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Madrid 2018 Texto 3

El texto es un fragmento narrativo que se sitúa en la corriente del realismo, abordando temas como la religiosidad, el deseo femenino y las obligaciones sociales impuestas a las mujeres. La narradora, en primera persona, describe su camino a misa y un encuentro con un hombre, lo que provoca reflexiones sobre la percepción de la belleza y la libertad femenina. A través de un estilo descriptivo y diálogos directos, se retrata la vida cotidiana en Madrid y se exploran las tensiones entre las expectativas sociales y los deseos personales.

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Madrid 2018 Texto 3

El texto es un fragmento narrativo que se sitúa en la corriente del realismo, abordando temas como la religiosidad, el deseo femenino y las obligaciones sociales impuestas a las mujeres. La narradora, en primera persona, describe su camino a misa y un encuentro con un hombre, lo que provoca reflexiones sobre la percepción de la belleza y la libertad femenina. A través de un estilo descriptivo y diálogos directos, se retrata la vida cotidiana en Madrid y se exploran las tensiones entre las expectativas sociales y los deseos personales.

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Bien sabe Dios que cuando al siguiente d a, de ma ana, sal a o r misa a San Pascual,

por ser la festividad del patr n de Madrid, iba yo con mi eucologio y mi mantillita hecha
una santa, sin pensar en nada inesperado y novelesco, y a quien me profetizase lo que
sucedi despu s, creo que le llevo a los tribunales por embustero e insolente. Antes de
entrar en la iglesia, como era temprano, me estir a dar un borde por la calle de Alcal , y
recuerdo que, pasando frente al Suizo, dos o tres de esos chulos de pantal n estrecho y
chaquetilla corta que se est n siempre plantados all en la acera, me echaron una sarta
de requiebros de lo m s desatinado; verbigracia: «Ole, ¡viva la puri caci n de la canela!
Uyuyuy, ¡vaya unos ojos que se trae usted, hermosa! Soniche, ¡viva hasta el cura que
bautiza a estas hembras con mansanilla e lo no!». Trabajo me cost contener la risa al
entreo r estos disparates; pero logr mantenerme seria y apret el paso a n de perder de
vista a los ociosos.
Cerca de la Cibeles me j en la hermosura del d a. Nunca he visto aire m s ligero, ni
cielo m s claro; la or de las acacias del paseo de Recoletos ol a a gloria, y los rboles
parec a que estrenaban vestido nuevo de tafet n verde. Ganas me entraron de correr y
brincar como a los quince, y hasta se me guraba que en mis tiempos de chiquilla, no
hab a sentido nunca tal exceso de vitalidad, tales impulsos de hacer extravagancias, de
arrancar ramas de rbol y de chapuzarme en el pil n presidido por aquella buena se ora
de los leones... Nada menos que estas tonter as me estaba pidiendo el cuerpo a m .
Segu bajando hacia las Pascualas, con la devoci n de la misa medio evaporada y
distra do el esp ritu. Poco distaba ya de la iglesia, cuando distingu a un caballero, que
parado al pie de corpulento pl tano, arrojaba a los jardines un puro enterito y se dirig a
luego a saludarme. Y o una voz simp tica y ceceosa, que me dec a:
-A los pies... ¿Ad nde bueno tan de ma ana y tan sola?
-Calle... Pacheco... ¿Y usted? Usted s que de jo no viene a misa.
-¿Y usted qu sabe? ¿Por qu no he de venir a misa yo?
Trocamos estas palabras con las manos cogidas y una familiaridad muy extra a, dado lo
ceremonioso y somero de nuestro conocimiento la v spera. Era sin duda que in u a en
ambos la transparencia y alegr a de la atm sfera, haciendo comunicativa nuestra
satisfacci n y dando car cter expansivo a nuestra voz y actitudes. Ya que estoy
dialogando con mi alma y nada ha de ocultarse, la verdad es que en lo cordial de mi
saludo entr por mucho la favorable impresi n que me causaron las prendas personales
del andaluz. Se or, ¿por qu no han de tener las mujeres derecho para encontrar guapos
a los hombres que lo sean, y por qu ha de mirarse mal que lo mani esten (aunque para
manifestarlo dijesen tantas majader as como los chulos del caf Suizo)? Si no lo decimos,
lo pensamos, y no hay nada m s peligroso que lo reprimido y oculto, lo que se queda
dentro. En suma, Pacheco, que vest a un elegante terno gris claro, me pareci gal n de
veras; pero con igual sinceridad a adir que esta idea no me preocup arriba de dos
segundos, pues yo no me pago solamente del exterior. Buena prueba di de ello
cas ndome a los veinte con mi t o, que ten a lo menos cincuenta, y lo que es de
gallardo…

1. Sit e el texto en un movimiento o corriente literaria; justi que su respuesta


mediante la enumeraci n y el an lisis de los temas y de los recursos literarios y
ling sticos empleados. (3,5)

Tras una primera lectura del texto propuesto, todo parece indicar que se trata de
un fragmento perteneciente a un texto narrativo más extenso, muy posiblemente una
novela de corte realista. Podemos justi car dicha a rmación dado que el tema principal



















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del mismo es una escena costumbrista: el encuentro entre la protagonista y Pacheco
camino de la iglesia. Asimismo, del fragmento se desprenden otros subtemas –que
ayudarían según Van Dijk a determinar la macroestructura del fragmento–, tales como la
religiosidad imperante en la educación de la época, el deseo femenino, el matrimonio
desigual, tan propio de novelas del periodo como Fortunata y Jacinta, La Regenta o
Pepita Jiménez. Sin embargo, otro de los temas que puede entreverse en este fragmento
es el de las obligaciones que la sociedad impone a la mujer por el mero hecho de serlo,
así como el sentimiento de culpa que en ellas desencadena el pensar o sentir de una
determinada manera.
Atendiendo a los elementos de la diégesis, llama la atención que el texto esté
narrado en primera persona por un narrador homodiegético e intradigético, que parece
a todas luces una narración de la protagonista (la mujer que se dirige a oír misa). Sin
embargo, en los momentos en los que la narradora da voz a los personajes –tanto a los
hombres que están en frente del Suizo como Pacheco– emplea un estilo directo
tradicional, marcado por el uso de los verbos dicendi (“me echaron una sarta de
requiebros”, “me decía”) y el uso de las comillas o las rayas en el diseño editorial.
Fijándonos ahora en el tiempo y el espacio del relato, llamado cronotopo por
Mijaíl Bajtín, es interesante destacar cómo el espacio en el que se desarrolla el relato es
un entorno exterior y urbano que pertenece a lo que Tomás Albaladejo clasi caría como
un modelo de mundo de lo ccional verosímil y nos acercaría nuevamente a una
narración de corte realista. En concreto, el texto nombra directamente espacios muy
reconocibles y céntricos de la ciudad de Madrid –San Pascual, la Calle Alcalá, Cibeles,
Recoletos–, entorno en el que con uyen personajes de muy diversas clases sociales.
Respecto al tiempo de la narración, siguiendo las teorías de Genette en su libro Figuras
III, el fragmento presenta una secuencia en forma de relato singulativo, de modo que
cuenta una única vez lo que sucede una sola vez. Respecto a la velocidad del relato, es
interesante señalar cómo este comienza con una elipsis (“cuando al día siguiente, de
mañana, salí a oír misa”) y emplea principalmente el resumen –de forma que el tiempo
del relato es inferior al tiempo de la historia al emplear la técnica del travelling para
recorrer las calles de Madrid–, aunque el uso del estilo directo hace que los requiebros de
los chulos y de Pacheco, ambos fundamentales para el signi cado global del fragmento,
se nos presenten en forma de escena, siendo en este caso de la misma duración el
tiempo de la historia y el del relato. Finalmente, el orden del relato es principalmente
lineal, respetando el ordo naturalis de los acontecimientos narrados; aunque la catáfora
con la que comienza (“a quien me profetizase lo que sucedi despu s, creo que le llevo a
los tribunales por embustero e insolente”) hace pensar que nos hallamos ante un
fragmento al inicio de una novela.
Abordando ya el último de los elementos de la diégesis, parece claro que la voz
narrativa del fragmento es –empleando la terminología de Henry James– la del personaje
nuclear del relato, de quien al nal del fragmento sabemos que tomó estado con un
hombre mucho mayor que ella. El hecho de estar emparentada con su marido, así como
el lenguaje que emplea y la consideración de “disparates” que le merecen los requiebros
de los hombres del Suizo nos hace pensar en que se trata de una mujer de clase social
elevada, perteneciente a la nobleza o la alta burguesía. Además, Pacheco, el andaluz que
junto con la protagonista es el único personaje del fragmento del que conocemos su
nombre, podría considerarse un adjunto, dado que es el desencadenante de que la
narradora re exione sobre uno de los temas centrales del fragmento, el derecho de las
mujeres no solo de encontrar atractivos a los hombres, sino también de manifestarlo.
Finalmente, los “chulos de pantal n estrecho y chaquetilla corta” son personajes
episódicos, cuya función es la de aportar mayor verosimilitud al relato.
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Aunque hasta ahora se ha abordado el comentario del texto narrativo siguiendo la
clasi cación genérica de Javier Huerta y Antonio García Berrio, estamos de acuerdo con
Adam a la hora de a rmar la práctica imposibilidad de encontrar un texto en el que haya
una secuencia textual pura, es decir, sin que haya otras incrustadas. Así, atendiendo a la
estructura externa del diseño editorial, observamos que en el texto también se han
insertado el ya mencionado diálogo entre la protagonista y Pacheco, así como la
descripción del día y del estado de ánimo del personaje principal en el segundo párrafo
del texto, lo que acerca nuevamente el texto a la segunda mitad del siglo XIX.
Para nalizar nuestro comentario, abordaremos algunos ecos del texto desde la
perspectiva de los diferentes niveles del lenguaje. Así, lo más destacable en el nivel
fónico es que, pese a tratarse de un texto en el que predominan los tonemas
descendentes, en punto climático del texto se introduce la interrogación retórica “¿por
qu no han de tener las mujeres derecho para encontrar guapos a los hombres que lo
sean?”, lanzada para hacer re exionar al lector. Asimismo, las descripciones realistas de
los lugares y sensaciones van acompañadas del seseo de los chulos (“mansanilla”) o el
ceceo del andaluz Pacheco.
En el plano morfosintáctico, encontramos un predominio de verbos en primera
persona, que se justi ca por la presencia en el texto de la voz narrativa de la protagonista
(“salí”, “iba”, “creo”). Además, aparecen en pretérito imperfecto de indicativo: “olía”,
“parecía”, “se me guraba”, lo cual se corresponde con la secuencia descriptiva. En
cuanto a la morfología nominal, cabe destacar el empleo de los ya mencionados
topónimos que sitúan la acción en la ciudad de Madrid, así como los sustantivos
comunes referidos a prendas de vestir y objetos de carácter costumbrista como
“mantillita”, “eucologio”, “tafetán” o “chaquetilla”, junto con la mención a las “acacias”,
árbol muy representativo de la capital española.
Respecto al empleo de los adjetivos, predominan aquellos que presentan un uso
especi cativo, en muchos casos formando parte de bimembraciones: “inesperado y
novelesco”, “embustero e insolente”. Por su parte, la sintaxis se caracteriza por un
predominio de la hipotaxis, aportando una enorme riqueza al texto.
Sin embargo, es en el plano pragmático en el que encontramos la información
más relevante para completar el signi cado del texto. Por un lado, atendiendo a los
elementos de la comunicación, es perentorio señalar la relación de familiaridad entre el
personaje femenino y Pacheco (“Trocamos estas palabras con las manos cogidas y una
familiaridad muy extra a”). Esta distancia íntima en lo referido a la kinésica y la
proxémica en un espacio público supone algo inusual teniendo en cuenta el contexto de
la época en la que se escribió el texto y el hecho de que ambos personajes se habían
conocido el día anterior. Por su parte, los elementos utilizados para re ejar la deixis
temporal hacen pensar en la mañana del 15 de mayo, dado que si bien no se menciona
la fecha sí se hace una referencia explícita a “la festividad del Patrón de Madrid”, lo que
podría acercar la novela a los autores del costumbrismo y el Realismo, como son Clarín,
Juan Valera, Benito Pérez Galdós o Armando Palacio Valdés.
Finalmente, la intención comunicativa del texto pone de mani esto la voluntad de
tratar lo que se ha dado en llamar la cuestión femenina y, dentro del periodo del
Realismo y el Naturalismo español, son pocos los autores que han profundizado hasta
este punto en la psique de estos personajes, siendo Emilia Pardo Bazán una de las
principales guras.

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