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VAERAH Milagros

La parasha Vaerá narra la promesa de redención de Hashem a los israelitas y las primeras plagas que caen sobre Egipto debido a la obstinación del faraón. A través de la genealogía de Moshe y Aharón, se establece la misión de liberar al pueblo de Israel, enfrentándose a la negativa del faraón. El texto también reflexiona sobre la naturaleza de los milagros y su relevancia en la vida cotidiana, enfatizando la importancia de reconocer la intervención divina en lo natural.

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VAERAH Milagros

La parasha Vaerá narra la promesa de redención de Hashem a los israelitas y las primeras plagas que caen sobre Egipto debido a la obstinación del faraón. A través de la genealogía de Moshe y Aharón, se establece la misión de liberar al pueblo de Israel, enfrentándose a la negativa del faraón. El texto también reflexiona sobre la naturaleza de los milagros y su relevancia en la vida cotidiana, enfatizando la importancia de reconocer la intervención divina en lo natural.

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PARASHA 14 VAERÁ 5782

PARASHA NO. 14 VAERA


Torah: Shemot 6:14‐9:35
Haftarah: Ezequiel 28:25‐29:21
Hazofen HaMaljutí: Hillel 2:21‐5:11

SIGNIFICADO. Y aparecí.

La parasha de esta semana con tiene 12 temas.

Hashem promete la redención a los Israelitas. (Shemot 6: 2-


8). Hashem ordena a Moshe y Aharón a presentarse ante Paró
(Shemot 6:13). Descendencia de Reuvén y Leví. Genealogía
de Moshe y Aharón (Shemot 6: 14-27). Hashem le adelanta a
Moshe y Aharón la actitud negativa de Paró (Shemot 7: 1-9).
Moshe y Aharón se presentan ante Paró. La señal de la
serpiente (Shemot 7:10-13). Primera plaga: sangre (Shemot
7: 17-24). Segunda plaga: ranas (Shemot 7: 25-29/ 8: 1-11)
Tercera plaga: piojos (Shemot 8:12-15). Cuarta plaga:
animales feroces (Shemot 8:16-28). Quinta plaga: epidemia
(Shemot 9: 2-7). Sexta plaga: llagas (Shemot 9:8-12).
Séptima plaga: granizo (Shemot 9:13-35).

RESUMEN

Hashem se revela a Moshé y le dijo: “Yo soy el Eterno” según


Rashi significa “Yo soy fiel para para otorgar recompensa o
castigar al ser humano” y además le dice que El secaría al
pueblo de Israel de Mitzraim (estrechura) y lo llevaría a la
tierra prometida, según la sabiduría de nuestro pueblo Israel
estas palabras constituían una respuesta a la pregunta de
Moshe ¿Por qué me has enviado?
“Yo soy el Eterno” también significa según Rashi Yo soy fiel
para cumplir mi promesa que hice a Avraham en el pacto
entre las partes acerca de sus descendientes, que saldrían de
la tierra de Egipto en el tiempo de Hashem con grandes
riquezas.

Moshe cree a estas palabras del Eterno, pero sigue


cuestionándose esta vez a sí mismo, pues se decía ¿Cómo me
escuchara el gran Faraón si lo mismo Israelitas no lo hacen?
Hashem vuelve a recordarle que Aharon sería su vocero, y
además le informa que el Faraón se rehusará a dejar ir a los
Israelitas de la tierra de Egipto, hasta que Di-os ejecute sus
juicios por todos los años de injusticia y maltrato a la que
sometieron a su pueblo injustamente.

Viene el primero de los diez juicio que cayeron sobre la tierra


de Egipto, las “aguas se convirtieron en sangre” Di-os causa
que todas las aguas de Egipto se conviertan en sangre, ante
esta evidente señal del Cielo Faraón no dejo ir al pueblo.
Posteriormente vino el segundo juicio, y ranas invadieron la
tierra de Egipto, ante esta señal milagrosa el Faraón se
obstina y no deja ir al pueblo. Luego viene el tercer juicio, y
una plaga de piojos afectan a los egipcios y sus animales,
pero el Faraón siguió obstinando y no deja ir al pueblo de
Israel.
Luego viene el cuarto juicio, animales feroces desbastan todas
las casas de los egipcios, el corazón de Faraón sigue
obstinándose en no dejar ir a los hijos de Israel. Viene el
quinto juicio, y se desata una epidemia y se extiende
matando al ganado egipcio, pero aun así el Faraón sigue
obstinándose y se reusó dejar ir al pueblo. Viene el sexto
juicio, y se desata una epidemia que produjo llagas, pero el
corazón de Faraón se puso terco y tampoco dejo ir al pueblo.
Viene el séptimo juicio,cayó granizo sobre los hombres, las
bestias y toda la vegetación en la tierra de Egipto que
destrozó las cosechas y diezmó el ganado que aún quedaba,
pero el Faraón sigue más terco y no deja ir a los hijos de
Israel de la tierra de Egipto.

LOS “MILAGROS”
¿PARA QUÉ SUCEDIERON LOS MILAGROS?
¿SON DESEABLES LOS MILAGROS TODAVÍA?
¿ESTAN VIGENTES? ¿REZAMOS POR VER MILAGROS?

INTRODUCCION.
La Guemará (documento que explica la Mishná) pregunta ¿Por
qué los milagros evidentes son, otorgados a algunos de los
Sabios? (Tratado Berajot 20a) Otro Rabí del periodo de la
Guemará pregunta ¿Por qué somos diferentes a las
generaciones anteriores en que no vivimos milagros como
ellos? Y esto a pesar de que nuestros conocimientos de la
Toráh superan los de ellos. Responde un sabio de la Guemará
Abaie La diferencia es, que las generaciones anteriores
estaban preparadas para mayores sacrificios en aras de
kidush Hashem (a fin de santificar el Nombre de Hashem)
mientras nosotros no estamos preparados para lo mismo.
Hashem actúa frente a un hombre de la misma manera que él
se conduce. Como las generaciones anteriores demostraron
tener un espíritu sobrenatural por el Honor Divino, El
respondió con hechos sobrenaturales en sus vidas, con
milagros. Las generaciones posteriores estaban dispuestas a
sacrificar sus vidas por Hashem también, pero únicamente si
se los exigía la halaja. Las generaciones anteriores, por el
otro lado, desplegaban mesirut nefesh (abnegación), aún en
los casos en que la Toráh permitiera permanecer pasivo.
Las vidas de nuestros Sabios constituían un permanente
kídush Hashem. Su amor por Hashem se expresaba no
solamente en su estudio de la Toráh y en sus plegarias sino
en trabajar, comer, dormir y en cada respiración.
R. Elazar Ish Bartota, quien encontró que el grano se había
multiplicado milagrosamente en su granero, dio más tzedaka
de la que por halaja se le exige a cada judío. Fue un moser
nefesh por la mitzva. Las necesidades de un hombre pobre
eran más importantes a sus ojos que las propias. (Consideren
el abismo entre nuestro mundo del pensamiento y el de él. Si
se le sugiere a una persona donar el dinero para una caridad
en lugar de las flores o un pródigo menú o un fotógrafo en el
casamiento de su hija, ¿cómo reaccionaría?)
Y esto es lo quiere enseñarnos nuestro Santo Maestro que sus
méritos nos protejan con el siguiente episodio:
Y he aquí, acercándose un yehudí, le dijo: "Rabi, ¿cuál sería la
mejor mitzvah que yo pudiera hacer para que tenga derecho
a la vida eterna? Entonces Yeshua le explicó: ¿Por qué me
preguntas por la mejor mitzvah? HaShem que es bueno, dio
los mandamientos y si quieres realmente entrar en el mundo
por venir, debes guardarlos apropiadamente". Le dice:
¿Cuáles? Y Yeshua le explicó: "Los relacionados con el
asesinato, el adulterio, el hurto, el falso testimonio, el que
dice: "Honra a tu padre y a tu madre" y "amarás a tu prójimo
como a ti mismo".

Le dice el joven yehudi: "Todas estas cosas las he practicado,


¿hay algo más que me falte? Yeshua le explicó: "Si en verdad
has tomado esto seriamente y quieres venir a ser un Tzadik,
ve y vende tus posesiones y reparte a los pobres y tendrás un
galardón grande reservado para ti en los cielos y ven y bebe
del polvo de mis pies". Pero cuando el joven oyó la explicación
dada, le dio sus espaldas a Yeshua y se retiró de allí con su
alma traspasada de dolor, porque él formaba parte de las
familias aristócratas y con muchas posesiones. Entonces
Yeshua explicó a sus talmidim: "De cierto os digo que
difícilmente entrará un rico en el mundo por venir". (Matay
19: 16-23).

1. VAMOS A PONER EN LA MESA UN COMENTARIO DEL


RAB DANIEL OPPENHEIMER.

Desde chicos sabemos que todo lo que escapa a lo habitual, lo


raro y lo exótico nos atrae. Basta con recordar las historias
que nos contaron en aquellas épocas infantiles, de brujos y
hadas, de Blanca Nieves y los siete enanitos, de Súperman y
del hombre murciélago, todo eso no tiene relación alguna con
la vida cotidiana. En las fiestas de chicos y grandes, el mago
atrae la atención de todos los invitados.
La Torá ya nos advirtió a no dejarnos llevar por personas que
pretendan demostrarnos sus “verdades” mediante milagros
(Devarim- Deuteronomio 13:2) y el Rambam nos hace saber
que nuestros abuelos no creyeron en Di-os simplemente por
haber visto maravillas. No obstante, vemos que a la gente
todo eso sí le atrae. ¿Será porque la vida que llevamos es
“aburrida” y queremos vivir en un mundo que no sea tan real,
aburrido, angustiante y cruel como el nuestro?
La lectura de Va’erá y Bó también habla de milagros. Moshé le
advierte al Faraón que si no permite la salida de los judíos de
Egipto, sufrirá toda clase de plagas. Y todas ellas terminan
por cumplirse. Y cada vez que ocurren estas plagas, los judíos
que habitan en la tierra de Goshen salen ilesos. ¡Vaya
milagro! Dejemos de lado por un instante la visión triunfalista
del tema (la mayoría de los judíos no se merecieron salir de
Egipto, pues a pesar de las plagas se sentían bien en Egipto y
no estaban convencidos de querer irse), concentremos la
atención en la característica milagrosa de las plagas en sí.
Este tema tiene una arista educativa que también nos debe
plantear ciertas dudas. En muchas historias de rabinos
famosos, encontramos que merecieron el desenlace de una
situación apremiante en la que ocurrieron milagros de algún
tipo. ¿Se debe relatar estas historias a los niños? ¿Poseen
elementos pedagógicos desde lo judaico?
Antes de seguir, creo indispensable aclarar que el milagro tal
como lo estamos tratando, es decir, algo que escapa a lo
natural, no es el único fenómeno que los judíos denominamos
como “nes” (milagro). Agradecemos diariamente tres veces
en la Amidá: “ve-al niseja shebejol yom imanu” (por los
milagros que nos suceden diariamente).
Ahora bien. Diariamente nos pasan muchas cosas, buenas y
malas, pero no nos parecen ser algo fuera de lo natural. Nos
referimos pues, en este agradecimiento a Di-os a los
“milagros naturales” que suceden en cada instante a los que
habitualmente denominamos “naturaleza” simplemente
porque estamos tan acostumbrados a ellos que nos parece
“natural” que ocurran.
Estos milagros y maravillas que acontecen dentro de nuestro
cuerpo tal como los distintos sistemas (circulatorio, digestivo,
nervioso, respiratorio, reproductivo, etc.) o fuera de él (el
cosmos, la fuerza de gravedad, la fotosíntesis, etc.) a los que
llamamos naturales, son los que hacen que podamos vivir una
vida “normal”. Confiamos ciegamente en la constancia de esta
naturaleza para todo lo que hacemos.
Si la naturaleza no fuese constante y confiable, nos
volveríamos absolutamente locos por no poder prever nada.
En los Salmos (que recitamos diariamente en los rezos
matutino) decimos “y los puso (las leyes naturales) para la
eternidad, son decreto inamovible. A diferencia de lo que
sucedió en Egipto, el agua siempre debe ser agua, y la
sangre, sangre.
El auto no hará combustión con puré de papas y no nos
vamos a servir un vaso de “nafta extra sin plomo”. El sol
saldrá del este y las cosas que soltamos se nos caen hacia
abajo. No debemos desear que eso cambiara, pues, si la
naturaleza no fuera constante, el mundo no sería un lugar en
el cual pudiéramos vivir.
Dado que las cosas son así, es superior aquel que reconoce al
Todopoderoso en la naturaleza cotidiana, que aquel que no
cree a menos que le demuestren que esa naturaleza se puede
modificar. Y, si bien Di-os hizo los milagros en Egipto para
que el Faraón- que se hacía considerar un dios y se negaba a
dejar ir al pueblo judío por desconocer la autoridad Di-vina -
cambiara su postura, eso no significa que fuese deseable que
estos milagros se repitieran con frecuencia.
En el Kidush (bendición que santifica la entrada del Shabat)
del viernes a la noche hacemos mención al “zejer lema-asé
bereshit” (recuerdo a la creación del mundo), como así
también al “zejer lietziat mitzraim” (recuerdo a la salida de
Egipto). Si bien pareciera hablarse de dos eventos de distintas
épocas, en realidad estamos hablando de lo mismo. Los
milagros que acompañaron la salida de Egipto sirvieron para
demostrar a los dudosos (egipcios y judíos), que el Creador
del mundo es uno, que sabe todo lo que sucede aquí y que
constantemente interviene en el quehacer humano.
Está claro entonces, que los milagros suceden porque Di-os
decide en ciertas instancias que deben ocurrir por las distintas
razones que sólo Él sabe. Para nosotros es importante saber
que si Di-os lo decide, dado que Él es Quien sabe y hace todo,
no existe diferencia ante Él en causar “milagros naturales” o
“milagros no-naturales”. La casualidad no existe, ni tampoco
la naturaleza como algo independiente a Di-os. Así también
debemos hacérselo saber a los niños. El desafío está en “ver”
a Di-os en la naturaleza, en nuestro sustento diario y en este
mundo “di vrá gireuté” = que creó de acuerdo a Su plan
(Kadish).
Las historias de tzadikim, a quienes Di-os los asistió con
milagros, tienen como objetivo precisamente eso. Pero es
importante decirles también que, aunque fuese triste, muchos
tzadikim vivieron en la pobreza, perseguidos, enfermos o
mártires y no fueron asistidos con milagros. Aun así no
perdieron su confianza en Di-os y ni siquiera pidieron que les
sucedan milagros.
No obstante, no es conveniente insistir en esta clase de
historias milagrosas con los niños. Mucho más importante es
relatarle a los niños (y grandes) el esfuerzo que implica la
lucha por crecer, mejorar las características humanas y
observar las Mitzvot cada vez mejor. Que les quede claro qué
es lo que significa llegar a ser tzadik y crear en los niños el
deseo por ser verdaderamente “grandes” en la Toráh. En
última instancia vivimos con los pies en la tierra y esta tierra
“natural” es tal como Di-os la creó para cumplir con nuestro
deber.

2. LA ENSEÑANZA DE MI RABÍ YESHÚA DE NAZARET.


En el judaísmo, toda revelación privada tiene que ser
confirmada con evidencias que demuestren, más allá de toda
duda razonable, que efectivamente Di-os se le ha aparecido y
comisionado para una tarea.
Este hecho es palpable en la vida de nuestro Maestro
HaKadosh, como está documentado en nuestros libros.
Leemos lo siguiente: “Sabemos que Di-os le ha hablado a
Moshé, pero a éste (refiriéndose a Yeshúa) no sabemos…” Y
también está documentado: “Muchos creyeron en él y decían:
El Mashiaj, cuando venga, ¿presentará más evidencias
(señales- Nes) que éste?”. Y además fue escrito: “Y muchos
creyeron en él, viendo las señales que hacía”.
Un juez dijo del Maestro: “Nadie puede hacer estas señales
que tú haces, si Di-os no está con él”.

El Judaísmo es la única religión que puede demostrar


científicamente que ha sido revelación del cielo, porque Di-os
mismos se manifestó delante de todo el pueblo al pie del
monte Sinaí, como estudiaremos. Las demás religiones
reclaman revelaciones que nadie puede demostrar porque
fueron privadas y personales. ¿Qué seguridad tenemos de que
mañana no ocurra otra revelación más, posiblemente
diferente y contraria a la primera? Pero la religión de Israel,
hablando en términos humanos, fue establecida delante de
miles y miles de personas y todas vieron, oyeron,
experimentaron y se convencieron de que Di-os había
hablado, les había escogido, había hecho un pacto con ellos y
que Moshé fue seleccionado para recibir la totalidad de la
revelación y pasarla luego al pueblo. Solamente después que
todos estaban convencidos de que Moshé había sido elegido
para dar la Toráh al pueblo, el Eterno lo invita para que suba
solo al monte y reciba las tablas de la ley.
Y esta era la gran preocupación de Moshé. Por tanto, a fin de
que el pueblo crea que en efecto el Eterno le había hablado y
comisionado para la tarea de la primera redención, señales
precisas tienen que ser dadas toda vez que este encuentro en
el desierto fue privado y personal sin que hubieran testigos
para demostrar su autenticidad.
Lo mismo será establecido luego para los profetas. Como el
profeta es alguien a quien viene la Palabra de Di-os, de forma
privada, la mayoría de las veces, ¿cómo podemos estar
seguros de que es un profeta verdadero? En esos casos, la
propia Toráh establece la forma como podremos saber que es
un vidente confiable: las señales dadas por el profeta que
deben cumplirse para demostrar que es en verdad un profeta
enviado del Cielo, como está escrito: “Y si dijeres en tu
corazón: ¿Cómo sabremos la palabra que el Eterno nos ha
hablado? Si el profeta hablare en Nombre del Eterno, y no se
cumpliere lo que dijo, ni aconteciere, es palabra que el Eterno
no ha hablado; con presunción habló el tal profeta; no tengas
temor de él”.
Sin embargo, existe la posibilidad de que una persona haga
señales provenientes de una fuente perversa y maligna. Por
ejemplo, los hechiceros egipcios hicieron señales también
pero no provenientes de Di-os. ¿Cómo sabemos distinguir
entonces entre una señal de un auténtico profeta y de un
falso profeta? Esta posibilidad es real, por tanto, la Toráh nos
da la respuesta: Si el profeta que haga señales anunciado
cosas que en efecto se cumplen, pero tiene la intención de
desviarte del temor y servicio del Uno y Único Di-os verdadero
y apartarte de Su Toráh y Sus preceptos, arrastrándote al
temor y servicio de otros dioses, entonces es evidente que tal
persona es un falso profeta, que es el sentido de lo que fue
escrito.
En este caso, el Eterno lo permite como un nisayón, como una
“prueba” para saber si en verdad amamos al Eterno con todo
nuestro corazón y con toda nuestra alma. Probado que este
es un falso profeta, es decir, que usó de fuentes perversas
para hacer señales y prodigios con la intención de apartar al
pueblo de Israel del Eterno y Su Toráh, no solamente
debemos rechazar tal profeta, sino incluso, los tribunales
están en la obligación de llevarlo a juicio y probada su
maldad, condenarlo a la pena máxima.
En el caso de nuestro Rabí HaKadosh, debemos entender que
su llamamiento y elección, como con Moshé y el resto de los
profetas, fue privado, sin bien es cierto que en varias
ocasiones un bat kol (voz celestial) fue escuchada a su favor
delante de muchos testigos, no lo fue ante todo el pueblo de
Israel. Consecuentemente, como Moshé, Rabenu Yeshúa
deberá presentar las evidencias que demuestren, más allá de
toda duda razonable, que en efecto el Eterno le escogió,
apartó, equipó y comisionó para la gran obra de la redención
final.
Y esto fue, precisamente lo que hizo durante toda su vida:
presentar las evidencias que ningún otro había hecho
previamente, al extremo que un miembro de la Corte
Suprema de Justicia tuvo que admitir: “Sabemos que has
venido de Di-os, porque nadie hace estas señales que tú
haces, si Di-os no está con él”, como ya estudiamos.
La gran pregunta no es entonces acerca de si Rabí Yeshúa
presentó dichas señales, sino cuál fue el propósito por la cual
las hizo. Esto dijo el Rabí en los días de su carne (cuando
estuvo entre nosotros). Vamos a presentar diez pruebas en
los escritos de Rabí y sus primeros estudiantes (Talmidim
HaRishonim).
2.1. “Al Eterno tu Eloha temerás y solo a él servirás”. (Mateo
4:10; Lucas 4:8)
2.2. “Tened fe en Eloha”. (Marcos 11:22)
2.3. “El que violare un solo mandamiento de la Toráh, aun el
más pequeño de todos, muy pequeño será llamado en el
Maljut HaShamayim”. (Mateo 5:19)
2.4. “Volveos a Eloha de todo vuestro corazón, pues de lo
contrario, todos pereceréis”. (Lucas 13:3,5)
2.5. “El que me recibe a mí, no me recibe a mí, sino al que
me envió, al Padre”. (Mateo 10:40)
2.6. “Yo no busco mi propio honor, sino el del Padre”.( )
2.7. “Alabanza de los hombres no recibo”. (Juan 5:41)
2.8. “Yo no he venido a buscar mi propia gloria, sino la del
Padre, el que me envió”. (Juan 5:30)
2.9. “No me llames bueno, hay uno solo Bueno, el Padre. Si
quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos”. (Mateo
19:16,17; Lucas 18:19,20; Marcos 17:18,19).
2.10. “Todo lo que Moshé ha dicho, guardadlo y hacedlo”.
(Mateo 23:3 Shem Tov)
Creo que es suficiente para demostrar que los poderes y
milagros, los prodigios y señales que hizo el Rabí no tenían
otra misión que traer a sus contemporáneos, en una de las
época más oscuras de nuestra nación, de vuelta a HaShem y
a Su Toráh. Y no solamente eso, sino que encargó a sus
discípulos ir por todas las naciones y buscar las ovejas
perdidas de Israel para regresarlas al camino de la Toráh. Y
además, comisionó a otros discípulos para ir a las naciones a
fin de predicar a los no judíos y enseñarles el camino correcto
de la luz para su salvación y redención. Por lo tanto, Yeshua
probó ser un profeta verdadero. Y es ley en Israel que cuando
estamos en presencia de un profeta verdadero, le demos
respeto y obediencia, porque sus palabras tienen la misma
fuerza y autoridad como si fuesen dichas por el Eterno mismo,
fundamentados en el principio de agencia divina que ya
hemos explicado.

No obstante, las palabras de nuestro Rabí fueron


malentendidas por algunos, torcidas por otros y pervertidas
por terceros para crear una religión distinta a la de nuestro
pueblo y apartar a nuestro pueblo del camino de la Toráh.
Esta es la obra del anti-mesías, y consecuentemente debemos
estar alertas para no confundir el trigo con la cizaña.
Debido a ello, grandes sabios de Israel, nacidos en la cuna de
la perversión y corrupción de las enseñanzas y doctrinas de
nuestro Rabí y erróneamente tomándola como auténtica, han
hablado palabras contrarias al honor y dignidad del más
grande hijo de Israel. Como fue hecho en ignorancia,
sabemos que el Eterno tendrá misericordia y no les imputará
sus faltas, pero las consecuencias podrían ser desastrosas, si
no hacemos la diferencia entre lo auténtico y su imitación,
entre la verdad y la falsedad, entre el trigo y la cizaña.

3. EXTRATO DEL EL MIDRASH DICE.


Moshé y Aharón Realizan Señales Milagrosas
Hashem ordenó a Moshé y Aharón comandar al Faraón dejar
ir a los Benei Israel. El predijo, "Yo endureceré el corazón del
Faraón y luego multiplicaré Mis señales y maravillas en
Egipto." Esto no significaba que el Faraón sería incapaz de
arrepentirse porque Hashem estaba endureciendo su corazón.
Las palabras del Todopoderoso implicaban, "Yo le daré una
oportunidad de hacer teshuvá por la duración de las primeras
cinco Plagas. Sólo si él después de eso persiste en su
iniquidad Yo detendré de él Mi Mano Auxiliante que está lista
para asistir a aquéllos que hacen teshuvá." Moshé y Aharón
se presentaron en el palacio. Al verlos, el Faraón montó en
cólera. Volviéndose a los guardias, gritó, "¿No he dado yo
órdenes explícitas de no admitir más a estas personas?" Los
guardias estaban confundidos. "Nosotros no sabemos cómo
ellos pudieron haber entrado," contestaron. "Todas las
puertas del palacio están sumamente vigiladas."
El Faraón se había jurado a sí mismo,"¡Cuando este Ben-
Amram venga aquí la próxima, lo apuñalaré, lo colgaré, lo
quemaré encontraré algún tipo de muerte que lo acabe!" Pero
tan pronto como Moshé entró, el Faraón se volvió tan mudo
como una estaca y no se atrevió a tocarlo.
Moshé y Aharón transmitieron el mensaje de Hashem al
Faraón. Cuando el rey solicitó una señal, Aharón, en presencia
de la corte Egipcia entera arrojó su bastón al suelo, y él fue
transformado en una serpiente. El Faraón comenzó a reir.
"¿Son éstas las maravillas de vuestro Di-s? se mofó.
"¡Las personas usualmente intentan vender mercadería en un
lugar donde se necesita, no en un lugar donde existe
abundancia de ella! Nosotros los egipcios somos los más
famosos hechiceros en el mundo y ¡vosotros creísteis que
podríais enseñarnos a nosotros magia! ¡Este truco es tan fácil
para nosotros que hasta mi esposa sabe cómo realizarlo! El
hizo señas a su esposa- quien en realidad era tan experta en
brujería como todos los otros magos Egipcios combinados- y
le dijo , "¿Véis a estos Judíos que han venido aquí para
burlarse de nosotros?" El dio a su esposa un bastón,
ordenándole convertirlo en una serpiente. Ella lo hizo. El
Faraón se burló, "¡Aún los niños Egipcios son capaces de
realizar esta suerte!" Ordenó que algunos niños de cuatro o
cinco años fueran traídos y les entregó varas. Todos pudieron
convertir los palos en culebras. El patio completo se llenó con
retorcidas culebras. Los dos renombrados magos Egipcios,
Iujani y Mamré, ridiculizaron a Moshé diciendo, "¿Intentásteis
vos vender paja en Ofaraim, una ciudad superabundante en
paja? ¿Realmente creísteis que nosotros seríamos
impresionados con vuestra magia en este país el cual originó
el arte de magia negra?" Moshé contestó, "Ese es
precisamente el por qué Hashem me envió a mí aquí. Si
alguien tiene buenas verduras para vender, las lleva a un
mercado donde los compradores son expertos y las
apreciarán." Las palabras de Moshé implicaban,
"Eventualmente vosotros quienes sóis expertos en magia
deberéis testificar la verdad, que nuestras maravillas no
tienen sus orígenes en magia. Son fenómenos sobrenaturales
los cuales pueden sólo ser logrados por el poder de Hashem."
La serpiente de Aharón abrió su boca de par en par y devoró a
todas las otras culebras que estaban deslizándose por el
suelo.
"Este truco es tan viejo como Adám," se mofó el consejero
Bilám. "Todo el mundo sabe que una culebra puede tragar a
otra. Que Aharón nos muestre si él sabe cómo hacer que un
bastón trague a todos los otros bastones. ¡Si él es capaz de
eso, nosotros sabremos que no es un hechicero común sino
que es socorrido por la fuerza de Hashem!" Un milagro ocurrió
y la serpiente de Aharón se volvió nuevamente un bastón y
devoró a todos los otros bastones. A pesar de ello, no era
perceptible que recién había devorado docenas de varas
porque permaneció tan delgado como antes. El Faraón
tembló. "¿Qué si él ahora ordena a su bastón tragarse tanto a
mí como a mi trono?" pensó. No obstante, como Hashem
había predicho, el Faraón endureció su corazón y rehusó dejar
libres a los Benei Israel.
La Primera Plaga: Sangre
Hashem dijo a Moshé, "El Faraón rehúsa dejar ir al pueblo.
Adviértele a él que a menos que Me escuche, Yo le causaré
una plaga devastadora a él y a su pueblo. Baja al Nilo
temprano en la mañana para encontrar al Faraón y adviértelo
a él allí. El finge ser un dios y por consiguiente va al Nilo a
cumplir sus funciones corporales en secreto." Hashem ordenó
a Moshé, "Vé al río temprano en la mañana para probar al
Faraón que él no es divino. Lleva contigo el bastón que fue
convertido en una serpiente porque él lo reconocerá,
recordará los milagros ejecutados con él, y se atemorizará.
Díle, "Hashem, Di- s de los Hebreos, me ha enviado a
comandaros, "Deja ir a Mi pueblo para que ellos puedan
servirme en el desierto.
Mas si tú rehúsas escuchar, sabe que con este bastón en mi
mano Yo golpearé al agua en el río, y ella se volverá
sangre.¡A través de esto tú sabrás que YO SOY HASHEM!"" La
estrategia de Hashem en castigar al Faraón fue enteramente
diferente de la contienda armada conducida por seres
humanos. Si un hombre desea derrotar a su enemigo, él
prepara su ataque con la más grande reserva a fin de tomar a
la otra persona por sorpresa. Hashem por el contrario, envió a
Moshé anteriormente a la primera Plaga para dar una
advertencia explícita al Faraón. De esto es evidente que
Hashem esperaba que él hiciera teshuvá y la plaga por
consiguiente fuera innecesaria.
Moshé encontró al Faraón temprano en la mañana junto al
Nilo y lo censuró, diciendo, "Vos alegáis divinidad. ¿Qué,
entonces, estáis vos haciendo aquí ahora? ¿Cumple también
un dios funciones humanas?" "¿Quién dijo que yo soy divino?"
El Faraón le preguntó a él.
"¿No les decís eso a los Egipcios?"
"¿Y quiénes son los Egipcios? Esos tontos, no son seres
humanos, ¡son asnos! ¿Importa lo que yo les digo a ellos?" el
Faraón se mofó.
Moshé repitió las palabras de Hashem al Faraón, advirtiéndole
a él que el Nilo se volvería sangre, mas el Faraón hizo caso
omiso de la advertencia.
Hashem por consiguiente ordenó a Moshé, "¡Extiende tu mano
y golpea al río!"
Moshé objetó, "¿Es correcto que yo golpee al Nilo? Alguien
que bebió de un pozo no debería después arrojar piedras
dentro de él. Al ser puesto en el Nilo cuando fui bebé, las
aguas del río no hundieron la canasta sino en lugar de ello me
protegieron. ¿Debería yo ahora golpear a esa misma agua?"
Hashem desafió a Moshé intencionalmente, esperando que él
respondiera como lo hizo. De la respuesta de Moshé nosotros
somos requeridos aprender el alcance de nuestra obligación
en demostrar gratitud. Debiéramos razonar que si nosotros
debemos ser agradecidos a cualquiera quien nos hizo una
bondad, cuán más grande debe ser nuestra gratitud a
Hashem Mismo Quien es la causa de todos los beneficios que
una persona recibe y Quien siempre se propone hacernos
bondad a nosotros.Moshé advirtió al Faraón por un período de
más de tres semanas, pero el Faraón no hizo caso.
Luego, los Egicios despertaron una mañana encontrando al
Nilo fulgurando con un inusual color rojo. La espantosa noticia
pronto se esparció. El líquido que llenaba el río, lucía, sabía, y
olía como sangre. Todos los peces en el río habían muerto, y
el río hedía. (La plaga acarreada a Egipto fue, de una forma,
aún más severa que el mabul durante el cual los peces
permanecieron con vida) Los Egipcios comenzaron a buscar
diferentes fuentes de agua, diciendo, "Debe haber agua
subterránea que esté limpia. Moshé pudo golpear sólo al agua
que es perceptible al ojo."
Ellos cavaron pozos alrededor del río, mas incluso el agua
subterránea se había tornado sangre. Egipto pareció estar
saturado con sangre. Sangre chorreaba de los pilares del
palacio del Faraón; sangre goteaba de madera y piedras;
sangre fluía de sus ídolos. Las frutas ya no producían jugo de
fruta, porque cuando los egipcios exprimían una fruta, sangre
se escurría fuera. Incluso la saliva que salía de sus bocas se
volvía sangre.
Existía sólo una fuente de clara, pura agua potable - el agua
de la tierra de Goshen. Los Benei Israel tenían tanta agua
como ellos querían. Los egipcios corrían a Goshen para
obtener un poco de aquel precioso líquido, pero tan pronto
como ellos intentaban tomar un sorbo de agua, ella se
convertía en sangre. Aún si un egipcio compartía una jarra de
agua con un judío, el judío bebía agua mientras que el líquido
que corría por la garganta del egipcio era sangre. Pronto, sin
embargo, los egipcios descubrieron que si pagaban dinero por
el agua, ella permanecía agua. Fueron a Goshen trayendo oro
y plata y así enriquecieron a los Benei Israel.
En las profundidades de sus corazones, los egipcios sabían por
qué Hashem los había afligido con esta plaga. Ellos adoraban
al Nilo. El Dis de los Judíos les estaba demostrando que el río
no era, de hecho, divino. Por añadidura, la vista de la sangre
recordó a los egipcios la inocente sangre Judía que habían
derramado. Además, Hashem los estaba castigando por
medio del Nilo porque los egipcios habían intentado impedir a
las mujeres Judías sumergirse a sí mismas en el río para estar
puras para sus maridos.
El Faraón citó a sus magos y los interrogó. "¿Sabéis vosotros
convertir agua en sangre?"
"Nosotros lo sabemos," ellos replicaron.
Los hechiceros egipcios convirtieron agua en sangre con
magia. Viendo esto, el Faraón decidió ignorar la plaga lo
mismo que él había ignorado la señal del bastón que había
devorado a los otros bastones. Esta primera plaga no dañó
personalmente al Faraón por tres razones:
3.1. Hashem era paciente con él en su sufrimiento a causa de
que Moshé había sido nutrido y criado en su casa.
3.2. Hashem esperaba que él aún hiciera teshuvá.
3.3. Hashem causó que el Faraón se tornara eminente a los
ojos de los egipcios para que su subsecuente caída pareciera
tanto más drástica.
La Plaga de la Sangre duró siete días y fue acompañada por
una Plaga de Pestilencia secundaria que mató a muchos
Egipcios. Todas las Plagas subsiguientes fueron también
acompañadas por la adicional Plaga de Pestilencia.
Cuando los siete días de la Plaga finalizaron, Hashem ordenó
a Moshé advertir al Faraón acerca de la próxima plaga,
diciendo, "Di al Faraón, "Si tú rehúsas despedir a los Benei
Israel, Yo afligiré todas tus fronteras con ranas. ¡El río
pululará con ranas, y ellas entrarán en tus casas y alcobas, en
tus camas y en las casas de tus sirvientes, en tu pueblo y en
tus hornos y tus artesas de amasar!"" Moshé advirtió al
Faraón por tres semanas acerca de la Plaga de las Ranas, más
el Faraón no hizo caso de la advertencia.
La Segunda Plaga: Ranas
La segunda Plaga fue traída por mediación de Aharón y no por
Moshé puesto que ella nuevamente ocasionaba afligir al río, y
no era correcto para Moshé afligir al río que había protegido
su canasta. Hashem ordenó a Moshé, "Dí a Aharón, "Extiende
tu mano con tu bastón de forma tal que todas las corrientes,
ríos y estanques de Egipto produzcan ranas."" Tan pronto
como Aharón extendió su mano, los Egipcios quedaron
pasmados al contemplar una horrible vista. Fuera del río
brincó una horrible rana de excesivo tamaño que comenzó a
marchar bajando el camino principal hacia el palacio del
Faraón. Hashem dio a los egipcios una última oportunidad de
arrepentirse antes de que ellos fueran invadidos por ranas
adicionales. Los egipcios llevaron armas y estacas con las
cuales pretendían matar a la monstruosa rana. En lugar de
caer muerta, ella abrió su boca de par en par y escupió
legiones de ranas bebés. Dejó salir un silbido estridente, y
ante esta señal, ejércitos de ranas salieron brincando fuera
del río, acompañadas por otros reptiles de mar con colosales
bocas y dientes. Ellos formaron una procesión y marcharon
bajando el camino principal, aparentemente con un propósito
definido en mente. El horror de los egipcios puede ser bien
imaginado cuando el ejército de ranas se encaminó
directamente hacia el palacio del rey. Hashem hizo que la
plaga visitase primero al Faraón ya que el Faraón se había
tornado arrogante cuando vio que él personalmente no había
sufrido de la Plaga de la Sangre.
Hashem por consiguiente dijo, "Tú serás el primero en ser
afectado por la Plaga de las Ranas." Las ranas corrieron
atravesando las entradas del palacio, subieron los escalones,
y entraron al cuarto privado del Faraón. El Faraón estaba en
cama cuando las ranas saltaron dentro de sus cobertores, se
arrastraron bajo su ropa blanca, y mordiéndolo a él, se
entremetieron dentro de su cuerpo. Después del Faraón, la
totalidad de los otros nobles de la corte Egipcia fue infestada
y luego la gente común.
Las ranas llenaron las casas Egipcias, saltando sobre mesas y
sillas y dentro de las camas de los Egipcios y mordiéndolos.
La más grande y gorda de las ranas se asentó en el palacio
del Faraón. Las ranas no perecieron incluso después de que se
hubieron deslizado dentro de los cuerpos de los Egipcios.
Continuaron haciendo un ruido ensordecedor en los
estómagos de todos, gritando, "¿Cuánto tiempo tendremos
que permanecer aquí?" Otro coro de ranas en las paredes del
estómago croó de nuevo, "Hasta que Moshé, hijo de Amram,
venga y rece para que nosotras seamos puestas en libertad."
La Plaga de las Ranas cubrió la tierra entera. Las ranas
brincaron dentro de los campos y devoraron el producido del
cultivo.
Incidentalmente, las ranas solucionaron una vieja disputa
entre Egipto y las tierras vecinas concerniente a las
demarcaciones precisas del país. Los Egipcios reclamaban
ciertas tiras de tierra que los kushím sostenían formaban
parte de su territorio. La plaga claramente definió las
fronteras Egipcias porque dondequiera que las ranas se
asentaron era incuestionablemente territorio Egipcio.
¿Cómo fue posible que las ranas entraran en las casas de
piedra y mármol incluso después de que los egipcios cerraran
con llave sus puertas y ventanas? Este fue uno de los
milagros de Hashem Quien cambió las leyes de la naturaleza,
dando a una sustancia blanda el poder de penetrar una más
dura.
Tan pronto como las ranas gritaron, Nosotras somos
mensajeras de Hashem Quien creó el mundo, el mármol y las
piedras inmediatamente se separaron, permitiendo a las
ranas penetrarlos. Toda vez que una mujer Egipcia calentaba
su horno a fin de hornear pan, las ranas brincarían dentro de
la masa y la mordisquearían. La mujer por consiguiente la
ponía apresuradamente dentro del horno. Las ranas, a pesar
de ello, se asían a la masa, permitiendo ser ellas mismas
horneadas junto a ella. Atemperaban el calor de tal modo que
ningún pan nunca fue bien horneado.
Los egipcios sufrieron severamente de la Plaga de las Ranas.
Ni un solo egipcio pudo evadir la plaga de las ranas; tan
pronto como él llenaba una taza para tomar un trago, la
encontraba llena de odiosas ranas. A pesar de ello,
consideraron al croar que continuaba aún después de que
ellas entraran a los estómagos Egipcios peor que sus acciones
destructivas. No había absolutamente ningún modo de
deshacerse de las ranas pues si un egipcio intentaba matar
una con una vara o piedra, seis nuevas ranas brotaban en su
lugar, y así tuvieron que abandonar todo intento de
destruirlas. Hashem estaba castigando a los egipcios
midákenegued- midá (medida por medida).
Los Egipcios solían torturar a sus infortunadas víctimas Judías
ordenándoles recolectar todo tipo de aborrecibles animales
rastreros e insectos (los que no necesitaban excepto por el
placer sádico de hacer miserables las vidas de los Benei
Israel); Hashem por tanto produjo a cambio ranas repulsivas
que los nausearon. Faraón llamó a sus magos y les preguntó
si también eran capaces de producir ranas. "Ciertamente,"
ellos respondieron y trajeron a la vista ranas adicionales,
(mas quedaron perplejos cuando llegó el tiempo de
deshacerse de las existentes).
El Faraón no tuvo más alternativa que llamar a Moshé y
Aharón. "Implorad a Hashem que El quite las ranas de mí y de
mi pueblo," él rogó "y yo dejaré ir a los Benei Israel."
"Ahora yo os probaré a vos que esta Plaga es un milagro
Divino y no una ocurrencia natural,"Moshé anunció al Faraón.
"Fijad el momento cuando esta Plaga debería finalizar, y yo
rezaré a Hashem que le ponga fin en el tiempo que vos
designéis." "Mañana," dijo el Faraón.
"Será como vos decís," proclamó Moshé, "para que vos sepáis
que NO EXISTE NADIE COMO HASHEM, nuestro Di- s."
Moshé clamó al Todopoderoso. Al preciso día siguiente, las
ranas en las casas, patios, y campos perecieron, mas hubo
una excepción: Todas las ranas que habían voluntariamente
brincado dentro de los hornos permanecieron vivas y les fue
permitido a retornar al río. Hashem de este modo demostró
que quienquiera se sacrifica a sí mismo por Hashem nunca
sufrirá una pérdida. Las ranas muertas no desaparecieron sino
fueron dejadas yaciendo sobre todo Egipto. Los Egipcios
tuvieron que palearlas juntas.

Puesto que había tantas de ellas, cada egipcio recolectó al


menos cuatro pilas de ranas. Las ranas muertas eran aún más
repugnantes que las vivientes.Emitían un hedor nauseabundo
que penetró la tierra entera. Los egipcios fueron de este modo
devueltos midá- kenegued- midá por haber golpeado a los
judíos sin piedad hasta que un fétido olor emanó de sus
bocas. La Plaga de las Ranas afligió sólo a los egipcios más
exceptuó a los Benei Israel. De hecho, si un judío y un egipcio
caminaban por el camino al mismo tiempo, la rana huía del
judío y saltaba sobre el egipcio. Tan pronto como la Plaga
finalizó, el Faraón nuevamente endureció su corazón. Esto es
típico de todos los reshaím que no hacen jamás teshuvá
sincera sino sólo hacen promesas bajo compulsión,
rescindiéndolas tan pronto como sienten alivio.

¡Shabat Shalom!

BIBLIOGRAFIA.
Un comentario del tratado de la Guemará Berajot 20a Un comentario
del Rab Daniel Oppenheimer.
Escritos Mesiánicos Mozorá Yojanán 9:29; 7:32; 2:29; 3:2.
Extracto del Midrash dice editorial B. Sh.
Repuesta del Dr. Daniel Hayyim a la posición de Maimonides sobre los
milagros.

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