UNICIDAD O PLURALIDAD DE LA CULPA
EN EL CÓDIGO CIVIL ARGENTINO.
LA CULPA CONTRACTUAL Y LA
CULPA EXTRACONTRACTUAL
por Juan José Casiello
Sumario: 1. Proemio. 2. El concepto de culpa. a) Culpa normativa. b) Culpa psicológica. 3. La
norma del artículo 512 del Código Civil. 4. Unidad o pluralidad de la culpa. 5. La doble
regulación de la responsabilidad en el Código Civil. 6. Diversidad en las soluciones legislativas
entre ambas órbitas de la responsabilidad civil. La evolución en el tiempo. 7. Diferencias
que subsisten. 8. Hacia la superación de las diferencias: la solución de la unidad. a) La
doctrina. b) Los proyectos de reforma del Código Civil. 9. Conclusiones.
1. Proemio
Ciertamente, no es un tema novedoso el que se nos ha asignado para
desarrollar en este número de la Revista de Derecho de Daños. Pero es
tema de permanente vigencia, más aún, de actualizada vigencia desde
que se comprende dentro de la problemática tan extensa y compleja
como es la que se enmarca en los lindes de la responsabilidad civil. Esa
responsabilidad civil tan esquiva y novedosa cual vedette inasible cuan-
do a fines del siglo XIX comenzó a conmover las soluciones clásicas del
Code, y que se transformó en la gran dama del Derecho desde el último
tercio del siglo pasado hasta los días que corren, con presencia arrolla-
dora en la modernidad, en la posmodernidad, y en todo tiempo.
Aunque a otro autor se ha asignado el tema general relativo al
concepto de “culpa” en el Derecho, nos parece necesario decir aquí
algunas palabras sobre la cuestión, como punto de partida para nuestras
reflexiones posteriores.
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Doctrina
2. El concepto de culpa
No es fácil encontrar un concepto de culpa que connote todas sus
virtualidades. Tampoco se han puesto de acuerdo los autores para defi-
nirla, a pesar de que mucho se ha escrito sobre ella, desde tiempo
inmemorial.
Intentando recorrer ese camino, haremos de entrada dos enunciados
que pueden parecer contrapuestos:
1) La culpa es la violación de una obligación preexistente (Planiol,
Patrice Jourdain, Bustamante Alsina).
2) La culpa es un defecto (o error) de conducta (Marty, Mazeaud,
Orgaz, Bueres).
En uno y otro concepto, pregonados, como vemos, tanto por autores
clásicos como contemporáneos, parece que se aludiera a ideas diferen-
tes, cuando no opuestas. Vamos a ver cómo los compatibilizamos,
adelantando que, según doctrina corriente, el primer enunciado suele
corresponder a la noción de culpa normativa, y el segundo a la noción
de culpa psicológica.
El criterio que pretende que la culpa consiste en la “violación de una
obligación preexistente” aparece desde antiguo enunciado nada menos
que por Planiol en un Estudio sobre la responsabilidad civil, publicado
en la Revista Crítica de Legislación y Jurisprudencia, a principios del
siglo pasado. Adhiere Patrice Jourdain, claro que en tiempo actual, pues
menciona a la culpa del siguiente modo: “la faute délictuelle como la
inobservancia de un deber extracontractual preexistente” y “la faute
contractuelle como la inejecución de una obligación nacida del contra-
to”1. Entre nosotros, la había adoptado Bustamante Alsina, quien dice en
su obra clásica que es “la violación de una obligación preexistente, sea
ésta una obligación legal, sea una obligación convencional”2.
La segunda concepción, la del error de conducta, la encontramos en
los Mazeaud, también en Marty, y entre nosotros la analizan Orgaz y
Bueres –entre otros–, pero sin adoptarla por entero. Orgaz habla de un
“defecto” de conducta o de la voluntad, una desatención o descuido en
1
Les principles de la responsabilité civile, 7ª ed., Dalloz, Paris, 2007, ps. 20, 44 y 49.
2
Teoría general de la responsabilidad civil, 8ª ed., Abeledo-Perrot, Buenos Aires,
1993, p. 81.
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Unicidad o pluralidad de la culpa en el Código Civil argentino
cuanto el autor del daño contrario a derecho no lo previó, siendo previ-
sible, o bien lo previó pero no observó la conducta necesaria para
evitarlo3. Bueres mantiene, del mismo modo, que “la culpa es un defecto
–o una desviación o un extravío– de conducta en una primera aproxima-
ción”. Según este autor, no puede haber “error”, pues el error obsta a la
voluntad y sin voluntad válida no cabe hablar de culpabilidad4.
a) Culpa normativa
La idea de lo que se ha dado en llamar “culpa normativa” parte de la
norma o deber violado, condicionándose a esta violación la presencia de
la culpa. Mas se observa que con esta concepción se ingresa necesaria-
mente en el terreno de la antijuridicidad. Y ya se sabe que esta última es
también un requisito de la responsabilidad civil, pero que tiene autono-
mía como tal y no debe confundírsela con el otro elemento que estamos
considerando, cabalmente el elemento imputabilidad o, mejor, factor de
atribución subjetivo, específicamente la culpa.
La observación pareciera reafirmarla sabiamente Orgaz, pues alu-
diendo a esta definición de la culpa como violación de una obligación
preexistente, dice que “es una definición que conviene a la ilicitud y no
a la culpa”. Mas añade de seguido: “...ésta [la culpa] no es meramente,
aunque sí presupone una contravención a una obligación preexistente,
ya que de culpa no puede hablarse a propósito de acciones o de
omisiones lícitas. Por otra parte, una persona puede haber contravenido
una obligación anterior, y no ser culpable, como sucede en los actos
objetivamente ilícitos, realizados por personas inimputables...”5
Creemos que esas manifestaciones de Orgaz aclaran el panorama. Es
claro que si se viola la obligación, sea la norma individualizada que nace
del contrato, sea la norma general que viene de la ley, hay ilicitud, sin
duda. Pero enseguida agrega que la culpa presupone la violación de la
obligación desde que no puede hablarse de culpa a propósito de accio-
3
Obviamente refiere a los actos ilícitos, en La culpa, Lerner, Córdoba-Buenos Aires,
1970, p. 116.
4 En Derecho de Daños, Hammurabi, Buenos Aires, 2001, ps. 319/321, y también
en su comentario al art. 512 en Código Civil y normas complementarias, dir. por Bueres
y coord. por Highton, Hammurabi, Buenos Aires, 1998, t. 2A, p. 130.
5
Véase La culpa cit., p. 115.
59
Doctrina
nes o de omisiones lícitas. Ciertamente, quien cumplió bien con su
obligación no puede ser reprochado de nada, no puede achacársele culpa.
Pizarro y Vallespinos, a su turno, precisan que “se asimila errónea-
mente la culpa con el incumplimiento de una obligación preexistente
(Planiol, Josserand); puede haber incumplimiento obligacional y no
mediar culpa. En cambio no es posible concebir la situación inversa, ya
que la culpa sólo es predicable a partir de la existencia de una conducta
antijurídica. La antijuridicidad suscita de tal modo una cuestión previa
a la culpabilidad”6. Esto es verdad, mas en el suceder del acontecimiento
se presentan ambos elementos de forma simultánea: el incumplimiento
es la antijuridicidad, pero al mismo tiempo denota o evidencia –en la
mayoría de los supuestos– la culpa del sujeto (quedando a cargo del
obligado, para liberarse, la prueba del casus)7.
b) Culpa psicológica
La otra proposición que hicimos de entrada en este tema es aquella
que decía que “la culpa es un defecto, una desviación o error de conduc-
ta”. Tal es la así llamada “culpa psicológica”, porque alude a la persona
imputada y a la conducta voluntaria desplegada por ésta: a su negligen-
cia, falta de cuidados, o a su imprudencia por no haber adoptado las
precauciones del caso para evitar el daño a la víctima. Esta propuesta se
acerca algo más a la definición que adopta nuestro Código Civil en su
artículo 512.
Pero, nos preguntamos, ¿esta definición es completa? ¿No le falta
nada? Mencionamos la “negligencia”, la “falta de cuidados”, la “impru-
dencia”... pero ¿dónde se han manifestado estos defectos de conducta?
Pues, cabalmente en el camino recorrido por el sujeto al incumplir la
obligación nacida del contrato, o al no atender el deber genérico de no
dañar a otro. En ambos casos, sea por acción o por omisión. Y hay que
volver a lo que señalaba Orgaz acerca de que la culpa no es la mera
6
Obligaciones, Hammurabi, Buenos Aires, 1999, t. 2, p. 617.
7
Debe señalarse que hay numerosa doctrina contemporánea que en la atribución de
responsabilidad contractual prescinde del factor “culpa”, sustituida por una suerte de
responsabilidad objetiva, específicamente en las obligaciones de resultado (en este
pensamiento, Jordano Fraga, Franzoni, Bueres, Vázquez Ferreyra y otros).
60
Unicidad o pluralidad de la culpa en el Código Civil argentino
violación de la ley (que esto es la ilicitud), pero que no puede hablarse
de culpa sin la presencia de una obligación incumplida. De modo que la
conducta desviada se apreció en tanto implicó una violación de la
norma.
Coinciden Pizarro y Vallespinos8, quienes, con otras frases, señalan
que “la doctrina psicológica de la culpa pone el acento en la realidad
interna del agente, en su actitud subjetiva, pero es obvio que ella debe
estar referida a un dato externo, que por ejemplo en materia penal sería
la criminalidad del acto (art. 34, inc. 1º, Código Penal), y en materia civil
sería la conducta específicamente exigida en la relación concreta por la
normativa vigente (la ley), o debida por el contrato. Este último dato, por
cierto, está fuera de la subjetividad del agente y marca un parámetro
normativo del cual no puede prescindirse”.
Ha de concluirse, pensamos, que ambas exigencias, o ambos concep-
tos, el de culpa normativa y el de culpa psicológica, deben integrarse
conformando una figura única del factor subjetivo de atribución de
responsabilidad. No basta uno solo de los criterios sin el otro para que
se configure en plenitud el factor subjetivo de imputabilidad. La mera
violación de la norma puede significar una ilicitud objetiva, antijuridici-
dad “aséptica” o “incolora”, cabría denominarla, mero contraste de un
hecho con la norma, en la que podría incurrir una persona inimputable
(de modo que aunque se provocare daño resultado de la ilicitud no habría
responsabilidad para ella, así el caso de la ilicitud obrada por una persona
privada de discernimiento). Es el supuesto del “daño involuntario”, en
que no hay ninguna imputación subjetiva, y por tanto no hay responsa-
bilidad (salvo reparación por equidad, art. 905 del Cód. Civ.), pues para
que haya culpa jurídica se requiere, además, que la conducta antinorma-
tiva que exhibe defectos o desvíos tales como la imprudencia o la
negligencia haya sido obrada por un sujeto imputable.
En esta simbiosis se afirma Bueres, quien nos dice que “el debate
acerca de si la culpa es una noción psicológica pura, o una noción
normativa pura pierde sentido [...] y es razonable asumir una posición
intermedia: hay que tener en cuenta que existe una realidad subjetiva,
psicológica (que es la negligencia), y que ponderando esa realidad
8
Obligaciones cit., p. 615, in fine.
61
Doctrina
psicológica o negligencia a propósito de una conducta exigida por el
ordenamiento, y que no se cumplió, nos autoriza a formular un juicio de
reproche. Ese juicio de reproche es la culpa”9. Por eso, agregamos,
hablar de “negligencia” cuando no ha habido violación de obligación
debida no tiene sentido. ¿Negligente en qué?, nos preguntamos...
Por último, traemos la opinión coincidente de Jorge Mosset Iturraspe
que señala, citando a Sebastián Soler, “que no se puede construir la
teoría de la culpabilidad sobre un puro sicologismo, como tampoco cabe
transformar la culpabilidad en un mero reproche formulado desde afue-
ra, con referencia a la violación de una obligación o de un mandato legal,
sin aclarar que ese reproche se funda en la existencia de aquella realidad
subjetiva”, en la negligencia o descuido del que incumplió10.
3. La norma del artículo 512 del Código Civil
Veamos cómo expresa el concepto de culpa nuestro Derecho positivo
vigente. La norma del artículo 512 del Código Civil reza textualmente:
La culpa del deudor en el cumplimiento de la obligación consiste en la
omisión de aquellas diligencias que exigiere la naturaleza de la obliga-
ción, y que correspondiesen a las circunstancias de las personas, del
tiempo y del lugar.
Se coincide en doctrina en que este concepto de “culpa” que enuncia
nuestra ley civil es válido y aplicable para toda situación en que, dentro
del Código, deba hacerse un reproche subjetivo a la conducta de un
sujeto de derecho. Sin perjuicio, claro, de otros preceptos del Código,
tales como el artículo 902 y el 909, que aportan perfiles complementa-
rios para graduar la calificación de la conducta (aunque en el párrafo
siguiente nos referiremos a la pretendida “pluralidad” de la culpa).
No nos extenderemos más en estas reflexiones sobre el concepto de
culpa. Sólo señalamos que los dos criterios que convergen para delinear
técnicamente la figura (el “psicológico” y el “normativo”) aparecen con
9
Véase p. 138 del Código Civil y normas complementarias cit., t. 2A, coment.
art. 512.
10
MOSSET ITURRASPE, J., Responsabilidad por daños, Ediar, Buenos Aires,
1971, t. I, p. 63.
62
Unicidad o pluralidad de la culpa en el Código Civil argentino
claridad en el texto del artículo 512 del Código: así, cuando alude a “la
culpa [...] en el cumplimiento de la obligación” y cuando menciona “la
omisión de las diligencias que exigiere la naturaleza de la obligación”.
4. Unidad o pluralidad de la culpa
Así delineado el concepto de culpa, cabe que nos preguntemos ahora
si ese concepto identifica a una sola y única culpa llamada a actuar en
todo el ámbito del Derecho, o si hay otras clases de “culpas” que escapan
a esa idea que de ella hemos dado hasta aquí. En otras palabras, si la
culpa es una, en el ámbito comprensivo del Derecho, o si existe una
pluralidad de culpas, refiriéndonos siempre, claro está, al régimen del
Código Civil argentino.
En este tema sucede que a veces el lenguaje técnico jurídico, por lo
menos el de uso más corriente, pasa a ser utilizado por el gran público
que carece, naturalmente, de formación jurídica, y por ello no lo utiliza
adecuadamente. Y el mal uso va deformando la palabra, las voces
técnicas, que al final se convierten en expresiones de uso común que no
identifican con precisión los conceptos jurídicos a que se quiere aludir.
Pero lo más grave aún es que esas expresiones inexactas o defectuosas
pasan al lenguaje del abogado y hasta del escritor de Derecho, quienes,
para ser mejor entendidos por el gran público, no dudan en servirse de
las voces que se escuchan a diario.
Sólo así se explica que se hable corrientemente de “culpa contrac-
tual” y de “culpa extracontractual o aquiliana” como si fueran dos
conceptos distintos, dos clases diversas de culpa, cuando, en realidad,
todo operador jurídico sabe que una y otra son la misma culpa, como
criterio jurídico que tiene aptitud para atribuir responsabilidad a todo
aquel que con negligencia o imprudencia desatendió la obligación
(singular) o el deber (genérico) que le competían.
Alguno podrá argüir que cuando hablamos de culpa contractual nos
estamos refiriendo a un sujeto que incumplió con negligencia una obli-
gación nacida de un contrato, y que cuando hablamos de culpa extracon-
tractual aludimos, en cambio, a la conducta de otro que por descuido o
imprudencia causó un daño a un tercero con el cual no mantenía ante-
riormente ninguna vinculación. En verdad, resultarían éstas expresiones
63
Doctrina
de un lenguaje corriente. Pero si aplicamos los conceptos (y las palabras
que los representan) en su significado técnico propio advertiremos que
con la primera expresión aludimos a un supuesto de “responsabilidad”
contractual, y que con la segunda frase identificamos un supuesto de
“responsabilidad” extracontractual o aquiliana. Ambos son supuestos
o situaciones de hecho en los cuales aparece el factor de atribución
“culpa”, la misma “culpa”, la única “culpa” que se conoce y que es de
uso en el Derecho Civil. Pero, reiteramos, no se advierten dos culpas; se
advierten dos conductas culposas desplegadas en diferente situación,
que vienen a derivar en dos tipos de responsabilidad, una contractual y
la otra aquiliana.
Y advertimos que identificamos dos tipos de responsabilidad, la
contractual y la extracontractual, no porque puedan advertirse en una y
en otra diferencias ontológicas o de naturaleza, como luego lo veremos,
sino porque así, por separado, han sido reguladas en el Código de Vélez,
que ha establecido esferas propias para cada una. Pero, repetimos, ambas
“responsabilidades”, cuando reconocen un factor de atribución subjeti-
vo, están determinadas por la misma y única culpa que es la descripta en
nuestro artículo 512 del Código Civil.
Es que no puede haber otra respuesta cuando se interroga acerca de
la unidad o pluralidad de culpas, por lo menos según el concepto de
culpa al que hemos adherido en párrafos precedentes. No se olvide que
ésta se define como “un defecto o desvío de conducta”, y es siempre,
entonces, imputación a la persona, reproche que se formula a ella, sin
que se modifiquen los conceptos, por lo menos en lo esencial, por el
hecho de que el juicio de censura se formule –claro que atendiendo a las
circunstancias del caso y a la diversa regulación legal– dentro de un
diferente cuadro de situación: uno corresponderá a un supuesto de
incumplimiento de obligación específica, el otro pertenecerá a la consu-
mación de un hecho ilícito.
Transcribimos seguidamente unas palabras del maestro Llambías,
que siempre nos han parecido acertadísimas, y que se registran en la
primera edición de su libro de Obligaciones, a propósito de la doble
regulación que ha merecido en nuestro Código el tema del deber de
responder. Comienzan así esas palabras: “Hay una sola culpa, y un
doble régimen de responsabilidad culposa”.
64
Unicidad o pluralidad de la culpa en el Código Civil argentino
Y luego continúa Llambías: “Decimos que la noción de culpa es una
sola porque siempre en sí misma, consiste en un error de conducta, en un
comportamiento reprochable pero exento de malicia [...] Con todo, la ley
somete a esa misma conducta deficiente a un tratamiento distinto, se-
gún sea obrada en conexión con la ejecución de una determinada obliga-
ción stricto sensu, o que sea realizada en transgresión del deber genéri-
co que pesa sobre todo hombre de no dañar a otro (alterum non lædere).
En el primer supuesto se está en presencia del régimen de responsabilidad
contractual. La segunda hipótesis cae en el régimen de la responsabilidad
extracontractual o aquiliana. Son dos especies de responsabilidad que se
originan en una conducta sustancialmente idéntica (culpa)”11.
5. La doble regulación de la responsabilidad en el Código Civil
Conceptúa el Código Civil en su artículo 1107 lo siguiente:
Los hechos o las omisiones en el cumplimiento de las obligaciones
convencionales, no están comprendidos en los artículos de este Título,
si no degeneran en delitos del derecho criminal.
El precepto transcripto establece la “barrera”, como expresivamente
la ha denominado Llambías, que separa el tratamiento de dos ámbitos
determinados: el que refiere a las consecuencias de los hechos ilícitos y
el que regula el incumplimiento de obligaciones convencionales. En uno
y otro caso, bien se ve, se trata de la responsabilidad por daños, y ésta
es, pues, la materia concreta regulada en esferas separadas de un mismo
Código. Vamos a analizar ahora, sólo sumariamente, esta doble regula-
ción a ellas aplicada, observando los puntos comunes y las diferencias
que presentan. Y a la postre formularemos un juicio sobre si esa doble
regulación que impuso Vélez Sársfield subsiste en su integridad luego
de las varias reformas que, en el tiempo, sufrió el Código, si es conve-
niente que se mantengan las diferencias o si, por el contrario, aun
respetando naturalmente las dos estructuras o situaciones que son el
antecedente propio de una y otra responsabilidad, debe preferirse la
unificación de las reglas y soluciones respectivas, como el camino de
elección para la mejor satisfacción del deber de cubrir el daño injusto.
11
LLAMBÍAS, J. J., Obligaciones, 1ª ed., Perrot, Buenos Aires, 1967, t. I, p. 177.
65
Doctrina
Adelantamos que es ésta una problemática que reconoce larga histo-
ria, pero en los tiempos que corren tiende a desaparecer.
Alterini ha señalado que la división “tiene muy antiguo origen, pues
proviene de Roma: en la ley de las XII Tablas la responsabilidad era
contractual; en la Ley Aquilia, extracontractual. Por eso, se las estudió y
legisló separadamente (v. gr. en las Institutas y el Digesto), y de allí pasó
al Derecho francés”12.
Aun olvidando tan pretérito antecedente, debe señalarse que las anti-
guas doctrinas, en rigor, sólo hablaban de responsabilidad civil a propó-
sito de los hechos ilícitos. Y recién en el siglo XIX comienza a incluirse
dentro de la comprensión de la voz responsabilidad a los daños derivados
del incumplimiento contractual, pues hasta entonces estos perjuicios eran
identificados como “efectos anormales o anómalos de los contratos”. En
un intento de mayor precisión, Sainctelette (en su obra De la responsabi-
lité et la garantie) marcaba que había diferencias entre uno y otro tipo del
deber de responder por daños, agregando que en verdad la expresión
“responsabilidad” debía reservarse para la esfera de los delitos y cuaside-
litos, mientras que la palabra “garantía” era la que, en sentido técnico,
connotaba la obligación de indemnizar proveniente de un contrato.
Quedó así formulada la tesis “dualista”. Mas frente a ésta aparece
muy pronto la tesis “monista” o de la unidad, impulsada inicialmente por
Lefebvre y desarrollada por Grandmoulin, quien llegó a expresar que no
hay diferencia alguna, en cuanto al origen, en las dos pretendidas esferas
de responsabilidad, la contractual y la extracontractual, pues en ambos
casos la responsabilidad surgiría del incumplimiento de una obligación
preexistente, sea que proviniere de un deber general de no dañar, sea que
proviniere de un contrato13.
Corresponde a los Mazeaud el mérito de haber hecho –en un avance
singular– la síntesis de las teorías opuestas –monista y dualista– enun-
12
En Contornos actuales de la responsabilidad civil, Abeledo-Perrot, Buenos Aires,
1987, p. 49.
13
En su propuesta por afirmar la unidad, estos autores llegaron a identificar la “ley”
con el “contrato” –que para algunos eran las respectivas fuentes de una y otra responsa-
bilidad– pues, decían, “la ley es el contrato público desde que emana del acuerdo de
voluntades individuales que forman el Estado, y el contrato particular es una ley entre
las partes, según el art. 1134 del Código Civil francés”.
66
Unicidad o pluralidad de la culpa en el Código Civil argentino
ciando su teoría que Peirano Facio denomina ecléctica, y que ha venido
orientando a la doctrina posterior, hasta la hora actual.
En su conocido Tratado de la responsabilidad civil contractual y
delictual, los profesores Mazeaud y Tunc, luego de criticar la vieja
postura de Sainctelette que reservaba la expresión responsabilidad para
la esfera de los delitos y los cuasidelitos, y el término de garantía para
el supuesto de incumplimiento de los contratos, admiten que en verdad
existen diferencias entre los dos órdenes de responsabilidad civil. “Pero
estas diferencias –señalan– no son fundamentales sino accesorias: no
atañen a los principios rectores; de ahí que pensamos [y así lo hacen en
su obra] que cabe agrupar dentro de un plan único todos los problemas
planteados en una y otra esfera”. A renglón seguido explican los autores
que uno de los motivos que ha llevado a la tesis de la división o
separación es la forma o sistemática en que han sido incorporados al
Código Civil francés –lo mismo cabe decir del nuestro– los principios
reguladores de la responsabilidad: las reglas atinentes a la obligación de
responder por incumplimiento del contrato se hallan en un capítulo
consagrado a los efectos de las obligaciones convencionales, mientras
que las normas que regulan la responsabilidad delictual se insertan
dentro de un capítulo específico y autónomo.
Por último, echan luz los profesores franceses sobre un tema que ha
preocupado a algunos autores argentinos.
Nos referimos a la llamada “génesis” de la responsabilidad, que alude
a la diferencia que –según algunos– se advertiría en el origen o en el
nacimiento de una y otra responsabilidad, contractual o delictual. Así,
la responsabilidad contractual encontraría su génesis en la obligación
singular ya existente entre las partes, que se presenta incumplida por el
deudor; mientras que la responsabilidad aquiliana o delictual –en la cual
no hay antecedente de contrato– nacería directamente del hecho ilícito.
Sin embargo, contestan Mazeaud y Tunc, no es que la indemnización
debida por incumplimiento de un contrato sea, a diferencia de la delic-
tual, sólo un efecto o sanción de una obligación preexistente. Sin duda,
en la órbita de la responsabilidad contractual, una obligación unía ya al
autor del daño y a la víctima. Pero cuando una de las partes incumple
culpablemente la obligación puesta a su cargo, “nace entonces una
obligación nueva que sustituye a la obligación preexistente: la obliga-
67
Doctrina
ción de reparar el perjuicio causado por el incumplimiento. Y así, si el
contrato es una fuente de obligación, el incumplimiento del contrato, o
sea la responsabilidad contractual es, asimismo, una fuente de obliga-
ción...” (la de reparar el daño causado por el incumplimiento)14.
En similar orden de ideas, aludiendo a las facultades del acreedor
para satisfacer su interés a expensas del patrimonio del obligado, se
expresa Antonio Hernández Gil –egregio catedrático de Derecho y
decano del Colegio de Abogados de Madrid–: “Este poder de agresión y
la afectación al mismo de los bienes del deudor [...] no forma parte de la
obligación misma, no ocupa un lugar en la estructura de ésta. Surge del
incumplimiento de la obligación, y el incumplimiento, o los daños
producidos en ocasión de él, se configuran como un ilícito productor de
la obligación de indemnizar. Pero esta obligación de indemnizar es otra
obligación y no una fase de la precedente incumplida”15-16.
Mayo y Prevot, a su turno, en su excelente obra sobre Responsabili-
dad contractual17, razonan con sutileza sobre las pretendidas diferencias
que pueden señalarse entre los dos tipos de responsabilidad, y señalan
que aunque la obligación de reparar daños a la víctima puede presentarse
como consecuencia de actos o situaciones de muy diversa índole, en
rigor, todos ellos pueden ser reconducidos a dos categorías diferentes:
a) “En ocasiones se trata de supuestos en los que, encontrándose
varias personas vinculadas por una relación obligatoria previa,
una de las partes incumple aquello a que se encontraba compro-
metida. Es el daño que el inquilino causa al propietario cuando no
14
MAZEAUD, H. y L. y TUNC, A., Tratado teórico y práctico de la responsabili-
dad civil delictual y contractual, Ejea, Buenos Aires, t. I, vol. I, ps. 114 a 118.
15 En su Derecho de Obligaciones, I, Madrid, p. 63.
16
Vale transcribir aquí la siguiente cita de Planiol, referida a la indemnización
debida por incumplimiento de contrato, que tomamos de la obra de Llambías (Obliga-
ciones cit., t. I, p. 176, nota 22): “La obligación nacida de la culpa –dice Planiol– tiene
por objeto la reparación del daño causado. Esta obligación es enteramente distinta de la
obligación anterior que ha sido violada por la culpa, no tiene el mismo objeto. La
obligación primitiva podrá tener un objeto cualquiera: una dación, un hecho, una
abstención; la obligación nacida de la culpa tiene siempre por objeto la reparación
–ordinariamente pecuniaria– de la lesión causada a la otra parte por la inejecución del
objeto debido” (Traité élémentaire, t. II, Nº 891, p. 300).
17
La Ley, Buenos Aires, 2007.
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Unicidad o pluralidad de la culpa en el Código Civil argentino
paga el alquiler, o el que el vendedor ocasiona al comprador al no
proporcionarle el goce pacífico de la cosa vendida [...] Se habla
aquí de responsabilidad civil contractual en la que el hecho
dañoso viene producido precisamente como resultado del incum-
plimiento de un contrato (u obligación preexistente)...”
b) “Otras veces la obligación de resarcir surge entre personas que no
se encontraban vinculadas por una relación previa. Dicho de una
manera poco técnica, las partes se conocen a través del hecho
dañoso: es el accidente de tránsito vehicular, el avión que cae
sobre una vivienda [...] Es la llamada responsabilidad civil extra-
contractual o aquiliana...”
Y de inmediato estos autores, con cita de Umberto Breccia, añaden:
“La distinción entre responsabilidad contractual y responsabilidad extra-
contractual tiene un solo fundamento conceptual posible, y es que la
primera nace del incumplimiento de una obligación preexistente, mien-
tras que la segunda surge ex novo de la comisión de un hecho ilícito”18.
El profesor Atilio A. Alterini, en nuestro país, fue uno de los primeros
que calificó como diferencia de “génesis” a este signo distintivo que él
advierte entre las dos responsabilidades. Adhiriendo al criterio de la
“unidad” de la culpa civil, sostenido –dice– “casi con unanimidad en
doctrina moderna, extranjera y nacional”, agrega el reputado autor que
“tal unidad, empero, no excluye que haya dos ‘regímenes’ de responsa-
bilidad civil cuya razón de ser deriva de la notoria diferencia estructural
del hecho generador de la responsabilidad”19.
Nosotros, en este tema, sin perjuicio de adherir a la tesis de la
unicidad del fenómeno de la responsabilidad civil con la mira puesta en
la satisfacción de la víctima del daño, mas atendiendo, empero, a la
existencia del doble ordenamiento legal que se contiene en nuestro
Código Civil, hemos preferido seguir la enseñanza de la egregia profe-
sora doctora María Antonia Leonfanti, infatigable investigadora de los
problemas del deber de responder por daños en el Derecho argentino y
Comparado, quien estructuraba el estudio de la responsabilidad a partir
de un mismo y único punto de partida: “el acto injusto lesivo” (como
18
MAYO y PREVOT, Responsabilidad contractual cit., ps. 63/64.
19
En Responsabilidad civil. Límites de la reparación civil, Abeledo-Perrot, Buenos
Aires, 1970, p. 30.
69
Doctrina
ella lo denominaba), que se manifestaba ya por violación de un compro-
miso contractual (u obligación preexistente), ya por ataque o agravio a
un tercero con el cual no unía al dañador vinculación previa alguna.
Desde este punto de partida la profesora Leonfanti, con base en la
normativa del Código, desarrollaba toda una serie de consecuencias,
recorriendo simétricamente las dos vertientes de la responsabilidad civil,
donde quedaba en evidencia la identidad ontológica o de naturaleza de
una y de otra20.
Así, siguiendo ese pensamiento de la autora que citamos, hemos
dicho en más de una oportunidad21 que “no hay diferencias de génesis
entre uno y otro orden de la responsabilidad civil, en tanto el deber de
responder por daños no nace en un caso del contrato, y en el otro del acto
ilícito, sino que tiene su fuente en ambos casos en un acto injusto lesivo,
como lo señalaba la profesora Leonfanti, esto es, que proviene directa-
mente del ‘entuerto’ que según el orden natural –y la ley positiva que lo
recepta– debe ser reparado. El contrato, en el caso de la responsabilidad
contractual, juega sólo como ‘antecedente’, que claro que no existe en la
responsabilidad aquiliana, pero que carece de virtualidad per se para
cambiar la naturaleza de la responsabilidad civil, aunque se la ‘bautice’
con diferente nombre, pues siempre será ella congrua reacción frente al
‘acto injusto lesivo’. Menos aún puede valer ese contrato o ‘antecedente’
para determinar una mayor o menor indemnización a favor de la vícti-
ma”, que se aparte del daño resarcible padecido.
Podríamos concluir con esto afirmando que no existen, en rigor, dos
clases de responsabilidad, la contractual y la extracontractual o aquilia-
na, pues si la problemática del deber de responder se centra en el daño y
su cobertura, no deberá importarnos si el Código ha destinado una
regulación determinada y distinta para la una y para la otra. Y más
20
Remitimos a las comunicaciones de la Prof. Ma. Antonia Leonfanti enviadas al IV
Congreso Nacional de Derecho Civil, Córdoba, 1969, y a las Quintas Jornadas Nacio-
nales de Derecho Civil, Rosario, 1971.
21
Véase nuestra tesis para el doctorado Los presupuestos y límites de la responsa-
bilidad civil (inédita, año 1973, Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, Univ. Nac. del
Litoral), y Sobre la unificación de los regímenes de la responsabilidad civil, en L. L.
1989-B-911, en donde se desarrolla nuestra ponencia sobre ese tema enviada a las XII
Jornadas Nacionales de Derecho Civil, reunidas en San Carlos de Bariloche en 1989.
70
Unicidad o pluralidad de la culpa en el Código Civil argentino
todavía, deberíamos bregar por que se corrigiera eso y nos quedemos con
un solo sistema de reparación de daños civiles.
En este sentido no hacemos sino adunarnos a la corriente uniforme
de la doctrina jurídica nacional que, a la par de una jurisprudencia que
no quiso permanecer estática, ha ido bregando en este camino de la
unificación.
6. Diversidad en las soluciones legislativas entre ambas órbitas
de la responsabilidad civil. La evolución en el tiempo
Los autores suelen analizar detenidamente las diferencias de solucio-
nes que presenta el Código Civil argentino en la regulación de estos dos
campos del deber de responder por daños.
En un principio, las diferencias de regulación entre uno y otro tema
se presentaban como numerosas e irreductibles. Pero la jurisprudencia
inquieta y creativa –que al margen de la especulación teórica debía
resolver complejas situaciones fácticas llevadas al pretorio, en las que
siempre había una víctima que pedía la reparación de su daño, sin tiempo
de preocuparse a veces sobre cuál era el dispositivo preciso en que debía
de fundar su reclamo– fue encontrando soluciones compatibilizadoras,
de modo de extender o trasladar, con diversas razones y argumentos, las
previsiones de un determinado precepto legal ubicado en una esfera del
responder a la otra esfera, sin escándalo y sin daño para nadie, pero con
ganancia para la justicia.
Los esfuerzos de la doctrina, a los que aludiremos luego puntualmen-
te, no fueron menos ponderables.
Y además hubo, también, reformas legales que alcanzaron al mismo
Código Civil (ley 17.711), y otras que vinieron de regulaciones especia-
les, como por caso la ley que atendió a los contratos de consumo.
Se fueron así superando (o “debilitando”) las diferencias que se
señalaban relativas a la mora, a la carga probatoria de la culpa y de la
antijuridicidad, a la reparación del daño moral, a la facultad judicial
de atenuación o moderación de la responsabilidad “si fuere equitati-
vo”, a la responsabilidad refleja por el hecho de los dependientes o
auxiliares, a la responsabilidad por daños causados con intervención
71
Doctrina
de cosas, a la utilización de factores objetivos y subjetivos de atribu-
ción, en uno y otro campo del responder22.
Otras diferencias menores de régimen, relativas a la edad del discer-
nimiento para la imputación según se trate de actos lícitos o ilícitos, y a
la diversidad de juez competente para entender en las acciones de
responsabilidad, no provocan inconvenientes de mérito para el ejercicio
de las acciones de responsabilidad.
7. Diferencias que subsisten
Nos queda por enumerar ciertas diferencias que se ven hasta ahora
como irreductibles, y que aparecen como puntos discordantes en un
sistema que se quiere unificado e integral de la responsabilidad civil.
Nos referimos, en primer lugar, al alcance o extensión del resarcimiento
de los daños, y en segundo lugar, al término o plazo de prescripción de
las respectivas acciones resarcitorias.
Pues sucede que según la regulación de la ley, en materia contractual,
si el incumplimiento es culposo se han de reparar sólo los daños que sean
consecuencia necesaria e inmediata del incumplimiento (art. 520, Código
Civil), y si fuere doloso el incumplimiento (“malicioso”, art. 521) se res-
ponderá también por las consecuencias mediatas. Nunca por las casuales.
Mientras que en el hecho ilícito se responde siempre de las conse-
cuencias inmediatas y de las mediatas previsibles (arts. 903 y 904 del
Código Civil). Y en ciertos casos se responde de las consecuencias
casuales no remotas (art. 905 del Código Civil).
En cuanto al término de la prescripción de las acciones, sabemos que
el Código lo fija en diez años para el caso de incumplimiento de
obligación (prescripción decenal ordinaria del art. 4023), mientras que
es de sólo dos años el plazo que fija la ley para el ejercicio de las acciones
de responsabilidad por actos ilícitos (art. 4037 del Código Civil)23.
22
Puede verse el tema de estas diferencias de regulación, estudiado con amplitud y
detalle, en el Tratado de la responsabilidad civil, de F. Trigo Represas y M. López Mesa,
La Ley, Buenos Aires, 2004, t. II, ps. 16 y ss.
23
Los profesores Trigo Represas y López Mesa, en su obra citada en nota anterior,
hacen notar otra diferencia más que subsiste en la doble regulación legal de la responsa-
bilidad. Apuntan en ese sentido que los coautores o copartícipes en un hecho ilícito son
72
Unicidad o pluralidad de la culpa en el Código Civil argentino
8. Hacia la superación de las diferencias: la solución de la unidad
a) La doctrina
Esa superación de las diferencias de régimen legal entre las dos
esferas de responsabilidad que el Código de Vélez organiza, que quedan
en verdad reducidas a dos, como se ha visto, ha sido el resultado de una
jurisprudencia creativa y de una doctrina uniforme e ilustrada que han
venido bregando incansablemente por la unificación en un solo sistema
de todos los supuestos de responsabilidad, en beneficio de la más
adecuada reparación del daño injusto.
Los esfuerzos de la doctrina civilista vienen de antigua data. Ya en el
Tercer Congreso Nacional de Derecho Civil, Córdoba, 1961 (tema 7,
recomendación 16), se declaró la necesidad de la unificación. A ese
punto de arranque de notable importancia se han agregado las Quintas
Jornadas Nacionales de Derecho Civil, Rosario, 1971, tema 5, punto 2º
de la recomendación aprobada; las Primeras Jornadas Australes de
Derecho, Comodoro Rivadavia, 1980; las Terceras Jornadas Sanjuani-
nas de Derecho Civil, 1986; las Segundas Jornadas Bonaerenses de
Derecho Civil, Comercial y Procesal, Junín, Comisión Nº 2, punto II.1.
Y sin agotar la enumeración, pues ha habido muchas reuniones científi-
cas en años posteriores y hasta la actualidad que se expidieron en el
mismo sentido, citamos como expresión más lúcida y completa sobre el
tema, según nuestro criterio, a las XII Jornadas Nacionales de Derecho
Civil, reunidas en la ciudad de San Carlos de Bariloche en 1989, que
dijeron por su Comisión Nº 2, sobre el tema de Unificación de los
regímenes de responsabilidad civil, lo siguiente:
1. Existe unidad sistemática en materia de responsabilidad civil, a par-
tir del dato de concebir el daño como el centro de gravedad del sistema.
solidariamente responsables frente al damnificado (arts. 1081 y 1109, Cód. Civ.); en
tanto que la corresponsabilidad contractual es en principio simplemente mancomunada,
en la que cada uno responde por su respectiva cuotaparte (arts. 675 y 691 del Cód. Civ.),
salvo si se hubiere pactado la solidaridad de forma inequívoca o ella resultare de alguna
disposición legal. Y ejemplifican este último supuesto con lo mandado por la Ley de
Defensa del Consumidor, modificada por ley 24.999, que establece la responsabilidad
objetiva y solidaria por daños a favor del consumidor y a cargo de todos los intervinien-
tes en la cadena de producción y distribución de la cosa o servicio prestado.
73
Doctrina
2. No obstante, en el Derecho vigente hay dos ámbitos de responsabi-
lidad: el contractual y el extracontractual.
3. Los presupuestos del deber de reparar son comunes a las dos órbitas
de responsabilidad.
4. De las diferencias que marca la doctrina entre las órbitas contractual
y extracontractual, algunas son reales, pero contingentes, y otras no
son verdaderas. Sin embargo, ninguna debe conceptuarse como sustan-
cial. Entre las diferencias reales, pero contingentes, las más importan-
tes, entre otras, son: la extensión de la reparación, y la concerniente al
plazo de prescripción de las acciones de responsabilidad.
5. La atenuación equitativa de la responsabilidad emanada del artícu-
lo 1069, es aplicable por analogía a los supuestos de daños derivados
del incumplimiento contractual.
6. Funciona la opción aquiliana del artículo 1107 cuando el deudor hu-
biere incurrido en dolo, no obstante la literalidad del referido texto legal.
De lege ferenda:
1. Corresponde eliminar cualquier diferencia que medie entre las órbitas
contractual y extracontractual, suprimiendo cualquier obstáculo que
dificulte la efectiva reparación de todo daño que se halle en relación de
causalidad adecuada, y resulte injustamente sufrido por la víctima.
La unidad conceptual de la responsabilidad civil, cualquiera sea la
naturaleza jurídica del deber violado que la origine, reclama un régi-
men unificado de reparación de daños, aplicable tanto a la órbita
contractual como a la extracontractual.
Sin embargo, debe establecerse legislativamente la solidaridad de los
responsables en las dos órbitas, salvo que la ley o la convención
establezcan lo contrario.
Cabe señalar que la comprensión moderna entiende que en los contra-
tos de consumo los legitimados pasivos en la acción de daños respon-
den concurrentemente.
2. El proyecto de Código único de 1987 resulta satisfactorio, en este
aspecto, en la medida en que adecua la legislación a los postulados
enunciados en el punto anterior.
Esta declaración de las XII Jornadas Nacionales de Derecho Civil nos
parece encomiable. Sienta la verdadera doctrina –uniforme a esa altura
entre nuestros autores– y orienta al legislador del futuro. Para más, ya se
conocía a ese momento el proyecto de Código Único de 1987, que las
Jornadas encontraban plausible porque recogía, en lo esencial, las pos-
74
Unicidad o pluralidad de la culpa en el Código Civil argentino
tulaciones comunes de la civilística argentina, que ese mismo certamen
jurídico proclamaba.
b) Los proyectos de reforma del Código Civil
Para concluir nuestro trabajo sólo nos resta enumerar los proyectos o
anteproyectos de reforma del Código Civil argentino –cuatro de ellos en
los últimos 20 años– que, en general, han receptado este clamor unánime
de la doctrina relativo a la unificación de los regímenes legales de
responsabilidad civil.
1. El primero, ya aludido en el apartado anterior, es el proyecto de
1987, que en 1991 llegó a ser sancionado por el Congreso nacional pero
fue inmediatamente vetado en su totalidad por el Poder Ejecutivo. En
relación con el tema que tratamos y como punto de partida, propiciaba
la derogación del artículo 1107 del Código Civil y unificaba la extensión
del resarcimiento en cualquier supuesto de responsabilidad, mediante el
siguiente texto (art. 906 reformado): “La extensión de la responsabilidad
derivada del incumplimiento obligacional o de hechos ilícitos se rige por
los artículos precedentes. Abarca los daños que estén en relación de
causalidad adecuada, y no comprende las consecuencias remotas”. Es
decir, el régimen de las consecuencias que regulaba este título del
Código, artículos 901 a 905, se aplicaría a uno y otro supuesto de
responsabilidad. Por lo que hace a la prescripción de las acciones, en este
proyecto quedaban unificadas en el plazo de la prescripción ordinaria,
que era el de cinco años.
2. Parecidas disposiciones contiene el proyecto de 1993, de la “Co-
misión Federal” designada por la Cámara de Diputados de la Nación:
deroga el artículo 1107 del Código vigente e igualmente dispone
(art. 906 propuesto) que la extensión del deber de responder por daños
se rige, para ambas órbitas, por lo dispuesto en los artículos 903 a 905
del mismo Código. En cambio, se mantiene la diferencia de régimen en
lo que hace al término de la prescripción: la acción por responsabilidad
contractual –está comprendida en el proyecto dentro de las “acciones
personales por deuda exigible”– prescribe a los cinco años (art. 4023),
mientras que “la acción para requerir el resarcimiento de los daños
producidos por la circulación de vehículos de toda especie”, así como
75
Doctrina
“todas las acciones derivadas del contrato de transporte”, prescriben a
los dos años (art. 4030 del Código proyectado).
3. El tercer proyecto de reforma, también conocido en 1993, elabo-
rado por una Comisión designada por el Poder Ejecutivo nacional,
legisla en forma autónoma y separada el tema de la responsabilidad civil
(Parte Cuarta del proyecto), que comprende tanto lo relativo a los
“hechos ilícitos” (violación del deber de no dañar a otro, alterum non
lædere) (art. 1549 de este proyecto) como la reparación del daño provo-
cado por el incumplimiento obligacional (esto último resulta por la
remisión al tema de la responsabilidad civil ordenada en el art. 721 que
alude al “incumplimiento de las obligaciones y la mora”). Además, de
entrada, en nota que precede a la Parte Cuarta del proyecto, se afirma que
“La unicidad del fenómeno resarcitorio fue propiciada por el Tercer
Congreso Nacional de Derecho Civil, Córdoba, 1961, con esta fórmula:
«La reparación ha de sancionarse según fórmula integral y unificada,
aplicable tanto a la responsabilidad contractual, cualquiera sea la natu-
raleza de la prestación, como a la extracontractual, sea que los hechos
configuren o no delitos del derecho criminal»”.
En lo concreto: el artículo 1557, primera parte, de este proyecto dice
que “Son reparables las consecuencias dañosas que tienen nexo adecua-
do de causalidad con el hecho productor del daño. Salvo disposición
legal en contrario se indemnizan las consecuencias inmediatas y las
mediatas previsibles”. Se fija en el proyecto en cinco años el plazo
ordinario de la prescripción liberatoria, que implícitamente comprende
a la responsabilidad por incumplimiento de obligaciones. La acción para
reclamar indemnización de daños derivados de accidentes de tránsito
prescribe a los dos años.
4. Por último, cuadra aludir al proyecto de 1998, de Unificación de
los Códigos Civil y Comercial, redactado por la comisión designada por
el decreto nacional 685/95.
Se contiene en el proyecto un Título IV, Capítulo I, que comienza
inaugurado por el artículo 1581 que reza: “Las disposiciones de este
Título son aplicables cualquiera que sea la fuente del deber jurídico de
cumplir o de reparar el daño”24.
24
Siempre nos ha parecido defectuosa y equívoca la redacción de este artículo, pues
76
Unicidad o pluralidad de la culpa en el Código Civil argentino
En esa idea, se unifica la extensión del deber de responder por daños
por vía del artículo 1609 proyectado que dice: “La responsabilidad
abarca las consecuencias que se hallan en relación de causalidad adecua-
da con el hecho generador. Quedan comprendidas en ellas las conse-
cuencias inmediatas y las consecuencias mediatas previstas o previsi-
bles; y están excluidas las consecuencias casuales”.
Respecto del plazo de la prescripción, el proyecto la establece para la
acción por incumplimiento de contrato en el término ordinario de cuatro
años, y para la acción por indemnización de daños por la circulación
terrestre de vehículos de toda especie en el plazo de dos años.
9. Conclusiones
Ha llegado la hora de formular conclusiones.
En ese propósito podemos afirmar que tanto a nivel de doctrina como
de jurisprudencia, como según la corriente que inequívocamente se
desprende de los últimos proyectos de reforma legislativa, la identifica-
ción de dos tipos de responsabilidad en nuestro Derecho, la contractual
y la extracontractual o aquiliana, sólo subsiste porque también subsiste
aún la regulación específica y separada que una y otra han merecido en
nuestro Código Civil.
Y esta regulación separada quizá se haya debido a la diferencia de
“antecedente” –que no es “génesis”– que se advierte en una y no en la
otra. En la primera –contractual– se descubrirá la presencia de un
antecedente voluntario (acto jurídico creador de obligaciones), y en la
otra –aquiliana– este antecedente no existirá. Por eso nuestro Código,
siguiendo la corriente de esa época, trata separadamente de los efectos
de las obligaciones, por un lado, y de los hechos ilícitos, por otro. Pero
absolutamente esto no cambia las cosas, porque siempre será el acto
injusto lesivo (incumplimiento o acto ilícito típico) la fuente del deber de
en su expresión literal puede entenderse como que alude a la existencia de varias fuentes
tanto del deber jurídico de cumplir, por un lado, como del deber jurídico de reparar el
daño, por el otro. Y así no se transmite la idea de los reformadores, porque en verdad lo
que se ha querido decir es que se aplicará la misma regulación cualquiera sea la fuente
del deber de reparar el daño, tanto el incumplimiento de la obligación particular como el
acto ilícito.
77
Doctrina
resarcir el daño resultante, agregándose que a nivel científico, tal como
ha sido estudiada en lo actual la responsabilidad civil, coincide la
doctrina uniforme en que los elementos que confluyen al deber de
responder son los mismos en uno y en otro caso; así, la antijuridicidad,
la existencia del daño, el factor de atribución y el nexo causal.
La doctrina de la unidad se ha impuesto definitivamente. Ello al
punto de que, como señala Trigo Represas25, una autora ha llegado a
decir que “puede afirmarse que, a nivel doctrinal, el debate sobre man-
tener o suprimir los dos campos de la responsabilidad está definitiva-
mente agotado en la Argentina, y citar bibliografía sobre la cuestión es
superabundante...”26
La reforma del Código Civil en nuestro país se ha mostrado siempre
como una empresa ardua y azarosa. Y no será, ciertamente, porque falten
juristas de primer nivel que puedan elaborar excelentes proyectos, como
se ha demostrado sobradamente a través de los presentados en los
últimos años. Hay temas conflictivos, sin duda, que ocasionalmente se
convierten en impedimento irreductible para aprobar una reforma. Mas
transcurridos ya cuarenta años de la ponderada reforma “Borda” (1968),
la comunidad argentina está bien dispuesta para recibir remozados
lineamientos de nuestra ley de fondo. En todo caso, podemos afirmar sin
duda alguna que no será el debate acerca de la unidad del sistema de la
responsabilidad civil el obstáculo que impida dar vía libre a un proyecto
de reforma del centenario Código de Vélez Sársfield.
25
Tratado... cit., t. II, ps. 40/41.
26
KEMELMAJER DE CARLUCCI, Aída, La responsabilidad civil de los estableci-
mientos educativos en la Argentina luego de la reforma de 1997, en L. L. 1998-B-1047,
nota 32.
78