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El documento describe las pruebas de acceso a la universidad en lengua castellana y literatura, que constan de tres partes: comprensión lectora, expresión escrita y reflexión lingüística. Los estudiantes deben elegir entre dos opciones para las primeras dos partes, mientras que la tercera es común. Incluye ejemplos de textos y preguntas para evaluar la comprensión y el análisis literario.

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El documento describe las pruebas de acceso a la universidad en lengua castellana y literatura, que constan de tres partes: comprensión lectora, expresión escrita y reflexión lingüística. Los estudiantes deben elegir entre dos opciones para las primeras dos partes, mientras que la tercera es común. Incluye ejemplos de textos y preguntas para evaluar la comprensión y el análisis literario.

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2024

Proves d’accés a la universitat

Lengua castellana y literatura


Serie 1

Opción de examen
(Marque la opción escogida)

OPCIÓN A OPCIÓN B

Qualificació TR
1.1
1. Comprensió 1.2
lectora 1.3
1.4
2. Expressió 2.1
escrita 2.2
3.1
3. Reflexió 3.2
lingüística 3.3
3.4
Suma de notes parcials
Descompte per faltes
Total
Qualificació final

Etiqueta de l’estudiant

Ubicació del tribunal ..................................................................................

Número del tribunal ....................................................................................

Etiqueta de qualificació Etiqueta de correcció


La prueba consta de tres partes: 1) comprensión lectora, 2) expresión escrita y 3) reflexión lin-
güística.
Debe escoger UNA de las dos opciones (A o B) para completar las partes 1 y 2. En cambio,
la parte 3 es común a las dos opciones.

OPCIÓN A
Lea el siguiente texto y responda a las cuestiones que se plantean a continuación.
Jamás había oído mencionar aquel título o a su autor, pero no me importó. La decisión estaba
tomada. Por ambas partes. Tomé el libro con sumo cuidado y lo hojeé, dejando aletear sus páginas.
Liberado de su celda en el estante, el libro exhaló una nube de polvo dorado. Satisfecho con mi elec-
ción, rehíce mis pasos en el laberinto portando mi libro bajo el brazo con una sonrisa impresa en los
labios. Tal vez la atmósfera hechicera de aquel lugar había podido conmigo, pero tuve la seguridad
de que aquel libro había estado allí esperándome durante años, probablemente desde antes de que
yo naciese.
Aquella tarde, de vuelta en el piso de la calle Santa Ana, me refugié en mi habitación y decidí
leer las primeras líneas de mi nuevo amigo. Antes de darme cuenta, me había caído dentro sin reme-
dio. La novela relataba la historia de un hombre en busca de su verdadero padre, al que nunca había
llegado a conocer y cuya existencia solo descubría merced a las últimas palabras que pronunciaba su
madre en su lecho de muerte. La historia de aquella búsqueda se transformaba en una odisea fantas-
magórica en la que el protagonista luchaba por recuperar una infancia y una juventud perdidas, y en
la que, lentamente, descubríamos la sombra de un amor maldito cuya memoria le habría de perseguir
hasta el fin de sus días. A medida que avanzaba, la estructura del relato empezó a recordarme a una
de esas muñecas rusas que contienen innumerables miniaturas de sí mismas en su interior. Paso a
paso, la narración se descomponía en mil historias, como si el relato hubiese penetrado en una galería
de espejos y su identidad se escindiera en docenas de reflejos diferentes y al tiempo uno solo. Los
minutos y las horas se deslizaron como un espejismo. Horas más tarde, atrapado en el relato, apenas
advertí las campanadas de medianoche en la catedral repiqueteando a lo lejos. Enterrado en la luz de
cobre que proyectaba el flexo, me sumergí en un mundo de imágenes y sensaciones como jamás las
había conocido. Personajes que se me antojaron tan reales como el aire que respiraba me arrastraron
en un túnel de aventura y misterio del que no quería escapar. Página a página, me dejé envolver por
el sortilegio de la historia y su mundo hasta que el aliento del amanecer acarició mi ventana y mis
ojos cansados se deslizaron por la última página. Me tendí en la penumbra azulada del alba con el
libro sobre el pecho y escuché el rumor de la ciudad dormida goteando sobre los tejados salpicados
de púrpura. El sueño y la fatiga llamaban a mi puerta, pero me resistí a rendirme. No quería perder
el hechizo de la historia ni todavía decir adiós a sus personajes.
En una ocasión oí comentar a un cliente habitual en la librería de mi padre que pocas cosas mar-
can tanto a un lector como el primer libro que realmente se abre camino hasta su corazón. Aquellas
primeras imágenes, el eco de esas palabras que creemos haber dejado atrás, nos acompañan toda la
vida y esculpen un palacio en nuestra memoria al que, tarde o temprano —no importa cuántos libros
leamos, cuántos mundos descubramos, cuánto aprendamos u olvidemos—, vamos a regresar. Para
mí, esas páginas embrujadas siempre serán las que encontré entre los pasillos del Cementerio de los
Libros Olvidados.
Carlos Ruiz Zafón. La sombra del viento. Barcelona: Planeta, 2016, pp. 12-14

1. Comprensión lectora
[4 puntos en total]

1.1. Resuma el texto que ha leído sin reproducir frases de este. Utilice para ello un
máximo de cincuenta palabras. [1 punto]

–2–
1.2. Señale qué serie, de las cuatro que se proponen, es la única correcta para sustituir
todas las palabras siguientes, subrayadas en el texto: hechicera, fantasmagórica,
sortilegio, púrpura. [0,5 puntos. Si la respuesta es errónea, se descontarán 0,15 puntos; si no res-
ponde a la pregunta, no se aplicará ningún descuento.]
☐ repelente, aterradora, espiritismo, tinte
☐ cautivadora, sobrenatural, encanto, escarlata
☐ enloquecedora, tangible, conjuro, colorante
☐ profeta, alucinante, sorteo, dignidad
1.3. Indique los antecedentes de cuya (en «cuya memoria») y que (en «del que no que-
ría escapar»), subrayados en el texto. [1 punto]
a) cuya:

b) que:

1.4. Conteste únicamente DOS de las cuatro cuestiones siguientes sobre las lecturas
(Nada, de Carmen Laforet, y La Fundación, de Antonio Buero Vallejo) y sobre las
figuras retóricas que aparecen en el texto. Puede combinarlas como prefiera. En
el caso de responder a tres o cuatro preguntas, solo se tendrán en cuenta las dos
primeras. [1,5 puntos en total. Se descontarán 0,25 puntos por cada pregunta de respuesta múltiple
errónea.]
a) Sobre Nada, ¿con quién mantuvo Román una relación en su adolescencia?
¿Cómo terminó? Utilice un máximo de cincuenta palabras. [0,75 puntos]

b) Sobre La Fundación, ¿qué personaje de la obra experimenta una transforma-


ción más radical? [0,75 puntos]
☐ Max.
☐ Asel.
☐ Tomás.
☐ Lino.
–3–
–4–
2.2. Complete las secuencias con la forma correcta de entre las dos que se proponen en
cada caso. [1 punto]
a) Me alegro ___________ (de que / que) seáis felices.
b) Tuve que subir al ___________ (onceavo / undécimo) piso.
c) Consiguió que cambiara muchas ideas ___________ (acerca de / a cerca de) mi
profesión.
d) La víctima, un señor de cuarenta años, fue ___________ (identificado / identi-
ficada) enseguida.

–5–
OPCIÓN B
Lea el siguiente texto y responda a las cuestiones que se plantean a continuación.
Desde siempre, tus amigos han bromeado sobre tu terquedad. Cuando una idea te obsesiona, te
aferras al asunto, te exaltas y no sueltas el mordisco. Poco ágil en las conversaciones saltarinas y ligeras,
insistes en ahondar machaconamente y ser escuchada hasta la última minúscula matización. Necesitas
vencer y convencer. Llegué, vi, insistí. Cuentan que Churchill —autor del mayor glosario de citas pro-
bablemente ficticias— afirmó: «Un fanático es alguien que no puede cambiar de mentalidad y no quiere
cambiar de tema». Te asalta una hipótesis incómoda: quien sufre este arrebato intransigente no se da
cuenta. Quizá ni siquiera tú misma.
Fanático deriva del latín fanum, que significaba ‘santuario’ o ‘templo’. En la Antigüedad llamaban
así a los sacerdotes del culto de Belona o Cibeles, cuyos ritos resultaban excéntricos y frenéticos para los
creyentes paganos. Desde el principio, integrista siempre es alguien de otro credo. El escritor Amos Oz
se consideraba —con saludable ironía— un experto en fanatismo comparado. Sostenía que el peligro no
solo acecha en las manifestaciones colectivas de fervor ciego, entre esas multitudes que agitan sus puños
mientras gritan eslóganes en lenguas que no entendemos. No, el fanatismo también se expresa con moda-
les silenciosos y un barniz civilizado. Está presente en nuestro entorno y tal vez también seamos víctimas
de su temida infección.
El fenómeno fan se ha incorporado a la vida cotidiana a través de la música y el deporte. Son sus
manifestaciones más leves —aludidas con solo las tres primeras letras de la palabra—, aunque a veces
también se desmadran. En la antigua Roma algunos devastadores motines empezaron como reyertas en
los juegos de gladiadores o en el circo, entre partidarios de las distintas facciones deportivas.
El fanatismo nace de la necesidad —profundamente humana— de pertenecer a algún grupo, equipo
o colectivo. Por desgracia, ese anhelo suele derivar en el rechazo a quienes no forman parte de nuestro
núcleo, hasta el punto de querer cambiar a los demás, o expulsarlos. Estas actitudes comienzan en casa,
en esa tendencia tan común de mejorar al vecino, de enmendar al cónyuge, de hacer ingeniero al niño
o enderezar al hermano, en vez de dejarlos tranquilos. El fanático quiere salvarte, redimirte, mejorar tus
hábitos. Se desvive por ti, te alecciona. En uno de sus discursos fundacionales de la democracia ateniense,
Pericles formuló una idea novedosa para construir comunidades donde nadie sea despreciado: «En el
trato cotidiano, no nos enfadamos con el prójimo si hace su gusto, ni ponemos mala cara». En cada caso
y en cada casa, antes de intentar modelar al otro o darle la espalda, recordemos el deseo universal de vivir
a nuestro aire.
El romano Luciano de Samósata escribió en el siglo ii un irresistible repertorio de obras satíricas
donde parodia a los filósofos por sus feroces enemistades, su rigidez y su habilidad para olvidar sus
propias faltas cuando pontifican. Con sus bromas certeras denuncia que hasta los sabios se embarran de
autoritarismo. Podemos volvernos fanáticos de todo, incluso del diálogo y el respeto. Con frecuencia,
quien empieza predicando la tolerancia termina apedreando verbalmente a los diferentes. En nuestras
ágoras mediáticas, abundan los fanáticos antifanáticos y los cruzados antifundamentalistas.
Contra este trastorno, previene Oz en su ensayo Contra el fanatismo, no hay tratamiento de eficacia
probada. Nos pueden ayudar el arte y la ficción, que abren la mirada a otras mentes y fomentan cambios
de perspectiva. Incluso si alguien está absolutamente en lo cierto y el otro vive en el error, sigue siendo
útil ponerse en el lugar de los demás. Aprender a mirarnos como nos ven. Asumir que, cuando nos senti-
mos cargados de razones, nos volvemos pelmas. Peligrosos pomposos. A la larga, es más fácil convivir si
actuamos con menos inclemencia, nos reímos de nuestra solemnidad y empatizamos con el prójimo. En
un arrebato de locura, incluso podríamos llegar a considerar como posibilidad que —tal vez— estemos
equivocados —un poco—. Por supuesto, eso es imposible, puro delirio, pero resulta preferible caer en un
exceso fantástico que fanático.
Irene Vallejo. «Yo fanática». El País Semanal (17 diciembre 2023), p. 6
1. Comprensión lectora
[4 puntos en total]

1.1. Resuma el texto que ha leído sin reproducir frases de este. Utilice para ello un
máximo de cincuenta palabras. [1 punto]

–6–
1.2. Señale qué serie, de las cuatro que se proponen, es la única correcta para sustituir
todas las palabras siguientes, subrayadas en el texto: enderezar, pontifican, ágoras,
inclemencia. [0,5 puntos. Si la respuesta es errónea, se descontarán 0,15 puntos; si no responde a
la pregunta, no se aplicará ningún descuento.]
☐ corregir, dogmatizan, asambleas, inflexibilidad
☐ desencorvar, sermonean, plazas, ensañamiento
☐ erguir, disuaden, ferias, rigor
☐ ayudar, animan, congregaciones, crudeza
1.3. Indique los antecedentes de su (en «su temida infección») y los (en «dejarlos
tranquilos»), subrayados en el texto. [1 punto]
a) su:

b) los:

1.4. Conteste únicamente DOS de las cuatro cuestiones siguientes sobre las lecturas
(Nada, de Carmen Laforet, y La Fundación, de Antonio Buero Vallejo) y sobre las
figuras retóricas que aparecen en el texto. Puede combinarlas como prefiera. En
el caso de responder a tres o cuatro preguntas, solo se tendrán en cuenta las dos
primeras.
[1,5 puntos en total. Se descontarán 0,25 puntos por cada pregunta de respuesta múltiple errónea.]
a) Sobre La Fundación, explique cuál es la verdadera profesión de Asel y de qué
modo afecta al desarrollo de la obra. Utilice un máximo de cincuenta pala-
bras. [0,75 puntos]

b) Sobre Nada, ¿cuántos años hacía que los abuelos de Andrea se habían instalado
en el piso de la calle Aribau? [0,75 puntos]
☐ Treinta.
☐ Veinticinco.
☐ Cuarenta.
☐ Cincuenta.
–7–
–8–
2.2. Complete las secuencias con la forma correcta de entre las dos que se proponen en
cada caso. [1 punto]
a) Me dijo que un mago nunca ___________ (rebela / revela) sus trucos.
b) Es posible que se haya ___________ (deshecho / desecho) de todos los docu-
mentos.
c) Juan tiene una ___________ (vasta / basta) experiencia en estas cuestiones.
d) Las cucarachas ___________ (infectaban / infestaban) la casa.
–9–
PARTE COMÚN

3. Reflexión lingüística
[3 puntos en total]

3.1. Indique si una de las dos secuencias del par mínimo es agramatical o si existe un con-
traste semántico entre las dos secuencias del par. Si una es agramatical, especifique
cuál es y explique a qué se debe la agramaticalidad. Si existe un contraste semántico,
explique en qué consiste. La respuesta debe tener un máximo de cincuenta palabras
y contener como máximo cuatro términos gramaticales relevantes. [1 punto]
a) Tuvimos que comprar los muebles caros.
b) Tuvimos que comprar caros los muebles.
Secuencia agramatical: _____
Contraste semántico
Términos gramaticales relevantes (un máximo de cuatro):

Explicación (un máximo de cincuenta palabras):

3.2. Escriba una secuencia gramatical semánticamente coherente de no más de veinte


palabras que contenga, al menos, los siguientes cuatro elementos en el orden que
considere oportuno: verbo transitivo, complemento locativo argumental, determi-
nante demostrativo y adjetivo calificativo. La secuencia puede contener oraciones
subordinadas, pero no coordinadas ni yuxtapuestas.

Secuencia: _________________________________________________________
__________________________________________________________________
Rodee con un círculo en la secuencia cada uno de los elementos que se piden y
escríbalos en la tabla que aparece a continuación: [1 punto]

Verbo transitivo
Complemento locativo argumental
Determinante demostrativo
Adjetivo calificativo

– 10 –
3.3. Lea la siguiente lista de secuencias y, de entre las opciones que se ofrecen debajo,
elija la única que identifica de manera correcta y ordenada la función sintáctica del
elemento subrayado en cada una de las secuencias.
[0,5 puntos. Si la respuesta es errónea, se descontarán 0,15 puntos; si no se contesta la pregunta, no se
aplicará ningún descuento.]
1. La persona con la que hablaste estaba equivocada.
2. Mete las llaves donde te dije.
3. La solución es compartir tus ideas con quienes te han apoyado.
4. Avísale antes de llegar a la estación.

☐ 1) complemento de régimen verbal, 2) complemento del nombre, 3) atributo,


4) complemento circunstancial

☐ 1) complemento de régimen verbal, 2) complemento circunstancial, 3) sujeto,


4) complemento circunstancial

☐ 1) complemento del nombre, 2) complemento locativo argumental, 3) atributo,


4) complemento del adverbio

☐ 1) complemento de régimen verbal, 2) complemento del nombre, 3) atributo,


4) término de preposición

3.4. Responda a UNA de las dos cuestiones siguientes, relacionadas con la oración
compuesta y con la estructura informativa de la oración.
[0,5 puntos]

a) A partir de las oraciones 1 y 2, construya una secuencia que, mediante una


estrategia propia de la subordinación, evite la repetición del sintagma nominal
Luis Mateo Díez. Al construir dicha secuencia, los cambios deben ser mínimos.
1. Luis Mateo Díez nació en Villablino.
2. Entregaron el Premio Cervantes a Luis Mateo Díez.

b) Reescriba la oración Lo haré, si me lo piden, de manera que la oración subordi-


nada pase a ser tema. Al reescribir la oración, los cambios deben ser mínimos.

– 11 –
Etiqueta de l’estudiant

L’Institut d’Estudis Catalans ha tingut cura de la correcció lingüística i de l’edició d’aquesta prova d’accés
2024

Proves d’accés a la universitat

Lengua castellana y literatura


Serie 5

Opción de examen
(Marque la opción escogida)

OPCIÓN A OPCIÓN B

Qualificació TR
1.1
1. Comprensió 1.2
lectora 1.3
1.4
2. Expressió 2.1
escrita 2.2
3.1
3. Reflexió 3.2
lingüística 3.3
3.4
Suma de notes parcials
Descompte per faltes
Total
Qualificació final

Etiqueta de l’estudiant

Ubicació del tribunal ..................................................................................

Número del tribunal ....................................................................................

Etiqueta de qualificació Etiqueta de correcció


La prueba consta de tres partes: 1) comprensión lectora, 2) expresión escrita y 3) reflexión lin-
güística.
Debe escoger UNA de las dos opciones (A o B) para completar las partes 1 y 2. En cambio,
la parte 3 es común a las dos opciones.

OPCIÓN A
Lea el siguiente texto y responda a las cuestiones que se plantean a continuación.
Es lo malo de las expectativas, sobre todo cuando son tan altas como las que yo puse cuando comencé
la nueva carrera. La realidad, aunque siempre se vea superada por la ficción, y este relato es la prueba más
evidente de ello, al final termina imponiéndose a los deseos. Fue lo que a mí me sucedió. No sé qué espera-
ba descubrir en las aulas de aquel edificio horrible, de cemento tan gris como el aspecto de los profesores
que daban allí clase. Quizá el problema fuera mi descontrolada imaginación, nutrida a base de demasiadas
novelas, demasiadas películas, demasiadas historias en las que los periodistas eran personajes cultos e
intrépidos que se pasaban el día escribiendo. Nada parecido a lo que me encontré, claro. Pero, superada
la decepción inicial y recordándome constantemente que aquella carrera era el medio, no el fin, conseguí
sobrellevarlo hasta convertirlo en una rutina más. Cuando mis abuelos me preguntaban si estaba contenta,
después de lo que había hecho por mí Vito el de la Pura, yo les decía que estaba encantada, y con esa men-
tira piadosa tranquilizaba mi conciencia y los dejaba a ellos satisfechos de haber cumplido con el deber de
cuidarme. Además, aprobar las distintas asignaturas no me costaba trabajo, por lo que me sobraba tiempo
para todo lo demás, que era lo que de verdad me importaba.
Como en la facultad tenía turno de tarde, cada día me levantaba bien temprano y me pasaba toda
la mañana escribiendo. Cuando, siendo solo una niña que empezaba a garabatear, redacté mis primeros
cuentos, recuerdo que guardaba las cuartillas en los pesados tomos de la Enciclopedia Larousse que for-
maban parte de la biblioteca de Filomena. No es que temiera que mis abuelos los encontraran. Es más,
estaba deseando que lo hicieran. Entonces, la escritura era solo una diversión, una especie de escondite
al que jugaba yo sola y en el que me guarecía cuando la realidad que me veía obligada a habitar no me
gustaba. Con el tiempo, fui acumulando cuadernos llenos de historias, algunas verídicas y otras realmente
inventadas, en las estanterías del cuarto que compartía con Clara en el piso de Marcelo Usera. Y cuan-
do mi madre instaló, en mitad del salón, un ordenador por recomendación de un novio que trabajaba
en IBM, empecé a trasladar todas esas narraciones, y muchas más, a cientos de folios. Siempre durante
el día. Por la noche era incapaz de escribir, las palabras no me salían, así que leía con fruición antes de
meterme en la cama. En esa época releí más que nunca en mi vida. Seguía descubriendo libros, autores…,
pero en aquel momento la relectura fue mi fuente primordial de placer. Volví a Thomas Mann, a Philip
Larkin, a Scott Fitzgerald, a Jo y sus Mujercitas, a las hermanas Brontë, a Cortázar y su Maga, a Laforet
y su Andrea… Fue como reencontrarme con todos esos viejos amigos a los que había conocido gracias
a Filomena y a los que ahora entendía más y mejor, porque ya sabía lo que buscaba en sus páginas: la
cadencia de mi propia escritura.
Pero no vivía solo a través de la literatura. También solía ir a la filmoteca varias veces por semana
con Marta y acudía a los conciertos que en aquella época se celebraban en un colegio mayor que llevaba
por nombre el de uno de los doce apóstoles. Fue allí donde conocí a Ismael. Recuerdo que lo primero
que pensé al verlo, en mitad de una densa nube de humo cargada de alcohol de garrafón y olor a sudor
rancio, fue que me chocaba encontrarme allí con alguien como él, con su aspecto. Por la forma en la que
se movía, perdido en aquel ambiente de universitarios progres pero estirados y con tendencia a mirar por
encima del hombro, se notaba que no encajaba, no estaba a gusto.
Seguí su recorrido hasta la barra, en la que se acodó junto con dos chicos y dos chicas que parecían
extranjeras. Por su forma de vestir, pantalón vaquero, deportivas y sudadera, estaba claro que la ropa le
importaba un pepino. Esa apariencia, más bien anodina, no lograba eclipsar la inocencia que desprendía
su rostro, y eso que ya se podían apreciar las primeras arrugas que comenzaban a surcar su frente, segura-
mente de tanto fruncir el entrecejo. Me fijé en sus ojos. Desde donde yo estaba no podía identificar su color
—después, cuando estuve cerca de él, descubrí que eran grisáceos—, pero había algo en ellos que me intri-
gaba. Parecían querer esquivar a su propia mirada, como si le diera miedo, o más bien reparo, observar el
mundo a su alrededor, medroso, seguramente, de encontrarse con personalidades como la mía. No es una
descripción objetiva. Pero es que con Ismael nunca podré serlo. Me lo he negado muchas veces en todo este
–2–
tiempo, necia en mi obstinación de evitar el dolor, propio y ajeno, pero ahora tengo claro que cuando lo
vi aquella noche supe que mi propósito de no ceder ni someterme al amor romántico y sus consecuencias,
fruto de la convivencia con mis padres durante años, se había ido al garete. Sin buscarlo, como siempre
sucede, sucumbí a una de las formas más literarias del querer: la que se experimenta a primera vista.
Inés Martín Rodrigo. Las formas del querer. Barcelona: Ediciones Destino, 2022, pp. 347-350

1. Comprensión lectora
[4 puntos en total]

1.1. Resuma el texto que ha leído sin reproducir frases de este. Utilice para ello un
máximo de cincuenta palabras. [1 punto]

1.2. Señale qué serie, de las cuatro que se proponen, es la única correcta para sustituir
todas las palabras siguientes, subrayadas en el texto: guarecía, fruición, cadencia,
medroso. [0,5 puntos. Si la respuesta es errónea, se descontarán 0,15 puntos; si no responde a la
pregunta, no se aplicará ningún descuento.]
☐ refugiaba, delectación, armonía, temeroso
☐ curaba, complacencia, modulación, meticuloso
☐ ayudaba, delicia, combinación, pusilánime
☐ acogía, satisfacción, musicalidad, timorato
1.3. Indique los antecedentes de los (en «los dejaba a ellos satisfechos») y lo (en «nunca
podré serlo»), subrayados en el texto. [1 punto]
a) los:

b) lo:

1.4. Conteste únicamente DOS de las cuatro cuestiones que se plantean sobre las lectu-
ras (Nada, de Carmen Laforet, y La Fundación, de Antonio Buero Vallejo) y sobre
las figuras retóricas que aparecen en el texto. Puede combinarlas como prefiera. En
el caso de responder a tres o cuatro preguntas, solo se tendrán en cuenta las dos
primeras. [1,5 puntos en total. Se descontarán 0,25 puntos por cada pregunta de respuesta múltiple
errónea.]
a) Sobre Nada, ¿qué sueña Andrea cuando está enferma?
[0,75 puntos]
☐ Que Gloria y Román son amantes.
☐ Que Juan y la criada son amantes.
☐ Que Román y ella son amantes.
☐ Que Román y la criada son amantes.
–3–
–4–
2.2. Complete las secuencias con la forma correcta de entre las dos que se proponen en
cada caso.
[1 punto]

a) ___________ (La / El) aula estaba llena.


b) Detrás ___________ (de mí / mío) no hay nadie.
c) No pienses ___________ (de que / que) vas a ganar.
d) Sin duda ___________ (comistes / comiste) demasiado.
–5–
OPCIÓN B

Lea el siguiente texto y responda a las cuestiones que se plantean a continuación.

Los humanos somos unos mentirosos compulsivos. La psicología experimental muestra que
tanto los hombres como las mujeres mentimos como bellacos, aunque por motivaciones distintas.
El hombre miente para parecer mejor de lo que es, y la mujer para hacer que su interlocutor se crea
mejor de lo que es. Son comportamientos automáticos sobre los que apenas tenemos control cons-
ciente, y cuya erradicación exigiría un entrenamiento atroz y permanente que, francamente, no creo
que sea una opción más realista que convencer a un zampabollos de que coma acelgas hervidas.
Lo que sí podemos hacer es detectar las mentiras, y de hecho es lo que intentamos hacer todo
el rato. Cuando un tipo intenta venderte una caldera cuando la tuya todavía funciona. Cuando una
operadora de telefonía te hace una oferta que no podrás rechazar, pero tampoco te hace maldita de
Dios la falta. Cuando una startup analiza tu ordenador y encuentra un centenar de fallos espantosos
que solo ella sabe resolver a cambio de mil pavos. Los humanos siempre hemos dedicado un montón
de atención y energía a descubrir a los mentirosos. Es natural.
Y sin embargo, los farsantes nos las están colando por todos los lados. Y aquí no se trata en
absoluto de comportamientos automáticos. Los mentirosos de nuestro tiempo son profesionales
que ponen su talento intoxicador al servicio del caos o, peor aún, de los intereses de las petroleras.
Por restringirnos al cambio climático, en honor a la COP28, los ciudadanos tenemos que soportar
una colección de imbecilidades venenosas como que las placas fotovoltaicas causan una catástrofe
ambiental, que la geoingeniería está provocando la sequía española, que el Gobierno ha destruido
cientos de presas para dejarnos sin agua, que la ciudad de los 15 minutos es una condena de cárcel
para los barrios y que la tuberculosis bovina es un invento de Marruecos para vender su carne a
España. ¿Quién se cree esa sarta de sandeces? Respuesta: un deprimente montón de gente. ¿Y por qué
se las creen? Esa es una buena pregunta.
El paleontólogo Daniel Ksepka, conservador del Museo Bruce de Greenwich, Connecticut (Esta-
dos Unidos), que se ha especializado en fraudes científicos históricos, deduce de sus estudios que las
estafas más exitosas son las que ofrecen a los estafados justo lo que ellos más desean. El célebre hom-
bre de Piltdown, presentado en 1912 por el abogado británico Charles Dawson y que todavía seguía
engañando a todo el mundo en 1953, era una chapuza bochornosa que podría haber desenmascarado
un niño desde el primer milisegundo, pero prosperó porque les dio a los antropólogos británicos
justo lo que más ansiaban en la época, el eslabón perdido entre el mono y el hombre.
Si la gente se traga los bulos como si fueran patatas paja, será porque les aporta algo que ellos
necesitan creer. Los bulos sobre el cambio climático pueden venir de una petrolera, qué duda cabe,
pero quien los acoge está obedeciendo a una necesidad íntima, la de creer que el mundo va a seguir
siendo lo mismo que hasta ahora, que la gasolina de su monovolumen no calienta el planeta y que
hay por ahí mucho moderno que merece un correctivo. Los bulos cambian. La estupidez humana es
imperecedera.
Javier Sampedro. «El secreto de una buena mentira». El País (7 diciembre 2023), p. 14
1. Comprensión lectora
[4 puntos en total]

1.1. Resuma el texto que ha leído sin reproducir frases de este. Utilice para ello un
máximo de cincuenta palabras.
[1 punto]

–6–
1.2. Señale qué serie, de las cuatro que se proponen, es la única correcta para sustituir
todas las palabras siguientes, subrayadas en el texto: bellacos, erradicación, caos,
correctivo. [0,5 puntos. Si la respuesta es errónea, se descontarán 0,15 puntos; si no responde a la
pregunta, no se aplicará ningún descuento.]
☐ rufianes, eliminación, desorden, castigo
☐ canallas, extinción, desconcierto, premio
☐ astutos, desaparición, enredo, aviso
☐ hábiles, aniquilación, error, escarmiento
1.3. Indique los antecedentes de las (en «se las creen») y los (en «quien los acoge»),
subrayados en el texto.
[1 punto]

a) las:

b) los:

1.4. Conteste únicamente DOS de las cuatro cuestiones siguientes sobre las lecturas
(Nada, de Carmen Laforet, y La Fundación, de Antonio Buero Vallejo) y sobre las
figuras retóricas que aparecen en el texto. Puede combinarlas como prefiera. En
el caso de responder a tres o cuatro preguntas, solo se tendrán en cuenta las dos
primeras.
[1,5 puntos en total. Se descontarán 0,25 puntos por cada pregunta de respuesta múltiple errónea.]
a) Sobre La Fundación, ¿quién mata a Max? ¿Por qué? Utilice un máximo de cin-
cuenta palabras.
[0,75 puntos]

b) Sobre Nada, Andrea escucha una conversación entre Gloria y su abuela. ¿De
qué NO se habla en esa conversación?
[0,75 puntos]
☐ De que Román estaba enamorado de Gloria.
☐ De que Román trajo de vuelta a Gloria a Barcelona.
☐ De que Juan se quedó en Tarragona.
☐ De que el bebé es hijo de Román.
–7–
–8–
2.2. Complete las secuencias con la forma correcta de entre las dos que se proponen en
cada caso.
[1 punto]

a) La ___________ (apertura / abertura) de la tienda en Madrid fue muy comen-


tada.
b) La sanción impuesta ya ha ___________ (prescrito / proscrito).
c) Lo cierto es que no tenía ningún ___________ (prejuicio / perjuicio).
d) No estamos ___________ (infringiendo / infligiendo) la ley.

–9–
PARTE COMÚN

3. Reflexión lingüística
[3 puntos en total]

3.1. Indique si una de las dos secuencias del par mínimo es agramatical o si existe un
contraste semántico entre las dos secuencias del par. Si una es agramatical, espe-
cifique cuál es y explique a qué se debe la agramaticalidad. Si existe un contraste
semántico, explique en qué consiste. La respuesta debe tener un máximo de cin-
cuenta palabras y contener como máximo cuatro términos gramaticales relevantes.
[1 punto]

a) Sinceramente, habla demasiado.


b) Habla demasiado sinceramente.
Secuencia agramatical: _____
Contraste semántico
Términos gramaticales relevantes (un máximo de cuatro):

Explicación (un máximo de cincuenta palabras):

3.2. Escriba una secuencia gramatical semánticamente coherente de no más de veinte


palabras que contenga, al menos, los siguientes cuatro elementos en el orden que
considere oportuno: adverbio interrogativo, verbo inacusativo, nombre colectivo
y complemento circunstancial. La secuencia puede contener oraciones subordina-
das, pero no coordinadas ni yuxtapuestas.

Secuencia: _________________________________________________________
__________________________________________________________________
Rodee con un círculo en la secuencia cada uno de los elementos que se piden y
escríbalos en la tabla que aparece a continuación:
[1 punto]

Adverbio interrogativo
Verbo inacusativo
Nombre colectivo
Complemento circunstancial
– 10 –
3.3. Lea la siguiente lista de secuencias y, de entre las opciones que se ofrecen debajo,
elija la única que identifica de manera correcta y ordenada la función sintáctica del
elemento subrayado en cada una de las secuencias.
[0,5 puntos. Si la respuesta es errónea, se descontarán 0,15 puntos; si no se contesta la pregunta, no se
aplicará ningún descuento.]
1. Dime si irás al colegio mañana.
2. Regalaré flores a todos los que se acerquen por allí.
3. Después del viaje descansaré en la playa.
4. No sé si todos los chicos que asistieron a la fiesta eran alumnos del centro.

☐ 1) complemento directo, 2) complemento indirecto, 3) complemento circuns-


tancial, 4) complemento del nombre

☐ 1) complemento del nombre, 2) complemento directo, 3) complemento de


régimen verbal, 4) complemento directo

☐ 1) complemento directo, 2) complemento del nombre, 3) complemento de


régimen verbal, 4) complemento circunstancial

☐ 1) complemento indirecto, 2) complemento agente, 3) complemento de régi-


men verbal, 4) complemento directo

3.4. Responda a UNA de las dos cuestiones siguientes, relacionadas con la oración
compuesta y con la estructura informativa de la oración.
[0,5 puntos]

a) A partir de las oraciones 1 y 2, construya una secuencia que, mediante una


estrategia propia de la subordinación, evite la repetición del sintagma nominal
la sala. Al construir dicha secuencia, los cambios deben ser mínimos.
1. Abandoné la sala.
2. En la sala estaban todos mis compañeros.

b) Reescriba la oración Si te mueves, no saldrás en la foto, de manera que el rema


pase a ser tema. Al reescribir la oración, los cambios deben ser mínimos.

– 11 –
Etiqueta de l’estudiant

L’Institut d’Estudis Catalans ha tingut cura de la correcció lingüística i de l’edició d’aquesta prova d’accés

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