, la
religión, la orientación sexual, la condición física y cognitiva, las trayectorias
educativas o laborales, y el acumulado social y cultural; teniendo en cuenta que
la combinación de factores incrementa la desigualdad y las condiciones de
vulnerabilidad de las personas.
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La red delante de las pantallas
Es fundamental entender que el acceso a los dispositivos tecnológicos por sí
solo no garantiza la igualdad de oportunidades. Se requiere el desarrollo de
habilidades digitales para que las oportunidades que brinda el entorno digital
puedan ser realmente aprovechadas por todas las personas.
En la Estrategia Nacional de Ciudadanía Digital para una Sociedad de la
Información y el Conocimiento de Uruguay (2024), se definen las habilidades
digitales como la suma de conocimientos, capacidades, destrezas, actitudes y
estrategias que se requieren para aprovechar las tecnologías digitales e internet.
Se diferencian en instrumentales y fundamentales. Las primeras están vinculadas
con aptitudes y destrezas para el manejo de las herramientas. Por ejemplo:
subir una imagen a una plataforma social, utilizar una hoja de cálculo o crear un
archivo de texto.
Por su parte, las habilidades digitales fundamentales buscan promover en
las personas el pensamiento crítico en su vínculo con internet. Por ejemplo:
distinguir información de desinformación o no compartir la imagen de alguien
sin su consentimiento.
En este sentido, se presenta el desafío de analizar algunos derechos que se
ponen en juego en el entorno digital, en función del impacto que tienen sobre el
cuidado de la privacidad, las formas de vincularse, y la promoción del equilibrio
entre conexión y desconexión de niñas, niños y adolescentes.
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La red delante de las pantallas
¿Somos conscientes de toda la información que
vamos dejando al navegar en internet?
¿Pensamos en los impactos que pueda tener sobre
otras personas la información que compartimos en
línea?
¿Les consultamos a quienes aparecen en nuestras
publicaciones si están de acuerdo?
¿Hay información sobre niñas, niños o adolescentes
en nuestras publicaciones?
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La red delante de las pantallas
Construcción de la huella digital y su relación con la exposición en línea
Cuando hablamos de exposición nos referimos a la acción de compartir
información en las plataformas sociales relacionada con nuestros datos
personales, nuestra imagen, nuestras ideas, opiniones, sentimientos, gustos,
pasatiempos, personas con las que nos vinculamos, nuestro trabajo, entre otros
aspectos.
Al revelar toda esta información, damos cuenta parcialmente de quiénes somos
y vamos conformando nuestra identidad en línea. Al mismo tiempo, habilitamos
a que las plataformas recopilen y utilicen nuestros datos, acorde a sus términos
de uso y condiciones. El acumulado de toda esta información construye nuestra
huella digital.
La huella digital es el rastro de lo que hacemos en internet, se crea con datos que
dejamos de forma consciente y voluntaria y otros tantos de forma inconsciente e
involuntaria a través de:
Publicaciones propias: contenido propio o sobre familia o amistades, como
textos, videos, imágenes y audios, en una plataforma social, página web,
aplicaciones u otros sitios. Esta información queda registrada y se puede
rastrear fácilmente.
Publicaciones de otras personas: imágenes o información que se comparte
sobre otras personas, y puede generar efectos en su identidad digital que
impacta en su reputación.
Navegación en Internet: los sitios web, los navegadores y las aplicaciones
para celulares registran datos de los recorridos y elecciones de las personas
para luego ofrecer resultados, contenidos y publicidad personalizada. Esta
información es obtenida a través de la dirección IP de los dispositivos, el
historial de búsqueda, los sitios web frecuentados, las cookies aceptadas
(pequeños archivos que almacenan información que el sitio web utiliza para
personalizar la experiencia de navegación), la activación de la geolocalización,
al hacer compras en línea, o al interactuar en las plataformas sociales, por
ejemplo, dar “me gusta”, reenviar una publicación o detenerse a mirar algo; así
como cualquier otro tipo de interacción con medios digitales.
Omisión: las acciones que dejamos de hacer en Internet o las realizamos
de forma anónima, mediante seudónimos o apodos, también constituyen
nuestra identidad digital.
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La red delante de las pantallas
Construir la huella digital de forma consciente y responsable
Cualquier interacción que se realice en el entorno digital permanece más allá de
nuestra decisión, por lo que es igual de importante pensar en las consecuencias
para la propia persona sobre su huella digital, así como responsabilizarnos sobre
el impacto de nuestros comportamientos en las huellas de otras personas. Por
ello es preciso reflexionar sobre algunos aspectos:
El mensaje: antes de publicar o enviar un mensaje es
importante definir el contenido, reflexionar si es necesario
compartirlo, si aporta en alguna medida, y si hay posibilidad de
que lastime o perjudique a otra persona.
La clasificación: evaluar cuán importante, sensible o personal
es la información a compartir y a quién o a quiénes puedo
estar exponiendo. Ser responsable con la información, a
quiénes dirigirla y a quiénes no, y en qué contexto o plataforma
publicarla.
Las medidas de seguridad: verificar las medidas de seguridad
y privacidad en el navegador, cuentas y plataformas sociales.
Leer y evaluar al aceptar o rechazar cookies. Navegar en modo
incógnito y borrar periódicamente las cookies de los navegadores es una
buena práctica para reducir el rastro de nuestra información en línea.
Consentimiento y su relación con la huella digital
El consentimiento es una manifestación de voluntad libre, inequívoca, específica
e informada de una persona.
En la medida en que se desarrollan destrezas, habilidades cognitivas y
emocionales, se adquiere mayor autonomía para tomar decisiones que
involucren el consentimiento.
Dar consentimiento implica comprender qué es lo que se quiere hacer y lo que
no. Requiere de un espacio seguro y las herramientas necesarias para poder
comunicarlo con claridad. Toda persona tiene derecho a decir que sí, que no o,
incluso, a no tenerlo claro.
Cuando se habla de consentimiento informado se entiende que, quien lo otorga
tiene toda la información necesaria para comprender cabalmente la naturaleza
de aquello que consiente, el alcance y el propósito de su participación, así como
las eventuales consecuencias o los riesgos.
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La red delante de las pantallas
Cuando alguien solicita hacer cualquier cosa que involucre a otra persona, es
importante pedir permiso, solicitar su consentimiento, escuchar y respetar su
respuesta. Hay que tener en cuenta que las personas podemos cambiar de
parecer de un momento a otro y esa decisión debe ser aceptada.
La importancia de escuchar y escucharnos más
allá de las palabras
La comunicación va más allá de las palabras. El consentimiento se expresa
también con lo que el cuerpo siente y manifiesta a través de gestos,
posturas, miradas, tonos de voz. Escuchar nuestro propio cuerpo nos
permite atender a nuestros sentimientos y emociones para poder pensar y
luego actuar en función de ellos. Al mismo tiempo, incorporar esta práctica
agudiza nuestra percepción hacia lo que expresan otras personas.
Consentimiento y asimetría de poder, un tema
complejo
El consentimiento es un tema que se complejiza cuando tenemos en
cuenta la existencia de dinámicas de poder en donde el desequilibrio
puede afectar directamente a la persona con menos poder en su capacidad
para dar consentimiento. Por ejemplo, en la relación desigual entre quien
tiene mayor conocimiento sobre un tema y quien no, entre diferentes
cargos jerárquicos, entre personas adultas y niños, niñas o adolescentes.
También la inexperiencia, la ausencia de herramientas o habilidades para
comunicar los sentimientos que se ponen en juego como la vergüenza, la
timidez, el deseo, entre otros, hacen que sea difícil o no sea posible decidir
y expresar libremente si consentir o no.
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La red delante de las pantallas
La importancia del consentimiento en relación al entorno digital
El consentimiento es de suma importancia en la toma de decisiones y en el
relacionamiento con otras personas.
Al aceptar términos y condiciones para utilizar una aplicación o cuando
confirmamos las cookies para ingresar a un sitio web, estamos dando nuestro
consentimiento a una empresa u organización. Es decir que aceptamos lo que
definan hacer con nuestra información. Por ejemplo, entre una plataforma y una
persona la asimetría de poder se evidencia en la diferencia entre la capacidad de
recolección de datos que tiene la empresa y la posibilidad que tiene la persona
de leer, comprender y dimensionar las implicancias al aceptar los términos y
condiciones que se le presentan, que además no siempre son claros, concretos y
accesibles.
Con frecuencia, la comprensión de los términos y las condiciones presenta
dificultad para las personas adultas. En este sentido, es importante considerar la
complejidad a la que se enfrentan las infancias y adolescencias para dimensionar
los efectos de este consentimiento.
El consentimiento en el entorno digital también está presente en la relación con
otras personas. Algunos ejemplos son: pedir permiso para registrar una imagen,
vídeo o audio que involucre a otra persona, solicitar su autorización para subirla y
compartirla, consultar antes de etiquetar o mencionar a otra persona o preguntar
antes de reenviar un mensaje.
El consentimiento: un músculo a ejercitar
Es responsabilidad de las personas adultas fomentar la importancia
del consentimiento en lo cotidiano y desde edades tempranas, y es
más efectivo cuando se realiza desde el ejemplo y las propias acciones.
Es fundamental tener presente la etapa del desarrollo del niño, niña o
adolescente, su autonomía y su capacidad de dimensionar lo que está
consintiendo, siempre considerando el reconocimiento de sus derechos
y las responsabilidades de cuidado y protección desde el mundo adulto.
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La red delante de las pantallas
Sharenting: cuando, sin querer, la familia es la que expone
Sharenting es la práctica en la que algún referente familiar registra o publica y
comparte en plataformas sociales información sobre niños, niñas o adolescentes.
Esta información se presenta de múltiples formas, como fotos, videos, stickers,
audios o anécdotas, y puede impactar en distintos aspectos:
Privacidad: los contenidos publicados en las plataformas sociales generan
una huella digital que queda asociada a los datos personales de infancias y
adolescencias. Según el código de la Niñez y la Adolescencia, es un derecho
el respeto a la privacidad de su vida y que no se utilice su imagen en forma
tal que pueda generarle un daño, ni se publique ninguna información que
le perjudique o dé lugar a la individualización de su persona. (Artículo 11, Ley
Nº 17.823). A su vez, en Uruguay, la Ley de Protección de Datos Personales
(Ley N° 18.331) establece que la protección de datos personales es un derecho
fundamental para todas las personas sin distinción.
Disponibilidad: cuando se prioriza el registro digital por encima de lo que
sucede, se interrumpe la conexión entre las personas y con el momento
presente, al mismo tiempo que se genera una barrera en la comunicación.
La importancia de la escucha: preguntar al hacer el registro es importante
para fomentar el consentimiento siempre considerando la autonomía y
capacidad de niñas, niños y adolescentes de dimensionar lo que se está
consintiendo.
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La red delante de las pantallas
Privacidad y riesgos asociados en el entorno digital
En el caso de las infancias y adolescencias, la Observación 25 del Comité de los
Derechos del Niño de Naciones Unidas reconoce especialmente el derecho a la
privacidad en el siguiente artículo:
“Artículo 67. La privacidad es vital para la autonomía, la dignidad
y la seguridad de los niños y para el ejercicio de sus derechos.
Los datos personales de los niños se procesan para ofrecerles
prestaciones educativas, sanitarias y de otra índole. Las amenazas
a la privacidad de los niños pueden provenir de la reunión y el
procesamiento de datos por instituciones públicas, empresas y otras
organizaciones, así como de actividades delictivas como el robo de
la identidad. Esas amenazas también pueden surgir como resultado
de las propias actividades de los niños y de las actividades de los
miembros de la familia, sus iguales u otras personas, por ejemplo
cuando los padres publican fotografías en línea o una persona
desconocida difunde información sobre un niño.” (2021, ONU)
A continuación, se detallan ejemplos de riesgos asociados con esta práctica.
Algunas de estas conductas pueden tener consecuencias penales y se
encuentran reguladas en la legislación vigente.
Robo de datos personales
Damián es papá hace poco y su perfil se llenó de imágenes de su hija. En la
emoción, compartió hasta una foto de la cédula de Lucrecia, porque le pareció
muy tierno su primer documento de identidad. Lo que no se dio cuenta es que
estaba compartiendo con otras personas, además de la imagen, el nombre
completo, la fecha de nacimiento y hasta el número de cédula de su hija. Años
más tarde, Marina tomó esta información para cometer un fraude.
Suplantación de identidad
A Victoria le encanta sacar fotos, editarle la luz y los colores. Siempre
que puede, publica imágenes de sus sobrinas, a quienes quiere
mucho. Navegando por la plataforma social, un día descubre un
perfil con el nombre de otras niñas, con las fotos de sus sobrinas.
Alguien creó una cuenta falsa y utilizó todas las fotos que, hasta el
momento, Victoria había publicado de ellas.
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La red delante de las pantallas
Ciberbullying
Martina es mamá de Juan y muchas de las fotos que sube a su red social lo tienen
a él como protagonista. Si bien su perfil es privado, tiene como seguidor a Diego,
un compañero del liceo de su hijo, quien utiliza las imágenes de Juan para hacer
stickers y, durante meses, burlarse de él en grupos de WhatsApp.
Grooming
Susana tiene una cuenta pública en una plataforma social. En ella hace años que
orgullosa y feliz, sube constantemente imágenes de su hijo. Con la información
compartida, cualquiera puede saber que Martín tiene 13 años, juega en un
cuadro de fútbol, veranea en Piriápolis y quiénes son algunos de sus amigos.
Eduardo, ingresa a la lista de seguidores de Susana, encuentra el perfil de Martín
y le manda un mensaje haciéndose pasar por un niño. Le cuenta que había
veraneado en el mismo lugar y que tenía ganas de jugar en su equipo de fútbol.
De esta manera comienza un vínculo de confianza con el objetivo de concretar
un abuso sexual.
Explotación sexual
Gustavo es un abuelo orgulloso de su nieta María y publica constantemente
imágenes de la niña en los estados de su aplicación de mensajería. Juan Carlos
está dentro de sus contactos de celular y decide hacer captura de pantalla de
alguna de las fotos de María, para compartirlas en un sitio web de explotación
sexual hacia niños, niñas y adolescentes.
Sharenting: una práctica a revisar
Compartir contenido en el entorno digital sobre niños, niñas y
adolescentes puede vulnerar su privacidad, vital para su autonomía,
dignidad y seguridad. Las prácticas que tenemos las personas adultas
funcionan como ejemplo para las infancias y adolescencias. Se
transforman en modelos de referencia que pueden servir tanto para
naturalizar conductas que vulneren derechos, como para ejercitar
hábitos de cuidado y prácticas protectoras.
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La red delante de las pantallas
RECOMENDACIONES PARA EL ACOMPAÑAMIENTO:
Contribuir al cuidado de la privacidad
de infancias y adolescencias
Tener presente que las imágenes y videos son datos personales y están
protegidas en Uruguay por la Ley N°18.331
Incorporar el pedir permiso a niños, niñas o adolescentes antes de realizar
cualquier registro que les involucre, como sacar una foto, filmar un video,
grabar un audio, etc.
Prestar atención a sensaciones o emociones como la incomodidad, el
miedo, la vergüenza u otra que pueda impedir consentir, o no hacerlo
libremente, para acompañar desde la escucha y el respeto.
Cuidar la identidad y la reputación en línea de niños, niñas y adolescentes
para minimizar el riesgo de exposición y viralización de todo contenido que
les incluya.
Tener en cuenta que al publicar o compartir contenidos, perdemos el
control sobre el alcance que puedan tener.
Leer los términos y condiciones de las aplicaciones, y plataformas
sociales para conocer qué hacen con nuestros datos y el contenido que
publicamos.
Configurar la privacidad y seguridad de las aplicaciones y las plataformas
para decidir a qué personas les permitimos ver lo que compartimos.
Recordar que las fotos pueden ser utilizadas o alteradas con otros fines,
incluso delictivos, como por ejemplo en redes de explotación sexual.
Considerar que las imágenes o videos publicados pueden guardarse en
servidores que están fuera del país lo que dificulta su gestión y puede
generar algún riesgo.
Actuar con responsabilidad y no difundir contenido que contribuya a la
propagación de la exposición y la vulneración de derechos.
Generar espacios de diálogo e intercambio con infancias y adolescencias
para reflexionar sobre la implicancia de la exposición del contenido propio
o de otras personas en el entorno digital.
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La red delante de las pantallas
Tejer red con otras personas adultas de la comunidad: establecer límites
y acuerdos sobre el registro de datos, imágenes, audios y videos y toda
publicación de contenidos que involucren a infancias y adolescencias.
Promover el cuidado y respeto del derecho a la privacidad también en el
entorno digital.
Compartir desde el cuidado
Mateo de 4 años está tomando helado de chocolate. La escena es tan
tierna como graciosa porque el chocolate está por toda su cara.
Sin tener en cuenta el derecho a la privacidad de Mateo: Camila,
la tía de Mateo, decide sacarle fotos, grabar un video y compartir los
registros en sus plataformas sociales con la descripción “¡Qué lindo mi
sobrino Mateo!”, recibe varios me gusta y comentarios diversos sobre su
sobrino
Teniendo en cuenta el derecho de Mateo: Camila, la tía de Mateo,
quiere registrar el momento. Reflexiona cómo sería la mejor forma de
hacerlo sin vulnerar los derechos de Mateo. En su plataforma social sube
una imagen del chocolate en el piso y comenta “¡Qué lindo que es ser
tía y tomar helado!”.
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La red delante de las pantallas
¿Qué tipo de contenidos “elegimos” consumir,
compartir, comentar y producir en el entorno digital?
¿Cómo reaccionamos ante las críticas o comentarios
discriminatorios?
Y en la calle, ¿cómo reaccionamos ante una situación
violenta?
¿Con qué tono intercambiamos opiniones?
¿Reconocemos diferencias en las formas de habitar
el entorno digital según la identidad de género de las
personas?
¿Cómo hablamos sobre otras personas delante de
infancias y adolescencias?
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La red delante de las pantallas
La violencia se potencia y adquiere nuevos formatos en el
entorno digital
Comprender el impacto de las situaciones de violencia en el entorno digital es
necesario para reflexionar sobre nuestras propias prácticas y sus consecuencias.
Al mismo tiempo, es importante comprender que nuestras acciones también son
ejemplo para otras personas, sobre todo para infancias y adolescencias.
El entorno digital es un territorio muy extenso que nos permite ampliar los
canales de comunicación. En él podemos encontrar y poner a disposición
información, acceder a recursos de aprendizaje, fuentes de entretenimiento,
herramientas de gestión de servicios estatales, construir espacios de participación
colectiva, entre otras posibilidades que favorecen a una convivencia saludable.
En este mismo entorno, como se menciona en la Observación 25, puede haber
información que promueva los estereotipos de género, la discriminación, el
racismo, la violencia, la pornografía y la explotación, así como relatos falsos,
información errónea, desinformación, y contenidos que inciten a las infancias y
adolescencias a participar en actividades ilícitas o perjudiciales.
Esa información puede proceder de múltiples fuentes, de otras personas,
creadoras de contenidos comerciales, delincuentes sexuales o grupos armados
designados como terroristas o extremistas violentos.
La exposición a este tipo de contenidos por parte de niños, niñas y adolescentes,
no solo vulnera sus derechos, sino que puede naturalizar esa violencia,
fomentando también la vulneración de los derechos de otras personas.
Muchas de las plataformas sociales que se utilizan no están diseñadas por
defecto para proteger los derechos de infancias y adolescencias. Algunas tienen
funcionalidades más riesgosas que pueden exponerles a diversas situaciones de
violencia.
Es indispensable que niños, niñas y adolescentes comprendan el impacto que
puede tener en la vida real de una persona cualquier acto de agresión, violencia,
burla, acoso o discriminación realizado en Internet. Acompañar, conversar,
intercambiar opiniones, reflexionar y ayudar a la toma de conciencia es una de las
mejores maneras de prevenir situaciones de acoso o discriminación.
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La red delante de las pantallas
Formas en las que se expresa la violencia digital
Algunas de estas conductas pueden tener consecuencias penales y se
encuentran reguladas en la legislación vigente.
Suplantación de identidad o creación de perfiles falsos: es el uso de la
identidad de alguien sin su consentimiento, o la creación y difusión de datos
personales falsos, con la intención de dañar la reputación de una persona u
organización.
Vigilancia y control: implica el monitoreo constante de las actividades de una
persona, su vida diaria, o información, sea pública o privada.
Rastreo de movimientos sin consentimiento: a través del uso de GPS u otros
servicios de geolocalización, se registran los diferentes puntos y tiempos por
los que transita una persona.
Acoso: se trata de actos repetidos y no solicitados contra una persona,
grupo de personas u organización que son percibidos como intrusivos o
amenazadores. El acoso en el entorno digital, definido por la Ley N° 20.327
como acoso telemático, refiere a la utilización de medios telemáticos para
vigilar, perseguir o procurar cercanía física, estableciendo o intentando
establecer contacto con una persona, sea de forma directa o por intermedio
de terceros, de tal modo que altere gravemente el desarrollo de su vida.
Difusión de fotos íntimas o información privada: compartir sin autorización
cualquier tipo de información, datos o detalles privados relacionados con
una persona. Las difusiones de imágenes íntimas suelen ser usadas con la
intención de causar daño en la reputación de una persona. Esta forma de
violencia mediática y simbólica daña la integridad y dignidad de las personas.
Extorsión: forzar a una persona a actuar de acuerdo a la voluntad de otra,
a través de amenazas e intimidación por medios digitales. Si la extorsión
involucra contenido íntimo, se denomina sextorsión.
Discursos de odio: son discursos ofensivos que atacan tanto a personas como
a pueblos en función de su identidad. Suceden en línea y fuera de ella, y sus
efectos impactan en la convivencia y la inclusión social.
Ciberbullying: es el hostigamiento sistemático y sostenido en el tiempo
entre niños, niñas y adolescentes en entornos digitales. Es el correlato digital
del bullying, y es un tipo de agresión que se caracteriza por ser constante y
duradera, no se trata de peleas aisladas.
Grooming: es el contacto de una persona adulta hacia un niño, niña o
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La red delante de las pantallas
adolescente con la intención de abusar de su integridad sexual a través de
plataformas digitales.
Phubbing: ignorar o despreciar a las personas que están a nuestro alrededor
por dar prioridad a nuestros dispositivos móviles. Es una combinación de las
palabras en inglés phone (teléfono) y snubbing (hacer un desprecio). Se puede
traducir al español como ningufoneo.
Violencia en línea: revisar nuestras propias prácticas
Conocer las diferentes formas en que la violencia se expresa en el
entorno digital es una acción necesaria para contribuir a un cambio
cultural y a la promoción de pautas de relacionamiento no violentas.
Es clave tener presente que, en las etapas de desarrollo de infancias y
adolescencias, les resulta más difícil identificar riesgos o peligros, así
como dimensionar las consecuencias de sus acciones. Por ello se hace
indispensable la presencia de las personas adultas como espacio seguro
y referente para recurrir en caso de exposición a situaciones riesgosas.
Discursos de odio: una forma extrema de violencia que puede
alterar la paz social
Como advierte la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la
Ciencia y la Cultura (Unesco, por su sigla en inglés) (2024), el discurso de odio, que
puede presentarse en forma de xenofobia, racismo, antisemitismo, odio contra
los musulmanes, odio anti-LGBTQI+, misoginia y otros tipos de intolerancia,
aumenta en todo el mundo, extendiéndose más rápido y más lejos mediante las
plataformas digitales.
El discurso de odio no sólo provoca daños a nivel personal y puede incitar a la
violencia, sino que constituye un ataque a la inclusión, la diversidad y los derechos
humanos. Socava la cohesión social y erosiona los valores comunes, retrasando
la paz, la estabilidad, el desarrollo sostenible y el cumplimiento de los derechos
humanos.
Según la Organización de Naciones Unidas (ONU), el discurso de odio tiene tres
características esenciales:
Se manifiesta en cualquier forma de expresión, incluidas imágenes, dibujos
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La red delante de las pantallas
animados o ilustraciones, memes, objetos, gestos y símbolos; y se difunde a
través de medios digitales o analógicos.
Es discriminatorio o peyorativo, es decir, sesgado, fanático, intolerante, basado
en prejuicios, despectivo o humillante, hacia una persona o grupo.
Se centra en factores de identidad reales o percibidos de una persona o grupo,
que incluyen: su religión, etnia, nacionalidad, raza, color, ascendencia o género,
pero también en otras características como su idioma, origen económico
o social, discapacidades, diversidad corporal, estado de salud u orientación
sexual, entre otras muchas.
En Uruguay, la Ley N° 17817 define a la discriminación como
“toda distinción, exclusión, restricción, preferencia o ejercicio de
violencia física y moral, basada en motivos de raza, color de piel,
religión, origen nacional o étnico, discapacidad, aspecto estético,
género, orientación e identidad sexual, que tenga por objeto o por
resultado anular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio,
en condiciones de igualdad, de los derechos humanos y libertades
fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural o
en cualquier otra esfera de la vida pública”.
Desarmar los discursos de odio para construir
ciudadanía
Garantizar la libertad de expresión y desalentar la difusión de discursos
de odio, además de comprender las consecuencias y la repercusión
de las palabras y acciones en otras personas, fomenta el respeto, la
comprensión mutua y un sentimiento compartido de humanidad.
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La red delante de las pantallas
Diferentes nombres para la situación de acoso:
ciberbullying/ ciberhostigamiento/ ciberacoso
El ciberbullying es el acoso virtual entre pares, siendo estos niños, niñas o
adolescentes, e incluye las conductas hostiles sostenidas en el tiempo, de forma
reiterada e intencionada por parte de una persona o grupo, con la finalidad
de producir daño a otra, mediante la utilización de tecnologías digitales,
independientemente del conocimiento de lo que está sucediendo.
Algunos de los medios que pueden ser utilizados en el ciberbullying son las
plataformas sociales, servicios de mensajería, videojuegos, la cámara de los
dispositivos móviles, aplicaciones de edición de imágenes y videos, entre otros.
El hostigamiento en línea o ciberhostigamiento permite la continuidad del
acoso a toda hora y desde cualquier sitio, no hay control sobre el alcance de la
información y la viralización puede expandir la repercusión de la violencia en
el tiempo. La falta de empatía que puede generar la distancia impuesta por
la virtualidad y el anonimato, contribuyen a que más personas se sumen a la
agresión
El bullying se refiere al hostigamiento físico o psicológico, de forma intencionada,
entre pares en los espacios de convivencia presencial. Esto significa que la
agresión en sí se detiene una vez que el niño, niña o adolescente se retira del
lugar.
Actualmente, ambas violencias pueden suceder en un continuo, lo que genera la
sensación de desamparo e imposibilidad de escapatoria ante la agresión.
El ciberacoso es el acoso o intimidación por medio de tecnologías digitales,
que se repite en el tiempo y que busca atemorizar, enfadar o humillar a otras
personas.
El ciberbullying puede ampliarse a una situación de ciberacoso cuando se
expande en el territorio digital, es decir, el alcance de esa violencia trasciende a
las personas involucradas inicialmente y se suman otros actores al hostigamiento,
incluso personas adultas.
Formas en las que puede presentarse el ciberbullying
Manipulación de contenido: utilizar información encontrada en las
plataformas para difundirla de forma no adecuada, ya sea editada o
descontextualizada.
Denigración: enviar o compartir rumores sobre otra persona para
desacreditar, difamar, ofender, discriminar o dañar su reputación o sus
amistades.
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La red delante de las pantallas
Hostigamiento: envío reiterado de mensajes desagradables.
Exclusión: excluir de forma explícita o implícita a alguien de un grupo en línea
de forma deliberada y cruel.
Suplantación de identidad: hacerse pasar por la víctima o usar sus perfiles
para realizar acciones en su nombre que puedan perjudicarla.
Violación de la intimidad: compartir secretos, conversaciones, audios,
información o imágenes embarazosas de la víctima en la red.
Roles en el ciberbullying
Para abordar en forma integral esta temática es
importante identificar los distintos roles que se ejercen:
Víctima: persona que sufre el acoso.
Quien o quienes acosan: inicia y realiza el acoso
activamente.
Cómplices: no inician el acoso, pero toman parte
activa y lo potencian.
Testigos: observan y están al tanto de lo que sucede, pero no intervienen. Esta
omisión les posiciona más cerca de las personas cómplices.
Quienes defienden: desaprueban el acoso y tratan de defender a la víctima.
Es fundamental tener presente que los roles no definen a las personas, sino que
éstas los ocupan momentáneamente.
Esta perspectiva colabora en la promoción del corrimiento de las personas
hacia otros roles para desactivar la situación de acoso. Contribuye a que quienes
ejercen violencia puedan reflexionar y reparar el daño, que aquellas personas
testigos puedan transformarse en defensoras, que la persona acosada no se
sienta desesperanzada y a su vez, evita que quien acosa se trasforme en víctima.
Percibir el acoso como un conflicto entre una persona fuerte (quien acosa) y una
persona débil (víctima) es una idea que requiere ampliar la perspectiva: ambas
partes se encuentran afectadas, existiendo diversos factores sociales, familiares
o emocionales que pueden contribuir a que se produzcan las situaciones de
violencia.
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La red delante de las pantallas
Es importante prestar atención tanto a la víctima como a quiénes acosan, ya
que pueden necesitar ayuda para abordar su comportamiento y desarrollar
conexiones sanas con otras personas, aprendiendo nuevas habilidades sociales y
emocionales.
Puede que niños, niñas o adolescentes no se transformen en personas defensoras
por entender que el asunto no les compete, o por temor a ser víctimas de
hostigamiento, por lo que es importante acompañar y brindar las garantías que
fomenten una actitud activa y compasiva para detener la violencia y promover la
convivencia saludable.
Repercusiones del ciberbullying
La pérdida de control de la información en Internet hace que se dificulte su
eliminación y que perdure en el tiempo, más allá del contexto de las personas
protagonistas. Una experiencia vivida en la infancia o adolescencia puede salir a la
luz en la etapa adulta, con diversas repercusiones.
Esta práctica puede traer, según el rol, distintas consecuencias legales,
psicoemocionales y vinculares. Algunas de las repercusiones que el ciberbullying
puede traer a quién lo sufre se relacionan con la baja autoestima, el estrés, las
somatizaciones como dolores físicos, fiebre, alergias; modificaciones en los
patrones de sueño, aislamiento o sentimientos de soledad, bajo rendimiento
académico, pérdida de interés en sus actividades habituales, actitudes
de ansiedad, actitudes depresivas, conductas agresivas, pensamientos
autodestructivos que, en casos extremos, pueden llevar al suicidio.
Esta violencia no afecta únicamente a quien la padece o ejerce, sino a todas las
personas que se exponen a ella. Visibilizarla contribuye a desnaturalizarla.
La forma en la que las personas adultas actúan y colaboran en la resolución de
esa situación marca precedentes, por lo que es fundamental su involucramiento
en la desnaturalización de la violencia y la promoción de vínculos saludables para
una convivencia pacífica.
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La red delante de las pantallas
Ciberbullying: la escucha como clave en el
acompañamiento
Desde el rol adulto se debe cooperar para desescalar y desarticular
la situación de violencia. Para ello es necesario intervenir desde la
escucha de todas las partes y así poder acompañar desde el respeto
y la moderación. Esto puede ser desafiante, evaluar involucrar
a un mediador neutral como herramienta clave para facilitar el
entendimiento y avanzar hacia una solución constructiva. Es además
una tarea que requiere un abordaje colectivo, en donde es tan
imprescindible tender puentes de comunicación entre las familias de
las personas involucradas, como la participación activa de la comunidad
educativa, centro deportivo o institución que les reúna.
Violencia sexual en el entorno digital
La violencia sexual digital afecta especialmente a mujeres, niñas, niños y
adolescentes.
Se trata de interacciones y comportamientos en el entorno digital que
reproducen dinámicas sexuales violentas o que tienen el objetivo de agredir
sexualmente a una persona. Esta violencia se expresa mediante la interacción o
el envío de contenidos de carácter sexual como imágenes, videos, comentarios
inapropiados, amenazas, ofensas e insultos. Implica una vulneración de derechos
al incluir exposición a contenidos que pueden ser nocivos, difusión no consentida,
humillación, hostigamiento, daño a la intimidad, a la integridad psíquica y a la
seguridad de las personas.
En el caso de niños, niñas y adolescentes, la violencia sexual digital refiere a
cualquier forma de abuso, acoso o explotación sexual que ocurre a través de
plataformas digitales.
Según Unicef “La explotación sexual ocurre cuando un grupo de
personas o una persona involucra a niñas, niños o adolescentes
en actos sexuales para satisfacción propia o de otras personas a
cambio de cualquier tipo de retribución, dinero, especias, protección,
regalos. Es una flagrante violación de Derechos Humanos.“
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La red delante de las pantallas
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el abuso
sexual a infancias y adolescencias como: “Participación de
un niño, niña o adolescente en una actividad sexual que no
entiende plenamente y con respecto a la que no está capacitado
para dar su consentimiento informado, o para la cual no está
preparado de acuerdo con su nivel de desarrollo y no puede dar
su consentimiento, o que infringe las leyes o tabús de la sociedad.
Los niños y las niñas pueden ser objeto de abuso sexual perpetrado
tanto por adultos como por otros niños o niñas que, en virtud de
su edad o etapa de desarrollo, se encuentran en una posición de
responsabilidad, confianza o poder sobre la víctima”.
Un factor relevante que puede favorecer la prevención de la violencia sexual es
la educación sexual integral (ESI). Se trata de un derecho fundamental para el
desarrollo saludable de la sexualidad, que se debería garantizar en los distintos
espacios de socialización, como el hogar y las instituciones educativas. La ESI
promueve el cuidado propio y de las demás personas, la construcción de vínculos
saludables y brinda herramientas que permiten la identificación y prevención de
abusos sexuales y otras violencias, tanto de forma presencial como en el entorno
digital.
Exposición a contenido sexual explícito
El acceso a dispositivos y plataformas sociales a edades cada vez más tempranas
pone al alcance de infancias y adolescencias todo tipo de contenidos. Entre los
que se encuentran materiales de carácter sexual, incluso sin haberlo buscado o
consentido. Por la etapa del ciclo vital en la que se encuentran, la exposición a
estos contenidos puede ser abrumadora y difícil de procesar.
Hay prácticas que se han naturalizado, como el envío de stickers con imágenes
sexuales explícitas. Es común que éstos circulen en grupos de servicios de
mensajería donde sus participantes son niños, niñas o adolescentes. La
exposición a estos contenidos es una forma de violencia sexual que vulnera los
derechos de infancias y adolescencias. Es importante reflexionar sobre quién
tiene la responsabilidad de que esas imágenes estén disponibles y circulen sin
restricciones, conversar sobre lo violento que es compartir este tipo de contenidos
y pensar en el impacto que puede tener en las personas que los reciben y en los
derechos de quienes aparecen en las imágenes.
Al hablar de contenido sexual explícito, es importante mencionar a la pornografía
que, actualmente, debido a las posibilidades que brinda el entorno digital,
presenta mayor facilidad de acceso, cantidad de producción, variedad de
contenidos, como también diversidad de formatos y espacios donde acceder a
ella.
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La red delante de las pantallas
Algunas de las formas o sitios en los que puede presentarse este tipo de
contenido son: al buscar determinada información en imágenes, en ventanas
emergentes de publicidad en sitios web sin restricciones, en las plataformas
sociales, recepción de mensajes sin consentimiento a través de chats, algunos
videojuegos, suplantación y manipulación de dibujos animados populares con
contenidos inapropiados, animaciones para mayores de 18 años, sitios porno
gratuitos con restricciones de acceso poco efectivas, o en dispositivos de personas
adultas cercanas.
En una encuesta realizada en nuestro país entre 2021 y 2022, por el Programa
Género, Sexualidad y Salud Reproductiva de la Facultad de Psicología de la
Universidad de la República, el 68 % de adolescentes encuestados declaró haber
visto pornografía y de ese número, casi un cuarto la vieron por primera vez entre
los 6 y los 11 años.
La exposición a contenido sexual explícito desde una edad temprana y de manera
frecuente afecta el desarrollo sexual esperable e interfiere negativamente en el
proceso de autoconocimiento y autoexploración. Los guiones que establecen y
reproducen determinadas formas de relacionarse sexualmente, obstaculizan el
desarrollo de los propios deseos y pueden desensibilizar sobre la violencia sexual y
las desigualdades. La exposición sostenida en el tiempo puede generar ansiedad,
baja autoestima e inseguridad, y llevar a tener ideas distorsionadas sobre las
relaciones sexoafectivas, los roles de género, la intimidad y el consentimiento. Al
mismo tiempo, puede aumentar la vulnerabilidad a ser víctimas de grooming.
Difusión de imágenes íntimas sin consentimiento no es sexting
La palabra sexting proviene del inglés “sex”, que significa sexo y “texting”, que
se refiere al envío de mensajes de texto. Es una práctica sexual dentro de una
relación sexoafectiva que consiste en el envío y recepción con consentimiento
de contenido de índole sexual o erótico, producidos por el propio remitente,
utilizando para ello el teléfono móvil u otro dispositivo tecnológico. Pueden ser:
fotografías, audios, vídeos, textos, stickers, emoticones.
Cuando no es una práctica consensuada por quienes participan del intercambio,
se atenta contra la intimidad de las personas y puede volverse un problema.
Se produce un daño cuando ese contenido se comparte o viraliza sin el
consentimiento de quien allí aparece.
Es importante diferenciar el sexting como una forma compartida y consensuada
de expresar y experimentar la sexualidad en el entorno digital, de la difusión de
imágenes íntimas sin consentimiento y la sextorsión.
Cuando un contenido íntimo sale del ámbito privado deja de ser sexting y la
difusión sin consentimiento de ese contenido se convierte en una forma de
violencia sexual digital. Puede reproducir la violencia de género ya que la mayoría
de las víctimas son mujeres, a las que se les adjudica responsabilidad por haberse
tomado las fotografías o videos.
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La red delante de las pantallas
Es importante reconocer que en el proceso de difusión o viralización no solo
pueden participar personas adultas, varones y mujeres, sino también niños,
niñas o adolescentes. En estos casos, la responsabilidad del daño causado es de
todas las personas que comparten o publican las fotografías, videos o audios sin
consentimiento.
La palabra sextorsión proviene de la combinación de “sexo” y “extorsión”. Se
refiere a un chantaje para que la víctima realice una determinada acción como,
mantener relaciones sexuales con alguien, entregar más imágenes, dinero
o alguna otra contrapartida, bajo la amenaza de compartir o distribuir sus
imágenes íntimas. Las víctimas podrían conocer o no a quien realiza la extorsión.
En Uruguay la divulgación de imágenes o grabaciones con
contenido íntimo sin consentimiento, puede constituir un delito. El
artículo 92 de la Ley 19.580 establece que “el que difunda, revele,
exhiba o ceda a terceros imágenes o grabaciones de una persona
con contenido íntimo o sexual, sin su autorización, será castigado
con una pena de seis meses de prisión a dos años de penitenciaría.
En ningún caso se considerará válida la autorización otorgada
por una persona menor de dieciocho años de edad. Este delito se
configura aun cuando el que difunda las imágenes o grabaciones
haya participado en ellas.”
Prácticas como la difusión de imágenes íntimas sin consentimiento o la
sextorsión pueden tener consecuencias como:
Daños en la víctima en su integridad física, psicológica, emocional y social.
Impacto en la huella digital de la víctima y, por consiguiente, daño a su
identidad y reputación, considerando la dificultad para eliminar el contenido.
La ausencia de espacios de refugio, ya que el entorno digital es un territorio
en donde las fronteras de tiempo y espacio son difusas, por lo que la violencia
puede seguir reproduciéndose, aunque la víctima no esté conectada e incluso
reaparecer más adelante en el tiempo.
Repercusiones legales para quien produce el daño.
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La red delante de las pantallas
Algunas estrategias de cuidado para la práctica del sexting:
Que el registro, envío y la recepción sea siempre con consentimiento.
Anonimizar las imágenes para que no se identifiquen las personas a través de
rasgos físicos distintivos, marcas, tatuajes, accesorios, ubicación, entre otros.
Borrar el contenido íntimo de los dispositivos, incluso el que pueda estar
alojado en la nube.
Tener contraseñas seguras para los dispositivos y para las aplicaciones.
Recordar que las contraseñas son personales y no deben compartirse con
otras personas.
Acompañamiento para la prevención de la difusión de imágenes íntimas sin
consentimiento:
Educar sobre el consentimiento desde lo cotidiano.
Promover el ejercicio reflexivo y crítico de las prácticas que, estando
naturalizadas, pueden vulnerar los propios derechos o los de otras personas.
Tener un enfoque que priorice el respeto, el cuidado y la empatía para no
contribuir al daño hacia otras personas.
Fomentar el diálogo sobre estas temáticas. Escuchar con disponibilidad
emocional a infancias y adolescencias.
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La red delante de las pantallas
En el entorno digital: con consentimiento una práctica
sexual, sin consentimiento violencia sexual
La práctica de sexting no es buena o mala en sí misma, pero es
importante conocer las estrategias para realizarla desde el cuidado y
respeto. Es clave también identificar riesgos y consecuencias que puede
traer romper el acuerdo, tanto para realizar la práctica como para la
divulgación sin consentimiento del material registrado en un marco de
privacidad.
En estas situaciones, es importante reflexionar sobre las consecuencias
del reenvío de este tipo de contenido y la responsabilidad sobre el daño
que puede ocasionar, sea intencional o no.
Grooming: ciberengaño pederasta
El grooming se define como una práctica delictiva ejercida por una
persona adulta (con excepciones), que consiste en las acciones realizadas
deliberadamente para establecer una relación y un control emocional sobre un
niño, niña o adolescente con el propósito de ejercer abuso sexual.
En este delito la persona adulta, cercana o desconocida, engaña a un niño, niña
o adolescente para ganar su confianza, con intención de obtener fotos o vídeos
sexuales o de desnudos, e incluso utilizarlos para la extorsión. Pueden limitarse a
coleccionar de forma anónima fotos y videos, ser parte de una red de explotación
sexual o incluso buscar el encuentro presencial con intenciones de abusar
sexualmente de la víctima.
Quien ejerce grooming puede hacerlo a través de la suplantación de identidad, al
hacerse pasar por otro niño, niña o adolescente. Puede incluir también engaño,
manipulación, extorsión, promoción de conversaciones incómodas con contenido
sexual, envío de pornografía, solicitud de imágenes íntimas pertenecientes al
niño, niña o adolescente y sextorsión, entre otras. Existe la posibilidad de que esta
práctica sea ejercida también por una persona adolescente hacia un niño o niña.
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La red delante de las pantallas
El artículo 94 de la Ley 19.580 establece que “el que, mediante
la utilización de tecnologías, de internet, de cualquier sistema
informático o cualquier medio de comunicación o tecnología
de transmisión de datos, contactare a una persona menor de
edad o ejerza influencia sobre el mismo, con el propósito de
cometer cualquier delito contra su integridad sexual, actos con
connotaciones sexuales, obtener material pornográfico u obligarlo a
hacer o no hacer algo en contra de su voluntad será castigado con
de seis meses de prisión a cuatro años de penitenciaría”
¿Cómo acompañar para prevenir el grooming?
Reconocer a una persona extraña en Internet puede ser más difícil que en la
presencialidad. Alguien que en línea se presenta como un par y establece un
vínculo de confianza conectando con los gustos, intereses o experiencias del
niño, niña o adolescente, puede resultar difícil de identificar como una persona
extraña. Por ello, es clave promover la construcción de criterios sólidos que les
permitan evaluar cuándo y en quiénes confiar.
Al mismo tiempo, se hace indispensable conversar sobre los riesgos y las diversas
situaciones de violencia existentes en Internet para que infancias y adolescencias
puedan reconocerlas si las experimentan y sepan que pueden pedir ayuda a sus
referentes.
El diálogo puede ser en relación a las características de las plataformas que
utilizan, por qué es importante cumplir con el mínimo de edad necesario
para poder crearse una cuenta, cuál es el alcance que tiene la información
que publican, quiénes pueden acceder a su contenido y quiénes no, quiénes
pueden ver sus perfiles, con quiénes se pueden contactar en caso de que sea un
videojuego en línea, quiénes pueden enviarles mensajes.
Es preciso hacer mención acerca de lo que puede suceder en las conversaciones
que se dan en Internet, como el tipo de lenguaje que se utiliza, las temáticas que
se presentan, los contenidos, pedidos o presiones que puedan aparecer, para que
logren identificar situaciones riesgosas, incómodas, que vulneren sus derechos o
los de otras personas. Promover la comunicación sobre sentimientos, emociones
o sensaciones incómodas o negativas habilita la posibilidad de identificar
situaciones de manipulación, extorsión, sometimiento y otras formas de violencia
a las que las infancias y adolescencias pueden estar expuestas.
Muchas veces las personas que realizan el ciberengaño pederasta, suelen utilizar
estrategias, como ofrecerles beneficios en un videojuego a cambio de imágenes,
hacerse pasar por agentes de modelos para solicitar fotos, por representantes que
les ofrecen fama o dinero, o por pares que se muestran “enamorados” aun sin
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La red delante de las pantallas
haberse conocido personalmente. Es importante promover el cuestionamiento a
las promesas y recetas con soluciones “mágicas” o “inmediatas” que enmascaran
prácticas abusivas.
Es fundamental prestar atención a las relaciones que infancias y adolescencias
establecen en las plataformas sin ejercer una mirada persecutoria o de excesivo
control. Esta intromisión suele generar un efecto contraproducente que les lleva
a intentar esconder más sus actividades. Por el contrario, se trata de propiciar
momentos de confianza para que puedan recurrir a referentes adultos ante
dudas, inquietudes o situaciones que les perturben.
¿Cómo actuar ante un caso de grooming?
Infancias y adolescencias no deben gestionar por sí mismas un caso de
grooming, las personas adultas son las que deben llevar a cabo la denuncia y
acompañar a la víctima.
Para facilitar la investigación y el proceso de denuncia se sugiere:
Escuchar a la víctima con empatía y compasión: dejar claro que la
responsabilidad es enteramente de quién comete el abuso y no de quién lo
sufre.
No increpar a quién comete el abuso para evitar que se dé cuenta que fue
descubierto.
No hacerse pasar por la víctima: esta práctica no aporta pruebas y puede
entorpecer la investigación.
No denunciar ni bloquear en las plataformas a quién comete el abuso, ya que
se pueden perder pruebas del delito y el rastro de quién abusa, que puede
continuar agrediendo a otras víctimas.
Se deben guardar todas las pruebas posibles como: capturas de pantalla,
nombre del perfil, url de la cuenta, imágenes recibidas y enviadas, entre otras;
y hacer la denuncia en la fiscalía especializada o comisaría más cercana.
Se puede llamar a la Línea azul para recibir orientación sobre cómo actuar.
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La red delante de las pantallas
Grooming: concientizar para evitar el daño
Es importante saber que entre el primer contacto ejercido por quién abusa
y un posible daño deben ocurrir una cadena de acontecimientos. Este
proceso puede ser frustrado por el niño, niña o adolescente, siempre que
tenga las herramientas para lograr identificar situaciones de riesgo y que
sus referentes sean un espacio seguro y de confianza a donde recurrir si
algo negativo les sucede. Es fundamental que las personas adultas tengan
presente que emitir juicios o enojarse con quién es víctima de un abuso
sólo aumenta su situación de vulnerabilidad.
Entorno digital: un espacio propicio para socializar, pero con cuidados
Infancias y adolescencias encuentran en el entorno digital personas o grupos de
interés a través de las plataformas sociales, con los que compartir e intercambiar,
por ejemplo, sobre ideas, opiniones, música, juegos, libros.
Es fundamental acompañarles en el desarrollo de habilidades para que esa
socialización, al igual que en la vida analógica, se realice en forma segura, cuidada
y responsable.
Desde una perspectiva de beneficios que disminuya los riesgos es necesario
tomar recaudos, teniendo en cuenta que tanto las plataformas sociales como los
videojuegos en línea, en su mayoría, no están diseñados para protegerles.
Encontrarse presencialmente con alguien que se contactó en línea puede ser
beneficioso en muchos casos. Para prevenir situaciones riesgosas, existen algunas
estrategias al acordar encuentros con personas desconocidas:
Comunicar, con antelación, sobre estos encuentros a alguna persona adulta
de confianza.
Asistir siempre con compañía.
Aceptar determinadas zonas geográficas, preferentemente cercanas a su
entorno habitual para que pueda ubicarse con facilidad.
Preferir lugares públicos, muy concurridos y en horarios diurnos.
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La red delante de las pantallas
Ante situaciones de violencia, constituirse en un
espacio seguro
A pesar de que hayan existido conversaciones previas con niños, niñas
y adolescentes sobre los cuidados que hay que tener en el entorno
digital, es posible que alguna vez cometan un error, se confundan o
pase algo que les genere incomodidad o angustia. El acompañamiento
de las personas adultas se hace indispensable ante la exposición a este
tipo de contenido, sobre todo para ayudarles a procesar lo que puedan
haber experimentado. Es fundamental transmitirles el mensaje de que
siempre pueden recurrir a las personas adultas y contarles lo que pasó,
con la confianza de que lo más importante es su bienestar.
RECOMENDACIONES PARA EL ACOMPAÑAMIENTO:
Prevenir y mitigar los impactos de las situaciones
de violencia en el entorno digital
Tener siempre presente que nuestras acciones tienen un mayor impacto
que nuestras palabras; no basta con decir lo que hay, o no, que hacer, sino
ser ejemplo de cómo convivir armónicamente, también en el entorno
digital.
Generar espacios para conversar y reflexionar acerca de las distintas formas
de abuso o violencias existentes en el entorno digital, con el propósito de
identificarlas, dimensionar su impacto y evitar reproducirlas.
Dialogar sobre los discursos de odio y las actitudes que pueden provocar la
autocensura. Por ejemplo, ante situaciones de hostigamiento en Internet
hacia ciertos colectivos, estos deciden retirar su presencia en línea o
autocensurarse para evitar ser dañados. Estas situaciones contribuyen a
generar un espacio digital más hostil y menos diverso.
Promover una actitud activa para detener o desarmar las situaciones de
violencia, recordar que no intervenir nos hace cómplices. Contribuir, a
través de prácticas amables, respetuosas y conciliadoras, a la construcción
de un entorno digital que favorezca una convivencia saludable.
Contener y demostrar disponibilidad al diálogo ante una situación de
violencia en línea. Evitar avergonzar o culpar a las personas involucradas
para que puedan contar con sinceridad lo que pasó.
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La red delante de las pantallas
Acompañar con afecto y empatía a quién está sufriendo, evitar cargar el
peso de la responsabilidad en sus acciones y recordar que estamos frente
a un caso de violencia donde sus derechos están siendo vulnerados.
Evitar preguntas y juicios que puedan hacer sentir culpable a la víctima
y aumentar su sufrimiento. La revictimización dificulta la reparación, la
posibilidad de realizar denuncias y puede incidir en su retractación.
Proteger la intimidad de las personas involucradas. Tener especial cuidado
al compartir información con otras personas sobre lo sucedido.
Reforzar la importancia de contarle a una persona adulta de confianza si
alguien les exige, extorsiona o manipula para hacer algo que les incomoda,
perturba o vulnera sus derechos, ya que es una forma de violencia.
Generar ámbitos de confianza para que, ante situaciones de violencia
digital, niños, niñas y adolescentes puedan pedir ayuda.
Reflexionar acerca de cómo algunas prácticas, consideradas como
cuidados, pueden constituir formas de vulneración de derechos, siempre
que no se realicen de forma acordada, consensuada y respetando el
desarrollo de su autonomía progresiva. Por ejemplo: monitorear los
horarios de conexión o los contactos de infancias y adolescencias; pedirles
las contraseñas para revisar sus plataformas o interacciones en línea,
controlar la ubicación a través de los dispositivos.
Tejer red con familias y otros referentes de la comunidad: frente a una
situación de violencia, dialogar entre las personas adultas para colaborar
en la resolución de conflictos también en el entorno digital, y así promover
una mejor convivencia.
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La red delante de las pantallas
Responder ante la violencia
Hace días que Alejo nota que Felipe, su hijo de 13 años, está irritado,
enojado y hasta sin ganas de comer. Nota en su mirada un dejo de
tristeza o angustia, pero cuando le pregunta se incomoda y no comenta
nada. Alejo no sabe si son estados propios de su edad o es por algo
puntual, así que comienza a prestarle más atención y concluye que este
estado empeora luego de sus clases de gimnasia en el liceo.
Una tarde en la que Felipe está de buen ánimo, al volver de hacer
mandados, su papá aprovecha a indagar sobre cómo se siente en esta
nueva etapa liceal. Felipe le cuenta que sus compañeros hicieron un
sticker de él haciendo gimnasia y desde hace un mes se burlan de él,
compartiéndolo reiteradamente en los grupos de WhatsApp.
Sin involucramiento adulto: Alejo le resta importancia y le dice
que no les preste atención, que ya se van a aburrir y lo van a dejar en
paz. Felipe, frustrado y aún más angustiado, siente que su padre no lo
entiende y no sabe a quién más recurrir. La violencia continúa y cada
vez se aísla más de sus vínculos.
Con involucramiento adulto: Alejo lo abraza y le comenta que
haciendo fuerza o ejercicios aeróbicos todos parecemos medio ridículos,
sin embargo, no por eso debemos burlarnos de otras personas. Le
explica que es importante que las personas adultas estén al tanto de
esta situación y tomen acciones para desactivarla. Le avisa que va a
hablar con su profesora para que juntos familia y liceo puedan parar
esta situación. Felipe, aunque le incomoda un poco la idea, se siente
escuchado, acompañado y cuidado por su padre. Así comienzan a
desarticular una situación de violencia y contribuyen a evitar que otras
personas la padezcan.
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La red delante de las pantallas
¿Permanecemos en el entorno digital más tiempo
del que desearíamos?
¿Cuántas veces tomamos el celular para chequear
algo específico y terminamos scrolleando en una
plataforma social?
¿Qué tan difícil resulta poner o ponernos límites en el
uso de las pantallas?
¿Cómo sentimos el cuerpo y la mente después de
pasar muchas horas en línea?
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La red delante de las pantallas
Desconectar para reconectar
La incorporación al entorno digital como parte de las relaciones sociales, laborales
y estudiantiles es para muchas personas indispensable o conveniente. Ejemplo
de esto es la comunicación a través de servicios de mensajería instantánea, la
utilización del correo electrónico o plataformas educativas como CREA.
Al mismo tiempo, es preciso reconocer la existencia de un mercado, cuyo modelo
de negocio tiene como principal fuente de ingresos las interacciones de las
personas en el entorno digital, por lo que captar la atención para mantenernos allí
se transforma en su principal objetivo.
Es relevante, entonces, tener presente que permanecer en este entorno no
siempre es una decisión personal. En este sentido, las infancias y adolescencias
pueden presentar dificultades para lograr desconectarse, lo que tiene impactos
negativos en distintas esferas de su vida.
En la Observación 25 se plantea que “las tecnologías digitales
ofrecen múltiples oportunidades para mejorar la salud y el
bienestar de los niños, niñas y adolescentes cuando están en
armonía con su necesidad de descanso, ejercicio e interacción
directa con sus iguales, familias y comunidades. Los Estados partes
deben formular orientaciones destinadas a los niños, los padres,
los cuidadores y los educadores sobre la importancia de mantener
un equilibrio sano entre las actividades digitales y no digitales, así
como de gozar de suficiente descanso.”
Debido a la etapa de neurodesarrollo en la que se encuentran niños, niñas
y adolescentes, su sistema de autocontrol todavía es inmaduro y se suele
anteponer el valor de la recompensa por sobre otras cosas. Por tanto, en
un entorno digital diseñado para captar y mantener la atención a través de
mecanismos de gratificación inmediata, se vuelve más compleja la posibilidad
de autorregulación y por ello, resulta imprescindible el acompañamiento de las
personas.
¿Cómo?
Tener presente la etapa del desarrollo en la que se encuentra el niño,
niña o adolescente al momento de tomar decisiones acerca de la
exposición a las pantallas, teniendo en cuenta las recomendaciones
de Unicef en su Guía Pantallas en Casa. Construir límites entre
los momentos de conexión y desconexión ayudan al proceso de
autorregulación y autonomía. Definir qué tipos de dispositivos se
utilizarán y bajo qué condiciones.
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La red delante de las pantallas
¿Cuándo?
Definir cuándo priorizar la desconexión o la conexión. Resulta
importante no tener contacto con las pantallas una hora antes de
dormir y hasta una hora después de despertarse, para asegurar un
buen descanso.
Es importante comer sin pantallas para favorecer la conexión con la
nutrición que nos permite disfrutar de los alimentos que estamos
ingiriendo e identificar cuándo estamos satisfechos.
Evitar las pantallas como elemento distractor, que pueda interrumpir la
capacidad de concentración, la gestión de emociones, o el vínculo con
otras personas.
¿Qué?
Definir qué contenidos son apropiados y cuáles no, acorde a la etapa del
desarrollo. Es importante tener presente y respetar la clasificación por
edades y características de los contenidos audiovisuales, videojuegos
y las plataformas sociales para evitar la exposición a contenidos que
puedan ser nocivos.
Acompañar los consumos dialogando sobre lo que ven o escuchan,
haciendo preguntas para que conecten con la reflexión al momento de
estar mirando o escuchando un contenido es esencial para el desarrollo
del pensamiento crítico.
El equilibrio es dinámico
Cada niño, niña y adolescente tiene sus particularidades más allá de la
etapa del desarrollo en la que se encuentran. Poder identificarlas, nos
ayuda a tomar mejores decisiones a la hora de acompañar su relación
con el entorno digital y respetar el proceso progresivo de su autonomía.
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La red delante de las pantallas
Economía de la atención:
la disputa por un bien cada vez más escaso
La gran mayoría de las plataformas están diseñadas con fines económicos, el
modelo de negocio consiste en brindar servicios de forma “gratuita”, financiados
a través de la publicidad, a cambio de poder recolectar nuestra información.
La arquitectura de estas plataformas se propone sostener nuestra atención
para que pasemos más tiempo en ellas y así poder obtener información sobre
nuestros datos personales, gustos, intereses, consumos y comportamiento
en el entorno digital. Cuanta más información obtenga, más segmentada,
personalizada y efectiva logrará ser la publicidad o la propaganda (política,
ideológica, religiosa, etc.) que nos presente.
Por lo tanto, la “gratuidad” resulta aparente porque si bien no abonamos
con dinero el servicio, lo estamos pagando con nuestros datos, información,
privacidad y tiempo; y éste pasa a ser un activo de gran valor para sostener el
modelo de negocio de las empresas, lo que se conoce como economía de la
atención.
Para lograr captar y mantener nuestra atención la mayor cantidad de tiempo
posible, las empresas tecnológicas recurren a los conocimientos provenientes de
diversas disciplinas como la neurociencia y la psicología cognitiva conductual,
entre otras. Al diseñar las plataformas digitales, se toma como insumo el impacto
que los sistemas de recompensa generan en nuestro cerebro y, en consecuencia,
en nuestra conducta.
Las notificaciones, los “me gusta”, los comentarios, el escroleo infinito que
siempre presenta nuevo contenido y emula el movimiento de los tragamonedas
de los casinos, así como los videojuegos con premios visuales y sonidos excitantes,
ofrecen una recompensa inmediata que estimula la liberación de dopamina
en el cerebro, una sustancia química que proporciona placer y relajación. Pero
se trata de descargas cortas, pequeños instantes de felicidad, que precisan de
la retroalimentación constante, ya que cuando desciende su efecto genera
una sensación de desasosiego que nos empuja a tratar de recuperar el estado
anterior.
Aunque este funcionamiento afecta a todas las personas, es especialmente
riesgoso para niños, niñas y adolescentes en su interacción con el entorno digital,
ya que la facilidad para activar el sistema de recompensa, junto con la inmadurez
de la corteza prefrontal, favorece el desarrollo de conductas adictivas a edades
tempranas. En el siguiente gráfico, elaborado por Ted Gioia (2024) y ajustado
para esta guía, podemos observar cómo este modelo de economía de la atención
basado en la gratificación inmediata, tiene un impacto a nivel individual y social,
transformando nuestro comportamiento y las formas de relacionarnos con
distintas dimensiones de la cultura.
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La red delante de las pantallas
El auge de la cultura de la dopamina
Cultura Cultura Cultura
tradicional moderna de la
lenta rápida dopamina
Apostar a
Deportes Jugar un deporte Ver un deporte
un deporte
Periodismo Diarios Multimedia Ciberanzuelo
Reels de
Audiovisual Cine y televisión Video
videos cortos
Canciones Fragmentos
Música Álbum completo
sueltas de canciones
Scrollear en el
Imágenes Visitar una galería Mirar en el celular
celular
Cartas escritas a Correo Mensaje de texto
Comunicación
mano electrónico en el celular
Noviazgo Relaciones Aplicaciones
Relaciones
matrimonio libres de citas
Fuente: Ted Gioia (con adaptaciones)
Algunas problemáticas asociadas al diseño de las plataformas
Identificar el funcionamiento de estas plataformas, cuyo diseño se basa en la
economía de la atención, nos permite reconocer algunas problemáticas que
pueden afectar a todas las personas, entre las que se encuentran:
Nomofobia: acrónimo de la expresión en inglés non mobil phone phobia,
en español, fobia a no acceder al celular. Es el miedo irracional o la ansiedad
extrema a estar sin celular o sin conexión a Internet.
FOMO: acrónimo de la expresión en inglés fear of missing out, en español,
miedo a quedarse por fuera o a no enterarse. Es el miedo a perderse
acontecimientos que suceden o pueden verse en línea. Quienes experimentan
FOMO pueden sentir ansiedad por querer estar en línea y al día con todo lo
que sucede en el entorno digital. Esto puede llevar a un uso excesivo de las
plataformas y acarrear dificultades para disfrutar de los momentos presentes
sin que medien los dispositivos.
Bulimia informativa: expresión que refiere al consumo obsesivo de
información. Este comportamiento se ve potenciado por el fenómeno de
la infodemia en el entorno digital. La Infodemia es un acrónimo a partir
43
La red delante de las pantallas
de las palabras información y epidemia y refiere a la sobreabundancia de
información, ya sea verídica o falsa, lo que puede condicionar cómo se prioriza
la información, dónde se concentra la atención y cuál es el sentido que se le da.
Phubbing: acrónimo de las palabras en inglés phone y snubbing, que en
español significan teléfono y hacer un desprecio. Se puede traducir al español
como ningufoneo y significa ignorar o despreciar a las personas que están
a nuestro alrededor por dar prioridad a nuestros dispositivos móviles. Esta
práctica puede tener consecuencias en las relaciones, ya que al priorizar
lo virtual sobre lo presencial, reduce la interacción, genera frustración y
distanciamiento, favoreciendo los conflictos.
¿A qué no atendemos cuando distraen nuestra
atención?
Reflexionar sobre el modelo de negocio basado en la economía
de la atención nos invita a revisar nuestras propias prácticas y
buscar estrategias para contrarrestar sus efectos. Al comprender
el funcionamiento del entorno digital, cabe preguntarnos a qué no
atendemos cuando nuestra atención está atrapada en la dinámica
de las plataformas, qué nos estamos perdiendo, con quiénes estamos
dejando de conectar. Atender y acompañar a infancias y adolescencias
en su relación con el entorno digital en este contexto, se torna
imprescindible.
El cuidado de nuestra salud en el entorno digital
La salud, según la Organización Mundial de la Salud, es “un estado de completo
bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o
enfermedades”.
Como seres bio-psico-sociales, los aspectos físicos, psicológicos, socioeconómicos
y el contexto en el que estamos inmersos —el ambiente, la sociedad, la cultura, el
momento socio-histórico— inciden en la construcción de nuestro ser y de nuestra
calidad de vida, en todos sus aspectos.
En relación al entorno digital, el bienestar se asocia con poder encontrar un
equilibrio saludable entre la conexión y la desconexión, atendiendo a la etapa
del desarrollo y las características de cada persona, así como al tipo de contenido
o actividades con los que se involucra. Cuando este equilibrio se ve alterado,
repercute en distintas dimensiones de la salud de las personas, tanto a nivel físico,
como biológico, psico-emocional y cognitivo.
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La red delante de las pantallas
Ambiente y salud colectiva
Pensar en la salud de las personas también implica reflexionar sobre
las condiciones ambientales y el cuidado del ambiente. En este marco,
cuando hablamos de condiciones ambientales nos referimos al
cuidado de los recursos naturales, considerando el impacto ambiental
del desarrollo digital y de nuestro comportamiento cotidiano. El
agotamiento de los recursos naturales (hídricos, mineros y fósiles) que
implica la fabricación de dispositivos, el peso de las emisiones que
supone distribuirlos y las consecuencias de las decisiones en cuanto a la
disposición final de los desechos tecnológicos, compone un panorama
complejo que es necesario considerar.
A su vez, nuestro comportamiento en el entorno digital emite grandes
cantidades de dióxido de carbono y consume un importante volumen
de agua y energía al realizar actividades como almacenar información,
cargar y descargar contenidos en línea, realizar búsquedas, consultar
modelos de inteligencia artificial generativa, entre otros.
Entender la relación de interdependencia con el ambiente, permite
pensar la salud de forma integral, donde el impacto de nuestras
acciones en el ambiente tiene una repercusión también en nuestra
salud colectiva.
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La red delante de las pantallas
Aspectos en los que puede incidir el uso excesivo de las pantallas
Cuando la exposición a dispositivos digitales es prolongada y sostenida en el
tiempo puede repercutir de distintas maneras en la salud. Si bien a continuación
se mencionan algunos aspectos de forma específica, es necesario considerar
que las dimensiones física, cognitiva y emocional de las personas, están
interrelacionadas.
Descanso
Durante el sueño el organismo realiza diversos procesos restaurativos
fundamentales para la salud y el bienestar de las personas. Además, se asimila
y se favorece lo aprendido y se estimula la memoria. En particular, resulta
esencial para niños, niñas y adolescentes, ya que mientras duermen también se
realizan procesos fisiológicos fundamentales para su desarrollo, crecimiento y
maduración.
El derecho a un buen descanso y a un sueño adecuado forma parte de la
Convención sobre los derechos del niño, y la Observación 25 hace énfasis en que
la tecnología ofrece beneficios para niños, niñas y adolescentes siempre que esté
en armonía con su necesidad de descanso.
La luz azul que emiten las pantallas de los dispositivos como el celular, la tablet
o la televisión, interfiere en la secreción de melatonina, la hormona que se
encarga de regular el ciclo del sueño y que aparece en las horas nocturnas para
prepararnos para el descanso. Al mismo tiempo, el contenido en las plataformas
sociales, los videojuegos, las series o películas pueden ser muy estimulantes y
dificultar al cerebro su preparación para ese momento.
La privación de sueño, o una mala calidad de éste, puede tener consecuencias
como: somnolencia, insomnio, cansancio físico, irritabilidad, falta de
concentración e incluso reducir la motivación para realizar actividad física. La
falta de sueño puede también repercutir en la salud a niveles más profundos,
afectando el metabolismo, el desarrollo o el adecuado funcionamiento del
sistema nervioso y el sistema inmunológico, entre otros.
Un buen descanso es necesario para la construcción de hábitos saludables,
por lo que se recomienda no mirar pantallas al menos una hora antes
de acostarse para asegurarse un sueño de calidad, y una hora después
de levantarse, para acompañar al ciclo circadiano y que el despertar
sea progresivo. Otra recomendación es que los dispositivos digitales no
permanezcan en el dormitorio durante las horas de descanso.
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La red delante de las pantallas
Lenguaje y comunicación
La adquisición del lenguaje es un proceso que comienza
desde la primera etapa de vida, donde es posible observar
las primeras manifestaciones de expresión y comunicación
como ser gestos, movimientos, sonidos, la sonrisa y la
mirada.
Para la adquisición del lenguaje, además del rol fundamental que cumplen la
atención y la memoria, se destaca la afectividad, la conexión e interacción cara a
cara, en donde se manifiesta el deseo y la necesidad de comunicarse con otras
personas.
Si bien el ser humano tiene la capacidad innata para comunicarse, además
del factor genético, el factor ambiental es también imprescindible para que
el lenguaje sea posible. En este sentido, el uso prolongado o excesivo de las
pantallas se presenta como un obstáculo para el desarrollo del lenguaje debido
a que interrumpe la interacción con otras personas y el entorno, lo que limita las
oportunidades de intercambios sociales, tanto verbales como no verbales.
Es importante limitar y monitorear el uso de pantallas en la infancia
tratando de evitarlas lo más posible en la primera infancia, salvo alguna
interacción puntual con familiares a través de una videollamada. Al
mismo tiempo, es esencial que las personas adultas estén disponibles
para interactuar con niños, niñas y adolescentes sin la intervención de
pantallas como obstáculo en la comunicación y la atención. Fomentar la
comunicación, hacerles parte de la vida cotidiana, la lectura, los juegos
en colectivo, entre otras, son actividades que promueven el desarrollo del
lenguaje.
Atención y memoria
La atención está relacionada con otras funciones del cerebro como la memoria, el
aprendizaje y la regulación emocional. Es a través de la selección y organización
de lo que se percibe, que las personas toman contacto con el mundo.
En el proceso de desarrollo de la atención influyen aspectos biológicos como el
desarrollo de la corteza prefrontal, encargada de las funciones ejecutivas como
la planificación, el autocontrol, la toma de decisiones y la autorregulación. Y
también aspectos sociales como el contexto que se habita, las interacciones con
otras personas y el ejemplo que las personas adultas referentes proporcionen.
En este sentido, un consumo excesivo o no monitoreado de pantallas y contenido
altamente estimulante afecta negativamente la atención; tanto en la capacidad
de centrarse en algo sin permitir que otros estímulos interrumpan la tarea, como
en la posibilidad de sostener la atención por períodos prolongados. Esto puede
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La red delante de las pantallas
repercutir en actividades como leer y comprender textos, seguir instrucciones,
prestar atención en clase, entre otras.
Por otro lado, la posibilidad que ofrece el entorno digital de hacer varias cosas a la
vez es algo que fragmenta nuestra atención e impacta en la memoria, al mismo
tiempo que el uso de motores de búsqueda o aplicaciones que nos brindan
información a demanda repercute en la capacidad de recordar a largo plazo, lo
que incide en el proceso de aprendizaje.
Para que la atención y la memoria puedan
desarrollarse son muy importantes las interacciones
sociales y las propuestas que promuevan la
concentración. Las charlas, los juegos, los puzzles,
la lectura, las actividades gráficas como el dibujo,
la escritura, actividades para encontrar diferencias,
laberintos, la escucha consciente de la música, entre
otras. son todas actividades recomendables para
favorecer su desarrollo.
Desarrollo psicomotor y juego
El juego, además de ser un derecho de niños, niñas y adolescentes, es una
actividad muy importante en la vida, siendo esencial para el desarrollo cognitivo,
emocional, social y motor de las personas.
Si bien presenta diferentes características según la etapa del ciclo vital, el
juego siempre compromete al cuerpo. Permite el dominio de la motricidad, la
comunicación, la estructuración del espacio y del tiempo, el conocimiento del
mundo que nos rodea, la comprensión progresiva de la realidad y de nuestro
cuerpo, la expresión de sí mismo y la regulación de las emociones, entre otras.
También promueve el desarrollo de la imaginación y la creatividad.
El juego y el movimiento son herramientas privilegiadas para el aprendizaje. Se
aprende a partir de la curiosidad por conocer el mundo; para favorecerla debe
existir seguridad afectiva, provista por figuras adultas disponibles, y un entorno
accesible y habilitador. Es esencial ofrecer un espacio y un tiempo en el que
niños y niñas puedan mantenerse activos, para que, por sus propios medios y
posibilidades, puedan ir observando y comprendiendo su alrededor. El exceso de
pantallas se interpone y obstaculiza estos procesos al reducir las oportunidades
de interacción física y social.
Además, es importante considerar los objetos y juguetes que se les brinden. Las
características de estos materiales deben promover una participación activa, de
esta forma podrán explorar y manipular, modificar y transformar el entorno que
les rodea.
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La red delante de las pantallas
Al momento de seleccionar los juguetes y juegos, es deseable tener en
cuenta, además de la edad, otros aspectos: que sea motivador y que
despierte el interés por jugar, por investigar y por descubrir nuevas
oportunidades; que estimule la curiosidad; que potencie la imaginación y
la creatividad; que promueva la resolución de problemas y el pensamiento;
que potencie el juego en colectivo y la colaboración; que evite la
reproducción de estereotipos sexistas y no promueva la violencia. Estas
características deben contemplarse también para los juegos en línea.
Vista
La exposición a la luz azul y la menor frecuencia de parpadeo, producto
de la concentración en las pantallas, traen como consecuencia un
cansancio visual que se expresa en síntomas, como pueden ser visión
borrosa, dificultad para enfocar, sequedad ocular, ardor o lagrimeo y
dolor ocular. A su vez, nuestra vista necesita enfocar en distintos planos,
sin embargo, frente a las pantallas nos enfocamos continuamente a
una única distancia, algo inadecuado que puede propiciar el desarrollo
de miopía.
Frente a la exposición a las pantallas es recomendable incorporar ciertos
hábitos para mitigar estas posibles consecuencias a nivel visual. Por
ejemplo, controlar el tiempo de exposición, mantener una distancia
que supere los 35 o 40 centímetros de distancia con el celular, tablet
o computadora y de alrededor de 2 metros con la TV. Controlar los
niveles de iluminación del dispositivo, se recomienda que sea bajo y si es
posible utilizar filtros de luz azul. Evitar mirar los dispositivos a oscuras,
asegurarse que la habitación tenga una correcta iluminación, en lo posible
que incluya luz natural. Realizar descansos, enfocando la vista durante
algunos segundos fuera de las pantallas y en planos a distintas distancias.
Parpadear frecuentemente para lubricar la vista. La falta de tiempo al
aire libre es otro factor que puede repercutir en la visión, por lo que es
recomendable experimentar momentos en espacios abiertos sin pantallas.
Y acudir a revisiones oftalmológicas al menos una vez al año.
Sistema musculoesquelético
La falta de atención y cuidado sobre una adecuada postura al estar frente a las
pantallas puede causar diversos dolores musculares y problemas articulares
como, por ejemplo, dolor en el cuello, espalda, hombros y muñecas. Es
interesante distinguir que la ubicación de los dolores puede variar según el
dispositivo utilizado, la tendencia a mirar hacia abajo en los dispositivos móviles
(celulares, tablets) provoca dolor en el cuello y hombros, mientras que el dolor o
tensión en la espalda baja se asocia al uso de computadoras. Los movimientos
49
La red delante de las pantallas
repetitivos pueden además traer consigo afecciones en los tendones, como
puede ser el síndrome del túnel carpiano.
Pasar mucho tiempo frente a las pantallas puede reducir el tiempo de actividad
física, lo que favorece el sedentarismo. Este estilo de vida aumenta, por ejemplo,
los riesgos de contraer enfermedades crónicas, cardiovasculares y tiene un
impacto negativo en la salud mental. La actividad física es fundamental para la
salud y el bienestar integral de las personas, con un impacto positivo, tanto a nivel
biológico, psicológico y social.
Se recomienda atender la postura, contar con una silla cómoda y una altura
de mesa adecuada, realizar pausas activas cada 1 o 2 horas para poder
estirar la musculatura, caminar y realizar actividad física regularmente.
Alimentación
Comer mirando las pantallas nos desconecta de nuestra actividad nutricional.
Impide registrar lo que sucede en nuestro cuerpo al ingerir el alimento, por
ejemplo, puede acelerar la masticación, hacer que la ingesta sea con ansiedad, lo
que dificulta identificar la sensación de saciedad y repercute en la digestión.
Por otro lado, la publicidad y los contenidos en el entorno digital pueden
promover el consumo de comida no saludable o desinformar respecto a dietas
o hábitos nutricionales. La exposición constante a contenidos sobre dietas
para lograr estándares de belleza, puede resultar extremadamente nociva
según las personas y la etapa del ciclo vital en la que se encuentren. Además, la
combinación con otros factores puede contribuir al desarrollo de trastornos de la
conducta alimentaria.
Evitar las pantallas a la hora de ingerir alimentos contribuye a una mejor
conexión con el proceso de digestión y promueve un mayor disfrute de las
personas que nos rodean. Tomarse un minuto antes de comenzar a comer,
para contemplar el alimento, sentir su aroma, identificar los distintos
sabores hacen de este proceso una actividad consciente.
Conversar sobre lo que se ve en internet en relación a la alimentación,
chequear las fuentes de información de los consejos nutricionales y
siempre consultar las dudas con profesionales de la salud, es fundamental
para tomar buenas decisiones y evitar hábitos que sean perjudiciales.
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La red delante de las pantallas
Emociones y autoestima
La exposición a algunos formatos como videojuegos y plataformas
sociales, con sus notificaciones, interacciones, publicaciones y videos
cortos, producen una estimulación constante y generan gratificación
instantánea.
Desde áreas como la psicología y la neurociencia se estudian los impactos que el
consumo de estos contenidos digitales dopaminérgicos tienen en las emociones
de las personas y en su capacidad de regularlas. Por la etapa vital en la que se
encuentran infancias y adolescencias, donde aún el cerebro está en desarrollo,
estos estímulos tienen mayor impacto y afectan su capacidad para manejar las
emociones que pueden desencadenar estados como frustración, irritabilidad,
ansiedad y aburrimiento.
La autorregulación emocional es un proceso que requiere de la presencia y
acompañamiento de personas adultas que, además de ser ejemplo, brindan
contención y herramientas para identificar y gestionar las emociones. En relación
al entorno digital, limitar el tiempo de exposición a las pantallas es una estrategia
recomendable para colaborar en este proceso.
La información y los mensajes que circulan en las plataformas sociales
relacionadas con los estándares de belleza, éxito o popularidad, así como
el sistema de interacción a través de “Me gustas” y comentarios, fomentan
la permanente comparación. Lo que puede afectar la autopercepción y
por tanto repercutir en la autoestima, particularmente en la adolescencia,
período en el que los cambios corporales, la importancia de los grupos de
pertenencia y la validación externa adquieren mayor protagonismo. En este
contexto, la influencia de las personas adultas cercanas en el desarrollo de
la autoestima de niños, niñas y adolescentes es fundamental.
Algunas consideraciones entre el bienestar y la
dependencia
El entorno digital ofrece beneficios y posibilidades siempre que se
mantenga un equilibrio con otras actividades necesarias para el
bienestar. Sus características específicas dificultan la regulación del
tiempo y las formas en que interactuamos con él. La falta de equilibrio
entre conexión y desconexión genera consecuencias relacionadas con lo
que dejamos de hacer, atender o cuidar cuando estamos en el entorno
digital. En este sentido, el rol de las personas adultas para garantizar
dicho equilibrio se vuelve esencial.
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La red delante de las pantallas
Consumos culturales y sus impactos
Al ver una película, un dibujo animado o al escuchar una canción, ¿entablamos
conversaciones sobre lo que está sucediendo? ¿Reflexionamos sobre los
mensajes que se transmiten a través de los contenidos que consumimos?
¿Dimensionamos el impacto que puede tener en nuestra autopercepción? ¿Y en
la de infancias y adolescencias?
Las personas adquieren los elementos socioculturales del contexto en el que
se desarrollan mediante un proceso que, en su mayoría, sucede de forma
inconsciente, denominado socialización. A través de este proceso, las personas
desarrollan su personalidad, adoptando formas de relacionarse, valores, creencias,
normas y pautas de comportamiento propios de la cultura en la que están
inmersas.
La socialización sucede mediante la interacción con otras personas o
instituciones, como son la familia, la escuela, el grupo de pares y también a través
de los medios de comunicación y los mensajes que estos emiten.
El entorno en el que vivimos, tanto físico como digital, influye en este proceso
que sienta sus bases en la primera infancia y la niñez y continúa durante
todas las etapas de la vida. Es importante entonces, tener presente que niños,
niñas y adolescentes son más permeables a los mensajes que se transmiten a
través de los productos culturales que consumen, como audiovisuales, música,
literatura, moda, plataformas sociales, videojuegos, juguetes, entre otros. El rol
de las personas adultas es imprescindible para acompañar desde los límites, la
comunicación, la reflexión y el cuidado sobre lo que experimentan en relación a
estos consumos.
Además de prestar atención a la cantidad de tiempo que niños, niñas y
adolescentes pasan frente a las pantallas, supervisar cuáles son los contenidos
que consumen y qué prácticas realizan en el entorno digital es fundamental
para favorecer su bienestar. Establecer cómo debería ser un uso apropiado de los
dispositivos y la elección de los consumos culturales debe considerar, además de
la edad, contextos y características individuales que incluyen factores como las
dinámicas sociales, el funcionamiento familiar y la actividad física, entre otros.
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La red delante de las pantallas
Acompañar los distintos consumos culturales
Dibujos animados
Los dibujos animados son una amplia categoría dentro de los productos
audiovisuales y se encuentran en diversas plataformas.
Existen animaciones destinadas a la infancia, a la adolescencia o al mundo adulto,
e incluso existe la manipulación de personajes de dibujos infantiles con los que se
desarrollan producciones satíricas dirigidas a las personas adultas.
Este consumo cultural presenta productos de distinta calidad, algunos dibujos
animados pueden ofrecer contenido educativo para diferentes edades,
fomentando el desarrollo de habilidades cognitivas y emocionales, con un
impacto positivo para las infancias.
Sin embargo, es necesario considerar algunas características particulares de los
dibujos animados que pueden tener repercusiones negativas, si son consumidos
frecuentemente, de manera excesiva o sin acompañamiento. Por ejemplo,
aquellas producciones en las que los cambios de escena se dan a una velocidad
intensa, presentan muchos estímulos visuales y sonoros, como colores fuertes,
gráficos en 3D, voces y sonidos estridentes, pueden tener un impacto negativo
en la capacidad de atención y concentración, en el desarrollo de la tolerancia a la
frustración y en la capacidad de adaptarse a los cambios.
Al mismo tiempo, se debe tener en cuenta las particularidades y posibilidades
de las plataformas en las que se puede acceder a este tipo de contenido. Por
ejemplo, algunas plataformas gratuitas, presentan publicidad constante que
promueve el consumo e interrumpe lo que está sucediendo, en tanto no hay
posibilidad de controlar el tipo de contenido que esos anuncios presentan. Por
otro lado, la forma de navegación permite acceder rápidamente a otros videos
que pueden no ser apropiados. En otras plataformas, al mirar series de dibujos
animados, se puede dificultar la puesta de límites debido a la configuración de
reproducción automática en la que, al finalizar un capítulo, automáticamente
comienza el siguiente.
Se recomienda la participación activa de las personas adultas en el análisis
de la oferta de producciones animadas para seleccionar aquellas que sean
adecuadas según su clasificación y características específicas. Al mismo
tiempo, definir cuál es la plataforma más segura para que miren dibujos
animados, no todas ofrecen las mismas posibilidades de configuración.
Es importante la presencia y disponibilidad emocional de las personas
adultas durante el consumo de dibujos animados para que las infancias no
se limiten a un consumo pasivo. Dialogar y generar preguntas sobre lo que
se está viendo, lo que transitan los personajes, las emociones o sensaciones
53
La red delante de las pantallas
que las distintas escenas puedan generar en quien lo consume, es
fundamental para promover el pensamiento crítico, la inteligencia
emocional y contribuir al proceso de aprendizaje a través del intercambio.
Producciones audiovisuales
Las películas, series y videoclips además de entretener y transmitir
mensajes, presentan grandes oportunidades para tender puentes
y habilitar el diálogo sobre diversos temas. Conocer los intereses de
niños, niñas y adolescentes en relación al arte y la cultura en el entorno
digital habilita la posibilidad de compartir momentos en torno a estos
contenidos. Asimismo, permite fomentar una mirada crítica y reflexiva
sobre lo que éstos plantean. Hay contenidos que estimulan la creatividad
y fomentan el conocimiento, la conciencia social y la identidad cultural,
así como hay otros que muestran escenarios donde, por ejemplo,
predominan la violencia, las representaciones problemáticas en torno a
la sexualidad y los comportamientos de riesgo.
Supervisar los consumos culturales durante la infancia y adolescencia
implica conocer y respetar a qué edades están dirigidas estas producciones
y establecer cuáles son apropiadas o no tomando en cuenta las
particularidades de cada persona.
Es importante contar con argumentos para explicar por qué algunos
contenidos pueden ser difíciles de procesar o presentar una visión
distorsionada de la realidad, además de generar espacios donde las
personas adultas puedan mirar junto a niños, niñas y adolescentes los
contenidos que sí consideran oportunos para acercarse a sus intereses y
conversar al respecto.
Se recomienda que en momentos de encuentro presencial donde se
da el juego y el intercambio entre pares, no se incluyan las pantallas.
Por ejemplo, evitar que haya pantallas con videoclips en los espacios de
celebración de cumpleaños infantiles, ya que estas captan su atención e
interrumpen la socialización y el juego.
Videojuegos
El universo de los videojuegos es diverso y le brinda a niños,
niñas y adolescentes la oportunidad de participar en una
actividad lúdica en el entorno digital. En el caso de que estos
juegos sean los indicados para su etapa de desarrollo y estén
bien diseñados, también les permiten vivir experiencias que
implican resolver desafíos, aprender habilidades y establecer
vínculos, entre otras.
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La red delante de las pantallas
Las problemáticas más comunes asociadas a los videojuegos no solamente
tienen que ver con la exposición a contenidos y prácticas violentas, sino con
las modalidades de juego. Por una parte, las empresas lanzan al mercado
videojuegos que se pueden descargar gratis, pero que tienen mecanismos
de monetización que incitan a quienes juegan a gastar dinero para conseguir
ventajas, para avanzar o ganar. Además, hay videojuegos que permiten compartir
partidas, chatear y realizar llamadas con personas desconocidas.
La moderación del tiempo que se destina a los videojuegos es clave, así
como chequear la clasificación por edad y características específicas del
videojuego antes de su descarga. Existen sistemas de clasificación como el
ESRB (Entertainment Software Rating Board) o PEGI (Pan-European Game
Information) que pueden ser consultados en sus respectivos sitios web, así
como foros en los que otras personas adultas comparten reseñas sobre sus
experiencias con determinados videojuegos en casa.
Se recomienda acercarse desde la curiosidad para conocer sobre los
videojuegos, preguntarles con la intención de entender realmente cómo
funcionan, qué cosas se pueden hacer y qué no, descubrir cuánto dura una
partida y con quienes pueden interactuar en ellas. Compartir un videojuego
también es una buena estrategia para acercarse y disfrutar tiempo de
entretenimiento en conjunto.
En el caso de niños y niñas es importante conocer y gestionar las
configuraciones de seguridad que les protejan.
Música
La música es una forma de expresión humana que une y congrega
a las personas; puede ser una herramienta efectiva en los procesos
de aprendizaje, ordenar a la hora de realizar actividades grupales o
repetitivas, divertir y potenciar sentimientos.
Todas las culturas tienen su propia música con distintos sonidos, cantos e
instrumentos, que varían según el lugar geográfico que habitan, sus costumbres
y el sentido que le dan.
Actualmente, las condiciones del entorno digital favorecen la posibilidad de
acceso a mayor diversidad musical, sin embargo, las lógicas económicas de las
plataformas de streaming pueden incidir en la jerarquización del contenido
musical que se destaca, priorizando aquellos artistas que entiendan sean más
redituables económicamente. Al mismo tiempo, las dinámicas algorítmicas que
priorizan lo ya escuchado o los productos similares, dificultan la posibilidad de
descubrir orgánicamente nuevos artistas o géneros que amplíen la identidad
sonora cultural (Millecco,1998).
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La red delante de las pantallas
La música, a través de las letras de las canciones, es capaz de evocar recuerdos
o emociones, transmitir costumbres, valores o modelos de comportamiento.
Cuando las canciones están pensadas para las infancias pueden tener efectos
muy beneficiosos en el desarrollo del lenguaje, la gestión de emociones, las
capacidades psicomotrices, además de fomentar las interacciones sociales y el
aprendizaje.
Pero también existen algunas letras de canciones que, además de no estar
creadas ni dirigidas a las infancias, reproducen mensajes con contenido sexual
explícito, naturalización del consumo de alcohol, drogas y otras conductas
de riesgo, violencia, machismo, promoción del dinero y el consumo como
generadores de status, entre otros.
Por ello es importante prestar atención al contenido de las letras para definir si
son aptas para ser escuchadas por las infancias y optar, desde el cuidado, por
bandas y artistas que se adecúen a su edad.
En la adolescencia, es preciso tener en cuenta que la música juega
un rol importante en el desarrollo de la afectividad y las emociones, el
relacionamiento entre pares y la construcción de identidad. Los géneros
musicales y artistas con los que se identifican pasan a formar parte
de quienes son, por lo que cuestionar lo que escuchan puede sentirse
como una ofensa directa a su persona. Acercarse con interés, a través
de conversaciones y preguntas que promuevan la reflexión sobre sus
consumos culturales es clave. Intercambiar además sobre gustos musicales
ayuda a ampliar la identidad sonora cultural de todas las personas.
Influencers, creadores y creadoras
de contenido
El entorno digital y las plataformas sociales se presentan como un
espacio que facilita la creación y publicación de contenido por otras
personas, lo que ha democratizado el acceso a la producción cultural.
Esta transformación modificó la forma en que se consume, produce y
participa en la cultura.
Quienes crean contenido lo hacen por diversos motivos y con distintos objetivos,
por ejemplo, algunas personas eligen producir o divulgar conocimiento, generar
productos de entretenimiento, hacer reseñas sobre películas y libros, o compartir
contenido educativo. En este contexto también existen quienes utilizan estas
plataformas para desinformar o promover de forma engañosa hábitos no
saludables, conductas nocivas, estilos de vida aspiracionales o incluso estafas a
través de la venta de cursos o productos.
Es necesario tener presente que las plataformas utilizadas basan su negocio en
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La red delante de las pantallas
la economía de la atención, es decir que compiten por captar la atención en un
entorno saturado de contenido. Esto lleva a quienes crean contenido a generar
diversas estrategias para sumar seguidores, motivar las interacciones y monetizar
su actividad.
Aquellas personas que logran un alcance masivo, se convierten en referentes de
las personas que les siguen, ganando el adjetivo de “influencers”.
Existen influencers y creadores que realizan publicaciones promocionando
productos y servicios. En este contexto, la publicidad ha encontrado nuevos
formatos para involucrar a estas personas que “lideran” el entorno digital y
aprovechar sus plataformas para llegar a sus seguidores.
Hay tendencias en las que esta publicidad no tradicional es más explícita, como
cuando reciben productos, abren sus cajas y comparten sus impresiones o
realizan reseñas sobre éstos; y otras formas menos transparentes como usar ropa
de una marca, un producto, o registrar la experiencia al utilizar un servicio como
parte de su vida cotidiana.
Para darle mayor visibilidad y alcance a los contenidos, las plataformas
consideran la cantidad de interacciones que tenga la publicación; por ejemplo,
las vistas, los me gustas y los comentarios. Al mismo tiempo una gran cantidad
de comentarios positivos le da validez a ese contenido ante las personas. Es
necesario tener en cuenta que esas interacciones pueden ser manipuladas.
Existen los bots, un software que realiza tareas repetitivas y automatizadas,
muchas veces utilizados para generar comentarios positivos debajo de las
publicaciones simulando ser personas y así aumentar el número de interacciones.
Es clave transmitir a niños, niñas y adolescentes que no todo lo que
muestran o cuentan los influencers son contenidos verdaderos o reales.
Muchas veces buscan fomentar el consumo de bienes y servicios lo que
termina siendo una forma de publicidad encubierta, por lo que es necesario
cuestionar si se trata de una recomendación sincera o si están intentando
vender algo.
Por otro lado, el modelo de vida de influencers puede ser percibido por
infancias y adolescencias como un ideal. Ante ello, es importante que
reconozcan el grado de esfuerzo, trabajo y presión que implica. Así como
el nivel de exposición, la pérdida de privacidad y sus efectos en la vida
personal.
No hay que descuidar que algunos influencers pueden promover o
impulsar retos virales. Si bien hay algunos que fomentan la creatividad,
el sentimiento de unión entre las personas o la concientización acerca de
temas importantes, otros promueven conductas y prácticas violentas o
peligrosas, que pueden dañar la integridad de las personas.
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La red delante de las pantallas
Acompañar con-sumo cuidado
La oferta de consumos culturales en el entorno digital es amplia y
diversa. Los contenidos en línea también influyen en el proceso de
socialización y en la construcción de la identidad de las personas.
Niños, niñas y adolescentes son más permeables a los mensajes que se
transmiten a través de los productos culturales que consumen.
En la mayoría de los casos las plataformas no están diseñadas para
priorizar el cuidado de infancias y adolescencias ni para discernir,
según la etapa de desarrollo en la que se encuentran, entre contenidos
adecuados o inapropiados.
En este sentido el rol de las personas adultas es necesario para
acompañar desde los límites, la comunicación, la reflexión y el cuidado
sobre lo que experimentan en relación a estos consumos.
RECOMENDACIONES PARA EL ACOMPAÑAMIENTO:
Contribuir a la relación saludable con el entorno digital
Propiciar espacios compartidos de actividad física y contacto con la
naturaleza.
Evitar la exposición a las pantallas un tiempo antes de acostarse y después
de levantarse para asegurar un buen descanso. Respetar el tiempo de
sueño recomendado según la etapa del desarrollo.
Construir hábitos alimenticios saludables excluyendo a las pantallas a la
hora de las comidas.
Promover actividades presenciales que estimulen el intercambio y la
concentración, como por ejemplo juegos, puzzles, lectura, dibujo, escritura
o escucha consciente de música para contribuir al desarrollo de la atención
y la memoria.
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La red delante de las pantallas
Analizar la clasificación de edad y características específicas de
plataformas sociales, videojuegos, animaciones, audiovisuales, música u
otros contenidos para determinar si son adecuadas según la etapa del
desarrollo.
Conocer y gestionar las configuraciones de seguridad de las plataformas
con contenido para infancias. Por ejemplo, poner modo restringido y
desactivar las recomendaciones automáticas.
Verificar si los datos de registro de un perfil en videojuegos o plataformas,
son acordes a la edad del niño, niña o adolescente.
Supervisar los contenidos con los que interactúan y las prácticas
que realizan en el entorno digital. Acercarse con interés, a través de
conversaciones y preguntas, evitando juzgar o discriminar los consumos
de infancias y adolescencias.
Establecer acuerdos sobre un uso apropiado de los dispositivos y de los
consumos culturales, considerando, además de la edad, los contextos y
características individuales de cada niño, niña o adolescente.
Generar espacios de conversación e intercambio dentro de los ámbitos
familiares y educativos para reflexionar sobre los consumos culturales.
Analizar y cuestionar los diversos estereotipos de género, sexuales y
corporales que circulan en plataformas sociales y juegos en línea, y no
representan la diversidad de existencias.
Tejer red con las familias de la comunidad: acordar límites, contenidos
y prácticas habilitadas en el entorno digital para robustecer el
acompañamiento.
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La red delante de las pantallas
Comprender, atender y acordar para acompañar
A Lautaro le gustan mucho los videojuegos. Reparte su atención entre
algunos que tiene en su celular y otros que juega en línea desde casa
con algunos de sus compañeros de clase. Muchas veces Lautaro sigue
jugando un rato más después de la cena.
Mientras que en casa le cuesta mucho levantarse en la mañana y todo le
molesta, en la escuela lo notan cansado y distraído.
Su hermana Violeta, pasa varias horas al día chequeando las plataformas
sociales y cuando se dedica a ver videos cortos lo hace aumentando su
velocidad de reproducción. Su familia no sabe lo que está mirando, pero
ha notado que desde hace un tiempo está más nerviosa y se queja de
dolores de cabeza.
Sin acompañamiento: La familia de Lautaro y Violeta le dicen a
Lautaro que no juegue tanto y que se acueste más temprano. A Violeta
le dicen que deje de mirar porquerías y que el dolor de cabeza es
producto de estar tantas horas con el celular.
Con acompañamiento: La familia decide organizarse y tomar acción.
Planifican en conjunto establecer límites y prácticas que equilibren
el uso de las pantallas. Por ejemplo, deciden excluir las pantallas del
dormitorio y al momento de las comidas; establecen una cantidad
determinada de tiempo para dedicarle a videojuegos y plataformas
sociales; organizan un día a la semana para hacer una actividad que
les permita compartir tiempo y jugar en familia; también acuerdan
que cuando Lautaro juegue en línea van a mantener contacto con las
familias de sus compañeros para poder supervisar la partida. Asimismo,
resuelven generar espacios de reflexión para poder intercambiar sobre
lo que ven en las plataformas y de esa forma acompañar también en
el entorno digital. Además, toman en cuenta la importancia de las
acciones de las personas adultas como ejemplo de práctica por lo que
deciden reducir el tiempo que pasan frente a las pantallas.
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La red delante de las pantallas
Sitios para canalizar
consultas, peticiones y
denuncias
Compartimos algunos sitios en donde se pueden realizar consultas, peticiones y
denuncias, según el contenido de la situación de vulneración de derechos en el
entorno digital.
Unidad de Cibercrimen - Ministerio del Interior
La función principal de esta Unidad es investigar, prevenir y combatir los delitos
que se cometen en el ámbito de la informática y las redes.
Las vías de contacto son por teléfono al 2030 4625 de lunes a viernes de 08:00
a 19:00 h y sábados y domingos de 10:00 a 18:00 h. También se puede enviar un
correo electrónico a: [email protected]
Además, ante un hecho de estafa por medio electrónico, se puede concurrir a la
seccional policial más cercana o dirigirse al Departamento de Delitos Financieros
de Interpol en Montevideo (Maldonado 1109, 2° piso esquina Paraguay) o a la
Unidad de Cibercrimen (Maldonado 1109, piso 1°). Para más información accedé al
sitio del Ministerio de Interior.
Unidades Especializadas en Violencia doméstica y de Género
(UEVDG)
Son unidades policiales en las cuales se puede radicar denuncias de violencia de
género como, por ejemplo: violencia doméstica, violencia sexual, maltrato y abuso
sexual hacia niñas, niños y adolescentes, y situaciones de discriminación.
Para más información accedé al sitio de Ministerio de Desarrollo Social: Unidades
Especializadas en Violencia Doméstica y de Género (UEVDG)
Denuncia de vulneraciones a Niñas, Niños y Adolescentes
Línea Azul - INAU
Es el mecanismo mediante el cual se comunica a INAU una irregularidad que
afecta y/o vulnere los derechos de niños, niñas y adolescentes. Situaciones de
maltrato físico, psicológico, abuso y explotación sexual, mendicidad, trata, graves
vulneraciones de derechos que afecten la integridad o pongan en riesgo la vida,
situaciones de violencia familiar, contenidos en los medios de comunicación o
redes sociales, venta de alcohol, espectáculos que no serían indicados, es decir
“todo aquello que pueda afectar a niños, niñas y adolescentes”.
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La red delante de las pantallas
Las denuncias se realizan al 0800 - 5050 de lunes a viernes de 8 a 20 hs. Sábados
y domingos de 9 a 19 hs. También puede ser vía mail enviando un correo
electrónico a: [email protected]
Para más información accedé a Denuncias Línea Azul
Fiscalía General de la Nación
En Fiscalía, las denuncias pueden realizarse en cualquier sede fiscal del país
sin importar el lugar donde ocurrieron los hechos que se pretenden denunciar.
Encontrá en este sitio las distintas Dependencias de Fiscalía General de la Nación
Las denuncias se realizan, únicamente en forma presencial con agenda previa,
dirigiéndose:
En Montevideo
En las sedes de las Fiscalías Penales, calle: Cerrito 431 esquina Misiones (Ciudad
Vieja).
La recepción de denuncias se realiza en el horario comprendido entre las 11 y las
16 hs, previa agenda telefónica o vía web, debiéndose comunicar al teléfono 1985 –
1919, en el horario de 10 a 18 hs.
En el interior del país
En cualquiera de las Fiscalías Departamentales del país.
La recepción de denuncias se realiza en el horario comprendido entre las 11 y las
16 hs, previa agenda telefónica, comunicándose a la sede fiscal correspondiente
en el horario de 11 a 17 hs.
Para más información accedé al sitio de Fiscalía General de la Nación ¿Cómo y
dónde puedo realizar una denuncia?
Unidad Reguladora y de Control de Datos Personales (URCDP)
Organismo que tiene la competencia de garantizar el cumplimiento de la Ley de
protección de datos personales y asegurar el respeto de sus principios.
Si se percibe una eventual violación a este derecho, se puede realizar una
denuncia en línea. Acceder a más información sobre cómo realizar este trámite.
Vías de contacto:
Horario de atención: lunes a viernes de 09:30 a 17:30 h
Dirección: Liniers 1324, piso 4. Montevideo.
Teléfono: 2901 2929, opción 3
Correo electrónico [email protected]
Acceder al sitio web de la URCDP
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La red delante de las pantallas
Institución Nacional de Derechos Humanos y Defensoría del
Pueblo (INDDHH)
La INDDHH recibe denuncias sobre eventuales violaciones a derechos
humanos reconocidos en las normas nacionales o internacionales, originadas
exclusivamente en la responsabilidad de instituciones u organismos del Estado
por acción u omisión.
Accedé a más información en el sitio web de la INDHH.
Comisión Honoraria contra el Racismo, la Xenofobia y toda
otra forma de Discriminación (CHRXD)
La CHRXD puede, dentro de las competencias establecidas en la Ley N°
17.817, recibir y centralizar información sobre conductas racistas, xenófobas y
discriminatorias, llevando un registro de las mismas. Para realizar dicha tarea la
CHRXD recibe peticiones de aquellas personas o grupos de personas que se han
sentido discriminadas.
Una petición no es una denuncia, sino que es la solicitud de estudio o de
evaluación de una posible situación de discriminación, ante la CHRXD. Ante cada
petición, la CHRXD estudia el caso y elabora un informe técnico especializado
(dictamen) en el que considerará si se trata de una situación de discriminación o
no.
Accedé a más información sobre la Comisión Honoraria contra el Racismo, la
Xenofobia y toda otra forma de Discriminación.
Difusión de imágenes íntimas sin consentimiento
El almacenamiento, la publicación y la distribución no consentida de imágenes
y videos íntimos por medios electrónicos es una forma de violencia en línea. Se
considera violencia de género ya que mayoritariamente se da contra mujeres
heterosexuales y personas LGBTIQ+.
En el sitio Acoso.online podrás encontrar recomendaciones para realizar
denuncias. Este sitio brinda información y orientación legal, judicial y comunitaria,
además de qué hacer en las plataformas más populares ante situaciones
de acoso, violencia de género en línea y difusión de contenido íntimo sin
consentimiento.
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La red delante de las pantallas
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