RESEÑA POT ELECTIVA
La Ley 388 de 1997 constituye uno de los pilares fundamentales para la planificación
territorial en Colombia, al establecer el marco normativo que orienta la intervención del
Estado y de los entes territoriales en la organización del espacio geográfico nacional. En sus
artículos 1 y 2 se sintetizan los principios rectores y los objetivos esenciales del ordenamiento
territorial, los cuales buscan integrar la dimensión física del territorio con los procesos
sociales, económicos, ambientales y culturales que lo configuran.
El artículo 1 plantea los principios generales que guían la política de ordenamiento
territorial. En primer lugar, resalta la función social y ecológica de la propiedad,
reconociendo que el uso del suelo no puede concebirse como un asunto meramente
individual, sino que debe responder a intereses colectivos y al respeto por el entorno natural.
Este principio se ha convertido en un criterio esencial para decisiones sobre densificación
urbana, regulación del uso del suelo y recuperación de zonas ambientalmente degradadas.
También se consagra la autonomía municipal y la descentralización administrativa, lo que
significa que cada municipio tiene la facultad de elaborar su propio Plan de Ordenamiento
Territorial (POT), de acuerdo con su contexto específico, aunque articulado con los
lineamientos nacionales y regionales. Asimismo, la ley promueve la sostenibilidad ambiental
como eje del desarrollo, fomentando una ocupación del territorio que minimice los riesgos y
proteja los ecosistemas estratégicos. Finalmente, uno de los principios más relevantes es la
participación ciudadana, mediante la cual se reconoce que los procesos de planificación
deben incluir a las comunidades, fortaleciendo la gobernanza territorial y la
corresponsabilidad.
El artículo 2, por su parte, desarrolla los objetivos del ordenamiento territorial. Estos
incluyen la necesidad de armonizar el desarrollo físico del territorio con las dinámicas
económicas y sociales, es decir, planificar el crecimiento urbano y rural en función de la
productividad, la equidad social y el acceso a los servicios. Igualmente, busca promover un
uso racional del suelo que considere su vocación natural y su capacidad de carga, previniendo
conflictos por la expansión urbana desordenada o por el uso inadecuado de suelos agrícolas
y de conservación. Otro objetivo clave es la ubicación adecuada de infraestructuras, vivienda
y equipamientos colectivos, lo cual incide directamente en la calidad de vida de la población.
También se menciona la importancia de la gestión del riesgo y la prevención de desastres
naturales, tema especialmente sensible en un país con alta exposición a fenómenos como
inundaciones, deslizamientos o terremotos. La ley insiste además en la protección del
patrimonio cultural y ambiental, así como en la promoción de mecanismos de concertación
entre entidades públicas y actores privados para facilitar la implementación de los planes
territoriales.
Estos principios y objetivos se han aplicado en múltiples casos a nivel nacional. Un
ejemplo representativo es el Plan de Ordenamiento Territorial de Medellín (POT 2014-2027),
el cual ha desarrollado estrategias para contener el crecimiento desordenado mediante zonas
de expansión bien delimitadas, corredores de transporte sostenible y la protección de zonas
verdes. Asimismo, en Bogotá, el modelo de ocupación territorial ha servido para orientar la
densificación hacia zonas con capacidad de soporte, recuperar espacios como los humedales
urbanos (como el de Juan Amarillo), y promover la renovación urbana con criterios de
equidad. Estas experiencias reflejan cómo los principios y objetivos de la Ley 388 se traducen
en instrumentos técnicos, normativos y participativos que transforman el territorio.
WEBGRAFIA
https://www.medellin.gov.co/irj/portal/medellin?NavigationTarget=navurl://85feda2
742586a31882c7ec9c2c7f1aa
https://ambientebogota.gov.co/web/sda/humedales